Sept. 22, 2023

Encrusijada Con La Muerte Historias De Terror - REDE

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Encrucijada con la muerte. Mi nombre es Santiago y provengo de Ecatepec, un lugar en el Estado de México. Hace varios años tuve que enfrentar una experiencia realmente difícil que dejó una huella profunda en mí para siempre y sinceramente, hablar de ello todavía me resulta complicado. Fue algo que nunca me hubiera imaginado pasar. Para que puedan entender lo mejor, es importante que primero lo sitúe en el contexto adecuado. Cuando era pequeño, hice muy buena amistad con un niño de casi mi misma edad. A él le gustaba que le dijeran Charlie y durante mi infancia fue prácticamente mi hermano. Ambos éramos hijos únicos en nuestra familia, vivíamos en la misma calle, éramos inseparables. Podríamos pasar horas jugando sin aburrirnos en lo absoluto. Aún así, había un aspecto udo que siempre me inquietaba profundamente su madre. Cada vez que me encontraba frente a ella, una extraña sensación de temor se apoderaba de mí Su mera presencia me hacía sentir una angustia inexplicable. Ella nunca parecía estar alegre. Siempre llevaba consigo un gesto de enojo como si estuviera por siempre disgustada por algo. No tengo memoria de haberla visto feliz en ningún momento. Sorprendentemente, mi amigo Charlie, compartía mi misma idea. También él se sentía incómodo con su madre y tampoco recordaba haberla visto sonreír El motivo detrás de esta tensión resultaba aún más sorprendente. La madre de Charlie tenía un profundo interés en la lectura de cartas del tarot y en la quiromancia la lectura de manos, de hecho, se mantenían a través de estas prácticas. Regularmente había clientes que la buscaban para obtener sus servicios, lo que significaba que a menudo éramos desalojados de la casa durante esa sesiones. En consecuencia, pasábamos gran parte de nuestros días en el parque buscando divertirnos y matar el tiempo mientras su madre atendía a sus clientes. Una tarde regresé a casa un poco antes de lo habitual, abrumado por el aburrimiento y con el deseo de pasar tiempo con Charlie. Al llegar a su casa, me recibió su madre con la noticia de que Charlie se encontraba en el baño. Amablemente, me invitó a pasar y me acomodé en el pequeño sillón de la sala mientras esperaba a mi amigo sin previo aviso la madre de Charlie entró en la sala sosteniendo un mazo de cartas del taroat Me explicó que estaba practicando su habilidad de lectura de cartas y que me necesitaba como su sujeto de prueba. Por mi parte, no encontré razón alguna para considerar esta situación como algo peligroso o inapropiado. Ella dejó caer las cartas sobre la mesa y me dio las instrucciones para seleccionar las cartas necesarias para la lectura. Siguiendo sus indicaciones, extraje las cartas del mazo en el momento en que las examinó un extraño silencio, se apoderó de la habitación. Volvió a barajear las cartas aparentemente inquieta y me pidió que las barajeara una vez más y luego que le entregara otras tres cartas. Empecé a cuestionarme si había cometido algún error en el proceso, pero al entregarle las cartas seleccionadas, noté una expresión de sorpresa en su rostro. Parecía asombrada al ver que las mismas cartas que había visto antes volvían a aparecer en la nueva selección. Ella quedó sumida en un profundo pensamiento durante varios segundos, lo que me llevó a romper el silencio y preguntarle si había percibido algo en particular. Era la primera vez que notaba una expresión distinta en su rostro, ya que siempre la había visto con un semblante de mal humor. Pude captar que algo la preocupaba profundamente. Finalmente, a Abbado me dijo el futuro que había visto en las cartas. A medida que su voz escribía el destino que leía en las cartas, sentí un escalofrío. Corriendo mi espalda. Me habló de dos encuentros con la muerte que me esperaban en mi vida. Su predicción incluía la probabilidad de que una de estas experiencias requeriría que tomara una decisión de gran impacto a una edad temprana. Esa predicción me dejó sorprendido. Las palabras de la madre de Charlie resonaron en mi mente su tono serio y la mirada inquietante que tenía mientras me lo decía. Me hicieron dudar sobre si lo que me decía era en serio. Fue desde ese entonces que no siempre veía a la mamá de Charlie las cosas ya no fueron iguales. Traté de mantenerme escéptico al respeto para que esto no me afectara, pero no podía evitar sentirme inquieto. Guardé el secreto, no le conté a mis padres ni a Charlie. Empecé a notar que en la casa de Charlie se sentía un ambiente o con ol una energía extraña y difícil de describir. A menudo tenía la sensación de que había algo más en ella, algo que nos estaba observando. En una ocasión, mientras esperaba a Charlie en su sala, noté un ligero susurro proveniente de una esquina. Al girar la cabeza, no vi nada fuera de lo común. Los vellos de mi nuca se erizaron. Atribuí el sonido a la casa o al viento, tratando de mantener la calma, pero durante ese instante una corriente fría pasó rápidamente. Junto a mí me quedé paralizado, incapaz de encontrar una explicación lógica para lo que acababa de experimentar. Los encuentros paranormales parecían multiplicarse, Las luces se encendían y apagaban sin razón aparente objetos se movían por sí solos y sombras que parecían moverse que apenas eran perceptibles por el rabillo de mi ojo. En una noche lluviosa. Ya muy tarde, el sonido del timbre del teléfono no nos descór concertó a mis padres y a mí en nuestro hogar. Era la madre de Charlie estaba desesperada. Le pedí a mis padres que fueran a recoger a mi amigo. Acompañé a mi padre a recogerlo. Yo estaba emocionado porque Charlie dormiría en mi casa y jugaríamos un rato, pero a medida que nos acercábamos a su hogar, una incómoda corriente de inquietud comenzó a crecer. La imagen que encontramos. Al llegar a casa de Charlie resultó perturbadora y sombría. La madre de mi amigo no se le veía tranquila, se le anotaba preocupación y tensión, como si hubiera estado involucrada en un conflicto. Cada uno de sus movimientos eran torpes. Tropezaba y al hablar se le trababa la lengua y mezclaba palabras. Además, se podía sentir una extraña atmósfera mucho más intensa que antes. Mientras tanto, Charlie parecía estar dormido en el sillón. No se daba cuenta de lo que estaba pasando. Sus cosas ya estaban en una mochila. Mi padre alzó a Charlie con sumo cuidado, mientras que yo cargaba con la mochila, me di cuenta que había ropa en ella y varias de sus cosas. Mientras caminábamos bajo la lluvia, una mezcla de emociones se agitaba en mí y justo antes de abandonar aquel lugar, volví la mirada hacia la madre de Charlie. En aquel último vistazo pude tener una sensación de despedida que no podía ignorar. Era como si una corazonada. Me susurrara que esa sería la última vez que la vería con vida esa noche. Charlie no se dio cuenta en ningún momento que estaba durmiendo en otra cama. Nunca se despertó, sino hasta la mañana siguiente, donde intrigado por dónde se encontraba, preguntó por su madre. Fuimos a buscar a su casa, pero nunca nos abrieron. Mi padre le preguntó a Charlie sobre el comportamiento de su madre. Charlie nos comentó que una mujer vestida de negro y de piel pálida se había acercado a una lectura de carta. Su madre por más que lo intentó, no podía ver un futuro en ella. Después de unos momentos, la mujer de negro se levantó en silencio y le dijo a su madre que regresaría más tarde. Charlie se había quedado al lado de su madre hasta que le venció el sueño. Después de eso despertó en nuestra casa. Pasaron tres días y seguíamos sin saber nada de la madre de Charlie. Mientras tanto, mi amigo se notaba preocupado a medida que transcurrían los días, su presencia en mi hogar dejó de ser alegre y de diversión. Ya había pasado una semana completa desde la ausencia de la madre de Charlie, cuando de pronto un aroma desagradable y perturbador comenzó a emanar de su casa. Ante esto, mi padre y otros vecinos se unieron en un esfuerzo para entrar a su casa. La puerta que había permanecido cerrada por tanto tiempo finalmente fue abierta para revelar una escena terrible. Mi madre protegió a Charlie de la dolorosa visión abrazándolo con ternura y cubriéndole el rostro para que no viera el cuerpo de su madre en el piso. Mientras la multitud de vecinos entraba en la casa en busca de respuestas. Algo en particular atrajo mi atención, una figura vestida de negro y de piel pálida salió de la casa como si hubiera estado encerrada. La extraña mujer avanzó entre la multitud sin que le estorbara en su camino. Sus movimientos eran seguros, como si no le importara la presencia de los demás, y entonces, en un instante, sus ojos se encontraron con los míos. Su mirada era penetrante y sorprendida, como si no esperara que alguien la estuviera observando. Pero antes de que pudiera asimilar lo que estaba ocurriendo en un parpadeo mío, la misteriosa mujer desapareció de mi vista, dejándome asombrado y desconcertado. A la vez quisiera decirles que después de ese evento esperaba que todo volviera a la normalidad, pero, lamentablemente, eso no ocurrió. Charlie luchaba con pesadillas todas las noches. Despertaba en medio de gritos sin motivo aparente, pero hubo un día en el que algo cambió. De repente, era como si Charlie hubiera logrado dejar atrás el dolor que le causó perder a su madre. Llegué a creer que había comenzado a superar el trauma, aunque sólo habían pasado tres semanas desde entonces. Pero lo más inquietante comenzó a suceder durante las noches. Nuestros padres acondicionaron nuestra habitación para que durmiéramos juntos en una litera. Yo dormía en la parte de arriba y él en la de abajo. A veces intercambiábamos posiciones de vez en cuando turnándonos por día. Pero hubo una noche donde hubo un cambio muy importante. Charlie me pidió que durmiera en la parte de arriba, mientras él se quedaría en la de abajo. Le pregunté por qué no quería cambiar. Su respuesta me dejó completamente sorprendido. Voy a tener visitas. Es tanta es anoche dijo con una seriedad que nunca antes le había visto. Después de acostarnos, Charlie me advirtió que si escuchaba algún ruido o una voz no me asomara y mucho menos hablara. Era evidente que hablaba en serio y en ese momento comprendí que se trataba de una simple broma de mal gusto. Me quedé dormido en cuestión de segundos, pero luego desperté solo unas tres horas más tarde miré mi reloj y presioné el botón para encender su luz. Fue en ese momento que noté que el reloj marcaba las tres am exactamente de repente. Empecé a oír susurros, que provenían desde debajo de mi cama. Reconocí una de las voces era la de Charlie, pero había una segunda voz que le estaba haciendo preguntas. Era evidente que no era la voz de su madre. Esa segunda voz tenía un tono de frialdad y pertenecía a una mujer. Sorprendentemente, Charlie le respondía y se reía con ella. En ese momento noté que la litera se movía ligeramente, indicando que esta otra persona se había sentado junto a Charlie. Mi curiosidad creció enormemente y decidí desplazarme un poco hacia el borde de la litera para intentar ver qué estaba sucediendo. Fue en ese entonces cuando escuché claramente esa voz femenina preguntar está seguro y Charlie respondió afirmativamente. Decidí elevar un poco la cabeza y ahí fue cuando vi que una figura se estaba levantando al lado de nuestra litera, pude distinguir con claridad que se trataba de la misma mujer que salió de la casa de Charlie aún llevaba su vestido negro rápidamente decidí simular que estaba dormido. Mientras aquella mujer colocaba su mano sobre mi frente. Su tacto estaba increíblemente frío, lo que me provocó una sensación de nostalgia repentina. Luego retiró su mano y en un abrir y cerrar de ojos, desapareció por completo El ambiente frío fue disminuyendo. Aproveché ese momento para entreabrir los ojos, tratando de simular que me despertaba apenas desde arriba de la litera. Le comenté a mi amigo que de repente sentí frío, pero no tuve respuesta de él. Supe que tal vez se había quedado dormido. Decidí bajar de la litera y lo vi allí cinco viejas, así que lo cubrí. En ese momento me dieron ganas de ir al baño, así que salí rápidamente de la habitación. Una vez que terminé, al abrir la puerta, me encontré con la extraña mujer parada en el pasillo. Parecía estar esperándome esta vez no pude evitar verla. Su imponente estatura me impactó, pero más que eso, su mera presencia me sobrecogió. Tenía su mirada fija en mí. No pronunciaba palabra, inclinó su cabeza levemente como indicando rme que me acercara. Mis pies se movían sin control y en cuestión de segundos me encontré solo a centímetros de ella. Se aproximó y me preguntó si sabía quién era ella en estado de choc no podía mover la cabeza, pero extrañamente como si leyera mis pensamientos, ella misma respondió a mi pregunta interna. Era la misma muerte. Me explicó que Charlie le había hecho una petición que quería estar junto a su madre a cambio de su alma, pero ella aún estaba indecisa al respecto y me propuso un trato. Un alma por otra. Me dijo que en ese momento el alma de Charlie estaba en un estado de limbo a la espera de mi elección, pero todo dependía de mí. No sabía si la muerte esperaba que le diera mi alma o las almas de mis padres. En ese instante, la imagen de mi abuela se presentó en mi mente. Era una mujer anciana conectada a un respirador en el asilo. Cada vez que la vi visitábamos, la veía agotada. En muchas ocasiones sentía que ella era hora de que descansara para siempre. No necesité decir nada a la muerte. Ella pareció entender mi decisión. De repente desapareció y todo se sumió en la oscuridad. Desperté sobresaltado en mi cama. Era como si todo hubiera sido una pesadilla. Recordé a Charlie y bajé rápidamente las escaleras de la litera. Lo encontré en la misma posición en la que lo había visto en la madrugada. Temí lo peor, lo sacudí suavemente, pero no respondía. Se formó un nudo en mi garganta, pero de repente se quejó porque no lo dejaba dormir. Despertó, me miró y noté un cambio en su expresión, como si estuviera desilusionado. Me contó que había tenido un sueño en el que hablaba con la mujer que se aparecía en su casa. Sabía que esa mujer se había llevado a su madre por el mal uso de las artes gitanas, pero él la extrañaba y deseaba estar con ella. No pasó mucho tiempo antes de que nos informaran sobre el fallecimiento de mi abuela. Mis padres lo tomaron con entereza. Sabían que ese momento llegaría tarde o temprano. Fue entonces cuando recordé las palabras de la mamá de Charlie y sobre mis encuentros con la muerte y la difícil elección que tendría que tomar. Me di cuenta de que ella había visto todo en mí nuestro futuro, el de ella y el de su hijo. De alguna manera sabía que no podía intervenir más, pero lo que no me había revelado era que tendría un tercer encuentro con ella mientras estábamos en el panteón. A pocos minutos de enterrar a mi abuela, divisé a aquella mujer entre la multitud que había asistido. Nuestros ojos se encontraron y en un parpadeo desapareció. Sé que la volveré a ver cuando llegue mi hora, pero ahora que soy mayor y vivo con mi mejor amigo, he comprendido que la recibiré como una vieja amiga cuando ella lo decida. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo