El Alma de Mi Amigo: Tragedias y Espiritualidad en Guadalajara Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
El alma de mi amigo. Mis padres compraron un local en el mercado dieciocho de marzo. Ellos eran originarios de Jocotepec. En el tiempo en que vivieron en ese pueblo, mi padre se dedicó a la siembra y cosecha de fruta y verdura. Mi madre ocupó su tiempo en cuidarnos y atender la casa. Ãramos siete hijos. Hubo una época en la que llovió mucho. Cuando eso sucedÃa, las cosechas se echaban a perder. Recuerdo que tenÃa once años cuando cayó un ciclón en colima, aunque mi mamá decÃa que a nosotros no nos afectaba como a las personas que vivÃan en la costa. De todas maneras, la lluvia fue intensa. Aquella vez, el firmamento se puso completamente negro. Yo vi un remolino que se hizo en el cielo. Mi papá dijo que se trataba de una culebra de agua y sà lo parecÃa. Esa noche no paró de ello llover. Al dÃa siguiente, mi papá se levantó muy temprano para ver en qué condiciones estaba la siembra. Todo estaba inundado de agua. Aquella vez, todo lo que se habÃa sembrado se echó a perder. Fue cuando mi papá tomó la decisión de vender la casa e irnos a vivir a Guadalajara. Dijo que ya no podÃa depender del tiempo, TenÃa que basar su economÃa en algo más sólido. A mi mamá no le agradó la idea de dejar el lugar en el que vivió toda su vida, pero no le quedó otra opción que aceptar la decisión de mi papá. Por lo demás, estaba bien porque ella decÃa que cuando habÃa una culebra como la de ese dÃa significaba que iba a suceder una desgracia. Eso fue lo único que la motivó a irse. Llegamos a la ciudad de Guadalajara en los primeros dÃas de septiembre. Mi papá dijo que era un buen tiempo para que nos inscribieran. En la primaria. Ãl tenÃa un tÃo que nos dio asilo en su casa, en lo que lográbamos conseguir casa y la manera de salir adelante u n o que no conocÃamos. Sólo mi papá le tenÃa confianza nos ayudó a conseguir una casa que estaba en venta muy cerca de la suya. En un inicio, mi papá empezó rentando un local en el mercado. Mi tÃo le dijo a mi padre dónde comprar la fruta y la verdura a buen precio en el mercado de abastos que no quedaba lejos de donde vivÃamos. Poco a poco, nos fuimos adaptando a esa nueva forma de vida, porque no era lo mismo que en el pueblo. Después de un tiempo que mi papá estuvo rentando el local en el mercado, el dueño le dijo que se lo vendÃa porque ya estaba grande y cansado, ya no lo podÃa atender. Asà fue la forma como empezamos a echar raÃces en esta ciudad. Mi padre me llevaba a vender al puesto los dÃas que no iba a la escuela. También cuando salÃa de la primaria, me iba directo a ayudarle. Como era el mayor de mis hermanos, Ãl me decÃa que se apoyaba en mÃ. Al lado del local que compró mi papá habÃa una señora grande que vendÃa ropa para dama. Ella tenÃa un nieto de mi edad. Ãl también iba con su abuela a ayudarle a vender, por lo que nos hicimos grandes amigos. Ãl se llamaba Ignacio, pero todos le decÃan Nachito ya no se me hacÃa enfadoso ir a ayudar a mi papá, porque cuando tenÃamos oportunidad, jugábamos al lado del mercado, habÃa un parque pequeño, lo suficiente para divertirnos con la pelota. Nachito iba en el mismo grado que yo, asà que a veces hacÃamos la tarea juntos en el local de su abuela o con mi papá. Un dÃa, Nachito me dijo que él casi no conocÃa a su mamá porque la veÃa muy poco y que de su papá no sabÃa nada a quien veÃa cómo su madre era su abuela. Ella lo cuidaba desde muy chiquito. No conocÃa a otro familiar más que a ella. También me dijo que no tenÃa hermanos. Si acaso los tenÃa, no los conocÃa. Los dos estábamos en el sexto grado de la primaria cuando fue fecha para hacer