Oct. 31, 2023

El Ente Del Centro Comercial Historias De Terror - REDE

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El ente del centro comercial. Desde que tenía catorce años he trabajado en lo que he podido. Empecé de ayudante de un señor que vendía en el tianguis que se ponía cerca de mi casa. El hombre vendía verduras en mi casa éramos seis hermanos. Mi padre falleció en un accidente mientras trabajaba. Él era albañil. Cuando se cayó de un andamio, se golpeó en la cabeza. Su muerte fue instantánea. El ingeniero de la construcción a cargo le dio una indemnización a mi mamá, que sólo nos duró algunos meses. El dinero se fue muy rápido. Mi mamá se dedicaba a asear las casas, lavaba y planchaba la ropa por ser el más grande sentía el deber de apoyarla con los gastos de la casa a duras penas alcancé a terminar la secundaria. Después siguieron todo tipo de empleos. Trabajé de manera informal porque no tenía la edad para entrar a laborar en una empresa. Me pedían la mayoría de edad hasta que cumplí los dieciocho años. Entré a trabajar como ayudante de cocina en un comedor industrial, pero el trabajo era muy pesado y la paga muy poca. Un vecino de mi cuadra me dijo que él había entrado a trabajar en una empresa de seguridad. Me llevó a la compañía. Entré de inmediato empecé como guardia de seguridad en un hospital en la clínica cuarenta y seis de lims. Al principio se me hizo muy pesado estar las doce horas del turno parado mientras trataba de que las personas no entraran a ver a sus enfermos si no traían el pase correspondiente. Los peores días eran el sábado y el domingo, porque era cuando las visitas a los enfermos aumentaban y todos querían entrar a ver a sus familiares. Aguanté un poco más de dos años en ese trabajo. En una ocasión que me dijeron que fuera a las oficinas a que me entregaran mi nuevo uniforme, le dije al encargado de recursos humanos si había posibilidad de que me cambiaran a otro lugar de trabajo, ya no quería estar en el hospital. Él me dijo que en cuanto se abriera otra oportunidad, me avisaría. Pensé que sólo me había dicho que sí, pero que no me iba a hacer caso al mes que le había dicho al gerente que me cambiara. Me habló para decirme que había una vacante en un centro comercial. Sólo que ahí el trabajo era de noche. Estaban por inaugurar la plaza, por lo que faltaba personal de inmediato. Le dije que sí. No me importó que fuera por la noche, ya no quería estar en el hospital antes de entrar a trabajar al centro comercial. Me explicaron que los protocolos de seguridad eran distintos que en un hospital, por lo que recibí un curso de capacitación, en el que me dijeron que se realizaba para explicar de manera integral un plan específico de trabajo en el que debía tomar en cuenta los riesgos de origen técnico, así como los de origen humano. Además, no era lo mismo la vigilancia durante el día, porque era cuando había personas que durante la noche, cuando el centro comercial se quedaba solo, por lo que había menos personal en ese horario. En el mes de julio del año dos mil once me trasladaron a trabajar a esa nueva plaza ubicada en Avenida Patria y Moctezuma. Era un centro comercial que estaba ubicado alrededor de colonias ricas. El cambio que tuve me favoreció porque dejé de ver gente desesperada por ver a su familiar o llorando por la pérdida del mismo. El centro comercial era el otro lado de la moneda personas con la única intención de pasar un rato agradable, por lo que el cambio me gustó mucho. Además, la plaza contaba con un cuarto con cámaras en el que se podía ver lo que sucedía en distintas partes del centro. No estaría solo éramos dos guardias de seguridad los que nos quedábamos por la noche. También el servicio de limpieza se hacía durante la madrugada. N tenía ora gente con quien platicar. Mis compañeros de trabajo eran Ana y Jaime, por ser el primer día en el que trabajaríamos en ese lugar. El supervisor nos dijo que hacer en un caso de emergencia. Nos dio los teléfonos para pedir apoyo, así como un recorrido por el lugar y con anticipación se nos dio un curso para saber, manejar las cámaras de seguridad. Después que el supervisor nos dio la instrucción en el lugar se fue y nos quedamos solos. Empezaba nuestro turno nocturno. Era un trabajo completamente distinto. Primero era necesario que diéramos un recorrido por la plaza para ver que todo estuviera en orden y no hubiera personas que se quedaran dentro. El primer día hice el recorrido con Ana Jaime se quedó observando los monitores. Revisamos los pasillos y todas las partes que se nos indicaron. Nos llevó casi dos horas a hacerlo. Nos tardamos porque como era la primera vez que estábamos ahí, nos llamaba la atención todos los escaparates. Después que hicimos el recorrido, nos fuimos al cuarto en el que se veían los televisores de las cámaras de seguridad. Era un lugar confortable, con cafetera y pan para pasar la noche. Nos pusimos de acuerdo para que uno de nosotros estuviera al pendiente de las cámaras durante dos horas. Los otros dos podíamos descansar un poco a menos que notara algo anormal. Nos lo dijera más tarde haríamos otra ronda juntos esa noche todo estuvo en completa normalidad. Cuando salimos a revisar las instalaciones, íbamos subiendo por las escaleras al siguiente nivel. Jaime se quedó en el centro de control. No había iluminación en todas partes del centro comercial había zonas completamente oscuras. Para eso nos servíamos de las lámparas de mano que traíamos. Mientras íbamos hacia la parte alta, alcancé a escuchar como si alguien estuviera corriendo en la parte baja. Le pregunté a Ana si ella había escuchado algo. Ella me respondió que no. Asumí que fue por los audífonos que traía puestos. Le dije que no debía de hacerlo, al menos mientras revisamos los lugares más apartados. Ella se los quitó justo en el momento en que lo hizo de nuevo. Oí que alguien corría en la parte inferior. Le avisé a mi compañero Javier por el radio para que revisara las cámaras, porque se escuchaba que alguien estaba en ese lugar. Con un poco de temor, comenzamos a descender de nuevo en esa parte. No llegaba la luz de las lámparas con dificultad podíamos ver de quién se trataba, pero no encontramos a nadie. Después de realizar una revisión de cada parte del lugar, nos dimos cuenta de que no había nadie, por lo que continuamos con nuestra ronda. Estuvimos en todos los niveles, revisamos de acuerdo a los protocolos de seguridad y nos fuimos al cuarto de control. Cuando regresamos, Javier nos dijo que estuvo revisando el lugar, que le indicamos hubo algo que notó, aunque no supo de que se trató, porque todo ocurrió muy rápido. Nos mostró el video sólo alcancé a ver una sombra rápida que atravesaba el lente de la Cámara por un buen rato. Lo estuve revisando porque justo en esa zona fue en la que oí los pasos como de alguien corriendo. Sin embargo, no fue posible ver nada más, sólo una sombra borrosa que no podía determinar de qué se trataba Los tres llegamos a la conclusión de que había sido una falla técnica de la Cámara. Durante el resto de la noche no tuvimos ningún otro contratiempo. Todo salió bien. Antes de retirarnos del lugar de trabajo, teníamos que entregar una bitácora de lo sucedido al siguiente turno de compañeros a cargo. Una mujer del turno del día. A leer la bitácora, nos preguntó a qué nos referíamos con la sombra borrosa que se veía en el vídeo. Tratamos de explicarle para que quedara más claro. Le mostramos el vídeo. Ella se quedó pensativa. Nos dijo que durante el día cada vez que iba a esa parte. Su radio tenía mucha interferencia. Cuando trataba de comunicarse con los otros compañeros, sólo se escuchaba la estática sin lograr mantener contacto con ellos. Por eso le llamó la atención ese lugar, enseguida que hicimos las aclaraciones pertinentes, nos fuimos a descansar era sábado por la mañana. Javier nos dijo que nos fuéramos a tomar una cerveza antes de irnos a dormir. No se me hizo mala idea, así que nos fuimos a comprar una cerveza y con discreción nos las tomamos en un parque cercano. Ana fue la primera en comentar sobre lo sucedido esa noche. Ella lanzó la pregunta. Nos dijo que a poco sería posible que alguien estuviera dentro de las instalaciones a esa hora de la noche. Javier respondió que había personas de todo tipo. Incluso pudo haber sido alguien que se quedó oculto hasta que cerró el centro comercial, quizás para robar algo. Pero cuando vio la vigilancia que había se fue por ese motivo no lo pudimos en encontrar. Pero de que había alguien en el piso de abajo, eso sí era seguro. Les comenté que si los dos escuchamos ruidos, fue porque realmente existieron la Cámara quiso grabar algo. Por desgracia, la imagen no fue muy clara, pero tendríamos que ser muy cuidadosos al hacer una ronda. Nunca hacerlo solos y estar prevenidos ante cualquier contratiempo terminamos nuestra cerveza y nos fuimos cada quien a nuestras casas. En la siguiente noche estuvimos más atentos al momento de caminar por los pasillos de la plaza. En esta ocasión ana se quedó en el centro de control de seguridad observando las pantallas de las cámaras, mientras que Jaime me acompañó a dar la ronda desde el estacionamiento hasta todos los pisos. Todo estuvo sin ningún contratiempo, tampoco en los demás pisos. Cuando recorrimos el tercer piso, recibí un mensaje de Ana Nos dijo que vio a alguien correr en el pasillo siguiente. Nos pusimos alertas y comenzamos a revisar cada parte del lugar. Abrimos las puertas que conducían a los cuartos en el que tenían el control del agua, así como de las instalaciones eléctricas. Me comuniqué con Ana para decirle que todo estaba despejado. No había nadie en el piso. Ella me respondió que había alguien detrás de mí. Al voltear no vimos a nadie. Le dije que estaba equivocada. No había nadie con voz asustada. Nos dijo que él estaba caminando hacia nosotros, que tuviéramos mucho cuidado. De pronto la señal se cortó. Ya no pude comunicarme con Ana por unos segundos. En cuanto regresó, le dije que de verdad no había nadie. Me dijo que fuéramos al cuarto de control para que viéramos las pantallas. Bajamos a verlas. Ana estaba muy confundida. En cuanto nos la mostró, nos quedamos sorprendidos. Era verdad alguien estuvo siguiéndonos mientras recorrimos el tercer piso, sin darnos cuenta de que estaba detrás de nosotros. No no sabía que dar explicación darle a lo ocurrido. Javier fue el primero en decir que se trataba de un ser que no era de este mundo, porque nosotros no lo pudimos ver sólo las cámaras lograron captar su presencia Mientras mi compañero daba su punto de vista. Revisé de nuevo el video. Se trataba de un niño que nos siguió por el pasillo. Después se metió a uno de los cuartos de mantenimiento. Sin decir nada. Me fui a buscarlo al cuarto. Les dije a mis compañeros que estuvieran atentos a las cámaras porque iría a revisar. Ana. Me dijo que no me arriesgara, pero no le hice caso. Me fui con rapidez a tratar de darle una explicación racional a lo sucedido. Abrí la puerta con la llave. Revisé cada espacio. De pronto recibí un mensaje de Ana por la radio. Me dijo que el niño estaba detrás de mí. Me volteé sin lograr verlo. Le dije que me dijera en qué parte se encontraba ella. Me respondió que se había ido detrás de un estante. Busqué al niño con la ayuda de la Cámara, pero no lo encontré. En ese instante me di cuenta de que sí se trataba de algo sobrenatural, porque, por más que lo busqué, no lo pude encontrar. Me fui rápido para revisar el vídeo y el niño sí se veía a través de la Cámara. Incluso hubo un momento en el que se vio la forma en que él atravesaba la pared No podía creer lo que estábamos viendo. Les dije a mis compañeros que mientras el niño estuvo muy cerca, no sentí su presencia. Los tres estábamos sorprendidos de lo que habíamos visto a través de la Cámara. Ya no tratamos de darle una explicación a lo sucedido. A Ana fue a quien más la impactó. Nos dijo que le daba temor caminar por la plaza, sabiendo que el pequeño podía estar detrás de ella. Lo único que se me ocurrió decirle fue que el recorrido no lo haríamos solos. Entre dos realizaríamos la ronda de seguridad. El otro se quedaría atento a las cámaras. Cualquier situación extraña nos avisaría. Creo que a ninguno nos agradó saber que un fantasma estaba con nosotros. Esa noche continuamos con la rutina de seguridad. Ana ya no quiso ir a hacer la ronda. Me fui con Javier. Ella se quedó en las cámaras. Todo estuvo tranquilo, aunque recibimos un mensaje de Ana diciéndonos que alguien estaba tocando en la puerta. Nos fuimos corriendo con ella. Cuando llegamos, Ana estaba muy alterada. Nos comentó que insistieron mucho. Tocaron con mucha fuerza en la puerta. Revisé las cámaras para ver qué veía. Me sorprendí mucho cuando noté que el niño nos estuvo siguiendo mientras daba la ronda con Javier. No pude darle una explicación a lo sucedido, porque en el mismo momento estaban tocando la puerta a Ana. No le dije nada, porque la vi sumamente alterada. Terminamos nuestro turno. Me quedé a hablar con el supervisor para explicarle lo que estaba ocurriendo. Cuando le dije lo del pequeño, noté que no me creía. Le dije que se lo podía mostrar en la Cámara, sólo que el cuarto de seguridad tenía más personas laborando y no quería que se hiciera un escándalo con el resto del personal de seguridad. Me dijo que me quedara atento en la noche si las cosas se salían de control. No dudara en hablarle por teléfono. Las siguientes noches fue lo mismo. El niño se veía en distintas partes del centro comercial. Ana ya no quiso hacer rondas. Prefirió quedarse dentro del cuarto de control. Cuando salía con Javier, ella se quedaba atenta ante cualquier cambio que viera en la pantalla de los monitores. Nos decía cuando el niño estaba detrás de nosotros. Una de las noches en que salimos a revisar, bajamos hasta el estacionamiento porque escuchamos ruidos. Vi cuando una sombra se escurría entre la oscuridad. Le dije a Ana que ahora el pequeño estaba jugando en el estacionamiento, pero ella me comentó que no era el niño, porque él estaba en el tercer piso. Justo en ese momento lo estaba viendo en el comedor. Javier volteó conmigo. Los dos corrimos al lado en el que vimos a alguien correo. Pensamos que se trataba de una persona que se había quedado escondida. Le avisamos a Ana que estuviera al pendiente de cualquier contratiempo porque había alguien dentro. Recorrimos todo el estacionamiento sin encontrar a nadie. Javier me hizo la señal de que buscáramos en el elevador. Justo cuando apretamos el botón para que abriera las puertas, vimos que señalaba que alguien estaba subiendo al piso tres. Javier le comunicó de inmediato a Ana le dijo que estuviera al pendiente de quién salía del elevador. Nos subimos por las escaleras para tratar de atrapar al intruso que se había quedado dentro. Antes de llegar al tercer piso. Ana nos mandó un mensaje. Nos dijo que había salido del elevador un hombre vestido de negro alto y delgado. Caminaba lentamente hacia el lado del comedor. Le dije que ante cualquier contingencia, llamara de inmediato a la cabina de seguridad para que mandaran refuerzos. En cuanto llegamos al tercer piso, me fui por delante. Le dije a Javier que me cuidara la espalda. Ahí estaba un hombre extraño, alto y sumamente delgado. Le dije que no podía estar en ese lugar, tenía que retirarse o llamaría a la policía. El hombre no me hizo caso. Parecía como si no me escuchara. Siguió caminando, buscaba a alguien. De pronto volteó y sonrió de forma siniestra y se esfumó. No podíamos creer lo que vimos. Le dije a Ana si ella tenía las imágenes. Me respondió que sólo vio una mancha oscura en la pantalla. Continuamos buscándolo, pero ya no lo vimos más tarde casi al amanecer vimos al niño por el pasillo del piso tres, por la forma en la que caminaba y cómo volteaba hacia todos lados. Parecía que estaba buscando al hombre que vimos enseguida. Se metió al cuarto de suministro de agua y drenaje y ya no lo vimos salir. Fue la peor noche que pasamos. Ana dijo que ya no volvería. Tuvo mucho miedo. Se fue a las oficinas a pedir su cambio. Si no había dónde reubicarla prefería esperar otro espacio o de plano iba a renunciar. Le dijimos que no tuviera miedo, no nos pasaría nada, pero ella me dijo que ese ser oscuro que apareció anoche no significa nada. Bueno. En la noche ana ya no se presentó a trabajar. Mandaron a otro compañero de nombre Luis. Él nos dijo que sólo era mientras encontraban un relevo para ese turno, a Ana la habían reubicado. Luis nos comentó que ya sabía la causa por la que Ana ya no quiso ir a trabajar. Nos preguntó si no teníamos miedo. Le dijimos que un poco, sobre todo cuando vimos al hombre vestido de negro, le mostramos las cámaras para que también él lo viera. Luis también se sorprendió. Nos dijo que era perturbador lo que había en el centro comercial. Cuando me tocó hacer la ronda, Luis me acompañó nuevamente. Comenzaron a escucharse ruidos, pero ahora fueron en el cuarto de mantenimiento. Primero entré con la lámpara encendida. Me dio tanto miedo porque en el instante en que aventé la luz al lugar en el que escuché los sonidos. Lo primero que vimos fue a ese ser extraño, de la misma manera que la noche anterior