Oct. 20, 2025

El Camino De Las Brujas: La Promesa Cumplida - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Han pasado más de 20 años desde aquella noche y todavía me cuesta dormir. A veces cierro los ojos y escucho los mismos pasos sobre el techo, como si algo siguiera buscándonos. Tenía 17 años cuando sucedió todo. Mi hermana menor, mi prima, mi primo y yo viajábamos rumbo al pueblo. donde vivía mi abuela para pasar las fiestas de diciembre. Era un trayecto corto de apenas unas horas y mis padres aceptaron dejarnos ir solos en la camioneta familiar. Lo que ellos no sabían era que planeábamos tomar un atajo por el camino viejo. una ruta rural que prometía ahorrarnos tiempo, pero que pocos usaban porque pasaba entre cerros y tramos sin alumbrado.

0:51 Salimos a media mañana con la música alta y una hielera llena de refrescos. Las primeras horas fueron tranquilas. Reíamos, cantábamos y hablábamos de lo mucho que queríamos ver a la abuela. El paisaje era seco, con pastizales amarillos y árboles retorcidos a los costados. Pero conforme el día avanzó, el ambiente empezó a cambiar. El cielo se cubrió de nubes densas, el aire se volvió húmedo y frío, y una neblina espesa comenzó a bajar desde los cerros. Apenas se distinguía el camino unos metros adelante. El velocímetro empezó a parpadear y el motor subió de temperatura. Decidimos orillarnos frente a una vieja construcción de piedra. a simple vista parecía una casa abandonada pero en el portón oxidado aún se alcanzaban a leer unas letras gastadas hospedaje del camino viejo no había más edificios alrededor sólo monte y algunos árboles secos Miré el mapa del teléfono. Marcaba que estábamos a menos de 20 kilómetros del pueblo, aunque la señal era débil y no aparecía ninguna construcción registrada en la zona.

2:02 Mi prima, temblando de frío, insistió en entrar a pedir ayuda. La verdad, dudé un momento, pero la neblina ya cubría el camino por completo. Toqué la puerta tres veces. Tardaron en abrir hasta que apareció una mujer mayor, delgada, con un vestido oscuro y una trenza que le caía sobre el hombro. Su rostro parecía amable, pero su mirada me incomodó. Era fija y profunda, como si estuviera estudiándonos. Dijo que era peligroso quedarse afuera con el clima tan cerrado, y nos invitó a pasar. El interior estaba tibio y tenuemente iluminado por lámparas de aceite. Un olor a hierbas quemadas llenaba el aire, mezclado con humo de leña, y las paredes estaban cubiertas de retratos viejos, enmarcados en madera oscura, y el piso crujía con cada paso. La mujer explicó que vivía ahí con su hermana, y que, si el motor no encendía, podríamos quedarnos a dormir. comentó que el pueblo más cercano quedaba a varios kilómetros y que su hermana sabría ayudarnos por la mañana nos ofreció té algo caliente y el sabor era amargo con un toque fuerte a romero o ruda La anciana nos observaba con calma, sin hablar mucho, moviendo las manos con una agilidad extraña para su edad. Nos miraba a cada uno, como si quisiera recordar nuestros rostros. Cuando terminamos, nos llevó por un

3:33 pasillo largo, hasta un cuarto con dos camas grandes y una ventana cubierta con cortinas gruesas. dijo que podíamos descansar y que cerraría la puerta principal para evitar visitantes indeseados al salir escuchamos el cerrojo del vestíbulo asegurarse con un chasquido metálico nadie comentó nada pensábamos que sólo era precaución mi hermana agotada se acostó de inmediato y se quedó dormida mis primos bromeaban sobre lo raro que era encontrar un hospedaje abierto en medio de la nada Yo no podía relajarme, sentía algo extraño en el aire, y en el techo se oían pasos lentos que avanzaban en círculos y se detenían justo encima de nosotros. Mi prima comentó que debía ser algún animal. Pero el sonido era demasiado rítmico, casi humano. Me levanté y empecé a revisar los retratos.

4:30 Había una docena de ellos, todos con personas distintas, aunque los rostros se parecían entre sí, como si fueran de la misma familia. Algunos cuadros estaban llenos de polvo y otros se veían recién colgados. Me detuve frente a uno. El lienzo tenía los ojos arrancados. Miré los demás y todos estaban igual, con huecos negros donde deberían estar las pupilas. Toqué el marco. La pintura estaba fresca, húmeda, como si alguien la hubiera terminado hace unas horas. Retrocedí con el corazón acelerado, pero al girarme una corriente de aire helado vino del pasillo, aunque la puerta seguía cerrada. Uno de mis primos, sin notar mi expresión, soltó una risa nerviosa y dijo que quizá la mujer pintaba sus propios retratos y quitaba los ojos por gusto o superstición. Todos reímos con fuerza fingida, pero el ambiente ya no era el mismo.

5:28 un golpe seco en el techo interrumpió las risas sonó justo encima de nuestras cabezas me acerqué a la puerta y la abrí con cuidado el pasillo estaba apenas iluminado y la lámpara del extremo titilaba proyectando sombras que parecían moverse el olor a hierbas era más intenso la verdad No vi a nadie, pero el piso vibraba levemente bajo mis pies, como si alguien caminara lejos, dentro de las paredes. Volví al cuarto y traté de disimular el miedo. Les dije que era mejor descansar y esperar a la mañana. Corrí las cortinas, apagué la lámpara y me acosté sin quitarme los tenis. El sonido del techo continuaba, un paso lento y repetido, cada 30 segundos, como un reloj marcando el tiempo.

6:17 Pasó casi una hora hasta que el sueño empezó a vencerme. Entonces, escuché un murmullo muy leve que venía del piso inferior. Me incorporé y agusé el oído. Eran dos voces de mujer, una grave y otra aguda, repitiendo palabras que no entendía. Me acerqué a la puerta y miré por la rendija. Desde el comedor se filtraba un reflejo rojizo, oscilante como de fuego. Vi pasar una sombra alta cargando algo entre los brazos, y detrás otra más baja, y ambas se detuvieron frente a la mesa. y escuché el sonido de algo pesado cayendo dentro de un recipiente. El miedo me paralizó, cerré la puerta con cuidado y desperté a mi primo.

7:05 Le conté lo que había visto, pero me pidió que esperara, que quizás solo estaban calentando agua o cocinando. Nos quedamos en silencio unos segundos, pero el murmullo continuaba, mezclado con un sonido como de líquido hirviendo. Después todo se detuvo, la casa quedó en silencio, y solo se oían los pasos de arriba, pero ahora eran más rápidos, como si algo se moviera sobre nuestro cuarto. Mi hermana, que aún dormía, se quejó de frío. La cubrí con una cobija y al mirar hacia el retrato frente a mí, sentí que el corazón se me detuvo. Los ojos ya no estaban vacíos.

7:45 Ahora estaban pintados, perfectamente delineados y me miraban directamente. Desperté sobresaltado por un ruido metálico que venía del pasillo. Miré el reloj de mi muñeca. Marcaba las 2.40, pero el segundero estaba detenido. Me quedé observándolo unos segundos, hasta que escuché otro sonido, como si arrastraran una cubeta sobre el suelo. Me levanté con cuidado para no despertar a los demás. Tomé la lámpara del buró. y abrí la puerta apenas lo suficiente para mirar hacia afuera la luz del corredor era tenue las lámparas de aceite parpadeaban y el aire olía a tierra húmeda y hierbas quemadas Al fondo del pasillo, vi a la mujer que nos había recibido. Caminaba despacio, descalza, con un balde lleno de líquido oscuro que goteaba, dejando un rastro espeso hasta la cocina. Las piernas las tenía cubiertas de barro y de lo que parecía sangre seca.

8:48 se detuvo justo antes de entrar a la cocina y giró la cabeza hacia mí su sonrisa fue lenta casi forzada y noté que sus dientes estaban manchados no deberías andar por la casa a estas horas me dijo con voz grave las que vuelan podrían confundirte Sentí un escalofrío que me dejó inmóvil. No respondí, solo asentí y cerré la puerta despacio. Me quedé un momento apoyado contra ella, respirando con dificultad. Desperté a mis primos y a mi hermana. Les conté lo que había visto, pero pensaron que el cansancio me estaba jugando una mala pasada. mi primo mayor dijo que tal vez la vieja estaba limpiando algo pero aún así se notaba que ninguno se sentía tranquilo apagué la lámpara pero no pude volver a dormir a los pocos minutos escuché el chirriar de ruedas sobre piedra me acerqué a la ventana con cuidado y aparté un poco la cortina Afuera, entre la neblina, vi tres figuras cubiertas con mantos negros que descendían lentamente por el cerro. Una de ellas cargaba un costal que se movía, como si algo vivo estuviera dentro. Me aparté de golpe. El corazón me latía tan fuerte que pensé que despertaría a los demás.

10:07 esperé inmóvil hasta que el sonido se perdió después todo quedó en silencio sin viento sin nada la verdad no dormí más sólo observé como la oscuridad iba perdiendo fuerza hasta que el amanecer empezó a colarse por la ventana y el sol apenas lograba atravesar la neblina a media mañana la mujer golpeó la puerta y la abrió con una llave traía una bandeja con pan duro y leche tibia dijo que su hermana estaba preparando el almuerzo y que después de comer podríamos irnos porque el camino aún no era seguro agradecimos el desayuno sin probarlo pues nadie tenía hambre bajamos al comedor intentando disimular el nerviosismo los relojes de las paredes marcaban horas diferentes pero uno de ellos seguía fijo en las 2.40 igual que el mío en las ventanas había cruces hechas con huesos pequeños pegadas con una sustancia amarillenta que parecía cera le pregunté a la mujer qué eran y sonrió con tranquilidad me dijo que eran protecciones contra las del aire recordé que mi abuela solía decir que así llamaban en los pueblos a las brujas que volaban de noche mis primos salieron a revisar la camioneta pero el motor no encendía dijeron que parecía que alguien había vaciado el tanque aunque la aguja marcaba lleno cuando llegamos La mujer los vio desde la ventana

11:39 y comentó que esperaran un rato, que su hermana tenía un encargo pendiente y luego nos ayudaría. Nos invitó a sentarnos en la sala. El ambiente era pesado y los retratos sin ojos seguían colgados en las paredes, pero con la luz del día parecían distintos. Algunos tenían manchas frescas sobre el lienzo, como si los hubieran retocado esa misma mañana. Sentía que algo nos observaba desde detrás del vidrio. unos minutos después se oyeron pasos en la escalera apareció la segunda hermana era más alta que la primera de piel pálida y cabello largo hasta la cintura sus ojos parecían cubiertos por una capa de agua y en las manos tenía manchas oscuras Caminó directo hacia mi hermana menor y le sonrió con una expresión que me heló la sangre.

12:32 Luego le dijo, tienes sangre dulce pasándole los dedos por el cabello, me recuerdas a alguien. Eso no me pareció y la aparté con fuerza. Le pedí que no la tocara y exigí que nos dejaran salir. Las dos mujeres se miraron entre sí y empezaron a reír, con una carcajada que no sonaba humana. la más anciana dijo que el camino aún no era seguro que las del aire seguían buscando cuerpos jóvenes no entendí del todo pero la forma en que lo dijo me puso la piel de gallina fingí aceptar y esperé a que se distrajeran les dije a mis primos que saldría un momento a revisar el coche de nuevo salí por la puerta trasera con el corazón acelerado detrás de la casa había un cobertizo medio hundido en el suelo cubierto de maleza pero la puerta estaba entreabierta dentro olía a carne podrida y en una mesa de madera había restos de animales plumas frascos con líquidos de colores y velas derretidas algunos frascos tenían etiquetas con nombres escritos a mano Encima vi fotografías rotas, mechones de cabello y anillos. Busqué algo que explicara lo que hacían ahí, hasta que abrí un cajón y encontré una credencial vieja, con la foto de una muchacha desaparecida hacía años. Recordé haber visto su rostro en un periódico viejo cuando era niño. Apoyé la mano sobre la mesa

14:02 y sentí humedad. Bajé la vista. Un líquido oscuro goteaba de un recipiente lleno de huesos, formando un charco bajo mis pies. El olor era insoportable y salí tambaleándome tratando de no vomitar. Al rodear el cobertizo noté una zona del terreno recién removida. La tierra seguía húmeda, con trozos de tela sobresaliendo. Escarbé con una rama y encontré ropa de mujer medio enterrada, junto con zapatos y trozos de cabello enredado entre el barro. Fue suficiente. Ahí entendí que esas mujeres no vivían solas. Eran brujas, y esa casa era una trampa para los viajeros que cruzaban el camino viejo.

14:43 Corrí hasta la casa y empujé la puerta del cuarto. les grité que teníamos que irnos de inmediato ellos me vieron la cara y comprendieron que no era una broma así que salimos corriendo hacia la entrada pero la puerta principal tenía gruesas cadenas cruzadas tiramos con todas nuestras fuerzas sin lograr abrirla afuera se escucharon risas primero lejanas luego más cercanas hasta que sonaron justo encima del techo algo pesado se movía de un lado a otro raspando la madera con uñas o garras la lámpara del pasillo se apagó y un humo espeso empezó a entrar por debajo de la puerta trayendo el mismo olor a hierbas que la noche anterior las risas se transformaron en un canto suave repetido que venía de distintas direcciones mi hermana comenzó a llorar y mis primos empujaban sin parar la cadena y del otro lado se oyeron pasos lentos seguidos por el sonido de unas llaves la mujer mayor tarareaba una melodía baja mientras se acercaba nos quedamos inmóviles mirando la puerta moverse poco a poco Algo rasguñaba desde el techo, cada vez más cerca de nosotros, y en ese momento entendí que no estábamos atrapados por accidente. Nos habían llevado ahí a propósito, y lo que caminaba sobre nosotros esa noche no tenía nada de humano. Nos refugiamos en el mismo cuarto donde habíamos dormido y atrancamos la puerta con

16:15 una cómoda. afuera se escuchaban las voces de las dos ancianas mezcladas con el viento que golpeaba las ventanas las lámparas de aceite parpadeaban lanzando destellos anaranjados sobre las paredes el aire dentro del cuarto se volvió espeso cargado de humo y olor a hierbas quemadas cada respiración pesaba como si algo invisible se colara por los pulmones las brujas comenzaron a cantar no eran palabras normales sino un idioma que subía y bajaba de tono con sílabas que parecían chirridos cada nota hacía vibrar el suelo y las ventanas se empañaron desde dentro y entre la neblina del vidrio aparecieron manos pequeñas con uñas largas presionando desde fuera como si quisieran entrar mi prima menor se encogió llevó las manos a la cabeza y empezó a convulsionar sus ojos se pusieron en blanco y la boca se le tensó hasta que los dientes le rechinaban la sosteníamos mientras rezábamos pero las oraciones se perdían entre los cantos sentía que algo le apretaba el cuerpo como si la estuvieran sujetando por dentro le mojé la frente con agua del vaso que teníamos en la mesa aunque no sirvió de nada el olor a humo se hizo más fuerte y la luz de las lámparas comenzó a fallar de repente todas se apagaron al mismo tiempo y la oscuridad nos envolvió en ese instante se escuchó un golpe seco en el

17:47 techo las tablas vibraron y un polvo fino cayó sobre nosotros El silencio duró apenas unos segundos, hasta que un sonido húmedo, como el goteo de algo espeso, bajó desde la esquina del techo. Alcé la mirada y una figura descendía muy lento, suspendida en el aire con los brazos extendidos y un velo cubriéndole el rostro. La reconocí, era la anciana del cobertizo. La piel le colgaba en pliegues oscuros y la boca la tenía cosida con hilos gruesos. Aún así, de su garganta salía un silbido agudo, constante, que se colaba por los oídos y hacía vibrar los vidrios.

18:27 Cada vez que silbaba, las paredes temblaban. Las voces del exterior se unieron a la suya, gritando frases que no entendíamos. La puerta empezó a moverse. primero con leves golpes luego con sacudidas tan fuertes que la cómoda se deslizó unos centímetros mis primos empujaron el mueble con el hombro pero los cajones se abrieron por la presión desde arriba se oían pasos rápidos y uñas rasgando la madera mi hermana gritó y dijo que algo se movía bajo la cama encendí mi lámpara de mano la última que quedaba con aceite y me agaché lo único que alcancé a ver fue una mano negra arrugada y con los dedos torcidos que se retiró con un movimiento seco el aire empezó a zumbar un sonido grave que me hizo vibrar el pecho era como si miles de insectos revolotearan dentro del cuarto la lámpara titiló lanzó un último parpadeo y se apagó quedamos en penumbra y la anciana del velo descendió por completo y tocó el piso sin hacer ruido el silbido cambió a un chillido que nos perforó los oídos los vidrios de la ventana vibraban mi primo mayor desesperado sacó una navaja que traía en el cinturón y trató de enfrentarse a ella avanzó con la hoja extendida pero la mujer ni se movió La punta le rozó el pecho y se clavó, aunque no salió sangre. Ella giró

19:58 la cabeza y los hilos que le cerraban la boca empezaron a reventarse uno por uno. En eso, un ruido áspero salió de su garganta. Entonces, el vidrio de una ventana estalló con un crujido. El viento entró de golpe, apagando lo poco que quedaba de luz. Aprovechamos ese momento, empujamos la cómoda y abrimos paso hacia la ventana rota. Nos cortamos las manos con los bordes, pero logramos salir al patio trasero. Corrimos sin mirar atrás. El aire estaba helado y la neblina tan espesa que apenas se distinguían las siluetas de los árboles. Detrás de nosotros seguían las voces, ahora más lejos, pero aún claras. mezcladas con risas y un sonido que parecía aleteo de alas grandes. Nos internamos entre los matorrales, tropezando con piedras y raíces. Avanzamos sin dirección, guiándonos solo por el instinto. Después de un largo rato, vimos una luz roja parpadeando a lo lejos. Era una patrulla abandonada, con las puertas abiertas. En ella había una sirena portátil. que al moverla se encendió sola, lanzando un sonido débil y distorsionado. Lo dejamos sonar, con la esperanza de que alguien nos escuchara. Pasó casi una hora antes de que un camión apareciera por el camino. Le hicimos señas y se detuvo. Los dos hombres que iban dentro nos miraron sin entender nada. Les explicamos lo poco que pudimos,

21:28 entre temblores y llanto. Nos subieron en la parte trasera y nos llevaron directo al puesto de policía del pueblo. Los oficiales escucharon la historia sin creerla del todo, pero aún así aceptaron acompañarnos al lugar. Volvimos al camino viejo cuando el sol ya estaba alto. Sin embargo, la posada había desaparecido. En su lugar solo quedaban restos de madera ennegrecida, como si hubiera ardido durante la noche. Entre las cenizas encontraron huesos humanos y una olla de barro con fotografías rotas, mechones de cabello y trozos de tela quemada. El letrero de hospedaje del camino viejo estaba tirado a un costado, todo chamuscado. Ninguno de nosotros volvió a hablar mucho de lo ocurrido. Mi prima, la que convulsionó, perdió el cabello en pocos días. Los médicos no supieron explicar por qué.

22:24 Mi hermana tuvo pesadillas durante meses y mi primo dejó de conducir de noche. Yo soñaba cada noche con las manos sobre el vidrio y con el silbido que atravesaba el aire. Con los años tratamos de convencernos de que todo había sido un trauma, una alucinación colectiva causada por el miedo, pero dentro de mí sabía que no era así. hace unos meses cuando ya vivía en otra ciudad recibió una carta sin remitente el sobre estaba húmedo y el papel amarillento como si hubiera sido enterrado dentro en tinta rojiza decía sólo una frase falta una deuda por cobrar El olor a hierbas invadió mi casa esa misma noche.

23:09 Pensé que era mi imaginación, pero desde entonces todas las madrugadas escucho pasos sobre el techo, siempre a la misma hora, las 2.40. Mi esposa dice que deben ser aves, pero yo sé que no. He salido varias veces al patio y entre la neblina he alcanzado a ver dos figuras de mujeres mirando hacia mi ventana. No se mueven. No hablan, solo me observan con el cabello cayéndoles al rostro y las manos cruzadas frente al pecho. Cada madrugada vuelve el mismo silbido, ese sonido que escuché en el cuarto cuando la anciana del velo bajó del techo. He pensado en mudarme, pero algo me dice que da igual, aunque cambie de lugar, ellas ya saben dónde estoy. No cuento esto para que me crean, sino para advertirlo. Hay caminos por los que nadie debería pasar, y el camino viejo es uno de ellos.

24:13 Tenía 17 años cuando mi madre y yo llegamos a San Julián del Monte, un pueblo perdido entre cerros y caminos de piedra. Hacía dos semanas que habíamos enterrado a mi padre, y ella insistió en que debíamos empezar de nuevo lejos de la ciudad. Decía que la casa de mi tía, una propiedad vieja que había quedado vacía tras su muerte, era el lugar perfecto para volver a respirar. El camino fue largo, empinado, y conforme subíamos, la neblina se volvía tan espesa que los árboles se difuminaban entre el gris. San Julián era un sitio silencioso y triste. Las calles angostas parecían torcidas por los años, y las casas tenían techos vencidos por la humedad. Al llegar a la plaza, la gente nos observó sin disimulo. Recuerdo a una mujer que al vernos pasar se persignó. Mi madre sonrió con esa calma que siempre la acompañaba, fingiendo no notar el rechazo.

25:14 A pesar del frío, no temblaba, su piel era lisa, su cabello negro reflejaba la luz, y sus ojos tenían un brillo que no correspondía al rostro de una mujer que acababa de enviudar. Nadie habría creído que tenía más de 40 años, pues parecía detenida en el tiempo. Desde el primer día, noté que las mujeres del pueblo la evitaban. Cuando entramos a la tienda, el dueño apenas nos miró y se limitó a señalar con la cabeza. una anciana me tomó del brazo al salir y me dijo en voz baja que tuviera cuidado que las que se bañan de noche no rezan a Dios sino al otro quise creer que eran supersticiones de gente desconfiada pero su tono me dejó un nudo en el estómago la casa quedaba al final de una vereda rodeada de pinos altos y un cerco de piedra cubierto de musgo adentro olía a madera húmeda y a encierro En el comedor había retratos antiguos y una vela consumida sobre la mesa. Mientras mi madre limpiaba, encontré un baúl junto a la escalera que bajaba al sótano. En él había objetos extraños, velas negras, frascos con líquidos oscuros, una cruz invertida y una figura de madera con cuernos tallados. La tomé por curiosidad, pero de inmediato escuché la voz de mi madre detrás de mí.« Guarda eso», me dijo arrebatándome la figura. Son cosas de familia, así que no las toques. Su mirada fue dura, distinta,

26:46 así que esa noche me costó dormir. Con los días tratamos de llevar una rutina normal. Ella cocinaba, lavaba la ropa y hablaba de cómo íbamos a reparar la casa, pero cada noche desaparecía durante horas. Decía que bajaba al pueblo a rezar por el alma de mi padre, aunque nunca llevaba rosario ni biblia. Una madrugada escuché pasos en el patio. Me asomé por la ventana y la vi alejarse hacia el monte con una lámpara en la mano. Dudé si seguirla, pero me quedé quieta, pues detrás de ella, sobre el suelo, quedaban marcas circulares de ceniza que brillaban débilmente, como si el fuego se acabara de extinguir. A la mañana siguiente, el olor a azufre impregnaba la casa. Las escaleras amanecían con polvo gris, y en la cocina aparecía una fina capa de ceniza sobre la mesa. Cuando le preguntaba, ella sonreía y decía que era la humedad del lugar.

27:45 Sin embargo, el aire tenía un sabor amargo, y las paredes parecían absorber los sonidos. Una noche no pude contener la curiosidad. me despertó un murmullo que venía del sótano tomé una vela y bajé despacio la puerta estaba entreabierta y desde el interior se filtraba una luz rojiza como de brasas encendidas escuché la voz de mi madre baja y constante pronunciando palabras que no entendía Le hablaba a alguien. Entonces oí una respuesta. Una voz grave, profunda, que parecía salir del suelo. Pero en eso dijo mi nombre. Sentí que la cera caliente me caía sobre los dedos. Mi madre respondió algo sobre la fecha, la ofrenda y la sangre propia como pago. retrocedí sin hacer ruido y subí las escaleras con el corazón desbocado pasé el resto de la noche despierta mirando la puerta del cuarto y esperando escucharla subir al amanecer entró a mi habitación con un tono amable que no recordaba llevaba una bandeja con desayuno y una sonrisa impecable me acarició el cabello y me dijo que el dolor había terminado que lo peor ya había pasado sus ojos parecían vacíos pero su voz sonaba dulce durante los días siguientes se comportó como nunca me preparaba mi comida favorita me dejaba dormir hasta tarde y

29:15 una tarde llegó del pueblo con un vestido blanco nuevo Dijo que era un regalo y que lo usara pronto, porque se acercaba una fecha importante. Me abrazó y repitió que tendríamos una vida mejor, que Dios así lo dijo, aunque sonó extraño en su boca, nos había dado otra oportunidad. Esa noche, mientras intentaba dormir, repasé todo lo que había visto. El baúl con los objetos, las marcas de ceniza y la voz del sótano. Algo me decía que el cambio de mi madre no era una casualidad. Había un motivo detrás de tanta amabilidad, y lo sentía cada vez que sus ojos se quedaban fijos en mí por demasiado tiempo.

29:59 Ya no veía en ella a la mujer que me crió, sino a alguien que esperaba el momento exacto para cumplir con algo que yo todavía no entendía. No dije nada y decidí esperar, pero en el fondo presentía que la vida mejor de la que hablaba no era para las dos. A las semanas de vivir en San Julián empecé a notar que mi madre cambiaba. Su piel, antes pálida por el cansancio, tenía un brillo extraño, como si reflejara más luz de la que recibía. su cabello naturalmente oscuro se veía más grueso y brillante y su voz había perdido aquella aspereza con la que me llamaba desde niña todos parecían notarlo pues algunas vecinas la observaban desde las ventanas murmurando entre ellas cada vez que pasábamos era evidente que su aspecto despertaba tanto admiración como miedo una tarde cuando regresaba del pozo con un balde de agua una anciana me detuvo en el camino se llamaba tomasa y era la única que me hablaba desde que llegamos tenía las manos temblorosas y una mirada cansada tu madre no reza niña me dijo en voz baja lo que hace allá abajo no es oración Cada 20 años se entrega algo, por eso no envejece. No supe qué responder, quise pensar que deliraba o que solo repetía supersticiones del pueblo. Pero esa noche, mientras mi madre se peinaba frente al espejo, entendí que

31:30 no mentía. Su rostro se veía tan joven que parecía el de una mujer de 30 años. con los días su comportamiento se volvió diferente se levantaba antes del amanecer limpiaba cada rincón de la casa y quemaba hierbas en la estufa el olor era fuerte una mezcla de cera derretida y tierra húmeda en el comedor colocó un mantel rojo y trajo flores que nunca había visto por la zona de pétalos oscuros y hojas gruesas dijo que se preparaba para una noche especial vamos a celebrar me dijo es hora de dejar atrás el luto sacó el vestido blanco que me había regalado semanas atrás y me pidió que lo usara habrá invitados añadió con una sonrisa y quiero que estés hermosa no quise discutir fingí calma y acepté esa tarde mientras barría el corredor escuché su voz provenir del sótano no rezaba cantaba una melodía lenta en un idioma que no entendía las notas subían y bajaban como un lamento Me acerqué con cuidado y miré por la rendija de la puerta. Adentro, la luz se movía en círculos, como si varias velas giraran a la vez. Me aparté de inmediato con el corazón acelerado. Al bajar a la cocina más tarde, encontré los frascos del baúl abiertos sobre la mesa. Algunos tenían hierbas secas, otros líquidos espumosos, y uno guardaba algo que parecía una lengua. En el mantel

33:01 había marcas circulares de sal y cera derretida. No quise tocar nada, la verdad. La casa entera olía a humo y a azufre. Cuando anocheció, el ambiente cambió. La neblina cubrió los ventanales y el aire se volvió espeso. Mi madre subió las escaleras con un vestido negro ajustado y un collar de plata que nunca le había visto. Sus labios estaban pintados y sus ojos brillaban como si llevara fuego dentro.« Ponte el vestido, hija», me dijo,« pues es una noche para recordar». Obedecí a lo que me dijo, pero al bajar encontré la mesa servida con platos que jamás habíamos usado. En el centro, varias velas negras encendidas, rodeadas de flores rojas y frutas cortadas. El mantel rojo parecía recién planchado. me senté frente a ella intentando disimular el temblor de mis manos¿ qué celebramos? le pregunté ella me respondió sonriendo y me dijo a tu padre y lo que vendrá después mientras hablaba las sombras del techo se movían las velas crepitaban sin viento y el olor a cera se mezclaba con otro más fuerte como azufre o carne quemada La respiración se me volvió pesada. Mi madre se levantó, echó el cerrojo de la puerta principal y regresó a mi lado. Me tomó la mano con suavidad y me dijo, cierra los ojos. Intenté negarme, pero el aire se volvió tan denso que me mareé. todo

34:33 giró a mi alrededor y cuando los abrí de nuevo ya no estábamos en el comedor estábamos en el sótano el suelo estaba cubierto de símbolos pintados con sangre seca en el centro un círculo de fuego rodeado de velas derretidas El calor era sofocante y cada respiración ardía. Mi madre estaba tranquila, incluso sonriente, y me dijo,« No tengas miedo, hija. Todo esto es por tu bien». Retrocedí, pero el suelo temblaba bajo mis pies. Intenté correr hacia las escaleras, pero algo invisible me sujetó los tobillos. Ella se acercó despacio, me tomó del rostro y sus dedos estaban tan fríos que me hicieron estremecer.« Te amo, hija», me susurró.« Naciste para algo grande, y gracias a ti, las dos viviremos para siempre».¿ Qué estás haciendo? Le pregunté llorando. Cumpliendo con una promesa, me respondió con firmeza. Hace muchos años ofrecí mi sangre al que me dio poder, pero el pacto debe renovarse, y tú eres la única que puede hacerlo.

35:42 El corazón me golpeaba el pecho. De pronto, la misma voz que había escuchado aquella noche resonó desde el fuego, más profunda y cercana. El tiempo ha llegado, Beatriz. Cumple lo prometido. Mi madre tembló, pero no retrocedió. Se inclinó ante el fuego y empezó a recitar frases rápidas, con una voz que no era la suya. Las llamas subieron y su piel brilló como si ardiera desde dentro. Perdóname, hija. Es la única manera. La llama cambió de color, tornándose verde, y el olor a azufre llenó la habitación. Intenté moverme, pero mis pies estaban fijos al suelo. Ella sacó una daga de plata y la sostuvo con ambas manos, y me gritó que no dolería. Grité y logré empujarla con todas mis fuerzas. La daga cayó al suelo y rebotó con un sonido metálico. Las llamas se levantaron de golpe y en el siguiente segundo todo se apagó. El silencio fue total. En la oscuridad solo se escuchaba su respiración, agitada y rota.« El sacrificio está incompleto», murmuró, y no supe qué hizo después. Solo sentí su cuerpo empujarme y el olor del humo llenando los pulmones. Luego todo se volvió negro. Cuando el fuego del círculo se apagó, todo quedó en una oscuridad espesa. El aire olía a metal y ceniza, y en el silencio se escuchaba el goteo del sudor cayendo sobre el suelo. Mi madre respiraba con dificultad.

37:16 Traté de moverme, pero el cuerpo me pesaba. Entonces, del fondo del sótano vino un crujido, como si algo se arrastrara entre las sombras. Subí las escaleras casi a tientas. Los escalones temblaban bajo mis pies. Detrás de mí escuché a mi madre gritar mi nombre, pero su voz ya no era la misma. Sonaba deformada, más grave, como si no viniera de su garganta. Un polvo negro caía del techo y, cuando miré hacia abajo, vi el fuego encenderse otra vez. Sólo que esta vez no era una llama natural. Era oscura, con destellos verdes, como si respirara. Algo se movía adentro. No supe si era una sombra o una forma.

38:02 pero tenía brazos y una silueta que se estiraba hacia ella. Mi madre gritó, extendiendo la mano hacia mí, pidiendo ayuda, pero el fuego la rodeó. Su cuerpo empezó a retorcerse dentro del círculo y de su boca salía un sonido que no parecía humano. El suelo tembló tan fuerte que las botellas del estante cayeron y se rompieron. El olor a azufre se volvió insoportable. Corrí sin mirar atrás, subí las escaleras y salí por la puerta principal. El aire de la noche me golpeó el rostro como un balde de agua helada. Afuera el cielo estaba cubierto de nubes y la niebla había bajado hasta el jardín. caí de rodillas sobre el pasto húmedo a mis espaldas la casa crujía y desde una de las ventanas vi una sombra enorme levantarse dentro del sótano parecía tener forma humana pero se estiraba hasta el techo y al moverse dejaba una estela de fuego mi madre seguía adentro gritando la vi por un instante de pie frente al ventanal con el cabello encendido en llamas y los brazos extendidos hacia mí Luego el cristal estalló y una lengua de fuego la envolvió por completo. Las llamas se extendieron por las paredes subiendo hasta el techo. Corrí hacia el monte tropezando con las piedras mientras el sonido del derrumbe resonaba detrás de mí.

39:27 La noche era fría y no se oía ni un solo grillo. Desde la ladera vi cómo la casa se incendiaba desde abajo, como si el fuego naciera del suelo. El resplandor anaranjado iluminaba los árboles y en el aire se elevaba un humo espeso que olía a azufre. Me quedé mirando hasta que el último grito de mi madre se perdió entre el crepitar de la madera. Cuando amaneció, el fuego ya se había consumido. Los vecinos subieron al ver el humo. Encontraron las ruinas reducidas a cenizas y un cuerpo carbonizado, con un anillo de plata que reconocí de inmediato. Era el que mi madre usaba desde que tengo memoria. No pude acercarme. Sentí que si lo hacía, algo me arrastraría de nuevo hacia esa oscuridad. Los días siguientes pasaron como en un sueño. Me quedé en casa de una mujer del pueblo que me daba de comer y me cubría con mantas. No recordaba cómo había llegado ahí, pues nadie me preguntaba mucho. Todos sabían que Beatriz no era una viuda común. Un sacerdote intentó bendecir el terreno donde estuvo la casa, pero el suelo se hundía cada vez que clavaban la cruz. Al final el padre dijo que ese sitio debía dejarse como estaba. para que lo que fue no vuelva a salir me mudé con unos parientes en otro pueblo no dormía bien pues cada vez que cerraba los ojos veía el fuego del sótano encendiéndose otra vez y a mi madre dentro del círculo girando

40:58 el rostro hacia mí pasaron semanas hasta que me animé a mirarme en un espejo lo hice una mañana y me quedé helada mi piel lucía más clara que antes y mi cabello que siempre fue castaño se veía más oscuro pensé que era el reflejo de la luz pero no lo era esa misma tarde descubrí una marca en mi brazo derecho un símbolo pequeño grabado en la piel idéntico a los que había visto pintados en el suelo del ritual Era como una quemadura con líneas entrelazadas que se unían en el centro. Intenté lavarla, frotarla con jabón, pero no desapareció. En los días siguientes empezó a picarme y por las noches sentía calor en el lugar exacto donde estaba. No se lo conté a nadie. Me convencí de que era parte de un sueño o una secuela del incendio. Pero cada noche el olor a ceniza regresaba.

41:56 A veces, justo antes de dormirme, escuchaba la voz de mi madre repitiendo las mismas palabras que dijo en el sótano. La belleza se hereda, pero el pacto también. Con los años, el cuerpo de mi madre se convirtió en recuerdo, pero su presencia no se fue. En los espejos, mi reflejo comenzó a cambiar poco a poco. Cada año, mi piel se mantenía igual de firme. sin una sola arruga, sin marcas del tiempo. La gente me decía que parecía no envejecer y eso, en lugar de halagarme, me llenaba de miedo. Intenté rehacer mi vida, me mudé a otra ciudad, estudié, trabajé y evité volver a mencionar su nombre, pero no pude borrar lo que vi. Cuando cumplí 37 años, miré una fotografía mía y noté algo que me heló. Tenía el mismo rostro que mi madre cuando la vi por última vez.

42:51 nunca me casé ni tuve hijos la verdad no quise tentar al destino cada aniversario de aquella noche siento el mismo olor a azufre que impregnaba nuestra casa a veces me despierta un silbido que viene del techo o escucho pasos suaves en el pasillo sé que no es el viento cuando salgo al patio la niebla me rodea y distingo una figura de mujer quieta entre los árboles con el cabello largo y oscuro mirando hacia mí no se mueve y no habla sólo espera No creo en maldiciones, pero he aprendido que hay cosas que se heredan sin querer. Mi madre no desapareció, fue reemplazada, y lo que ella ofreció aquella noche no se perdió, solo cambió de cuerpo.

43:40 Ahora entiendo lo que quiso decir cuando me abrazó antes del ritual. Pronto las dos viviremos para siempre, y cumplió su promesa. Crecí en un barrio pequeño, de esos que apenas aparecen en los mapas, con calles polvorientas, casas pegadas unas a otras y vecinos que sabían todo de todos. Mi casa era modesta, hecha de ladrillo sin aplanar y con un techo de lámina, que en los días de calor se volvía insoportable. Vivía con mis padres, quienes habían pasado la mayor parte de su vida ahí. No teníamos lujos, pero la rutina sencilla nos bastaba. en aquel lugar cada persona conocía la vida entera de la otra y sin embargo había alguien de quien nunca se hablaba demasiado como si el silencio fuera la mejor manera de referirse a ella me refiero a mi vecina la anciana que todos describían como una buena mujer Pero que yo aprendí a mirar con ojos distintos. Se llamaba Doña Rosa, aunque casi nadie usaba su nombre. Para todos era simplemente la vecina de la esquina. Era una anciana menuda, de movimientos lentos, siempre cubierta con rebozos oscuros y vestidos largos. A primera vista parecía inofensiva. Tenía una voz pausada, dulce, que usaba para saludar a cualquiera que pasara frente a su casa.

45:13 a menudo regalaba pan recién hecho o frutas que aseguraba haber comprado en el mercado como si quisiera ganarse la simpatía de todos los niños del barrio aceptaban sus dulces y los adultos agradecían su amabilidad se había ganado una reputación de mujer generosa alguien que ayudaba sin pedir nada a cambio sin embargo había algo en su mirada que no encajaba con esa imagen aunque sonreía de manera amplia sus ojos permanecían apagados sin brillo como si fueran dos cuencas opacas que no reflejaban la luz esa contradicción me inquietaba desde niño sentía que detrás de esas sonrisas había algo que no alcanzaba a comprender una frialdad que no podía esconderse en ningún gesto amable. Su casa también era motivo de sospechas. Era una construcción antigua, con paredes descarapeladas y un portón que apenas se sostenía. de día parecía común pero al caer la tarde empezaban a notarse cosas extrañas con frecuencia salía un humo espeso de su patio acompañado de olores fuertes que no pertenecían a ninguna cocina normal A veces era el aroma penetrante de hierbas quemadas, en otras ocasiones olía a carne carbonizada. Los vecinos decían que Doña Rosa preparaba remedios caseros, que era muy de antes y usaba hierbas para curar. Pero a mí me

46:44 parecía que esos olores eran otra cosa. Los gatos eran parte inseparable de su casa. No eran los típicos animales juguetones, sino criaturas flacas, de pelaje enmarañado, que se movían como sombras por las bardas y el tejado. eran muchos demasiados y sus maullidos se escuchaban a todas horas como si discutieran entre ellos en un idioma extraño en las madrugadas cuando despertaba por la sed o por el calor podía oírlos pelear en su patio acompañados de ruidos que no parecían propios de animales a veces eran murmullos bajos otras eran rezos incomprensibles que se mezclaban con el viento lo más inquietante era que cada vez que intentaba asomarme por la ventana todo quedaba en silencio de golpe como si supieran que alguien los escuchaba Desde niño tuve la sensación de que algo no estaba bien con esa mujer. No podía explicarlo, pero mi instinto me empujaba a desconfiar de ella.

47:49 Lo mencionaba en casa. Le decía a mi madre que no me gustaba recibir fruta o pan de sus manos, que había algo raro en la forma en que me miraba. Mi madre siempre me reprendía con severidad y me decía que no debía juzgar a una persona mayor, que doña Rosa era una buena vecina y que esas ideas eran producto de mi imaginación, alimentada por cuentos de miedo. No seas malagradecido, me decía mientras me obligaba a agradecer cada obsequio. Yo obedecía, pero en el fondo sentía que no estaba equivocado. El barrio la admiraba porque nunca negaba un favor. Si alguien necesitaba un remedio para el dolor de estómago, ella aparecía con una infusión. Si un niño tenía tos, llevaba jarabes preparados en frascos oscuros. Para todos era la abuelita buena, que se preocupaba por los demás. Y aunque algunos mencionaban los olores extraños o los gatos inquietos, Lo hacían en tono de broma, sin querer aceptar que algo más oscuro podía estar detrás. Yo aprendí a convivir con esa doble imagen.

49:01 Durante el día, saludaba y fingía simpatía como los demás. De noche, escuchaba los murmullos y los rezos que se escapaban de su patio. Cada madrugada que pasaba, me convencía más de que esa anciana no era lo que aparentaba. su sonrisa no alcanzaba a borrar la frialdad de sus ojos ni el peso extraño que se sentía al pasar frente a su puerta con los años esa desconfianza se convirtió en certeza el barrio la veía como la vecina ejemplar pero yo guardaba la sensación de que detrás de esa fachada amable se escondía algo más algo que nos observaba en silencio esperando el momento de mostrarse con su verdadero rostro los primeros sucesos extraños en mi casa comenzaron de manera sutil como detalles que cualquiera podría haber atribuido al azar sin embargo al acumularse día tras día se hicieron imposibles de ignorar el primero en notarlo fue mi padre una mañana salió de su cuarto con el pecho descubierto y mi madre lo miró horrorizada tenía moretones que parecían hechos por manos humanas eran marcas alargadas como de uñas hundidas en la piel cinco líneas que le cruzaban desde la clavícula hasta el estómago intentó reírse Dijo que quizá se había lastimado al dormir, pero los surcos eran demasiado definidos, demasiado parecidos a los que dejaría alguien arañando

50:36 con fuerza. Esa misma semana comenzaron los problemas con la comida, la leche que comprábamos fresca. Al llegar a casa, se cortaba sola en cuestión de horas. Mi madre hervía un litro y lo dejaba enfriar, pero en la mañana siguiente aparecía con grumos y un olor agrio insoportable. Intentó cambiar de proveedor, pero el resultado era el mismo. Los vecinos se la tomaban sin problema. Solo en nuestra cocina se echaba a perder. Fue entonces que mi madre empezó a sospechar que alguien nos estaba trabajando. Nuestro perro también empezó a mostrar un comportamiento extraño. De día era juguetón y obediente.

51:19 Pero al caer la noche se transformaba en una criatura inquieta. Se quedaba horas mirando hacia la casa de la anciana, con el cuerpo rígido y los pelos erizados. Después empezaba a ladrar con furia, como si algo invisible lo desafiara desde el otro lado. Y en ocasiones su ladrido se transformaba en un gemido agudo, como si lo golpearan o lo lastimaran, y terminaba escondiéndose bajo la mesa. temblando sin que nadie pudiera calmarlo. Yo lo acompañaba acariciándole el lomo, pero era inútil. Sus ojos seguían clavados hacia la casa de Doña Rosa. La confirmación de mis sospechas llegó una noche en la que no pude dormir. La casa estaba en silencio, y al asomarme por la ventana, vi directamente hacia el patio de la vecina. Bajo la luz débil de una vela roja, Doña Rosa se encontraba sentada en un banquillo, con un muñeco de trapo entre las manos.

52:19 Lo vestía con pedazos de tela, y mientras murmuraba palabras incomprensibles, comenzó a clavarle alfileres uno tras otro. Cada vez que hundía uno en el muñeco, movía la cabeza hacia nuestra casa como si confirmara que estaba logrando lo que quería. Sentí un escalofrío recorrerme entero y me aparté de la ventana con rapidez, temiendo que también me hubiera visto. Mi padre, mientras tanto, comenzó a enfermar. Al principio fue una tos seca que lo despertaba de madrugada. Pero luego se volvió constante, acompañada de un cansancio que no podía explicar. Perdía fuerza con rapidez, como si la energía se le escapara sin razón.

53:04 Pasaba las noches inquieto, quejándose entre sueños. Y en más de una ocasión lo escuchamos gritar, como si alguien lo estuviera atacando. Al entrar a su cuarto lo encontrábamos sudando, con el pecho hundiéndose como si algo invisible se le recargara encima. Cuando le preguntábamos qué había soñado, respondía con la voz quebrada, que había visto a una mujer vieja sentada sobre él, presionándole el pecho con las rodillas y acercando su rostro arrugado hasta casi arrancarle el aire. Mi madre, desesperada, empezó a rezar más que nunca, colocó rosarios en las puertas, encendió veladoras frente a un cuadro de la Virgen. y repetía letanías en voz alta cada noche pero los rezos parecían rebotar en el aire sin resultado pues cada mañana mi padre se levantaba más débil con los ojos hundidos y la piel pálida lo que antes era un hombre fuerte y trabajador comenzó a transformarse en alguien irreconocible atrapado por una enfermedad que los médicos no lograban diagnosticar La atmósfera en la casa se volvió insoportable. Sentíamos como si un peso invisible habitara entre nosotros, un aire cargado que nos aplastaba los hombros y nos quitaba el ánimo. Las discusiones aumentaron, las noches se volvieron eternas y hasta la comida perdió sabor. Yo, siendo apenas un adolescente, entendía que no era casualidad. Algo de la casa de Doña Rosa

54:37 se había colado a la nuestra y no pensaba marcharse tan fácil. Con cada día que pasaba, la fachada amable de la vecina me resultaba más repulsiva. Su sonrisa fingida, sus obsequios de pan o fruta, sus saludos cálidos en la calle, todo me parecía una burla. Detrás de esa máscara estaba la misma mujer que yo había visto clavando alfileres en un muñeco bajo la luz de una vela roja, trabajando en silencio para arrancarle el alma a mi padre. Esa madrugada me levanté con sed, la casa estaba en silencio, solo se escuchaba el golpeteo del viento contra las láminas del techo. caminé hacia la cocina y al pasar junto a la ventana que daba al patio me detuve en seco ahí estaba ella la anciana ya no tenía el aspecto de la vecina amable que saludaba en la calle Bajo la luz tenue de la luna se revelaba otra cosa.

55:35 Estaba encorvada, con la espalda arqueada como si los huesos no pudieran sostenerla. Su cabello caía enmarañado sobre los hombros, largo y grasiento, pegado en mechones que brillaban como si estuvieran húmedos. Sus dientes, amarillos y puntiagudos, sobresalían al mover los labios en un murmullo que no entendía. Lo que más me heló la sangre fueron sus uñas, largas, gruesas, curvadas como garras, que golpeaba suavemente contra el marco de madera del patio. En ese instante comprendí que lo que teníamos frente a nosotros no era una viejita bondadosa, sino una criatura hambrienta. La piel de su cara se le pegaba a los pómulos y en sus ojos no había humanidad alguna. brillaban como carbones encendidos fijos en nuestra casa como si calcularan el momento exacto de entrar el estómago se me encogió de terror apenas respiraba pero aun así no podía apartar la vista de esa figura deformada que hasta ese momento había logrado ocultarse, tras una máscara de cordialidad.

56:45 De pronto, un grito me sacudió por dentro. Era la voz de mi padre que provenía de su cuarto. Corrí con todas mis fuerzas y lo encontré forcejeando en sueños. Estaba tendido en la cama, arqueando la espalda como si algo lo empujara hacia abajo. Su pecho se hundía y se levantaba de forma violenta. como si lo succionaran desde dentro. Su rostro estaba rojo, la boca abierta en un intento desesperado por tomar aire. Gritaba palabras incoherentes mientras agitaba los brazos, como si peleara contra alguien que lo sujetaba con fuerza. El corazón me latía tan fuerte que apenas escuchaba. Volté hacia la ventana de su cuarto, y ahí estaba la anciana, en el patio, observándome con una calma perturbadora. Sus labios se movían rápido, murmurando palabras que parecían un rezo oscuro.

57:41 No entendía lo que decía, pero cada sílaba retumbaba en mi cabeza, como si la pronunciara dentro de mi propio oído. Sentí un frío recorrerme desde la nuca hasta los pies. Esa mujer, esa criatura, estaba robándole la vida a mi padre en ese mismo instante. Y lo hacía con la misma serenidad con la que, días atrás, nos había regalado pan en la puerta. Mi madre entró de golpe y al ver a mi padre en ese estado comenzó a rezar con el rosario en la mano. Su voz temblaba, pero repetía las oraciones con una fe desesperada. Yo, incapaz de contenerme, empecé a llorar a gritos. Entre los rezos de mi madre y mis sollozos, algo cambió en el ambiente.

