BRUJERÍA Que Quería Terminar Con Un PUEBLO De MÉXICO Historias De Terror - REDE
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0:05 En 1988, yo vivÃa en un pueblo pequeño, donde todo giraba alrededor de un tanque comunitario de agua. Estaba en la parte alta, sobre una base de cemento reforzada entre todos los vecinos años atrás. De ahà dependÃamos para todo. Beber, bañarnos, cocinar y hasta dar de beber a los animales. Cada familia subÃa con cubetas, tambos o garrafones, hacÃa fila y se servÃa lo que necesitaba. El tanque nunca habÃa fallado. Entre todos le dábamos mantenimiento, limpiando el borde, arreglando las llaves y revisando las mangueras. Era de todos y era lo más cercano a un tesoro compartido. Desde temprano las señoras subÃan con los hijos para llenar los recipientes, y en la tarde subÃamos los más grandes para cargar los tambos y bajarlos en carretillas o sobre las bicicletas. Nunca hubo un problema serio, porque el agua siempre se habÃa mantenido limpia y fresca. Una tarde de agosto subà como siempre con mi cubeta. El calor era fuerte y el camino empinado me hizo llegar sudando. HabÃa poca gente en ese momento, solo dos vecinos llenando sus garrafones. Mientras esperaba mi turno, noté algo extraño en la base del tanque.
1:25 En un rincón donde normalmente solo habÃa tierra húmeda y piedras pequeñas. Se trataba de un bulto envuelto en trapos, amarrados con listones rojos. Estaba tan apretado que parecÃa un paquete intencional, no basura tirada al azar. Me agaché para observarlo mejor. El paquete estaba húmedo por abajo, como si hubiera absorbido agua del suelo, y los listones tenÃan nudos firmes, no parecÃan de alguien improvisado. Llamé a los vecinos y les señalé lo que habÃa encontrado. Uno de ellos, un hombre mayor, dijo que mejor lo dejáramos allÃ. Otro vecino trajo una navaja y comenzó a cortar los nudos de los listones. Al abrir los trapos, todos nos quedamos en silencio.
2:10 Dentro habÃa huesos pequeños, quebrados y mezclados con hierbas secas. Algunos huesos parecÃan de ave, otros más delgados, como de algún animal pequeño. Entre ellos habÃa ramas partidas y polvo oscuro que no reconocimos. El olor era raro. Eso era brujerÃa. Lo comentaron con seriedad, bajando la voz, y uno incluso se persignó. Yo me quedé mirando los huesos, intentando entender quién podÃa haberlos puesto allà y con qué propósito. La noticia corrió rápido por el pueblo. En cuestión de horas, la gente ya hablaba de lo que habÃamos encontrado junto al tanque. Algunos se lo tomaron como una broma pesada, diciendo que alguien querÃa asustar. Otros estaban más nerviosos, convencidos de que se trataba de un trabajo hecho contra todos nosotros, porque el agua era lo más importante que tenÃamos. Las señoras decÃan que no debÃan dejar que los niños subieran solos, y los hombres discutÃan si habÃa que llamar al comisario para que tomara cartas en el asunto. Nadie sabÃa con certeza qué hacer con los trapos y los huesos que al final terminaron enterrados a un lado lejos del tanque.
3:23 Desde ese dÃa, cada vez que alguien subÃa por agua, lo hacÃa con más cuidado, mirando alrededor, revisando si no habÃa algo extraño cerca de la base. Yo mismo, cuando me tocaba cargar, no podÃa dejar de fijarme en el suelo y en las piedras. El tanque, que antes era un sitio común y seguro, se volvió un lugar al que todos llegábamos con desconfianza, pensando en lo que habÃamos encontrado allÃ. El ambiente del pueblo se volvió tenso y aunque tratábamos de seguir la rutina, ya nada se sentÃa igual. Un lunes por la mañana encontramos junto al tanque un muñeco hecho con trapos. Estaba mal cocido, con forma de cuerpo humanoide, relleno de tierra húmeda. tenÃa la cabeza amarrada con un listón rojo y alfileres clavados en el torso los que estábamos allà nos echamos para atrás de inmediato porque nadie podÃa decir que era casualidad unos dÃas después aparecieron botellas de vidrio enterradas a medias con lÃquidos oscuros en su interior algunas tenÃan hojas podridas flotando Otras tenÃan un lÃquido tan espeso que parecÃa aceite viejo. Las botellas estaban tapadas con corchos y selladas con cera negra. Junto a ellas habÃa veladoras gastadas, de esas que se consumen hasta la mitad y se apagan solas, dejando el vidrio ahumado por dentro. La gente comenzó a decir que alguien estaba trabajando en nuestra contra. DecÃan que querÃan enfermarnos a
4:54 todos o que buscaban que el agua se echara a perder. La idea de que el tanque podÃa estar bajo un trabajo corrió rápido. Nadie se atrevÃa a decir nombres, pero se notaba en las miradas que todos sospechaban de alguien. Los niños recibieron la prohibición más clara, no podÃan ir solos al tanque. Se repetÃa en cada casa que ahà rondaba algo malo, y que si los pequeños jugaban en esa zona, podÃan encontrarse con cosas peores que trapos y huesos. Las madres comenzaron a acompañar a sus hijos incluso cuando iban a ayudar con cubetas pequeñas. Una madrugada, uno de los vecinos contó que habÃa escuchado ruidos metálicos allá arriba.
5:37 Dijo que se oÃan pasos alrededor de la base del tanque y un golpeteo fuerte, como si estuvieran raspando el cemento con algún objeto de fierro. Salió con su lámpara, pero cuando llegó no habÃa nadie. El tanque estaba en silencio, sin señales de movimiento. Una tarde, cuando subà por agua, noté que la llave principal estaba manchada con cera derretida. El vidrio de las veladoras no estaba cerca, pero la cera chorreaba sobre el metal, dura y pegajosa. Pasé los dedos y la cera se quebró en pedazos pequeños. Sentà un escalofrÃo porque era la misma cera que habÃamos visto en las botellas y en los muñecos. A pesar del miedo, todos seguÃamos usando el agua del tanque. No tenÃamos otra opción.
6:23 No existÃan pozos cerca ni otra red de distribución. O tomábamos de ahà o no habÃa manera de sobrevivir. Yo trataba de hervir siempre el agua, pero aún asà no bebÃa tranquilo. Cada vez que llenaba mi cubeta me quedaba pensando qué podÃan estar echándole al tanque, qué manos habÃan estado trabajando allà en la oscuridad de la madrugada. Al principio todos pensaban que lo de los muñecos y las botellas eran cosas puestas para asustarnos, pero pronto empezaron a decir que el agua ya no sabÃa igual. Yo lo noté la primera vez cuando preparé café en la mañana. El olor era distinto, como si tuviera un dejo amargo.
7:05 Pensé que era mi imaginación, pero al probarlo confirmé que no tenÃa el mismo sabor de siempre. Varias familias comentaban lo mismo. El arroz cocido salÃa con un gusto extraño, como si lo hubieran hervido con hierbas secas. Las tortillas hechas con esa agua no levantaban igual. y hasta al hervir frijoles quedaba un olor raro, fuerte, que no era normal. Todos comenzamos a notarlo. Lo más inquietante fue descubrir que, incluso al bañarse, se percibÃa algo raro. Yo mismo lo sentà una tarde después de regresar del trabajo. El agua me cayó encima con un olor desagradable que me hizo tirar el agua. Los rumores crecieron más cuando una mujer del barrio dijo que sus hijos habÃan vomitado después de la comida. Explicó que habÃan bebido agua en vasos recién servidos y al poco rato comenzaron a sentirse mal. Ella estaba segura de que lo que los enfermó fue el agua, porque no habÃan comido otra cosa distinta a lo de siempre.
8:06 Ese comentario corrió por el pueblo y asustó a todos. La preocupación llegó a tal punto que la gente comenzó a reunirse en la plaza para discutir qué debÃamos hacer. AllÃ, entre bancas y puestos improvisados, se escuchaban todas las opiniones. Algunos decÃan que habÃa que limpiar la base del tanque, revisar el suelo y retirar cualquier cosa extraña que encontráramos alrededor. Otros insistÃan en que lo mejor era llamar a un sacerdote, porque claramente alguien estaba haciendo un trabajo de brujerÃa en contra del pueblo. Yo recuerdo bien cómo la conversación se alargaba hasta entrada la tarde. Por las noches, el tanque se volvió un lugar prohibido. Nadie querÃa pasar cerca. El camino que subÃa hasta la base quedó solo después del atardecer.
8:55 Se decÃa que ahà rondaban lamentos. Personas que vivÃan en las casas más cercanas aseguraban que escuchaban voces apagadas, como llantos o quejidos. Otros hablaban de pasos en cÃrculo, rodeando la base, acompañados de golpes metálicos. Yo no lo escuché directamente en ese tiempo, pero sà recuerdo la forma en que todos se comportaban. Subà con mi cubeta como siempre, pero al abrir la llave el olor que salió fue tan fuerte que me revolvió el estómago. Era un hedor insoportable, distinto a todo lo que habÃa sentido antes. No era solo agua vieja, sino un olor agrio, podrido, que me hizo apartar la cara. Llené apenas un poco de la cubeta y tuve que tirarlo porque no aguantaba. Ese mismo dÃa comenzaron a escucharse quejas por todo el pueblo. Varias familias decÃan que el agua estaba intomable, que al hervirla seguÃa oliendo mal. Algunos aseguraban que ya ni los animales la querÃan beber. Una señora comentó que sus gallinas se alejaban cuando intentaba darles de esa agua, y otro vecino contó que sus perros preferÃan lamer charcos de lluvia antes que acercarse al balde. Entre todos se habló de subir al tanque y revisar lo que estaba pasando. Nos reunimos todos en la base del tanque. Llegaron hombres con palas, varillas y hasta martillos. La tapa metálica que cubrÃa la parte superior estaba cerrada con candados viejos, oxidados, pero aún firmes.
10:28 Alguien trajo un cincel y entre varios empezamos a forzarla. Cada golpe resonaba contra el metal y hacÃa eco en el interior. Recuerdo bien el momento en que la tapa se dio. El candado reventó de un martillazo y uno de los hombres levantó la plancha de hierro con esfuerzo. El chirrido que salió fue agudo. De pronto, todo quedó en silencio. Nadie se movÃa, como si ninguno quisiera ser el primero en mirar. Lo siguiente fue el olor. Un golpe de aire pesado salió desde el interior y nos obligó a retroceder. Varios se taparon la nariz con las camisas. A pesar del asco y el miedo, uno de los hombres sacó una lámpara y la apuntó hacia adentro. Todos nos acercamos, inclinándonos lo justo para mirar. En la superficie del agua flotaba algo oscuro, hinchado, que se movÃa apenas con la corriente ligera. Al principio pensamos que era un costal lleno, hinchado por la humedad. pero cuando la lámpara iluminó mejor nos dimos cuenta que era un animal muerto el agua lo habÃa inflado y su piel flotaba a medias entre la superficie y el fondo nadie habló durante unos segundos el silencio fue tan fuerte que solo se escuchaban los insectos alrededor algunos retrocedieron de inmediato otros se quedaron mirando paralizados por el asco ese instante quedó grabado en mi memoria como uno de los más pesados de mi vida el tanque que siempre habÃa representado confianza y
11:59 vida para el pueblo ahora guardaba un secreto inmundo que explicaba el olor el sabor amargo y la enfermedad de algunos lo peor era pensar cuánto tiempo habÃa estado allà dentro y cuánta agua habÃamos tomado de ese mismo lugar. Con ganchos y palos largos intentamos sacar lo que flotaba en el tanque. El agua estaba tan turbia que costaba atinarle, pero entre varios logramos engancharlo y jalarlo hacia un costado. Cuando por fin lo sacamos, era un perro en estado de descomposición. El cuerpo estaba hinchado, con la piel desprendiéndose en algunas partes, y un olor insoportable se extendió de inmediato por todo el lugar. Varios vomitaron. Lo que nos dejó helados fue notar que no era un simple animal muerto.
12:45 El perro tenÃa listones rojos y negros atados al cuerpo, apretados alrededor de las patas y del cuello. Además, en el costado se veÃan sÃmbolos pintados con tinta negra, figuras mal hechas como cruces torcidas y cÃrculos deformes. Nadie pudo decir qué significaban, pero todos entendimos que no era casualidad. Alguien habÃa puesto al animal allà con toda intención. Algunos hombres aseguraron sin dudar que se trataba de un trabajo de brujerÃa. DecÃan que el perro habÃa sido sacrificado y lanzado dentro del agua para maldecir al pueblo entero. Yo solo podÃa mirar el cuerpo inerte, pensando que durante semanas habÃamos estado bebiendo, cocinando y bañándonos con esa agua. las mujeres que habÃan acompañado a sus maridos comenzaron a llorar no era sólo de miedo sino de coraje y de asco algunas se llevaban las manos a la boca otras abrazaban a sus hijos los hombres discutÃan entre ellos alterados preguntándose qué hacer con el perro y quién habÃa sido capaz de hacer algo asà Un vecino propuso quemarlo allà mismo para acabar con todo rastro. Otro dijo que no, que lo mejor era enterrarlo lejos del pueblo para que no quedara ninguna ceniza que pudiera arrastrar el viento hasta nuestras casas. Al final decidieron cargarlo entre varios y llevarlo a las afueras. Lo envolvieron en costales y lo subieron a una carretilla. la gente los siguió en silencio hasta
14:17 un terreno baldÃo donde cavaron un hoyo profundo mientras lo enterraban algunos comenzaron a rezar yo miraba la tierra caer sobre el cuerpo del perro y sentÃa un nudo en la garganta No era solo por lo que habÃa pasado, sino por la sensación de que todo el pueblo habÃa quedado marcado. SeguÃamos sin saber quién habÃa puesto al animal en el tanque ni con qué propósito. Cada quien tenÃa sus sospechas, pero nadie se atrevÃa a señalar nombres. El miedo era más grande que las ganas de culpar a alguien.
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