Jan. 13, 2024

¿Alguna Vez Tu Expareja Te Hizo Brujería? Historias De Terror - REDE

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El ritual. Mi nombre es Lorena. Tengo cuarenta y dos años. Soy originaria de ciudad Guzmán Jalisco. Ahí estudié la carrera de medicina. Después que me gradué como médico general, quise continuar con mi preparación. Quería estudiar una especialidad para eso. Tuve que irme a vivir a la Ciudad de México. Luego de seis meses de estar aprendiendo en el hospital. Conocía a Armando. Él también estaba en el hospital con la intención de estudiar la especialidad en pediatría. A mí me interesaba aprender sobre neurología pediátrica. Armando tampoco era de la Ciudad de México. Él era del Estado de Chiapas, de San Juan Chamula. Los dos vivíamos en zonas muy retiradas. Era necesario trasladarnos al Hospital General Gregorio a Las Flores. Yo vivía por la Colonia la Estrella y Armando aún más lejos, los dos coincidimos que nos podíamos ir a vivir juntos y compartir gastos. Así podíamos conseguir una vivienda más cercana al hospital. Nos llevó un poco de tiempo encontrar el lugar indicado hasta que en una oportunidad, encontramos un departamento en Tlatelolco por la Avenida Ricardo Flores Magón. Los primeros meses que estuvimos viviendo juntos la pasamos muy bien. Nos veíamos muy poco, porque estudiar la especialidad nos llevaba la mayor parte del día. Incluso había días que me decían que era necesario que me quedara por la noche en el hospital a armando le sucedía lo mismo. Los fines de semana eran los días que podíamos estar juntos, aunque cuando había urgencias teníamos que ir al hospital a la hora que fuera necesario. En un inicio pudimos sobrellevar el vernos muy poco y aceptar que eran momentos para aprender. Pero después de tres meses armando me cuestionaba mucho. Me decía que por qué el doctor Hernández me hablaba con tanta familia. En pocas palabras, los celos se hicieron presentes. Comenzamos a discutir de todo si recibía un mensaje de alguno de los otros médicos. Armando se enojaba mucho. Cada día. Se fue haciendo insostenible el estar juntos porque cualquier comentario disparaba una discusión. Hubo una ocasión en la que no pude ir a dormir al departamento por una urgencia con una niña que convulsionaba y no podía salir del estado de epilepsia. Fue necesario hacerle más estudios para saber el origen de las crisis convulsivas. Con tanta presión en la sala de urgencias pediátricas. Se me pasó a avisarle a Armando que no llegaría a dormir. Cuando llegué al departamento, lanzó mi mochila al suelo. Me aventó al mueble de sala con tristeza. Entendí que ya no podía mantener una relación con ese hombre para esa época. Yo había hecho amistad con otra compañera de la especialidad, mi amiga se llamaba Berenice. A ella le había contado la situación con que vivía con Armando. Me dijo que cuando lo quisiera dejarme podía ir a vivir con ella. Berenice tenía un departamento que le habían heredado sus padres. Me dijo que podíamos compartir gastos. Ese día en el que Armando se molestó tanto conmigo, agarré mis cosas y no regresé al departamento en un principio me buscaba mucho, incluso en el mismo hospital. Iba hasta el piso en el que me encontraba buscando que regresara a vivir de nuevo al departamento cuando me era posible. Trataba de que no me viera para evitar hablar con él cuando era inevitable. Le decía que ella no volvería a su lado armando. Se disculpó de muchas maneras. Me dijo que jamás me volvería a pasar lo mismo, pero yo ya no quise intentarlo de nuevo. Le dije que ya no me molestará más y que ya me dejara en paz. Esa fue la última vez que lo vi ya no volvió a buscarme. Fue cuando comencé a sentirme tranquila y segura, porque ya llevábamos mucho tiempo pasándola mal. Pensé que debí de haberme alejado de él antes de llegar a esa situación extrema con mi amiga Berenice me sentía muy bien. Ella era muy agradable. En ocasiones logramos coincidir en nuestros tiempos veíamos alguna película juntas o jugábamos un juego de mesa para relajarnos de tanta presión en el hospital. Una vez ella me avisó que no iría a dormir. Tenía que quedarse en el hospital a hacer guardia, Así que me acomodé en el sofá para ver una de mis películas favoritas. Ese día no lo había pasado bien en el hospital porque mi jefe inmediato me regañó porque no había hecho los estudios a un pequeño que acababa de ingresar a urgencias. Le comenté que él nunca me dijo nada respecto a los análisis del pequeño. Él me respondió de una manera cortante, diciéndome que había muchas excusas para no hacer un buen trabajo. Su comentario. Me había hecho sentir muy mal porque me esforzaba por hacer las cosas bien, así que me acomodé en el sillón y me dispuse a olvidarme un poco del hospital y a relajarme porque me sentía muy abrumada. Puse una película de comedia. Eran las únicas que lograban distraerme. Me encontraba inmersa en la película cuando escuché que la puerta se abrió y luego se cerró. Sin dejar de mirar la televisión, le pregunté a Berenice si habían cambiado de opinión en el hospital. No obtuve ninguna respuesta a los pocos minutos oí, cuando de nuevo abrió y cerró la puerta, suspendí la película para ver de quién se trataba, pero dentro del departamento no había nadie. Pensé que Berenice había ido por algo que se le hubiese olvidado qué era tanta su prisa que ni siquiera se detuvo a responderme. Después que se terminó la película, me fui a dormir. Al día siguiente tenía que madrugar y sabía que iba a tener un día muy pesado. Me fui a la cama de inmediato me quedé dormida. No sé qué horas de la noche serían. Cuando escuché que alguien andaba dentro del departamento, pensé que sería Berenice, por lo que no hice caso y me volví a dormir. Más tarde sentí cuando mi amiga se acostó a dormir en mi cama. Le dije a Berenice que se podía quedar a dormir conmigo si no invadía mi espacio y no roncaba, sino tendría que irse a su habitación. No me respondió, pero asumí que me había entendido. Al día siguiente me desperté muy tarde tuve que tomar un taxi para llegar a tiempo al hospital. Berenice ya se había ido de nuevo para mi mala suerte. Había un tráfico horrible y el taxista chocó con un auto particular. Me bajé del auto de alquiler y me fui corriendo al hospital. Ya faltaban pocas cuadras. Cuando llegué, mi jefe ya estaba haciendo la intervención quirúrgica al bebé. Cuando me vio entrar a la sala de operaciones, me hizo una señal con la cabeza para que me saliera. No le pude decir lo que me había ocurrido. Me salí del quirófano, sintiéndome muy frustrada. Ese día tampoco comenzó bien, pero pensé que r r o a Berenice en el hospital porque había ido a descansar un rato por la noche, pero no la pude localizar hasta en la noche. Fue cuando coincidimos. Le pregunté por qué habían cambiado de opinión en el hospital y también porque había decidido dormir conmigo. Perennice me dijo que ella no había ido para nada al departamento. Se había quedado toda la noche a trabajar hasta en la mañana que regresó. Le dije que no bromeara con eso. En la noche salió dos veces del departamento y luego se fue a acostar conmigo en la cama. Ella se puso muy seria me dijo que no había estado para nada esa noche en el departamento. Me puse nerviosa al pensar quién podría haber sido en El primero que pensé fue en Armando, pero él no se hubiese quedado sin decirme nada sumamente alterada. Le dije a Berenice que de verdad alguien había estado conmigo en la noche, ella me pidió que me tranquilizara. Ya llevaba más de cinco años viviendo en ese lugar y nunca había pasado nada de l extraño. Lo mejor era pensar en eso como un hecho aislado que ya no volvería a suceder. Los días siguientes me estuvo yendo muy mal en la residencia del hospital. El doctor a mi cargo ya estaba muy molesto conmigo. La última vez que estuve en cirugía cometí un error que puso en riesgo la vida de un niño. A partir de esa vez, el doctor me dijo de una manera amable que buscara terminar mi residencia en otro hospital, que no quería dañar mi historial, así que él me daría la recomendación para otro lugar. Ese fue mi último día de aprendizaje en el Hospital General. Cuando Berenice llegó al departamento, ya estaba enterada de todo trató de animarme diciéndome que todo tenía una razón de ser que allá me iría mejor. Aunque por principio el hospital no me quedaba muy cerca. Tenía que meterle mucho tiempo para el traslado. Me sentía tan mal por todo lo ocurrido. Berenice se acercó a mí. Me dijo que quizás lo que necesitaba era era que me hicieran un amuleto de protección contra armando, porque todo coincidía. Desde que di por terminada mi relación con él, comenzaron a pasarme cosas muy feas. Fue una tras otra. Además, me dijo que no perdía nada, Sólo era para que me dieran un amuleto que me abriera caminos. Nunca había creído en esos rituales. Por eso no quería hacerlo, pero fue tanta la insistencia de Berenice que acepté a hacerlo. Al día siguiente me llevó con una mujer en un mercado esotérico. La mayor parte de los locales se dedicaban a lo mismo, a la adivinación, lectura de taroth rituales de protección y una serie de cosas místicas. Ella se fue directamente al segundo piso con una mujer de nombre verena. En cuanto ingresamos al local, se me quedó mirando fijamente. Me dijo que me habían hecho un trabajo muy poderoso. Lo había notado en mi aura, pero no era un trabajo común. La mujer me pidió que me sentara y comenzó con el ritual al Al final me dio un amuleto de protección y me fui de ahí, aunque era algo en lo que no creía. Sentí tranquilidad y seguridad. Necesitaba aferrarme a ese amuleto y creer que de verdad me protegería el hospital en el que continué con mi residencia me quedaba lejos, pero la presión era menos, así que fui adquiriendo seguridad. Me pidieron que me quedara a observar a un pequeño de seis años que tenía una condición especial. Eran casi las tres de la mañana. Cuando el niño comenzó a ponerse mal en el momento en que vi que su estado era delicado, busqué a los médicos encargados de la sala de urgencias en pediatría. El pequeño estuvo rodeado de varios médicos, pero las cosas no salieron bien. El médico señaló la hora de la muerte a las tres treinta y seis de la mañana. Esa fue la primera vez que me enfrenté a la muerte de forma muy cercana. Sentía una opresión en el pecho que no me permitía respirar tranquilamente. Me fui a tomar un poco de aire abrí la ventana del quinto piso. Desde ese lugar podía ver cómo la vida transcurría de manera normal. Allá afuera me quedé por un rato viendo hacia las calles. Un hombre se encontraba parado en la esquina de la avenida recargado en un poste. Me llamó la atención su extrema delgadez y su falta de movimiento. Me quedé durante más rato mirándolo de pronto cruzó la calle. Cuando lo vi caminando, en verdad me sorprendió su delgadez. En el momento que estuvo del otro lado de la cera, levantó su cara como si se diera cuenta de que lo estaba mirando y me apuntó con su mano. Así se quedó atento hacia mí. No puedo explicar lo que me sucedió porque me dio miedo y dejé de asomarme en la ventana por la mañana. Me sentía aún abrumada por lo que había sucedido durante la noche. Me subí al metrobús mientras iba sentada, vi que un hombre alto y delgado se subía al camión. Se paró muy cerca de mi asiento. Se quedó atento mirándome. Era un hombre joven, pero su cara huesuda y sus enormes ojos lo hacían verse más grande lo estaba viendo. Cuando él volteó su rostro se me quedó viendo atentamente sin despegar ni un segundo su mirada. Faltaba sólo una estación para bajarme del camión. Pedí la parada porque me sentía muy incómoda con la mirada de ese hombre. Me quedé un rato en la estación. Dejé pasar dos camiones y me volví a subir a otro. Iba caminando rumbo al departamento. Antes de llegar al edificio. Tenía que pasar por otro conjunto de viviendas. Noté en el pasillo que ese hombre estaba de espaldas en ese momento. Creí que estaba esperando que pasara por ahí cambié de rumbo. Me fui por otro lado. Llegué muy asustada al departamento. Mi amiga aún no se iba al hospital. Cuando me vio llegar, me preguntó qué me pasaba. Le platiqué lo que sucedía con ese hombre. Me asomé a la ventana y lo vi parado enfrente del edificio. Le grité a ver ni que ahí estaba ella. Fue a asomarse a la ventana, pero me dijo que no había nadie en la calle. Cuando me asomé de nuevo, él ya no estaba. Mi amiga me vio tan alterada que me propuso ir de nuevo con Berna. Le dije que ya no quería ir porque su amuleto de protección no me había servido para nada. Ese hombre que me seguía se aparecía por todas partes. Me dijo que era la última vez que iríamos. Acepté sólo porque insistió mucho. Nos quedamos de ver por la tarde en el mismo mercado. En el momento en que llegamos al local de Verena, sin decirle nada, ella se acercó a mí. Me dijo que seguramente el amuleto que me dio me ayudó muy poco porque veía que la sombra de alguien me seguía. Berna comentó que desde la primera vez que me vio estaba casi segura de que me habían hecho un trabajo con un muerto oscuro. Berenice le preguntó a qué se refería. Ella. No quiso explicar mucho. Sólo nos dijo que eso lo hacían los babalabos. Era una forma distinta de trabajar. Berna dijo que ella no estaba preparada para romper con ese trabajo que me hicieron, pero sabía quién me podría ayudar. Berna me sugería que volviera por la tarde o al día siguiente. Sin embargo, le dije que había alguien que me seguía a todas partes. Tenía miedo de que me fuera a pasar algo malo. Ella me dijo que entonces tendría que esperar a que Santiago llegara. Su lugar de trabajo era al otro lado de la ciudad. Tardaría en llegar. Todo. Sería cuestión de paciencia. Le dije a Berenice. Si ella tenía otras cosas por hacer, me podía quedar ahí el tiempo que fuese necesario. Brena miró a Berenice asintiendo. Le dijo que ella se encargaría de protegerme. Era mejor que me quedara a su lado, porque lejos de ella no sería posible cuidarme. De la misma forma, Berna salió fuera del local para decirle unas palabras en voz. Baja a Berenice por la mirada que mi amiga puso. Imaginé que se trataba de algo malo con mayor convicción. Me quedé a esperar hasta que llegara a Santiago. La espera fue larga, pero me entretuve en ver tantos objetos esotéricos que tenía Verena y también la manera en que ella trabajaba con sus clientes. Después de dos horas llegó Santiago. Él era un hombre de edad mediana, de piel morena. Me indicó que nos fuéramos detrás del local. Había un pasillo estrecho al fondo una habitación amplia. Ahí era donde Santiago me iba a deshacer el trabajo que me había hecho armando lo supe porque Verena antes de que llegara a Santiago me echó las cartas del tarot Me dijo que un hombre que tenía las características de armando. Estaba muy enojado conmigo. Por eso supuse que se trataba de él. Antes de comenzar el ritual, Santiago me dijo que no iba a ser sencillo, quitármelo que lo iba a intentar, pero las obras que hacen los babalabos eran muy difíciles de deshacer. Y más si la intención era dañarme. También me explicó que el ritual que me iba a realizar se trataba de un rompimiento hecho al pie de palo. La habitación estaba oscura, sólo iluminaba la luz. Tenue de cuatro velas. El hombre comenzó a cantar un cántico extraño en un lenguaje que desconocía. Santiago les pidió permiso a los ancestros para enfrentar a mis enemigos por medio de un ritual que nombró de obra y trabajo. Mientras Santiago cantaba y hacía las peticiones para que se alejaran de mí los espíritus malos. Sacó un gallo que él llevó dentro de una jaula. Lo pasó por todo mi cuerpo. Después me dijo que le agarrara la cabeza al ave y que le soplara en el pico. No sé qué maniobra hizo Santiago, que de un mordisco le arrancó la lengua al gallo. Luego la escupió en un balde que estaba a un lado de mí. Él me dijo que era para que todas aquellas personas que hablaban mal de mí dejaran de murmurar. Después le habló a un dios de nombres Sarabanda para que se encargara de todos mis enemigos. Enseguida, levantó el machete del piso y le cortó la cabeza al gallo. La sangre la vertió en una vasija de madera en l un papel me dijo que escribiera con la sangre el nombre de la persona que me había hecho el trabajo. Por supuesto, puse el nombre de Armando. Santiago continuó con los cánticos que le quitaban un poco de solemnidad a la habitación, porque justo en el momento en que puse el nombre de Armando en el papel, comencé a sentir la presencia de una sombra. Le dije a Santiago lo que estaba sintiendo. Él, sin dejar de cantar, movió la cabeza dándome a entender que sí se había dado cuenta después con una manojo de hierbas que estaban amarradas con tres cordones de color rojo, azul y negro. Fue muy extraño que, antes de que pasara las hierbas alrededor de mi cuerpo estaban frescas y olorosas. Al final estaban marchitas y se habían ennegrecido. Santiago las desató y las puso en un balde de metal que previamente había encendido fuego en su interior. Cuando las hierbas comenzaron a arder toda la habitación se llenó de un olor fétido. Le le pregunté a usar Santiago si era normal ese olor tan feo. Me respondió que no. Mientras seguía cantando antes de terminar con el ritual, Santiago me dijo que armando se había acercado con babalabos mexicanos y que él era creyente de la Santa Muerte. Por eso el trabajo que me hicieron fue tan poderoso. Lo malo fue cuando me dijo que él estaba haciendo todo lo que estaba a su alcance. Pero si por algo los rituales no servían, entonces no tendría manera de ayudarme, porque él percibió desde que me vio que un ser oscuro estaba siempre conmigo. Le dije que sí. Me había dado cuenta de eso. Incluso creo que durmió conmigo. Él me dijo que tenía suerte de estar viva. Le mostré el amuleto que me había dado verena Santiago me dijo que si no hubiese sido por ese amuleto, ya no estaría con vida. Fue la única protección que me salvó. El hombre me hizo la señal con su dedo para que guardara silencio, porque aún no había terminado. Me pidió que me quitara mis ropas para hacerme un baño espiritual con una agua que él había preparado con diversas hierbas. Me pidió que me bañara con esa agua y me dio un cambio de ropa. Mientras hacía este ritual, sentí cuando me jalaron de los cabellos a tal grado que caía al piso. Santiago me ayudó a bañarme con esa agua. Al final me dio una bolsa grande para que ahí depositara el cambio de ropa que me había quitado. Me dijo que a mi regreso a casa, cuando viera un terreno baldío enterrara la bolsa con todo y la ropa hasta ahí finalizaba el ritual. Después que enterré mi ropa en la tierra, sentí como si algo se hubiera apartado de mí. Aquel hombre flaco y alto vestido de negro que me persiguió se fue de mi vida. Tuve la suerte de encontrarme con la persona indicada para romper el trabajo que me hicieron, pero Santiago me explicó que no siempre se lograba. A partir del ritual que me hizo. Santiago todo cambió. Regresé a mi trabajo, en el que las cosas mejoraron. El daño que me de la iso hacer armando había desaparecido. Relato escrito y adaptado por Adriana