July 9, 2023

El Nahual De La Venganza Historias De Terror - REDE

El Nahual De La Venganza Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

En la hual de la venganza. Todavía puedo recordar cada detalle de esa noche. No porque quiera que sea así. Juro que he intentado olvidarlo, pero es imposible. Esa noche marcó un antes y un después en mi vida pasaban las once. Nosotros estábamos terminando de cenar. Cuando escuchamos el de rape de varios vehículos. Los perros ladraron como locos, se escucharon voces, hubo disparos. Los perros lloraron después tumbaron la puerta. El primero en entrar fue un sujeto que cargaba una escopeta y dio un disparo. El tipo de la escopeta se quitó de la puerta. Entonces entraron otros hombres, todos armados, tatuados y con la cara cubierta con pelacates. Mamá y yo nos quedamos quietas sentadas en la mesa. Uno de los hombres preguntó por mí hermana. Ella estaba en el baño pero ni madre ni yo dijimos nada volvió a preguntar, pero en esa segunda ocasión puso su arma justo en la cabeza de mi madre sin más remedio. Confesó que mi hermana estaba en el baño. Puedo describir perfectamente al tipo que preguntó por mi hermana. Era alto demasiado, también era corpulento de piel morena entre todos los tipos. Empezaron a destruir la casa. Mientras el de la escopeta iba a sacarla del baño. La sacó jalándola del cabello, la llevó a la mesa y la sentó en la silla que estaba al lado mío. Le preguntaron por una mercancía y ella, llorando, le respondía que no la tenía que un talcobe. Se la había quitado y la había vendido. No le creyeron ni le volvieron a preguntar por la mercancía. La respuesta de mi hermana no cambió el tipo de la pistola tronó los dedos. Entonces el de la escopeta usó su arma para golpear a mi hermana en la cara. Lo hizo tan fuerte que pudimos escuchar cómo le quebró un hueso. Los tipos amarraron a mis padres y a mi hermana en las sillas en las que estaban sentados. Después, el moreno se acercó conmigo y me dijo tu novio es mi amigo. Por eso te sacaré de aquí y quiero que sepas que lo que le va a pasar a tu familia es todo culpa de tu hermana. El de la escopeta me agarró de un brazo y me arrastró afuera de la casa, mientras los demás hombres rociaban gasolina por todas partes. Me subieron a una de las camionetas, prendieron fuego a la casa con mi familia dentro y luego las camionetas arrancaron me amordazaron, me amarraron de pies y manos y me fueron a tirar a mitad del desierto. Creí que iba a morir. Afortunadamente, después de unas horas me encontró un anciano. Me llevó a su casa, que está ahí mismo en el desierto. Juró mis heridas y cuido de mí hasta que recuperé el habla. En todo ese tiempo no probé nada de comida. El anciano sólo me daba un vaso de agua al día, pero lo raro era que después de beberlo, no me daba hambre ni sed Tuvieron que pasar seis días para que pudiera hablar. La primer palabra que dije fue gracias. Después le pregunté al anciano el por qué me había ayudado por el Estado en el que me encontró. Era evidente que los responsables eran los del cartel. El anciano me respondió que no les tenía miedo y me pidió que le contara cómo era que yo había terminado en el desierto. Después de escucharme me preguntó qué era lo que tenía pensado hacer, porque yo quería venganza. El anciano quería saber qué obtendría yo. Al vengarme le respondí que lo único que me interesaba era que las personas que dañaron a mi familia sufrieran como nunca. El señor me pidió que lo acompañara. Afuera en un rincón de sus terreno. Había un pequeño cuarto. Cuando llegamos me pidió que abriera la puerta adentro había una especie de altar, había un montón de velas, libros, ramas, secas, frutas, dijes, piedras y frascos. El anciano me dijo que él era un chamán. Solo con el poder de sus manos podían cantar amuletos, curar enfermedades con su voz, podía provocar maldiciones y con sus ojos podía ver el futuro. Además, tenía un infinito conocimiento sobre herbolaria, infusiones y brebajes. También invocar espíritus, hablar con animales, incluso hacer que lloviera. Ahí me surgió una duda si tenía todo ese poder, porque no me había curado. Me comentó que el agua que me había estado dando no solo había curado mis heridas, sino que me había vuelto más fuerte. Esa noche hubo luna llena. El chamán encendió una fogata y me pidió que me me acercara. Me comentó que el fuego guardaba dentro del poder de la transmutación. Me puso las manos en la frente y me aseguró que si metía mi cara al fuego a modo de ofrenda, obtendría mi venganza sin necesidad de tener que hacer nada. Pero me advirtió que mi cara quedaría marcada para siempre. Él me quitaría el dolor, pero las marcas serían permanentes. Lo que me pedía era un poco exagerado, pero yo sí le creía que era un chamán. Además, el anciano no tenía motivo para querer hacerme algo. De haber sido esa su intención, me hubiera dejado morir en el desierto, me acerqué al fuego y sin pensarlo mucho, metí la cara en el fuego. En ese momento sentí cómo el tiempo se empezó a hacer lento luego vi todo negro. Había perdido el conocimiento. Cuando desperté no vi al chamán, no sentía dolor en su casa, no había ningún espejo con mucho cuidado toqué. Un poco mi cara se sentía diferente, pero no podía dimensionar la magnitud de haber metido la cara al fuego. Salí a la parte de atrás y ahí estaba el brujo, no estaba solo había una persona empalada y ardiendo me asusté y le pregunté qué había pasado el chamán. Me dijo que yo había dormido un día entero. En ese lapso de tiempo había llegado una persona del cartel. Como no me habían encontrado muerto donde me habían dejado y la casa del chamán era la única que estaba cerca. Habían enviado una persona a buscarme. El anciano se las arregló para someterlo y después lo sacrificó porque, según él, él sería el recipiente para mi venganza. Yo estaba muy confundida. Fue al cuarto donde estaba el altar y sacó un objeto raro de madera. Cuando le sopló, hizo un sonido que se parecía mucho al de los coyotes. Lo hizo sonar varias veces hasta que una manada de coyotes llegó con nosotros y se pararon alrededor de la fogata. Después me tomó de la mano y me llevó cerca de uno de los coyotes. El chamán tomó un lazo y lo colocó de tal forma que ese coyote y yo quedamos entrelazados. Después nos acercó unas cosas que parecían inciensos. Caminó alrededor de nosotros algunas veces mientras el humo que desprendía nos cubría. Se paró en medio de mí del coyote con sus palmas. Atrapó un poco de humo y rápido se acercó con el empalado, le sopló el humo en su cara. En ese momento, el cadáver se empezó a retorcer, cayó al suelo, empezó a temblar como si se estuviera convulsionando. Después de unos momentos, la tierra apagó el fuego, pero lo que estaba ahí no era el cuerpo de una persona era un monstruo peludo con facciones de coyote. El cadáver se había transformado en un hual. El chamán se acercó con el nahual y le habló que los espíritus de la tierra guíen tu camino. Cumple con tu propósito de venganza. Después de decir eso, el labol corrió hasta perderse en la lejanía del desierto. Los coyotes también se fueron con el tiempo. Se empezó a correr el rumor de que una casa de seguridad había sido atacada y todos los que estaban dentro habían muerto. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras