Dec. 8, 2023

El Espíritu de la Muelona Historias De Terror - REDE

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El espíritu de la muelona. En aquella época trabajaba en una asociación independiente que no tenía finalidad de lucro. Los servicios que ofrecía eran la atención al migrante que estaba de paso. En Guadalajara se les daba servicio de comedor, hospedaje, asesoría jurídica y un acompañamiento integral. Esta asociación surgió al ver la necesidad de las personas migrantes que llegaban a la ciudad, aunque su estancia sólo era de paso. Algunas se quedaban más tiempo de lo que pensaban. Intentaban irse en el tren de carga o, como la mayoría lo llamaba, en la bestia hacia su objetivo principal llegar a la frontera norte y cruzar hacia Estados Unidos. Antes de que entrara a trabajar en esta organización. En mi etapa de estudiante tomaba un camión para llegar a la universidad, que pasaba por las vías del ferrocarril por la calle de Enrique Díaz de León. En ese lugar se alojaban personas migrantes en situación de calle. Había ocasiones en las que me tocaba ver a esa gente cuando se subían al tren en la parte alta de los vagones de carga que iba a Nogales y Mexicali. En ocasiones se iba lleno de migrantes. Sin embargo, no todos los migrantes se iban de inmediato de la ciudad. Algunos se quedaban por más tiempo permanecían en la calle. Precisamente para este tipo de personas iba dirigido el servicio que la asociación ofrecía. La organización se llamaba el refugio. Estaba ubicada en el Cerro del Cuatro, en el municipio de Tlaquepaque. Por lo regular, mi trabajo era dentro de las instalaciones, aunque había ocasiones en las que íbamos a las vías del ferrocarril a llevarle a los migrantes lonches y cobijas. No era grato ver las condiciones en las que se encontraban. Casi siempre eran hombres jóvenes. Una vez me tocó ver a una pareja joven con l un bebé en brazos. La muchacha se me acercó para pedirme medicina para el pequeño. Me dijo que tenía fiebre. Le comenté que era mejor que fueran al refugio. El médico de la asociación revisaría al niño y le daría la medicina adecuada. Ella no me respondió. Volteó a ver a su pareja el de inmediato dijo que no. No entendí por qué el hombre se negaba a ir al albergue. Aunque no quise forzar la situación. Les dejé una tarjeta con los datos del lugar en caso de que cambiaran de opinión y me retiré con mi compañero de trabajo. Cuando llegué al centro de trabajo, le comenté a mi coordinadora lo que había sucedido con la pareja y el pequeño. Ella me dijo que al día siguiente era necesario regresar con ellos para cuidar el bienestar del niño. Por lo regular no íbamos a buscar a los migrantes, pero en esta ocasión era distinto. Tuve intención de ir al día siguiente a las vías del tren, pero la carga laboral no me lo permitió. Dos días después regresé con mi compañero de trabajo. Ahí estaba la mujer con su niño en peor estado. Me dijo que se llamaba Rebeca ella se encontraba sumamente ansiosa y desesperada. Le pregunté qué le ocurría. Me respondió que su esposo había desaparecido el día que fuimos. Esa fue la última vez que lo vio. Se acostaron a dormir él, se levantó a hacer del baño y jamás regresó. Lo primero en que pensé fue que se lo habían llevado los del cártel para obligarlo a trabajar con ellos. No creí que se tratara de un intento de robo, porque no tenía ninguna posesión de valor. Le sugería Rebeca que se fuera con nosotros al refugio. En un inicio se negó. Me dijo que no quería irse del lugar por si su esposo regresaba, quería que la encontrara en donde la dejó. Le dije que lo hiciera por su hijo, el pequeño. Estaba muy mal. Rebeca no me respondió. Volteaba hacia todos lados. Pensé que intentaba encontrar a su pareja. Sin embargo, no fue así. Me dijo que se iría conmigo, pero no quería que la muelona la viera. Pensé que se refería a otra mujer migrante. Cuando me comentó que probablemente ella se llevó a su marido y si se daba cuenta a dónde iba, también la seguiría. Entendí que se refería a alguien más. No le pregunté de quién se trataba. Lo importante era que había aceptado ir al refugio para que atendieran a su bebé. Cuando llegamos a la asociación, el niño estaba muy mal. El médico lo revisó de inmediato. Dijo que la infección en la garganta se le había pasado hasta los pulmones. Fue necesario internarlo en el hospital. El refugio tenía convenio con ese lugar. Rebecca no se separó de su hijo todo el tiempo estuvo en el hospital. Cuando dieron de alta al niño, ellos regresaron al refugio. En cuanto me vio, se acercó para decirme que la moelona la estaba buscando. No la pudo ver, pero sí la escuchó con claridad. Me dijo que dura. Durante las dos noches que estuvo en el hospital, la oyó con su graznido perturbador. Aproveché su comentario para preguntarle a quién se refería. Me dijo que era el alma errante de una mujer que murió en manos de su esposo. Él la mató a golpes y que su alma no ha podido descansar. Ella iba detrás de los hombres que lastimaban a sus esposas. Por eso su esposo desapareció porque ella se lo había llevado o pudo haberlo matado porque se comía a los hombres que tenía cautivos. Cuando Rebeca me dijo quién era la muelona, no le di ningún crédito a sus palabras, pero tampoco le hice ningún comentario. Ella era de origen colombiano y sabía que las creencias eran distintas en cada país. No le creía absolutamente nada, pero respeté su punto de vista. Rebeca se quería ir de inmediato a las vías del ferrocarril. Le comenté que no era prudente. El pequeño aún estaba frágil y cualquier recaída podía ser fatal. Aceptó no muy convencida, aunque sabía que tenía razón. Le dije que ese día me correspondía llevar de comer a las personas de ese lugar. Buscaría a su esposo y le preguntaría a la gente si acaso lo habían visto. Ella se quedó tranquila. Me dijo que entonces sí. Se quedaría dentro del albergue. Esa tarde fui a llevar de comer a los migrantes en cuanto ellos veían la camioneta de inmediato se acercaban sabían a lo que íbamos. No fue necesario que les preguntara por el paradero del esposo de Rebeca. Uno de los migrantes se acercó conmigo. Me preguntó qué sabía de Rebeca. Le respondí que se encontraba en el refugio junto con su hijo, el hombre. Me dijo que ya tenía razones del esposo de ella. Lo encontraron en las vías que estaban por la calle Inglaterra. En ese lugar había una colonia que le llamaban pueblo quieto que de quieto no tenía nada. Ahí encontraban muertos y sucedían atentados. Con frecuencia el cuerpo del esposo de Rebeca estaba destrozado. Le pregunté si acaso sabía en qué estaba involucrado el hombre, porque, de acuerdo a la forma en que lo encontraron, parecía que se trataba de un ajuste de cuentas traté de investigar un poco más sobre la muerte del migrante, pero curiosamente, no encontré ningún tipo de información como si nada hubiera sucedido. Le comenté a Pepe, mi compañero de trabajo, que no era posible que esas personas, por no ser ciudadanos mexicanos, no les importaba a las autoridades lo que ocurría con ellos, porque no me fue posible saber el paradero de su cadáver. Todo quedó en completo silencio. Cuando llegué con Rebecca, no sabía cómo le iba a decir lo que sabía de su esposo. Ella en cuanto me vio de inmediato me abordó no hizo otra cosa que preguntar por él. No tuve otra opción que decirle la verdad. Creí que se iba a poner muy mal. Sí, se notó que le dolió, pero no tanto como lo esperaba. Con tristeza me dijo que sólo le faltaba tener la certeza de que él estaba muerto. Le pregunté por qué creía eso. Ella ya me respondió lo que ya me había dicho, que escuchó a la muelona, que daba un grito despavorido. Esta vez le pedí que me contara un poco de ella, porque dentro de la cultura popular de México, ese ser no existía. Rebeca me dijo que me contaría la historia de la muelona, pero que tenía que ser en un lugar apartado, porque tenía miedo de que ella escuchara el relato y entonces sí podría lastimarla. Nos sentamos en una banca de los pasillos de la Fundación Rebeca. Antes de comenzar a contar me volteó hacia todos lados. Me dijo que cuando la muelona tenía vida, fue una mujer que existió en la época de la Colonia en Colombia, Era una mujer muy bonita que se dedicaba a leer la suerte en las líneas de la mano, hacía amarres o desbarataba matrimonios, daba soluciones a todas las consultas amorosas que tenía. Por eso, en aquella época se le puso el nombre de la maga. Su negocio fue prosperando a tal grado que pudo comprar una casa grande y a hacer un lugar de diversión en el que sucedían todo tipo de perversiones. En ese sitio pasaron muchas jóvenes que no querían ser madres, porque también tenía conocimiento de herbolaria, por lo que pudo ayudar a esas mujeres. Después de ellas se quedaban a trabajar en la casa de diversión. Fue una mujer que hizo mucho daño a las familias. Aunque había una particularidad de la maga, no soportaba que un hombre sobrio o en estado de embriaguez, golpeara o maltratar a alguna mujer. En cuanto a alguna de las muchachas, le decía que un hombre la había tratado mal. Ella de inmediato mandaba golpear a ese hombre y le prohibía el acceso a su casa. También cuando los hombres estaban borrachos y comenzaban a hacer fechorías, lo sacaba de su vivienda. Así estuvo durante un buen tiempo, pero un día amaneció muerta en su cama. Se dieron cuenta de que algo no andaba bien, porque la casa se llenó de un olor putrefacto olía tan feo que fue en l necesario taparse la boca y la nariz con un pañuelo. Una de sus empleadas fue a la habitación de la maga. Fue cuando se dieron cuenta de que ella había muerto. Todas las personas que estaban dentro de la casa de diversión se salieron asqueados por el olor y la noticia. Sólo se quedó con ella una muchacha de su confianza. Ella dijo que vio cuando el espíritu de la maga salió de su cuerpo y se perdió en la oscuridad de la noche. A partir de la muerte de la maga, comenzaron a encontrarse hombres muertos en las calles. Aparecían muertos por la mañana completamente destrozados, como si una fiera los hubiera atacado en un inicio. Pensaron que se trataba de un animal salvaje, pero hubo una vez que un hombre pudo escapar del ataque de la maga. Ese hombre contó que era esa mujer la que se les aparecía. Seguía igual de bella, sólo que contaba con dientes grandes y afilados como si fueran de un animal, por lo que después le empezar rann a decir la muelona cualquier hombre borracho que quisiera golpear a su esposa que fuera apostador o maldito. La muelona se encargaba de él. No sólo le quitaba la vida, sino que lo devoraba. En el mejor de los casos, dejaba destrozado el cuerpo y se marchaba. Después que Rebeca terminó de contarme esa historia. Por demás, extraña le dije que no tenía por qué preocuparse. Esa mujer se había quedado en su país porque formaba parte de las creencias de allá, Pero ella no me dejó terminar. Me dijo que ya había escuchado su grito perturbador. Por eso estaba segura de que estaba en México. Incluso me aseguró que ella había matado a su esposo. Le pregunté por qué estaba tan segura. Casi llorando, me dijo que su esposo la maltrataba mucho. Se enojaba de todo con ella en ocasiones conseguía comida, pero sólo él se la comía. Lo peor ocurrió la noche anterior que fui por ella. Aquella vez. Él estaba muy en or porque el pequeño no dejaba de llorar. Se puso a golpearla. Ella me mostró los golpes que tenía en la espalda y en los brazos. Todavía él estaba remetiendo en su contra. Cuando escuchó un grito y el crujir de huesos. Ella le dijo a su esposo que dejara de golpearla. Si no la muelona, le haría daño, pero él solo se rió de rebeca. Continuó golpeándola. Después la dejó tirada en el piso. Se fue a otro lado de las vías. Después ya no volvió a saber nada de él. Ya no seguí platicando con ella porque Pepe me dijo que tenía que continuar con el trabajo. Dejé a Rebeca en el albergue y me fui con mi compañero a hacer unas diligencias. Mientras íbamos en la camioneta, él me preguntó cómo se había tomado Rebeca la muerte de su esposo. Le dije que muy bien, porque era un hombre que la maltrataba mucho. Creo que estaba mejor en el albergue que con él. Por la tarde que regresé al refugio, le pregunté a la coordinadora qué íbamos a hacer con Rebés. Ella, sin haberse involucrado en el caso de Rebeca, dijo que regresarla con su familia a Colombia. No quise decirle que no estaba de acuerdo. Me fui directo a hablar con ella. Le pregunté qué pensaba hacer ahora que ya no tenía pareja. Ella me respondió que no estaba entre sus planes regresar a Colombia porque su familia no le brindaba ningún tipo de apoyo. Le dije que realizaría las gestiones necesarias para que se quedara en México, al menos durante un tiempo en lo que decidía qué quería hacer. Rebeca estuvo de acuerdo. Dentro del albergue se necesitaba una persona para aseo de las instalaciones. Le dimos trabajo, alojamiento apoyo médico para su hijo. Rebeca se fue adaptando a su nueva forma de vida dentro del refugio. Por las tardes, ella estaba libre. Empezó a salir a conocer la colonia. Ella decía que se parecía mucho donde ella vivía Desde el lugar en el que se encontraba el refugio. Era posible ver la ciudad porque las instalaciones se encontraban en lo alto del cerro. Recuerdo que en una de esas ocasiones en las que Rebecca salió al parque con su hijo. Regresó muy alterada. Llegó dando golpes muy fuertes en la puerta de la entrada. Salía a abrirle sin esperar a que me hiciera a un lado. Me aventó. Me dijo que cerrara la puerta. Le pregunté qué le sucedía. Pensé que sería algún ladrón que la había perseguido. Era muy común por esa zona que los jóvenes con adicciones asaltaran preferentemente a las mujeres porque eran un blanco más fácil rebeca. Ni siquiera me pudo decir que le ocurría porque empezaron a tocar en la puerta con golpes suaves. Ella gritó. Me dijo que no abriera la puerta, por supuesto que no lo iba a hacer. Le dije que se calmara en el albergue. Estábamos seguras. Ella me respondió que no, porque la había encontrado la muelona. Nuevamente dieron tres golpes en la puerta, pero ahora un poco más fuertes. Por tercera vez tocaron a la puerta, pero con más intensidad. Aunque tenía la preparación para atender a personas en momentos de crisis, no lograba entender qué le sucedía. A Rebeca le dije que se tranquilizara. No iba a abrir la puerta, así que nadie iba a entrar al albergue. Mi compañero se acercó para ver qué sucedía. Le dije que Rebeca estaba en una crisis, que le hablara al médico para que nos dijera que tranquilizante darle de pronto comenzó un olor penetrante. Olía a caño. Fui a revisar el resumidero del patio porque pensé que de ahí provenía el olor. Lo tapé con un tapete de plástico, pero el olor empezó a ser más fuerte. Rebeca volvió a decir que era la muelona la que tenía ese olor tan horrible. Pepe preguntó a quién se refería. Le respondí que era parte de una leyenda popular del país del que provenía. Rebecca no había terminado de responder. Cuando vi a una mujer con cabello ondulado y largo, su rostro aún alcanzaba a reflejar un poco de lo bella que fue, pero tenía una sonrisa macabra que mostraba una dentadura fin los. Cuando la vi me quedé paralizada sin saber qué hacer. Para ese momento ya había oscurecido. No la podía ver con claridad. La mujer se limitó a sonreír de una forma macabra. Le grité a Pepe que corriera a la oficina. Los tres nos fuimos corriendo y cerramos la puerta con llave, aunque sabíamos que eso no iba a detener al espíritu que ya había logrado entrar al albergue. Fueron minutos que se sintieron tan largos porque oíamos cuando la mujer emitía un alarido y el tronar de los huesos. Cada vez lo oíamos más cerca les dije que se agacharan para que ella no nos viera. Ella se fue de largo y se dejó de escuchar. No quisimos salir en ese momento. Nos esperamos hasta creer que ya estábamos seguros. Pepe fue el primero en preguntarle a Rebeca quién era ella y por qué la seguía, porque él tenía trabajando dentro del albergue desde sus inicios y nunca había ocurrido algo semejante. Creo que a Rebeca no le quedó más remedio que decirnos la verdad. Ella se puso a llorar entre lágrimas. Nos dijo que en Colombia se había ido a vivir con su pareja porque su tía la maltrataba mucho. No quería vivir con ella. La única opción que encontró fue dejarla e irse con ese hombre, pero que tampoco la trataba bien. Cuando él supo que estaba embarazada, la golpeó para que abortara, porque él tenía intenciones de irse a vivir a Estados Unidos y un bebé sólo complicaba sus planes. Rebeca intentó de todo para que ese niño no naciera, porque sabía que iba a vivir en condiciones iguales o peores a la de ella. Fue con una curandera para que la ayudara a no tener a su hijo. La curandera le dio un remedio que no funcionó. Cuando fue de nuevo con ella para decirle que no había servido, le dijo que la única manera que su remedio surtiera efecto, era pedirle el favor a la muelona, porque ella fue la mejor curandera de la antigüedad. Sin saber lo que la bruja realmente iba a hacer. Le dijo que sí. Cuando empezó a hacer el él ritual comenzó a oler muy feo, así como olió cuando la muelona tocaba a la puerta la curandera. Lo que hizo fue consagrar el hijo que Rebeca esperaba a la muelona para que ella se lo llevara antes de nacer. De esa manera lograría interrumpir el embarazo de Rebeca. Después que terminó su trabajo, le dijo que todo sería cuestión de tiempo que tuviera paciencia. Pero en aquella época su pareja le dijo que se iba a venir a México para tratar de cruzar la frontera. Rebecca no quería venirse. Aunque no tenía muchas opciones. Se vino embarazada a México. Ella pensó que por haber salido de su país, el ritual desaparecía. Por eso su niño había nacido, pero al poco tiempo que nació su hijo, la muelona empezó a buscarla esperando su recompensa. Por lo regular, ella no atacaba ni a niños ni a mujeres embarazadas. Su misión eran los hombres desordenados, pero quizás esperaba su recompensa, ya que nunca fue madre. Todavía se me hacía mentira a todo lo que Rebeca me dijo, pero qué más evidencia quería si acababa de presenciar que esa mujer sí existía. Se hizo de noche íbamos a dejar a Rebeca junto con otras migrantes, pero ella se puso histérica. Nos dijo que no la podíamos dejar ahí sola. La muelona iba a regresar y se iba a llevar a su pequeño llorando nos pidió que nos quedáramos. No se me hacía justo tener que permanecer en el albergue, pero tampoco tenía obligaciones en mi casa. Le avisé a mis padres para decirles que no iría a dormir me quedaría en el albergue. Pepe hizo lo mismo. Nos quedamos los tres en una habitación. Había varias camas desocupadas. La noche transcurrió sin ninguna novedad a cada rato despertaba y me fijaba por la ventana, pero no veía a nadie. Tampoco escuché el grito perturbador. Durante la madrugada me quedé profundamente dormida. No sé por cuánto tiempo me dormí, pero me despertó un olor fétido. Cuando abrí los ojos, Pepe estaba inconsciente y me r a r que a él para auxiliarlo. Me dijo que la había visto, pero que sólo lo golpeó. Rebeca me dijo que ella no se iba a quedar en un lugar en el que la moelona la iba a encontrar. Me pidió que la ayudara a regresar a su país, por más que le dije que sería lo mismo allá. Ella no desistió de su decisión. La organización la apoyó con los gastos para que se regresara. En pocos días ella se marchó del albergue. Fue muy extraño que a partir que Rebecca se fue, no volví a ver a la molona más que creer en ella pensé que se podía tratar de la llorona. Por ese motivo, ella buscaba al hijo de Rebeca, pero la verdad nunca lo supe Dejé de ser una persona escéptica y empecé a creer que existía un mundo inmaterial que no podemos ver, pero que está presente. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas