Doña Mica (La Bruja Vengativa) Historias De Terror - REDE

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La casa de Doña Mica hace varios años que ya no vivo en la colonia Oblatos. La casa de mis padres estaba en esa zona, ubicada en la calle de San Esteban, cerca de la calzada Juan Pablo II. Siempre se ha caracterizado por ser un barrio popular y también una colonia en la que habÃa cierta fraternidad con los vecinos, porque casi todos eran dueños de sus viviendas y ya nos conocÃamos. De años atrás. Al lado de mi casa vivÃa una señora de nombre Micaela, pero todos la conocÃamos como Doña Mica. En aquella época tenÃa doce años, tenÃa dos hermanos mayores que yo y dos hermanos más pequeños. Con mi hermana Beatriz era con la que me llevaba mejor, porque ella sólo tenÃa dos años más. Como la casa de Doña Mica, estaba pegada a la nuestra era posible dar nos cuenta de más situaciones que pasaban con ella, porque era una señora muy especial de entrada. No le gustaban los niños. No sé si ella estuvo casada o tuvo hijos, pero desde que la conocà siempre vivió sola. Nunca la visitaba nadie y hacÃa muy poca amistad con las personas que vivÃan cerca de con ella. Mi mamá le tenÃa mucha paciencia. Nos decÃa que entendiéramos que ella no tenÃa familiares, asà que nosotros éramos como su familia. Esa parte que comentaba mi madre no me gustaba porque aunque le decÃa la manera como nos trataba, parecÃa que no nos escuchaba. A Doña Mica no le caÃamos bien, porque cuando escuchaba risas y juegos de niños de inmediato salÃa de su cochera, se paraba en el cancel y nos vigilaba todo el tiempo. Si por algún error una pelota se nos iba a su casa, ya la sentÃamos como perdida porque nos la regresaba ponchada o o o simplemente decÃa que al caer a su casa ya era de su propiedad. Cuando veÃa que comenzábamos a pintar un bebe leche, según ella se ponÃa a regar su banqueta y mojaba el espacio en el que pintábamos con gis. En el momento en que caÃa el agua, ya no era posible dibujar nada. Nos Ãbamos a la banqueta de enfrente afuera de la casa de una de mis amigas. Pero esa, señora, siempre buscaba la manera de mantenernos alejados de su casa cuando jugábamos a las escondidas o a las traes. A mà me daba la impresión que hasta se escondÃa y esperaba el momento adecuado para lanzarnos agua ella argumentaba que eran descuidos y que no se daba cuenta. Pero con todos los antecedentes anteriores no le creÃamos. Por lo general, buscábamos la manera de mantenernos alejados de su casa. En muchas de las veces mi mamá me decÃa que me querÃa ver jugando afuera de la casa. Le decÃa que no podÃa hacerlo por porque do Ãañamica no le gustaba y se la pasaba molestando. Mi mamá no me hacÃa caso decÃa que la entendiéramos porque ella era una persona mayor y vaya que tenÃa a sus años. Imagino que tendrÃa más de setenta años, aunque nunca supe su verdadera edad. Todos los niños del barrio decÃamos que a lo mejor era una bruja que habÃa logrado traspasar la edad porque doña Gertrudis, que era vecina de la cuadra y también amiga de mi mamá decÃa que cuando ella llegó a vivir a la colonia, doña Mica ya estaba ahà y que ya tenÃa sus años. Verdad o no. Quizás ese era uno de los motivos por el que la señora no nos querÃa, porque cuando era dÃa de muertos, siempre le dejábamos una ofrenda, a veces una flor marchita o un poco de alimentos que mi mamá preparaba para el altar de muertos, porque decÃamos que esa señora estaba muerta en vida por las noches acostumbraba irme a la cama temprano después de las diez de la noche. Ya tenÃa sueño. En pocas ocasiones despertaba durante el transcurso de la noche. Con frecuencia escuchaba que mis padres platicaban a la hora del desayuno que casi todas las noches se escuchaban ruidos que provenÃan de la casa de doña Mica. Yo ni siquiera los oÃa, pero notaba a mis padres cansados y con sueño por pasar mala noche. Ellos decÃan que casi diario se oÃan voces de personas que estaban dentro, asà como los pasos en la escalera que también subÃan y bajaban y, por supuesto, los gatos que tenÃa, porque era dueña de muchos gatos. Mi mamá decÃa que eran ocho, pero yo llegué a ver en el patio de Doña Mica más de diez. Los gatos son animales nocturnos. Por eso hacÃan mucho ruido durante la noche. Lo malo era cuando lloraban o maullaban como bebé porque decÃa mi mamá que ella en ocasiones creÃa que se trataba de un bebé real. En algunas noches se notaba que habÃa mucha actividad en la casa de Doña Mica. Era raro, porque la conocÃamos como una mujer solitaria. Hasta lo que sabÃamos, no se habÃa casado ni tampoco tuvo hijos o familia, No tenÃa amigas ni convivÃa con ninguno de los vecinos, asà que escuchar todos esos ruidos les parecÃa extraño a mis padres. En una ocasión, mi mamá le preguntó a doña Rosa, era la vecina del otro lado de la casa de Doña Mica, si ella también escuchaba los ruidos. En la noche. La vecina le dijo a mi mamá que ella también oÃa lo mismo. Sobre todo la hora de mayor actividad era en la madrugada. Mi mamá dijo que esa noche habÃa sido una de las peores, porque además de los ruidos conocidos, escuchó que cantaban en coro. No alcanzó a distinguir qué tipo de cantos, pero fue una noche ruidosa. Darme cuenta de lo que mis papás hablaban de Doña Mica me daba un poco de temor porque de por sà era una señora que no nos querÃa y nos molestaba imaginarla juntándose con gente desconocida haciendo una serie de cosas extrañas. Era un poco perturbador. Una tarde, jugando con mis amigos, uno de ellos comenzó a platicar sobre las prácticas extrañas que hacÃa Doña Mica. Ãl nos dijo que creÃa que ella era una bruja que tenÃa pacto con el demonio. Otro de mis amigos dijo que más bien era devota de la Santa Muerte y una amiga añadió que ella realizaba rituales satánicos. Les dije que todo lo que decÃan eran sólo suposiciones, porque no tenÃamos la certeza de que ella en verdad practicara alguna de esas actividades, aunque se comportaba de manera rara y hostil, pero eso no significaba que fuera algo de eso que ellos comentaban. César era hijo de Doña Rosa, la vecina del otro lado de con Doña Mica. Ãl comentó que desde la azotea de su casa era posible ver hacia el interior de la casa de la señora y que él habÃa visto en su patio una bolsa negra con restos de sangre. Lo supo porque los gatos la rompieron y de ella escurrÃa el lÃquido rojo. Nuestra imaginación se desató y comenzamos a comentar una serie de cosas que Doña Mica hacÃa, aunque todo eran cosas que sólo nos imaginábamos porque no nos constaba nada. Una de esas noches me despertó un ruido fuerte en la pared de mi cuarto. Me levanté y vi que habÃa luz en la sala. Mis padres estaban despiertos. Ellos estaban asustados porque esa noche era la peor de todas. Se escucharon gritos y golpes en las paredes. Mi padre tomó el teléfono y habló a la policÃa. Dijo que tenÃa temor de que algo le estuviera sucediendo. A Doña Mica, mi papá tenÃa la inquietud de ir a la casa de la señora, pero mi mamá no se lo permitió. Le dijo que no saliera. Si eran unos ladrones, también le iban a hacer daño a él. La policÃa tardó más de una hora en llegar, Mientras tanto, los ruidos siguieron escuchándose. Poco antes de que llegara la policÃa. Todo quedó en silencio. Nos dimos cuenta cuando llegó la patrulla por los colores azul y rojo, que comenzaron a verse dentro de nuestra casa. Mis padres salieron para indicarles la casa y lo que escuchaba. Yo salà detrás de ellos. No éramos los únicos varios vecinos también oyeron lo mismo. Se atrevieron a salir hasta que llegaron los policÃas. Ellos comenzaron a ingresar a la vivienda. Primero tocaron, pero como nadie les abrió, forzaron el cancel y la puerta. Al parecer no habÃa luz. La casa se iluminó con la luz de las lámparas que ellos traÃan en sus manos. Estuvieron al interior por un rato. Después ellos salieron con rapidez mientras se tapaban la boca con un trapo o con la mano. Uno de los policÃas se acercó a mi padre le preguntó si él habÃa sido la persona que habÃa hablado por teléfono. Mi padre asintió, le preguntó si tenÃa manera de comunicarse con un familiar para decirle que la señora estaba muerta. Cuando oÃmos que Doña Mica habÃa muerto, todos nos sorprendimos. Era verdad que no era muy querida en el vecindario, pero sà fue una mala noticia saber de su muerte. Mi padre le dijo que, hasta lo que sabÃamos, Doña Mica no tenÃa familiares. Nunca habÃan visto que alguien la visitara. Además, la señora era sumamente reservada. Ella no platicó con nadie de su vida. Fue una noche larga porque después de la triste noticia, todos los press se quedaron inquietos porque nunca habÃan hecho amistad con Doña Mica. Además, la policÃa estuvo toda la noche hasta que amaneció y llegó el servicio forense y levantó el cuerpo. Lo más probable fue que el cuerpo de Doña Mica nadie lo reclamó y se quedó en el anfiteatro del Hospital Civil. La casa de Doña Mica quedó en silencio por las noches. Mi mamá decÃa que sentÃa muy feo que ella ya no estuviese, pero a partir de que ella falleció pudo descansar y dormir bien. También dijo que ella pensaba que la señora realizaba algún tipo de ritual, porque aprovechaba la oscuridad de la noche para hacerlo. Por eso se oÃa tanto ruido. Era la primera vez que mi mamá se atrevió a decir un comentario sobre la vecina, porque cada vez que nos escuchaba diciéndole bruja, la defendÃa nos regañaba y no permitÃa que habláramos mal de ella. Nos decÃa que no tenÃamos fundamentos para hablar de esa manera. Esa ocasión se me hizo muy raro escucharla hablando. Asà fue la única vez que dijo un comentario de ella. Ese mismo dÃa por la tarde iba con mi mamá con la costurera para que tomara las medidas para mi uniforme de la escuela. Estábamos en la casa de la señora. Cuando llegó Doña Rosa, ella también iba con mi amigo a lo mismo. Mientras la costurera nos atendÃa, Doña Rosa empezó a comentar acerca de Doña Amica. Dijo que la señora era una vieja bruja que ya la tenÃa harta con tantos ruidos en la noche. Además, sus gatos siempre se subÃan al tejaban que tenÃa en el patio. Lo orinaban y también lo rompieron por las peleas que tenÃan entre ellos. Era feo lo que iba a decir, pero no le hacÃa falta a nadie encima Le habÃa tratado muy mal A su hijo terminó diciendo que era mejor que ya no estuviera en este mundo. La costurera nos mandó a llamar y mi mamá se despidió rápidamente de doña Rosa. Creo que en el fondo le dio gusto ya no platicar con esa señora, porque vi a mi mamá incómoda por sus comentarios, solo se limitó a sonreÃr y se despidió. En la madrugada del dÃa siguiente escuchamos a la policÃa que llegaba de nuevo y es que a partir de que doña Mica se murió, que de sensible del sueño cualquier ruido ya me despertaba. Me levanté porque vi la luz en la sala, Mi padre salió para ver qué estaba sucediendo. Cuando entró de la calle nos dijo que habÃa ocurrido una tragedia. A doña Rosa la encontraron muerta. Su esposo se asustó tanto que le habló a la policÃa. Algo ocurrió porque el señor estaba muy asustado. Aunque no dijo nada más. Mi madre lo bombardió con preguntas pero mi papá no tenÃa respuestas. Le dijo que no sabÃa los detalles, sólo que la señora estaba muerta En ese momento. Pensé en mi amigo en lo triste que estarÃa por la muerte de su mamá. Le pedà permiso a mi papá para ir con mi amigo, pero él no me dejó. Me dijo que no era el momento. Indicado, mi amigo no estaba bien. A él se lo habÃan llevado al hospital porque se habÃa puesto muy mal. Le pregunté si alguien más estaba lastimado. Me respondió que el policÃa le comentó que sólo Doña Rosa y mi amigo. El resto de la familia estaba bien, muy trastornados, pero sin ningún daño. A partir de ese dÃa comenzaron a suceder acontecimientos extraños. A mi mamá la escuchaba decir que todo era una coincidencia, pero en el barrio ya se murmuraba que Doña Mica habÃa matado a Doña Rosa y que todo lo que sucedÃa por las noches se debÃa a su maldad, porque lo más seguro era que su alma se encontraba con el mismo demonio y que ella era otro más. Con el paso de los dÃas se fueron diluyendo las emociones y ya se comentaba muy poco de Doña Amica. Su casa se fue convirtiendo en una vivienda abandonada y en ruinas con mucha rapidez. Se hizo muy fea Ahora ya podÃamos jugar afuera de la casa porque ya nadie nos molestaba. Usamos su cancel como si fuera la porterÃa y uno de mis amigos lanzaba la pelota. A mà me gustaba ser portero porque podÃa usar los guantes que tenÃa. Desde la Navidad pasada habÃa ocasiones en las que paraba la pelota y en otras no lo conseguÃa. Me metÃa a la cochera a sacarla con un poco de miedo, porque recordaba cuando Doña Mica vivÃa, si nos metÃamos a su cochera, nos sacaba de los cabellos a la calle, nos agarraba de las patillas y de ahà nos calaba. Ese dÃa me metà por la pelota, pero no la encontraba. Les dije a mis amigos que la pelota no habÃa caÃdo al interior de la cochera. Lo más seguro que habÃa votado. El resto de mis amigos se metieron a buscarla, pero la pelota habÃa desaparecido. No la encontramos por ningún lugar. Como ya era. Un poco tarde nos metimos a nuestras casas por la mañana que salÃ. Lo primero que vi fue la pelota en la cochera. Me metà a recogerla sin entender qué habÃa sucedido. Ese fue el primero de los eventos extraños que comenzaron a pasarnos otra vez nos encontrábamos sentados sobre la banqueta. Afuera de la casa de Doña Mica contábamos chistes entre nosotros. Con claridad escuchamos que alguien se carcajeó al interior de la casa, como yo era quien contó el chiste. En cuanto escuché que alguien se reÃa, me levanté de la banqueta. Creà que detrás de mà habÃa alguno de mis hermanos, pero no fue asÃ. Escuchamos esa risa sin ver a nadie les dije a mis amigos si ellos también habÃan oÃdo lo mismo y dijeron que sÃ. Esa tarde nos levantamos y nos retiramos del lugar. Nos fuimos enfrente en la casa de otoño. Ahà nos quedamos por un rato viendo hacia la casa sola. Yo no habÃa nadie, pero Otoño dijo que habÃa alguien abriendo la cortina de la ventana ya no sabÃamos si era una paranoia que se habÃa extendido en los vecinos de esa calle. O de verdad eran ciertos todos los rumores que corrÃan respecto a esa casa. Les dije que lo mejor era irnos a jugar a otro lado. Desde antes lo hacÃamos para no molestar a doña amiga, lo mejor era estar fuera de su casa para que ya no se enojara y pudiera descansar en paz. Les respondà de esa manera porque ya habÃa escuchado a mi mamá que les decÃa a los vecinos que lo mejor era honrar la memoria de un difunto como haya sido en vida. Esa era responsabilidad de cada quien esa noche de nuevo se escucharon ruidos en su casa. Me desperté asustado porque oÃa la manera en que rasparon la pareja, como si alguien estuviese rasguñando del otro lado. Salté de la cama y me fui al cuarto de mis padres. Ellos también estaban despiertos. Me dijeron que me pasara y me acostara en su cama. Estaba en medio de mis papás. Cuando los ruidos aumentaron, los gatos comenzaron a maullar. Al mismo tiempo se escuchaba como si subieran y bajaran las escaleras. Mi papá para darnos un poco de calma, nos dijo que lo más seguro era que los gatos estaban haciendo fiesta al encontrarse solos. Todo ese alboroto era ocasionado por los gatos, pero mi madre le dijo que desde que Doña Mica se habÃa muerto, los gatos no se habÃan visto ni se habÃan escuchado. La casa. Se habÃa mantenido en silencio hasta ese dÃa regresaron algo estaba pasando al dÃa siguiente, cuando salà con mi mamá para ir a la escuela encontramos una rara escena muy fea afuera de la casa de Doña Mica estaban tres gatos muertos. Dos colgaban del árbol amarrados de las cuatro patas. El otro gato estaba en el suelo, en un charco de sangre. Mi madre me dijo que eso explicaba el ruido de la noche anterior. Quizás algunos vagos se metieron a la casa y mataron a los gatos de Doña Mica. No me pareció creÃble la explicación que mi madre me dio, pero tampoco supe qué les pudo haber ocasionado la muerte. A partir de ese dÃa, los ruidos continuaron en la casa de Doña Mica. En mi casa preferÃamos pensar que los gatos eran los que originaban tanto alboroto, aunque habÃa otro tipo de sonidos a los que no les encontrábamos explicación, como fueron los cantos que se escuchaban Incluso hubo ocasiones en que oà el sonido de un tambor, asà como los pasos de una persona que bajaba de las escaleras de madera, porque eran pasos pausados y fuertes. Algo que nos dimos cuenta fue que aquellas personas que se expresaban muy mal de Doña Mica de alguna manera les ocurrÃa un accidente. Algunas murieron, como les sucedió a Doña Rosa. Su esposo dijo que le habÃa dado un paro cardiaco. Todos decÃamos que habÃa sido por el susto de ver a Doña Mica, pero cuando el señor se dio cuenta de los rumores que corrÃan en la cuadra, él de inmediato desmentÃa esa habladurÃa decÃa que habÃa muerto, igual que el padre de ella. Toño. En una ocasión se agarró a darle de pelotazos a la puerta de Doña Mica. Ãl tuvo una caÃda que le fracturó el pie derecho. Tardó mucho tiempo en recuperarse y en volver a jugar fútbol con nosotros. Nunca supe lo que ocurrió en aquella casa. La policÃa dijo que habÃa sido un acto vandálico. Sin embargo, según rumores de otros vecinos, no era sencillo meterse por la azotea a la casa de doña Ãamica, ni tampoco por la entrada. Ella siempre tenÃa mucha seguridad en su casa. La mayorÃa de los vecinos creÃmos que ella era una bruja que practicaba actos diabólicos y que su muerte fue porque ella no cumplió alguna promesa hecha al demonio. Todo lo que ocurrió pudieron ser solo rumores. De lo que sà estoy convencido fue que Doña Mica pudo traspasar la barrera de la muerte, porque después que ella falleció, se siguieron escuchando ruidos en su casa. Mi mamá siempre trató de tranquilizarnos y de ser racional. Nos decÃa que eran sus gatos los que continuaban viviendo ahÃ, porque era verdad que se habÃan muerto algunos, pero Doña Mica tuvo muchos gatos. Creo que serÃan más de diez. Era verdad que ellos seguÃan reuniéndose en la casa, porque se oÃa que maullaban y que tumbaban cosas. Pero también hubo otro tipo de sonidos, como los cánticos o las pisadas. Al bajar las escaleras por más que mi mamá me dijera que eran los gatos, esos ruidos no eran de ellos. Incluso con frecuencia golpeaban la pared Eran golpes pausados y fuertes. Con el tiempo me fui de la casa de mis padres. Hay ocasiones en que los visito y me quedo a dormir una o dos noches. El cuarto, en el que dormÃa, aún tiene mis cosas de niño. Los ruidos siguen escuchándose, aunque la casa se encuentra deshabitada y en ruinas. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








