Jan. 9, 2024

Aterradoras Leyendas Mexicanas Historias De Terror - REDE

Aterradoras Leyendas Mexicanas Historias De Terror - REDE

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La casa negra. La ciudad de México se presenta como un gigante, extendiéndose entre la propia urbe y las áreas conurbadas pertenecientes a los Estados de México, Hidalgo y Morelos. En algún rincón remoto alberga veintidós millones de personas, lo que equivale aproximadamente a la sexta parte de la población total de México. Este pequeño territorio, marcado por la contaminación a veces insoportable, ofrece una experiencia única con períodos en los que el sol se convierte en una presencia remota, dificultando la respiración y causando molestias en los ojos y la cabeza. Transitar por la gran ciudad puede convertirse en una odisea, ya que los viajes de un extremo a otro pueden consumir más de cuatro horas, recorriendo apenas unos pocos kilómetros. A pesar de no ser la ciudad más peligrosa en términos de seguridad, la Ciudad de México PNRA presenta desafíos en áreas como la vivienda, donde encontrar una casa cercana al trabajo con buenas conexiones y escuelas accesibles se torna a un desafío costoso. La Colonia Roma, uno de los asentamientos más antiguos de la Ciudad de México, fue establecida a principios del siglo XX por orden del entonces Presidente Porfirio Díaz, diseñada como una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Atrajo a personas de elevados recursos económicos que adquirieron terrenos y construyeron mansiones con arquitectura barroca, representando el pináculo del buen gusto de la época. Sin embargo, debido a los estragos de la revolución mexicana, que dejó violencia, saqueos y cambios sociales significativos. Muchas de estas familias acomodadas tuvieron que abandonar la zona. Algunas perecieron en los conflictos y algunas de sus propiedades tomaron rumbos inciertos. Con el tiempo, muchas de las impresionantes casonas quedaron abandonadas a medida que los años avanzaban. La mayoría de estas grandiosas edificaciones fueron rescatadas y transformadas en lujosos departamentos restaurantes, galerías de arte y, en algunos casos, en vecindades. No obstante, algunas propiedades afectadas por un gran deterioro continuaron marcadas por historias paranormales. Entre estas destaca la propiedad identificada con el número ciento noventa y uno en la Avenida Álvaro Obregón. A pesar de su ubicación inmejorable, esta casa lleva años vacía, en contraste con la actividad comercial circundante que incluye restaurantes y negocios importantes. La historia de la Casa Negra se enreda con la realidad de la Ciudad de México. Aunque parece desierta, llena de grafitis y descuidada. Su presencia en una esquina tan concurrida plantea preguntas sobre su pasado y por qué permanece vacía en medio de la demanda constante de viviendas en la ciudad. Es sólo una de las muchas historias intrigantes que se entrelazan en la trama de esta vasta Metrópoli. La famosa Casa Negra de la Colonia Roma, también conocida como la Casa Mondragón, no es una reliquia centenaria, aunque las opiniones varían según a quién se le pregunte. Según algunos historiadores y urbanistas de la Ciudad de México, se construyó poco después de la Revolución Mexicana, el propietario original decidió erigir dos casas, ambas siguiendo el patrón de las casas de serie de la época, aunque con una diferencia notoria. Estas dos compartían el mismo estilo y características, pero eran notablemente más amplias y lujosas que las casas típicas de la serie. En sus primeros días, la colonia Roma, ahora conocida como una zona residencial distinguida, se concebía como un lugar para personas de alcurnia, con presencia económica y abolengo familiar. La historia de la colonia se remonta a la época del porfiriato a finales del siglo XIX, pero la verdadera urbanización y construcción de estas imponentes casas ocurrieron en la década de mil novecientos veinte. La Casa Negra, con sus aproximados cien años de antigüedad. Se destaca por su presencia imponente en la esquina de insurgentes y álvaro obregón. A pesar de su ubicación privilegiada y su potencial para alquileres, que podrían superar los doscientos mil pesos mensuales equivalentes a unos diez mil dólares, permanece vacía, lo cual resulta intrigante. La leyenda que rodea a la Casa Negra se remonta a la década de mil novecientos treinta, cuando, según cuentan, los propietarios tomaron una decisión macabra en un período difícil. Alrededor de mil novecientos treinta y cinco al treinta y seis, la casa dejó de ser simplemente una residencia elegante y se transformó en una especie de asilo. Se cuenta que durante ese tiempo la casa albergó a enfermos de fiebre tifoidea, una página sombría en su historia que persiste en la memoria colectiva de la Colonia Roma México. Tras vivir una sucesión de conflictos bélicos desde la Revolución Mexicana hasta la decena trágica y la Guerra Cristera, enfrentaba severos problemas de salud y carecía de un sistema sanitario sólido. Después de años de guerras, la casa en cuestión, conocida como la Casa negra o Mondragón, se convirtió, según la narrativa, en un improvisado refugio para enfermos de fiebre tifoidea. Este no era un hospital formal, sino más bien un lugar donde los pacientes eran atendidos por médicos y enfermeras. La historia adquiere tintes sombríos cuando los vecinos aún aferrados a la elegancia de la época porfiriana, comenzaron a resentir la presencia de estos enfermos hartos de presentar quejas y buscar intervención para trasladar a los pacientes a otro lugar. La leyenda sugiere que algunos vecinos convencidos des de que los enfermos estaban poseídos por el demonio, decidieron tomar medidas drásticas. Una noche de manera sigilosa, un grupo misterioso ingresó a la propiedad, esparció petróleo y prendió fuego a la casa, abandonándola impávidos. El incendio consumió la residencia y aquellos que estaban dentro, incluyendo médicos y enfermeras, no tuvieron oportunidad de escapar. La leyenda habla de asfixiados y quemados, una tragedia que dejó una treintena de cadáveres, incluyendo hombres, mujeres y niños. Los bomberos y los rescatistas se encontraron con un sombrío panorama y los cuerpos anónimos fueron enviados a una fosa común en un cementerio cercano. La casa negra quedó vacía y, según la leyenda persistente, permaneció así por un tiempo. Posteriormente, alguien decidió venderla, posiblemente los dueños originales, que realizaron reparaciones en la estructura. Una familia a caba dalada de Jalisco, deseosa de establecerse en la gran ciudad adquirió la propiedad renovada enamorándose de su encanto. A pesar de su oscuro pasado. Según la leyenda, la familia Mondragón, compuesta por padres y tres hijos, se instaló en la propiedad con entusiasmo por la amplitud de los espacios. Incluso el personal de servicio quedó fascinado. Sin embargo, apenas un mes después de su llegada ocurrió algo terrible. Un día, al llegar el servicio encontraron la casa en completo silencio. Nadie respondió a la campanita habitual que anunciaba su llegada y la costumbre del patrón de bajar a saludar no se cumplió. Al investigar, descubrieron que todos estaban muertos. Los niños y los patrones en sus respectivas camas apaciblemente vestidos, habían fallecido un mes después de mudarse sin motivo aparente. Al no haber herederos, la propiedad quedó sin dueño. La leyenda sostiene que el Gobierno de la Ciudad de México intentó utilizarla sin éxito y a lo largo de los años, la casa quedó abandonada. En la década de mil novecientos noventa se convirtió en refugio para personas sin hogar, pero sus intentos por ocuparla resultaron en fracaso. Llena de objetos antiguos. La casa atrajo a vagabundos, quienes la consideraron un lugar seguro. La Casa Mondragón, en desuso total, se convirtió en un escenario de experiencias aterradoras para aquellos que intentaron pasar la noche. Allí se habla de voces, murmullos y gritos que parecen cobrar vida después de las diez de la noche. Quienes intentaron pernoctar, desde aquellos que brincaron la reja hasta los que pusieron puestos afuera, fueron testigos de fenómenos inexplicables. Vecinos y comerciantes que se han establecido alrededor de la propiedad conocida como la Casa Negra en la Colonia Roma han compartido relatos perturbadores que han ocurrido en el lugar en los años ochenta. Se cuenta que dos hombres sin hogar decidieron refugiarse en la casa durante la noche en la madrugada se acercaron a la patrulla de dos policías que estaban afuera y le relataron con gritos y desesperación que alguien en la casa intentó matarlos. Mencionaron sombras envolventes y un fuego aterrador, así como el llanto de niños. Los policías, pensando que estaban lidiando con un individuo perturbado bajo la influencia del alcohol, no tomaron en serio sus afirmaciones y los dejaron ir. Después de su turno, Los policías informaron a sus superiores sobre el extraño encuentro y debido a la propiedad del gobierno y los rumores circulantes, se decidió enviar a dos agentes a investigar. Al ingresar a la casa, descubrieron el cuerpo sin vida de un hombre con signos de terror y sufrimiento. Pero lo más desconcertante fue que parecía haber muerto por asfixia, como si hubiera perecido en un incendio o s o s d s. Después, el hombre que había logrado escapar fue visto vagando por la zona con una expresión perdida y caminando como si estuviera guiado por la mano de un niño. Trágicamente fue atropellado y perdió la vida. Estos eventos, basados en los relatos de testigos cercanos a la Casa Negra, sugieren una conexión macabra con aquellos que intentan pasar la noche en la propiedad. Los comerciantes que trabajan cerca de la casa afirman que después de las diez de la noche, el ambiente se vuelve opresivo y la temperatura desciende drásticamente. Incluso con fogatas encendidas, no logran calentarse, aseguran escuchar voces risas de niños y han presenciado sombras en las ventanas. Algunos sostienen que los objetos dentro de la casa se mueven solos y las ventanas se abren y cierran sin intervención humana. A pesar de varios intentos de remodelación, los trabajadores contratados se han negado a continuar, firmando que parece que la casa misma les impide realizar su labor. Este rechazo ha llevado a la propiedad a caer nuevamente en el abandono total. La leyenda persiste afirmándose que la Casa Mondragón es una de las viviendas más embrujadas de México, al menos en la gran ciudad. Su historia, llena de tragedias y misterios se presenta como una realidad que ha marcado a quienes han osado enfrentarse a la presencia inexplicable que la habita la carretera de Naucalpan. Una vez conocí a Rodrigo, un taxista que por aquel entonces era el único que aceptaba llevarme a casa. Después de mi jornada laboral, porque yo solía terminar mi trabajo a la una de la madrugada. En esa época vivía con mis padres en Toluca y yo trabajaba en Naucalpan. Para llegar de un punto al otro, hay que atravesar una zona con muchas curvas y barrancas, principalmente conocida por los caminos serpenteantes. No sé si alguno de ustedes está familiarizado con esa carretera, pero puedo decirles que tiene curvas bastante cerradas y abundan los camiones de carga y autobuses, así como las combis. La mayor preocupación en esa área era durante las lluvias, cuando la carretera se volvía peligrosa debido a los deslizamientos. Además, la orilla del camino estaba marcada por numerosas cruces testigos de accidentes frecuentes. La zona era conocida por sus impactos, siendo uno de los más notorios cuando un autobús se desbancó, resultando en la trágica muerte de todos los pasajeros excepto uno, Rodrigo, quien iba dentro y había sobrevivido, relataba cómo se sintió como si lo hubieran cargado y colocado en la tierra. Cuando el autobús se desintegraba a su alrededor. Era sólo uno de los muchos incidentes en esa peligrosa carretera. En una noche, mientras Rodrigo me llevaba a casa, me comentó sobre los accidentes frecuentes en el tramo lleno de cruces. Creaba un nudo en mi estómago. Justo cuando llegábamos a la parte donde se acumulaban las cruces. Mencionó que cada quince días ocurría un accidente, ya sea un vuelco de camión o una colisión. Incluso me contó sobre veces en las que tuvo que bajarse del transporte público debido a pequeñas carambolas en el camino. Preocupado por nuestra seguridad, le sugería a Rodrigo que disminuyera la velocidad, ya que estábamos ingresando a la zona propensa a accidentes, pero Rodrigo, con su experiencia imperturbable al volante, optó por desafiar mis consejos manteniendo la velocidad constante. La carretera se tornaba aún más inquietante mientras doblábamos la curva entre los kilómetros veinte y veintiuno, adentrándonos en el tramo que se conoce como el llano de las flores. La peligrosidad del trayecto se intensificaba especialmente en la temida sección de las cruces, donde los carriles se ampliaban tenta, dando a los conductores a acelerar, ya estando a la altura de wiki Lukán. Fue entonces justo al salir de la curva. Cuando, de repente, una figura femenina emergió de la penumbra y se cruzó abruptamente en nuestro camino rápidamente como llevaba la ventana abajo, me agarré por fuera con fuerza del borde de la puerta. Mientras el taxista gritaba al mismo tiempo que giraba el volante. Sentimos claramente el impacto una sensación contundente, como si hubiéramos golpeado a la persona. Tras el tenso instante en el que parecía que nuestro destino estaba marcado por el barranco, Rodrigo demostró su destreza al volante al retomar el control del vehículo justo a tiempo, la adrenalina aún latía en nuestros cuerpos. Cuando mirándonos a los ojos, me preguntó sentiste lo que yo sentí. Le respondía afirmativamente, admitiendo que creía que le habíamos dado a la mujer. Él reaccionó con ini credulidad y me dijo no, amigo, no me digas eso. Seguro que la matamos o algo así. La preocupación en su voz era palpable y nos quedamos allí frente al camino, procesando la posibilidad de lo que acababa de suceder. Permanecimos allí, junto al camino en silencio, tratando de procesar. La gravedad de lo ocurrido fue en ese momento cuando justo detrás de nosotros otro automóvil se detuvo. Descendimos del vehículo aún en estado de shock y nos acercamos al otro grupo de personas que se mostraban preocupadas. Ellos nos preguntaron si estábamos bien. Querían saber si algo nos había pasado. Les respondimos que nosotros estábamos bien. Entonces uno de ellos nos dijo es que escuché un trancazo y vi cómo se elevaba algo, se les ponchó una llanta o algo así con cierta confusión. Explicamos que una mujer se nos había atravesado de la nada y que creíamos que la habíamos atropellado. Pero ellos que habían visto todo estando detrás de nosotros, nos dijeron no. Nosotros sólo escuchamos el trancazo y vimos que su carro dio un coletazo, pero ustedes no le pegaron a nada. Perplejos ante la discrepancia entre nuestras vivencias y lo que sentimos nosotros claramente no coincidía con lo que habían visto. Ellos nos aferramos a nuestra versión y nos esforzamos por hacerles entender lo que sentimos en ese momento, como que medio logramos convencerlos que eso había pasado, Así que nos ayudaron a buscar en las orillas a la mujer que nosotros afirmábamos haber atropellado, pero no encontramos nada. No había rastro de la mujer que habíamos visto precisamente como no encontramos nada. Los del otro vehículo nos repitieron que no habíamos atropellado a nadie. Insistieron en que todo había sido cosa de la llanta del tax Sin embargo, al examinar detenidamente el automóvil de Rodrigo, notamos una abolladura profunda en la parte trasera, como si realmente hubiera chocado contra algo Con la cabeza más clara y los nervios en calma. Señalé la zona afectada tratando de explicarle a los incrédulos del otro vehículo que ahí fue donde la mujer golpeó contra el carro. Ya con eso sí los dejé pensando. Pero pues como no había cuerpo, pues no había nada que hacer ellos se fueron y nosotros también, ya pensando con la cabeza fría, dije todo eso pasó donde había un montón de cruces. Creo que atropellamos a un fantasma en ese momento se puso pálido y me respondió. No. No me digas eso porque me voy a tener que regresar solo después de dejarte en tu casa. Mis intentos de tranquilizarlo fueron en vano. Me dejó muy en claro que sería la primera y última vez que me llevaría hasta mi casa si no se iba a otra persona con él él en el taxi. Este episodio marcó nuestra primera experiencia del tipo paranormal y a partir de entonces, cada que el camarada del taxi tenía que llevarme a mi casa, nos acompañaba a otro amigo y ese amigo se regresaba con él luego de que me dejaran en mi casa cada que cuento esta historia. Lo relaciono siempre con la idea de que, de haber ido a una velocidad más alta, nuestra historia podría haber tenido un desenlace fatal y yo no podría estar acá compartiendo lo que nos sucedió. Este pensamiento me lleva a reflexionar sobre la cantidad de accidentes en carretera y lo trágico es que muchas personas que sufren esos accidentes terminan perdiendo la vida. Es común pensar que los accidentes se deben a razones lógicas, como fallas en el vehículo, baches en la carretera o condiciones climáticas adversas. Sin embargo, creo que pocos consideran que tal vez lo último que vieron esas personas antes de partir fue algo n n ons a lo que experimentamos nosotros. La presencia de ceres en la carretera, a veces parados a mitad de los carriles otras veces corriendo con la intención de ser arrollados. Es algo que ronda por mi mente me hace cuestionarme cuántos accidentes han sido causados por este tipo de fenómenos, sobre todo en la carretera libre que conectan Naucalpan y Toluca. Me pregunto cuántas historias impactantes y misteriosas se han llevado esas personas que yacen ahora bajo esas cruces al borde del camino. Es algo que, aunque no puedo explicar, siempre me ha inquietado y me hace pensar en la fragilidad de la vida en la carretera. En ocasiones posteriores, no siempre, pero muchas de las veces que pasamos por ese tramo de la carretera fuimos testigos de extrañas apariciones. Sé perfectamente que lo que vimos era real, porque ya no sólo íbamos dos en el taxi, sino que ya éramos tres. Una vez mientras me llevaban a mi casa, nos notamos s una figura solitaria al costado del camino. Cuando el taxi pasó al lado de aquella figura, nos dimos cuenta de que era una anciana con un vestido antiguo moviéndose lentamente. Justo antes de que pudiéramos verle el rostro, la mujer desapareció sin dejar rastro. En otra ocasión presenciamos luces misteriosas en el cielo sobre la carretera. Intrigados acordamos bajar un poco la velocidad para tratar de ver mejor qué eran esas luces que se veían. De repente, el cielo se iluminó con destellos de colores, moviéndose en formas inusuales, como si fuera una especie de aurora boreal, pero en pequeño. Una de las experiencias más fuertes que tuvimos fue cuando se nos apareció una niña pequeña de aspecto normal que sostenía una flor. Esa niña estaba parada como a cien metros. No había oportunidad de cambiar de carril porque venía otro vehículo y ya tampoco había tiempo de frenar. Sólo quedaban dos opciones. La primera era salirnos de la carretera y la segunda opción era pasar por encima de la niña. Para ese momento ya se nos habían aparecido más de diez fantasmas en ese tramo, así que elegimos pensar que lo que estaba ahí no era niña, sino que era un fantasma, así que nos seguimos derecho. Fue un momento muy angustiante, pero afortunadamente sí resultó que era un fantasma un ual en Ecatepec. Recuerdo esa noche como si fuera ayer, cuando la inquietante experiencia que vivía a los diez años dejó una marca imborrable, no sólo en mí sino también en algunos de mis familiares, incluyendo a mi madre. Aquella noche, mi padre estaba ausente disfrutando de la compañía de amigos y la casa se sumía en la quietud habitual. Las mascotas guardianas de nuestro hogar ron s ns el silencio con ladridos persistentes. Mi madre, preocupada, atribuyó su comportamiento a la posibilidad de que tuvieran hambre o que algún intruso canino rondara cerca. Siguiendo las indicaciones de mi madre, salí hacia el exterior. En medio de la oscuridad que caracterizaba nuestro vecindario escasamente iluminado, nuestra casa estaba flanqueada por una construcción abandonada, testigo mudo de años pasados y a su lado se extendía un campo abierto que se perdía en la negrura de la noche. Fue entonces cuando la trama de aquella noche tomó un giro inesperado. Mientras me dirigía hacia las mascotas, noté la presencia de una pequeña perrita cuyos ladridos resonaban con desesperación hacia una densa masa de maleza y hojas. Al acercarme percibí su miedo palpable, su pelaje erizado hablaba de una angustia profunda. La perrita dirigía sus ladridos a hacia a una dirección específica. Mis sentidos se agudizaron al notar que la perrita se encontraba junto a un árbol frondoso. Al levantar el plato de comida para mascotas depositado bajo el árbol, mis ojos se encontraron con algo fuera de lo común. Me topé con una pata de perro de tamaño considerable. Fue en ese momento bajo la sombría penumbra de la maleza que ocultaba la luz de la casa vecina. Cuando mi encuentro con la extraña criatura alcanzó su punto álgido al levantar el plato de comida para mascotas. Mi atención se desvió de la perrita hacia la presencia imponente, que se cernía a unos cuantos centímetros de distancia. Un perro de proporciones extraordinarias con extremidades desmesuradas estaba ahí desencadenando un aura de misterio y temor. En la apacible noche, la criatura, como si sintiera, mi mirada se movió lentamente, dando un pequeño paso lateral que dejó mi mente paralizada. Mi asombro alcanzó su cúspide cuando alzó la mirada hacia los ojos profundos y negros que me observaban con intensidad desde la penumbra con el corazón latiendo desbocado instintivamente, me fui corriendo hacia la seguridad de mi casa, No porque creyera que aquella criatura no se podría meter, sino porque, estando en casa, mis padres me protegerían de ese monstruo del otro lado en la oscuridad que prevalecía, apenas distinguí la débil luz proveniente de la casa. Fue entonces cuando esos ojos penetrantes se cruzaron con los míos. El terror se apoderó de mí y sin pensar, solté el plato que sostenía dejando que se estrellara contra el suelo. Mis piernas se movieron por sí solas en una desesperada carrera hacia donde se encontraba mi madre, quien, junto a mi hermana, también había salido al patio en respuesta a mi grito. Juntas observamos en estado de show a la extraña figura que se asomaba desde la penumbra encorvada con algo parecido a piel colgando la criatura, avanzaba lentamente arrastrando sus manos hacia atrás. Sus piernas similares a las de un perro, pero erguidas y anormalmente altas, generaban una presencia tan desconcertante como inexplicable. Nos miró fijamente y sin hacer más, dio la vuelta y se alejó con una lentitud y calma que nos llenó de terror. Mientras mi madre, mi hermana y yo corríamos hacia el resguardo de nuestra casa, la extraña figura se alejaba con una calma que resultaba inquietante, como si hubiera logrado su cometido, como si se hubiera acercado hasta nuestra casa con la única intención de asustarnos. El terror se apoderaba de nosotros, impregnándonos con la incertidumbre de lo que acabábamos de presenciar. La criatura aún enigmática y sin identificación clara, continuaba su lento caminar, desvaneciéndose en la oscuridad de la noche. Aquella experiencia dejó una huella imborrable en nuestras mentes, pero pronto descubrimos que no éramos los únicos. En los días que siguieron, la Comunidad compartió historias inquietantes sobre un misterioso depredador que acechaba en la penumbra. Las narrativas coincidían en detalles sorprendentes, particularmente en la descripción de una figura que caminaba en cuatro patas veloz y ágil cuando se sentía amenazada. La densidad de la maleza y los extensos llanos ofrecían el escenario perfecto para que esta criatura misteriosa se desplazara sin ser detectada. En la memoria colectiva persistían relatos de ganado encontrado muerto con signos inusuales. El detalle más llamativo de todos, lo que sea que atacara a los animales siempre les comía el cerebro. La leyenda se consolidó aún más cuando el vecino más respetado del barrio compartió sus propias exons experiencias con la misma entidad. Sus descripciones coincidían sorprendentemente con lo que mi madre y yo habíamos presenciado, que era lo mismo que mucha gente ya había visto. La figura encorvada con patas similares a las de un perro y movimientos rápidos se repetían en los relatos de todos los que habían sufrido pérdidas en sus animales. Consolidando la existencia de esta enigmática criatura que rondaba en las sombras de la noche, toda la gente había llegado a la conclusión de que, efectivamente, andaba un nahual en el barrio. Los ataques de esa criatura duraron nueve meses y, de repente, los ataques se detuvieron. Nadie supo que fue lo que pasó simplemente todo. Volvió a estar en Calma. Un año después de que ya nadie supiera nada del nahual mi padre y yo nos aventuramos a los montes cercanos. No estábamos haciendo nada en especial. Simplemente lo hicimos para pasar un rato. La noche cae lentamente sobre nosotros. Fue entonces cuando entre las sombras y arbustos nos topamos con una presencia imponente la criatura yacía inerte, pero su tamaño era sorprendente. Cercano al de un burro, pero con la apariencia típica de un perro. Claro que no existe ninguna raza de perro en ninguna parte del mundo que pueda alcanzar las dimensiones de un burro. Por lo tanto, a pesar de que a simple vista parecía un perro, era evidente que eso que estaba ahí tirado muerto no era un perro. Mi padre y yo comentamos al mismo tiempo que eso que estaba ahí debía ser el nahual, a pesar de que aquello ya no podía hacernos nada, pues porque ya no tenía vida. De todos modos, yo me asusté así que decidimos regresar a casa mientras descendíamos del monte, después de haber descubierto aquella criatura de pelaje inusual, el paisaje grisáceo entre la densa maleza y el crepúsculo se volvió aún más misterioso porque el aire se llenó con los aullidos y ladridos de los perros de la zona, tanto los que no tenían dueño y que andaban en el monte, y también estaban ladrando los perros de las casas cercanas. Los crujidos de ramas resonaban de manera profunda en el monte como si algo o alguien estuviera caminando a lo lejos. Gracias a Dios, aquella noche no nos pasó nada ni a mi padre ni a mí, pero la experiencia me dejó una huella persistente en la memoria. Los músicos del diablo en todas las localidades, ya sean pueblos o ciudades, suelen existir músicos populares que despliegan sus talentos en variados lugares, como restaurantes, mercados y demás. En este contexto figura el grupo encabezado por el maestro Miguel Ruiz, quienes se dedican a tocar en diversas ocasiones, siendo solicitados incluso para eventos privados, como el que marcó un giro sombrío en sus vidas. Un día tras haber interpretado las mañanitas para una joven distinguida de apariencia refinada, un caballero observó atentamente al grupo de músicos mientras empacaban sus instrumentos. Al finalizar la actuación, este misterioso personaje con un aspecto de catrín los detuvo y les hizo una inusual propuesta. Les solicitó a los músicos que amenizaran una fiesta en su residencia esa misma noche, asegurando una remuneración generosa. Sin embargo, estableció una peculiar condición. Debían vestir de manera elegante, completamente de negro. Los músicos, emocionados ante la perspectiva de una buena paga, aceptaron el acuerdo y acordaron encontrarse en la misma esquina a las once de la noche. Con la puntualidad que los caracterizaba. Llegaron a las diez treinta de la noche reuniendo dos en el lugar acordado. Cuando las campanas anunciaron la hora pactada, presenciaron un fenómeno extraño. El contratante emergió misteriosamente de la oscuridad de la noche, desconcertándolos con su aparición imprevista, sin poder entender si este individuo salió de la pared o de algún otro lugar. Los músicos optaron por seguirlo a pie. Según sus indicaciones, tras una caminata que los condujo a la calle de las ánimas, se toparon con una mansión suntuosa que les resultaba desconocida. La extrañeza se apoderó de ellos al notar que nunca habían visto semejante residencia en ese lugar. Una vez dentro, la opulencia del lugar contrastaba con su atmósfera lúgubre. El señor de la casa pidió que esperaran un momento y mientras lo hacían, los músicos, envueltos en la escasa iluminación del lugar, se percataron de que la casa no parecía existir. En la realidad, la situación tomó un giro aún más inquietante cuando, al iniciar ru Valls parejas de la nada comenzaron a bailar al ritmo de su música. La sala se llenó con estas parejas de bailarines, pero al concluir una melodía a los músicos, que hasta ese momento estaban absortos en sus interpretaciones, levantaron la mirada y presenciaron algo aterrador. Las parejas de bailarines no tocaban el suelo en lugar de pies normales, Exhibían extremidades con pezuñas de cabra y sus ojos irradiaban un fulgo rojo, como si fueran portadores de una luz infernal. Este inquietante espectáculo sumió a los músicos en un estado de pavor, un escalofrío paralizante. Los embargó y sólo deseaban que todo aquello fuera producto de su imaginación. Sin embargo, una mujer de las parejas se acercó a ellos y uno de los músicos sorprendido la reconoció como Juanita, hermana de uno de ellos, quien había fallecido dos años atrás. Con voz baja y llena de asombro, les advirtió que estaban en el infierno y y les iras a abandonar el lugar de inmediato en un acto de pánico. Los músicos salieron precipitadamente, dejando incluso atrás sus instrumentos, aunque lograron regresar a sus hogares. Se cuenta que días después algunos de ellos se enfermaron como si las secuelas de tan terrorífica experiencia hubieran dejado una marca indeleble en sus vidas. Otro relato similar, pero con un desenlace diferente, proviene de la leyenda de los músicos de Santa María. En una época lejana, mi abuelo contaba sobre un amigo suyo trompetista, que formaba parte de un conjunto de cinco músicos que solían tocar en plazas, pueblos y lugares apartados. Sin embargo, en un período en el que no eran solicitados para eventos, decidieron dejar sus instrumentos de lado y buscar otras ocupaciones. En una conversación en el campo, dos de los músicos expresaron sus deseos en voz alta. Uno de ellos confesó que desearía que el diablo viniera y le le pidió lara tocar en uno de sus bailes, aceptando de inmediato con tal de conseguir algo de dinero. Su amigo le advirtió sobre la realidad de que a veces los sueños o deseos se materializan En una noche tranquila. Mientras el músico dormía, unos golpes fuertes en su portón interrumpieron el silencio. Los perros alrededor ladraban frenéticamente, lo que lo llevó a levantarse de golpe. Su esposa, intrigada, encendió una vela y le preguntó quién podría tocar a esas horas de la noche, suponiendo que debía ser algo urgente. El esposo se aproximó al Zahuan y antes de abrir preguntó enérgicamente quién estaba allí. Un silencio momentáneo fue seguido por tres golpes más en la puerta persistente. El señor volvió a preguntar sosteniendo un garrote en una mano y una vela que apenas resistía al viento. Al abrir se encontró con un hombre alto vestido de negro que sin rodeos le le preguntó sin eran músicos. El misterioso hombre necesitaba un grupo musical para tocar en su fiesta y mientras le hacía esta solicitud, le entregaba al señor una bolsa pequeña repleta de monedas de oro. Concluyendo la extraña negociación, le indicó al señor que los esperaría con una carreta rumbo. Al camino del Calvario a las once de la noche del día siguiente. En un instante, el hombre desapareció. Al día siguiente, el señor reunió a los demás músicos y, aunque dudaron ante la extraña manera en que se había cerrado el trato, no pudieron resistirse al brillo de las monedas de oro que ya habían sido pagadas por adelantado. Tomaron sus instrumentos y esperaron la llegada de la noche. Cuando la hora acordada llegó una carreta, se les aproximó entre risas y charlas. Bajó de la carreta un extraño personaje acompañado por dos enormes caballos negros. Este señor, al detenerse, les prohibió subirse y les pidió que se cubrieran los ojos con pañuelos extrañados. Pero obedientes, los músicos caminaron por más de media hora tratando de adivinar la dirección en la que se dirigían. Finalmente, se detuvieron en un majestuoso caserón adornado como para una fiesta elegante. El misterioso hombre que los contrató les indicó que se acomodaran rápidamente en el fondo, ya que el baile estaba a punto de comenzar. Aunque los músicos estaban desconcertados al no ver a ningún invitado, lo único que podían observar mientras afinaban eran los sirvientes moviéndose de un lado a otro con bandejas de comida vestido de negro. El hombre les indicó que comenzaran con un vals a medida que la música empezaba, los músicos notaron que poco a poco, las parejas aparecían como si descendieran del cielo. Estas personas estaban elegantemente vestidas, actuando como si estuvieran bajo algún tipo de hipnosis. Algunos músicos reconocieron entre la multitud a personas que conocían tanto ricos como pobres e incluso algunos amigos. El baile continuó y uno de los criados colocó una silla finamente labrada en el patio. Un señor vestido de charro con un bigote pronunciado se sentó en ella. Las parejas pasaban saludándolo con respeto. El hombre de negro que los había contratado, se acercó a los músicos y les preguntó qué estaba sucediendo. Les pagó nuevamente con otra bolsita de monedas de oro y les indicó que la carreta los esperaba afuera. Al salir y encontrarse con la carreta, el conductor les ordenó nuevamente que se cubrieran los ojos. Después de un corto trayecto, la carreta se detuvo y el conductor les ordenó que se bajaran rápidamente manteniendo las vendas en los ojos. Los músicos, creyendo que aún estaban lejos, se bajaron de mala gana. Cuando quitaron las vendas, se dieron cuenta de que estaban a solo metros de la iglesia de Santa María en el barrio donde vivían la mayoría de ellos. En ese momento, el músico que tenía la bolsita de monedas la revisó y descubrió que el pago era simplemente un puñado de hojas. Fue entonces cuando se dio cuenta de que, por su atrevimiento, el diablo mismo lo había contratado para tocar en uno de sus bailes. Estas son las dos versiones de la leyenda. El cerro de la Teresona. Cuentan las leyendas que el cerro antes era como una gran cúpula o campana que resguardaba una ciudad encantada a repleta de tesoros. Se suponía que sólo se podía acceder a esa ciudad a través de las cuevas en la parte alta del cerro. Se dice que cada una de estas cuevas está custodiada por criaturas mágicas que impiden el paso o proponen desafíos imposibles a quienes intentan entrar. La identidad de estas criaturas, que algunos aseguran son duendes brujas, seres, amorfos e incluso demonios, sigue siendo un misterio. Estos seres desafían a los valientes que intentan entrar a las cuevas con acertijos y pruebas físicas peculiares, como subir desnudos al lomo de una cabra y mantenerse arriba durante kilómetros hasta caer exhaustos, perdiendo así la oportunidad de descubrir los tesoros ocultos de la Teresona. Sin embargo, otra versión de la historia cuenta que el cerro lleva ese nombre debido a una pareja adinerada Juan y Teresa que no podía tener hijos. Siguiendo la recomendación de sus vecinos, Teresa subió al cerro para pedir ayuda al ser que habitaba en él. Al llegar hizo un pacto con una supuesta bruja, ofreciendo su alma a cambio de tener un hijo. El bebé, una niña, fue dotada de riqueza y dones extraordinarios en su bautiva por las brujas que bajaron al evento. Cuando la niña cumplió quince años, recordando el pacto, Teresa la llevó de nuevo al cerro. En este punto, la leyenda presenta ciertas variaciones. Algunos dicen que la joven desapareció, otros que se convirtió en una bruja guardiana de una cueva y otros afirman que se convirtió en la esposa del demonio que cuida la ciudad encantada bajo el cerro, donde se esconde el tesoro. Deseado por muchos, Teresa al ver que su hija no regresaba, según la leyenda, enloqueció y terminó con su vida colgándose de un árbol en la cima del cerro. Desde entonces el lugar se conoce como el cerro de la terezona. En honor a esta madre, se dice que su alma vaga por el cerro, siendo la guardiana del valle de Toluca. Aunque la historia podría ser producto de la imaginación, ha dejado huellas en las costumbres locales. A las mujeres toluqueñas con hijos recién nacidos se les ans recomendaba poner tijeras abiertas en cruz debajo de la almohada para evitar atraer la atención de las supuestas brujas. También siguiendo las tradiciones, debían colocar un espejo cerca del bebé con la creencia de que, al ver su imagen reflejada, las brujas huirían al ver su supuesta apariencia horrible. Estas mujeres, según la leyenda, se reunían en el cerro de la terezona para realizar ritos y chupar la sangre de los recién nacidos. Otra versión de la leyenda dice que en los montes de las ex haciendas de la huerta se encuentra una loma llamada Cerro. Teresa cuenta la historia que un matrimonio de sinacantepec perdió su yunta de Bueyes. A pesar de buscar por todas partes, no obtuvieron información sobre su paradero. Decidieron seguir las huellas que los animales habían dejado y así llegaron a donde estaban cerca de una niña llamada Teresa, que estaba lavando. Al preguntarle a Teresa sobre su vivienda, la niña les indicó que vivían en una cueva. Curiosamente, Teresa les propuso una tarea para recuperar a sus bueyes. La tarea era llevar una gran piedra al nevado de Toluca. La pareja aceptó y cumplió con la solicitud de la niña. Sin embargo, al llegar a la laguna, Teresa les pidió que cruzaran la yunta por en medio de la laguna hasta el otro extremo. Aunque Teresa les aseguró que nada les sucedería, les advirtió que debían bajarse los pantalones y que escucharían voces. A pesar de esta extraña petición, el señor se resistió y se negó a seguir las instrucciones. Fue entonces cuando Teresa reveló la verdad. El lugar era una ciudad encantada donde cada peña representaba un edificio y cada piedra pequeña una persona. La niña explicó que si seguían sus instrucciones, la ciudad volvería a ser como antes. Ante la negativa de la pareja, Teresa desapareció en la laguna junto con la yunta de animales. Al regresar a su casa, la pareja denominó a ese lugar como el cerro de la Teresona en memoria de la Niña. Desde aquel momento se dice que el alma de Teresa vaga por el cerro cuidando la ciudad encantada. Se cuenta que aquellos que se dedicaban al pastoreo y llevaban sus rebaños hacia las alturas del cerro se encontraban en ciertos momentos con una misteriosa mujer que les preguntaba que estaban buscando. Al conocer la leyenda, la gente aterrorizada dejaba sus animales y huía enseguida. El Cerro de la Teresona también tiene otras historias intrigantes asociadas. Por ejemplo, los matlazincas lo utilizaron como un sitio ceremonial y existen vestigios que respaldan esta práctica ancestral. La riqueza de relatos que envuelve a este cerro lo convierte en un lugar fascinante y lleno de misterio. Hasta nuestros días existe una historia interesante sobre la Teresor, vinculándola a momentos clave de la historia. Se cuenta que, durante los años de la conquista española, aquel lugar sirvió como refugio para quienes se resistieron a ser evangelizados en las sombras de la Teresona. Aquellos que se negaron a ceder ante la imposición religiosa encontraron un escondite en tiempos más cercanos. Durante la Revolución, el cerro se convirtió en el escenario de encarnizadas batallas entre zapatistas y conservadores. Este sitio cargado de historia ha sido testigo de conflictos que han dejado una marca imborrable en su tierra. La Teresona se erige no sólo como un lugar de leyendas y misterios sino también como un testigo silencioso de los acontecimientos que han moldeado la historia de la región. Hoy en día, la urbanización ha llegado a gran parte del cerro, que ahora está poblado hasta casi su cima. Sin embargo, la casa de Teresa aún permanece una pequeña estructura de adobe, rodeada por viviendas modernas. Su entrada es un callejo y aunque no se sabe si algún descendiente de la familia aún habita allí, la casa persiste como un vestigio del pasado. Entre los corredores y aficionados a la montaña. Muchos suben al cerro conocido ahora como la Teresona, ya que alberga el parque Cerrillo Morelos que conecta la comunidad de Kalixtlahuaca con la ciudad de Toluca. Algunos han experimentado encuentros con la misteriosa mujer que, desconociendo la leyenda les pregunta a qué están buscando. Aquellos familiarizados con la historia dan la vuelta, pero aquellos que no la conocen a menudo o charlan con ella sin incidentes, se dice que esta mujer siempre busca algo y hasta dónde cuentan, no causa daño a nadie. Sin embargo, quienes conocen la historia de Teresa son conscientes de que es mejor evitar acercarse, especialmente a la cima del cerro, donde ahora se encuentran antenas de telecomunicaciones. Así persiste la historia de este cerro, ahora conocido como la Teresona, en honor a la misteriosa desaparición de Teresa la Llorona. La leyenda de la Llorona es un relato que gira en torno al espectro de una mujer que deambula en distintos lugares como ríos, lagos, pueblos y ciudades, lamentando el crimen que cometió el asesinato de sus propios hijos. Esta figura fantasmagórica ha arraigado profundamente en la identidad cultural de Hispanoamérica, trascendiendo barreras temporales y geográficas para dar lugar a diversas versiones según la región. No hay una única narrativa de esta leyenda. Incluso dentro de un mismo país pueden existir varias versiones según el lugar y la tradición local. El origen de la leyenda de la Llorona sigue siendo incierto. La primera vez que apareció registrada por escrito fue durante el siglo XVI, gracias a la pluma de Fray Bernardino de Sahagún. Algunos estudios sugieren conexiones con espectros de la cultura prehispánica, mientras que otros apuntan a que las diversas versiones actuales datan de la época colonial. Aunque no hay certeza sobre el verdadero origen de la llorona. Algunos estudios señalan similitudes con divinidades prehispánicas. En Sochimilco, México, donde la leyenda tiene fuerte presencia, la llorona parece estar vinculada a la diosa Tempekutli, relacionada también con el filicidio de sus hijos en el río. Otro dato que conecta la figura de la llorona con el período prehispánico es su asociación con deidades como Siwacoatl, una figura mitad mujer, mitad serpiente relacionada con la fertilidad y el parto. Siwakoatl estaba vinculada a amparar a las mujeres que fallecían durante el parto. Los primeros textos que sugieren esta similitud datan del siglo XVI, cuando Fray Bernardino de Sahagún la leyenda de Zwacoatl, en su obra Historia de las cosas de Nueva España. Sahagún describe a Zwacoatl como una diosa que aparecía con atavíos blancos, lo cual guarda cierta relación con versiones actuales de la llorona vestida de blanco. A pesar de estas posibles referencias prehispánicas, el verdadero origen de la leyenda de la llorona sigue siendo desconocido. Las versiones actuales de la leyenda de la llorona se moldearon durante la época colonial, posiblemente basándose en referentes prehispánicos que fueron reinterpretados con el tiempo. En el núcleo de la leyenda persiste la esencia que se repite en los diversos relatos, la presencia de una mujer que deambula durante la noche, llorando y generando temor entre quienes se cruzan en su camino. El motivo de su desdicha parece ser el crimen que cometió arrebatando la vida a sus propios hijos. Esta leyenda presenta múltiples versiones y la mayoría de la comparten similitudes. El Dr. Gabriel Ignacio Verdusco Argüelles identifica tres variantes principales. Las diferencias entre estas versiones radican en uno origen de la mujer. Puede ser criolla, mestiza o indígena dos forma de cometer el crimen, ya sea ahogando a sus hijos en el agua o utilizando un cuchillo. Tres razón por la cual aparece puede sentir nostalgia por sus hijos, manifestarse a los infieles de sus esposas o prometidas o buscar perturbar la cordura de quienes presencian el espectro. Además de estas variantes, se pueden agregar elementos como cuatro. Motivo del crimen puede ser el abandono por parte de un hombre, la traición a su raza o su propia infidelidad hacia un hombre. Las interpretaciones de la leyenda varían especialmente en lo que respecta al motivo de la aparición del espectro, que parece tener ciempre un carácter aleccionador. Cada país presenta incluso diferentes versiones según la región. En México, por ejemplo, se ha observado una evolución de la leyenda desde el Virreinato, con algunas versiones que hacen referencia a las tradiciones locales. Es interesante notar que, tanto en México como en Nicaragua, la figura de la llorona parece ser una mujer que sufre las consecuencias de traicionar a su pueblo al relacionarse con hombres de otra raza. En diversas versiones mexicanas se ha llegado a relacionar el espíritu con Malinche, una joven esclava ofrecida por un cacique a Hernán Cortés. Su aparición se atribuye al arrepentimiento por abandonar a su pueblo. En la versión nicaragüense, una joven indígena es abandonada por un hombre extranjero que no tiene la intención de llevarla a su país ni asumir la responsabilidad de su hijo. Como respuesta a la advertencia de su madre de no mezclar su sangre con la de un verdugo, la joven termina quitándole la vida a su propio hijo. En otras versiones, como las colombiana y guatemalteca, la mujer comete una infidelidad y queda embarazada. Se presenta como una especie de castigo por haber engañado no sólo a un hombre, sino también a su familia. Estas versiones reflejan un modelo patriarcal en el que la mujer parece estar vinculada a las decisiones de su progenitor y enfrenta las consecuencias por involucrarse con alguien de un estrato social inferior. Algunas interpretaciones de esta versión de la leyenda sugieren que podría servir como una lección para aquellos que desobedecen o son infieles a sus parejas. En otras versiones, la llorona es retratada como una mujer abandonada por un soldado con el que mantenía una relación incapaz de criar a su hijo, sola decide poner fin a su vida. Esta narrativa puede interpretarse como un acto de venganza hacia el hombre que la dejó. También puede entenderse desde la perspectiva de la presión social sobre las mujeres en cuanto a sus roles maternos, La llorona podría representar a una mujer agobiada por las expectativas sociales en torno a la maternidad y, al no poder cumplir con ellas, comete un acto irreparable del cual se arrepiente. Algunos elementos recurrentes en casi todas las versiones de la leyenda proporcionan pistas interesantes sobre el trasfondo de esta narrativa y sirven como puntos de conexión entre las diferentes versiones. Uno, el agua. Resulta notable que el agua sea un elemento presente en la mayoría de los relatos. Ya se ha asociado a ríos, lagos o lagunas. El agua que simboliza la fuente de vida, también puede representar la muerte en ciertas circunstancias. Dos vestimenta blanca. La figura de la llorona suele ser descrita como el espectro de una mujer vestida de blanco, a menudo con el rostro cubierto por un velo. El blanco color asociado comúnmente a deidades, contrasta con la oscuridad de la noche y se relaciona estereotipadamente con fantasmas y espíritus. Tres. Los gritos literalmente, los lamentos de la Llorona se justifican por la pérdida de sus hijos debido al crimen que ella misma cometió. Uno de los lamentos más reconocidos es el desgarrador ay mis hijos. Según la investigación de Alberto y Aitana Martos García, estos gritos han sido interpretados de manera derrotista más allá del lamento por sus hijos. El grito de la Llorona se percibe como una señal de mala suerte, anticipando una serie de desgracias. En este contexto, el Lamento de la Llorona podría funcionar como un presagio ominoso. A pesar del paso del tiempo, esta leyenda sigue presente en nuestra cultura contemporánea. La mulata de Córdoba, la impactante belleza de unos ojos verdes en un rostro moreno atrajo la atención de Alonso, quien se quedó boquiabierto al ver pasar a la joven. Rápidamente se dirigió a su acompañante y le preguntó sobre esa muchacha, a lo que su amigo le advirtió que no se hiciera ilusiones. La llamaban la mulata y decían que no le prestaba atención a ningún hombre. Lejos de desanimarse, estas palabras avivaron el deseo de Alonso de conquistarla recién llegado a la Nueva España para hacer fortuna. Alonso Balvanera había entrado con buen pie en la floreciente ciudad de México. Vanidoso presumía de cierto parentesco con el entonces virrey desde el momento en que se cruzó con la mulata. Su objetivo fue que los hermosos ojos de la joven reflejaran un interés por él. Frente a los balcones de la casa donde ella vivía con su abuela. Alonso dedicó serenatas y envió regalos generosos con la esperanza de conquistarla. Sin embargo, a pesar de sus intentos, nada sucedió. Intentó ser presentado a la joven a través de conocidos, pero se enteró de que ella no participaba en ningún círculo social y sólo salía temprano a misa. En un esfuerzo por encontrarla, Alonso decidió acercarse a misa para ver a la mulata a la salida de la Iglesia de Santo Domingo, pero ella pasó sin siquiera mirarlo. El desdén de la muchacha lo afectó profundamente. Sus amigos se burlaban de sus infructuosos intentos. Una noche, embriagado por el exceso de alcohol, Alonso, lleno de valor, llegó a la casa de la mujer, subió a un balcón abierto y entró a la habitación donde ella estaba. Sin embargo, su presencia causó un caos. Ella gritó soltó el libro que estaba leyendo y hasta aventó uno o dos objetos. Todo ese escándalo que se hizo obligó a Alonso a salir rápidamente por donde abdo había entrado. Se dice que a partir de ese momento, Alonso se dedicó a difundir rumores sobre la joven, cosas como que ella y su abuela eran hechiceras. Pero ahí hay ciertas discrepancias, ya que, en realidad, dependiendo del autor al que se consulte, se puede entender que, en realidad, los rumores de las prácticas de hechicería por parte de la mulata y de su abuela, sobre todo de su abuela, porque ella era poseedora de conocimientos sobre las virtudes de las plantas. Se decía que ayudaba a quienes lo necesitaban con ungüentos y emplastos, independientemente de si los rumores los inició Alonso o si esos rumores ya estaban desde antes la cuestión es que esos rumores terminaron llegando a oídos de la Santa inquisición. En aquel tiempo, la Iglesia Católica tenía la institución para juzgar y castigar severamente cualquier acción que considerara una amenaza. Cualquier persona, sin importar su estatus, estaba en riesgo de caer bajo la jurisdicción de ese vino tribunal, incluso por denuncias anónimas motivadas por venganzas personales o para confiscar sus bienes. Pues la mulata y su abuela terminaron encerradas en un calabozo de la Santa inquisición. La anciana falleció después de unos días en condiciones insalubres. Cuando la mulata se enteró de que su abuela ya había muerto, pidió la presencia de un sacerdote para confesarse. Sus inquisidores supusieron que ella había aceptado que moriría, así que le concedieron la confesión. Llegó el sacerdote. La mulata le aseguró que sí tenía conocimientos de brujería, pero que ella hasta ese momento ella jamás había puesto en práctica esos conocimientos. Pero como ya había muerto la persona que más le importaba, pues ya no tenía motivos para no volverse una bruja. Al día siguiente, un carcelero escuchó ruidos inusuales provenientes de la celda de la mulata. Al asomarse por la mirilla, observó a la joven dibujando con una piedra da un navío sobre una de las toscas paredes. Aquellos trazos que estaba haciendo la mulata tenían un brillo inusual que llamaron la atención del carcelero. Aquello no podía ser real, así que se talló los ojos y cuando los volvió a abrir, ya no estaba dentro de la celda. Aunque se sospechó que el carcelero la dejó escapar. No había pruebas que pudieran impugnar la ley. En cuanto a Alonso Balvanera, a los pocos meses de que la mulata desapareciera del calabozo, él fue recluido en un hospital para enfermos mentales. Esta fascinante leyenda tuvo su origen en unos acontecimientos reales que sucedieron en el siglo XVIII en la villa de Córdoba, en el estado de Veracruz, La mulata real vivía sola y ocasionalmente se hacía acompañar por un anciano indígena. Debido a su falta de amigos o familiares comenzaron a llamarla soledad. La mulata real creció en medio del campo, forjando a mi ora con los animales, especialmente los coyotes, hecho que preocupaba a sus propios padres. A los catorce años, su madre enfermó gravemente y su padre la envió en busca de una curandera. Sin embargo, la mulata ignoró la orden y utilizó su habilidad con las hierbas para curar a su madre de forma milagrosa. Debido a ese suceso, los enfermos empezaron a acudir con ella en busca de curación. Tal como dice la leyenda, ella fue acusada de brujería por preparar filtros mágicos y amuletos. Se le atribuían poderes para sanar dolencias espirituales, jurar males de amor, disipar envidias y ayudar a las solteronas. Había rumores sobre que la mulata solía visitar una cueva que le ayudaba a no envejecer. También decían que podía ser vista en lugares diferentes. Al mismo tiempo, los rumores sostenían que vivía sola porque tenía un amante invisible que emanaba olores a azufre y brillantes fuegos como si hubiera un incendio en su interior. También se llegó a decir que la vieron volar. Cuando la mulata tenía veintitrés años, los vecinos intentaron detenerla para llevarla ante las autoridades, pero sus amigos coyotes la salvaron y ahuyentaron a la multitud. Sin embargo, el Tribunal de la Santa Inquisición envió al inquisidor Villegas para detenerla. Fue encerrada en el palacio de la Inquisición, enfrentándose a ser sentenciada a la hoguera. Aunque estaba presa, se decía que su casa estaba llena de personas buscando ser sanadas y de alguna manera que no se puede explicar. Esas personas al salir de la casa de la mulata ya estaban sanos. Al igual que en la leyenda, la mulata si escapó de las garras de la Iglesia Católica la dama enlutada. Hay una historia de los años ochenta, cuya naturaleza hace que se pierde entre historia verídica y leyenda antigua. Hay varios detalles que permiten identificar a los protagonistas y sugieren que fue algo completamente real. Vamos por partes para entender la historia de la dama enlutada. En aquellos años, un taxista llamado Abel realizaba sus recorridos habituales por el centro de la ciudad de San Luis Potosí. Un día cerca del cementerio municipal conocido como El Saucito, una mujer vestida de negro con velo en el rostro le hace la parada alrededor de la una de la mañana, una mujer sube al taxi y le pide que la lleve a siete iglesias en los barrios tradicionales del aire de San Luis. A pesar de que el taxista estaba cansado consideró que sería buen dinero, ya que los traslados a estas siete iglesias podían resultar lucrativos. La mujer, según se cuenta, no decía ni una palabra. Simplemente indicaba la siguiente iglesia a la que dirigirse. Lo curioso era que, al llegar a cada iglesia, la dama se bajaba, se quedaba rezando en la puerta durante unos cinco minutos para luego volver a subir al vehículo y dirigirse a la siguiente iglesia. Finalmente, cuando el trayecto llegó a su fin, la mujer le pidió al taxista que la llevara de regreso al mismo lugar donde la había recogido, es decir, al cementerio del Saucito. Al llegar allí, la dama le dijo que no tenía dinero, pero le entregó una medalla de oro, una carta y le indicó que al día siguiente fuera el despacho del licenciado Mario Palomares, quien resultó ser su hermano y se encargaría de pagar los servicios del taxi. Al día siguiente, Abel el taxista, se presentó en el despacho del licenciado Palomares, le contó lo sucedido y le entregó la medalla y la carta. Sin embargo, para su sorpresa, el licenciado le informó que su hermana había fallecido casi tres meses antes. Desconcertado, Abel recibió el pago por los servicios, pero se dice que después de ese encuentro sufrió fiebre y enfermedad durante un mes y finalmente falleció. Lo intrigante de esta historia es que compañeros taxistas de Abel aseguran que es verídico que ocurrió y que él falleció alrededor de un mes después de prestar servicio a la misteriosa dama enlutada Algunos podrían argumentar