Almas Del Penal De Oblatos Historias De Terror - REDE

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En Guadalajara existió una cárcel conocida como la Penal de Oblatos, en la que se albergaban arreos considerados muy peligrosos. Se encontraba ubicada en la colonia Oblatos, en las calles ahora conocidas como Gómez de Mendiola y Sebastián Allende. Después que sucedió un evento sin precedente, la penal se trasladó a una zona más alejada del centro de la ciudad, en Puente Grande. En aquella época fueron capturados varios hombres que pertenecÃan a la Liga Comunista. Veintitrés de septiembre fue durante el gobierno de Luis EcheverrÃa en el que este hombre reprimió a muchos jóvenes que se rebelaron ante las injusticias del gobierno. Más conocida fue la tragedia de la matanza de Tlatelolco. El entonces Presidente de la República se expresaba despectivamente de aquellos jóvenes. En Guadalajara también habÃa partidarios de los mismos ideales. Fueron capturados seis guerrilleros que, después de ser encarcelados, decidieron fugarse. En ese momento en que ocurrieron los hechos. Era un adolescente. La casa de mis padres se encontraba a una cuadra de la Entonces penitenciarÃa por lo que se hablaba mucho del acontecimiento en la colonia de aquellos jóvenes detenidos y más cuando se supo de su fuga dentro de la comunidad de los presos. En la colonia se hablaba de hombres que morÃan sin ninguna causa aparente. DecÃan que en los alrededores de la fortaleza se podÃan escuchar gritos y lamentos de las personas que murieron sin causa aparente. Lo más probable era que todos los rumores que se decÃan de los reos se quedaban en la misma colonia, porque cuando le platicaba alguno de mis compañeros sobre lo que ocurrÃa en el penal, me decÃan que no se habÃan enterado. También habÃa que tomar en cuenta que en aquel tiempo no habÃa tantos medios de difusión. Fue un gran escándalo cuando los presos se fugaron de la cárcel, porque supuestamente se habÃa construido para evitar las fugas. Yo no vivÃa enfrente de la penal, pero mi amigo de la infancia sà se llamaba Manuel. Ãl me platicó que escucharon los balazos que irrumpieron en la tranquilidad de la colonia. Mi amigo se encontraba con su familia Cuando ocurrió la fuga. Su papá les pidió que nadie se asomara a la ventana y que permanecieran sentados. Después que ocurrió el incidente, el lugar se lleno de policÃas y de investigadores que trataban de dar con el paradero de los presos en la casa de Manuel llegaron a revisar cuidadosamente para descartar la posibilidad de que algunos los estuvieran encubriendo. Luego de aquel suceso tan sonado en su época, empezaron a ocurrir acontecimientos inesperados, como si al escaparse aquellos reos también se hubieran salido de su cautiverio los espÃritus de las personas fallecidas. Fue triste ver cómo destruyeron aquel edificio emblemático. Cuando mi amigo y yo nos enteramos de la destrucción del edificio, fuimos a ver los escombros, las ruinas de lo que fue aquel lugar. Aunque era de dÃa, se sentÃan energÃas extrañas. Era como si aún quedaran reminiscencias de lo que vivieron en la penal las personas que estuvieron presas y era fácil de entenderse porque imagino que no sólo se vivieron torturas en la cárcel, sino también hambres, desolación, ira, tristeza y muchas más emociones negativas que sintieron los presos. Lo más extraño fue la primera noche que destruyeron la penal. Estaba en la casa de mi amigo. Eran alrededor de las ocho. Nos encontrábamos oyendo música en la habitación de Manuel. Aunque el volumen estaba fuerte, pude distinguir un sonido que venÃa de la calle. Me acerqué a la radio para bajar el volumen De inmediato. Manuel me dijo que no le bajaba al volumen sin hacerle caso. Le pedà que pusiera atención a lo que se escuchaba molesto. Se acercó a la ventana para abrirla. Sacó su cabeza para que me diera cuenta que afuera no habÃa nada. Justo en el instante en el que se asomó un lamento se oyó. Fueron varios quejidos que provenÃan del terreno en ruinas. La molestia de mi amigo se desvaneció de inmediato. Es verdad. Me dijo no puedo creer lo que escucho. TodavÃa incrédulo. Se asomó de nuevo y otra vez se escucharon gritos y lamentos. ParecÃa que las almas se quisieran comunicar con nosotros a través de aquellos lamentos profundos. Luego de unos minutos que escuchamos las voces, todo quedó en silencio. Tanto mi amigo como yo estuvimos por más de dos horas con la ventana abierta y la música apagada para estar atentos a cualquier manifestación. Ya eran casi las diez de la noche cuando me despedà de Manuel, ya que mi padre sólo me dejaba estar hasta esa hora en la calle. Le pedà que estuviera atento y, si era posible, que se levantara en la madrugada para ver si notaba algo extraño. Era más sencillo que él lo hiciera, porque sólo tenÃa que levantarse y asomarse a la ventana. En cambio, yo no podÃa salirme de la casa en la madrugada a menos que lo hiciera a escondidas de mi papá. Para ese momento, Manuel estaba emocionado más que darle miedo lo que escuchó. Le causaba inquietud saber que sà existÃan las almas en pena y que podÃan manifestarse. Me fui en mi bicicleta. Antes de irme, me di una vuelta alrededor de la edificación destruida. Ya se habÃan llevado la mayor parte de los escombros, pero aún habÃan quedado restos de ladrillos y cemento. Vi un montÃculo en ruinas. Me llamó la atención que justo en ese espacio empezó a salir una especie de humo. De esa misma forma salÃa un vapor blan de la urra. De ahÃ, cuando miré hacia otras partes del terreno, empezó a suceder el mismo efecto. Manuel me vio desde la ventana. En cuanto se dio cuenta que me quedé observando el fenómeno. Ãl bajó de inmediato de su habitación. Me corrigió diciéndome que no era humo, sino los espÃritus de los difuntos. CreÃa que era lo bastante escéptico para no asustarme por nada tan sólo de pensar que eran las almas de las personas cautivas. SÃ, me dio temor. Le dije a Manuel que se metiera a su casa. Por mi parte, me fui rápidamente en mi bicicleta a la mÃa. TodavÃa iba con miedo porque no podÃa creer lo que habÃa visto. Volteaba hacia atrás, ya que me daba miedo de que alguno de los espÃritus me siguiera. No supe cómo me vio mi mamá en cuanto llegué, porque de inmediato me preguntó qué me habÃa pasado. Ella creyó que me estaban siguiendo, aunque no tenÃa la intención de decirle lo que habÃa ocurrido. No me pude contener le. Conté lo que habÃa sucedido en el terreno de la penal y la forma en que pude ver las almas de los muertos. Cuando sentà la mano de mi mamá en el hombro, sin decir palabra, hizo que dejara de hablar. Me pidió que me tranquilizara, que lo que vi pudo ser cualquier cosa. No era posible que fueran las almas de los difuntos, ya que muchos de ellos habrÃan muerto desde mucho tiempo atrás. Otros no llevaban muchos años de haber fallecido, pero sus almas no pudieron quedarse entre los muros de las paredes, porque Dios permitÃa que los espÃritus estuvieran en el cielo o en el infierno, pero nunca los dejarÃa en la tierra. Mi madre siguió hablándome acerca de los muertos. Me citó varios versÃculos de la Biblia en los que explicaba con claridad a dónde iban las almas cuando mueren. Siguió hablando sobre la palabra de Dios, aunque creo que las últimas palabras de mi madre ya ni siquiera las escuché. Mi madre habÃa sido criada con las creencias de la religión cristiana, por lo que habÃa aprendido desde muy chica a leer la Biblia, asà que todo lo relacionaba con Dios. De cierta manera, todo lo que me dijo mi mamá me tranquilizó. No tenÃa las mismas creencias de mis padres y ni siquiera iba a la Iglesia, aunque ellos me insistÃan en que fuera, pero yo siempre me negaba, lo bueno que nunca me obligaron a ir. Realmente creà que lo que vi fueron las almas de los difuntos. Al dÃa siguiente me fui a la preparatoria, aunque tenÃa mucho interés en ver a Manuel lo busqué en el salón, que sabÃa que estarÃa en cuanto me vio. Salió a mi encuentro antes de que le hiciera una pregunta. Me contó lo que sucedió en la Penal. Después de las doce de la noche empezaron a escucharse nuevamente los lamentos de las almas. Probablemente se oyeron con más fuerza, asà que mi amigo y yo no éramos los únicos testigos de lo que estaba sucediendo en la colonia. Varios de los residentes en las viviendas de alrededor se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo con rapidez. Empezaron a llevar flores que depositaban en las distintas partes de la superficie del terreno. Hubo quienes hicieron cruces de madera que enterraron en la tierra. Todo lo que los vecinos hicieron para que aquellas almas tuvieran paz no funcionó, ya que con más frecuencia se oÃan los lamentos y se comenzaron a manifestar los espÃritus. Hubo una ocasión que una de las vecinas de Manuel se puso a gritar como loca. Aquella vez estábamos jugando con mi balón, cuando la señora salió muy asustada de su casa diciendo que habÃa visto a alguien en el espejo de su baño y que no era precisamente un alma buena, porque en cuanto la vio sintió que le empezaba a faltar el aire. La señora no fue la única persona que vio a un espÃritu en pena. Fueron otros vecinos los que también comentabanban lo mismo, aunque a veces dudábamos de lo que decÃan, porque ni mi amigo ni yo habÃamos visto a ninguno a excepción de lo que sà escuchábamos. No supe lo que pasó, porque luego de varios dÃas todo comenzó a ser normal. Ya no se oÃan los lamentos ni nadie llegó a decir que veÃan a los espÃritus, por lo que creÃmos que ya no sucederÃa nada para vÃsperas del dÃa de muertos en mi casa se acostumbraba a tener pan de muerto y hacer el altar a nuestros seres queridos que ya se habÃan marchado de este mundo. Le ayudaba a mi mamá a hacer las flores de zempasúchil de papel. Desde un mes antes mi mamá ponÃa a su altar con las fotografÃas de sus padres y familiares, aunque aún faltaban muchos dÃas para que llegara el dÃa de muertos. Una noche me quedé hasta más tarde en la casa de Manuel. HabÃa sido su cumpleaños y sus papás le hicieron una cena en su honor. Fuimos varios compañeros del barrio a su casa. Nos quedamos hasta más tarde. Eran las únicas ocasiones en las que mis papás me permitÃan llegar hasta más noche. Los padres de mi amigo se fueron a descansar. Nosotros nos quedamos en la cochera platicando. Nos estábamos pasando una noche muy agradable, por lo que no nos dimos cuenta de que era muy tarde. De repente, uno de nuestros amigos nos dijo que habÃa visto que algo se movÃa entre los árboles para esas fechas. Ya se nos habÃa pasado la fiebre de que se escuchaban lamentos porque sólo ocasionalmente se oÃan. Pero como era tan esporádico de cierta manera, como que nos acostumbramos a ellos. Manuel también dijo haber visto a alguien que estaba detrás de un auto y nos apuntó hacia aquella dirección. No tengo las palabras correctas para decir lo que vi porque era una sombra oscura a la que no se le veÃa el rostro. El resto de los amigos de Manuel también n RS comenzaron a decir lo mismo. Por lo que nos metimos al interior de la casa. Ya no nos dio confianza estar en el exterior. Lo que sea que se encontrara fuera de la casa de Manuel. No se quedó conforme con que nos metiéramos, porque empezaron a escucharse que se quebraban las macetas que tenÃa la mamá de Manuel en la cochera, pero como no hicimos el intento de salir aquel espÃritu, comenzó a tocar la puerta. Fueron golpes fuertes que sólo nos hacÃan brincar de miedo. El papá de mi amigo salió al escuchar el alboroto, nos preguntó qué estaba sucediendo. Ãl estaba molesto porque creÃa que éramos nosotros los que jugábamos, pero mi amigo de inmediato le explicó lo que sucedÃa. El señor sin creernos se dirigió a la puerta para ver de quién se trataba. Todos le gritamos que no lo hiciera, que no abriera la puerta, pero él hizo caso omiso a nuestras súplicas. En cuanto abrió la puerta, entró una ráfaga da de aire frÃo. Eso fue muy raro, porque no habÃa muestras de que hubiera viento afuera. No vimos la sombra oscura. Sólo sentimos cómo el frÃo se metió a la casa enseguida. Todo quedó tranquilo normal como si no hubiera ocurrido nada. El padre de Manuel estaba un poco confundido por lo que sucedió, pero no comentó nada. Sólo nos pidió que no hiciéramos tanto ruido. En cuanto el padre de Manuel se fue de regreso a la habitación. Todos fuimos a la ventana para ver si se encontraba aquella sombra en el exterior, pero no la vimos. Estuvimos por varios minutos tratando de identificar algo sin conseguirlo. Nos fuimos relajando un poco, pero no lo suficiente. Después de un rato de continuar en la casa de Manuel, nos despedimos y nos fuimos a nuestras casas. Yo me fui con un amigo que vivÃa a dos cuadras de la mÃa. Mientras caminaba al lado de mi otro amigo, le pregunté qué pensaba sobre sobre lo que vimos en la calle, aquella sombra oscura que estaba detrás de los árboles. Sin imaginar lo que me iba a decir, él comentó que tenÃa miedo de aquel espÃritu porque era oscuro. Su abuela, en alguna ocasión le dijo que se cuidara de los espÃritus oscuros. Los blancos eran almas perdidas que no lograban encontrar su camino y lo único que querÃan era que rezáramos por ellos para que la luz de Dios les señalara el camino correcto. Pero los espÃritus negros eran de gente malvada que habÃa hecho alianza con el demonio, y no porque fuera a través de un conjuro, sino por sus acciones. Fueron personas que odiaron y le hicieron daño a su prójimo. Lo que mi amigo me comentó se me hizo muy interesante, porque no tenÃa nada que ver con las ideas cristianas que promulgaban mis padres. Quise seguir platicando sobre las almas en pena, pero habÃamos llegado. Mi amigo me dejó afuera de mi casa y se fue a la suya. En cuanto entré a mi casa, le avisé a mis padres, que ya estaba en casa. Fui por un vaso de agua antes de irme a mi habitación. HabÃa pasado un rato y comenzó a darme sueño y pude escuchar el lamento que dÃas antes habÃa oÃdo junto con mi amigo, lo que me hizo recordar el suceso en su casa. Aunque en esta ocasión más que lamento, lo oà como un grito que irrumpió en el silencio de la colonia. Estuve atento a cualquier sonido. Nuevamente oà aquel grito. Era un grito inquietante que me quitó el sueño. No era el único que lo habÃa escuchado porque vi la luz de la sala que entraba por debajo de mi puerta, seguramente alguno de mis padres también se habÃa levantado para ver qué estaba sucediendo. No tenÃa la intención de salir de mi habitación y por lo que habÃa visto en la casa de Manuel ahora ya creÃa que muchas almas se quedaban atoradas en la tierra, que no se iban a más allá y que habÃa algo más, porque aquella sombra negra que vimos no auguraba nada. Bueno. Tocaron a mi puerta, salà para ver qué querÃan, pero no estaba nadie afuera de mi habitación. Fui a la sala para preguntar qué necesitaban y mi padre me respondió que no habÃan tocado mi puerta, que seguramente escuché mal, pero estaba seguro de que alguien habÃa estado afuera de mi habitación, ya que vi los pies de una persona parada enfrente de la puerta. No entré en detalles. Me senté al lado de mi papá mientras mi mamá empezaba a orar. No habÃa terminado su oración. Cuando escuchamos pasos furtivos de algunas personas que estaban corriendo por la calle, me asomé por la ventana. Eran varios muchachos. Pasaron haciendo mucho escándalo, varios gritos se escucharon. Volteaba a ver a mis padres, aunque también vi el miedo reflejado en sus rostros. Los gritos continuaron por unos segundos después todo quedó en silencio. A los pocos minutos vimos las luces de la policÃa. En un principio pensamos que sólo eran ruidos escandalosos que hacÃan los muchachos, ya que eran jóvenes con adicciones, por lo que ya nos Ãbamos a dormir de nuevo. Pero el escándalo se hizo más fuerte. También oà el llanto de una mujer y gritos. Mi papá fue el primero en asomarse. Varios vecinos también estaban afuera de sus casas. Uno de ellos. En cuanto vio a mi padre, se acercó a él le comentó que uno de los muchachos parecÃa muerto. Ya habÃan llamado a la ambulancia, pero no llegaba tan rápido como lo esperaban. En la calle se veÃa a varias personas amontonadas tratando de ayudar a uno de los muchachos. Su mamá era la que lloraba desconsoladamente. Gritaba pidiendo auxilio. Yo me sentÃa consternado. Nunca habÃa visto la muerte tan cerca, pero a su vez tenÃa la sensación de que habÃa alguien más en esa calle y no era precisamente un vecino, porque ya habÃan tocado a la puerta de mi habitación y no habÃa visto a nadie. Me acerqué con mi papá para decirle que quizás no era un suceso normal, sino paranormal. Mi papá no me dejó terminar. Me dijo que esas ideas iban en contra de sus creencias y que si ese muchacho estaba mal era porque andaba en malos pasos. Cuando llegó la ambulancia nos acercamos y fue en ese momento en que vi al joven con el rostro muy pálido parecÃa muerto. Más atrás estaban sus amigos, cuyo rostro revelaba todo el miedo que tenÃan. Uno de ellos estaba llorando. De pronto el muchacho reaccionó ante los primeros auxilios que le estaban dando. Los paramédicos lo cubrieron con una cobija, lo subieron a la ambulancia. Se lo querÃan llevar al hospital para que lo revisara el médico, pero el muchacho dijo que no era necesario. Ya se sentÃa mejor. Su madre preferÃa que se fuera al hospital, pero él se negó rotundamente. La ambulancia se quedó más tiempo, en lo que el joven se recuperaba. Con mucha curiosidad me acerqué a la ambulancia. Vi la forma en que el muchacho veÃa sus brazos, se tocaba por todas partes su cuerpo. Me daba la sensación de que se estaba reconociendo. Creà que lo hacÃa porque aún no daba crédito a que estuviera vivo. Cuando notó mi presencia, se sonrió de una manera inquietante. Sus ojos se quedaron fijos en mÃ. No pude con esa mirada. Me alejé rápidamente de ahà era raro, pero tenÃa una teorÃa. CreÃa que el muchacho no era él realmente, pero todo era basado en especulaciones, por lo que no dije nada. Luego que los pa para médicos lo estabilizaron, le dijeron que se podÃa quedar en su casa. Me llamó tanto la atención que al bajarse de la ambulancia, caminó hacia el lado contrario. Su mamá le dijo que no era por ahà y le apuntó hacia dónde tenÃa que ir. Ãl sonrió diciendo que sólo estaba bromeando, que sabÃa perfectamente dónde estaba su hogar. Ya ni siquiera se despidió del resto de sus amigos, que todavÃa lo veÃan asombrados. Poco a poco se fue quedando sola a la calle. Mis papás se fueron a la casa. Mi madre fue la que me jaló del brazo pidiéndome que entrara a la casa. Antes que me metiera a mi casa, me detuve para verlo, él me sonrió y entró a su casa. Mis padres se quedaron un rato platicando el suceso. Yo me fui de largo a mi habitación porque tenÃa la sensación de que el vecino realmente habÃa muerto y que ahora estaba en su cuerpo aquel espÃritu que vimos. Pero cuando reflexioné mis pensamientos s s se me hicieron tontos e irreales. Me llevó tiempo poder dormir, principalmente porque los perros seguÃan alborotados en la calle, ya que no dejaban de ladrar A partir de aquella noche. Cada vez que tenÃa oportunidad vigilaba a mi vecino. Le ponÃa atención desde la ventana de la sala o desde mi habitación. Lo que fue muy notorio es que el vecino pronto empezó a tener muchas cosas materiales. Compró un auto como fanfarroneaba con todo lo que tenÃa era fácil darse cuenta de lo que pasaba. Por su parte, Manuel me decÃa que imaginaba cosas. Yo le decÃa que aquella sombra oscura que vimos era el espÃritu de uno de los delincuentes de la penal y que habÃa entrado en el cuerpo de mi vecino. Se escuchaba ridÃculo lo que decÃa, pero creÃa en lo que veÃa, sobre todo una madrugada en la que llegó el vecino junto con otros muchachos, venÃan de robar algún establecimiento o o o un transeúnte lo vi a través de mi ventana. TenÃa las luces apagadas. Ãl empezó a contorsionarse de una forma extraña, como si se diera cuenta que lo veÃa. Volteó en dirección a mi casa. Luego les dijo a sus amigos que esperaran. Corrió hacia mi casa y se quedó frente a ella. Miraba el balcón de mi habitación yo estaba aterrado. Me hice asà a un lado tratando de que no me viera porque temÃa que me quisiera hacer daño. Duró afuera de mi cuarto por unos minutos. Luego escuché cuando se marchó más que un hombre. ParecÃa un demonio. Cuando le conté a Manuel, lo que me sucedió en la noche fue cuando me creyó. Me dijo que buscarÃamos la manera de proteger nuestras casas. La abuela de uno de nuestros amigos sabÃa de amuletos y protecciones. Lo sabÃamos porque él nos dijo. Pensamos en buscarlo al dÃa siguiente para que nos llevara con su abuela, pero no fue necesario, porque aquella madrugada se escucharon varios balazos en la colonia. Muchos vecinos nos dimos cuenta de lo ocurrido. Hasta el dÃa siguiente pudimos enterarnos por las noticias que unos jóvenes intentaron asaltar una tienda grande, con lo que no contaron era que tenÃa vigilancia. Dos de los asaltantes salieron heridos. Uno de ellos habÃa muerto. TenÃa mucha curiosidad de saber quiénes habÃan sido, aunque casi estaba seguro. Fui en mi bicicleta a la casa de Manuel. Ãl ya iba a mi encuentro, ya sabÃa quiénes habÃan sido. Los delincuentes eran mis vecinos y el que murió fue el que teorizaba que estaba poseÃdo. Después que se llevaron presos a los delincuentes y le dieron sepultura a mi vecino, los asaltos cesaron en ese lado de la ciudad. Los lamentos continuaron escuchándose de nuevo. No era con tanta frecuencia, pero habÃa ocasiones en las que oÃa él mismo. Lamento en el lugar en el que estaba la penitenciarÃa construyeron una unidad para que todos los colonos disfrutáramos de ella. Al principio no querÃa ir a jugar a ese lugar. TenÃa la sensación de que aquel espÃritu seguÃa vagando. No veÃa nada extraño. Sólo tenÃa la sensación de que alguien me observaba, pero creà que todo era producto de mis nervios. Con el tiempo me fui a vivir a otro lugar. TodavÃa voy ocasionalmente a la colonia en la que vivimos y a veces veo a Manuel. Ãl todavÃa sigue viviendo en la misma casa. Manuel es el que me ha dicho que en pocos momentos ha escuchado aquellos lamentos, aunque se oyen muy lejanos. Realmente no sabe a qué se deben. Ãl me dijo que cuando se duerme muy tarde en más de dos veces llegó a ver aquella sombra negra que vagaba en la oscuridad, pero ha preferido no comentar el suceso porque lo juzgarÃan de lo o en lo personal, sà lo creo. Mi teorÃa es que es el espÃritu de un alma que hizo actos horribles en vida. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








