Nov. 17, 2023

Entramos A Un Templo Maldito Historias De Terror - REDE

Entramos A Un Templo Maldito Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

El templo profano. En año de mil novecientos ochenta y uno, en las proximidades de la casa de mis abuelos, comenzó la construcción de un templo inmenso destinado a ofrecer refugio a cualquier inmigrante que lo solicitara. El edificio estaba diseñado con más de veinte habitaciones, una amplia cocina y comedor, una sala de estar espaciosa y un enorme patio. La intención era noble, pero desde el principio la construcción parecía estar envuelta en una maldición. Los trabajadores que participaban en el proyecto experimentaron una serie de accidentes graves, algunos de ellos lamentablemente fatales. Los gastos funerarios de los obreros fallecidos agotaron los recursos monetarios destinados a su construcción desesperados. Por continuar, se organizaron misas para recaudar fondos y proseguir con la edificación. Incluso el cardenal en persona llegó para bendecir el lugar y quedarse por unos días, pero la leyenda de una oscura maldición dentro del templo resultó ser más que un simple mito. Cuentan que el cardenal, un hombre de fe inquebrantable, no pudo soportar la presencia de algo maligno dentro de aquellos muros sagrados y abandonó el lugar justo al día siguiente. Pasaron cuarenta años antes de que un amigo y yo decidiéramos aventurarnos en el interior del templo para explorar lo que se escondía detrás de sus muros. Poco sabíamos que estábamos a punto de enfrentarnos a lo más terrorífico que jamás habíamos presenciado. Nos pusimos de acuerdo un día antes de aventurarnos, entraríamos al templo, grabaríamos un poco, tomaríamos algunas fotos y nos marcharíamos antes de que alguien se diera cuenta de nuestra intrusión. Ambos éramos apasionados de las historias de terror y leyendas del pueblo, por lo que este lugar parecía ser la ubicación perfecta para experimentar de cerca una verdadera sensación de miedo. Cuando finalmente llegamos al templo, la cerca de acero que en su momento lo protegía estaba doblada y retorcida. En el pasado, algunos intrusos habían logrado infiltrarse en el templo, pero nunca fue necesario sacarlos, ya que se decía que ninguno de ellos podía soportar una sola noche dentro, así que huyeron. Por esa razón, la cerca nunca fue reparada, pues se consideraba inútil la atmósfera alrededor del templo estaba impregnada con una sensación sobrenatural, como si el lugar mismo estuviera exhalando una presencia maligna que se había acumulado a lo largo de décadas. Sinceramente, antes de atrevernos a ingresar ambos, nos quedamos contemplando la imponente estructura en completa oscuridad. Era aterrador ver un templo tan majestuoso sumido en la penumbra. Finalmente, reunimos el valor necesario y nos adentramos al lugar. Al encender nuestras linternas, comenzamos nuestro recorrido por el pequeño camposanto que se encontraba a un costado del templo. Este lugar santo contenía sólo cuatro tumbas, las de los obreros que habían perdido la vida durante la construcción del templo. Al examinar cada una de ellas, nos dimos cuenta de que las fechas de fallecimiento. Estaban separadas por apenas unos pocos días, como si la muerte hubiera estado siempre presente, esperando el momento adecuado para atacar a sus víctimas. Cada tumba parecía contener una historia de tragedia, golpes en la cabeza, caídas desde lo alto y el último había tenido un paro al corazón fulminante. Nos encaminamos a la puerta principal, como siempre estaba con candados y no era posible entrar por allí, así que le dimos la vuelta para ingresar por la puerta de la Casa parroquial. Curiosamente, ésta se encontraba abierta y se mecía de un lado a otro o con el vino que estaba haciendo. La empujamos un poco y el crujido de las bisagras provocó que el lugar se viera más tenebroso de lo que era por dentro todo estaba en penumbras. La luz de los faros de la calle apenas llegaba y no se podía ver nada con claridad ni las mismas linternas eran suficientes de tanta oscuridad. Aún así estábamos decididos a enfrentar. Lo que se nos pusiera en nuestro camino. Era como entrar en otro mundo. El lugar tenía una atmósfera tan distinta a cualquier otro sitio en el que hubiera estado antes que me sentía completamente fuera del lugar. Nos encontrábamos en una sala polvorienta, con muebles viejos y un ambiente impregnado de humedad en cada rincón. Mi amigo sugirió que siguiéramos adelante, ya que en esa sala no había mucho que ver. Al continuar por el pasillo nos encontramos con la cocina, que resultó ser sorprendentemente grande. Parecía estar destinada a alimentar a decenas de personas, ya que había grandes ollas de acero, cubiertas de polvo y telarañas. Mi amigo bromeó preguntándome si se me antojaba algo de comida, mientras me mostraba el interior de una cazuela que contenía restos de alimentos podridos y cubiertos de moho y hongos. Fue en ese momento cuando escuchamos un sonido inusualmente fuerte que provenía de la sala. Fue un sonido similar al choque de unas cadenas nos miramos el uno al otro llenos de inquietud tratando de adivinar que pudo haber causado ese ruido o si nosotros mismos habíamos movido algo sin darnos cuenta. Nos acercamos sigilosamente para verificar lo que había sucedido, pero no encontramos nada inusual. La puerta principal estaba exactamente como la habíamos dejado. Yo mismo me había asegurado de cerrarla correctamente y estábamos seguros de que no habíamos tocado ni movido nada que pudiera haber causado tal estruendo. La sensación de inquietud creció en mí era extraño, pues desde ese punto comencé a sentir que algo nos estaba observando. Continuamos nuestra exploración adentrándonos en el siguiente pasillo, donde encontramos varias habitaciones alineadas una frente a otra. Cada una estaba equipada con literas y algunos colchones echados a perder llenos de moho. Cada habitación aguardaba un olor nauseabundo a humedad. Pensamos que lo mejor sería proceder con cautela, ya que era probable que nos encontráramos con vagabundos o personas que se hubieran refugiado allí y que, al sentirse invadidas, nos quisieran hacer daño, aunque era algo poco probable por la fama del lugar era mejor ser cuidadosos. Las paredes estaban cubiertas de grafitis y en una de las habitaciones nos topamos con una extraña estrella dibujada rodeada por un círculo, pero no parecía pintura lo que habían usado para trazarla. Avanzar por el pasillo yo fue complicado debido a algunos muebles de madera rotos que bloqueaban nuestro camino. Todo indicaba que en algún momento, durante el abandono del lugar, alguien había intentado saquearlo, aunque aparentemente se había arrepentido a medio camino. Al final del pasillo encontramos una puerta entreabierta, atascada con algo. Con esfuerzo logramos abrirla por completo y al hacerlo volvimos a escuchar el inquietante sonido de las cadenas que habíamos oído anteriormente. Giramos para mirar hacia atrás y notamos una extraña silueta al principio del pasillo. No parecía ser una persona, al menos no para mí. No podía distinguirla claramente, parecía llevar algo sobre los hombros y se movía hacia nosotros con una lentitud desconcertante. Los obstáculos en el suelo no parecían afectarla en lo más mínimo. Mi amigo reaccionó rápidamente y me gritó que corriera hacia la puerta que acabábamos de abrir a actuetas rápido como pude sin poder apartar la mirada de aquel ser Mientras huíamos, me di cuenta de que habíamos ingresado a un vasillo que nos llevaba a otra puerta que al abrirla, nos llevó directamente al jardín. Un refugio momentáneo que nos permitía escapar de esa extraña presencia en el interior de la casa. Cerramos la puerta tan rápido como pudimos. Ambos temblando de miedo por lo que habíamos presenciado. Mi amigo sugirió que lo mejor sería irnos antes de que aquella presencia nos hiciera daño. Nos dimos cuenta de que la única salida era por donde habíamos entrado inicialmente, así que sabíamos que necesitábamos encontrar otra ruta para salir del lugar. Fue entonces cuando me percaté de lo grande que era el jardín. Estaba invadido por ramas y troncos que durante años no se habían podado. Alrededor del jardín había un pasillo y algunas bancas de concreto, indicando que en su momento fue un lugar para relajarse de desde allí. O o o de or ver una de las torres del templo lo que me dio una idea. Le mencioné a mi amigo que podríamos buscar una entrada al templo desde el jardín y salir por allí. La idea le pareció buena y comenzamos a explorar el área en busca de otra entrada. Mientras buscábamos, continuábamos hablando en voz baja, tratando de entender qué era exactamente lo que habíamos visto. Ninguno de los dos tenía una respuesta clara. Lo último que logré distinguir fue que la figura vestía un hábito rojo y blanco, similar a la vestimenta de un monaguillo, y llevaba un canasto o tal vez era una jaula sobre sus hombros, pero no pude ver su rostro ni ningún otro detalle que pudiera ayudarnos a identificar lo que era. La incertidumbre y el miedo se apoderaban cada vez más de nosotros. Mientras continuábamos nuestra búsqueda en el oscuro jardín del templo abandonado. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, encontramos una puerta lateral del templo que o que la rra milagrosamente estaba entreabierta, reuniendo todo el valor que nos quedaba, nos adentramos al templo esta vez con la esperanza de encontrar una salida segura. Al entrar nos dimos cuenta de que estábamos en una especie de vestíbulo. Se encontraban algunos hábitos de sacerdote llenos de polvo y mugrientos. Las paredes estaban adornadas con murales que representaban escenas bíblicas, pero la pintura estaba descascarada y desgastada por el tiempo. Y frente a nosotros estaba una puerta de madera, la cual parecía ya conducirnos al altar. Entonces escuchamos nuevamente el sonido de las cadenas chocando entre sí. No teníamos mucho tiempo, así que empujamos con fuerza, pues estaba atascada por piedras y tierra hasta que por fin logramos entrar. Como lo mencioné anteriormente, un templo sumido en la oscuridad suele ser aterrador y más aún por dentro. Nos nosotros apresuramos hacia la entrada, sintiendo el pulso acelerado y la respiración agitada mientras intentábamos dejar atrás lo que nos estaba siguiendo. Pero a medida que avanzábamos, me di cuenta de que en las bancas alrededor nuestro había bultos oscuros sentados. En ellas. Me detuve en seco y observé con horror eran personas rezando en silencio. El murmullo suave de los rezos resonaba en todo el templo, creando una atmósfera aún más inquietante. Mi amigo y yo nos quedamos paralizados sin saber qué hacer. El sonido de unas cadenas resonó detrás de nosotros. Me giré y allí, frente al altar, estaba de nuevo la silueta del monaguillo. Me di cuenta allí que sobre sus hombros descansaba una enorme jaula. La cabeza del ser estaba encerrada en la jaula como un pájaro atrapado. Apunté mi linterna hacia su rostro esperando que se espantara o se fuera, pero en cambio, comenzó a avanzar lentamente hacia nosotros. Las cadenas tintineaban mientras se movía como si estuvieran conectadas desde la jaula hasta sus hombros. No sabía qué tipo de entidadera, pero sin duda provocó que me temblaran las piernas del terror. Llegando al punto de perder el control y orinarme del susto. Me di cuenta que mi amigo se dejó caer en cuclillas. Se tapaba el rostro con su chamarra. Intenté levantarlo, pero él no se movía. El miedo lo había paralizado por completo. Sabía que no podía quedarme allí esperando a que algo terrible nos ocurriera. Así que decidí correr hacia la puerta principal, dejando a mi amigo. Solo yo sólo esperaba escapar de esa pesadilla. Intenté abrir la puerta con desesperación, pero parecía estar atascada. Miré hacia atrás y vi que la figura se acercaba a donde estaba mi amigo. Él gritaba pidiendo que lo dejara en paz. Suplicaba a Dios por su misericordia y protección, mientras yo seguía a fors Jins con la puerta. De repente dejé de escuchar los gritos de mi amigo me giré hacia atrás y, para mi horror, ya no había ni rastro de él ni del monaguillo. En un instante ambos se habían esfumado. Pude sentir un terrible escalofrío recorrer mi espina dorsal. De repente parecía que todo el lugar cobraba vida. Las sombras de las personas que habíamos visto rezando se levantaron de sus asientos y comenzaron a caminar hacia el altar en una procesión silenciosa, como si estuvieran formando una fila para recibir la Comunión. Eran tantas que perdí la cuenta de cuántas eran en la parte alta del altar. Pude distinguir a alguien con una sotana oscura. Parecía ser un sacerdote que se aproximaba a las figuras entregándoles la sagrada Comunión en una macabra ceremonia. La escena era surrealista. Tan alejada de la realidad que me resultaba imposible comprender lo que estaba ocurriendo. Sintiéndome completamente desesperada y sin saber qué hacer, me arrodillé en el suelo del templo con lágrimas en los ojos. Rogué por perdón implorando que nos dejaran ir. Fue entonces cuando, de repente, me encontré cara a cara con el sacerdote y el monaguillo. Estaban tan cerca de mí que pude distinguir sus facciones o, mejor dicho, lo que quedaba de ellas, donde debía haber rostros, sólo había una oscuridad profunda y perturbadora. Sus ojos estaban vacíos, sin vida y emanaban una sensación de mal indescriptible. La presencia de esos seres parecía invocar un miedo ancestral que se apoderó de mi alma. La figura del sacerdote levantó lentamente la mano y me señaló un susurro se escuchó en mis oídos y me preguntó por qué has venido aquí aterrorizado. Tartamudeando expliqué la curiosidad que teníamos al conocer el templo por dentro, pero ahora queríamos hallar una salida. La figura permaneció en silencio por un momento, como si estuviera analizando mis palabras. Luego con un movimiento lento apunto hacia la puerta y esta crujió se había abierto, pude sentir el aire golpear en mi espalda. Me di la vuelta tan rápido que me fui huyendo de ese lugar. Corrí tan rápido como pude sin mirar atrás, dejando atrás el templo y todo lo que había ocurrido dentro. Mi respiración era entrecortada y mis piernas temblaban, pero no me detuve hasta que estuve lejos del alcance del templo y su siniestra presencia. Al llegar a la casa de mis padres, me encontré con ellos en la sala. Se habían percatado de mi ausencia, así que les conté lo que había visto y experimentado junto con mi amigo. Pero incluso mientras hablaba, me di cuenta de que sonaba increíble como el argumento de una película de terror y entonces ellos me preguntaron por mi amigo por el susto que tuve y la presión por salir. Olvidé por completo que mi amigo se ría había esfumado casi frente a mis ojos para mis padres. En ese momento, yo sólo era un joven asustado inventando historias macabras. Yo sabía que no podía dejar a mi amigo allí, pero no tenía el valor para regresar al templo, así que decidí esperar al siguiente día e ir a buscarlo temprano cuando hubiera suficiente luz. Al día siguiente, decidí regresar al templo. A pesar de mi temor, sentía que tenía que hacerlo para ayudar a mi amigo, quien seguía atrapado en ese lugar maldito. Al acercarme al templo, noté un extraño bulto en una de las tumbas cercanas y para mi alivio, descubrí que era mi amigo Estaba temblando de frío, así que rápidamente le puse mi chamarra para protegerlo del aire frío de la mañana. Pasaron unos minutos antes de que recobrara el conocimiento y me hablara. Me contó su experiencia. Había sido como un abrir y cerrar de ojos. De repente se encontró dentro de una de las habitaciones que habíamos explorado anteriormente, la que tenía la extraña estrella dibujada. Se quedó allí en la oscuridad esperando a que amaneciera y reuniendo el valor suficiente para salir el miedo por el que pasó. Le hizo sentir las piernas tan débiles que terminó desplomándose sobre una de las tumbas. No sabe cómo llegó a ella. Fue en ese momento que llegué y lo encontré poniendo fin a su aterradora experiencia en el templo Maldito. Desde ese día nunca volví a ser el mismo. Las imágenes de aquella noche me perseguían en mis sueños y durante el día sentía una sensación constante de ser observado. El recuerdo de las figuras oscuras y la pregunta del sacerdote fantasmal siempre han dado vueltas en mi mente. El templo Maldito sigue allí ahora con nueva reja para que no se meta algún curioso. Hasta el día de hoy he intentado dejar atrás esa experiencia, pero sé que nunca podría olvidar el horror que vivía en aquel templo. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo