Al Invocar A La Santa Muerte Mi Madre Murió Historias De Terror - REDE

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La muerte. Llama a la muerte. Quisiera advertirles antes que nada que lo que están por escuchar Fueron experiencias que vivà por decisión propia. Nadie me obligó a realizarlas. A su vez, fui advertido y actualmente sigo pagando las consecuencias. Me presentaré como rubio. Hoy en dÃa. Tengo treinta y seis años y solÃa vivir en Guadalajara, Jalisco hasta que mi madre y mi padre tuvieron problemas. Nos tuvimos que mudar a tepic Nayarit, dejando solo a mi padre en Guadalajara. Todo esto cuando apenas cumplÃa los diecinueve años. Fue en este lugar donde conocà a un amigo a quien llamaré Pájaro. Mi madre siempre me dijo que tuviera cuidado con Pájaro. TenÃa en su rostro una cicatriz que le recorrÃa la frente de lado a lado, y eso no le gustaba a ella. Era una persona muy rara, pero fue el primer amigo que tuve en Tepic. Además, la cicatriz habÃa ocasiones en las que no se le notaba. Ãl me llegó a invitar a seguir un culto a la Santa Muerte MagnÃfica Me decÃa que era muy diferente a la Santa Muerte que todo mundo conocÃa, debido a que la magnÃfica te seguÃa, te brindaba su protección y te escuchaba. Además, te hacÃa los favores que pedÃas siempre y cuando tú la adoraras y le hicieras también favores. Yo apenas estaba adaptándome al mundo y no sabÃa qué hacer con mi vida. A consecuencia, lo que habÃa pasado con mi padre, yo dejé de creer en Dios y tenÃa la sensación de que nos habÃa abandonado como familia. Asà que no tenÃa nada que perder. Acepté unirme al culto. Pájaro me comentó que no me arrepentirÃa de mi decisión y que pronto me darÃa instrucciones. Yo trabajaba por la mañana en una pollerÃa muy de madrugada. Me me levantaba y oÃa y sin desayunar me iba a trabajar casi siempre. Era a las tres de la mañana cuando recibÃamos el pollo y lo preparábamos para la venta muy temprano después de mediodÃa ya tenÃa libre. Fue a las salidas del trabajo que Pájaro ya me estaba esperando. Me entregó un cuaderno con la pasta negra. Me pidió que lo leyera con calma y siguiera sus instrucciones al pie de la letra. Era importante que me aprendiera su contenido y si pasaba la prueba, prácticamente ya estarÃa del otro lado. Mi madre trabajaba en el mercado. Juan Escutia, asà que regresaba casi siempre después de las seis de la tarde. Eso me daba tiempo para leerlo. Me senté un rato en el sillón de la sala y lo hojeé un rato. ParecÃa todo escrito por pájaro con muy mala ortografÃa, dibujos obsenos por todas partes y rayones. Llegó un momento en el que pensé que se trataba de una broma de él, pero en cuanto estuve a punto de cerrarlo, me di cuenta que tenÃa un apartado en negro. Eran casi la cuarta parte del cuaderno. Me adelanté y vi una advertencia allà escrita con otro tipo de letra y en color rojo. La nota decÃa que si estabas dispuesto a seguir leyendo, yo estarÃa aceptando a la Santa muerte magnÃfica en mi vida y no habÃa vuelta atrás al dar la vuelta a la página, me topé con una serie de instrucciones para invocarla. Las leà con detenimiento y me di cuenta que no necesitaba de varias cosas, en especial lo necesario lo tenÃa en casa y si la invocación era todo un éxito y yo seguÃa con vida, podrÃa formar parte del culto. Esa tarde conseguà todo lo necesario, cuatro veladoras, un espejo donde pudiera verme de cuerpo completo y un cobertor que lo pudiera cubrir. No sabÃa qué podÃa ocurrir. No tenÃa nada más que perder. Asà que, antes de realizar el ritual, me dispuse a cenar y platicar con mi madre. Como n s o si fuera la última vez que la verÃa esa noche que pasé con ella, nunca la he olvidado. Puse seguro a la puerta, coloqué el espejo sobre la pared y encendà las cuatro veladoras. Las instrucciones mencionaban que quedaran colocadas alrededor mÃo y no muy alejadas. TenÃa que procurar que no se apagara. En caso de que el ritual fuera exitoso, se apagarÃan por sà solas. Apagué la luz y me coloqué justo en el centro de las veladoras mirando al espejo. PodÃa sentarme lo importante era no dejar de mirarlo. No sé cuánto tiempo pasó, pero nada sucedÃa. Mi cabeza se imaginó a pájaro riéndose de mÃ, asà que me dispuse a terminar con ese juego. Pero de pronto una de las veladoras comenzó a parpadear. Pensé que quizás habÃa sido yo quien provocó el movimiento de la llama. Pero después de quedarme un rato sin moverme, me di cuenta que seguÃa vino luchando por seguir encendida hasta que de pronto se apagó un sonido estruendoso se escuchó afuera de mi habitación. Yo me quedé pasmado por unos segundos. Un ruido tan fuerte pudo haber despertado a cualquiera, incluso a mi madre, que tenÃa el sueño muy pesado, pero no pasó nada, incluso ni los perros se pusieron a ladrar. Entonces, la segunda veladora comenzó a titilar la llama estaba por apagarse y al hacerlo, un segundo estruendo se escuchó, pero a diferencia del primero, parecÃa acercarse a donde yo estaba. Esto no venÃa en las instrucciones, asà que pensé que era parte del ritual. Mi corazón comenzó a latir muy fuerte. No sabÃa que podÃa sucederme. De pronto la tercer veladora se apagó el estruendo se escuchó prácticamente afuera de mi habitación. Me comencé a alterar ya no querÃa continuar con esto. Me acerqué a la veladora y apenas le soplé se apagó ya no supe si la habÃa apagado yo o si lo hizo por sà sola. Como las demás. Quedé completamente a oscuras. Esperaba que se escuchara el fuerte ruido, pero no pasó nada. Mis ojos ya se estaban acostumbrando a la oscuridad, asà que miré a mi alrededor, no habÃa nada fuera de lo normal. Aliviado, respiré un poco, asà que decidà guardar todo, pensando en que las cosas ya habÃan terminado. Pero en cuanto vi mi reflejo en el espejo, no di crédito a lo que estaba en él. Detrás de mà se encontraba una figura alta cubierta, por lo que parecÃa ser una capucha negra. Miré hacia atrás y no habÃa nada. Las instrucciones mencionaban que me quedara quieto en silencio y sólo observara mi reflejo. Intenté mantener la cordura y quedarme tranquilo. No era sencillo ver aquella cosa detrás de mÃ. PodÃa sentir cómo los bellos de mi nunca se erizaban. Yo ya estaba temblando de miedo. A pesar de la oscuridad en la habitación. Comencé a notar que mi rostro comenzaba a modificarse. Mis ojos boca y nariz se desfiguraba. Ya no era yo quien se estaba mirando al espejo. Yo seguÃa asustado y sabÃa que era parte del ritual. Recordé que para finalizarlo era necesario cubrir el espejo con el cobertor para que la magnÃfica se fuera. Se lo puse encima y en un segundo el ambiente se tornó menos. Tenso. Sentà un alivio instantáneo. Mi corazón aún latÃa acelerado, pero poco a poco comencé a recobrar la compostura. Decidà tomarme un momento para tranquilizarme. TenÃa más preguntas que respuestas. Me quedé sentado en la oscuridad de mi habitación. Reflexioné sobre las advertencias que Pájaro me habÃa dado. Recordé sus palabras acerca de que no habÃa vuelta atrás. Una vez que te adentraras en el culto, me pregunté si realmente estaba preparado para las consecuencias que podrÃan seguir me di cuenta de la hora. Faltaba poco para ir a trabajar a la pollerÃa, asà que me fui a acostar. Salà de la casa. Como siempre. Solo entré al cuarto de mi mamá a despedirme de ella. Nunca se despedÃa de mà porque estaba dormida, pero ella decÃa que sà sentÃa cuando le daba el beso de despedida en el trabajo. Mis compañeros me preguntaron si me habÃa ocurrido algo extraño, pues mi rostro se veÃa diferente. Incluso uno de ellos me comentó que tenÃa una cicatriz en mi frente. Corrà al espejo del baño. Mi rostro no se veÃa tan diferente, pero en mi frente una cicatriz en forma de x se habÃa formado. Saliendo del trabajo, fui a buscar a Pájaro, pero él ya me estaba esperando. En cuanto me vio, me preguntó si habÃa hecho todo al pie de la letra. Le conté todo. Incluso cuando estuve a punto de apagar la veladora. Pájaro me comentó que era probable que la magnÃfica me tuviera un castigo por hacerle eso en su ritual. Por lo pronto, no habÃa sucedido nada malo, sólo las cicatrces y si ese era mi castigo por llevar a cabo algo que no comprendÃa aceptarÃa las consecuencias. Le entregué a Pájaro su cuaderno en mi casa. Le comenté que necesitaba descansar porque ya tenÃa horas sin dormir. Además, faltaba poco para que regresara a mi madre y ella no le gustaba verlo allÃ. Dormà por varias horas. Desperté pocos minutos antes de que regresara a mi madre, asà que preparé las cosas para cenar. A su vez, estaba pensando una excusa para explicarle lo de las cicatrÃas. Dieron las seis en punto, luego las siete y las ocho. Mi madre nunca llegó. Me estaba preocupando, ya habÃa llegado tarde antes, pero me avisaba. Entonces pensé que quizás me habÃa dejado un recado en su habitación. Cuando entré miré a mi madre acostada. Me sentà aliviado al verla allÃ. Le dije que ya me habÃa asustado, pues creÃa que algo le habÃa pasado. La sacudà para que se levantara a cenar, pero ella no respondió Nunca despertó la muerte de mi madre. Fue un balde de agua frÃa sobre mi espalda. El enfermero de la ambulancia me comentó que ella tenÃa casi un dÃa de evolución cadavérica. Todo indicaba que habÃa fallecido la noche anterior. Justo cuando invoqué a la magnÃfica, las cosas estaban claras. La culpa la habÃa tenido yo, mi padre, tuvo que ayudarme con lo necesario para cremar a mamá. Yo tenÃa varios dÃas sin hablar pájaro fue a verme, pero se dio cuenta de la situra y se fue dÃas después de su muerte. Mi padre me comentó que era necesario que regresáramos a Guadalajara. Asà que tenÃa que recoger mis cosas. Subà a mi habitación y al entrar aún estaba cubierto el espejo con el cobertor. Ya no tenÃa miedo, querÃa respuestas, querÃa desafiar a la magnÃfica. Quité el cobertor y allà estaba su reflejo. Se veÃa detrás de mÃ. Como la última vez le exigà que me devolviera a mi madre que si querÃa a alguien que me tomara a mÃ, pues ella no tenÃa nada que ver en eso. No sabÃa si me estaba escuchando o no. Sólo estaba levitando detrás de mà y entonces me contestó su voz tenebrosa retumbó en mi cabeza. Era áspera y profunda. Me dijo que mi madre ya estaba muerta. Cuando ella llegó su muerte la habÃa atraÃdo, pero ella no se lleva las almas al más allá. Fue todo lo que dice y luego se desvaneció. Le pedà a mi padre un dÃa más antes de partir, tenÃa que investigar unas cosas en el funeral. El jefe de mi madre me comentó que me apoyarÃa en lo que se me ofreciera. Asà que fui al mercado Juan Escutia para preguntarle si mi madre se habÃa quejado de algo o si habÃa notado algo diferente en ella. Ãl me comentó que mi madre tenÃa dÃas quejándose de una punzada en el pecho, pero nunca hizo nada por ir al doctor para no faltar al trabajo y no perder dinero. Y justo cuando me despedà de él me dijo algo que me dejó perplejo tu cicatriz. Ya no la tienes. Dos dÃas después me fui a vivir a Guadalajara. Nuevamente tenÃa el presentimiento de que si me cambiaba de residencia, mi vida mejorarÃa A medida que pasaron los dÃas y los meses, comencé a experimentar cosas en la casa de mi padre. Mi salud se dÃa debilitó, mis relaciones personales se volvieron tensas y mi padre comenzó a notar los cambios. En mà habÃa adquirido una fobia por verme al espejo. No querÃa ni voltear a cualquier lugar que se reflejara mi rostro. Yo sabÃa que la magnÃfica estaba allà busqué refugio en el templo del expiatorio, pero aún asÃ. Cuando salÃa de él, podÃa sentir su presencia detrás de mÃ, me sentÃa constantemente observado y perseguido, y las decisiones que tomaba parecÃan estar controlándome por una fuerza misteriosa. SabÃa que tenÃa que intentar escapar de sus garras. Una noche, cuando estaba cenando con mi padre, él me preguntó qué me habÃa pasado en la frente toqué con mi dedo y noté el surco de las cicatriz horas. Más tarde me encerré en mi habitación y me miré al espejo. Ahà estaba detrás de mÃ. Me quedé en silencio unos minutos. Ella no se iba estaba allà para escucharme, me arrodillé y le rogué que me dejara ir. Yo no querÃa pertenecer más a su culto. Ella no decÃa nada. Entonces, de alguna manera la respuesta llegó a mi cabeza. Recordé que en el cuaderno especificaba que uno tenÃa que rezarle algo que jamás habÃa hecho. Yo me levanté del piso e hice lo mejor que pude. Tuve la sensación de que mi alma descansaba poco a poco el camino hacia la liberación fue arduo y doloroso, pero poco a poco recuperé mi identidad y mi vida anterior. Aunque no podÃa alejarme del culto. Fue diferente desde que le dedicaba una hora al dÃa orar por ella. La cicatriz en mi frente se desvaneció y me di cuenta que aparecÃa cuando era necesario dedicarle un tiempo a la magnÃfica. Los favores que me llegó a hacer los compensaba con oraciones y ofrendas. Fue el único modo que encontré para tener la mayor tranquilidad de n en mi vida. Hoy, años después de haber iniciado esta oscura etapa de mi vida, puedo mirar hacia atrás y darme cuenta de mis errores. Aunque pagué un alto precio por mis decisiones, acepté las consecuencias. Les comparto mi historia para advertirles sobre los peligros de caer en cultos oscuros y para recordarles que siempre hay esperanza y oportunidad de cambiar el rumbo. La oscuridad puede ser seductora. Relato escrito y adaptado por lengua de Brugo








