El Nahual Cornudo Historias De Terror - REDE

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El nahual cornudo. Esto que voy a contar me sucedió hace más de una década. TodavÃa no cumplÃa los veinte años. Yo me creà con mi abuela y crecà con sus historias. Ella me hablaba mucho de animales, de poder, personas con poderes, hombres no humanos, brujos y seres sobrenaturales. Esa era la manera en la que mi abuela se referÃa a las mÃticas criaturas coloquialmente conocidas como nahuales, esas criaturas mitad humano, mitad bestia. Mi abuela decÃa que, de hecho, eso de cuando se te sube el muerto era una señal de que una hual estaba cerca y con muy malas intenciones. Yo creÃa en los nauvales y me sabÃa mil y una historias en las que esas bestias cazaban, mataban y comÃan personas o que se las robaban para llevárselos a alguna Bruja. Cuando cumpl r s so ocho años, me fui a vivir con una tÃa para poder trabajar. Esa tÃa vivÃa en pasos del Toro en MedellÃn, que es un municipio de Veracruz. Llegando ahà desde el primer dÃa, me di cuenta que la vida era muy diferente. Para empezar, ahà conocà las lavadoras. En el pueblo en el que vivÃa con mi abuela, nadie tenÃa lavadora y tampoco tenÃan luz, pero ahÃ, en paso del Toro habÃa luz. También habÃa agua de tuberÃa, baño que no fuera de pozo, radio refrigerador y hasta televisión. Los primeros meses todo iba bien, hasta que una noche empecé a sentir cosas extrañas en el cuarto que me prestaban para dormir. Era como si alguien me estuviera observando no dije nada para no causar molestias o para que no fueran a pensar que me estaba quejando del cuarto. Lo que menos querÃa era incomodar a mi tÃa, pero la situación se fue volviendo más incómoda. Conforme iban pasando los dÃas una noche, la sensación fue tan insoportable que terminé por despertarme estando levantada con la luz encendida y los ojos abiertos. Aún asà me sentà observada y parecÃa que me miraban desde afuera a través de la ventana. Con un poco de miedo, fui hasta ella y la abrà para asomarme hacia el patio. AhÃ, en la casa de mi tÃa, las ventanas no tenÃan ni malla ni protecciones. Por eso pude sacar la cabeza y asà tener buena vista del patio, que era muy grande. Al fondo, en una esquina, pude distinguir una silueta encorvada y con cuernos corrà a hablarle a mi tÃa, pero cuando llegó al cuarto y se asomó esa silueta, ya no estaba sorpresivamente. Mi tÃa me creyó, y no sólo eso, sino que se trataba de un gualde agua que habÃa llegado desde las faldas del pico de Orizaba y que se habÃa trasladado hasta el paso del toro mediante el rÃo Jamapa. Al dÃa siguiente, mi tÃa empezó a contarle a los vecinos y se lo tomaron muy mal. DecÃan que era una muy mala señal. Según escena, wal habÃa aparecido en la región muchos años antes, pero habÃan logrado deshacerse de él. Fuimos con una bruja y ella nos dio una botella que contenÃa un agua especial. Esa agua debÃamos colocarla por toda la casa para ahuyentar al nahual. También nos dijo que debÃamos enterrar machetes en el patio. DebÃan ser seis machetes agrupados de dos en todos y entre dos machetes se debÃa formar una cruz. En total serÃan tres cruces. Además, también tenÃamos que colgar una cruz de ocote en la puerta de entrada. La cruz tenÃa que estar amarrada con siete nudos de hilo rojo. No habÃan pasado muchos dÃas cuando una vecina dijo que cuando salió al baño durante la madrugada, pudo ver en el techo una silueta encorvada y cornuda. La vecina le gritó a su esposo. Ãste salió rápido y en cuanto vio al nahual le empezó a ventar tabiques. Esa criatura humanoide se transformó en un venado y se alejó brincando por los techos de las casas. El tiempo pasó y yo estaba saliendo con un muchacho. Su nombre era Pedro él vivÃa solo. Su familia era dueña de una finca en otro poblado rÃo arriba. También poseÃan una buena cantidad de ganado. Para que yo me distrajera un poco. Me invitó a pasar un fin de semana en la finca de su familia. Nos fuimos el sábado a eso de las ocho de la mañana y llegamos a mediodÃa. En la noche encendieron una fogata para calentar la cena al aire libre. Estábamos empezando a cenar cuando de repente se empezaron a ver a lo lejos unas misteriosas luces que parecÃan moverse sobre el rÃo. Los papás de Pedro comentaron que esas eran brujas y que ya habÃa pasado un mus muchÃsimo tiempo desde la última vez que se habÃan dejado ver. Yo me puse nerviosa al escuchar que se trataba de brujas, pero Pedro me dijo que necesitaba mantenerme en calma porque las brujas eran capaces de oler el miedo y si yo entraba en pánico, esas brujas vendrÃan hacia nosotros. Al darse cuenta que yo no podÃa evitar ponerme nerviosa, optaron por apagar la fogata y, mejor nos metimos a la casa dentro me sentà más segura. Ahà terminamos de cenar esa noche. Inevitablemente, las brujas se volvieron el tema de conversación. En la mañana ya domingo encontramos algunos animales muertos. La escena era horrible. ParecÃa que habÃan sido despedazados por un molino. Pedro dijo que de seguro habÃa sido en la ual Yo volteé a verlo un poco molesta porque pensé que me estaba culpando. Los papás de Pedro se dieron cuenta de mi incomodidad y me dijeron que no debÃa tomarme a mal ese comentario, que la verdad sà parecÃa que el Nahual habÃa atacado a los animales. Yo les pregunté si ellos creÃan que era culpa mÃa. Me respondieron que no del todo, que si bien era posible que el la Gual no hubiera seguido, también existÃa la posibilidad de que las brujas hubieran llamado al Nahual. Pedro optó mejor porque nosotros nos fuéramos. Me llevó de regreso a casa de mi tÃa, en lo que allà atendÃan el asunto de los animales muertos. Pasaron cuatro dÃas y al quinto volvà a sentirme observada. Cuando me asomé por la ventana en el techo de la casa de al lado, pude ver una criatura mitad humano, mitad venado con postura encorvada. Las sugerencias de la bruja sà sirvieron porque el Nahual cornudo ya no estaba en el patio, estaba en otra casa y al parecer, no podÃa ser la car. Se dice que hubo dos o tres avistamientos más de aquel naual y después desapareció, junto con las luces que se veÃan sobre el rÃo adaptado por Ramiro contreras








