El Nahual De La Venganza Historias De Terror - REDE

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En la hual de la venganza. TodavÃa puedo recordar cada detalle de esa noche. No porque quiera que sea asÃ. Juro que he intentado olvidarlo, pero es imposible. Esa noche marcó un antes y un después en mi vida pasaban las once. Nosotros estábamos terminando de cenar. Cuando escuchamos el de rape de varios vehÃculos. Los perros ladraron como locos, se escucharon voces, hubo disparos. Los perros lloraron después tumbaron la puerta. El primero en entrar fue un sujeto que cargaba una escopeta y dio un disparo. El tipo de la escopeta se quitó de la puerta. Entonces entraron otros hombres, todos armados, tatuados y con la cara cubierta con pelacates. Mamá y yo nos quedamos quietas sentadas en la mesa. Uno de los hombres preguntó por mà hermana. Ella estaba en el baño pero ni madre ni yo dijimos nada volvió a preguntar, pero en esa segunda ocasión puso su arma justo en la cabeza de mi madre sin más remedio. Confesó que mi hermana estaba en el baño. Puedo describir perfectamente al tipo que preguntó por mi hermana. Era alto demasiado, también era corpulento de piel morena entre todos los tipos. Empezaron a destruir la casa. Mientras el de la escopeta iba a sacarla del baño. La sacó jalándola del cabello, la llevó a la mesa y la sentó en la silla que estaba al lado mÃo. Le preguntaron por una mercancÃa y ella, llorando, le respondÃa que no la tenÃa que un talcobe. Se la habÃa quitado y la habÃa vendido. No le creyeron ni le volvieron a preguntar por la mercancÃa. La respuesta de mi hermana no cambió el tipo de la pistola tronó los dedos. Entonces el de la escopeta usó su arma para golpear a mi hermana en la cara. Lo hizo tan fuerte que pudimos escuchar cómo le quebró un hueso. Los tipos amarraron a mis padres y a mi hermana en las sillas en las que estaban sentados. Después, el moreno se acercó conmigo y me dijo tu novio es mi amigo. Por eso te sacaré de aquà y quiero que sepas que lo que le va a pasar a tu familia es todo culpa de tu hermana. El de la escopeta me agarró de un brazo y me arrastró afuera de la casa, mientras los demás hombres rociaban gasolina por todas partes. Me subieron a una de las camionetas, prendieron fuego a la casa con mi familia dentro y luego las camionetas arrancaron me amordazaron, me amarraron de pies y manos y me fueron a tirar a mitad del desierto. Creà que iba a morir. Afortunadamente, después de unas horas me encontró un anciano. Me llevó a su casa, que está ahà mismo en el desierto. Juró mis heridas y cuido de mà hasta que recuperé el habla. En todo ese tiempo no probé nada de comida. El anciano sólo me daba un vaso de agua al dÃa, pero lo raro era que después de beberlo, no me daba hambre ni sed Tuvieron que pasar seis dÃas para que pudiera hablar. La primer palabra que dije fue gracias. Después le pregunté al anciano el por qué me habÃa ayudado por el Estado en el que me encontró. Era evidente que los responsables eran los del cartel. El anciano me respondió que no les tenÃa miedo y me pidió que le contara cómo era que yo habÃa terminado en el desierto. Después de escucharme me preguntó qué era lo que tenÃa pensado hacer, porque yo querÃa venganza. El anciano querÃa saber qué obtendrÃa yo. Al vengarme le respondà que lo único que me interesaba era que las personas que dañaron a mi familia sufrieran como nunca. El señor me pidió que lo acompañara. Afuera en un rincón de sus terreno. HabÃa un pequeño cuarto. Cuando llegamos me pidió que abriera la puerta adentro habÃa una especie de altar, habÃa un montón de velas, libros, ramas, secas, frutas, dijes, piedras y frascos. El anciano me dijo que él era un chamán. Solo con el poder de sus manos podÃan cantar amuletos, curar enfermedades con su voz, podÃa provocar maldiciones y con sus ojos podÃa ver el futuro. Además, tenÃa un infinito conocimiento sobre herbolaria, infusiones y brebajes. También invocar espÃritus, hablar con animales, incluso hacer que lloviera. Ahà me surgió una duda si tenÃa todo ese poder, porque no me habÃa curado. Me comentó que el agua que me habÃa estado dando no solo habÃa curado mis heridas, sino que me habÃa vuelto más fuerte. Esa noche hubo luna llena. El chamán encendió una fogata y me pidió que me me acercara. Me comentó que el fuego guardaba dentro del poder de la transmutación. Me puso las manos en la frente y me aseguró que si metÃa mi cara al fuego a modo de ofrenda, obtendrÃa mi venganza sin necesidad de tener que hacer nada. Pero me advirtió que mi cara quedarÃa marcada para siempre. Ãl me quitarÃa el dolor, pero las marcas serÃan permanentes. Lo que me pedÃa era un poco exagerado, pero yo sà le creÃa que era un chamán. Además, el anciano no tenÃa motivo para querer hacerme algo. De haber sido esa su intención, me hubiera dejado morir en el desierto, me acerqué al fuego y sin pensarlo mucho, metà la cara en el fuego. En ese momento sentà cómo el tiempo se empezó a hacer lento luego vi todo negro. HabÃa perdido el conocimiento. Cuando desperté no vi al chamán, no sentÃa dolor en su casa, no habÃa ningún espejo con mucho cuidado toqué. Un poco mi cara se sentÃa diferente, pero no podÃa dimensionar la magnitud de haber metido la cara al fuego. Salà a la parte de atrás y ahà estaba el brujo, no estaba solo habÃa una persona empalada y ardiendo me asusté y le pregunté qué habÃa pasado el chamán. Me dijo que yo habÃa dormido un dÃa entero. En ese lapso de tiempo habÃa llegado una persona del cartel. Como no me habÃan encontrado muerto donde me habÃan dejado y la casa del chamán era la única que estaba cerca. HabÃan enviado una persona a buscarme. El anciano se las arregló para someterlo y después lo sacrificó porque, según él, él serÃa el recipiente para mi venganza. Yo estaba muy confundida. Fue al cuarto donde estaba el altar y sacó un objeto raro de madera. Cuando le sopló, hizo un sonido que se parecÃa mucho al de los coyotes. Lo hizo sonar varias veces hasta que una manada de coyotes llegó con nosotros y se pararon alrededor de la fogata. Después me tomó de la mano y me llevó cerca de uno de los coyotes. El chamán tomó un lazo y lo colocó de tal forma que ese coyote y yo quedamos entrelazados. Después nos acercó unas cosas que parecÃan inciensos. Caminó alrededor de nosotros algunas veces mientras el humo que desprendÃa nos cubrÃa. Se paró en medio de mà del coyote con sus palmas. Atrapó un poco de humo y rápido se acercó con el empalado, le sopló el humo en su cara. En ese momento, el cadáver se empezó a retorcer, cayó al suelo, empezó a temblar como si se estuviera convulsionando. Después de unos momentos, la tierra apagó el fuego, pero lo que estaba ahà no era el cuerpo de una persona era un monstruo peludo con facciones de coyote. El cadáver se habÃa transformado en un hual. El chamán se acercó con el nahual y le habló que los espÃritus de la tierra guÃen tu camino. Cumple con tu propósito de venganza. Después de decir eso, el labol corrió hasta perderse en la lejanÃa del desierto. Los coyotes también se fueron con el tiempo. Se empezó a correr el rumor de que una casa de seguridad habÃa sido atacada y todos los que estaban dentro habÃan muerto. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras








