Sept. 16, 2023

El Hombre Del Sombrero Historias De Terror - REDE

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El hombre del sombrero. Hace un par de meses atrás, experimenté una serie de eventos aterradores que siguen persiguiéndome. Estas situaciones fueron tan impactantes para mí y que me dejaron una profunda impresión emocional en mi hogar. Comparto vivienda con mi mejor amiga desde hace ya un tiempo considerable. Ella se mudó conmigo tras el fallecimiento de mi madre. En realidad fui yo quien le pidió que se mudara debido a la constante sensación de soledad que me aquejaba. Pero algo curioso aconteció en los días subsiguientes al deceso de mi madre. Una extraña presencia se hizo sentir en la casa una energía oscura que hasta entonces no había experimentado. En múltiples ocasiones experimenté la inquietante sensación de estar siendo observado estas sensaciones solían ocurrir principalmente cuando me sentaba en el sillón de la sala para ver la televisión o en mi habitación en momentos en que me encontraba mayormente solo. En varias ocasiones percibía una presencia detrás de mí, aunque al girarme no podía ver nada fuera de lo ordinario. A pesar de eso, en algunos momentos llegué a captar una extraña sombra que se desvanecía en las esquinas o que se disipaba sutilmente. Después del fallecimiento de mi madre, mi mejor amiga ofreció quedarse conmigo para brindarme apoyo durante mi duelo. Aunque han transcurrido ya dos meses desde su partida, mi amiga sigue aquí decidida a permanecer a mi lado hasta que yo esté listo para seguir adelante, A pesar de contar con la compañía de ella. La intensidad de los acontecimientos comenzó a aumentar y las cosas se tornaron turbias y escalofriantes. Una noche me encontraba recostado en mi cama muy metido en la lectura de un libro. Aunque no tenía la intención de dormir aún, el cansancio acumulado era tal que poco a poco mis párpados comenzaron a cerrarse y sin darme cuenta caí en el sueño. No sé cuánto tiempo me quedé dormido. Desperté de forma abrupta. Me sentía tan ansioso por todas las preocupaciones que ocupaban mi mente que intenté calmar mis pensamientos. Inhalé profundamente, pero al intentar mover una pierna para incorporarme, me precaté que mi cuerpo no respondía. Había oído hablar de situaciones similares que acontecen en individuos exhaustos, así que me esforcé por recobrar la calma y respirar. Pausadamente. Al inicio, mis intentos parecieron surtir efecto, pero a medida que los minutos avanzaban, la situación se tornó más compleja. Mi mente parecía estar acelerada al máximo comencé a percibir oír y ver todo a la vez era una sensación extraña e inolvidable, aunque abrumadora. Pareciera como si mi cabeza estuviera al bor de de estallar bajo la presión de estas múltiples sensaciones. En ese instante, un coro de voces irrumpió cerca de mi cabeza un murmullo que no se podía entender. Me desconcertó. El pánico se adueñó de mí tenía la sensación de que algo no estaba bien. Así que quise zafarme de esa loca sensación. Me enfoqué en el simple acto de mover uno de mis dedos para liberarme de este trance. En ese preciso instante, una voz femenina emergió con claridad de entre las voces. Pronunció las palabras. Allí viene el temblor y el miedo resonaban en sus palabras y de pronto todas las voces callaron un silencio pesado. Llenó mi habitación. Mi atención estaba totalmente absorbida en intentar mover mi dedo. Meñique cuando de manera súbita, empecé a percibir que alguien se acercaba. Si bien los sonidos de pasos usualmente no se escuchan desde afuera de las habitaciones, cada pisada resonaba en mi mente como si ocurriera junto a mí. El sonido se asemejaba al eco de unas botas. Al caminar, mi mirada se dirigió a la entrada de la habitación y mi inquietud aumentó al descubrir que la puerta estaba entreabierta. Entonces lo vi la figura que se perfilaba en la oscuridad. Tenía la apariencia de un hombre, vestía una gabardina y sombrero de copa. Aunque no podía ver directamente sus ojos, podía sentir su mirada penetrante clava en mí. Mi atención se fijó en él, pero en un rápido vistazo alrededor, noté que varias siluetas habían comenzado a tomar forma alrededor de mí. A diferencia del hombre en el umbral, estas figuras carecían de sombrero, sin decir palabra alguna. El hombre se giró y se alejó seguido por las demás siluetas que le acompañaban, hasta que me encontré solo nuevamente. En un instante, mi cuerpo volvió a responderme y la amo ó. Lasfera cambió drásticamente. Mis sentidos recuperaron su agudeza y mi ser volvió a sentirse familiar. Pasé varios minutos sentado en la cama tratando de recuperar mi aliento y procesar todo lo extraño que acababa de experimentar. No logré volver a dormir después de ese incidente, ni tampoco pude concentrarme en el trabajo. Estaba sumamente intranquilo. Aunque había oído historias sobre este tipo de situaciones, jamás habría imaginado que me sucedería a mí. El hombre con el sombrero era lo que más me atemorizaba. Intentaba persuadirme de que todo había sido una pesadilla, pero el eco de las botas resonando en mi mente era lo que realmente me inquietaba. El sonido era tan vívido que me estremecía cada vez que lo recordaba. Horas más tarde, durante el desayuno, le relaté todo lo sucedido. A mi amiga siempre ha sentido fascinación por este tipo de eventos sobrenaturales. Hice mi mejor esfuerzo para explicarle lo sustinto pedido. Ella me sugirió que mi cuerpo, abrumado por el estrés, había entrado en un estado de relajación tan profundo que mi mente pudo haberse dividido y me hizo percibir todas esas cosas. Además, mencionó la idea de las sombras y cómo podrían estar relacionadas con el hombre del sombrero. Aunque sonaba extraño, había escuchado casos similares. Me sugirió que tomaron unos días libres del trabajo para aliviar el estrés y prevenir futuras situaciones como esa. Le comenté que lo pensaría ese día en el trabajo, las cosas no salieron como esperaba. Durante todo el día tuve la persistente sensación de que alguien me estaba siguiendo, incluso un par de colegas me comentaron que al verme en mi oficina, tuvieron la impresión de que había alguien más conmigo, Pero lo que más me inquietó fue que describieran a esta otra presencia como una figura con sombrero para colmo. Las cosas tomaron un giro aún más complicado. Durante varios días me había acosado por esta inquietante sensación de que alguien me acechaba sentía su presencia detrás de mí, aunque intenté ignorarla atribuyéndola a una reacción de mi imaginación. El tiempo pasaba y esto no hacía más que intensificarse por las noches. El ambiente en la casa se volvió opresivo, como si una fuerza maligna se hubiera apoderado de nuestro entorno. Extraños ruidos surgían desde rincones oscuros y pasillos vacíos, como si de repente hubiera actividad en lugares inhabitados. Los susurros que antes había percibido se expandieron por toda la vivienda, me erizaban mi piel y me hacían temblar de miedo. Opté por tomar unos días de descanso y seguir el consejo de mi amiga, intentando distanciarme de la idea de que alguien me perseguía la sombra de esa entidad maligna parecía persistir como si estuviera en contra mía, incluso en mi propio hogar. No conseguía tranquilidad. Sentía la necesidad de dormir con la luz encendida, ya que esto me daba una especie de sensación de seguridad, como si la luz pudiera alejar a las sombras que veía. A pesar de mis esfuerzos, mis noches seguían siendo inquietantes. Las pesadillas eran vívidas y perturbadoras. Mi amiga, al ver mi estado, hacía lo posible por brindarme consuelo, pero incluso en su compañía, me sentía inseguro. Una noche, mientras mi amiga y yo estábamos en casa, experimenté un ataque de angustia. Sentí que el ambiente se tornaba denso, mientras el aire se enfriaba rápidamente, llegando a ser visible el vapor que salía de mi boca. Los objetos a nuestro alrededor comenzaron a crujir y temblar. Mi amiga, visiblemente alarmada, me miró y me dijo que estuviéramos juntos hasta que la situación se calmara. Hasta ese momento había sostenido que todo esto podría ser una creación de mi mente como respuesta al estrés de perder a mi madre. Pero lo que experimentamos juntos confirmó que no estaba enloqueciendo y que no imaginaba las extrañas y perturbadoras manifestaciones. La noche siguiente, tras el incidente con mi amiga. Me costó mucho trabajo conciliar el sueño. Cada vez que lo lograba, me despertaba súbitamente como si alguien me estuviera sacudiendo para mantenerme despierto. De pronto escuché un fuerte golpe en la ventana de mi habitación. Mi cuarto está en el segundo piso y el sonido era similar a alguien golpeando repetidamente mi corazón latía con rapidez me acerqué con cautela. Al asomarme, no divisé a nadie afuera y no encontré indicios de algún objeto que pudiera originarlo. Volví a la cama intentando tranquilizarme. Me repetía que sólo estaba pasando por una mala racha y que todo acabaría a ar pesar de eso. Justo cuando me acosté, percibí un suave susurro que parecía venir de algún lugar en la casa. Allí viene era una voz similar a la anterior, llena de temblor y miedo. Me apresuré a cubrirme con las mantas hasta ocultar mi cabeza. Fue en ese instante cuando escuché el sonido de las botas acercándose a donde yo estaba. Dado que había estado durmiendo con la luz encendida durante varios días, tenía la esperanza de que esto me ayudaría a mantener a raya cualquier presencia. De repente, la luz se apagó y poco después oí el sonido de las pesadas botas acercándose mientras aquel individuo daba vueltas a mi alrededor. Yo intentaba calmarme, pero el temor que sentía era abrumador. De pronto todo quedó en silencio. Alcé ligeramente la manta solo lo suficiente para observar. Entonces lo vi de pie frente a mí. Eso bastó para llenarme de terror, cerré los ojos con fuerza, apretando mis manos en puños y comencé a recitar mentalmente el padre. Nuestro Mi oración no parecía surtir. Efecto, A medida que los minutos avanzaban, el ambiente se tornaba aún más cargado, dificultándome la respiración era como si la figura con sombrero estuviera absorbiendo la energía del lugar por completo. De repente percibí la luz de mi habitación encendiéndose. Mi amiga había escuchado algo raro. Cuando aparté las mantas, pude notar su mirada llena de preocupación. Trató de calmarme y me sugirió que recitáramos algunas oraciones. De repente, las luces comenzaron a parpadear y un gélido viento escalofriante invadió la habitación, haciendo que las cortinas se agitaran como si una presencia invisible las hubiese movido. Mi amiga, afectada por el terror, me pidió que abandonáramos la habitación. Ni un segundo más podía soportar allí. Esa noche nos vimos forzados a encontrar refugio en otro lugar para descansar. Sentía que no teníamos escapatoria, sin importar a dónde fuéramos. El hombre del sombrero seguiría persiguiéndonos. Finalmente terminamos en la casa de los padres de mi amiga. Allí relatamos todo lo que nos había ocurrido y nuestra más reciente experiencia sorprendidos. Nos compartieron historias de conocidos familiares y vecinos que habían vivido encuentros similares. En todos esos relatos describían ver al hombre de sombrero en la oscuridad. La descripción coincidía en cada detalle. Al día siguiente, el padre de mi amiga nos llevó a un lugar que no solía frecuentar yo debido a que lo conocía muy poco. Se trataba de una colonia muy humilde y apartada. En ese lugar la gente vive en pequeñas casas hechas de cartón o aluminio. Caminamos bastante hasta que llegamos a la casa más alejada del lugar. Allí vivía el experto del que tanto nos hablaba. Al entrar a la casa me pude dar cuenta que tratábamos con la persona indicada en cuanto di un paso dentro de ella, pude sentir cómo la sensación de pesadez que tenía se iba allí. En una pequeña habitación con paredes de cartón, se encontraba un hombre mayor. Las canas y arrugas abundaban en todo su cuerpo. No hubo necesidad de contarle todo con tan sólo mi descripción bastó para que se diera una idea a lo que nos enfrentábamos. Nos comentó que el hombre del sombrero hacía su aparición con aquellos individuos débiles de espíritu, podía traer otras entidades a donde se apareciera y estas entidades se adherían al cuerpo de uno. Eso explicaba la tremenda carga en la espalda que sentía desde mi primera experiencia. No todas las entidades eran malignas. Me comentó que entre ellas se encontraba el espíritu de una mujer que me amaba mucho y que en varias ocasiones trató de advertirme sobre la presencia del hombre del sombrero. Sabía que hablaba de mi madre y las dos ocasiones que pude escucharla hablarme el viejo nos comentó que necesitaba realizar el ritual de alejamiento. Para ello necesitaría que lo lleváramos a casa. Lo llevamos esa misma noche para que hiciera su trabajo. Apenas llegamos a casa, el viejo comenzó a recitar sus plegarias y bendiciones, entre ellas el padre nuestro y el credo a viva voz. Recurrió cada rincón de la casa hasta que llegó a mi habitación. La atmósfera se sentía diferente. Allí fue donde el ritual se puso más intenso. El viejo se concentró aún más y recitaba con más fuerzas sus plegarias. En eso las cortinas de mi ventana se agitaron como si hubiera alguien detrás de ellas. Las puertas de mi armario y cajones se abrieron hasta que sentí una pesada corriente que me hizo a un lado sentí claramente que alguien me empujaba y a los pocos segundos una figura alta de un hombro con sombrero se materializó ante nosotros. No podía verle el rostro o detalles de su vestimenta. Todo estaba oscuro, pero lo que sí alcancé a notar fue que se quitó el sombrero y realizó una demanda despedida, se lo puso nuevamente y se esfumó. Fue entonces que el viejo dejó de orar y todo el ambiente se tornó muy diferente. Desde entonces no he vuelto a escuchar a mi madre a hablarme con los susurros. De hecho, he comenzado a trabajar en mi duelo para no atraer nuevamente al hombre del sombrero desde aquella noche en que lo confrontamos. Supe de algún modo que aquel ser espiritual puede regresar en cualquier momento. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo.