Sept. 2, 2023

El Toro Demonio Historias De Terror - REDE

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El toro endemoniado. Soy Rodrigo Salazar, antiguo torero de la Plaza de Toros del Sabino Guanajuato. Años atrás, fui aclamado por el pueblo por mi valentía y destreza en la plaza, pero toda mi gloria, de la cual alguna vez disfruté se desvaneció de la noche a la mañana debido a un trágico incidente en la arena, que me costó una pierna muy mal herida. Debido a ello, tuve que retirarme y regresar a mi pueblo natal, en el que me di cuenta que apenas estaría comenzando el terror al que me enfrentaría a consecuencia de tantos toros que he matado. El día que regrese a Benjamo, el sol de mediodía arrasaba de lo intenso que se sentía. Faltaba poco para los días de lluvia y en Bénjamo llueve muy fuerte. Tenía poco de haberme recuperado de la herida en mi pierna, de la cual aún rengueaba. Al andar, tuve la fortuna de encontrarme con mi hermano pequeño a mitad de camino, quien me ayudó a llegar a la casa de nuestros padres. Era como si nunca me hubiera ido. Las calles tenían el mismo aroma, el olor de la comida callejera mezclada en el aire que tanto me fascinaba de pequeño aún seguía allí la calle llena de niños jugando todo. Estaba como lo había dejado años atrás. Justo al llegar a casa. Afuera de ella había una señora a la cual le tenía tanto miedo de cuando era pequeño. Doña Julia era famosa por ser clarividente, notó mi presencia y al verme que estaba rengueando, lo primero que me dijo fue te lo dije cuando era más joven a Doña Julia la veíamos como la bruja del vecindario. Tenía toda la pinta de una mujer que manejaba las artes negras y un día antes de irme de torero al sabino, mi madre le pidió que me leyera las cartas. Me predijo un enfrentamiento contra un monstruo de cual y que yo perdería. Doña Julia aprovechó para entregarme un amuleto, el cual me traería la suerte necesaria para evitar enfrentarme contra mi trágico final. Siendo honesto, soy muy escéptico de ese tipo de cosas, por lo que el amuleto lo guardé en casa de mis padres y nunca lo usé, aunque para mis papás y hermanos. Regresé como un héroe. Yo me sentía desanimado por dentro mi sueño se había visto frustrado y ahora no sabía qué podía hacer para remediarlo. Por varios días me sentí deprimido y para apoyarme, mi padre me consiguió trabajo en un tentadero, el lugar donde se entrenan a los toros para enviarlos a otras plazas. Una tarde, cuando estaba de regreso del trabajo, me encontré a Doña Julia. Al parecer estaba esperándome desde hace rato para decirme algo. Se acercó a mí para tomar mi mano izquierda y la analizó por unos segundos sin decirme una sola palabra. Me hizo una señal para que l siquiera hasta su casa. Me pidió que me esperara sentado en la sala mientras preparaba algo. Tenía hierbas y frascos por todas partes. Había un olor repugnante en el ambiente que nunca supe que fue. Doña Julia. Salió de la cocina y trajo consigo una taza con lo que parecía serte negro. Me pidió que me lo tomara y me dijo torero. Detrás de ti hay una asombra oscura. Los demonios te han seguido desde la plaza de toros y ahora cargas con una maldición. Cuídate las espaldas. Doña Julia, me pidió que usara el amuleto que me dio desde hace tiempo. Insistió en que eso me salvaría de la manera más respetuosa que pude. Le pedí que dejara de molestarme y que no se metiera en lo que no le importaba. Ella insistió en que lo usara. Terminé comentándole que lo usaría sólo para que estuviera tranquila y que me dejara de molestar me. Salí de su casa inmediatamente. Al día siguiente me tocó ir a trabajar de madrugada, a abrir el tentadero me habían encargado sacar a pastar a las vaquillas aún no amanecía del todo. Eran apenas las cuatro de la mañana, a lo que tuve que encender una lámpara de aceite que teníamos colgando para iluminar un poco el corral. En eso, detrás de mí escuché unos pasos. Ya me esperaba que llegaran a algunos compañeros, pero no tan temprano me di la vuelta y no vi nada. En eso. La lámpara comenzó a tambalearse lentamente. No había ni una sola corriente de aire como para que causara eso. Los animales empezaron a ponerse nerviosos. De pronto la puerta del corral se abrió por sí sola. Me quedé atento a ver de quién se trataba En eso. Un olor a putrefacción impregnó al lugar. El olor fue tan fuerte que tuve que tapar mi rostro con un pañuelo y entonces lo vi Mi corazón comenzó a latir de forma al o que la or. La sensación de terror se apoderó de mí. La figura de una persona estaba a escasos metros de mí. Caminó un par de pasos al frente y con la luz de la linterna, me di cuenta que, en vez de cabeza humana, era la de un toro. Sus enormes cuernos parecían estar retorcidos y apuntaban los dos hacia mí. Su mirada penetrante parecía traspasar mi alma y provocaba que me paralizara por completo. Pude sentir una energía opresiva emanando de él el sonido de sus pesados cascos resonaba. No pude calmarme, dejé caer las cosas que tenía en las manos para huir de allí. Como pude mi pierna aún me dolía. No podía moverme con mucha facilidad y cuando menos lo esperé, Aquella cosa arremetió contra mí apenas pude esquivarle. Mi pierna comenzó a punzar. Apenas podía mantenerme de pie. Sólo escuchaba a las vaquillas chillar de miedo y de pronto la puerta del corral se abrió. Mis compañeros habían llegado. Yo les grité para que huyeran, pero no me hicieron caso. Entraron y me ayudaron a levantarme. Les advertí sobre lo que había visto que estaba en el corral, pero ellos me insistían en que no había nada allí o que ellos no veían algo que pudiera hacerme daño. Ya estaba perplejo. Todo había sido tan real tiempo atrás. Mi abuelo que en paz descanse fue torero. Me había contado la historia de un demonio que lo llegó a atormentar. Cuando toreaba la verdad sus historias las llegué a tomar más como cuentos para asustarnos antes de dormir, pero esta ocasión lo sentí muy real lo que restó del día. Tuve una sensación de paranoia constante que no me dejó trabajar. Mi pierna herida me dolía mucho. Me di cuenta que algo estaba cambiando en mi alrededor. Las vaquillas y los toros no me quitaban la mirada de encima parecían retarme can Cada ora movimiento que hacía me ponía en estado de alerta. Decidí retirarme a casa a descansar un poco. Tenía la idea de que, quizás distrayendo la mente y relajándome las cosas volverían a la normalidad. Pero de regreso a casa no dejaba de tener la sensación de que alguien me estaba siguiendo al mirar detrás de mí. Sólo veía sombras escondiéndose entre las esquinas. Apenas estaba llegando a casa. Cuando me encontré con Doña Julia fue algo extraño, pero en cuanto noté su presencia, esa sensación de agobio desapareció y sentí que ese peso se me fue de encima. Doña Julia notó mi desesperación y me pidió que la siguiera hasta su casa. Allí me entregó un té negro con olor a Romero. Me dijo que cuando a mi abuelo le pasó, ella le ayudó a expulsar ese demonio, pero parecía ser que ahora quería tomar venganza contra los descendientes. Me dijo que el demonio el que me estaba enfrentando era algo común entre las personas que mataban animales. Casi siempre adoptaba la forma del último animal que había sido sacrificado. Le pregunté si me podía ayudar para que la bestia me dejara, pero lo que me dijo no me lo esperaba. Mejor será que lo enfrentes. Me recomendó que lo viera como un toro cualquiera, sólo que éste tenía la capacidad de aparecerse cuando yo estaba solo. Si no estaba listo de enfrentarme a él procurara no quedarme sin compañía. Me entregó, por último, un par de medallitas exorcizadas más te negro y el amuleto que me había obsequiado tiempo atrás. Yo no sabía cómo lo había obtenido. Yo estaba seguro que lo había dejado en casa de mis padres. Doña Julia me acompañó de vuelta a casa. En todo momento se mantuvo cerca de mí. En cuanto vi a mi hermano, me le despegué si veía a mi madre o a mi padre. Inventaba cualquier excusa para estar con ellos. Yo sabía que esto no podía seguir así. Yo llegaría el momento en que yo tendría que estar solo, así que procuré ir Planeando mi encuentro, decidí confiarle mi experiencia a mi hermano, quien me apoyó en todo momento. Procuraba no apartarse de mí y a su vez tuvo la excelente idea de buscar información sobre este demonio y cómo enfrentarlo. Investigamos con personas que sabíamos que antes habían sido toreros o cazadores y que era muy probable que conocían historias y leyendas relacionadas con estas criaturas sobrenaturales. Descubrimos que existía un ritual que nos ayudaría a enfrentarnos a él. Con la ayuda de Doña Julia, comencé a prepararme para el enfrentamiento. Ella me brindó su apoyo y sabiduría entre mi hermano, Doña Julia y yo recolectamos lo necesario para llevar a cabo el ritual. Además, Doña Julia me enseñó sobre protección espiritual y cómo fortalecer mi mente y espíritu para enfrentar al demonio. Decidí que el encuentro se llevaría a cabo en el corral, donde lo vi la primera vez esa noche. Una hora antes, me puse mi mejor traje de torero, preparé mi capote de mi última corrida, mi espada, que ya estaba algo oxidada y mis estoques. Me encontraba solo en el corral, consciente de que quizá sería la última vez que vería a mi familia, portaba el amuleto, las medallas exorcizadas y mis herramientas. A medida que el tiempo transcurría, el ambiente se volvió pesado y lleno de energía maligna. Los animales comenzaban a ponerse nerviosos y muy inquietos. Podía sentir su mirada fija sobre mí. Yo estaba de pie justo a la mitad del corral, esperando a que se presentara aquel demonio. De repente pude escuchar cómo el viento silbaba por fuera y entraba al corrar la lámpara de aceites se mecía de un lado a otro. La puerta grande se abrió y ante mí aquella cosa se materializó. Esta vez no sentí miedo, sino una mezcla de determinación y coraje. Respiré profundo y comencé a recitar las palabras del ritual mientras esparcía las hierbas y los ingredientes a mi alrededor, sobre mis estoques y mi espada. Aquel demonio embistió. Apenas pude esquivarlo, pero logré clavarle un estoque justo en el lomo. Fue algo extraño. Lo que sentí después de eso sentí como mi conexión con el mundo espiritual se fortalecía de alguna manera. Sentía que no estaba solo era como si mi abuelo me estuviera viendo. Me sentía dentro de un trance en el que no podía rendirme. El demonio se dio la vuelta y embistió de nuevo. Esta vez, la vieja herida me dolió y no pude moverme con mucha facilidad. Pude esquivarle, pero logró empujarme a un costado del corral de una vaquilla. Yo continué recitando las palabras sagradas que Doña Julia me pidió que no me quitara de la cabeza. Entonces noté algo en el demonio parecía cansado y debilitado. Al parecer, el ritual estaba funcionando. Preparé la espada para asestar el golpe final. Él ya no se movía, sólo estaba esperando a que le diera fin. Entonces lo comprendí. Si lo hacía, era probable que después mis descendientes o hasta mi hermano, que también quería ser torero, lo llegara a atormentar. Después clavé la espada al suelo y le dije ya no más. Comenzó a desvanecerse lentamente, emitió un último bramido y desapareció por completo, dejando un rastro de humo negro disipándose en el aire. Mi corazón se llenó de alivio por haber logrado liberarme de esa maldición. Doña Julia apareció más tarde, acompañada de mi hermano. Me pidió que le contara todo. Me dijo que debía seguir buscando mi verdadero propósito en la vida y encontrar la forma de honrar a los toros que había matado en el pasado. Mi vida cambió desde aquel día. Decidí dedicarme a proteger y cuidar a los animales. A Doña Julia la dejé de ver con desprecio y ahora es como mi mentora y guía espiritual. Hoy en día, la tauromaquia está prohibida por lo menos donde yo vivo Actualmente tenemos un rancho en el cual creamos, vaquillas y toros. Es de ser honesto. En ocasiones he tenido la sensación de que esa sombra aún me sigue como si me estuviera vigilando. Pero lo que también he notado es que mi pierna me ha dejado de doler relato escrito y adaptado por lengua de brujo