Dec. 31, 2023

El Demonio De Mis Vecinos Historias De Terror - REDE

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El demonio que habita la casa. Empecé una relación con mi pareja. Cuando éramos muy jóvenes, nos fuimos a vivir juntos sin tener una casa propia ni los suficientes muebles. Empezamos rentando un cuarto conforme, estuvimos trabajando, fuimos adquiriendo los enseres domésticos necesarios y con el paso de varios años, pudimos comprar una casa a crédito. Recuerdo que nos mudamos a esa colonia un veintiséis de diciembre de mil novecientos noventa y siete. Sólo esperamos a que pasara Navidad para poder adaptarnos a nuestra nueva forma de vida. En un principio causamos curiosidad con los vecinos porque todavía éramos muy jóvenes. Ya era madre de un niño de seis años y una niña de cuatro años. Llevó tiempo empezar a sentirnos parte de ese lugar, porque la mayoría de los vecinos nos veía con cierto recelo. A un lado de mi casa conocía a una fea familia compuesta por la mamá y tres hijos. Ella era viuda. Pude empezar una buena relación de amistad, Aunque la señora tenía la edad de mi madre, me trató con mucha calidez. Desde el primer día que llegué al otro lado de mi casa vivía un joven. Me llamaba la atención que solamente él era quien habitaba la casa, porque tenía como veinte años. Con el paso del tiempo me di cuenta que el muchacho vivía solo porque su familia había muerto en un accidente automovilístico. Iban de viaje al mar. Nunca supe por qué motivo el joven no quiso acompañar a sus padres y sus hermanos. Prefirió quedarse en casa. En ese viaje, toda su familia murió. Él estuvo viviendo como por cinco años en esa vivienda hasta que un día se marchó. Nunca volví a saber nada de él. Me llegó a contar una vecina que la casa era de los padres del muchacho, del que nunca supe su nombre. Por un par de meses, la casa estuvo sola hasta que decidieron rentarla por la casa. Empezaron a desfilar distintos tipos de personas, por lo regular eran matrimonios jóvenes con dos hijos o parejas recién casadas inmersa en el trabajo, en casa y en la oficina. No prestaba mucha atención a los vecinos que llegaban hasta que en una ocasión en que vivía una pareja muy joven, me me di cuenta de su presencia porque empecé a escuchar muy noche que alguien clavaba con un martillo en la pared. La primera vez que lo escuché eran las tres y media de la madrugada. Mi casa estaba distribuida en dos plantas. En la parte baja estaba la sala comedor, un patio chico con el baño y hasta el fondo una habitación. En la parte alta había un balcón con un ventanal grande, seguido por una habitación, otro baño, un pasillo y al fondo otro cuarto dormí al lado de mi pareja, en el cuarto de arriba el que daba al balcón. Aquella vez me desperté por los martillazos. Se me hizo muy raro que a esas horas de la noche mis vecinos estuvieran ns intentando colgar un cuadro. No le di tanta importancia, pero a partir de esa vez, con más frecuencia se oían los golpes en la pared con el martillo. Todas las noches era lo mismo. Hubo una ocasión en la que me levanté intentando ver en qué parte de la pared clavaban. Era precisamente en el lugar en el que estaba mi cama. Sentí la vibración del golpeteo al momento de dar con el martillo. Fue la primera noche que dormí muy poco por el ruido constante. Decidí hablar al día siguiente con los vecinos para pedirles de favor que ya no lo hicieran, al menos durante la noche. Al mediodía iba a ir a tocar a la casa para hablar con los vecinos. Cuando caía a la cuenta que la casa de al lado era una vivienda de una sola planta, no tenía construcción en la parte alta, me detuve de ir a hablar con ellos porque no entendí cuál era la intención de clavar en un lugar que no había nada. Le comenté a mi pareja lo que sucedía. Mis hijos dormían en el cuarto del fondo de la planta alta Cuando me escucharon, me dijeron que ellos también oían lo mismo. Les pregunté de qué lado lo oían. Me respondieron que en la pared que colindaba con los vecinos que rentaban, me subí a la azotea para ver qué había en esa parte. Me sorprendí al darme cuenta que no había nada en la casa de al lado Había un patio trasero, así que era casi imposible que alguien se subiera ahí. Preferí no decirle nada a mis vecinos porque se me hacía inverosímil lo que sucedía. A partir de ese día empecé a notar que afuera de mi casa siempre dejaban una bolsa de basura. Medía la tarea de investigar quién era la persona que me dejaba su basura. No me llevó mucho tiempo darme cuenta era la pareja de al lado. Como a las seis de la mañana salían a depositar la basura afuera de mi casa. Incluso la ventaban al interior de la cochera. Me molestó el acto y salí de inmediato a confrontar a los vecinos. Les dije que el servicio de recolección de basura pasaba todos los días. No era necesario que la dejaran en mi casa. La mujer fue la que empezó a hablar con ironía. Me dijo que era para que me diera cuenta que era muy molesto que no los dejara dormir en la noche, que era una loca que me ponía a dar de martillazos a deshoras de la noche. Sólo una persona desquiciada hacía eso. No me dieron tiempo de que les dijera que no éramos nosotros. La pareja se retiró molesta sin darme oportunidad de aclarar las cosas. Me quedé sorprendida de lo que me habían dicho. No sabía cómo darle sentido a esos ruidos, porque los vecinos estaban convencidos de que nosotros éramos los generadores del molesto ruido en la madrugada. Le comenté lo que sucedía a la señora Mary, mi vecina del otro lado, en cuanto tuve oportunidad me acerqué con ella para preguntarle si sabía algo respecto a la casa de al lado, Mary me preguntó por qué le hacía esa pregunta. Le di los detalles de lo que ocurría. Ella me invitó a pasar a su casa. Me contó que se decían varias cosas de esa vivienda. Algunos decían que eran las almas en pena de las personas que se murieron en el accidente automovilístico. Le pregunté por qué no me había dicho nada desde el primer día que llegué mi vecina. Me comentó que no quería sugestionarme con cosas que se decían en la cuadra, porque no tenía la certeza de que fueran ciertas. Hasta ahora que le decía notó que eran ciertos todos los rumores. Agradecí la sinceridad de Mary y me fui de su casa con muchas dudas a partir que me percaté que los ruidos no eran ocasionados por los vecinos. Empezaron a suceder otro tipo de acontecimientos. Por la noche empecé a oír una canica que corría por el piso como si alguien la estuviera lanzando. La canica rodaba hasta tocar la pared enseguida volvían a lanzar otra canica. Durante media hora se escuchó el sonido de las canicas. Me levanté para ver que mis hijos se encontrarán bien. Revisé en sus habitaciones y todo estaba normal. Me quedé sentada en la cama tratando de darle un sentido lógico a los hechos. Me sentía tranquila porque los sucesos no ocurrían en el interior de mi casa. Aunque fue inquietante, lo que enseguida oí fue como si tallaran la pared con unas uñas filosas o con una navaja. Claramente escuché cuando rasparon por el otro lado de la pared. Le comentaba a mi pareja lo que sucedía, pero él se lo tomaba a broma. Decía que eran espíritus, que querían molestar, pero que jamás nos harían daño. No tenían el poder de hacerlo. De todas maneras, lo desperté. Le dije que pusiera atención al sonido somnoliento y no con agrado. Se despertó de nuevo. Se escuchó que raspaban en la pared. Fue la primera vez que me tomó en serio. Se levantó y puso la escalera para subir a la azotea. Escuchaba sus pasos que caminaban por la parte de arriba. Después se bajó. Me dijo que no había nadie, pero que estaba muy oscuro. Si de nuevo escuchaba lo mismo se iba a subir con una lámpara y la pistola, porque él creía que se trataba de vagos que andaban en las azoteas para meterse a una casa o para generar miedo. Después que mi pareja se subió, todo quedó en silencio. El resto de la noche. Ya no escuchamos nada. Miguel, mi pareja, me dijo que lo más seguro era que se trataba de vagos para la siguiente vez iba a disparar un balazo al aire para causarles temor y dejarán de estar molestando. Hasta ese momento me di cuenta que Miguel le daba un sentido real a los sucesos. Me pareció que era bastante verosímil, porque vivíamos en una colonia popular en la que había muchos jóvenes que se juntaban para drogarse durante dos semanas estuvo todo tranquilo. Fue prudente que Miguel subiera a la azotea. Los vecinos dejaron de molestar con la basura, quizás porque ellos también pensaron que ya no molestaban. En el transcurso de esos días vi un camión de mudanza al otro lado. La pareja se marchaba. La casa quedó sola. Pensé que pronto llegarían nuevos inquilinos, pero no sucedió. Una noche venía del centro comercial, junto con mis hijos, me llamó la atención ir a asomarme a la casa. La ventana la habían dejado sin cortina, por lo que fue sencillo ver hacia el interior. No tenía nada extraño, pero de repente vi que alguien andaba dentro. Seguramente se sorprendió al verme asomada en la ventana, porque oí los pasos que corrieron hacia el interior de la casa fueron zancadas furtivas que irrumpieron el silencio de la vivienda. Me dio miedo y me alejé. Cuando llegó Miguel, le dije lo que había visto. Él de nuevo me dijo que alguno de los vagos se metió a drogarse o incluso podría estar durmiendo adentro y que se asustó. Cuando me vio en esa misma semana llegaron nuevos inquilinos. Era un matrimonio joven con un pequeño de dos años. La mujer se veía que estaba embarazada. Se me hizo curioso que siempre llegaban parejas jóvenes a esa vivienda. Se empezaron a oír los ruidos normales de cuando alguien mueve los muebles. A diferencia de la pareja anterior. El matrimonio fue muy amable con nosotros. Cada vez que nos veíamos, nos saludábamos a su hijo. Le gustaba jugar con mi pequeña, por lo que jugaban con frecuencia en la cochera de la casa. Poco a poco fui entablando una relación de amistad con Sofía. Mi vecina Tenía la inquietud de preguntarle si escuchaba ruidos extraños, pero Miguel me dijo que no lo hiciera. La podríamos asustar. Era mejor que dejara las cosas como estaban. Fue curioso porque desde que ellos llegaron rentar la casa de al lado, los ruidos dejaron de oírse. Entendí que sí eran los vagos los que los provocaban. En una ocasión fue cumple añado del niño de Sofía y nos invitó a su casa. Fue una celebración sencilla. Asistimos pocas personas. Todos eran familiares de ellos. A excepción de nosotros. Era la primera vez que entraba a la casa, aunque estaba casi convencida de que los ruidos que escuchaba eran ocasionados por personas. Discretamente fui revisando cada espacio de la casa. Me llamó la atención una pared que tenía cuatro surcos largos. Parecía como si la hubieran rasguñado. Era extraño porque se notaba que la casa estaba recién pintada. El tiempo que estuvo sin rentarse fue para hacerle las reparaciones necesarias. En ese momento no le pregunté nada a Sofía, pero me quedó la duda de quién lo había hecho me acerqué a platicar con Sofía. Era fin de semana y no iba a trabajar directamente. Le pregunté sobre los rasguños en la pared. Ella se sorprendió. Me respondió que no le iba a creer lo que sucedía en la casa. Por ese motivo no me había dicho nada. Le aseguré que no iba a dudar de lo que me dijera. Sofía me pidió que entráramos a mi casa. Mientras volteaba hacia el interior de la suya sentada en el sillón de mi sala, empezó a rascarse las manos tan fuerte que empezó a lastimarse. Le dije que se tranquilizara. Estaba en un lugar seguro. Antes de comenzar a hablar, Sofía suspiró y me dijo que desde el primer día que llegó a esa casa empezaron a suceder situaciones extrañas. Sofía era una persona muy sensible. Me dijo que percibió una energía negativa. Pensó que se debía a que en esa casa habían vivido todo tipo de personas, por lo que empezó a hacer una purificación de la energía. Empezó poniendo inciensos en cada esquina de la casa. Compró crisantemos blancos y los puso en todas las habitaciones. Ella pensó que con esas medidas iba a disipar las energías negativas. Sin embargo, no son sucedió así. Al parecer, había otra energía más poderosa que no se quería ir de la casa porque después que hizo el ritual de limpieza de energía, empezó a ver una sombra negra que se movía por todas partes los primeros días. Era casi imperceptible verla porque sólo salía por las noches. No tenía la menor idea de dónde estaba durante el día, porque se podía respirar mejor mientras había luz de día. Pero esa sombra formaba parte de la oscuridad, porque en cuanto se hacía de noche, comenzaba a dar indicios de que estaba presente en la casa los primeros días. Fue como una sombra escurridiza que se escondía ante la presencia de ellos y de la luz. Pero conforme pasaron los días, se fue haciendo más fuerte. Primero fue una sombra gris nebulosa. Después se fue haciendo más oscura sofía. Me contó que lo peor que le pasó fue cuando escuchó a su pequeño que comenzó a llorar por la madrugada. Fue a su cuna para atenderlo. Ahí estaba la sombra observando a su hijo en cuanto la vio, rasgó la pared y desapareció. Cuando mi vecina terminó de contarme lo que pasaba al interior de su casa. Supe que esa energía llevaba más tiempo de lo que imaginaba. No le quise contar los ruidos que escuchaba por la noche porque la había angustiada y nerviosa. Me dijo que no sabía qué hacer. Le decía a su esposo, pero como él era muy escéptico, no le daba importancia a sus comentarios. Además, ella siempre había tenido mucha sensibilidad a todo tipo de energías y su esposo no creía en ellas. Le pregunté a Sofía por qué no se iban a vivir a otra casa. Me respondió que ya se lo había sugerido a su esposo. Pero como no era fácil conseguir casa en renta y mucho menos al precio que se la estaban rentando, sin tomar en cuenta que era complicado hacer una mudanza, su esposo de inmediato le dijo que estaba loca. No lo iba a hacer, no más por sus miedos. Entre el mayor de los ons temores de Sofía era su pequeño, porque me contó que la sombra andaba por toda la casa, pero principalmente se quedaba en el cuarto de su hijo. Tenía miedo de que ese ser oscuro empezara a alimentarse de la energía de su pequeño, porque cada vez que su niño despertaba llorando en la madrugada, la sombra estaba siempre al acecho. Mi vecina estaba muy afectada. Mientras me contaba, volteaba nerviosa a todas partes de mi casa, como si tuviera temor de que el ser que me describió pudiera estar escuchándola. Se notaba que, aparte de que sofía, tenía más sensibilidad a ver a ese ser sabía de energías y de esoterismo. Le dije que se acercara con alguien de su confianza para que la ayudara a proteger a su hijo. Ella me comentó que su mamá era experta sacerdotisa, pero no vivía en la ciudad. Vivía en Estados Unidos. Ya le había dicho lo que sucedía en la casa A instancias de su madre. Hizo los rituales de sanación y protección del espacio Sofía creía que gracias a lo que hizo su pequeño se encontraba bien, aunque no era suficiente. Sólo había logrado que la sombra se detuviera de hacer algún daño, pero no de que se marchara definitivamente. Cuando Sofía me contó todo, me di cuenta de que no todas las personas tenían la capacidad de ver a ese ser Recordé que mis vecinos anteriores creían que éramos nosotros los que producíamos el ruido. Sofía tomó a su hijo se marchó con las manos lastimadas de tanto estarse rascando, le dije que la podía apoyar en todo lo que necesitara. Aquella noche, después que mi vecina me platicó lo que realmente sucedía en su casa, a partir de las doce de la noche, comenzamos a escuchar que nuevamente estaban clavando en la pared pero no sólo eso se escuchaba que movían algunos muebles. Miguel fue el primero que se dio cuenta de lo que ocurría. Me despertó para decirme que algo grande estaba pasando en la casa de al lado. Él me dijo que que le llamara por teléfono a Sofía para saber que se encontraban. Bien, le marqué al teléfono de su casa, pero nadie respondió. Sabía que sí se encontraban, porque por la tarde estuvimos platicando. Le dije a Miguel que me acompañara a ver afuera de la casa de Sofía. Si notábamos algo anormal, les tocábamos para ayudarlos. Miguel no tuvo objeción en levantarse para ir conmigo con cautela. Abrimos nuestra puerta principal y el cancel tratando de que no hicieran ruido, porque presentimos que algo malo sucedía al interior de la casa de nuestros vecinos. No fue necesario que nos quedáramos por mucho tiempo afuera de la casa. Los ruidos se intensificaron. No pude describir lo que vi en la ventana, pero alguien se asomó Únicamente pude distinguir unos ojos brillantes que resaltaron en la oscuridad. Justo cuando su mirada se clavó en nosotros, sentí una sensación que no pude describir. Me dio miedo, mucho miedo tan tanto que le dije a Miguel que nos metiéramos a la casa, porque tenía temor de que lo que vi se saliera sintiéndonos más seguros al interior de nuestra casa. Le pregunté a Miguel qué estaría pasando con nuestros vecinos. Aunque teníamos la certeza de que nada bueno ocurría dentro de la casa vecina, no sabíamos cómo poder ayudarlos. De repente, los sonidos aumentaron su fuerza hasta que escuché un grito mi teléfono sonó tenía temor de contestar. Cuando respondí era mi otra vecina, doña Mary. Ella me preguntó si sabía lo que sucedía en la casa de Sofía. Le respondí que algo no muy bueno, pero no sabía qué hacer. Ella me dijo que quizás los podría ayudar. Me pidió permiso de entrar a mi casa. Doña Mary llegó a la casa con una serie de artículos esotéricos. Traía varias veladoras de distintos colores, un rosario con piedras grandes en un frasco llevaba agua. Supuse que estaba bendita. Me pidió que la acompañara a rezara fuera de la casa de Sofía. Tenía miedo a hacerlo. Después de lo que vi que se asomó en la ventana Miguel, al ver nuestro miedo nos dijo que él estaría con nosotras. La casa de Sofía no tenía cancel sólo una cochera que quedaba descubierta en la entrada principal. Tenía una ventana que estaba abierta desde ese lugar. Mi vecina Mary comenzó a rezar me dijo que también nosotros lo hiciéramos. Los tres estuvimos rezando. El aire no permitía que las veladoras quedaran encendidas. Algunas se apagaban. Lo peor sucedió cuando Doña María arrojó al interior de la casa. El agua bendita se escuchó un grito inquietante y la puerta principal se abrió. Tanto Miguel como yo retrocedimos. En cambio, doña Mary se atrevió a entrar, llevaba con ella el rosario mientras continuaba rezando. No supe lo que realmente sucedió dentro de la casa, porque enseguida que Doña Maria entró o se escucharon ruidos como si estuvieran aventando los muebles. Inmediatamente salieron Sofía con su esposo y su pequeño. Detrás de ellos venía Doña Mary. Fue un momento que nos dio temor porque después que ellos salieron los ruidos se hicieron más fuertes. Pero después de unos minutos todo quedó en silencio. Mis vecinos ya no quisieron entrar de nuevo a la casa. Les dijimos que se podían quedar en la nuestra también Doña Mary les ofreció la suya. Le dijo a la pareja que contaba con un cuarto en desuso. Lo podrían usar sin ningún inconveniente. Ellos aceptaron antes que se fueran a la casa de Doña Mary. Me acerqué con Sofía. Le pregunté cómo se encontraba ella. Me respondió que fue horrible lo que sucedió en su casa. No quiso decirme lo que vio, pero por su mirada y la de su esposo, supuse que fue algo sumamente siniestro. Después de unos minutos se fueron a descansar tan también nosotros lo is hicimos cuando entramos a la casa. Nos sorprendimos al ver en la pared que colindaba con la casa, vecina una mancha negra que salió de la nada. Mi esposo fue el primero en acercarse la tocó Me dijo que se sentía muy fría. Ni siquiera quise acercarme a la pared. Por un instante pensé que ese ser podría traspasar la pared y colocarse en nuestra casa. Lo bueno fue que no ocurrió así. Al día siguiente, mis vecinos se fueron dejaron sus cosas. Días después vino la mudanza a llevarse los muebles. Cuando los trabajadores estaban subiéndolos. Les dije que me permitieran entrar a la casa. Cuando lo hice, vi el cuarto, que perteneció al bebé de sofía que sus paredes estaban llenas de rasguños profundos sospeché que fueron provocadas del ser que habitaba en esa casa. También vi la mancha negra que traspasaba la pared hasta llegar a la mía. En cuanto puden de tener acercamiento con la dueña de la casa, le dije lo que sucedía con mi pared Ella me comentó que estaba enterada de las cosas extrañas que sucedían en la casa. Me dijo que la mandaría a reparar haría una nueva construcción de sus paredes y pisos para ver si esa energía se marchaba. Las reparaciones siguieron en la casa. Mi familia esperaba que los eventos terminaran después de lo que se estaba realizando, aunque ha sido muy difícil quitar la mancha oscura que se quedó instalada en mi pared Fue necesario tumbar esa parte, volver a poner el enjarre para que se eliminara de nuevo, porque cuando sólo le pusimos la pintura, la mancha volvía a salir a los pocos días. Sofía me llamó por teléfono sin hacer más preguntas. Ella me dijo que en la casa vivía un demonio, que el demonio quería apropiarse del alma de su pequeño o del que estaba esperando. Sofía estaba convencida de que la casa mantenía un portal con el inframundo, porque no explicaba de qué otra manera el demonio permanecía en la casa por las noches. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas