Especial De Halloween Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
El culto de Lilith. Hace años conseguà un empleo de guardia de seguridad cuidando una plaza comercial que nunca fue terminada. Se trataba de uno de esos proyectos donde se esperaba que las inmobiliarias fueran a invertir y la gente poblara en los lÃmites de nuevo león. Sin embargo, aun cuando los inversionistas otorgaron grandes sumas de dinero para realizar estudios económicos y demás, la gente simplemente no se atreve a abandonar los lugares en los que crecieron. Yo trabajaba como albañil en una constructora en la zona y perdà mi empleo a causa de que, ante la poca preventa de departamentos, los inversionistas se decepcionaron. Yo estudié hasta el bachillerato, pero mi fuerte siempre ha sido la construcción. Además, por culpa de un incendio, perdà casi todos mis papeles y me era difÃcil conseguir otro tipo de empleo y o his a rs con uno de los inversionistas, que era quien nos habÃa conseguido el trabajo, siendo él quien me ofreció quedarme de vigilante en este centro comercial. Me habÃa prometido igualarme el sueldo que mantenÃa, aunque el trabajo serÃa temporal, pues aún no sabÃan exactamente qué finalidad tendrÃa el edificio, pues habÃa planes de adaptarlo a una clÃnica médica. El edificio era de una rara arquitectura y es que, lejos de parecerse a ese tipo de construcción moderna que busca ahorrar espacio. Era una copia de esas casas enormes tipo holandés, como solÃan verse en algunos pueblos del Estado de nuevo León. Se me dio un informe. El acceso a una habitación de la cual podÃa hacer uso como si de mi propio hogar se tratara el trabajo. Era en verdad bastante sencillo dar un par de rondines por la noche y hacerme notar para ahuyentar a cualquier ladrón que deseara desmantelar la construcción. Las primeras semanas de trabajo fueron de las sencillas, a tal punto que ni siquiera sentÃa que fuera trabajo. Prácticamente habÃa conseguido donde vivir sin pagar renta y aparte. Se me pagaba por ello como agradecimiento. También me dedicaba a realizar limpieza en las áreas más visibles, ya que si limpiaba todo jamás terminarÃa a los tres meses. Comencé a descubrir cositas extrañas. Lo primero fue un rastro de mariposas negras muertas estaban acomodadas en fila hasta llegar a una de las escaleras que daba al sótano. Esas escaleras no pasaban por el estacionamiento y para acceder a ellas se necesitaba una llave especial de seguridad. Misma que se me entregó una copia. Era extraño. No era posible que, por pura casualidad, los animales vinieran a morir a esa zona en la que, por cierto, no existÃa una manera de entrar. Decidà abrir la puerta, pues era mi deber asegurarme que todo estuviera bien y no hubiese un lino indeseable en el edificio. Detrás de la puerta me recibió un aroma bastante raro. OlÃa animales, muertos y excrementos. Casi me vomito del puro olor. Caminé entonces hasta llegar al sótano lugar que me dejó impactado. El piso estaba pegajoso y tenÃa una serie de sÃmbolos que formaban una media luna unida a dos cruces. HabÃa varias pieles de animales, mayormente de gatos y de otros animales que no logré identificar. También habÃa varios pétalos de rosas rojas y otras más oscuras. No aguanté el asco y me puse a limpiar aquel siniestro tiradero. Una cosa era obvia. El edificio estaba siendo frecuentado por miembros de algún culto satánico y no tenÃa ni idea de cómo habÃan logrado entrar. Asà que mi segunda tarea durante esa tarde consistió en buscar si existÃa otra entrada secreta al sótano, pues si habÃan entrado por la puerta principal, lo habÃan hecho sin que me diera cuenta. Y eso era casi imposible, ya que para hacerlo tendrÃan que atravesar el local que utilizaba como dormitorio. Limpié lo mejor que pude y antes de borrar los sÃmbolos en los muros, los copié en una libreta, pues juraba haberlos visto en otro lugar eran algo como esto. Después medÃa la tarea de investigar un poco sobre los sÃmbolos. No habÃa Internet en ese entonces, pero tenÃa una conocida que se dedicaba a la brujerÃa y ella conocÃa bastante sobre simbologÃa. Al salir del sótano, cayeron sobre mà varios pétalos de rosa y sentà un viento helado recorrer mi cuerpo se me puso la piel de gallina, por lo que salà corriendo de ese lugar. Juro por Dios que escuché como una especie de canto a la lejanÃa, una especie de oración. Mi uniforme me obligaba a llevar una camisa blanca. Tengo cierta obsesión con mantenerlo más clara posible todas mis prendas blancas, Asà que inmediatamente de que terminé de limpiar el sótano, me puse a lavar mi uniforme en un lavadero que se localizaba en el mismo local que ocupaba. Para mi sorpresa, noté que en los lugares donde cayeron los pétalos sobre mi camisa la habÃan quemado, dejando una marca permanente que no pude quitar con ningún producto de limpieza. No volvà al sótano hasta el siguiente dÃa, aunque sà estuve atento a cualquier sonido o cosa rara que ocurriera. Movà cuanta caja, encontré y recorrà todos los muros, pero no di con ninguna entrada secreta ni nada que se le pareciera. El dÃa que me tocaba descanso, en realidad no tenÃa a dónde ir. La mayor parte de mi familia migró a los Estados Unidos y mi mayorÃa de amigos son hombres y no nos veÃamos seguido. Tomé la decisión de ir a visitar a la Bruja para mostrarle los sÃmbolos y contarle acerca de mi hallazgo. La mujer vivÃa en Monterrey, por lo que me llevó un par de horas llegar. Me recibió apenas llegué. Creo que le agradaba a bastante, pues siempre que la buscaba ya fuera por llamada o visita. Me respondÃa de inmediato. Después de tener una charla básica, le mostré las imágenes y anotaciones de mi cuaderno. No tardó ni dos segundos en decirme que esos sÃmbolos pertenecÃan al culto Lilith, quien era considerada la primera mujer de Adán. Pero al no querer mostrar su misión fue desterrada y en sus destierros se reprodujo con varios demonios. Le pregunté si me ponÃa en riesgo a lo que ella me respondió que no realmente, pero lo mejor era alejar a esas personas, pues aunque su culto se limitara a la adoración de Lilith. Cierto tipo de rituales podÃan atraer a seres muy nefastos como demonios, y estos no eran igual de benevolentes que ella. Entonces me entregó un amuleto. Me dijo que serÃa la mayor protección que podÃa tener. Según dijo, era el sÃmbolo del arcángel Metatron que mientras lo trajera colgado del cuello, nada serÃa capaz de dañarme o acercarse siquiera. Por último, me recomendó poner atención, sobre todo en la noche de Brujas y el DÃa de todos los Santos, que eran fechas importantes para toda persona que formaba parte de un culto. Pues bien, por aquel entonces eran mediados de octubre se acercaban esas fechas, asà que estuve aún más atento. Incrementé la vigilancia nocturna, pues es bien sabido que ese tipo de reuniones se realizan por la madrugada, encontré un par de sujetos acompañados por una mujer de avanzada edad husmeando a las afueras del edificio, me acerqué a ellos y apenas me vieron corrieron. Aquella noche estuve atento ante cualquier sospecha de que se acercaran esas personas. Cerca de las cinco de la madrugada, cerré bien la puerta de acceso y di un último rondà Incluso me atrevà a bajar al sótano. No se escuchaba ni se veÃa nada. Sin embargo, encontré nuevamente un rastro de mariposas negras muertas y esos pétalos de rosas delgadas por toda la escalera y el piso del sótano. No entendÃa de qué manera entraban esas personas, pues las veces que no cuidaba yo que eran escasas, lo hacÃan dos de los mismos dueños. Dudé de ellos. Asà que en ese mismo momento llamé a la persona que me contrató. Le conté lo que habÃa descubierto y le pedà que si él estaba enterado de que alguno de los dueños realizaba este tipo de práctica. Me lo dijera, por favor, pero él se mostró tan sorprendido como aterrorizado y me pidió que si llegaba a encontrar a alguien desconocido dentro del edificio, llamara de inmediato a las autoridades y a él mismo. Dormà toda la mañana hasta que sentÃa el roce de unas uñas en mi cara. Desperté rápidamente y vi a esa mujer enorme de piel, pálida con un gorro bastante extraño, lleno de perlas y demás adornos. TenÃa unas enormes ojeras y era muy delgada de cabello negro. Me miraba con curiosidad sus labios eran tan rojos como la sangre y producÃa cierto sonido con la nariz. No me dijo nada, sólo me miró y me tocó. Sus ojos eran tan vacÃos, tan inhumanos que sentÃa que enloquecerÃa si lo seguÃa viendo. Me puse a llorar mientras rezaba. Segundos después, tal como si sólo hubiese sido un sueño, la mujer desapareció. Me levanté temblando de la colchoneta, la cual, para mi horror, estaba llena de pétalos rojos y varias mariposas negras muertas. Esto demostraba que no habÃa sido sólo un sueño, sino algo real. Tardé varios dÃas en recomponerme de ese encuentro aterrador, pero justo cuando apenas estaba mejorando, llegó Halloween. Fue un dÃa bastante difÃcil, pues hubo una tormenta muy intensa. Trajo consigo pequeñas inundaciones en diferentes puntos del edificio. Me puse de prisa a sacar el agua lo mejor que pude mi mientras lo hacÃa, no podÃa dejar de pensar en que algo estaba por ocurrir. Además, no me quitaba de la cabeza la imagen de aquella mujer a quien no podÃa dejar de asociar con Lilith. Como me explicó la Bruja, no era que ella fuera malvada o benevolente con la humanidad, sino que su manera de sentir y actuar no era la misma que la de nosotros, los seres humanos, y por más, que quisiéramos entender o pensar en que lograrÃamos entenderlos y, peor aún, obtener su favor. Estaba demasiado lejos de nuestro alcance. Por otro lado, algo dentro de mà deseaba volver a verla. Sé que suena estúpido, pero la emoción era demasiado intensa. Llegó el atardecer las lluvias pararon y una niebla muy extraña comenzó a cubrir las calles. Los edificios a medio construir daban una atmósfera de misterio y desolación. Realmente nunca fui muy fanático de ese tipo de celebración. Por lo regular, las pelÃculas de terror me parecÃan ridÃculas y exageradas, pero aquello que estaba viviendo en carne propia traÃa conmigo el amuleto en todo momento colgado en mi pecho, entonces comencé a sentirme asediado, comencé a escuchar voces por todo el edificio, como si en cada esquina hubiese personas apareciendo y burlándose de mÃ. Sentà ganas de encerrarme en el lugar donde dormÃa, pero no podÃa darme el lujo. TenÃa que estar al acecho y ante cualquier avistamiento del culto, llamarÃa a la policÃa y a mi jefe para las doce de la noche. La neblina se habÃa disipado un poco y comencé a sentir un poco de calma. Sin embargo, esta calma me permitió escuchar un golpe como de algo pesado que se habÃa caÃdo. No tardé en rastrear el escuchar hasta la puerta del sótano. No hice ruido, pues el sigilo podÃa ser mi aliado para lograr atrapar a aquel culto. Alcancé a escuchar. Como hablaban entre susurros. Era obvio que aquel culto habÃa entrado por no por la r uerta, sino por alguna especie de trampilla que me habÃa pasado desapercibido. Entonces corrà hasta el teléfono y, en lugar de marcar directo a la policÃa, llamé a mi jefe, quien me dijo que se encargarÃa de todo. Llamando a la policÃa, me mantuve cerca del sótano en todo momento, y es que en verdad, no sabÃa cuántas personas eran exactamente además, si estaban armadas o cuáles serÃan sus prácticas. La curiosidad me mataba y la espera a que llegara la policÃa se me hizo eterna. De pronto la puerta del sótano se abrió y detrás aparecieron dos sujetos que se me quedaron viendo y luego me pidieron que los acompañara, pues la madre deseaba verme que yo habÃa sido elegida y no deseaban hacerla esperar. Me eché hacia atrás, advirtiéndoles que la policÃa ya estaba en camino y otro par de sujetos altos me agarraron de la espalda intenté zafarme sin poder hacer nada de allÃ. Todo ocurrió tan rápido que recuerdo muy poco sólo haber visto a la mujer anciana desnuda dentro de un cÃrculo, mientras otras personas recitaban una serie de rezos extraños y demonÃacos. Cuando llegó la policÃa, me llevaron a un hospital pues tuve una crisis nerviosa muy fuerte. Ni de broma volvà a ese trabajo, pues me enteré con el tiempo que uno de los inversionistas era quien financiaba el culto y que las personas entraban por una alcantarilla que conducÃa directamente por un túnel hasta el sótano lugar elegido, porque cuando levantaron el edificio encontraron una serie de hallazgos extraños. Esto ocurrió ya hace demasiado tiempo. No creo que ni el lugar ni las personas involucradas existan ya al dÃa de hoy. Yo ya soy una persona muy mayor que aún tiene pesadillas con lo que vivió cuando trabajó vigilando esa tierra maldita y que detesta la celebración del DÃa de Brujas, pues sé que las brujas existen y se encuentran por allÃ, convenciendo a las personas de ser parte de sus cultos malditos, el organillero del diablo. La siguiente historia me ocurrió hace ya bastante tiempo, cuando aún era un alma joven, en aquella época en que Halloween no era una festividad bien recibida en nuestro paÃs, México. Aún asà les puedo asegurar que hay fechas en especÃfico que nos representan nacionalidad y llevan la magia consigo y deberÃa tenerse cuidado cuando llegan. Soy originario de un pueblito junto a León, Guanajuato, lugar que actualmente no existe, ya que con el tiempo se convirtió en una colonia bastante comercial, cuyo nombre dejaré en el anonimato. Les puedo jurar que esta historia es cien por ciento real. Como iba diciendo por aquel entonces, Halloween no era una festividad bien recibida por las personas y que, siendo un niño de no más de doce años, que sentÃa mucha curiosidad, lo mismo que mis amigos investigamos acerca de cómo era este tipo de celebración. Como no era muy común que vendieran máscaras en ese entonces. Aun cuando veÃamos a los monstruos clásicos del cine en las pelÃculas antiguas, nos hicimos unas con cámaras de llantas usadas. Las cortábamos con la ayuda de una navaja dando formas aterradoras y para finalizar, las pintábamos con pinturas que el padre de un amigo nos obsequió de su taller. Esto fue previo a la verdadera noche de brujas. De hecho, aún faltaban tres dÃas. Yo mantuve escondida la máscara que hice, pues mi madre no era nada tolerante y si me la encontraba, era capaz de quemarla y regañarme. Ella era ese tipo de persona religiosa que asocia cualquier cosa que no entiende con un origen diabólico. Por aquellos años nos contaron que en la Ciudad de México los niños salÃan a pedir su calaverita, algo parecido a lo que realizaban en Estados Unidos, donde la tradición es dulce o truco, que se supone obliga a las personas a obsequiar dulces o recibir una broma pesada como castigo. En mi pueblo nunca se habÃa llevado a cabo esta tradición de pedir calaverita, ni nada parecido era irónico, pero la mayorÃa de conocidos acudÃan constantemente a que les realizaran limpias y rituales para tener dinero y salud. No obstante, se ponÃan muy agresivos cuando se acusaba a alguien de brujerÃa o de no ir a la iglesia. Cada domingo, mis amigos y yo planeamos reunirnos un dÃa antes de Halloween en el Taller de Pedro, que era el papá de Héctor, todos con máscaras y frente al fuego de la chimenea. En el Taller contarÃamos historias de brujas y aparecidos. También planeábamos realizar una travesura una mañana antes de que nos reuniéramos. Llegó al pueblo un organillero. Quienes no conozcan este instrumento cuanto les explico, se trata de una caja musical de gran tamaño compuesta por tubos de metal que, al darle cuerda, produce distintas melodÃas. Siempre me han causado pánico los sonidos que estas cajas producen. En más de una ocasión me pegué a mi madre en el mercado cuando veÃa a un músico con uno de estos. El caso es que un organillero se instaló cerca de la plaza dos dÃas antes de que nos reuniéramos. La caja que cargaba consigo era demasiado extraña, estaba llena de sÃmbolos, sin color negro y morado. Por fortuna, no traÃa un simio encadenado, pero en cambio, el aspecto del operador era demasiado raro. El hombre era mudo, pues nunca lo vimos hablando. ParecÃa comunicarse con lenguaje de señas. Iba vestido de una manera demasiado elegante y por su altura y color de piel, pensábamos que era extranjero. No sólo lo decÃamos nosotros, también los adultos, el primer dÃa que apareció el organillero, las personas no le daban dinero. El hombre en verdad daba una pinta extraña. Yo, en lo personal no querÃa acercarme. Sin embargo, el hombre, al ver que las personas de la plaza se alejaban de él, comenzó a moverse cuadra tras cuadra, quedando justo afuera de mi casa. La música que produjo era como las que solÃan poner de fondo en las pelÃculas de terror a blanco y negro, música como de clavicordios y circos terrorÃficos. Incluso mi madre me dijo que esa música le parecÃa espantosa, que no sabÃa cómo aquel hombre esperaba recibir algún dinero por asustar a las personas. El hombre dejó de tocar. Unos momentos, mi madre salió al mercado a comprar algunas cosas, cuando de nuevo se reanudó la macabra melodÃa. Juro por Dios que no era que estuviera asustado, pero la música de ese sujeto provocaba algún tipo de ruptura en la realidad y comenzaba a saber cosas. Me asomé por la ventana y vi como un par de sombros que formaban la figura de unos simios danzaban a la par de esa macabra música. Como me dio miedo, me alejé de la ventana y corrà a mi habitación tomando un crucifijo entre mis manos. Pasados un par de segundos, escuché como si un simio enojado chillara bajo mi cama. Esto me dejó en pánico quedando tieso en la cama. Cuando llegó mi madre, el organillero se habÃa ido y yo pude volver a Moverme Le conté a mi madre lo que ocurrió, pero lo único que gané fue un regaño, diciéndome que eso me pasaba por ver pelÃculas de terror. Al dÃa siguiente escuché a varias personas del pueblo quejarse del nuevo organillero, pues al parecer se paró afuera de algunas casas para interpretar sus macabras melodÃas. Supongo que en ese momento los hombres del pueblo lo echaron, pues en todo el dÃa no se dejó ver otra noticia nada agradable. Se supo un niño de cinco años habÃa desaparecido, lo mismo una una o ño de diez y aunque no eran mis amigos, si los conocÃa, la gente del pueblo relacionó la pérdida de los niños con la desaparición de ese extranjero. Cómo era de esperarse. Nuestros padres se pusieron más estrictos y peor aún porque a uno de mis amigos le encontraron su máscara, a muchos se nos prohibió salir. Esto nos dejó muy desanimados. Echamos mentiras para podernos reunir. Dijimos que tenÃamos un trabajo en equipo de la escuela. Al caer la noche pensamos en ponernos nuestras máscaras para contar historias. La mayorÃa logró convencer a sus padres de que era verdad nuestro trabajo escolar. Sólo dos niños no acudieron y a mà me dieron chance. Siempre y cuando regresará a tiempo y acompañado. El padre de Pedro fue muy atento. Ãl y su esposa nos prepararon un pastel de calabaza y el taller donde contarÃamos las historias fue adornado con varias velas y sillas. Cada quien contó una historia, pero pero quien relató la más aterradora fue el padre de Pedro que nos dijo que un duende ahogó a su hermano menor en un rÃo. Faltaba media hora para las nueve y se nos fue la noción del tiempo. Cuando acordé ya faltaban quince para las diez. Mi estómago se apretujó sentà miedo de que mis padres me fueran a regañar. Sobre todo, me daban miedo que fueran a llegar por mà y me llevaran a bola de fajazos. En eso, como si mis pensamientos comenzaran a hacerse reales, alguien tocó la puerta de manera violenta. Esto nos sobresaltó a todos. En eso el padre de Pedro se puso de pie y se asomó por la ventana. Después abrió la puerta y ante nuestra sorpresa, no habÃa nadie ni en la puerta ni en la calle. El señor pensó que se trataba de una broma por algunos chiquillos. Salió y miró a todos lados cuando regresó, apenas atravesó la puerta cuando comenzó a sonar el organillo en la calle. Con esa melodÃa tenebrosa, todos nos quedamos desconcertados. Sobre todo porque iba entrando la madre de Pedro y comenzó a decir cosas como que el organillero era realmente el demonio disfrazado y que esa noche diabólica vendrÃa a reclutar almas para llevárselas al infierno. Nos acercamos todos a la ventana, pues para ese momento, al menos a mÃ, se me habÃa olvidado que mis padres me regañarÃan por no respetar sus reglas. Afuera se seguÃa escuchando esa música infernal, pero del organillero ni sus luces. El sonido era bastante extraño. No era como si saliera de un lugar en especÃfico, sino que venÃa de todos lados. El viento lo llevaba y parecÃa moverse de lugar. El ambiente se puso tenso. Estábamos todos nerviosos cuando de nuevo volvieron a tocar la puerta. Para esto la música habÃa parado y en el aire dominaba un silencio. Sepulcral afuera de la pouera. Me esperaba algo más aterrador que el organillero. Era mi madre roja del coraje, que apenas abrieron la puerta, me tomó de una oreja y asà me llevó hasta mi casa. Me encerraron en mi cuarto como era de esperarse. Toda la noche escuché en la calle la maldita música del organillero. Cuando regresé a la escuela, me enteré que todos los niños escucharon a este hombre. Uno de ellos que vivÃa con sus abuelos, se lo encontró de regreso a su casa. El hombre le ofreció dulces, pero el niño desconfiado no quiso acercarse, además de que al voltear a ver sus pies, estos tenÃan la forma de pezuñas de animal. Después de esa noche, ya no volvimos a ver a ese extraño organillero de quien pensamos era el mismo demonio que se soltó en la noche de Brujas. Actualmente soy una persona mayor y aún hoy en dÃa siento cierto recelo al sonido de los organillos, que ya no son tan comunes. Una cosa me queda clara. Hay ciertas fechas en las que se debe tener especial cuidado. La marioneta. No siempre me dieron miedo las marionetas. De hecho, cuando era niña me encantaba que en la escuela nos hicieran shows con tÃteres o marionetas, según fuera el caso. Soy originaria de Michigan, en los Estados Unidos, de una comunidad hispana ya bastante vieja. El nombre de mi ciudad y el mÃo prefiero mantenerlo en el anonimato para evitar problemas y por mantener un respeto por la figura de mi madre, a quien acusaron de brujerÃa por aquellos años, cosa que puedo desmentir. Ella realizaba lectura del café y a veces limpias, pero jamás la vi realizar algún ritual para causar daño a otra persona. Soy hija única y mi madre siempre fue con sus en mi infancia seguido me llevaba al cine y al teatro. Mi festividad favorita siempre ha sido Halloween y en esa fecha mi madre, que era muy buena costurera, me realizaba. El traje que yo eligiera era mediados de octubre. Yo ya tenÃa listo mi disfraz Mi madre me dijo que la noche de Brujas irÃamos a visitar a una tÃa abuela que vivÃa en un barrio mejor acomodado, donde habÃa mansiones para convencerme. Mi madre me dijo que podÃa llevar a mi amiga darla, quien se vistió igual que yo de Brujas sabÃamos que ese barrio era bastante elegante. De hecho, la casa de mi tÃa era enorme y muy bonita. VivÃa sola con varios gatos. En otras ocasiones ya nos habÃa intentado convencer de pasar Halloween con ella, pues me decÃa que en ese barrio los vecinos daban los mejores dulces, incluso en algunas casas obsequiaban juguetes. Esto fue verdad. Mi madre nos acompañó a pedir dulces y llenamos un costal. También nos regalaron unas muñecas de trapo vestidas de bruja y unas lámparas. Con forma de calabaza, mi tÃa poseÃa una colección de juguetes antiguos, bastante grande e interesante. Incluso poseÃa un par de marionetas y una muñeca hermosa que llegó a usar en un show de ventrilocuo que no fue muy exitoso. Yo jamás pude verla realizar su acto en este Halloween. Sacó varias fotografÃas de cuando realizaba su acto en fiestas infantiles de la familia en España. La muñeca en cuestión me hipnotizó con su belleza y es que parecÃa prácticamente una niña de la antigüedad. Llevaba su vestido blanco, lleno de olanes, largos rizos, un moño blanco y parecÃa estar hecha de la porcelana más fina. Ahora que lo pienso, la mayorÃa de muñecos de ventrilocuo eran algo feos. En cambio, esta estaba demasiado bien hecha. Mi tÃa notó cómo miraba admirada su muñeca resguardada en la vitrina, asà que la sacó para que pudiera verla de cerca. Yo la tomé en mis manos darla y yo la miramos maravilladas. La muñeca era perfecta. Las divisiones de su boca eran apenas visibles. Lo mismo su mecanismo. Mi tÃa dijo que al morir la muñeca serÃa propiedad de mi madre para que pudiera tenerla cerca. Como si esta declaración funcionara como una sentencia de muerte, mi tÃa comenzó a sufrir un ataque al corazón. Mi madre la llevó al hospital, dejándonos solas en la casa. Nos pidió que nos mantuviéramos encerradas y para que no tocaran a pedir dulces, dejaron afuera un tazón enorme con dulces. Yo me sentÃa asustada no sólo por la salud de mi tÃa, sino por la cara que puso en el momento en que le dio el infarto. Y es que esto ocurrió justo cuando regresó a la muñeca a su vitrina, no podÃa dejar de relacionar los hechos con ella. Aún asà darla y yo no podÃamos dejar de contemplarla. La muñeca era tan perfecta que dudo que fuese hecha por manos humanas. Me retiré un momento a la cocina. QuerÃa cortar algo de una tarta de manzana que nos hizo mi tÃa, pero darla no quiso acompañarme Me dijo que le trajera un trozo estaba en ello. Cuando la escuché gritar, corrà hacia ella a ver qué ocurrÃa. Todo se veÃa en perfecto estado. Nada estaba fuera del lugar. La muñeca seguÃa en su vitrina, sólo que darla estaba tirada en el suelo, aferrando su mano izquierda, con su mano derecha. Le pregunté qué ocurrÃa y ella me respondió que serÃa algo difÃcil de explicar, pero que, por favor, nos alejáramos de la vitrina de la muñeca, imaginando que ella se habÃa sugestionado después de mirar tanto tiempo fijamente a la figura. Su Mente le jugó una mala pasada, asà que tomé una manta con la que mi tÃa abuela cubrÃa la vitrina para protegerla del polvo y la escondÃ. Mientras hacÃa esto darla me dijo que me alejara de la muñeca. Una vez llegamos a la sala, intenté tranquilizarla diciendo que era normal que estuviéramos alteradas después de lo que habÃamos presenciado. En eso, ella movió su cabeza de un lado a otro y descubrió su muñeca izquierda, dejando ver una quemadura horrible. Le pregunté que cómo se habÃa hecho eso, y ella respondió que fue la muñeca que sabÃa que era difÃcil de creer, pero que después de escuchar, como si la muñeca sollozara, se acercó hacia ella y estiró su mano para tocarla. Entonces la muñeca aferró sus manos, tomando sus manos y ella sentÃa como le quemaba. Luego dijo que la muñeca tenÃa algo malo dentro de ella que mejor nos fuéramos de su casa. Yo le respondà que no era posible, ya que era bastante tarde que esperáramos a mi mamá y ya nos irÃamos. No era que yo también estuviera espantada mas Mi madre siempre me ha dicho que era muy madura para mi edad, asà que me enfoque en darle valor a darla. Encendà la televisión, pero todas las pelÃculas que pasaban eran de terror. Estuve un rato cambiando el control hasta que di con una serie de dibujos animados. Asà estuvimos un rato hasta que ambas nos tranquilizamos un poco. No escuchábamos ya gente rondando la calle. De hecho, habÃa tal silencio que daba una sensación enorme de vacÃo algo asà como cuando despiertas de madrugada una Navidad y ya todos se han ido a dormir y sólo te llega el aroma de las fogatas arrojando humo. De repente sonó el teléfono de la casa y con su sonido puso fin a nuestra tranquilidad. Era mi madre que me decÃa que mi tÃa estaba muy mal y era probable que no viviera hasta el amanecer que ya habÃan llegado más parientes que si estaba bien, que nos quedáramos en la casa de mi tÃa hasta la mañana. Intenté decirle que estábamos asustadas y deseábamos irnos a casa, pero alguien llegó y obligó a mi madre a colgar no sin antes decirnos que nos llamarÃa más al rato darlas hecho a llorar. Yo la abracé para intentar tranquilizarla, diciéndole que al rato llamarÃa de nuevo mi madre y no le darÃa tiempo de colgar. Le contarÃa todo, pero que mientras deberÃamos buscar una manera de tranquilizarnos que a fin de cuentas, nada extraño habÃa vuelto a pasar. Intentaba tranquilizarla. Le dije que comiéramos la tarta y después verÃamos, pero ella me pidió que no la dejara sola, asà que le propuse ir juntas hasta la cocina. Aunque no se mostró muy convencida, prefirió acompañarme en lugar de quedarse sola. Caminamos a través del pasillo, donde estaban los muñecos de mi tÃa, que me parecÃan más aterradores que la propia muñeca en cuestión darla ni siquiera volteó a verlos. Caminó con los ojos cerrados mientras me tomaba la mano. En eso escuché una risa que creo darla no escuchó fue algo raro, tomamos los trozos de tarta y regresamos a la sala. Yo tenÃa esta sensación como si algo me siguiera de cerca sin atreverse a acercarse totalmente. A mà no le quise decir nada a darla. Sin embargo, pasados cinco minutos escuchamos unos pasitos en la cocina. Eran pasos producidos por pequeñas zapatillas. PodrÃas alcanzar a percibir el tacón sobre el piso darla comenzó a llorar nuevamente y yo ya no supe qué hacer. También empecé a llorar. El miedo nos invadÃa por completo. Aquellos pasos parecÃan acercarse cada vez más a la sala donde nos encontrábamos. No podÃamos ver nada, pero sentÃamos una presencia siniestra acechándonos. Decidà tomar el teléfono y llamar a la policÃa, pero al levantar el teléfono no habÃa tono de lÃnea. Estábamos completamente aisladas sin forma de comunicarnos las risitas y los pasos continuaban cada vez más cerca. Nos aferramos una la otra tratando de encontrar consuelo en nuestra compañÃa. Intenté mantener la calma y pensar en alguna estrategia para protegernos. De repente, una sombra se proyectó en la pared de la sala. Era del tamaño de la muñeca. Aunque ella no estaba allà solo su sombra, escuchábamos su risa y su voz era idéntica a la de una niña de nueve años. Nos preguntaba si no deseábamos jugar con ella. De repente empezamos a escuchar los pasos más cerca y yo, sintiendo que el fin nos llegarÃa, comencé a marearme pensé que me desmayarÃa. En eso llegó mi madre, que al vernos intuyó lo que ocurrÃa y de inmediato comenzó a recitar un salmo en español que alejó la proyección de la muñeca y todo sonido paranormal. Ella nos dijo que mi tÃa habÃa hecho algo muy malo y jugaba con fuerzas oscuras más allá de su dominio y que aquella noche de Brujas, uno de sus embrujos logró liberarse de su dominio, tomando como primera vÃctima a ella misma y matándola poco a poco. Esto se lo confesó en el hospital. Mi tÃa tomó unos papeles, nos regresó a casa en auto y ella se fue de nuevo al hospital. No dormimos el resto de la noche pensando en todo aquello que habÃamos presenciado. Desafortunadamente, mi tÃa murió al amanecer. Según supe esto desató un conflicto legal por la herencia de sus pertenencias, quedando la mayor parte A nombre de mi madre, Ella vendió todos los muñecos y demás cosas raras que encontramos. De entre tantas cosas venÃan varios libros de hechicerÃa en catalán que probablemente eran los favoritos de mi tÃa. Tardé un tiempo en recuperarme del trauma de esa noche de brujas. Otros años ya no quise salir a pedir dulces, ni toleraba ver muñecas de porcelana ni mucho menos teatros de marionetas. Lo peor de todo que darla dejó de ser mi amigo, pues se dio a la tarea de ir con el chisme con todos los niños, diciendo que mi familia era una familia de brujas, siendo mi madre la peor de todas. Esto ocasionó que muchas niñas se alejaran de mÃ, cosa que cambió una vez que entré a la preparatoria. Lo curioso es que los papás de muchos de estos niños que me maltrataban con la excusa de que mi madre era una bruja, acudÃan a las limpias con ella a la fecha a un sueño, con esa muñeca en su vitrina, donde me atrapa y logra tomar mi cuerpo dejando mi alma atrapada dentro de su cuerpo frÃo de porcelana noche de brujas. La familia de mi madre siempre ha parecido bastante extraña, Y es que no existe pariente, ya sea primo, tÃo o abuelo, que no padezca alguna enfermedad. Y no no es que sus antepas so dos tuvieran algún mal congénito heredado. Esto no quiere decir que sean malas personas. Y aunque a mi tÃa abuela varias veces la acusaron de brujerÃa, puedo asegurarles que era buena persona, al menos a mi familia y a mà nunca nos hizo nada malo más como estoy por relatarles escondÃa un secreto. Me fui a vivir a la vecindad de mi tÃa. Ellos tenÃan una enorme propiedad, dividida en dos partes por un largo pasillo, donde habÃa varios departamentos que rentaban a bajo costo. La finca era bastante rara. Algunas veces estuve de niño en alguna que otra fiesta, pero jamás tuve oportunidad de ingresar al vecindario, ya que mi madre nos prohibÃa molestar a los inquilinos. Entonces sólo solÃamos dar un paseo por la azotea. De hecho, la casa principal contaba con una terraza que conectaba con el resto de departamentos. Esa casa era bastante extraña. TenÃa escaleras cuyos escalones se hacÃan más angostos entre más te acercabas a la parte superior. También habÃa cuartos minúsculos donde no guardaban nada y otros llenos de baratijas. Con más de medio siglo de antigüedad. Llegué a vivir a ese lugar a causa de que mi padre murió y mi madre se juntó con un tipo que era adicto a las drogas. Estábamos en un espacio muy pequeño y no tardé en tener problemas con ese tipo. Asà que durante una fiesta familiar, un primo me dijo que me dejarÃan la renta barata si yo se lo pedÃa a su madre. En ese entonces, en Colombia, las rentas se pusieron bastante caras a causa de la migración. Llegué un jueves por la tarde. Era octubre y algunos departamentos ya mostraban adornos para noche de Brujas, celebración que se comenzaba a ser popular por aquel entonces y aunque me encantaban ese tipo de cosas, mi madre no nos permitÃa celebrar. Nos decÃa que era una celebración extranjera, además de que era mala fecha, pues en ese tipo de fechas el demonio se liberaba. No tenÃa muchas cosas, una colchoneta, un tubo para la ropa y a pesar de esto, me sentÃa emocionado de poder al fin independizarme. El departamento que se me asignó era el número seis. Era un lugar bastante malo, mayormente destechado, con una puerta hecha de reja cerrada, con una cadena y un candado. Después seguÃa un pasillo. Si caminabas a la derecha veÃas una habitación, la más grande. Frente a esta estaba un pozo de agua enrejado y a un lado un baño. Y si, en cambio, ibas a la izquierda, sólo habÃa una pequeña habitación. Era pequeño y la construcción dejaba mucho que desear. Los muros no se veÃan sólidos. Incluso bromeé en más de una ocasión que si caÃa una buena tormenta, el techo terminarÃa por caerse encima de mÃ. Aún asÃ, aquella finca ya llevaba en pie por más de medio siglo. Recuerdo que elegà quedarme en la habitación frente al pozo, ya que era la más gras grande y la única que tenÃa ventana hacia el pasillo. Tres dÃas pasaron para que comenzara a notar algo raro. Era una especie de música seguida de un canto que provenÃa del pozo. Esa noche salÃa a asegurarme que en verdad estaba ocurriendo esto, pues se me hacÃa demasiado extraño que desde ese lugar que se suponÃa estarÃa lleno de agua. Transmitiera ese sonido. Iluminé con la ayuda de una pequeña lámpara y vi que el pozo realmente estaba seco y en el fondo sonaba un goteo de agua, el tambor y el canto de varias mujeres. Noté también cierto olor a inciensos y a amonÃaco. Aquel evento no tenÃa lógica alguna, a menos que si el pozo de agua desembocara en algún lugar o si allà debajo existiera alguna habitación secreta donde se reunieran las brujas a realizar su aquelarre. Pero aquel espectáculo se detuvo de la misma manera en que empezó y al final le perdà el interés al fenómeno y regresé a mi cama. Encendà la radio y me quedé dormido. Aquella noche soñé con una persona a quien aseguro jamás habÃa visto. Era una mujer que temblaba sin poder controlarse de la misma manera en que lo hacÃa una de mis tÃas, la mayor quien padecÃa Parkinson. Sólo que la violencia con que se movÃa. Aquella mujer de mis sueños era más violenta. Recuerdo que en mis sueños se acercaban otras tres mujeres y comenzaban a recitar unas palabras en un idioma desconocido. Los cánticos despertaron a una especie de demonio que terminó por tomar en un acto depravado a la pobre mujer temblorosa. Desperté bañado en Sudor. Aquella pesadilla me alteró tanto que ya no deseé volver a dormir. Acudà a la escuela y al trabajo como normalmente lo harÃa, y una vez de regreso a casa, me dispuse a acostarme un momento ya que me sentÃa bastante agotado. Me desperté justo cuando ya habÃa oscurecido. El viento silbaba con fuerza en la calle, provocando que el cristal de la ventana se estrellara contra el marco, haciendo mucho ruido. Me dispuse a cerrarla y mientras lo hacÃa, la puerta de la entrada a mi cuarto se cerró de golpe. Entonces, al acercarme hacia la puerta, el apagador se apretó solo encendiendo la luz. Me quedé sorprendido y mientras esto ocurrÃa, la puerta se abrió de nuevo por sà sola, cosa que fue bastante extraña, ya que para abrirla era necesario dar la vuelta a una perilla que, debido a su antigüedad, era bastante dura de girar. Aunque me sentà espantado, no quise fijar mi pensamiento en este suceso, pues si lo hacÃa, era muy probable que terminarÃa entrando en pánico. En ese momento me dirigà a la cocina, me distraje preparando algo para cenar, ya no percibà nada extraño aquella noche en mi mente aún querÃa pensar que lo que me estaba ocurriendo en ese debÃa departamento. No era otra cosa que producto de mi imaginación, aunque muy en el fondo sabÃa que no era asÃ. Un dÃa, mi tÃa, la que me cobraba la renta, me invitó a comer, estaba sola en casa, ya que su único hijo habÃa viajado a México por cuestiones de trabajo. Ella tenÃa mal de Parkinson y aunque sus crisis no eran muy constantes, si eran bastante profundas y siempre tenÃa una persona que le ayudaba con las labores de la casa. Era una señora de su edad que se llamaba Mercedes. Era bastante agradable y la familia le tenÃa mucho aprecio. Aquella tarde, después de comer, me dijo mi tÃa que si podÃa ayudarle, ya que Mercedes tenÃa que salir un rato por una cita médica. Esto hasta que llegara mi tÃa abuela, yo acepté de buena manera. De cualquier forma, ese dÃa era festivo y no tendrÃa clases ni trabajo. La mayor parte de la casa contaba con varios cuadros de arte sacro y religio. TenÃa entendido que mi tÃa y sus hermanos eran devotos católicos. Mi madre era protestante y no era común para mi ver adornos religiosos en casa y ahora que los veÃa siendo más grande, sentÃa cierta repulsión ante algunos de ellos que parecÃan bastante siniestros, sobre todo un cuadro enorme que decÃa mi tÃa estaba dedicado a las almas del purgatorio, a quienes rezaba con fervor para poder obtener favores. En el cuadro se veÃan varias personas ardiendo en las llamas del infierno y encima de ellos una legión de ángeles mirando hacia abajo con desprecio. La pintura daba la apariencia de ser como un tipo de holograma, siéndolo más aterrador el rostro de angustia en las personas bajo el fuego. Personalmente, más que almas del purgatorio me parecÃan almas condenadas a la tortura eterna a causa de sus pecados. Me quedé a solas con mi tÃa en su enorme sala, donde un muro era una especie de panal que funcionaba como librero. Mi tÃa, al ver que no apartaba la vista revisando los tÃtulos, que mayormente eran de corte religioso y uno que otro clásico de la literatura, me dijo que si lo deseaba, podÃa tomar cualquier libro que quisiera. Me recomendó que leyera un enorme volumen que hablaba sobre las vidas de los santos y mártires de la iglesia. Yo, por respeto y por no desanimarla, tomé ese y uno de los cuentos clásicos rusos. La verdad tomé estos textos al azar si bien era asiduo a la lectura, realmente no me interesaba ninguno de los libros. En el enorme librero me tocó atender a mi tÃa en una crisis de temblores. Cerca de las nueve de la noche llegó mi tÃa abuela junto con Mercedes, pero mi tÃa rosario ya estaba bien. Tomé los libros y una bolsa con fruta que me regaló mi tÃa y me fui a mi departamento. Una vez estuve en la habitación, me recosté sobre mi cama que acababa de comprar y de pura curiosidad me puse a hojear los libros. Cuando abrà el Libro de cuentos rusos, cayeron dos pequeños libros que, más que libros precian folletos, eran hojas mal impresas, engrapadas de una manera muy rústica. Uno de ellos decÃa en la portada el libro del mago perdido y el otro grimorio del mago Abrahamelin. No hizo falta ver más de un par de páginas para darme cuenta de que se trataba de libros de brujerÃa. Los devolvà el libro de donde salieron. Después coloqué los libros en una bolsa negra y no volvà a abrirlos. Me pregunté de quién serÃan, pues no creÃa posible que mi tÃa Rosario se dedicara a ese tipo de prácticas. No tenÃa la energÃa que se requerÃa. Además, a mà siempre me pareció una persona muy dulce. En cambio, mi tÃa abuela, según yo no sabÃa ni leer, llegó la noche de Halloween. Varios niños que vivÃan en diversos o departamentos salieron vestidos con sus trajes a pedir dulces, pero ninguno tocó a mi puerta como yo no tenÃa planes para ese dÃa y habÃa conseguido una televisión. Me puse a ver un especial de terror que salÃa en un canal local. Me quedé dormido. Luego desperté y de nuevo escuché los tambores dentro del pozo. Lo mismo los cánticos sólo que esta vez sonaban aún más cercanos, casi como si el sonido estuviera fuera de mi cuarto. Me asomé un par de veces. Entonces pude ver un destello dentro del pozo como el que produce el fuego. En ese momento cometà uno de los peores errores de mi vida. Noté que la reja del pozo estaba abierta y en ese momento no recordaba si ésta habÃa estado cerrada. Antes me acerqué y noté que habÃa algunos escalones pegados al pozo. Tomé mi lámpara y comencé a bajar. Sé que cualquier otra persona en mi lugar ni de broma, se hubiera acercado, pero en más de una ocasión he tomado decisiones estúpidas y esta fue una de ellas. No habÃa una sola gota de agua debajo del pozo y la altura era más baja de lo que pude imaginar. Debajo habÃa un túnel mismo que seguÃa hasta salir a un lote baldÃo. No tardé en encontrarme frente a una casita mal hecha donde estaban tres mujeres, entre ellas Mercedes, mi tÃa y dos mujeres de aspecto siniestro. Entonces vi mi pesadilla a hacerse realidad. Mi tÃa temblaba ante un repulsivo ritual mientras que el resto de personas caÃan en un Frenesà habÃa dos hombres de una estatura exageradamente alta tocaban los tambores. Me eché hacia atrás y regresé a mi departamento. Al dÃa siguiente, mi mente se debatÃa entre pensar que todo fue un mal sueño o que si habÃa sido verdad. De repente, yo mismo tuve un ataque de temblor. No pude controlar mi cuerpo. Me regresé a vivir a casa de mi madre, quien por fin habÃa echado de la casa a su amante. Ella me llevó al médico y descubrà con horror que yo también padecÃa el mismo mal que mis parientes. No obstante, yo no acepté el diagnóstico del médico y acudà a consultar una vidente quién pudo ayudarme hasta dónde pudo. Desgraciadamente, las pesadillas jamás se van y cada que regresan también regresan los temblores. Espero que algún dÃa mi cuerpo y mi alma puedan liberarse de ese siniestro secreto que descubrà durante esa noche de brujas. Una bruja me acechó en Halloween. Vivo en Estados Unidos, exactamente en Maine, Nueva Inglaterra siempre he sido una persona mayormente escéptica y irracional. Soy maestro de matemáticas y fÃsica. Hasta hace poco pensaba que todo podÃa llegar a ser explicado con operaciones aritméticas y las leyes de la fÃsica. Sin embargo, hace unos años vivà un suceso tan extraño que me ha obligado a replantear mis creencias. La zona en la que vivo era bastante boscosa, con