El Poder De La Sabiduría Eggun Historias De Terror - REDE

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SabidurÃa egún vengo de una familia en la que la mayor parte de mis ancestros se han dedicado a la medicina tradicional, a la adivinación y a la brujerÃa, entendiéndose esta última no como la manera de dañar a otras personas, sino la forma de cómo ayudarlas en situaciones conflictivas. Mi padre fue el principal brujo de la región en la que vivÃamos. Era muy reconocido en el pueblo. La mayor parte de los pobladores se iban a atender con él. Cuando se encontraban enfermos, mi papá les hacÃa los rituales que conocÃa, les daba medicina natural a través de hierbas medicinales y cuando no podÃa ayudar a los enfermos, llamaba a sus ancestros muertos porque ellos eran los que lo orientaban y ayudaban a sanar a una persona. Mi madre era partera y también tenÃa conocimiento de medicina natural. Ayudaba durante la etapa del embarrar. Les daba tés y remedios para que su bebé naciera en buen estado. Mi mamá era la única en el pueblo que podÃa acomodar al bebé cuando venÃa atravesado. Me tocaba ver cuando a la mujer embarazada en el momento en que ya estaba a punto de llegar a término, le sobaba su vientre. De repente hacÃa unos movimientos extraños. La mujer que atendÃa en ocasiones gritaba porque decÃa que le dolÃa valÃa la pena porque el bebé ya estaba de cabeza listo para empezar en cualquier momento la labor de parto, en la que también mi mamá la asistÃa en el pueblo, comenzaron a llegar doctores de la ciudad que pusieron una clÃnica para tratar de evitar ese tipo de prácticas las que realizaban mis padres. Esas personas venÃan a instruir a la población y pedirles que se atendieran en el hospital. Pero mi mamá decÃa que cuando ella asistÃa a una mujer por embarazo y de repente cambiaba de opinión y decidÃa ir al hospital, a veces no les daban la atención que requerÃan. Por eso se morÃan. En cambio, a ella no se le habÃa muerto ninguna mujer, aunque mi mamá decÃa que no se le habÃa muerto. Nadie me acordaba de dos casos que le sucedieron. Nunca. Fue negligencia por parte de mi mamá, simplemente que el parto fue complicado y ella no tenÃa los elementos suficientes para ayudar a la mujer que estaba a punto de parir, ya que no estaba preparada para realizar una cesárea. Aquella vez que le pasó la muerte de una mujer embarazada tenÃa diez años. Ayudaba a mi mamá a tenerle agua, sábanas, limpias y todo lo que ella necesitara. Recuerdo que la mujer llegó quejándose de dolores de parto. Mi mamá le tocó el vientre. Le preguntó por qué apenas llegaba con ella. La mujer le dijo que se estaba atendiendo en el Hospital nuevo del Pueblo, pero que al final decidió irse con ella porque la habÃan programado para hacerle una cesárea y ella no querÃa que le abrieran la panza. Por eso cambió de opinión. Sin embargo, a mi mamá se le dificultó mucho. Me consta que hizo todo lo posible por salvar al Bebé y a la madre. En un acto de desesperación. Mi mamá intentó acomodar al Bebé, pero su cuello estaba enredado con el cordón umbilical. Los dos fallecieron. Mi mamá se preocupó mucho por lo que le sucedió. Era la primera vez que una mujer embarazada morÃa en sus brazos. Cuando llegó mi padre, él comenzó a orar a los segon Era un tipo de práctica de la santerÃa afrocubana según la regla shah e Ifa. Estas creencias se desprendÃan de la cultura yoruba en la que se adoraban a los muertos. Mi padre realizaba alabanzas y veneración a los espÃritus de los familiares que ya partieron al otro mundo. En especial, mi padre le oraba a su abuelo MatÃas, que fue un egún muy reconocido en la comunidad. Mientras mi mamá trataba de tranquilizarse. Mi padre se comunicó con el abuelo MatÃas después que salió del trance. Mi padre le dijo a mi madre que no habÃa nada que hacer A esa mujer y a su criatura les habÃa llegado el momento. No fue un error el que ella cometió simplemente la lÃnea de su vida era corta y ante lo que Dios decidÃa no habÃa nada que hacer. Mi mamá siguió con sus prácticas de partera y medicina tradicional. Cuando una mujer daba a luz, después que le cortaba el cordón umbilical, mi mamá se quedaba con la placenta y el cordón umbilical lo ponÃa en un frasco con alcohol. Ella decÃa que le ayudaba a hacer sus rituales. En aquella época estaba por terminar la secundaria, Mi mamá siguió atendiendo a muchas mujeres embarazadas. Ella era una de las parteras con más experiencia. Por eso la mayor parte de las mujeres la buscaba. Sin embargo, en otra ocasión tuvo un parto que se le complicó. Esa fue la cierra segunda vez en que una mujer morÃa a causa de las complicaciones del embarazo. En aquella segunda vez acudió nuevamente a mi padre. El trató de comunicarse con el espÃritu de la mujer que recién habÃa muerto. SabÃa las facultades que tenÃa mi papá para realizar ese tipo de prácticas y que era un egún con experiencia, aunque nunca habÃa presenciado. Cuando él se comunicaba con un muerto, estaba recogiendo las sábanas manchadas de sangre, asà como los residuos de la placenta y el cordón umbilical. Cuando vi una especie de vapor blanco que se movÃa por toda la habitación, me quedé atenta, tratando de darme cuenta de lo que realmente estaba sucediendo, como no tenÃa la preparación adecuada. Sólo me fue posible ver por un instante la presencia del espÃritu. A mi papá sà le fue posible establecer un vÃnculo con esa alma. Mi mamá me dijo que era la última vez que tenÃa una pérdida humana. Se iba a acercar al hospital de la Comunidad para hacer un vÃnculo con ellos. El personal de los pisos tal buscaba erradicar la muerte por embarazo, de tal manera que tenÃa comunicación con las parteras para que siguieran con sus prácticas tradicionales. Pero en caso de que tuvieran complicaciones con un parto, tuvieran la confianza de acudir al hospital. La primera vez que mi mamá se acercó a los médicos le dieron un buen trato. Le explicaron en qué consistÃa el programa. Ella estuvo de acuerdo en trabajar en conjunto con el personal médico. A partir de aquella vez, me atrajo la idea de ser doctora. Con el conocimiento que me habÃan enseñado mis padres y lo que aprendiera en la universidad, pensé que serÃa una buena oportunidad de ayudar a las personas de mi comunidad. En la localidad habÃa escuela bilingüe, las clases eran en nuestra lengua originaria y también nos enseñaban el español. Los maestros pretendÃan que continuáramos con nuestras costumbres y tradiciones, que la cultura no se perdiera y también que tuviéramos más oportunidades de salir adelante aprendiendo el español para romper con la costumbre de que los jóvenes se fueran a buscar ingresos a Estados Unidos y que las mujeres se quedaran con los hijos solas. TenÃa una maestra que nos impulsaba a que siguiéramos estudiando. Ella nos decÃa que no era fácil salir de la Comunidad, pero si querÃamos hacer cosas distintas a nuestros padres, era necesario salirnos del confort familiar y buscar otro tipo de oportunidades. Cuando terminé la secundaria, hice trámites a la preparatoria. No la estudiaba en mi comunidad, sino en el pueblo más cercano. Hice trámites para estudiar medicina. Para ello era necesario que me fuera a vivir a la ciudad. Me daba temor a hacerlo, pero eran más mis ganas de ser médico, aunque mis padres trabajaban dentro de la comunidad para ello. Significó un gasto fuerte El hecho de que decidiera irme a estudiar. Sin embargo, me apoyaron. Tuve suerte de llegar a un lujo en el que hospedaban estudiantes. Ahà conocà a Guadalupe. Ella también era de un pueblo, aunque no tenÃa las mismas costumbres como del que era originaria. Las habitaciones eran compartidas Desde el primer momento que nos conocimos, empezamos una gran amistad las dos tenÃamos cosas en común. Intentábamos estudiar para ayudar a nuestros familiares y personas de la comunidad. En el caso de Lupita, su hermana estaba muy enferma. Me dijo que tenÃa cáncer. Ella era su gemela. Su intención era ayudarla para sanar esa enfermedad. Lupita me dijo que era su única hermana. Su mamá quedó viuda, siendo muy joven y jamás se volvió a casar. Ella prefirió trabajar y quedarse al cuidado de las dos. Le comenté a mi amiga que si querÃa podÃa pedir ayuda a mi padre, él era un reconocido curandero. Quizás podrÃa darle medicina natural a su hermana para que tuviera mejor calidad de vida Lupita de inmediato me dijo que sÃ. El siguiente fin de semana fui con su hermana a casa de mis padres. El estado de la hermana de Lupita no era muy bueno. La palidez denotaba su enfermedad. Mi papá nos estaba esperando. ConocÃa muy bien a mi padre. En cuanto le vi su cara, me di cuenta que la enfermedad estaba muy avanzada. Mi papá les dijo que iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance. Le hizo un ritual de pie. Con la ayuda de mi madre, le dieron distintos tipos de hierbas, asà como las indicaciones para su preparación. Luego que terminaron la consulta, mi papá me habló en privado. Me dijo que la hermana de mi amiga no tenÃa expectativa de vida. El espÃritu de su abuelo le dijo que el tiempo de vida de la muchacha era muy corto. Me lo decÃa para que le explicara a mi amiga y se fuera haciendo el ánimo. Después de una semana de haber ido con mis padres, Lupita estaba muy contenta. Me dijo que su hermana se encontraba mejor de salud. Lo que le hizo mi padre estaba dando frutos. Su hermana comenzó a comer y a caminar. También le decÃa que se sentÃa muy bien. Luego de que Lupita me puso al tanto, traté de hacerle entender que no era definitivo. Quizás ayudaron las plantas, pero que la enfermedad de su hermana estaba muy avanzada. Mi amiga ni siquiera me escuchó. Estaba tan emocionada que hacÃa planes para ir de viaje con ella al mar, porque su hermana siempre quiso ir, pero su enfermedad no se lo permitÃa. Ya no le dije nada sobre su hermana entendà que lo único que le interesaba a Lupita era verla sana. Un dÃa que fui de visita con mi padre, me preguntó cómo era el estado de la hermana de mi amiga. Le dije que se habÃa sentido muy bien con el tratamiento que él le dio. Mi papá me explicó que en muchas ocasiones algunas enfermedades reaccionaban de manera positiva ante algún tratamiento. En este caso, si a la muchacha nunca le habÃan dado un tratamiento natural, lo más probable fue que su sistema reaccionó de manera positiva, pero en cuanto a la enfermedad superara el procedimiento, iba a atacar su sistema con más fuerza. Mi padre respiró hondo para decirme que también sus ancestros le podÃan decir cuando una persona estaba a punto de morir y a la hermana de Lupita le quedaba poco tiempo. Tuve la intención de hacerlo, aunque a Lupita la veÃa contenta que no lo hice. Todos los dÃas hablaba con su hermana para saber cómo estaba. Cada fin de semana iba a visitarla. Me mostraba fotografÃas que se tomaba con ella. Una foto que me mostró me llamó la atención porque vi algo que no entendÃ. Detrás de la imagen de su hermana habÃa una sombra oscura. Le pregunté a mi amiga por qué salió de esa manera la fotografÃa, pero ella me aseguraba que no veÃa nada. No quise insistir, aunque no me gustó lo que vi en esa foto. En cuanto vi a mi papá le conté lo que habÃa sucedido. Ãl me dijo que era normal que mi amiga no pudiera ver nada. N N N. N N s ta R de que habÃa heredado los poderes de un egon sólo tenÃa que aprender a usarlos. Lo que vi en la fotografÃa era la manifestación de que tenÃa la capacidad de ver a los espÃritus, aunque no era bueno, que fuera un ser oscuro el que estaba detrás de la hermana de Lupita mientras estábamos en la escuela. No era posible tener muchas salidas ni conversar con Lupita. Las clases y la tarea eran pesadas, por lo que no le comenté nada de lo que me dijo mi padre, aunque pude darme cuenta de que su hermana habÃa agravado porque dejó de ir a la escuela durante una semana, le estuve marcando por teléfono sin obtener respuesta. A la siguiente semana, ella llegó al departamento. Se le notaba pálida, más delgada y abrumada. En cuanto me vio, me dijo que su hermana habÃa muerto la abracé tratando de consolarla. Le comenté que me quise comunicar con ella sin conseguirlo. Lupita ni siquiera me escuchó. Me dijo que todo fue repentino. Se agravó una noche y en la madrugada murió. Estaba desolada. Me comentó que antes de morir la llevó con una mujer que le prometió que su hermana no iba a morir, siempre iba a estar con ella. Lo que me dijo mi amiga no me gustó. Le pregunté con qué tipo de persona habÃa ido ella. Me dijo que fue a un mercado en el que se especializaban en todo tipo de rituales. Fue con una de las mujeres más reconocidas del lugar. Estaba preocupada no sólo por el estado en el que estaba mi amiga, sino en el tipo de trabajo que le hicieron a su hermana. El siguiente fin de semana irÃa con mis padres. Mi papá me podÃa orientar y decir lo que debÃa hacer con mi amiga y su gemela. La primera noche que Lupita llegó al departamento después de la muerte de su hermana. De inmediato sentà una energÃa que me generaba temor. No podÃa explicar con exactitud lo que era, pero sentÃa como si alguien más estuviera con mi amiga. Le o no le quiso decir nada. Mientras dormÃamos. Desperté inesperadamente porque me di cuenta que alguien estaba respirando a mi lado. Era como si una persona estuviera durmiendo muy cerca. Busqué de inmediato con mis manos alrededor de mi cama. Sentà una parte del colchón húmeda. Prendà de inmediato la lámpara del buró. HabÃa una mancha oscura en mi sábana. No pude entender lo que sucedÃa, pero en ese momento vi una sombra en la pared que se movió de inmediato y salió de nuestra habitación. Lupita dormÃa profundamente. Al parecer no se habÃa dado cuenta de nada. Ya no me pude dormir porque para llegar temprano a la Universidad, era necesario que me levantara a las cinco de la mañana. Cuando llegó la hora de que Lupita se despertara, no lo hacÃa. La empecé a mover para que saliera del sueño profundo, pero no lo conseguÃ. Hubo un momento en que me asusté. Pensé que le habÃa pasado algo malo A mi amiga esta esta estaba pono de pedir ayuda. Cuando vi sobre su buró un medicamento para dormir. Me di cuenta que era la única manera que tenÃa para poder descansar. Sólo esperaba que hubiera tomado la dosis recomendada. Lupita despertó. No le quise comentar nada sobre lo que ingerÃa ni de lo que habÃa vivido durante la madrugada. Ella de inmediato me dijo que habÃa hablado con su hermana. Le dijo que siempre estarÃa con ella. Estaba muy bien y se encontraba en perfecto estado. El siguiente fin de semana no la quise dejar sola. SabÃa que mi amiga no la estaba pasando nada bien, aunque dijera que su hermana la estaba acompañando. Sin embargo, mi madre llamó por teléfono para decirme que mi padre habÃa enfermado y querÃa verme. Le pedà a Lupita que me acompañara. Ella aceptó de inmediato me daba la impresión de que mi amiga estaba tomando más medicación para evitar sentir el dolor de la pérdida de su gemela. Aunque ella a ir alegremente me decÃa que su hermana estaba con ella. Cuando llegué a la casa de mis padres, no podÃa creer en el estado en que se encontraba. Mi papá se habÃa caÃdo de un caballo y tenÃa severas contusiones en todo el cuerpo. Le dije que era necesario llevarlo al Hospital del Pueblo para que él le realizaran los estudios necesarios. Porque vi que traÃa un golpe severo en la cabeza. Ãl no aceptó. Me dijo que ya habÃa tomado los remedios, que sabÃa lo iban a aliviar, aunque no me gustó lo que vi. Noté que una sombra blanca y vaporosa estaba detrás de él. Le pregunté si estaba seguro que se encontraba bien. Ãl me dijo que no habÃa llegado su hora. Por eso habÃa pedido verme, porque querÃa dejarme todo su legado. Ãl sabÃa que tenÃa la herencia de lo según, porque tenÃa la capacidad de ver los espÃritus de los muertos, incluso antes de que la persona muriera. Mi padre me dijo que siempre estarÃa cuidándome y si necesitaba de su ayuda, sólo tenÃa que llamarlo porque su espÃritu estarÃa a mi lado. También me comentó que tuviera mucho cuidado con Lupita porque un ser siniestro estaba con ella y no la iba a dejar en paz. Me dijo que ritual debÃa de hacer y si no funcionaba, sólo tenÃa que llamarlo. No creà que mi padre fuera a morir tan pronto. En la madrugada, mi madre entró a mi habitación con voz baja. Me dijo que mi padre acababa de fallecer. No me sorprendió tanto, porque él ya me lo habÃa dicho. Sin embargo, me dolió su partida. Me quedé al funeral de mi padre, pero cuando su cuerpo estaba entrando a la tumba, escuché el susurro de una voz que me llamaba por mi nombre. Pensé que era el alma de mi papá, aunque pronto me di cuenta que no era él, porque vi detrás de una lápida la sombra de un ser oscuro. No sé si también Lupita tenÃa la facultad de verlo, pero se acercó conmigo y me dijo que su hermana le habÃa hablado. Ella le pedÃa que siguiera tomando medicina para dormir y para tranquilizarse. Le dije que, aunque tenÃamos la posibilidad de adquirirla con mayor facilidad, no era bueno que lo hiciera de manera indiscriminada, porque lo único que hacÃa era ocultar sus emociones y que esa no era la manera para salir adelante del duelo por la pérdida de su hermana. Sus palabras no me gustaron. Me dijo que no tenÃa ningún duelo. Su hermana estaba con ella y me apuntó al lugar en el que estaba el espÃritu de un ser siniestro. Le dije que no se equivocara. Lo que veÃa no era a su hermana, sino a un ser oscuro que la perseguÃa lupita. Ni siquiera me escuchó. Siguió diciendo que el espÃritu de su hermana siempre iba a estar a su lado, que tenÃan una conexión por ser gemelas y que a diario sentÃa su presencia. Incluso podÃa platicar con ella. Creà que todo era producto del dolor que vivÃa mi amiga y que con el paso de los dÃas iba a aceptar la pérdida de su hermana, que no ocurrió de esa forma. Cada noche percibÃa a un ser que estaba presente en nuestra habitación y no era precisamente un ente blanco. HabÃa decidido no realizar las prácticas de los egun que mi padre me heredó, porque no querÃa perturbar a los muertos. Además, todas las personas tenÃan un lÃmite para vivir y no habÃa poder humano que lograra extender la lÃnea de vida. Sin embargo, aquella noche fue determinante para que decidiera estar en contacto con mi padre. Nos fuimos a dormir cansadas porque tuvimos un dÃa abrumador. En el hospital en el que estábamos haciendo nuestras prácticas se habÃa muerto una persona. Los médicos hicieron todo lo que estaba a su alcance. Uno de ellos le dio resucitación cardio pulmonar. Utilizó un desfibrilador en varias ocasiones, hasta que una de las doctoras le dijo al pasante que la mujer habÃa muerto. Su hora de muerte ocurrió a las cinco cuarenta y tres de la tarde. Pude ver cuando el alma de esa mujer se desprendió de su cuerpo. Era una Mancha blanca vaporosa que flotaba sobre su cuerpo. Era como si su espÃritu se diera cuenta que habÃa muerto. Después de unos segundos desapareció. Aunque apareció aquella sombra oscura que no se iba de nuestro lado. Lupita seguÃa diciendo que era la presencia de su hermana, pero sabÃa que no era precisamente ella. En la noche todo se salió de control. Me desperté porque Lupita empezó a hacer unos ruidos extraños. Claramente vi que un ser oscuro estaba sobre su cuerpo. Estaba intentando aspirar su alma. Lupita trataba de moverse sin conseguirlo. Creà que iba a perder a mi amiga. Puse en práctica lo que mi padre me enseñó. Le pedà de su ayuda. No lo pude ver. Sólo sentà su presencia y un aroma a la banda. Algo sucedió porque el espÃritu siniestro de inmediato se marchó. Lupita recobró la conciencia asustada. Me dijo que no no era su hermana el ser que estaba cerca de ella. TenÃa miedo, estaba helada y temblaba mucho. Lo que sucedió aquella noche sirvió para que Lupita tomara conciencia de que no era el alma de su hermana la que estaba cerca de ella. Le dije que tendrÃamos que ir a la tumba de mi padre para lograr que ese ser desapareciera por completo, porque, al parecer, no iba a ser tan fácil deshacer el trabajo de magia negra que realizaron con ella. El fin de semana fuimos a mi comunidad, a mi madre le dio mucho gusto verme le expliqué lo que sucedÃa con Lupita. Me dijo que la hora indicada para ir a la tumba de mi padre era a las ocho de la noche. En nuestro pueblo no cerraban. El cementerio permanecÃa abierto dÃa y noche. El Comisario, que era un representante de nuestra comunidad, logró que las autoridades nos permitieran continuar con nuestra cultura, la cual mantenÃa un vÃnculo muy cercano con los difuntos. Mi madre me acompañó al cementerio. Ella oraba mientras trataba de ponerme en contacto con mi padre. Escuché su voz, que me dio instrucciones sobre lo que debÃa hacer. Mientras me encontraba en trance, pude ver, al ser siniestro que perseguÃa a mi amiga, era un ente oscuro que sonreÃa maliciosamente. MantenÃa una sonrisa perturbadora, aunque su sonrisa desapareció, al igual que él. Repentinamente hasta en aquel momento pude percibir el valor de ser un ego, porque podrÃa estar muy cerca del espÃritu de mi papá y de mis ancestros para reforzar la efectividad del ritual. Mi madre lo continuó haciendo un amarre con un puñado de varias hierbas atadas con placenta y cordón umbilical. No tenÃa la menor idea de cómo funcionaba ese amarrado. Lo cierto fue que el ser oscuro desapareció de la vida de mi amiga Lupita. Ella empezó a vivir el duelo por la pérdida de su hermana. Traté de conservar las dos culturas y, cuando era necesario, utilizaba las dos, la cientÃfica a través de la medicina y la heredada por mi cultura. Egún relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