que su muerte pudo deberse a otra razón, pero lo cierto es que, efectivamente, un mes después de ese servicio, el taxista Abel fallece demasiada casualidad. Desde mi punto de vista, la razón detrás del apodo o dama enlutada se atribuye a cómo Abel, el taxista describía a la mujer al relatar la historia, al verla vestida completamente de negro y rezando en la puerta del panteón, él supuso que era una mujer recientemente viuda que estaba de luto. En cuanto a la identidad de esta enigmática mujer, investigaciones indican que sí existió y se llamaba Lucía Palomares. Era la hermana del licenciado Miguel Palomares, y falleció a los cuarenta y cinco años a causa de leucemia. Lucía era una persona devota y sin hijos. Frecuentaba la misa cada domingo. Resulta interesante que, según la investigación, no se casó y sólo tenía sobrinos a quienes trataba muy bien. Un detalle destacable es el motivo detrás del recorrido de las siete Iglesias, aunque no hay un libro que lo explique. La conclusión que se puede extraer es que Lucía falleció a principios de abril, justo cuando inicia la Semana Santa. Es sabido que en este período se realiza el tradicional recorrido de las siete Iglesias. Otro aspecto sorprendente es que, según testimonios de personas locales, este no es un incidente único. Otros taxistas han experimentado encuentros similares con una mujer vestida de negro en la puerta del cementerio del saucito. Al Algunos de n s N de SNS evitan recogerla, mientras que otros permiten que se suba sólo para que desaparezca misteriosamente a medio camino. Aunque no se conoce la razón detrás de estas apariciones, el fenómeno parece repetirse. En años recientes existen al menos tres informes en los cuales los taxistas recogen a una persona y ésta se baja en el segundo, tercer o cuarto recorrido de las iglesias. El desafortunado taxista, quien falleció al mes de brindar el servicio, añade un elemento intrigante a la historia. Será que la conexión con esta enigmática mujer enlutada tuvo algún papel en su destino trágico. Finalmente, es importante recalcar el origen de esta historia. Como mencioné se originó en la ciudad de San Luis Potosí, al norte de nuestro país. Esto es relevante porque es común que con el tiempo las leyendas cambien su ubicación a través de transmissio de boca en boca, la gente puede olvidar el lugar original y empezar a afirmar que proviene de otros Estados de la República. En el caso de la dama enlutada, he escuchado versiones que la sitúan en pueblos de Oaxaca e incluso de Yucatán. Sin embargo, como he detallado, el lugar exacto es San Luis Potosí. Esta aclaración es fundamental, ya que, aunque las historias similares pueden ocurrir en otros lugares, es crucial preservar la autenticidad del origen de cada relato. Un caso parecido podría suceder en Chiapas, Veracruz o cualquier otro rincón del país donde una mujer devota y católica haya tenido el último pensamiento de visitar iglesias antes de partir de este mundo. La casona de Puebla. Esta historia tiene lugar en una antigua casona en el centro historia, adyacente a un estacionamiento que solía ser la terminal de autobuses. En el pasado, esta casa funcionaba como una especie de casa de Huéspedes con mi mamá a cargo del negocio. La parte superior se destinaba para alquiler con varios departamentos que conectaban mediante puertas. La narrativa se centra en uno de esos cuartitos, conocido como el cuarto del Bastón. Hace unos cincuenta años, según cuenta mi mamá, un grupo de choferrees ebrios llegó a altas horas de la noche, comenzaron a hacer ruido y, de repente todos sintieron golpes como si alguien los estuviera golpeando con un bastón. La altura de los golpes sugirió que podía ser alguien de baja estatura. Los hombres en estado de shock quedaron en silencio. Al día siguiente le pidieron a mi mamá cambiar de cuarto, alegando que habían sido espantados. Este suceso ocurrió en este mismo cuarto donde nos encontramos ahora. Otra anécdota se sitúa en el cuarto que mi mamá usaba para lavar trastes y ropa proveniente de los cuartos de Huéspedes. Mi papá, al ayudar con las tareas, solía sentir una extraña sensación alrededor de las once u once treinta de la noche. Después de finalizar sus labores, se retiraba a su cuarto en el extremo opuesto de la casa. No podía quedarse más tarde porque sentía una presencia como si algo en el ambiente no estuviera de acuerdo con su presencia. A partir de medianoche experimentaba escalofríos y sensaciones inexplicables. Optando por no quedarse más tiempo en la casa. Después de esas horas, en este mismo espacio, cuando estaban iniciando la casa de Huéspedes, la nuera de mi mamá cuidaba de la casa por algunas noches. En una de esas noches, cuando estaban a punto de dormir, empezó a escuchar quejidos de una señora. En ese momento rezó para calmar esos quejidos. Sin embargo, al al día siguiente de la de la de la de la sordió no quedarse más en la casa, siguiendo el ejemplo de otras personas que también experimentaron esas manifestaciones. En la parte adyacente de la casa donde mi papá dormía, junto con mi hermano, hubo experiencias inquietantes. Mi hermano, que originalmente dormía en el cuarto de atrás cerca del baño, sentía que algo lo molestaba describiéndolo como un niño o duende. Debido a su tamaño. Decidió cambiar de cuarto, moviéndose al que estaba más cerca de la puerta, pero las molestias persistieron. A pesar de trasladarse incluso a otra casa, la Presencia continuó molestando a mi hermano. Hubo una noche en particular en la que, al ser molestado nuevamente, mi hermano reaccionó con frustración y groserías. Sin embargo, en ese momento sintió un frío intenso. Cambió su enfoque pidiendo disculpas y solicitando que lo dejaran en paz. Después de ese episodio intentó retomar el sueño y la atmósfera se tranquilizó. Aunque se mudaron a otra casa. Mi hermano pensó que la Presencia desaparecería, pero sorprendentemente la siguió hasta la nueva residencia Estas son las narraciones de estas inquietantes experiencias. Entonces, cuando nos mudamos de casa, mi hermano y yo notamos que las manifestaciones inquietantes persistían. La siguiente semana. Después de la mudanza, continuaron esas experiencias en la nueva casona que estábamos construyendo especialmente para él. Sin embargo, se realizó una limpieza en la casa, como era la costumbre de mi mamá al mudarse, y a partir de ese momento, esas presencias empezaron a desvanecerse para asegurarnos de que desaparecieran por completo. Se hizo otra limpieza en la casa. Desde entonces las presencias y las tensiones disminuyeron significativamente. Parecía que ese duende que acompañaba a mi hermano finalmente se había ido. Finalmente quiero compartir una anécdota personas que, aunque nunca creí en estas cosas, me hizo cuestionar mis creencias. Una noche, mientras veía televisión en mi cuarto, mi mamá entró visiblemente asustada. Me contó que la habían asustado, algo que nunca antes había experimentado. Resulta que mi mamá solía hacer el aseo de los cuartos después de las ocho hasta las diez de la noche. En una ocasión, mientras trabajaba en un cuarto sin luz, escuchó claramente el sonido de agua cayendo en una cubeta. Al principio pensó que podría ser un niño jugando, pero al amenazar comprender la luz y no obtener respuesta, fue a encenderla. Cuando iluminó la habitación, no encontró a nadie y ni siquiera una gota de agua donde había escuchado el ruido. Esta experiencia, presenciada por mí también dejó a mi mamá y a mí desconcertados planteando interrogantes sobre lo inexplicable que ocurre a veces en la oscuridad. En la actualidad, la casa permanece desocupada debido a los daños que sufrió durante el smo de mil novecientos noventa. Los únicos residentes son los comerciantes que tienen sus establecimientos al frente. Cuando llega la noche, cierran sus negocios y se retiran sin prestar mucha atención a la historia que envuelve a la antigua casona, la gárgola de Chima. Esta es una de las leyendas más recientes. Prácticamente surgió en las épocas del confinamiento y gira en torno a una de las figuras que nos lleva hacia lo tenebroso, lo macabro e incluso lo paranormal, es decir, las gárgolas. Las gárgolas originalmente concebidas como elementos ornamentales para la gestión de aguas pluviales en construcciones han desarrollado una conexión fascinante con la imaginería de seres demoníacos que asumen el papel de guardianes, particularmente asociadas a iglesias edificaciones sagradas. Estas estatuas de protección, presentes de manera variada en diversas culturas, no sólo cumplen una función estética, sino que también están programadas de alguna manera para desempeñar el papel de custodios mágicos. A pesar de su función práctica inicial, las gárgolas se han entrelazado con narrativas perturbadoras asociadas a su apariencia monstruosa y a la sugerencia de que los arquitectos las diseñaban con aspecto demoníaco por indicación del clero como guardianes de los templos católicos. Otra versión sostiene que representan a demonios petrificados en su intento de huir de las iglesias. Estas misteriosas criaturas, que comparten características con figuras como quimeras, se popularizaron durante la Edad Media, adornando prominentemente iglesias y catedrales de estilo gótico. Su presencia, más allá de lo ornamental, ha estado vinculada a una dimensión mágica sin n dos consideradas criaturas místicas creadas para canalizar la energía del cosmos con el fin de proteger a las personas y lugares sagrados. Aunque han atravesado períodos de inactividad sugiriendo una relación con la condena de la magia, en ciertos momentos históricos, las gárgolas han despertado nuevamente, reanudando su papel como guardianas. Se cree que cuando duermen asumen la apariencia de estatuas, especialmente en iglesias y catedrales y sólo se activan cuando perciben amenazas cercanas, quedando en vigilia durante la noche. Estas criaturas, con una longevidad aproximada de cincuenta años, pero sin experimentar envejecimiento, se mantienen como estatuas permanentes algunas conscientes de su entorno, mientras duermen otras con los ojos perpetuamente abiertos. Su deber es proteger aquello que se les ha encomendado, y la destrucción física de la estatua no impide que partes restantes continúen con su papel protector, extendiendo su cuidado incluso a los descendientes de la entidad originalmente protegida. En la actualidad, en algunos países europeos, estas gárgolas, aunque en desuso como elementos decorativos, persisten como testigos silenciosos de una era arquitectónica pasada su presencia va más allá de la mera estética, encapsulando la dualidad entre lo funcional y lo mágico en la historia arquitectónica y cultural. Ahora, con el contexto claro, contaré la historia de una gárgola que recientemente se volvió famosa en redes sociales, ubicada en Avenida del Peñón, en Chimalhuacán. Según los mitos locales, se dice que esta gárgola es un demonio alado con ojos rojos y que durante la noche se le puede ver rondando la zona. La población comenzó a reaccionar ante los relatos y comentarios sobre esta gárgola gigante que se encuentra sobre una taquería en el municipio mexiquense. La estatua es impresionante, con la apración aproximadamente tres metros de altura y visible desde lejos, especialmente con una de sus alas extendidas, una cadena enorme cuelga desde su cuello hasta el suelo y se rumorea que se utiliza para evitar que vuele durante la noche. Aunque aparenta ser de concreto, se dice que está hecha de fibra de vidrio. Entre las historias locales se cuenta que la casa de tres pisos albergaba dos gárgolas, una macho y otra hembra, que salían por las noches a hacer travesuras y asustar a los vecinos. Algunas personas afirmaban haber visto cómo cobraba vida y volaba, lo que llevó a que el dueño colocara una cadena a la otra para evitar que escapara. Surgieron comentarios de que los dueños podrían ser brujos y que las gárgolas se colocaron como protección o como parte de algún ritual de brujería. El dueño decidió encadenarlas para evitar que escaparan con el tiempo. Una de las gárgolas desapareció y sólo quedó la que está presente hoy en día, aún en la cal de nada. Algunos lugareños respaldan estas historias, recordando que, en efecto, antes había dos gárgolas. El dueño de la taquería, que tiene una antigüedad de ocho años y se encuentra debajo de la casa que alberga la gárgola, explicó que le gustan este tipo de figuras y decidió colocarla como una decoración impresionante para su hogar. Sin embargo, el misterio detrás de por qué decidió hacer esta gárgola no tiene una explicación clara por parte del dueño, quien simplemente mencionó que le llamaban la atención este tipo de figuras la casa de los perros. Esta leyenda, transmitida a lo largo de generaciones, cuenta la historia de un acaudalado cafetalero llamado Jesús Flores residía en una casa en la calle Santo Domingo, hoy conocida como Avenida alcalde en to s s. S. S. S. S. S. Ns. Jesús, un anciano viudo de setenta años, harto de la Soledad, buscaba una compañera para sus últimos días en la esquina de Alcalde y San Felipe. Vivía una viuda con tres hijas bellas dedicadas a la costura fina, reconocidas por su habilidad. Una de las hijas se casó con un apuesto caballero y otra con un rico alfarero de tlaquepaque. Sin embargo, don Jesús, a pesar de no ser correspondido, propuso matrimonio a la tercera hija, Ana, seducido por su coquetería. Ana, consciente de su situación, le hizo ver a Don Jesús que sólo se casaría con él si construía una casa con un segundo piso. Esto según ella mostraría su estatus ante la sociedad. Don Jesús decidido llamó al ingeniero Arnulfo Villaseñor, para la remodelación de la casa. Tras el matrimonio y la finalización de la casa, ahora conocida como la Casa de los Perros, Doña Ana se dedicó a su decoración. Importó esculturas de Nueva York, dándole el toque final a la mansión. Frente a sus negocios, contaba con un leal caballero llamado José Cuervo, encargado de multiplicar su fortuna. Después de la boda, lo único que le importaba a Don Jesús era incrementar su riqueza sin descuidar la oportunidad de una luna de miel tras su unión con su nueva compañera. Así, la historia de la Casa de los Perros quedó marcada en la memoria de quienes la contaban, habiendo emprendido un viaje a Europa. Don Jesús y Doña Ana casi enfrentan la tragedia. Cuando el barco estuvo a punto de Hundirse juraron rezar un rosario en cada aniversario luctuoso del otro si uno de ellos moría, pero el tiempo no se detiene y el reloj de la vida de Don Jesús se quedó sin granos. Tras su muerte, Doña Ana encontró consuelo en los brazos de su fiel mayordomo, José Cuervo. Este último se dedicó diligentemente a incrementar la fortuna y juntos con su destruyeron una nueva casa en la esquina de colón y libertad, dejando atrás la antigua mansión conocida como la Casa de los Perros. Doña Ana, ya llena de recuerdos no gratos, vendió la casa, que quedó abandonada durante mucho tiempo. Aunque Doña Ana olvidó la promesa del rosario hecha a su difunto esposo. La leyenda persiste. Se dice que la casa está llena de fenómenos paranormales vinculados al alma en pena de Don Jesús. La historia cuenta que aquel valiente que entre a la Casa de los Perros a la medianoche rece un rosario por el alma de Don Jesús bajo la luz de una veladora recibirá las escrituras del lugar. Se relata que varias personas han intentado, pero al rezar escuchan una voz proveniente de ultratumba que responde a sus plegarias, haciendo que su valentía desaparezca. La casa pasó por varios dueños sin que ninguno decidiera quedarse. En los años noventa, el Ayuntamiento de Guadalajara compró la propiedad y la transformó en el Museo del Periodismo y de Artes Gráficas, rindiendo homenaje a su pasado. Sin embargo, la leyenda de la casa de los perros persiste alimentada por relatos de fantasmas y esculturas que, según se dice, cobran vida por las noches. Se cuenta que los perros de piedra se mueven y persiguen a las personas, incluso con impactos de bala en sus figuras, como evidencia de enfrentamientos sobrenaturales. Además, la historia menciona que en su lecho de muerte, don Jesús reveló al médico que aquel que rezara un novenario en el panteón de Mezquitán a la medianoche obtendría las escrituras de la antigua casona. Sus restos, inicialmente en una cripta destacada en el panteón de Mezquitán, fueron posteriormente trasladados al panteón francés de la ciudad de México. El Boulevard de la muerte, el Boulevard dos mil, que se extiende desde las afueras de Tijuana hasta la costa en rosarito es más que una simple carretera. Es un testigo de historias inexplicables que han circulado desde tiempos remotos. Incluso antes de que existiera la carretera, Cuando la zona era un remoto paisaje de ranchos y pequeñas casas, se escuchaban relatos inquietantes. Mis tíos solían organizar excursiones en aquel lugar y aunque nunca tuve la oportunidad de unirme, mis primos compartían historias sobre el camino tenebroso de regreso, donde juraban haber oído los gritos de una mujer resonando entre los cerros. En una ocasión aseguraron haber visto el vestido de una mujer entre los matorrales mientras cazaban liebres en la serranía. Con la construcción del boulevard, hace más de una década, la zona serrana, antes de difícil acceso, se abrió al público. Sin embargo, Esto también coincidió con un aumento en los accidentes en la carretera. Un profesor de la preparatoria compartió una experiencia peculiar una noche de regreso de ensenada. Una mujer de blancos se atravesó lentamente frente a su auto. En la oscuridad describió que la mujer parecía flotar sin movimientos de piernas y aunque se detuvo a un lado del camino, la policía le informó que había atropellado a una vaca. En los últimos diez años he escuchado más relatos sobre encuentros inusuales en la carretera, especialmente por las noches. Aunque es un lugar peligroso que requiere atención constante. Algunos aseguran que, de vez en cuando, si observas detenidamente, podrías presenciar algo fuera de lo común. Vivo en un nuevo fraccionamiento cerca del Boulevard dos mil. Desde hace algunos meses y aunque utilizo la carretera a diario, evito transitar por la noche un vecino recién llegado de Sonora ajeno a las leyendas locales. Compartió su experiencia reciente. Al llegar a casa a las dos de la mañana. Habló de una mujer de blanco caminando por la calle mirando hacia las privadas como buscando algo o alguien. Aunque somos pocos en la privada, algunos de nosotros ya conocemos las leyendas, pero la mayoría recién llegados a la ciudad no tiene idea de lo que se cuenta. Hace unos días escuché un grito en la noche y al asomarme creí ver a una mujer a unos cien metros de distancia. Aún no puedo confirmarlo, pero si estos relatos son ciertos, parece que la misteriosa mujer de blanco conocida como la Llorona, está extendiendo su presencia hacia las nuevas colonias que rodean el Boulevard dos mil