El Demonio Que Atacó A Mi Hermano Historias De Terror - REDE

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La campanilla. Me gustarÃa compartir con ustedes una experiencia paranormal que dejó una marca profunda en mi vida. Durante mucho tiempo he seguido su canal de YouTube y siempre he querido compartir mi historia, pero me resultaba difÃcil encontrar las palabras adecuadas para explicarla. Espero que puedan comprenderme. En nuestra casa éramos cuatro mis padres, mi hermano y yo. Originalmente se planeaba tener un tercer hijo, pero debido al nacimiento de mi hermano, esos planes se detuvieron, a pesar de que mi hermano nació sano. Con el tiempo, los médicos descubrieron algo que cambió dinámica familiar. Su desarrollo fue más lento que el de otros niños. Tardó más en aprender a caminar, hablar e incluso en reÃr. Finalmente, los médicos diagnosticaron que tenÃa un trastorno similar al autismo. Esta situación fue difÃcil para mis padres y para mÃ. TenÃamos sólo un año de diferencia, pero toda la atención siempre estaba centrada en él. Yo lo entendÃa. SabÃa que mis padres debÃan atender sus necesidades especiales. Por ello es que nunca me quejé. Mi hermano sólo se comunicaba con nosotros de una manera muy básica. Si hablaba muy poco, pero a través de sonidos, con su boca, expresaba sus deseos o con gruñidos cuando algo no le gustaba. A medida que crecÃa la necesidad de comunicarse, se volvÃa más compleja, lo cual se convirtió en un desafÃo para él y para nosotros. Pero encontramos una solución inesperada, una campanilla de cobre que le regaló nuestro tÃo. Esta campanilla se convirtió en el juguete perfecto para mi hermano. No emitÃa un sonido fuerte, pero era lo suficientemente audible como para captar su interés. Si alguna vez no sabÃamos dónde estaba mi hermano, sólo tenÃamos que prestar atención al sonido de la campanilla para encontrarlo y si algo necesitaba, la hacÃa sonar para que le prestáramos la atención. La campanilla se volvió un elemento clave en nuestra familia. Por un tiempo, todo siguió como de costumbre hasta que un dÃa, en el momento menos esperado, ocurrió algo que nos dejó a todos profundamente inquietos. Mi hermano habÃa colocado algodón dentro de la campanilla. De alguna manera no querÃa que emitiera ningún sonido intrigado. Le pregunté si tenÃa alguna razón para hacerlo. Para mi sorpresa me dio una respuesta inesperada. Ãl quiere mi campanilla. Dijo mi hermano no sabÃa a quién se referÃa. Sólo repetÃa esas palabras una y otra vez mientras abrazaba su campanilla con fuerza, como si alguien estuviera tratando de arrebatársela y él estuviera decidido a protegerla. Esta extraña situación continuó durante varios dÃas. Durante un tiempo no escuchamos el tintineo de la campanilla en absoluto. ParecÃa que habÃa desaparecido por completo. Luego volvimos a escuchar su sonido familiar, pero con el paso de los dÃas, mi hermano volvÃa a esconderla. Ante esta situación desconcertante, el psicólogo de mi hermano nos explicó que este comportamiento se conocÃa como una fase en el desarrollo. Nos habÃamos resignado a la idea de que tal vez sólo era una fase relacionada con el trastorno que padecÃa a mi hermano, lo que nos brindó cierta tranquilidad. Una tarde de fin de semana, mientras mis padres habÃan salido a comprar vÃveres, me quedé en casa con mi hermano. Estaba inmerso en mis videojuegos. Cuando escuché el sonido familiar de la campanilla, pensé que mi hermano finalmente le habÃa quitado el algodón, pero un estruendo ensordecedor retumbó desde el segundo piso proveniente del cuarto de mi hermano. Inmediatamente pausé el videojuego y le pregunté a mi hermano si todo estaba bien. No o o o no or tuve respuesta de la campanilla, asà que corrÃa hacia su habitación para averiguar qué habÃa sucedido. Al abrir la puerta lo encontré acurrucado en un rincón, cubriéndose el rostro, Me acerqué a él y traté de calmarlo, pero en un instante intentó golpearme con voz temblorosa. Me dijo él me la querÃa quitar. Miré a mi alrededor y no habÃa nadie más allÃ. Sólo estábamos. Ãl y yo lo ayudé a levantarse y noté que al caminar arrastraba su pie derecho. Hace tiempo, el psicólogo nos explicó que ésta era una caracterÃstica común en las personas bautistas, pero mi hermano nunca habÃa mostrado ese comportamiento. Antes. Me intrigó tanto que le pregunté si le pasaba algo, pero sólo recibà un gruñido como respuesta, indicándome que no me metiera en sus asuntos. A estas alturas, comprendà lo difÃcil que era lidiar con alguien que no podÃa expresar sus problemas, especialmente cuando se trataba de un trastorno mental. Durante varios dÃas, mi hermano continuó arrastrado su pie derecho sin dar ninguna explicación. Mis padres le preguntaban repetidamente si algo le habÃa pasado, pero él simplemente no respondÃa o nos ignoraba. Una noche, mientras todos dormÃan, escuché el sonido de la campanilla. Mi hermano a menudo tenÃa dificultades para conciliar el sueño y se ponÃa inquieto, por lo que inicialmente pensé que estaba jugando con ella para calmarse. Pero el sonido se volvÃa cada vez más insoportable y decidà hablar con él para que dejara de hacer ruido y no despertara a nuestros padres. Curiosamente, el sonido era ligeramente diferente al habitual. Al abrir la puerta de su habitación. El ruido se detuvo de inmediato. Noté que la habitación estaba a oscuras y que mi hermano no estaba en la cama. Al lado de su cama habÃa una pequeña tienda de campaña que solÃa usar como refugio. Cuando sentÃa miedo, sin encender la luz, me acerqué a la tienda, pero al ver su interior me me me oir la cuenta de que estaba VacÃa desconcertado y preguntándome dónde podrÃa estar. Encendà la luz y revisé la habitación. Estaba convencido de haber escuchado el sonido de la campanilla. No podÃa estar equivocado. Fue entonces, cuando la vi sobre la mesita de noche, estaba la campanilla con todo el algodón que mi hermano le habÃa puesto antes. Esparcido por el suelo. Aún confundido por la ausencia de mi hermano, fui a la habitación de mis padres para preguntarles, pero tampoco estaban allÃ. Encontré una nota sobre la almohada de mi madre, explicándome que mi hermano se habÃa puesto muy enfermo y lo habÃan llevado de urgencia al hospital. No quisieron despertarme para que no me preocupara. De repente, la campanilla volvió a sonar, pero esta vez su sonido se acercaba a donde yo estaba. La intriga y el temor se apoderaron de mà mientras me preparaba para enfrentar lo desconocido. Sin dudarlo, me escondà rápidamente en el closet de mis padres. Además de mi respiración agitada, podÃa escuchar cómo el sonido de la campanilla se acercaba junto con unos pasos, confirmando que habÃa alguien más en casa y sabÃa que yo estaba allÃ. De repente, un silencio sepulcral cayó sobre la habitación. Ni un solo sonido, ni los pasos ni el tintineo de la campanilla se hacÃan presentes. Se me ocurrió abrir ligeramente la puerta del closet y asomarme para intentar entender qué estaba sucediendo. Lo que vi frente a mà me dejó, sin palabras, un ser gigantesco, con órbitas oculares enormes que brillaban como dos luces en la oscuridad y orejas puntiagudas. Estaba de pie junto a la puerta observando detenidamente la habitación. ParecÃa que sus ojos le permitÃan ver perfectamente en la oscuridad. SostenÃa la campanilla de mi hermano en una de sus manos y la hizo sonar. Escuché su risa como si el sonido le divirtiera y luego retrocedió. Sus enormes pasos resonaron por toda la habitación. Yo permanecà inmóvil sin mover ni un solo músculo. No tenÃa idea de cuánto tiempo habÃa pasado, ya que no me atrevÃa a salir del closet hasta que los primeros rayos del sol iluminaron la habitación. Fue sólo entonces cuando me atrevà a salir de mi escondite. TodavÃa temblando por lo que acababa de presenciar. Pasé toda la mañana fuera de la casa esperando a mis padres y a mi hermano. No tenÃa el valor para quedarme dentro. Después de lo que habÃa sucedido, Desafortunadamente, sólo mi padre regresó a casa. Mi madre se quedó con mi hermano en el hospital. A pesar de la situación. Intenté explicarle a mi padre lo que habÃa ocurrido esa noche, pero él parecÃa estar más concentrado en la salud de mi hermano que en mis preocupaciones. Cuando finalmente me atrevà a entrar a la casa. Todo parecÃa estar en orden. Incluso la atmósfera se sentÃa sorprendentemente normal, lo cual me desconcertaba aún más. Mi padre me pidió que buscara algunas cosas en la habitación de mi hermano. Al principio me resistÃa a entrar, pero la insistencia de mi padre finalmente me convenció. Abrà las cortinas para dejar entrar toda la luz posible. No querÃa estar ni un segundo en la oscuridad dentro de esa casa. Busqué los audÃfonos que solÃa usar mi hermano algo de ropa interior su almohada, pero lo que no pude encontrar fue la campanilla. Mi padre insistió en que buscara con más detenimiento revisara a cada rincón de la casa. Yo me sentÃa inseguro y aterrado de hacerlo. Cada vez que pensaba en el rostro del ser que habÃa visto un escalofrÃo de miedo. Me recorrÃa fingà que seguÃa buscando por todas partes y luego le dije a mi padre que no la encontré. Al final me pidió que lo acompañara al hospital para ver a mi hermano. No lo pensé dos veces y acepté, aunque seguÃa temblando de miedo por lo que habÃa vivido. Mi hermano siempre ha sido propenso su enfermedades. Las visitas al médico se volvieron cada vez más frecuentes y pasaba largos perÃodos hospitalizado. El médico nos explicó que, debido a su condición, era más susceptible a infecciones, las cuales se volvÃan cada vez más graves. Cuando llegué a su cama en el hospital, lo encontré absorto en romper un vaso de un isel con sus dedos. Mi madre me pidió que me quedara con él. Mientras hablaba con mi padre estando solos, no sabÃa cómo empezar a contarle lo que habÃa visto. Mi hermano no prestaba atención, pues seguÃa concentrado en su actividad. Fue entonces cuando decidà lanzar las palabras al aire vi al monstruo de la campanilla. Mi hermano se detuvo y me miró. Me preguntó si se quedó con su campanilla y le confirmé que sÃ, que la vi en sus manos. En un instante, su expresión cambió drásticamente. Se aferró a su cabello de forma salvaje jalándolo como desquiciado. Traté de calmar, pero no me dejaba acercarme. Después de unos momentos de agitación, me pidió que se la quitara. Me explicó que esa no era su campanilla y desde que nuestro tÃo se la regaló esa cosa se le habÃa aparecido. Tomó mi mano y me lo suplicó. No sabÃa qué decirle. Me sentÃa atrapado entre la promesa que le habÃa hecho y el miedo de enfrentar a ese monstruo. Pero algo en su mirada me hizo comprender su angustia. Ãl siempre se habÃa enfrentado a ese monstruo y lo que nosotros creÃamos que estaba dentro de su mente resultaba ser tan real. Mi hermano volvió a concentrarse en destruir el vaso de un isel. Su mirada se perdió nuevamente en la actividad, pero yo seguÃa inquieto con la incertidumbre de lo que nos acechaba en casa. Tuve que regresar sólo a casa. Mi padre se quedó para resolver unos trámites, mientras mi madre permanecÃa al lado de mi hermano en el hospital. Al llegar a casa, no encontraba el valor necesario para volver a entrar, pero sabÃa que tenÃa que hacerlo. No podÃa permitir que el miedo me dominara el resto de mi vida. Asà que, en cuanto abrà la puerta, el primer sonido que llegó a mis oÃdos fue el tintineo de la campanilla proveniente del segundo piso. Me faltaba la valentÃa para subir, asà que me quedé en la planta baja, paralizado por el temor. Fue entonces cuando escuché esos enormes pasos resonando en las escaleras, pensé que ese serÃa mi fin. Desesperadamente, busqué un escondite y recordé la enorme caja que mi padre habÃa conseguido para mi hermano, su lugar favorito para esconderse. Me apresuré a entrar y me acurruqué en su interior. El monstruo se aproximaba cada uno de sus pasos, resonaba y estaba acompañado por el sonido incesante de la campanilla. Estaba a sólo unos metros de donde me escondÃa. Cerré los ojos con fuerza. Si esa criatura decidÃa atacarme, no querÃa verlo. El miedo se apoderaba de mà y esperaba con desesperación que aquel ser maligno se fuera y me dejara en paz. Pude sentir su presencia no sólo por el sonido de sus pesadas pisadas, sino también por su penetrante olor, un aroma nauseabundo que se asemejaba al de pescado podrido y que se impregnó el aire. Sus pasos resonaban cada vez más cerca de mà y la campanilla tintineaba de forma inquietante. De repente, todo se detuvo supe en mi instinto que aquel monstruo me habÃa descubierto. Sentà cómo se apoyaba en el borde de la caja y se asomaba hacia el interior. SentÃa su mirada llena de malicia. Me observaba detenidamente nuevamente soltó una risa siniestra mientras hacÃa sonar la campanilla como si intentara obligarme a mirarlo. Pero lo que esa criatura no entendÃa era que yo no tenÃa ni un poco de valor para enfrentarla y mirarla. Ante mi negativa a ceder a su juego, el monstruo emitió un rugido ensordecedor que retumbó en mis oÃdos. Sentà la urgencia de taparme los oÃdos para protegerme del horrendo sonido, pero sabÃa que sus ojos aún estaban clavados en mÃ, penetrándome con su mirada maligna. A pesar del miedo que me embargaba, resistà la tentación de voltear a verlo, manteniendo firme de no sucumbir ante su presencia aterradora. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el monstruo se cansó de su juego y se retiró. Agitaba la campanilla cada vez más frenéticamente como si ese sonido le proporcionara algún tipo de consuelo o satisfacción. A medida que sus pasos se alejaban, sentà un alivio inmenso, pero también una inquietud persistente. SabÃa que este encuentro sólo era un recordatorio de la amenaza que acechaba en las sombras y de que debÃa permanecer en guardia aún temblando. Me quedé en la caja, procesando lo que habÃa vivido y esperando a que el monstruo desapareciera por completo. En cierto modo, me sentÃa bien, pues todo parecÃa indicar que habÃa encontrado un modo de enfrentar a aquel ser el cual era sólo ignorarlo. Era algo que siempre mi hermano habÃa hecho. Le quitaba su campanilla y se quedaba quieto en un rincón. Llegué a la conclusión de que debÃa enfrentarlo ahora y no en otro momento. Subà al segundo piso, luchando por mantener mi mente en blanco para no permitir que el miedo se apoderara de mÃ. El tintineo de la campanilla resonaba débilmente en una habitación y decidà hacerme presente. Saludé en voz alta simulando que buscaba a mis padres. De repente, los pasos resonaron con fuerza y la campanilla sonó más fuerte. Pude ver cómo esa criatura se asomaba por la puerta de una de las habitaciones. Era notablemente más grande de lo que recordaba, pero me esforcé por mantener la calma. No le presté atención y seguà caminando buscando a mis padres, ignorando por completo a esa criatura que tenÃa casi frente a mà desconserr y frustrada. La criatura hizo sonar la campanilla con más fuerza esperando que volteara hacia ella, pero yo seguà adelante. Entré en mi habitación y puse música a un volumen alto intentando bloquear cualquier sonido ajeno. Pude sentir cómo esa criatura se acercaba. El olor nauseabundo volvÃa a llenar el aire a pesar de las ganas que tenÃa de cubrirme la nariz me negué a hacerlo. No le darÃa la importancia que buscaba. Ese monstruo soltó un grito y arrojó la campanilla cerca de mÃ. La vi caer y me acerqué para recogerla. Decidido a guardarla, como lo hacÃa mi hermano. Ese gesto enfureció al monstruo, que comenzó a gritar con más intensidad, pero yo seguÃa fingiendo que leÃa uno de mis cómics. Poco a poco, esa presencia maligna se desvaneció dejándome solo en la habitación ya no podÃa escucharla ni olerla. Cuando finalmente estuve seguro de que se habÃa ido, corrà al baño y vomité por el susto y el horrible olor que aún seguÃa en mÃ. El encuentro con esa criatura me dejó temblando, pero también me dio una sensación de victoria. A pesar de mi miedo, habÃa logrado resistir y mantener mi cordura. Lleno de orgullo por la victoria que habÃa alcanzado. Sentà la necesidad de ir a llevarle la campanilla a mi hermano. Ãl estarÃa muy feliz por lo que habÃa logrado, asà que preparé todo tan rápido y salà tan pronto posible. Cuando entré en la habitación del hospital, donde mi hermano estaba siendo atendido, me encontré con una escena que jamás habrÃa imaginado. El médico estaba hablando con mis padres. La infección se habÃa propagado a los pulmones de mi hermano, causando una congestión severa que lo ahogaba casi instantáneamente. El médico nos explicó que si mi hermano hubiera podido comunicar estos sÃntomas antes, algo se podrÃa haber hecho para ayudarlo. Ãl siempre se habÃa mantenido encerrado en su propio mundo y rara vez expresaba algo. En los dÃas siguientes vivir se convirtió en una pesadilla. El funeral de mi hermano fue increÃblemente triste como era de esperar. SentÃa un gran vacÃo al no poder compartir con él todas las cosas que habÃa logrado en esos dÃas. Los dÃas pasaban y su habitación se sentÃa vacÃa y silenciosa. Decidà colocar la campanilla en la mesita junto a su cama como un pequeño tributo a su amor. Por ese objeto, durante el último dÃa del novenario preparamos Espaguetti, su comida favorita, pusimos música de fondo con campanas y pasamos horas hablando de él. Fue una forma de recordarlo y honrar su memoria. Una noche, mientras todos dormÃan menos, yo me encontraba sentado junto a mi cama pensando en él y en todo lo que pudo haber querido Decirme escuché nuevamente el sonido de la campanilla. Un temor repentino me invadió ese mozo. Monstruo parecÃa haber regresado, pero el tintineo era diferente, más familiar. Desde entonces, la campanilla desapareció por completo. No he vuelto a verla y aunque mis padres me han preguntado si la he encontrado en algún lugar, simplemente les digo que quizás mi hermano se la llevó la experiencia me dejó con un sentimiento de paz y gratitud, aunque su partida fue dolorosa. Esa última conexión con él me dejó con un sentido de cierre y la certeza de que su espÃritu siempre estará conmigo la verdad hoy en dÃa, a pesar de que ya pasaron unos años, sigo escuchando esa campanilla y sé que está cerca. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








