Nov. 28, 2023

El Perro Nahual De Ojos Rojos Historias De Terror - REDE

El Perro Nahual De Ojos Rojos Historias De Terror - REDE

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Extraña visita trabajo como vigilante en una empresa dedicada a la construcción. Quiero compartirles una experiencia paranormal que viví mientras trabajaba en la construcción de un edificio de cinco pisos. Mi trabajo como velador implica cuidar el material de construcción y evitar la intrusión de personas no autorizadas, ya sea cualquier persona que no trabaje en la obra. Normalmente somos dos o tres vigilantes, pero no contamos con radios para comunicarnos. Simplemente nos colocan en distintos puntos para rondar alrededor de la construcción. En este proyecto, en particular el edificio de cinco pisos, mi responsabilidad era el área de materiales. Realizaba recorridos cortos alrededor de la bodega donde se almacenaban los materiales de construcción, mientras mis compañeros patrullaban el perímetro, yo me quedaba cerca de la bodega. La realidad es que nuestro trabajo puede ser monótono y a veces nos permitimos unos cortos descansos que nos evitan. Andar trabajando mientras dormimos no es flojera, sino una necesidad para afrontar la jornada. Nuestra vida transcurre principalmente de día y las responsabilidades cotidianas nos exigen descansar brevemente durante la noche. En esa ocasión, mi jornada ya había sido agitada debido a un accidente automovilístico que sufrió mi esposa. Estuve ocupado todo el día con reparaciones y trámites, lo que aumentó mi fatiga esa noche mientras estaba en la bodega de materiales. Algo inusual sucedió cuando me encontraba en aquel almacén con su techo de cartón negro, paredes de tripley y una puerta improvisada con un pedazo de madera, empecé a cabecear el sueño. Me vencía el silencio de la noche, el calor del lugar y la radio al fondo me arrullaban. Sumado al cansancio del ajetreo del día, decidido tomarme un breve descanso Antes de echarme una siesta, decidí dar un recorrido alrededor de la bodega para que no se notara. Cuando salí di la vuelta, escuché un jadeo, un sonido similar al de un perro, pero mucho más fuerte. Por obvias razones, pensé que podría haber un perro cerca. Lo llamé con chiflidos y sonidos, pero no lo veía. Continué caminando y buscando al animal y al dar la vuelta a la bodega, volví a escuchar el jadeo, esta vez más fuerte y cerca. El sonido provenía de arriba y al girar mi cabeza hacia el origen del jadeo. Vi a un perro negro como la noche con ojos rojos como fuego y orejas puntiagudas, similar a un doverman, pero con mucho más pelo. Estaba parado sobre la bodega, que tenía unos dos metros de alto. La situación era extraña, ya que el cartón negro del techo parecía incapaz de soportar un animal de ese tamaño sin hacer ruido. Además, llevaba mucho tiempo dentro y no había notado su presencia. La incertidumbre y el miedo se apoderaron de mí. Aquel perro me observaba desde lo alto de la bodega jadeando con una larga lengua saliendo de su hocico, aunque no puedo afirmar que lo distinguí claramente, estaba lo suficientemente cerca para verlo mover la cabeza de lado a lado. Después de unos segundos cerró la boca y se dio media vuelta perdiéndose de mi vista en el techo del almacén. Fue un alivio que se marchara, pero yo no quería ni moverme. Pasaron uno o dos minutos antes de que lograra moverme. Cuando finalmente me moví fui en busca de un compañero para pedirle que me cambiara de área. La bodega No era un lugar al que quisiera regresar. Por supuesto que no le dije nada sobre el enorme perro. No lo hice por dos motivos. El primero era que casi convencido de que no me iba a creer. El segundo motivo era que, en caso de que sí me creyera, no iba a querer cambiarme el área. No es que yo quisiera que a mi compañero le pasara algo. Lo que yo no quería era que a mí me pasara algo. Además, a mi compañero no se le apareció el perro. Sí le pasó algo raro. Pero no con ese animal. Lo que le pasó fue que, mientras él realizaba un recorrido normal por los alrededores de la bodega chequeando el perímetro vio algo a lo lejos ante sus ojos, a unos tres o cuatro metros de distancia, estaba un hombre vestido con un traje negro, impecable y con el cabello perfectamente peinado. El hombre era de piel extremadamente pálida y ojos tan rojos como el perro que yo había visto. Algo le dijo a mi compañero, pero no logró entenderlo del todo de lo que se acuerda era de que la voz de ese hombre era grave, profunda, casi parecía tener eco. Luego, el hombre se dio la vuelta y se perdió tras una de las máquinas que estaban en la construcción. Cuando él me contó eso, yo le conté lo del perro y así, uniendo las historias, llegamos a la conclusión de que era bastante probable de que lo que ambos habíamos visto se trataba erra de una hual que yo lo había visto en su forma de bestia y que él lo había visto en su forma humana. El motel embrujado trabajo como velador y la verdad es que es un trabajo muy peculiar. Además de solitario, tengo una trayectoria de alrededor de siete años y he trabajado vigilando diferentes lugares. No puedo decir dónde trabajo ahora, pero de todas formas, aquí no pasa nada raro. Lo que quiero contar me pasó en mi anterior trabajo, que era en un motel muy sencillo, que está en el centro de mi ciudad. Por las noches sólo estábamos el recepcionista y yo. Los principales clientes del motel son los que andaban la zona céntrica, que ya andaban muy pasados del alcohol o de sustancias y que, por su estado inconveniente, preferían pasar la noche ahí y no arriesgarse a tener un accidente de auto. Y, como es normal, en los moteles, había mucho movimiento por parte de mujeres de la vida galante, pero ellas entraban y salían rápido. Ya saben ese era el principal motivo por el cual me tenían contratado como guardia, ya que donde hay mujeres de paga y hombres alcoholizados o viajados, siempre hay problemas. A pesar de que el motel cobraba muy barato, era uno que tenía mala fama, en realidad, el lugar siempre estaba limpio y presentable. Algo que me gustaba de ese trabajo es que cada noche que no había incidentes o que los que había yo lograba contenerlos. El dueño del motel me daba un bono. Eso estaba bien, porque el dueño del motel me tenía permitido utilizar la fuerza bruta si era necesario. En casos extremos. Llegué a romper narices y brazos, pero por lo general, con un solo golpe todo se calmaba. Déjenme describirles un poco. El motel es de un solo piso y en la entrada tiene una puerta doble que parece como de una hacienda de esas muy viejas y de madera. El estilo de la construcción es igual. Lo primero que te encuentras al entrar en el motel es la recepción. Desde allí hay tres caminos izquierda derecha y hacia el centro, aunque en realidad sólo hay dos caminos. Si vas por el pasillo de la izquierda o de la derecha, terminas regresando a la recepción, porque las habitaciones están alrededor de una especie de anillo. Todos los cuartos son iguales. Tienen una cama, un espejo de cuerpo completo, junto a la cama, un baño, una mesita en la entrada y, junto a la única puerta de entrada, una ventana pequeña, sólo para que se pueda ver hacia adentro o hacia afuera en caso de que se requiera. También cuentan con una ventana en el baño que da hacia afuera, pero esa ventana es demasiado pequeña. En el centro del motel hay un pequeño jardín y también un pequeño restaurante. Desde que entré a trabajar al motel me habían dicho que estaba embrujado y el principal motivo de eso era que gente había muerto ahí, lo cual, por supuesto, nos sorprende prácticamente. El noventa por ciento de los huéspedes entraban en condiciones donde no estaban en sus cinco sentidos, Así que era normal que ocurrieran cosas. No me gusta hablar de eso, pero durante el tiempo que estuve trabajando ahí pasaron algunas cosas. Quisiera aclarar que esas cosas ocurrieron dentro de los cuartos, donde yo no podía hacer nada. Una vez hubo una pelea entre dos borrachos, donde hubo un muerto varias veces. Llegó la ambulancia a recoger gente que se le había ido la mano y le daba sobredosis. También llegué a encontrar apuñalados, pero aunque suene frío, la verdad es que con el tiempo te acostumbras. Recuerdo claramente la noche en que una trabajadora nocturna murió por sobredosis en una de las habitaciones. Me mandaron a buscarla porque ya se le había acabado el tiempo y sólo la encontramos sobre la cama. Su cliente se había ido mucho tiempo antes vino la policía, le dimos la descripción de la persona con que había entrado, le entregamos las grabaciones de las cámaras y no volvimos a saber del tema. No me gusta opinar, pero creo que todos sabemos que a las autoridades no les interesa lo que les ocurra a las chicas que trabajan en ese tipo de ambiente total. En la habitación donde aquella chica había muerto, se empezó a decir entre las personas de la limpieza y mantenimiento que se escuchaban ruidos siempre en la noche, especialmente cuando el cuarto se encontraba solo. Yo siempre me mostré séptico, pero en una ocasión, para mi sorpresa, empecé a escuchar cosas en esa habitación cuando yo sabía que en ese momento estaba vacía. Pero yo supuse que era mi sugestión por todo lo que decían los demás trabajadores del motel me dio tanta curiosidad que entré al cuarto utilizando una tarjeta que abría todas las puertas dentro. No encontré nada raro. Aún así, en los siguientes rondines empecé a poner especial atención a ese cuarto y me sentaba en el jardín cuidando tener un ángulo de visión donde pudiera estar atento al cuarto y cuál va siendo mil sorpresa cuando en una ocasión vi que alguien andaba dentro, por supuesto, el cuarto no estaba rentado. Entonces me acerqué sigilosamente al cuarto y me puse junto a la puerta. Quería sorprender al invasor para darle una paliza y ganarme mi bono de esa semana. Apenas iba a abrir la puerta cuando les juro que empecé a escuchar unos ruidos como de pies arrastrándose y también escuché como si estuvieran brincando sobre la cama. Así que pasé la tarjeta rápidamente por la cerradura de la puerta y la abrí de golpe para sorprender a quien estuviera dentro y cuando lo hice vi a alguien parado sobre la cama o tal vez en lugar de decir que vi a alguien, debería decir que vi algo porque no era humano y lo supe en cuanto lo vi no hubo dudas. Era una figura que quizás de alguna forma podría parecer un humano, pero tenía unos brazos extremadamente largos, igual que sus piernas. Su torso era muy pequeño. Su cara no se podía distinguir porque parecía que estuviera metida en agua o en humo. Parecía difusa. No tenía ropa su piel era grisácea, pero entonces me percaté de que no estaba brincando en la cama, sino que la estaba rascando. Era como si buscara algo entre las Sábanas sin voltear a verme dio unos pasos o movimientos exagerados con aquellos brazos y piernas que en ese entonces me parecieron más como patas de una araña. Era como si aquello fuera una araña de cuatro patas y con torso humano puso sus dos brazos en los costados del espejo y se metió al espejo. No estoy exagerando. Les juro, por Dios Santo, que vi aquella cosa meterse dentro del espejo. Fue todo muy rápido. Salí corriendo y le conté todo a mi compañero recepcionista. Él se rió y me dijo que si me drogaba no viniera a trabajar. Era evidente que no me iba a creer. No lo culpo y también entiendo si ustedes no creen de hecho, si yo no lo hubiera visto con mis propios ojos, yo tampoco lo creería. Ese fue el motivo por el cual dejé de trabajar en aquel motel. No tengo idea de qué fue lo que vi tal vez era alguna especie de criatura sobrenatural que se alimentaba de las malas vibras que quedaron en aquel cuarto después de lo que le sucedió a la muchacha. No lo sé casa abandonada. Mi nombre es Matía. Soy de una pequeña ciudad en la zona sur del Estado de México. Lo que me sucedió ocurrió en el año dos mil diez. Llegué a la ciudad porque en el lugar donde nací, la agricultura ya no daba para sobrevivir. Mis hermanos y mi mamá se quedaron. Como yo era el mayor de los cuatro. Sentí la obligación de hacer algo para poder ayudar a mi familia a salir de la pobreza en la que vivíamos. Cuando llegué a la ciudad pude conseguir trabajo en una licorería. El dueño del lugar era el señor Luis Un un seño señor muy amable, aunque no me pagaba lo que yo hubiese querido, al menos el dinero que me daba me permitía conseguir lo necesario para comer y mandar un poco a mi familia mientras buscaba un empleo mejor. Los fines de semana solía hacer trabajos para los vecinos. De ahí de la colonia donde trabajaba, desde hacer mandados, pintar cercas, limpiar casas, lo que sea, con tal de ganar algo de dinero para enviarle a mi mamá y a mis hermanos. Un día, un vecino me recomendó con un señor que tenía un departamento en el centro me dijo que quería darle una mano de pintura a su piscina. El vecino me dio la dirección y el siguiente fin de semana fui a la casa de aquel señor. Cuando llegué quedé impresionado porque la casa de ese señor tenía demasiados lujos. Realmente era una persona con dinero. Toda una cuadra era su casa. El señor me recibió, me explicó lo que quería y me dijo que la necesitaba lista para el lunes. Por lo tanto, yo sólo tenía ese sábado y el domingo. O para terminar, hice mis cálculos y supe que sí alcanzaría. A terminar, obviamente me tomaría muchísimas horas, pero sí podría acabar el trabajo. El domingo que terminé, el señor me llevó a su despacho. Él quería saber por qué yo no le había preguntado cuánto me iba a pagar. Le expliqué mi situación y le dije que cualquier cantidad de dinero que fuera a mí sería de mucha utilidad. El señor sacó unos cuantos billetes de quinientos antes de dármelo. Se quedó pensando y después de unos instantes me dijo que necesitaba un velador para custodiar un edificio por las noches. Me preguntó cuánto ganaba con Don Luis le dije entonces sacó más billetes. Me dio el dinero y me dijo ahí está el dinero. Por lo de la piscina y también te estoy dando una semana de sueldo con Don Luis Vas a decirle que necesitas una semana para trabajar. Para mí él me conoce no vas a tener ningún problema, ya que pase esa semana me dices si te quedas con el trabajo o si te regresas con Don Luis, por supuesto que acepté y le di las gracias por la oportunidad. El señor me dio la dirección del edificio y me dijo que me presentara Al día siguiente. También me dijo que no me preocupara por la vestimenta, que el edificio estaba abandonado, que lo único que yo necesitaba hacer era estar al pendiente, que no se metieran vagabundos, que nadie rayara los muros. Esas cosas. Me dijo que el horario era en la noche, ya que en el día pasaban patrullas por la zona, así que en el día no le preocupaba que se fueran a meter. El trabajo era en la noche desde las ocho de la noche hasta las siete de la mañana. Al día siguiente fui al edificio. La propiedad tenía apariencia de que no había sido utilizado en mucho tiempo. A eso de las doce de la noche me empecé a sentir un poco cansado. Lo que pasó fue que, como era mi primer turno de noche, cuando llegué al trabajo, ya tenía casi once horas despierto. Entonces para cuando llegó la medianoche, yo ya llevaba práctica dieciséis horas despierto. Ese no era tanto el problema, sino que el trabajo era aburrido. Igual si hubieran dado activo, no me hubiera dado sueño, pero mi labor sólo era andar caminando por el edificio. Eso aburre y el aburrimiento a la medianoche causa sueño. Entonces salí del edificio y fui hasta donde estaba una pileta para agarrar un poco de agua y mojarme la cara, esperando que así se me pasara el sueño, pero nada ya para la una de la mañana estaba bostezando cada diez segundos. Sabía que tenía que inventarme algo que me mantuviera ocupado porque faltaban muchas horas para el amanecer. En eso escuché que en la parte de atrás del edificio algo se cayó. El sonido fue igual al de cuando los trastes se caen al suelo, así que me dirigí hacia allá con mucho cuidado para ver qué pasaba. Cuando llegué encontré que no había novedad. Todo estaba en su lugar. Después de revisar todo el sitio y no poder darle explicación al fuerte sonido que escuché, decidí convencerme de que seguramente fue producto de mi mente provocado porque me estaba quedando dormido. Mientras caminaba de regreso al frente. Sentí mucho frío tanto que hasta el sueño se me quitó. No fue que poco a poco la temperatura fuera bajando o que una ráfaga de aire arrastrara viento frío. No, lo que pasó fue que simplemente el frío llegó así de golpe de un segundo para otro. En eso escuché el llanto de un niño, tal vez de un bebé. Se escuchaba en la parte de