June 29, 2023

Brujería Hindú, Y La Santa Muerte Historias De Terror - REDE

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Brujería Hindú y la Santa Muerte. Buenas empiezo presentándome Mi nombre es Laura recebó mis apellidos. Siempre he vivido en michoacán, en específico en la ciudad de Morelia, ciudad de Callejón, del Muerto y de la Fuente del Ángel. Desde antes de nacer mi vida ya estaba impregnada de mi ser y sufrimiento. Cuando mis papás se conocieron y no eran jóvenes, por lo tanto, no perdieron el tiempo y en cuestión de meses, mi mamá quedó embarazada en aquel entonces. Ella tenía treinta y ocho años. Cuando le dijo a mi papá, él le respondió que era un hombre casado y que ella tenía hijos con su esposa. También le dejó en claro que no tenía ni la más mínima intención de dejar a su familia para estar con mi madre. No sé por qué al desconsiderado de mi padre también le pareció buen momento para decirle que tenía aventuras con más mujer y, por lo tanto, yo sería uno de los tantos hijos no reconocidos que tenía regados por ahí. Mi mamá quedó totalmente devastada. Nací teniendo solo a mi madre de pequeña. Tuve dos experiencias que, sin yo quererlo, me llevaron a estar muy cerca de la muerte. La primera de esas experiencias fue cuando estuve a punto de sufrir muerte de cuna. La casa en la que viví durante toda mi infancia era una casa demasiado antigua y desde que mis abuelos maternos eran muy jóvenes, se solía decir que asustaban mucho en la parte de atrás en lo que vendría siendo el patio. Lo que decían era que se aparecían fantasmas. Cuando yo iba a sufrir muerte de cuna, mi mamá estaba atendiendo su negocio, que estaba en la misma casa. Era un cuarto de enfrente. El papá de mi mamá lo había adaptado para que mi mamá pudiera poner su negocio. Mi mamá cuenta que ella estaba en lo suyo cuando de pronto sintió una punzada en el ocho. Entonces su instinto de madre le dio a entender que tenía que verme. Ella corrió hasta donde estaba yo. Cuando entró al cuarto y me vio en la cuna, yo ya tenía los labios morados y las manos azules, me levantó y me sacudió hasta que empecé a respirar de nuevo. Después, cuando ya tenía seis años, estuve a punto de ahogarme en una alberca llena de adultos. El incidente que sufrí dentro de la alberca ocurrió cuando yo estaba en uno de esos campamentos de verano. En aquel entonces había uno muy conocido que aceptaba niños pequeños. Los organizadores eran dueños de una guardería. Tal campamento estaba en las afueras de la ciudad, en un cerro. Solamente un primo y su hermana eran los únicos de mi familia que estaban ese día conmigo, pero ellos no se dieron cuenta cuando ocurrió el accidente que cabe aclarar fue ocasionado por culpa de la negligencia de las personas a cargo. Ellos debían estar cuidando a los niños de mi edad, pero algo estaban haciendo y yo, en lugar de meterme en el chapoteadero, fui a meterme en la alberca grande. Nadie se había dado cuenta hasta que otra niña empezó a gritar que yo me estaba ahogando y gracias a ella me sacaron de inmediato Después de esa mala experiencia, yo despertaba gritando en las noches preguntando por mi padre y lo que mi madre me decía era que él se había tenido que ir lejos, pero que en cuanto pudiera iba a regresar a verme, las primeras veces sí que le creí, pero conforme fui creciendo y fui entendiendo más cosas. Me di cuenta de que cada vez que a mí se me ocurría preguntar por papá a mi madre se le llenaban los ojos de lágrimas, pero ella se hacía la fuerte y no lloraba frente a mí. Fue hasta mi adolescencia que mi mamá decidió contarme. La verdad fue un golpe tan duro que termine sumida en una depresión fuerte y destructiva e n n e. S nó a resentir mucho mis emociones por no tener un padre y por saber que mi madre me había mentido durante años. Sé que ella lo hizo para protegerme, sólo que no alcanzaba a entenderlo. Poco a poco empecé a encontrar cobijo y consuelo en toda clase de prácticas en las que mi cuerpo terminaba seriamente lacerado. Todo esto me fue llevando poco a poco a ver a la muerte como una amiga, como un anhelo, y yo misma intenté quitarme la vida durante mis años de adolescencia. Ni siquiera recuerdo cuántas veces fueron, pero más de cinco. Estoy segura que sí. Una tarde conocí a una persona que hablaba de la muerte de una forma en la que yo jamás la había considerado. Me acerqué con esa persona. Le conté cuál era la situación por la que estaba pasando y le pregunté si podía ayudarme. Su respuesta fue que no podía ayudarme, pero que me llevaría a donde sí me brindabara. Harían ayuda. Esa persona me llevó a un altar de la Santa Muerte. El altar estaba dentro de una casa muy bonita que servía como centro de adoración. Ahí conocí a muchos fieles de la Santa Muerte y con ayuda de todos, fui comprendiendo muchas cosas hasta que pude sanar. Me hice de bota de la Santa Muerte. A diferencia de lo que muchos pudieran pensar, Nosotros no les deseamos el mal a nadie. Lo único que buscamos es que nos vaya bien. En todo podrá haber personas que consideran a la Santa Muerte como una deidad, pero yo la considero mi amiga y protectora. Entre los mismos adoradores me ayudaron a encontrar un trabajo. Entré en un calcenter muy famoso, cuyo nombre de la empresa comienza con k ahí trabajaba como operadora y también en el área de recursos humanos. Cuando recién entré a trabajar, era muy tímida y insegura debido a mis traumas, pero con el pasar de los meses y con la maravillosa ayuda y benevolencia de la Santa Muerte, recuperé la confianza y mi actitud cambió de una forma indirecta. Me ayudó a destacar en mi trabajo no subí depuesto, pero sí me asignaron a otras funciones que tenían que ver con las líneas de contacto entre las diferentes áreas del cal Center. Ganaba más dinero, y eso me gustaba porque el sueldo que ganaba no sólo era para mí la mitad de mi dinero. Yo lo utilizaba para darle ofrendas a la Santa Muerte, no porque ella me lo pidiera, sino porque yo me sentía muy agradecida. Pasó el tiempo. En el dos mil diecisiete, durante la primera mitad del año, entró un trabajador nuevo. Su nombre era Rubén. Desde la primera vez que lo vi algo de él me atrajo en exceso. Después me enteré que tenía Novia y ella también trabajaba en el Calcenter. De hecho, ella le había conseguido el trabajo. A él es por eso obte por no acercarme, pero siempre que me tocaba asistir a su piso para que me apoyara con unos asuntos relacionados con mi área de trabajo, me ponía nerviosa y me daba pena hablarle, pero debido a las cuestiones laborales, fuimos teniendo cada vez más contacto y la pena se fue quedando en segundo plano. Con el paso de las semanas, ya nos saludábamos cuando nos veíamos en cualquier área. Si coincidíamos en la comida podíamos platicar de cosas que no tenía nada que ver con el trabajo. Después, cuando salíamos a la misma hora, nos íbamos juntos en el camión. Las cosas se estaban dando. Él era tres años más grande que yo, como no podía ser de otra forma. Las cosas siguieron su curso y una noche pasó lo que ya era inevitable. Después de eso empezamos a salir porque me dijo que, derivado de lo que pasó entre nosotros ya había terminado con su novia. Nosotros nos mantuvo vimos neutrales en el trabajo. Nunca nadie se enteró. Todos los lunes yo descansaba y él salía eso de las siete de la noche iba a mi casa y ahí pasaba la noche. Así estuvimos unos cuatro o cinco meses hasta que luego de que yo le encontrara unos mensajes, me confesó que aún seguía con su novia y ya no podíamos seguir con lo nuestro. Terminamos, pero a pesar de eso, siempre me buscaba y yo accedía a encontrarme con él hasta que, debido a que tenía muchas sospechas, su novia le pidió a un amigo suyo que estuviera siguiendo a Rubén. Nos descubrieron y entonces cortamos todo contacto, inclusive el visual. Pasó el tiempo. A finales de septiembre del dos mil diecinueve, Rubén se fue a los Estados Unidos a trabajar y me buscó por mensajes y llamadas. Nuevamente acepté ser su novia y pensé que mis sueños se habían hecho realidad, porque cuando volvió de Estados Unidos en febrero del dos mil veintiuno, empezamos a vivir juntos. Conocí a su familia y creo que me aceptaba, pero mi familia no tomó del todo bien el hecho de que viviéramos juntos sin estar casados ni tener hijos. Es importante mencionar que Rubén regresó sin trabajo. Por lo mismo, yo lo mantenía en lo que él encontraba trabajo literalmente me hacía cargo de todo. En una ocasión regresó a la casa diciendo algo que no eran quejas. Dijo que al fin había encontrado la solución definitiva para su situación. Yo pensé que lo iban a emplear en un lugar donde su contrato era por cinco años o más, pero no me dijo que había encontrado a una señora que tenía la habilidad de leer las cartas y que, con ayuda de ella, siempre sabríamos cuáles serían las decisiones correctas, qué tendríamos que tomar para mejorar nuestra vida. La señora se hacía llamar a sí misma Anaís nunca supe el ver un nombre de ella. Cuando Rubén me llevó a conocer a esa señora, me dijo que ella afirmaba haber nacido en Costa Rica y que sus hijos no la querían porque pensaban que leer las cartas era cosa del diablo. Yo en ningún momento me esforcé por ocultar la desconfianza que esa señora me hacía sentir. Mi actitud fue hostil desde el principio, tanto que le pregunté de forma directa si era cierto que leer las cartas tenía algo que ver con el diablo. La señora se puso seria y sosteniéndome la mirada, me respondió yo podría ser bruja, pero no soy adoradora del diablo. Se notaba que ella quería cambiar el tema y pasar a la lectura de cartas, pero yo insistí con mis cuestionamientos. Le comenté que mi bisabuela era de traxcala y que en esas tierras se decía que todas las brujas eran satánicas. La señora dijo ser una de muchas brujas al servicio de la Onda de la muerte Cali creada a partir del Chakty. Su respuesta fue tan compleja e indecifrable para mí que ya no le dije nada y procedimos a la lectura de cartas. Las cartas que ella tenía eran unas que nunca había visto antes. Eran muy diferentes. Mostraban seres de muchos brazos, con cabezas y animales y muchos eran de color azul. En ese momento no lo supe pero las cartas estaban dibujados los dioses del panteón hindú Me reservaré lo que nos dijo en aquella lectura, pero sinceramente, si nos ayudó para que Rubén encontrara trabajo, mi desconfianza hacia ella se fue desapareciendo porque cada vez nos estaba yendo mejor. Por lo mismo, empezamos a acudir con ella. Con más frecuencia nos hicimos muy cercanos a tal punto que Rubén y yo le conseguimos clientes para que acudieran con ella. Los problemas empezando pasaron cuando, por caprichos del destino, la expareja de Rubén fue a consultar a la señora para que le leyera las cartas. Yo me enteré porque la muchacha esa aparte de la lectura, también le pagó para que le hiciera un trabajo. Por eso la bruja tenía su foto dentro de un frasco de sal rosa. Yo le pregunté a la bruja qué era lo que aquella muchacha le había pedido. Pero a pesar de que ya nos teníamos mucha confianza, se negó a decirme a las pocas semanas me terminé enterando de que el desgraciado de Rubén se había visto con su expareja En ese momento llegué a la conclusión de que lo que estaba pasando estaba relacionado con el trabajo que ella le había pedido a la Bruja. Rubén y yo terminamos. También me alejé completamente de la Bruja. Cuando Rubén y yo pusimos fin a nuestra relación, ya teníamos muchos amigos en común. Por lo tanto, de una forma u otra me enteraba de algunas cosas de la vida de Rubén y aunque la mayoría me tenían sin cuidado, hubo una noticia que me llamó mucho la atención. El treinta y uno de agosto del dos mil veintidós, debido a que estaba secado y obsesionado con las prácticas de la Bruja, decidió unirse a la misma religión que practicaba la Bruja. Ese día, el treinta y uno de agosto, fue la celebración de un tal Krishna. Según entendí, esa celebración vendría a ser el equivalente a la Navidad. La ceremonia fue en un templo de aquí de la ciudad. Estuvieron cantando, orando, bailando y otras cosas que el amigo en común me contó. A la semana siguiente fui al médico porque no me encontraba muy bien. Yo iba pensando que podría ser algo de la tiroides, pero no resultó que tenía seis semanas de embarazo. Yo no me había dado cuenta porque siempre fui irregular. Traté de ponerme en contacto con Rubén, pero no no nunca contestó mis llamadas, así que dejé de insistir. Lo siguiente que supe de él fue que se había ido hasta un pueblo de Veracruz a un evento muy importante en el que los de su religión iban a intercambiar conocimientos con los brujos mayores de diversas regiones. A principios de octubre encontré un perro muerto frente a la puerta de mi casa. Tuve un mal presentimiento, pero no quise sugestionarme y lo dejé pasar. Esa misma semana al trabajo. Me llegó un platillo de comida. Por esas fechas, un compañero del trabajo me estaba pretendiendo y ya me había mandado comida antes. Por eso yo supuse que él me había enviado el platillo de ese día. Me lo comí tranquilamente. Era vasta y sabía deliciosa. Cuando terminé de comer le mandé mensaje al compañero para agradecerle el platillo, pero él me respondió que no me había mandado nada. Ahí me preocupé a las dos horas de haber comido. Estaba en la clínica perdiendo a mi bebé. Fue un momento devastador para mí Independientemente de lo que había pasado con Rubén, yo quería tener a mi bebé. Los resultados de la autopsia de mi bebé arrojó presencia de una extraña mezcla de sustancias de origen nerval que me habían provocado el aborto. Además, el doctor me advirtió que, debido a esas hierbas, tendría que permanecer internada porque estaría sufriendo sangrados. En la segunda semana del mes de octubre, los sangrados por fin se detuvieron y me dieron de alta antes de perder a mi bebé. Yo pesaba sesenta y siete kilos y cuando salí del hospital, pesaba menos de cincuenta. Estaba muerta en vida. Se había consumido todo mi organismo. Mi estado de salud era tan delicado que me recetaron medicamento controlado las famosas pastillas que algunas personas utilizan para dormir. Antes de que terminara octubre una día fue a visitarme y al ver el estado tan demacrado que me encontraba, me convenció de viajar a Huethamo, un pueblo de origen chichimeca que está casi llegando al Estado de guerrero. Mi tía quería que fuéramos a ver a una señora que trabajaba con Ángeles mi familia. No sabía que yo era devota de la Santa Muerte. Entonces no tuve ninguna excusa para negarme a ir con ella. Hicimos el viaje y en cuanto entré a la casita hecha de ladrillos grises de la señora Marbella, me preguntó en dónde me había metido de inmediato. Le pidió a mi tía que se saliera de la casa, sacó un libro y comenzó a rezar. Yo no podía hacer nada más que frotar entre mis manos un cuarzo que ella me dio. No entendía por qué. Pero en cuanto ella se puso a rezar. Yo lloré como nunca. La señora Marbella empezó a describirme a la perfección cómo era el local de la Bruja y su apariencia física. Luego me dijo que me había hecho un trabajo muy fuerte. Era como un enterramiento, pero realizado de forma milenaria. Ella no entendía cómo era eso posible. Yo le mencioné el tipo de cartas que usaba. Marbella me preguntó si la Bruja alguna vez había mencionado a una supuesta diosa e hindú llamada Cali. Le dije que sí. Ella hizo una mueca y me aclaró que salvarme de un trabajo tan ligado a los Ángeles caídos iba a ser muy complicado. Marbella agarró el cuarzo que me había dado y lo metió en agua. Del cuarzo se desprendió un líquido de varios colores. Ella me miró extrañada y algo incrédula. Me dijo que tenía una figura muy alta y grande. Protegiéndome, volvió a mirar el líquido y me dijo que se trataba de un ser angélico, que su rango era difuso y que no estaba en el cielo, pero tampoco era un ángel caído. Entonces me preguntó si adoraba a la muerte. Yo le respondí que sí. Ella procedió a tirar el agua donde había metido el cuarzo. Luego me aclaró que la única que podía ayudarme era la muerte. Le pedí a la señora que no le comentara nada a mi tía y así fue que regresamos a la ciudad. Lo primero que hice llegando fui ir al centro de adoración y les conté que una bruja me tenía bajo un trabajo milenario. La persona de mayor antigüedad se acercó conmigo y empezamos a pensar cómo solucionarlo. Yo le conté sobre la bruja hinduista y sobre Marbella. Esta persona me dijo que lo primero que teníamos que hacer era cargarme una Santa muerte protectora. Fuimos al Gran altar. Agarró una figura pequeña. Fue a meterla un frasco que contenía agua de luna y sal de grano. Hicimos oraciones el elegis, especialmente tomando en cuenta toda la información que teníamos sobre el trabajo y la bruja. Después de que concluimos con los rezos, saqué la figura de la Santa muerte del frasco que contenía agua y sal Me llevé la figura a mi casa, Lo coloqué debajo de mi almohada y después de siete días empecé a recuperar la salud. Volví a la normalidad para finales de noviembre no ha pasado mucho tiempo desde que pude sentirme tranquila nuevamente de verdad sentía que por poco no la iba a contar. Entiendo que todo esto se causó porque al principio yo fui la amante, pero les juro que yo no lo sabía. Lo mismo le ocurrió a mi madre. Lo que más lamento es la muerte de mi bebé Él era un ser inocente que no tenía la culpa de nada. Relato escrito y adaptado por Ramiro. Contreras encuentro ju