El Demonio Come Lenguas Historias De Terror - REDE

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Demonio comen lenguas. Mi nombre es Josué. No puedo quedarme sin contar mi historia al momento de mandarla cuento con más de sesenta años. Aunque mis padres eran hondureños, yo nacà en México, en un pueblo muy cerca de la frontera con Guatemala, nunca he entendido por qué nos vinimos para Acá. Cuando era niño, aún vivÃan mis abuelos acostumbraban visitarnos por temporadas cortas una o dos veces al año, porque ellos sà estaban en Honduras. Como yo era el más grande de mis hermanos. Recuerdo muchas cosas que al caer la noche nos platicaba mi abuelo tenÃa una manera muy divertida de contarnos sus aventuras, pero ya entrada la noche cambiaba su semblante y la plática se volvÃa más seria. Todas sus historias eran escalofriantes. Nos platicaba del ciguanaba, del cadejo y de otros más. SabÃamos que eran leyendas de honduras. Pero sobre todo, me sorprendÃa una historia que nos contaba sobre un siniestro devorador de animales. Era una horrible criatura con un semblante amenazador. Atacaba a los pueblos sin piedad. Lo raro de este ser es que mataba a los animales en varios lugares. Al mismo tiempo, ese animal aparecÃa por temporadas atacaba cada vez con más violencia. Sus vÃctimas no tenÃan escapatoria allá por mil novecientos cuarenta o tal vez en el cincuenta. Fue su primera aparición. Cuando nos escuchaba mi abuela también se unÃa a la plática. Nos decÃa que nos portáramos bien, porque si no vendrÃa, él come lenguas para llevarnos a su cueva y ya no nos iba a regresar, porque nosotros tenÃamos sangre hondureña. Según ella, todos los hondureños le pertenecen a esa extraña criatura. Cuando le pregunta, sentamos que era eso. Nos dijo que era un demonio por las noches. Era protegido por las sombras y la oscuridad, sobre todo cuando la temperatura habÃa rebasado los treinta grados. SalÃa del infierno a cazar. Atacaba el ganado de una manera extraña, los mataba, pero no dejaba ninguna huella. Era como si tuviera alas y no tocara el suelo. Aseguraban los pobladores que ese demonio lo que querÃa beber era sangre humana por miedo a ser atacadas. Las personas se resguardaban desde temprano en sus casas y no salÃan por las noches. Entonces ese animal o criatura se conformaba con atacar a las bestias. Además, era un ser insaciable. PodÃa beber la sangre de muchos animales pequeños y en ocasiones de animales grandes sin derramar una sola gota, cabÃa la posibilidad de que fuera invisible, porque nadie lo podÃa ver. Además, siempre tomaba los animales por sorpresa. Por lo mismo, prácticamente los mataba sin hacer ningún ruido. Al dÃa siguiente, cuando los encontraba, los animales estaban con las quijatas dislocadas y lo más extraño era que no tenÃan lengua. La gente creÃa que era un pájaro en forma de león por la fuerza que mostraba al quebrarle las quijadas a los animales grandes como vacas y toros. Yo estoy segura que es un demonio, decÃa mi abuela, porque ese demonio no sólo le extrae la sangre a los animales, también les saca su espÃritu y se lo come. Nosotros, siendo niños, nos entraba mucho miedo cuando se ocultaba el sol. Nos metÃamos corriendo a la casa imaginando a un animal enorme con alas, tratando de agarrarnos por ser descendientes de hondureños. Algo que pasamos por alto era el hecho que cuando nos visitaban los abuelos pasaban cosas extrañas dentro y fuera de la casa. Los animales no hacÃan ningún ruido. Los perros se mostraban inquietos en ocasiones hasta temerosos llegaron a rascar las puertas queriéndose meter en nuestro patio trasero habÃa dos árboles donde anidaban las aves, pero cuando estaban los abuelos de visita buscaban refugio en otros árboles lejos de nuestra casa. Adentro se sentÃa un ambiente raro como si alguien más estuviera en la casa. De hecho, en ocasiones se escuchaban algunas pisadas. Nunca sabÃamos quién caminaba por las noches. Recuerdo que la última vez que mis abuelos llegaron a visitarnos pasó algo inquietante. Todo transcurrÃa tranquilo. Al pasar la medianoche, mi abuela se levantó asustada diciendo que él come lenguas, estaba en el techo. Nos pedÃa guardar silencio para que pudiéramos escucharlo, también para que él no pudiera escucharnos a nosotros. Ese demonio, el devorador vino por nosotros. DecÃa mi abuela en voz baja desesperada, cerraba las ventanas y atrancaba las puertas mientras rezaba. Nosotros no comprendÃamos lo que pasaba. La mirábamos exaltada ir y venir con el miedo reflejado en su cara. Mis padres, sin saber qué hacer, trataban de convencerla que lo habÃa soñado y le decÃan que recordara que estaba en México ese animal al que tanto le temÃa. No podÃa llegar hasta acá. Mi abuela parecÃa no escucharlos molesta. Nos decÃa que hiciéramos caso. Aseguraba que ese demonio se iba a meter a la casa. QuerÃa que todos nos escondiéramos. Su actitud me asustaba porque en el techo no se escuchaba ningún ruido ni siquiera ladraban los perros. Lo que sà se percibÃa era un olor horrible, nauseabundo que hacÃa que nos tapáramos la nariz para que no nos fuera a provocar el vómito escóndanse. Nos decÃa no prendan la luz, porque puede vernos desde afuera. Su mirada traspasa las paredes. Si nos encuentra, nos va a comer la lengua a todos y se va a llevar nuestro espÃritu. Nunca habÃamos visto a mi abuela a comportarse de ese modo ni decir cosas tan raras con el alboroto. Se levantó mi abuelo cuando la miró, la abrazó con firmeza, logrando calmarla y de paso a nosotros porque sà nos alteramos. Le dieron un café caliente. Mientras lo bebÃa volteaba asustada para todas partes hasta que se tranquilizó por completo. Mi papá preocupado por el comportamiento de mi abuela, les preguntó si les habÃa sucedido algo malo allá en Honduras para que mi abuela se pusiera asÃ. TenÃa que haber sido algo muy grave. El abuelo contestó que sÃ. Se persignó cuando nos dijo tal vez no nos crean, pero miramos al demonio. Cuando escuché eso, sentà un gran escalofrÃo. Nos contó que dÃas anteriores de venir a México esa criatura, él como el rio lengua, les habÃa matado al menos tres animales grandes y destrozado a uno de sus perros. Todo sucedió una madrugada. Por casualidad, esa noche se desvelaron preparando los ingredientes para el mondongo, la sopa que iban a cocinar el domingo porque ya se les habÃa hecho tarde. Tal vez eran las dos de la mañana. Primero escucharon un fuerte aleteo luego cómo algo pesado se postró arriba del techo. Mis abuelos se miraron presintiendo que era ese terrible demonio. SabÃan que sus animales estaban en peligro e incluso ellos, obviamente, no iban a salir a esas horas. SabÃan lo peligroso que era esa criatura todo lo que se decÃa de él de las cosas que hacÃa. Muchas personas aseguraban que era cierto. Cerraron puertas y ventanas desesperados buscaron dónde esconderse mientras escuchaban que algo pesado se movÃa sobre su techo de la ono. A veces se escuchaba de un lado de la casa luego del otro. Era como si tuviera la capacidad de aparecer y desaparecer o simplemente tenÃa alas y andaba volando alrededor después de un rato. Al escuchar ruidos extraños en el corral, mi abuelo optó por asomarse desde la ventana. Intentaba distinguir algo, pero sólo se escuchaban algunos gruñidos y miraba sombras. Todo parecÃa en relativa calma, pero presentÃa que algo malo estaba pasando. En un determinado momento, una vaca salió corriendo mi abuelo se quedó helado cuando un ser horrible la alcanzó y comenzó a atacarla. Se montó encima de ella, la tumbó con una gran facilidad, la mordió con fuerza hasta que el pobre animal dejó de moverse. Luego, algo como una sombra salió de la vaca. El demonio rápidamente la absorbió. Seguramente era el espÃa. Mi abuelo describió a ese animal bastante grande, con alas enormes y puntas en su espalda. El color de su pelaje era extraño, café oscuro o marrón, aunque en ocasiones se miraba negro completamente tanto que se confundÃa con la noche. Sus ojos eran alargados y sus orejas puntiagudas. No era un animal común, decÃa mi abuelo, Era el diablo con cuernos y filosos dientes. Se veÃa hambriento desesperado por atacar a los animales. Después de matar a la vaca, le abrió el hocico con sus dos garras hasta dislocarle las mandÃbulas. Luego casi se mete dentro de ella para comerse la lengua. Quizás sintiéndose observado el extraño animal volteó con dirección a la casa. Miraba como queriendo encontrar al abuelo. Luego alzó el vuelo, perdiéndose entre la oscuridad. Segundos después se escuchó como otra criatura. También volvió, pero eran dos demonios negros, por lo menos los que estaban en el corral. Dijo mi abuelo. No se habÃa dado cuenta que mi abuela estaba en shock. Ella también habÃa visto a ese demonio y estaba horrorizada. Fue y la abrazó porque se veÃa muy mal como pudo, la ayudó y pasaron toda la noche rezando al dÃa siguiente temeroso salieron a revisar. No fue solamente una tres vacas. Estaban tiradas muertas de la misma forma. Su hocico destrozado y sin lengua confirmaron lo que tanto decÃa en el suelo. No habÃa huellas de otro animal ni rastro de sangre. Desde ese dÃa, en adelante, mis abuelos se sintieron desprotegidos por las noches. Cualquier ruido los alteraba. Mi abuela fue la más afectada porque no encontraban un perro que ella querÃa. Mucho. DÃas después, un olor los llevó a sospechar que su mascota está muerta en el techo. Unos vecinos subieron a investigar y, efectivamente, el perro estaba arriba destrozado, no tenÃa lengua y prácticamente sin sangre. Ellos lo bajaron, lo enterraron en el patio, mientras mi abuela lloraba desconsolada. A partir de ahà se sospechaba que eran varios los animales o demonios los que estaban atacando. No faltó quien metió el miedo a la gente diciendo que tal vez era una manada de esas criaturas. Por eso abarcaban bastante espacio y mataban tantos animales. En una noche. Mi abuela comenzó a sufrir de alucinaciones. DecÃa que miraba ese demonio dentro de su cuarto, apuntaba con su dedo hacia un rincón. Juraba que ese ser espantoso, le señalaba la lengua y le decÃa que se iba a comer su alma. Sabiéndome abuelo que todo era imaginario, no entendÃa por qué en ocasiones se caÃan algunas cosas por sà solas? Sabiendo mi abuelo que todo era imaginario, no entendÃa por qué en ocasiones se caÃan algunas cosas por sà solas. Además del ambiente tan pesado que se sentÃa un olor muy desagradable invadÃa toda la casa. Tuvieron que curar a la abuela de espanto para que volviera la realidad, porque su comportamiento era extraño y las cosas que decÃa asustaban a cualquiera. Cuando el abuelo terminó de contar lo sucedido de nueva cuenta, la abuela se alteró un poco empezó a decir que él come lenguas, ya les habÃa oÃdo la sangre y lo seguirÃa donde fueran, sin importar la distancia. Durante todo el tiempo que duró el relato del abuelo, yo estuve escuchando extrañas pisadas alrededor de toda la casa. Lo que caminaba afuera era algo grande, más que un perro o una cabra. No querÃa imaginarme nada, pero en lo primero que pensaba era en el diablo. Mi papá todavÃa nervioso le dijo a la abuela que saldrÃa al patio para que se convenciera que afuera no habÃa ningún demonio ni nada parecido, y asà pudiera estar tranquila. Los abuelos molestos le insistieron para que se quedara adentro, pero mi padre molesto dijo que no todos nos quedamos nerviosos. Cuando mi papá salió y cerró la puerta detrás de él. Tardó unos minutos que en verdad se me hicieron eternos. Escuchábamos cómo caminaba alrededor de la casa mientras le hablaba al perro. Al escuchar sus pasos, comprobé que los pasos que yo habÃa oÃdo minutos antes eran de un animal bastante grande y pesado más que mi papá Los minutos pasaban nerviosos. Nos mirábamos unos a otros hasta que por fin volvió. Nos aseguró a todos que afuera no habÃa ningún come lenguas y ese animal nos dijo muy serio no habitaba esas tierras. Nos pidió que no tus viéramos miedo y nos fuéramos a dormir. Quizá me sugestioné con lo sucedido, pero después que nos acostamos de nuevo, escuché pasos arriba en el techo. Alguien se desplazaba de un lado a otro, Lo que caminara allá arriba era bastante grande y pesado. Se escuchaba el gruñido de nuestro perro, lo cual era extraño porque era un animal muy tranquilo, pero eso demostraba que alguien se andaba caminando arriba. Después de un rato de tensión, todo volvió a la calma. El perro dejó de gruñir y por fin me acosté a dormir, pero siempre muy al pendiente de todo lo que se escuchara. TodavÃa no amanecÃa cuando un ruido me despertó. Todo estaba en silencio, pero sentÃa que algo malo iba a suceder. Me asomé por la ventana que daba al patio trasero. Después de unos segundos me di cuenta que algo estaba parado del otro lado de la cerca de madera. Miraba hacia la casa sin hacer ningún movimiento. Por momento se me perdÃa de vista. Se desaparecÃa o se camuflajeaba porque se confundÃa con la cerca. Tal vez eran unos quince metros de distancia, pero aún asà le podÃa ver sus ojos brillantes. ParecÃa un gato negro enorme parado en dos patas. Tuve la intención de hablarle a mi papá para que lo viera, pero al intentar moverme me dio miedo que aquel animal me descubriera y viniera a meterse a la casa para atacarme. Si esa criatura era sólo un animal, no sé por qué me provocaba tanto miedo. Seguramente mi abuela decÃa la verdad y eso lo que estaba afuera espiándonos. Era un demonio. Conforme iba amaneciendo. Aquel extraño ser se fue desapareciendo como si la luz lo fuera borrando. Al entrar los rayos de sol por la ventana, reaccioné me sentà como si me acabara de despertar. Yo llegué a pensar que pude estar hipnotizado por la forma que nos habÃa hablado mi padre la noche anterior. Mejor guarde silencio. Lo preocupante era que todo lo que decÃa la abuela era verdad. ParecÃa que ese animal venÃa siguiéndolos a ellos desde Honduras los dÃas que estuvieron los abuelos en nuestra casa. Ese demonio anduvo merodeando alrededor de ella. Nunca hizo el intento de meterse o de atacarnos, pero el simple hecho de saber que andaba fuera me causaba un gran temor. Nadie lo escuchaba ni lo miraba, pero yo sabÃa que estaba ahÃ. Los perros no ladraban ni lo olfateaban y los otros animales no eran atacados. Tal vez de veras, sólo querÃa a mis abuelos para ese entonces ya tenÃa miedo de lo que les pudiera suceder estando solos en su casa. No podÃa decirles lo que habÃa visto, porque eso los asustarÃa más de lo que ya estaba. Antes de que se marcharan mis abuelos les dije que sÃ, les creÃa. Les pedà que buscaran ayuda, alguna protección. Sonriendo, Me dijeron que sÃ. Entendà que no era tan fácil defenderse de ese demonio. Fue la última vez que miré a mis abuelos con vida según mis papás, a dos meses que estuvieron con nosotros, enfermaron y murieron. Ellos fueron a enterrarlos. Nosotros nos quedamos en México. Yo siempre sospeché que ese demonio se atrevió a atacarlos, pero nuestros padres nos lo ocultaron, tal vez por nuestra edad. Asà fue pasando el tiempo. Años después, cuando ya estaba todo olvidado, recuerdo que estaba solo en la casa. Todos habÃan ido a Honduras a vender la casa y a visitar las tumbas de los abuelos. A medianoche me desperté. Me di cuenta que mi abuelo estaba parado en la ventana de mi cuarto. Mirándome dos segundos reaccioné. No era posible porque mi abuelo estaba muerto en un parpadeo. Desapareció. No voy a negarlo. No podÃa gritar del susto. Tampoco mo verme era mi abuelo, pero ya no pertenecÃa a este mundo. A mÃ, esas cosas de fantasmas me aterraban. En otra ocasión me tocó ver a mi abuela caminando por el patio trasero. Estaba de espaldas haciendo la señal de la cruz. Rumbo al lugar donde yo habÃa visto al demonio aquella noche, cuando se dio la vuelta, desapareció ante mis ojos. No lo podÃa creer. Muchas veces llegué a pensar que los veÃa en sueños, porque me parecÃa terrible aceptar que mis abuelos anduvieran penando. Tal vez ese demonio los tenÃa atrapados y no los dejaba llegar a su destino. Por dos noches se escucharon cosas raras, no sólo eso, algunas cruces desaparecieron en las paredes por fuera de la casa. Entonces empecé a creer que mi abuela las pintaba tratando de protegerla de algo maligno. Noches después me despertó el ladrido del perro. Por alguna razón me sentÃa agitado con un mal presentimiento. Me levanté. No sé por qué, como nunca salÃa a revisar afuera para ver qué pasaba. Era como si alguien me llamara. HabÃa un olor extraño a veces a quemado. Luego invadÃa el ambiente una terrible peste insoportable. ParecÃa que un animal llevara dÃas de muerto en ese tiempo tenÃamos gallinas y chivas, las cuales estaban tiradas en todo el patio. Algunos animales aún pataleaban antes de morir y otros estaban tan flacos que parecÃa que les habÃan succionado las entrañas. Nunca habÃa visto cosa semejante. Era una escena que jamás voy a olvidar. No salÃa de mà mi asombro. Cuando sentà una fuerte mirada, se me erizó toda la piel. Cuando miré que en medio de toda esa oscuridad estaba parado un ser espantoso, me pareció más horrible que como lo habÃa contado mi abuelo. Era un demonio, no un animal. No puedo asegurar que era el mismo que años atrás habÃa visto, pero era igual de espantoso. Por más que lo intentaba. Me era imposible correr ese demonio. No me quitaba la mirada y empezó a leer el ambiente. Tal vez descubrió mi miedo. Cuando dio unos pasos hacia mÃ, reaccioné al mirarlo con la intención de atacarme corrà para meterme a la casa. Por alguna razón no pudo alcanzarme. Sólo se acercaba unos cuantos metros de la casa y se escuchaba cómo se regresaba. Recordé las cruces que habÃa pintado mi abuela. Ahà comprendà que lo que ella querÃa era protegerme de esa criatura demonÃaca. Me encerré de prisa. Aunque sabÃa que estaba a salvo. No dejaba de sentir esa mirada frÃa y pesada. SabÃa que eso no lo producÃa ningún animal era cosa del diablo. Agarré un cuchillo dispuesto a defenderme. Asà me pasé toda la noche. Desde mi cuarto se escuchaba cómo se cerraban y abrÃan las puertas seguramente por sà solas. Lo más cercano que pude sentir a ese demonio fue cuando empujaron la puerta del Cuarto y movieron la perilla con intenciones de entrar. Gracias a Dios, todo quedó en un terrible susto y a partir de esa noche, ese demonio empezó a atacar pueblos y ciudades de toda la República Mexicana. Conejos, gallinas, vacas y cabras. AmanecÃan muertas en sus corrales las encontraban sin ninguna gota de sangre. Nunca se encontraron pistas o huellas de qué fue lo que las atacó. Al igual que en Honduras, hay muy pocas personas que pudieron verlo por un tiempo, ese demonio se alimentó en México se llegó a pensar que eran brujas, chupa, sangre o nahuales. Otros, los más fantasiosos aseguraron que era una gárgola la culpable de los ataques. Un dÃa asà de la nada. Como llegó se fue, aunque aquà lo llamaron de otra manera. Yo sé que era ese demonio que tanto miedo le tenÃan mis abuelos. Ãl come lenguas. No puedo asegurarlo, pero sé que algún dÃa volverá. Relato escrito y adaptado por Gato Negro








