Aug. 24, 2023

Doña Mica (La Bruja Vengativa) Historias De Terror - REDE

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La casa de Doña Mica hace varios años que ya no vivo en la colonia Oblatos. La casa de mis padres estaba en esa zona, ubicada en la calle de San Esteban, cerca de la calzada Juan Pablo II. Siempre se ha caracterizado por ser un barrio popular y también una colonia en la que había cierta fraternidad con los vecinos, porque casi todos eran dueños de sus viviendas y ya nos conocíamos. De años atrás. Al lado de mi casa vivía una señora de nombre Micaela, pero todos la conocíamos como Doña Mica. En aquella época tenía doce años, tenía dos hermanos mayores que yo y dos hermanos más pequeños. Con mi hermana Beatriz era con la que me llevaba mejor, porque ella sólo tenía dos años más. Como la casa de Doña Mica, estaba pegada a la nuestra era posible dar nos cuenta de más situaciones que pasaban con ella, porque era una señora muy especial de entrada. No le gustaban los niños. No sé si ella estuvo casada o tuvo hijos, pero desde que la conocí siempre vivió sola. Nunca la visitaba nadie y hacía muy poca amistad con las personas que vivían cerca de con ella. Mi mamá le tenía mucha paciencia. Nos decía que entendiéramos que ella no tenía familiares, así que nosotros éramos como su familia. Esa parte que comentaba mi madre no me gustaba porque aunque le decía la manera como nos trataba, parecía que no nos escuchaba. A Doña Mica no le caíamos bien, porque cuando escuchaba risas y juegos de niños de inmediato salía de su cochera, se paraba en el cancel y nos vigilaba todo el tiempo. Si por algún error una pelota se nos iba a su casa, ya la sentíamos como perdida porque nos la regresaba ponchada o o o simplemente decía que al caer a su casa ya era de su propiedad. Cuando veía que comenzábamos a pintar un bebe leche, según ella se ponía a regar su banqueta y mojaba el espacio en el que pintábamos con gis. En el momento en que caía el agua, ya no era posible dibujar nada. Nos íbamos a la banqueta de enfrente afuera de la casa de una de mis amigas. Pero esa, señora, siempre buscaba la manera de mantenernos alejados de su casa cuando jugábamos a las escondidas o a las traes. A mí me daba la impresión que hasta se escondía y esperaba el momento adecuado para lanzarnos agua ella argumentaba que eran descuidos y que no se daba cuenta. Pero con todos los antecedentes anteriores no le creíamos. Por lo general, buscábamos la manera de mantenernos alejados de su casa. En muchas de las veces mi mamá me decía que me quería ver jugando afuera de la casa. Le decía que no podía hacerlo por porque do Ñañamica no le gustaba y se la pasaba molestando. Mi mamá no me hacía caso decía que la entendiéramos porque ella era una persona mayor y vaya que tenía a sus años. Imagino que tendría más de setenta años, aunque nunca supe su verdadera edad. Todos los niños del barrio decíamos que a lo mejor era una bruja que había logrado traspasar la edad porque doña Gertrudis, que era vecina de la cuadra y también amiga de mi mamá decía que cuando ella llegó a vivir a la colonia, doña Mica ya estaba ahí y que ya tenía sus años. Verdad o no. Quizás ese era uno de los motivos por el que la señora no nos quería, porque cuando era día de muertos, siempre le dejábamos una ofrenda, a veces una flor marchita o un poco de alimentos que mi mamá preparaba para el altar de muertos, porque decíamos que esa señora estaba muerta en vida por las noches acostumbraba irme a la cama temprano después de las diez de la noche. Ya tenía sueño. En pocas ocasiones despertaba durante el transcurso de la noche. Con frecuencia escuchaba que mis padres platicaban a la hora del desayuno que casi todas las noches se escuchaban ruidos que provenían de la casa de doña Mica. Yo ni siquiera los oía, pero notaba a mis padres cansados y con sueño por pasar mala noche. Ellos decían que casi diario se oían voces de personas que estaban dentro, así como los pasos en la escalera que también subían y bajaban y, por supuesto, los gatos que tenía, porque era dueña de muchos gatos. Mi mamá decía que eran ocho, pero yo llegué a ver en el patio de Doña Mica más de diez. Los gatos son animales nocturnos. Por eso hacían mucho ruido durante la noche. Lo malo era cuando lloraban o maullaban como bebé porque decía mi mamá que ella en ocasiones creía que se trataba de un bebé real. En algunas noches se notaba que había mucha actividad en la casa de Doña Mica. Era raro, porque la conocíamos como una mujer solitaria. Hasta lo que sabíamos, no se había casado ni tampoco tuvo hijos o familia, No tenía amigas ni convivía con ninguno de los vecinos, así que escuchar todos esos ruidos les parecía extraño a mis padres. En una ocasión, mi mamá le preguntó a doña Rosa, era la vecina del otro lado de la casa de Doña Mica, si ella también escuchaba los ruidos. En la noche. La vecina le dijo a mi mamá que ella también oía lo mismo. Sobre todo la hora de mayor actividad era en la madrugada. Mi mamá dijo que esa noche había sido una de las peores, porque además de los ruidos conocidos, escuchó que cantaban en coro. No alcanzó a distinguir qué tipo de cantos, pero fue una noche ruidosa. Darme cuenta de lo que mis papás hablaban de Doña Mica me daba un poco de temor porque de por sí era una señora que no nos quería y nos molestaba imaginarla juntándose con gente desconocida haciendo una serie de cosas extrañas. Era un poco perturbador. Una tarde, jugando con mis amigos, uno de ellos comenzó a platicar sobre las prácticas extrañas que hacía Doña Mica. Él nos dijo que creía que ella era una bruja que tenía pacto con el demonio. Otro de mis amigos dijo que más bien era devota de la Santa Muerte y una amiga añadió que ella realizaba rituales satánicos. Les dije que todo lo que decían eran sólo suposiciones, porque no teníamos la certeza de que ella en verdad practicara alguna de esas actividades, aunque se comportaba de manera rara y hostil, pero eso no significaba que fuera algo de eso que ellos comentaban. César era hijo de Doña Rosa, la vecina del otro lado de con Doña Mica. Él comentó que desde la azotea de su casa era posible ver hacia el interior de la casa de la señora y que él había visto en su patio una bolsa negra con restos de sangre. Lo supo porque los gatos la rompieron y de ella escurría el líquido rojo. Nuestra imaginación se desató y comenzamos a comentar una serie de cosas que Doña Mica hacía, aunque todo eran cosas que sólo nos imaginábamos porque no nos constaba nada. Una de esas noches me despertó un ruido fuerte en la pared de mi cuarto. Me levanté y vi que había luz en la sala. Mis padres estaban despiertos. Ellos estaban asustados porque esa noche era la peor de todas. Se escucharon gritos y golpes en las paredes. Mi padre tomó el teléfono y habló a la policía. Dijo que tenía temor de que algo le estuviera sucediendo. A Doña Mica, mi papá tenía la inquietud de ir a la casa de la señora, pero mi mamá no se lo permitió. Le dijo que no saliera. Si eran unos ladrones, también le iban a hacer daño a él. La policía tardó más de una hora en llegar, Mientras tanto, los ruidos siguieron escuchándose. Poco antes de que llegara la policía. Todo quedó en silencio. Nos dimos cuenta cuando llegó la patrulla por los colores azul y rojo, que comenzaron a verse dentro de nuestra casa. Mis padres salieron para indicarles la casa y lo que escuchaba. Yo salí detrás de ellos. No éramos los únicos varios vecinos también oyeron lo mismo. Se atrevieron a salir hasta que llegaron los policías. Ellos comenzaron a ingresar a la vivienda. Primero tocaron, pero como nadie les abrió, forzaron el cancel y la puerta. Al parecer no había luz. La casa se iluminó con la luz de las lámparas que ellos traían en sus manos. Estuvieron al interior por un rato. Después ellos salieron con rapidez mientras se tapaban la boca con un trapo o con la mano. Uno de los policías se acercó a mi padre le preguntó si él había sido la persona que había hablado por teléfono. Mi padre asintió, le preguntó si tenía manera de comunicarse con un familiar para decirle que la señora estaba muerta. Cuando oímos que Doña Mica había muerto, todos nos sorprendimos. Era verdad que no era muy querida en el vecindario, pero sí fue una mala noticia saber de su muerte. Mi padre le dijo que, hasta lo que sabíamos, Doña Mica no tenía familiares. Nunca habían visto que alguien la visitara. Además, la señora era sumamente reservada. Ella no platicó con nadie de su vida. Fue una noche larga porque después de la triste noticia, todos los press se quedaron inquietos porque nunca habían hecho amistad con Doña Mica. Además, la policía estuvo toda la noche hasta que amaneció y llegó el servicio forense y levantó el cuerpo. Lo más probable fue que el cuerpo de Doña Mica nadie lo reclamó y se quedó en el anfiteatro del Hospital Civil. La casa de Doña Mica quedó en silencio por las noches. Mi mamá decía que sentía muy feo que ella ya no estuviese, pero a partir de que ella falleció pudo descansar y dormir bien. También dijo que ella pensaba que la señora realizaba algún tipo de ritual, porque aprovechaba la oscuridad de la noche para hacerlo. Por eso se oía tanto ruido. Era la primera vez que mi mamá se atrevió a decir un comentario sobre la vecina, porque cada vez que nos escuchaba diciéndole bruja, la defendía nos regañaba y no permitía que habláramos mal de ella. Nos decía que no teníamos fundamentos para hablar de esa manera. Esa ocasión se me hizo muy raro escucharla hablando. Así fue la única vez que dijo un comentario de ella. Ese mismo día por la tarde iba con mi mamá con la costurera para que tomara las medidas para mi uniforme de la escuela. Estábamos en la casa de la señora. Cuando llegó Doña Rosa, ella también iba con mi amigo a lo mismo. Mientras la costurera nos atendía, Doña Rosa empezó a comentar acerca de Doña Amica. Dijo que la señora era una vieja bruja que ya la tenía harta con tantos ruidos en la noche. Además, sus gatos siempre se subían al tejaban que tenía en el patio. Lo orinaban y también lo rompieron por las peleas que tenían entre ellos. Era feo lo que iba a decir, pero no le hacía falta a nadie encima Le había tratado muy mal A su hijo terminó diciendo que era mejor que ya no estuviera en este mundo. La costurera nos mandó a llamar y mi mamá se despidió rápidamente de doña Rosa. Creo que en el fondo le dio gusto ya no platicar con esa señora, porque vi a mi mamá incómoda por sus comentarios, solo se limitó a sonreír y se despidió. En la madrugada del día siguiente escuchamos a la policía que llegaba de nuevo y es que a partir de que doña Mica se murió, que de sensible del sueño cualquier ruido ya me despertaba. Me levanté porque vi la luz en la sala, Mi padre salió para ver qué estaba sucediendo. Cuando entró de la calle nos dijo que había ocurrido una tragedia. A doña Rosa la encontraron muerta. Su esposo se asustó tanto que le habló a la policía. Algo ocurrió porque el señor estaba muy asustado. Aunque no dijo nada más. Mi madre lo bombardió con preguntas pero mi papá no tenía respuestas. Le dijo que no sabía los detalles, sólo que la señora estaba muerta En ese momento. Pensé en mi amigo en lo triste que estaría por la muerte de su mamá. Le pedí permiso a mi papá para ir con mi amigo, pero él no me dejó. Me dijo que no era el momento. Indicado, mi amigo no estaba bien. A él se lo habían llevado al hospital porque se había puesto muy mal. Le pregunté si alguien más estaba lastimado. Me respondió que el policía le comentó que sólo Doña Rosa y mi amigo. El resto de la familia estaba bien, muy trastornados, pero sin ningún daño. A partir de ese día comenzaron a suceder acontecimientos extraños. A mi mamá la escuchaba decir que todo era una coincidencia, pero en el barrio ya se murmuraba que Doña Mica había matado a Doña Rosa y que todo lo que sucedía por las noches se debía a su maldad, porque lo más seguro era que su alma se encontraba con el mismo demonio y que ella era otro más. Con el paso de los días se fueron diluyendo las emociones y ya se comentaba muy poco de Doña Amica. Su casa se fue convirtiendo en una vivienda abandonada y en ruinas con mucha rapidez. Se hizo muy fea Ahora ya podíamos jugar afuera de la casa porque ya nadie nos molestaba. Usamos su cancel como si fuera la portería y uno de mis amigos lanzaba la pelota. A mí me gustaba ser portero porque podía usar los guantes que tenía. Desde la Navidad pasada había ocasiones en las que paraba la pelota y en otras no lo conseguía. Me metía a la cochera a sacarla con un poco de miedo, porque recordaba cuando Doña Mica vivía, si nos metíamos a su cochera, nos sacaba de los cabellos a la calle, nos agarraba de las patillas y de ahí nos calaba. Ese día me metí por la pelota, pero no la encontraba. Les dije a mis amigos que la pelota no había caído al interior de la cochera. Lo más seguro que había votado. El resto de mis amigos se metieron a buscarla, pero la pelota había desaparecido. No la encontramos por ningún lugar. Como ya era. Un poco tarde nos metimos a nuestras casas por la mañana que salí. Lo primero que vi fue la pelota en la cochera. Me metí a recogerla sin entender qué había sucedido. Ese fue el primero de los eventos extraños que comenzaron a pasarnos otra vez nos encontrábamos sentados sobre la banqueta. Afuera de la casa de Doña Mica contábamos chistes entre nosotros. Con claridad escuchamos que alguien se carcajeó al interior de la casa, como yo era quien contó el chiste. En cuanto escuché que alguien se reía, me levanté de la banqueta. Creí que detrás de mí había alguno de mis hermanos, pero no fue así. Escuchamos esa risa sin ver a nadie les dije a mis amigos si ellos también habían oído lo mismo y dijeron que sí. Esa tarde nos levantamos y nos retiramos del lugar. Nos fuimos enfrente en la casa de otoño. Ahí nos quedamos por un rato viendo hacia la casa sola. Yo no había nadie, pero Otoño dijo que había alguien abriendo la cortina de la ventana ya no sabíamos si era una paranoia que se había extendido en los vecinos de esa calle. O de verdad eran ciertos todos los rumores que corrían respecto a esa casa. Les dije que lo mejor era irnos a jugar a otro lado. Desde antes lo hacíamos para no molestar a doña amiga, lo mejor era estar fuera de su casa para que ya no se enojara y pudiera descansar en paz. Les respondí de esa manera porque ya había escuchado a mi mamá que les decía a los vecinos que lo mejor era honrar la memoria de un difunto como haya sido en vida. Esa era responsabilidad de cada quien esa noche de nuevo se escucharon ruidos en su casa. Me desperté asustado porque oía la manera en que rasparon la pareja, como si alguien estuviese rasguñando del otro lado. Salté de la cama y me fui al cuarto de mis padres. Ellos también estaban despiertos. Me dijeron que me pasara y me acostara en su cama. Estaba en medio de mis papás. Cuando los ruidos aumentaron, los gatos comenzaron a maullar. Al mismo tiempo se escuchaba como si subieran y bajaran las escaleras. Mi papá para darnos un poco de calma, nos dijo que lo más seguro era que los gatos estaban haciendo fiesta al encontrarse solos. Todo ese alboroto era ocasionado por los gatos, pero mi madre le dijo que desde que Doña Mica se había muerto, los gatos no se habían visto ni se habían escuchado. La casa. Se había mantenido en silencio hasta ese día regresaron algo estaba pasando al día siguiente, cuando salí con mi mamá para ir a la escuela encontramos una rara escena muy fea afuera de la casa de Doña Mica estaban tres gatos muertos. Dos colgaban del árbol amarrados de las cuatro patas. El otro gato estaba en el suelo, en un charco de sangre. Mi madre me dijo que eso explicaba el ruido de la noche anterior. Quizás algunos vagos se metieron a la casa y mataron a los gatos de Doña Mica. No me pareció creíble la explicación que mi madre me dio, pero tampoco supe qué les pudo haber ocasionado la muerte. A partir de ese día, los ruidos continuaron en la casa de Doña Mica. En mi casa preferíamos pensar que los gatos eran los que originaban tanto alboroto, aunque había otro tipo de sonidos a los que no les encontrábamos explicación, como fueron los cantos que se escuchaban Incluso hubo ocasiones en que oí el sonido de un tambor, así como los pasos de una persona que bajaba de las escaleras de madera, porque eran pasos pausados y fuertes. Algo que nos dimos cuenta fue que aquellas personas que se expresaban muy mal de Doña Mica de alguna manera les ocurría un accidente. Algunas murieron, como les sucedió a Doña Rosa. Su esposo dijo que le había dado un paro cardiaco. Todos decíamos que había sido por el susto de ver a Doña Mica, pero cuando el señor se dio cuenta de los rumores que corrían en la cuadra, él de inmediato desmentía esa habladuría decía que había muerto, igual que el padre de ella. Toño. En una ocasión se agarró a darle de pelotazos a la puerta de Doña Mica. Él tuvo una caída que le fracturó el pie derecho. Tardó mucho tiempo en recuperarse y en volver a jugar fútbol con nosotros. Nunca supe lo que ocurrió en aquella casa. La policía dijo que había sido un acto vandálico. Sin embargo, según rumores de otros vecinos, no era sencillo meterse por la azotea a la casa de doña Ñamica, ni tampoco por la entrada. Ella siempre tenía mucha seguridad en su casa. La mayoría de los vecinos creímos que ella era una bruja que practicaba actos diabólicos y que su muerte fue porque ella no cumplió alguna promesa hecha al demonio. Todo lo que ocurrió pudieron ser solo rumores. De lo que sí estoy convencido fue que Doña Mica pudo traspasar la barrera de la muerte, porque después que ella falleció, se siguieron escuchando ruidos en su casa. Mi mamá siempre trató de tranquilizarnos y de ser racional. Nos decía que eran sus gatos los que continuaban viviendo ahí, porque era verdad que se habían muerto algunos, pero Doña Mica tuvo muchos gatos. Creo que serían más de diez. Era verdad que ellos seguían reuniéndose en la casa, porque se oía que maullaban y que tumbaban cosas. Pero también hubo otro tipo de sonidos, como los cánticos o las pisadas. Al bajar las escaleras por más que mi mamá me dijera que eran los gatos, esos ruidos no eran de ellos. Incluso con frecuencia golpeaban la pared Eran golpes pausados y fuertes. Con el tiempo me fui de la casa de mis padres. Hay ocasiones en que los visito y me quedo a dormir una o dos noches. El cuarto, en el que dormía, aún tiene mis cosas de niño. Los ruidos siguen escuchándose, aunque la casa se encuentra deshabitada y en ruinas. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas