¿Alguna Vez Tu Expareja Te Hizo Brujería? Historias De Terror - REDE

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El ritual. Mi nombre es Lorena. Tengo cuarenta y dos años. Soy originaria de ciudad Guzmán Jalisco. Ahà estudié la carrera de medicina. Después que me gradué como médico general, quise continuar con mi preparación. QuerÃa estudiar una especialidad para eso. Tuve que irme a vivir a la Ciudad de México. Luego de seis meses de estar aprendiendo en el hospital. ConocÃa a Armando. Ãl también estaba en el hospital con la intención de estudiar la especialidad en pediatrÃa. A mà me interesaba aprender sobre neurologÃa pediátrica. Armando tampoco era de la Ciudad de México. Ãl era del Estado de Chiapas, de San Juan Chamula. Los dos vivÃamos en zonas muy retiradas. Era necesario trasladarnos al Hospital General Gregorio a Las Flores. Yo vivÃa por la Colonia la Estrella y Armando aún más lejos, los dos coincidimos que nos podÃamos ir a vivir juntos y compartir gastos. Asà podÃamos conseguir una vivienda más cercana al hospital. Nos llevó un poco de tiempo encontrar el lugar indicado hasta que en una oportunidad, encontramos un departamento en Tlatelolco por la Avenida Ricardo Flores Magón. Los primeros meses que estuvimos viviendo juntos la pasamos muy bien. Nos veÃamos muy poco, porque estudiar la especialidad nos llevaba la mayor parte del dÃa. Incluso habÃa dÃas que me decÃan que era necesario que me quedara por la noche en el hospital a armando le sucedÃa lo mismo. Los fines de semana eran los dÃas que podÃamos estar juntos, aunque cuando habÃa urgencias tenÃamos que ir al hospital a la hora que fuera necesario. En un inicio pudimos sobrellevar el vernos muy poco y aceptar que eran momentos para aprender. Pero después de tres meses armando me cuestionaba mucho. Me decÃa que por qué el doctor Hernández me hablaba con tanta familia. En pocas palabras, los celos se hicieron presentes. Comenzamos a discutir de todo si recibÃa un mensaje de alguno de los otros médicos. Armando se enojaba mucho. Cada dÃa. Se fue haciendo insostenible el estar juntos porque cualquier comentario disparaba una discusión. Hubo una ocasión en la que no pude ir a dormir al departamento por una urgencia con una niña que convulsionaba y no podÃa salir del estado de epilepsia. Fue necesario hacerle más estudios para saber el origen de las crisis convulsivas. Con tanta presión en la sala de urgencias pediátricas. Se me pasó a avisarle a Armando que no llegarÃa a dormir. Cuando llegué al departamento, lanzó mi mochila al suelo. Me aventó al mueble de sala con tristeza. Entendà que ya no podÃa mantener una relación con ese hombre para esa época. Yo habÃa hecho amistad con otra compañera de la especialidad, mi amiga se llamaba Berenice. A ella le habÃa contado la situación con que vivÃa con Armando. Me dijo que cuando lo quisiera dejarme podÃa ir a vivir con ella. Berenice tenÃa un departamento que le habÃan heredado sus padres. Me dijo que podÃamos compartir gastos. Ese dÃa en el que Armando se molestó tanto conmigo, agarré mis cosas y no regresé al departamento en un principio me buscaba mucho, incluso en el mismo hospital. Iba hasta el piso en el que me encontraba buscando que regresara a vivir de nuevo al departamento cuando me era posible. Trataba de que no me viera para evitar hablar con él cuando era inevitable. Le decÃa que ella no volverÃa a su lado armando. Se disculpó de muchas maneras. Me dijo que jamás me volverÃa a pasar lo mismo, pero yo ya no quise intentarlo de nuevo. Le dije que ya no me molestará más y que ya me dejara en paz. Esa fue la última vez que lo vi ya no volvió a buscarme. Fue cuando comencé a sentirme tranquila y segura, porque ya llevábamos mucho tiempo pasándola mal. Pensé que debà de haberme alejado de él antes de llegar a esa situación extrema con mi amiga Berenice me sentÃa muy bien. Ella era muy agradable. En ocasiones logramos coincidir en nuestros tiempos veÃamos alguna pelÃcula juntas o jugábamos un juego de mesa para relajarnos de tanta presión en el hospital. Una vez ella me avisó que no irÃa a dormir. TenÃa que quedarse en el hospital a hacer guardia, Asà que me acomodé en el sofá para ver una de mis pelÃculas favoritas. Ese dÃa no lo habÃa pasado bien en el hospital porque mi jefe inmediato me regañó porque no habÃa hecho los estudios a un pequeño que acababa de ingresar a urgencias. Le comenté que él nunca me dijo nada respecto a los análisis del pequeño. Ãl me respondió de una manera cortante, diciéndome que habÃa muchas excusas para no hacer un buen trabajo. Su comentario. Me habÃa hecho sentir muy mal porque me esforzaba por hacer las cosas bien, asà que me acomodé en el sillón y me dispuse a olvidarme un poco del hospital y a relajarme porque me sentÃa muy abrumada. Puse una pelÃcula de comedia. Eran las únicas que lograban distraerme. Me encontraba inmersa en la pelÃcula cuando escuché que la puerta se abrió y luego se cerró. Sin dejar de mirar la televisión, le pregunté a Berenice si habÃan cambiado de opinión en el hospital. No obtuve ninguna respuesta a los pocos minutos oÃ, cuando de nuevo abrió y cerró la puerta, suspendà la pelÃcula para ver de quién se trataba, pero dentro del departamento no habÃa nadie. Pensé que Berenice habÃa ido por algo que se le hubiese olvidado qué era tanta su prisa que ni siquiera se detuvo a responderme. Después que se terminó la pelÃcula, me fui a dormir. Al dÃa siguiente tenÃa que madrugar y sabÃa que iba a tener un dÃa muy pesado. Me fui a la cama de inmediato me quedé dormida. No sé qué horas de la noche serÃan. Cuando escuché que alguien andaba dentro del departamento, pensé que serÃa Berenice, por lo que no hice caso y me volvà a dormir. Más tarde sentà cuando mi amiga se acostó a dormir en mi cama. Le dije a Berenice que se podÃa quedar a dormir conmigo si no invadÃa mi espacio y no roncaba, sino tendrÃa que irse a su habitación. No me respondió, pero asumà que me habÃa entendido. Al dÃa siguiente me desperté muy tarde tuve que tomar un taxi para llegar a tiempo al hospital. Berenice ya se habÃa ido de nuevo para mi mala suerte. HabÃa un tráfico horrible y el taxista chocó con un auto particular. Me bajé del auto de alquiler y me fui corriendo al hospital. Ya faltaban pocas cuadras. Cuando llegué, mi jefe ya estaba haciendo la intervención quirúrgica al bebé. Cuando me vio entrar a la sala de operaciones, me hizo una señal con la cabeza para que me saliera. No le pude decir lo que me habÃa ocurrido. Me salà del quirófano, sintiéndome muy frustrada. Ese dÃa tampoco comenzó bien, pero pensé que r r o a Berenice en el hospital porque habÃa ido a descansar un rato por la noche, pero no la pude localizar hasta en la noche. Fue cuando coincidimos. Le pregunté por qué habÃan cambiado de opinión en el hospital y también porque habÃa decidido dormir conmigo. Perennice me dijo que ella no habÃa ido para nada al departamento. Se habÃa quedado toda la noche a trabajar hasta en la mañana que regresó. Le dije que no bromeara con eso. En la noche salió dos veces del departamento y luego se fue a acostar conmigo en la cama. Ella se puso muy seria me dijo que no habÃa estado para nada esa noche en el departamento. Me puse nerviosa al pensar quién podrÃa haber sido en El primero que pensé fue en Armando, pero él no se hubiese quedado sin decirme nada sumamente alterada. Le dije a Berenice que de verdad alguien habÃa estado conmigo en la noche, ella me pidió que me tranquilizara. Ya llevaba más de cinco años viviendo en ese lugar y nunca habÃa pasado nada de l extraño. Lo mejor era pensar en eso como un hecho aislado que ya no volverÃa a suceder. Los dÃas siguientes me estuvo yendo muy mal en la residencia del hospital. El doctor a mi cargo ya estaba muy molesto conmigo. La última vez que estuve en cirugÃa cometà un error que puso en riesgo la vida de un niño. A partir de esa vez, el doctor me dijo de una manera amable que buscara terminar mi residencia en otro hospital, que no querÃa dañar mi historial, asà que él me darÃa la recomendación para otro lugar. Ese fue mi último dÃa de aprendizaje en el Hospital General. Cuando Berenice llegó al departamento, ya estaba enterada de todo trató de animarme diciéndome que todo tenÃa una razón de ser que allá me irÃa mejor. Aunque por principio el hospital no me quedaba muy cerca. TenÃa que meterle mucho tiempo para el traslado. Me sentÃa tan mal por todo lo ocurrido. Berenice se acercó a mÃ. Me dijo que quizás lo que necesitaba era era que me hicieran un amuleto de protección contra armando, porque todo coincidÃa. Desde que di por terminada mi relación con él, comenzaron a pasarme cosas muy feas. Fue una tras otra. Además, me dijo que no perdÃa nada, Sólo era para que me dieran un amuleto que me abriera caminos. Nunca habÃa creÃdo en esos rituales. Por eso no querÃa hacerlo, pero fue tanta la insistencia de Berenice que acepté a hacerlo. Al dÃa siguiente me llevó con una mujer en un mercado esotérico. La mayor parte de los locales se dedicaban a lo mismo, a la adivinación, lectura de taroth rituales de protección y una serie de cosas mÃsticas. Ella se fue directamente al segundo piso con una mujer de nombre verena. En cuanto ingresamos al local, se me quedó mirando fijamente. Me dijo que me habÃan hecho un trabajo muy poderoso. Lo habÃa notado en mi aura, pero no era un trabajo común. La mujer me pidió que me sentara y comenzó con el ritual al Al final me dio un amuleto de protección y me fui de ahÃ, aunque era algo en lo que no creÃa. Sentà tranquilidad y seguridad. Necesitaba aferrarme a ese amuleto y creer que de verdad me protegerÃa el hospital en el que continué con mi residencia me quedaba lejos, pero la presión era menos, asà que fui adquiriendo seguridad. Me pidieron que me quedara a observar a un pequeño de seis años que tenÃa una condición especial. Eran casi las tres de la mañana. Cuando el niño comenzó a ponerse mal en el momento en que vi que su estado era delicado, busqué a los médicos encargados de la sala de urgencias en pediatrÃa. El pequeño estuvo rodeado de varios médicos, pero las cosas no salieron bien. El médico señaló la hora de la muerte a las tres treinta y seis de la mañana. Esa fue la primera vez que me enfrenté a la muerte de forma muy cercana. SentÃa una opresión en el pecho que no me permitÃa respirar tranquilamente. Me fui a tomar un poco de aire abrà la ventana del quinto piso. Desde ese lugar podÃa ver cómo la vida transcurrÃa de manera normal. Allá afuera me quedé por un rato viendo hacia las calles. Un hombre se encontraba parado en la esquina de la avenida recargado en un poste. Me llamó la atención su extrema delgadez y su falta de movimiento. Me quedé durante más rato mirándolo de pronto cruzó la calle. Cuando lo vi caminando, en verdad me sorprendió su delgadez. En el momento que estuvo del otro lado de la cera, levantó su cara como si se diera cuenta de que lo estaba mirando y me apuntó con su mano. Asà se quedó atento hacia mÃ. No puedo explicar lo que me sucedió porque me dio miedo y dejé de asomarme en la ventana por la mañana. Me sentÃa aún abrumada por lo que habÃa sucedido durante la noche. Me subà al metrobús mientras iba sentada, vi que un hombre alto y delgado se subÃa al camión. Se paró muy cerca de mi asiento. Se quedó atento mirándome. Era un hombre joven, pero su cara huesuda y sus enormes ojos lo hacÃan verse más grande lo estaba viendo. Cuando él volteó su rostro se me quedó viendo atentamente sin despegar ni un segundo su mirada. Faltaba sólo una estación para bajarme del camión. Pedà la parada porque me sentÃa muy incómoda con la mirada de ese hombre. Me quedé un rato en la estación. Dejé pasar dos camiones y me volvà a subir a otro. Iba caminando rumbo al departamento. Antes de llegar al edificio. TenÃa que pasar por otro conjunto de viviendas. Noté en el pasillo que ese hombre estaba de espaldas en ese momento. Creà que estaba esperando que pasara por ahà cambié de rumbo. Me fui por otro lado. Llegué muy asustada al departamento. Mi amiga aún no se iba al hospital. Cuando me vio llegar, me preguntó qué me pasaba. Le platiqué lo que sucedÃa con ese hombre. Me asomé a la ventana y lo vi parado enfrente del edificio. Le grité a ver ni que ahà estaba ella. Fue a asomarse a la ventana, pero me dijo que no habÃa nadie en la calle. Cuando me asomé de nuevo, él ya no estaba. Mi amiga me vio tan alterada que me propuso ir de nuevo con Berna. Le dije que ya no querÃa ir porque su amuleto de protección no me habÃa servido para nada. Ese hombre que me seguÃa se aparecÃa por todas partes. Me dijo que era la última vez que irÃamos. Acepté sólo porque insistió mucho. Nos quedamos de ver por la tarde en el mismo mercado. En el momento en que llegamos al local de Verena, sin decirle nada, ella se acercó a mÃ. Me dijo que seguramente el amuleto que me dio me ayudó muy poco porque veÃa que la sombra de alguien me seguÃa. Berna comentó que desde la primera vez que me vio estaba casi segura de que me habÃan hecho un trabajo con un muerto oscuro. Berenice le preguntó a qué se referÃa. Ella. No quiso explicar mucho. Sólo nos dijo que eso lo hacÃan los babalabos. Era una forma distinta de trabajar. Berna dijo que ella no estaba preparada para romper con ese trabajo que me hicieron, pero sabÃa quién me podrÃa ayudar. Berna me sugerÃa que volviera por la tarde o al dÃa siguiente. Sin embargo, le dije que habÃa alguien que me seguÃa a todas partes. TenÃa miedo de que me fuera a pasar algo malo. Ella me dijo que entonces tendrÃa que esperar a que Santiago llegara. Su lugar de trabajo era al otro lado de la ciudad. TardarÃa en llegar. Todo. SerÃa cuestión de paciencia. Le dije a Berenice. Si ella tenÃa otras cosas por hacer, me podÃa quedar ahà el tiempo que fuese necesario. Brena miró a Berenice asintiendo. Le dijo que ella se encargarÃa de protegerme. Era mejor que me quedara a su lado, porque lejos de ella no serÃa posible cuidarme. De la misma forma, Berna salió fuera del local para decirle unas palabras en voz. Baja a Berenice por la mirada que mi amiga puso. Imaginé que se trataba de algo malo con mayor convicción. Me quedé a esperar hasta que llegara a Santiago. La espera fue larga, pero me entretuve en ver tantos objetos esotéricos que tenÃa Verena y también la manera en que ella trabajaba con sus clientes. Después de dos horas llegó Santiago. Ãl era un hombre de edad mediana, de piel morena. Me indicó que nos fuéramos detrás del local. HabÃa un pasillo estrecho al fondo una habitación amplia. Ahà era donde Santiago me iba a deshacer el trabajo que me habÃa hecho armando lo supe porque Verena antes de que llegara a Santiago me echó las cartas del tarot Me dijo que un hombre que tenÃa las caracterÃsticas de armando. Estaba muy enojado conmigo. Por eso supuse que se trataba de él. Antes de comenzar el ritual, Santiago me dijo que no iba a ser sencillo, quitármelo que lo iba a intentar, pero las obras que hacen los babalabos eran muy difÃciles de deshacer. Y más si la intención era dañarme. También me explicó que el ritual que me iba a realizar se trataba de un rompimiento hecho al pie de palo. La habitación estaba oscura, sólo iluminaba la luz. Tenue de cuatro velas. El hombre comenzó a cantar un cántico extraño en un lenguaje que desconocÃa. Santiago les pidió permiso a los ancestros para enfrentar a mis enemigos por medio de un ritual que nombró de obra y trabajo. Mientras Santiago cantaba y hacÃa las peticiones para que se alejaran de mà los espÃritus malos. Sacó un gallo que él llevó dentro de una jaula. Lo pasó por todo mi cuerpo. Después me dijo que le agarrara la cabeza al ave y que le soplara en el pico. No sé qué maniobra hizo Santiago, que de un mordisco le arrancó la lengua al gallo. Luego la escupió en un balde que estaba a un lado de mÃ. Ãl me dijo que era para que todas aquellas personas que hablaban mal de mà dejaran de murmurar. Después le habló a un dios de nombres Sarabanda para que se encargara de todos mis enemigos. Enseguida, levantó el machete del piso y le cortó la cabeza al gallo. La sangre la vertió en una vasija de madera en l un papel me dijo que escribiera con la sangre el nombre de la persona que me habÃa hecho el trabajo. Por supuesto, puse el nombre de Armando. Santiago continuó con los cánticos que le quitaban un poco de solemnidad a la habitación, porque justo en el momento en que puse el nombre de Armando en el papel, comencé a sentir la presencia de una sombra. Le dije a Santiago lo que estaba sintiendo. Ãl, sin dejar de cantar, movió la cabeza dándome a entender que sà se habÃa dado cuenta después con una manojo de hierbas que estaban amarradas con tres cordones de color rojo, azul y negro. Fue muy extraño que, antes de que pasara las hierbas alrededor de mi cuerpo estaban frescas y olorosas. Al final estaban marchitas y se habÃan ennegrecido. Santiago las desató y las puso en un balde de metal que previamente habÃa encendido fuego en su interior. Cuando las hierbas comenzaron a arder toda la habitación se llenó de un olor fétido. Le le pregunté a usar Santiago si era normal ese olor tan feo. Me respondió que no. Mientras seguÃa cantando antes de terminar con el ritual, Santiago me dijo que armando se habÃa acercado con babalabos mexicanos y que él era creyente de la Santa Muerte. Por eso el trabajo que me hicieron fue tan poderoso. Lo malo fue cuando me dijo que él estaba haciendo todo lo que estaba a su alcance. Pero si por algo los rituales no servÃan, entonces no tendrÃa manera de ayudarme, porque él percibió desde que me vio que un ser oscuro estaba siempre conmigo. Le dije que sÃ. Me habÃa dado cuenta de eso. Incluso creo que durmió conmigo. Ãl me dijo que tenÃa suerte de estar viva. Le mostré el amuleto que me habÃa dado verena Santiago me dijo que si no hubiese sido por ese amuleto, ya no estarÃa con vida. Fue la única protección que me salvó. El hombre me hizo la señal con su dedo para que guardara silencio, porque aún no habÃa terminado. Me pidió que me quitara mis ropas para hacerme un baño espiritual con una agua que él habÃa preparado con diversas hierbas. Me pidió que me bañara con esa agua y me dio un cambio de ropa. Mientras hacÃa este ritual, sentà cuando me jalaron de los cabellos a tal grado que caÃa al piso. Santiago me ayudó a bañarme con esa agua. Al final me dio una bolsa grande para que ahà depositara el cambio de ropa que me habÃa quitado. Me dijo que a mi regreso a casa, cuando viera un terreno baldÃo enterrara la bolsa con todo y la ropa hasta ahà finalizaba el ritual. Después que enterré mi ropa en la tierra, sentà como si algo se hubiera apartado de mÃ. Aquel hombre flaco y alto vestido de negro que me persiguió se fue de mi vida. Tuve la suerte de encontrarme con la persona indicada para romper el trabajo que me hicieron, pero Santiago me explicó que no siempre se lograba. A partir del ritual que me hizo. Santiago todo cambió. Regresé a mi trabajo, en el que las cosas mejoraron. El daño que me de la iso hacer armando habÃa desaparecido. Relato escrito y adaptado por Adriana








