El Ritual De Las Risas Historias De Terror - REDE

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La maldición de la sonrisa. Les contaré sobre mi nueva familia. Me reservaré muchas cosas sobre ellos, no porque ellos lo nieguen, sino más que nada para no afectarlos en su vida diaria y con la gente con la que se relacionan. Hace un par de años conocà a mi actual esposa. Ella era la recepcionista del despacho jurÃdico en el que trabajábamos juntos. Me enamoré en cuanto la vi se veÃa hermosa con su uniforme y su cabello castaño. Por mi parte, yo no era muy atractivo, pero tenÃa un sentido del humor que siempre la mantenÃa sonriendo. Por suerte, eso fue suficiente para cautivarla y convencerla de que yo era el indicado. Salimos juntos como pareja durante dos meses y ambos estuvimos de acuerdo en casarnos antes de las fiestas de sembrinas, pero ninguno de los dos conocÃamos a nuestras familias. Por mi parte, sólo tenÃa a mi madre y una hermana que aún era una adolescente. Las tres se llevaron bastante bien juntas y cuando me tocó conocer a la familia de mi prometida, ella me advirtió que eran muy diferentes a lo que podÃa esperar. Su familia vivÃa en las afueras de la Ciudad de México, por lo que ambos tuvimos que pedir vacaciones para ir a visitarlos, ya que el recorrido nos llevarÃa a medio dÃa para llegar. VivÃan en un poblado muy cercano, al volcán del Popocatepetl, en una casa de campo muy grande con varias habitaciones. Sus padres, hermanos y sobrinos vivÃan en el mismo lugar. Todos se dedicaban a lo mismo. La fabricación de calzado y la venta del mismo en la ciudad. Lo que más vendÃan eran los hermosos guaraches de mujer. Cuando llegamos, me presenté con cada uno de su familia. Sus padres me acogieron con los brazos abiertos, al igual que sus hermanos. Todo pintaba bien hasta que comenzaron a hablarme de sus costumbres familiares. Mi mi prometio y yo fuimos a caminar un rato solos y mientras lo hacÃamos, ella me comentó que si estaba seguro de querer formar una familia con ella, era importante que participara en sus costumbres familiares, principalmente la que harÃan esa noche. Me desconcertó un poco sus comentarios, sobre todo porque sonaban como una advertencia, pero yo estaba muy enamorado de ella, por lo que no me negué y le dije que aceptarÃa todo de ella y de su familia. Al decir esto. Cuando llegamos de nueva cuenta a casa de sus padres, llamó a su padre para comentarle mi decisión. Ãl se acercó a mà y me dio un fuerte apretón de manos. Sentà que ya era parte de la familia Con este gesto. Horas más tarde, cuando todos estábamos reunidos en la cena, mi suegro se acercó a mà y me comentó que nada más se durmieran los menores comenzarÃamos con el ritual. Un par de horas después sólo nos encontrábamos los mayores en el comedor. Todos estábamos en silencio. Realmente no sabÃa qué pasarÃa, asà que me mantuve a la expectativa. Mi suegro se levantó de su lugar y alzó su copa para brindar primero por mi prometida y por mÃ. Luego se dirigió hacia mà para explicarme lo que harÃamos. Me dijo lo siguiente. En cuanto suene la campana, comenzaremos a reÃr. No importa lo que suceda o lo que veas, lo que escuches o sientas. Tienes que hacerlo y será asà hasta que vuelva a sonar la campana. No comprendà del todo las indicaciones. No sabÃa a qué se referÃa con reÃr mi prometida me dijo que sólo no dejará de reÃr y si podÃa hacerlo con fuerza era mejor. Les pedà que me mostraran cómo hacerlo y como si hubieran escuchado un chiste bastante bueno. Todos comenzaron a reÃr y después soltaron una carcajada muy fuerte. Hasta eso era contagioso y yo comencé también a reÃr. Poco a poco, todos se fueron tranquilizando y se pusieron serios como si fuera un funeral. En eso el padre de mi novia se acercó a una vitrina donde aguarda daban losa de porcelana y tomó una tetera. Abrió la tapa y extrajo de ella una campanilla. Sus movimientos eran lentos y precisos. Todo parecÃa indicar que no querÃa hacerla sonar en vano. Todos la miraban atentos. El señor la colocó sobre la mesa arriba de un pañuelo. Miró a todos y preguntó si ya estaban listos. Todos asintieron. Tomé aire tan rápido como pude. El señor levantó la campanilla y la agitó. Fue un sonido simple y al instante todos comenzaron a reÃr. Yo comencé a hacerlo. Mi risa fue muy simple. QuerÃa contagiarme del humor de los demás. Miré a mi novia y ella tenÃa los ojos cerrados, pero la boca abierta como si se estuviera Carcajeando me empecé a reÃr, aunque no sentÃa que lo estaba haciendo correctamente, traté de recordar las cosas más graciosas que me habÃan pasado en la vida, en el trabajo, en mi infancia. Realmente no querÃa fallarle a la familia de mi proma metida y entonces algo inesperado sucedió. Las ventanas y puertas se abrieron. Al mismo tiempo, un fuerte viento entró y recorrió toda la habitación. Yo dejé de reÃr al notar que las cosas se comenzaron a sacudir, pero el padre de mi prometida se acercó a mà y me hizo señas para que continuara y no parara. Proseguà con el ritual, pero ya no tenÃa ganas de reÃr. PodÃa notar en el rostro de los demás que estaban exhaustos y que algunos les faltaba el aire. Miré el rostro de mi suegra y ya no parecÃa el mismo, incluso el de los hermanos de mi prometida. Al verla a ella, su cara era irreconocible. Me miré en el reflejo de uno de los cubiertos de acero y noté que mi boca se alargaba más de lo normal. Mientras más me reÃa ya no podÃa soportarlo era mucho y entonces las ventanas y la puerta se volvieron a cerrar por sà solas e inmediatamente sonó la campana. Todos pararon de reÃr. Algunos tomaban aire de forma gira. Mi prometida se veÃa pálida y apenas podÃa mantener los ojos abiertos de lo hiperventilada que se encontraba. Yo era el más recuperado de todos, asà que me acerqué a cada uno para ayudarlos. Cuando llegué con mi suegro, pude notar que ya se estaba recuperando y no pude evitarlo. Tuve que preguntarle por qué hacÃan esto. Ãl me vio y me señaló un cuadro en la pared donde estaba una mujer ya mayor pintada. Entonces me lo dijo por mi madre. El cuadro de la señora mostraba a una mujer sentada sobre su regazo, con ambos brazos puestos sobre ella. Curiosamente, no se veÃan sus manos. Su rostro era inquietante, pues estaba sonriendo. Y puedo decirlo pues juro por Dios que cuando la vi por primera vez se encontraba seria. El señor me contó que su madre habÃa sido una bruja que usaba la magia negra. Famosa por cumplir siempre lo que se proponÃa, pero aún más famosa por castigar a aquellos que no le pagaban con el tiempo. La mujer se hizo de poderosos enemigos y entre ellos habÃa una curandera con la cual siempre tenÃa algún conflicto. Desde que se conocieron. Siempre hubo un conflicto de magias. Una usaba magia negra y la otra magia blanca, pero la curandera tenÃa más poder que su madre. No habÃa sido rival para la curandera, quien terminó por castigarla, La condenó a ella y a toda su familia a una maldición en una fecha determinada del año. DebÃan reÃr sin importar la hora o el lugar. DebÃan hacerlo, y el espÃritu de su madre los vigilarÃa a todos. Por si fuera poco, le amputó las dos manos a su madre para que no pudiera cubrir su rostro. Cuando riera no pude evitar reÃrme un poco, lo cual noté que molestó a muchos y es que la historia que me acababa de contar el señor sonaba muy fantasiosa. Por último, mi suegro se acercó a mà y me habló al oÃdo diciéndome sé que no te reÃste un par de ocasiones. Ahora verás las consecuencias. Se alejó de mà y salió por la puerta. Esa noche, mi prometida y yo dormimos en habitaciones separadas, una decisión tomada con respeto para sus padres por el hecho de que aún no habÃamos formalizado nuestro compromiso mediante el matrimonio. Cada uno de nosotros se retiró a su propia habitación. Mientras me acomodaba en la cama. Mi mente no dejaba de dar vueltas a las extrañas experiencias de esa noche. La historia de la maldición familiar y el ritual de la risa aún resonaban en mis pensamientos, generando una mezcla de inquietud y curiosidad. Aunque intentaba mantener la mente abierta, no podÃa evitar cuestionarme la veracidad de esas prácticas y el impacto que podrÃan tener en mi vida futura junto a mi prometida. Siendo honesto, me encontraba algo nervioso por las palabras de mi suegro, lo cual me llevó a pasar bastante tiempo sin poder conciliar el sueño. La atmósfera de la habitación era inquietante y de de s y de crÃa. Decidà explorar un poco para aliviar mis nervios En el librero. Descubrà una colección de libros que trataban sobre el uso de la magia negra, una revelación que intensificó mi intriga y ansiedad. Mientras inspeccionaba la habitación, encontré un álbum de fotos antiguas, aparentemente de la familia de mi prometida. Al abrirlo, la primera imagen mostraba a la familia reunida, incluyendo a la abuela mi prometida, aún una niña pequeña estaba sentada sobre el regazo de su abuela, quien no podÃa sostenerla debido a la falta de manos. Lo impactante fue que todos, incluyendo los niños, tenÃan un rostro inquietante similar al que vi en el comedor cuando estaban riendo. Sus facciones estaban exageradas, con rostros alargados y bocas extendidas de oreja a oreja. En todas las fotos tomadas en diferentes años y dÃas, la expresión facial de la familia permanecÃa igual una sonrisa perturbadora. El descubrimiento me dejó inquieto y decidà cerrar el álbum. La sensación de incomodidad aumentó, sintiendo la urgencia de huir de ese lugar. Entonces las ventanas se abrieron por sà solas. Una fuerte ventisca entró y todo a mà alrededor se sacudió en un instante una anciana con una sonrisa de oreja a oreja apareció frente a mÃ, inspeccionándome con su rostro giratorio paralizado. No podÃa moverme ni hablar. La anciana sin manos visibles cambió su expresión de sonriente a una seria. No me dejaba de mirar a los ojos y entonces comenzó a sonreÃr Empecé a experimentar un dolor insoportable mientras mi boca se forzaba a abrirse cada vez más, mi mandÃbula crujÃa y finalmente se dislocó. La tortura continuó mientras la anciana se divertÃa conmigo conforme, ella abrÃa más su boca. La mÃa también lo hacÃa. Pero luego, después de unos segundos interminables, me soltó y mi boca aún dolorida, quedó abierta. La ventisca desapareció tan rápido como llegó, cerrando las ventanas exhausto y con la mandÃbula dislocada, me desplomé en el suelo y con las fuerzas agotadas, perdà la conciencia en cuestión de segundos a la mañana siguiente, un intenso dolor en mi rostro me despertó. SentÃa un ligero hinchazón en las mejillas y un fuerte dolor en la mandÃbula inferior. Era evidente que necesitaba atención médica. Al abrir la puerta, me encontré con mi prometida, quien notó mi condición y buscó la ayuda de su padre, el señor al Verme soltó una risa burlona y me preguntó si el espÃritu de su madre me habÃa visitado. Incapaz de hablar, me sentÃa tan exhausto que sólo querÃa permanecer sentado o acostado. Me llevaron al médico para tratar mi mandÃbula y con un relajante muscular y algunos movimientos lograron aliviarme el dolor, aunque aún quedaba cierta incomodidad en mi rol. Inicialmente estuve convencido de poner fin a mi relación con mi prometida. Sin embargo, con el tiempo reflexioné y me di cuenta de que ella no era la responsable del problema. Su abuela era una bruja malvada que habÃa sido detenida a tiempo y castigada por sus acciones. Desafortunadamente, su familia llevaba la carga de su legado. Hoy en dÃa llevamos dos años de casados y este es mi tercer año participando en el ritual. A cada miembro nuevo que ha llegado a la familia, me he dedicado a explicarles el proceso como a mà me hubiera gustado que lo hicieran. Siendo honesto, cada vez resulta más sencillo, pero el simple recuerdo de la llegada de la abuela en la noche que me obligó a sonreÃr me dejó una lección que jamás olvidaré. A pesar de las extrañas tradiciones y experiencias, he aprendido a aceptar y amar a mi esposa por lo que es reconociendo que su familia está marcada por una historia oscura que ellos no eligieron. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








