Brujería Hindú, Y La Santa Muerte Historias De Terror - REDE

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BrujerÃa Hindú y la Santa Muerte. Buenas empiezo presentándome Mi nombre es Laura recebó mis apellidos. Siempre he vivido en michoacán, en especÃfico en la ciudad de Morelia, ciudad de Callejón, del Muerto y de la Fuente del Ãngel. Desde antes de nacer mi vida ya estaba impregnada de mi ser y sufrimiento. Cuando mis papás se conocieron y no eran jóvenes, por lo tanto, no perdieron el tiempo y en cuestión de meses, mi mamá quedó embarazada en aquel entonces. Ella tenÃa treinta y ocho años. Cuando le dijo a mi papá, él le respondió que era un hombre casado y que ella tenÃa hijos con su esposa. También le dejó en claro que no tenÃa ni la más mÃnima intención de dejar a su familia para estar con mi madre. No sé por qué al desconsiderado de mi padre también le pareció buen momento para decirle que tenÃa aventuras con más mujer y, por lo tanto, yo serÃa uno de los tantos hijos no reconocidos que tenÃa regados por ahÃ. Mi mamá quedó totalmente devastada. Nacà teniendo solo a mi madre de pequeña. Tuve dos experiencias que, sin yo quererlo, me llevaron a estar muy cerca de la muerte. La primera de esas experiencias fue cuando estuve a punto de sufrir muerte de cuna. La casa en la que vivà durante toda mi infancia era una casa demasiado antigua y desde que mis abuelos maternos eran muy jóvenes, se solÃa decir que asustaban mucho en la parte de atrás en lo que vendrÃa siendo el patio. Lo que decÃan era que se aparecÃan fantasmas. Cuando yo iba a sufrir muerte de cuna, mi mamá estaba atendiendo su negocio, que estaba en la misma casa. Era un cuarto de enfrente. El papá de mi mamá lo habÃa adaptado para que mi mamá pudiera poner su negocio. Mi mamá cuenta que ella estaba en lo suyo cuando de pronto sintió una punzada en el ocho. Entonces su instinto de madre le dio a entender que tenÃa que verme. Ella corrió hasta donde estaba yo. Cuando entró al cuarto y me vio en la cuna, yo ya tenÃa los labios morados y las manos azules, me levantó y me sacudió hasta que empecé a respirar de nuevo. Después, cuando ya tenÃa seis años, estuve a punto de ahogarme en una alberca llena de adultos. El incidente que sufrà dentro de la alberca ocurrió cuando yo estaba en uno de esos campamentos de verano. En aquel entonces habÃa uno muy conocido que aceptaba niños pequeños. Los organizadores eran dueños de una guarderÃa. Tal campamento estaba en las afueras de la ciudad, en un cerro. Solamente un primo y su hermana eran los únicos de mi familia que estaban ese dÃa conmigo, pero ellos no se dieron cuenta cuando ocurrió el accidente que cabe aclarar fue ocasionado por culpa de la negligencia de las personas a cargo. Ellos debÃan estar cuidando a los niños de mi edad, pero algo estaban haciendo y yo, en lugar de meterme en el chapoteadero, fui a meterme en la alberca grande. Nadie se habÃa dado cuenta hasta que otra niña empezó a gritar que yo me estaba ahogando y gracias a ella me sacaron de inmediato Después de esa mala experiencia, yo despertaba gritando en las noches preguntando por mi padre y lo que mi madre me decÃa era que él se habÃa tenido que ir lejos, pero que en cuanto pudiera iba a regresar a verme, las primeras veces sà que le creÃ, pero conforme fui creciendo y fui entendiendo más cosas. Me di cuenta de que cada vez que a mà se me ocurrÃa preguntar por papá a mi madre se le llenaban los ojos de lágrimas, pero ella se hacÃa la fuerte y no lloraba frente a mÃ. Fue hasta mi adolescencia que mi mamá decidió contarme. La verdad fue un golpe tan duro que termine sumida en una depresión fuerte y destructiva e n n e. S nó a resentir mucho mis emociones por no tener un padre y por saber que mi madre me habÃa mentido durante años. Sé que ella lo hizo para protegerme, sólo que no alcanzaba a entenderlo. Poco a poco empecé a encontrar cobijo y consuelo en toda clase de prácticas en las que mi cuerpo terminaba seriamente lacerado. Todo esto me fue llevando poco a poco a ver a la muerte como una amiga, como un anhelo, y yo misma intenté quitarme la vida durante mis años de adolescencia. Ni siquiera recuerdo cuántas veces fueron, pero más de cinco. Estoy segura que sÃ. Una tarde conocà a una persona que hablaba de la muerte de una forma en la que yo jamás la habÃa considerado. Me acerqué con esa persona. Le conté cuál era la situación por la que estaba pasando y le pregunté si podÃa ayudarme. Su respuesta fue que no podÃa ayudarme, pero que me llevarÃa a donde sà me brindabara. HarÃan ayuda. Esa persona me llevó a un altar de la Santa Muerte. El altar estaba dentro de una casa muy bonita que servÃa como centro de adoración. Ahà conocà a muchos fieles de la Santa Muerte y con ayuda de todos, fui comprendiendo muchas cosas hasta que pude sanar. Me hice de bota de la Santa Muerte. A diferencia de lo que muchos pudieran pensar, Nosotros no les deseamos el mal a nadie. Lo único que buscamos es que nos vaya bien. En todo podrá haber personas que consideran a la Santa Muerte como una deidad, pero yo la considero mi amiga y protectora. Entre los mismos adoradores me ayudaron a encontrar un trabajo. Entré en un calcenter muy famoso, cuyo nombre de la empresa comienza con k ahà trabajaba como operadora y también en el área de recursos humanos. Cuando recién entré a trabajar, era muy tÃmida y insegura debido a mis traumas, pero con el pasar de los meses y con la maravillosa ayuda y benevolencia de la Santa Muerte, recuperé la confianza y mi actitud cambió de una forma indirecta. Me ayudó a destacar en mi trabajo no subà depuesto, pero sà me asignaron a otras funciones que tenÃan que ver con las lÃneas de contacto entre las diferentes áreas del cal Center. Ganaba más dinero, y eso me gustaba porque el sueldo que ganaba no sólo era para mà la mitad de mi dinero. Yo lo utilizaba para darle ofrendas a la Santa Muerte, no porque ella me lo pidiera, sino porque yo me sentÃa muy agradecida. Pasó el tiempo. En el dos mil diecisiete, durante la primera mitad del año, entró un trabajador nuevo. Su nombre era Rubén. Desde la primera vez que lo vi algo de él me atrajo en exceso. Después me enteré que tenÃa Novia y ella también trabajaba en el Calcenter. De hecho, ella le habÃa conseguido el trabajo. A él es por eso obte por no acercarme, pero siempre que me tocaba asistir a su piso para que me apoyara con unos asuntos relacionados con mi área de trabajo, me ponÃa nerviosa y me daba pena hablarle, pero debido a las cuestiones laborales, fuimos teniendo cada vez más contacto y la pena se fue quedando en segundo plano. Con el paso de las semanas, ya nos saludábamos cuando nos veÃamos en cualquier área. Si coincidÃamos en la comida podÃamos platicar de cosas que no tenÃa nada que ver con el trabajo. Después, cuando salÃamos a la misma hora, nos Ãbamos juntos en el camión. Las cosas se estaban dando. Ãl era tres años más grande que yo, como no podÃa ser de otra forma. Las cosas siguieron su curso y una noche pasó lo que ya era inevitable. Después de eso empezamos a salir porque me dijo que, derivado de lo que pasó entre nosotros ya habÃa terminado con su novia. Nosotros nos mantuvo vimos neutrales en el trabajo. Nunca nadie se enteró. Todos los lunes yo descansaba y él salÃa eso de las siete de la noche iba a mi casa y ahà pasaba la noche. Asà estuvimos unos cuatro o cinco meses hasta que luego de que yo le encontrara unos mensajes, me confesó que aún seguÃa con su novia y ya no podÃamos seguir con lo nuestro. Terminamos, pero a pesar de eso, siempre me buscaba y yo accedÃa a encontrarme con él hasta que, debido a que tenÃa muchas sospechas, su novia le pidió a un amigo suyo que estuviera siguiendo a Rubén. Nos descubrieron y entonces cortamos todo contacto, inclusive el visual. Pasó el tiempo. A finales de septiembre del dos mil diecinueve, Rubén se fue a los Estados Unidos a trabajar y me buscó por mensajes y llamadas. Nuevamente acepté ser su novia y pensé que mis sueños se habÃan hecho realidad, porque cuando volvió de Estados Unidos en febrero del dos mil veintiuno, empezamos a vivir juntos. Conocà a su familia y creo que me aceptaba, pero mi familia no tomó del todo bien el hecho de que viviéramos juntos sin estar casados ni tener hijos. Es importante mencionar que Rubén regresó sin trabajo. Por lo mismo, yo lo mantenÃa en lo que él encontraba trabajo literalmente me hacÃa cargo de todo. En una ocasión regresó a la casa diciendo algo que no eran quejas. Dijo que al fin habÃa encontrado la solución definitiva para su situación. Yo pensé que lo iban a emplear en un lugar donde su contrato era por cinco años o más, pero no me dijo que habÃa encontrado a una señora que tenÃa la habilidad de leer las cartas y que, con ayuda de ella, siempre sabrÃamos cuáles serÃan las decisiones correctas, qué tendrÃamos que tomar para mejorar nuestra vida. La señora se hacÃa llamar a sà misma AnaÃs nunca supe el ver un nombre de ella. Cuando Rubén me llevó a conocer a esa señora, me dijo que ella afirmaba haber nacido en Costa Rica y que sus hijos no la querÃan porque pensaban que leer las cartas era cosa del diablo. Yo en ningún momento me esforcé por ocultar la desconfianza que esa señora me hacÃa sentir. Mi actitud fue hostil desde el principio, tanto que le pregunté de forma directa si era cierto que leer las cartas tenÃa algo que ver con el diablo. La señora se puso seria y sosteniéndome la mirada, me respondió yo podrÃa ser bruja, pero no soy adoradora del diablo. Se notaba que ella querÃa cambiar el tema y pasar a la lectura de cartas, pero yo insistà con mis cuestionamientos. Le comenté que mi bisabuela era de traxcala y que en esas tierras se decÃa que todas las brujas eran satánicas. La señora dijo ser una de muchas brujas al servicio de la Onda de la muerte Cali creada a partir del Chakty. Su respuesta fue tan compleja e indecifrable para mà que ya no le dije nada y procedimos a la lectura de cartas. Las cartas que ella tenÃa eran unas que nunca habÃa visto antes. Eran muy diferentes. Mostraban seres de muchos brazos, con cabezas y animales y muchos eran de color azul. En ese momento no lo supe pero las cartas estaban dibujados los dioses del panteón hindú Me reservaré lo que nos dijo en aquella lectura, pero sinceramente, si nos ayudó para que Rubén encontrara trabajo, mi desconfianza hacia ella se fue desapareciendo porque cada vez nos estaba yendo mejor. Por lo mismo, empezamos a acudir con ella. Con más frecuencia nos hicimos muy cercanos a tal punto que Rubén y yo le conseguimos clientes para que acudieran con ella. Los problemas empezando pasaron cuando, por caprichos del destino, la expareja de Rubén fue a consultar a la señora para que le leyera las cartas. Yo me enteré porque la muchacha esa aparte de la lectura, también le pagó para que le hiciera un trabajo. Por eso la bruja tenÃa su foto dentro de un frasco de sal rosa. Yo le pregunté a la bruja qué era lo que aquella muchacha le habÃa pedido. Pero a pesar de que ya nos tenÃamos mucha confianza, se negó a decirme a las pocas semanas me terminé enterando de que el desgraciado de Rubén se habÃa visto con su expareja En ese momento llegué a la conclusión de que lo que estaba pasando estaba relacionado con el trabajo que ella le habÃa pedido a la Bruja. Rubén y yo terminamos. También me alejé completamente de la Bruja. Cuando Rubén y yo pusimos fin a nuestra relación, ya tenÃamos muchos amigos en común. Por lo tanto, de una forma u otra me enteraba de algunas cosas de la vida de Rubén y aunque la mayorÃa me tenÃan sin cuidado, hubo una noticia que me llamó mucho la atención. El treinta y uno de agosto del dos mil veintidós, debido a que estaba secado y obsesionado con las prácticas de la Bruja, decidió unirse a la misma religión que practicaba la Bruja. Ese dÃa, el treinta y uno de agosto, fue la celebración de un tal Krishna. Según entendÃ, esa celebración vendrÃa a ser el equivalente a la Navidad. La ceremonia fue en un templo de aquà de la ciudad. Estuvieron cantando, orando, bailando y otras cosas que el amigo en común me contó. A la semana siguiente fui al médico porque no me encontraba muy bien. Yo iba pensando que podrÃa ser algo de la tiroides, pero no resultó que tenÃa seis semanas de embarazo. Yo no me habÃa dado cuenta porque siempre fui irregular. Traté de ponerme en contacto con Rubén, pero no no nunca contestó mis llamadas, asà que dejé de insistir. Lo siguiente que supe de él fue que se habÃa ido hasta un pueblo de Veracruz a un evento muy importante en el que los de su religión iban a intercambiar conocimientos con los brujos mayores de diversas regiones. A principios de octubre encontré un perro muerto frente a la puerta de mi casa. Tuve un mal presentimiento, pero no quise sugestionarme y lo dejé pasar. Esa misma semana al trabajo. Me llegó un platillo de comida. Por esas fechas, un compañero del trabajo me estaba pretendiendo y ya me habÃa mandado comida antes. Por eso yo supuse que él me habÃa enviado el platillo de ese dÃa. Me lo comà tranquilamente. Era vasta y sabÃa deliciosa. Cuando terminé de comer le mandé mensaje al compañero para agradecerle el platillo, pero él me respondió que no me habÃa mandado nada. Ahà me preocupé a las dos horas de haber comido. Estaba en la clÃnica perdiendo a mi bebé. Fue un momento devastador para mà Independientemente de lo que habÃa pasado con Rubén, yo querÃa tener a mi bebé. Los resultados de la autopsia de mi bebé arrojó presencia de una extraña mezcla de sustancias de origen nerval que me habÃan provocado el aborto. Además, el doctor me advirtió que, debido a esas hierbas, tendrÃa que permanecer internada porque estarÃa sufriendo sangrados. En la segunda semana del mes de octubre, los sangrados por fin se detuvieron y me dieron de alta antes de perder a mi bebé. Yo pesaba sesenta y siete kilos y cuando salà del hospital, pesaba menos de cincuenta. Estaba muerta en vida. Se habÃa consumido todo mi organismo. Mi estado de salud era tan delicado que me recetaron medicamento controlado las famosas pastillas que algunas personas utilizan para dormir. Antes de que terminara octubre una dÃa fue a visitarme y al ver el estado tan demacrado que me encontraba, me convenció de viajar a Huethamo, un pueblo de origen chichimeca que está casi llegando al Estado de guerrero. Mi tÃa querÃa que fuéramos a ver a una señora que trabajaba con Ãngeles mi familia. No sabÃa que yo era devota de la Santa Muerte. Entonces no tuve ninguna excusa para negarme a ir con ella. Hicimos el viaje y en cuanto entré a la casita hecha de ladrillos grises de la señora Marbella, me preguntó en dónde me habÃa metido de inmediato. Le pidió a mi tÃa que se saliera de la casa, sacó un libro y comenzó a rezar. Yo no podÃa hacer nada más que frotar entre mis manos un cuarzo que ella me dio. No entendÃa por qué. Pero en cuanto ella se puso a rezar. Yo lloré como nunca. La señora Marbella empezó a describirme a la perfección cómo era el local de la Bruja y su apariencia fÃsica. Luego me dijo que me habÃa hecho un trabajo muy fuerte. Era como un enterramiento, pero realizado de forma milenaria. Ella no entendÃa cómo era eso posible. Yo le mencioné el tipo de cartas que usaba. Marbella me preguntó si la Bruja alguna vez habÃa mencionado a una supuesta diosa e hindú llamada Cali. Le dije que sÃ. Ella hizo una mueca y me aclaró que salvarme de un trabajo tan ligado a los Ãngeles caÃdos iba a ser muy complicado. Marbella agarró el cuarzo que me habÃa dado y lo metió en agua. Del cuarzo se desprendió un lÃquido de varios colores. Ella me miró extrañada y algo incrédula. Me dijo que tenÃa una figura muy alta y grande. Protegiéndome, volvió a mirar el lÃquido y me dijo que se trataba de un ser angélico, que su rango era difuso y que no estaba en el cielo, pero tampoco era un ángel caÃdo. Entonces me preguntó si adoraba a la muerte. Yo le respondà que sÃ. Ella procedió a tirar el agua donde habÃa metido el cuarzo. Luego me aclaró que la única que podÃa ayudarme era la muerte. Le pedà a la señora que no le comentara nada a mi tÃa y asà fue que regresamos a la ciudad. Lo primero que hice llegando fui ir al centro de adoración y les conté que una bruja me tenÃa bajo un trabajo milenario. La persona de mayor antigüedad se acercó conmigo y empezamos a pensar cómo solucionarlo. Yo le conté sobre la bruja hinduista y sobre Marbella. Esta persona me dijo que lo primero que tenÃamos que hacer era cargarme una Santa muerte protectora. Fuimos al Gran altar. Agarró una figura pequeña. Fue a meterla un frasco que contenÃa agua de luna y sal de grano. Hicimos oraciones el elegis, especialmente tomando en cuenta toda la información que tenÃamos sobre el trabajo y la bruja. Después de que concluimos con los rezos, saqué la figura de la Santa muerte del frasco que contenÃa agua y sal Me llevé la figura a mi casa, Lo coloqué debajo de mi almohada y después de siete dÃas empecé a recuperar la salud. Volvà a la normalidad para finales de noviembre no ha pasado mucho tiempo desde que pude sentirme tranquila nuevamente de verdad sentÃa que por poco no la iba a contar. Entiendo que todo esto se causó porque al principio yo fui la amante, pero les juro que yo no lo sabÃa. Lo mismo le ocurrió a mi madre. Lo que más lamento es la muerte de mi bebé Ãl era un ser inocente que no tenÃa la culpa de nada. Relato escrito y adaptado por Ramiro. Contreras encuentro ju








