July 8, 2023

El Nahual Cornudo Historias De Terror - REDE

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El nahual cornudo. Esto que voy a contar me sucedió hace más de una década. Todavía no cumplía los veinte años. Yo me creí con mi abuela y crecí con sus historias. Ella me hablaba mucho de animales, de poder, personas con poderes, hombres no humanos, brujos y seres sobrenaturales. Esa era la manera en la que mi abuela se refería a las míticas criaturas coloquialmente conocidas como nahuales, esas criaturas mitad humano, mitad bestia. Mi abuela decía que, de hecho, eso de cuando se te sube el muerto era una señal de que una hual estaba cerca y con muy malas intenciones. Yo creía en los nauvales y me sabía mil y una historias en las que esas bestias cazaban, mataban y comían personas o que se las robaban para llevárselos a alguna Bruja. Cuando cumpl r s so ocho años, me fui a vivir con una tía para poder trabajar. Esa tía vivía en pasos del Toro en Medellín, que es un municipio de Veracruz. Llegando ahí desde el primer día, me di cuenta que la vida era muy diferente. Para empezar, ahí conocí las lavadoras. En el pueblo en el que vivía con mi abuela, nadie tenía lavadora y tampoco tenían luz, pero ahí, en paso del Toro había luz. También había agua de tubería, baño que no fuera de pozo, radio refrigerador y hasta televisión. Los primeros meses todo iba bien, hasta que una noche empecé a sentir cosas extrañas en el cuarto que me prestaban para dormir. Era como si alguien me estuviera observando no dije nada para no causar molestias o para que no fueran a pensar que me estaba quejando del cuarto. Lo que menos quería era incomodar a mi tía, pero la situación se fue volviendo más incómoda. Conforme iban pasando los días una noche, la sensación fue tan insoportable que terminé por despertarme estando levantada con la luz encendida y los ojos abiertos. Aún así me sentí observada y parecía que me miraban desde afuera a través de la ventana. Con un poco de miedo, fui hasta ella y la abrí para asomarme hacia el patio. Ahí, en la casa de mi tía, las ventanas no tenían ni malla ni protecciones. Por eso pude sacar la cabeza y así tener buena vista del patio, que era muy grande. Al fondo, en una esquina, pude distinguir una silueta encorvada y con cuernos corrí a hablarle a mi tía, pero cuando llegó al cuarto y se asomó esa silueta, ya no estaba sorpresivamente. Mi tía me creyó, y no sólo eso, sino que se trataba de un gualde agua que había llegado desde las faldas del pico de Orizaba y que se había trasladado hasta el paso del toro mediante el río Jamapa. Al día siguiente, mi tía empezó a contarle a los vecinos y se lo tomaron muy mal. Decían que era una muy mala señal. Según escena, wal había aparecido en la región muchos años antes, pero habían logrado deshacerse de él. Fuimos con una bruja y ella nos dio una botella que contenía un agua especial. Esa agua debíamos colocarla por toda la casa para ahuyentar al nahual. También nos dijo que debíamos enterrar machetes en el patio. Debían ser seis machetes agrupados de dos en todos y entre dos machetes se debía formar una cruz. En total serían tres cruces. Además, también teníamos que colgar una cruz de ocote en la puerta de entrada. La cruz tenía que estar amarrada con siete nudos de hilo rojo. No habían pasado muchos días cuando una vecina dijo que cuando salió al baño durante la madrugada, pudo ver en el techo una silueta encorvada y cornuda. La vecina le gritó a su esposo. Éste salió rápido y en cuanto vio al nahual le empezó a ventar tabiques. Esa criatura humanoide se transformó en un venado y se alejó brincando por los techos de las casas. El tiempo pasó y yo estaba saliendo con un muchacho. Su nombre era Pedro él vivía solo. Su familia era dueña de una finca en otro poblado río arriba. También poseían una buena cantidad de ganado. Para que yo me distrajera un poco. Me invitó a pasar un fin de semana en la finca de su familia. Nos fuimos el sábado a eso de las ocho de la mañana y llegamos a mediodía. En la noche encendieron una fogata para calentar la cena al aire libre. Estábamos empezando a cenar cuando de repente se empezaron a ver a lo lejos unas misteriosas luces que parecían moverse sobre el río. Los papás de Pedro comentaron que esas eran brujas y que ya había pasado un mus muchísimo tiempo desde la última vez que se habían dejado ver. Yo me puse nerviosa al escuchar que se trataba de brujas, pero Pedro me dijo que necesitaba mantenerme en calma porque las brujas eran capaces de oler el miedo y si yo entraba en pánico, esas brujas vendrían hacia nosotros. Al darse cuenta que yo no podía evitar ponerme nerviosa, optaron por apagar la fogata y, mejor nos metimos a la casa dentro me sentí más segura. Ahí terminamos de cenar esa noche. Inevitablemente, las brujas se volvieron el tema de conversación. En la mañana ya domingo encontramos algunos animales muertos. La escena era horrible. Parecía que habían sido despedazados por un molino. Pedro dijo que de seguro había sido en la ual Yo volteé a verlo un poco molesta porque pensé que me estaba culpando. Los papás de Pedro se dieron cuenta de mi incomodidad y me dijeron que no debía tomarme a mal ese comentario, que la verdad sí parecía que el Nahual había atacado a los animales. Yo les pregunté si ellos creían que era culpa mía. Me respondieron que no del todo, que si bien era posible que el la Gual no hubiera seguido, también existía la posibilidad de que las brujas hubieran llamado al Nahual. Pedro optó mejor porque nosotros nos fuéramos. Me llevó de regreso a casa de mi tía, en lo que allí atendían el asunto de los animales muertos. Pasaron cuatro días y al quinto volví a sentirme observada. Cuando me asomé por la ventana en el techo de la casa de al lado, pude ver una criatura mitad humano, mitad venado con postura encorvada. Las sugerencias de la bruja sí sirvieron porque el Nahual cornudo ya no estaba en el patio, estaba en otra casa y al parecer, no podía ser la car. Se dice que hubo dos o tres avistamientos más de aquel naual y después desapareció, junto con las luces que se veían sobre el río adaptado por Ramiro contreras