El Fomor Que Vivía En El Ático De Nuestra Casa Historias De Terror - REDE

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El homor siniestro relato compartido por un suscriptor. Mi nombre es Héctor. Tengo actualmente treinta y nueve años de edad. Soy de ciudad madero en Tamaulipas y quisiera contarles mi historia, que me pasó tan sólo hace cuatro años atrás. TenÃa poco de haberme separado de mi esposa. Las cosas no funcionaron entre ambos, asà que decidimos mejor separarnos un tiempo antes de que nuestra relación se desgastara más. Por fortuna, sólo éramos nosotros dos y no tenemos niños de por medio. Pensé que lo mejor serÃa ir a vivir un tiempo a la casa antigua de mis padres, aquella que se ubicaba en un poblado lejos de la civilización. Nuestros padres ya habÃan muerto años atrás, por lo que la casa la habÃamos puesto en venta entre mis hermanos y yo hace tiempo, pero por alguna extraña razón, jamás se lograba vender la gente de o que atraÃa desgracias y mala suerte. Asà que para mà fue la mejor opción en lo que vivirÃa en ella. La arreglarÃa para ponerla en venta nuevamente. La casa estaba completamente sola. Para mà tenÃa varias habitaciones y entre ellas la principal era la más grande y mejor arreglada. Aunque con el pasar del tiempo y la ausencia de mis padres, aparte de acumular polvo y vegetación, entre nosotros, le metÃamos cosas a esa casa hasta convertirla en una bodega. Yo sólo necesitaba de mi antigua habitación para dormir y por la mañana ir a trabajar. La tarde de ese fin de semana llegó de visita a mi hermano mayor Ãl me comentó que hace tiempo usaron la casa para descansar de un viaje que hicieron él y sus hijos la noche que se quedaron. El mayor de mis sobrinos no podÃa dormir. Incluso despertó a mi hermano sólo para comentarle que no podÃa dormir por culpa de la presencia de su abuelo. A mi hermano le llamó la atención, pues no no. Nuestro padre tenÃa años de fallecido. Le dijo a su hijo que se trataba de su imaginación y que lo mejor es que se fuera a dormir. A los pocos segundos regresó a despertar a mi hermano. Otra vez él le regañó diciéndole que se fuera a dormir, pero mi sobrino le insistÃa que eso era imposible, pues el abuelo no lo dejaba. Pasar por la puerta rápidamente. Mi hermano se levantó de la cama y miró hacia la puerta. Ãsta se encontraba abierta y no habÃa nadie allÃ. Por más que le insistió en que se fuera a dormir. Su hijo no le hizo caso. DecÃa que por los pasillos estaba caminando el abuelo. Mi hermano fue a investigar y pudo escuchar el mismo caminar de nuestro padre. No tuvo el valor para investigar, asà que regresó a la habitación con su hijo. De alguna manera. Yo sabÃa que estos comentarios que me hacÃa mi hermano eran sólo para asustarme. Después de la muerte de nuestros padres, cada uno experimentó una situación fuera de lo común con ellos. A mis hermans manos se les apareció por la noche nuestra madre y les acariciaba la cabeza. Pero en cambio, yo soñé con mi padre él era alcohólico y siempre buscaba la forma de lastimarme. Lo llegué a apreciar con el tiempo, pero cuando bebÃa se convertÃa en una bestia. Por ello sé que sonará ridÃculo, pero la idea de encontrarme con mi padre como un fantasma me asustaba demasiado aún asà me mantuve tranquilo y no me dejé llevar por las ideas de mi hermano. Los dÃas transcurrieron y yo nunca me di cuenta de que pasara algo extraño. Incluso me la pasé varios dÃas desvelado arreglando las habitaciones y acomodando las cosas que llegamos a dejar allà por años y jamás me di cuenta de que pasara algo fuera de lo real. Pero una tarde lluviosa, las cosas cambiaron por completo. Era una tarde noche lluviosa. Trabajaba en la casa, movà varias cajas de lugar para despejar el pasillo. Cuando escuché un ruido diferente a los habituales que provenÃa del ático, el ruido sonaba idéntico a que alguien estuviera arrastrando algo por el suelo. Sentà un horrible escalofrÃo cuando recordé que de pequeño me encontré a mi padre arrastrando un bulto envuelto en una bolsa negra de ella destilaba sangre y olÃa horrible. Mi padre no se habÃa dado cuenta de que yo estaba allà y rápidamente me dijo que sólo se trataba de un cerdo y no tenÃa nada que temer. En ese momento le creà y no pensé que se tratara de algo malo. Pero cuando escuché nuevamente ese ruido extraño proveniente del ático, creció mi inquietud. ParecÃa como si algo se estuviera arrastrando por el suelo. Tuve un extraño sentimiento de amargura y terror, pues inmediatamente se invocó a mi memoria. El recuerdo de mi padre me dio un profundo escalofrÃo que mejor decidà ignorarlo y atribuirlo a que se trataba de mi imaginación o algún animal que se habÃa metido para refugiarse de la lluvia. Continué con mi trabajo tratando de mantener la calma, pero a medida que avanzaba la tarde, los sonidos se volvÃan más persistentes y perturbadores. Ahora parecÃa haber un susurro que se mezclaba con los arrastres en el ático. Mi curiosidad y preocupación comenzaron a aumentar. Mi mente no dejaba de crearme ideas sobre lo que estaba allÃ. No tuve de otra más que ir a subir a investigar lo que estaba sucediendo. Era probable que se trataba de alguna tonterÃa y yo me estaba preocupando de más, preparé la linterna y subà las escaleras empapadas por la lluvia y abrà la puerta del Ãtico. Lentamente. Todo el tiempo que estuve viviendo en la casa, evité ese lugar. Le tenÃa pavor en cuanto pise los escalones, el crujido hizo que se me helara la sangre. El ático se encontraba en un completo desorden Cajas, muebles, cosas esparcidas por todas partes, pero lo que más me inquietó fueron las marcas en el suelo. Se veÃa como algo habÃa sido arrastrado por todo el piso. Además, habÃa una serie de huellas de manos que conducÃan a una de las esquinas oscuras y empapadas. SentÃa la garganta seca por el miedo que me evocaba ese lugar. Dentro de mÃ. Pensaba que ya con casi cuarenta años no podÃa temerle a la oscuridad. Asà que decidido me acerqué a la esquina y encendà la linterna para iluminar el área. HabÃa una figura pálida y retorcida. Se trataba de una presencia que parecÃa no tener una forma definida. Sus ojos estaban hundidos y parecÃa no tener labios. EmitÃa un sonido inquietante, gemÃa de dolor y decÃa algo que no era entendible. No le entendà ninguna palabra, pero de alguna manera, esos sonidos que emitÃan me hacÃan sentir que trataba de comunicarse conmigo, a pesar de que sentÃa un terrible temor, algo me impulsaba a acercarme más. Entonces, el suelo del ático comenzó a temblar violentamente. Las cajas apiladas se callan, las cosas se movÃan de un lado a otro. La figura retorcida se volteó hacia mà y sus ojos de ser cuencas oscuras comenzaron a brillar intensamente sin pensarlo. Dos veces retrocedà hacia la puerta del Ãtico y bajé rápidamente dando un portazo detrás de mÃ. Corrà hacia mi habitación, temblando y tratando de asimilar lo que habÃa presenciado. Aquello de arriba parecÃa haberse alterado, pues los ruidos se volvieron más frecuentes. Yo sabÃa que habÃa algo malo arriba. No tuve el valor de quedarme en casa, asà que me dirigà a casa de mi hermano mayor, no sólo para resguardarme, sino también para investigar un poco más con mis hermanos. Los dos viven en la misma casa, asà que fue fácil reunirlos y contarles todo lo que me pasó y, lejos de no creerme parecÃan coincidir conmigo sobre la idea de que mi padre nos ocultaba cosas. Nos dimos cuenta de que nuestras experiencias de niños no eran producto de nuestra imaginación. Ãl siempre nos mencionaba que estaba ocupado cuando subÃa al ático. Mi hermano menor me comentó que probablemente lo que tanto escondÃa era aquel ser. Mi hermano mayor nos comentó que una ocasión mi madre se dio cuenta de que nuestro padre llevaba un tazón con carne cruda. ParecÃa recién cortada, pues aún escurrÃa la sangre del tazón. A ella le llamó tanto la atención este comportamiento tan inusual de nuestro padre, que decidió seguirlo a escondidas y le encontró alimentando a una criatura horrible. Eso se lo contó a mi hermano con el fin de advertirle que no subiera lático. Decidimos que lo mejor era enfrentar la situación de una vez por todas y descubrir qué era lo que habitaba en el ático de nuestra antigua casa. Asà que convocamos a un par de amigos más les platicamos sobre la situación y lo que nos podÃamos encontrar. Uno de ellos nos comentó que probablemente se trataba de un for Son criaturas humanoides capaz de vivir por años y se aferraban a su nido. Eran capaces de adoptar formas humanas. Por ello eran difÃciles de cazar. Era probable que nuestro padre se encontró con uno de ellos y lo mantuvo en secreto. Nos equipamos con linternas herramientas para enfrentar cualquier eventualidad y protección adicional por si era necesario acabarlo. Esa noche nos adentramos en la casa. La tensión en el ambiente era palpable mientras subÃamos las escaleras al segundo piso me di cuenta que la puerta del Ãtico estaba abierta. Traté de encender las luces de la casa, pero parecÃa que no habÃa energÃa. No tuvimos de otra más que encender las linternas. Subimos al Ãtico los tres. La escena seguÃa igual que la última vez que estuve allÃ, el desorden y cajas polvorientas tiradas. Además de esa sensación de que algo oscuro nos observaba, avanzamos lentamente y con dificultad. Entre tantas cosas, pres entendÃamos no hacer ruido. Las huellas de manos en el suelo ahora eran más que antes y estaban muy claras. Y luego, en un parpadeo, aquella criatura saltó sobre nosotros sorprendiéndonos, nos aplastó con su propio peso, provocando que perdiéramos el equilibrio y cayéramos de espalda fuera. Lo que fuera aquella cosa pudo con nosotros la vi alejarse y bajar hacia la segunda planta. Entre mi hermano mayor y yo corrimos detrás de ella. Todo seguÃa oscuro y por ello serÃa complicado dar con ella. En eso noté que la puerta de mi habitación estaba abierta, asà que procedimos a entrar. No sabÃa si era buena idea o no, pero cuando ingresamos pudimos detectar un olor a podrido en una esquina oscura se podÃa ver un bulto. Moviéndose parecÃa que algo le estaba ocurriendo y de las sombras salió nuestro padre verlo allà frente a nosotros en carne y hueso. Sin duda era algo inquietante. Mi hermano estuvo a punto de correr para abralo, pero recordé lo que nos dijeron sobre los fomor pueden cambiar de forma. Le pedà a mi hermano que se detuviera y que se diera cuenta de que no era nuestro padre. Pero aquella criatura de pronto comenzó a hablar como papá Sentà que mi corazón estuvo a poco de salirse del asombro. Se escuchaba igual a él. Nos pedÃa que lo disculpáramos y lo dejáramos ir que no nos harÃa ningún daño. Yo no pretendÃa hacerle daño, sólo querÃa ahuyentarlo de la casa de mis padres, pero parecÃa ser que esta criatura guardaba una conexión emocional con nuestro padre. Continuamos mirando a la criatura con recelo y sospecha. A pesar de su aparente transformación en nuestro padre, algo en su mirada y en su comportamiento no era del todo humano. Nos mantuvimos alerta, conscientes de que podÃa tratarse de un engaño. Para escapar, decidimos cuestionar a la criatura, haciéndole preguntas sobre detalles de nuestra infancia que sólo nos nuestro padre habrÃa conocido. Para nuestra sorpresa, la criatura respondió correctamente a cada una de nuestras interrogantes, incluso recordando momentos y conversaciones Ãntimas que sólo compartÃamos en familia. Era seguro que ese ser nos estaba vigilando Desde tiempo atrás. El fomor nos imploró que lo dejáramos partir, asegurando que ya no representaba ninguna amenaza y que su presencia sólo traÃa sufrimiento y desgracia a quien estuviera cerca de él. Era una maldición que acarreaba a todo aquel que estuviera cerca. Mi hermano me propuso que podÃamos dejarlo ir y probablemente las cosas mejorarÃan. Yo estuve de acuerdo en eso. El fomor cambió de forma a la criatura que habÃa visto desde un principio, salió rápidamente de la habitación hacia la puerta. Se detuvo un momento y nos miró por última vez. Una vez que el fomor fue liberado, sentimos un alivio profundo y un peso que se levantaba de nuestros hombros. La sensación de pesadez se fue de la ra casa. Aún asÃ, yo no dejarÃa las cosas asÃ, nada más. Llamamos a un sacerdote para que nos ayudara a bendecir la casa. Además, mi hermano menor llamó a un especialista de lo paranormal quien nos apoyó a limpiar y purificar la casa. Fue cuando nos encontramos con el nido del fomor. HabÃa ropa de nuestro padre, huesos de lo que parecÃan ser animales y aves que, al parecer, la criatura llegó a cazar con el tiempo. La casa recuperó su tranquilidad y volvió a ser un lugar seguro. Al final de cuentas, la casa la terminamos vendiendo nuestros recuerdos de Niñez y de épocas en las que vivimos con nuestros padres ya habÃan quedado en el pasado. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








