Sept. 17, 2023

El Perro Que Me Habló Historias De Terror - REDE

El Perro Que Me Habló Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

El perro. Mi papá es entrenador de perros y juntos empezamos un negocio de criar perros de raza. En nuestra casa de campo tenemos muchos perros de diferentes tipos. Tenemos una rutina fija para cuidarlos. A las seis de la mañana les damos su comida, luego vamos al área donde juegan para hacer ejercicio. Durante el día les damos su segunda comida, la más grande. Todo sigue un orden normal, pero hay dos perros que siempre han sido un desafío para nosotros. Son de raza labrador y se comportan de manera diferente a otros perros. Sus acciones son un poco extrañas. A veces parecen actuar como si fueran personas en lugar de perros. Como expertos en perros, nunca antes habíamos visto situaciones tan especiales como las que les voy a contar. Una tarde soleada, mi padre llegó al rancho con una sorpresa. Dos perros que había encontrado en la carretera al parecer habían sido abandonados, y mi padre los rescató y los trajo a casa. Me contó que los encontró caminando juntos. A mitad del camino. Me contó que los encontró caminando juntos. Todo parecía estar en orden. Dos nuevos canes para el rancho. Pero esa noche, cuando me tocó cerrar los corrales como de costumbre, algo inusual sucedió. Mientras me acercaba al corral, empecé a escuchar susurros extraños. Era como si dos personas estuvieran conversando, pero no con palabras como las que uno usa usualmente, sino con sonidos simples y con fallas en su articulación. Pero no sólo eso, sino que entre las palabras salían ladridos y gruñidos. Al principio pensé que tal vez eran algunos de los trabajadores del rancho que se habían quedado hasta tarde, pero cuando me asomé con sigilo para ver quiénes eran, qué de atónito, los dos labradores estaban sentados uno frente al otro. Como mono si estuvieran teniendo una especie de plática secreta. Mi corazón latía con fuerza mientras los observaba sin perder tiempo, o corría hacia la casa para buscar a mi padre. Le conté lo que estaba pasando, pero él inicialmente pensó que estaba imaginando cosas aún así, decidió acompañarme hasta el corral sosteniendo su escopeta. Por si acaso cuando llegamos, los dos perros ya no estaban conversando. Simplemente ambos se encontraban sentados uno frente al otro. Nos miraron y empezaron a ladrar como cualquier otro perro. Mi padre concluyó que debía haber sido mi imaginación, pero yo aún tenía mis dudas. Aquella noche me costó conciliar el sueño preguntándome si realmente había presenciado una conversación secreta entre dos perros o si mi mente me estaba jugando una broma. En varias ocasiones los encontré parados en dos patas caminando como personas o por lo menos nos lo intentaban. Al principio que notaban mi presencia, volvían a cuatro patas, pero al parecer se acostumbraron a que los descubriera y se mantenían de pie sobre sus patas traseras. Obviamente, todo esto se lo conté a mi padre, quien insistía en que estaba usando mucho mi imaginación. Nuestros perros, en su mayoría seguían nuestras rutinas y órdenes con entusiasmo, pero estos dos labradores continuaban destacándose por su comportamiento. Una noche encontré a uno de ellos tratando de imitar a una persona sentada accidentalmente había dejado un banquito de madera, pero ese perro lo había aprovechado para sentarse en él como una persona lo haría Era como si estuviera tratando de adoptar los roles más allá de su naturaleza. Un día, mientras realizábamos una sesión de entrenamiento en grupo, algo extraño sucedió. Les estábamos enseñando a responder a comantos básicos cua cuando no o ta ta ns que estos dos labradores estaban haciendo algo inusual. En lugar de realizar las típicas acciones de sentarse o dar la pata. Comenzaron a realizar movimientos que casi parecían una danza. Se movían uno alrededor del otro. Saltaban en círculos y se detenían al mismo tiempo. Era una coreografía extraña y completamente fuera de lo común. Por fortuna, mi padre estaba allí y pudo darse cuenta de ese comportamiento, pero se mantenía escéptico. Todo lo justificaba, mencionando que se trataba de perros ya entrenados con la anterioridad. Como mi padre siempre ha sido el experto, le di la razón y ya no le cuestione más, pero he de aceptar que la curiosidad aún me mataba. Quería descubrir más sobre ellos. Días después llegó el momento de realizar mi rutina de verificar el cierre de los corrales. En esa ocasión, mi mente estaba ocupada con mis propios asuntos. Cuando nuevamente escuché las voces de dos personas, la diferencia era notable, ya que esta vez, a pesar de los intercalados ladridos y gruñidos. Los perros parecían hablar de manera más clara que la vez anterior, pero lo que más me dejó inquieto fue el contenido de su plática. Uno de ellos acusaba al otro de saber cómo atacar al dueño, mientras que el otro trataba de tranquilizarlo. Sin dudarlo. Me lancé en busca de mi padre, repitiendo el patrón de la vez anterior. Una vez más, él me acompañó con su escopeta en mano. Al abrir el corral, nos percatamos de una escena de horror. Uno de los perros yacía en el suelo sin vida, mientras que el otro parecía estar lamiéndose los labios. El impacto de lo que estaba sucediendo era abrumador. No sabía que perro había dicho esa cosa. El punto es que uno de ellos quedaba con vida. La muerte del perro fue atribuida a la presencia de un lobo que había sido avistado últimamente en los ranchos cercanos mi padre, todo como la decisión de llevar al otro perro a la casa como una medida para protegerlo de posibles ataques. A pesar de sus intenciones, yo no compartía su punto de vista. Durante las noches, mientras estaba en la comodidad de mi cama, una extraña sensación invadía mi habitación. Era como si algo más estuviera allí conmigo. Cuando finalmente abrí los ojos, me encontré con algo que no puedo olvidar aún. Dos ojos brillantes, intensos y fijos en mí eran los ojos de aquel labrador. Su mirada era penetrante. La tranquilidad que solía sentir en mi propio espacio ya se había vuelto turbia e incómoda. Y lo peor de todo es que no sólo fue esa noche la presencia constante de ese perro me comenzó a afectar cada vez que cerraba los ojos. Parecía que sus ojos me seguían como si quisiera comunicarme algo no podía evitar sentirme observado, incluso cuando sabía que estaba solo mi incomodito. Llegó a un punto crítico y supe que tenía que tomar el control Sobre esto. Le confié mis sentimientos a mi madre esperando que pudiera convencer a mi padre de que era lo mejor para todos nosotros, incluido el perro. No quería tenerlo cerca de mí, pero también sabía que simplemente deshacerse de él no sería fácil, considerando lo especial que era para mi padre. Mi madre se comprometió a hablar con mi padre al respecto. Después de algunas conversaciones. Finalmente lograron llegar a un acuerdo. Comenzar a mi padre de que el perro debería irse de nuestra casa. No fue taría fácil, pero mi madre pudo explicarle cómo me sentía y cómo esta situación estaba afectando mi bienestar emocional. Mi padre finalmente accedió y aceptó que lo mejor era encontrar una nueva ubicación para el perro. Al día siguiente, mi padre fue hacia otro rancho llevando al labrador consigo. No pude evitar sentirme alivio. Al verlo partía. Sabía que había sido una decisión difícil para mi padre, pero en ese momento era lo que necesitábamos para recuperar la paz en nuestra casa y en mi vida cotidiana. Ya habían transcurrido un par de días desde que regalamos al perro. Mis padres habían tomado un viaje rápido a la capital con el objetivo de comprar víveres mientras que yo me encontraba en casa solo cuando de repente escuché algo arañando la puerta principal, pensé inmediatamente que uno de los perros se hubiera escapado de su corral. Rápidamente me levanté del sillón y me encaminé hacia la puerta y mientras me aproximaba, las palabras ábreme ya resonaron en mis oídos. Me quedé paralizado. La voz me resultaba familiar, pero no lograba identificarla. Con precaución entré abrí la puerta y encontré al labrador sentado allí esperando entrar. Ese maldito perro había regreso y con él revivió mi pesadilla. No permití que entrara. Cerré la puerta. El perro persistía arañándola y al mismo tiempo me suplicaba que le abriera. Decidí mantenerme a distancia, optando por llamar a mis padres en busca de ayuda por suerte, mi madre fue quien respondió, asegurándome que estaban en camino de vuelta a casa. Cuando llegaron, escuché a mi padre que estaba celebrando de que el perro haya regresado. Solo entonces le permitió entrar a la casa. Durante el día, el perro se comportó de la manera habitual como lo hace un animal. Decidí vigilarlo por si llegaba a actuar como un humano y darle aviso a mi padre. Cuando de pronto encontró el foso que habíamos cavado para enterrar al otro labrador, comenzó a excavar frenéticamente hasta que llegó al cuerpo del perro. Lo sacó arrastrándolos del hoyo y lo dejó a mitad del solar. Yo me acerqué para ver cómo se encontraba y ya estaba en puro suelo. El perro se había dado cuenta de lo que hice. Sólo ladró un poco y se retiró Desde allí. El perro me rodeaba por toda la casa. Parecía no haber un rincón en el que no me lo encontrara. Mi sensación de estar bajo constante vigilancia crecía a cada segundo. La situación se había vuelto excesiva y decidí que era hora de ponerle un alto. Fue esa misma noche cuando opté por cenar más tarde de lo habitual, con la intención de estar a solas con el perro. Tenía la mirada fija en el televisor. Mientras el perro se encontraba justo a mi lado, él también estaba muy atento al programa. Estaba lleno de nervios por lo que estaba a punto de acea. Estaba lleno de nerviosismo por lo que estaba a punto de hacer. En ese momento, el perro inclinó su cabeza y me miró con atención como si supiera que estaba a punto de dirigirle una pregunta. Aunque la respuesta parecía obvia, no pude evitar preguntarle si tenía la capacidad de hablar. El perro me observó en silencio durante unos segundos sin pronunciarme alguna respuesta. Finalmente, me levanté de mi asiento y me dirigí a la cocina. Entonces, mientras estaba de espaldas, escuché su respuesta resonando en el aire. Sí, la voz era inconfundiblemente la del perro, pero su habilidad para hablar me sumió en una sensación de inquietud. Regresé rápidamente hacia el lugar donde estaba el perro, sólo para encontrar que ella no estaba allí podía escucharlo moverse entre la oscuridad. Tenía la sensación de que en cualquier momento podía lanzarse sobre mí. Entonces, repentinamente, divisé un destello en la oscuridad los ojos del perro brillaban como dos puntos luminosos y de un color rojo intenso, y entonces la luz de las alas se encendió. Pude ver al perro claramente, pero lo que él no había visto fue a mi padre. Le conté a mi padre mi plan y que él me creyera. Esa última vez él aceptó ayudarme. Fue testigo de lo que había hecho el animal y éste no se había dado cuenta. Mi padre apuntaba su escopeta directamente al labrador y le dijo que se fuera de allí. Antes de que le disparara, mi padre abrió la puerta de la entrada. El perro bufó y sin poder hacer algo, salió por la puerta. Mi padre y yo conversamos largamente sobre lo que habíamos presenciado. Decidimos aceptar que hay fenómenos en la vida que simplemente no pueden ser explicados. Los días pasaron y poco a poco las experiencias inusuales comenzaron a desvanecerse en mi mente. Hoy en día seguimos con nuestro negocio de criar perros de raza en la casa de campo, pero la sombra de aquel misterioso labrador y su habilidad para comunicarse siguen siendo o un recuerdo vívido, aunque nunca llegamos a entender completamente la verdad detrás de aquel perro atado por lengua de brujo