Nov. 23, 2023

El Fomor Que Vivía En El Ático De Nuestra Casa Historias De Terror - REDE

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El homor siniestro relato compartido por un suscriptor. Mi nombre es Héctor. Tengo actualmente treinta y nueve años de edad. Soy de ciudad madero en Tamaulipas y quisiera contarles mi historia, que me pasó tan sólo hace cuatro años atrás. Tenía poco de haberme separado de mi esposa. Las cosas no funcionaron entre ambos, así que decidimos mejor separarnos un tiempo antes de que nuestra relación se desgastara más. Por fortuna, sólo éramos nosotros dos y no tenemos niños de por medio. Pensé que lo mejor sería ir a vivir un tiempo a la casa antigua de mis padres, aquella que se ubicaba en un poblado lejos de la civilización. Nuestros padres ya habían muerto años atrás, por lo que la casa la habíamos puesto en venta entre mis hermanos y yo hace tiempo, pero por alguna extraña razón, jamás se lograba vender la gente de o que atraía desgracias y mala suerte. Así que para mí fue la mejor opción en lo que viviría en ella. La arreglaría para ponerla en venta nuevamente. La casa estaba completamente sola. Para mí tenía varias habitaciones y entre ellas la principal era la más grande y mejor arreglada. Aunque con el pasar del tiempo y la ausencia de mis padres, aparte de acumular polvo y vegetación, entre nosotros, le metíamos cosas a esa casa hasta convertirla en una bodega. Yo sólo necesitaba de mi antigua habitación para dormir y por la mañana ir a trabajar. La tarde de ese fin de semana llegó de visita a mi hermano mayor Él me comentó que hace tiempo usaron la casa para descansar de un viaje que hicieron él y sus hijos la noche que se quedaron. El mayor de mis sobrinos no podía dormir. Incluso despertó a mi hermano sólo para comentarle que no podía dormir por culpa de la presencia de su abuelo. A mi hermano le llamó la atención, pues no no. Nuestro padre tenía años de fallecido. Le dijo a su hijo que se trataba de su imaginación y que lo mejor es que se fuera a dormir. A los pocos segundos regresó a despertar a mi hermano. Otra vez él le regañó diciéndole que se fuera a dormir, pero mi sobrino le insistía que eso era imposible, pues el abuelo no lo dejaba. Pasar por la puerta rápidamente. Mi hermano se levantó de la cama y miró hacia la puerta. Ésta se encontraba abierta y no había nadie allí. Por más que le insistió en que se fuera a dormir. Su hijo no le hizo caso. Decía que por los pasillos estaba caminando el abuelo. Mi hermano fue a investigar y pudo escuchar el mismo caminar de nuestro padre. No tuvo el valor para investigar, así que regresó a la habitación con su hijo. De alguna manera. Yo sabía que estos comentarios que me hacía mi hermano eran sólo para asustarme. Después de la muerte de nuestros padres, cada uno experimentó una situación fuera de lo común con ellos. A mis hermans manos se les apareció por la noche nuestra madre y les acariciaba la cabeza. Pero en cambio, yo soñé con mi padre él era alcohólico y siempre buscaba la forma de lastimarme. Lo llegué a apreciar con el tiempo, pero cuando bebía se convertía en una bestia. Por ello sé que sonará ridículo, pero la idea de encontrarme con mi padre como un fantasma me asustaba demasiado aún así me mantuve tranquilo y no me dejé llevar por las ideas de mi hermano. Los días transcurrieron y yo nunca me di cuenta de que pasara algo extraño. Incluso me la pasé varios días desvelado arreglando las habitaciones y acomodando las cosas que llegamos a dejar allí por años y jamás me di cuenta de que pasara algo fuera de lo real. Pero una tarde lluviosa, las cosas cambiaron por completo. Era una tarde noche lluviosa. Trabajaba en la casa, moví varias cajas de lugar para despejar el pasillo. Cuando escuché un ruido diferente a los habituales que provenía del ático, el ruido sonaba idéntico a que alguien estuviera arrastrando algo por el suelo. Sentí un horrible escalofrío cuando recordé que de pequeño me encontré a mi padre arrastrando un bulto envuelto en una bolsa negra de ella destilaba sangre y olía horrible. Mi padre no se había dado cuenta de que yo estaba allí y rápidamente me dijo que sólo se trataba de un cerdo y no tenía nada que temer. En ese momento le creí y no pensé que se tratara de algo malo. Pero cuando escuché nuevamente ese ruido extraño proveniente del ático, creció mi inquietud. Parecía como si algo se estuviera arrastrando por el suelo. Tuve un extraño sentimiento de amargura y terror, pues inmediatamente se invocó a mi memoria. El recuerdo de mi padre me dio un profundo escalofrío que mejor decidí ignorarlo y atribuirlo a que se trataba de mi imaginación o algún animal que se había metido para refugiarse de la lluvia. Continué con mi trabajo tratando de mantener la calma, pero a medida que avanzaba la tarde, los sonidos se volvían más persistentes y perturbadores. Ahora parecía haber un susurro que se mezclaba con los arrastres en el ático. Mi curiosidad y preocupación comenzaron a aumentar. Mi mente no dejaba de crearme ideas sobre lo que estaba allí. No tuve de otra más que ir a subir a investigar lo que estaba sucediendo. Era probable que se trataba de alguna tontería y yo me estaba preocupando de más, preparé la linterna y subí las escaleras empapadas por la lluvia y abrí la puerta del Ático. Lentamente. Todo el tiempo que estuve viviendo en la casa, evité ese lugar. Le tenía pavor en cuanto pise los escalones, el crujido hizo que se me helara la sangre. El ático se encontraba en un completo desorden Cajas, muebles, cosas esparcidas por todas partes, pero lo que más me inquietó fueron las marcas en el suelo. Se veía como algo había sido arrastrado por todo el piso. Además, había una serie de huellas de manos que conducían a una de las esquinas oscuras y empapadas. Sentía la garganta seca por el miedo que me evocaba ese lugar. Dentro de mí. Pensaba que ya con casi cuarenta años no podía temerle a la oscuridad. Así que decidido me acerqué a la esquina y encendí la linterna para iluminar el área. Había una figura pálida y retorcida. Se trataba de una presencia que parecía no tener una forma definida. Sus ojos estaban hundidos y parecía no tener labios. Emitía un sonido inquietante, gemía de dolor y decía algo que no era entendible. No le entendí ninguna palabra, pero de alguna manera, esos sonidos que emitían me hacían sentir que trataba de comunicarse conmigo, a pesar de que sentía un terrible temor, algo me impulsaba a acercarme más. Entonces, el suelo del ático comenzó a temblar violentamente. Las cajas apiladas se callan, las cosas se movían de un lado a otro. La figura retorcida se volteó hacia mí y sus ojos de ser cuencas oscuras comenzaron a brillar intensamente sin pensarlo. Dos veces retrocedí hacia la puerta del Ático y bajé rápidamente dando un portazo detrás de mí. Corrí hacia mi habitación, temblando y tratando de asimilar lo que había presenciado. Aquello de arriba parecía haberse alterado, pues los ruidos se volvieron más frecuentes. Yo sabía que había algo malo arriba. No tuve el valor de quedarme en casa, así que me dirigí a casa de mi hermano mayor, no sólo para resguardarme, sino también para investigar un poco más con mis hermanos. Los dos viven en la misma casa, así que fue fácil reunirlos y contarles todo lo que me pasó y, lejos de no creerme parecían coincidir conmigo sobre la idea de que mi padre nos ocultaba cosas. Nos dimos cuenta de que nuestras experiencias de niños no eran producto de nuestra imaginación. Él siempre nos mencionaba que estaba ocupado cuando subía al ático. Mi hermano menor me comentó que probablemente lo que tanto escondía era aquel ser. Mi hermano mayor nos comentó que una ocasión mi madre se dio cuenta de que nuestro padre llevaba un tazón con carne cruda. Parecía recién cortada, pues aún escurría la sangre del tazón. A ella le llamó tanto la atención este comportamiento tan inusual de nuestro padre, que decidió seguirlo a escondidas y le encontró alimentando a una criatura horrible. Eso se lo contó a mi hermano con el fin de advertirle que no subiera lático. Decidimos que lo mejor era enfrentar la situación de una vez por todas y descubrir qué era lo que habitaba en el ático de nuestra antigua casa. Así que convocamos a un par de amigos más les platicamos sobre la situación y lo que nos podíamos encontrar. Uno de ellos nos comentó que probablemente se trataba de un for Son criaturas humanoides capaz de vivir por años y se aferraban a su nido. Eran capaces de adoptar formas humanas. Por ello eran difíciles de cazar. Era probable que nuestro padre se encontró con uno de ellos y lo mantuvo en secreto. Nos equipamos con linternas herramientas para enfrentar cualquier eventualidad y protección adicional por si era necesario acabarlo. Esa noche nos adentramos en la casa. La tensión en el ambiente era palpable mientras subíamos las escaleras al segundo piso me di cuenta que la puerta del Ático estaba abierta. Traté de encender las luces de la casa, pero parecía que no había energía. No tuvimos de otra más que encender las linternas. Subimos al Ático los tres. La escena seguía igual que la última vez que estuve allí, el desorden y cajas polvorientas tiradas. Además de esa sensación de que algo oscuro nos observaba, avanzamos lentamente y con dificultad. Entre tantas cosas, pres entendíamos no hacer ruido. Las huellas de manos en el suelo ahora eran más que antes y estaban muy claras. Y luego, en un parpadeo, aquella criatura saltó sobre nosotros sorprendiéndonos, nos aplastó con su propio peso, provocando que perdiéramos el equilibrio y cayéramos de espalda fuera. Lo que fuera aquella cosa pudo con nosotros la vi alejarse y bajar hacia la segunda planta. Entre mi hermano mayor y yo corrimos detrás de ella. Todo seguía oscuro y por ello sería complicado dar con ella. En eso noté que la puerta de mi habitación estaba abierta, así que procedimos a entrar. No sabía si era buena idea o no, pero cuando ingresamos pudimos detectar un olor a podrido en una esquina oscura se podía ver un bulto. Moviéndose parecía que algo le estaba ocurriendo y de las sombras salió nuestro padre verlo allí frente a nosotros en carne y hueso. Sin duda era algo inquietante. Mi hermano estuvo a punto de correr para abralo, pero recordé lo que nos dijeron sobre los fomor pueden cambiar de forma. Le pedí a mi hermano que se detuviera y que se diera cuenta de que no era nuestro padre. Pero aquella criatura de pronto comenzó a hablar como papá Sentí que mi corazón estuvo a poco de salirse del asombro. Se escuchaba igual a él. Nos pedía que lo disculpáramos y lo dejáramos ir que no nos haría ningún daño. Yo no pretendía hacerle daño, sólo quería ahuyentarlo de la casa de mis padres, pero parecía ser que esta criatura guardaba una conexión emocional con nuestro padre. Continuamos mirando a la criatura con recelo y sospecha. A pesar de su aparente transformación en nuestro padre, algo en su mirada y en su comportamiento no era del todo humano. Nos mantuvimos alerta, conscientes de que podía tratarse de un engaño. Para escapar, decidimos cuestionar a la criatura, haciéndole preguntas sobre detalles de nuestra infancia que sólo nos nuestro padre habría conocido. Para nuestra sorpresa, la criatura respondió correctamente a cada una de nuestras interrogantes, incluso recordando momentos y conversaciones íntimas que sólo compartíamos en familia. Era seguro que ese ser nos estaba vigilando Desde tiempo atrás. El fomor nos imploró que lo dejáramos partir, asegurando que ya no representaba ninguna amenaza y que su presencia sólo traía sufrimiento y desgracia a quien estuviera cerca de él. Era una maldición que acarreaba a todo aquel que estuviera cerca. Mi hermano me propuso que podíamos dejarlo ir y probablemente las cosas mejorarían. Yo estuve de acuerdo en eso. El fomor cambió de forma a la criatura que había visto desde un principio, salió rápidamente de la habitación hacia la puerta. Se detuvo un momento y nos miró por última vez. Una vez que el fomor fue liberado, sentimos un alivio profundo y un peso que se levantaba de nuestros hombros. La sensación de pesadez se fue de la ra casa. Aún así, yo no dejaría las cosas así, nada más. Llamamos a un sacerdote para que nos ayudara a bendecir la casa. Además, mi hermano menor llamó a un especialista de lo paranormal quien nos apoyó a limpiar y purificar la casa. Fue cuando nos encontramos con el nido del fomor. Había ropa de nuestro padre, huesos de lo que parecían ser animales y aves que, al parecer, la criatura llegó a cazar con el tiempo. La casa recuperó su tranquilidad y volvió a ser un lugar seguro. Al final de cuentas, la casa la terminamos vendiendo nuestros recuerdos de Niñez y de épocas en las que vivimos con nuestros padres ya habían quedado en el pasado. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo