Dec. 13, 2023

El Caso Más Real De Ovnis Relatado Por Militares De Alto Rango Historias De Terror - REDE

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Bosque de rain Lysham. En junio de mil novecientos cuarenta y siete, los medios de comunicación de todo Estados Unidos informaron el relato del piloto civil Kenneth Arnold, sobre objetos que volaban a una velocidad increíble. La descripción de Arnold, de lo que se conocería como platillos voladores, provocó una ola de más de ochocientos avistamientos. Muchas de estas historias coincidían con la descripción de Arnold, con velocidad más allá de la de aviones conocidos y elementos de aeronaves como domos de vidrio, cabinas, aletas, patas, tubos de chorro, estelas de vapor e incluso hélices. El cuatro de julio de mil novecientos cuarenta y siete, el vuelo ciento cinco de United Dearlines informó haber visto múltiples discos voladores durante ese verano. Los estadounidenses asociaron platillos con proyectos militares, secretos, engaños o fenómenos naturales. Aún no se habían vuelto sinónimo de la idea de visitas extraterrestres. Cuando mac Brisel descubrió escombros dispersos en varios acres de su rancho a mediados de junio, no consideró inusual el papel de aluminio, goma, cinta adhesiva y vigas de madera delgadas. Brassel lo recogió y lo empujó bajo la maleza para deshacerse de todo eso. El rancho no tenía teléfono ni radio, dejando a Brassel sin saber nada sobre la locura de los platillos voladores que estaba ocurriendo. En una tarde de sábado, el cinco de julio, condujo a Corona Nuevo México, donde los clientes de un bar local le informaron sobre las historias de discos voladores. Más tarde, Brassel llevó algunos de los escombros plateados a la oficina del Sheriff en Roswell. El Sheriff George Wilcocks llamó a la base aérea del ejército en Rosse, que asignó el asunto al Mayor Jesse Marcell y al Capitán Sheridan Kbit. Brassel llevó a Marcel y Cavid al lugar de los escombros para recoger más material. El martes por la mañana ocho de julio, Marcel llevó los escombros al Comandante Coronel William Blanchard. Blanchard informó del hallazgo al General Roger Rammy en la base aérea del ejército de fort Worth, lo que resultó en órdenes de trasladar el material. Esa noche. Al final del día, el Oficial de Información pública, Walter hout emitió un comunicado de prensa declarando que el ejército había recuperado un disco volador cerca de Rossewell, Robert Porter, un ingeniero de vuelo. Formó parte de la tripulación que cargó, lo que le dijeron que era un platillo volador en el vuelo con destino a Fort Worth. Describió el material envuelto en papel de regalo cuando lo recibió como ligero y no demasiado grande para caber en el maletero de un automóvil. Después de que el director de estación, George Walsh, rompió la noticia en la estación de radio de Rossewell y la transmitió a la Sociated Press, sus líneas telefónicas se vieron abrumadas. Cuando fue entrevistada. Décadas después, Lydias LEPPI, operadora en Albuquerque, Nuevo México, afirmó que estaba escribiendo una historia sobre los restos, según lo dictado por el reportero Johnny mcboyle, hasta que fue interrumpida por un mensaje entrante que ordenaba terminar las comunicaciones. El interés mediático en el caso disminuyó poco después de la conferencia de prensa del ocho de julio, donde el General Rammay, su Jefe de Estado Mayor, el coronel Thomas Dubose y el oficial meteorológico Irving Newton identificaron el material como piezas de un globo meteorológico. Irving explicó a los periodistas que objetivos similares a los detectados por radar se usaban en aproximadamente ochenta estaciones meteorológicas. Según Irving, los globos se adherirían a un objetivo reflectante en forma de estrella. Después del lanzamiento, el globo se expandiría con la altitud creciente antes de explotar alrededor de los dieciocho kilómetros. El noventa de julio de mil novecientos cuarenta y siete, el ejército de los Estados Unidos identificó los escombros como un globo meteorológico ordinario, aunque no fue una fabricación completa, La versión oficial de mil novecientos cuarenta y siete omitió cualquier conexión con los programas militares de la Guerra Fría. El mayor Wilburg de Prichard, entonces destinado en la base aérea del ejército de Alamo Gordo, describiría más tarde la historia del globo meteorológico como un intento de desviar la atención del proyecto mogul clasificado como alto secreto. Lo que les acabo de decir es la explicación oficial que siempre ha ofrecido el Gobierno de los Estados Unidos sobre el incidente de Rosswell, y la verdad es que todo lo que dicen tiene sentido. El proyecto secreto móvil jugaría un papel muy importante durante la Guerra Fría. La intención de ese proyecto era inclinar la balanza en favor de los Estados Unidos. Así que el hecho de que un objeto perteneciente a ese proyecto cayera en manos civiles ponía en riesgo toda la operación. Así que, ciertamente me hace mucho sentido que se hubieran inventado lo del Ovni y hubieran fingido que estaban tratando de encubrirlo, porque de esa manera el proyecto Mogul seguiría siendo un secreto. Entonces, aunque todo lo de Roswell en realidad parece que fue fabricado por el mismo Gobierno para desviar la atención de lo verdaderamente importante. Muchos años después, casi en la recta final de la Guerra Fría, si hubo un suceso en el que nadie puede negar que hubo omnis involucrados durante dos noches consecutivas oficiales militares de Estados Unidos asignados a una base al este de Inglaterra vivieron una serie de incidentes con omnis en los cielos y tierras británicos. Sus testimonios forman parte de uno de los relatos más intrigantes y detallados en la historia de la eufología. No es en vano que a este incidente se le conozca como el ros o el británico. Esta es una investigación sobre uno de los casos más controvertidos del fenómeno ovni, debido a la naturaleza y calidad de los testigos, los detalles extraordinariamente extraños y las secuelas del incidente que confirman el interés que los OVNIs tienen en las bases militares de todo el mundo. Además, resalta la versatilidad y capacidades de un fenómeno que hasta hoy sigue sin una explicación clara. Los incidentes de esta historia se desarrollaron en una zona llamada rendleshan forest ubicada a poco más de ciento diez kilómetros al noreste de Londres, cerca de la costa este de Inglaterra, aproximadamente a unos seis kilómetros de la costa. En este lugar, entre dos bases militares de la Real Fuerza Aérea Británica prestadas al Gobierno estadounidense en esa época, ben Walters al norte y good Bridge al sur, se llevaron a cabo los acontecimientos. El bosque de Randol Sam se encontraba precisamente entre ambas bases, a unos mil seiscientos metros al este de la base de good Bridge. En diciembre de mil novecientos ochenta, ambas bases estaban activas y bajo el mando del coronel Gordon Williams, con el comandante Tead Konrad como el segundo al mando y el teniente Coronel Charles como el tercero. Fue este último quien envió una nota al Ministerio de Defensa detallando el suceso, basándose en su participación personal como testigo, junto con la calidad y confiabilidad de los demás testigos, incluyendo oficiales, soldados y pilotos, lo que le otorgó mayor credibilidad al incidente. Pero bien, vamos a entrar en los detalles de lo sucedido. Todo comienza ya entrada la noche del veinticinco de diciembre de mil novecientos ochenta y la madrugada del veintiséis de diciembre. En esa noche, entre el veinticinco y el veintiséis de diciembre, en la puerta este de la base good Bridge, que está hacia el sur del bosque de Rendlsham, una patrulla de seguridad de guardia reporta luces en el bosque. Parecía como si un avión se hubiera caído en el bosque. Eran varias luces sobrevolando el bosque algunas azules por encima de otras rojas. Luego las luces descienden iluminando el bosque desde dentro, como si la fuente de luz estuviera dentro del bosque, se distingue una luz más grande y roja que palpita volando entre los árboles. También distinguen una luz blanca más cercana a la puerta de la base, coincidiendo en que eso no es normal y perciben cierta electricidad estática. Todas estas situaciones generales provocan una sensación de vulnerabilidad y miedo, lo cual es destacable, ya ya que son la policías de seguridad vigilando el perímetro de una base militar, revisan radares en tierra y ninguno reporta tener algún eco en esos equipos. En esos momentos. Sin embargo, tanto la Torre de Londres como otra más al norte del bosque de Raandlham reportan que antes estuvieron siguiendo un eco cerca de la zona y que al triangular la ubicación del eco daba una posición muy cerca del bosque de randl Sam, pero que había desaparecido. De repente, hay otros datos sobre lo que detectó el radar, como la velocidad de desplazamiento y esas cosas, pero ya es información demasiado técnica. Lo importante es que sí hay manera de comprobar que hubo un eco en uno de los radares. Dado que los militares son norteamericanos y el bosque es territorio inglés, se requiere autorización para adentrarse en el bosque a investigar. Es decir, los militares norteamericanos, que deberían estar solamente dentro de sus bases y su perímetro, se aventuraron a buscar en el bosque, que que ya no formaba parte de la base, sino que era territorio británico. Se requiere la autorización y durante su incursión hacia el bosque se da un diálogo interesante entre los militares norteamericanos. Mientras uno de ellos va reportando por radio un posible accidente aéreo, que era la primera impresión que les dio todo este espectáculo de luces que habían visto. Otro de los militares dice no creo que sea un accidente. Lo que vimos era algo que claramente descendió de manera controlada y probablemente descendió al nivel del suelo o aterrizó. Todos los militares observan interferencia en los radios conforme se van adentrando en el bosque y uno de ellos decide poner a alguien en el perímetro con radio por si fuera necesario algún tipo de apoyo como precaución. Al avanzar, perciben un ambiente cargado electrostáticamente, empiezan a sentir como el entorno se pone un poco pesado, es decir, están caminando y empiezan a sentir como si hubo viera resistencia. Uno de ellos decía que se sentía como querer caminar bajo el agua. El ambiente se sentía sumamente denso a cuatrocientos metros, ya muy cercanos de la fuente de luz. Percibían algún tipo de anomalía en el ambiente, algo estaba muy raro, como si la adrenalina que en ese momento tenían por el miedo y la amenaza les distorsionara la realidad que ellos percibían de su entorno. Al referirse a las luces, los militares las describieron como una luz blanca intensa, con algunas otras un poco más pequeñas de otras tonalidades, como amarillo, azul y rojo, las cuales iban y se movían entre los árboles y luego se unían en una sola, todo en completo silencio. Conforme se acercaban iban confirmando que no había ningún avión y mucho menos un accidente. Eso que estaban viendo era otra cosa completamente diferente. No sabían qué era, pero sí estaban seguros de que no era un accidente. En testimo uso posteriores, algunos oficiales y pilotos afirmaron haber visto esa noche un objeto en forma de cono sobre el bosque envuelto en una como niebla amarilla. Este objeto, en particular, estaba acompañado de una luz roja palpitante que daba vueltas. Por ahí hubo quien de los oficiales mencionó un visible tren de aterrizaje triangular debajo del objeto. Todo esto sucedió en plena guerra fría a soldados estadounidenses que estaban en territorio que, si bien era territorio aliado, no era territorio propio. Aparte, en medio de la noche, lidiando con luces que no saben qué son, mencionaron que el objeto u objetos eran claramente conscientes de que estaban siendo vistos por los militares y se iban alejando del lugar. Después, algunos testigos declararían un cierto estado de aturdimiento y recordaban cómo los animales que estaban en esa área estaban en un claro estado de pánico generalizado, o sea, todos los animales hacían ruidos de todo tipo y estaban muy inquietos. En un momento determinado, poco después de la una de la mañana, dos de los militares llegan a una zanja que está casi frente al objeto del que emanaban las luces. Era un objeto sólido que flotaba apenas sobre el suelo y estaba rodeado por una niebla o campo de energía semi transparente que impedía observar claramente su forma. Los militares atraviesan esa niebla, la cual tenía un comportamiento extraño, ya que se va cerrando conforme ellos van pasando como si fuera una pared láser aquella niebla espesa aislaba los sonidos del ambiente natural, del bosque y los ruidos de los animales, inclusive los sonidos propios que producían los militares al caminar sobre la hierba y la maleza. Ningún tipo de ruido era perceptible dentro de esa niebla. Era como si la niebla estuviera hecha de algún elemento que tenía la capacidad de sofocar los sonidos del entorno. Ya dentro de la niebla los militares observan más claramente al objeto que, por cierto, uno de los militares dentro del campo de energía le grita a sus compañeros y, a pesar de estar todo en silencio, ninguno de sus compañeros lo escucha fuera de la niebla. De hecho, parecía como si lo que pasaba dentro de la niebla era diferente a lo que pasaba fuera de ella. El objeto que podían ver ya dentro de la niebla era un objeto con forma triangular. Era como un alerón que a su vez tenía otro alerón en la parte superior. Aquello era demasiado extraño. Todo estaba de color negro mate y las luces que ellos percibían salían de la superficie del objeto de forma aleatoria. Es decir, no había un orden, además de que no alcanzaba a percibirse una fuente de luz clara dentro del objeto de la que estuvieran emanando las luces que ellos veían. Las luces estaban sobre el fuselaje, pero no se percibía una fuente de luz clara que proviniera dentro del objeto. Más bien, las luces estaban por fuera del objeto. Una cosa rarísima. El objeto no tenía ventanas ni puertas. Medía aproximadamente unos tres metros en la base que era triangular y la altura era como un alerón que le salía hacia arriba del triángulo. Mediría en total tres metros de altura. El militar que ya está cerca de la nave, la toca pone su mano sobre ella y la siente un poco tibia. Percibe también en los dedos una ligera sensación de electricidad, pero algo muy tenue Logra asomarse por debajo de la nave, pero no alcanza a ver ningún tipo de soporte. En esos momentos percibe que las luces en la parte de abajo del objeto están emitiendo cierto grado de calor y se queda con la impresión de que, en lugar de soportes físicos, la nave tiene tres luces de color azul a manera de patas o tren de aterrizaje, como si fueran los soportes con los que estaba sobre el suelo en un momento. Al analizar el exterior de la nave observa una franja con algunos símbolos que parecían letras o jeroglíficos en bajo relieve, Es decir, son como pictogramas, como símbolos extraños, como dibujos. Cuando velos jeroglíficos en bajo relieve, realmente se queda muy sorprendido. No estaba el logotipo de la NASA, cosa que, tomando en cuenta la naturaleza de la nave, hubiera resultado hasta lógico ese militar. En una entrevista posterior dijo que lo que él estaba esperando encontrar era palabras escritas en inglés, en ruso o en chino, porque hasta ese punto lo que consideraba era que se trataba de una nave secreta perteneciente a algún país con el dinero suficiente para crear algo tan impresionante. Al pasar sus dedos sobre estos jeroglíficos, él dice que percibió en su mente un impacto de datos como una gran cantidad de unos y ceros, como si fuera un mensaje en lenguaje binario. Ese militar de apellido Penninstone, dos días después del incidente, empezó a soñar con esa misma cantidad de combinación de unos y ceros. En fin, como los militares que estaban en la escena no lograron identificar qué tipo de nave era ni a qué país podría pertenecer. Regresaron a la base y se lo informaron a los británicos y ellos llamaron a la policía para que se hicieran cargo. La policía llegaría después de las cuatro de la mañana, sólo para que no se pierda el hilo. Todo lo del avistamiento de las luces empezó antes de la medianoche, así que la policía arribó al lugar del aterrizaje cuatro horas después. La cuestión fue que cuando llegó la policía ya no había nada en el lugar. De hecho, los oficiales comentan que cuando se dirigían al sitio, la única luz que lograban ver desde la distancia era la luz de un faro que estaba en la costa, el cual estaba aproximadamente a unos diez kilómetros de la de la bosque Ya al amanecer, Los militares regresaron al área para inspeccionar y encontraron tres huellas en el suelo, en un patrón casi perfectamente circular de dieciocho centímetros. Es decir, las tres huellas estaban penetrando en el suelo en una forma de cono de dieciocho centímetros. Los policías que inspeccionaron el lugar a las cuatro de la mañana también encontraron esas huellas, pero no les prestaron ninguna atención. Es importante mencionar que por esas fechas el suelo estaba tan frío y duro que las huellas de los vehículos apenas podían hundir el suelo, por lo que cualquiera que haya sido el objeto que dejó estas huellas debió ser muy pesado, porque penetró a dieciocho centímetros de profundidad. Todos estos pequeños detalles son importantes porque, aunque se trata de cosas minúsculas, cuando ya se suman muchos detalles, se vuelven la base para poder presentar el planteamiento de que este tipo de incidentes pudiera tener una explicación que, de una manera o de otra, involucra al fenómeno Ovni. Un detalle que no fue notado por los policías, pero sí por los militares, fue que detectaron quemaduras en troncos y ramas rotas en los árboles cercanos, al lugar donde había sido visto el objeto. En cuanto a las ramas rotas, observaron que provenían de la parte más alta de los pinos circundantes, los cuales medían entre veinte y veinticinco metros de altura, cosa que cobra mucho sentido, no sólo por el eco que detectó el radar, sino porque a lo largo de esa mañana, a la base llegó un reporte de la fuerza aérea norteamericana que reportaba que uno de sus aviones de reconocimiento había detectado una aeronave desplazándose a una altura tan baja que parecía que iba a colisionar, pero que el avión no le dio seguimiento, porque prácticamente al mismo momento que el avión de reconocimiento dio el aviso, casi al mismo tiempo, los militares informaron por radio que se estaban adentrando en el bosque para para la r avisar una posible colisión en tierra. Ahora hay que movernos a la noche del veintisiete y madrugada del veintiocho de diciembre. Un par de días después del primer incidente, el teniente coronel Charles Halt, tercero al mando en la jerarquía de la Fuerza aérea en esas dos bases militares, fue interrumpido de sus actividades y se le reporta que las luces se han vuelto a ver otra vez en el bosque. Entonces, el coronel Charles, que había escuchado la historia del incidente de los días anteriores de inmediato, se dispuso a dirigirse él mismo al interior del bosque para intentar ver aquella nave tan anómala con sus propios ojos, así que él va directo al lugar del incidente y atiende personalmente el reporte. Por supuesto que no fue solo. Se llevó a un grupo de por lo menos cincuenta miembros de la base que no perdieron la oportunidad de ir a ver lo que fuera que estuviera pasando. El hecho de que este militar de alto rango haya decidido ir de directo al área donde todo estaba ocurriendo le da mucho peso a la credibilidad de lo sucedido, porque no estamos hablando de cualquier soldado. Se trata del oficial tercero al mando de dos bases militares inglesas con presencia estadounidense en plena guerra fría. Ya en el lugar, el coronel y subalternos se adentran en el bosque. Ya en esta segunda incursión nocturna al bosque encabezada por el teniente coronel Charles Halt, se observan luces en el cielo hacia diferentes puntos, hacia las granjas de animales y hacia el norte y el sur. Una de las más brillantes emitía periódicamente un haz de luz como si fuera un láser que estuviera disparando hacia el suelo. Ese has de luz era como de treinta centímetros de diámetro y el objeto estaba bastante alto. En cierto momento, el haz de luz golpea a uno de los gibebs que iban en la incursión, mientras una esfera azul sobrevolaba muy cerca por encima del vehículo. En ese momento les quedó claro que no se trataba de un láser normal, porque ese haz de luz atravesó la estructura superior del vehículo y penetró hacia el interior del jeep, impactando de forma directa sobre uno de los militares del que, por alguna razón, nunca se dijo el nombre. Este militar de nombre desconocido, al sentirse atacado por ese láser, entró en pánico y decidió saltar despavorido del jeep en movimiento. Eso es lo de menos estaba tan asustado que ni siquiera le importó dejar su arma en el vehículo. Una acción de ese tipo es sumamente grave y amerita una muy grave sanción, porque salir corriendo y dejar el arma ahí tirada no se debe hacer jamás sin importar la situación y los militares son muy estrictos en ese sentido. Un detalle bastante sombrío es que ese militar de nombre desconocido no fue visto nuevamente en la base. Nadie supo que fue lo que le pasó. No fue encontrado, ni vivo ni muerto. El teniente coronel Charles, por cierto, llevaba una grabadora de mano y registró en el momento todo lo que se iba atestiguando. Todo lo que registró esa grabadora fue analizado. En ese audio. Se pueden escuchar las voces de algunos de sus subalternos, confirmando lo que veían también el tono de asombro la confusión y, por supuesto, el temor por lo inexplicable de lo que estaban viendo. El audio que existe tiene una duración aproximada de dieciocho minutos. Ese audio brinda mucha información importante. Por ejemplo, debido a la grabación, se sabe que entre los hombres que acompañaron al coronel Halt alguien llevó un contador Gager, que es uno de esos aparatos que permite detectar y medir la radiactividad. El aparato detecta tanto partículas y también radiaciones ionizantes. Los militares no llevaron el contador Gager porque creyeran que estaban ante un fenómeno de naturaleza extraterrestre, sino que lo llevaron precisamente porque era la guerra fría y la palabra nuclear estaba por todas partes, Así que era mejor estar prevenido. Debido a las lecturas del contador Gager, los militares llegaron a la conclusión de que en el lugar podría haber sucedido una explosión a muy altas temperaturas. Pero la cantidad de radiación no fue lo único que los hizo contemplar esa idea, sino que también encontraron una pequeña área en el suelo de pocos centímetros donde la tierra se había cristalizado, además de que alrededor de esa tierra cristalizada había señales de una abrasión. Para los que no sepan qué significa eso, imaginen a un soldador trabajando una pieza metálica. Esas señales de abrasión no solamente estaban cerca del pequeño pedazo de tierra que se había cristalizado, sino que los árboles cercanos también tenían en sus troncos señales de abrasión. El contador Gager no solamente detectó radiación en el suelo, sino que los troncos de los árboles y las hojas de los árboles que estaban en los alrededores tan también s arrojaron lecturas por encima del rango normal. Pero lo más impresionante de todo fue que la radiación detectada por el contador gager iba en aumento. Pero en una dirección específica, la radiación iba aumentando del exterior hacia el interior. En el orden contrario a las manecillas del reloj y de forma espiral en el centro, no solamente había lecturas de mucha radiación, sino que los soldados podían sentir que de ahí todavía estaba emanando calor. Otra cosa interesante que se puede escuchar en la grabación es que los militares escuchan que los animales de las granjas cercanas están haciendo ruidos extraños a mucho volumen más cosas raras. En el lugar había un punto de luz roja que solamente era visible que se le apuntaba con una linterna, es decir, que si el lugar específico no era iluminado, la luz roja desaparecía. Casi al final de la grabación. Se escucha que los militares empiezan a reportar que por lo menos diez luces, entonces se empiezan a aparecer en todas direcciones como si los estuvieran rodeando y al momento en que las luces aparecen, los animales de las granjas cercanas dejan de hacer escándalo gracias a las grabaciones. También se sabe que los hombres del teniente coronel Charles halt encontraron un hundimiento en el suelo con el mismo patrón que lo reportado la noche anterior, es decir, un triángulo con huellas cónicas de dieciocho centímetros de profundidad. Estas huellas estaban hundidas en el terreno y es precisamente en medio de estas huellas del triángulo donde se da la lectura de radiación más alta del contador Gaigger. Encuentran también marcas en los árboles similares a la noche anterior, pero ahora a una altura más baja y por la inclinación que tienen, parecen estar alineadas con el centro del hundimiento en el suelo. Todo esto podría interpretarse como que algo incandescente desde el aire descendió, rompió ramas y aterrizó en el suelo. Esto se respalda con el el hecho de que había daño en la corteza de los árboles, inclusive había algo de la savia que había brotado de los troncos y esta tirada en el suelo completamente cristalizada, igual que aquel pequeño pedazo de tierra. Por cierto, el medidor Gaiger obtenía lecturas de la savia y del suelo alrededor cosa rara, porque una línea de árboles por detrás no había ninguna lectura. Por lo tanto, era evidentemente que lo que provocó el hundimiento, el daño a los árboles y la radiación en la tierra era lo mismo que había provocado que la savia se cristalizara ya conforme pasa el tiempo. Observan una esfera cercana a una de las granjas en el perímetro del bosque y observan cómo los animales literalmente huyen de la esfera. Los militares tienen la impresión de que el objeto intenta seguirlos, pero antes de alcanzarlos desaparece en ese Les avisan por radio que han aparecido otras tres esferas, pero ahora están en la otra base, la del norte, que se llama Ben Walters, en el otro extremo del bosque. No era que los militares de la otra base estuvieran confundiendo reflejos, o lo que sea, porque el radar que tenían también registraba los ecos de las tres esferas eran objetos sólidos. Casi de inmediato, los ecos desaparecen en Walters y aparecen nuevamente en good Bridge. Atravesaron todo el bosque y fueron a la base que estaba al sur en cuestión de segundos. Estas esferas se movían en patrones angulares pero aleatorios. Hacían giros bruscos en ángulos de más de cuarenta y cinco grados, pero eran completamente al azar en la grabación. También se puede escuchar cómo se describe el comportamiento de las luces y cómo emiten rayos de luz hacia el suelo desde su altura. También se puede percibir como los militares ríen nerviosamente ante un fenómeno que para ellos es completamente irreal e inexplicable, pero que lo tienen frente a sus ojos. También se logra escuchar que los militares describen cómo los objetos lanzan los rayos, aparentemente escaneando el terreno como quien busca algo en un patrón de cuadrícula, peinando el terreno. Que eso fue lo que también pasó momentos antes de que iniciara la grabación, que fue lo que provocó que aquel soldado de nombre desconocido abandonara su puesto. Algo bastante raro es que, a pesar de que en las grabaciones no se logra escuchar es que se sabe que esos láseres que salían de los objetos, hubo un momento en que se concentraron en un área específica del terreno, como si todos hubieran detectado algo al mismo tiempo y luego se alejaron a toda velocidad Eso es indiscutiblemente un comportamiento inteligente. Creo que no se necesita ser un genio para saber que aquellos objetos con luces y láseres eran omnis. Ahora eso no quiere decir que las naves fueran de origen extraterrestre, porque no se debe de olvidar que un OVNI es simplemente un objeto cualquiera que no logra ser identificado de forma óptima ni por el ojo humano ni por la tecnología. Se dice así como existen las grabaciones que también hubo quienes grabaron algunos videos, los cuales, debido a lo que se puede observar en ellos, nunca han sido hechos públicos por el Ministerio de Defensa. Aclaro que yo no puedo afirmar que esos videos existan. Sólo es un rumor. Todo lo que sucedió trató de ocultarse y no tanto por los omnis, sino porque existe la especulación de que dentro de la base de Ben Walters había ojivas nucleares listas para ser lanzadas en caso de que la guerra Fría alcanzara el punto de no retorno. Sin embargo, no fue posible mantener el ocultamiento, ya que menos de tres años después, todo este suceso sería publicado por un periódico de la región y su fuente era un miembro de la base que fue testigo, aunque por supuesto que mantuvo su identidad en secreto para evitar represalias de sus autoridades militares. Según algunas onses un poco más recientes, se especula que la persona que habló habría sido un piloto de nombre Larry Warren, y pues, ya que salió a la luz inevitablemente los medios se volcaron sobre aquellos que habían atestiguado, todo que, como dijo uno de ellos era un militar de muy alto rango, lo que le dio la total y absoluta credibilidad a lo sucedido. Por supuesto que para este punto los testigos ya habían redactado una declaración oficial para el Gobierno, así que muchos de los testigos se negaron a hablar. Pero si algo saben hacer bien los periodistas es sacar la información hasta debajo de las piedras. Así que, aunque en un principio no había evidencia palpable sobre la gran mayoría de las aseveraciones que se hacían sobre el caso, la información, de todos modos empezó a salir a modo de rumor, cosas como que los registros de diferentes radares en la zona detectaron que algo había pasado ahí y que no era normal y no eran aviones ni aliados ni en él. También salió a flote que había un registro policial que fue emitido el veintiséis de diciembre, que habla acerca de luces en el cielo que podrían ser obnes y que verificaron los radares cercanos para ver si veían tráficos aéreos en esos momentos. Y la respuesta fue negativa. Cuando el registro dice que para cuando la policía se involucró, los militares ya sabían que al menos tres radares habían detectado ecos en la zona del bosque de rend Lysham. Como siempre ocurre, el Gobierno intentó desacreditar todo el caso afirmando que simplemente se había tratado de basura espacial. Pero yo, que llevo más de diez años investigando sobre cientos de casos, les puedo asegurar sin temor a equivocarme que la basura espacial hace un hoyo en el piso, cuando cae en un bosque, provoca la casi calcinación de cientos de árboles y hace un estruendo espantoso al momento del impacto y lo que pasó en el bosque cercano a aquella base en Inglaterra no tiene ninguna de esas características. Había hoyos en el piso, pero eran hoyos geométricos alineados, a modo que se hacía evidente que el objeto que había dejado esos hoyos tenía una forma triangular. Luego también había árboles con marcas de quemadura, pero ninguno de los árboles fue dañado de forma importante. Y lo que definitivamente descarta la tontería de basura espacial es que aquello no hizo ningún ruido. A pesar de que el contador Gager sugería que hubo una explosión de alta temperatura, no hubo ni el más mínimo ruido. No existió ningún estruendo. Los años pasaron y poco a poco el caso se fue olvidando ya en el siglo XXI, cuando el fenómeno ovni empezó a cobrar mucha fuerza, hubo varios investigadores que desempolvaron aquel incidente y al haber tantos cuestionamientos, llegó un momento en el que el Ministerio de Defensa del Reino Unido tuvo que pronunciarse al respecto o sobre el ocin n o. Lo que declararon fue que tuvieron conocimiento de lo sucedido en esa época, pero que ellos no consideraron que fuera algo digno de investigar, dejando entonces el peso de toda la posible evidencia adicional en resguardo de Estados Unidos, es decir, que no se investigó a profundidad debido a un conflicto de jurisdicción, porque las bases estaban bajo la operación de la fuerza aérea norteamericana, pero estaban en territorio británico y tonterías como esas son las que siempre le sirven de excusa a los Gobiernos para no dar explicaciones claras, porque unos le cargan la responsabilidad a los otros y así se la llevan hasta que la gente deja de hacer preguntas. A día de hoy se tiene constancia de que el Ministerio de Defensa del Reino Unido sí realizó una investigación, pero que, tal y como dijeron hace más de diez años, fue muy superficial y le dejaron toda la responsabilidad a Estados Unidos. El teniente coronel Charles declaró en una ocasión que él estaba su do seguro que el Gobierno estadounidense claramente sabía que eran omnis y que, luego de recabar todas las pruebas, tomaron la decisión de encubrir lo acontecido. Como los secretos no se pueden guardar para siempre, se tiene pleno conocimiento de que una cantidad modesta de militares pudieron ver una extraña nave triangular de color negro mate a nivel del suelo y que días después, aquel coronel de alto rango quiso investigar lo sucedido y aunque él no pudo ver aquella nave, sí pudo ver otros objetos, además de que encontró mucha evidencia en el área que apuntaba aquel primer grupo de militares sí habían visto esa nave triangular. También se sabe que el departamento de policía encargada de cubrir el área llevaba al menos dos semanas recibiendo reportes de luces en el cielo que pasaban por encima del bosque. Esta historia puede tener algunas inconsistencias menores, las cuales siempre son resaltadas por aquellos que buscan desestimar lo sucedido. Sin embargo, no se les olvide de que todos los testigos son militares y los testigos más importantes son militares de alto rango que se involucraron en el caso porque estaban atendiendo una amenaza en las inmediaciones de una base militar con armas nucleares en plena guerra fría. Algo que sí debo mencionar es que, relativamente cerca del área donde ocurrió todo hay un faro que emite una luz muy potente. Pero vamos a ser honestos. Nadie en su sano juicio de verdad puede llegar a considerar que militares altamente capacitados y preparados para una guerra nuclear van a armar todo un caso solo porque confundieron la luz de un faro suena hasta ridículo. Es evidente que todos habían visto esa luz del faro por lo menos un millón de veces, así que es absolutamente imposible que eso los haya confundido. El coronel ted Goonrad en mil novecientos ochenta y tres, apenas tres años posteriores al incidente, no sólo respaldaba las afirmaciones de los testigos, sino que daba detallos sobre una nave vista sobre el nivel del suelo. Sus palabras fueron las siguientes. Recuerdo que cinco elementos de la fuerza aérea vieron luces. Pensaban que era un pequeño avión. Descendiendo hacia el bosque, dos de los hombres rastrearon el objeto a pie y se encontraron con un gran trípode. No tenía ventanas, pero estaba tachonado de brillantes luces, rojas y azules. Cada vez que los hombres se acercaban a cuarenta y cinco metros de la nave, ésta se elevaba un metro en el aire y retrocedía. Lo siguieron durante casi una hora a través del bosque y a través de un campo, hasta que despegó a una velocidad impresionante medía tres metros de alto y tres metros de ancho. Aparte de esa declaración, había otro militar también de un rango considerable, que afirmaba que sus hombres le llevaron por lo menos treinta fotografías de aquel objeto, las cuales, por supuesto, fueron ocultadas o destruidas. De hecho, en el año dos mil diez, Veintisiete años después de todo lo sucedido, el teniente coronel Charles Halt recurrió a un notario para describir todos los hechos para que quedara en el Acta como una declaración jurada, precisamente para no dejar dudas de sus dichos y que no estaba inventando nada. Si el militar hubiera estado mintiendo lo pudieron haber llevado a una prisión militar, cosa que no ocurrió. Relato escrito y adaptado por Ramiro Contreras