58:27 La presión que parecía aplastar la habitación se aflojó un poco como si algo retrocediera. Volvimos la vista hacia el patio y vimos como la anciana se replegaba hacia la oscuridad. Sus ojos seguían brillando, pero su figura se difuminaba entre las sombras hasta que ya no quedó rastro de ella. mi padre recuperó el aire de golpe abrió los ojos jadeando con la piel cubierta de sudor frío no pudo explicar lo que había soñado pero en su mirada se leía el terror de alguien que había estado al borde de la muerte y desde esa noche ya no volvió a ser el mismo los días siguientes fueron una agonía lenta mi padre comenzó a adelgazar de forma alarmante sus hombros se hundían las venas se marcaban en sus brazos y sus ojos se hundieron en las cuencas como si llevara semanas sin dormir Apenas comía, y cuando lo intentaba todo le caía mal. La tos que lo había atacado antes se intensificó, seca y persistente, hasta dejarlo exhausto. Su voz, antes firme, se volvió apenas un murmullo. Yo sabía lo que ocurría. Aquella vieja nos había mostrado su verdadero rostro.

59:45 Ya no era solo sospecha ni rumor. Lo había visto con mis propios ojos. La anciana nos hacía brujería y quería el alma de mi padre. Por más rezos que intentara mi madre, el ambiente en la casa se volvía más pesado cada día. como si lo invisible se hubiera instalado con los otros. El aire olía a humedad y a ceniza, y en las noches las paredes parecían crujir, como si algo caminara dentro de ellas. A partir de entonces, cada vez que pasaba frente a la casa de Doña Rosa, me invadía un escalofrío. Su fachada seguía siendo la misma, con la sonrisa amable y el saludo pausado, pero yo ya había visto lo que ocultaba cuando la noche la desnudaba de su máscara. Esa imagen quedó grabada en mi memoria, encorvada con el cabello enmarañado, los dientes afilados y las uñas como garras, murmurando en la penumbra, mientras le arrancaba pedazos de vida a mi padre. Lo peor fue aceptar que no había forma de demostrarlo a nadie más. Para el resto del barrio, seguía siendo la vecina ejemplar, la que compartía remedios y frutas. Pero en mi casa, cada día que mi padre se debilitaba, teníamos la certeza de que estábamos siendo devorados poco a poco. bajo la mirada satisfecha de la vieja bruja que esperaba su momento para reclamar lo que tanto anhelaba después de aquella madrugada en que vimos a la anciana revelarse en su verdadero rostro

1:01:18 ya no hubo manera de ocultar la verdad En casa dejamos de fingir que eran simples casualidades, pues ya todos sabíamos que ella estaba detrás de lo que sufría mi padre. Al principio intentamos callarlo, como si el silencio pudiera protegernos, pero con el paso de los días, la evidencia se volvió insoportable. La salud de mi padre se deterioraba sin que nadie pudiera detenerlo. Dejó de comer. Mi madre le preparaba sus platillos preferidos. Pero apenas probaba un par de bocados, antes de apartar el plato con un gesto cansado, la carne se le hacía pesada, la leche le sabía amarga y hasta el agua parecía repelerlo. Se volvió un cuerpo sostenido apenas por huesos. con la piel tornándose amarilla y los ojos hundidos rodeados de sombras oscuras lo llevamos al médico le hicieron análisis estudios revisiones interminables pero los doctores sólo repetían lo mismo no encontraban diagnóstico no había infección ni cáncer ni enfermedad reconocible lo mandaban de vuelta a casa con vitaminas que nunca le devolvieron la fuerza mientras tanto los rumores en el barrio crecían algunos vecinos juraban haberla visto al amanecer cargando costales pesados que arrastraba hacia los cerros decían que al abrirse uno de esos bultos se alcanzaron a ver huesos largos y delgados como de

1:02:50 criaturas que no eran animales comunes Otros aseguraban que se quedaba parada en la banqueta durante la noche, hablando sola, con los labios moviéndose a toda velocidad. Lo perturbador era que de pronto se escuchaba otra voz, más grave, más lejana, que parecía responderle desde ningún lado. Quienes lo presenciaban preferían callar, porque en el barrio todos aprendimos que señalarla directamente era ponerse en riesgo. en esos días fue algo más aterrador pues comencé a notar señales extrañas en la casa una tarde al barrer el patio sentí que la tierra estaba más blanda en un rincón junto al árbol de guayaba cabé con la escoba y descubrí que el suelo había sido removido recientemente mi madre y yo desenterramos con cuidado y lo que apareció nos dejó sin palabras era un frasco de vidrio envuelto en trapos húmedos dentro había cabellos de mi padre uñas cortadas y un papel doblado con su nombre escrito en letras torcidas como garabatos hechos por una mano temblorosa El olor que desprendía era nauseabundo, una mezcla de humedad y podredumbre. Entonces mi madre gritó, tiró el frasco contra la pared y comenzó a rezar con desesperación.

1:04:13 Yo solo me quedé inmóvil con la certeza de que aquel era el lazo que la anciana había enterrado para mantener atado el cuerpo y el espíritu de mi padre. Desde ese día ya no hubo dudas, detrás estaba lo que siempre intuí desde niño, una bruja que se alimentaba del sufrimiento ajeno y que había fijado su mirada en lo más valioso que teníamos, el alma de mi padre. Su deterioro fue rápido, cada mañana parecía más débil, como si una parte de él se hubiera quedado atrapada en manos de esa vieja. Ya no podía levantarse de la cama sin ayuda, y el aire en la casa era pesado, como si los muros mismos se hubieran impregnado de enfermedad.

1:04:57 A veces, mientras lo cuidaba, sentía que alguien nos observaba desde la ventana, pero al voltear no había nada. Pero en el fondo sabía que ella estaba cerca, vigilando que el trabajo siguiera cumpliéndose. el barrio que antes la alababa por ser una vecina ejemplar comenzó a mirarla con miedo todos evitaban pasar frente a su casa después del anochecer la veían sentada en una mecedora murmurando rodeada de sus gatos si alguien se atrevía a sostenerle la mirada ella sonreía mostrando los dientes amarillentos como si disfrutara del terror que inspiraba Mi padre nunca se recuperó del todo, aunque no murió de manera inmediata, quedó marcado para siempre. Era un hombre distinto, más callado, consumido, como si hubiera perdido parte de su esencia. Mi madre y yo entendimos que había sobrevivido, solo porque esa noche logramos interrumpir el ataque con rezos y llanto. pero ella había alcanzado a quedarse con algo una parte de él que jamás regresó hoy al mirar atrás me doy cuenta de que sobrevivimos al precio de un silencio obligado nadie en la familia volvió a hablar abiertamente de lo que vivimos el barrio aunque comentaba en susurros lo que había visto nunca se atrevió a nombrarla por lo que era siguió siendo la vecina anciana hasta el día en que desapareció sin dejar rastro

1:06:28 Unos dicen que murió en su casa y que alguien se llevó el cuerpo en secreto. Otros creen que simplemente se internó en los cerros, donde esas mujeres se esconden para volver cuando quieren. Lo que persiste es la certeza de que las brujas nunca se van del todo. No importa si sus casas quedan vacías o si el tiempo borra sus nombres de la memoria, esperan y se mantienen en la oscuridad, observando, listas para reclamar lo que dejaron pendiente. En mi barrio aún se dice que de madrugada se ven luces extrañas entre los cerros y que los perros ladran hacia la casa abandonada, como si alguien todavía viviera ahí.

1:07:11 Yo sé que no son rumores sin fundamento, pues lo viví en carne propia. La bruja de la esquina quiso el alma de mi padre. Y aunque ya no está entre nosotros, su sombra sigue rondando, esperando el momento justo para volver.