El Toro Demonio Historias De Terror - REDE

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El toro endemoniado. Soy Rodrigo Salazar, antiguo torero de la Plaza de Toros del Sabino Guanajuato. Años atrás, fui aclamado por el pueblo por mi valentÃa y destreza en la plaza, pero toda mi gloria, de la cual alguna vez disfruté se desvaneció de la noche a la mañana debido a un trágico incidente en la arena, que me costó una pierna muy mal herida. Debido a ello, tuve que retirarme y regresar a mi pueblo natal, en el que me di cuenta que apenas estarÃa comenzando el terror al que me enfrentarÃa a consecuencia de tantos toros que he matado. El dÃa que regrese a Benjamo, el sol de mediodÃa arrasaba de lo intenso que se sentÃa. Faltaba poco para los dÃas de lluvia y en Bénjamo llueve muy fuerte. TenÃa poco de haberme recuperado de la herida en mi pierna, de la cual aún rengueaba. Al andar, tuve la fortuna de encontrarme con mi hermano pequeño a mitad de camino, quien me ayudó a llegar a la casa de nuestros padres. Era como si nunca me hubiera ido. Las calles tenÃan el mismo aroma, el olor de la comida callejera mezclada en el aire que tanto me fascinaba de pequeño aún seguÃa allà la calle llena de niños jugando todo. Estaba como lo habÃa dejado años atrás. Justo al llegar a casa. Afuera de ella habÃa una señora a la cual le tenÃa tanto miedo de cuando era pequeño. Doña Julia era famosa por ser clarividente, notó mi presencia y al verme que estaba rengueando, lo primero que me dijo fue te lo dije cuando era más joven a Doña Julia la veÃamos como la bruja del vecindario. TenÃa toda la pinta de una mujer que manejaba las artes negras y un dÃa antes de irme de torero al sabino, mi madre le pidió que me leyera las cartas. Me predijo un enfrentamiento contra un monstruo de cual y que yo perderÃa. Doña Julia aprovechó para entregarme un amuleto, el cual me traerÃa la suerte necesaria para evitar enfrentarme contra mi trágico final. Siendo honesto, soy muy escéptico de ese tipo de cosas, por lo que el amuleto lo guardé en casa de mis padres y nunca lo usé, aunque para mis papás y hermanos. Regresé como un héroe. Yo me sentÃa desanimado por dentro mi sueño se habÃa visto frustrado y ahora no sabÃa qué podÃa hacer para remediarlo. Por varios dÃas me sentà deprimido y para apoyarme, mi padre me consiguió trabajo en un tentadero, el lugar donde se entrenan a los toros para enviarlos a otras plazas. Una tarde, cuando estaba de regreso del trabajo, me encontré a Doña Julia. Al parecer estaba esperándome desde hace rato para decirme algo. Se acercó a mà para tomar mi mano izquierda y la analizó por unos segundos sin decirme una sola palabra. Me hizo una señal para que l siquiera hasta su casa. Me pidió que me esperara sentado en la sala mientras preparaba algo. TenÃa hierbas y frascos por todas partes. HabÃa un olor repugnante en el ambiente que nunca supe que fue. Doña Julia. Salió de la cocina y trajo consigo una taza con lo que parecÃa serte negro. Me pidió que me lo tomara y me dijo torero. Detrás de ti hay una asombra oscura. Los demonios te han seguido desde la plaza de toros y ahora cargas con una maldición. CuÃdate las espaldas. Doña Julia, me pidió que usara el amuleto que me dio desde hace tiempo. Insistió en que eso me salvarÃa de la manera más respetuosa que pude. Le pedà que dejara de molestarme y que no se metiera en lo que no le importaba. Ella insistió en que lo usara. Terminé comentándole que lo usarÃa sólo para que estuviera tranquila y que me dejara de molestar me. Salà de su casa inmediatamente. Al dÃa siguiente me tocó ir a trabajar de madrugada, a abrir el tentadero me habÃan encargado sacar a pastar a las vaquillas aún no amanecÃa del todo. Eran apenas las cuatro de la mañana, a lo que tuve que encender una lámpara de aceite que tenÃamos colgando para iluminar un poco el corral. En eso, detrás de mà escuché unos pasos. Ya me esperaba que llegaran a algunos compañeros, pero no tan temprano me di la vuelta y no vi nada. En eso. La lámpara comenzó a tambalearse lentamente. No habÃa ni una sola corriente de aire como para que causara eso. Los animales empezaron a ponerse nerviosos. De pronto la puerta del corral se abrió por sà sola. Me quedé atento a ver de quién se trataba En eso. Un olor a putrefacción impregnó al lugar. El olor fue tan fuerte que tuve que tapar mi rostro con un pañuelo y entonces lo vi Mi corazón comenzó a latir de forma al o que la or. La sensación de terror se apoderó de mÃ. La figura de una persona estaba a escasos metros de mÃ. Caminó un par de pasos al frente y con la luz de la linterna, me di cuenta que, en vez de cabeza humana, era la de un toro. Sus enormes cuernos parecÃan estar retorcidos y apuntaban los dos hacia mÃ. Su mirada penetrante parecÃa traspasar mi alma y provocaba que me paralizara por completo. Pude sentir una energÃa opresiva emanando de él el sonido de sus pesados cascos resonaba. No pude calmarme, dejé caer las cosas que tenÃa en las manos para huir de allÃ. Como pude mi pierna aún me dolÃa. No podÃa moverme con mucha facilidad y cuando menos lo esperé, Aquella cosa arremetió contra mà apenas pude esquivarle. Mi pierna comenzó a punzar. Apenas podÃa mantenerme de pie. Sólo escuchaba a las vaquillas chillar de miedo y de pronto la puerta del corral se abrió. Mis compañeros habÃan llegado. Yo les grité para que huyeran, pero no me hicieron caso. Entraron y me ayudaron a levantarme. Les advertà sobre lo que habÃa visto que estaba en el corral, pero ellos me insistÃan en que no habÃa nada allà o que ellos no veÃan algo que pudiera hacerme daño. Ya estaba perplejo. Todo habÃa sido tan real tiempo atrás. Mi abuelo que en paz descanse fue torero. Me habÃa contado la historia de un demonio que lo llegó a atormentar. Cuando toreaba la verdad sus historias las llegué a tomar más como cuentos para asustarnos antes de dormir, pero esta ocasión lo sentà muy real lo que restó del dÃa. Tuve una sensación de paranoia constante que no me dejó trabajar. Mi pierna herida me dolÃa mucho. Me di cuenta que algo estaba cambiando en mi alrededor. Las vaquillas y los toros no me quitaban la mirada de encima parecÃan retarme can Cada ora movimiento que hacÃa me ponÃa en estado de alerta. Decidà retirarme a casa a descansar un poco. TenÃa la idea de que, quizás distrayendo la mente y relajándome las cosas volverÃan a la normalidad. Pero de regreso a casa no dejaba de tener la sensación de que alguien me estaba siguiendo al mirar detrás de mÃ. Sólo veÃa sombras escondiéndose entre las esquinas. Apenas estaba llegando a casa. Cuando me encontré con Doña Julia fue algo extraño, pero en cuanto noté su presencia, esa sensación de agobio desapareció y sentà que ese peso se me fue de encima. Doña Julia notó mi desesperación y me pidió que la siguiera hasta su casa. Allà me entregó un té negro con olor a Romero. Me dijo que cuando a mi abuelo le pasó, ella le ayudó a expulsar ese demonio, pero parecÃa ser que ahora querÃa tomar venganza contra los descendientes. Me dijo que el demonio el que me estaba enfrentando era algo común entre las personas que mataban animales. Casi siempre adoptaba la forma del último animal que habÃa sido sacrificado. Le pregunté si me podÃa ayudar para que la bestia me dejara, pero lo que me dijo no me lo esperaba. Mejor será que lo enfrentes. Me recomendó que lo viera como un toro cualquiera, sólo que éste tenÃa la capacidad de aparecerse cuando yo estaba solo. Si no estaba listo de enfrentarme a él procurara no quedarme sin compañÃa. Me entregó, por último, un par de medallitas exorcizadas más te negro y el amuleto que me habÃa obsequiado tiempo atrás. Yo no sabÃa cómo lo habÃa obtenido. Yo estaba seguro que lo habÃa dejado en casa de mis padres. Doña Julia me acompañó de vuelta a casa. En todo momento se mantuvo cerca de mÃ. En cuanto vi a mi hermano, me le despegué si veÃa a mi madre o a mi padre. Inventaba cualquier excusa para estar con ellos. Yo sabÃa que esto no podÃa seguir asÃ. Yo llegarÃa el momento en que yo tendrÃa que estar solo, asà que procuré ir Planeando mi encuentro, decidà confiarle mi experiencia a mi hermano, quien me apoyó en todo momento. Procuraba no apartarse de mà y a su vez tuvo la excelente idea de buscar información sobre este demonio y cómo enfrentarlo. Investigamos con personas que sabÃamos que antes habÃan sido toreros o cazadores y que era muy probable que conocÃan historias y leyendas relacionadas con estas criaturas sobrenaturales. Descubrimos que existÃa un ritual que nos ayudarÃa a enfrentarnos a él. Con la ayuda de Doña Julia, comencé a prepararme para el enfrentamiento. Ella me brindó su apoyo y sabidurÃa entre mi hermano, Doña Julia y yo recolectamos lo necesario para llevar a cabo el ritual. Además, Doña Julia me enseñó sobre protección espiritual y cómo fortalecer mi mente y espÃritu para enfrentar al demonio. Decidà que el encuentro se llevarÃa a cabo en el corral, donde lo vi la primera vez esa noche. Una hora antes, me puse mi mejor traje de torero, preparé mi capote de mi última corrida, mi espada, que ya estaba algo oxidada y mis estoques. Me encontraba solo en el corral, consciente de que quizá serÃa la última vez que verÃa a mi familia, portaba el amuleto, las medallas exorcizadas y mis herramientas. A medida que el tiempo transcurrÃa, el ambiente se volvió pesado y lleno de energÃa maligna. Los animales comenzaban a ponerse nerviosos y muy inquietos. PodÃa sentir su mirada fija sobre mÃ. Yo estaba de pie justo a la mitad del corral, esperando a que se presentara aquel demonio. De repente pude escuchar cómo el viento silbaba por fuera y entraba al corrar la lámpara de aceites se mecÃa de un lado a otro. La puerta grande se abrió y ante mà aquella cosa se materializó. Esta vez no sentà miedo, sino una mezcla de determinación y coraje. Respiré profundo y comencé a recitar las palabras del ritual mientras esparcÃa las hierbas y los ingredientes a mi alrededor, sobre mis estoques y mi espada. Aquel demonio embistió. Apenas pude esquivarlo, pero logré clavarle un estoque justo en el lomo. Fue algo extraño. Lo que sentà después de eso sentà como mi conexión con el mundo espiritual se fortalecÃa de alguna manera. SentÃa que no estaba solo era como si mi abuelo me estuviera viendo. Me sentÃa dentro de un trance en el que no podÃa rendirme. El demonio se dio la vuelta y embistió de nuevo. Esta vez, la vieja herida me dolió y no pude moverme con mucha facilidad. Pude esquivarle, pero logró empujarme a un costado del corral de una vaquilla. Yo continué recitando las palabras sagradas que Doña Julia me pidió que no me quitara de la cabeza. Entonces noté algo en el demonio parecÃa cansado y debilitado. Al parecer, el ritual estaba funcionando. Preparé la espada para asestar el golpe final. Ãl ya no se movÃa, sólo estaba esperando a que le diera fin. Entonces lo comprendÃ. Si lo hacÃa, era probable que después mis descendientes o hasta mi hermano, que también querÃa ser torero, lo llegara a atormentar. Después clavé la espada al suelo y le dije ya no más. Comenzó a desvanecerse lentamente, emitió un último bramido y desapareció por completo, dejando un rastro de humo negro disipándose en el aire. Mi corazón se llenó de alivio por haber logrado liberarme de esa maldición. Doña Julia apareció más tarde, acompañada de mi hermano. Me pidió que le contara todo. Me dijo que debÃa seguir buscando mi verdadero propósito en la vida y encontrar la forma de honrar a los toros que habÃa matado en el pasado. Mi vida cambió desde aquel dÃa. Decidà dedicarme a proteger y cuidar a los animales. A Doña Julia la dejé de ver con desprecio y ahora es como mi mentora y guÃa espiritual. Hoy en dÃa, la tauromaquia está prohibida por lo menos donde yo vivo Actualmente tenemos un rancho en el cual creamos, vaquillas y toros. Es de ser honesto. En ocasiones he tenido la sensación de que esa sombra aún me sigue como si me estuviera vigilando. Pero lo que también he notado es que mi pierna me ha dejado de doler relato escrito y adaptado por lengua de brujo








