El Demonio De Mis Vecinos Historias De Terror - REDE

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El demonio que habita la casa. Empecé una relación con mi pareja. Cuando éramos muy jóvenes, nos fuimos a vivir juntos sin tener una casa propia ni los suficientes muebles. Empezamos rentando un cuarto conforme, estuvimos trabajando, fuimos adquiriendo los enseres domésticos necesarios y con el paso de varios años, pudimos comprar una casa a crédito. Recuerdo que nos mudamos a esa colonia un veintiséis de diciembre de mil novecientos noventa y siete. Sólo esperamos a que pasara Navidad para poder adaptarnos a nuestra nueva forma de vida. En un principio causamos curiosidad con los vecinos porque todavÃa éramos muy jóvenes. Ya era madre de un niño de seis años y una niña de cuatro años. Llevó tiempo empezar a sentirnos parte de ese lugar, porque la mayorÃa de los vecinos nos veÃa con cierto recelo. A un lado de mi casa conocÃa a una fea familia compuesta por la mamá y tres hijos. Ella era viuda. Pude empezar una buena relación de amistad, Aunque la señora tenÃa la edad de mi madre, me trató con mucha calidez. Desde el primer dÃa que llegué al otro lado de mi casa vivÃa un joven. Me llamaba la atención que solamente él era quien habitaba la casa, porque tenÃa como veinte años. Con el paso del tiempo me di cuenta que el muchacho vivÃa solo porque su familia habÃa muerto en un accidente automovilÃstico. Iban de viaje al mar. Nunca supe por qué motivo el joven no quiso acompañar a sus padres y sus hermanos. Prefirió quedarse en casa. En ese viaje, toda su familia murió. Ãl estuvo viviendo como por cinco años en esa vivienda hasta que un dÃa se marchó. Nunca volvà a saber nada de él. Me llegó a contar una vecina que la casa era de los padres del muchacho, del que nunca supe su nombre. Por un par de meses, la casa estuvo sola hasta que decidieron rentarla por la casa. Empezaron a desfilar distintos tipos de personas, por lo regular eran matrimonios jóvenes con dos hijos o parejas recién casadas inmersa en el trabajo, en casa y en la oficina. No prestaba mucha atención a los vecinos que llegaban hasta que en una ocasión en que vivÃa una pareja muy joven, me me di cuenta de su presencia porque empecé a escuchar muy noche que alguien clavaba con un martillo en la pared. La primera vez que lo escuché eran las tres y media de la madrugada. Mi casa estaba distribuida en dos plantas. En la parte baja estaba la sala comedor, un patio chico con el baño y hasta el fondo una habitación. En la parte alta habÃa un balcón con un ventanal grande, seguido por una habitación, otro baño, un pasillo y al fondo otro cuarto dormà al lado de mi pareja, en el cuarto de arriba el que daba al balcón. Aquella vez me desperté por los martillazos. Se me hizo muy raro que a esas horas de la noche mis vecinos estuvieran ns intentando colgar un cuadro. No le di tanta importancia, pero a partir de esa vez, con más frecuencia se oÃan los golpes en la pared con el martillo. Todas las noches era lo mismo. Hubo una ocasión en la que me levanté intentando ver en qué parte de la pared clavaban. Era precisamente en el lugar en el que estaba mi cama. Sentà la vibración del golpeteo al momento de dar con el martillo. Fue la primera noche que dormà muy poco por el ruido constante. Decidà hablar al dÃa siguiente con los vecinos para pedirles de favor que ya no lo hicieran, al menos durante la noche. Al mediodÃa iba a ir a tocar a la casa para hablar con los vecinos. Cuando caÃa a la cuenta que la casa de al lado era una vivienda de una sola planta, no tenÃa construcción en la parte alta, me detuve de ir a hablar con ellos porque no entendà cuál era la intención de clavar en un lugar que no habÃa nada. Le comenté a mi pareja lo que sucedÃa. Mis hijos dormÃan en el cuarto del fondo de la planta alta Cuando me escucharon, me dijeron que ellos también oÃan lo mismo. Les pregunté de qué lado lo oÃan. Me respondieron que en la pared que colindaba con los vecinos que rentaban, me subà a la azotea para ver qué habÃa en esa parte. Me sorprendà al darme cuenta que no habÃa nada en la casa de al lado HabÃa un patio trasero, asà que era casi imposible que alguien se subiera ahÃ. Preferà no decirle nada a mis vecinos porque se me hacÃa inverosÃmil lo que sucedÃa. A partir de ese dÃa empecé a notar que afuera de mi casa siempre dejaban una bolsa de basura. MedÃa la tarea de investigar quién era la persona que me dejaba su basura. No me llevó mucho tiempo darme cuenta era la pareja de al lado. Como a las seis de la mañana salÃan a depositar la basura afuera de mi casa. Incluso la ventaban al interior de la cochera. Me molestó el acto y salà de inmediato a confrontar a los vecinos. Les dije que el servicio de recolección de basura pasaba todos los dÃas. No era necesario que la dejaran en mi casa. La mujer fue la que empezó a hablar con ironÃa. Me dijo que era para que me diera cuenta que era muy molesto que no los dejara dormir en la noche, que era una loca que me ponÃa a dar de martillazos a deshoras de la noche. Sólo una persona desquiciada hacÃa eso. No me dieron tiempo de que les dijera que no éramos nosotros. La pareja se retiró molesta sin darme oportunidad de aclarar las cosas. Me quedé sorprendida de lo que me habÃan dicho. No sabÃa cómo darle sentido a esos ruidos, porque los vecinos estaban convencidos de que nosotros éramos los generadores del molesto ruido en la madrugada. Le comenté lo que sucedÃa a la señora Mary, mi vecina del otro lado, en cuanto tuve oportunidad me acerqué con ella para preguntarle si sabÃa algo respecto a la casa de al lado, Mary me preguntó por qué le hacÃa esa pregunta. Le di los detalles de lo que ocurrÃa. Ella me invitó a pasar a su casa. Me contó que se decÃan varias cosas de esa vivienda. Algunos decÃan que eran las almas en pena de las personas que se murieron en el accidente automovilÃstico. Le pregunté por qué no me habÃa dicho nada desde el primer dÃa que llegué mi vecina. Me comentó que no querÃa sugestionarme con cosas que se decÃan en la cuadra, porque no tenÃa la certeza de que fueran ciertas. Hasta ahora que le decÃa notó que eran ciertos todos los rumores. Agradecà la sinceridad de Mary y me fui de su casa con muchas dudas a partir que me percaté que los ruidos no eran ocasionados por los vecinos. Empezaron a suceder otro tipo de acontecimientos. Por la noche empecé a oÃr una canica que corrÃa por el piso como si alguien la estuviera lanzando. La canica rodaba hasta tocar la pared enseguida volvÃan a lanzar otra canica. Durante media hora se escuchó el sonido de las canicas. Me levanté para ver que mis hijos se encontrarán bien. Revisé en sus habitaciones y todo estaba normal. Me quedé sentada en la cama tratando de darle un sentido lógico a los hechos. Me sentÃa tranquila porque los sucesos no ocurrÃan en el interior de mi casa. Aunque fue inquietante, lo que enseguida oà fue como si tallaran la pared con unas uñas filosas o con una navaja. Claramente escuché cuando rasparon por el otro lado de la pared. Le comentaba a mi pareja lo que sucedÃa, pero él se lo tomaba a broma. DecÃa que eran espÃritus, que querÃan molestar, pero que jamás nos harÃan daño. No tenÃan el poder de hacerlo. De todas maneras, lo desperté. Le dije que pusiera atención al sonido somnoliento y no con agrado. Se despertó de nuevo. Se escuchó que raspaban en la pared. Fue la primera vez que me tomó en serio. Se levantó y puso la escalera para subir a la azotea. Escuchaba sus pasos que caminaban por la parte de arriba. Después se bajó. Me dijo que no habÃa nadie, pero que estaba muy oscuro. Si de nuevo escuchaba lo mismo se iba a subir con una lámpara y la pistola, porque él creÃa que se trataba de vagos que andaban en las azoteas para meterse a una casa o para generar miedo. Después que mi pareja se subió, todo quedó en silencio. El resto de la noche. Ya no escuchamos nada. Miguel, mi pareja, me dijo que lo más seguro era que se trataba de vagos para la siguiente vez iba a disparar un balazo al aire para causarles temor y dejarán de estar molestando. Hasta ese momento me di cuenta que Miguel le daba un sentido real a los sucesos. Me pareció que era bastante verosÃmil, porque vivÃamos en una colonia popular en la que habÃa muchos jóvenes que se juntaban para drogarse durante dos semanas estuvo todo tranquilo. Fue prudente que Miguel subiera a la azotea. Los vecinos dejaron de molestar con la basura, quizás porque ellos también pensaron que ya no molestaban. En el transcurso de esos dÃas vi un camión de mudanza al otro lado. La pareja se marchaba. La casa quedó sola. Pensé que pronto llegarÃan nuevos inquilinos, pero no sucedió. Una noche venÃa del centro comercial, junto con mis hijos, me llamó la atención ir a asomarme a la casa. La ventana la habÃan dejado sin cortina, por lo que fue sencillo ver hacia el interior. No tenÃa nada extraño, pero de repente vi que alguien andaba dentro. Seguramente se sorprendió al verme asomada en la ventana, porque oà los pasos que corrieron hacia el interior de la casa fueron zancadas furtivas que irrumpieron el silencio de la vivienda. Me dio miedo y me alejé. Cuando llegó Miguel, le dije lo que habÃa visto. Ãl de nuevo me dijo que alguno de los vagos se metió a drogarse o incluso podrÃa estar durmiendo adentro y que se asustó. Cuando me vio en esa misma semana llegaron nuevos inquilinos. Era un matrimonio joven con un pequeño de dos años. La mujer se veÃa que estaba embarazada. Se me hizo curioso que siempre llegaban parejas jóvenes a esa vivienda. Se empezaron a oÃr los ruidos normales de cuando alguien mueve los muebles. A diferencia de la pareja anterior. El matrimonio fue muy amable con nosotros. Cada vez que nos veÃamos, nos saludábamos a su hijo. Le gustaba jugar con mi pequeña, por lo que jugaban con frecuencia en la cochera de la casa. Poco a poco fui entablando una relación de amistad con SofÃa. Mi vecina TenÃa la inquietud de preguntarle si escuchaba ruidos extraños, pero Miguel me dijo que no lo hiciera. La podrÃamos asustar. Era mejor que dejara las cosas como estaban. Fue curioso porque desde que ellos llegaron rentar la casa de al lado, los ruidos dejaron de oÃrse. Entendà que sà eran los vagos los que los provocaban. En una ocasión fue cumple añado del niño de SofÃa y nos invitó a su casa. Fue una celebración sencilla. Asistimos pocas personas. Todos eran familiares de ellos. A excepción de nosotros. Era la primera vez que entraba a la casa, aunque estaba casi convencida de que los ruidos que escuchaba eran ocasionados por personas. Discretamente fui revisando cada espacio de la casa. Me llamó la atención una pared que tenÃa cuatro surcos largos. ParecÃa como si la hubieran rasguñado. Era extraño porque se notaba que la casa estaba recién pintada. El tiempo que estuvo sin rentarse fue para hacerle las reparaciones necesarias. En ese momento no le pregunté nada a SofÃa, pero me quedó la duda de quién lo habÃa hecho me acerqué a platicar con SofÃa. Era fin de semana y no iba a trabajar directamente. Le pregunté sobre los rasguños en la pared. Ella se sorprendió. Me respondió que no le iba a creer lo que sucedÃa en la casa. Por ese motivo no me habÃa dicho nada. Le aseguré que no iba a dudar de lo que me dijera. SofÃa me pidió que entráramos a mi casa. Mientras volteaba hacia el interior de la suya sentada en el sillón de mi sala, empezó a rascarse las manos tan fuerte que empezó a lastimarse. Le dije que se tranquilizara. Estaba en un lugar seguro. Antes de comenzar a hablar, SofÃa suspiró y me dijo que desde el primer dÃa que llegó a esa casa empezaron a suceder situaciones extrañas. SofÃa era una persona muy sensible. Me dijo que percibió una energÃa negativa. Pensó que se debÃa a que en esa casa habÃan vivido todo tipo de personas, por lo que empezó a hacer una purificación de la energÃa. Empezó poniendo inciensos en cada esquina de la casa. Compró crisantemos blancos y los puso en todas las habitaciones. Ella pensó que con esas medidas iba a disipar las energÃas negativas. Sin embargo, no son sucedió asÃ. Al parecer, habÃa otra energÃa más poderosa que no se querÃa ir de la casa porque después que hizo el ritual de limpieza de energÃa, empezó a ver una sombra negra que se movÃa por todas partes los primeros dÃas. Era casi imperceptible verla porque sólo salÃa por las noches. No tenÃa la menor idea de dónde estaba durante el dÃa, porque se podÃa respirar mejor mientras habÃa luz de dÃa. Pero esa sombra formaba parte de la oscuridad, porque en cuanto se hacÃa de noche, comenzaba a dar indicios de que estaba presente en la casa los primeros dÃas. Fue como una sombra escurridiza que se escondÃa ante la presencia de ellos y de la luz. Pero conforme pasaron los dÃas, se fue haciendo más fuerte. Primero fue una sombra gris nebulosa. Después se fue haciendo más oscura sofÃa. Me contó que lo peor que le pasó fue cuando escuchó a su pequeño que comenzó a llorar por la madrugada. Fue a su cuna para atenderlo. Ahà estaba la sombra observando a su hijo en cuanto la vio, rasgó la pared y desapareció. Cuando mi vecina terminó de contarme lo que pasaba al interior de su casa. Supe que esa energÃa llevaba más tiempo de lo que imaginaba. No le quise contar los ruidos que escuchaba por la noche porque la habÃa angustiada y nerviosa. Me dijo que no sabÃa qué hacer. Le decÃa a su esposo, pero como él era muy escéptico, no le daba importancia a sus comentarios. Además, ella siempre habÃa tenido mucha sensibilidad a todo tipo de energÃas y su esposo no creÃa en ellas. Le pregunté a SofÃa por qué no se iban a vivir a otra casa. Me respondió que ya se lo habÃa sugerido a su esposo. Pero como no era fácil conseguir casa en renta y mucho menos al precio que se la estaban rentando, sin tomar en cuenta que era complicado hacer una mudanza, su esposo de inmediato le dijo que estaba loca. No lo iba a hacer, no más por sus miedos. Entre el mayor de los ons temores de SofÃa era su pequeño, porque me contó que la sombra andaba por toda la casa, pero principalmente se quedaba en el cuarto de su hijo. TenÃa miedo de que ese ser oscuro empezara a alimentarse de la energÃa de su pequeño, porque cada vez que su niño despertaba llorando en la madrugada, la sombra estaba siempre al acecho. Mi vecina estaba muy afectada. Mientras me contaba, volteaba nerviosa a todas partes de mi casa, como si tuviera temor de que el ser que me describió pudiera estar escuchándola. Se notaba que, aparte de que sofÃa, tenÃa más sensibilidad a ver a ese ser sabÃa de energÃas y de esoterismo. Le dije que se acercara con alguien de su confianza para que la ayudara a proteger a su hijo. Ella me comentó que su mamá era experta sacerdotisa, pero no vivÃa en la ciudad. VivÃa en Estados Unidos. Ya le habÃa dicho lo que sucedÃa en la casa A instancias de su madre. Hizo los rituales de sanación y protección del espacio SofÃa creÃa que gracias a lo que hizo su pequeño se encontraba bien, aunque no era suficiente. Sólo habÃa logrado que la sombra se detuviera de hacer algún daño, pero no de que se marchara definitivamente. Cuando SofÃa me contó todo, me di cuenta de que no todas las personas tenÃan la capacidad de ver a ese ser Recordé que mis vecinos anteriores creÃan que éramos nosotros los que producÃamos el ruido. SofÃa tomó a su hijo se marchó con las manos lastimadas de tanto estarse rascando, le dije que la podÃa apoyar en todo lo que necesitara. Aquella noche, después que mi vecina me platicó lo que realmente sucedÃa en su casa, a partir de las doce de la noche, comenzamos a escuchar que nuevamente estaban clavando en la pared pero no sólo eso se escuchaba que movÃan algunos muebles. Miguel fue el primero que se dio cuenta de lo que ocurrÃa. Me despertó para decirme que algo grande estaba pasando en la casa de al lado. Ãl me dijo que que le llamara por teléfono a SofÃa para saber que se encontraban. Bien, le marqué al teléfono de su casa, pero nadie respondió. SabÃa que sà se encontraban, porque por la tarde estuvimos platicando. Le dije a Miguel que me acompañara a ver afuera de la casa de SofÃa. Si notábamos algo anormal, les tocábamos para ayudarlos. Miguel no tuvo objeción en levantarse para ir conmigo con cautela. Abrimos nuestra puerta principal y el cancel tratando de que no hicieran ruido, porque presentimos que algo malo sucedÃa al interior de la casa de nuestros vecinos. No fue necesario que nos quedáramos por mucho tiempo afuera de la casa. Los ruidos se intensificaron. No pude describir lo que vi en la ventana, pero alguien se asomó Ãnicamente pude distinguir unos ojos brillantes que resaltaron en la oscuridad. Justo cuando su mirada se clavó en nosotros, sentà una sensación que no pude describir. Me dio miedo, mucho miedo tan tanto que le dije a Miguel que nos metiéramos a la casa, porque tenÃa temor de que lo que vi se saliera sintiéndonos más seguros al interior de nuestra casa. Le pregunté a Miguel qué estarÃa pasando con nuestros vecinos. Aunque tenÃamos la certeza de que nada bueno ocurrÃa dentro de la casa vecina, no sabÃamos cómo poder ayudarlos. De repente, los sonidos aumentaron su fuerza hasta que escuché un grito mi teléfono sonó tenÃa temor de contestar. Cuando respondà era mi otra vecina, doña Mary. Ella me preguntó si sabÃa lo que sucedÃa en la casa de SofÃa. Le respondà que algo no muy bueno, pero no sabÃa qué hacer. Ella me dijo que quizás los podrÃa ayudar. Me pidió permiso de entrar a mi casa. Doña Mary llegó a la casa con una serie de artÃculos esotéricos. TraÃa varias veladoras de distintos colores, un rosario con piedras grandes en un frasco llevaba agua. Supuse que estaba bendita. Me pidió que la acompañara a rezara fuera de la casa de SofÃa. TenÃa miedo a hacerlo. Después de lo que vi que se asomó en la ventana Miguel, al ver nuestro miedo nos dijo que él estarÃa con nosotras. La casa de SofÃa no tenÃa cancel sólo una cochera que quedaba descubierta en la entrada principal. TenÃa una ventana que estaba abierta desde ese lugar. Mi vecina Mary comenzó a rezar me dijo que también nosotros lo hiciéramos. Los tres estuvimos rezando. El aire no permitÃa que las veladoras quedaran encendidas. Algunas se apagaban. Lo peor sucedió cuando Doña MarÃa arrojó al interior de la casa. El agua bendita se escuchó un grito inquietante y la puerta principal se abrió. Tanto Miguel como yo retrocedimos. En cambio, doña Mary se atrevió a entrar, llevaba con ella el rosario mientras continuaba rezando. No supe lo que realmente sucedió dentro de la casa, porque enseguida que Doña Maria entró o se escucharon ruidos como si estuvieran aventando los muebles. Inmediatamente salieron SofÃa con su esposo y su pequeño. Detrás de ellos venÃa Doña Mary. Fue un momento que nos dio temor porque después que ellos salieron los ruidos se hicieron más fuertes. Pero después de unos minutos todo quedó en silencio. Mis vecinos ya no quisieron entrar de nuevo a la casa. Les dijimos que se podÃan quedar en la nuestra también Doña Mary les ofreció la suya. Le dijo a la pareja que contaba con un cuarto en desuso. Lo podrÃan usar sin ningún inconveniente. Ellos aceptaron antes que se fueran a la casa de Doña Mary. Me acerqué con SofÃa. Le pregunté cómo se encontraba ella. Me respondió que fue horrible lo que sucedió en su casa. No quiso decirme lo que vio, pero por su mirada y la de su esposo, supuse que fue algo sumamente siniestro. Después de unos minutos se fueron a descansar tan también nosotros lo is hicimos cuando entramos a la casa. Nos sorprendimos al ver en la pared que colindaba con la casa, vecina una mancha negra que salió de la nada. Mi esposo fue el primero en acercarse la tocó Me dijo que se sentÃa muy frÃa. Ni siquiera quise acercarme a la pared. Por un instante pensé que ese ser podrÃa traspasar la pared y colocarse en nuestra casa. Lo bueno fue que no ocurrió asÃ. Al dÃa siguiente, mis vecinos se fueron dejaron sus cosas. DÃas después vino la mudanza a llevarse los muebles. Cuando los trabajadores estaban subiéndolos. Les dije que me permitieran entrar a la casa. Cuando lo hice, vi el cuarto, que perteneció al bebé de sofÃa que sus paredes estaban llenas de rasguños profundos sospeché que fueron provocadas del ser que habitaba en esa casa. También vi la mancha negra que traspasaba la pared hasta llegar a la mÃa. En cuanto puden de tener acercamiento con la dueña de la casa, le dije lo que sucedÃa con mi pared Ella me comentó que estaba enterada de las cosas extrañas que sucedÃan en la casa. Me dijo que la mandarÃa a reparar harÃa una nueva construcción de sus paredes y pisos para ver si esa energÃa se marchaba. Las reparaciones siguieron en la casa. Mi familia esperaba que los eventos terminaran después de lo que se estaba realizando, aunque ha sido muy difÃcil quitar la mancha oscura que se quedó instalada en mi pared Fue necesario tumbar esa parte, volver a poner el enjarre para que se eliminara de nuevo, porque cuando sólo le pusimos la pintura, la mancha volvÃa a salir a los pocos dÃas. SofÃa me llamó por teléfono sin hacer más preguntas. Ella me dijo que en la casa vivÃa un demonio, que el demonio querÃa apropiarse del alma de su pequeño o del que estaba esperando. SofÃa estaba convencida de que la casa mantenÃa un portal con el inframundo, porque no explicaba de qué otra manera el demonio permanecÃa en la casa por las noches. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








