El Perro Que Me Habló Historias De Terror - REDE

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El perro. Mi papá es entrenador de perros y juntos empezamos un negocio de criar perros de raza. En nuestra casa de campo tenemos muchos perros de diferentes tipos. Tenemos una rutina fija para cuidarlos. A las seis de la mañana les damos su comida, luego vamos al área donde juegan para hacer ejercicio. Durante el dÃa les damos su segunda comida, la más grande. Todo sigue un orden normal, pero hay dos perros que siempre han sido un desafÃo para nosotros. Son de raza labrador y se comportan de manera diferente a otros perros. Sus acciones son un poco extrañas. A veces parecen actuar como si fueran personas en lugar de perros. Como expertos en perros, nunca antes habÃamos visto situaciones tan especiales como las que les voy a contar. Una tarde soleada, mi padre llegó al rancho con una sorpresa. Dos perros que habÃa encontrado en la carretera al parecer habÃan sido abandonados, y mi padre los rescató y los trajo a casa. Me contó que los encontró caminando juntos. A mitad del camino. Me contó que los encontró caminando juntos. Todo parecÃa estar en orden. Dos nuevos canes para el rancho. Pero esa noche, cuando me tocó cerrar los corrales como de costumbre, algo inusual sucedió. Mientras me acercaba al corral, empecé a escuchar susurros extraños. Era como si dos personas estuvieran conversando, pero no con palabras como las que uno usa usualmente, sino con sonidos simples y con fallas en su articulación. Pero no sólo eso, sino que entre las palabras salÃan ladridos y gruñidos. Al principio pensé que tal vez eran algunos de los trabajadores del rancho que se habÃan quedado hasta tarde, pero cuando me asomé con sigilo para ver quiénes eran, qué de atónito, los dos labradores estaban sentados uno frente al otro. Como mono si estuvieran teniendo una especie de plática secreta. Mi corazón latÃa con fuerza mientras los observaba sin perder tiempo, o corrÃa hacia la casa para buscar a mi padre. Le conté lo que estaba pasando, pero él inicialmente pensó que estaba imaginando cosas aún asÃ, decidió acompañarme hasta el corral sosteniendo su escopeta. Por si acaso cuando llegamos, los dos perros ya no estaban conversando. Simplemente ambos se encontraban sentados uno frente al otro. Nos miraron y empezaron a ladrar como cualquier otro perro. Mi padre concluyó que debÃa haber sido mi imaginación, pero yo aún tenÃa mis dudas. Aquella noche me costó conciliar el sueño preguntándome si realmente habÃa presenciado una conversación secreta entre dos perros o si mi mente me estaba jugando una broma. En varias ocasiones los encontré parados en dos patas caminando como personas o por lo menos nos lo intentaban. Al principio que notaban mi presencia, volvÃan a cuatro patas, pero al parecer se acostumbraron a que los descubriera y se mantenÃan de pie sobre sus patas traseras. Obviamente, todo esto se lo conté a mi padre, quien insistÃa en que estaba usando mucho mi imaginación. Nuestros perros, en su mayorÃa seguÃan nuestras rutinas y órdenes con entusiasmo, pero estos dos labradores continuaban destacándose por su comportamiento. Una noche encontré a uno de ellos tratando de imitar a una persona sentada accidentalmente habÃa dejado un banquito de madera, pero ese perro lo habÃa aprovechado para sentarse en él como una persona lo harÃa Era como si estuviera tratando de adoptar los roles más allá de su naturaleza. Un dÃa, mientras realizábamos una sesión de entrenamiento en grupo, algo extraño sucedió. Les estábamos enseñando a responder a comantos básicos cua cuando no o ta ta ns que estos dos labradores estaban haciendo algo inusual. En lugar de realizar las tÃpicas acciones de sentarse o dar la pata. Comenzaron a realizar movimientos que casi parecÃan una danza. Se movÃan uno alrededor del otro. Saltaban en cÃrculos y se detenÃan al mismo tiempo. Era una coreografÃa extraña y completamente fuera de lo común. Por fortuna, mi padre estaba allà y pudo darse cuenta de ese comportamiento, pero se mantenÃa escéptico. Todo lo justificaba, mencionando que se trataba de perros ya entrenados con la anterioridad. Como mi padre siempre ha sido el experto, le di la razón y ya no le cuestione más, pero he de aceptar que la curiosidad aún me mataba. QuerÃa descubrir más sobre ellos. DÃas después llegó el momento de realizar mi rutina de verificar el cierre de los corrales. En esa ocasión, mi mente estaba ocupada con mis propios asuntos. Cuando nuevamente escuché las voces de dos personas, la diferencia era notable, ya que esta vez, a pesar de los intercalados ladridos y gruñidos. Los perros parecÃan hablar de manera más clara que la vez anterior, pero lo que más me dejó inquieto fue el contenido de su plática. Uno de ellos acusaba al otro de saber cómo atacar al dueño, mientras que el otro trataba de tranquilizarlo. Sin dudarlo. Me lancé en busca de mi padre, repitiendo el patrón de la vez anterior. Una vez más, él me acompañó con su escopeta en mano. Al abrir el corral, nos percatamos de una escena de horror. Uno de los perros yacÃa en el suelo sin vida, mientras que el otro parecÃa estar lamiéndose los labios. El impacto de lo que estaba sucediendo era abrumador. No sabÃa que perro habÃa dicho esa cosa. El punto es que uno de ellos quedaba con vida. La muerte del perro fue atribuida a la presencia de un lobo que habÃa sido avistado últimamente en los ranchos cercanos mi padre, todo como la decisión de llevar al otro perro a la casa como una medida para protegerlo de posibles ataques. A pesar de sus intenciones, yo no compartÃa su punto de vista. Durante las noches, mientras estaba en la comodidad de mi cama, una extraña sensación invadÃa mi habitación. Era como si algo más estuviera allà conmigo. Cuando finalmente abrà los ojos, me encontré con algo que no puedo olvidar aún. Dos ojos brillantes, intensos y fijos en mà eran los ojos de aquel labrador. Su mirada era penetrante. La tranquilidad que solÃa sentir en mi propio espacio ya se habÃa vuelto turbia e incómoda. Y lo peor de todo es que no sólo fue esa noche la presencia constante de ese perro me comenzó a afectar cada vez que cerraba los ojos. ParecÃa que sus ojos me seguÃan como si quisiera comunicarme algo no podÃa evitar sentirme observado, incluso cuando sabÃa que estaba solo mi incomodito. Llegó a un punto crÃtico y supe que tenÃa que tomar el control Sobre esto. Le confié mis sentimientos a mi madre esperando que pudiera convencer a mi padre de que era lo mejor para todos nosotros, incluido el perro. No querÃa tenerlo cerca de mÃ, pero también sabÃa que simplemente deshacerse de él no serÃa fácil, considerando lo especial que era para mi padre. Mi madre se comprometió a hablar con mi padre al respecto. Después de algunas conversaciones. Finalmente lograron llegar a un acuerdo. Comenzar a mi padre de que el perro deberÃa irse de nuestra casa. No fue tarÃa fácil, pero mi madre pudo explicarle cómo me sentÃa y cómo esta situación estaba afectando mi bienestar emocional. Mi padre finalmente accedió y aceptó que lo mejor era encontrar una nueva ubicación para el perro. Al dÃa siguiente, mi padre fue hacia otro rancho llevando al labrador consigo. No pude evitar sentirme alivio. Al verlo partÃa. SabÃa que habÃa sido una decisión difÃcil para mi padre, pero en ese momento era lo que necesitábamos para recuperar la paz en nuestra casa y en mi vida cotidiana. Ya habÃan transcurrido un par de dÃas desde que regalamos al perro. Mis padres habÃan tomado un viaje rápido a la capital con el objetivo de comprar vÃveres mientras que yo me encontraba en casa solo cuando de repente escuché algo arañando la puerta principal, pensé inmediatamente que uno de los perros se hubiera escapado de su corral. Rápidamente me levanté del sillón y me encaminé hacia la puerta y mientras me aproximaba, las palabras ábreme ya resonaron en mis oÃdos. Me quedé paralizado. La voz me resultaba familiar, pero no lograba identificarla. Con precaución entré abrà la puerta y encontré al labrador sentado allà esperando entrar. Ese maldito perro habÃa regreso y con él revivió mi pesadilla. No permità que entrara. Cerré la puerta. El perro persistÃa arañándola y al mismo tiempo me suplicaba que le abriera. Decidà mantenerme a distancia, optando por llamar a mis padres en busca de ayuda por suerte, mi madre fue quien respondió, asegurándome que estaban en camino de vuelta a casa. Cuando llegaron, escuché a mi padre que estaba celebrando de que el perro haya regresado. Solo entonces le permitió entrar a la casa. Durante el dÃa, el perro se comportó de la manera habitual como lo hace un animal. Decidà vigilarlo por si llegaba a actuar como un humano y darle aviso a mi padre. Cuando de pronto encontró el foso que habÃamos cavado para enterrar al otro labrador, comenzó a excavar frenéticamente hasta que llegó al cuerpo del perro. Lo sacó arrastrándolos del hoyo y lo dejó a mitad del solar. Yo me acerqué para ver cómo se encontraba y ya estaba en puro suelo. El perro se habÃa dado cuenta de lo que hice. Sólo ladró un poco y se retiró Desde allÃ. El perro me rodeaba por toda la casa. ParecÃa no haber un rincón en el que no me lo encontrara. Mi sensación de estar bajo constante vigilancia crecÃa a cada segundo. La situación se habÃa vuelto excesiva y decidà que era hora de ponerle un alto. Fue esa misma noche cuando opté por cenar más tarde de lo habitual, con la intención de estar a solas con el perro. TenÃa la mirada fija en el televisor. Mientras el perro se encontraba justo a mi lado, él también estaba muy atento al programa. Estaba lleno de nervios por lo que estaba a punto de acea. Estaba lleno de nerviosismo por lo que estaba a punto de hacer. En ese momento, el perro inclinó su cabeza y me miró con atención como si supiera que estaba a punto de dirigirle una pregunta. Aunque la respuesta parecÃa obvia, no pude evitar preguntarle si tenÃa la capacidad de hablar. El perro me observó en silencio durante unos segundos sin pronunciarme alguna respuesta. Finalmente, me levanté de mi asiento y me dirigà a la cocina. Entonces, mientras estaba de espaldas, escuché su respuesta resonando en el aire. SÃ, la voz era inconfundiblemente la del perro, pero su habilidad para hablar me sumió en una sensación de inquietud. Regresé rápidamente hacia el lugar donde estaba el perro, sólo para encontrar que ella no estaba allà podÃa escucharlo moverse entre la oscuridad. TenÃa la sensación de que en cualquier momento podÃa lanzarse sobre mÃ. Entonces, repentinamente, divisé un destello en la oscuridad los ojos del perro brillaban como dos puntos luminosos y de un color rojo intenso, y entonces la luz de las alas se encendió. Pude ver al perro claramente, pero lo que él no habÃa visto fue a mi padre. Le conté a mi padre mi plan y que él me creyera. Esa última vez él aceptó ayudarme. Fue testigo de lo que habÃa hecho el animal y éste no se habÃa dado cuenta. Mi padre apuntaba su escopeta directamente al labrador y le dijo que se fuera de allÃ. Antes de que le disparara, mi padre abrió la puerta de la entrada. El perro bufó y sin poder hacer algo, salió por la puerta. Mi padre y yo conversamos largamente sobre lo que habÃamos presenciado. Decidimos aceptar que hay fenómenos en la vida que simplemente no pueden ser explicados. Los dÃas pasaron y poco a poco las experiencias inusuales comenzaron a desvanecerse en mi mente. Hoy en dÃa seguimos con nuestro negocio de criar perros de raza en la casa de campo, pero la sombra de aquel misterioso labrador y su habilidad para comunicarse siguen siendo o un recuerdo vÃvido, aunque nunca llegamos a entender completamente la verdad detrás de aquel perro atado por lengua de brujo