alguna que otra casa de estilo victoriana en ruinas, lo mismo restos de haciendas que la naturaleza hace tiempo habÃa reclamado. Tengo por costumbre cada vez que me siento estresado y que los problemas me sobrepasan. Doy un paseo en el bosque, siguiendo el sendero que cruza por las casas antiguas. En algunas ocasiones incluso me he atrevido a entrar a explorar un poco. Por lo regular trato de no tomar jamás nada y limitar mi exploración a apreciar el tipo de arquitectura con que fue elaborada. Es curioso. Mayormente de esta zona de los Estados Unidos se cuentan historias de brujas y de la aparición de seres tan extraños como para ser descritos. Yo, aunque mantenÃa mi postura escéptica, no dejaba de tener interés por aquellas historias que a mà me parecÃan más ridÃculas que aterradoras. Un dÃa en Halloween, mientras tomaba mi paseo habitual, me encontré ante un sendero que, según yo jamás habÃa visto, era muy raro, una brecha que de los costados le brotaban hongos de color blanco. Seguà el camino, sintiéndome atraÃdo por tan extraño fenómeno, Caminé por largo rato, siguiendo siempre el sendero de los hongos hasta que me perdà No sé ni cómo, pero ya no pude regresar a la brecha. Me encontraba rodeado de árboles tantos que oscurecÃan la tarde casi como si ya fuera de noche. De pronto a lo lejos vi unas luces las seguà con la esperanza de encontrar alguna cabaña donde me pudieran volver a orientar para poder regresar a mi hogar. Llegué entonces a una casa sobre una colina con varias casitas. Alrededor de ella habÃa adornos de Halloween, sobre todo todo calabazas talladas con velas. Dentro de pronto salió una mujer de menos de cincuenta años. Le dije que me habÃa perdido y que si, por favor, podrÃa indicarme el camino de regreso a la ciudad. La mujer fue muy amable y me comentó que el camino de regreso era complicado más. No imposible. Me dio una serie de indicaciones a seguir sugiriendo que mantuviera un paso recto y me alejara de las construcciones que me pudiera encontrar, ya que esa zona era demasiado vieja y este tipo de lugares atraÃan a las brujas y más, me valÃa no encontrarme con una de estas. Yo le expliqué que no creÃa ni en brujerÃa ni en brujas y que, desde mi perspectiva, todas las mujeres que fueron ejecutadas en Nueva Inglaterra habÃan sido enjuiciadas injustamente. La mujer me miró y me dijo que no intentarÃa hacerme cambiar de opinión, pero que en Halloween habÃa que andarse con cuidado. Seguà el camino y no tardé en contra encontrarme nuevamente con una brecha de tierra y después con uno de piedra. Aún no se terminaba de poner el sol cuando llegué hasta los restos de una capilla en Ruinas. Ahà me sorprendió ver a tres mujeres con vestidos largos de color blanco danzaban de una manera extraña. Me agaché y me escondà detrás de uno de los muros de la capilla. Entonces vi como aquellas mujeres, mientras realizaban su danza macabra, poco a poco iban elevándose del piso como si rompieran las leyes de la fÃsica. Las mujeres se veÃan jóvenes no pasarÃan de los veinte años. Aquella imagen fue tan extraña. El baile de las mujeres prácticamente me hipnotizó. Entré en una especie de trance en la que no me pude mover. El cuerpo no me respondÃa. Comencé a escuchar sus voces horrendas y melodiosas en mi mente. ConocÃan mi nombre Augusto. Me decÃan seguido de una advertencia acerca de que devorarÃan mi alma y me llevarÃan con ellas a lo más profundo del infierno. En ese momento recordé las palabras de la mujer amable que me advirtió sobre las brujas en Halloween. Aunque siempre habÃa sido escéptico, ahora me encontraba cara a cara con algo que desafiaba toda lógica y racionalidad. Me di cuenta de que tenÃa que encontrar una manera de liberarme de esta influencia maligna. Me sentÃa arrepentido de haber subestimado las creencias de las personas de pronto como un destello, me vino a la mente un pensamiento recordaba haber leÃdo en un artÃculo sobre mentalismo, que es la creencia en que si puedes imaginarlo, puedes crearlo. El artÃculo hablaba que en situaciones de alto peligro, ante lo sobrenatural, podrás aferrarte a un objeto que fuese real y otorgarle el poder de protegerte. Fue asà que concentré toda mi atención en unas ramas en el piso y poco a poco logré recuperar la mora movilidad. Entonces salà disparado hasta regresar al camino. Miré hacia atrás, pero las mujeres ya no estaban. Sólo se veÃa una fogata extinguida y justo frente a mÃ, una estrella formada con rosas muertas. Tomé la estrella, pues quise pensar que este sÃmbolo alejarÃa aquellas brujas de mi camino. A medida que avanzaba por el camino de regreso, la sensación de que estaba siendo observado persistÃa. Cada paso que daba era cauteloso, temiendo que las brujas pudieran volver a aparecer en cualquier momento. Sin embargo, el peso de la estrella en mi mano me brindaba una especie de consuelo y confianza. Escuchaba el chillido de un ave, algo parecido al sonido que hacen los buitres, aunque puedo jurar que esos bramidos casi parecÃan palabras. Intentaba no mirar a los costados del camino, pues sabÃa que una de esas brujas me acechaba y esa noche no me permitirÃa volver a casa. En efecto, cuando bajé la vela, pues el cansancio me estaba venciendo, me detuve intentando ver si reconocÃa el camino. No obstante, para esas horas ya hacÃa un par de horas que habÃa oscurecido y de las sombras escuchaba la voz de la bruja que me decÃa que la siguiera y ella me ayudarÃa a regresar a casa. En eso escuché como si miles de vÃboras se acercaran hacia mÃ. Entonces tomé la estrella con ambas manos y la coloqué en dirección de donde provenÃa el sonido. Entonces vi a lo lejos la luz de unos autos y corrà hacia allá. Pasaron varios autos. Hice la seña para que me dieran un aventón, pero supongo que mi aspecto era bastante preocupante, pues no me habÃa dado cuenta que mi traje estaba todo roto y en varias partes de mi cuerpo traÃa varias heridas que no habÃa notado. Mi suerte cambió cuando un taxi pasó este vehÃculo se detuvo lo conducÃa a un hombre mayor de ese tipo de personas que te despiertan cierta confianza. Apenas los conoces. Vio cómo agarraba con fuerza a la estrella ya estaba quebrada. Cuando me preguntó acerca de ese objeto, yo le conté todo lo que me pasó en el bosque. El hombre guardó silencio unos momentos y después me dijo que hacÃa años. A él le ocurrió algo parecido que las brujas eran reales y no sólo un mito. Me recomendó buscar ayuda, pues no era una coincidencia haberme encontrado con ellas que si no hubiese cruzado el bosque, me las habrÃa encontrado en algún pueblo o en la ciudad. Que las brujas realmente no eran las mujeres que sacrificaron en Salem, sino que eran una especie de ente demonÃaco que era atraÃdo por las personas que realizaban prácticas antiguas. Ellas estaban en un espacio temporal entre nuestro mundo y otro plano espiritual y al ser atraÃdos, terminaban poseyendo a las personas ingenuas que creÃan tener la fortaleza para sostener la energÃa. No entendÃa por qué me decÃa él el chofer, asà que se lo pregunté. Ãl me respondió que era lógico que mi escepticismo y racionalismo sólo era un intento inútil por protegerme de aquello que no deseaba ver, pues según él veÃa, yo poseÃa un poder grande en mÃ. No quise seguir hablando con el taxista. Si bien su diálogo tenÃa cierta coherencia, no deseaba seguir escuchándolo. Llegamos a mi calle. Entonces vi los adornos en todas las casas. Me hacÃan sentir mal ver esos adornos de Halloween. Me recordaban a las brujas que me acecharon. Llegué a mi casa. Retiré un pequeño adorno que puse en la puerta. Lo tenÃa más que nada por mostrar un poco de empatÃa con las personas, porque realmente hallowien no era una festividad que me importara mucho. Me metà a bañar y después calenté una cena congelada. Me quedé dormido en la sala mientras leÃa un libro. Me despertaron los maullidos de unos gatos. Me levanté abruptamente y entonces vi cómo un enorme gato negro se coló por mi ventana. Se veÃa asustado. Intenté sacar al pobre animal, pero éste se escondió debajo de mi sofá. En eso comencé a escuchar unos golpes. Al vidrio de la ventana, me asomé y vi un enorme gato blanco. TenÃa una cara horrible. Me atrevo a decir que mantenÃa ciertos rasgos humanos. El animal golpeaba el cristal y lanzaba estos sonidos que no son maullidos ni llantos, sino algo más parecido a las palabras, como cuando intentan aparearse de pronto aquel animal. Dijo mi nombre de una forma clara. Esto causó que mis nervios colapsaran. Ya eran demasiadas cosas extrañas que me ocurrÃan durante ese dÃa de Halloween. Entonces tuvo sentido varias cosas que me decÃa mi abuela que era fanática religiosa que siempre me recomendaba encomendarme a Dios, a quien habÃa ignorado debido a mi escepticismo. De pronto el gato desapareció y en su lugar es nó estaba parada a esta mujer que encontré en la cabaña, quien me hizo la advertencia. Entonces lo comprendÃ. Aquella mujer era la bruja mayor de ese convento, quien deseaba realmente utilizar una especie de psicologÃa inversa para que, en lugar de alejarme, me acercara a observar sus ritos y probablemente formar parte de sus sacrificios. Pude tranquilizarme y por primera vez en mi vida, recité una oración aquella que me parecÃa la más sencilla, el padre nuestro. Entonces, el gato negro, debajo de mi sillón, salió y comenzó a acurrucarse en mi pierna. Mientras que la mujer afuera de mi ventana desapareció. Desde entonces, el gatito vive conmigo. Le he llamado Morris su ronroneo Me da calma, pues imagino que su frecuencia aleja a las brujas y demás energÃas. Ni de broma. Me he vuelto a acercar a aquella zona y jamás he investigado sobre la misma, pues hay información que es preferible ignorar Fiesta de Halloween. No hay festividad que me guste más que Halloween. Desde niño siempre lo ha sido de la misma manera en que mis hermanos y amigos se emocionaban con la llegada de la Navidad. Yo me emocionaba con la temporada de brujas. Este gusto jamás ha cambiado. Al contrario, con el pasar de los años me he hecho más aficionado a los temas relacionados con el terror, desde las pelÃculas clásicas de monstruos hasta los relatos que cuentan los abuelos. Esto me ha ocasionado que se me tache de bruja o de persona que practica el esoterismo. Pero puedo jurar por mi madre que jamás he realizado ningún ritual y hasta hace poco no creÃa en nada relacionado con este tema. Hace tres años me invitaron a una fiesta privada en en una casa antigua en atemajac Zapopan Jalisco. Las personas que conozcan de la historia de mi paÃs sabrán que es uno de los barrios más antiguos de Jalisco, siendo durante un tiempo el centro del Estado, siendo cambiado un tiempo después al barrio de San Juan de Dios. Yo soy originaria de Zapopán, pero no de esa zona. Aunque sà conocÃa un poco. Nunca me habÃa metido a alguna casa para comprobar si en verdad eran tan viejas. La fiesta era de disfraces y la ofrecÃan unos compañeros de la Universidad Católica de mi Estado. Según me dijeron, casi a espaldas de este domicilio se encontraba un cementerio de origen judÃo, elemento que le pondrÃa aún mayor tensión a la noche de Halloween. La casa en sà era bastante interesante, aunque la fiesta sólo serÃa en la parte trasera lugar que contaba con una alberca y casa de Huéspedes. Justo a un lado se localizaba también una cantera negocio familia del dueño de la casa. La fiesta fue, de hecho, pocos dÃas antes de Halloween y esa misma tarde, previo a la fiesta, acompañé a un par de amigas a ayudar con la decoración. Quedé impresionada por la casa y es que por fuera era un simple portón oxidado, un muro medio derruido cubierto por humedad y malas hierbas, mientras que por dentro una mansión de la época de la colonia se revelaba jamás en la vida habital construcción, toda con acabados finos y bien detallados. No se me hizo extraño que durante la fiesta se nos dijera mantenernos alejados de la casa principal y se nos limitara el uso a la Casa de Huéspedes y la zona de Alberca. La Casa de Huéspedes no se quedaba atrás, aunque descoordinaba con el resto de la casa. Era obvio que se deseaba mantener cierto estilo colonial con adornos de cantera. Lo más bonito de esta Casa de Huéspedes era la escalera que llevaba desde la sala a la segunda planta y continuaba hasta un ático. Algo raro que noté de inmediato. Fueron unas pequeñas marcas en la cantera, como fechas escritas en otro tipo de escritura probablemente griego o ruso. Realmente no conozco mucho sobre etimologÃa, pero después de mi descubrimiento, comencé a bromear con mis compañeros acerca de que esa cantera habÃa sido robada de lápidas en un cementerio extranjero y gracias a ello, las almas de aquellos a cuyas tumbas pertenecieron se aparecerÃan durante la fiesta para asustarnos a todos. Mi compañera Hilda, quien vivÃa allÃ, me respondió diciendo que si no querÃa ser espantada, mejor me mantuviera alejada del ático. Todos reÃmos y continuamos arreglando todo para la fiesta. Llegada la noche, yo me vestà con un hermoso vestido al estilo medieval, un peinado exótico y algunas manchas de sangre, pues mi personaje era la condesa sangrienta Elizabeth Bathory. La fiesta se fue llenando de zombis, de vampiros y demás personajes. Realmente no soy muy sociable, por lo que me quedé solamente con dos compañeras de la universidad y terminamos contando historias sobre aparecidos. Una de las chicas de nombre Jennifer, habÃa bebido de más y nos retó a ir al cementerio israelita, cosa a la que nos negamos, pues dijimos que seguramente si no nos asustaba el vigilante nocturno lo harÃa un perro guardián. Ante la negativa nos sugirió entonces seguir hasta el ático. Nuestra anfitriona estaba muy borracha con varios amigos, asà que no vimos objeción a subir, aunque realmente no pensábamos encontrar nada. Subimos las escaleras. Juro por Dios que yo comencé a sentirme rara como si de repente el sonido de la música en la terraza se alejara lo mismo los gritos y el clima se puso muy frÃo. Hoy en dÃa, identifico esta sensación como si un sexto sentido se me despertara. Jennifer comenzó a decir que la madre de Hilda era una bruja nigromante, que era parte de un culto donde sólo participa gente de dinero. Yo le pregunté que cómo podÃa saber eso. Ella me respondió que porque una tÃa la conocÃa y habÃa acudido a una de sus misas negras. Yo le dije que no le creÃa ni una sola palabra, que sólo querÃa contarnos eso para asustarnos Llegando al ático. Jennifer se puso a abrir la chapa con la ayuda de un broche para el cabello. Me sorprendió la facilidad con que ella abrió la puerta Apenas al abrirse la puerta. Un olor asqueroso nos recibió parecido al de lugares que han permanecido mucho tiempo cerrados. Encendimos la luz y vimos que sobre nuestras cabezas colgaba un enorme candelabro de bronce con varios sÃmbolos de estrellas. De inmediato vimos que la duela en el piso habÃa sido tallada de una manera muy rústica, enmarcando un enorme ojo con una estrella alrededor vi un montón de espejos, con marcos dorados y cuadros con dibujos de la muerte y varios demonios. Nada parecido a las imágenes de la Santa Muerte que circulan entre los barrios Bajos. Eran diferentes. No sabrÃa cómo explicarlo. Jennifer me dijo ves Te dije que la vieja era una bruja nigromante enseguida. Comenzó a explicarme que realizaban una serie de rituales, tanto de adivinación como de contacto con muertos, utilizando cadáveres para lograrlo y, de hecho, el lugar olÃa un poco animales muertos y aún lÃquido como el que usan en los hospitales. Comencé a sentirme muy incómoda cuando de repente, comenzamos a notar un pequeño goteo justo en medio del cÃrculo, en medio de la duela, yo miré que en un rincón habÃa algunas lápidas amontonadas. Mi mente comenzó a traicionarme y a formar historias acerca de la casa. Pensaba que la familia de jis Hilda eran en realidad todos brujos y que esa casa de Huéspedes en realidad sólo era una fachada para ocultar el cubil en el que nos encontrábamos y fue hecha con material extraÃdo de lápidas y para muestra estaba la cantera de la escalera. Cada vez me puse más nerviosa. Empezaba a notar ciertos detalles que antes no, por ejemplo, que en toda la casa no vi ninguna imagen religiosa y, según yo, la familia de Gilda era católica. Por ende, la metieron a la misma universidad en la que iba yo. El olor se intensificó al punto que fue insoportable estar allÃ. Dentro lo siguiente que ocurrió es tan increÃble que de no ser porque otras dos personas lo vieron. Hoy mismo tendrÃa dudas de que no fuera simple obra de mi imaginación, que estaba alterada por el ambiente de la propia casa del piso. Vimos emerger un cuerpo hecho de puras tiras de carne, como si los músculos estuvieran expto puesto sin su piel. Esa criatura, poco a poco fue adquiriendo una forma más humana hasta que su rostro fue totalmente reconocible. No sabrÃa decir si era hombre o mujer, sólo que comenzó a quejarse y nosotras nos echamos para atrás espantadas ante esa diabólica aparición, Lo que sà puedo decir es que su rostro era la viva imagen de una persona angustiada y que sufrÃa de inmediato. Comenzamos a bajar las escaleras abajo ya muchas personas se habÃan ido. Cuando revisamos nuestros relojes eran cerca de las dos de la madrugada. Esto nos dejó desconcertadas, pues según nosotras, no era posible que hubiéramos tardado tres horas. En el ático de la casa. Vimos a Hilda, quien se veÃa bastante mal y no era sólo que estuviera alcoholizada. De hecho, para ese momento se veÃa totalmente diferente. Estaba frenética como si algo malo le hubiera ocurrido. Dos chicos intentaban echarle aire e intentar tranquilizarla. Cuando preguntamos sobre qué habÃa ocurrido, nos contaron que en nuestra ausencia, varias cosas extrañas ocurrieron. Primero comenzaron a ver personas que no habÃan sido invitadas todas en cada rincón de la terraza y que a una chica algo la habÃa jalado en la alberca como intentando ahogarla hilda llorando nos dijo que ya antes habÃa visto apariciones, pero nunca antes fueron agresivas con las personas que todo era culpa de su madre y su amiga, la bruja enseguida, nos preguntaron en dónde habÃamos estado. Nosotras nos volteamos a ver y sin mediar palabras, yo dije una mentira diciendo que habÃamos ido a dar una vuelta al cementerio israelÃ. No sé ni por qué mentÃ. Supongo que inconscientemente creà que serÃa bastante imprudente perturbar más a Gilda con nuestro siniestro hallazgo en el ático entre lágrimas. Se disculpó con todos y nos pidió que nos retiráramos, pues sospechaba que su madre y su grupo de brujas habÃan llevado a cabo una actividad demasiado mala y si nos quedábamos allÃ, corrÃamos peligro. Entonces tomamos nuestras cosas y nos fuimos ofreciendo a Hilda ir con nosotras. Pero ella se negó. Nos acompañó hasta la entrada y en esta ocasión fui más observadora. Vi varios adornos extraños, de entre ellos tres cráneos de color dorado y un cuadro de un santo decapitado. Me pareció demasiado morboso y grotesco este tipo de arte, pero no me detuve mucho tiempo agarré mi auto y me fui a casa. A partir de ese dÃa, comencé a soñar con una persona que me pedÃa ayuda. Me decÃa que lo mantenÃan cautivo en una caja. Era un sueño demasiado extraño como bizarro, pues la caja era realmente un estómago humano. Estas pesadillas me obligaron a no querer dormir y esto desencadenó en una crisis de insomnio que no tardaron en traer muchas secuelas, de entre ellas un choque y una baja en mis notas de la escuela. Mis padres me llevaron con varios especialistas, pero sólo lograron empeorar mi crisis de insomnio. No fue hasta que di con un psicoterapeuta que practicaba también la parapsicologÃa. Después de una serie de terapias de hipnotismo y regresiones, logró alejar el mal que me acechaba. Recuerdo que él me dijo que lo más probable era que esa familia hubiera despertado un demonio del sueño y que para traerlo no fue cosa fácil, pues de manera casi certera, el grupo de brujos debió haber ingerido trozos de carne humana. Mejoré mucho después de varias sesiones y aún mantengo el terrible recuerdo de lo que vi durante esa fiesta de Halloween. Según supe Hilda se fue a vivir a Canadá con una tÃa y de sus padres. No volvimos a saber quién sabe si aún realizarán ese tipo de prácticas y niegas sobeida. Hoy deseo compartir una historia de la que yo mismo fui testigo y es que he llegado a un punto en mi vida donde la melancolÃa me ha rebasado y deseo sacar esta historia a detalle para ver asà logro al fin poner fin en mi memoria y mi corazón a sobeida mujer de quien puedo dar fiel testimonio. Fue o es una auténtica bruja, la más poderosa, tan poderosa que estoy seguro logró escapar de la mismÃsima muerte o tal vez atravesó nuestro mundo hacia otro. No podrÃa asegurarlo. Lo que sà es que ha dejado mi corazón en la más profunda tiniebla y a mi ser envuelto en un embrujo del cual no creo poder lograr recuperarme la recuerdo cada halloween, pues fue en uno cuando desapareció. Mi familia es originaria de la región de AndalucÃa, en España, tierra a la que siempre he extrañado regresar, aunque por una u otra cosa no he tenido la oportunidad de visitar aún asÃ. Mis padres siempre me dijeron que aquÃ, en México hay muchos lugares idénticos y que incluso muchas personas son parecidas a las que allá habitan. Digo esto pues pienso que probablemente, al ser sobeida originaria de esta tierra, me atrajo apenas al verla. Tal vez me recordó mis raÃces. Yo estudié medicina y ejerzo en un hospital regional en Chiapas. Realmente no me he relacionado mucho con las personas y es que quien ha estudiado medicina sabe que hay mucho sacrificio, tanto durante la carrera, el internado y peor aún, cuando has egresado el trabajo, te absorbe reduciendo tu vida a las guardias y el descanso. Además, en mi escaso tiempo libre he ido a realizar trabajo de voluntario a la zona rural. Fue en uno de esos viajes y unos compañeros lograron convencerme de ir con ellos a un pequeño centro cultural donde se presentaron unas bailarinas de danza árabe. No suelo beber alcohol. Por lo regular, siempre he sido una persona muy sana. Suelo acudir al gimnasio todos los dÃas y como de manera saludable, pero esa ocasión me sentÃa un poco agobiado por la rutina. Dejé de lado mi amargura y me unà a la convivencia con los demás médicos y enfermeras. Bebà una botella y media de vino tinto. Me sentà mareado y alegre. En eso salió el grupo de danza árabe y de entre el grupo vi una mujer morena de cabello rizado en Caireles se balanceaba con tal perfección que quedé hipnotizado. Ante su danza. Mis compañeros se burlaron de mi cara y, una vez terminado el acto, un par de ellos se acercaron a las chicas y la acercaron para presentarnos. Por lo regular, suelo ser muy introvertido, pero gracias al alcohol puder establecer una buena plática. Con ella. Se llamaba sobeida y por su acento supe que no era originaria de México, sino de la costa española. Curiosamente resultó vivir en una comunidad de Chiapas muy cercana. A tuxtla ciudad donde yo residÃa, intercambiamos números de teléfono y quedamos de llamarnos una vez que estuviéramos ambos en nuestros hogares con el pasar de los dÃas, la busqué y si logramos vernos nuevamente. Aunque no fue tan fácil, ya que ella era parte de una comunidad gitana muy cerrada, motivo por el cual no le permitÃan relacionarse con cualquier persona. Ella se dedicaba a la adivinación. Aparte de la danza. Fue extraño estar con ella, aunque no menos hermoso. Casi siempre me hacÃa acompañarla a lugares raros como el cementerio o algunos templos y ciertas zonas en el campo, lugares de donde siempre recolectaba tierra. Yo no le cuestionaba estos sitios donde nos veÃamos, tanto porque ella me enseñó nuevos lugares como a apreciar otro tipo de arquitectura, aunque ella no lo notaba. De hecho, siempre decÃa que escogÃa esos lugares, pues allà serÃa difÃcil que nos descubrieran sus parientes o cualquier miembro de su comunidad. Un gusto que tenÃamos en común era la afición por los relatos de terror, tanto en pelÃculas como en libros. Fuimos un par de veces a casas del terror. Incluso una vez viajamos a Ciudad de México para entrar a Six Flags. Sellamos nuestra relación en una pequeña capilla en Ruinas. Yo le pedà que se mudara conmigo, cosa a la que se negó, diciendo que si lo hacÃamos asÃ, nos pondrÃamos en riesgo, ya que su comunidad era bastante cerrada y agresiva a la hora de que alguien ajeno se metiera con una mujer un dÃa sin que me avisara nada desapareció de mi vida en ese momento. Si me puse triste, pero nada del otro mundo, continué mi vida normal, aunque siempre me quedó la duda sobre qué le habrÃa pasado. No fue hasta que me mudé a una casa de un poblado cercano que comencé a notar ciertas cosas extrañas, y es que al principio no las relacioné de manera directa con Sobeida, sino que la casa en la que vivÃa, al ser tan vieja, pensé que vendrÃa con sus propios fantasmas, y hoy creo que asà era. Por las tardes. Comencé a escuchar su voz en mi oÃdo me decÃa de la manera en que sólo ella solÃa hacerlo hablándome por mi segundo nombre, el cual siempre me reservo, pues me causa un poco de pena. Se novio asà escuché claramente una tarde mientras me encontraba sentado leyendo un libro sobre medicina naturista. Inmediatamente después escuché unos golpes en la ventana que daba a la sala. Me asomé y lo único que vi fue un ave. No conozco mucho sobre animales, sólo sé que no se parecÃa ni a un halcón ni a una lechura, sino que era como una mezcla entre ambos. El ave en cuestión era demasiado extraña como para que perteneciera a este lugar. Me quedé un rato mirándola Cuando de nuevo escuché la voz de sobeida. No quise imaginar que era el ave quien acababa de pronunciar las palabras. Me terminé convenciendo de que todo era una alucinación mÃa, asà que regresé a mi lectura. Esa noche me quedé dormido en un diván que tengo en la sala junto a mi librero. Me hubiera encantado haber podido tomar evidencia, como fotografÃas o videos de cuando me ocurrió, pero en ese entonces los celulares no tenÃan cámara y las cámaras fotográficas eran bastante deficientes. Al menos no tenÃas la seguridad de que todas las imágenes saldrÃan claras. Muchas veces los rollos se velaban. Además, nunca se me ocurrió tomar evidencia, y es que a la mañana siguiente encontré unas notas en el libro que leÃa. No era mi letra, sino la de sora. HabÃan sido escritas con lápiz labial Eran sólo un par de palabras y un sÃmbolo bastante extraño. Las palabras eran pronto y libre. El sÃmbolo parecÃan varios cuadrados encimados rematados con algunos números en griego. Al poco tiempo me pareció verla en una feria, en un poblado. Intenté acercarme a ella, pero se esfumó. ParecÃa que la tierra se la habÃa tragado a los dÃas. Recibà una llamada suya. Su voz sonaba bastante acelerada. Me dijo que habÃa huido de su comunidad, pues habÃa huido con un conjunto de danza árabe que pronto se presentarÃan en la Ciudad de México, lugar donde ahora residÃa para un evento de Halloween. Deseaba verme como me debÃan bastantes dÃas de vacaciones. Decidà tomarme unos dÃas y viajar a Ciudad de México para encontrarme con Sobeida. Me encontré con ella en un café donde se presentarÃan me dijo que al final su comunidad mi gromas al sur y r ella aprovechó para fugarse con un par de amigas en quienes se encontró la fortaleza que le hacÃa falta para ser libre. Yo me sentà molesto, pues cuando yo le propuse irse conmigo, me rechazó, siendo que yo habrÃa asumido toda consecuencia. Aún asà me tragué todo el coraje, pues a fin de cuentas, estaba de nuevo en mi vida. Noté algo raro en ella se veÃa como rejuvenecida. Su rostro no tenÃa ni una sola imperfección. Su piel de ser morena ahora se veÃa pálida. A partir de ese reencuentro, comencé a sentir raro, obsesionado con ella y débil supe dónde estaba viviendo, pues me llevó a su departamento lugar que, por cierto, era un asco olÃa bastante mal. Estaba lleno de plantas podridas y una veladora con la forma de una mano humana, con una flama en cada dedo y, por último, lo más extraño de todo, un cráneo humano que no podÃa ser falso. Conozco bien sobre este tema de anatomÃa y fisiologÃa. El cráneo habÃa sido deformado en la parte superior, dividiendo en seis partes por medio de lÃneas talladas sobre el hueso y en cada lado una letra diferente. SabÃa que sobeida practicaba la adivinación, pero todo esto era demasiado siniestro. Le pregunté si habÃa robado ese cráneo de un cementerio, pero ella ignoró mi pregunta. Más después de insistir una y otra vez terminó diciéndome que no preguntara cosas que no deseaba saber, que me contentara con saber que, gracias a sus descubrimientos, estaba logrando todo aquello que decretaba y muy pronto será más poderosa de lo que habÃa sido. La manera en que hablaba era casi como si de otra persona se tratara y aunque sabÃa que no estaba haciendo nada bueno y que probablemente yo era sólo un material más en su lista de objetos para hechicerÃa en esa semana que pasamos juntos, no deseaba despegarme de ella y cuando lo hacÃa, me invadÃa un una ansiedad terrible. Además, me sentÃa demasiado débil sin razón alguna. Como médico que soy, me revisé la garganta, me tomé todos los signos, pero no habÃa señal alguna de que tuviera alguna infección sobeida. Me pidió que me alojara con ella, pues no tenÃa sentido que gastara en hospedaje. Además, me dijo que tendrÃa una sorpresa para Halloween que me llevarÃa a un lugar en especial. Una vez acabara el evento que presentaba su compañÃa de danza, entonces comencé a notar que durante todas las noches ella se despertaba, encendÃa las velas y tomaba el cráneo. Yo me hacÃa el dormido, pero veÃa y escuchaba perfectamente lo que hacÃa de la vela. Con forma de dedos, comenzó a salir un humo color carmesà humo que comenzó a adquirir una forma amorfa. En eso veo caer algo de la nube amorfa hasta un cÃrculo en el que se encontraba sobeida, algo que no pude ver, pero sà escuchar. Era un sonido infernal como el que harÃa la mezcla de un maullido mezclado con el llanto de un bebé. No pude contener un grito y me levanté rápido. Sobeida no parecÃa sorprendida. Me vio y dijo que volviera a dormir que, a fin de cuentas, yo era un hombre de ciencia y no lograrÃa entenderla en eso estaba cuando cayó al piso y tuvo un ataque rápidamente la cargué a la cama. Me sorprendió ver lo poco que pesaba el ataque era demasiado extraño. No era como una convulsión, sino que se quedó rÃgida mientras decÃa palabras sin sentido, mezclando latÃn y griego, lenguas que no sabÃa que ella conociera. No quise darle ningún medicamento ni nada para esas fechas. Ya me habÃa tocado ver a personas cuya sugestión era tal que ellos mismos se provocaban convulsiones. No tardó en recuperar la conciencia y actuó como si nada hubiera pasado. Cuando yo le pregunté si deseaba que la llevara al hospital, me medio dijo que no, que si en verdad la amaba ignorara lo que acababa de ocurrir. Preferà callar porque ella comenzó a Besarme. Llegó por fin el dÃa de Halloween. Yo no quise disfrazarme, pero para entrar al evento tuve que usar al menos un antifaz. Me sorprendió ver el número de personas que asistieron a ese evento. Varias iban disfrazadas como los monstruos clásicos. HabÃa un hombre lobo, varios vampiros y monstruos de Frankenstein. Ese dÃa no bebà tanto, pero mi cuerpo y mi mente se sentÃan tan débiles que comencé a ver borroso. Tuve un borrón y perdà la noción del tiempo. Lo último que recuerdo fue verme de la mano de Sobeida. A decir verdad, no conozco muy bien la ciudad de México y soy tan distraÃdo que las pocas veces que he estado terminé perdido y tomando un taxi, asà que no pudiera decir exactamente por dónde caminábamos. Solo recuerdo que era un callejón bastante desolado, lleno de casas medio derruidas. Cuando le pregunté a Sobeida a dónde me llevaba, me dijo que tenÃa que mostrarme algo. Llegamos entonces a una casa sin puertas ni ventanas. Me dijo que desde que llegó a Ciudad de México, un par de compañeras le mostraron aquel lugar que contenÃa un pozo de agua y dentro existÃa una falla en la realidad por donde se filtraba tal poder que ella lo deseaba poseer Y querÃa enseñarme, pues no podÃa asegurar que una vez lo intentara, siguiera en este mundo y que hasta ese momento era yo la única persona que le habÃa tratado con respeto y amor, dos cosas que no conocÃa muy bien. Entramos a ese lugar. Me sorprendió ver que dentro de la habitación donde se localizaba el susodicho pozo, todo estaba en muy buen estado. No habÃa sido vandalizado. Al contrario, en el lugar crecÃan una serie de plantas y flores que no se dan originalmente en esta zona del paÃs. Pensé que encontrarÃa a al igual que en el departamento de Sobeida, varios objetos relacionado con la brujerÃa, pero no no habÃa ni rastro de cenizas, ni de pentagramas ni sÃmbolos raros. Pensé que me encontrarÃa con un convento de brujas, pero no. La noche estaba quieta. Entonces Sobeida me pidió que me mantuviera a cierta distancia de ella y del pozo, pues esta noche, en especial, la fuerza fluye en el aire y deseaba aprovecharla para reclamar el poder para ella. Después me pidió que viera lo que viera. Escuchara lo que escuchara, no intentara interferir. Se echó al piso en posición de meditación y comenzó a producir varios sonidos sin sentido, mientras que una voz demasiado extraña para ser descrita le contestaba desde el fondo de la oscuridad. Esto me dejó desconcertado mi mente no podÃa asimilar todo lo que estaba ocurriendo era tan extraño. De repente, la temperatura bajó y ante la luz de la lámpara que Sobeida llevaba consigo pude ver como si varias sombras se formaran alrededor de ella. Creà que estaba enloqueciendo, pues nada de lo que vi tenÃa sentido. No sabrÃa cómo describirlo. Era como si la realidad misma se deformara. Entonces vi al fondo las cinco llamas de la mano en la habitación de Sobeida. Después comenzó a llegar un olor asqueroso. La escuché gritar a ella. Sobeida era arrastrada hacia el pozo por unas manos invisibles y decidido a no obedecer su petición de no interferir me acerqué hacia ella para tomarla en brazos. Fue entonces que no supe qué ocurrió. Tuve nuevamente un borrón desperté al amanecer en esa casa abandonada mucho más débil que antes, a tal punto que no me podÃa ni mover de Sobeida no habÃa ni rastro como pude. Me apoyé en los muros y salà a la calle. Después tomé un taxi hasta unos pinos. Tal dos dÃas después estaba afuera buscando a Sobeida, pero no logré dar con ella. Sus cosas quedaron intactas en su departamento, pero de ella hasta la fecha no se sabe nada, y eso que levanté un reporte. Incluso por mis medios contraté un detective privado quien no ha logrado. La gran cosa y es que, al no tener un registro de ella en el paÃs, es difÃcil de encontrar cualquier cosa. Ni siquiera los de la compañÃa de danza saben su paradero. Yo a la fecha aún me siento demasiado deprimido como si un trozo de mi alma se hubiera ido junto con ella la feria. Las ferias tenÃan más apertura a mostrar ciertos shows que hoy en dÃa serÃan considerados crueles o demasiado aterradoras para ser expuestos de las reglas de seguridad ni hablar. Pero eso sÃ. La diversión era igual, o me atrevo a decir que era aún mayor, y es que sin tanta tecnologÃa te distraÃas más. Hoy en dÃa no puedes fijar tu concentración en otra cosa que no sea tu teléfono celular. Hoy en dÃa. Es difÃcil que ocurra algo paranormal sin que se haya grabado o tomado evidencia. Aún asÃ, antes se veÃan más cosas que hoy en dÃa, pero siento que el avance de la tecnologÃa aleja a los fenómenos paranormales. Tuve la fortuna de crecer durante una época donde la tecnologÃa era escasa, Las cámaras fotográficas casi no se veÃan. No existÃan muchas opciones para ver en la televisión. Cuando éramos niños, nuestras distracciones eran los libros, los programas de radio, donde relataban novelas e historias, sobre todo algunos donde el público contaba sus sucesos paranormales, tema al cual le tenÃamos demasiado precio. Lo que más nos gustaba era cuando venÃa la feria a nuestra localidad. Soy originario de Belice. Crecimos bajo una tradición inglesa y americana. Aunque siempre hablamos en español, no es de extrañarse que en mi ciudad siempre se festejara el Halloween, tradición que ya venÃa desde mis padres, quienes lo fomentaban entre mis hermanos y yo. Mi cumpleaños es justo una semana antes de noche de Brujas y por aquel entonces me tocó la suerte de que llegara al pueblo una feria de esas que tanto me gustaban se instalaban siempre en un terreno enorme a las afueras de la ciudad, donde hoy en dÃa hay un centro comercial. Apenas vimos la caravana que llegó por mar. Comenzamos a acudir en bicicleta a ver qué tantas atracciones traÃan. A diferencia de otras ferias que nos habÃan tocado, esta era más grande con juegos que jamás vimos encontré algo en especial que me aceleró el corazón. Era un enorme remolque con forma de castillo, que serÃa una mansión del terror. Vi que el remol que incluirÃa incluso una zona de laberinto de espejos. Tanto mis hermanos y yo estábamos muy emocionados y estando de regreso, estábamos pidiéndole a nuestros padres que nos llevaran. Quedaron de llevarnos a celebrar mi cumpleaños. No esperamos a que llegara mi cumpleaños y cada que podÃamos pasábamos después de la escuela, al menos a echar un vistazo a las atracciones. La feria tenÃa casi todo a lo que uno estaba acostumbrado, tanto de comidas como de golosinas. Sólo que en alguno que otro puesto mostraban comida extranjera, al igual que muchos locales, quedaban espectáculos nunca antes vistos mayormente de espiritismo, lectura de cartas e hipnotismo. Una parte tenÃa un show de fenómenos que no era otra cosa que personas con ciertas deformidades, las cuales hoy en dÃa dudo que hayan sido reales, sino más bien una especie de maquillaje. Llegada a la fecha, mis padres nos dejaron ponernos nuestros disfraces y nos llevaron a la feria. Yo le pedà a mi padre que nos comprara boletos para el show de hipnotismo. El show fue presentado por un hombre muy alto que de por sà sobresalÃa entre las personas cuando subió al escenario. ParecÃa un gigante que chocarÃa contra el techo de la carpa. El hombre hablaba mal el español y fue algo difÃcil Entenderle era obvio que era extranjero, aunque no pude adivinar exactamente de dónde provenÃa tomó algunas personas del público para realizar su acto, y el acto me pareció demasiado actuado. Entonces, aquel hombre enorme nos seleccionó a mi hermana y a mà no nos negamos a subir, pues deseaba descubrir en carne propia. Si todo aquello era una farsa o yo estaba equivocada. No puedo describir lo que pasó a continuación, pues fue tan rápido que cuando menos me acordé, todo habÃa terminado y me encontraba agarrado a la mano de mi hermana, a quien le decÃa que me sentÃa mal o no r acordaba nada del show, mientras que mis demás hermanos y mi madre me decÃan que habÃa sido bastante gracioso. No recordaba realmente todo. Se me ponÃa negro y me imaginaba a mà misma bajo un escenario de marionetas, siendo yo una de ellas y aquel hombre enorme movÃa los hilos para que mi hermana y yo hiciéramos lo que él quisiera. Mi hermana me decÃa que ella sólo fingió durante todo el show y que pensó que yo habÃa hecho lo mismo, ya que no dejé de sonreÃr. Un solo momento después de caminar un rato, logré sentirme mejor. Entramos a una carpa que mostraba animales extraños. Dos de ellos me dieron miedo a causa de sus deformidades. Se llegó el turno de ingresar al enorme castillo del terror. Para ese momento ya se me habÃa pasado la conmoción del show de hipnotismo. Cuando seas niño, pese a que las cosas te dan más miedo, no te tomas tan en serio, nada o al menos asà me pasaba. No duraba mucho tiempo, espantada o enojada porque a los pocos minutos estaba como si nada, pues me emocioné cuando nos dijeron que nos permitirÃan entrar a la mansión del terror. Más que nada, deseaba ver el laberinto de espejos, pues jamás habÃa visto uno. Esta casa no era parecida a ningún otra. TenÃa un par de animatrónicos bastante extraños. Considero que si hoy en dÃa los mirara de nuevo, me espantarÃan tanto como cuando era niña, y es que en lo personal, ver en un ser imitando el comportamiento del ser humano me desata un miedo de locura. También las personas que estaban disfrazadas eran bastante extraños. Al ser extranjeros. No iban vestidos como los monstruos clásicos de las pelÃculas, sino que iban vestidos de unos atuendos rojizos y negros. ParecÃan como la tÃpica persona que se viste para acudir a una reunión de brujas. Sus rostros maquillados daban un aspecto aún más aterrador que el que causarÃa una máscara de Látex. Llegamos a una sas donde nos recibieron dos guÃas del recorrido por un segundo vi como si a una de estas personas le cambiara el rostro por el de un animal. Esto me hizo brincar, cosa que a nadie le pareció extraño, pues se supone que ese era la finalidad de la atracción. Entramos entonces al laberinto de los espejos, donde no habÃa guÃas ni nada. Se nos informó que allà no habrÃa personal, que era la última parte de la atracción y podÃamos cruzar libremente o si deseábamos salir de una vez, mi hermana y yo decidimos continuar con el recorrido. Apenas pisé el primer espejo. Cuando me comencé a sentir mal, los espejos no eran la gran cosa. Hoy que lo pienso, supongo que a lo mucho serÃan un par de pasillos y un tercero sin salida. Algunos de los espejos estaban rotos y otros muy sucios. Ni siquiera tenÃa ese tipo de espejo que deformaba tu forma por unos segundos. En uno de los espejos vi como una enorme silueta aparecida y enseguida. Mi reflejo no respondÃa a mis movimientos, sino que tenÃa voluntad propia. ParecÃa burlarse de mà y yo estaba frente a mi reflejo sin poderme mover. Fue una sensación desesperante. Cuando recuperé el movimiento, mi padre, mi hermana y mi madre me sacudÃan con violencia. Ya no me encontraba en el laberinto de espejos, sino afuera acostada en una banca. Me dijeron que de repente me quedé tieso tirada en el suelo y que nadie me podÃa hacer reaccionar. Nos regresamos inmediatamente a casa y al dÃa siguiente me llevaron a un chequeo con nuestro médico familiar. Me mandaron a realizar estudios de la cabeza mismos que resultaron normales, estudios de sangre y demás. Mis padres eran muy obsesivos con los temas relacionados a la salud. Con el pasar de los dÃas, no me sentà nada bien. Empecé a mostrar una serie de comportamientos s que normalmente no presentaba como sonambulismo y a ratos perdÃa la conciencia estando despierta. Yo le decÃa a mi familia que culpaba al show de hipnotismo de mis males, cosa de la que mi hermana se burlaba, pues ella me aseguraba todo habÃa sido una farsa, pero yo sabÃa que no era asà sentÃa como si aquel hipnotizador me hubiera robado el alma. La feria. Se fue de mi ciudad y al poco tiempo comenzaron a ocupar ese terreno para levantar un centro comercial. Yo estuve mal mucho tiempo y a veces sentÃa como esa enorme sombra me acechaba, además de que era bastante vergonzoso y peligroso cada que tenÃa estas parálisis, cada que esto ocurrÃa mi mente se quedaba como esa vez, frente al espejo. Mis padres, al borde de la desesperación, me llevaron con una especie de brujo que se hacÃa llamar mago metafÃsico. Los métodos que él utilizó fueron también una especie de hipnotismo, asà como otros menos convencionales, en los que utilizaba unas lámparas eléctricas extrañas y unos aparatos a los que realmente no les encontraba la funcionalidad. El caso fue que, poco a poco me recuperé Hoy en dÃa, de vez en cuando tengo pesadillas acerca de lo que vivà en esa temporada de Halloween y pese a que ha sido la experiencia más aterradora en mi vida, sigo teniendo mucho gusto por esta celebración y todo lo que conlleva. Relatos escritos y adaptados por Mauricio Farfán