atrás, al igual que el ruido que había escuchado antes. Yo no quería ir porque acababa de regresar de ahí y, por lo tanto, me constaba que no había nada, mucho menos iba a haber un bebé. Después de pensar unos minutos en que hacer y ante el insistente llanto, decidí ir a ver qué pasaba. Con la linterna en la mano, empecé a buscar al niño. Escuchaba el llanto, pero no podía ver al niño busqué, pero no lo pude en encontrar. De pronto los árboles a mi alrededor comenzaron a sonar como si algo los moviera no había viento, pero estos se movían fuertemente. Entonces, desde las ramas de los árboles, escuché el llanto, así que iluminé con la linterna. En ese instante sentí que la sangre se me congelaba. Quedé petrificado al ver que una sombra negra con profundos ojos brillantes me estaba mirando y cuando la observé bien esa cosa abrió su boca y emitió el llanto de aquel bebé que había estado escuchando di media vuelta y corrí lo más rápido que me dieron las piernas hasta la entrada del edificio. Ya no quería estar ahí. Era evidente que no estaba solo y aquella cosa no era la mejor compañía del mundo. Todavía no llegaba hasta el frente cuando otra vez pude escuchar el llanto de ese ser que lloraba como un bebé, aunque por supuesto que no lo era espantado, miré hacia atrás y pude ver que esa cosa venía hacia mí arrastrándose por la hierba con movimientos casi imposibles de hacer. No conozco ninguna palabra que pueda describir la manera en que aquella cosa se movía. En eso pude escuchar que aquello me habló. Me dijo no te vayas papá y otra vez se puso a imitar el llanto de un bebé. Pero en esa ocasión su voz salió un tanto distorsionada y algo grave, así que ya se podrán imaginar lo horrible que se escuchó. Lo que hice fue meterme al edificio y me subí hasta la azotea. Además, atravesé en la escalera unos pedazos de tarimas que había por ahí arrumbado. Me quedé allá arriba hasta que salió el sol. Esa fue la primera y la última vez que fui a ese lugar y también la última vez en la que trabajé como velador sombra. Quisiera contarles una experiencia que vivía hace algunos años que primero me dio mucho miedo, pero con el tiempo he aprendido a aceptar mi nombre es marcos y trabajo como vigilante nocturno en un museo de una ciudad que podría considerarse importante. Tengo tres hijas y cada que ellas dicen en qué trabajo. Lo primero que preguntan es si hay fantasmas en el museo. Es algo clásico. La realidad es que sí hay fantasmas, pero no creo que sea porque en el edificio haya ocurrido algo, sino que mi teoría es que la aparición de fantasmas en el museo tiene que ver con la cantidad de gente que ingresa todos los días. Por ejemplo, en un hospital se reciben cientos o miles de personas al día con infinitas energías de diferentes tipos, tanto para bien como para mal. Algunas personas están enfermas, otras están sanas, algunas incluso mueren ahí y todas esas energías, mezcladas dentro de cuatro paredes, terminan por crear un ambiente diferente al que podríamos estar acostumbrados. Sucede lo mismo con las escuelas, las plazas, los parques. En verdad creo que esto es real. No es algo que haya escuchado en algon un lugar, es algo que yo he podido constatar a lo largo de diferentes lugares de trabajo que he tenido. Esa es mi opinión muy personal, que está basada en mi experiencia. En este museo donde yo trabajo hay dos pisos. Yo cubro el piso de abajo y tengo un compañero que cubre el segundo piso. En el primer piso hay maquetas y algunos dibujos que representan cómo vivían nuestros antepasados. Ya saben los mayas aztecas olmecas. En el segundo piso hay cosas más interesantes, cosas como huesos, adornos, vasijas y armas. Mi compañero lleva como catorce años trabajando en ese museo. Yo llevo alrededor de siete años y esto que les contaré sucedió hace dos años aproximadamente. Desde siempre, mi compañero cubrió el segundo piso y yo el primero. Cuando él enfermaba, nunca mandaba a nadie a cubrirlo. Siempre me quedaba yo solo en el edificio y viceversa. Hay un motivo por el cual mi compañero siempre estaba en el segundo piso. Él ya era un señor de unos setenta años. Era debido a su edad que estaba asignado al segundo piso, porque si está cubierto el primer piso, es lógico que no habrá nadie en el segundo piso. Pero en una ocasión mi compañero se puso muy grave de salud. Lamentablemente, tuvo un accidente en su coche y se tuvo que tomar más de quince días de descanso. Yo fui a verlo en cuanto me enteré fue ese mismo día estuve un rato con él Durante la tarde. Su casa estaba relativamente cerca del Museo, así que me quedé ahí con él hasta que se dio la hora de irme a trabajar. Ya cuando me estaba despidiendo, él me agarró fuerte del brazo y me dijo que recordara la lógica que teníamos en el Museo, es decir, que mientras yo tuviera cubierta la primera planta, no había ninguna necesidad de dar rondines en el segundo piso. Él se mostró insistente en que debía estar completamente seguro de que todo estaba en orden para que no tuviera la necesidad de subir al segundo piso. Su insistencia me llamó la atención y lo cuestioné al respecto. Lo único que me respondió fue que el segundo piso ya estaba acostumbrado a la presencia de él, que el segundo piso no era amistoso con los nuevos, que por eso yo debía evitar subir si no había necesidad de hacerlo. Como lo noté tan preocupado, le dije que podía quedarse tranquilo, que no iba a subir ya estando en el trabajo, no podía sacarme de la cabeza todo lo que me había dicho mi compañero. Eran cosas tan raras que me llenaron de intriga. Yo no entendía a qué se refería con eso de que el segundo piso no era amistoso con los nuevos. Así que, como ya se podrán imaginar, decidí ir a revisar justo cuando iba en las escaleras, empecé a escuchar ruidos como de pasos allá arriba, pero eso no me generó ni siquiera incomodidad, porque, como les dije en el Museo hay fantasmas, siempre hay ruidos extraños aquí. Así que continué sin detenerme el asunto es que estaba dando un recorrido por el segundo piso cuando a la distancia había una persona parada, pero esa persona parecía como si fuera hecha de sombra, como alguien que estaba de pie allí adelante en el pasillo, y lo que yo estuviera viendo fuera la sombra de esa persona. Pero de nuevo lo atribuí a algún juego de luces y no le di importancia. Me giré para un lado y cuando volví a mirar donde aquello se suponía que estaba de pie, ya no estaba. Eso fue suficiente para convencerme de que yo me lo había imaginado. Seguí con mi recorrido del segundo piso, pero no vi nada realmente raro. Cuando iba a bajar las escaleras, me dio por echar una última mirada hacia atrás. No sé por qué lo hice. Entonces de nuevo vi a aquel ser de sombra parado e inmóvil, donde el pasillo daba vuelta. Ahí sí, ya me preocupé porque la primera vez se lo atribuía a mi imaginación, no pasaba nada. Simplemente lo había visto. Mi cerebro lo había creado, pero dos veces ya era extraño. Bajé rapidísimo las escaleras y me fui a sentar en la recepción, que es donde yo siempre estaba. Las siguientes noches no volví al segundo piso, pero no por eso se acabó este asunto del hombre sombra. Aquel ser se me aparecía de pie en las escaleras. Ahora lo podía ver desde el primer piso, y cada que pasaba por enfrente de las escaleras sentía terror de imaginar que quizás lo iba a ver. Hasta cierto punto. Me sentí seguro, porque nunca lo vi caminando por el primer piso. Siempre estaba en las escaleras como si no pudiera cruzar las escaleras para bajar al primer piso. Así que, a pesar del escalofrío que me causaba aquella cosa, mi curiosidad de nuevo empezó a crecer y a veces volteaba hacia las escaleras, a veces estaba el ser y a veces no sinceramente. Con el paso de algunos días pensé que me estaba afectando el trabajo de noche, que me estaba volviendo loco. Así que en una ocasión que lo vi parado allí, simplemente me armé de valor y empecé a caminar directo hacia aquel hombre sombra. Me me diría hacia las escaleras. Iba con toda la intención de hacerle frente a eso que me estaba asustando. Iba muerto de miedo, iba hasta temblando, pero no le quité los ojos de encima y justo cuando casi llegaba a su lado, aquel ser se disolvió en el aire. No sé cómo decirlo, era como el humo de un cigarro. Simplemente se disolvió y desapareció. Después de ese día lo seguí viendo siempre al pie de las escaleras. Pero ya no me da miedo, quizás porque le hice frente o quizás porque me di cuenta de que no quiere dañarme. Pasados los quince días, mi compañero volvió. Yo le conté lo que me había pasado y él me dijo que yo había corrido con mucha suerte porque el guardia que estaba antes de que entrara yo había renunciado porque aquello lo había empujado por las escaleras espíritus. Lo que les vino voy a contar me sucedió mientras estaba cuidando. La casa de mi patrón es una casa que está a la orilla de la playa, como a cuarenta minutos del poblado más cercano. Esa casa es grandísima. La casa principal tiene cinco habitaciones, una sala enorme y la cocina. Además de la casa principal hay cuatro cuartos extras dentro del mismo terreno, pero separadas de la casa principal. Los que sean de México se podrán dar una idea bastante clara de a qué se dedica la persona para la que trabajo. Aclaro que ya no cuido esa casa. Ahora estoy en uno de los locales que tiene donde se venden autos. Yo vivía en uno de los cuartos que no estaban dentro de la casa. En ese cuarto tenía un microondas, un pequeño refrigerador, una mesita, una cama, un sillón y una televisión. Lo mejor de todo era que ni siquiera tenía que limpiar ni mantener nada, porque para eso había personal. Digamos que yo era una especie de capataza y era un empleado más. Yo no era jefe de nadie. No podía dar órdenes, pero lo que sí podía hacer era avisarle al patrón cuando alguno de los trabajadores no estaba haciendo bien sus actividades. Mi trabajo sólo era vigilar el terreno. Ninguno de los trabajadores podía salir sin permiso del patrón y definitivamente nadie podía entrar. Como el terreno era enorme. Yo me movía en una cuatrimoto para hacer mis recorridos en este tipo de lugares. Cuando trabajas para gente de este tipo, evitas hacer contacto o entablar conversaciones con tus compañeros. Allí, Cada quien va a hacer lo suyo y nadie se mete con nadie. Nadie pregunta nada. El patrón venía una o dos veces al año y estaba en esa casa una semana como máximo. En una ocasión me llamó el patrón para decirme que iban a llegar unas personas que iban a hacer algo que no era de mi incumbencia, que necesitaba que yo me asegurara que nadie estuviera dentro de la casa. Cuando esas personas llegaran que los dejara hacer lo que fueran a hacer. Ni siquiera yo podía revisar qué era lo que iban a andar haciendo. Las personas que estaba esperando llegaron y no me dijeron nada. Se fueron directo a la casa principal no salieron para nada durante su estancia, no pidieron que les cocinaran nada. Recuerdo que ponían música muy fuerte durante la noche. Duraron tres días allí y se fueron en cuanto se retiraron. Yo le avisé al patrón ese mismo día que se fueron durante la noche, yo estaba dando un recorrido por la propiedad. Noté que la puerta de la casa principal estaba abierta. Lo que supuse fue la última persona que había entrado a la casa ya fuera la de la limpieza. No se había asegurado de que la puerta quedara bien cerrada, pero en eso me acordé que las personas que habían estado dentro de la casa por varios días se habían retirado ya a eso de las ocho de la noche, lo que significaba que ningún trabajador había entrado a la casa después de ellos, porque la gente sólo trabajaba durante el día. Yo era el único que trabajaba durante la noche y yo no había entrado a la casa, lo que significaba que los invitados del patrón habían sido quienes dejaron la puerta mal cerrada. Me acerqué a cerrarla y, de paso, aproveché para revisar si no habían dejado el gas encendido o cualquier cosa en desorden. Mientras revisaba, al llegar a la sala secundaria, encontré tres cuerpos en el suelo. Los cuerpos tenían sus extremidades separadas, por supuesto que al trabajar en ese ambiente, no era la primera vez que veía una cosa así. La cuestión era que yo no tenía idea de dónde habían salido esos cuerpos, porque no había habido actividad en la propiedad más que los invitados del patrón que ya se habían ido. Lo que hice fue simplemente dar media vuelta y salí de la casa. Como dije, en este tipo de trabajos nunca se deben hacer preguntas. Al día siguiente, la señora de la Limpieza entró muy temprano a empezar a hacer lo. Suyo yo no le dije nada, porque me echaría de cabeza por haber entrado a la casa, así que no dije nada total. Cuando ella se encontrara con los cuerpos, ya sería asunto suyo. La cuestión es que pasaron tres o cuatro horas. La señora salió para ir a tomar un descanso y no me comentó nada de ningunos cuerpos. No los había visto. Durante el día entraron otras dos personas a la casa. El de mantenimiento en el que se encargaba de tener la despensa surtida a eso de las cinco de la tarde, yo entré y ya no había ningún cuerpo tirado en la sala secundaria. No era posible. Esos cuerpos estaban ahí la noche anterior, pues, aunque resulte difícil de creer, a partir de esa segunda noche, entre las dos y las cuatro de la madrugada empezaron a suceder cosas extrañas dentro de la casa. Yo no entraba, pero cuando daba los recorridos por el terreno, podía darme cuenta de que había tres personas dentro de la casa. Los oía hablar. Las luces se encendían y sus siluetas se veían a través de las ventanas. No tengo idea de qué fue lo que estuvieron ante siendo aquellos invitados del patrón, pero sé que ellos provocaron las cosas raras que estuvieron sucediendo después. El niño trabajo desde hace muchos años como velador en una escuela, en una escuela primaria ubicada en una colonia de mi ciudad. Tengo ya mucho tiempo trabajando como velador en esta primaria, pero en realidad mi trabajo principal es ser intendente dentro de la misma escuela. De seis de la mañana hasta las dos de la tarde estoy trabajando como intendente limpio los salones, las oficinas, las canchas de juego y jardines. Terminando este turno me voy a mi casa. Descanso un poco y vuelvo a la medianoche para empezar mi otro turno, trabajar en el mismo lugar de noche y de día. La verdad tiene sus ventajas. Por ejemplo, si me da sueño en la noche y para no dormir, puedo ponerme a adelantar mi trabajo bajo de jardinería o quizás regar en las noches si es que hay agua, porque la escuela no tiene agua corriente. Tenemos cisternas donde se almacena el agua. Cuando llega a veces durante la noche, coloco mi silla bajo un árbol y me protejo así del frío de la noche o detrás de una barda para protegerme del frío y del viento. Uno encuentra sus lugares estratégicos para sentarse y vigilar, pero también tengo un lugar para cuando necesito echar una pestañada, cuando necesito dormir un poco. Coloco mi silla entre ciertos arbustos y árboles y allí me quedo quince minutos media hora, una hora a lo mucho un dato importante y que al mismo tiempo resulta obvio es que en todos el tiempo que he trabajado en la escuela he visto ir y venir a muchísimos niños. Pero como duran seis años en la escuela, pues sí ubicaba a muchos, no por nombre, sólo de vista. Entre tantos había un niño muy aislado. Siempre andaba ensimismado cabizbajo yo cuando podía le sacaba plática. Nos caíamos bien. Era un niño muy agradable, pero muy introvertido. Él tenía muchos problemas en casa. Sus padres eran muy groseros con él y entre ellos también lo eran. No le ponían mucha atención y eso él lo resentía muchísimo. En una ocasión, vi que andaba fuera de su salón, lo vi a lo lejos. Se me quedó viendo sonrió y salió corriendo detrás de uno de los salones como escondiéndose de mí o jugando a las escondidas. Fui a avisarle a su profesor porque ningún niño debía estar fuera de su salón. Pero el profesor me dijo que el niño no había asistido a clases ese día, que, de hecho, desde hace tres días el niño ya había dejado la escuela y que ya no volvería a clases. A mí, eso se me hizo rarísimo porque yo lo había estado viendo durante el recreo. Yo le pregunté al maestro si sabía el motivo. Él se me quedó viendo muy serio y me dijo que el niño había muerto, que durante una discusión muy or fuerte que tuvieron sus padres, el niño no pudo soportar la situación y se salió de su casa. Nadie sabía qué le había pasado, pero lo encontraron. Muerto, tirado en una calle. Lo más escalofriante de todo es que hasta el día de hoy todavía puedo ver a ese niño de vez en cuando. Relatos escritos y adaptados por Ramiro contreras