Oct. 15, 2023

El Pacto Con Una Muerta Historias De Terror - REDE

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El pacto con una muerta relato compartido por un suscriptor. Conocí el canal por recomendaciones de un par de amigos. Siempre los veía por las mañanas con los audífonos puestos y les preguntaba a qué escuchaban mientras trabajaban. Me gustan mucho sus historias, lo cual me alentó a compartirles la mía. Todo empezó hace más de veinte años, cuando estaba en la preparatoria, conocí a una chica de mi misma edad, aunque ella estaba en un salón distinto, ella mientras yo estaba en el b La verdad me enamoré perdidamente cuando la vi por primera vez en esa época había una moda entre los jóvenes llamada EMO y a ella le gustaba mucho. No sé si me atrajo más su apariencia o su sonrisa, pero fue amor a primera vista para los dos Nos veíamos en los descansos y poco a poco en empo deseé a acercarme a ella para hablar, conversar con ella. Se convirtió en mi pasatiempo favorito hasta que un día finalmente me animé a invitarla a salir. Fue ahí donde me di cuenta de que a ella también le gustaba yo. Comenzamos a congeniar rápidamente y descubrimos que éramos perfectos, el uno para el otro. Todo parecía indicar que sería uno de mis amores más grandes, pero, como dicen, nunca terminas de conocer a una persona, incluso si has convivido con ella toda la vida. Un fin de semana le invité a salir al cine, recordando que ambos éramos fanáticos de Harry Potter. Pensé que sería una velada perfecta, llena de magia y diversión, pero desde el principio noté algo extraño en su comportamiento. No parecía prestar atención a la película en absoluto y su rostro estaba ensombrecido por la preocupación. Era como si estuviera atrapada en sus pensamientos. Cuando finalmente salimos del cine, no pude resistir la curiosidad y le pregunté qué le pasaba. Fue entonces cuando me confesó que estaba pasando por problemas en casa, especialmente con su padre. Él estaba tratando de imponerle cambios en su vida, desde su forma de vestir hasta su comportamiento, y ella se sentía atrapada en una situación que no le permitía ser. Ella misma. Sabía que a ella le encantaba expresarse con libertad, pero en ocasiones, esos brotes emocionales que tenía hasta me desconcertaban. Después de esa salida, se volvió cada vez más difícil verla y comunicarme con ella. Llamaba a su casa, pero siempre me decían que estaba ocupada o que no podía hablar conmigo en la escuela. Empezó a faltar por días y cuando finalmente lograba verla parecía agotada. A pesar de mis preocupaciones. Ella insistía en que todo estaba bien, que no me preocupara, pero algo dentro de mí no se quedaba tranquilo. Cada día que pasaba, la distancia entre nosotros parecía on Una noche me encontraba en casa tumbado en el sillón de la sala, viendo la televisión. De repente escuché golpes en la ventana, lo cual me desconcertó bastante, pero cuando dirigí mi mirada hacia la ventana, me di cuenta de que se trataba de mi novia para que se hagan una idea. Vivíamos en aquel entonces en un condominio privado llamado Ciudad del Sol. Teníamos seguridad privada y el único acceso al condominio. Pasaba por la caseta de vigilancia, donde siempre nos informaban si alguien venía a buscarnos sin importar la hora. Me levanté rápidamente y abrí la ventana. Ella me dijo que necesitaba hablar conmigo. Salí corriendo de casa sin que nadie se percatara, ya que ya era casi medianoche y mis padres seguramente no me habrían dejado salir a esas horas para ver a mi novia nos dirigimos a un pequeño parque que estaba dentro del condominio, donde pudimos conversar durante un buen rato, poniéndonos al ndo. Entonces me di cuenta de que algo no estaba bien con ella. Cuando vi unas heridas bajo sus mangas, parecían recién hechas. Alarmado. Por lo que me di cuenta, le sugerí que fuéramos a ver a un médico, pero ella insistió en que todo estaba bien, que no era necesario. Hizo todo lo posible por ocultar las heridas cubriéndolas con sus manos. Entonces me hizo una pregunta que me dejó perplejo. Crees que podremos estar juntos para siempre. En ese entonces yo era sólo un joven, un chico enamorado hasta los huesos, así que sin pensarlo le dije que sí, ella propuso que fuera nuestro pacto, enganchó su dedo, meñique con el mío y me pidió que lo prometiera. No dudé y acepté inmediatamente. Le sugerí que llamara a sus padres para que vinieran a buscarla, ya que era casi la una de la madrugada y no estaba dispuesto a dejarla ir sola. Pero ella se negó rotundamente. Incluso le ofrecí que se quedara en la sala de mi casa y que yo les diría alguna mentira a mis padres, pero aún así ella no aceptó. Al cabo de unos quince minutos nos despedimos. Ella me besó y se fue sola. Me pidió que no la acompañara. Al día siguiente me levanté después de una noche pesada y me dirigí a la preparatoria en el camino. Fui interceptado por el vigilante de seguridad del condominio. Siempre habíamos tenido una buena relación, compartíamos bromas y charlas, pero esta vez me dijo algo que inicialmente consideré una broma. Me dijo anoche te vi caminando hacia el parque y te quedaste allí durante una hora. Pensé en unirme a ti, pero te noté tan absorto en tus pensamientos que no quise Interrumpirte le expliqué que no estaba solo que mi novia me acompañaba, pero el guardia afirmó con mucha seguridad que en todo momento me había visto solo y que había mantenido un ojo en mí por si necesitaba algo hasta que regresé a casa. Entonces pensé que sólo estaba bromeando y decidí no darle mucha importancia. Cuando finalmente llegué al salón de clases, noté que todos mis compañeros me miraban de manera seria y algunos parecían tristes. Llegué incluso a pensar que tenía algo en la cara, pero una de mis amigas se acercó y me preguntó si no sabía lo que le había sucedido. A mi novia le respondí que sí, que estaba al tanto de todo e incluso le había visto las heridas la noche anterior. Pero mi amiga me miró con incredulidad y me dijo que no era así en absoluto. Según ella, no era posible que yo la hubiera visto, porque ya llevaba casi un día de fallecida. La encontraron sin vida en su habitación. Antes de que comenzáramos la jornada escolar del día de ayer. La noticia me golpeó como un cubo de agua fría. No podía creer lo que mi amiga estaba diciendo. Llegué incluso a acusarla de decir tonterías, y le reproché que eso era imposible. Yo estaba seguro de que había hablado con mi novia, pero las expresiones en el rostro de todos en el salón dejaban en claro que mi amiga decía la verdad. Corrí hacia el salón a y al abrir la puerta de golpe, me encontré con un inesperado panorama sobre su escritorio. Había rosas y una foto de ella. Lo que pasó por mi mente es difícil de explicar con claridad. Fueron tantos pensamientos y emociones abrumadoras que se agruparon en mi mente que no puedo recordarlos con precisión. Mis amigos dicen que entré en estado de shock y que no hablaba, aunque yo recuerdo claramente haber caminado hasta el lugar donde ella solía sentarse y haber llorado. Después, mi memoria se volvió borrosa y confusa. Lo siguiente que recuerdo es que mis compañeros estaban a mi lado y al parecer, me había desmayado. Repasé una y otra vez en mi mente la conversación que había tenido con mi novia la noche anterior. Recordaba sus palabras, sus gestos. Todo parecía tan real. Mis amigos me repetían que debía sentirme afortunado porque su espíritu se había despedido de mí. Pero no me sentía afortunado. El día del funeral, mientras observaba a sus padres destrozados por el dolor, me sentí completamente fuera del lugar por un instante, la situación me superó y tuve que retirarme al baño para lavarme. La cara Me encontraba solo apoyado en el lavabo, tratando de recomponerme. Me enjuagué el rostro y me sequé con una toalla. Cuando me miré al espejo, vi algo que me dejó atónito. Estaba mi novia observándome desde detrás como una figura etérea. No podía creer lo que veía. Giré rápidamente para enfrentarla, pero en un abrir y cerrar de ojos desapareció Aquella experiencia me afectó profundamente. Decidí mantener en secreto lo que había sucedido en el baño, temiendo que los demás pudieran comenzar a juzgarme o pensar que estaba perdiendo la cordura. Los días que siguieron fueron extremadamente difíciles. Sentía que en cualquier lugar donde fuera alguien o algo me observaba. No sólo eso podía escuchar la voz de mi novia me hablaba por mi nombre a veces incluso me invitaba a unirme a ella. Yo hacía todo lo posible por ignorarla y desde la experiencia en el baño, ni siquiera tenía ganas de mirarme en el espejo. Fue entonces cuando finalmente llegué a la conclusión de que necesitaba ayuda. La primera persona a la que le confié lo que estaba viviendo fue mi madre. Ella sugirió que tal vez no había logrado cerrar el ciclo con mi novia y por eso la veía en todas partes. Propuso que buscáramos la ayuda de un terapeuta y la idea me pareció acertada. En la terapia compartí todos los detalles, incluso la reunión que habíamos tenido en el parque. El terapeuta insistía en que estaba pasando por la etapa del duelo y que era crucial que dejara ir a mi novia permitiéndole descansar en paz. Me sugirió que en casa colocara una silla frente a mí, la imaginara tal como era y le expresara todos mis sentimientos. Esa noche decidí realizar el ejercicio que me había recomendado el terapeuta. Cuando me encontré frente a la silla, traté de visualizarla tal como la recordaba y para mantener mi concentración, mantuve los ojos cerrados mientras le hablaba expresando todo lo que me venía a la mente le dije cuánto la extrañaba y le agradecí por cuidar de mí, pero también le expliqué que era fundamental que descansara en paz. Me quedé en silencio durante unos segundos, tratando de imaginar su respuesta, pero de repente pude sentir una helada mano, tocar la mía y escuché su voz que me decía me prometiste que estaríamos juntos de manera instintiva. Retiré mi mano y abrí los ojos, pero no había nadie en la silla. Su voz sesgar escuchó tan nítida como si estuviera Susurrándome al oído. Moví la silla bruscamente para alejarla de mí y me retiré a la habitación de mis padres, donde pasé el resto de la noche. En múltiples ocasiones intenté pedirle que ya me dejara en paz, que se olvidara de mí y descansara. Mi madre mandó hacer un par de misas por ella. Fue allí donde noté que su presencia sobre mí comenzó a disminuir. Así que el plan fue continuar dedicándole ceremonias en su memoria. Pero las pocas apariciones que tenía conmigo, se comenzaron a tornar más violentas y espantosas. Esto fue por los siguientes años. Desafortunadamente, no podía hacer mi vida normal como siempre la había soñado. Cierta ocasión, mientras dormía, pude sentir como mi cama hace un día de un costado, algo que siempre pasa. Cuando alguien se subía a ella, me desperté creyendo que se trataba del perro, aunque por dentro ya sabía de quién se trataba. Mi Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad sólo para descubrir que no había nadie. De pronto el colchón volvió a la normalidad y acto seguido. La puerta se cerró fuertemente. Después de eso, me era muy difícil volver a conciliar el sueño y quedaba despierto a la expectativa de lo que más pudiera ocurrir. No me es sencillo decirlo, pero una ocasión decidí ponerle solución a esta pesadilla, poniéndole fin de forma inmediata, haciéndome daño a mí mismo. Pero justo antes de hacerlo, la vi a ella observándome pude ver en su mirada que ésta siempre había sido su intención. Me volví algo paranoico y mi círculo de amistades fue disminuyendo hasta que entré por fin a la Universidad, donde todo mejoró. Yo debía seguir con mi vida a como diera lugar. Sabía que no podía permitir que esta situación me consumiera y, después de dos intentos fallidos, finalmente logré ser admitido en la Universidad. Fue allí donde conocí a una de mis mejores amigas En la actualidad. Una mañana, mientras esperábamos a que el profesor llegara, se acercó a mí y me dijo que mi aura irradiaba un color gris y era evidente que necesitaba ayuda. La verdad es que durante muchos años nadie había logrado comprender mi situación y ella de repente pareció entender lo que estaba pasando sin que yo le dijera una palabra. Compartí con ella el problema que cargaba las experiencias con mi novia y como su presencia fantasmal, me perseguía constantemente impidiéndome vivir en paz. Mi amiga me aconsejó que debía romper con mi novia como si fuera una relación en la vida real. Siempre le había suplicado que dejara de aparecer y me dejara en paz, pero nunca se me había ocurrido poner fin a la relación. Esa misma tarde fui al cementerio donde descansaba mi novia. Durante años, su tumba había estado abandonada. Por la separación de sus pares y el pensar que quizás yo era lo único que le quedaba y que ahora se lo quitaría. Me llenó de un profundo dolor en el pecho, pero sabía que si no lo hacía, nunca encontraría la paz que tanto necesitaba. Siguiendo el consejo de mi amiga, hablé con mi novia imaginando que estaba frente a mí, al igual que cuando me senté frente a la silla. Al final le dije que ya no la quería y que debíamos poner fin a nuestra relación. Un fuerte viento casi me derribó, pero mantuve mi firmeza. Sabía que su espíritu no estaba contento en absoluto, pero opté por ignorarla y me alejé de allí sin mirar atrás. A lo largo de los años, ha sido un desafío lidiar con esta situación. Desde entonces, sus apariciones se han vuelto esporádicas. Ya no la veo con la misma frecuencia que antes y cuando sucede simplemente la ignoro. Esta estrategia me ha ayudado a transmitirle que ya no me inter ni me afecta en la actualidad. Esta experiencia ha dejado una marca en mí, pero he aprendido a convivir con ella hace aproximadamente cinco años. Finalmente sentí que mi vida había retomado el rumbo que tanto anhelaba. Me casé y ahora tengo un par de hijas, de las cuales a la segunda le puse el nombre de mi difunta novia. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo