Nov. 12, 2023

El Demonio Que Atacó A Mi Hermano Historias De Terror - REDE

El Demonio Que Atacó A Mi Hermano Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

La campanilla. Me gustaría compartir con ustedes una experiencia paranormal que dejó una marca profunda en mi vida. Durante mucho tiempo he seguido su canal de YouTube y siempre he querido compartir mi historia, pero me resultaba difícil encontrar las palabras adecuadas para explicarla. Espero que puedan comprenderme. En nuestra casa éramos cuatro mis padres, mi hermano y yo. Originalmente se planeaba tener un tercer hijo, pero debido al nacimiento de mi hermano, esos planes se detuvieron, a pesar de que mi hermano nació sano. Con el tiempo, los médicos descubrieron algo que cambió dinámica familiar. Su desarrollo fue más lento que el de otros niños. Tardó más en aprender a caminar, hablar e incluso en reír. Finalmente, los médicos diagnosticaron que tenía un trastorno similar al autismo. Esta situación fue difícil para mis padres y para mí. Teníamos sólo un año de diferencia, pero toda la atención siempre estaba centrada en él. Yo lo entendía. Sabía que mis padres debían atender sus necesidades especiales. Por ello es que nunca me quejé. Mi hermano sólo se comunicaba con nosotros de una manera muy básica. Si hablaba muy poco, pero a través de sonidos, con su boca, expresaba sus deseos o con gruñidos cuando algo no le gustaba. A medida que crecía la necesidad de comunicarse, se volvía más compleja, lo cual se convirtió en un desafío para él y para nosotros. Pero encontramos una solución inesperada, una campanilla de cobre que le regaló nuestro tío. Esta campanilla se convirtió en el juguete perfecto para mi hermano. No emitía un sonido fuerte, pero era lo suficientemente audible como para captar su interés. Si alguna vez no sabíamos dónde estaba mi hermano, sólo teníamos que prestar atención al sonido de la campanilla para encontrarlo y si algo necesitaba, la hacía sonar para que le prestáramos la atención. La campanilla se volvió un elemento clave en nuestra familia. Por un tiempo, todo siguió como de costumbre hasta que un día, en el momento menos esperado, ocurrió algo que nos dejó a todos profundamente inquietos. Mi hermano había colocado algodón dentro de la campanilla. De alguna manera no quería que emitiera ningún sonido intrigado. Le pregunté si tenía alguna razón para hacerlo. Para mi sorpresa me dio una respuesta inesperada. Él quiere mi campanilla. Dijo mi hermano no sabía a quién se refería. Sólo repetía esas palabras una y otra vez mientras abrazaba su campanilla con fuerza, como si alguien estuviera tratando de arrebatársela y él estuviera decidido a protegerla. Esta extraña situación continuó durante varios días. Durante un tiempo no escuchamos el tintineo de la campanilla en absoluto. Parecía que había desaparecido por completo. Luego volvimos a escuchar su sonido familiar, pero con el paso de los días, mi hermano volvía a esconderla. Ante esta situación desconcertante, el psicólogo de mi hermano nos explicó que este comportamiento se conocía como una fase en el desarrollo. Nos habíamos resignado a la idea de que tal vez sólo era una fase relacionada con el trastorno que padecía a mi hermano, lo que nos brindó cierta tranquilidad. Una tarde de fin de semana, mientras mis padres habían salido a comprar víveres, me quedé en casa con mi hermano. Estaba inmerso en mis videojuegos. Cuando escuché el sonido familiar de la campanilla, pensé que mi hermano finalmente le había quitado el algodón, pero un estruendo ensordecedor retumbó desde el segundo piso proveniente del cuarto de mi hermano. Inmediatamente pausé el videojuego y le pregunté a mi hermano si todo estaba bien. No o o o no or tuve respuesta de la campanilla, así que corría hacia su habitación para averiguar qué había sucedido. Al abrir la puerta lo encontré acurrucado en un rincón, cubriéndose el rostro, Me acerqué a él y traté de calmarlo, pero en un instante intentó golpearme con voz temblorosa. Me dijo él me la quería quitar. Miré a mi alrededor y no había nadie más allí. Sólo estábamos. Él y yo lo ayudé a levantarse y noté que al caminar arrastraba su pie derecho. Hace tiempo, el psicólogo nos explicó que ésta era una característica común en las personas bautistas, pero mi hermano nunca había mostrado ese comportamiento. Antes. Me intrigó tanto que le pregunté si le pasaba algo, pero sólo recibí un gruñido como respuesta, indicándome que no me metiera en sus asuntos. A estas alturas, comprendí lo difícil que era lidiar con alguien que no podía expresar sus problemas, especialmente cuando se trataba de un trastorno mental. Durante varios días, mi hermano continuó arrastrado su pie derecho sin dar ninguna explicación. Mis padres le preguntaban repetidamente si algo le había pasado, pero él simplemente no respondía o nos ignoraba. Una noche, mientras todos dormían, escuché el sonido de la campanilla. Mi hermano a menudo tenía dificultades para conciliar el sueño y se ponía inquieto, por lo que inicialmente pensé que estaba jugando con ella para calmarse. Pero el sonido se volvía cada vez más insoportable y decidí hablar con él para que dejara de hacer ruido y no despertara a nuestros padres. Curiosamente, el sonido era ligeramente diferente al habitual. Al abrir la puerta de su habitación. El ruido se detuvo de inmediato. Noté que la habitación estaba a oscuras y que mi hermano no estaba en la cama. Al lado de su cama había una pequeña tienda de campaña que solía usar como refugio. Cuando sentía miedo, sin encender la luz, me acerqué a la tienda, pero al ver su interior me me me oir la cuenta de que estaba Vacía desconcertado y preguntándome dónde podría estar. Encendí la luz y revisé la habitación. Estaba convencido de haber escuchado el sonido de la campanilla. No podía estar equivocado. Fue entonces, cuando la vi sobre la mesita de noche, estaba la campanilla con todo el algodón que mi hermano le había puesto antes. Esparcido por el suelo. Aún confundido por la ausencia de mi hermano, fui a la habitación de mis padres para preguntarles, pero tampoco estaban allí. Encontré una nota sobre la almohada de mi madre, explicándome que mi hermano se había puesto muy enfermo y lo habían llevado de urgencia al hospital. No quisieron despertarme para que no me preocupara. De repente, la campanilla volvió a sonar, pero esta vez su sonido se acercaba a donde yo estaba. La intriga y el temor se apoderaron de mí mientras me preparaba para enfrentar lo desconocido. Sin dudarlo, me escondí rápidamente en el closet de mis padres. Además de mi respiración agitada, podía escuchar cómo el sonido de la campanilla se acercaba junto con unos pasos, confirmando que había alguien más en casa y sabía que yo estaba allí. De repente, un silencio sepulcral cayó sobre la habitación. Ni un solo sonido, ni los pasos ni el tintineo de la campanilla se hacían presentes. Se me ocurrió abrir ligeramente la puerta del closet y asomarme para intentar entender qué estaba sucediendo. Lo que vi frente a mí me dejó, sin palabras, un ser gigantesco, con órbitas oculares enormes que brillaban como dos luces en la oscuridad y orejas puntiagudas. Estaba de pie junto a la puerta observando detenidamente la habitación. Parecía que sus ojos le permitían ver perfectamente en la oscuridad. Sostenía la campanilla de mi hermano en una de sus manos y la hizo sonar. Escuché su risa como si el sonido le divirtiera y luego retrocedió. Sus enormes pasos resonaron por toda la habitación. Yo permanecí inmóvil sin mover ni un solo músculo. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, ya que no me atrevía a salir del closet hasta que los primeros rayos del sol iluminaron la habitación. Fue sólo entonces cuando me atreví a salir de mi escondite. Todavía temblando por lo que acababa de presenciar. Pasé toda la mañana fuera de la casa esperando a mis padres y a mi hermano. No tenía el valor para quedarme dentro. Después de lo que había sucedido, Desafortunadamente, sólo mi padre regresó a casa. Mi madre se quedó con mi hermano en el hospital. A pesar de la situación. Intenté explicarle a mi padre lo que había ocurrido esa noche, pero él parecía estar más concentrado en la salud de mi hermano que en mis preocupaciones. Cuando finalmente me atreví a entrar a la casa. Todo parecía estar en orden. Incluso la atmósfera se sentía sorprendentemente normal, lo cual me desconcertaba aún más. Mi padre me pidió que buscara algunas cosas en la habitación de mi hermano. Al principio me resistía a entrar, pero la insistencia de mi padre finalmente me convenció. Abrí las cortinas para dejar entrar toda la luz posible. No quería estar ni un segundo en la oscuridad dentro de esa casa. Busqué los audífonos que solía usar mi hermano algo de ropa interior su almohada, pero lo que no pude encontrar fue la campanilla. Mi padre insistió en que buscara con más detenimiento revisara a cada rincón de la casa. Yo me sentía inseguro y aterrado de hacerlo. Cada vez que pensaba en el rostro del ser que había visto un escalofrío de miedo. Me recorría fingí que seguía buscando por todas partes y luego le dije a mi padre que no la encontré. Al final me pidió que lo acompañara al hospital para ver a mi hermano. No lo pensé dos veces y acepté, aunque seguía temblando de miedo por lo que había vivido. Mi hermano siempre ha sido propenso su enfermedades. Las visitas al médico se volvieron cada vez más frecuentes y pasaba largos períodos hospitalizado. El médico nos explicó que, debido a su condición, era más susceptible a infecciones, las cuales se volvían cada vez más graves. Cuando llegué a su cama en el hospital, lo encontré absorto en romper un vaso de un isel con sus dedos. Mi madre me pidió que me quedara con él. Mientras hablaba con mi padre estando solos, no sabía cómo empezar a contarle lo que había visto. Mi hermano no prestaba atención, pues seguía concentrado en su actividad. Fue entonces cuando decidí lanzar las palabras al aire vi al monstruo de la campanilla. Mi hermano se detuvo y me miró. Me preguntó si se quedó con su campanilla y le confirmé que sí, que la vi en sus manos. En un instante, su expresión cambió drásticamente. Se aferró a su cabello de forma salvaje jalándolo como desquiciado. Traté de calmar, pero no me dejaba acercarme. Después de unos momentos de agitación, me pidió que se la quitara. Me explicó que esa no era su campanilla y desde que nuestro tío se la regaló esa cosa se le había aparecido. Tomó mi mano y me lo suplicó. No sabía qué decirle. Me sentía atrapado entre la promesa que le había hecho y el miedo de enfrentar a ese monstruo. Pero algo en su mirada me hizo comprender su angustia. Él siempre se había enfrentado a ese monstruo y lo que nosotros creíamos que estaba dentro de su mente resultaba ser tan real. Mi hermano volvió a concentrarse en destruir el vaso de un isel. Su mirada se perdió nuevamente en la actividad, pero yo seguía inquieto con la incertidumbre de lo que nos acechaba en casa. Tuve que regresar sólo a casa. Mi padre se quedó para resolver unos trámites, mientras mi madre permanecía al lado de mi hermano en el hospital. Al llegar a casa, no encontraba el valor necesario para volver a entrar, pero sabía que tenía que hacerlo. No podía permitir que el miedo me dominara el resto de mi vida. Así que, en cuanto abrí la puerta, el primer sonido que llegó a mis oídos fue el tintineo de la campanilla proveniente del segundo piso. Me faltaba la valentía para subir, así que me quedé en la planta baja, paralizado por el temor. Fue entonces cuando escuché esos enormes pasos resonando en las escaleras, pensé que ese sería mi fin. Desesperadamente, busqué un escondite y recordé la enorme caja que mi padre había conseguido para mi hermano, su lugar favorito para esconderse. Me apresuré a entrar y me acurruqué en su interior. El monstruo se aproximaba cada uno de sus pasos, resonaba y estaba acompañado por el sonido incesante de la campanilla. Estaba a sólo unos metros de donde me escondía. Cerré los ojos con fuerza. Si esa criatura decidía atacarme, no quería verlo. El miedo se apoderaba de mí y esperaba con desesperación que aquel ser maligno se fuera y me dejara en paz. Pude sentir su presencia no sólo por el sonido de sus pesadas pisadas, sino también por su penetrante olor, un aroma nauseabundo que se asemejaba al de pescado podrido y que se impregnó el aire. Sus pasos resonaban cada vez más cerca de mí y la campanilla tintineaba de forma inquietante. De repente, todo se detuvo supe en mi instinto que aquel monstruo me había descubierto. Sentí cómo se apoyaba en el borde de la caja y se asomaba hacia el interior. Sentía su mirada llena de malicia. Me observaba detenidamente nuevamente soltó una risa siniestra mientras hacía sonar la campanilla como si intentara obligarme a mirarlo. Pero lo que esa criatura no entendía era que yo no tenía ni un poco de valor para enfrentarla y mirarla. Ante mi negativa a ceder a su juego, el monstruo emitió un rugido ensordecedor que retumbó en mis oídos. Sentí la urgencia de taparme los oídos para protegerme del horrendo sonido, pero sabía que sus ojos aún estaban clavados en mí, penetrándome con su mirada maligna. A pesar del miedo que me embargaba, resistí la tentación de voltear a verlo, manteniendo firme de no sucumbir ante su presencia aterradora. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el monstruo se cansó de su juego y se retiró. Agitaba la campanilla cada vez más frenéticamente como si ese sonido le proporcionara algún tipo de consuelo o satisfacción. A medida que sus pasos se alejaban, sentí un alivio inmenso, pero también una inquietud persistente. Sabía que este encuentro sólo era un recordatorio de la amenaza que acechaba en las sombras y de que debía permanecer en guardia aún temblando. Me quedé en la caja, procesando lo que había vivido y esperando a que el monstruo desapareciera por completo. En cierto modo, me sentía bien, pues todo parecía indicar que había encontrado un modo de enfrentar a aquel ser el cual era sólo ignorarlo. Era algo que siempre mi hermano había hecho. Le quitaba su campanilla y se quedaba quieto en un rincón. Llegué a la conclusión de que debía enfrentarlo ahora y no en otro momento. Subí al segundo piso, luchando por mantener mi mente en blanco para no permitir que el miedo se apoderara de mí. El tintineo de la campanilla resonaba débilmente en una habitación y decidí hacerme presente. Saludé en voz alta simulando que buscaba a mis padres. De repente, los pasos resonaron con fuerza y la campanilla sonó más fuerte. Pude ver cómo esa criatura se asomaba por la puerta de una de las habitaciones. Era notablemente más grande de lo que recordaba, pero me esforcé por mantener la calma. No le presté atención y seguí caminando buscando a mis padres, ignorando por completo a esa criatura que tenía casi frente a mí desconserr y frustrada. La criatura hizo sonar la campanilla con más fuerza esperando que volteara hacia ella, pero yo seguí adelante. Entré en mi habitación y puse música a un volumen alto intentando bloquear cualquier sonido ajeno. Pude sentir cómo esa criatura se acercaba. El olor nauseabundo volvía a llenar el aire a pesar de las ganas que tenía de cubrirme la nariz me negué a hacerlo. No le daría la importancia que buscaba. Ese monstruo soltó un grito y arrojó la campanilla cerca de mí. La vi caer y me acerqué para recogerla. Decidido a guardarla, como lo hacía mi hermano. Ese gesto enfureció al monstruo, que comenzó a gritar con más intensidad, pero yo seguía fingiendo que leía uno de mis cómics. Poco a poco, esa presencia maligna se desvaneció dejándome solo en la habitación ya no podía escucharla ni olerla. Cuando finalmente estuve seguro de que se había ido, corrí al baño y vomité por el susto y el horrible olor que aún seguía en mí. El encuentro con esa criatura me dejó temblando, pero también me dio una sensación de victoria. A pesar de mi miedo, había logrado resistir y mantener mi cordura. Lleno de orgullo por la victoria que había alcanzado. Sentí la necesidad de ir a llevarle la campanilla a mi hermano. Él estaría muy feliz por lo que había logrado, así que preparé todo tan rápido y salí tan pronto posible. Cuando entré en la habitación del hospital, donde mi hermano estaba siendo atendido, me encontré con una escena que jamás habría imaginado. El médico estaba hablando con mis padres. La infección se había propagado a los pulmones de mi hermano, causando una congestión severa que lo ahogaba casi instantáneamente. El médico nos explicó que si mi hermano hubiera podido comunicar estos síntomas antes, algo se podría haber hecho para ayudarlo. Él siempre se había mantenido encerrado en su propio mundo y rara vez expresaba algo. En los días siguientes vivir se convirtió en una pesadilla. El funeral de mi hermano fue increíblemente triste como era de esperar. Sentía un gran vacío al no poder compartir con él todas las cosas que había logrado en esos días. Los días pasaban y su habitación se sentía vacía y silenciosa. Decidí colocar la campanilla en la mesita junto a su cama como un pequeño tributo a su amor. Por ese objeto, durante el último día del novenario preparamos Espaguetti, su comida favorita, pusimos música de fondo con campanas y pasamos horas hablando de él. Fue una forma de recordarlo y honrar su memoria. Una noche, mientras todos dormían menos, yo me encontraba sentado junto a mi cama pensando en él y en todo lo que pudo haber querido Decirme escuché nuevamente el sonido de la campanilla. Un temor repentino me invadió ese mozo. Monstruo parecía haber regresado, pero el tintineo era diferente, más familiar. Desde entonces, la campanilla desapareció por completo. No he vuelto a verla y aunque mis padres me han preguntado si la he encontrado en algún lugar, simplemente les digo que quizás mi hermano se la llevó la experiencia me dejó con un sentimiento de paz y gratitud, aunque su partida fue dolorosa. Esa última conexión con él me dejó con un sentido de cierre y la certeza de que su espíritu siempre estará conmigo la verdad hoy en día, a pesar de que ya pasaron unos años, sigo escuchando esa campanilla y sé que está cerca. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo