May 10, 2024

Esto Invoca Una Tabla Ouija Historias De Terror - REDE

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El sombrerero. Mi nombre es Felipe. Cuando todo esto comenzó, yo era un niño de apenas ocho años. Vivía en una casa donde la presencia de mis padres era más bien escasa debido a sus trabajos como médicos. En ocasiones cuando no podían conseguir a una niñera mi hermano mayor, quien entonces tenía catorce años, tomaba el papel de cuidador. Él era un chico extrovertido y en una de esas noches en la que éste quedó a cargo, decidió aprovechar la ausencia de nuestros padres para organizar una fiesta en casa. Recuerdo estar completamente ajeno a sus planes. Pensaba que sería una noche como cualquier otra. Sin embargo, en cuanto los primeros invitados comenzaron a llegar, mi hermano me pidió quedarme arriba por el resto de la noche. Me negué al principio, pues no tenía nada que hacer arriba, pero mi hermano me persuadió diciendo que si me quedaba arriba podía ver la televisión en su cuarto. Me encontré emocionado por tener la oportunidad de ver la televisión en su habitación. Aquel era un lugar al que rara vez se me permitía entrar y como si aquello no fuera suficiente, este me dijo que podría tomar todo el refresco que quisiera, al igual que comer dulces hasta reventar. Aquella oferta fue suficiente para emocionarme y pasé la mayor parte de la noche encerrado en su habitación mirando todo tipo de programas, los cuales muchas veces mis padres me tenían prohibido ver. Mientras tanto, en la sala, el ruido de la fiesta comenzaba a aumentar risas, música y conversaciones animadas llenaban la casa. Me sentía excluido de todo eso y la televisión finalmente terminó por aburrirme y decidí bajar para unirme a la fiesta. Cuando llegué a la sara, me encontré con un ambiente tenso. Uno de los amigos de mi hermano estaba jugando con una tabla hija y los demás se encontraban alrededor mirando el espectáculo. A pesar de mi temor, me acerqué para ver qué estaba sucediendo. Las manos del chico se movían sobre la tabla mientras hacía preguntas al supuesto espíritu. En un momento, el chico sugirió que alguien más lo intentara y quien lo hizo fue mi hermano. Este preguntó con quién hablaba y la tabla marcó letra por letra el sombrerero. Cuando mi hermano dijo aquello en voz alta las risas no se hicieron esperar. El ambiente se volvió aún más inquietante cuando la tormenta leve, que había estado intermitentemente toda la noche, se hizo más intensa con truenos y relámpagos retumbando en el cielo. Aquello me puso los pelos de punta. Sin embargo, el resto de los chicos parecían disfrutar más de esta forma el juego su gin n n lado preguntas y riendo entre ellos. Entonces uno de los truenos provocó un apagón, sumiéndonos en una oscuridad total. En medio de la oscuridad, un rayo iluminó la sala por un breve instante y vi algo que me heló la sangre en la puerta de la cocina. Una figura oscura se dejaba ver a contraluz con un sombrero de copa sobre su cabeza. Aquella visión hizo que mi corazón se acelerara. Pegué un fuerte grito y en ese momento la luz regresó revelando que la figura había desaparecido. Mi hermano finalmente se dio cuenta de mi presencia y señalé hacia dónde había visto la sombra, pero ya era demasiado tarde, ya que no se encontraba nada ahí. Los amigos de mi hermano comenzaron a reírse de mí, haciendo incluso broma sobre que por la noche el sombrerero aparecería para jalarme los pies. Aunque mi hermano le siguió un poco el juego. Al verme asustado, decidió dar por terminada la fiesta. Todos se marcharon, dejándome solo con mis pensamientos y temores. Mi hermano me aseguró que nada de lo que había pasado era real, además de que me prometió que él mismo había movido el puntero. Sus palabras me tranquilizaron, aunque no demasiado. Luego de eso nos esforzamos por limpiar la casa meticulosamente, eliminando cualquier rastro de la fiesta para evitar despertar sospechas entre nuestros padres. Mientras ayudaba a mi hermano a recoger los restos de la fiesta, mi mente no podía dejar de vagar hacia aquel encuentro aterrador en la oscuridad de la cocina. Cada vez que cerraba los ojos, la figura del sombrerero se hacía presente en mi mente. Su presencia llenaba mis pensamientos con un temor paralizante. Traté de convencerme de que sólo había sido producto de mi imaginación, pero algo en lo más profundo de mí, o sea, había que había sido real. Mientras nos encargábamos de limpiar la sala, mi hermano me pidió que fuera a buscar una bolsa de basura que se encontraba en la cocina. Intenté encender la luz, pero debido al apagón el foco se había fundido con el corazón. Latiendo con fuerza en mi pecho, me adentré en la oscuridad de la cocina, luchando por mantener la compostura la luz de la sala. Apenas alcanzaba a iluminar el umbral de la cocina, dejándola envuelta en una semi oscuridad inquietante. Mis pasos resonaban en el suelo. Mientras me acercaba al lugar donde se suponía que estaban las bolsas de basura. Mis manos temblaban ligeramente mientras buscaba a tientas. Entre los objetos dispersos. De repente, un trueno estalló en el cielo, seguido por un relámpago que dejó la casa sumida en la oscuridad. Una vez más traté de mantener la calma, recordándome a mí mismo que no había nada que tenmar, pero entonces escuché algo pasos suaves que se acercaban a la cocina para finalmente entrar en esta y detenerse justo detrás de mí. Mi corazón se detuvo por un momento y luego comenzó a latir con más fuerza que nunca. Traté de convencerme de que era sólo mi hermano, pero una sensación de inquietud se apoderó de mí. Tratando de mantener mi voz firme, le cuestioné si podía iluminarme para ver mejor, pero sólo hubo silencio como respuesta. Continué revolviendo las cosas en busca de la bolsa de basura. Mi nerviosismo aumentaba con cada segundo que pasaba en la oscuridad. Pregunté de nuevo, pero esta vez una voz me respondió desde la sala. Era la voz de mi hermano, preguntando si ya había encontrado lo que buscaba. Me quedé paralizado en el lugar, si mi hermano estaba en la sala, entonces quién estaba en la cocina conmigo. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras me giraba lentamente para enfrentar a la oscuridad detrás de mí, y allí estaba el sombrerero, con su figura oscura y su sombrero de copa. La luz de un relámpago iluminó brevemente su presencia, revelando un brillo inhumano en sus ojos vacíos, un grito de terror. Se escapó de mis labios mientras retrocedía, pero cuando mi hermano corrió hacia la cocina, la figura desapareció. Una vez más en la oscuridad estaba llorando mientras intentaba explicar lo que había visto, pero mi hermano sólo me miraba con incredulidad. Me aseguró que sólo estaba nervioso por lo sucedido, pero que lo olvidaría en unos días. No estaba seguro de que aquello fuera cierto. Después de todo lo que acababa de experimentar, se había sentido bastante real. No quise hacer un escándalo de aquello, así que sólo le di la razón. Aquella noche me costó horas, consigue el sueño y cuando finalmente lo logré, me vi arrastrado a un mundo de pesadillas. En mi sueño me encontraba parado en la cocina con la oscuridad envolviéndome y una sensación de malestar que me oprimía el pecho de espaldas a mí. Vi al sombrerero con un cuchillo de carnicero en la mano cortando algo un escalofrío recorrió mi espalda mientras observaba la escena con horror, sintiendo la urgencia de huir de allí lo más rápido posible. Traté de dar la vuelta y correr en dirección contraria, pero algo invisible parecía impedirme moverme avancé lentamente hacia el sombrerero. Cada paso era más pesado que el anterior, hasta que finalmente pude ver lo que estaba cortando. Era un conejo. Su cuerpo se encontraba desgarrado y mutilado con la piel arrancada y los huesos expuestos. El sombrerero notó mi presencia y se dio la vuelta lentamente, revelando un rostro retorcido y una sonrisa malévola en sus labios. Comenzó a reírse de manera maníaca. Su risa resonaba en mi cabeza. Intenté gritar, pero no podía hacerlo. Intenté despertarme, pero estaba atrapado en ese sueño horrendo con el sombrerero acercándose cada vez más. Finalmente desperté sudando y temblando con el corazón, golpeando contra mi pecho como un tambor. Miré a mi alrededor sintiendo que alguien me observaba desde la oscuridad de mi habitación, pero no había nadie más allí, o al menos nadie que pudiera ver me. Quedé despierto el resto de la noche temeroso de cerrar los ojos y volver a caer en las garras de aquel sueño. Los días pasaron cada uno marcado por una tensión constante. Era una sensación de estar vigilado por la sombra del sombrerero. A veces podía pasar días enteros sin sentir su presencia, lo que me permitía relaja, dejarme un poco y sentirme casi normal de nuevo. Pero algo en mí sabía que aquella entidad siempre estaba presente en los rincones más oscuros de mi hogar. Acechando los rincones casi como si esperara el momento preciso para volver a aparecer. No sabía a quién recurrir. No podía contarle a mis padres sobre la fiesta de mi hermano, la huija y el sombrerero, ya que eso implicaría delatar a mi hermano sin mencionar que seguramente pensarían que eran sólo fantasías de un niño asustado y mi hermano, aunque intentaba ser comprensivo, simplemente no entendía la magnitud de mis temores. Hubo días en los que casi olvidé la existencia del sombrerero, días en los que me sentía lo suficientemente valiente como para moverme libremente por mi propia casa, sin sentirme acechado. Una semana completa había pasado sin un solo avistamiento de esa entidad terrorífica y n o n r n o comencé a permitirme la esperanza de que tal vez todo había sido producto de mi imaginación. Pero la calma me duró muy poco tiempo. Un día mi padre decidió tomarse un día libre y pasar tiempo conmigo. Como un gesto especial, propuso jugar al escondite. El juego comenzó y mi padre no tardó mucho en encontrarme. Luego fue mi turno de buscarlo. Exploré cada rincón de la casa, cada habitación y cada armario, pero no pude encontrarlo en ninguna parte hasta que entré en el cuarto de visitas. Allí, junto a la cama estaba una figura cubierta con una sábana. Me acerqué con emoción al pensar que había encontrado a mi padre con una sonrisa en el rostro me acerqué y jalé la sábana esperando ver a mi padre, pero lo que vi fue algo completamente diferente. Bajo la sábana no estaba mi padre. En su lugar se encontraba el sombrerero vestido con un traje rojo desgastado y un poco maltratado giró su cabeza de manera espeluznante para mirarme con sus ojos negros y brillantes. El sonido de sus huesos, rompiéndose mientras giraba su cabeza resonó en mis oídos. Su rostro era una máscara de horror, pálido y desfigurado con una sonrisa inhumana que revelaba dientes podridos y afilados. Di un grito de terror. Mientras retrocedía tropezando y cayendo al suelo, la cabeza del sombrerero giró hacia mí. Su cuello crujía con el movimiento, llenando el aire con un sonido espeluznante. Su risa resonaba en mis oídos, igual que en mis sueños. Mis gritos atrajeron a mi padre, quien acudió corriendo a mi auxilio. Pero cuando llegó la figura del sombrerero se había desvanecido, dejándome temblando y sudando en el suelo. Mi padre intentó comprender el origen de mi miedo, pero no fui capaz de contarle lo que había visto, y es o que no sabía ni por dónde comenzar, por lo que nuevamente guardé silencio. Otra experiencia macabra con el sombrerero ocurrió una noche oscura y tormentosa cuando me encontraba solo en casa, mientras mis padres estaban fuera por un compromiso laboral. Mi hermano, a pesar de mis súplicas, había salido con sus amigos a ver una película. Dejándome completamente solo en medio de la noche, Decidí pasar la noche en mi habitación tratando de distraerme con un libro para alejar mis pensamientos de la presencia inquietante del sombrerero. Esa noche nuevamente estaría con demasiada lluvia y truenos mientras luchaba por mantener la concentración en mi lectura. Una sensación de frío comenzó a inundar la habitación. La temperatura parecía descender rápidamente con cada segundo que pasaba, razón por la cual decidí envolverme en mi manta en un intento de conservar algo de calor. Mientras intentaba leer, sentí que alguien me observaba desde un rincón de mi habitación. Levanté la mirada y fue entonces cuando lo volví a ver en la esquina de mi habitación, apenas visible entre las sombras, se encontraba la figura oscura del sombrerero. Su presencia parecía llenar la habitación con una atmósfera opresiva, haciendo que el aire se volviera más denso a mi alrededor. Mis manos comenzaron a temblar. Mientras lo observaba, su figura era inmóvil, como un espectro en la oscuridad. Su sombrero de copa se erguía sobre su cabeza y sus ojos vacíos parecían perforar mi alma con su mirada penetrante. Traté de gritar, de pedir ayuda, pero mi voz se quedó atrapada en mi garganta, mientras el sombrerero avanzaba lentamente hacia mí. Cada paso resonaba en el silencio de la habitación. Aún no tengo idea de dónde saqué la valentía para ponerme de pie sin darle la espalda a u aquella entidad. Recuerdo intentar retroceder, pero me encontré atrapado contra la pared sin escapatoria, frente a la figura aterradora que se acercaba cada vez más. Su risa resonaba en mis oídos como un eco macabro que me llenaba de un miedo paralizante. Para mi fortuna, mi hermano regresó justo en aquel momento, provocando que aquella entidad se desvaneciera de vuelta en la oscuridad, dejándome nuevamente solo aquella noche, recuerdo tener que ir a dormir con mi hermano, pues me negaba a volver a estar solo en mi habitación. El deterioro de mi estado emocional y físico no pasó desapercibido. Para mis padres. Cada día me veían más pálido, más ojeroso más afectado por el tormento que el sombrerero había traído a mi vida. Preocupados por mi bienestar, decidieron llevarme a un psicólogo en un intento desesperado por encontrar una explicación racional a mis experiencias. El psicólogo escuchó atentamente lo que tenía que decir, pero en lugar de ofrecer comprensión y ayuda, simplemente desestimó mis temores como fantasías de una mente imaginativa. Les dije a mis padres que probablemente había sacado todas esas ideas de alguna película de terror que había visto y que sólo estaba intentando llamar la atención con mis supuestas experiencias sobrenaturales. Un día me encontraba vistiéndome rápido para ir a la escuela. Mientras caminaba a las escaleras para bajar, pude sentir como unas frías y huesudas manos me tomaban por los hombros. Antes de que pudiera reaccionar. Sentí cómo mis pies perdían el equilibrio debido a que aquellas manos me lanzaban hacia adelante. Grité con horror mientras caía y el dolor de mi brazo al romperse resonó en mis oídos y recorrió cada parte de mi ser Cuando finalmente llegué al suelo, me me retó torcí de dolor con mi brazo inmovilizado A mi lado y cuando levanté la mirada, allí estaba él, el sombrerero, observándome desde lo alto de las escaleras con una sonrisa retorcida en su rostro pálido y desfigurado. Mis padres corrieron hacia mí horrorizados por lo que me había sucedido. Me llevaron de urgencia al hospital, donde mi brazo roto fue atendido por los médicos. Pero mientras yacía en la cama recuperándome del trauma físico, no podía evitar pensar que el sombrerero seguía acechándome esperando su próxima oportunidad para hacerme daño. Después de ese incidente escalofriante en las escaleras, mi hermano finalmente decidió romper el silencio y contar la verdad sobre lo que realmente había sucedido aquella noche en la que había hecho, aquella fiesta donde jugaron con la huija mis padres, aunque inicialmente incrédulos frente a lo que consideraban como cosas de nr niños. Se sintieron consternados y reprendieron severamente a mi hermano por haber organizado la fiesta en su ausencia y haberme expuesto a situaciones peligrosas. Aunque no estaban convencidos de la veracidad de los eventos paranormales, decidieron tomar medidas para tranquilizarnos. Consultaron a un especialista en temas espirituales, quien realizó una limpieza en la casa y la bendijo para protegernos de cualquier entidad maligna que pudiera acechar en las sombras. Para mi sorpresa, pareció funcionar, pues después de la limpieza y la bendición, el sombrerero desapareció por completo de mi vida. Ya no lo veía en las sombras ni sentía su presencia en los rincones oscuros de la casa, la paz y la tranquilidad regresaron a nuestro hogar y poco a poco, las heridas emocionales comenzaron a sanar. Sin embargo, a pesar de la aparente calma que había regresado a nuestras vidas, nunca pude sacudir completamente el miedo persistente de que él sombrerero regresaría algún día. Cada sombra oscura, cada ruido inexplicable avivaba el fuego de mi paranoia. Hasta el día de hoy sigo mirando por encima de mi hombro, siempre alerta ante cualquier indicio de su presencia, porque, aunque la limpieza y la bendición pudieron haberlo desterrado para siempre, sé en lo más profundo de mi ser que el sombrerero aún debe encontrarse en alguna parte esperando su momento para regresar y continuar con su oleada de terror. Y mientras viva con ese temor, Sé que nunca podré sentirme completamente a salvo de su influencia. Relato escrito y adaptado por Aurora escalante