El Alma De Una Asesina Se Encuenta En Nuestro Hogar Historias De Terror - REDE

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Una residente indeseada. Mi historia inicia cuando recién me habÃa casado con mi actual esposa. Ãramos jóvenes de tan sólo veinticuatro años. Conocà a mi esposa de nombre Italia, en la única clase en la que coincidimos. En la escuela. Hicimos empatÃa rápidamente y yo supe inmediatamente que éramos el uno para el otro. A los dos años de estar saliendo juntos, nos casamos y al año tuvimos a nuestra hija ana. Como apenas estábamos iniciando nuestra vida de pareja y de padres. Conseguimos una casa prestada por un familiar en las orillas de la ciudad. Para ser más preciso en la comunidad de la venta del astillero, mencionó el lugar con el motivo de poner en contexto la zona. No estábamos muy cerca de la ciudad, pero tampoco estábamos del todo incomunicados. La vida en ese lugar suele ser tranquila. Eso era lo que buscábamos para Ana, o al menos eso fue lo que creÃamos hasta que varios sucesos extraños comenzaron a ocurrir donde vivÃamos. Todo estaba listo para dar la bienvenida a Ana en casa su habitación. La decoré de tal manera que se notara la presencia de un bebé en nuestro hogar. Incluso nuestra perrita mona tendrÃa que adaptarse a la nueva integrante de la familia. Cuando regresamos a casa con el bebé y la llevamos a su habitación, me di cuenta de algo que sucedió de manera muy fugaz. La mecedora se estaba moviendo ligeramente, casi de manera imperceptible. Cualquiera habrÃa dicho que serÃa el viento, pero procuré asegurarme de que no hubiera ventanas abiertas. Como fue algo rápido, llegué a la conclusión de que habÃa sido el movimiento de la puerta el que generó una corriente de aire y movió la mecedora. No le dimos vueltas al asunto. Como padres primerizos, Italia y yo no nos separamos del bebé. Esa noche nos quedamos con ella. Recuerdo que eran cerca de las dos de la mañana. Cuando un tarareo me despertó un canto hermoso con un toque nostálgico parecido a una melodÃa antigua. Me alegró pensar que Italia estaba cantándole a nuestro bebé, asà que no quise interrumpirla y me volvà a dormir arrullado por su canto. A la mañana siguiente le comenté a Italia que me habÃa dado cuenta de que le cantó al Bebé, pero ella extrañada me dijo que no fue asÃ, que incluso pensó que habÃa sido yo quien le estaba cantando. Ambos nos desconcertamos por lo que habÃa ocurrido y no pudimos encontrar una explicación lógica. Terminamos atribuyéndole lo sucedido a algún juguete de la bebé. Nos regalaron tantos en el baby shower que no tenÃa idea de los que pudieran hacer sonidos. Después de eso, la situación transcurrió lo más normal posible. Un dÃa se quedó mi esposa al cuidado de nuestro bebé mientras yo trabajaba. Cuando regresé a casa, la encontré afuera de la vivienda con el bebé en brazos. Le pregunté qué habÃa sucedido y ella me relató que por la mañana, mientras cambiaba al bebé se le habÃa caÃdo, el tal cual suelo terminó de cambiarla, la colocó en su cuna y fue a buscar una escoba para barrer lo tirado. Estaba tan sumida en sus pensamientos que cuando regresó a barrer el corazón, casi se le detiene al darse cuenta que la bebé ya no estaba allÃ, pero de pronto le escuchó llorar justo de la cama. Ella estaba muy segura de que la habÃa dejado en la cuna. Incluso se sentÃa muy agotada que pensó que quizás fue una laguna mental la que tuvo y todo lo hizo de manera automática. Pero de pronto, al ver el talco esparcido por el suelo, notó algo inusual. HabÃa huellas de pies pequeños y descalzos marcadas en el polvo, y esas huellas llegaban hasta la cuna. ParecÃan ser las huellas de un niño en casa. Sólo estaban ellas dos y l s s ns. La perra. De pronto desde la cuna se escuchó como uno de los juguetes de cuerda se activaba solo Italiano lo pensó ni dos veces y tomó al bebé y salió rápidamente de la casa. Traté de calmar a Italia y le dije que no habÃa motivo para temer, sugiriendo que tal vez estaba simplemente exhausta. Luego entré en la habitación de la bebé y no encontré nada fuera de lo común. De hecho, el talco estaba esparcido por toda la habitación. ParecÃa que alguien habÃa jugado con él. Tomé la escoba y comencé a barrer mientras Italia esperaba en la sala con la bebé. A pesar de la situación aparentemente normal, experimentaba una extraña sensación de que alguien me observaba casi podÃa sentir que en cualquier momento algo podrÃa tocar mi espalda Finalmente terminé de barrer y apoyé la escoba junto a la puerta de uno de los armarios. Fue entonces cuando sentà un intenso dolor en un costado de mi brazo derecho, una sensación de ardor insoportable. Italia me escuchó quejarme y se acercó para ver qué habÃa sucedido. Rápidamente me quité la camisa y descubrimos una serie de lÃneas marcadas en mi piel. Al parecer habÃa sido arañado por algo o tal vez me habÃa rascado yo mismo, pero no tenÃa sentido. El dolor que sentÃa era muy real y agudo y la marca estaba fresca. Por precaución, decidimos que el Bebé durmiera con nosotros esa noche. No querÃamos correr ningún riesgo cuando se trataba de su salud y seguridad. Esa noche discutimos lo sucedido y ambos coincidimos en que no habÃamos bendecido la casa, lo cual considerábamos necesario. Entonces, desde la otra habitación, escuchamos los ladridos de Mona. Los dos quedamos en silencio mientras Mona continuaba ladrando. Esto nos preocupó, ya que ella solo ladra cuando vea un desconocido. Mi primer pensamiento fue que alguien habÃa entrado a la casa. No tenÃamos ningún objeto a mano para defendernos, por lo que debÃamos actuar con cautela. Abrà la puerta lentamente lo suficiente como para poder echar un vistazo afuera y ver que podÃa estar ocurriendo de pronto. Una ráfaga de viento fuerte empujó la puerta, haciéndome retroceder y caer al suelo durante unos segundos. Sólo esperaba que alguien emergiera de la oscuridad y entrara en nuestra habitación. Pero en lugar de eso, Mona entró corriendo y se colocó junto a Italia ladrando enérgicamente. Era como si ella supiera que habÃa alguien más allÃ, alguien que nosotros no podÃamos ver. Mona finalmente se tranquilizó después de unos segundos y quedó claro que la bendición de la casa era necesaria. Al dÃa siguiente, muy temprano por la mañana nos dirigimos al templo más cercano y compartimos lo ocurrido con el sacerdote. Nunca habrÃa imaginado la expresión de sorpresa que apareció en su rostro cuando mencionamos la dirección de nuestra vivienda. Nos contó que desde hacÃa diez años esa casa no se alquilaba debido a un terrible incidente que involucraba a la hija de una pareja anterior. La historia era que la casa siempre acababa siendo subastada debido a lo que habÃa ocurrido con la niña y cuando los posibles inquilinos se enteraban de la tragedia, simplemente descartaban la opción. El sacerdote nos relató que hace una década una pareja vivÃa en esa casa con su única hija, llamada Arelie. A simple vista, todo parecÃa estar bien. Los tres parecÃan felices, pero un dÃa, cuando el padre regresó tarde del trabajo, se encontró con una escena espantosa. Era casi la medianoche cuando encontró a la madre fuera de la casa sosteniendo un cuchillo. Su apariencia denotaba que algo andaba mal en su mente, estaba totalmente desaliñada y vestÃa un vestido de flores manchado de rojo. En ese instante, el padre no sabÃa qué habÃa sucedido con su hija asà que dejó el auto en ondido por si necesitaban ir de urgencia al hospital y le preguntó a su esposa qué estaba pasando. Ella simplemente indicó el interior de la casa y él entró corriendo para ver lo que habÃa ocurrido con su hija. La mujer lo siguió decidida a poner fin a su propia locura. Le dio fin a la vida de su hija y lastimó gravemente a su esposo para después ella quitarse la vida. Afortunadamente, si se puede utilizar esa palabra en este contexto, algunos vecinos notaron que el automóvil llevaba un buen rato encendido. Preocupados decidieron inspeccionar la casa y lo que descubrieron fue la escena más espantosa que este vecindario habÃa presenciado. El padre aún estaba con vida, aunque gravemente herido. Lo llevaron de urgencia al hospital, donde afortunadamente, logró sobrevivir. Desde entonces no se ha sabido nada acerca de su paradero. En cuanto a Arel y su madre, ambas fueron sepultas das en el cementerio más cercano y su trágico destino conmocionó profundamente a la Comunidad. El sacerdote nos ofreció su bendición para la casa y propuso traer un grupo de oración por la tarde para brindarnos un apoyo más intenso en este proceso. Nos pareció una excelente idea, por lo que aceptamos su ayuda. Sin dudarlo. Durante el resto de la mañana, Italia y yo conversamos sobre todo lo que nos estaba ocurriendo. Me desconcertó notar que a Italia le parecÃa fascinante tener un espÃritu en casa. Le recordé que no podÃamos estar seguros de que fuera el espÃritu de Arelie y que también la madre habÃa fallecido en esa casa. Desde entonces, Italia comenzó a hablarle a Arelie como si estuviera presente con nosotros. No quiero decir que mi esposa pareciera estar perdiendo la razón al hablar con la nada, pero no podÃa evitar sentir cierta inquietud al respecto. Decidà llevar al Bebé a casa de mi hermano, ya que no querÃa correr el riesgo de que algo inusual sucediera y le afectara de alguna manera. Cuando llegó la hora de la bendición, el sacerdote vino acompañado de un pequeño grupo de personas que trajeron guitarras y panderos. Los invitamos a entrar y se acomodaron en la sala. Mientras el sacerdote se preparaba, los demás miembros del grupo comenzaron a leer las alabanzas que cantarÃan. Fue entonces cuando escuchamos un golpe extremadamente fuerte proveniente de la cocina. Tanto el sacerdote como Italia y yo nos apresuramos a ver qué habÃa sucedido. Descubrimos que uno de los cajones de la cocina estaba completamente abierto. Era el cajón en el que solÃamos guardar servilletas y trapos para limpiar, y todo estaba esparcido por el suelo. El sacerdote llegó a la conclusión de que era esencial actuar De inmediato. Italia comenzó a hablar con la supuesta niña fantasma, ofreciéndole ayuda y preguntándole si necesitaba que la escuchas éramos. Tanto el sacerdote como yo nos sentimos desconcertados por esta actitud de Italia. Mientras las alabanzas comenzaron a sonar, el sacerdote recorrió cada rincón de la casa e Italia y yo lo seguimos orando junto a él. Cada habitación, cada rincón de la casa recibió la bendición hasta que llegamos a la habitación de la bebé. El sacerdote se detuvo de inmediato. Al abrir la puerta, nos informó que este lugar era muy diferente a los demás. Allà se podÃa sentir una densa y opresiva energÃa tan intensa que dificultaba incluso la respiración. El sacerdote comenzó a rociar agua bendita. Cuando de repente sentà un agudo dolor en la espalda era tan intenso que me hizo gritar. Italia me ayudó a quitarme la camiseta revelando un gigantesco arañazo que recorrÃa toda mi espalda. Le dije a Italia que definitivamente esto no parecÃa el acto de una niña. Luego las alabanzas se detuvieron y un silencio o de pons pulcral cayó sobre la casa. El sacerdote les preguntó a los presentes si todo estaba bien y uno de los feligreses respondió que acababan de presenciar cómo una niña atravesaba la habitación, subÃa a donde estábamos nosotros y luego desaparecÃa ante sus ojos. Para empeorar las cosas, la cuna del bebé comenzó a sacudirse violentamente moviéndose hacia nosotros. Era una cuna de madera bastante pesada y a pesar de eso, se movÃa con fuerza. Le rogué a Italia que nos fuéramos, pero ella seguÃa preguntándole a Areli si necesitaba algo. Entonces, la luz de la habitación se apagó de repente y desde las ventanas fuertes ráfagas de viento hicieron que las cortinas se agitaran frenéticamente. PodÃa escuchar a Mona, ladrando furiosamente hacia las ventanas y entre las cortinas, alcancé a ver la silueta de una mujer que nos observaba el miedo me hizo temblar y lo único que me sacó de aquel trance fue el sacerdote, quien nos pidió que nos marcháramos, explicando que ese espacio pertenecÃa a la madre difunta y que, al parecer, tenÃa un conflicto con nuestra presencia en ese lugar. Al parecer, Italia quedó profundamente conmocionada por lo que habÃa ocurrido. Estaba en silencio y parecÃa estar procesando todo lo sucedido. Yo le dije que no querÃa quedarme allà a esperar a que ocurriera algo más y que si ella deseaba quedarse, era libre de hacerlo, pero que la bebé y yo no regresarÃamos hasta que fuera seguro. Entonces Italia nos sorprendió a ambos al decir algo que no esperábamos. Pude escuchar A Areli nos contó que durante todo lo que estaba sucediendo, escuchó el llanto de una niña en un rincón de la habitación. Parece que la madre e hija habÃan quedado estancadas en nuestro plano y sólo serÃa necesario dedicarles algunas ceremonias religiosas para no olvidarla. Ciertamente, esta revelación fue algo que nunca habrÃa imaginado. El sacerdote se ofreció a buscar sus nombres y llevar a cabo una ceremonia en su honor. Por lo pronto nos recomendó no quedarnos en casa para evitar riesgos innecesarios. En los dÃas siguientes se llevaron a cabo una serie de ceremonias en honor a ellas y se rezaron rosarios completos en la casa. Las situaciones anormales disminuyeron gradualmente hasta que la habitación del bebé volvió a la normalidad. En una ocasión, cuando todo ya habÃa pasado, le pregunté a Italia por qué habÃa sentido tanta fascinación por Areli. Ella me confesó que desde el incidente con el talco habÃa llegado a ver a la niña a esconderse de ella y le pareció algo tierno, pero todo parecÃa indicar que de quien se escondÃa a Arelie se trataba de la difunta madre. Finalmente, la situación en la LNS se volvió a la normalidad, al igual que en las demás viviendas de nuestros vecinos. Sin duda fue un evento que nadie desearÃa vivir y que resultó ser extremadamente complicado de superar. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