sonriendo de forma macabra. Los dos nos salimos de inmediato del lugar. Nos fuimos al cuarto de control. Desde ahí estuvimos monitoreando la sombra del ser. Estuvo por casi dos horas por todo el centro comercial y buscamos al pequeño. Pero esa noche no lo vimos ni las siguientes noches. Sólo vimos al ser oscuro. Lo que nos comentó Luis nos perturbó un poco. Nos dijo que quizás ese sí era un demonio que venía a llevarse el alma del niño y de paso las nuestras, porque a él sí lo podíamos ver sin las cámaras. Después del comentario que hizo Luis, ya no quise salir a dar una ronda, pero también entendí que era parte de mi trabajo y que no podía quedarme encerrado en el cuarto de control, por lo que teníamos que hacer algo. Al respeto. Les pregunté si sabían qué podíamos hacer, porque si decíamos en recursos humanos que ya no queríamos quedarnos porque alguien tenebroso visitaba el centro comercial, nos iban a juzgar de locos y quizás nos quedábamos sin trabajo, como les sucedió a Ana. Javier me dijo que buscaría ayuda con alguna persona que supiera de cosas paranormales o iría con el sacerdote de su parroquia. Le dije que lo hiciera para la noche siguiente, porque no podíamos pasar otra noche igual nos despedimos del Grupo Diurno y nos marchamos Sólo. Luis le hizo un comentario a un compañero. Le dije que no lo hiciera, pero él me dijo que ese compañero estaría muy atento con las cámaras por si veía algo distinto. La noche siguiente, Javier llevó a un sacerdote. No pedimos los permisos requeridos por miedo a que no nos permitieran llevar al padre antes de empezar el ritual. El sacerdote de nombre Gabriel nos dijo que harían la rituales de sanación y deliberación para que cualquier espíritu que no haya podido ir al lugar que le correspondía lo hiciera. El ritual empezó por la zona inferior de la plaza. Javier se fue conmigo para acompañar al padre. El padre Gabriel llevaba un rosario y un frasco con agua bendita. Empezó orando pidiéndole a la Santa Trinidad que lo ayudara. Regaba por todas partes el agua bendita. Así lo estuvo haciendo hasta que llegamos al tercer piso. Mientras hacía el mismo ritual, se escuchó un grito grave que provenía del cuarto de mantenimiento. Nos fuimos para aquel lugar. Yo no quería ir me, daba miedo, pero el padre nos dio la confianza para hacerlo. Nos dijo que todo estaría bien. Nos fuimos detrás de él mientras seguía rezando. Antes de abrir la puerta del cuarto de mantenimiento, se escuchó un ruido proveniente del interior. Como si se cayeran muchas cosas. Al abrir la puerta vimos cómo una sombra negra salía del interior y se marchaba. El padre pudo desalojar al ente de ese cuarto, pero no sabíamos si se había mudado a otro lugar de la plaza. El sacerdote nos dijo que pusiéramos crucifijos en distintas partes de la plaza si por algo no lo permitían, que fueran pequeños en un lugar en el que no fueran notorios. Además, nos dio agua bendita para que la regáramos. En los lugares en los que vimos al niño. El sacerdote se quedó un rato más platicando con los tres nos explicaba por qué los demonios intentaban llevarse las almas de los humanos. Mientras platicábamos, pude ver al niño que rondaba en el piso. Tres le mostramos al padre que ahí estaba. Él nos dijo que era un ser de luz que buscaba ayudar a las personas. Por eso se fue cuando llegó un espíritu maligno, porque era más poderoso que el pequeño. Era una muestra de que el espíritu maligno se había ido. El padre concluyó diciéndonos que mientras el pequeño no nos hiciera daño, no o no tenía teníamos por qué temerle el padre me dijo durante el camino a su auto que fue sencillo que el espíritu se fuera porque ese ser no era poderoso y que nosotros no éramos su finalidad, sino el pequeño. En otras circunstancias no hubiera sido tan sencillo deshacerse de él. No sé si esa noche realmente funcionó lo que hizo el padre, pero estuvimos tranquilos. El ser oscuro ya no estuvo en ninguna parte de la plaza. Más tarde vimos al niño que aparecía de nuevo en el piso tres, pero ya no tuvimos miedo por las palabras que nos dijo el sacerdote. Todavía sigo trabajando en ese centro comercial. El niño aún se aparece y los crucifijos siguen en las partes en las que los pusimos. El espíritu maligno se marchó definitivamente. Relato escrito y adaptado por Adriana cuevas?