El Misterio de las Brujas en el Monte de Guanajuato Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
La Bruja de los Ãrboles. Soy originaria del Estado de Guanajuato. No vivo en la capital, pero tampoco vivo en un pueblo. Digamos que mi casa está en una de los más de treinta y cinco municipios que están en ese punto medio de no ser a Tarjea ni Coroneo, pero que al mismo tiempo tampoco están al nivel de León o de Irapuato. Los que sean de la zona sabrán a lo que me refiero. No es que me guste generalizar, pero estoy segura de que la gran mayorÃa cuando escuchan Guanajuato, en lo primero que piensan es en las momias. Eso es lo más turÃstico que tenemos en el Estado. Aunque es curioso que todo México ubique a las momias, pero menos del uno por ciento saben que entre tantas momias tenemos a una bruja momificada. Sinceramente, esa momia la de la bruja es la única que a mà me parece interesante, porque la vitrina en la que la tienen hasta esta atada con cadenas y la historia de esa momia sà que da miedo al resto de momias. Yo no les veo nada de interesante, pero puedo llegar a entender por qué a la gente le llama la atención eso de las momias. Lo que no entiendo es por qué las momias le llaman tanto la atención a los que les gusta lo paranormal. Si, exceptuando la momia de la bruja, ninguna otra tiene un trasfondo relacionado mÃnimamente con el tema paranormal. Sin embargo, otros lugares que sà son paranormales no son tan conocidos por la gente que no es del Estado. Por ejemplo, aquÃ, en Guanajuato está la tumba de la Llorona y en realidad es un sitio que pasa bastante desapercibido. Pero lo que yo vengo a contar es bastante más escalofriante. Para que tengan todo el contexto, necesito primero hablarles de un vagabundo que vive en la plaza de la ciudad. Nadie sabe su nombre, pero lo conocemos como el veto. El veto no es de aquà de la ciudad. Ãl llegó a vivir a la plaza allá por el dos mil cuatro. Por las cosas que cuenta, tenemos la teorÃa de que él vivÃa en una localidad que está como a veinticuatro kilómetros del punto más externo de la ciudad. Esa localidad está compuesta por pequeñas zonas. Se supone que esa localidad tuvo siete habitantes originales y que en cada zona viven los descendientes de cada uno de esos siete habitantes. Entonces, la comunidad es bastante grande, pero no llega a ser ciudad porque las zonas de las localidades se niegan a unirse. Todos se llevan bien, no tienen conflictos entre ellos. Pero como cada zona tiene sus propias costumbres, pues no aceptan que se les ponga una sola etiqueta para todos. Por eso el Gobierno tampoco ha podido meter infraestructura, porque lo que dicen es que si quieren pavimentar, tendrÃa que ser la misma cantidad de calles en cada una de las siete zonas o si quieren meter una escuela, pues tendrÃan que ser siete escuelas. Asà que, por lo ridÃculo que eso suena, el Gobierno a o ups por dejarlos en lo suyo. Bueno Regresando a Beto, algunos creen que está loco, pero muchos creen lo contrario. Yo, por ejemplo, no creo que esté loco. Lo que yo creo es que quedó traumado. Esto que les voy a decir nunca lo ha dicho el veto asà tal cual, sino que a lo largo de los años y de que mucha gente ha tenido la delicadeza de invitarle un taco y de paso a hacerle plática, pues uniendo todas las cosas que ha dicho en todo este tiempo a diferentes personas, pues hemos podido armar su historia del cómo y el por qué llegó aquà a la plaza de la ciudad. Ãl vivÃa en esa localidad que les digo a él le gustaba andar de fiesta, no tanto por el ambiente, sino por las muchachas. Era de ojo alegre. Todas las semanas se iba de fiesta. No es que en la zona donde él vivÃa hubiera fiesta cada semana. Si una semana nadie hacÃa fiesta ahÃ, pues se iba a otra de las zonas de la localidad. Por eso siempre encontraba una fiesta para ir al terminar una de esas fiestas, l l l o un lugar de la comunidad. Se quiso regresar a su casa porque no habÃa tenido éxito con una chica. Ãl no estaba acostumbrado a caminar durante la madrugada porque siempre solÃa quedarse en la fiesta hasta el amanecer. Por eso, luego de caminar por un buen rato, se dio cuenta que estaba perdido. Las siete zonas de esa comunidad están separadas entre sà por amplias zonas cubiertas de árboles. ImagÃnense lo de la siguiente manera. Una de las zonas está en el centro y las otras seis están alrededor. Bueno, alrededor de la zona central hay como cuatro kilómetros cuadrados de monte obvio. Hay caminos que te llevan a las diferentes zonas, pero eso no es todo. Entre las seis zonas de los alrededores también habÃa Monte con mucho árbol, no tan denso, pero a lo mejor de uno o dos kilómetros. Entonces, aunque no es de la gran cosa, en la noche era fácil perderse, sobre todo porque no habÃa caminos que conectaran las zonas de los alrededores entre ellos. Los caminos sólo estaban en el Monte central, ya con tres o cuatro copas encima en la noche en completa oscuridad, porque no habÃa luz lunar debido a que el cielo estaba nublado. Pues por eso el beto se perdió. No supo si estaba dando vueltas en cÃrculos o si estaba caminando en otra dirección. El punto es que se perdió y empezó a caminar sin saber a dónde estaba yendo. En eso se dio cuenta que habÃa algo moviéndose entre los árboles. No era un animal, porque aquello se movÃa como si fuera un chango. Y pues guanajuato no es el hábitat natural de ese tipo de animales. Eso que se movÃa por los árboles, lo estaba siguiendo, lo acechaba. Era evidente que en cualquier momento iba a azar un ataque intentó correr para salir del alcance de aquello que lo estaba cazando, pero esa criatura pegó un salto y lo interceptó cayendo justo frente a él. Todo pasó tan rápido que, antes de que él siquiera tuviera la oportunidad de mirar qué era lo que tenÃa enfrente, la criatura ya lo habÃa tomado del cuello y habÃa empezado a asfixiarlo, por supuesto que terminó por perder el conocimiento. Cuando despertó. TenÃa muchas heridas en el cuerpo y estaba como en una especie de cueva en la boca. TenÃa un sabor tan amargo que al pasar saliva sintió tanto asco que no pudo contener el vómito. Apenas estaba recuperando cuando empezó a escuchar unas voces que salÃan desde lo profundo de la cueva y que se estaban acercando. Eran voces de mujeres y parecÃa que estaban rezando. Por supuesto que al estar dentro de una cueva, la iluminación era casi nula. La única poca luz disponible era la que se asomaba por una delgada grieta a la distancia. Por eso, cuando el veto volteó hacia las voces, lo único que miró fue una sombra, un bulto negro. En realidad, todo era negro, pero le fue posible distinguir porque aquello se estaba moviendo. Por eso pudo identificarlo entre tanta oscuridad. El beto no tiene ni la más mÃnima idea de qué fue lo que vio, pero lo describe como una masa de basura de la que sobresalÃan seis brazos. También arrastraba cuatro piernas, además de que de arriba le salÃan tres cabezas. Esa masa, esa horrible cosa, se iba arrastrando hacia él, mientras de cada una de las tres cabezas salÃa una voz femenina diferente y rezaban cada una cosas diferentes. Totalmente envuelto por el miedo, se levantó, como pudo con toda la intención de correr hacia la grieta que alcanzaba a ver en la distancia. Al principio. No pudo, porque resbaló con su vómito y cayó al suelo, golpeándose la cara muy fuerte. Volvió a ponerse de pie y entonces sà corrió hasta la grieta, sólo para darse cuenta que no cabÃa por ahÃ, por supuesto que él estaba decidido a salir de ahà sin importar nada más, Asà que se abrió paso a través de esa grieta. Se tuvo que dislocar un hombro y se rompió una pierna, pero salió el el veeto. Se siempre o de ono que cuando salió de ahà ni siquiera sentÃa el dolor del hombro ni de la pierna. Algo se habÃa roto dentro de él, que sentÃa que acababa de escapar del infierno, pero que, a pesar de haber salido de la cueva, él sentÃa que una parte de él se habÃa quedado con aquella masa de seis brazos y tres cabezas. Una historia muy impresionante. Ciertamente por eso muchos lo juzgaban loco, pero yo siempre le creÃ. De hecho, yo era la única mujer de mi familia que le creÃa, mi abuelo, mi papá, mis tÃos y mis primos. Todos los hombres de la familia le creÃan, pero de las mujeres, sólo yo, en una ocasión recuerdo que era domingo, porque estábamos todos reunidos en la casa de los abuelos, desayunando cosa que pasaba cada domingo, pues mientras estábamos en la mesa, el abuelo nos dijo que el siguiente viernes Ãbamos a ir a un rancho, que un amigo suyo nos habÃa invitado a un bautizo y que todos Ãbamos a ir. El abuelo era el patriarca de la familia y si él decÃa algo, se hacÃa y punto. Ese rancho quedaba como a cinco horas, no porque estuviera tan lejos, sino porque habÃa que rodear hasta el otro lado del rÃo y luego atravesar por despoblado. Hagan de cuenta que estaba en lÃnea recta la ciudad, luego la localidad de donde era el veto, luego mucho monte Rocoso, luego el rÃo, luego más monte Rocoso, y luego ya estaba el rancho, pero pues eran cinco horas. Por tanto, rodeo que habÃa que dar Llegó el siguiente viernes e hicimos el viaje hasta ese rancho. La fiesta del Bautizo duró como doce horas. Estábamos en vacaciones. Por eso no habÃa problema con eso de que tuviéramos que viajar en la mañana. Al dÃa siguiente, el sábado nos estábamos organizando para salir a dar la vuelta. Los que no se habÃan desvelado tanto sà Ãbamos a ir. Los demás se iban a quedar ahà en el rancho. Se apuntaron unos primos, el abuelo, un los tÃos y yo ninguna de mis primas. Quiso ir. El amigo del abuelo le prestó la camioneta y en lo que nos subÃamos, el amigo le dijo al abuelo nada más. No vayan a regresar tan tarde. Cuando le dijo eso, yo noté que con aparte de las palabras, como que con señas se dijeron algo, algo que obviamente no querÃan que nadie más escuchara. Desde ahÃ, a mà ya se me empezó a hacer todo medio raro. Como dije, el abuelo era el patriarca y ni loca. Yo me iba a atrever a cuestionarlo. El abuelo condujo por un camino que atravesaba el monte hasta llegar a una parte del rÃo que no era demasiado profunda, para que los primos pudiéramos meternos a nadar mientras nosotros estábamos en lo nuestro. El Abuelo y los tÃos estaban en la orilla del rÃo cuidándonos mientras fumaban y se tomaban unas cervezas. También llevaron un asador. Entonces los tÃos también estaban preparando lo que Ãbamos a comer, que eran chiles, rellenos, asados, quesadillas de camarón y no pales. Nos salimos del rÃo como a las cinco para comer y cuando terminamos de comer, estaba empezando a oscurecer, asà que subimos todo a la camioneta y ya nos fuimos para regresar al rancho. Ya habÃamos dejado el rÃo atrás. Estábamos en el camino que atravesaba el Monte Rocoso cuando, de repente, la camioneta empezó a fallar. El problema fue que no se quedó en una simple falla, sino que la camioneta terminó por apagarse y ya no fue posible hacerla encender. Se necesitaba a un mecánico, el cual, obviamente, no Ãbamos a encontrar. A mitad del monte. TodavÃa quedaba algo de luz solar, pero como los árboles del monte eran mucho y si estaban medio altos, pues entraba poca luz a donde estábamos nosotros. Yo me di cuenta que el abuelo se estaba poniendo como nervioso. Entonces nos dijo a todos que Ãbamos a dejar la camioneta ahà y que nos irÃamos caminando. TodavÃa nos faltaban como tres kilómetros de monte y y luego otros siete kilómetros para llegar al rancho. El abuelo nos recalcó mucho que tenÃamos que salir del monte antes de que oscureciera por completo. Es importante mencionar que mi abuelo en ese entonces tenÃa casi setenta años, pues aún asÃ, él era el que iba al frente de todos y nos llevaba a su paso que, por cierto, iba caminando demasiado rápido. Para alguien de su edad, la situación era bastante rara. Digo sà estaba oscureciendo, pero en total sin contarme a mà porque soy mujer y aparte tenÃa como dieciséis años entre primos y tÃos eran como doce. Entonces no era como que hubiera muchas posibilidades de que alguien nos hiciera algo. En esas fechas no habÃa problemas con el crimen organizado, asà que, en realidad, al haber doce hombres, cualquier ladrón se la pensarÃa para intentar atracarnos. Por eso no entendÃa cuál era la prisa de mi abuelo por salir del monte. Pero entonces, al voltear hacia los árboles, me di cuenta de cuál era el motivo de que mi abuelo tuviera tanta prisa. HabÃa algo que iba saltando entre las ramas, moviendo de manera brusca las hojas. Aquello era una cosa negra. No alcanzaba a distinguir nada, pero sabÃa que habÃa algo ahÃ, porque no en ese momento el viento estaba totalmente quieto y las ramas que crujÃan moviendo sus hojas eran solamente las de los árboles que estaban al lado de nosotros. Para que me entiendan los árboles detrás de nosotros y los de adelante estaban quietos. Las ramas empezaban a moverse cuando nosotros pasábamos al lado de ellas. Al estar nosotros caminando. Por eso sabÃa que algo estaba ahà entre los árboles. Yo intenté decir algo, pero el abuelo me dijo que mejor me pusiera a caminar más rápido en lugar de estar hablando mis primos sin querer llevarle la contra a mi abuelo. No hablaron, pero con señas me preguntaron qué pasaba. Solo les apunté hacia los árboles y ellos también vieron lo mismo como que yo. Algo negro, una masa, un bulto oscuro que iba brincando entre los árboles, al mismo ritmo que llevábamos nosotros En eso, mi abuelo se tropezó y se cayó de rodillas al piso. Todos nos detuvimos y rápido los adultos fueron a intentar ayudarlo. Entonces, al levantar al abuelo, uno de mis tÃos le preguntó qué llevaba en la pierna, porque al momento de estarlo levantando, le pareció que debajo de la rodilla por un costado traÃa algo. El abuelo no le respondió. Lo que hizo fue rasgarse la parte baja del pantalón y sacó un machete de mango corto y con una hoja de unas dos palmas de largo de repente de unos tres o cuatro árboles por delante de nosotros, saltó aquella masa negra ya teniéndola de frente. Si fue posible distinguirla mejor. Aquello tenÃa el tamaño de un perro grande, tenÃa el cabello largo y lleno de cucarachas. Sus brazos eran demasiado delgadas y parecÃan tener mordidas o algunas heridas parecidas que empeoraban mientras bajaban, tanto que en ambas manos no tenÃa nada de piel ni de carne. Sus manos eran puro hueso. No sé los demás, pero yo me quedé petrificada del susto y se puso peor casi me desmayo. Cuando esa cosa creció, no tengo idea de cómo, pero aumentó su tamaño hasta quedar de la altura de un adulto. Pero lo primero que me pasó por la cabeza fue que mi abuelo, armado con su machete, se iba a empezar a pelear con aquella cosa. Por supuesto que eso no sucedió. Empezó a golpear la tierra mientras insultaba a la cosa esa y le decÃa que nos dejara en paz la criatura. En un momento se acercó demasiado. Quedó como a diez pasos del abuelo, pero él no se dejó asustar. Siguió dando de machetazos contra la tierra y gritándole a la cosa esa y por increÃble que parezca, funcionó. No tengo ni la más mÃnima idea de por qué, pero la criatura se fue y nos dejó en paz. Egresamos al rancho, por supuesto que llegamos todos alterados y contando lo que nos acababa de pasar. Como yo era la más asustada, pues la abuela me llevó a la cocina y me preparó un té con una hierba. Creo que era pirul ya que regresamos a la ciudad. En la primera oportunidad que tuve fui a la plaza del Centro a platicar con el veto. Le compré su coca, su torta y yo le conté sobre la horrible cosa que se nos habÃa aparecido. Estuvimos platicando un rato y entre los dos llegamos a una conclusión. Lo que creemos nosotros es que las cosas que acechan entre los árboles del monte son brujas, no brujas normales, sino unas brujas que tienen un pacto con algún demonio y que la cosa que el beto vio en aquella cueva era ese demonio. Tenemos la teorÃa de que las brujas cazan para alimentar a ese demonio. Por supuesto que yo jamás me volvÃa a acercar al monte entre sombras y sueños. Mi madre compartió con nosotros que desde su nacimiento poseÃa el don de percibir a los difuntos, a esas almas que ya no habitaban en este mundo, con el deseo de ampliar su conocimiento y perfeccionar sus habilidades, decidió recibir instrucción de alguien especializado en el tema. Este mentor la sometió a una cantidad incontable de rituales y pruebas con tal de llevar al lÃmite la voluntad de mi madre con la finalidad de averiguar en verdad estaba dispuesta a seguir por ese camino. Entre tantas cosas, la experiencia que le afectó más a mi madre fue cuando tuvo que meterse a un cementerio a realizar ciertas cosas que prefiero no mencionar. Lo importante es que, dentro de ese panteón, ya cuando estaba por terminar lo que tenÃa que hacer, experimentó un suceso singular. Numerosas manos en cuyas palmas habÃa bocas emergieron de las tumbas solicitando auxilio con gritos desesperados. Ese episodio marcó un punto de inflexión en mi madre, llevándola a dedicarse a la curación de personas, al cuidado de aquellos afectados por presencias sobrenaturales y a fungir como intermediaria para transmitir mensajes de quienes ya partieron al otro mundo. Con el tiempo, mi madre alcanzó una maestrÃa tal en sus prácticas que su reputación trascendió las fronteras. Personas de diferentes partes del mundo, incluso extranjeros de paÃses tan lejanos como Dinamarca y Japón, solicitaban sus servicios en busca de ayuda. Incluso un reconocido cantante estadounidense recurrió a ella. Por supuesto que, como muchos ya sabrán, está prohibido dar nombres porque podrÃa decirse que es algo asà como la privacidad cliente abogado, como la confidencialidad especÃfica doctor paciente. Mientras las múltiples y exóticas habilidades de mi madre se iban esparciendo de boca en boca entre todas aquellas personalidades a quienes pudiera resultarle útiles de algún modo. Mientras todo eso sucedÃa, nuestra casa se convirtió en un constante fluir de personas. La gente se retiraba satisfecha y agradecida, expresando su gratitud con regalos de todo tipo. A pesar de que nunca comprendimos completamente los rituales, mi madre ideó una mezcla única que involucraba tiradas de cartas y la aplicación de cÃrculos de alcohol que encendÃa alrededor de las personas. Esto generaba una sensación de tranquilidad y satisfacción en quienes buscaban su ayuda sin que jamás se presentara algún reclamo. No obstante, el camino no estuvo exento de desafÃos. Al adentrarse en el mundo de la brujerÃa, mi madre ganó numerosos enemigos. La brujerÃa es una fuerza poderosa que no sólo se dirige a la persona que realiza el trabajo, sino que canaliza el odio hacia el objetivo. En ocasiones, aquellos que buscan hacer daño a otros a través de esta práctica se convertÃan en enemigos de mi mamá, porque las vÃctimas acudÃan con ella para contrarrestar los ataques. Mi madre, consciente de con cada persona que ayudaba, se ganaba un nuevo enemigo, ya fuera brujo o bruja, mantenÃa una rigurosa limpieza en la casa para contrarrestar las energÃas negativas. Realizó numerosos trabajos para deshacer maleficios y proteger a quienes acudÃan a ella. Algo que muchas veces se pasa por alto Cuando se habla de la vida de una bruja. Es la vida de quienes rodean a esa bruja. En este caso, mis hermanos, mis hermanas y yo éramos unos niños cuando mi madre se metió en ese mundo. Asà que, por supuesto que nuestra infancia fue todo menos lo que la mayorÃa de las personas se entiende como algo normal, lo que un niño cualquiera solamente podrÃan imaginar en sus pesadillas. Eran cosas que nosotros podÃamos presenciar al menos una vez por semana. Dentro de las cosas que llegamos a considerar normales estaba el despertar matutino de mi madre relatando haber visto a la muerte. Lo que mi madre decÃa es era que, como con su trabajo, salvaba muchas vidas, pues la Santa Muerte estaba molesta con ella, ya que estaba interfiriendo en sus designios. Fue por eso que, en cierto momento, mi madre tomó la decisión de colocar un altar de la Santa Muerte dentro de la casa. La primera vez que vimos ese altar, los seis nos quedamos muy desconcertados. SÃ, mi madre tuvo seis hijos, las tres mayores eran mujeres, luego dos hombres y yo era la más pequeña. Pero el altar a la Santa Muerte no era el único altar que tuvimos dentro de la casa. Para cuando yo cumplà siete años dentro de la casa ya habÃa un altar en cada esquina de cada habitación. Eran altares pequeños, pero aún asà era raro ir al baño y estar sentada en medio de cuatro altares diferentes. En total, habÃa como veinte altares en toda la casa. Recuerdo uno que era para bisno, una deidad de por allá por la India. HabÃa otro que era de alguna deidad de Persia. También habÃa uno un altar egipcio, un altar semÃtico, un altarario, HabÃa un altar para buda, uno para Jesucristo habÃa un altar rarÃsimo con simbologÃa como masónica o algo parecido. También habÃa varios altares para dioses indÃgenas, como aztecas mayas y eso y, como dije, un altar para la Santa Muerte. Por supuesto, al ser la más chica, yo era quien le hacÃa más preguntas a mi madre, y lo cierto es que ella me respondÃa todo lo que yo le preguntaba, pero obviamente no entendÃa ni la mitad de lo que me decÃa, porque eran cosas demasiado complejas. Asà que con el tiempo dejé de cuestionar y de dar importancia a ciertas cosas. Recuerdo a mi mamá recorriendo la casa con una olla en mano teñida de humo generado por la quema de huevos, limones, chiles y alcohol. Nos decÃa que era necesario para limpiar la casa de malas energÃas. Una experiencia que quedó grabada en mi memoria. Ocurrió cuando tenÃa unos escasos, cuatro o cinco años. Estaba jugando en la sala. Cuando unos hombres entran a r apresurados con una chica embarazada en avanzado estado, la venÃan cargando. Recuerdo que la chica estaba inconsciente, con la cabeza colgada y unos ojos completamente blancos. Mi mamá la llevó a la habitación, donde solÃa realizar curaciones. Tras siete dÃas de tratamiento, la chica salió caminando como si nada. Nunca supe que pasó, pero es algo que jamás olvidaré, porque fue la primera y única vez que a la casa llegó una embarazada. Otra experiencia que se volvió habitual para mà fue presenciar situaciones entre las formaciones rocosas que quedaban detrás del patio de mi casa. Era como una peña. Siempre percibà una energÃa peculiar en esa área. En medio de las rocas. Observé a alguien parado mientras con una de sus manos tenÃa una cruz rota fijando su mirada en mi dirección. Aunque su rostro no estaba claro, pude distinguir que tenÃa el cabello negro amarrado con una cinta rosa. Este ser simplemente se quedaba allà mirando hacia mi casa. Mi hermano, el mayor de los dos varones, mientras dormÃa en la habitación que compartÃa con el otro hermano, presenció algo raro. Su cama estaba orientada con los pies hacia la puerta y en cierto momento sintió como si alguien se arrastrara hacia él apoyando su brazo en la cama, como si tuviera dificultades para caminar. Relató que escuchaba quejidos parecidos a los de una anciana y sentÃa que algo se aproximaba hacia su cabeza. Aunque evitó abrir los ojos, percibió con fuerza cuando levantaban cada uno de los pliegues del cobertor desde sus pies hasta la cabeza. Como en Cámara Lenta, intentó rezar, pero la presión era intensa. Aquella sensación simplemente desapareció de repente sin ninguna explicación. Se fue de la nada, asà como habÃa empezado. Terminó. Por supuesto, compartió esta experiencia con mi mamá, quien realizó una limpieza para alejar esa energÃa o entidad de él. Mi mamá solÃa advertirnos sobre la posibilidad de que cualquier objeto pudiera ser influenciado por trabajos de brujerÃa, inclusive los objetos que aparentaban ser inofensivos. Nos enseñó a tener cuidado con los obsequios que recibÃamos y a ser precavidos con los alimentos, ya que podrÃan estar trabajados. En particular, mencionaba que si alguien regalaba un platillo, era prudente dejarlo hasta el dÃa siguiente para asegurarse de que estuviera en buen estado. Si al dÃa siguiente se mantenÃa en condiciones óptimas, significaba que estaba bien y podÃamos consumirlo. Sin embargo, si se encontraba en estado de descomposición con larvas, indicaba que podÃa haberse realizado un trabajo de brujerÃa. Otra experiencia notable involucra a unos cuarzos. Eran unas piedras de varios colores diferentes. A una de mis hermanas le gustaban mucho y a pesar de que Mamá siempre nos advirtió a todos que nunca debÃamos tocar ninguna de sus cosas, pues esa hermana no pudo resistirse y en una ocasión agarró como dos o trece de esos cuarzos. No hizo nada con ellos, sólo los tomó para poder verlos de cerca y luego los volvió a dejar en su lugar. Pero esa cortÃsima interacción fue suficiente para que empezaran a pasar cosas. En una ocasión, mientras dormÃa, mi hermana escuchó ruidos como de que algo se estaba moviendo en la sala y era algo sólido, porque las sillas del comedor eran de metal y el piso era de cerámica. Y lo que fuera que mi hermana escuchó moverse hacÃa ruido de estar chocando con las sillas mientras se arrastraba por la cerámica. Yo, la verdad, no escuché ese ruido, pero ella dijo que era un sonido tan molesto que se levantó de la cama y se dirigió a la sala para ver qué era lo que estaba pasando para su sorpresa. No encontró nada. Al regresar al cuarto, empezó a escuchar otra vez el ruido de algo moviéndose, pero ya no era dentro de la casa. Ahora era en el techo. Eso ya la asustó, asà que se tapó y se durmió. Ya en la mañana, durante el desayuno le comentó a mi mamá. Tuvo que admitir que los habÃa agarrado. Mamá estaba furiosa tanto que le aplicó lo que nos hacÃa cuando rebasábamos la lÃnea, eso era, calentar el comal de las tortillas hasta que estuviera humeando y luego pegarnos con el comal ardiendo en las manos. Eso le hizo a mi hermana para que no volviera a agarrar cosas que no debÃa. Mamá hizo una de sus cosas que hacÃa y los sonidos raros no volvieron a escucharse en nuestra casa. La cocina estaba frente a la habitación que yo compartÃa con mis tres hermanas mayores. Era la parte más oscura y siempre nos sentÃamos observadas para ir al baño, como no tenÃamos drenaje. El baño estaba hasta una esquina del patio, entonces tenÃamos que salir de la casa y cruzar todo el patio para ir durante el dÃa. No habÃa ningún problema. La cosa era en la noche, porque aunque lleváramos una vela para alusarnos el patio por algon una razón, siempre fue demasiado oscuro. Durante las noches al salir al baño para regresar a la casa, tanto mis hermanos como mis hermanas y yo siempre sentÃamos un escalofrÃo. Todos sentÃamos que algo nos observaba desde algún rincón del patio. Un dÃa, mi mamá enfermó estuvo postrada en una cama durante seis largos años, perdiendo el habla y la movilidad de la mitad de su cuerpo. Sin embargo, en algunas ocasiones, mi mamá solÃa experimentar cosas en su habitación. De repente veÃa a cierto punto de la habitación con la mirada perdida, temblaba y lloraba visiblemente asustada. A pesar de nuestros intentos, nunca logramos ver lo que ella veÃa, pero su expresión lo decÃa todo. Nunca pudo comunicarnos qué era lo que veÃa. Con el tiempo, la salud de mi mamá comenzó a empeorar. Pocos dÃas antes de su fallecimiento, notamos un cambio en su actitud. Su mirada ya no estaba perdida en el mismo lugar, sino que ya apuntaba hacia los retratos de Ãngeles. A pesar de la situación la veÃamos más tranquila. Otro detalle del que me gustarÃa hablar es el árbol que tenÃamos afuera de nuestra casa. En el patio. Ahà siempre se posaban lechuzas, no sólo una, sino muchas. Además, esas lechuzas no eran animales normales. Yo conozco bien a las lechuzas y esas que se paraban en nuestro árbol hacÃan unos ruidos que las lechuzas no hacen. Por eso les digo que no eran animales normales. Esas lechuzas estuvieron en nuestro árbol todos los dÃas hasta que mamá falleció. Después de su partida, las lechuzas ya no regresaron al árbol. Desde que mi mamá partió, he tratado de mantenerme lo más lejos posible de la vida que ella llevaba. Prefiero no involucrarme en temas que desconozco y que considero bastante arriesgados si no se manejan adecuadamente. Sin embargo, a través de los sueños. He recibido mensajes de mi mamá. Ella me habla de las cosas que puede ver desde otro plano. Un detalle importante es que, a pesar de que yo jamás he tenido ninguna predilección por el esoterismo ni por sus derivados, como soy hija de Bruja y vivà en la casa donde ella ejercÃa sus artes mÃsticas, pues inevitablemente, tanto a mà como a mis hermanos y hermanas se nos pegó algo. En mi caso yo siento mucho la energÃa de las personas y de los lugares. Hay sitios en los que no me siento cómoda, porque percibo una energÃa densa. Al poner un pie en esos lugares. Parece como si estuviera sumergida en un ambiente hostil. En cuanto a las personas, puedo captar tanto la energÃa positiva como la negativa. He experimentado la paz transmitida por aquellos que no conozco, pero también he sentido la carga negativa de ciertas personas. Además, he comenzado a percibir energÃas tristes sin conocer a una persona. Puedo intuir cuando carga con sentimientos de culpa o tristeza e incluso detectar enfermedades o dolores emocionales. Cada vez me vuelvo más competente en estas percepciones, aunque algunas de ellas generan sensaciones desagradables. Estoy desarrollando la habilidad de gestionarlas, pero, como ya dije, no me interesa trabajar con mis habilidades. Simplemente estoy aprendiendo a dominarlas, porque es algo con lo que voy a tener que vivir hasta el final de mi vida. TodavÃa algunas personas llegan a la casa desesperadas buscando la ayuda de mi madre. Nuestra respuesta es la evidente que está muerta, pero aquà es donde las cosas se tuercen, porque ya van más de diez ocasiones en las que diferentes personas, cuando les decimos que Mamá ya murió, ellos no responden. No puede ser apenas. Anoche la vi y me comentó que si necesitaba su ayuda, que viniera a buscarla falsos dioses. Me siento orgulloso de poder hacer la aseveración de que tengo sangre indÃgena corriendo por mis venas en México. Todos somos descendientes de indÃgenas. Eso lo sé, pero a lo que me refiero es a que todos mis tatarabuelos eran indÃgenas. Hace ciento veinte años, mi familia paterna eran puros mexicas y mi familia materna eran puros nahuas. Por eso digo que puedo presumir que tengo sangre indÃgena. El hecho de que hace cuatro generaciones mi familia todavÃa conservar sus creencias ancestrales. Tiene muchas ventajas. Yo tengo una visión del mundo bastante lateral, que difiere mucho a la visión que tiene el mexicano promedio. Por ende, mi manera de entender las cosas es más amplia. No quiero ofender a nadie, pero mi familia vivió en carne y hueso la transición que ha tenido México en todos los aspectos. Mis tatarabuelos vivÃan en chozas de madera alejados por completo de la civilización. Mis bisabuelos vieron como las aldeas donde vivÃan. Poco a poco se fueron convirtiendo en localidades. A mis abuelos ya les tocó crecer en un pueblo. Mis padres también nacieron en un pueblo y hasta que fueron adultos se mudaron a una ciudad pequeña. Yo soy el primero de toda la familia que conoce una gran ciudad. Yo vivo en la ciudad de México. Por eso yo entiendo muchas cosas que la gran mayorÃa de la gente no entiende en todos los sentidos, desde la educación, la polÃtica y, sobre todo, la religión. No es que yo sea un experto en antropologÃa, pero pues a lo largo de generaciones en mi familia se han mantenido las enseñanzas ancestrales que habÃa en México antes de la llegada de los españoles. Además, no sólo tengo las enseñanzas de una cultura, sino de dos, de los mexicas y de los nahuas, asà que tengo una visión bastante amplia de cómo eran las cosas antes. Aclaro, no es que yo de verdad crea que el mundo fue creado por Dioses Estoy estudiando la Universidad y, por supuesto que yo creo en la ciencia, pero no descarto las antiguas creencias, sino que yo las acepto, no como hechos, sino como perspectivas de entender el mundo para la gente de antes. Cuando yo era niño, mis papás me decÃan que todo habÃa sido creado por cuatro dioses que eran hermanos. Mi papá les llamaba por unos nombres y mi mamá por otros. Pero eso es lo de menos. El punto es que esos cuatro dioses, al momento de crear a la primera mujer de otorgaron unos granos de maÃz especiales que les servÃan para realizar las artes adivinatorias y pronosticar los dÃas fastos nefastos, el curso y término de las enfermedades, asà como el destino de los hombres. Y esa primera mujer enseñó a sus hijas a cómo poder realizar todas esas cosas sobrenaturales para poder convertirse en chamanas brujas hechiceras como les quieran llamar, y asà se fue pasando de generación en generación. Aquellas enseñanzas no eran exclusivas para las mujeres. También los hombres podÃan aprender. Sin embargo, no cualquiera podÃa adentrarse en las artes mÃsticas. Para ello era necesario haber nacido en ciertos dÃas especÃficos y el dÃa de nacimiento determinaba qué tipo de brujo era el indicado para cada aprendiz Los hombres que nacÃan en el dÃa c kiahuitl se convertirÃan en los tlatlacatecolo brujos nigromantes que tenÃan la habilidad adicional de poder transformarse en búhos, mientras que las mujeres nacidas en estas fechas serÃan llamadas mometscopinki y estarÃan destinadas a extirpar sus piernas y brazos para colocar en su lugar extremidades de ave y alas de petate para volar durante las noches en busca de la sangre fresca de infantes. Los que nacÃan en el dÃa c Eecatl se convertirÃan en hechiceros nahuales, los cuales eran llamados te magpalito ticuc y asà habÃa muchas variantes. HabÃa como cuarenta o más. PodrÃa tirarme una hora completa hablando de eso. Por ejemplo, estaban los tepatiani, que eran los sanadores o los tlachuki, que eran los que podÃan ver el futuro. HabÃa unos que tenÃan un nombre que hasta a mà me cuesta trabajo pronunciar, pero se traduce al español como manejadores del clima. Ellos eran los que se encargaban que la agricultura pudiera seguir haciéndose de forma efectiva. Asà mismo, ExistÃan casos muy particulares en los que una persona podÃa dedicarse a las artes celestiales. Aquellos que habÃan sufrido el impacto de un rayo y habÃan logrado sobrevivir eran reclamados por el dios Tlalock para dedicarse a la curación. También estaba el caso de los mellizos, los cuales en muchas ocasiones eran elegidos para formar una especie de dualidad mágica con diversas funciones. Pero sin lugar a duda, la variante de bruja más interesante era la que se podÃa hacer pasar por todo tipo de deidades para que me entiendan piensen en un hual. Este tipo de bruja era como una, pero en lugar de convertirse en animal o en monstruo, podÃa tomar la forma de quetzalcoatl, Detlalock o de cualquier deidad que se le antojara. Esas eran las brujas más poderosas, por supuesto que no habÃa muchas. NacÃa uno cada cierta cantidad de años. No estoy seguro. De hecho, era algo tan singular que ni siquiera mis bisabuelos sabÃan con certeza cuáles eran los requisitos que una mujer tenÃa que cumplir para convertirse en una bruja asà de poderosa. Yo dirÃa que tenÃan que nacer durante un eclipse, pero no lo puedo asegurar. Como dije, no soy un experto. Cuando una de estas brujas se convertÃa, por ejemplo, en Kitzilopochley, no obtenÃa los poderes del Dios, la bruja solamente tomaba la apariencia ninguna otra cualidad. Pero con eso era más que suficiente, porque esas brujas eran el arma más poderosa que un asentamiento pudiera tener en contra de otro. Les. Pongo un ejemplo, imaginen que los aztecas estaban a punto de invadir a los tlaxcaltecas y los tlaxcaltecas lo sabÃan, pero los tlaxcaltecas tenÃan a una de esas poderosas brujas entonces, para evitar el enfrentamiento que claramente iban a perder, lo que hacÃan era recurrir a la bruja para que ella se hiciera pasar por alguno de los dioses de los aztecas y, teniendo la apariencia de esa deidad, les ordenará a los aztecas no atacar o, por lo menos posponer la invasión, o imaginen que les decÃan que tenÃan que sacrificar a su guerrero más fuerte. Creo que con esos ejemplos ya se entiende el poder y la peligrosidad que representaba una de esas brujas. Ahora yo respeto todas las creencias que cualquier personas pueda tener, pero como dije desde el principio. Yo tengo una visión muy amplia, no por mÃ, sino por toda la sabidurÃa que viene desde mis tatarabuelos. Lo siguiente que voy a decir no deben tomarlo como un hecho, porque no puedo generalizar. Sin embargo, si es algo que deberÃan considerar. Cuando llegaron los españoles, inevitablemente se terminaron enterando de la exis de ese tipo de bruja y, más allá de querer matarlas, se dieron cuenta de que, si lograban capturar a esas brujas, tendrÃan en sus manos el poder de lograr la conversión de los indÃgenas al catolicismo, porque existÃa la posibilidad de que esas brujas simularan apariciones milagrosas de Ãngeles, de Santos, de Cristo, de la Virgen, etcétera. Mis tatarabuelos decÃan que eso fue lo que pasó, que esas brujas terminaron bajo el yugo de los españoles y que las utilizaron para su beneficio. Supongo que me entienden a lo que me refiero. Ahora vamos a suponer por un momento que lo que decÃan mis tatarabuelos era verdad. Si ese fuera el caso, hay que hacernos una pregunta y sÃ, todavÃa existen ese tipo de brujas y siguen ejerciendo sus poderes. Sólo piénsenlo entre ruidos y voces allá. Por el dos mil dieciocho, mi mejor amigo y yo decidimos realizar un viaje a la ciudad de México. Estábamos emocionados por visitar algunos lugares que habÃamos visto en videos de YouTube. Eran sobre todo lugares de comida. Elegimos hospedarnos en un departamento espacioso ubicado en la parte más alta de un edificio antiguo los primeros dos dÃas de nuestras vacaciones transcurrieron de manera bastante normal, como cualquier experiencia de viaje. Sin embargo, algo fuera de lo común sucedió al regresar al departamento la segunda noche. Era ya de madrugada. Mi amigo se habÃa quedado dormido y yo aún estaba en la sala hablando por vÃdeo llamada con mis padres. Al apagar la computadora y dirigirme a lavarme, los dientes tocaron a la puerta. Fue algo extraño, pero pensé que podÃa haberlo imaginado y no le di importancia. Sin embargo, cuando volvieron a llamar a la puerta esta vez supe que el sonido era real. Saliendo del baño con las luces de la ns la sala apagadas, me acerqué a la ventana para mirar moviendo un poco la cortina no habÃa nadie. El pasillo estaba vacÃo y el departamento frente al nuestro parecÃa. Sin luz consideré abrir la puerta para asomarme, pero me detuve y regresé a terminar de lavarme los dientes. Al acostarme en mi cuarto, volvà a escuchar golpes en la puerta. Esta vez más fuertes, tomé mi celular por si necesitaba llamar a la dueña y me dirigà nuevamente a la ventana. Esta vez en el pasillo habÃa una anciana, vestÃa una chamarra sucia, mostraba pocos dientes y su cabello blanco y escaso, crecÃa de manera irregular en su cabeza, dándole un aspecto enfermizo. Sin decir una palabra. Me retiré de la puerta y llamé a la dueña de la casa. Ella me explicó que era imposible ingresar al edificio sin llave, ya que el portón siempre estaba asegurado. Aunque no habÃa portero, era necesario abrir el portón para entrar, y eso requerÃa una llave. La dueña prometió ver venir con su esposo para resolver la situación. Ella tardó unos diez minutos en llegar, mientras la mujer seguÃa tocando ocasionalmente nuestra puerta desde el sillón podÃa ver la sombra de sus pies por el borde inferior. La dueña me envió un mensaje de whatsapp diciendo que se estaba estacionando y preguntó si la mujer se habÃa ido. Le respondà que no, que aún estaba detrás de la puerta tocando y hablando sola. En ese momento vi la sombra de los pies de la mujer alejándose y un minuto después, o quizás menos, la dueña estaba tocando a mi puerta. Es importante aclarar que en este punto no estaba asustado. Solo incómodo pensé que tal vez una señora sin hogar se habÃa metido al edificio y estaba molestando a los vecinos explicándole esto. A la dueña le comenté que esa mujer se habÃa ido seguramente a las escaleras. Sin embargo, tanto la dueña como su esposo me dijeron confundidos que no habÃan visto a nadie. Esto era prácticamente imposible, ya que no habÃa ni un minuto de diferencia entre que la mujer se apartó de la puerta y que ellos llegaron. La dueña buscó otra explicación y sugirió que no me preocupara que cerrara bien y que ella personalmente preguntarÃa a los vecinos al dÃa siguiente si alguien tenÃa algún familiar de visita. Quizás era la abuela o tÃa de alguien en el edificio y podrÃa ser una persona con algún trastorno psicológico que explicara su comportamiento. Acepté esta explicación y me retiré a dormir. La dueña nos informó que, según los vecinos, no habÃa ninguna anciana con esas caracterÃsticas en el edificio. Le dije que no se preocupara, que seguramente fue un incidente sin mayor repercusión. Esa noche, nuevamente, al acostarme se volvieron a escuchar los golpes en la puerta y la voz de la anciana se hicieron presentes. Esta vez decidà no hacer caso y me puse audÃfonos para bloquear el ruido. Esa semana decidimos visitar el mercado de Sonora. Nos llamaba mucho la atención el famoso pasillo de la brujerÃa. Una vez en el mercado quedamos impactados al ver los animales, veladoras, figuras de la Santa muerte y otras cosas que se encontraban allÃ, aunque ya lo habÃamos visto por Internet. Estar en ese lugar generaba una vibra especial que resultaba abrumadora. Ya estando ahÃ, pagué para que me hicieran una limpia. El hombre del local me pasó algunas hierbas, me escupió ron y frotó un huevo café por todo mi cuerpo. Luego quebró el huevo y lo vertió en un vaso de agua. La yema tenÃa un curioso tono oscuro, mientras la clara cruda formaba nudos en el agua. El hombre afirmó que llevaba una bruja conmigo y señaló que debÃa tener cuidado. Aunque mi amigo rió en mi mente resurgió la imagen de la anciana que tocaba la puerta en las noches. El hombre advirtió que no debÃa hablarle tocarla ni recibir nada de ella. Después de esa experiencia, el viaje se volvió algo paranoico para mÃ. Al llegar al departamento, vimos vagabundos en la banqueta y entre ellos estaba una mujer bastante similar a la que yo habÃa visto tocando la puerta a la otra noche. Aunque intenté ignorar la semejanza entre la mujer en la banqueta y la intrusa de las noches anteriores, una sensación de malestar se apoderó de mÃ. Las advertencias del hombre en el mercado de sonora resonaban en mi mente y la paranoia creció a medida que avanzaba la noche. Esa noche, los golpes y la voz de la anciana persistieron, pero esta vez algo era diferente. A pesar de mis intentos de bloquear el ruido con audÃfonos, sus palabras se filtraban distorsionadas y guturales, llenando la habitación con un aura siniestra. Después de varias noches de resistencia, cedà ante la curiosidad y a y abrir la puerta con cautela. Sin embargo, no habÃa nadie, sólo la oscuridad de la noche y el silencio inquietante del pasillo. La oscuridad del pasillo me envolvÃa mientras miraba incrédulo hacia ambos lados. Mis ojos buscaban cualquier indicio de la anciana que habÃa perturbado mis noches, pero no encontré nada más que el vacÃo inquietante del corredor. Decidà no contarle a nadie sobre mis experiencias, temiendo que pensarÃan que estaba perdiendo la cordura. Sin embargo, la tensión en el departamento creció a medida que las noches pasaban y la presencia invisible de la anciana persistÃa en la penumbra. En los dÃas siguientes, la sensación de malestar persistió. Las sombras en el departamento parecÃan moverse con vida propia y ocasionalmente la voz de la anciana susurraba en mis sueños. La persistencia de las extrañas experiencias empezó a afectar mi dÃa a dÃa durante el resto de las vacaciones, cuando dejamos la ciudad de México para regresar a casa, a todo volvió a la normalidad. Relatos escritos y adaptados por Ramiro contreras








