Contacté A Mi Abuela Con Una Ouija Historias De Terror - REDE

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La herencia de mi nana. Este relato fue compartido por alguien que anteriormente nos ha apoyado con otras historias, como la Bruja curandera y la Casa maldita de Bénjamo, las cuales podrán encontrarlas en el canal. Esta experiencia me sucedió hace más de treinta y ocho años. TenÃa poco de haberme casado y de haberme cambiado de domicilio. Antes. VivÃa en el estado de Sinaloa junto a mis padres y hermanos, y cuando me casé nos fuimos a vivir al Estado de Jalisco, situación que no le pareció nada a mi nana, una mujer dura, de carácter muy mal, hablada, controladora y, sobre todo, de mala reputación, pues en donde vivÃa se le conocÃa como la Bruja del ejido. Se decÃa que tenÃa influencias en el más allá y que podÃa visitarte en sueños y controlar tu alma o o ante antojo y cuando ya no la necesitaba más, te soltaba, pero uno terminaba enfermo y muy cansado. Cuando ella se enteró de que yo me irÃa a vivir a otro Estado, me amenazó primero maldiciendo mi matrimonio, diciéndome que si me iba lejos de la familia, me arrepentirÃa por el resto de mi vida. Siendo muy sincera, yo estaba emocionada por irme lejos de ella y que ya no estuviera controlándome, asà que ignoré sus amenazas. Al principio tenÃa miedo, pero conforme pasaron los dÃas, me sentÃa bien y con mayor libertad. Todo estaba marchando de forma tranquila y a la perfección, hasta que una tarde recibà una llamada de parte de mi madre, donde me informaba que mi nana no se podÃa levantar de la cama no sabÃan si se debÃa una enfermedad o aún mal de ojo que le hicieron, pero que ella estaba pidiendo verme. Le pedà a mi madre que le dijera que no pudo encontrarme y que mi número de teléfono estaba mal. Por mucho tiempo, mi nana nos habÃa tratado mal y nos atormentaba con las cosas que hacÃa en su casa cuando nos cuidaba de niños, asà que no tenÃa ni una pizca de ganas de volver a verla o hablarle. Aún asÃ, las llamadas de mi madre no pararon. InsistÃa en que me comunicara, pues mi nana de alguna manera sabÃa que sà me contactaron. Yo seguÃa negándome a darle razón de mÃ. Cada llamada que hacÃa mi madre era para decirme que mi nana estaba más enferma y menos podÃa levantarse de la cama, hasta que de pronto dejé de recibir llamadas por un par de semanas. Fueron muy tranquilas, pues me habÃa olvidado por completo de ella y de su situación hasta que un domingo casi a medianoche me marcó una de mis hermanas sólo para comentarme que nuestra nana habÃa muerto. MentirÃa si les dijera que no me puse triste, pero fue un sentimiento que se fue rápidamente de mi cabeza, pues era más el odio que sentÃa por ella. No supieron exactamente qué fue lo que le pasó o de qué murió, pues desde que empezó a sentirse mal, no podÃa caminar y todo el tiempo se la pasaba acostada en cama. Sus piernas se mantuvieron siempre juntas como si estuviera atada una a la otra, mientras que sus manos se retorcieron y sus dedos se voltearon. Su lengua dio dos jirones provocándole que se asfixiara. Se corrieron rumores de que le habÃan hecho un amarre. Otro de los brujos elegido en forma de venganza. Era muy conocido que entre brujos se peleaban las zonas, pero al parecer, este último fue mucho más fuerte que mi nana y la terminó acabando. Mi hermana aprovechó para contarme que mi nana me habÃa dejado algo como herencia y que si no iba por ello, lo echar rÃa en el pozo, donde se tirarÃan la mayorÃa de sus cosas. Me pareció muy grosero no quedarme con un recuerdo de ella, asà que programé un viaje al dÃa siguiente para ir a despedir a mi nana. Llegué al dÃa siguiente tarde noche, acompañada de mi esposo. En cuanto arribamos a la casa de mis padres. Nos dimos cuenta de la cantidad de gente que habÃa ido a despedir a la nana, desde primos tÃos y parientes lejanos que pensé jamás volverÃa a ver hasta personas totalmente desconocidas y sombrÃas. Mi madre fue quien nos recibió y nos agradeció que estuviéramos allÃ. Me entregó un baúl indicándome que todo lo que estaba allà era mÃo por indicaciones de nuestra nana. TenÃa curiosidad de ver qué habÃa dentro de la caja, pero lo que menos querÃa era atraer la atención de los demás, por lo que la guardé para abrirla. Después me acerqué a su féretro para despedirme. Por última vez. Al verla ahà dentro, me percaté que realmente le habÃan hecho algo. Apenas tenÃa si acaso un dÃa de haber fallecido y su rostro se veÃa casi en los huesos, los ojos los tenÃa bastante hundidos y la piel parecÃa de papel arrugado que con tan sólo tocarla se harÃa polvo o se pudiera romper. Mi madre me comentó que tenÃa un amarre muy poderoso, el cual le absorbÃa la vida. Por ello, después de que yo la viera, decidieron cerrar el ataúd y no lo volvieron a abrir. Mi nana serÃa cremada. Después de un buen rato, mi madre nos proporcionó una habitación para que pasemos la noche. Desafortunadamente, resultó ser la única disponible y que nadie quiso. Se trataba del cuarto de la nana. A mi esposo parecÃa no importarle, asà que nos fuimos a acostar los dos ya en la habitación. Mi esposo me preguntó si querÃa ver qué se encontraba dentro de la caja entre los dos la subimos a la cama y la abrimos. HabÃa un retrato tétrico. En este se podÃa ver a mi nana solo de pecho hacia arriba. ParecÃa que te seguÃa con la mirada a donde te movieras. Además, sacamos algunos juguetes y muñecas que mi nana me castigó cuando era una niña. Luego habÃa una cajita envuelta en papeles de colores y de ella colgab una etiqueta con la dedicatoria de mi nana. Por mi cumpleaños pasado, la desenvolvà solo para darme cuenta que me regaló su cajita musical, que tanto me gustaba y al final, hasta abajo habÃa otra cosa más grande que todo lo demás. ParecÃa ser una caja normal, pero cuando la abrimos, escuché como mi corazón latió de miedo. Se trataba de la hija espiritual favorita de mi nana, aquella que usaba para contactar a los seres del más allá. Yo no la querÃa. Siempre me habÃa aterrado el esa cosa y no querÃa llevármela, pero mi esposo me convenció que se trataba de un regalo de parte de mi nana y que lo mejor serÃa llevárnoslo y que nos deshiciéramos de la hija cuando estuviéramos apartados de todos. Me pareció buena idea. Dos dÃas después, ya estábamos de vuelta en casa. Las cosas las guardé en un baúl con excepción de la cajita musical, la cual la puse sobre una mesita que tenÃa en nuestra habitación en el segundo piso de la casa. Los dÃas pasaron una tarde. Mi esposo regresó comentándome que tendrÃa que hacer un viaje de negocios y se ausentarÃa por varios dÃas su trabajo. Lo estaba requiriendo en otro lugar por una semana y estarÃa un poco incomunicado debido a que acamparÃan en el monte de pronto el sonido de la cajita musical comenzó a escucharse. Ambos nos quedamos en silencio. Me preguntó si le apo ha dado cuerda, pero ésta ni siquiera estaba abierta. Luego se escuchó cómo la cajita musical se caÃa de la mesa. Me apresuré a subir al segundo piso corriendo encendà la luz y pude ver la cajita destruida. No sabÃa cómo habÃa pasado, que la cajita se habÃa caÃdo por sà sola. Estaba muy bien acomodada y ni siquiera tenÃa cuerda. Mi esposo me comentó que él me ayudarÃa a armarla. Llevamos todas las piezas a la mesa del comedor en la planta baja y nos dispusimos a repararla. No se habÃa golpeado tanto, pero sà tenÃa varias piezas sueltas y, al final de cuentas, logramos armarla, pero faltaba un tornillo el que le daba cuerda a todo lo buscamos por todas partes debajo de la mesa en cada esquina. Incluso regresamos a la habitación por si se hubiera caÃdo por allÃ, pero no lo encontramos algo triste y decepcionada. La dejé sobre su mesita en una mejor posición. Esa noche no pude conciliar el sueño. Mi mente daba vueltas tratando de hallar una respuesta de cómo pasaron las cosas cuando no sé por qué, pero se me ocurrió que tal vez podrÃa usar la hija para preguntar dónde se encontraba el tornillo faltante, sin que mi esposo se diera cuenta, saqué la hija del baúl y la llevé a la otra habitación. La coloqué sobre el piso y comencé a usarla. La verdad nunca habÃa usado una. Sólo veÃa a mi nana hacerlo, asà que intenté recrear lo mismo, pero no pasaba nada de extraño. No sé por qué lo hice, pero se me ocurrió convocar el espÃritu de mi nana para que me ayudara. Entonces el puntero se movió rápidamente y escribió ola. No sabÃa qué hacer. Sólo se me ocurrió preguntar dónde se encontraba el torneo. Yo, faltante de la cajita musical, puse las yemas de mis dedos sobre el puntero y este comenzó a moverse por sÃ. Solo señalaba cada letra, la cual yo comencé a repetirla en voz alta hasta que formó la frase sobre la mesa. En eso se escuchó el sonido. Tenue de algo cayendo sobre la mesa del comedor. Como ya era tarde y no habÃa muchos ruidos, fue fácil escucharla. Me levanté del piso y me apresuré a bajar al primer piso. Efectivamente, ahà estaba el tornillo. No podÃa creer lo que habÃa pasado, asà que subà hasta la habitación, donde tenÃa la huija. Ya no la ocupaba más, asà que recordé que mi nana cerraba la sesión y justo cuando estuve por hacerlo, vino a mi mente otra pregunta. A mi esposo le irá bien en su viaje. El puntero se comenzó a mover sin que yo pusiera los dedos sobre él. Tomé nota de cada letra por la que pasaba y cuando terminó, me respondió con otra pregunta. Quieres que regrese con bien. SabÃa que esto ya no era un juego. Guardé la huija rápidamente y la volvà a meter al baúl. Esa mañana hice como si nada hubiera pasado. Le mostré el tornillo a mi esposo y le dije que lo habÃa encontrado sobre la cama. Arregló la cajita musical, quedando como si nada hubiera ocurrido. Esa mañana se fue a su viaje por la tarde. Me recosté un momento en la cama pensando en las cosas que harÃa más tarde, sin darme cuenta el cansancio me superó quedando completamente dormida. Entonces tuve un sueño en el que veÃa a mi nana. Se encontraba en su antigua habitación. Se escuchaba como se reÃa de algo. Yo en el sueño me acerqué a donde estaba ella y la vi conversando con alguien. Estaban ambos sentados en su cama, pero no lograba identificar bien quién era. Me metà a la habitación por completo y me di cuenta que era una especie de duende. TenÃa su rostro como de un perro deforme y sus brazos y piernas muy largas. Esa criatura se me quedó mirando y sólo esbozó una sonrisa. Mi nana se dio la vuelta y me miró. Me dijo que ese duende harÃa mi encargo. Salà de la habitación como pude. Yo querÃa huir a como diera lugar, pero algo me atraÃa a mi nana no podÃa irme y me jalaba hasta donde estaba. Ella. Sólo le escuchaba repetir la palabra ven y cada vez que lo hacÃa, yo perdÃa fuerzas en mis piernas hasta que me caà y me atraÃa hacia ella. De pronto desperté. Me di cuenta que mis piernas estaban levantadas como si estuviera a punto de levitar sobre la cama. Mi cuerpo se sintió pesado y mis piernas cayeron a la cama. Me levanté rápidamente a srta asustada, pensando en lo que me habÃa ocurrido. Entonces me di cuenta de lo que estaba pasando. No habÃa cerrado sesión con la huija y era probable que mi nana me estuviera torturando. Saqué la hija del Baúl y le envolvà en una cobija vieja que tenÃa. Tomé el cuchillo más filoso que tenÃa en la casa. Preparé unos cerillos y un poco de alcohol. Cuando abrà la puerta de la casa, me di cuenta que ya era muy tarde. Todo estaba oscuro sin darme cuenta habÃa dormido demasiado. Entonces recordé que cerca de donde vivÃamos habÃa un lote baldÃo. Cuando llegué al lugar, sin descubrir la hija, la estrellé sobre una roca mientras pronunciaba las palabras que cerraban la sesión. Clavé varias veces el cuchillo sobre ella hasta hacerle Hoyos juro que en ese momento escuchaba voces y susurros a mi alrededor, pero no habÃa nadie allà la la rocie de Laura, la alcohol y le encendà fuego la dejé que se consumiera por completo. Los dÃas pasaron. No tuve un sueño asÃ. Otra vez todo fue tranquilo, pero aún quedaba el pendiente que tenÃa con mi esposo. No tenÃa forma de comunicarme a donde se habÃa ido, asà que sólo me quedaba orar por él. Después de tanta desesperación y angustia, él regresó. Me sentÃa tan contenta de que estuviera con bien en ese entonces me platicó algo que le habÃa sucedido. Resulta que, mientras dormÃa una serpiente de Cascabel se habÃa metido a su tienda de acampar. Cuando se dio cuenta de ella el sonido del Cascabel ya estaba sobre su cabeza, se movió tan rápido como pudo que logró salir de la tienda, la serpiente lo siguió y justo cuando estuvo a punto de saltarle encima, alguien llegó con un machete, salvándole la vida a mi esposo. No sé si haya alguna coincidencia con el sueño y con lo que ocurrió, pero la verdad las cosas hoy en dÃa han estado mucho más tranquilas y pasajeras. Al mismo tiempo, mi nana sólo es un recuerdo que quede en la numerosa familia que somos y se ha vuelto parte de las leyendas familiares. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








