Oct. 16, 2023

Especial De Halloween Historias De Terror - REDE

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El culto de Lilith. Hace años conseguí un empleo de guardia de seguridad cuidando una plaza comercial que nunca fue terminada. Se trataba de uno de esos proyectos donde se esperaba que las inmobiliarias fueran a invertir y la gente poblara en los límites de nuevo león. Sin embargo, aun cuando los inversionistas otorgaron grandes sumas de dinero para realizar estudios económicos y demás, la gente simplemente no se atreve a abandonar los lugares en los que crecieron. Yo trabajaba como albañil en una constructora en la zona y perdí mi empleo a causa de que, ante la poca preventa de departamentos, los inversionistas se decepcionaron. Yo estudié hasta el bachillerato, pero mi fuerte siempre ha sido la construcción. Además, por culpa de un incendio, perdí casi todos mis papeles y me era difícil conseguir otro tipo de empleo y o his a rs con uno de los inversionistas, que era quien nos había conseguido el trabajo, siendo él quien me ofreció quedarme de vigilante en este centro comercial. Me había prometido igualarme el sueldo que mantenía, aunque el trabajo sería temporal, pues aún no sabían exactamente qué finalidad tendría el edificio, pues había planes de adaptarlo a una clínica médica. El edificio era de una rara arquitectura y es que, lejos de parecerse a ese tipo de construcción moderna que busca ahorrar espacio. Era una copia de esas casas enormes tipo holandés, como solían verse en algunos pueblos del Estado de nuevo León. Se me dio un informe. El acceso a una habitación de la cual podía hacer uso como si de mi propio hogar se tratara el trabajo. Era en verdad bastante sencillo dar un par de rondines por la noche y hacerme notar para ahuyentar a cualquier ladrón que deseara desmantelar la construcción. Las primeras semanas de trabajo fueron de las sencillas, a tal punto que ni siquiera sentía que fuera trabajo. Prácticamente había conseguido donde vivir sin pagar renta y aparte. Se me pagaba por ello como agradecimiento. También me dedicaba a realizar limpieza en las áreas más visibles, ya que si limpiaba todo jamás terminaría a los tres meses. Comencé a descubrir cositas extrañas. Lo primero fue un rastro de mariposas negras muertas estaban acomodadas en fila hasta llegar a una de las escaleras que daba al sótano. Esas escaleras no pasaban por el estacionamiento y para acceder a ellas se necesitaba una llave especial de seguridad. Misma que se me entregó una copia. Era extraño. No era posible que, por pura casualidad, los animales vinieran a morir a esa zona en la que, por cierto, no existía una manera de entrar. Decidí abrir la puerta, pues era mi deber asegurarme que todo estuviera bien y no hubiese un lino indeseable en el edificio. Detrás de la puerta me recibió un aroma bastante raro. Olía animales, muertos y excrementos. Casi me vomito del puro olor. Caminé entonces hasta llegar al sótano lugar que me dejó impactado. El piso estaba pegajoso y tenía una serie de símbolos que formaban una media luna unida a dos cruces. Había varias pieles de animales, mayormente de gatos y de otros animales que no logré identificar. También había varios pétalos de rosas rojas y otras más oscuras. No aguanté el asco y me puse a limpiar aquel siniestro tiradero. Una cosa era obvia. El edificio estaba siendo frecuentado por miembros de algún culto satánico y no tenía ni idea de cómo habían logrado entrar. Así que mi segunda tarea durante esa tarde consistió en buscar si existía otra entrada secreta al sótano, pues si habían entrado por la puerta principal, lo habían hecho sin que me diera cuenta. Y eso era casi imposible, ya que para hacerlo tendrían que atravesar el local que utilizaba como dormitorio. Limpié lo mejor que pude y antes de borrar los símbolos en los muros, los copié en una libreta, pues juraba haberlos visto en otro lugar eran algo como esto. Después medía la tarea de investigar un poco sobre los símbolos. No había Internet en ese entonces, pero tenía una conocida que se dedicaba a la brujería y ella conocía bastante sobre simbología. Al salir del sótano, cayeron sobre mí varios pétalos de rosa y sentí un viento helado recorrer mi cuerpo se me puso la piel de gallina, por lo que salí corriendo de ese lugar. Juro por Dios que escuché como una especie de canto a la lejanía, una especie de oración. Mi uniforme me obligaba a llevar una camisa blanca. Tengo cierta obsesión con mantenerlo más clara posible todas mis prendas blancas, Así que inmediatamente de que terminé de limpiar el sótano, me puse a lavar mi uniforme en un lavadero que se localizaba en el mismo local que ocupaba. Para mi sorpresa, noté que en los lugares donde cayeron los pétalos sobre mi camisa la habían quemado, dejando una marca permanente que no pude quitar con ningún producto de limpieza. No volví al sótano hasta el siguiente día, aunque sí estuve atento a cualquier sonido o cosa rara que ocurriera. Moví cuanta caja, encontré y recorrí todos los muros, pero no di con ninguna entrada secreta ni nada que se le pareciera. El día que me tocaba descanso, en realidad no tenía a dónde ir. La mayor parte de mi familia migró a los Estados Unidos y mi mayoría de amigos son hombres y no nos veíamos seguido. Tomé la decisión de ir a visitar a la Bruja para mostrarle los símbolos y contarle acerca de mi hallazgo. La mujer vivía en Monterrey, por lo que me llevó un par de horas llegar. Me recibió apenas llegué. Creo que le agradaba a bastante, pues siempre que la buscaba ya fuera por llamada o visita. Me respondía de inmediato. Después de tener una charla básica, le mostré las imágenes y anotaciones de mi cuaderno. No tardó ni dos segundos en decirme que esos símbolos pertenecían al culto Lilith, quien era considerada la primera mujer de Adán. Pero al no querer mostrar su misión fue desterrada y en sus destierros se reprodujo con varios demonios. Le pregunté si me ponía en riesgo a lo que ella me respondió que no realmente, pero lo mejor era alejar a esas personas, pues aunque su culto se limitara a la adoración de Lilith. Cierto tipo de rituales podían atraer a seres muy nefastos como demonios, y estos no eran igual de benevolentes que ella. Entonces me entregó un amuleto. Me dijo que sería la mayor protección que podía tener. Según dijo, era el símbolo del arcángel Metatron que mientras lo trajera colgado del cuello, nada sería capaz de dañarme o acercarse siquiera. Por último, me recomendó poner atención, sobre todo en la noche de Brujas y el Día de todos los Santos, que eran fechas importantes para toda persona que formaba parte de un culto. Pues bien, por aquel entonces eran mediados de octubre se acercaban esas fechas, así que estuve aún más atento. Incrementé la vigilancia nocturna, pues es bien sabido que ese tipo de reuniones se realizan por la madrugada, encontré un par de sujetos acompañados por una mujer de avanzada edad husmeando a las afueras del edificio, me acerqué a ellos y apenas me vieron corrieron. Aquella noche estuve atento ante cualquier sospecha de que se acercaran esas personas. Cerca de las cinco de la madrugada, cerré bien la puerta de acceso y di un último rondí Incluso me atreví a bajar al sótano. No se escuchaba ni se veía nada. Sin embargo, encontré nuevamente un rastro de mariposas negras muertas y esos pétalos de rosas delgadas por toda la escalera y el piso del sótano. No entendía de qué manera entraban esas personas, pues las veces que no cuidaba yo que eran escasas, lo hacían dos de los mismos dueños. Dudé de ellos. Así que en ese mismo momento llamé a la persona que me contrató. Le conté lo que había descubierto y le pedí que si él estaba enterado de que alguno de los dueños realizaba este tipo de práctica. Me lo dijera, por favor, pero él se mostró tan sorprendido como aterrorizado y me pidió que si llegaba a encontrar a alguien desconocido dentro del edificio, llamara de inmediato a las autoridades y a él mismo. Dormí toda la mañana hasta que sentía el roce de unas uñas en mi cara. Desperté rápidamente y vi a esa mujer enorme de piel, pálida con un gorro bastante extraño, lleno de perlas y demás adornos. Tenía unas enormes ojeras y era muy delgada de cabello negro. Me miraba con curiosidad sus labios eran tan rojos como la sangre y producía cierto sonido con la nariz. No me dijo nada, sólo me miró y me tocó. Sus ojos eran tan vacíos, tan inhumanos que sentía que enloquecería si lo seguía viendo. Me puse a llorar mientras rezaba. Segundos después, tal como si sólo hubiese sido un sueño, la mujer desapareció. Me levanté temblando de la colchoneta, la cual, para mi horror, estaba llena de pétalos rojos y varias mariposas negras muertas. Esto demostraba que no había sido sólo un sueño, sino algo real. Tardé varios días en recomponerme de ese encuentro aterrador, pero justo cuando apenas estaba mejorando, llegó Halloween. Fue un día bastante difícil, pues hubo una tormenta muy intensa. Trajo consigo pequeñas inundaciones en diferentes puntos del edificio. Me puse de prisa a sacar el agua lo mejor que pude mi mientras lo hacía, no podía dejar de pensar en que algo estaba por ocurrir. Además, no me quitaba de la cabeza la imagen de aquella mujer a quien no podía dejar de asociar con Lilith. Como me explicó la Bruja, no era que ella fuera malvada o benevolente con la humanidad, sino que su manera de sentir y actuar no era la misma que la de nosotros, los seres humanos, y por más, que quisiéramos entender o pensar en que lograríamos entenderlos y, peor aún, obtener su favor. Estaba demasiado lejos de nuestro alcance. Por otro lado, algo dentro de mí deseaba volver a verla. Sé que suena estúpido, pero la emoción era demasiado intensa. Llegó el atardecer las lluvias pararon y una niebla muy extraña comenzó a cubrir las calles. Los edificios a medio construir daban una atmósfera de misterio y desolación. Realmente nunca fui muy fanático de ese tipo de celebración. Por lo regular, las películas de terror me parecían ridículas y exageradas, pero aquello que estaba viviendo en carne propia traía conmigo el amuleto en todo momento colgado en mi pecho, entonces comencé a sentirme asediado, comencé a escuchar voces por todo el edificio, como si en cada esquina hubiese personas apareciendo y burlándose de mí. Sentí ganas de encerrarme en el lugar donde dormía, pero no podía darme el lujo. Tenía que estar al acecho y ante cualquier avistamiento del culto, llamaría a la policía y a mi jefe para las doce de la noche. La neblina se había disipado un poco y comencé a sentir un poco de calma. Sin embargo, esta calma me permitió escuchar un golpe como de algo pesado que se había caído. No tardé en rastrear el escuchar hasta la puerta del sótano. No hice ruido, pues el sigilo podía ser mi aliado para lograr atrapar a aquel culto. Alcancé a escuchar. Como hablaban entre susurros. Era obvio que aquel culto había entrado por no por la r uerta, sino por alguna especie de trampilla que me había pasado desapercibido. Entonces corrí hasta el teléfono y, en lugar de marcar directo a la policía, llamé a mi jefe, quien me dijo que se encargaría de todo. Llamando a la policía, me mantuve cerca del sótano en todo momento, y es que en verdad, no sabía cuántas personas eran exactamente además, si estaban armadas o cuáles serían sus prácticas. La curiosidad me mataba y la espera a que llegara la policía se me hizo eterna. De pronto la puerta del sótano se abrió y detrás aparecieron dos sujetos que se me quedaron viendo y luego me pidieron que los acompañara, pues la madre deseaba verme que yo había sido elegida y no deseaban hacerla esperar. Me eché hacia atrás, advirtiéndoles que la policía ya estaba en camino y otro par de sujetos altos me agarraron de la espalda intenté zafarme sin poder hacer nada de allí. Todo ocurrió tan rápido que recuerdo muy poco sólo haber visto a la mujer anciana desnuda dentro de un círculo, mientras otras personas recitaban una serie de rezos extraños y demoníacos. Cuando llegó la policía, me llevaron a un hospital pues tuve una crisis nerviosa muy fuerte. Ni de broma volví a ese trabajo, pues me enteré con el tiempo que uno de los inversionistas era quien financiaba el culto y que las personas entraban por una alcantarilla que conducía directamente por un túnel hasta el sótano lugar elegido, porque cuando levantaron el edificio encontraron una serie de hallazgos extraños. Esto ocurrió ya hace demasiado tiempo. No creo que ni el lugar ni las personas involucradas existan ya al día de hoy. Yo ya soy una persona muy mayor que aún tiene pesadillas con lo que vivió cuando trabajó vigilando esa tierra maldita y que detesta la celebración del Día de Brujas, pues sé que las brujas existen y se encuentran por allí, convenciendo a las personas de ser parte de sus cultos malditos, el organillero del diablo. La siguiente historia me ocurrió hace ya bastante tiempo, cuando aún era un alma joven, en aquella época en que Halloween no era una festividad bien recibida en nuestro país, México. Aún así les puedo asegurar que hay fechas en específico que nos representan nacionalidad y llevan la magia consigo y debería tenerse cuidado cuando llegan. Soy originario de un pueblito junto a León, Guanajuato, lugar que actualmente no existe, ya que con el tiempo se convirtió en una colonia bastante comercial, cuyo nombre dejaré en el anonimato. Les puedo jurar que esta historia es cien por ciento real. Como iba diciendo por aquel entonces, Halloween no era una festividad bien recibida por las personas y que, siendo un niño de no más de doce años, que sentía mucha curiosidad, lo mismo que mis amigos investigamos acerca de cómo era este tipo de celebración. Como no era muy común que vendieran máscaras en ese entonces. Aun cuando veíamos a los monstruos clásicos del cine en las películas antiguas, nos hicimos unas con cámaras de llantas usadas. Las cortábamos con la ayuda de una navaja dando formas aterradoras y para finalizar, las pintábamos con pinturas que el padre de un amigo nos obsequió de su taller. Esto fue previo a la verdadera noche de brujas. De hecho, aún faltaban tres días. Yo mantuve escondida la máscara que hice, pues mi madre no era nada tolerante y si me la encontraba, era capaz de quemarla y regañarme. Ella era ese tipo de persona religiosa que asocia cualquier cosa que no entiende con un origen diabólico. Por aquellos años nos contaron que en la Ciudad de México los niños salían a pedir su calaverita, algo parecido a lo que realizaban en Estados Unidos, donde la tradición es dulce o truco, que se supone obliga a las personas a obsequiar dulces o recibir una broma pesada como castigo. En mi pueblo nunca se había llevado a cabo esta tradición de pedir calaverita, ni nada parecido era irónico, pero la mayoría de conocidos acudían constantemente a que les realizaran limpias y rituales para tener dinero y salud. No obstante, se ponían muy agresivos cuando se acusaba a alguien de brujería o de no ir a la iglesia. Cada domingo, mis amigos y yo planeamos reunirnos un día antes de Halloween en el Taller de Pedro, que era el papá de Héctor, todos con máscaras y frente al fuego de la chimenea. En el Taller contaríamos historias de brujas y aparecidos. También planeábamos realizar una travesura una mañana antes de que nos reuniéramos. Llegó al pueblo un organillero. Quienes no conozcan este instrumento cuanto les explico, se trata de una caja musical de gran tamaño compuesta por tubos de metal que, al darle cuerda, produce distintas melodías. Siempre me han causado pánico los sonidos que estas cajas producen. En más de una ocasión me pegué a mi madre en el mercado cuando veía a un músico con uno de estos. El caso es que un organillero se instaló cerca de la plaza dos días antes de que nos reuniéramos. La caja que cargaba consigo era demasiado extraña, estaba llena de símbolos, sin color negro y morado. Por fortuna, no traía un simio encadenado, pero en cambio, el aspecto del operador era demasiado raro. El hombre era mudo, pues nunca lo vimos hablando. Parecía comunicarse con lenguaje de señas. Iba vestido de una manera demasiado elegante y por su altura y color de piel, pensábamos que era extranjero. No sólo lo decíamos nosotros, también los adultos, el primer día que apareció el organillero, las personas no le daban dinero. El hombre en verdad daba una pinta extraña. Yo, en lo personal no quería acercarme. Sin embargo, el hombre, al ver que las personas de la plaza se alejaban de él, comenzó a moverse cuadra tras cuadra, quedando justo afuera de mi casa. La música que produjo era como las que solían poner de fondo en las películas de terror a blanco y negro, música como de clavicordios y circos terroríficos. Incluso mi madre me dijo que esa música le parecía espantosa, que no sabía cómo aquel hombre esperaba recibir algún dinero por asustar a las personas. El hombre dejó de tocar. Unos momentos, mi madre salió al mercado a comprar algunas cosas, cuando de nuevo se reanudó la macabra melodía. Juro por Dios que no era que estuviera asustado, pero la música de ese sujeto provocaba algún tipo de ruptura en la realidad y comenzaba a saber cosas. Me asomé por la ventana y vi como un par de sombros que formaban la figura de unos simios danzaban a la par de esa macabra música. Como me dio miedo, me alejé de la ventana y corrí a mi habitación tomando un crucifijo entre mis manos. Pasados un par de segundos, escuché como si un simio enojado chillara bajo mi cama. Esto me dejó en pánico quedando tieso en la cama. Cuando llegó mi madre, el organillero se había ido y yo pude volver a Moverme Le conté a mi madre lo que ocurrió, pero lo único que gané fue un regaño, diciéndome que eso me pasaba por ver películas de terror. Al día siguiente escuché a varias personas del pueblo quejarse del nuevo organillero, pues al parecer se paró afuera de algunas casas para interpretar sus macabras melodías. Supongo que en ese momento los hombres del pueblo lo echaron, pues en todo el día no se dejó ver otra noticia nada agradable. Se supo un niño de cinco años había desaparecido, lo mismo una una o ño de diez y aunque no eran mis amigos, si los conocía, la gente del pueblo relacionó la pérdida de los niños con la desaparición de ese extranjero. Cómo era de esperarse. Nuestros padres se pusieron más estrictos y peor aún porque a uno de mis amigos le encontraron su máscara, a muchos se nos prohibió salir. Esto nos dejó muy desanimados. Echamos mentiras para podernos reunir. Dijimos que teníamos un trabajo en equipo de la escuela. Al caer la noche pensamos en ponernos nuestras máscaras para contar historias. La mayoría logró convencer a sus padres de que era verdad nuestro trabajo escolar. Sólo dos niños no acudieron y a mí me dieron chance. Siempre y cuando regresará a tiempo y acompañado. El padre de Pedro fue muy atento. Él y su esposa nos prepararon un pastel de calabaza y el taller donde contaríamos las historias fue adornado con varias velas y sillas. Cada quien contó una historia, pero pero quien relató la más aterradora fue el padre de Pedro que nos dijo que un duende ahogó a su hermano menor en un río. Faltaba media hora para las nueve y se nos fue la noción del tiempo. Cuando acordé ya faltaban quince para las diez. Mi estómago se apretujó sentí miedo de que mis padres me fueran a regañar. Sobre todo, me daban miedo que fueran a llegar por mí y me llevaran a bola de fajazos. En eso, como si mis pensamientos comenzaran a hacerse reales, alguien tocó la puerta de manera violenta. Esto nos sobresaltó a todos. En eso el padre de Pedro se puso de pie y se asomó por la ventana. Después abrió la puerta y ante nuestra sorpresa, no había nadie ni en la puerta ni en la calle. El señor pensó que se trataba de una broma por algunos chiquillos. Salió y miró a todos lados cuando regresó, apenas atravesó la puerta cuando comenzó a sonar el organillo en la calle. Con esa melodía tenebrosa, todos nos quedamos desconcertados. Sobre todo porque iba entrando la madre de Pedro y comenzó a decir cosas como que el organillero era realmente el demonio disfrazado y que esa noche diabólica vendría a reclutar almas para llevárselas al infierno. Nos acercamos todos a la ventana, pues para ese momento, al menos a mí, se me había olvidado que mis padres me regañarían por no respetar sus reglas. Afuera se seguía escuchando esa música infernal, pero del organillero ni sus luces. El sonido era bastante extraño. No era como si saliera de un lugar en específico, sino que venía de todos lados. El viento lo llevaba y parecía moverse de lugar. El ambiente se puso tenso. Estábamos todos nerviosos cuando de nuevo volvieron a tocar la puerta. Para esto la música había parado y en el aire dominaba un silencio. Sepulcral afuera de la pouera. Me esperaba algo más aterrador que el organillero. Era mi madre roja del coraje, que apenas abrieron la puerta, me tomó de una oreja y así me llevó hasta mi casa. Me encerraron en mi cuarto como era de esperarse. Toda la noche escuché en la calle la maldita música del organillero. Cuando regresé a la escuela, me enteré que todos los niños escucharon a este hombre. Uno de ellos que vivía con sus abuelos, se lo encontró de regreso a su casa. El hombre le ofreció dulces, pero el niño desconfiado no quiso acercarse, además de que al voltear a ver sus pies, estos tenían la forma de pezuñas de animal. Después de esa noche, ya no volvimos a ver a ese extraño organillero de quien pensamos era el mismo demonio que se soltó en la noche de Brujas. Actualmente soy una persona mayor y aún hoy en día siento cierto recelo al sonido de los organillos, que ya no son tan comunes. Una cosa me queda clara. Hay ciertas fechas en las que se debe tener especial cuidado. La marioneta. No siempre me dieron miedo las marionetas. De hecho, cuando era niña me encantaba que en la escuela nos hicieran shows con títeres o marionetas, según fuera el caso. Soy originaria de Michigan, en los Estados Unidos, de una comunidad hispana ya bastante vieja. El nombre de mi ciudad y el mío prefiero mantenerlo en el anonimato para evitar problemas y por mantener un respeto por la figura de mi madre, a quien acusaron de brujería por aquellos años, cosa que puedo desmentir. Ella realizaba lectura del café y a veces limpias, pero jamás la vi realizar algún ritual para causar daño a otra persona. Soy hija única y mi madre siempre fue con sus en mi infancia seguido me llevaba al cine y al teatro. Mi festividad favorita siempre ha sido Halloween y en esa fecha mi madre, que era muy buena costurera, me realizaba. El traje que yo eligiera era mediados de octubre. Yo ya tenía listo mi disfraz Mi madre me dijo que la noche de Brujas iríamos a visitar a una tía abuela que vivía en un barrio mejor acomodado, donde había mansiones para convencerme. Mi madre me dijo que podía llevar a mi amiga darla, quien se vistió igual que yo de Brujas sabíamos que ese barrio era bastante elegante. De hecho, la casa de mi tía era enorme y muy bonita. Vivía sola con varios gatos. En otras ocasiones ya nos había intentado convencer de pasar Halloween con ella, pues me decía que en ese barrio los vecinos daban los mejores dulces, incluso en algunas casas obsequiaban juguetes. Esto fue verdad. Mi madre nos acompañó a pedir dulces y llenamos un costal. También nos regalaron unas muñecas de trapo vestidas de bruja y unas lámparas. Con forma de calabaza, mi tía poseía una colección de juguetes antiguos, bastante grande e interesante. Incluso poseía un par de marionetas y una muñeca hermosa que llegó a usar en un show de ventrilocuo que no fue muy exitoso. Yo jamás pude verla realizar su acto en este Halloween. Sacó varias fotografías de cuando realizaba su acto en fiestas infantiles de la familia en España. La muñeca en cuestión me hipnotizó con su belleza y es que parecía prácticamente una niña de la antigüedad. Llevaba su vestido blanco, lleno de olanes, largos rizos, un moño blanco y parecía estar hecha de la porcelana más fina. Ahora que lo pienso, la mayoría de muñecos de ventrilocuo eran algo feos. En cambio, esta estaba demasiado bien hecha. Mi tía notó cómo miraba admirada su muñeca resguardada en la vitrina, así que la sacó para que pudiera verla de cerca. Yo la tomé en mis manos darla y yo la miramos maravilladas. La muñeca era perfecta. Las divisiones de su boca eran apenas visibles. Lo mismo su mecanismo. Mi tía dijo que al morir la muñeca sería propiedad de mi madre para que pudiera tenerla cerca. Como si esta declaración funcionara como una sentencia de muerte, mi tía comenzó a sufrir un ataque al corazón. Mi madre la llevó al hospital, dejándonos solas en la casa. Nos pidió que nos mantuviéramos encerradas y para que no tocaran a pedir dulces, dejaron afuera un tazón enorme con dulces. Yo me sentía asustada no sólo por la salud de mi tía, sino por la cara que puso en el momento en que le dio el infarto. Y es que esto ocurrió justo cuando regresó a la muñeca a su vitrina, no podía dejar de relacionar los hechos con ella. Aún así darla y yo no podíamos dejar de contemplarla. La muñeca era tan perfecta que dudo que fuese hecha por manos humanas. Me retiré un momento a la cocina. Quería cortar algo de una tarta de manzana que nos hizo mi tía, pero darla no quiso acompañarme Me dijo que le trajera un trozo estaba en ello. Cuando la escuché gritar, corrí hacia ella a ver qué ocurría. Todo se veía en perfecto estado. Nada estaba fuera del lugar. La muñeca seguía en su vitrina, sólo que darla estaba tirada en el suelo, aferrando su mano izquierda, con su mano derecha. Le pregunté qué ocurría y ella me respondió que sería algo difícil de explicar, pero que, por favor, nos alejáramos de la vitrina de la muñeca, imaginando que ella se había sugestionado después de mirar tanto tiempo fijamente a la figura. Su Mente le jugó una mala pasada, así que tomé una manta con la que mi tía abuela cubría la vitrina para protegerla del polvo y la escondí. Mientras hacía esto darla me dijo que me alejara de la muñeca. Una vez llegamos a la sala, intenté tranquilizarla diciendo que era normal que estuviéramos alteradas después de lo que habíamos presenciado. En eso, ella movió su cabeza de un lado a otro y descubrió su muñeca izquierda, dejando ver una quemadura horrible. Le pregunté que cómo se había hecho eso, y ella respondió que fue la muñeca que sabía que era difícil de creer, pero que después de escuchar, como si la muñeca sollozara, se acercó hacia ella y estiró su mano para tocarla. Entonces la muñeca aferró sus manos, tomando sus manos y ella sentía como le quemaba. Luego dijo que la muñeca tenía algo malo dentro de ella que mejor nos fuéramos de su casa. Yo le respondí que no era posible, ya que era bastante tarde que esperáramos a mi mamá y ya nos iríamos. No era que yo también estuviera espantada mas Mi madre siempre me ha dicho que era muy madura para mi edad, así que me enfoque en darle valor a darla. Encendí la televisión, pero todas las películas que pasaban eran de terror. Estuve un rato cambiando el control hasta que di con una serie de dibujos animados. Así estuvimos un rato hasta que ambas nos tranquilizamos un poco. No escuchábamos ya gente rondando la calle. De hecho, había tal silencio que daba una sensación enorme de vacío algo así como cuando despiertas de madrugada una Navidad y ya todos se han ido a dormir y sólo te llega el aroma de las fogatas arrojando humo. De repente sonó el teléfono de la casa y con su sonido puso fin a nuestra tranquilidad. Era mi madre que me decía que mi tía estaba muy mal y era probable que no viviera hasta el amanecer que ya habían llegado más parientes que si estaba bien, que nos quedáramos en la casa de mi tía hasta la mañana. Intenté decirle que estábamos asustadas y deseábamos irnos a casa, pero alguien llegó y obligó a mi madre a colgar no sin antes decirnos que nos llamaría más al rato darlas hecho a llorar. Yo la abracé para intentar tranquilizarla, diciéndole que al rato llamaría de nuevo mi madre y no le daría tiempo de colgar. Le contaría todo, pero que mientras deberíamos buscar una manera de tranquilizarnos que a fin de cuentas, nada extraño había vuelto a pasar. Intentaba tranquilizarla. Le dije que comiéramos la tarta y después veríamos, pero ella me pidió que no la dejara sola, así que le propuse ir juntas hasta la cocina. Aunque no se mostró muy convencida, prefirió acompañarme en lugar de quedarse sola. Caminamos a través del pasillo, donde estaban los muñecos de mi tía, que me parecían más aterradores que la propia muñeca en cuestión darla ni siquiera volteó a verlos. Caminó con los ojos cerrados mientras me tomaba la mano. En eso escuché una risa que creo darla no escuchó fue algo raro, tomamos los trozos de tarta y regresamos a la sala. Yo tenía esta sensación como si algo me siguiera de cerca sin atreverse a acercarse totalmente. A mí no le quise decir nada a darla. Sin embargo, pasados cinco minutos escuchamos unos pasitos en la cocina. Eran pasos producidos por pequeñas zapatillas. Podrías alcanzar a percibir el tacón sobre el piso darla comenzó a llorar nuevamente y yo ya no supe qué hacer. También empecé a llorar. El miedo nos invadía por completo. Aquellos pasos parecían acercarse cada vez más a la sala donde nos encontrábamos. No podíamos ver nada, pero sentíamos una presencia siniestra acechándonos. Decidí tomar el teléfono y llamar a la policía, pero al levantar el teléfono no había tono de línea. Estábamos completamente aisladas sin forma de comunicarnos las risitas y los pasos continuaban cada vez más cerca. Nos aferramos una la otra tratando de encontrar consuelo en nuestra compañía. Intenté mantener la calma y pensar en alguna estrategia para protegernos. De repente, una sombra se proyectó en la pared de la sala. Era del tamaño de la muñeca. Aunque ella no estaba allí solo su sombra, escuchábamos su risa y su voz era idéntica a la de una niña de nueve años. Nos preguntaba si no deseábamos jugar con ella. De repente empezamos a escuchar los pasos más cerca y yo, sintiendo que el fin nos llegaría, comencé a marearme pensé que me desmayaría. En eso llegó mi madre, que al vernos intuyó lo que ocurría y de inmediato comenzó a recitar un salmo en español que alejó la proyección de la muñeca y todo sonido paranormal. Ella nos dijo que mi tía había hecho algo muy malo y jugaba con fuerzas oscuras más allá de su dominio y que aquella noche de Brujas, uno de sus embrujos logró liberarse de su dominio, tomando como primera víctima a ella misma y matándola poco a poco. Esto se lo confesó en el hospital. Mi tía tomó unos papeles, nos regresó a casa en auto y ella se fue de nuevo al hospital. No dormimos el resto de la noche pensando en todo aquello que habíamos presenciado. Desafortunadamente, mi tía murió al amanecer. Según supe esto desató un conflicto legal por la herencia de sus pertenencias, quedando la mayor parte A nombre de mi madre, Ella vendió todos los muñecos y demás cosas raras que encontramos. De entre tantas cosas venían varios libros de hechicería en catalán que probablemente eran los favoritos de mi tía. Tardé un tiempo en recuperarme del trauma de esa noche de brujas. Otros años ya no quise salir a pedir dulces, ni toleraba ver muñecas de porcelana ni mucho menos teatros de marionetas. Lo peor de todo que darla dejó de ser mi amigo, pues se dio a la tarea de ir con el chisme con todos los niños, diciendo que mi familia era una familia de brujas, siendo mi madre la peor de todas. Esto ocasionó que muchas niñas se alejaran de mí, cosa que cambió una vez que entré a la preparatoria. Lo curioso es que los papás de muchos de estos niños que me maltrataban con la excusa de que mi madre era una bruja, acudían a las limpias con ella a la fecha a un sueño, con esa muñeca en su vitrina, donde me atrapa y logra tomar mi cuerpo dejando mi alma atrapada dentro de su cuerpo frío de porcelana noche de brujas. La familia de mi madre siempre ha parecido bastante extraña, Y es que no existe pariente, ya sea primo, tío o abuelo, que no padezca alguna enfermedad. Y no no es que sus antepas so dos tuvieran algún mal congénito heredado. Esto no quiere decir que sean malas personas. Y aunque a mi tía abuela varias veces la acusaron de brujería, puedo asegurarles que era buena persona, al menos a mi familia y a mí nunca nos hizo nada malo más como estoy por relatarles escondía un secreto. Me fui a vivir a la vecindad de mi tía. Ellos tenían una enorme propiedad, dividida en dos partes por un largo pasillo, donde había varios departamentos que rentaban a bajo costo. La finca era bastante rara. Algunas veces estuve de niño en alguna que otra fiesta, pero jamás tuve oportunidad de ingresar al vecindario, ya que mi madre nos prohibía molestar a los inquilinos. Entonces sólo solíamos dar un paseo por la azotea. De hecho, la casa principal contaba con una terraza que conectaba con el resto de departamentos. Esa casa era bastante extraña. Tenía escaleras cuyos escalones se hacían más angostos entre más te acercabas a la parte superior. También había cuartos minúsculos donde no guardaban nada y otros llenos de baratijas. Con más de medio siglo de antigüedad. Llegué a vivir a ese lugar a causa de que mi padre murió y mi madre se juntó con un tipo que era adicto a las drogas. Estábamos en un espacio muy pequeño y no tardé en tener problemas con ese tipo. Así que durante una fiesta familiar, un primo me dijo que me dejarían la renta barata si yo se lo pedía a su madre. En ese entonces, en Colombia, las rentas se pusieron bastante caras a causa de la migración. Llegué un jueves por la tarde. Era octubre y algunos departamentos ya mostraban adornos para noche de Brujas, celebración que se comenzaba a ser popular por aquel entonces y aunque me encantaban ese tipo de cosas, mi madre no nos permitía celebrar. Nos decía que era una celebración extranjera, además de que era mala fecha, pues en ese tipo de fechas el demonio se liberaba. No tenía muchas cosas, una colchoneta, un tubo para la ropa y a pesar de esto, me sentía emocionado de poder al fin independizarme. El departamento que se me asignó era el número seis. Era un lugar bastante malo, mayormente destechado, con una puerta hecha de reja cerrada, con una cadena y un candado. Después seguía un pasillo. Si caminabas a la derecha veías una habitación, la más grande. Frente a esta estaba un pozo de agua enrejado y a un lado un baño. Y si, en cambio, ibas a la izquierda, sólo había una pequeña habitación. Era pequeño y la construcción dejaba mucho que desear. Los muros no se veían sólidos. Incluso bromeé en más de una ocasión que si caía una buena tormenta, el techo terminaría por caerse encima de mí. Aún así, aquella finca ya llevaba en pie por más de medio siglo. Recuerdo que elegí quedarme en la habitación frente al pozo, ya que era la más gras grande y la única que tenía ventana hacia el pasillo. Tres días pasaron para que comenzara a notar algo raro. Era una especie de música seguida de un canto que provenía del pozo. Esa noche salía a asegurarme que en verdad estaba ocurriendo esto, pues se me hacía demasiado extraño que desde ese lugar que se suponía estaría lleno de agua. Transmitiera ese sonido. Iluminé con la ayuda de una pequeña lámpara y vi que el pozo realmente estaba seco y en el fondo sonaba un goteo de agua, el tambor y el canto de varias mujeres. Noté también cierto olor a inciensos y a amoníaco. Aquel evento no tenía lógica alguna, a menos que si el pozo de agua desembocara en algún lugar o si allí debajo existiera alguna habitación secreta donde se reunieran las brujas a realizar su aquelarre. Pero aquel espectáculo se detuvo de la misma manera en que empezó y al final le perdí el interés al fenómeno y regresé a mi cama. Encendí la radio y me quedé dormido. Aquella noche soñé con una persona a quien aseguro jamás había visto. Era una mujer que temblaba sin poder controlarse de la misma manera en que lo hacía una de mis tías, la mayor quien padecía Parkinson. Sólo que la violencia con que se movía. Aquella mujer de mis sueños era más violenta. Recuerdo que en mis sueños se acercaban otras tres mujeres y comenzaban a recitar unas palabras en un idioma desconocido. Los cánticos despertaron a una especie de demonio que terminó por tomar en un acto depravado a la pobre mujer temblorosa. Desperté bañado en Sudor. Aquella pesadilla me alteró tanto que ya no deseé volver a dormir. Acudí a la escuela y al trabajo como normalmente lo haría, y una vez de regreso a casa, me dispuse a acostarme un momento ya que me sentía bastante agotado. Me desperté justo cuando ya había oscurecido. El viento silbaba con fuerza en la calle, provocando que el cristal de la ventana se estrellara contra el marco, haciendo mucho ruido. Me dispuse a cerrarla y mientras lo hacía, la puerta de la entrada a mi cuarto se cerró de golpe. Entonces, al acercarme hacia la puerta, el apagador se apretó solo encendiendo la luz. Me quedé sorprendido y mientras esto ocurría, la puerta se abrió de nuevo por sí sola, cosa que fue bastante extraña, ya que para abrirla era necesario dar la vuelta a una perilla que, debido a su antigüedad, era bastante dura de girar. Aunque me sentí espantado, no quise fijar mi pensamiento en este suceso, pues si lo hacía, era muy probable que terminaría entrando en pánico. En ese momento me dirigí a la cocina, me distraje preparando algo para cenar, ya no percibí nada extraño aquella noche en mi mente aún quería pensar que lo que me estaba ocurriendo en ese debía departamento. No era otra cosa que producto de mi imaginación, aunque muy en el fondo sabía que no era así. Un día, mi tía, la que me cobraba la renta, me invitó a comer, estaba sola en casa, ya que su único hijo había viajado a México por cuestiones de trabajo. Ella tenía mal de Parkinson y aunque sus crisis no eran muy constantes, si eran bastante profundas y siempre tenía una persona que le ayudaba con las labores de la casa. Era una señora de su edad que se llamaba Mercedes. Era bastante agradable y la familia le tenía mucho aprecio. Aquella tarde, después de comer, me dijo mi tía que si podía ayudarle, ya que Mercedes tenía que salir un rato por una cita médica. Esto hasta que llegara mi tía abuela, yo acepté de buena manera. De cualquier forma, ese día era festivo y no tendría clases ni trabajo. La mayor parte de la casa contaba con varios cuadros de arte sacro y religio. Tenía entendido que mi tía y sus hermanos eran devotos católicos. Mi madre era protestante y no era común para mi ver adornos religiosos en casa y ahora que los veía siendo más grande, sentía cierta repulsión ante algunos de ellos que parecían bastante siniestros, sobre todo un cuadro enorme que decía mi tía estaba dedicado a las almas del purgatorio, a quienes rezaba con fervor para poder obtener favores. En el cuadro se veían varias personas ardiendo en las llamas del infierno y encima de ellos una legión de ángeles mirando hacia abajo con desprecio. La pintura daba la apariencia de ser como un tipo de holograma, siéndolo más aterrador el rostro de angustia en las personas bajo el fuego. Personalmente, más que almas del purgatorio me parecían almas condenadas a la tortura eterna a causa de sus pecados. Me quedé a solas con mi tía en su enorme sala, donde un muro era una especie de panal que funcionaba como librero. Mi tía, al ver que no apartaba la vista revisando los títulos, que mayormente eran de corte religioso y uno que otro clásico de la literatura, me dijo que si lo deseaba, podía tomar cualquier libro que quisiera. Me recomendó que leyera un enorme volumen que hablaba sobre las vidas de los santos y mártires de la iglesia. Yo, por respeto y por no desanimarla, tomé ese y uno de los cuentos clásicos rusos. La verdad tomé estos textos al azar si bien era asiduo a la lectura, realmente no me interesaba ninguno de los libros. En el enorme librero me tocó atender a mi tía en una crisis de temblores. Cerca de las nueve de la noche llegó mi tía abuela junto con Mercedes, pero mi tía rosario ya estaba bien. Tomé los libros y una bolsa con fruta que me regaló mi tía y me fui a mi departamento. Una vez estuve en la habitación, me recosté sobre mi cama que acababa de comprar y de pura curiosidad me puse a hojear los libros. Cuando abrí el Libro de cuentos rusos, cayeron dos pequeños libros que, más que libros precian folletos, eran hojas mal impresas, engrapadas de una manera muy rústica. Uno de ellos decía en la portada el libro del mago perdido y el otro grimorio del mago Abrahamelin. No hizo falta ver más de un par de páginas para darme cuenta de que se trataba de libros de brujería. Los devolví el libro de donde salieron. Después coloqué los libros en una bolsa negra y no volví a abrirlos. Me pregunté de quién serían, pues no creía posible que mi tía Rosario se dedicara a ese tipo de prácticas. No tenía la energía que se requería. Además, a mí siempre me pareció una persona muy dulce. En cambio, mi tía abuela, según yo no sabía ni leer, llegó la noche de Halloween. Varios niños que vivían en diversos o departamentos salieron vestidos con sus trajes a pedir dulces, pero ninguno tocó a mi puerta como yo no tenía planes para ese día y había conseguido una televisión. Me puse a ver un especial de terror que salía en un canal local. Me quedé dormido. Luego desperté y de nuevo escuché los tambores dentro del pozo. Lo mismo los cánticos sólo que esta vez sonaban aún más cercanos, casi como si el sonido estuviera fuera de mi cuarto. Me asomé un par de veces. Entonces pude ver un destello dentro del pozo como el que produce el fuego. En ese momento cometí uno de los peores errores de mi vida. Noté que la reja del pozo estaba abierta y en ese momento no recordaba si ésta había estado cerrada. Antes me acerqué y noté que había algunos escalones pegados al pozo. Tomé mi lámpara y comencé a bajar. Sé que cualquier otra persona en mi lugar ni de broma, se hubiera acercado, pero en más de una ocasión he tomado decisiones estúpidas y esta fue una de ellas. No había una sola gota de agua debajo del pozo y la altura era más baja de lo que pude imaginar. Debajo había un túnel mismo que seguía hasta salir a un lote baldío. No tardé en encontrarme frente a una casita mal hecha donde estaban tres mujeres, entre ellas Mercedes, mi tía y dos mujeres de aspecto siniestro. Entonces vi mi pesadilla a hacerse realidad. Mi tía temblaba ante un repulsivo ritual mientras que el resto de personas caían en un Frenesí había dos hombres de una estatura exageradamente alta tocaban los tambores. Me eché hacia atrás y regresé a mi departamento. Al día siguiente, mi mente se debatía entre pensar que todo fue un mal sueño o que si había sido verdad. De repente, yo mismo tuve un ataque de temblor. No pude controlar mi cuerpo. Me regresé a vivir a casa de mi madre, quien por fin había echado de la casa a su amante. Ella me llevó al médico y descubrí con horror que yo también padecía el mismo mal que mis parientes. No obstante, yo no acepté el diagnóstico del médico y acudí a consultar una vidente quién pudo ayudarme hasta dónde pudo. Desgraciadamente, las pesadillas jamás se van y cada que regresan también regresan los temblores. Espero que algún día mi cuerpo y mi alma puedan liberarse de ese siniestro secreto que descubrí durante esa noche de brujas. Una bruja me acechó en Halloween. Vivo en Estados Unidos, exactamente en Maine, Nueva Inglaterra siempre he sido una persona mayormente escéptica y irracional. Soy maestro de matemáticas y física. Hasta hace poco pensaba que todo podía llegar a ser explicado con operaciones aritméticas y las leyes de la física. Sin embargo, hace unos años viví un suceso tan extraño que me ha obligado a replantear mis creencias. La zona en la que vivo era bastante boscosa, con alguna que otra casa de estilo victoriana en ruinas, lo mismo restos de haciendas que la naturaleza hace tiempo había reclamado. Tengo por costumbre cada vez que me siento estresado y que los problemas me sobrepasan. Doy un paseo en el bosque, siguiendo el sendero que cruza por las casas antiguas. En algunas ocasiones incluso me he atrevido a entrar a explorar un poco. Por lo regular trato de no tomar jamás nada y limitar mi exploración a apreciar el tipo de arquitectura con que fue elaborada. Es curioso. Mayormente de esta zona de los Estados Unidos se cuentan historias de brujas y de la aparición de seres tan extraños como para ser descritos. Yo, aunque mantenía mi postura escéptica, no dejaba de tener interés por aquellas historias que a mí me parecían más ridículas que aterradoras. Un día en Halloween, mientras tomaba mi paseo habitual, me encontré ante un sendero que, según yo jamás había visto, era muy raro, una brecha que de los costados le brotaban hongos de color blanco. Seguí el camino, sintiéndome atraído por tan extraño fenómeno, Caminé por largo rato, siguiendo siempre el sendero de los hongos hasta que me perdí No sé ni cómo, pero ya no pude regresar a la brecha. Me encontraba rodeado de árboles tantos que oscurecían la tarde casi como si ya fuera de noche. De pronto a lo lejos vi unas luces las seguí con la esperanza de encontrar alguna cabaña donde me pudieran volver a orientar para poder regresar a mi hogar. Llegué entonces a una casa sobre una colina con varias casitas. Alrededor de ella había adornos de Halloween, sobre todo todo calabazas talladas con velas. Dentro de pronto salió una mujer de menos de cincuenta años. Le dije que me había perdido y que si, por favor, podría indicarme el camino de regreso a la ciudad. La mujer fue muy amable y me comentó que el camino de regreso era complicado más. No imposible. Me dio una serie de indicaciones a seguir sugiriendo que mantuviera un paso recto y me alejara de las construcciones que me pudiera encontrar, ya que esa zona era demasiado vieja y este tipo de lugares atraían a las brujas y más, me valía no encontrarme con una de estas. Yo le expliqué que no creía ni en brujería ni en brujas y que, desde mi perspectiva, todas las mujeres que fueron ejecutadas en Nueva Inglaterra habían sido enjuiciadas injustamente. La mujer me miró y me dijo que no intentaría hacerme cambiar de opinión, pero que en Halloween había que andarse con cuidado. Seguí el camino y no tardé en contra encontrarme nuevamente con una brecha de tierra y después con uno de piedra. Aún no se terminaba de poner el sol cuando llegué hasta los restos de una capilla en Ruinas. Ahí me sorprendió ver a tres mujeres con vestidos largos de color blanco danzaban de una manera extraña. Me agaché y me escondí detrás de uno de los muros de la capilla. Entonces vi como aquellas mujeres, mientras realizaban su danza macabra, poco a poco iban elevándose del piso como si rompieran las leyes de la física. Las mujeres se veían jóvenes no pasarían de los veinte años. Aquella imagen fue tan extraña. El baile de las mujeres prácticamente me hipnotizó. Entré en una especie de trance en la que no me pude mover. El cuerpo no me respondía. Comencé a escuchar sus voces horrendas y melodiosas en mi mente. Conocían mi nombre Augusto. Me decían seguido de una advertencia acerca de que devorarían mi alma y me llevarían con ellas a lo más profundo del infierno. En ese momento recordé las palabras de la mujer amable que me advirtió sobre las brujas en Halloween. Aunque siempre había sido escéptico, ahora me encontraba cara a cara con algo que desafiaba toda lógica y racionalidad. Me di cuenta de que tenía que encontrar una manera de liberarme de esta influencia maligna. Me sentía arrepentido de haber subestimado las creencias de las personas de pronto como un destello, me vino a la mente un pensamiento recordaba haber leído en un artículo sobre mentalismo, que es la creencia en que si puedes imaginarlo, puedes crearlo. El artículo hablaba que en situaciones de alto peligro, ante lo sobrenatural, podrás aferrarte a un objeto que fuese real y otorgarle el poder de protegerte. Fue así que concentré toda mi atención en unas ramas en el piso y poco a poco logré recuperar la mora movilidad. Entonces salí disparado hasta regresar al camino. Miré hacia atrás, pero las mujeres ya no estaban. Sólo se veía una fogata extinguida y justo frente a mí, una estrella formada con rosas muertas. Tomé la estrella, pues quise pensar que este símbolo alejaría aquellas brujas de mi camino. A medida que avanzaba por el camino de regreso, la sensación de que estaba siendo observado persistía. Cada paso que daba era cauteloso, temiendo que las brujas pudieran volver a aparecer en cualquier momento. Sin embargo, el peso de la estrella en mi mano me brindaba una especie de consuelo y confianza. Escuchaba el chillido de un ave, algo parecido al sonido que hacen los buitres, aunque puedo jurar que esos bramidos casi parecían palabras. Intentaba no mirar a los costados del camino, pues sabía que una de esas brujas me acechaba y esa noche no me permitiría volver a casa. En efecto, cuando bajé la vela, pues el cansancio me estaba venciendo, me detuve intentando ver si reconocía el camino. No obstante, para esas horas ya hacía un par de horas que había oscurecido y de las sombras escuchaba la voz de la bruja que me decía que la siguiera y ella me ayudaría a regresar a casa. En eso escuché como si miles de víboras se acercaran hacia mí. Entonces tomé la estrella con ambas manos y la coloqué en dirección de donde provenía el sonido. Entonces vi a lo lejos la luz de unos autos y corrí hacia allá. Pasaron varios autos. Hice la seña para que me dieran un aventón, pero supongo que mi aspecto era bastante preocupante, pues no me había dado cuenta que mi traje estaba todo roto y en varias partes de mi cuerpo traía varias heridas que no había notado. Mi suerte cambió cuando un taxi pasó este vehículo se detuvo lo conducía a un hombre mayor de ese tipo de personas que te despiertan cierta confianza. Apenas los conoces. Vio cómo agarraba con fuerza a la estrella ya estaba quebrada. Cuando me preguntó acerca de ese objeto, yo le conté todo lo que me pasó en el bosque. El hombre guardó silencio unos momentos y después me dijo que hacía años. A él le ocurrió algo parecido que las brujas eran reales y no sólo un mito. Me recomendó buscar ayuda, pues no era una coincidencia haberme encontrado con ellas que si no hubiese cruzado el bosque, me las habría encontrado en algún pueblo o en la ciudad. Que las brujas realmente no eran las mujeres que sacrificaron en Salem, sino que eran una especie de ente demoníaco que era atraído por las personas que realizaban prácticas antiguas. Ellas estaban en un espacio temporal entre nuestro mundo y otro plano espiritual y al ser atraídos, terminaban poseyendo a las personas ingenuas que creían tener la fortaleza para sostener la energía. No entendía por qué me decía él el chofer, así que se lo pregunté. Él me respondió que era lógico que mi escepticismo y racionalismo sólo era un intento inútil por protegerme de aquello que no deseaba ver, pues según él veía, yo poseía un poder grande en mí. No quise seguir hablando con el taxista. Si bien su diálogo tenía cierta coherencia, no deseaba seguir escuchándolo. Llegamos a mi calle. Entonces vi los adornos en todas las casas. Me hacían sentir mal ver esos adornos de Halloween. Me recordaban a las brujas que me acecharon. Llegué a mi casa. Retiré un pequeño adorno que puse en la puerta. Lo tenía más que nada por mostrar un poco de empatía con las personas, porque realmente hallowien no era una festividad que me importara mucho. Me metí a bañar y después calenté una cena congelada. Me quedé dormido en la sala mientras leía un libro. Me despertaron los maullidos de unos gatos. Me levanté abruptamente y entonces vi cómo un enorme gato negro se coló por mi ventana. Se veía asustado. Intenté sacar al pobre animal, pero éste se escondió debajo de mi sofá. En eso comencé a escuchar unos golpes. Al vidrio de la ventana, me asomé y vi un enorme gato blanco. Tenía una cara horrible. Me atrevo a decir que mantenía ciertos rasgos humanos. El animal golpeaba el cristal y lanzaba estos sonidos que no son maullidos ni llantos, sino algo más parecido a las palabras, como cuando intentan aparearse de pronto aquel animal. Dijo mi nombre de una forma clara. Esto causó que mis nervios colapsaran. Ya eran demasiadas cosas extrañas que me ocurrían durante ese día de Halloween. Entonces tuvo sentido varias cosas que me decía mi abuela que era fanática religiosa que siempre me recomendaba encomendarme a Dios, a quien había ignorado debido a mi escepticismo. De pronto el gato desapareció y en su lugar es nó estaba parada a esta mujer que encontré en la cabaña, quien me hizo la advertencia. Entonces lo comprendí. Aquella mujer era la bruja mayor de ese convento, quien deseaba realmente utilizar una especie de psicología inversa para que, en lugar de alejarme, me acercara a observar sus ritos y probablemente formar parte de sus sacrificios. Pude tranquilizarme y por primera vez en mi vida, recité una oración aquella que me parecía la más sencilla, el padre nuestro. Entonces, el gato negro, debajo de mi sillón, salió y comenzó a acurrucarse en mi pierna. Mientras que la mujer afuera de mi ventana desapareció. Desde entonces, el gatito vive conmigo. Le he llamado Morris su ronroneo Me da calma, pues imagino que su frecuencia aleja a las brujas y demás energías. Ni de broma. Me he vuelto a acercar a aquella zona y jamás he investigado sobre la misma, pues hay información que es preferible ignorar Fiesta de Halloween. No hay festividad que me guste más que Halloween. Desde niño siempre lo ha sido de la misma manera en que mis hermanos y amigos se emocionaban con la llegada de la Navidad. Yo me emocionaba con la temporada de brujas. Este gusto jamás ha cambiado. Al contrario, con el pasar de los años me he hecho más aficionado a los temas relacionados con el terror, desde las películas clásicas de monstruos hasta los relatos que cuentan los abuelos. Esto me ha ocasionado que se me tache de bruja o de persona que practica el esoterismo. Pero puedo jurar por mi madre que jamás he realizado ningún ritual y hasta hace poco no creía en nada relacionado con este tema. Hace tres años me invitaron a una fiesta privada en en una casa antigua en atemajac Zapopan Jalisco. Las personas que conozcan de la historia de mi país sabrán que es uno de los barrios más antiguos de Jalisco, siendo durante un tiempo el centro del Estado, siendo cambiado un tiempo después al barrio de San Juan de Dios. Yo soy originaria de Zapopán, pero no de esa zona. Aunque sí conocía un poco. Nunca me había metido a alguna casa para comprobar si en verdad eran tan viejas. La fiesta era de disfraces y la ofrecían unos compañeros de la Universidad Católica de mi Estado. Según me dijeron, casi a espaldas de este domicilio se encontraba un cementerio de origen judío, elemento que le pondría aún mayor tensión a la noche de Halloween. La casa en sí era bastante interesante, aunque la fiesta sólo sería en la parte trasera lugar que contaba con una alberca y casa de Huéspedes. Justo a un lado se localizaba también una cantera negocio familia del dueño de la casa. La fiesta fue, de hecho, pocos días antes de Halloween y esa misma tarde, previo a la fiesta, acompañé a un par de amigas a ayudar con la decoración. Quedé impresionada por la casa y es que por fuera era un simple portón oxidado, un muro medio derruido cubierto por humedad y malas hierbas, mientras que por dentro una mansión de la época de la colonia se revelaba jamás en la vida habital construcción, toda con acabados finos y bien detallados. No se me hizo extraño que durante la fiesta se nos dijera mantenernos alejados de la casa principal y se nos limitara el uso a la Casa de Huéspedes y la zona de Alberca. La Casa de Huéspedes no se quedaba atrás, aunque descoordinaba con el resto de la casa. Era obvio que se deseaba mantener cierto estilo colonial con adornos de cantera. Lo más bonito de esta Casa de Huéspedes era la escalera que llevaba desde la sala a la segunda planta y continuaba hasta un ático. Algo raro que noté de inmediato. Fueron unas pequeñas marcas en la cantera, como fechas escritas en otro tipo de escritura probablemente griego o ruso. Realmente no conozco mucho sobre etimología, pero después de mi descubrimiento, comencé a bromear con mis compañeros acerca de que esa cantera había sido robada de lápidas en un cementerio extranjero y gracias a ello, las almas de aquellos a cuyas tumbas pertenecieron se aparecerían durante la fiesta para asustarnos a todos. Mi compañera Hilda, quien vivía allí, me respondió diciendo que si no quería ser espantada, mejor me mantuviera alejada del ático. Todos reímos y continuamos arreglando todo para la fiesta. Llegada la noche, yo me vestí con un hermoso vestido al estilo medieval, un peinado exótico y algunas manchas de sangre, pues mi personaje era la condesa sangrienta Elizabeth Bathory. La fiesta se fue llenando de zombis, de vampiros y demás personajes. Realmente no soy muy sociable, por lo que me quedé solamente con dos compañeras de la universidad y terminamos contando historias sobre aparecidos. Una de las chicas de nombre Jennifer, había bebido de más y nos retó a ir al cementerio israelita, cosa a la que nos negamos, pues dijimos que seguramente si no nos asustaba el vigilante nocturno lo haría un perro guardián. Ante la negativa nos sugirió entonces seguir hasta el ático. Nuestra anfitriona estaba muy borracha con varios amigos, así que no vimos objeción a subir, aunque realmente no pensábamos encontrar nada. Subimos las escaleras. Juro por Dios que yo comencé a sentirme rara como si de repente el sonido de la música en la terraza se alejara lo mismo los gritos y el clima se puso muy frío. Hoy en día, identifico esta sensación como si un sexto sentido se me despertara. Jennifer comenzó a decir que la madre de Hilda era una bruja nigromante, que era parte de un culto donde sólo participa gente de dinero. Yo le pregunté que cómo podía saber eso. Ella me respondió que porque una tía la conocía y había acudido a una de sus misas negras. Yo le dije que no le creía ni una sola palabra, que sólo quería contarnos eso para asustarnos Llegando al ático. Jennifer se puso a abrir la chapa con la ayuda de un broche para el cabello. Me sorprendió la facilidad con que ella abrió la puerta Apenas al abrirse la puerta. Un olor asqueroso nos recibió parecido al de lugares que han permanecido mucho tiempo cerrados. Encendimos la luz y vimos que sobre nuestras cabezas colgaba un enorme candelabro de bronce con varios símbolos de estrellas. De inmediato vimos que la duela en el piso había sido tallada de una manera muy rústica, enmarcando un enorme ojo con una estrella alrededor vi un montón de espejos, con marcos dorados y cuadros con dibujos de la muerte y varios demonios. Nada parecido a las imágenes de la Santa Muerte que circulan entre los barrios Bajos. Eran diferentes. No sabría cómo explicarlo. Jennifer me dijo ves Te dije que la vieja era una bruja nigromante enseguida. Comenzó a explicarme que realizaban una serie de rituales, tanto de adivinación como de contacto con muertos, utilizando cadáveres para lograrlo y, de hecho, el lugar olía un poco animales muertos y aún líquido como el que usan en los hospitales. Comencé a sentirme muy incómoda cuando de repente, comenzamos a notar un pequeño goteo justo en medio del círculo, en medio de la duela, yo miré que en un rincón había algunas lápidas amontonadas. Mi mente comenzó a traicionarme y a formar historias acerca de la casa. Pensaba que la familia de jis Hilda eran en realidad todos brujos y que esa casa de Huéspedes en realidad sólo era una fachada para ocultar el cubil en el que nos encontrábamos y fue hecha con material extraído de lápidas y para muestra estaba la cantera de la escalera. Cada vez me puse más nerviosa. Empezaba a notar ciertos detalles que antes no, por ejemplo, que en toda la casa no vi ninguna imagen religiosa y, según yo, la familia de Gilda era católica. Por ende, la metieron a la misma universidad en la que iba yo. El olor se intensificó al punto que fue insoportable estar allí. Dentro lo siguiente que ocurrió es tan increíble que de no ser porque otras dos personas lo vieron. Hoy mismo tendría dudas de que no fuera simple obra de mi imaginación, que estaba alterada por el ambiente de la propia casa del piso. Vimos emerger un cuerpo hecho de puras tiras de carne, como si los músculos estuvieran expto puesto sin su piel. Esa criatura, poco a poco fue adquiriendo una forma más humana hasta que su rostro fue totalmente reconocible. No sabría decir si era hombre o mujer, sólo que comenzó a quejarse y nosotras nos echamos para atrás espantadas ante esa diabólica aparición, Lo que sí puedo decir es que su rostro era la viva imagen de una persona angustiada y que sufría de inmediato. Comenzamos a bajar las escaleras abajo ya muchas personas se habían ido. Cuando revisamos nuestros relojes eran cerca de las dos de la madrugada. Esto nos dejó desconcertadas, pues según nosotras, no era posible que hubiéramos tardado tres horas. En el ático de la casa. Vimos a Hilda, quien se veía bastante mal y no era sólo que estuviera alcoholizada. De hecho, para ese momento se veía totalmente diferente. Estaba frenética como si algo malo le hubiera ocurrido. Dos chicos intentaban echarle aire e intentar tranquilizarla. Cuando preguntamos sobre qué había ocurrido, nos contaron que en nuestra ausencia, varias cosas extrañas ocurrieron. Primero comenzaron a ver personas que no habían sido invitadas todas en cada rincón de la terraza y que a una chica algo la había jalado en la alberca como intentando ahogarla hilda llorando nos dijo que ya antes había visto apariciones, pero nunca antes fueron agresivas con las personas que todo era culpa de su madre y su amiga, la bruja enseguida, nos preguntaron en dónde habíamos estado. Nosotras nos volteamos a ver y sin mediar palabras, yo dije una mentira diciendo que habíamos ido a dar una vuelta al cementerio israelí. No sé ni por qué mentí. Supongo que inconscientemente creí que sería bastante imprudente perturbar más a Gilda con nuestro siniestro hallazgo en el ático entre lágrimas. Se disculpó con todos y nos pidió que nos retiráramos, pues sospechaba que su madre y su grupo de brujas habían llevado a cabo una actividad demasiado mala y si nos quedábamos allí, corríamos peligro. Entonces tomamos nuestras cosas y nos fuimos ofreciendo a Hilda ir con nosotras. Pero ella se negó. Nos acompañó hasta la entrada y en esta ocasión fui más observadora. Vi varios adornos extraños, de entre ellos tres cráneos de color dorado y un cuadro de un santo decapitado. Me pareció demasiado morboso y grotesco este tipo de arte, pero no me detuve mucho tiempo agarré mi auto y me fui a casa. A partir de ese día, comencé a soñar con una persona que me pedía ayuda. Me decía que lo mantenían cautivo en una caja. Era un sueño demasiado extraño como bizarro, pues la caja era realmente un estómago humano. Estas pesadillas me obligaron a no querer dormir y esto desencadenó en una crisis de insomnio que no tardaron en traer muchas secuelas, de entre ellas un choque y una baja en mis notas de la escuela. Mis padres me llevaron con varios especialistas, pero sólo lograron empeorar mi crisis de insomnio. No fue hasta que di con un psicoterapeuta que practicaba también la parapsicología. Después de una serie de terapias de hipnotismo y regresiones, logró alejar el mal que me acechaba. Recuerdo que él me dijo que lo más probable era que esa familia hubiera despertado un demonio del sueño y que para traerlo no fue cosa fácil, pues de manera casi certera, el grupo de brujos debió haber ingerido trozos de carne humana. Mejoré mucho después de varias sesiones y aún mantengo el terrible recuerdo de lo que vi durante esa fiesta de Halloween. Según supe Hilda se fue a vivir a Canadá con una tía y de sus padres. No volvimos a saber quién sabe si aún realizarán ese tipo de prácticas y niegas sobeida. Hoy deseo compartir una historia de la que yo mismo fui testigo y es que he llegado a un punto en mi vida donde la melancolía me ha rebasado y deseo sacar esta historia a detalle para ver así logro al fin poner fin en mi memoria y mi corazón a sobeida mujer de quien puedo dar fiel testimonio. Fue o es una auténtica bruja, la más poderosa, tan poderosa que estoy seguro logró escapar de la mismísima muerte o tal vez atravesó nuestro mundo hacia otro. No podría asegurarlo. Lo que sí es que ha dejado mi corazón en la más profunda tiniebla y a mi ser envuelto en un embrujo del cual no creo poder lograr recuperarme la recuerdo cada halloween, pues fue en uno cuando desapareció. Mi familia es originaria de la región de Andalucía, en España, tierra a la que siempre he extrañado regresar, aunque por una u otra cosa no he tenido la oportunidad de visitar aún así. Mis padres siempre me dijeron que aquí, en México hay muchos lugares idénticos y que incluso muchas personas son parecidas a las que allá habitan. Digo esto pues pienso que probablemente, al ser sobeida originaria de esta tierra, me atrajo apenas al verla. Tal vez me recordó mis raíces. Yo estudié medicina y ejerzo en un hospital regional en Chiapas. Realmente no me he relacionado mucho con las personas y es que quien ha estudiado medicina sabe que hay mucho sacrificio, tanto durante la carrera, el internado y peor aún, cuando has egresado el trabajo, te absorbe reduciendo tu vida a las guardias y el descanso. Además, en mi escaso tiempo libre he ido a realizar trabajo de voluntario a la zona rural. Fue en uno de esos viajes y unos compañeros lograron convencerme de ir con ellos a un pequeño centro cultural donde se presentaron unas bailarinas de danza árabe. No suelo beber alcohol. Por lo regular, siempre he sido una persona muy sana. Suelo acudir al gimnasio todos los días y como de manera saludable, pero esa ocasión me sentía un poco agobiado por la rutina. Dejé de lado mi amargura y me uní a la convivencia con los demás médicos y enfermeras. Bebí una botella y media de vino tinto. Me sentí mareado y alegre. En eso salió el grupo de danza árabe y de entre el grupo vi una mujer morena de cabello rizado en Caireles se balanceaba con tal perfección que quedé hipnotizado. Ante su danza. Mis compañeros se burlaron de mi cara y, una vez terminado el acto, un par de ellos se acercaron a las chicas y la acercaron para presentarnos. Por lo regular, suelo ser muy introvertido, pero gracias al alcohol puder establecer una buena plática. Con ella. Se llamaba sobeida y por su acento supe que no era originaria de México, sino de la costa española. Curiosamente resultó vivir en una comunidad de Chiapas muy cercana. A tuxtla ciudad donde yo residía, intercambiamos números de teléfono y quedamos de llamarnos una vez que estuviéramos ambos en nuestros hogares con el pasar de los días, la busqué y si logramos vernos nuevamente. Aunque no fue tan fácil, ya que ella era parte de una comunidad gitana muy cerrada, motivo por el cual no le permitían relacionarse con cualquier persona. Ella se dedicaba a la adivinación. Aparte de la danza. Fue extraño estar con ella, aunque no menos hermoso. Casi siempre me hacía acompañarla a lugares raros como el cementerio o algunos templos y ciertas zonas en el campo, lugares de donde siempre recolectaba tierra. Yo no le cuestionaba estos sitios donde nos veíamos, tanto porque ella me enseñó nuevos lugares como a apreciar otro tipo de arquitectura, aunque ella no lo notaba. De hecho, siempre decía que escogía esos lugares, pues allí sería difícil que nos descubrieran sus parientes o cualquier miembro de su comunidad. Un gusto que teníamos en común era la afición por los relatos de terror, tanto en películas como en libros. Fuimos un par de veces a casas del terror. Incluso una vez viajamos a Ciudad de México para entrar a Six Flags. Sellamos nuestra relación en una pequeña capilla en Ruinas. Yo le pedí que se mudara conmigo, cosa a la que se negó, diciendo que si lo hacíamos así, nos pondríamos en riesgo, ya que su comunidad era bastante cerrada y agresiva a la hora de que alguien ajeno se metiera con una mujer un día sin que me avisara nada desapareció de mi vida en ese momento. Si me puse triste, pero nada del otro mundo, continué mi vida normal, aunque siempre me quedó la duda sobre qué le habría pasado. No fue hasta que me mudé a una casa de un poblado cercano que comencé a notar ciertas cosas extrañas, y es que al principio no las relacioné de manera directa con Sobeida, sino que la casa en la que vivía, al ser tan vieja, pensé que vendría con sus propios fantasmas, y hoy creo que así era. Por las tardes. Comencé a escuchar su voz en mi oído me decía de la manera en que sólo ella solía hacerlo hablándome por mi segundo nombre, el cual siempre me reservo, pues me causa un poco de pena. Se novio así escuché claramente una tarde mientras me encontraba sentado leyendo un libro sobre medicina naturista. Inmediatamente después escuché unos golpes en la ventana que daba a la sala. Me asomé y lo único que vi fue un ave. No conozco mucho sobre animales, sólo sé que no se parecía ni a un halcón ni a una lechura, sino que era como una mezcla entre ambos. El ave en cuestión era demasiado extraña como para que perteneciera a este lugar. Me quedé un rato mirándola Cuando de nuevo escuché la voz de sobeida. No quise imaginar que era el ave quien acababa de pronunciar las palabras. Me terminé convenciendo de que todo era una alucinación mía, así que regresé a mi lectura. Esa noche me quedé dormido en un diván que tengo en la sala junto a mi librero. Me hubiera encantado haber podido tomar evidencia, como fotografías o videos de cuando me ocurrió, pero en ese entonces los celulares no tenían cámara y las cámaras fotográficas eran bastante deficientes. Al menos no tenías la seguridad de que todas las imágenes saldrían claras. Muchas veces los rollos se velaban. Además, nunca se me ocurrió tomar evidencia, y es que a la mañana siguiente encontré unas notas en el libro que leía. No era mi letra, sino la de sora. Habían sido escritas con lápiz labial Eran sólo un par de palabras y un símbolo bastante extraño. Las palabras eran pronto y libre. El símbolo parecían varios cuadrados encimados rematados con algunos números en griego. Al poco tiempo me pareció verla en una feria, en un poblado. Intenté acercarme a ella, pero se esfumó. Parecía que la tierra se la había tragado a los días. Recibí una llamada suya. Su voz sonaba bastante acelerada. Me dijo que había huido de su comunidad, pues había huido con un conjunto de danza árabe que pronto se presentarían en la Ciudad de México, lugar donde ahora residía para un evento de Halloween. Deseaba verme como me debían bastantes días de vacaciones. Decidí tomarme unos días y viajar a Ciudad de México para encontrarme con Sobeida. Me encontré con ella en un café donde se presentarían me dijo que al final su comunidad mi gromas al sur y r ella aprovechó para fugarse con un par de amigas en quienes se encontró la fortaleza que le hacía falta para ser libre. Yo me sentí molesto, pues cuando yo le propuse irse conmigo, me rechazó, siendo que yo habría asumido toda consecuencia. Aún así me tragué todo el coraje, pues a fin de cuentas, estaba de nuevo en mi vida. Noté algo raro en ella se veía como rejuvenecida. Su rostro no tenía ni una sola imperfección. Su piel de ser morena ahora se veía pálida. A partir de ese reencuentro, comencé a sentir raro, obsesionado con ella y débil supe dónde estaba viviendo, pues me llevó a su departamento lugar que, por cierto, era un asco olía bastante mal. Estaba lleno de plantas podridas y una veladora con la forma de una mano humana, con una flama en cada dedo y, por último, lo más extraño de todo, un cráneo humano que no podía ser falso. Conozco bien sobre este tema de anatomía y fisiología. El cráneo había sido deformado en la parte superior, dividiendo en seis partes por medio de líneas talladas sobre el hueso y en cada lado una letra diferente. Sabía que sobeida practicaba la adivinación, pero todo esto era demasiado siniestro. Le pregunté si había robado ese cráneo de un cementerio, pero ella ignoró mi pregunta. Más después de insistir una y otra vez terminó diciéndome que no preguntara cosas que no deseaba saber, que me contentara con saber que, gracias a sus descubrimientos, estaba logrando todo aquello que decretaba y muy pronto será más poderosa de lo que había sido. La manera en que hablaba era casi como si de otra persona se tratara y aunque sabía que no estaba haciendo nada bueno y que probablemente yo era sólo un material más en su lista de objetos para hechicería en esa semana que pasamos juntos, no deseaba despegarme de ella y cuando lo hacía, me invadía un una ansiedad terrible. Además, me sentía demasiado débil sin razón alguna. Como médico que soy, me revisé la garganta, me tomé todos los signos, pero no había señal alguna de que tuviera alguna infección sobeida. Me pidió que me alojara con ella, pues no tenía sentido que gastara en hospedaje. Además, me dijo que tendría una sorpresa para Halloween que me llevaría a un lugar en especial. Una vez acabara el evento que presentaba su compañía de danza, entonces comencé a notar que durante todas las noches ella se despertaba, encendía las velas y tomaba el cráneo. Yo me hacía el dormido, pero veía y escuchaba perfectamente lo que hacía de la vela. Con forma de dedos, comenzó a salir un humo color carmesí humo que comenzó a adquirir una forma amorfa. En eso veo caer algo de la nube amorfa hasta un círculo en el que se encontraba sobeida, algo que no pude ver, pero sí escuchar. Era un sonido infernal como el que haría la mezcla de un maullido mezclado con el llanto de un bebé. No pude contener un grito y me levanté rápido. Sobeida no parecía sorprendida. Me vio y dijo que volviera a dormir que, a fin de cuentas, yo era un hombre de ciencia y no lograría entenderla en eso estaba cuando cayó al piso y tuvo un ataque rápidamente la cargué a la cama. Me sorprendió ver lo poco que pesaba el ataque era demasiado extraño. No era como una convulsión, sino que se quedó rígida mientras decía palabras sin sentido, mezclando latín y griego, lenguas que no sabía que ella conociera. No quise darle ningún medicamento ni nada para esas fechas. Ya me había tocado ver a personas cuya sugestión era tal que ellos mismos se provocaban convulsiones. No tardó en recuperar la conciencia y actuó como si nada hubiera pasado. Cuando yo le pregunté si deseaba que la llevara al hospital, me medio dijo que no, que si en verdad la amaba ignorara lo que acababa de ocurrir. Preferí callar porque ella comenzó a Besarme. Llegó por fin el día de Halloween. Yo no quise disfrazarme, pero para entrar al evento tuve que usar al menos un antifaz. Me sorprendió ver el número de personas que asistieron a ese evento. Varias iban disfrazadas como los monstruos clásicos. Había un hombre lobo, varios vampiros y monstruos de Frankenstein. Ese día no bebí tanto, pero mi cuerpo y mi mente se sentían tan débiles que comencé a ver borroso. Tuve un borrón y perdí la noción del tiempo. Lo último que recuerdo fue verme de la mano de Sobeida. A decir verdad, no conozco muy bien la ciudad de México y soy tan distraído que las pocas veces que he estado terminé perdido y tomando un taxi, así que no pudiera decir exactamente por dónde caminábamos. Solo recuerdo que era un callejón bastante desolado, lleno de casas medio derruidas. Cuando le pregunté a Sobeida a dónde me llevaba, me dijo que tenía que mostrarme algo. Llegamos entonces a una casa sin puertas ni ventanas. Me dijo que desde que llegó a Ciudad de México, un par de compañeras le mostraron aquel lugar que contenía un pozo de agua y dentro existía una falla en la realidad por donde se filtraba tal poder que ella lo deseaba poseer Y quería enseñarme, pues no podía asegurar que una vez lo intentara, siguiera en este mundo y que hasta ese momento era yo la única persona que le había tratado con respeto y amor, dos cosas que no conocía muy bien. Entramos a ese lugar. Me sorprendió ver que dentro de la habitación donde se localizaba el susodicho pozo, todo estaba en muy buen estado. No había sido vandalizado. Al contrario, en el lugar crecían una serie de plantas y flores que no se dan originalmente en esta zona del país. Pensé que encontraría a al igual que en el departamento de Sobeida, varios objetos relacionado con la brujería, pero no no había ni rastro de cenizas, ni de pentagramas ni símbolos raros. Pensé que me encontraría con un convento de brujas, pero no. La noche estaba quieta. Entonces Sobeida me pidió que me mantuviera a cierta distancia de ella y del pozo, pues esta noche, en especial, la fuerza fluye en el aire y deseaba aprovecharla para reclamar el poder para ella. Después me pidió que viera lo que viera. Escuchara lo que escuchara, no intentara interferir. Se echó al piso en posición de meditación y comenzó a producir varios sonidos sin sentido, mientras que una voz demasiado extraña para ser descrita le contestaba desde el fondo de la oscuridad. Esto me dejó desconcertado mi mente no podía asimilar todo lo que estaba ocurriendo era tan extraño. De repente, la temperatura bajó y ante la luz de la lámpara que Sobeida llevaba consigo pude ver como si varias sombras se formaran alrededor de ella. Creí que estaba enloqueciendo, pues nada de lo que vi tenía sentido. No sabría cómo describirlo. Era como si la realidad misma se deformara. Entonces vi al fondo las cinco llamas de la mano en la habitación de Sobeida. Después comenzó a llegar un olor asqueroso. La escuché gritar a ella. Sobeida era arrastrada hacia el pozo por unas manos invisibles y decidido a no obedecer su petición de no interferir me acerqué hacia ella para tomarla en brazos. Fue entonces que no supe qué ocurrió. Tuve nuevamente un borrón desperté al amanecer en esa casa abandonada mucho más débil que antes, a tal punto que no me podía ni mover de Sobeida no había ni rastro como pude. Me apoyé en los muros y salí a la calle. Después tomé un taxi hasta unos pinos. Tal dos días después estaba afuera buscando a Sobeida, pero no logré dar con ella. Sus cosas quedaron intactas en su departamento, pero de ella hasta la fecha no se sabe nada, y eso que levanté un reporte. Incluso por mis medios contraté un detective privado quien no ha logrado. La gran cosa y es que, al no tener un registro de ella en el país, es difícil de encontrar cualquier cosa. Ni siquiera los de la compañía de danza saben su paradero. Yo a la fecha aún me siento demasiado deprimido como si un trozo de mi alma se hubiera ido junto con ella la feria. Las ferias tenían más apertura a mostrar ciertos shows que hoy en día serían considerados crueles o demasiado aterradoras para ser expuestos de las reglas de seguridad ni hablar. Pero eso sí. La diversión era igual, o me atrevo a decir que era aún mayor, y es que sin tanta tecnología te distraías más. Hoy en día no puedes fijar tu concentración en otra cosa que no sea tu teléfono celular. Hoy en día. Es difícil que ocurra algo paranormal sin que se haya grabado o tomado evidencia. Aún así, antes se veían más cosas que hoy en día, pero siento que el avance de la tecnología aleja a los fenómenos paranormales. Tuve la fortuna de crecer durante una época donde la tecnología era escasa, Las cámaras fotográficas casi no se veían. No existían muchas opciones para ver en la televisión. Cuando éramos niños, nuestras distracciones eran los libros, los programas de radio, donde relataban novelas e historias, sobre todo algunos donde el público contaba sus sucesos paranormales, tema al cual le teníamos demasiado precio. Lo que más nos gustaba era cuando venía la feria a nuestra localidad. Soy originario de Belice. Crecimos bajo una tradición inglesa y americana. Aunque siempre hablamos en español, no es de extrañarse que en mi ciudad siempre se festejara el Halloween, tradición que ya venía desde mis padres, quienes lo fomentaban entre mis hermanos y yo. Mi cumpleaños es justo una semana antes de noche de Brujas y por aquel entonces me tocó la suerte de que llegara al pueblo una feria de esas que tanto me gustaban se instalaban siempre en un terreno enorme a las afueras de la ciudad, donde hoy en día hay un centro comercial. Apenas vimos la caravana que llegó por mar. Comenzamos a acudir en bicicleta a ver qué tantas atracciones traían. A diferencia de otras ferias que nos habían tocado, esta era más grande con juegos que jamás vimos encontré algo en especial que me aceleró el corazón. Era un enorme remolque con forma de castillo, que sería una mansión del terror. Vi que el remol que incluiría incluso una zona de laberinto de espejos. Tanto mis hermanos y yo estábamos muy emocionados y estando de regreso, estábamos pidiéndole a nuestros padres que nos llevaran. Quedaron de llevarnos a celebrar mi cumpleaños. No esperamos a que llegara mi cumpleaños y cada que podíamos pasábamos después de la escuela, al menos a echar un vistazo a las atracciones. La feria tenía casi todo a lo que uno estaba acostumbrado, tanto de comidas como de golosinas. Sólo que en alguno que otro puesto mostraban comida extranjera, al igual que muchos locales, quedaban espectáculos nunca antes vistos mayormente de espiritismo, lectura de cartas e hipnotismo. Una parte tenía un show de fenómenos que no era otra cosa que personas con ciertas deformidades, las cuales hoy en día dudo que hayan sido reales, sino más bien una especie de maquillaje. Llegada a la fecha, mis padres nos dejaron ponernos nuestros disfraces y nos llevaron a la feria. Yo le pedí a mi padre que nos comprara boletos para el show de hipnotismo. El show fue presentado por un hombre muy alto que de por sí sobresalía entre las personas cuando subió al escenario. Parecía un gigante que chocaría contra el techo de la carpa. El hombre hablaba mal el español y fue algo difícil Entenderle era obvio que era extranjero, aunque no pude adivinar exactamente de dónde provenía tomó algunas personas del público para realizar su acto, y el acto me pareció demasiado actuado. Entonces, aquel hombre enorme nos seleccionó a mi hermana y a mí no nos negamos a subir, pues deseaba descubrir en carne propia. Si todo aquello era una farsa o yo estaba equivocada. No puedo describir lo que pasó a continuación, pues fue tan rápido que cuando menos me acordé, todo había terminado y me encontraba agarrado a la mano de mi hermana, a quien le decía que me sentía mal o no r acordaba nada del show, mientras que mis demás hermanos y mi madre me decían que había sido bastante gracioso. No recordaba realmente todo. Se me ponía negro y me imaginaba a mí misma bajo un escenario de marionetas, siendo yo una de ellas y aquel hombre enorme movía los hilos para que mi hermana y yo hiciéramos lo que él quisiera. Mi hermana me decía que ella sólo fingió durante todo el show y que pensó que yo había hecho lo mismo, ya que no dejé de sonreír. Un solo momento después de caminar un rato, logré sentirme mejor. Entramos a una carpa que mostraba animales extraños. Dos de ellos me dieron miedo a causa de sus deformidades. Se llegó el turno de ingresar al enorme castillo del terror. Para ese momento ya se me había pasado la conmoción del show de hipnotismo. Cuando seas niño, pese a que las cosas te dan más miedo, no te tomas tan en serio, nada o al menos así me pasaba. No duraba mucho tiempo, espantada o enojada porque a los pocos minutos estaba como si nada, pues me emocioné cuando nos dijeron que nos permitirían entrar a la mansión del terror. Más que nada, deseaba ver el laberinto de espejos, pues jamás había visto uno. Esta casa no era parecida a ningún otra. Tenía un par de animatrónicos bastante extraños. Considero que si hoy en día los mirara de nuevo, me espantarían tanto como cuando era niña, y es que en lo personal, ver en un ser imitando el comportamiento del ser humano me desata un miedo de locura. También las personas que estaban disfrazadas eran bastante extraños. Al ser extranjeros. No iban vestidos como los monstruos clásicos de las películas, sino que iban vestidos de unos atuendos rojizos y negros. Parecían como la típica persona que se viste para acudir a una reunión de brujas. Sus rostros maquillados daban un aspecto aún más aterrador que el que causaría una máscara de Látex. Llegamos a una sas donde nos recibieron dos guías del recorrido por un segundo vi como si a una de estas personas le cambiara el rostro por el de un animal. Esto me hizo brincar, cosa que a nadie le pareció extraño, pues se supone que ese era la finalidad de la atracción. Entramos entonces al laberinto de los espejos, donde no había guías ni nada. Se nos informó que allí no habría personal, que era la última parte de la atracción y podíamos cruzar libremente o si deseábamos salir de una vez, mi hermana y yo decidimos continuar con el recorrido. Apenas pisé el primer espejo. Cuando me comencé a sentir mal, los espejos no eran la gran cosa. Hoy que lo pienso, supongo que a lo mucho serían un par de pasillos y un tercero sin salida. Algunos de los espejos estaban rotos y otros muy sucios. Ni siquiera tenía ese tipo de espejo que deformaba tu forma por unos segundos. En uno de los espejos vi como una enorme silueta aparecida y enseguida. Mi reflejo no respondía a mis movimientos, sino que tenía voluntad propia. Parecía burlarse de mí y yo estaba frente a mi reflejo sin poderme mover. Fue una sensación desesperante. Cuando recuperé el movimiento, mi padre, mi hermana y mi madre me sacudían con violencia. Ya no me encontraba en el laberinto de espejos, sino afuera acostada en una banca. Me dijeron que de repente me quedé tieso tirada en el suelo y que nadie me podía hacer reaccionar. Nos regresamos inmediatamente a casa y al día siguiente me llevaron a un chequeo con nuestro médico familiar. Me mandaron a realizar estudios de la cabeza mismos que resultaron normales, estudios de sangre y demás. Mis padres eran muy obsesivos con los temas relacionados a la salud. Con el pasar de los días, no me sentí nada bien. Empecé a mostrar una serie de comportamientos s que normalmente no presentaba como sonambulismo y a ratos perdía la conciencia estando despierta. Yo le decía a mi familia que culpaba al show de hipnotismo de mis males, cosa de la que mi hermana se burlaba, pues ella me aseguraba todo había sido una farsa, pero yo sabía que no era así sentía como si aquel hipnotizador me hubiera robado el alma. La feria. Se fue de mi ciudad y al poco tiempo comenzaron a ocupar ese terreno para levantar un centro comercial. Yo estuve mal mucho tiempo y a veces sentía como esa enorme sombra me acechaba, además de que era bastante vergonzoso y peligroso cada que tenía estas parálisis, cada que esto ocurría mi mente se quedaba como esa vez, frente al espejo. Mis padres, al borde de la desesperación, me llevaron con una especie de brujo que se hacía llamar mago metafísico. Los métodos que él utilizó fueron también una especie de hipnotismo, así como otros menos convencionales, en los que utilizaba unas lámparas eléctricas extrañas y unos aparatos a los que realmente no les encontraba la funcionalidad. El caso fue que, poco a poco me recuperé Hoy en día, de vez en cuando tengo pesadillas acerca de lo que viví en esa temporada de Halloween y pese a que ha sido la experiencia más aterradora en mi vida, sigo teniendo mucho gusto por esta celebración y todo lo que conlleva. Relatos escritos y adaptados por Mauricio Farfán