Dec. 10, 2023

El Alma de Mi Amigo: Tragedias y Espiritualidad en Guadalajara Historias De Terror - REDE

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El alma de mi amigo. Mis padres compraron un local en el mercado dieciocho de marzo. Ellos eran originarios de Jocotepec. En el tiempo en que vivieron en ese pueblo, mi padre se dedicó a la siembra y cosecha de fruta y verdura. Mi madre ocupó su tiempo en cuidarnos y atender la casa. Éramos siete hijos. Hubo una época en la que llovió mucho. Cuando eso sucedía, las cosechas se echaban a perder. Recuerdo que tenía once años cuando cayó un ciclón en colima, aunque mi mamá decía que a nosotros no nos afectaba como a las personas que vivían en la costa. De todas maneras, la lluvia fue intensa. Aquella vez, el firmamento se puso completamente negro. Yo vi un remolino que se hizo en el cielo. Mi papá dijo que se trataba de una culebra de agua y sí lo parecía. Esa noche no paró de ello llover. Al día siguiente, mi papá se levantó muy temprano para ver en qué condiciones estaba la siembra. Todo estaba inundado de agua. Aquella vez, todo lo que se había sembrado se echó a perder. Fue cuando mi papá tomó la decisión de vender la casa e irnos a vivir a Guadalajara. Dijo que ya no podía depender del tiempo, Tenía que basar su economía en algo más sólido. A mi mamá no le agradó la idea de dejar el lugar en el que vivió toda su vida, pero no le quedó otra opción que aceptar la decisión de mi papá. Por lo demás, estaba bien porque ella decía que cuando había una culebra como la de ese día significaba que iba a suceder una desgracia. Eso fue lo único que la motivó a irse. Llegamos a la ciudad de Guadalajara en los primeros días de septiembre. Mi papá dijo que era un buen tiempo para que nos inscribieran. En la primaria. Él tenía un tío que nos dio asilo en su casa, en lo que lográbamos conseguir casa y la manera de salir adelante u n o que no conocíamos. Sólo mi papá le tenía confianza nos ayudó a conseguir una casa que estaba en venta muy cerca de la suya. En un inicio, mi papá empezó rentando un local en el mercado. Mi tío le dijo a mi padre dónde comprar la fruta y la verdura a buen precio en el mercado de abastos que no quedaba lejos de donde vivíamos. Poco a poco, nos fuimos adaptando a esa nueva forma de vida, porque no era lo mismo que en el pueblo. Después de un tiempo que mi papá estuvo rentando el local en el mercado, el dueño le dijo que se lo vendía porque ya estaba grande y cansado, ya no lo podía atender. Así fue la forma como empezamos a echar raíces en esta ciudad. Mi padre me llevaba a vender al puesto los días que no iba a la escuela. También cuando salía de la primaria, me iba directo a ayudarle. Como era el mayor de mis hermanos, Él me decía que se apoyaba en mí. Al lado del local que compró mi papá había una señora grande que vendía ropa para dama. Ella tenía un nieto de mi edad. Él también iba con su abuela a ayudarle a vender, por lo que nos hicimos grandes amigos. Él se llamaba Ignacio, pero todos le decían Nachito ya no se me hacía enfadoso ir a ayudar a mi papá, porque cuando teníamos oportunidad, jugábamos al lado del mercado, había un parque pequeño, lo suficiente para divertirnos con la pelota. Nachito iba en el mismo grado que yo, así que a veces hacíamos la tarea juntos en el local de su abuela o con mi papá. Un día, Nachito me dijo que él casi no conocía a su mamá porque la veía muy poco y que de su papá no sabía nada a quien veía cómo su madre era su abuela. Ella lo cuidaba desde muy chiquito. No conocía a otro familiar más que a ella. También me dijo que no tenía hermanos. Si acaso los tenía, no los conocía. Los dos estábamos en el sexto grado de la primaria cuando fue fecha para hacer trámites a la secundaria. Nos pusimos de acuerdo para entrar a la misma. Así lo hicimos y comenzamos a estudiar en la misma escuela. Tuvimos mucha suerte porque nos pusieron en el mismo salón, así que comenzamos una nueva etapa juntos. El local que mi padre compró en el mercado fue prosperando con lo que vendía alcanzaba para el sustento de la casa. Había ocasiones en que era necesario que mi papá se llevara algunas cajas de fruta o verdura a la casa, por qué en el local no había el espacio suficiente. Aquella vez se llevó una caja de aguacates verdes y otra de plátanos. Los puso en la entrada de la casa, junto al mueble de la televisión. Mi hermano más pequeño apenas tenía un año, él andaba por toda la casa gateando esa tarde. De repente se puso a llorar. Mi mamá pensó que tenía hambre, pero él no quería comer. Seguía llorando. Mi mamá estaba desesperada lo metió a bañar para ver si se calmaba. Un poco. Cuando estaba dentro de la tina, mi mierda hermanito se desmayó o convulsionó. No supe que le pasó. Mi mamá comenzó a gritar. Se llevaron a mi hermanito al doctor, pero el hospital quedaba muy lejos y en lo que llegaban mi hermanito, José murió. Después, mi papá nos dijo que le había picado un alacrán, pero como tardaron en atenderlo, el veneno se regó por todo su cuerpo. Mi papá se puso a revisar toda la casa buscando el alacrán. Cuando se dio cuenta de que en una de las cajas venían dos alacranes. Nos dijo que lo más seguro fue que se vinieron desde la costa en las cajas. Mis papás se pusieron muy mal. Sobre todo, mi mamá lloraba sin encontrar consuelo. Fue una época difícil para todos. Cuando se acercó el día de muertos, mi mamá preparó el altar de muertos. Decía que era para que José viniera a visitarlos. En el altar. Le ponía dulces, un jarrito con leche y juguetes. Nos decía que nosotros también le pusiéramos lo que a él le podría gustar. Le compré una sonaja y se la puse en el altar. Se me hacía una medida desesperada de mi mamá por creer que de verdad mi hermanito iba a venir. No creía en lo que ella decía, pero no se lo quise decir. Cuando entramos a segundo de secundaria, comencé a ver cambios en mi amigo Nacho. Él empezó a juntarse con unos muchachos de tercero y empezó a cambiar mucho. Ya no quería juntarse conmigo. Faltaba a la escuela, no cumplía con las tareas y casi ya no iba al local de su abuela. Un día, Doña Margarita, la abuela de Nacho, se acercó conmigo. Me preguntó si sabía algo de él, porque ya casi no estaba en la casa. Llegaba tarde y lo veía muy poco. No quise decirle a Doña Margarita que a él ya no le interesaba la escuela y por lo que veía, creía que Nacho estaba metido en drogas. Le respondí que yo lo veía muy poco. Él se había hecho otros amigos y ya no nos juntábamos. La señora me dijo que cualquier cosa que supo pira de Nacho no dudara en decirle porque a ella le preocupaba su nieto. Le dije que estaría al pendiente de él y, en cuanto supiera algo iba a su casa a decirle. Comencé a ponerle más atención. A Nacho. En efecto, se juntaba con otros muchachos que se drogaban en la secundaria. También decían que se iban a robar a los camiones, se subían con una navaja y le quitaban a las personas sus pertenencias. Incluso llegaron a bajar al chofer y quedarse con el camión más adelante lo dejaban abandonado. Sentí el compromiso de decirle a Doña Margarita lo que estaba sucediendo para que hiciera lo necesario y pudiera alejarlo de esas amistades. Intenté acercarme a Nacho, pero él ya no me escuchó. Me dijo que no me metiera en su vida. Cuando le dije a la señora todo lo que hacía. Nacho no le sorprendió tanto. Me dijo que ya se imaginaba que andaba en malos pasos porque lo veía que se compraba artículos caros de dónde sacaba dinero. Si él no trabajaba, me pidió que lo ayudara porque tenía miedo que le sucediera algo. Le dije que sí, pero no sabía cómo hacerlo. Ya lo había intentado y a él no le interesaba hablar conmigo. Una noche que estaba en mi habitación jugando videojuegos, empecé a escuchar sonidos en la ventana. Me asomé era Nacho que estaba aventando piedras al cristal para que saliera vi el reloj y eran casi las doce de la noche. Se le veía desesperado porque caminaba de un lado al otro. Me asomé por la ventana para hacer una señal de que enseguida saldría bajé con cuidado para no hacer ruido. Cuando vi a Nacho, estaba pálido, ojeroso y sumamente nervioso. Le pregunté qué le sucedía. Me sorprendió que se pusiera a llorar. Me decía palabras entrecortadas que no lograba entender. Le pedí que se calmara un poco, que se tranquilizara, lo ayudaría en cualquier cosa que él necesitara. Se puso en cuclillas y se cubrió el rostro para que no lo viera llorar, Pero escuchaba su llanto doloroso. Sólo me limité a abrazarlo. De repente se incorporó. Me dijo que era preciso irse porque no quería que también me lastimaran a mí. Se fue corriendo hacia la calle oscura. No supe si ir detrás de él o despertar a mis padres. Me quedé muy confundido. Estuve durante un rato más afuera de la casa con la esperanza de que Nacho regresara, pero no lo hizo. Seguramente pasó más de una hora. Cuando me di cuenta que él no regresaría, pensé en ir a su casa, pero él no vivía en la colonia. Tenía que ir hasta la colonia moderna. Era donde vivía con su abuela, Margarita, pero a esa hora no podía hacer mucho. Me fui a mi cuarto, dejé la cortina abierta para ver si en algún momento Nacho aparecía y me quedé dormido sin darme cuenta. El día siguiente era sábado, me levanté y me fui de inmediato al puesto de mi padre con la esperanza de ver a Doña Margarita y preguntarle por Nacho, pero ella no abrió su local en el mercado empezó a correr el rumor de que Nacho estaba muerto. Le pregunté de inmediato a mi papá si él sabía algo. Mi padre se limitó a mover la cabeza. No quiso decirme. Cuando llegué me dijo que Nacho se había quitado la vida en la casa de su abuela. Cuando mi padre me dijo eso, no lo podía creer. Si apenas anoche lo había visto, no pude evitar llorar. Le dije a mi papá que quería ir a verlo. Me dijo que me esperara. Aún no lo estaban velando su cuerpo. Se lo habían llevado los del servicio Forense me sentía desesperado, me senté a llorar de nuevo. Nacho acudió conmigo la noche anterior y no fui capaz de ayudarlo. Me sentí culpable, pensando que si hubiera actuado de otra manera, Nacho aún estaría vivo. Tardaron tres días en entregar su cuerpo. Mis padres y muchas personas del mercado estuvimos acompañando a Doña Margarita en la funeraria. Mis padres se quedaron hasta entrada la noche. En la madrugada me dijeron que se irían a descansar. Querían que me fuera con ellos. Les dije que no me quedaría con Nacho. Hasta el último momento. Mis padres se fueron y me dejaron con Doña Margarita antes de que amaneciera a la sala funeraria. Se quedó casi sola. Sólo habíamos como diez personas en ese momento. Doña Margarita se me acercó. Me dijo que tenía muchas cosas que decirme ya cuando pasara todo me esperaba en su casa. Además, me quería regalar las pertenencias de Nacho. Asentí y le dije que ahí estaría. Me salí un rato afuera de la funeraria. Ya se veía la penumbra de la noche que hacía contraste con los rayos de sol que intentaban salir mientras pensaba en mi amigo sentí como si alguien estuviera detrás. Fue una sensación fría que hizo que me frotara los brazos. Después percibí como si alguien tocara mi cabello porque se me movió y no estaba haciendo nada de aire. Me quedé parado sin moverme por mi mente pasó que podría ser Nacho. Escuché que alguien decía mi nombre. Volteé hacia el interior de la funeraria. Doña Margarita estaba adentro. Me acerqué a ella para preguntarle si me había hablado. Ella me respondió que no. Con lágrimas en los ojos. Me dijo que ella también sentía su presencia. Sabía que Nacho aún estaba con ellos. Cuando la abuela de Nacho me dijo que ella también se daba cuenta de su presencia. Ya no tuve dudas de que era Nacho. Él quería decirnos algo durante ese día estuve acompañando el cuerpo de mi amigo a las doce del día. Fue sumisa y enseguida su entierro. Nos fuimos al cementerio de Mezquitán. Doña Margarita tenía una propiedad que perteneció a sus padres. Ellos estaban sepultados en ese lugar. Ella me dijo que le daba tranquilidad saber que su nieto estaba acompañado con sus padres. Ellos lo llevarían por el camino correcto hasta encontrar el descanso de su alma, porque ella se daba cuenta que el espíritu de su nieto todavía estaba en este mundo. Mis padres, al igual que mis hermanos, estuvieron presentes. Después que terminó todo el ritual, nos despedimos de Doña Margarita. Mi madre le ofreció que se fuera unos días a nuestra casa para que no estuviera tan sola, pero la señora no aceptó. Después de la muerte de mi amigo Doña Margarita, no fue a vender al mercado. Los dos primeros días pensamos que era normal, pero al tercer día le dije a mi papá que quería ir a visitarla. Él me dijo que iríamos juntos. Doña Margarita necesitaba un poco de consuelo. Cuando cerramos el local, nos fuimos a su casa, tocamos en su puerta, pero nadie salió a abrirnos nos quedamos por un rato sin obtener respuesta. Mi papá me dijo que iríamos. Al día siguiente se acercaba el día de Muertos. Mi mamá empezaba a hacer el altar de muerto para mi hermanito José. Le dije que tenía algunas fotos que me tomé con mi amigo Nacho. Quería también ponerlo en el altar. Ayudé a mi mamá a hacer las flores de Cempasuchi li el papel pi Pusimos en el altar lo que sabíamos que le gustaba a Nacho y a José. Sólo la noche previa al primero y dos de noviembre dejamos encendidas las veladoras para iluminar el camino de regreso a casa de nuestros seres queridos. En ocasiones me despertaba para revisar que todo estuviera bien con las veladoras o en caso de que una se consumiera encender otra. La primera noche todo estuvo tranquilo en silencio, sin que hubiera nada extraño. Sin embargo, en la madrugada del dos de noviembre me levanté al baño. Escuché como si alguien estuviera abajo rezando. Pensé que podría ser mi mamá, aunque se me hizo una hora inadecuada para hacerlo. Bajé para decirle a mi mamá que se fuera a dormir por la mañana. La acompañaría a rezar por nuestros difuntos. Me sorprendí cuando no había nadie, pero seguía escuchando un murmullo. Ya no estaba seguro si se trataba de una oración o simplemente de alguien que hablaba. Me asomé por la ventana para ver afuera de mi casa, porque a esa hora de la noche cualquier sonido era confuso, pero no había nadie. En el momento en que me volteé pude ver una sombra que se iba al lado más oscuro de la casa. Iba a ir a esa parte, pero no lo hice porque me dio miedo. Tuve temor que se tratara de Nacho, aunque no tenía por qué Temerle me subí de inmediato a mi cuarto y cerré la puerta con seguro. Me quedé en la cama despierto por debajo de la puerta alcancé a ver unos pies que se quedaron por un instante detenidos afuera de mi habitación. Pude verlos porque mi madre siempre dejaba encendida una lámpara en el pasillo. Daba una luz muy tenue, pero lo suficiente para ver que alguien estaba afuera de mi habitación. Después los pies desaparecieron. Me quedé despierto porque seguía escuchando algunos sonidos que venían de la parte de abajo de mi casa. Así estuve hasta las cuatro de la mañana. El sueño comenzaba a hacer de las uras. Estaba a punto de dormirme cuando oí que alguien pronunciaba mi nombre. De nuevo me incorporé, pensando que sólo lo había soñado, pero no fue así. Nuevamente escuché mi nombre claramente sin saber qué hacer. Me quedé en la cama. No quise salir por miedo de encontrarme con el espíritu de nacho, porque esa voz que escuché era igual a la de él. Al día siguiente me levanté tarde no tenía clases en la escuela. Mi madre había comprado pan de muerto para el desayuno. Me preguntó si me sentía bien, porque me veía desmejorado. Mis hermanos estaban en la mesa. No le quise decir nada. Más tarde, cuando ellos se fueron a ver la televisión, le platiqué lo que había ocurrido en la madrugada. Ella me dijo que también le había pasado algo muy extraño. Me dijo que la puerta de su habitación estaba cerrada. Se dio cuenta que la abrían porque tenía un rechinido. Lo oyó. Cuando comenzó a abrirse lentamente, detuvo su plática porque se le notaba que estaba nerviosa. Terminó diciéndome que vio la sombra de alguien. No pudo ver con claridad de quién se trataba, pero ella creía que era el espíritu de Nacho porque alcanzó a percibir aquel olor a tabaco tan impregnado que él tenía. Después que ella me contó lo ocurrido, no pude dejar de pensar en dos cosas, una en que era el espíritu de mi amigo y que era necesario hacer algo por su alma, y la otra pensé en Doña Margarita. Quizás a ella también se le estaba apareciendo el alma de mi amigo. Le comenté a mi madre sobre Doña Margarita. Le pedí que me acompañara a verla. Le conté que un día fui con mi papá pero nadie nos abrió. Era necesario ver cómo estaba y lo que estaba sucediendo con el espíritu de Nacho enseguida. Fuimos a la casa de Doña Margarita. Ella vivía en una vivienda antigua, ya que era una de las colonias en el centro de las que empezaron en los orígenes de Guadalajara. Cuando llegamos a su casa vimos el descuido por todas partes. La calle estaba sin barrer, las plantas se estaban secando. Había suciedades de perros que nadie había recogido. Sabía que Doña Margarita era una persona que le gustaba tener su calle muy limpia. Lo manifestaba también en el local. Siempre barría alrededor de él. Antes de abrirlo, tocamos el timbre sin que nadie saliera. Mi mamá empezó a tocar con fuerza, pero nadie salió a atendernos. Mi mamá me dijo que no era normal. Tenía que hacer algo por Doña Margarita. Fuimos con algunos vecinos para preguntar por ella, sin que nadie nos pudiera dar razón. Mi madre me dijo que no tenía otra opción que romper un cristal. Así lo hizo. Fue la única manera en la que pudimos entrar. En cuanto abrimos la puerta, había un olor a humedad muy fuerte. Buscamos a Doña Margarita pensando que le había ocurrido lo peor la encontramos en su habitación, en su cama a urda. Mi mamá fue la que se atrevió a tocarla Doña Margarita estaba enferma. Todavía respiraba, aunque se le notaba que no se encontraba nada bien. Mi mamá llamó a la ambulancia y se fue con ella al hospital. Me dijo que me fuera a la casa con mis hermanos y le avisará a mi papá antes de irme de la casa en la que vivió mi amigo Nacho. Fui a su habitación sólo para sentir que todavía se encontraba ahí sus pertenencias. Abrí el clóset para ver su ropa me llamó la atención ver un objeto que estaba en el buró de su cama. Era una pulsera tejida que él me había regalado. Esa pulsera me gustaba mucho porque Nacho eligió los colores que sabía que eran mis preferidos y porque él me la tejió. Mi sorpresa fue muy grande porque esa pulsera la tenía en mi casa, en el cajón de mi cómoda. No tenía la menor idea de cómo había llegado hasta ahí. De pronto escuché un ruido en la sala, pero era el gato que le perteneció a Nacho. También estaba muy descuidado. Lo que me asustó un poco fue darme cuenta que el gato maullaba mirando a un lado específico del lugar. Luego empezó a restregarse en el sillón mientras seguía maullando. Agarré el gato y me fui a mi casa con él. A mis hermanos les agradó la idea de que llevara una mascota a la casa. Les dije que estaría con nosotros en lo que Doña Margarita salía del hospital. Después lo llevaríamos de regreso. Mi madre llegó más tarde me dijo que Doña Margarita se había quedado internada en el seguro. Le llamó a uno de sus hijos para que vinieran a verla. Uno de ellos dijo que ya venía para Guadalajara. Cuando mi mamá vio al gato, me dijo que sólo estaría por unos días. Luego que mi madre hizo las labores de la casa, me acerqué con ella para decirle lo que me había ocurrido en la casa de Doña Margarita. Ella me dijo que creía que el alma de Nacho no estaba descansando, aunque no sabía qué podía hacer al respecto. De repente, se acordó de una amiga que leía el tarot y hacía limpias. Le habló por teléfono para decirle lo que estaba sucediendo. Ella quedó de ir a nuestra casa en cuanto le fuera posible. La amiga de mi madre llegó por la tarde. Ella se llamaba Patti en Cuando entró a la casa nos dijo que había una energía no muy buena en la casa. Vio el altar de muertos y tomó la foto de Nacho. Ella no lo conocía y en el altar había fotos no sólo de él y de José, sino de más familiares muertos. Se quedó con la foto mientras recorría la sala, la cocina y el patio. Ella nos dijo que mi amigo estaba presente. Mi mamá le contó con más detalles lo sucedido con Nacho. Patti nos explicó que el alma de una persona tenía dos lados espirituales. La bondad que la caracterizaba, pero otra parte mala, que trataba de luchar con ella y de mantenerla controlada. Pero cuando la persona muere, su parte buena se va a otro nivel espiritual, pero la parte mala se quedaba a pagar sus deudas en la tierra. Se me hizo una manera distinta de ver la muerte. No estaba de acuerdo con ella, pero la seguí escuchando. Lo siguiente sí me interesó. Nos dijo que haría un ritual para tratar de guiar el espíritu de Nacho para que se fuera al lugar que le correspondía. Patty comenzó a perfumar toda la casa con un humo aromático. Al mismo tiempo susurraba unas plegarias. Continuó con su ritual. Mientras lo hacía noté cómo se caía la veladora y derramaba la cera. Patty detuvo sus oraciones para decirnos que era la evidencia de que Nacho aún seguía en este mundo. Le dije a Patty que ayudara a mi amigo. Su alma tenía que descansar antes de terminar el ritual. Pati nos dijo que cada quien en nuestra mente le dijéramos a Nacho lo que quisiéramos. Después de terminar nuestro pensamiento, fuéramos al altar y apagáramos una de las velas encendidas. Así lo hicimos. No sé si fue superstición, pero comen a ser sentir que respiraba mejor. Era como si el espacio estuviera más libre antes de irse. Paty nos dijo que el ritual no terminaba ahí había que encender una vela. Pedir por el descanso del alma de Nacho, por lo menos durante un mes, platicar con él y apagar la fuente de luz. Era un poco escéptico respecto a ese tipo de creencias, pero desde que murió mi amigo. Hago el ritual por el descanso del alma del difunto. A partir de que Patty realizó la limpia de alma. Dejamos de escuchar sonidos en la casa por la noche, aunque hay ocasiones en las que todavía percibo un ligero olor a tabaco. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas