Encrusijada Con La Muerte Historias De Terror - REDE

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Encrucijada con la muerte. Mi nombre es Santiago y provengo de Ecatepec, un lugar en el Estado de México. Hace varios años tuve que enfrentar una experiencia realmente difÃcil que dejó una huella profunda en mà para siempre y sinceramente, hablar de ello todavÃa me resulta complicado. Fue algo que nunca me hubiera imaginado pasar. Para que puedan entender lo mejor, es importante que primero lo sitúe en el contexto adecuado. Cuando era pequeño, hice muy buena amistad con un niño de casi mi misma edad. A él le gustaba que le dijeran Charlie y durante mi infancia fue prácticamente mi hermano. Ambos éramos hijos únicos en nuestra familia, vivÃamos en la misma calle, éramos inseparables. PodrÃamos pasar horas jugando sin aburrirnos en lo absoluto. Aún asÃ, habÃa un aspecto udo que siempre me inquietaba profundamente su madre. Cada vez que me encontraba frente a ella, una extraña sensación de temor se apoderaba de mà Su mera presencia me hacÃa sentir una angustia inexplicable. Ella nunca parecÃa estar alegre. Siempre llevaba consigo un gesto de enojo como si estuviera por siempre disgustada por algo. No tengo memoria de haberla visto feliz en ningún momento. Sorprendentemente, mi amigo Charlie, compartÃa mi misma idea. También él se sentÃa incómodo con su madre y tampoco recordaba haberla visto sonreÃr El motivo detrás de esta tensión resultaba aún más sorprendente. La madre de Charlie tenÃa un profundo interés en la lectura de cartas del tarot y en la quiromancia la lectura de manos, de hecho, se mantenÃan a través de estas prácticas. Regularmente habÃa clientes que la buscaban para obtener sus servicios, lo que significaba que a menudo éramos desalojados de la casa durante esa sesiones. En consecuencia, pasábamos gran parte de nuestros dÃas en el parque buscando divertirnos y matar el tiempo mientras su madre atendÃa a sus clientes. Una tarde regresé a casa un poco antes de lo habitual, abrumado por el aburrimiento y con el deseo de pasar tiempo con Charlie. Al llegar a su casa, me recibió su madre con la noticia de que Charlie se encontraba en el baño. Amablemente, me invitó a pasar y me acomodé en el pequeño sillón de la sala mientras esperaba a mi amigo sin previo aviso la madre de Charlie entró en la sala sosteniendo un mazo de cartas del taroat Me explicó que estaba practicando su habilidad de lectura de cartas y que me necesitaba como su sujeto de prueba. Por mi parte, no encontré razón alguna para considerar esta situación como algo peligroso o inapropiado. Ella dejó caer las cartas sobre la mesa y me dio las instrucciones para seleccionar las cartas necesarias para la lectura. Siguiendo sus indicaciones, extraje las cartas del mazo en el momento en que las examinó un extraño silencio, se apoderó de la habitación. Volvió a barajear las cartas aparentemente inquieta y me pidió que las barajeara una vez más y luego que le entregara otras tres cartas. Empecé a cuestionarme si habÃa cometido algún error en el proceso, pero al entregarle las cartas seleccionadas, noté una expresión de sorpresa en su rostro. ParecÃa asombrada al ver que las mismas cartas que habÃa visto antes volvÃan a aparecer en la nueva selección. Ella quedó sumida en un profundo pensamiento durante varios segundos, lo que me llevó a romper el silencio y preguntarle si habÃa percibido algo en particular. Era la primera vez que notaba una expresión distinta en su rostro, ya que siempre la habÃa visto con un semblante de mal humor. Pude captar que algo la preocupaba profundamente. Finalmente, a Abbado me dijo el futuro que habÃa visto en las cartas. A medida que su voz escribÃa el destino que leÃa en las cartas, sentà un escalofrÃo. Corriendo mi espalda. Me habló de dos encuentros con la muerte que me esperaban en mi vida. Su predicción incluÃa la probabilidad de que una de estas experiencias requerirÃa que tomara una decisión de gran impacto a una edad temprana. Esa predicción me dejó sorprendido. Las palabras de la madre de Charlie resonaron en mi mente su tono serio y la mirada inquietante que tenÃa mientras me lo decÃa. Me hicieron dudar sobre si lo que me decÃa era en serio. Fue desde ese entonces que no siempre veÃa a la mamá de Charlie las cosas ya no fueron iguales. Traté de mantenerme escéptico al respeto para que esto no me afectara, pero no podÃa evitar sentirme inquieto. Guardé el secreto, no le conté a mis padres ni a Charlie. Empecé a notar que en la casa de Charlie se sentÃa un ambiente o con ol una energÃa extraña y difÃcil de describir. A menudo tenÃa la sensación de que habÃa algo más en ella, algo que nos estaba observando. En una ocasión, mientras esperaba a Charlie en su sala, noté un ligero susurro proveniente de una esquina. Al girar la cabeza, no vi nada fuera de lo común. Los vellos de mi nuca se erizaron. Atribuà el sonido a la casa o al viento, tratando de mantener la calma, pero durante ese instante una corriente frÃa pasó rápidamente. Junto a mà me quedé paralizado, incapaz de encontrar una explicación lógica para lo que acababa de experimentar. Los encuentros paranormales parecÃan multiplicarse, Las luces se encendÃan y apagaban sin razón aparente objetos se movÃan por sà solos y sombras que parecÃan moverse que apenas eran perceptibles por el rabillo de mi ojo. En una noche lluviosa. Ya muy tarde, el sonido del timbre del teléfono no nos descór concertó a mis padres y a mà en nuestro hogar. Era la madre de Charlie estaba desesperada. Le pedà a mis padres que fueran a recoger a mi amigo. Acompañé a mi padre a recogerlo. Yo estaba emocionado porque Charlie dormirÃa en mi casa y jugarÃamos un rato, pero a medida que nos acercábamos a su hogar, una incómoda corriente de inquietud comenzó a crecer. La imagen que encontramos. Al llegar a casa de Charlie resultó perturbadora y sombrÃa. La madre de mi amigo no se le veÃa tranquila, se le anotaba preocupación y tensión, como si hubiera estado involucrada en un conflicto. Cada uno de sus movimientos eran torpes. Tropezaba y al hablar se le trababa la lengua y mezclaba palabras. Además, se podÃa sentir una extraña atmósfera mucho más intensa que antes. Mientras tanto, Charlie parecÃa estar dormido en el sillón. No se daba cuenta de lo que estaba pasando. Sus cosas ya estaban en una mochila. Mi padre alzó a Charlie con sumo cuidado, mientras que yo cargaba con la mochila, me di cuenta que habÃa ropa en ella y varias de sus cosas. Mientras caminábamos bajo la lluvia, una mezcla de emociones se agitaba en mà y justo antes de abandonar aquel lugar, volvà la mirada hacia la madre de Charlie. En aquel último vistazo pude tener una sensación de despedida que no podÃa ignorar. Era como si una corazonada. Me susurrara que esa serÃa la última vez que la verÃa con vida esa noche. Charlie no se dio cuenta en ningún momento que estaba durmiendo en otra cama. Nunca se despertó, sino hasta la mañana siguiente, donde intrigado por dónde se encontraba, preguntó por su madre. Fuimos a buscar a su casa, pero nunca nos abrieron. Mi padre le preguntó a Charlie sobre el comportamiento de su madre. Charlie nos comentó que una mujer vestida de negro y de piel pálida se habÃa acercado a una lectura de carta. Su madre por más que lo intentó, no podÃa ver un futuro en ella. Después de unos momentos, la mujer de negro se levantó en silencio y le dijo a su madre que regresarÃa más tarde. Charlie se habÃa quedado al lado de su madre hasta que le venció el sueño. Después de eso despertó en nuestra casa. Pasaron tres dÃas y seguÃamos sin saber nada de la madre de Charlie. Mientras tanto, mi amigo se notaba preocupado a medida que transcurrÃan los dÃas, su presencia en mi hogar dejó de ser alegre y de diversión. Ya habÃa pasado una semana completa desde la ausencia de la madre de Charlie, cuando de pronto un aroma desagradable y perturbador comenzó a emanar de su casa. Ante esto, mi padre y otros vecinos se unieron en un esfuerzo para entrar a su casa. La puerta que habÃa permanecido cerrada por tanto tiempo finalmente fue abierta para revelar una escena terrible. Mi madre protegió a Charlie de la dolorosa visión abrazándolo con ternura y cubriéndole el rostro para que no viera el cuerpo de su madre en el piso. Mientras la multitud de vecinos entraba en la casa en busca de respuestas. Algo en particular atrajo mi atención, una figura vestida de negro y de piel pálida salió de la casa como si hubiera estado encerrada. La extraña mujer avanzó entre la multitud sin que le estorbara en su camino. Sus movimientos eran seguros, como si no le importara la presencia de los demás, y entonces, en un instante, sus ojos se encontraron con los mÃos. Su mirada era penetrante y sorprendida, como si no esperara que alguien la estuviera observando. Pero antes de que pudiera asimilar lo que estaba ocurriendo en un parpadeo mÃo, la misteriosa mujer desapareció de mi vista, dejándome asombrado y desconcertado. A la vez quisiera decirles que después de ese evento esperaba que todo volviera a la normalidad, pero, lamentablemente, eso no ocurrió. Charlie luchaba con pesadillas todas las noches. Despertaba en medio de gritos sin motivo aparente, pero hubo un dÃa en el que algo cambió. De repente, era como si Charlie hubiera logrado dejar atrás el dolor que le causó perder a su madre. Llegué a creer que habÃa comenzado a superar el trauma, aunque sólo habÃan pasado tres semanas desde entonces. Pero lo más inquietante comenzó a suceder durante las noches. Nuestros padres acondicionaron nuestra habitación para que durmiéramos juntos en una litera. Yo dormÃa en la parte de arriba y él en la de abajo. A veces intercambiábamos posiciones de vez en cuando turnándonos por dÃa. Pero hubo una noche donde hubo un cambio muy importante. Charlie me pidió que durmiera en la parte de arriba, mientras él se quedarÃa en la de abajo. Le pregunté por qué no querÃa cambiar. Su respuesta me dejó completamente sorprendido. Voy a tener visitas. Es tanta es anoche dijo con una seriedad que nunca antes le habÃa visto. Después de acostarnos, Charlie me advirtió que si escuchaba algún ruido o una voz no me asomara y mucho menos hablara. Era evidente que hablaba en serio y en ese momento comprendà que se trataba de una simple broma de mal gusto. Me quedé dormido en cuestión de segundos, pero luego desperté solo unas tres horas más tarde miré mi reloj y presioné el botón para encender su luz. Fue en ese momento que noté que el reloj marcaba las tres am exactamente de repente. Empecé a oÃr susurros, que provenÃan desde debajo de mi cama. Reconocà una de las voces era la de Charlie, pero habÃa una segunda voz que le estaba haciendo preguntas. Era evidente que no era la voz de su madre. Esa segunda voz tenÃa un tono de frialdad y pertenecÃa a una mujer. Sorprendentemente, Charlie le respondÃa y se reÃa con ella. En ese momento noté que la litera se movÃa ligeramente, indicando que esta otra persona se habÃa sentado junto a Charlie. Mi curiosidad creció enormemente y decidà desplazarme un poco hacia el borde de la litera para intentar ver qué estaba sucediendo. Fue en ese entonces cuando escuché claramente esa voz femenina preguntar está seguro y Charlie respondió afirmativamente. Decidà elevar un poco la cabeza y ahà fue cuando vi que una figura se estaba levantando al lado de nuestra litera, pude distinguir con claridad que se trataba de la misma mujer que salió de la casa de Charlie aún llevaba su vestido negro rápidamente decidà simular que estaba dormido. Mientras aquella mujer colocaba su mano sobre mi frente. Su tacto estaba increÃblemente frÃo, lo que me provocó una sensación de nostalgia repentina. Luego retiró su mano y en un abrir y cerrar de ojos, desapareció por completo El ambiente frÃo fue disminuyendo. Aproveché ese momento para entreabrir los ojos, tratando de simular que me despertaba apenas desde arriba de la litera. Le comenté a mi amigo que de repente sentà frÃo, pero no tuve respuesta de él. Supe que tal vez se habÃa quedado dormido. Decidà bajar de la litera y lo vi allà cinco viejas, asà que lo cubrÃ. En ese momento me dieron ganas de ir al baño, asà que salà rápidamente de la habitación. Una vez que terminé, al abrir la puerta, me encontré con la extraña mujer parada en el pasillo. ParecÃa estar esperándome esta vez no pude evitar verla. Su imponente estatura me impactó, pero más que eso, su mera presencia me sobrecogió. TenÃa su mirada fija en mÃ. No pronunciaba palabra, inclinó su cabeza levemente como indicando rme que me acercara. Mis pies se movÃan sin control y en cuestión de segundos me encontré solo a centÃmetros de ella. Se aproximó y me preguntó si sabÃa quién era ella en estado de choc no podÃa mover la cabeza, pero extrañamente como si leyera mis pensamientos, ella misma respondió a mi pregunta interna. Era la misma muerte. Me explicó que Charlie le habÃa hecho una petición que querÃa estar junto a su madre a cambio de su alma, pero ella aún estaba indecisa al respecto y me propuso un trato. Un alma por otra. Me dijo que en ese momento el alma de Charlie estaba en un estado de limbo a la espera de mi elección, pero todo dependÃa de mÃ. No sabÃa si la muerte esperaba que le diera mi alma o las almas de mis padres. En ese instante, la imagen de mi abuela se presentó en mi mente. Era una mujer anciana conectada a un respirador en el asilo. Cada vez que la vi visitábamos, la veÃa agotada. En muchas ocasiones sentÃa que ella era hora de que descansara para siempre. No necesité decir nada a la muerte. Ella pareció entender mi decisión. De repente desapareció y todo se sumió en la oscuridad. Desperté sobresaltado en mi cama. Era como si todo hubiera sido una pesadilla. Recordé a Charlie y bajé rápidamente las escaleras de la litera. Lo encontré en la misma posición en la que lo habÃa visto en la madrugada. Temà lo peor, lo sacudà suavemente, pero no respondÃa. Se formó un nudo en mi garganta, pero de repente se quejó porque no lo dejaba dormir. Despertó, me miró y noté un cambio en su expresión, como si estuviera desilusionado. Me contó que habÃa tenido un sueño en el que hablaba con la mujer que se aparecÃa en su casa. SabÃa que esa mujer se habÃa llevado a su madre por el mal uso de las artes gitanas, pero él la extrañaba y deseaba estar con ella. No pasó mucho tiempo antes de que nos informaran sobre el fallecimiento de mi abuela. Mis padres lo tomaron con entereza. SabÃan que ese momento llegarÃa tarde o temprano. Fue entonces cuando recordé las palabras de la mamá de Charlie y sobre mis encuentros con la muerte y la difÃcil elección que tendrÃa que tomar. Me di cuenta de que ella habÃa visto todo en mà nuestro futuro, el de ella y el de su hijo. De alguna manera sabÃa que no podÃa intervenir más, pero lo que no me habÃa revelado era que tendrÃa un tercer encuentro con ella mientras estábamos en el panteón. A pocos minutos de enterrar a mi abuela, divisé a aquella mujer entre la multitud que habÃa asistido. Nuestros ojos se encontraron y en un parpadeo desapareció. Sé que la volveré a ver cuando llegue mi hora, pero ahora que soy mayor y vivo con mi mejor amigo, he comprendido que la recibiré como una vieja amiga cuando ella lo decida. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








