Jan. 5, 2024

Encontramos La Entrada Al Inframundo Historias De Terror - REDE

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Una entrada al inframundo. Soy originaria del pueblo de Arandas. Viví en este pueblo al lado de mis padres y de mis hermanos. Mi padre se dedicó a la elaboración de tequila artesanal. Él tenía unas parcelas que le heredaron sus abuelos, por lo que las dedicó a la siembra del maguey mi papá mantenía una relación con el poblado de tequila. Con cierta frecuencia iba a ofrecer su producto, Mantenía un vínculo con las destiladoras de este lugar. De esta manera lograba comercializar su producto como venta al mayoreo y también al menudeo. En el pueblo íbamos con cierta frecuencia a tequila, no sólo por la venta del producto, sino a visitar familiares que teníamos en ese lugar, principalmente el hermano de mi papá, era al que más visitábamos me llevaba muy bien con mis primos y primas, por lo que cada vez que podía acompar bañaba a mi papá mientras él hacía sus negocios, me quedaba en la casa de mi tío. Su esposa también era muy amable conmigo. Tenía dieciocho años cuando fuimos a las fiestas de tequila. En aquella época se hacían peregrinaciones de los distintos barrios, familias y empresas tequileras para culminar en la parroquia con la misa de siete de la tarde. El sacerdote era el que presidía la peregrinación seguido de las hijas de María. Eran mujeres vestidas de color blanco y azul con sevillanas en la cabeza. Eran las encargadas de limpiar a la virgen de la inmaculada concepción. El día que se consideraba más importante era el primer domingo de diciembre el Día de los Ausentes. En este día regresaban todas las personas originarias de tequila que vivían en otros lugares. Empezaba con una peregrinación a las doce del mediodía para llegar a la una de la tarde a la parroquia y escuchar misa. Después continuaba la celebración con una comida que se organizaba en honor de todos los ausentes. En aquella época, conocí al que ahora es mi esposo, a Ismael. Él venía de Estados Unidos. Se había ido desde muy joven a buscar una mejor vida, Ya había conseguido la residencia. Estaba con los trámites para la ciudadanía. Recuerdo que cuando me vio el de inmediato se acercó conmigo y se presentó con su nombre. También saludó a mis padres y mis hermanos. A partir de aquel día, él comenzó a ir a mi casa hasta que después de dos años de noviazgo nos casamos. En un principio, no fue posible que me fuera con él porque no tenía los papeles para hacerlo. Comencé tramitando mi visa para poder visitarlo, pero fue un proceso que no fue tan rápido. Ismael compró una casa en Tequila, cerca de la casa de sus padres, aunque la mayor parte de la familia de mis suegros era de un pueblo llamado Santa Teresa, también del municipio de Tequila. Con cierta frecuencia íbamos a visitar a los abuelos de Ismael cuando eran festivales importantes. Íbamos a ese pueblo y nos quedábamos a dormir en alguna de la casa de sus tíos. Santa Teresa. Anteriormente se llamaba lo de Teresa, pero con el paso del tiempo le cambiaron el nombre se encontraba unos kilómetros más adelante del pueblo de Tequila, en el kilómetro quince de la carretera Ixtlán del río Tequila. Tequila era un pueblo que ha tenido mucha influencia por las empresas tequileras. Una de ellas que ha sido de gran impacto fue José Ivo. Me casé en el año de mil novecientos noventa y cinco. A partir de ese año comenzamos a ir de visita al poblado de Santa Teresa, sobre todo en el mes de diciembre por las festividades navideñas. En la Navidad de mil novecientos noventa y seis estábamos reunidos alrededor del nacimiento, cuando comenzaron a contar historias peculiares. Uno de los tíos de Ismael nos contó qué años atrás fue Presidente municipal de Tequila, s o n o n ns. Era un hombre de carácter fuerte y de fácil agravio. Cuando se metía en problemas con alguna persona la consideraba su enemigo, Decían las malas lenguas que él mandaba desaparecer a esos hombres. Incluso hubo una ocasión en que tuvo enredos amorosos con una mujer de la vida fácil. Decían que ella se dedicaba a la brujería, aunque solamente eran rumores. Cuando la mujer le empezó a exigir que se fuera a vivir con ella, que dejara a su esposa y sus hijos, él se negó rotundamente. Al poco tiempo no se volvió a saber nada de aquella mujer. Algunos decían que se había ido a vivir a Guadalajara, Otros que Florentino Cuervo la había mandado desaparecer y que su espíritu vagaba en el pueblo en búsqueda de venganza. En Santa Teresa, afuera del poblado. Había una abertura en la tierra. Era un hoyo del que decían no tenía fondo. Pobladores habían intentado meter una cuerda amarrada de un objeto pesado para poder saber la profundidad de la casa, pero nunca lograron llegar hasta el fondo. La cuerda se terminaba y no tocaba el suelo. Precisamente a ese hoyo le nombraban el abra. En ese lugar había rumores de que Florentino Cuervo desaparecía a la gente que le causaba problemas. Los pobladores sospechaban de él porque con aquella persona que tenía algún conflicto ya no se volvía a saber de ella. Aunque tampoco hubo evidencias que lo declararan culpable, ni tampoco manera de encontrar los posibles cuerpos. Nunca había escuchado hablar de labra. Le dije a una de mis cuñadas que, si después me llevaba a conocerla, ella accedió. Me dijo que al día siguiente me llevaría a verla. No tenía mucho que ver, sólo era un hoyo oscuro rodeado de maleza silvestre. Le comenté que no importaba. Tenía ganas de saber cómo era. Al día siguiente fuimos varias mujeres al lugar. Nos llevó Ismael en su camioneta. En el camino me dijo que no sabía por qué tenía interés en conocer ese l lugar. Únicamente era una abertura en la tierra que ya estaba desde que él era un niño. Sus padres siempre le dijeron que tuviera mucho cuidado en acercarse a ese lugar, porque si caía dentro del hoyo jamás lo volverían a ver. Por eso le tuvo mucho respeto a ese lugar, pero con el paso del tiempo todo quedó en el olvido y más, cuando se fue a vivir a Estados Unidos. Pronto llegamos a labra. Tal como me lo habían dicho. Era un agujero negro. No era tan grande, pero lo suficiente como para depositar un cadáver Me acerqué con cuidado para tratar de ver al interior del agujero. Fue imposible ver algo. Estaba completamente oscuro llevaba una linterna. Le aventé la luz del aparato sin conseguir nada. Un poco desilusionada. Me estaba retirando del lugar. Cuando escuché unos gritos ahogados de inmediato. Les pregunté a mis acompañantes si habían escuchado ese sonido. La familia de Ismael se rió. Me respondieron que no lo tomara a mal, pero cualquier hoyo emitía sonidos. Era común que las cavidades jalaran los sonidos y se quedaran muchas voces dentro. No me quedé conforme con lo que me dijeron, porque escuché claramente los lamentos ahogados. Habíamos acordado que darnos quince días en Santa Teresa. Les había dicho a mis padres que luego de estar ahí, me iría otros quince días a Arandas. Dormíamos en la casa de mi cuñada Andrea. La casa quedaba al lado de unas parcelas de su propiedad. El cuarto en el que dormía con Ismael estaba al fondo de la casa, por lo que podíamos tener privacidad. Le dije a mi esposo que saliéramos a caminar un rato al campo bajo la luz de la luna, porque la luna se encontraba en todo su esplendor. Mientras platicábamos de cosas triviales, escuché un ruido en la maleza. Le pregunté a Ismael si era posible que hubieran animales salvajes por la zona. Él me respondió que era probable que los hubiera, pero no cerca de la casa, por porque que les daban miedo. Los humanos y la luz de las casas preferían quedarse ocultos en la oscuridad. Le dije que había escuchado que alguien andaba entre los arbustos. Nos fuimos a descansar con la idea de que todo estaba bien. Durante la noche. No me fue posible descansar. Trataba de hacerlo, pero no dejaba de oír que afuera alguien estaba rondando la casa. Hubo un momento en que me levanté y seguí escuchando murmullos, como si hubiera gente reunida en la casa. Caminé a través del patio y entré a la casa. Todo estaba en silencio a oscuras. Sólo con luz de la luna. Cuando me di cuenta de que no había nadie despierto en la casa, me regresé a mi habitación. Vi que alguien andaba por fuera de la cerca de piedra. Tenía la certeza de lo que había visto una mujer que caminaba por el campo. Supuse que era una mujer porque sus cabellos largos se le movían con el viento y su silueta era delgada. Cuando entré a la habitación y l o ir, él me estaba buscando, me preguntó dónde había ido. Le mentí. Le dije que tenía sed y salí para tomar un vaso con agua. Quise decirle lo que acababa de ver, pero pensé que no le daría crédito a mis palabras. Además, ni siquiera estaba segura de quién era. Empezaba a quedarme dormida. Cuando escuché lamentos iguales a los que había oído dentro del abra, me quedé sin moverme entre las cobijas de mi cama. Como el silencio de la noche era absoluto, se alcanzaban a oír los grillos y los sonidos nocturnos. Nuevamente escuché con más intensidad los gritos de una mujer, aunque esta vez se oían más cercanos. En esta ocasión vi claramente cuando una mujer pasó por afuera de la ventana. No se detuvo sólo la vi con su larga cabellera. Era la misma que había visto. Unos instantes desperté a Ismael para decirle lo que acababa de ver. Él se incorporó para asomarse por la ventana. Se acercó conmigo para decirme que tenía razón. Él también la había visto. Me dijo que al día siguiente trataría de investigar quién era ella y qué hacía a esas horas de la noche por la mañana, mientras desayunábamos, fui la primera que inició la conversación. Mi cuñada se rió nerviosamente cuando le describí a la mujer. Fue cuando intervino Ismael y le preguntó directamente quién era ella. El esposo de mi cuñada quiso dar una salida rápida, pero ella lo interrumpió. Le dijo que no tenía por qué mentir mi cuñada. Nos dijo que después de desayunar nos contaba todo. En cuanto terminamos los alimentos. Le dijo a sus hijos que se fueran un rato al patio. Fue cuando nos quedamos solos que empezó a decirnos que no era la primera vez que esa mujer aparecía en el pueblo. Nadie quería hablar de ella, pero se creía que salía del labra por las noches. Algunos decían que era la mujer que mató Florentino Cuervo. Otros comentaban que era un ánima en pena. Algunos más sugerían que era la llorona, aunque no creí que fue fuera esta última, porque en ningún momento la oí lamentarse por sus hijos. Le dije a mi cuñada que parecía una bruja joven que vagaba por las noches. Mi cuñada nos dijo que esa mujer sólo se veía las noches en que había luna llena, porque los demás días del mes no se aparecía. Le sugerí que fuéramos al abra para verlo de nuevo. Si era verdad que de ahí salía esa mujer, probablemente podríamos hacer algo para que esa alma pudiera descansar. Así dejaría de rondar los campos de maguey a mi cuñada no le agradó mi propuesta. Me dijo que sólo era un pozo en el que no había nada que hacer. Insistí porque quería poner más atención a los sonidos que escuché. La primera vez que fui Ismael propuso que fuéramos en su camioneta al mediodía llegamos de nuevo a labra por la hora, pensé que no podría escuchar nada. Sin embargo, cuando me acerqué a la abertura de nuevo escuché lamentos como si al interior hubieran personas que estuvieran sufriendo. Les dije que se asomaran a escuchar. Ismael se acercó al igual que mi cuñada y su esposo, pero ellos me dijeron que no oían nada. Probablemente me había sugestionado por lo que contó el tío. Nuevamente me acerqué y volví a escuchar lo mismo. Hubo un momento que una de las palabras fue más clara ahora por mí lo repitieron en varias ocasiones. Fue tan fuerte y claro que todos lo escucharon. Se hicieron hacia atrás. Al momento de escuchar el Lamento, me dijeron que era verdad. Les pedí que fuéramos por un sacerdote para que rezara por las almas que habían muerto al interior y que rociara el lugar con agua bendita. Nos fuimos directamente con el párroco de la iglesia. Cuando le platicamos lo que habíamos oído, a él no les sorprendió. Nos dijo que no éramos los primeros que oíamos los lamentos que emergían del interior del labra ya en un par de horas. Había intentado ayudar a esas almas en pena, pero no surtió efecto. Temporalmente se dejaron de escuchar los lamentos, pero nuevamente regresaron. Incluso el padre nos contó sobre la mujer que había visto. Fui la primera en preguntarle quién creía que era ella, si era una bruja o un ánima en pena. El padre me respondió que no podía tener la certeza de que era esa mujer, pero él creía que no era un ánima en pena, porque todo el tiempo rezaba por ella y por todas las ánimas benditas del purgatorio, pero ella seguía apareciendo. Nos fuimos de la parroquia un poco consternados. Aún quedaban otros dos días de luna llena, lo que significaba que la mujer estaría rondando los campos de maguey porque sólo era vista en las parcelas de la agave azul. La siguiente noche estaba atenta en la ventana. Ismael me dijo que ya me acostara a dormir. No podía hacer nada al respecto. El padre ya nos lo había confirmado. Le dije que en un momento cuanto más lo haría a los pocos minutos vi a lo lejos la silueta de la mujer caminaba con pasos lentos. De pronto detuvo su andar. Se quedó por unos segundos parada. Giró su cabeza hacia donde me encontraba. Me dio miedo tan sólo de pensar que ella me estaba viendo de pronto. Empezó a contorsionarse de una forma perturbadora. Incluso creí escuchar el crujir de sus huesos Al mover sus articulaciones, se puso en posición de cuatro patas y corrió hacia mi cuarto. Fue tanto el miedo que sentí que me metí en la cama de un salto. Ismael me preguntó qué me sucedía. Ni siquiera tuve que responderle. Ella estaba rasguñando el cristal de la ventana. Era un sonido inquietante el que se escuchaba al chirriar el vidrio. Fue cuando la pude ver de cerca. Era una mujer que tenía dos cavidades como ojos y otra más grande que era su boca. Abrió la boca y se empezaron a escuchar unos lamentos tan n lastimosos. Ella siguió por unos instantes pegada al Cristal enseguida se marchó corriendo en cuatro patas. También Ismael la vio. No supimos qué hacer ni qué decir. De inmediato escuchamos que tocaban en la puerta de la habitación. Los dos saltamos pensamos que se trataba de nuevo de la misma mujer. Como no respondimos. Escuchamos la voz de Andrea preguntándonos si todo estaba bien. Me levanté y abrí la puerta. Ella nos dijo que había escuchado ruidos extraños. Le contamos todo. Andrea no sabía qué Decirnos nos comentó que ella creía que sólo se trataba de una leyenda de pueblo, porque nunca la había visto. Algunas personas del pueblo hablaban de esa mujer, pero creía que eran fantasías de las personas. Sin embargo, ahora tenía la certeza de que ese ser sí existía y que lo más probable era que salía de labra. Nos quedamos durante un rato más platicando dentro de la ala habitación, pero la mujer ya no apareció. Aún Quedaba una semana más para quedarnos en Santa Teresa, pero le dije a Ismael que me quería ir al pueblo de mis padres. No me sentía segura en ese lugar, sobre todo por lo que vimos en la noche. Él insistió que al menos nos quedáramos un día más después él se iría por un año, quería estar más tiempo con su familia. Decidimos que nos quedábamos un día más con su hermana y después iríamos a la casa de sus padres. Durante el día me sentía sensible. Tenía la sensación de que alguien me vigilaba, pero creí que todo era producto de lo vivido la noche anterior. Por la mañana salimos un rato al río. Mientras los demás se metían al agua. Preferí caminar en los alrededores. Tenía conocimiento de plantas medicinales y quería buscar dos de ellas que no había podido conseguir. Me alejé un poco del río. Tuve la suerte de encontrar una de las plantas que necesitaba, el diente de león. Me agaché para arrancar varios de ellos de pronto. Sentí como si alguien me cayera encima quería incorporarme y no pude. Tenía la sensación de que me faltaba el aire. Quería gritar, pero tampoco logré hacerlo. No supe en qué momento perdí el sentido. Cuando desperté se encontraban alrededor, mi esposo y mi cuñada me preguntaron qué me había sucedido. Les dije que alguien me había atacado. Lo primero que hizo Ismael fue buscar en los alrededores sin encontrar nada. Me preguntó si le vi el rostro A mi atacante. Le respondí que no, porque llegó por la parte de atrás. Ya no quisieron quedarse a disfrutar del día. Les dije que me sentía bien, pero todos prefirieron que me revisara el médico. Me llevaron al Consultorio del Pueblo. Era una doctora que, en cuanto me vio, me preguntó si no estaba embarazada. Le dije que no. Ella les pidió a mis familiares que me esperaran afuera. Me dijo que lo más seguro era que sí estaba esperando un bebé para asegurar me tomó una muestra de sangre y la mandó examinar. Me pidió que fuera el día siguiente para darme mis resultados. Me comentó que lo más seguro fue que sufrió un desmayo, pero que no era nada de cuidado. Antes de marcharme del consultorio, le conté a la doctora lo que me había ocurrido. Pensé que ella me iba a juzgar de loca o sólo iba a hacer un comentario de mal gusto. Sin embargo, me pidió que me sentara y le contara todo, sin omitir detalles. Le dije sobre la mujer que salía del labra. La doctora me contó que esa mujer a la que vi probablemente era un demonio, porque no era la primera vez que llegaban mujeres a su consultorio diciéndole lo mismo. Ella nunca la había visto, pero por la experiencia que tenía con mujeres embarazadas, ella se hacía presente con las que esperaban un hijo. Se creía que esa mujer se alimentaba de la vida de los seres en gestación. Por eso tenía la facultad de saber Dios extinguir a las mujeres que iban a ser madres. Cuando la doctora me dijo eso me dio mucho miedo. Le pregunté cómo era posible que tuviera esa información y no hiciera nada al respecto. Ella me respondió que no podía hacer nada. Sus compañeros colegas se podrían reír de ella al hacer ese comentario. Además, no estaba a su alcance a hacer nada porque no tenía la seguridad de que realmente así sucedieran las cosas extrañas en el pueblo, pero que tuviera mucho cuidado porque podría parecer de nuevo e intentar hacerme daño. Cuando salí del consultorio, no sabía cómo decirle a mi familia Lo que acababa de escuchar era tan inverosímil que era difícil creerlo. Preferí no decir nada. Solamente nos íbamos a quedar una noche más en Santa Teresa, así que preferí callarme por la tarde. Estuvimos platicando y comiendo churros que la tía de Ismael preparó. Nos quedamos hasta muy tarde conversando alrededor de de una fogata. Ya sabían que nos íbamos al día siguiente, por lo que la velada fue a manera de despedida. Eran casi las dos de la mañana cuando nos despedimos y nos fuimos a nuestros respectivas habitaciones. De pronto escuchamos el chirriar del cristal. Después oímos los pasos corriendo de la mujer. Ismael movió un mueble para atrancar la entrada el ropero lo puso en la ventana por si la mujer intentaba romper el cristal. Se comenzaron a escuchar voces que no se entendían, pero que juntas formaban un gran murmullo enseguida. Tocaron en la puerta. Pensé que podría ser Andrea, pero no respondió a mi pregunta. Tocaron con más insistencia hasta que aventaron la cómoda y la puerta se abrió completamente. Ahí estaba ella parada contorsionándose. Le crujían los huesos. Cada vez que hacía un movimiento. Tenía el rostro desfigurado en la casa. Todos escucharon los ruidos. Ya iba a su tía ya Andrea, así como el tío de Ismael con un arma. Cuando el espantoso cer los vio dio un alarido horrible. Fue como si los estuviera retando. Lo que me sorprendió fue la tía de Ismael llevaba un frasco con agua bendita, se le echó al ser y comenzó a rezar muy fuerte, como si le hubieran puesto fuego en su cuerpo en vez de agua. Comenzó a contorsionarse horrible, hasta que quedó en cuatro patas lista para atacar se. Fue encima de la tía de Ismael. Al mismo tiempo levantó el rostro emitiendo nuevamente el grotesco sonido a golpes. Le pudieron quitar al monstruo a la señora, pero fue suficiente para que se alejara y nos dejara en paz. Iba herida en el piso. Quedó una mezcla viscosa de color negro. Parecía que era lo que le salía en vez de sangre. Después, el líquido se convirtió en gusanos. El tío de Ismael les prendió fuego. Cuando se estaban quemando, alcanzamos a escuchar que gritaba de una manera horrible. Sólo esperamos que amaneciera para ir con el padre de la parroquia. Le contamos lo que había sucedido. Mi cuñada le pidió que fuera a bendecir su casa y que les diera una protección para que ella ya no se apareciera. El sacerdote sólo roció con agua Bendita todos los rincones de la casa. Al mismo tiempo rezó les dejó un Cristo Bendito. Les dijo que lo pusieran en la puerta principal para que el ser ya no regresara. Me fui de la casa de mi cuñada junto con mi esposo. No he vuelto a ir al pueblo de Santa Teresa. Cuando vi a mi cuñada en una reunión en Tequila, me dijo que la curandera del pueblo fue a abra para tratar de que ya no saliera a ese ser. Hizo todo tipo de rituales esotéricos y que ya no se había dejado ver. Me contó que al momento de que le hicieron el ritual salió una llamarada de fuego y se escucharon muchos lamentos. La curandera dijo que se trataba de una entrada al inframundo y que sería imposible cerrarla. Lo mejor era no acercarse a ella y tratar de hacer oraciones la mayor parte del tiempo. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas