Sept. 9, 2025

BRUJERÍA Que Quería Terminar Con Un PUEBLO De MÉXICO Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 En 1988, yo vivía en un pueblo pequeño, donde todo giraba alrededor de un tanque comunitario de agua. Estaba en la parte alta, sobre una base de cemento reforzada entre todos los vecinos años atrás. De ahí dependíamos para todo. Beber, bañarnos, cocinar y hasta dar de beber a los animales. Cada familia subía con cubetas, tambos o garrafones, hacía fila y se servía lo que necesitaba. El tanque nunca había fallado. Entre todos le dábamos mantenimiento, limpiando el borde, arreglando las llaves y revisando las mangueras. Era de todos y era lo más cercano a un tesoro compartido. Desde temprano las señoras subían con los hijos para llenar los recipientes, y en la tarde subíamos los más grandes para cargar los tambos y bajarlos en carretillas o sobre las bicicletas. Nunca hubo un problema serio, porque el agua siempre se había mantenido limpia y fresca. Una tarde de agosto subí como siempre con mi cubeta. El calor era fuerte y el camino empinado me hizo llegar sudando. Había poca gente en ese momento, solo dos vecinos llenando sus garrafones. Mientras esperaba mi turno, noté algo extraño en la base del tanque.

1:25 En un rincón donde normalmente solo había tierra húmeda y piedras pequeñas. Se trataba de un bulto envuelto en trapos, amarrados con listones rojos. Estaba tan apretado que parecía un paquete intencional, no basura tirada al azar. Me agaché para observarlo mejor. El paquete estaba húmedo por abajo, como si hubiera absorbido agua del suelo, y los listones tenían nudos firmes, no parecían de alguien improvisado. Llamé a los vecinos y les señalé lo que había encontrado. Uno de ellos, un hombre mayor, dijo que mejor lo dejáramos allí. Otro vecino trajo una navaja y comenzó a cortar los nudos de los listones. Al abrir los trapos, todos nos quedamos en silencio.

2:10 Dentro había huesos pequeños, quebrados y mezclados con hierbas secas. Algunos huesos parecían de ave, otros más delgados, como de algún animal pequeño. Entre ellos había ramas partidas y polvo oscuro que no reconocimos. El olor era raro. Eso era brujería. Lo comentaron con seriedad, bajando la voz, y uno incluso se persignó. Yo me quedé mirando los huesos, intentando entender quién podía haberlos puesto allí y con qué propósito. La noticia corrió rápido por el pueblo. En cuestión de horas, la gente ya hablaba de lo que habíamos encontrado junto al tanque. Algunos se lo tomaron como una broma pesada, diciendo que alguien quería asustar. Otros estaban más nerviosos, convencidos de que se trataba de un trabajo hecho contra todos nosotros, porque el agua era lo más importante que teníamos. Las señoras decían que no debían dejar que los niños subieran solos, y los hombres discutían si había que llamar al comisario para que tomara cartas en el asunto. Nadie sabía con certeza qué hacer con los trapos y los huesos que al final terminaron enterrados a un lado lejos del tanque.

3:23 Desde ese día, cada vez que alguien subía por agua, lo hacía con más cuidado, mirando alrededor, revisando si no había algo extraño cerca de la base. Yo mismo, cuando me tocaba cargar, no podía dejar de fijarme en el suelo y en las piedras. El tanque, que antes era un sitio común y seguro, se volvió un lugar al que todos llegábamos con desconfianza, pensando en lo que habíamos encontrado allí. El ambiente del pueblo se volvió tenso y aunque tratábamos de seguir la rutina, ya nada se sentía igual. Un lunes por la mañana encontramos junto al tanque un muñeco hecho con trapos. Estaba mal cocido, con forma de cuerpo humanoide, relleno de tierra húmeda. tenía la cabeza amarrada con un listón rojo y alfileres clavados en el torso los que estábamos allí nos echamos para atrás de inmediato porque nadie podía decir que era casualidad unos días después aparecieron botellas de vidrio enterradas a medias con líquidos oscuros en su interior algunas tenían hojas podridas flotando Otras tenían un líquido tan espeso que parecía aceite viejo. Las botellas estaban tapadas con corchos y selladas con cera negra. Junto a ellas había veladoras gastadas, de esas que se consumen hasta la mitad y se apagan solas, dejando el vidrio ahumado por dentro. La gente comenzó a decir que alguien estaba trabajando en nuestra contra. Decían que querían enfermarnos a

4:54 todos o que buscaban que el agua se echara a perder. La idea de que el tanque podía estar bajo un trabajo corrió rápido. Nadie se atrevía a decir nombres, pero se notaba en las miradas que todos sospechaban de alguien. Los niños recibieron la prohibición más clara, no podían ir solos al tanque. Se repetía en cada casa que ahí rondaba algo malo, y que si los pequeños jugaban en esa zona, podían encontrarse con cosas peores que trapos y huesos. Las madres comenzaron a acompañar a sus hijos incluso cuando iban a ayudar con cubetas pequeñas. Una madrugada, uno de los vecinos contó que había escuchado ruidos metálicos allá arriba.

5:37 Dijo que se oían pasos alrededor de la base del tanque y un golpeteo fuerte, como si estuvieran raspando el cemento con algún objeto de fierro. Salió con su lámpara, pero cuando llegó no había nadie. El tanque estaba en silencio, sin señales de movimiento. Una tarde, cuando subí por agua, noté que la llave principal estaba manchada con cera derretida. El vidrio de las veladoras no estaba cerca, pero la cera chorreaba sobre el metal, dura y pegajosa. Pasé los dedos y la cera se quebró en pedazos pequeños. Sentí un escalofrío porque era la misma cera que habíamos visto en las botellas y en los muñecos. A pesar del miedo, todos seguíamos usando el agua del tanque. No teníamos otra opción.

6:23 No existían pozos cerca ni otra red de distribución. O tomábamos de ahí o no había manera de sobrevivir. Yo trataba de hervir siempre el agua, pero aún así no bebía tranquilo. Cada vez que llenaba mi cubeta me quedaba pensando qué podían estar echándole al tanque, qué manos habían estado trabajando allí en la oscuridad de la madrugada. Al principio todos pensaban que lo de los muñecos y las botellas eran cosas puestas para asustarnos, pero pronto empezaron a decir que el agua ya no sabía igual. Yo lo noté la primera vez cuando preparé café en la mañana. El olor era distinto, como si tuviera un dejo amargo.

7:05 Pensé que era mi imaginación, pero al probarlo confirmé que no tenía el mismo sabor de siempre. Varias familias comentaban lo mismo. El arroz cocido salía con un gusto extraño, como si lo hubieran hervido con hierbas secas. Las tortillas hechas con esa agua no levantaban igual. y hasta al hervir frijoles quedaba un olor raro, fuerte, que no era normal. Todos comenzamos a notarlo. Lo más inquietante fue descubrir que, incluso al bañarse, se percibía algo raro. Yo mismo lo sentí una tarde después de regresar del trabajo. El agua me cayó encima con un olor desagradable que me hizo tirar el agua. Los rumores crecieron más cuando una mujer del barrio dijo que sus hijos habían vomitado después de la comida. Explicó que habían bebido agua en vasos recién servidos y al poco rato comenzaron a sentirse mal. Ella estaba segura de que lo que los enfermó fue el agua, porque no habían comido otra cosa distinta a lo de siempre.

8:06 Ese comentario corrió por el pueblo y asustó a todos. La preocupación llegó a tal punto que la gente comenzó a reunirse en la plaza para discutir qué debíamos hacer. Allí, entre bancas y puestos improvisados, se escuchaban todas las opiniones. Algunos decían que había que limpiar la base del tanque, revisar el suelo y retirar cualquier cosa extraña que encontráramos alrededor. Otros insistían en que lo mejor era llamar a un sacerdote, porque claramente alguien estaba haciendo un trabajo de brujería en contra del pueblo. Yo recuerdo bien cómo la conversación se alargaba hasta entrada la tarde. Por las noches, el tanque se volvió un lugar prohibido. Nadie quería pasar cerca. El camino que subía hasta la base quedó solo después del atardecer.

8:55 Se decía que ahí rondaban lamentos. Personas que vivían en las casas más cercanas aseguraban que escuchaban voces apagadas, como llantos o quejidos. Otros hablaban de pasos en círculo, rodeando la base, acompañados de golpes metálicos. Yo no lo escuché directamente en ese tiempo, pero sí recuerdo la forma en que todos se comportaban. Subí con mi cubeta como siempre, pero al abrir la llave el olor que salió fue tan fuerte que me revolvió el estómago. Era un hedor insoportable, distinto a todo lo que había sentido antes. No era solo agua vieja, sino un olor agrio, podrido, que me hizo apartar la cara. Llené apenas un poco de la cubeta y tuve que tirarlo porque no aguantaba. Ese mismo día comenzaron a escucharse quejas por todo el pueblo. Varias familias decían que el agua estaba intomable, que al hervirla seguía oliendo mal. Algunos aseguraban que ya ni los animales la querían beber. Una señora comentó que sus gallinas se alejaban cuando intentaba darles de esa agua, y otro vecino contó que sus perros preferían lamer charcos de lluvia antes que acercarse al balde. Entre todos se habló de subir al tanque y revisar lo que estaba pasando. Nos reunimos todos en la base del tanque. Llegaron hombres con palas, varillas y hasta martillos. La tapa metálica que cubría la parte superior estaba cerrada con candados viejos, oxidados, pero aún firmes.

10:28 Alguien trajo un cincel y entre varios empezamos a forzarla. Cada golpe resonaba contra el metal y hacía eco en el interior. Recuerdo bien el momento en que la tapa se dio. El candado reventó de un martillazo y uno de los hombres levantó la plancha de hierro con esfuerzo. El chirrido que salió fue agudo. De pronto, todo quedó en silencio. Nadie se movía, como si ninguno quisiera ser el primero en mirar. Lo siguiente fue el olor. Un golpe de aire pesado salió desde el interior y nos obligó a retroceder. Varios se taparon la nariz con las camisas. A pesar del asco y el miedo, uno de los hombres sacó una lámpara y la apuntó hacia adentro. Todos nos acercamos, inclinándonos lo justo para mirar. En la superficie del agua flotaba algo oscuro, hinchado, que se movía apenas con la corriente ligera. Al principio pensamos que era un costal lleno, hinchado por la humedad. pero cuando la lámpara iluminó mejor nos dimos cuenta que era un animal muerto el agua lo había inflado y su piel flotaba a medias entre la superficie y el fondo nadie habló durante unos segundos el silencio fue tan fuerte que solo se escuchaban los insectos alrededor algunos retrocedieron de inmediato otros se quedaron mirando paralizados por el asco ese instante quedó grabado en mi memoria como uno de los más pesados de mi vida el tanque que siempre había representado confianza y

11:59 vida para el pueblo ahora guardaba un secreto inmundo que explicaba el olor el sabor amargo y la enfermedad de algunos lo peor era pensar cuánto tiempo había estado allí dentro y cuánta agua habíamos tomado de ese mismo lugar. Con ganchos y palos largos intentamos sacar lo que flotaba en el tanque. El agua estaba tan turbia que costaba atinarle, pero entre varios logramos engancharlo y jalarlo hacia un costado. Cuando por fin lo sacamos, era un perro en estado de descomposición. El cuerpo estaba hinchado, con la piel desprendiéndose en algunas partes, y un olor insoportable se extendió de inmediato por todo el lugar. Varios vomitaron. Lo que nos dejó helados fue notar que no era un simple animal muerto.

12:45 El perro tenía listones rojos y negros atados al cuerpo, apretados alrededor de las patas y del cuello. Además, en el costado se veían símbolos pintados con tinta negra, figuras mal hechas como cruces torcidas y círculos deformes. Nadie pudo decir qué significaban, pero todos entendimos que no era casualidad. Alguien había puesto al animal allí con toda intención. Algunos hombres aseguraron sin dudar que se trataba de un trabajo de brujería. Decían que el perro había sido sacrificado y lanzado dentro del agua para maldecir al pueblo entero. Yo solo podía mirar el cuerpo inerte, pensando que durante semanas habíamos estado bebiendo, cocinando y bañándonos con esa agua. las mujeres que habían acompañado a sus maridos comenzaron a llorar no era sólo de miedo sino de coraje y de asco algunas se llevaban las manos a la boca otras abrazaban a sus hijos los hombres discutían entre ellos alterados preguntándose qué hacer con el perro y quién había sido capaz de hacer algo así Un vecino propuso quemarlo allí mismo para acabar con todo rastro. Otro dijo que no, que lo mejor era enterrarlo lejos del pueblo para que no quedara ninguna ceniza que pudiera arrastrar el viento hasta nuestras casas. Al final decidieron cargarlo entre varios y llevarlo a las afueras. Lo envolvieron en costales y lo subieron a una carretilla. la gente los siguió en silencio hasta

14:17 un terreno baldío donde cavaron un hoyo profundo mientras lo enterraban algunos comenzaron a rezar yo miraba la tierra caer sobre el cuerpo del perro y sentía un nudo en la garganta No era solo por lo que había pasado, sino por la sensación de que todo el pueblo había quedado marcado. Seguíamos sin saber quién había puesto al animal en el tanque ni con qué propósito. Cada quien tenía sus sospechas, pero nadie se atrevía a señalar nombres. El miedo era más grande que las ganas de culpar a alguien.