El Aterrador Descubrimiento De Una Mucama Historias De Terror - REDE

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La mucama les habla bacill Trancy. Es un gusto saludarles hoy. Estoy aquà para narrarles una de las historias y relatos que se han suscitado en mi familia a lo largo de los años y durante esta madrugada. Hoy voy a contarles una anécdota que le sucedió a una tÃa de mi mamá, ya que todo empezó en el año del sesenta y nueve en Minas de Barroterán, en el Estado de Coahuila. Norman nos contó a la familia esta rara y extraña vivencia hace décadas atrás. Esto es en su dedicatoria, ya que ella, antes de partir de este mundo, ella nos dijo que éramos libres de contarla, puesto que ella no se lo habÃa contado a absolutamente nadie. Por muchos años guardó silencio por miedo a que a ella se le tachara de loca y se le internara de por vida en un hospital psiquiátrico a lo que en ese entonces ella a la edad de veintitrés años y vivÃa junto a su amoroso esposo en uno de los barrios más pobres del pueblo, donde éstos tenÃan su pequeña y humilde morada en el barrio llamado en ese entonces el barrio de Madera. Su esposo durante su juventud fue minero. Ãl trabajaba por largas jornadas, pero a pesar de que la paga era poca, ellos dos eran muy pobres, pero muy felices. Hasta que lastimosamente su esposo estando laborando en la mina donde éste trabajaba, Hubo una explosión donde quedaron muchos mineros fallecidos y entre todos ellos se hallaba el esposo de norma. Ella habÃa quedado devastada por la trágica noticia de que su esposo habÃa dejado este mundo antes de que ellos pudieran tener hijos, por lo que ella quedó viuda. Después de haber perdido a su esposo, tuvo que buscar trabajo y arreglárselas por sà misma. Ella ya casi no tenÃa dinero para comer. Además de que ella sabÃa leer, pero no sabÃa escribir norma, intentó buscar la forma de conseguir dinero lo antes posible. Se le habÃa ocurrido ir a buscar trabajo por los barrios del pueblo, que, por cierto, estos también poseÃan sus propios nombres, que entre ellos estaba el barrio uno, el barrio dos y el barrio tres, Asà que por la mañana se habÃa lanzado a buscar trabajo por esos barrios para no descuidar su hogar, ya que en caso de que se presentara alguna emergencia, no le quedarÃa tan lejos su casa. Asà que ella recorrió cada avenida y cada casa de cada barrio. Después de haber recorrido casi toda la mañana el barrio uno, el barrio dos y el barrio tres, norma al fin habÃa conseguido trabajo de mucama. En una de las casas del barrio tres. El empleo se lo habÃa dado una mujer mayor, a la cual norma se referÃa a ella como la Señorita Tomasa, dado a que ella era una mujer soltera de la segunda edad. Además, ella no se encontraba sola. También compartÃa el mismo techo con su sobrina llamadas las Señorita RocÃo. Ella era una joven bella de diecisiete años. La Señorita Tomasa le dijo a norma que llegara mañana a primera hora para explicarle a norma a detalles cada una de las tareas encomendadas para ella, por lo que norma feliz se fue a ver a sus padres que vivÃan en el barrio dos. Al llegar a la casa de sus padres, él les comentó que habÃa conseguido trabajo en una de las casas del barrio Tres. Sus padres estaban orgullosos por ella y, después de una larga charla por la tarde, a Norma le tocaba regresar a su casa. Al llegar ella hizo todas las tareas de su hogar. Al terminarlas llegó el anochecer cenó y se fue a descansar, puesto que mañana le esperarÃa un dÃa muy largo por la mañana normal levantarse, Se lavó la cara, se vistió, comió un plato de avena y se fue al barrio Tres. Al llegar Norma tocó a la puerta. Todo estaba muy bien, tranquilo y silencioso. La puerta se abrió y fue recibida por la Señorita RocÃo. La invitó a pasar y le dijo que esperara que enseguida bajarÃa la Señorita Tomasa bajo las escaleras. La señorita Tomasa le dijo a norma que le darÃa un recorrido por la casa mientras le explicarÃa las instrucciones para sus tareas del dÃa. Todo estaba bien, salvo cuando la señorita Tomasa mencionó a norma una única condición y era que en el segundo piso habÃa una