El Monje La Bruja Y El Demonio Historias De Terror - REDE

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El monje, la bruja y el demonio. Hay historias que merecen ser contadas. No es justo que mueran junto a uno. Hoy en dÃa. Soy una persona ya muy avanzada de edad. Sé que mis dÃas están contados. Hace poco que di con este canal, lugar donde se encontraré muchos oÃdos para ser escuchado. Incluso tengo la esperanza de encontrarme con algún caso parecido mi nombre Aurelio. He tenido una formación monacal y sacerdotal. Me puedo jactar de haber llevado una vida célibe, al menos durante cincuenta años, pues los primeros treinta años de mi vida vivà una vida mundana y normal. De hecho, hasta estuve comprometido. Mis padres no son originarios de Uruguay, sino que ellos originalmente venÃan de Rusia, paÃs por el que siento gran aprecio. Mis padres no eran católicos, sino ortodoxos. Sin embargo, yo fui criado en un ambiente católico. Siempre me interesaron mucho los estudios bÃblicos, la tecnologÃa y la filosofÃa. Mis padres siempre me tuvieron en colegios católicos y cuando tuve la edad suficiente, entré a estudiar una licenciatura en filosofÃa y tecnologÃa en la Universidad. Fue donde conocà a Sonia, que estudiaba matemáticas. Nos enamoramos de inmediato, pues tenÃamos muchas cosas en común. Ella, al igual que yo, venÃa de padres extranjeros. También tenÃamos el mismo gusto musical y disfrutábamos de la naturaleza. Tuvimos un noviazgo de dos años para esa etapa de nuestra relación. Ya prácticamente vivÃamos juntos. No daré muchos detalles en nuestro rompimiento. Esto por honor a su memoria. Solo diré que ella me confesó que me engañaba con un médico diez años mayor que ella. Este acto causó tal de tema ilusión en mà que prácticamente perdà las ganas de vivir. Duré varios meses sumido en una gran depresión. Al final, Dios me salvó. Fue como una luz que me dio de vuelta a mi verdadera vocación. Decidà ingresar a un monasterio, pues deseaba pasar tiempo meditando acerca del amor y el sufrimiento. Después de un perÃodo de preparación, fui enviado a servir en una abadÃa, en un pueblo en las montañas. La vida en un monasterio es bastante silenciosa. Se realizan ayunos y mucha oración en ese lugar. El abad era bastante rÃgido. Si se faltaba a las reglas, éramos castigados siendo enviados a una celda aislada que se localizaba justo frente a un lago y al pie de un risco. Entre los monjes llamaban a este lugar como las fauces del Diablo, ya que se contaba que la soledad allà pesaba demasiado a tal punto que comenzaba a saber y escuchar cosas que no pertenecen a este mundo. En fin, este tipo de historias a mà me ponÃan los pelos de punta, y no es que fuera supersticioso ni que dudara que no existiera fuerza más grande que Dios mismo. No obstante, no podÃa evitar sentirme aterrorizado hasta ese momento. Sà me tocó experimentar un par de encuentros con lo desconocido y cuando eso ocurrÃa, me ponÃa bastante mal de los nervios. Tuve un desacuerdo con un hermano y terminamos agarrados a golpes en el patio. El abad nos vio y como yo no le agradaba la culpa recayó sobre mÃ. Me castigaron y enviaron a la celda por un mes. En aquel lugar me darÃan alimento una vez al dÃa, dormirÃa en unas cobijas en el suelo y permanecerÃa en constante penitencia. Hasta ese momento llevaba mucho tiempo sin tener contacto con una mujer. Ni siquiera habÃa intercambiado palabras con alguna juro. Por Dios que siempre respeté. Mis votos, incluso mis pensamientos se encontraban en total tranquilidad. Sin embargo, a aquel aquella cueva tenÃa algo maldito en su interior que no tardó en hacerse presente. La primera mañana la pasé mayormente orando. Después realicé algo de limpieza, pues el lugar estaba muy sucio. Después de media tarde me quedé sentado frente al lago, contemplando la belleza del paisaje. En ese momento sentà que el castigo realmente no serÃa tan duro. Incluso comencé a creer que las historias de mis hermanos acerca del lugar eran exageradas. En eso estaba cuando comencé a percibir unas ondas en el agua que me hicieron pensar que se acercaba un pez a la superficie. Me puse de pie y me acerqué para poderlo ver. Me llevé el mayor sobresalto de mi vida, pues ante mis ojos vi el reflejo de un ser diabólico con una sonrisa infernal. Caà de espaldas. Me puse de pie de inmediato y al volver a ver allà no habÃa nadie, solo un silencio ensordecedor y un aire helado. Regresé a la cueva y pude ver una sombra que caminaba rápido por un pasillo que llevaba un cuarto pequeño. En este tenÃamos un enorme cristo de madera. Creyendo que se trataba del mismo demonio que me acechaba, me puse a rezar y a pedirle fuerza a Dios. Cuando descubrà que la sombra pertenecÃa a la de un pequeño gato negro. El animal comenzó a ronronear y pegarse a mis piernas. Le di un poco de mi comida y también agua. Estaba muy flaco. El pobre animal decidà adoptarlo para que me hiciera compañÃa. Mi aislamiento se hizo más tolerable. Este no tardó en reponerse, pues le daba de mi comida aparte. Seguido estaba cazando ratones en el campo. Un dÃa llegaron un par de viajeros decÃan ir de paso y deseaban platicar conmigo. Yo no me pude negar, pues me venÃa bastante bien poder convivir un poco con otras personas. De cualquier manera, esto no rompÃa mi aislamiento, pues ellos se irÃan antes del atardecer y yo seguirÃa solo. Esta pareja de viajeros me pidieron que los bendijera, ya que, según sus creencias, deberÃan pasar por un poblado que era famoso por haber puesto al descubierto una quelarred de brujas y dos mujeres que participaban activamente huyeron por estos rumbos. Antes de irse me dejaron un par de panes y un poco de queso. Cuando cayó la noche, me encerré en la cueva y me entregué a la oración. El pequeño gato se quedó dormido en mi cama esa noche. Yo no podÃa dormir. SentÃa esa pesadez que sólo se siente en ese lugar. También el viento afuera corrÃa muy fuerte, causando un silbido aterrador. De pronto se soltó una tormenta con mucho granizo el sonido de los hielos chocando contra la roca y la puerta de la cueva eran demasiado intensos. ParecÃa que esa noche el diablo habÃa sido liberado. El gato no se alejaba de mÃ, estaba asustado y se le erizaba el pelo. Cuando paró la tormenta, vino un silencio casi sepulcral No sé cuánto tiempo habrÃa pasado en ese entonces ya estaba perdiendo la noción del tiempo. Para mÃ, el dÃa se dividÃa en amanecer, que era cuando realizaba mi primer servicio de oración. Luego la limpieza. Después comÃa algo y regresaba a la oración una vez que anochecÃa. Regresaba a rezar hasta que el sueño me vencÃa. Asà que no puedo estar seguro de qué hora era cuando todo se calmó. Pero cuando esto ocurrió, alguien comenzó a tocar la puerta. Me acerqué, pero no abrà sólo pregunté quién era y qué querÃa. Escuché la voz de una mujer joven entre sollozos me pedÃa que la dejara pasar. Yo le respondà que no era correcto que una señorita interrumpiera el aislamiento de un monje, pero la mujer comenzó a llorar. Me decÃa a uer la que la dejara pasar, pues algo terrible le habÃa pasado y no estaba segura afuera. Terminé por compadecerme le abrà la puerta. No quise mirarle directamente el rostro. Lo que sà pude notar fue que estaba empapada. Fui por mi única manta y se la ofrecÃ. Le dije que intentara secarse y después podÃa contarme lo que le habÃa ocurrido. Luego que se calmara, podÃa guiarla hasta la AbadÃa, donde sin duda le presentarÃan mejor ayuda de la que yo podÃa ofrecerle. En eso miré su rostro por unos segundos pude notar que llevaba la cara cubierta con un velo negro. Aún asà pude apreciar que se trataba de una mujer muy joven. Ella me dijo que no creÃa que alguien sobre la tierra pudiera salvarla, ya que habÃa hecho algo muy malo. Yo le respondà que Dios perdona a todos sus hijos siempre y cuando se esté arrepentido. De verdad me ofrecà a escuchar su confesión. Ella me agradeció y enseguida. Me contó que vivÃa en un poblado cercano, lugar a donde ella no podÃa regresar jamás, pues la buscaban por bruja. En eso salió el gato que se le echó encima de inmediato. Arañando a la joven, Ella lanzó un grito y le tiró una patada al animal. Después me pidió que alejara al gato de ella, pues era alérgica. A mà me extrañó mucho la actitud del animal. Agarré el gato y lo dejé. En la pequeña habitación del Cristo, la mujer prosiguió su relato. Me dijo que le apenaban mucho sus acciones mas. Las acusaciones de la gente en el poblado eran verdaderas. Ella era parte de un grupo de brujas que se reunÃan los sábados por la noche en un claro a las afueras del pueblo. Al principio realizaban hechizos simples como amares de amor, astrologÃa y cosas asÃ. Desafortunadamente, una de ellas fue más allá y un dÃa con engaños les hizo invocar un demonio. Dijo que al principio ella no creÃa que esto fuera posible, pero a los dÃas las cosas salieron muy mal para ellas, pues, aparte de que varias personas del poblado las descubrieron las acosaba algo terrible. Un misterioso forastero bien vestido con una sonrisa diabólica. Todas concordaban con haberlo visto a diferentes horas del dÃa. También las acausaron las personas del pueblo. Tres de ellas incluso se fueron a vivir a la ciudad, mientras que ella, quien no tenÃa los recursos económicos para irse, tuvo que quedarse, evitaba mayormente salir a la calle por miedo a las personas. Pero ahora no se sentÃa segura ni encerrada, pues el forastero la acechaba seguido, lo veÃa al pie de su ventana o en la puerta, incluso en su sueño, siempre estaba presente. Ahora bien, no tardé en notar algo extraño en esta chica. SentÃa como si quisiera exhibirse, y su mirada no coincidÃa con la de una persona perturbada o asustada, sino con la de una persona lasciva. Se pasaba la lengua por sus labios constantemente contorneaba su figura usando sus manos. Yo me mantuve alejado de ella en lo posible. Le escuchaba en silencio, pero no perdÃa detalle en su lenguaje corporal, y este me decÃa que algo malo ocurrÃa en la cueva. Comencé a percibir esta energÃa negativa. El rostro de la chica sudaba y comenzaba a mostrar cierta inconsistencia. De repente, ella me dijo sacrificamos a alguien sentà un enorme escalofrÃo. Realicé la señal de la cruz con mis manos y comencé a orar. Le dije a la chica que yo no podÃa ayudarla más que se instalara esa noche en la cueva y en la mañana a primera hora la llevarÃa a la abadÃa. Ella me dijo que pensaba que ya no tendrÃa salvación. Me pidió que continuar escuchando su confesión, le dije que continuara, no sin antes recordarle que todos tenemos salvación, ya que Dios es entero amor y encontrarÃa el perdón si realmente se arrepentÃa. Ella continuó su confesión. Acusaba una de sus compañeras de haberlas engañado a todas, aunque no era excusa por lo que habÃan hecho. Envenenaron a un hombre y a partir de ello fue que el demonio comenzó a manifestarse. En ese momento. La mujer me agradeció y salió de nuevo de la celda. Regresando a la penumbra, yo intenté detenerla, pero ella siguió su paso. Tomé una lámpara de aceite que guardaba y alumbré el camino para poder ver dónde estaba. Tardé algo de tiempo en localizarla. Se encontraba frente al lago. Estaba hincada sin ropa. Estaba a punto de Hablarle Cuando sentà como una mano me tomaba del hombro, me giré de inmediato para ver de qué bien se trataba. Era un hombre vestido con un traje azul muy elegante. Llevaba una sombrilla. Deduje que ese hombre era el forastero del que hablaba la chica. De pronto el hombre comenzó a realizarme preguntas por qué no tomas a esa mujer y abandonas los votos. Me dijo me quedé petrificado. Su voz tenÃa cierto tono que helaba la sangre. No lograba mirar su rostro. Era una persona muy alta que desprendÃa oscuridad de su cuerpo. SabÃa que ese hombre no podÃa hacer nadie más que el mismÃsimo demonio. Por un par de segundos, vi los pies del hombre. Noté que tenÃan la forma de pezuñas. Regresé corriendo a la celda en la cueva cerré la puerta, me arrodillé y lloré toda la noche afuera escuchaba los gritos de la mujer y el rugir de un extraño animal. A la mañana siguiente me puse en marcha hacia la abadÃa y de mi historia, que la mayorÃa de monjes escucharon con incredulidad. Otros, en cambio, concordaban con que en ese lugar ocurrÃan cosas extrañas. No obstante, el abad se molestó conmigo por no haber cumplido con éxito mi aislamiento, lo mismo por haber contado mi relato. Ãl era quien menos me creyó. DecÃa que esas historias eran impuestas por Satanás para que nos alejáramos de la santidad. El monje más viejo de la orden me pidió hablar a solas con él. Ãl decÃa creerme, pero lo que yo vi en la noche tenÃa una historia detrás. Según el monje, los viajeros que me dieron alimento. No eran más que simples espÃritus que murieron. Hace años que uno de los viajeros sufrió una mordedura de una araña paralizadora. Ãl lo sabÃa perfectamente por qué a él le tocó vivirlo, ya que por ese entonces él estaba en completo aislamiento. O l el segundo viaje la llegó en busca de ayuda y condujo al monje por la espesura del bosque. Entonces llegaron hasta un claro y allà vieron un aquelarre de brujas y realizando un ritual con el cuerpo del viajero. Entonces el cuerpo de éste se levantó, lo que ocasionó que las brujas se asustaran y huyeran. A partir de allà fue que comenzó a ver a este hombre vestido de azul, lo mismo que la chica que yo vi, quien se creÃa fue ahogada en el lago por el mismo demonio y noche anoche su espÃritu tocaba la puerta e intentaba tentarlo. Me confesó con pena que en una de esas ocasiones cayó en la tentación. Cuando me decÃa esto, me enseñó unas cicatrices espantosas que llevaba en la espalda parecÃan haber sido hechas por un animal salvaje. TenÃa sentido la historia del monje. Al poco tiempo pedà mi baje en la orden e ingresé a un seminario donde me preparé para hacerme sacerdote. Hasta la fecha no he vuelto jamás a ese lugar, pero me quedo pensando si en verdad habrá ayudado en algo el haber escuchado la confesión del espÃritu de esa joven bruja. Espero que sÃ, la Bruja en el desierto. Soy un buscador de tesoros, me llamo Raúl y actualmente tengo cuarenta años. Por lo regular viajo solo con dos acompañantes con quienes reparto de manera equitativa los descubrimientos y la paga cuando alguien nos contrata. Al principio de mi carrera no tuve mucho éxito. Mis descubrimientos se limitaban a una que otra antigüedad que encontraba en antiguas haciendas abandonadas, una que otra pieza de plata más nunca de oro. No fue hasta que una persona en particular nos contrató para buscar un tesoro debajo de un horno de ladrillo. Resulta que si encontramos algunas piezas de oro y muchos billetes antiguos ya podridos. La persona que nos contrató nos dijo que su abuelo lo enterró, pues no querÃa dejarle nada a sus hijos. DecÃa que la riqueza sólo los llevarÃa a la perdición. Asà pues, lo único que les quiso heredar en vida fue que aprendieran el oficio de panadero, tradición que sólo duró una generación, pues los nietos vendieron la propiedad justo después de encontrar el tesoro enterrado del abuelo. Ganamos buen dinero con ese trabajo. Al poco tiempo se me ocurrió poner un anuncio en el periódico ofreciendo nuestros servicios y es que invertà parte de mis ganancias en equipo nuevo detectores de metal. Entre otras cosas, Tuvimos una buena temporada hasta que recibimos una llamada de un extranjero. Se nos requerÃa para ir a buscar un enterramiento en el estado de Sonora. Nos ofreció buena paga, aparte de cubrir los viáticos. Vivo en Baja California. Realmente la distancia no era tanta, asà que, después de consultarlo con mi equipo, todos terminamos aceptando la propuesta. Todos decÃan tener buen presentimiento. En cuanto a esta travesÃa. El cliente, que no hablaba bien el español, nos explicó que la zona donde irÃamos fue parte de una construcción que perteneció a su familia hace muchos años atrás, pero que después de una serie de sucesos trágicos, el lugar quedó abandonado, pero deseaba recuperar unas figuras chapadas en oro que escondieron bajo un altar en la construcción principal. Nos dio unas coordenadas. Cargamos el vehÃculo todo terreno y nos pusimos en marcha hacia Sonora. El lugar en verdad estaba muy internado en el desierto, asà que llevamos muchos vÃveres, carne seca, agua, entre otras cosas básicas. Al llegar al lugar, nos nos vimos las urs cuenta que las construcciones eran demasiado extrañas y no sólo que estuvieran en ruinas, sino que estaban hechas de una forma que jamás habÃa visto. No era la tÃpica puerta cuadrada u ovalada. Mayormente parecÃa una especie de fortaleza que remataba toda su construcción con picos. Para ingresar a cada una de las casas era necesario subir unas escaleras un poco altas. El lugar era parecido a las criptas satánicas de ciudad Obregón, pero a diferencia de éstas, si parecÃan haber sido habitadas. Además de que alrededor de todo el complejo habÃa bardas y rejas, Los muchachos y yo nos preguntamos lo mismo para qué habrÃan construido un complejo como aquel en medio del desierto. La construcción se veÃa bastante antigua. Ni siquiera tenÃa vigas de metal, sino de madera, como en el siglo pasado. A causa de esto preferimos levantar el campamento dentro del complejo, pero lejos de cualquier construcción, no deseábamos quedar sepultados bajo una lluvia de escombros. No tardamos en localizar el edificio principal, al cual entramos inmediatamente después de que levantáramos las tiendas de campaña, subimos las escaleras con miedo. Yo pensaba en cualquier momento qué lugar se vendrÃa abajo. No fue difÃcil derribar la puerta de ingreso, pues prácticamente se caÃa a pedazos. Gracias al óxido dentro. Aún vimos los esqueletos de muebles. Antiguos viejas fotografÃas colgaban de las paredes lo mismo varios cuadros que presentaban pinturas, dos en especial llamaron nuestra atención. En uno de ellos habÃa una mujer con los ojos en blanco, justo en medio de dos lobos. El otro era una imagen del diablo, la cual no me atrevo a describir. No tuvimos duda alguna de que ese lugar era una especie de retiro para satanistas. De pronto sentà el deseo de salir corriendo de allÃ. SentÃa la atmósfera muy pesada, como si algo debajo de mis pies me jalara. Fue extraño porque, por otro lado, sentÃa esa espina de que encontrarÃamos algo valioso. De hecho, este sexto sentido es el que me llevó a dedicarme de lleno a la búsqueda de Tesoros. En ningún otro lugar lo he sentido tan fuerte como en las construcciones del desierto. Les dije a los muchachos cómo me sentÃa en torno a ese lugar y después les pregunté si deseaban proseguir o regresar todos dijeron que no era posible regresar a esa hora, ya que no tardarÃa en oscurecer y era más difÃcil el traslado, además que el simple hecho de ver esas imágenes allà no tenÃa nada que ver con qué lugar estuviera embrujado o no. Les di la razón y ordené traer los aparatos para comenzar a barrer la zona. Buscamos por toda la construcción, pero no dábamos con el mencionado altar en el transcurso que pasábamos los detectores de metal por toda la casa. Notamos que en diversos puntos pitaba Esto era debido a que los cuadros en las paredes estaban revestidos con pintura de oro y plata. Encontramos unas cucharas de plata maciza. Comenzamos a dudar que en el edificio en el que estábamos fuera de la construcción principal, ya estaba oscureciendo y regresamos a nuestro campamento improvisado. El clima en el desierto es extremo. Ya es hora. Cayó abruptamente la temperatura. Reunimos toda la madera que encontramos en ese lugar. Lo mismo, varias hierbas, secas y raÃces. Hicimos un cÃrculo con piedra y arena. Después encendimos una fogata. Mientras el fuego crepitaba. Comenzamos a hablar acerca del siguiente paso a seguir mi intuición me decÃa que ese edificio era el indicado, pero que el mencionado altar está escondido tal vez debajo del mismo. Aún asÃ, los demás opinaban que deberÃamos adentrarnos en cada una de las construcciones sin dejar un rincón, sin revisar los muchachos se metieron en sus tiendas. Mientras que yo me quedé allà contemplando la noche, la luna era hermosa. Tuve la idea de iluminar la construcción por fuera con un faro que cargaba en el vehÃculo. Entonces noté que la construcción seguÃa aún por debajo de las escaleras y justo en ellas vi un hueco en el muro de piedras. Me acerqué e iluminé con una pequeña lámpara de mano. Pude ver que allà dentro estaba el bendito altar que venÃamos buscando. No logré dormir de la emoción, asà que desperté al resto del equipo. QuerÃa enseñarles mi hallazgo. Rápidamente iluminamos entre los tres. Efectivamente, dentro estaba una especie de altar. Le dije a los muchachos que para entrar tu tiramos algunos ladrillos, pero que lo hiciéramos en la mañana, ya que hubiera luz para poder ver si no ponÃamos en riesgo de colapso la estructura. Yo eché mi último vistazo y por el rabillo del ojo, me pareció ver a una mujer allà dentro recargada en la pared Cuando capté esto, quise meter más la lámpara para verla bien, pero ya no la vi más. Incluso el lugar en el que la vi recargada era el único muro vacÃo alrededor habÃa una especie de papel tapiz, asà que dudé de que me lo hubiera imaginado. Regresé a mi tienda y caà profundamente dormido. Como jamás en la vida lo habÃa hecho, cosa que era rara, ya que el frÃo en verdad era algo insoportable. Más extraño aún fue que ninguno de nosotros despertó. Hasta la tarde del dÃa siguiente, cuando salimos todos de nuestras tiendas, notamos pisadas de pezuñas de animales muy cerca de la fogata también algunas de nuestras cosas estaban regadas en el piso. Nos quedamos atónitos ante lo que nos acababa de ocurrir. No era posible que ninguno de nosotros se haya levantado al menos al baño. Yo me sentÃa con dolor de cabeza y con el cuerpo muy pesado. Les dije a los muchachos que no era normal lo que estaba ocurriendo. Les propuse comenzar con la búsqueda de inmediato e irnos inmediatamente de ese lugar. Nos acercamos al edificio. El dÃa lucÃa nublado. Nos encontramos con que un pedazo de muro era simplemente madera pintada. Lo retiramos sin comprometer el resto de la construcción dentro apestaba a peces muertos y una humedad extrema invadÃa los muros, cosa demasiado extraña. En medio del desierto de inmediato, nos pusimos a pasar los aparatos por todo el piso. Sobre todo barrimos bajo el altar, que no era más que una mesa de piedra y material. Barrimos varias veces, pero el detector no marcaba nada. De repente entró una ventisca que trajo consigo una rama. Fue casi como si esto nos indicara dónde cavar. Pasamos el detector debajo de allà fue donde comenzó a sonar. Excavamos hasta tocar algo sólido, iluminamos con las lámparas y vimos que habÃa una tabla. Escarbamos alrededor. Luego extrajimos la tabla. Justo debajo estaba aquello por lo que habÃamos venido dentro de un lÃquido viscoso. Estaban las cinco figuras chapeadas en oro, tenÃan la forma de demonios, llevaban cuernos y alas estaban perfectamente conservadas. Tomamos todos los objetos, los limpiamos y salimos de allÃ. Afuera una tormenta de arena nos obligó a regresar a la parte alta del edificio. Fue muy extraño. Ya antes habÃa estado en medio de una pero esta parecÃa como si llevara animales dentro de ella, pues producÃa un ruido tan extraño como perturbador. Minutos después escuchamos unos tambores y como si alguien cantara, sé que suena algo exagerado, pero asà fue. Escuchamos como el canto de una mujer en medio de la tormenta de arena, lo mismo que los tambores acompañando su canto. Uno de los chicos gritó. Se trata de una bruja, como si al haberla mencionado, la hubiese invocado a los segundos. Estaba dentro con nosotros una mujer hermosa con cabello negro y ojos grises. No tenÃa sentido nada de lo que estaba ocurriendo. Me sentÃa como en una maldita pesadilla de la que no lograba despertar. Ninguno se atrevió a acercarse a esa mujer, ni siquiera a hablarle. Nos juntamos y comenzamos a rezar. TenÃamos miedo y no sabÃamos qué hacer. No habÃa manera de salir, pues la tormenta aún no paraba ni el sonido de los tambores. Yo sentà que me volverÃa loco u o luego recordé algo que me dijo mi abuela acerca de un rezo que ataba a las brujas. Realicé la oración en voz alta, pero lo único que conseguà fue que aquella mujer se burlara de mÃ. Yo me aferré a querer seguir con la oración y de un segundo a otro, aquella mujer se desvaneció. En cuanto pasó la tormenta. Echamos las cosas al vehÃculo y salimos de ese lugar. No nos importaba que nos cayera la noche en el desierto de regreso. Tuvimos un terrible accidente en la carretera, justo a un kilómetro de dejar atrás el desierto de Sonora. En cuanto estuve estable, me puse en contacto con el extranjero, quien de inmediato vino a buscar lo que le pertenecÃa. Por suerte, nadie salió herido de gravedad. Yo tuve un par de costillas rotas. El extranjero pagó por los servicios médicos y nos dio aún más dinero como compensación. Tardé un tiempo en volver a agarrar un trabajo como ese y cuando lo hice, contraté una evidente para que formara parte del equipo. Las dudas aún cruzan mi cabeza. Pienso que ese lugar funcionó alguna vez para celebrar ritos de brujerÃa o satanismo, y aquella bruja en el desierto funcionaba como una especie de guardián. No quiero ni imaginarme para qué ocuparÃa el extranjero esas extrañas esculturas. La casa vacÃa. Nunca he podido comprar una casa nacà en una situación económica que me pone en desventaja. Mis padres jamás se responsabilizaron de mà y desde muy pequeño trabajé como diablero en la central de Abastos. Gracias a la familia para la que trabajaba, comencé a tener independencia. En pocas palabras, tuve que madurar. Siendo muy joven. VivÃa en una casa donde esta familia tenÃa una barrotera. Allà estuve hasta que cumplir los dieciocho años edad en la que tuve suficiente dinero como para rentar mi propio departamento duré cerca de dos años viviendo en él hasta que los dueños me lo pidieron. Por ese entonces ya estaba terminando de estudiar la prepa y trabajaba en las mañanas en la barrotera de esta familia. No tardé en acomodarme en otro lugar, pero ocurrió lo mismo de la noche a la mañana me pidieron la propiedad. Aquellas personas que vivan en Guadalajara comprenderán lo difÃcil que es mantener una renta año con año. Estas son más caras y no se hable de comprar una casa. Cada vez se pone más duro. Se dio el caso que un dÃa, mientras platicaba con una clienta, me habló sobre una casa en renta que vio de camino a la escuela de sus hijos. La casa se veÃa vieja, lo mismo que el letrero. Me dijo que no estaba segura si responderÃa de cualquier manera. Me pasó el número telefónico. Me contestó un señor que usaba una manera muy peculiar de hablar a leguas. Se le notaba que era una persona estudiada me dijo que toda la casa estaba en renta y en verdad estaba interesado que la renta total de la casa era de mil quinientos pesos, que sólo pedà un mes de adelanto, pero en caso de quererme salir, deberÃa avisarle con al menos quince dÃas de anticipo. Quedamos de acuerdo para que me mostrara la casa esa misma tarde. La casa estaba relativamente cerca del trabajo. Era de esos lugares por los que solÃa pasar. No entendÃa cómo era posible que no le hubiera visto antes. Cuando llegué, el dueño de la casa estaba afuera esperándome. Quedé sorprendido del tamaño de la fachada. Esa casa al menos tendrÃa unas cinco habitaciones. Entramos Atravesamos un pequeño jardÃn frontal seguido de una puerta de reja y la puerta de metal. Me agradaba la seguridad que mostraba para entrar una enorme sala con un par de sillones antiguos. Fue lo primero que vi dentro. El señor me dijo que si lo deseaba, podÃa hacer uso de ellos. Al fondo estaba la cocina, un baño y una habitación. Me encantaba el tamaño de la casa. La ansiedad por firmar el contrato se apoderó de mÃ, motivo por el cual no puse mucha atención a la distribución tan extraña de las demás habitaciones. Yendo al patio era una maraña de escaleras que llevaban a los dos pisos restantes y al fondo un pozo de agua que se me dijo estaba clausurado. El dueño de la casa sacó las hojas para firmar el contrato. Mientras yo firmaba, me preguntó si yo creÃa en fantasmas. Le respondà que no y era verdad. Hasta ese momento no habÃa presenciado algo extraño. El hombre dijo que eso era muy bueno, pues la mente suele jugarnos bromas o s o sobre todo do todo. Cuando se estaba viviendo en una casa tan vieja como esa. Me extrañó un poco su comentario, pero supuse que lo decÃa por alguna mala experiencia con algún antiguo inquilino. Hasta ese momento habÃa conocido muchas historias en las cuales no creÃa realmente. Tardé cerca de una semana en moverme de casa. Esto a causa del trabajo y la escuela. El único dÃa que tenÃa libre era el sábado. Lo aproveché para mover los pocos muebles que tenÃa. El dueño de la barrotera me hizo el favor de mover mis cosas en una de sus camionetas. Me instalé en una habitación de la planta baja, una que daba exactamente en dirección al patio. Esto porque era el lugar más fresco de toda la casa. Además de que contaba con un vestidor y una puerta directa al baño, No le vi sentido ocupar la segunda planta. Incluso le dije al dueño que no pensaba usarla. Aún asÃ, me entregó las llaves de todo todas las habitaciones, aunque me sugirió no subir mucho. La casa era muy vieja. TenÃa sonidos en las tuberÃas, sonidos que podrÃan ponerme nervioso. Decidà seguir su consejo, aunque no me daba miedo. Prácticamente llevaba viviendo solo toda mi vida. No sé si las palabras del dueño de la casa me habrÃan predispuesto a ponerme sensible ante las cosas que ocurrÃan en ella, pero desde la primer noche comencé a catar algunas cosas que relataré lo mejor que logre recordar. La primer noche noté un pequeño lamento lejano, casi como un murmullo seguido por un sonido, como de un auto que avanza. Primero me quise convencer de que el sonido procedÃa tal cual me dijo el señor Ramón de las tuberÃas. Sin embargo, no sabÃa cómo una tuberÃa podÃa asemejarse al sollozo de una persona. De igual manera, no presté atención en en o de un waldman que cargaba conmigo. Sintonicé en la radio algo de música y me concentré en ella. No recuerdo que soñé aquella noche, pero amanecà tirado en el piso, cosa bastante extraña, ya que suelo quedarme dormido en un solo lugar. No soy ese tipo de personas que es inquieta. Al dormir me puse de pie y un sentimiento que no habÃa experimentado en muchos años. Se adueñó de mà era de vacÃo y soledad, como si todo el mundo callara de repente y no escuchara ni siquiera los pájaros. Intenté reponerme en mi estado de ánimo y me preparé para irme al trabajo para ese. Entonces ya habÃa salido de vacaciones en la escuela y tenÃa mucho tiempo, libre tiempo que quise aprovechar para leer algunos libros que compré que a causa de la escuela no podÃa leer. No pude concentrarme algo dentro de la casa. Me seguÃa causando esta sensación de vacÃo. Entonces, para quitarme ese sentir, me puse a realizar aseo en la casa. Una de las habitaciones no podÃa ser abierta. Era un cuarto muy pequeño, en el cual dudo o cabrÃa una cama, pero se mantenÃa con una cadena y un candado en un par de cuartos. En la segunda planta. La sensación de vacÃo se incrementaba cuando estaba dentro. Recuerde que en una historia que leÃa en un libro, este tipo de sensaciones se le conocÃa como remanente una especie de marca fantasmal que, aunque se podÃa establecer contacto directo con ella, no era la entidad en sÃ, sino como una especie de video perpetuo. Me hubiera gustado que en ese entonces existiera la misma tecnologÃa que hay hoy en dÃa. Hubo de entre todas las habitaciones una en especial en la que la temperatura bajaba muchÃsimo. Era la habitación principal, la más amplia de todas. TenÃa una enorme ventanal con algunas celosÃas rotas. Los muros llevaban pedazos de papel tapÃs. A pesar de que era un lugar lúgubre, me agradaba. No sé tal vez sus sombras tenÃan cierto encanto Ese primer dÃa me quedé tirado en el piso mirando a través del ventanal noté cómo la gente afuera le huÃa a la casa cuando venÃan por la acera, bordeaban por la calle o simplemente se cambiaban de acera. Algunas mujeres incluso se persignaba. Me quedé pensando qué es aquello que les daba tanto miedo como si la casa deseara responder mis preguntas. Algo se hizo presente ante mÃ, una sombra que apareció de la nada y pasó sobre mà hasta llegar a la ventana y se arrojó al vacÃo. Todo ocurrió de una manera tan repentina que apenas pude hacerme a un lado. Ahora que puedo recordarlo con calma. La sombra era de gran tamaño. Aparentaba pertenecer a una mujer de talla grande. Tardé algo de tiempo en asimilar lo que acababa de presenciar. Primeramente me debatÃa. SÃ, lo que habÃa observado realmente habÃa ocurrido. No pude negarlo. Me puse de pie y salà de la habitación, no sin antes dar un último vistazo a los muros, donde noté algunas manchas. Cerré la puerta. SentÃa miedo, pero no era presa del pánico. Recordaba las palabras de uno de mis patrones que me dijo alguna vez no hay que temerle a los muertos. Estos no pueden hacernos daño alguno en cambio de los vivos. SÃ, hay que cuidarse aún. Cuando esas palabras me daban valor algo dentro de mÃ, me decÃa que de un susto uno sà podrÃa morir. Entonces era mejor intentar mantener la calma. Ya no quise subir a la segunda planta, pues consideraba que allà era donde procedÃan los lamentos. Que escuché la primera noche. No quise seguir revisando los demás cuartos. De hecho, sólo habÃa una habitación en toda la casa por la cual aún sentÃa algo de curiosidad. Era la más pequeña, la que estaba cerrada con cadenas y candados. Con el tiempo aprendà a vivir con los ruidos que eran parte de la casa, pues no siempre se escuchaban. No sé si estos fenómenos cumplen con algún patrón cÃclico o si ocurren de manera aleatoria, pero hubo semanas enteras en que no se volvÃan a repetir. Lo curioso es que, cuando yo creÃa que la casa no estaba embrujada, los fenómenos volvÃan a ocurrir y algo peor, una presencia se me comenzó a revelar en mis sueños. Era una mujer de unos cuarenta años vestida con un delantal. Estaba en la habitación con tapices, tenÃa los ojos grises y estaba reunida con otras tres mujeres más jóvenes, todas sentadas frente a un extraño cÃrculo formado con varios sÃmbolos en medio. HabÃa varias fotografÃas. La mujer me volteaba a ver y me pedÃa que encontrara el maletÃn, pues allà dentro se encontraban las fotos con el remanente de los fantasmas que atrapó. Hubo dÃas en los que juraba escuchar la misma voz que me hablaba al oÃdo haciendo la misma petición. No sé por qué, pero no pude evitar pensar en que ese maletÃn se encontraba en la habitación cerrada. Un dÃa, una señora llegó a la barrotera me preguntó si era verdad que yo estaba viviendo en la casa vacÃa de la calle Alfonso Herrera. Yo le respondà que sà y que me estaba costando algo de trabajo acostumbrarme a estar allÃ. La señora puso la cara de espanto. De inmediato me preguntó si no me habÃan asustado aún. Yo le dije que sÃ, pero que realmente no se me hacÃa algo exagerado como para salir corriendo. La señora guardó silencio un par de segundos y de inmediato me contó la historia del por qué todos le temÃan a esa casa. No fue hace mucho tiempo. Yo era apenas niña cuando ocurrió la verdadera dueña de esa casa. Era una señora famosa por ser caritativa. TenÃa un gran comedor en el patio, donde siempre habÃa gente comiendo. Prácticamente la casa funcionaba como albergue para desamparados. Siempre tenÃa gente viviendo con ella. En pocas palabras, la mujer era ante los ojos de la sociedad casi una santa. Desafortunadamente, solo era una máscara que encubrÃa la realidad. Al principio, nadie se dio cuenta de que las personas desaparecÃan y es que, como eran mayormente vagabundos a los que recibÃa a nadie le extrañaba que se fueran en cualquier momento. Pero todo acabó cuando una mujer que vivÃa con ella le gritó abiertamente que era una bruja y que ella era la causante de un par de desapariciones de las personas que vivÃan allÃ, de entre ellas su propia hija adolescente. No pudieron hacer que la policÃa revisara el lugar, pero la señora prefirió irse de allà después de vender la casa al actual propietario. Como es de esperarse. Nadie querÃa vivir allà y quienes llegaron a rentarla no duraban ni un dÃa, pues decÃan que las cosas que ocurrÃan allà dentro eran tan aterradoras que no podÃan soportarlo. Supimos por el dueño de la casa, quien llevó una medium que la mujer, junto a otras tres, realizaban ritos ocultistas dentro de la casa, utilizaban a las personas para atraer los remanentes, que era una especie de fotografÃa de un fantasma que se quedaba impresa en el espacio tiempo con qué fines, quién sabe. Pero era lo que decÃan. Dijo el dueño de la casa que la medium era de confianza, que descubrieron algunos objetos que corroboraban lo que decÃa. Eran cosas usadas en actos de brujerÃa, como cabello humano, tierra de panteón y huesos de quién sabe qué animal. Además, un álbum de fotos que desapareció a los pocos años, minutos de haber sido encontrado dicen que las fotografÃas mostraban imágenes de fantasmas verdaderos. Pero desde ese entonces, aunque habÃan llevado una docena de sacerdotes a bendecir la casa, no podÃan lograr que alguien viviera allÃ, ni siquiera por una semana. La señora terminó su relato diciéndome que yo era quien más habÃa durado en la casa que ella lo sabÃa, porque vivÃa casi enfrente. Yo sinceramente, solo habÃa visto un par de veces a la señora, pero nunca he sido demasiado chismoso para estar viendo quién vive, dónde o qué hace la gente, la historia de la mujer. Me sorprendió. No podÃa creer que apenas hace unas noches estaba escuchando una voz que me hablaba acerca de las fotografÃas y esa palabra tan extraña remanente decidido a terminar con el misterio. Decidà abrir esa puerta de una vez por todas. Para esto le pedà ayuda a un amigo mÃo que ese rajero retiró los candados con la ayuda de ganzúas. Una vez que logró abrir la puerta, encontramos varias cosas detrás, mayormente basura, un baúl y un ropero viejo. Encontramos un maletÃn de cuero dentro del viejo ropero dentro como era de esperarse, estaban las fotografÃas, Sin embargo, se veÃan tan maltratadas que era difÃcil encontrarles forma alguna. Decidà quemar el maletÃn, pues algo me decÃa que era la única manera de que el espÃritu de aquella vieja bruja descansara. Asà lo hicimos. Armamos una fogata dentro de un balde de metal y quemamos las imágenes. Y ese fue mi peor error. Esa misma noche se desató el peor horror que he visto hasta ahora. Comencé a escuchar esos lamentos de la primera vez, pero esta vez no venÃan de la parte de arriba, sino en dirección del patio. Lo que ocurrió enseguida fue que objetos que tenÃa en la cocina comenzaron a ser azotados. Lo mismo todo lo que estuviera fuera del lugar. En mi cuarto me puse en pie y salà hasta el pasillo, donde vi a esta mujer talla grande con un delantal. Se veÃa tan real como cualquier otra persona, pero no podÃa ver su rostro. De pronto la mujer se abalanzó sobre mÃ. Yo perdà el control de mi cuerpo. Sentà como si algo invisible me arrastrara hasta el patio lugar donde recuperé el control sobre mi cuerpo. Salà corriendo de allà y pasé la noche en la casa de mis patrones. Al dÃa siguiente despedà que me acompañaran por mis cosas, pues ni loco me quedarÃa una noche allÃ. Sé que hasta la fecha la casa continua vacÃa y aunque el dueño ha bajado bastante su valor, no ha logrado venderla. La bruja de mi pueblo. En la actualidad poca gente cree en brujas. Para la mayorÃa de personas, hablar abiertamente sobre estas prácticas es motivo de burla o de arriesgarse a ser tachado de fanático. Pero yo puedo asegurarles que estos seres, a quienes no considero humanos, son reales, solo que no se exponen tan fácil a las personas a menos que realmente les interese algún alma o algún niño. Estoy seguro de que existen porque lo vivÃa en carne propia y puedo asegurar que estos seres no son nada parecidas a las personas que sólo practican brujerÃa, sino que son seres que se fusionaron con algún alma humana o tal vez fueron consumidas por su podea. Todo ocurrió hace varios años, cuando era un joven de apenas dieciséis años, vivÃa en un pueblito que tenÃa poco de ser considerado uno, pues nació de una hacienda cuya población creció tanto que atrajo a varios comerciantes y después a personas que compraron tierras. El poblado se encontraba entre la división de Jalisco y Zacatecas. Actualmente está abandonado, pero en aquel entonces era un lugar con muchos pobladores y con un comercio en incremento. Yo siempre fui un muchacho problemático, motivo por el cual dejé de estudiar a una corta edad. Mis padres no querÃan que anduviera de vago. Me pusieron a trabajar de inmediato. Como nada más habÃa estudiado, la primaria sabÃa lo básico escribir leer operaciones matemáticas. Me terminaron dando trabajo de jornalero. Fui contratado por una familia que vivÃa en los lÃmites del pueblo, donde aún se conservaban algunos edificios de la antigua hacienda. Como estaba molesto con mis padres, me mudé a una pequeña cabaña en las tierras de mis patrones. No meno or gullo mi comportamiento de aquel entonces, pero al estar solo supe cómo ser independiente y el costo de la vida. Trabajaba todo el dÃa sin parar y cuando tenÃa tiempo libre, lo pasaba dando un paseo por los campos y a veces me sentaba en el camino a beber algo de mezcal. Un dÃa vi caminando a una señora con un velo de encaje blanco y una manta de color negro. Se me hizo extraño verla a su edad caminando por esos lares. Esa zona no era muy transitada. Rara vez se encontraba una o dos personas. De hecho, esa era de las razones por las cuales yo solÃa rondar por allà para estar lejos de las personas. Entonces ver a esa mujer caminando con la ayuda de un bastón, me pareció de lo más extraño. Intenté saludar a la señora, pero esta ni siquiera me volteó a ver. Siguió su camino. Me quedé parado mirando cómo seguÃa caminando hasta desaparecer en una vereda. La curiosidad me llevó a perseguirla. Caminé hasta una zona llena de maleza. Era imposible seguir adelante. No entendÃa hacia dónde se fue aquella mujer. Era difÃcil seguir sin un machete o alguna otra herramienta para ayudarme a quitar las hierbas volvà a mi casa y agarré un machete. Curvo una lámpara de aceite y también un cuchillo que utilizaba cuando iba de pesca. Regresé a esa zona poco antes del atardecer. ConocÃa el camino como la palma de mi mano. Si me agarraba la noche, no tendrÃa inconveniente en regresar a mi cabaña. Llegué a la zona y corté algunas hierbas del otro lado. Me encontré un par de muros derruidos. Seguà caminando, pues sabÃa que habÃa encontrado algo más. Adentro vi un par de cruces y una lápida. HabÃa encontrado un cementerio antiguo enterrado por las hierbas. Probablemente fue parte de la hacienda original. Acercándome algunas lápidas, pude darme cuenta que todas pertenecÃan a niños, algunos de apenas meses y por el año que se veÃa eran prácticamente de la época de la colonia. En eso comencé a escuchar como si alguien estuviera rezando para esto. El sol ya comenzaba a caer en el horizonte, lo que empezaba a ser difÃcil ver claramente el camino. Encendà la lámpara y me puse a buscar de qué lugar venÃa el sonido. No tardé en encontrar a la misma mujer que venÃa siguiendo. Esta. Se encontraba de rodillas frente a un féretro de niño. Estaba abierto y una llama ardÃa adentro. La voz de la mujer sonaba ronca casi tanto como la de un hombre. No me atrevà a llamarle, pues sabÃa que no se trataba de nada. Bueno. Momentos después vi una especie de brillo color rojo. Luego la mujer comenzó a realizar un sonido como de animal y o Segundos después ya no estaba sólo vi a lo lejos un animal que se arrastraba. A simple vista, creà que se trataba de un perro malherido, pero después de mirarla fijamente, noté que era la misma mujer que caminaba en cuatro patas y arrastraba algo con ella. Regresé a mi cabaña. Muy asustado. SabÃa que esa mujer era una bruja. Me puse a rezar mientras me arrodillaba ante un cristo que tenÃa junto a mi puerta. Comencé a escuchar afuera de mi casa como el aire golpeaba mi puerta. Era un ventarrón antinatural, como si algo quisiera entrar a la fuerza. Segundos después escuché en la única ventana en la cabaña como un silbido. Me asomé rápidamente iluminando con la misma lámpara de aceite que aún no apagaba. Vi la sombra de un animal cuadrúpedo, hablaba y gritaba mi nombre. Me sentà tan espantado que creà que me darÃa un infarto. Conforme avanzó la noche. El viento y la voz de aquella bruja cesaron Al dÃa siguiente le conté a otros dos peones lo que presencié durante la noche anterior. Ellos no me creyeron y no tardaron en hacerme bromas. Me decÃan que me habÃan visto tirado borracho bebiendo mezcal que lo que habÃa visto era una alucinación, que las brujas existÃa, pero no se dejaban ver asà como asÃ, sino como esferas de fuego en el monte. No quise discutir con ellos. Estuve casi a punto de proponerles llevarlos hasta el lugar donde encontré el cementerio y donde vi a la bruja, pero preferà guardar silencio. SabÃa que lo que vi era cien por ciento real a los pocos dÃas extraños sucesos comenzaron a ocurrir en la siembra y en todo el pueblo decÃan que veÃan a una anciana de ambular por la madrugada que tenÃa la cara horrible, no tenÃa nariz y sus ojos estaban vacÃos. Además, por la zona donde rondaba se desataba una serie de sucesos trágicos, como la muerte de animales y la aparición de sombras en las casas. Cuando pasó todo esto, los peones me dijeron que me creÃa y me pidieron que los llevara hasta el cementerio abandonado para darle caza a la bruja, pues tenÃan miedo de que esta mujer comenzara a hacer daño a las personas y no sólo a los animales. Fuimos un dÃa jueves temprano por la mañana. La maleza ya habÃa vuelto a reclamar la zona que yo corté con mi machete. Derribamos las hierbas y caminamos hasta atravesar los muros. Después los conduje hasta la tumba del niño, donde habÃa visto a la bruja. El féretro aún se encontraba. En su lugar lo abrimos y dentro sólo encontramos un cráneo de chivo con unos raros sÃmbolos tallados en la frente. Echamos el cráneo a un morral y seguimos revisando si existÃa alguna señal de que la bruja estuviera viviendo en ese cemento. Solo descubrimos algunos cadáveres de ratas y plumas de gallina. Uno de los peones más viejos que venÃa con nosotros me dijo que él habÃa conocido la hacienda y no recordaba ese lugar. Probablemente no fue parte de ella, sino de alguna otra casa. A las afueras pero que por alguna extraña razón, decidieron dejar en el olvido aquel cementerio. Luego comentó que su abuelo solÃa contarle que cuando los españoles llegaron, levantaron haciendas en distintos lugares, pero que no todas prosperaron, ya que eran constantemente atacadas, además de que muchas de las mujeres que quedaban embarazadas perdÃan a los niños, pues las parteras no eran muy comunes. Algunas recurrÃan a curanderas indÃgenas, pero no todas tenÃan buenas intenciones. Algunas se robaban a los bebés para realizar actos de brujerÃas. Aquel hombre tenÃa sentido para mà el haber visto a la bruja rondando el cementerio. Tal vez estaba ampada a esa tierra por alguna extraña razón de regreso a la cabaña. Nos encontramos con que unos campesinos tenÃan a una mujer atrapada. La acusaban de haberla visto rondando el cementerio enterrando un muñeco de brujerÃa. Yo conocÃa a la mujer a la que acusaban y no se parecÃan nada a la bruja que habÃa visto. SabÃa que la señora era curandera, pero jamás le escuché rumor alguno acerca de que realizara brujerÃa para dañar a otras personas. Además, esa mujer me llevaba apenas cinco años y la bruja que yo vi al menos tendrÃa algunos setenta. Les dije que esa no era la bruja, pero no me quisieron escuchar. Para esto llegaron dos de los hermanos de la mujer y lograron hacer que la soltaran. Esto a punta de pistola. Lo hicieron de mala gana, pero dije dijeron que la estarÃan vigilando y si las cosas seguÃan mal irÃan directamente tras ella. No les importaba enfrentar a tiros a los hermanos como era de esperarse. La mujer no salió de su casa. En varios dÃas, los hermanos de ella mantenÃan constantes peleas con los peones de otros ranchos. Mis patrones no se metÃan en esos asuntos. Ellos solÃan ser muy prudentes y me decÃan que lo mejor era no meterme en esas cosas y por el momento, deberÃas de dejar de dar paseos, pues era bastante peligroso, no sólo por la bruja que nos acechaba, sino también porque las personas estaban paranoicas y no vacilarÃan en dar tiros a cuanta cosa rara viera. Las personas del pueblo no tardaron en darse cuenta de su error, pues hubo más avistamientos de la anciana y de un perro sin ojos, el que más decÃa verlo era el peón que se habÃa quedado el cráneo de Chivo. Ãl vivÃa do en una pequeña casita cerca de todas las demás. De hecho, él fue el que contó acerca de este extraño perro decÃa que siempre aparecÃa cerca de las doce de la noche frente a su casa. ProducÃa un extraño sonido seguido de varias maldiciones. El hombre quiso enfrentarlo dando varios tiros, pero todos lo cerró de alguna manera. Yo presentÃa que las apariciones de la Bruja tendrÃan que ver con el féretro y el cráneo de Chivo. Además, para lograr resolver el misterio y ver la manera en que podÃamos deshacernos de la Bruja, creÃa necesario volver al cementerio, asà como también consultará la única curandera del pueblo. Lo segundo fue más difÃcil de conseguir. La única curandera que conocÃa era la mujer que habÃan acusado y aún tenÃa miedo de salir de su casa. Eran raras ocasiones que se le veÃa afuera Aún asÃ, yo medÃa la tarea de irle a buscar me. Fue difÃcil comer vencerla de recibirme. No pude lograr que quisiera acompañarnos, pero sà me dio un par de indicaciones sobre la manera en que podÃamos alejarla de una vez por todas. Dijo que debÃamos enterar nuevamente el cráneo, donde lo encontramos después alrededor de la tumba marcar un cÃrculo de sal seguido de varios sÃmbolos. Esto lograrÃan atrapar a la Bruja. Dentro de ese lugar acudimos cuatro jornaleros, todos armados y con un pequeño costal de sal de grano estando en el lugar, realizamos en orden todo lo que la curandera nos indicó. Justo cuando culminamos nuestra tarea, la mujer apareció de la nada y lanzó un chillido que me lastimó. Los oÃdos. Los hombres quisieron acercarse a ella apuntándole con un par de rifles y yo con mi cuchillo. En eso del féretro donde habÃamos colocado el cráneo, comenzamos a escuchar un sonido aterrador y repulsivo. ParecÃa el de una cabra ahogando y al asomarme era una especie de cabra con partes humanas. Luchaba por respirar y en cada intento lanzaba chorros de baba. Yo me eché hacia atrás, mientras los demás peones rodeaban a la bruja. Uno de ellos se abalanzó contra ella armado con un cuchillo. Le dio varias estocadas y la bruja cayó al suelo. Nos alejamos de ese lugar. Conforme pasaron los dÃas, la Bruja no volvió a aparecer. Algunos de los peones tuvieron el valor de volver al cementerio a buscar el cadáver de la Bruja, pero sólo encontraron el cuerpo descompuesto de una extraña ave. El terror terminó, pero las personas del pueblo poco a poco, comenzaron a abandonarlo. Algunos hombres se iban a trabajar al extranjero, mientras que mi familia y yo nos mudamos a la ciudad la espesura del bosque. Existen lugares en los que jamás deberÃamos internarnos, lugares en los que el ser humano jamás ha puesto un pie. Es precisamente en estas zonas donde se esconden ciertas fisuras entre nuestro mundo y otros. Motivo por igual, creo que son atraÃdas las brujas y demás personas que buscan sacar provecho a la brecha entre dimensiones. El relato que hoy deseo compartir me ocurrió hace ya bastante tiempo mientras trabajaba en una empresa maderera en el norte de Canadá. Soy originario de Guatemala, pero gracias a un programa de trabajo, actualmente tengo residencia en el paÃs del Norte. La empresa en la que trabajo al principio nos brindó tanto alojamiento como todas las comodidades que fueran necesarias, y no es mi deseo hablar mal acerca de ella. De hecho, ellos están enterados de los horrores que se ocultan en la espesura del bosque. Por eso li limita las zonas en las que los leñadores realizan la tala de árboles. Desde que estaba en Guatemala, siempre he tenido como aficción el senderismo. Cada que tenÃa oportunidad me iba a lugares cercanos a mi hogar, incluso una vez viaje a México, exactamente a Chiapas, pero ningún otro lugar se comparaba con los bosques de Canadá. De hecho, esa fue una de las tantas razones por las que decidà emigrar. Esta historia comenzó apenas llegué a la empresa. No sabÃa ni qué. Cuando estás conociendo en un principio tu entorno puedes ser muy torpe En verdad, mi primer alojamiento fue en un campamento cercano, a una zona de tala de árboles, cosa que me parecÃa fantástico, pues gracias a esto podrÃa salir a caminar por el bosque cada que tuviera un poco de tiempo libre. He de admitir que no fue tan cómodo en un principio, pues por habitación dormÃamos cerca de seis o siete personas. Aún asÃ, yo me sentÃa bastante optimista por esa oportunidad. Al principio no podÃa dar muchos paseos. Ocupaba todo mi tiempo libre para realizar algo de trabajo extra e ir a la ciudad más cercana a comprar vÃveres y cuánta cosa necesitaba. Creo que no fue hasta pasados dos meses que me atrevà a realizar algunas caminatas los sábados, primero durante la mañana y después me decidà a hacerlo durante todo el dÃa. No tardé en formar amistad con algunas personas nativas de Canadá que también eran aficionados del senderismo. Entonces, durante un par de dÃas de descanso que nos brindó la empresa, estos amigos mÃos me invitaron a visitar una zona más alejada, donde me decÃan escalarÃamos un pequeño monte y después verÃamos un llano al cual casi nadie habÃa llegado. AcamparÃamos frente a un lago donde pasarÃamos la primer noche y al dÃa siguiente atravesarÃamos el lago en kayak hasta llegar a la montaña y luego irÃamos al llano. Asà lo hicimos. Viajamos en un vehÃculo todo terreno llegamos al lago. Antes del atardecer. La vista era en verdad hermosa. Todo lleno de ese verde recubierto por una niebla enigmática tan caracterÃstica de esa zona del mundo. Siempre he dicho que las ondas más hermosas son aquellas a donde no ha llegado el hombre y esa zona era precisamente eso un lugar virgen. Ni siquiera existÃa un camino al cual llegar, de hecho, hasta el vehÃculo lo tuvimos que dejar a un par de kilómetros de la zona en la que acamparÃamos. Lo primero que hicimos fue levantar las casas de campaña. Después encendimos la leña que cargábamos con nosotros. Sinceramente, yo sentÃa más miedo de que algún oso nos fuera a atacar o algún hotró animal salvaje, pero incluso los animales se mantenÃan alejados de esa zona. Esa primer noche fue tranquila entre comillas. Yo tuve algo Timpson. Además, aún me estaba acostumbrando al clima frÃo. De allá traà encima varias capas de ropa, una cobija y, aparte la bolsa de dormir, intenté dormir por cerca de más de una hora y media. Al final me desesperé y salà de mi tienda. Me dirigà a la fogata y me quedé sentado frente a ella. Llamó mi atención un destello sobre el lago. Pronto fijé mi vista en el horizonte. Entonces vi varios aros de fuego ardiendo y salÃan del lago. SubÃan por el monte y desaparecÃan en la lejanÃa. Pensé que se trataba de algún fenómeno natural, aunque cuando estuve en México escuché una leyenda acerca de bolas de fuego que eran realmente brujas desplazándose de un lado a otro. Pensé por unos momentos en esa leyenda y sentà escalofrÃos. Mi mente no podÃa entender cómo era posible que un ser humano se desplazara en esa forma, aunque claro, hasta donde yo sabÃa, las brujas sólo fueron humanos al principio. Sin embargo, esos aros de fuego deberÃan tener un tamaño descomunal para poder ser percibidos a la distancia que me encontraba. Además, eran hipnóticos en ese momento de se volver a verlos como si el cielo atendiera a mis deseos. Un destello se iluminó en el cielo y momentos después vi sobre mi cabeza como varias esferas luminosas avanzaban una detrás de la otra. Eran más pequeñas que los cÃrculos de fuego y su color no era rojo, sino como azul grisáceo y a la vez también parecÃan estar hechas de niebla. No lograrÃa explicarlo por más que me esforzara esa noche. La magia se sentÃa en el ambiente y de primera impresión no me causó temor alguno. Al contrario, sentÃa fascinación y un gran optimismo. Pensaba que algo muy grande y maravilloso no se esperarÃa del otro lado del lago como si hubiera sido hipnotizado. Perdà el control de mis piernas y el resto de mi cuerpo. Me despojé la cobija y demás prendas que me cubrÃan hasta que quedé en ropa interior. Comencé a caminar en dirección al lago. No sé exactamente qué ocurrió. Después, recuerdo que vi una figura saliendo del agua. Era la mujer más hermosa que habÃa visto hasta ese momento. Desperté cerca del amanecer. Estaba en mi tienda y varios de mis amigos junto a mà me decÃan que me levanté sonámbulo, que uno de ellos escuchó el chapoteo en el lago y cuando iluminó me vio caminando cada vez más hacia dentro del agua. Me sacaron entre dos ellos me reclamaron por no haberles dicho que yo era sonámbulo. Les dije que ni siquiera yo lo sabÃa, pues jamás en otra etapa de mi vida lo habÃa padecido enseguida. Quise contarles lo que vi durante la madrugada, pero decidà no hacerlo, pues era muy probable que me juzgaran de loco o que lo que vi fue parte de una alucinación en conjunto con mi sonambulismo. Desayunamos. Después apagamos el fuego. Dijimos que necesitarÃamos recolectar algo más de leña, pues las dos cargas que traÃamos con nosotros no sobrevivirÃan. Una noche más, metimos los caya al agua y entramos en ellos cerca de las nueve de la mañana. Ya estábamos arribando a la orilla del otro lado. Escondimos los caya tras unos árboles amarrando los remos muy bien. Era extraño. En medida que avanzábamos por la pequeña montaña, no escuchábamos pájaros ni ningún otro sonido producido por algún animal. A pesar de que la zona mantenÃa esa atmósfera mágica y enigmática, la fauna parecÃa alejarse Ãbamos muy bien equipados. Cada quien llevaba su mochila con una lámpara agua, algo de comida, cuerdas y uno de mis amigos llevaba consigo cosas para repararlos caya en caso de ser necesario. Caminábamos solo en lÃnea recta, ayudándonos con una brújula que a cierta altura, como comenzó a volverse loca, uno de los chicos nos sugirió volver decÃa que sin la ayuda de la brújula serÃa fácil perdernos, pero el resto del grupo dijo que eso serÃa bastante difÃcil, ya que era sencillo caminar en lÃnea recta hasta el lago. Además, aún nos quedaban varias horas de luz y serÃa fácil alcanzar el otro lado. Una vez allà verÃamos el llano. Según uno de los chicos que ya habÃa estado allà antes, juró que era el más hermoso paisaje que verÃamos alguna vez cuando menos lo pensé, ya estábamos en la cima. Echamos un vistazo en dirección al campamento. Por un momento fue cubierto por la bruma. Esperamos unos segundos y logramos ver todo en orden, asà que decidimos continuar colina abajo del otro lado. No se veÃa nada. La bruma era aún más densa. Pregunté al chico que nos guiaba que cómo era posible que lograrÃamos ver bajo la bruma. Me dio una palmada en el hombro y me dijo ya verás cuando al fin llegamos a las faldas del cerro, seguimos un par de kilómetros en lÃnea recta. Entonces llegamos hasta una zona sin vegetación, con sólo un par de hierbas salvajes que parecÃan haber sido quemadas. Si mirabas más de cerca, podÃas notar algunas lÃneas sobre el piso, como si alguien las hubiera hecho adrede iluminando con mi lámpara noté el patrón de lÃneas que formaban una especie de sÃmbolo. Estas marcaban un cÃrculo en una zona. De repente vimos un cÃrculo de fuego. Encenderse más adelante, entonces pude notar que habÃamos llegado hasta una ciénega. Todo ocurrió tan rápido que seguramente perdà detalles, Pero de lo poco que recuerdo fue haber visto esos enormes aros de fuego que vi la noche anterior y frente a uno de ellos. Siete mujeres vestidas de forma anticuada y con unos sombreros de ons pronto se percataron de nuestra presencia y comenzaron a reÃr de una manera aterradora. Escucha uno de los chicos Gritar que nos habÃan conducido a nuestra propia predición. En eso todos nos iramos buscando a aquel que nos guió hasta ese lugar, pero este se habÃa esfumado. Nos echamos a correr colina abajo, perdiendo el control, siendo presas del pánico. Varios tropezamos en más de una ocasión, pero nos levantamos y no miramos hacia atrás. Algunos metros más abajo nos detuvimos para ver que todos estuviéramos juntos. Por suerte, no nos faltaba nadie. Solo aquel que nos llevó a la perdición. Creo que se llamaba Arthur, o no recuerdo su nombre, pero platicando todos concordábamos que realmente no lo conocÃamos tanto, nadie lo conocÃa. Por más de un mes encontramos los kayac desarmados y uno de ellos con varias grietas en el fondo ya comenzaba a caer el sol. Por mucho que deseáramos. Nos tomarÃa al menos un par de horas reparar las grietas, pero no deseábamos pasar la noche en ese lado del lago para cuando terminamos. Ya era de noche y comenzamos a notar esos cÃrculos de fuego bajando por el monte. Además de que el lago y el viento en los árboles producÃan un sonido demasiado aterrador, era como si todo el maldito bosque hubiera cobrado vida. De pronto regresamos antes de que los cÃrculos de fuego nos alcanzaran. En cuanto amaneció, abandonamos ese lugar. Yo no volvà a visitar lugares tan alejados. Aunque no me retiré del senderismo y aunque ya no me ha vuelto a ocurrir nada extraño, siempre existe el miedo. Cuando cae la noche, miro al horizonte con miedo de que aparezcan esos cÃrculos de fuego. Me enamoré de una bruga solo una vez he estado enamorado. Fue un enamoramiento con demasiada fuerza. Dudo mucho que alguna persona haya logrado la misma conexión que nosotros, y no es que menosprecie las demás historias de amor, sino que a mi percepción, Alondra tenÃa una belleza sin comparación. La conocà una tarde mientras me encontraba haciendo un curso en la Universidad de Chile. Soy originario de México, pero conseguà una beca de intercambio con el tiempo. Me enamoré de algunos panoramas que ofrece Chile. Al principio no me animaba a salir a visitar sus paisajes. La pasaba en la capital y si acaso conocÃa alguna que otra de sus ciudades era muy tÃmido en ese entonces me gustaba sobre todo ponerme a estudiar en la plaza de armas sentado tomando un café, esto siempre cerca de las seis de la mañana. Una de esas mañanas fue que me encontré con Alondra. Llevaba su cabello negro rizado, su piel pálida y unos ojos enormes que, naturalmente, te embrujaban. Iba vestida de una manera muy anticuada en color negro. A pesar de que yo siempre fui tÃmido, algo hizo que me acercara a ella y como no era bueno socializando, le dije una tonterÃa. Le pregunté la hora siendo que traÃa siempre un reloj de pulsera conmigo. Ella lo notó de inmediato y me dijo no sé tú dime trae reloj. Nos reÃmos y terminamos tomando un café. Algo que se me hizo extraño de ella es que no tenÃa acento chileno. Ella siempre me explicó que no hablaba de esa manera porque se crió en un poblado en la frontera. Viajó a la capital porque entró también a la Universidad. Sin embargo, llevaba varios años que habÃa abandonado los estudios. Rentaba un departamento cerca de un templo, motivo por el cual se quejaba continuamente. DecÃa que las campanadas le molestaban demasiado, pues desde las siete de la mañana comenzaban a replicar. Desde esa primera vez quedé enamorado. A ojos de otras personas se dirÃa que estaba obsesionado. Comenzamos a salir de manera continua, aunque no podÃa haberla seguido, ya que su trabajo era de noche como cajer en una farmacia de esas que ofrecen servicio de veinticuatro horas. Asà que aunque nos veÃamos constantemente, no nos veÃamos seguido lo mismo. Yo que tenÃa que mantener cierto promedio de calificaciones a fin de mantener la beca aún asÃ. Cada que nos veÃamos era maravilloso. Con el tiempo hubo más confianza y a veces yo dormÃa en su departamento. Noté cosas raras desde el primer momento, pero al estar asà de enamorado, pasas muchas cosas por alto. Por ejemplo, ella tenÃa varias velas de cebo. Colgando del techo. Cuando le pregunté para qué las usaba, me decÃa que las vendÃa entre sus compañeras para un tipo de terapia. TenÃa también en su poder algunos objetos muy raros, como una muñeca de porcelana amarrada con una cadena oxidada. De esta muñeca no le pregunté el por qué, pues le gustaban este tipo de cosas del tipo gótico. Un dÃa que me quedé en su casa justo después de las tres de la madrugada, desperté al baño. Noté que Alondra no estaba en la cama. Me puse a buscarla por todos lados en el baño afuera del departamento y no la encontré por ningún lado. De pronto comencé a escuchar un murmullo, comencé a seguirlo. No paré hasta llegar a uno de los balcones. Allà estaba alondra, tenÃa los ojos en blanco y hablaba un extraño lenguaje. La abracé e intenté regresarla a la cama, pero se puso rÃgida y momentos después comenzó a convulsionarse de una manera violenta. Con todas sus mis fuerzas. La llevé en brazos a su cama. Una vez allà se quedó quieta y, como si nada hubiera pasado, abrió los ojos y me pidió que me volviera. DormÃa. Yo le hice ver que estuvo sonámbula y que convulsionó, pero ella negó todo. Me dijo que probablemente estuve soñando porque ella no era ni sonámbula ni epiléptica. Dudé de su palabra, pero no seguÃa insistiendo. Total era su salud y ya era una mujer de más de veinticinco años como para no saber cómo cuidarse. Un tiempo dejé de verla porque ella dijo que regresarÃa al pueblo de que era originaria a cuidar de una pariente enferma. A estas alturas, no estoy muy seguro de si habrÃa ido o no a ese lugar, pues esa mujer podÃa hablar mucho sin contar realmente nada de su vida. Era muy hermética en cuanto a su vida privada. El asunto fue que todo ese tiempo yo me sentà muy mal, y no sólo porque le exor extrañaba, sino que me sentÃa vacÃo como si me hubieran sacado todos los órganos de adentro del cuerpo, aparte como si algo pesado colgara en mi espalda. Estando un dÃa en mi habitación de estudiante, vi su silueta sentada en un rincón. Sé que no fue sólo una alucinación, pues incluso mi compañero de cuarto me dijo. Haber visto esa misma silueta, yo sabÃa que pertenecÃa a ella, pues tenÃa la misma estatura y su perfume era el mismo. Tal vez la aparición de la sombra podÃa soportarla. Desgraciadamente, la cosa no paró allÃ. No tardé en tender una serie de pesadillas. En todas veÃa a Alondra en medio de un cÃrculo de veladoras, dando su sangre le daba vida un sea. Momentos después veÃa cómo ella se desvanecÃa. Cuando despertaba allà estaba su sombra vigilante. Mi compañero de cuarto me dijo que él creÃa que Alondra era Bruja y y me tenÃa atrapado en un hechizo. Yo estaba ciego. Le dije que podÃa creer que ella realizara algunas prácticas extrañas, como astronomÃa o lectura de cartas, pero no la creÃa capaz de realizarme algún mal. Además de que, según yo, nuestro amor era auténtico. Mi compañero, al verme alterado, me dijo que después hablábamos. Cuando yo abriera los ojos Alondra regresó, pero no era la misma algo parecÃa consumirla por dentro su comportamiento era muy errático. A veces me pedÃa que saliéramos a caminar. Ella me guiaba y a lamer Ahora no sabÃa ni dónde estaba. Comencé a pensar que algo le habÃa ocurrido. Mientras estuvo fuera de la ciudad. Le pregunté abiertamente si le ocurrÃa algo malo, pero Ella decÃa que no, que simplemente se sentÃa cansada, ya que la vida en el pueblo no es la misma que en la ciudad y sus padres le habÃan encomendado muchos quehaceres. En otra ocasión me quedé a dormir con ella porque me lo pidió. Ella faltó a su trabajo, me decÃa sentirse mal y no querÃa estar sola. Esa noche, cerca de las tres de la madrugada, la vi de pie en la cama mirándome comenzó a hablar en un lenguaje que no comprendÃa, pero me aterraba. No me animé ni siquiera a acercarme a ella aún asà no deseaba verla allà de pie. Como poseÃda, lo único que se me ocurrió fue comenzar a llamarle por su nombre. Le hablé con mucho cariño y ella respondió regresando a la cama mientras cerraba sus ojos. No podÃa dormir, asà que me levanté y me senté en un sofá que ella tenÃa justo al lado de la ventana. De pronto comencé a escuchar una respiración que no pertenecÃa a Alondra. Era la respiración de alguien más en la habitación. Me puse de pie y comencé a buscar a ciegas el lugar del que procedÃa el sonido. Era un librero don donde o estaba la muñeca encadenada. No entendÃa cómo era posible aquella acción. Algo muy malo ocurrÃa con Alondra y estaba seguro que tendrÃa que ver con esa muñeca. A veces pienso que Dios mismo te da las herramientas para afrontar el mal. Cuando me giré para regresar a la cama, tropecé con un cuaderno, lo tomé y por inercia lo guardé. Tomé mi mochila. Le pedà a Alondra a pasar la noche en mi dormitorio de estudiante, pero se negó en un cambio, repentino de carácter me dijo que estaba bien que de hecho querÃa estar sola. De nuevo, su conducta fue errática. Llegando al dormitorio, encendà la luz de mi lámpara de noche y me puse a revisar encontré varios hechizos, algunos de los cuales llevaban mi nombre en el tÃtulo, y no eran precisamente hechizos de amor o algo por el estilo, sino endrenar mi energÃa vital, algo que me dio papor fue una parte o donde venÃa un rito para invocar seres oscuros. Investigando en foros de Internet me enteré que este tipo de prácticas son muy peligrosas, ya que la persona corre el riesgo de ser poseÃda por algún ser maligno. Ahora bien, sé que muchas personas en mi lugar hubieran huido de inmediato, pero yo, en ese momento sentÃa más atracción hacia ella que antes deseaba volver a verla y pedirle perdón por haberla dejado sola. La noche anterior le confesé todo por lo que estaba pasando a mi compañero de cuarto que habÃa llevado a su novia de visita, la novia de este chico me dijo que lo que me ocurrÃa era parte de un embrujo que probablemente Alondra, tenÃa una deuda con algún ente malévolo y buscaba ofrecerme a mÃ. En su lugar, me recomendaron dejar de verla de inmediato, cosa que hice con una fuerza de voluntad que no sabÃa que poseÃa juro, que sentÃa morir irme cada dÃa que pasaba. Deseaba que ella me buscara, que me confesara todo y dijera que todo terminarÃa bien. Pero esto no pasó y mi agonÃa se prolongó por mucho más tiempo. Mi compañero de cuarto me vio tan mal que me ofreció llevarme con una curandera. DecÃa que era la única manera en que lograrÃa mejorar. No fue un proceso fácil. Creo que hasta la fecha conservó algún lazo con ella, pues a veces me pareciera ver su sombra a mis pies para intentar curarme antes busqué distraerme yendo cada que podÃa conocer distintos lugares. Asà fue que conocà la mayor parte del paÃs. Cuando regresé a México, no me atrevà a contar mi historia por miedo a las burlas hasta que conocà este canal. Espero que después de contar mi relato pueda romper todo lazo que ella me haya lanzado. El descubrimiento. La siguiente historia que estoy por compartir me ocurrió hace algunos pocos años durante un temporal de calor intenso. Me atrevo a decir que ese año fue el más caluroso que he experimentado. Esto fue en el dos mil catorce. VivÃa en RosalÃa Durango, una población localizada al norte de la Sierra Madre Occidental. Quienes conocen ese lindo poblado sabrán que es uno de los lugares más frÃos y húmedos del paÃs, lo mismo que la mayor parte del municipio de guanasevi Ese año. Ni siquiera mi bello pueblo se salvó de la ola calurosa. Todo se secó, los árboles, los campos, los lagos agonizaban y ni una gota de lluvia nos caÃa. Yo era un adolescente que acostumbraba a caminar por los prados y realizar exploración cuando no era tiempo de nieve. Entonces ver los acantilados secos con la tierra que ardÃa de calor, me hacÃa sr sentir triste. ProseguÃan los dÃas y todo estaba cada vez más seco algunos campos quedaron completamente vacÃos. Un dÃa mientras me adentraba cerca de una zona boscosa que habÃa sufrido un incendio, me quedé mirando con tristeza como uno de los pájaros no tenÃa hogar al que regresar, ya que los árboles en los que estaban sus nidos eran puro carbón. Caminando más adentro en una zona que no fue alcanzada por el incendio, en un lugar muy alejado del camino principal, me encontré con un hueco debajo del tronco de un árbol muy grande. Me llamó la atención ver un arco hecho con ladrillos. Al principio creà que era una especie de cajete de esos que le hacen a los árboles afuera de las escuelas, pero mirando más a detalle pude darme cuenta que parecÃan más. La entrada de un túnel estaba tapado todavÃa con algunas ramas secas y varios ladrillos sueltos, no tuve que poner mayores fuer para retirarlos. No alcancé a ver mucho, ya que el túnel tenÃa mucha profundidad y yo no cargaba conmigo una lámpara en el momento volvà a cubrirlo con ladrillos y ramas secas que encontré. Me prometà volver a explorar junto con un amigo en cuanto hubiera oportunidad. Pasaron los dÃas y mi padre me llevó a trabajar con él. Ãl era leñador. Trabajaba en una empresa maderera que llevaba tablas a parral en Chihuahua. Uno de mis tÃos manejaba los tráilers que la transportaba. Gané algunos pesos y con ellos me compré algunas cosas que me servÃan para mis exploraciones, entre ellas una linterna recargable, una mochila, una navaja con brújula y un kit pequeño de primeros auxilios. Un sábado que me tocó descanso, fui a buscar a mi amigo Ãscar para contarle acerca de mi descubrimiento en la sierra, aunque él se emocionó ante lo que le conté, me dijo que estaba loco por salir a explorar. Con ese clima, le pregunté si querÃa acompañarme a explorar un poco que pensaba ir cerca de las siete de la noche, cuando no pegaba tan duro el sol. Ãscar dijo que aún asà era peligroso, pues si de pura casualidad nos agarraba otro incendio, estarÃamos perdidos. Ãl era muy miedoso, esto a causa de que sus padres eran muy sobreprotectores y no les gustaba demasiado que se juntara conmigo, ya que yo siempre he sido muy libre. Al final logré convencerlo de acompañarme. Ya éramos adolescentes y sus padres intentaban comprender eso. Se llegó el sábado. Ãscar trajo consigo también su mochila con objetos de exploración. Aparte. TraÃa una pequeña pala que se desarmaba para que cupiera en su mochila. No fue difÃcil dar de nuevo con el lugar. Siempre he tenido buena memoria y el tiempo seguÃa igual de seco. Ni una sola nube en el cielo. Esto facilitaba nuestra caminata. Para mi sorpresa, me topé con que alguien habÃa retirado los ladrillos que impedÃan el acceso y fueron reemplazados con varias tablas Oscar quedó asombrado cuando miró la entrada al túnel y de inmediato comenzó a especular acerca de la función que tendrÃa ese túnel. Yo le dije que, en lugar de jugar a las adivinanzas, deberÃamos echar un vistazo En ese momento encendà mi lámpara e iluminé dentro de la cueva. Asomé la cabeza mientras que Oscar no se atrevÃa a mirar dentro. Todo estaba apuntalado con vigas y ladrillos. Le dije a Oscar que se veÃa muy seguro allà dentro. Después él entró Tuvimos que andar a gatas. Encontramos un par de empaques de comida chatarra y un par de latas de cerveza. Después de caminar y no ver el final del camino, Oscar comenzó a presionarme para que regresáramos para animarlo. Me metà diciendo que faltaba poco para salir por el otro otro lado. Para mi sorpresa, me encontré con que mi mentira se hizo real a unos cuantos pasos. Iluminando con mi linterna, logré vislumbrar el final del túnel. Este también estaba tapado con tablas. Las empujé y cayeron hacia afuera. Enseguida, eché un vistazo antes de salir de nuevo a la superficie afuera se veÃa un campo compásto no muy crecido. Un temor se apoderó de mÃ. No era un miedo sobrenatural, sino me imaginé lo que ocurrirÃa si estábamos entrando a un rancho privado. Ya me habÃa pasado anteriormente. No sé exactamente cuánta distancia recorrimos como pudo haber sido un par de kilómetros. Pudieron haber sido solo metros. No podrÃa decirlo de una manera certera. Además, las cosas se empezaron a poner muy extrañas. Una vez salimos. Lo primero que me sucedió fue con un montón de arañas cayeron sobre mÃ. Esto me obligó a brincar mientras me sacudÃa los los los los s me iluminó con su lámpara y me ayudó a sacudirme. Iluminamos alrededor el túnel por el que habÃamos salido se encontraba entre las raÃces de un árbol gigantesco. A este no lo logré identificar. De hecho, en todos los años que anduve explorando por la Sierra, jamás vi otro árbol parecido o al menos no en el paÃs Oscar y yo nos quedamos largo rato contemplando el árbol. El lugar se veÃa despejado. Formaba un cÃrculo perfecto, algo parecido a los conocidos cÃrculos de hadas, pero de mayor tamaño. El lugar se veÃa mágico. De hecho, toda la vegetación allà reunida, descoordinaba con el resto de la sierra. De repente empezamos a escuchar el sonido de una lechuza. Primero a lo lejos y cuando menos lo esperamos, estaba justo detrás de nosotros. Al principio, el animal se veÃa anormal, pero de repente, su caracterÃstico sonido cambió. Comenzamos a escuchar como se articulara palabras. El ave tenÃa una mirada penetrante, casi humana. Sus palabras parecÃan dichas en otro idioma desconocido. Volteé a mirar a Ãscar, que estaba amarillo de miedo. Me pedÃa que regresáramos, ya que estaba muy seguro de que esa ave era cosa de brujas. Yo intentando hacerme el valiente, le dije que solo era nuestra imaginación, pero que asà lo deseaba. Nos podÃamos ir en eso como si el ave nos entendiera. Voló hasta posarse en la entrada del túnel, obstruyendo el paso. Después, el ave comenzó a mencionar nuestros nombres. Lo hizo de una manera muy clara y concisa. Yo no pude fingir que no sentÃa miedo. Me eché para atrás, casi a la par que óscar. En eso una anciana salió de entre la hierba donde terminaba el cÃrculo. No se veÃa extraña. La mujer nos preguntó si estábamos perdidos nosotros presas del pánico, nos quedamos sin voz. Yo me limité a mover la cabeza de un lado a otro negándolo enseguida. La anciana nos dijo que la acompañáramos, que ella conocÃa un mejor camino para regresar, ya que, según ella, ese túnel no era seguro, ya que no tardarÃa en llenarse de escrpiones y serpientes. En eso yo me giré de manera inconsciente para ver la entrada. Para mi sorpresa, la lechuza ya no estaba algo. Me decÃa que esa anciana era la lechusa y que por nada en el mundo deberÃamos de seguirla. SabÃa perfectamente bien que las brujas suelen atrapar a los niños para usar sus partes en hechizos o pactos con el diablo. Ãscar se pegó a mÃ, se aferró a mi brazo, enterrándome sus uñas. SentÃa como temblaba de miedo. Sin embargo, la anciana insistÃa en que la siguiéramos, que ella nos llevarÃa por un camino más seguro. En ese momento recuerdé que llevábamos una brújula en nuestro kit exploración la saqué para comprobar la dirección en la que nos encontrábamos. Para mi sorpresa, la aguja de la brújula comenzó a girar sin control. Le dije a Scar que no deberÃamos seguir a la anciana, que algo no estaba bien allà y que debÃamos regresar por el mismo camino que habÃamos venido. Nos dimos la vuelta y comenzamos a caminar hacia el túnel. La anciana nos seguÃa insistiendo en que la siguiéramos, pero no le hacÃamos caso. Al llegar al túnel nos dimos cuenta de que la entrada estaba tapada con tierra y piedras. Nos sentimos atrapados. No sabÃamos qué hacer. En ese momento escuchamos un ruido detrás de nosotros. Era la anciana que se habÃa transformado en lechuza. De nuevo, la lechuza comenzó a volar en cÃrculos alrededor nuestro y a emitir un sonido ensordecedor. Entonces vimos cómo la lechuza se transformaba en una especie de monstruo con cuerno y garras afiladas. Oscar y yo corrimos lo más rápido que pudimos sin mirar atrás. Bordeamos el túnel, caminamos y caminamos, pero no llegábamos a ninguna parte. ParecÃa que dábamos vueltas en cÃrculo. En un momento de estupidez, se me ocurrió voltear hacia atrás a unos pocos metros, vi a la vieja acompañada de dos niñas. No tenÃan ojos y parecÃa que le habÃan cosido la boca. Lo único que se me ocurrió fue cerrar los ojos y encomendarme en los rezos que me enseñaba mi madre. Entonces, como arte de magia, llegamos al principio del pasadizo en el árbol. De allà fue fácil regresar a casa. Le contamos a nuestros padres nuestra travesÃa y después de recibir una buena regañada, nos castigaron con no volver a salir. Desde entonces nunca volvimos a hablar del tema, pero sé que ambos recordamos esa experiencia como algo que nunca olvidaremos. Nunca supimos que fue lo que real encontramos en ese lugar, pero si aprendimos que hay cosas en la naturaleza que no podemos explicar y que a veces es mejor dejarlas en paz. Aún asÃ, nadie en el poblado ni en ningún otro lugar supo darnos indicaciones o señales de ese árbol. De cierta manera, pienso que ese túnel era una ilusión creada por aquella bruja, esto con la finalidad de atraer niños de los cuales alimentarse. En la actualidad ya no vivo en ese hermoso lugar. Me he mudado a una ciudad fronteriza y hasta la fecha no he vuelto a presenciar algo tan extraño como para que merezca ser contado bruja de ciudad. Mi nombre es Ulises. Hoy quiero compartir una historia que me ocurrió cuando era estudiante universitario. Mi familia ya no era originaria del Estado de México. Somos originarios de Guerrero, pero cuando ingresé a la escuela me mudé a ciudad nesa. Al principio vivÃa con compañeros, cosa que nunca me gustó, ya que la mayorÃa de jóvenes de mi edad solÃan pasarle en el relajo, Se desvelaban y hacÃan demasiado escándalo, lo que complicaba mi concentración. Cuando estudiaba por medio de una amiga, conseguà la dirección de renta de un departamento bastante económico, Prácticamente tendrÃa que pagar hasta menos de lo que daba viviendo con dos personas. Más, prefiero mantener la ubicación exacta en el anonimato, ya que no deseo hacerle mala fama a nadie aparte. No estoy seguro de que el edificio sigue en pie. Al dÃa de hoy, el lugar me quedarÃa algo retirado de la Universidad. Sin embargo, solucioné las distancias. Comprando una bicicleta en una ciudad comunesa es preferible moverse por ese medio. Asà evitas el tráfico confesar que soy muy impulsivo cuando se me mete algo en la cabeza. No existe fuerza en el universo que logre hacerme cambiar de opinión. Asà pues, cuando llegué a visitar el complejo de departamentos que rentarÃa, no le vi nada de malo, pero ahora sà puedo expresar abiertamente cuánta cosa extraña vi el lugar. Se encontraba dentro de unas bardas muy altas y viejas. Lo mismo, los edificios de departamentos probablemente fueron levantados a finales de los años setentas. Me recibió una señora de unos cuarenta años. Era de ese tipo de personas joviales que por su personalidad bien pasarÃan por una persona más joven. De lo que aparenta. El edificio en cuestión se encontraba hasta la última parte del complejo. Delimitaba con un barranco y el muro que evitaba el ingreso estaba roto. Otra cosa que era visible era que ese edificio, a diferencia de los demás, estaba más descuidado que todos. Me mudé en cuanto tuve oportunidad. Realmente no contaba con muchas cosas. Mis pertenencias cabÃan en una maleta, compré un colchón inflable y una televisión pequeña. En esos años no era tan común que uno tuviera Internet en casa y los cibercafés eran escasos. El primer dÃa terminé bastante fatigado, asà que, en lugar de cocinarme algo para la cena, salà en busca de algo de comer en la calle. Encendà la luz del pasillo y cuando iba bajando, me encontré con una mujer anciana. Estaba encendiendo una veladora justo debajo de las escaleras en una parte donde no era posible entrar, a menos que fueras muy delgado, pues para hacerlo serÃa necesario meterse entre dos escalones. Quise hablarle a la señora, pero supuse que habrÃa alguna otra entrada del otro lado del edificio. Entonces, en lugar de hablarle saliendo del edificio, lo rodeé para ver si existÃa alguna manera de entrar allÃ. Cuál serÃa mi sorpresa que del otro lado estaba el muro cerrado. No habÃa ni siquiera una pequeña puerta ni nada que permitiera el acceso. Me fui a cenar. Regresé ya tarde, ya que me quedé platicando con un compañero de clase. Le conté que me acababa de mudar que esa serÃa la primera noche en el departamento de regreso. Vi las veladoras que colocó la extraña mujer, pero de la anciana ni sus luces. Subiendo las escaleras, me encontré con otra mujer que decÃa ser mi vecina. También era una persona agradable de unos veintitantos años. VivÃa con sus dos hijos y una mascota. Justo enfrente de mi departamento. Le pregunté sobre la anciana que vi debajo de las escaleras, a lo que ella me respondió que en el edificio no vivÃa ninguna anciana, que vivÃa un abogado. Ella y yo serÃamos los únicos inquilinos del edificio. Me quedé desconcertado. Yo juraba haberla visto, incluso le dije que vi cómo colocaba una veladora. Mi vecina, que se llamaba Mari, me acompañó a que le mostrara la veladora. Bajamos las escaleras y efectivamente ahà estaba la veladora encendida. Ella quedó tan desconcertada como yo. Luego me dijo en confianza que en el edificio asustaba, por lo que no me recomendaba salir de noche. Aquella noche dormà tranquilo, aún a pesar de que no lograba dejar de pensar en la mujer que vi debajo de la escalera. A la mañana siguiente amaneció una paloma muerta afuera de mi puerta. No se me hubiera hecho nada extraño. Si el animal simplemente hubiera amanecido entero, pero estaba destrozado el pico, por un lado, las patas y las viseras en otro. ParecÃa como si algo la hubiera hecho explotar a recoger los restos de paloma soportando el asco, pues aparte de la desagradable escena, el olor era bastante asqueroso. Vi salir a Mari con sus hijos. Me dijo que irÃa al trabajo, pero primero pasarÃa a dejar a los niños a la guarderÃa. Ella tenÃa plantas afuera de su casa. Mayormente medicinales, como hierba, buena ruda, albahaca, ese tipo de plantas. Mari me dijo que si de algo me servÃa, ella tenÃa auto y pasaba cerca del centro como ese dÃa no tenÃa clases hasta pasadas las dos de la tarde. Le agradecà mucho y le dije que no era necesario. Ese dÃa vio que estaba lavando afuera. Le comenté que amaneció una paloma muerta afuera de mi puerta. Mari me dijo que era muy común que eso ocurriera que por algún extraño motivo, las palomas llegaban a morir en el edificio. Mary se fue y yo terminé de limpiar todo el pasillo. Me quedé mirando los muros. Pensé ir a comprar algo de pintura y darle una mano. El fin de semana pensaba en esto. Cuando escuché a alguien bajando por la escalera, volte a mirar para ver si conocerÃa al otro vecino, pero los pasos se detuvieron justo al llegar a mi piso. No habÃa nadie, sólo un par de palomas que apenas me vieron se echaron a volar. Llegó la tarde saqué mi bicicleta y me fui a la escuela. Nuevamente vi una veladora encendida bajo la escalera, aunque no le presté mucha atención para cuando regresé ya habÃa tres veladoras encendidas. Además el aroma aún más insoportable. Pensé en quejarme con la dueña del departamento acerca de esto. Mientras subÃa las escaleras, me cubrà la nariz con mi brazo derecho, mientras que en el izquierdo ojalaba mi bicicleta. No alcanzaba a subir ni siquiera el quinto escalón. Cuando un enjambre de moscas se metió mucho encima, los insectos me atacaban de una manera agresiva. Al intentar manotear, tiré mi bicicleta, me quedé sentado en un escalón cubriendo mi rostro con ambas manos. No sé cuánto tiempo habrá durado ese evento. Al final, las moscas cayeron muertas, algunas de ellas sobre mÃ. Terminé vomitando esto debido a que me tragué un par de ellas. Fui a recoger mi bicicleta y después me puse a lavar las escaleras. Cuando me encontré desocupado, fui a buscar a Mari para contarle mi extraño incidente con las moscas. Ella me abrió y me invitó a enterar a su departamento. Me ofreció algo de café y galletas. Noté que ella tenÃa ciertos adornos extraños en los muros. ParecÃan pentagramas y demás sÃmbolos usados por los ocultistas. También tenÃa muchas fotos de sus hijos. Mari me dijo que lo que me ocurrió a mà ya le habÃa ocurrido a otras personas que llegaban a vivir al edificio que realmente nadie duraba en ese lugar. El inquilino que más tiempo duró fue una señora que vivió cerca de un mes. Esa mujer se dedicaba a echar las cartas y a la lectura del café. Ella misma solÃa visitarla de vez en cuando. Según Mary, cuando esa vecina vivió allà fue el tiempo más tranquilo del edificio. Incluso las palomas se alejaron. Ella creÃa que la mujer lograba neutralizar la energÃa negativa que allà habitaba. Al final también terminó, yéndose ni siquiera se despidió de ella. Me terminé el café, le agradecà a Mary y regresé a mi departamento. Una vez que estuve solo me quedé pensando en los sÃmbolos que vi en el departamento de mar de su amistad con la curandera y si no serÃa ella misma la causante de los extraños sucesos en el edificio, como si miseras pensamientos hubieran servido como una invitación a lo inexplicable de la ventana de mi cuarto entró volando una paloma. Se paró sobre mi televisor. El animal era bastante desagradable, apestaba a muerte, le faltaban varias plumas y no tenÃa ojos. ParecÃa un cadáver viviente. En eso las luces de la sala comenzaron a apagarse y encenderse por sà solas. El animal comenzó a realizar un sonido espantoso. La luz terminó por apagarse totalmente a oscuras. Pude sentir cómo esa maldita ave se me echaba encima, sentÃa su aleteo justo por un lado de mi cabeza. La repugnancia y el terror se adueñaron de mÃ. Creà que me desmayarÃa manoté y manoté para alejar al ave, pero ésta parecÃa aferrada a atacarme el rostro. Lo único que se me ocurrió hacer fue salir del departamento e ir a buscar a Mari, que, a fin de cuentas, era la única persona a quien conocÃa en el edificio afuera Todo era oscuridad. Al parecer, fue un apagón general en el área. Toqué la puerta de mar, pero no me abrió ni siquiera la escuché. Dándome por vencido y sin ganas de volver al departamento, caminé hasta una plaza en medio del segundo bloque de edificios. Allà habÃan unas lámparas que sà tenÃan luz. Me quedé sentado sobre una banca intentando agarrar valor para regresar a mi departamento de pronto. A lo lejos vi una luz que poco a poco se fue acercando a mà la luz provenÃa de la llama de una veladora que cargaba en ambas manos. La señora que vi debajo de la escalera me asusté y me eché para atrás. En eso la mujer se me acerca con mucho cuidado de no apagar su veladora. Después me pide que no le tenga miedo, que es necesario el trabajo que lleva a cabo en el edificio, pues de no hacerlo, las cosas se pondrÃan peores. No me atrevà a verla a la cara. La mujer tenÃa una voz dulce, como la tendrÃa a cualquier otra persona de esa edad. Me dijo que ella me acompañarÃa hasta llegar a mi departamento. Asà no tendrÃa miedo. Se me hizo raro que ella supiera que tenÃa miedo. Si yo nunca le mencioné cómo me sentÃa o si algo me hubiera ocurrido dejé que la anciana se adelantara y seguà caminando detrás de ella. Aunque me sentÃa aterrado o no tenÃa opción alguna, no tenÃa a dónde correr. La anciana, al llegar a la escalera, se giró hacia mà de manera violenta, mostrando su verdadero rostro, el cual hasta el dÃa de hoy no logro superar. Era como si los rasgos de la paloma que apareció en mi departamento y los de un ser humano se fusionara. No sé cómo explicarlo por más que quisiera nunca podrÃa era demasiado rara. La única manera en que puedo hacerlo es diciendo que era una bruja. Comencé a gritar y ella me encajó las uñas en los brazos. Mis gritos atrajeron a Marie, que venÃa acompañada de otra chica. Al verme lanzaron un amuleto al piso y comenzaron a rezar una oración. Aquella mujer huyó a la penumbra de la noche. Marie me explicó que el amuleto arrojado era un nudo de bruja y que servÃa para ahuyentarlas. Me lo regaló para usarlo como protección y si lo hice solo mientras conseguÃa otro lugar donde vivÃa. No he vuelto a ese lugar, pero el misterio que envuelve a esa bruja y las veladoras unidos asÃ, Mary practicaba también una especie de magia. A veces logran quitarme el sueño. Relatos escritos y adaptados por Mauricio Farfan