trámites a la secundaria. Nos pusimos de acuerdo para entrar a la misma. Asà lo hicimos y comenzamos a estudiar en la misma escuela. Tuvimos mucha suerte porque nos pusieron en el mismo salón, asà que comenzamos una nueva etapa juntos. El local que mi padre compró en el mercado fue prosperando con lo que vendÃa alcanzaba para el sustento de la casa. HabÃa ocasiones en que era necesario que mi papá se llevara algunas cajas de fruta o verdura a la casa, por qué en el local no habÃa el espacio suficiente. Aquella vez se llevó una caja de aguacates verdes y otra de plátanos. Los puso en la entrada de la casa, junto al mueble de la televisión. Mi hermano más pequeño apenas tenÃa un año, él andaba por toda la casa gateando esa tarde. De repente se puso a llorar. Mi mamá pensó que tenÃa hambre, pero él no querÃa comer. SeguÃa llorando. Mi mamá estaba desesperada lo metió a bañar para ver si se calmaba. Un poco. Cuando estaba dentro de la tina, mi mierda hermanito se desmayó o convulsionó. No supe que le pasó. Mi mamá comenzó a gritar. Se llevaron a mi hermanito al doctor, pero el hospital quedaba muy lejos y en lo que llegaban mi hermanito, José murió. Después, mi papá nos dijo que le habÃa picado un alacrán, pero como tardaron en atenderlo, el veneno se regó por todo su cuerpo. Mi papá se puso a revisar toda la casa buscando el alacrán. Cuando se dio cuenta de que en una de las cajas venÃan dos alacranes. Nos dijo que lo más seguro fue que se vinieron desde la costa en las cajas. Mis papás se pusieron muy mal. Sobre todo, mi mamá lloraba sin encontrar consuelo. Fue una época difÃcil para todos. Cuando se acercó el dÃa de muertos, mi mamá preparó el altar de muertos. DecÃa que era para que José viniera a visitarlos. En el altar. Le ponÃa dulces, un jarrito con leche y juguetes. Nos decÃa que nosotros también le pusiéramos lo que a él le podrÃa gustar. Le compré una sonaja y se la puse en el altar. Se me hacÃa una medida desesperada de mi mamá por creer que de verdad mi hermanito iba a venir. No creÃa en lo que ella decÃa, pero no se lo quise decir. Cuando entramos a segundo de secundaria, comencé a ver cambios en mi amigo Nacho. Ãl empezó a juntarse con unos muchachos de tercero y empezó a cambiar mucho. Ya no querÃa juntarse conmigo. Faltaba a la escuela, no cumplÃa con las tareas y casi ya no iba al local de su abuela. Un dÃa, Doña Margarita, la abuela de Nacho, se acercó conmigo. Me preguntó si sabÃa algo de él, porque ya casi no estaba en la casa. Llegaba tarde y lo veÃa muy poco. No quise decirle a Doña Margarita que a él ya no le interesaba la escuela y por lo que veÃa, creÃa que Nacho estaba metido en drogas. Le respondà que yo lo veÃa muy poco. Ãl se habÃa hecho otros amigos y ya no nos juntábamos. La señora me dijo que cualquier cosa que supo pira de Nacho no dudara en decirle porque a ella le preocupaba su nieto. Le dije que estarÃa al pendiente de él y, en cuanto supiera algo iba a su casa a decirle. Comencé a ponerle más atención. A Nacho. En efecto, se juntaba con otros muchachos que se drogaban en la secundaria. También decÃan que se iban a robar a los camiones, se subÃan con una navaja y le quitaban a las personas sus pertenencias. Incluso llegaron a bajar al chofer y quedarse con el camión más adelante lo dejaban abandonado. Sentà el compromiso de decirle a Doña Margarita lo que estaba sucediendo para que hiciera lo necesario y pudiera alejarlo de esas amistades. Intenté acercarme a Nacho, pero él ya no me escuchó. Me dijo que no me metiera en su vida. Cuando le dije a la señora todo lo que hacÃa. Nacho no le sorprendió tanto. Me dijo que ya se imaginaba que andaba en malos pasos porque lo veÃa que se compraba artÃculos caros de dónde sacaba dinero. Si él no trabajaba, me pidió que lo ayudara porque tenÃa miedo que le sucediera algo. Le dije que sÃ, pero no sabÃa cómo hacerlo. Ya lo habÃa intentado y a él no le interesaba hablar conmigo. Una noche que estaba en mi habitación jugando videojuegos, empecé a escuchar sonidos en la ventana. Me asomé era Nacho que estaba aventando piedras al cristal para que saliera vi el reloj y eran casi las doce de la noche. Se le veÃa desesperado porque caminaba de un lado al otro. Me asomé por la ventana para hacer una señal de que enseguida saldrÃa bajé con cuidado para no hacer ruido. Cuando vi a Nacho, estaba pálido, ojeroso y sumamente nervioso. Le pregunté qué le sucedÃa. Me sorprendió que se pusiera a llorar. Me decÃa palabras entrecortadas que no lograba entender. Le pedà que se calmara un poco, que se tranquilizara, lo ayudarÃa en cualquier cosa que él necesitara. Se puso en cuclillas y se cubrió el rostro para que no lo viera llorar, Pero escuchaba su llanto doloroso. Sólo me limité a abrazarlo. De repente se incorporó. Me dijo que era preciso irse porque no querÃa que también me lastimaran a mÃ. Se fue corriendo hacia la calle oscura. No supe si ir detrás de él o despertar a mis padres. Me quedé muy confundido. Estuve durante un rato más afuera de la casa con la esperanza de que Nacho regresara, pero no lo hizo. Seguramente pasó más de una hora. Cuando me di cuenta que él no regresarÃa, pensé en ir a su casa, pero él no vivÃa en la colonia. TenÃa que ir hasta la colonia moderna. Era donde vivÃa con su abuela, Margarita, pero a esa hora no podÃa hacer mucho. Me fui a mi cuarto, dejé la cortina abierta para ver si en algún momento Nacho aparecÃa y me quedé dormido sin darme cuenta. El dÃa siguiente era sábado, me levanté y me fui de inmediato al puesto de mi padre con la esperanza de ver a Doña Margarita y preguntarle por Nacho, pero ella no abrió su local en el mercado empezó a correr el rumor de que Nacho estaba muerto. Le pregunté de inmediato a mi papá si él sabÃa algo. Mi padre se limitó a mover la cabeza. No quiso decirme. Cuando llegué me dijo que Nacho se habÃa quitado la vida en la casa de su abuela. Cuando mi padre me dijo eso, no lo podÃa creer. Si apenas anoche lo habÃa visto, no pude evitar llorar. Le dije a mi papá que querÃa ir a verlo. Me dijo que me esperara. Aún no lo estaban velando su cuerpo. Se lo habÃan llevado los del servicio Forense me sentÃa desesperado, me senté a llorar de nuevo. Nacho acudió conmigo la noche anterior y no fui capaz de ayudarlo. Me sentà culpable, pensando que si hubiera actuado de otra manera, Nacho aún estarÃa vivo. Tardaron tres dÃas en entregar su cuerpo. Mis padres y muchas personas del mercado estuvimos acompañando a Doña Margarita en la funeraria. Mis padres se quedaron hasta entrada la noche. En la madrugada me dijeron que se irÃan a descansar. QuerÃan que me fuera con ellos. Les dije que no me quedarÃa con Nacho. Hasta el último momento. Mis padres se fueron y me dejaron con Doña Margarita antes de que amaneciera a la sala funeraria. Se quedó casi sola. Sólo habÃamos como diez personas en ese momento. Doña Margarita se me acercó. Me dijo que tenÃa muchas cosas que decirme ya cuando pasara todo me esperaba en su casa. Además, me querÃa regalar las pertenencias de Nacho. Asentà y le dije que ahà estarÃa. Me salà un rato afuera de la funeraria. Ya se veÃa la penumbra de la noche que hacÃa contraste con los rayos de sol que intentaban salir mientras pensaba en mi amigo sentà como si alguien estuviera detrás. Fue una sensación frÃa que hizo que me frotara los brazos. Después percibà como si alguien tocara mi cabello porque se me movió y no estaba haciendo nada de aire. Me quedé parado sin moverme por mi mente pasó que podrÃa ser Nacho. Escuché que alguien decÃa mi nombre. Volteé hacia el interior de la funeraria. Doña Margarita estaba adentro. Me acerqué a ella para preguntarle si me habÃa hablado. Ella me respondió que no. Con lágrimas en los ojos. Me dijo que ella también sentÃa su presencia. SabÃa que Nacho aún estaba con ellos. Cuando la abuela de Nacho me dijo que ella también se daba cuenta de su presencia. Ya no tuve dudas de que era Nacho. Ãl querÃa decirnos algo durante ese dÃa estuve acompañando el cuerpo de mi amigo a las doce del dÃa. Fue sumisa y enseguida su entierro. Nos fuimos al cementerio de Mezquitán. Doña Margarita tenÃa una propiedad que perteneció a sus padres. Ellos estaban sepultados en ese lugar. Ella me dijo que le daba tranquilidad saber que su nieto estaba acompañado con sus padres. Ellos lo llevarÃan por el camino correcto hasta encontrar el descanso de su alma, porque ella se daba cuenta que el espÃritu de su nieto todavÃa estaba en este mundo. Mis padres, al igual que mis hermanos, estuvieron presentes. Después que terminó todo el ritual, nos despedimos de Doña Margarita. Mi madre le ofreció que se fuera unos dÃas a nuestra casa para que no estuviera tan sola, pero la señora no aceptó. Después de la muerte de mi amigo Doña Margarita, no fue a vender al mercado. Los dos primeros dÃas pensamos que era normal, pero al tercer dÃa le dije a mi papá que querÃa ir a visitarla. Ãl me dijo que irÃamos juntos. Doña Margarita necesitaba un poco de consuelo. Cuando cerramos el local, nos fuimos a su casa, tocamos en su puerta, pero nadie salió a abrirnos nos quedamos por un rato sin obtener respuesta. Mi papá me dijo que irÃamos. Al dÃa siguiente se acercaba el dÃa de Muertos. Mi mamá empezaba a hacer el altar de muerto para mi hermanito José. Le dije que tenÃa algunas fotos que me tomé con mi amigo Nacho. QuerÃa también ponerlo en el altar. Ayudé a mi mamá a hacer las flores de Cempasuchi li el papel pi Pusimos en el altar lo que sabÃamos que le gustaba a Nacho y a José. Sólo la noche previa al primero y dos de noviembre dejamos encendidas las veladoras para iluminar el camino de regreso a casa de nuestros seres queridos. En ocasiones me despertaba para revisar que todo estuviera bien con las veladoras o en caso de que una se consumiera encender otra. La primera noche todo estuvo tranquilo en silencio, sin que hubiera nada extraño. Sin embargo, en la madrugada del dos de noviembre me levanté al baño. Escuché como si alguien estuviera abajo rezando. Pensé que podrÃa ser mi mamá, aunque se me hizo una hora inadecuada para hacerlo. Bajé para decirle a mi mamá que se fuera a dormir por la mañana. La acompañarÃa a rezar por nuestros difuntos. Me sorprendà cuando no habÃa nadie, pero seguÃa escuchando un murmullo. Ya no estaba seguro si se trataba de una oración o simplemente de alguien que hablaba. Me asomé por la ventana para ver afuera de mi casa, porque a esa hora de la noche cualquier sonido era confuso, pero no habÃa nadie. En el momento en que me volteé pude ver una sombra que se iba al lado más oscuro de la casa. Iba a ir a esa parte, pero no lo hice porque me dio miedo. Tuve temor que se tratara de Nacho, aunque no tenÃa por qué Temerle me subà de inmediato a mi cuarto y cerré la puerta con seguro. Me quedé en la cama despierto por debajo de la puerta alcancé a ver unos pies que se quedaron por un instante detenidos afuera de mi habitación. Pude verlos porque mi madre siempre dejaba encendida una lámpara en el pasillo. Daba una luz muy tenue, pero lo suficiente para ver que alguien estaba afuera de mi habitación. Después los pies desaparecieron. Me quedé despierto porque seguÃa escuchando algunos sonidos que venÃan de la parte de abajo de mi casa. Asà estuve hasta las cuatro de la mañana. El sueño comenzaba a hacer de las uras. Estaba a punto de dormirme cuando oà que alguien pronunciaba mi nombre. De nuevo me incorporé, pensando que sólo lo habÃa soñado, pero no fue asÃ. Nuevamente escuché mi nombre claramente sin saber qué hacer. Me quedé en la cama. No quise salir por miedo de encontrarme con el espÃritu de nacho, porque esa voz que escuché era igual a la de él. Al dÃa siguiente me levanté tarde no tenÃa clases en la escuela. Mi madre habÃa comprado pan de muerto para el desayuno. Me preguntó si me sentÃa bien, porque me veÃa desmejorado. Mis hermanos estaban en la mesa. No le quise decir nada. Más tarde, cuando ellos se fueron a ver la televisión, le platiqué lo que habÃa ocurrido en la madrugada. Ella me dijo que también le habÃa pasado algo muy extraño. Me dijo que la puerta de su habitación estaba cerrada. Se dio cuenta que la abrÃan porque tenÃa un rechinido. Lo oyó. Cuando comenzó a abrirse lentamente, detuvo su plática porque se le notaba que estaba nerviosa. Terminó diciéndome que vio la sombra de alguien. No pudo ver con claridad de quién se trataba, pero ella creÃa que era el espÃritu de Nacho porque alcanzó a percibir aquel olor a tabaco tan impregnado que él tenÃa. Después que ella me contó lo ocurrido, no pude dejar de pensar en dos cosas, una en que era el espÃritu de mi amigo y que era necesario hacer algo por su alma, y la otra pensé en Doña Margarita. Quizás a ella también se le estaba apareciendo el alma de mi amigo. Le comenté a mi madre sobre Doña Margarita. Le pedà que me acompañara a verla. Le conté que un dÃa fui con mi papá pero nadie nos abrió. Era necesario ver cómo estaba y lo que estaba sucediendo con el espÃritu de Nacho enseguida. Fuimos a la casa de Doña Margarita. Ella vivÃa en una vivienda antigua, ya que era una de las colonias en el centro de las que empezaron en los orÃgenes de Guadalajara. Cuando llegamos a su casa vimos el descuido por todas partes. La calle estaba sin barrer, las plantas se estaban secando. HabÃa suciedades de perros que nadie habÃa recogido. SabÃa que Doña Margarita era una persona que le gustaba tener su calle muy limpia. Lo manifestaba también en el local. Siempre barrÃa alrededor de él. Antes de abrirlo, tocamos el timbre sin que nadie saliera. Mi mamá empezó a tocar con fuerza, pero nadie salió a atendernos. Mi mamá me dijo que no era normal. TenÃa que hacer algo por Doña Margarita. Fuimos con algunos vecinos para preguntar por ella, sin que nadie nos pudiera dar razón. Mi madre me dijo que no tenÃa otra opción que romper un cristal. Asà lo hizo. Fue la única manera en la que pudimos entrar. En cuanto abrimos la puerta, habÃa un olor a humedad muy fuerte. Buscamos a Doña Margarita pensando que le habÃa ocurrido lo peor la encontramos en su habitación, en su cama a urda. Mi mamá fue la que se atrevió a tocarla Doña Margarita estaba enferma. TodavÃa respiraba, aunque se le notaba que no se encontraba nada bien. Mi mamá llamó a la ambulancia y se fue con ella al hospital. Me dijo que me fuera a la casa con mis hermanos y le avisará a mi papá antes de irme de la casa en la que vivió mi amigo Nacho. Fui a su habitación sólo para sentir que todavÃa se encontraba ahà sus pertenencias. Abrà el clóset para ver su ropa me llamó la atención ver un objeto que estaba en el buró de su cama. Era una pulsera tejida que él me habÃa regalado. Esa pulsera me gustaba mucho porque Nacho eligió los colores que sabÃa que eran mis preferidos y porque él me la tejió. Mi sorpresa fue muy grande porque esa pulsera la tenÃa en mi casa, en el cajón de mi cómoda. No tenÃa la menor idea de cómo habÃa llegado hasta ahÃ. De pronto escuché un ruido en la sala, pero era el gato que le perteneció a Nacho. También estaba muy descuidado. Lo que me asustó un poco fue darme cuenta que el gato maullaba mirando a un lado especÃfico del lugar. Luego empezó a restregarse en el sillón mientras seguÃa maullando. Agarré el gato y me fui a mi casa con él. A mis hermanos les agradó la idea de que llevara una mascota a la casa. Les dije que estarÃa con nosotros en lo que Doña Margarita salÃa del hospital. Después lo llevarÃamos de regreso. Mi madre llegó más tarde me dijo que Doña Margarita se habÃa quedado internada en el seguro. Le llamó a uno de sus hijos para que vinieran a verla. Uno de ellos dijo que ya venÃa para Guadalajara. Cuando mi mamá vio al gato, me dijo que sólo estarÃa por unos dÃas. Luego que mi madre hizo las labores de la casa, me acerqué con ella para decirle lo que me habÃa ocurrido en la casa de Doña Margarita. Ella me dijo que creÃa que el alma de Nacho no estaba descansando, aunque no sabÃa qué podÃa hacer al respecto. De repente, se acordó de una amiga que leÃa el tarot y hacÃa limpias. Le habló por teléfono para decirle lo que estaba sucediendo. Ella quedó de ir a nuestra casa en cuanto le fuera posible. La amiga de mi madre llegó por la tarde. Ella se llamaba Patti en Cuando entró a la casa nos dijo que habÃa una energÃa no muy buena en la casa. Vio el altar de muertos y tomó la foto de Nacho. Ella no lo conocÃa y en el altar habÃa fotos no sólo de él y de José, sino de más familiares muertos. Se quedó con la foto mientras recorrÃa la sala, la cocina y el patio. Ella nos dijo que mi amigo estaba presente. Mi mamá le contó con más detalles lo sucedido con Nacho. Patti nos explicó que el alma de una persona tenÃa dos lados espirituales. La bondad que la caracterizaba, pero otra parte mala, que trataba de luchar con ella y de mantenerla controlada. Pero cuando la persona muere, su parte buena se va a otro nivel espiritual, pero la parte mala se quedaba a pagar sus deudas en la tierra. Se me hizo una manera distinta de ver la muerte. No estaba de acuerdo con ella, pero la seguà escuchando. Lo siguiente sà me interesó. Nos dijo que harÃa un ritual para tratar de guiar el espÃritu de Nacho para que se fuera al lugar que le correspondÃa. Patty comenzó a perfumar toda la casa con un humo aromático. Al mismo tiempo susurraba unas plegarias. Continuó con su ritual. Mientras lo hacÃa noté cómo se caÃa la veladora y derramaba la cera. Patty detuvo sus oraciones para decirnos que era la evidencia de que Nacho aún seguÃa en este mundo. Le dije a Patty que ayudara a mi amigo. Su alma tenÃa que descansar antes de terminar el ritual. Pati nos dijo que cada quien en nuestra mente le dijéramos a Nacho lo que quisiéramos. Después de terminar nuestro pensamiento, fuéramos al altar y apagáramos una de las velas encendidas. Asà lo hicimos. No sé si fue superstición, pero comen a ser sentir que respiraba mejor. Era como si el espacio estuviera más libre antes de irse. Paty nos dijo que el ritual no terminaba ahà habÃa que encender una vela. Pedir por el descanso del alma de Nacho, por lo menos durante un mes, platicar con él y apagar la fuente de luz. Era un poco escéptico respecto a ese tipo de creencias, pero desde que murió mi amigo. Hago el ritual por el descanso del alma del difunto. A partir de que Patty realizó la limpia de alma. Dejamos de escuchar sonidos en la casa por la noche, aunque hay ocasiones en las que todavÃa percibo un ligero olor a tabaco. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