pesada oxidada y vieja puerta al fondo del pasillo. Por nada del mundo deberÃa de entrar a hacer limpieza a esa habitación, ya que no era necesario porque la habitación no estaba siendo ocupada por nadie. Una vez que se le asignaron todas las tareas y las instrucciones a norma, se dispuso a hacer sus deberes. Se habÃa ocupado toda la mañana. Cuando llegó la tarde, norma continuó haciendo más tareas. Una vez ya dejando todo do en orden, se retiraba del lugar y se iba a casa. Asà sucesivamente, fueron pasando los meses, pero un dÃa se habÃa ido a trabajar a la casa de la señorita Tomasa. Esa vez fue algo distinto, ya que, mientras se encontraba haciendo sus tareas domésticas del dÃa, la señorita RocÃo se acercó a Norma y le dijo que la señora Tomasa necesitaba hablar con ella, que era un tema muy importante y le estaba esperando en la sala. Entonces Norma dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a la sala, donde ahà se encontraba la señorita Tomasa. A lo que Norma se aproximó a ella. Apenas llegar le pregunta qué era aquello que necesitaba. La señora Tomasa le dijo que tomara. Asiento que no tuviera miedo. No iban a despedirla ni nada de eso que el tema en cuestión era otro norma. Una vez Tranquila tomó asiento en uno de los sillones. La señorita Tomasa también tomó asiento junto a norma y empezaron a charlar. La señora Tomasa le dijo que necesitaba pedirle un favor aparte de su trabajo. Norma sin titubear. Le preguntó directamente sobre de lo que se trataba ese favor, que rocÃo y ella tendrÃan un evento importante, pero el inconveniente es que ese evento durará toda la noche y no regresarÃan hasta en la mañana. Y necesitaban saber si norma podrÃa ser el favor de quedarse esa noche para que cuidara de la casa. Si accedÃa a quedarse esa noche, se le darÃa un pago extra y no tendrÃa que presentarse el dÃa siguiente. En pocas palabras, podrÃa tomarse el dÃa libre a lo que norma. Sin pensar lo mucho. La propuesta era muy tentadora, asà que aceptó rato. Más tarde, las señoritas Tomasa y RocÃo ya arregladas le dijeron a Norma que si tenÃa hambre, que no se preocupara, que habÃa comida en la despensa y que podrÃa hacerse lo que quisiera descenar y que si estaba aburrida o cansada, podrÃa ir a descansar al cuarto de invitados. Minutos después, las señoritas se marcharon de la casa. Norma estando sola, se hizo de cenar. Una vez de haber terminado de comer Norma, se dispuso a lavar los platos. Pero algo raro pasó y era que cada cierto tiempo Norma escuchaba que le llamaban por su nombre. Pero eso no era posible. No habÃa nadie en esa casa, no sólo eso. Ya después de haber lavado los platos, Norma se fue a descansar un rato al cuarto de invitados, puesto que, a lo mejor como ella estaba cansada, todo eso que creÃa que habÃa escuchado eran sólo productos de su imaginación y que su mente, le estaba jugando una mala pasada. Por lo que norma, se recostó en la cama y tomó una siesta. Juraba haber escuchado algo como el cuarto de invitados se ubicaba en el primer piso, en donde ella se hallaba descansando. Su sueño habÃa sudo sido interrumpido por pesados profundos y lentos pasos que venÃan del pasillo del segundo piso. Se puso en alerta. No sabÃa qué hacer estaba aterrada. Lo más factible que pensó ella era salir corriendo del lugar lo antes posible, pero como la señorita Tomasa le habÃa encargado su casa, ella era responsable de lo que sucediera con la casa. Uno pensarÃa simplemente en llamar a la policÃa e ir a un lugar seguro o buscar ayuda. Pero para ese entonces era otra época, por lo que norma creÃa que lo mejor era cerciorarse e investigar. Pero, por otro lado, pensaba que qué tal si se trataba en verdad de un ratero norma con miedo, salió sigilosamente de la habitación sin hacer absoluto ruido. Se metió a la cocina y entre los cajones de los cubiertos agarró el cuchillo más grande. Norma subió las escaleras precavida. Cuando llegó al pasillo del segundo piso, este se halla vacÃo no habÃa nadie, no habÃa ni un solo ruido. Sólo podÃan oÃrse las motas de polvo en el aire. Pero para estar segura norma comenzó a revisar cuarto por cuarto del segundo piso, revisando desde armarios debajo de las camas, etcétera. Pero norma no encontró a nadie salvo le faltaba por revisar. Un único lugar era aquella puerta que la señorita Tomasa le tenÃa prohibido el ingreso a norma Norma. No sabÃa si deberÃa romper la única regla acondicionada por la señorita Tomasa, pero era por su seguridad, ya que, sin importar esa regla, ella decÃa oh, sÃ, debÃa de revisar ese dichoso cuarto, por si las dudas, ya que sea quien haya sido el causante de todos esos ruidos en la casa, habÃa una posibilidad de que se encontrará escondido. Tras esa puerta norma se armó de valor, giró el picaporte de la puerta, empujándola hacia adelante. Entonces, al abrir la habitación, la primera impresión era que en el aire abundaba un profundo y un tanto desagradable olor a humedad. La habitación carecÃa de luz, pero gracias a la iluminación del corredor era posible observar que era lo que habÃa ahà dentro norma afirmaba que, entre la inmensa cantidad de objetos que se resguardaba en ese depósito, muchos esos artÃculos fueron de una boda. Entre las cosas que se encontraban un par de ellas rápidamente llamaron la atención de norma. Entre ellos se encontraba una vitrina, la cual en su interior albergaba un vestido muy viejo y en un muy malas condiciones, lleno de agujeros a causa de las polillas, deshilado y roto. No sólo eso. Además, también habÃa encontrado una mesa, la cual norma, al inspeccionarla más de cerca, sin exagerar, vio lo que pudo haber sido originalmente un bonito pastel de bodas tapado por una urna de vidrio era indistinguible, estando en un muy avanzado estado de putrefacción a a a ons yacÃa una pasta verdosa y negra de moho, donde también le habÃa crecido una espesa y gruesa capa de hongo blanco. Ahora era inequÃvoco. Norma comprendió él por qué la señorita Tomasa le tenÃa prohibido el acceso a Norma. Investigando más el lugar, Norma halló una pintura en lo que, al parecer, aquella mujer fue aquella novia a la cual todas esas cosas pertenecieron alguna vez que, por cierto, aquella pintura de la novia llevaba exactamente el mismo vestido que el que se hallaba exhibido en la vitrina norma, buscando entre la habitación perdida en su mente por su curiosidad, accidentalmente, Norma tropezó con algo en el suelo, haciéndola caer contra el piso al impactarse y para asombro de ella resultaba que se habÃa tropezado debido a que en el piso se encontraba una trampilla, algo muy raro y fuera de lo común. Dado que estamos hablando de que esta trampilla se encontraba en un so segundo piso, norma lo vio y le parecÃa muy extraño, pero no lo pensó dos veces antes de abrirla. Al abrirla norma, creÃa que no darÃa a ningún lado o al menos esperaba que diera con algún lugar de la casa del primer piso. Pero no fue asÃ. Para asombro de norma, la trampilla daba a un pasadizo estrecho entre el suelo del segundo piso y el techo del primer piso era lo suficientemente grande para que pudiera entrar arrastrándose a él. Al mirar dentro del pasadizo, miró al fondo una pequeña puerta rectangular con una perilla y muerta por la curiosidad decide adentrarse ahÃ, aprovechando que se encuentra sola en el hogar, entró fácilmente, llegó hasta la puerta y la abrió. Lo que siguió fue que vio los restos de varias personas. Era una habitación grande oculta. Uno de estos se puso de pie y quiso atraerla hacia él, por lo que éstos trataron de perseguirla y atraparla. Pero rápidamente cerró la puerta y se arrastró de regreso a la trampilla. Al salir, cerró rápidamente la trampilla con todas sus fuerzas y lo único que quedó fue el silencio de esa lúgubre y perturbadora habitación. Asà que, al llegar la primera hora de la mañana, dejó la casa lo más pronto posible para ya jamás volver. No quiso saber nada más del lugar ni volvió a hablarle a la señora Tomasa Norma aseguraba que en su vida nunca ingirió drogas ni tampoco era esquizofrénica. Acaso todo esto fue a causa de brujas almas en pena. Quién sabe. Lo cierto es que fue una situación que dejó marcada a esa mujer. Relato escrito y adaptado por Mauricio Farfán








