Esto Nos Ocurrió Un 24 De Diciembre Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Terror en Navidad. Antes de empezar a contar esta historia, me tengo que persignar porque el recordarla me hace sentir escalofrÃos, quizá porque era un niño cuando me sucedió. Mi familia no es muy grande. Está formada por mi hermano menor Julio, mi mamá, mi papá a, una hermana más pequeña y yo que en ese entonces tendrÃa unos ocho o quizá nueve años. Esto nos pasó en vÃsperas de Navidad. El veintitrés de diciembre de mil novecientos sesenta y nueve. TenÃamos dos dÃas de haber llegado a vivir a esa casa. A mi papá lo habÃan ascendido en su trabajo y, por fin, después de mucho tiempo, pudo alquilar una casa más grande, aunque muy pegada a las orillas de la ciudad. Desde el primer momento que entramos, al menos yo pude percibir algo extraño. La casa olÃa demasiado a soledad, como si tuviera muchos años sola. No sé explicar esto, pero se sentÃa una mala vibra, como si algo malo hubiera sucedido ahÃ. La mudanza llegó y aventó todas las cosas sin ningún rumbo entre todos. Acomodamos cada cosa en su lugar para empezar a darle forma a nuestro nuevo hogar. Apenas tenÃamos un dÃa viviendo ahà y ya pasaban cosas raras. Por ejemplo, los adornos cambiaban de lugar en la cocina, desaparecÃa la fruta y algunos juguetes. Nunca los encontramos. Otra cosa extraña fue escuchar a nuestros vecinos. Siempre tenÃan música puesta a regular volumen o en ocasiones ponÃan una especie de zumbido que escuchábamos hasta la casa, sobre todo por las noches, sin comprender para qué era eso. Al segundo dÃa, mi hermana Pequeña se puso mal. Le faltaba el aire, sobre todo por las noches. Como batallaba para poder respirar. Se desesperaba mucho y por esa razón tenÃa dificultad. Para poder dormir. Tuvieron que comprarle unos medicamentos ya bien instalados. Comenzamos con los preparativos para celebrar la noche buena. Estábamos entusiasmados porque mi papá llegó por la tarde con un árbol natural para decorarlo. Era la primera vez que tenÃamos árbol de Navidad. Arreglamos la casa con luces de colores, pusimos en la sala el árbol navideño, colocamos algunos regalos que habÃa comprado mi papá y que entregarÃamos a la noche siguiente. SerÃa como las siete de la tarde cuando toda la familia trabajábamos en eso. Recuerdo que era un sábado bastante frÃo, pero no importaba la alegrÃa de la Navidad ya nos invadÃa. Eran alrededor de las nueve de la noche cuando terminamos de arreglar y nos dispusimos a cenar en eso estábamos cuando de pronto me di cuenta de algo curioso. El gato que tenÃamos estaba frente al árbol sin Moverse parecÃa que se habÃa quedado congelado. Al principio nos causó gracia. Pensamos que le llamaba la atención a aquellas luces que prend bas y apagaban. Le hablamos en repetidas ocasiones, pero no se movÃa. Terminamos de cenar como a las diez. Hasta entonces nos dimos cuenta que el gato seguÃa ahà como hipnotizado. Le pusimos atención porque le hablábamos y no reaccionaba. Me levanté intrigado. Lo iba a tocar para ver su reacción, pero respondió con un bufido, enseñando sus filosos dientes. Mi mamá lo espantó. El gato corrió a esconderse debajo de un sillón y ahà terminó todo. Nos retiramos a dormir porque estábamos cansados de todo el ajetreo, pero yo me habÃa quedado inquieto, como no podÃa conciliar el sueño. Me levanté a medianoche para tomar agua. Caminé hasta la cocina con las luces apagadas. Al voltear hacia la sala, donde estaba el árbol navideño, me sorprendà porque ahà estaba de nuevo el gato mirándolo fijamente. Sintiéndome tenso, caminé despacio ya en la sala, También yo me quedé mirando al árbol, pensando que tal vez habÃa un animal entre las ramas que no habÃamos visto, y eso le llamaba la atención a nuestro gato. Por más que fijé la mirada sobre el árbol, no encontré nada raro. Tal vez al verme solo a mitad de la noche en una casa que apenas conocÃa, me tenÃa tenso y eso me hacÃa imaginar cosas Al darme la vuelta para retirarme, el gato hizo ese bufido. Al mismo tiempo se apagaron todas las luces del árbol. Reprendà al gato suponiendo que habÃa sido él quien habÃa movido los cables, pero él seguÃa estático. No podÃa haber sido él. Se me vino a la mente pensar que habÃa sido un falso contacto y asà lo dejé. Me retiré a mi cuarto. Caminé de nuevo entre la oscuridad de la casa, sintiéndome inquieto. Volteaba nervioso porque tenÃa esa sensación de que alguien te está mirando sólo que al voltear Nunca miré a nadie. Ya en mi cuarto por alguna razón seguÃa inquieto. No tenÃa idea de qué horas serÃan. Cuando alguien tocó a mi puerta, me sobresalté porque no estaba acostumbrado a eso. En la casa anterior no tenÃa cuarto propio. Aún asà me levanté y abrà para ver qué sucedÃa. Era mi hermano menor, Julio. Se le notaba asustado cuando me dijo que se escuchaban muchos ruidos en su cuarto. ParecÃa que algo se arrastraba debajo de su cama. Además, alguien le habÃa jalado los pies. No le creà como quiera. Me dispuse a acompañarlo, porque él siempre habÃa sido muy miedoso. Ya en su cuarto, aunque no se escuchaba nada como él decÃa si se sentÃa un ambiente muy pesado. Es más, ahà también se podÃa percibir que alguien nos estaba mirando con cuidado. Me asomé debajo de la cama, busqué entre las colchas y nada, sin que notara que, al igual que él, me encontraba nervioso. Le dije no es nada como quiera. Me lo llevé a dormir a mi cuarto que se encontraba enseguida del suyo. Apenas nos Ãbamos a acostar cuando escuchamos algunos ruidos. Al parecer venÃan de la Recámara de julio. Me dijo que eso era lo que se habÃa estado escuchando toda la noche, pero ahà en el cuarto no habÃa nadie aparte de él. Nos quedamos en silencio unos segundos porque se escuchaba el rechinar de la puerta al abrirse y luego se cerraba haciendo otros sonido similar al anterior. Después de unos minutos de estar escuchando eso, nos miramos a los ojos, porque escuchábamos como el gato corrÃa de un lado para otro, como si persiguiera algo o como si alguien lo persiguiera a él. En su loca carrera chocaba con las cosas e incluso algunas se cayeron de su lugar. Por momentos todo quedaba en silencio. Luego volvÃa a ocurrir. Escuchábamos un gruñido muy diferente al que producÃa el gato. Además, parecÃa que corrÃan por las paredes o en el techo. En los primeros instantes no me atrevÃa a asomarme por temor a lo que pudiera hacer aún asà con nervios y todos salimos a ver. Al mismo tiempo, mis papás también salieron de su recámara. Nos preguntaron qué pasaba, pero nosotros tampoco sabÃamos a ciencia cierta. Con precaución caminamos hasta la sala, donde el árbol de Navidad se encontraba prendido De nuevo. Una cosa rara fue ver al gato parado enfrente mirando las luces. Todo hacÃa suponer que no habÃa sido él quien corrÃa por toda la casa. Algunas cosas estaban fuera de lugar en la cocina, algunos cajones estaban abiertos, cucharas y tenedores se encontraban en el suelo. Además, las sillas del comedor estaban movidas de donde las habÃamos dejado. En la mesa habÃa unos plátanos, pero extrañamente estaban mordidos. Era raro porque nuestro gato no acostumbraba subirse a la mesa para buscar comida y nosotros no lo habÃamos hecho. Mi papá se preguntó en voz alta que estaba pasando mientras volteaba para todos lados, prendimos todos los focos, checamos puertas y ventanas. Todo estaba bien cerrado. A mà no se me quitaba la idea de que un animal se habÃa metido y tal vez no encontraba cómo salirse. Se lo hice saber a mi papá Por eso volvimos a checar toda la casa de nuevo, pero no habÃa nada raro en eso estábamos cuando mi mamá se asustó tanto que gritó. Nos aseguró que una figura negra, muy pequeña pasó corriendo de un cuarto a otro. Mi papá le dijo que no era el momento para bromear porque nos iba a asustar, pero mi mamá, pálida como nunca la habÃamos visto, decÃa nerviosa que no era un juego. Yo lo vi decÃa asustada. Señalaba con su dedo hacia su recámara mientras con la otra mano se persignaba no estoy jugando. Le gritaba a mi papá esa figura, según mi mamá, que no medÃa más de treinta centÃmetros, no era un animal común ni nada conocido. Arrastrando las palabras, nos dijo que al parecer era un duende. Mis hermanos y yo estábamos confundidos a esa edad. No sabÃamos lo que era eso. Por el aspecto de mi mamá, deducimos que era algo malo, como un demonio o algo parecido. En ese momento, ya todos se nos notaba que estábamos asustados. Mi mamá, nerviosa, recordó que mi hermana estaba sola en la recámara. Mi papá, aunque no creÃa en duendes, buscó un bate que siempre tenÃa a la mano escondido por ahà y mi mamá agarró la escoba con el miedo y la preocupación reflejado en su cara. Caminaron para su cuarto, donde mi mamá aseguraba si habÃa metido esa extraña figura. Nosotros nos quedamos en la sala deseando que no pasara nada malo. Volteé a ver el árbol porque el gato no dejaba de hacer ese bufido. Además, tenÃa la sensación de que algo estaba escondido ahÃ. Luego de unos segundos me pareció ver unos pequeños ojos que parpadeaban entre las esferas. Quizá era su gestión, porque de repente se me perdÃan cada que prendÃan los focos. TenÃa que asomarme. Era inevitable me acerqué lo más que pude y fui buscando con la mirada en todo el árbol. Con precaución. Movà los regalos, pero no se veÃa nada. HabÃa do algo ahÃ. Estaba casi seguro. Me daba miedo pensar que se camuflagiaba o era invisible, pero ahà estaba pasado un rato. Volvieron mis papás alegando entre ellos porque no encontraron nada. Mi mamá nunca aceptó que lo habÃa imaginado. Estaba segura que esa criatura estaba escondida o se habÃa desaparecido. Lo podÃan hacer porque eran seres del infierno. De nueva cuenta, revisamos todo y no encontramos nada. Ahà seguÃamos con la incertidumbre de no saber qué clase de cosa andaba en toda la casa. Mi mamá no dejaba de rezar. Le pedà a mi papá con insistencia que revisara el árbol navideño, pero un tanto molesto nos mandó a dormir a nuestros respectivos cuartos, mientras él apagaba todos los focos diciendo que no habÃa nada esa noche, Quizá porque estaba a la expectativa de lo que ocurriera, escuché varias cosas extrañas. Primero, el gato se puso a arañar la puerta. Me pareció raro porque nunca antes lo habÃa hecho, pero eso no fue todo. Era de esos gatos que parece que hablan andaba por todo el pasillo diciendo mamá, aunque estábamos acostumbrados a escucharlo en esa ocasión sonaba horrible. Además de otra cosa. Ahora se podÃa oÃr claramente que decÃa otras palabras y reÃa de una fea manera el solo hecho de escucharlo. Era inevitable que se me erizara la piel. También escuchaba golpes en las paredes. ParecÃa que anduvieran caminando sobre ellas y sabÃa que el gato no podrÃa hacer una cosa semejante. Esa fue una noche macabra algo andaba caminando por toda la casa, rasguñando las paredes y emitiendo sonidos extraños que nunca habÃa escuchado. Lo que no desaparecÃa era aquella sensación inquietante que me tenÃa en alerta. Eso hacÃa que volara mi imaginación y pensara que todo era obra del demonio. No me atrevà a abrir la puerta ni el resto de la familia lo hizo. Cada quien permaneció en su cuarto esa noche sólo dormimó algunas veces hasta que por fin amaneció a la mañana siguiente, cuando nos levantamos, pasó otra cosa extraña. No encontramos al gato por ningún lado, hasta lo buscamos debajo de las cosas y nada nos quedamos preocupados por lo que le pudo haber pasado. Después de un rato, acomodamos todo en su lugar y mientras desayunábamos, comentamos todas las cosas horribles que nos habÃa sucedido esa noche en la recámara de mis papás dormÃa mi hermana pequeña. Después que se retiraron a dormir la encontraron debajo de la cuna. Cuando la levantaron, se dieron cuenta que tenÃa algunos rasguños en sus brazos. Además, por más que buscaron no encontraron su vibrón. Algo raro fue que mi hermana estaba profundamente dormida, ni siquiera despertó cuando mis papás la levantaron y nunca se quejó de los rasguños. Durante la noche. También escucharon los mismos ruidos que nosotros. Además, les tocaron la puerta dos veces. La primera vez abrieron pensando que podrÃamos alguno de nosotros, pero no habÃa nadie. Por lo mismo. La segunda vez que tocaron ya no lo hicieron. Otra cosa que les pasó fue que escuchaban que alguien rascaba en alguna parte de la casa como si escarbaran para hacer un hoyo no pudieron identificar de dónde provenÃa ese sonido. En el cuarto de mi hermano, las cosas también se pusieron feas, sombras y pequeñas figuras caminaron por todas partes. Nos contaba Julio, que parecÃa que se escondÃan dentro del espejo. En más de una ocasión se treparon a su cama, aunque nunca las pudo ver. En medio de la oscuridad. Escuchaba voces y risas burlonas que no cesaron hasta que amaneció. También yo les comenté lo que habÃa vivido. Todos estuvimos de acuerdo que tal vez la casa estaba embrujada o habÃa algo maligno viviendo ahà que nosotros no habÃamos visto, no querÃamos aceptarlo. Pero lo más seguro era que habÃa duendes. Ya era veinticuatro de diciembre, Mi mi mar mamá guardaba en un frasco un poco de agua bendita para poner en la casa, pero por la mudanza muchas cosas no las encontraba. ParecÃa que se las habÃan escondido. Nos decÃa que quizá habÃan sido ellos los duendes. Después de desayunar, revisamos puertas y ventanas. De nuevo todas estaban cerradas. No habÃa como se pudiera haber salido. El gato seguramente no se iba a desaparecer, al menos que aquello que andaba por la casa se lo hubiera comido. Pensar que eso pudiera haber sucedido me producÃa escalofrÃos. Pero, por otra parte, si habÃa un animal o un ser maligno, como un duende donde podrÃa estar escondido, tenÃamos que encontrarlo. No podÃamos vivir asÃ. Durante ese dÃa pasaron cosas raras. Por ejemplo, se nos perdieron las llaves del carro de mi papá, además de otras cosas que al final del dÃa las encontramos en un lugar. A la vista de todos. También se apagaban las luces del árbol y de vez en cuando se escuchaba como se caÃan las cosas en los cuartos que estaban solos. Pero al ir a revisar, todo estaba en orden. Aún con todo, mi mamá preparó la cena ya por la noche. Ni siquiera disfrutamos de la Navidad. HabÃa mucha atención. Solamente nos mirábamos unos a otros cenamos y abrimos los regalos, pero fue todo esa noche nos dormimos todos en la recámara de mis papás, temerosos de que lo podrÃamos escuchar o ver entrada la noche comenzaron las cosas raras. Ya habÃamos quedado que, sin importar lo que escucháramos, no saldrÃamos del cuarto sólo que pasó lo que menos esperábamos. En medio de todo aquel silencio, escuchamos al gato decir mamá, mi papá nos hacÃa señas para que no hiciéramos ningún ruido. El gatito se paró frente a la puerta y comenzó a maullar de una manera lastimera. Luego, con sus patitas, parecÃa que tocaba la puerta. Mi mamá dijo que le abriéramos después de pensarlos hacerlo o no abrimos la puerta despacio sólo unos centÃmetros. Con eso bastó para darnos cuenta de que el gato no estaba. Mi papá le habló, pero no se escuchó más. Yo miraba constantemente el reloj deseando que corriera el tiempo y pronto amaneciera. Cuando dio las dos de la mañana, escuchamos que se movÃan las sillas del comedor, además de mucho alboroto. De pronto escuchamos que atacaban al gato. Era tan feo y fuerte el ruido que hacÃa que mi hermano y yo comenzamos a llorar, imaginando que alguien lo estaba matando querÃa salir a ayudarlo. Mi mamá nos hacÃa una seña con su dedo diciendo que no luego todo quedó en silencio. Ni siquiera mi papá se atrevió a salir de su recámara. A pesar de todo lo que se escuchaba, pasamos esa noche todos abrazados, rezando muchos padres, nuestros y aves marÃas. Mi mamá nos decÃa que no más amaneciendo. Nos irÃamos de ahÃ. Al dÃa siguiente, cuando al fin amaneció salimos de la recamara. HabÃa muchas cosas tiradas en la sala. El árbol navideño estaba deshecho, adornos y focos estaban destruidos en la cocina. Otra vez los cajones y las puertas de la cocineta estaban abiertos. Se estaba tirando el agua del baño, El rollo de papel estaba esparcido por todas partes como si hubieran andado jugando con él. De nueva cuenta, buscamos a nuestro gato, pero no encontramos rastros de él. No habÃa huellas, ni sangre ni nada. Pareciera que nunca estuvo ahÃ, aunque lo habÃamos escuchado claramente. Escuchaba a mis papás comentar que era mejor que fueran duendes, porque si resultaba que era algo peor, como un demonio, todos estábamos en peligro. Mi mamá se puso a buscar el agua bendita hasta que la encontró con ella roció toda la casa. Pareciera mentira. Después de eso las cosas se calmaron por un rato. Mi papá aprovechó el momento para buscar minuciosamente por todas partes desde la casa. Estaba decidido a saber qué pasaba. Después de unas horas encontró un pozo en el clóset del cuarto de mi hermano. Nos habló para que lo viéramos. No era muy grande, si acaso unas seis pulgadas de ancho. Alumbró con una pequeña lámpara para ver en su interior no estaba muy profundo, pero sà corrÃa para varias partes como si fuera un pequeño laberinto. Según mi papá, se alcanzaban a escuchar algunos sonidos, como si un animal pequeño estuviera ahà metido. Nos volteó a ver nos dijo sorprendido que ahà adentro estaba metido el gato. Al sacarlo, se dio cuenta que ya tenÃa muchas horas de muerto, porque ya estaba duro y lleno de tierra más que tristeza encontrarlo asÃ, me dio miedo porque nos preguntábamos quién lo habÃa podido esconder en ese lugar. Metió más adentro la mano. Comenzó a sacar juguetes que eran de nosotros, calcetines, pedazos de fruta y algunos dulces ya roÃdos de las envolturas. Por último, sacó el vibrón de mi hermana. Mi mamá se preocupó o nos dijo que tal vez el duende era el que le robaba el aliento. Seguramente era a ella a quien se querÃa llevar. No sabÃamos que podÃamos hacer para espantarlo. No conocÃamos nada de eso. Nos salimos de la casa porque mi mamá no querÃa estar ahÃ. Nos Ãbamos a subir al auto cuando un vecino le habló a mi papá platicaron unos minutos. El señor se metió a su casa y mi papá vino a hablar con nosotros. Se le notaba preocupado. Nos dijo que la última familia que vivió allà salió huyendo porque, por culpa de los duendes, un niño pequeño estuvo a punto de morir. Los antiguos inquilinos aseguraban que un duende intentaba robarse al niño por un pozo que tenÃa debajo de su cama, pero que alcanzaron a quitárselo ya en otras ocasiones habÃan intentado correr a esos seres poniéndoles algunas hierbas amargas y de fuerte olor, además de dulces envenenados, pero que eso sólo los habÃa hecho enfurecer volviéndose más ofensivos. Le dijo el vecino que esa clase de duendes odian el ruido, además de los rezos y el agua bendita. Por eso ellos todo el tiempo tenÃan música en alto volumen tenÃamos que hacer algo, encontrar cómo ahuyentarlos o vivir siempre con cautelas. Si querÃamos seguir viviendo ahÃ. Otra opción era salirnos de esa casa para siempre por temor a que a mi hermana le pudiera pasar algo malo. Nos decidimos, por lo segundo, salimos prácticamente huyendo. Ese mismo dÃa, mi papá consiguió donde pasar la noche. Al dÃa siguiente nos mudamos a otra casa muy lejos. De ahà tiramos muchas cosas, entre ellas el árbol navideño, porque yo estaba seguro que ahà se escondÃa ese ser. Nunca jamás volvimos a poner un árbol de Navidad en casa y cada veinticuatro de diciembre recordamos todo el terror que vivimos por meternos en un lugar donde los dueños eran los duendes relato escrito y adaptado por gato negro








