Aug. 4, 2023

Al Invocar A La Santa Muerte Mi Madre Murió Historias De Terror - REDE

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La muerte. Llama a la muerte. Quisiera advertirles antes que nada que lo que están por escuchar Fueron experiencias que viví por decisión propia. Nadie me obligó a realizarlas. A su vez, fui advertido y actualmente sigo pagando las consecuencias. Me presentaré como rubio. Hoy en día. Tengo treinta y seis años y solía vivir en Guadalajara, Jalisco hasta que mi madre y mi padre tuvieron problemas. Nos tuvimos que mudar a tepic Nayarit, dejando solo a mi padre en Guadalajara. Todo esto cuando apenas cumplía los diecinueve años. Fue en este lugar donde conocí a un amigo a quien llamaré Pájaro. Mi madre siempre me dijo que tuviera cuidado con Pájaro. Tenía en su rostro una cicatriz que le recorría la frente de lado a lado, y eso no le gustaba a ella. Era una persona muy rara, pero fue el primer amigo que tuve en Tepic. Además, la cicatriz había ocasiones en las que no se le notaba. Él me llegó a invitar a seguir un culto a la Santa Muerte Magnífica Me decía que era muy diferente a la Santa Muerte que todo mundo conocía, debido a que la magnífica te seguía, te brindaba su protección y te escuchaba. Además, te hacía los favores que pedías siempre y cuando tú la adoraras y le hicieras también favores. Yo apenas estaba adaptándome al mundo y no sabía qué hacer con mi vida. A consecuencia, lo que había pasado con mi padre, yo dejé de creer en Dios y tenía la sensación de que nos había abandonado como familia. Así que no tenía nada que perder. Acepté unirme al culto. Pájaro me comentó que no me arrepentiría de mi decisión y que pronto me daría instrucciones. Yo trabajaba por la mañana en una pollería muy de madrugada. Me me levantaba y oía y sin desayunar me iba a trabajar casi siempre. Era a las tres de la mañana cuando recibíamos el pollo y lo preparábamos para la venta muy temprano después de mediodía ya tenía libre. Fue a las salidas del trabajo que Pájaro ya me estaba esperando. Me entregó un cuaderno con la pasta negra. Me pidió que lo leyera con calma y siguiera sus instrucciones al pie de la letra. Era importante que me aprendiera su contenido y si pasaba la prueba, prácticamente ya estaría del otro lado. Mi madre trabajaba en el mercado. Juan Escutia, así que regresaba casi siempre después de las seis de la tarde. Eso me daba tiempo para leerlo. Me senté un rato en el sillón de la sala y lo hojeé un rato. Parecía todo escrito por pájaro con muy mala ortografía, dibujos obsenos por todas partes y rayones. Llegó un momento en el que pensé que se trataba de una broma de él, pero en cuanto estuve a punto de cerrarlo, me di cuenta que tenía un apartado en negro. Eran casi la cuarta parte del cuaderno. Me adelanté y vi una advertencia allí escrita con otro tipo de letra y en color rojo. La nota decía que si estabas dispuesto a seguir leyendo, yo estaría aceptando a la Santa muerte magnífica en mi vida y no había vuelta atrás al dar la vuelta a la página, me topé con una serie de instrucciones para invocarla. Las leí con detenimiento y me di cuenta que no necesitaba de varias cosas, en especial lo necesario lo tenía en casa y si la invocación era todo un éxito y yo seguía con vida, podría formar parte del culto. Esa tarde conseguí todo lo necesario, cuatro veladoras, un espejo donde pudiera verme de cuerpo completo y un cobertor que lo pudiera cubrir. No sabía qué podía ocurrir. No tenía nada más que perder. Así que, antes de realizar el ritual, me dispuse a cenar y platicar con mi madre. Como n s o si fuera la última vez que la vería esa noche que pasé con ella, nunca la he olvidado. Puse seguro a la puerta, coloqué el espejo sobre la pared y encendí las cuatro veladoras. Las instrucciones mencionaban que quedaran colocadas alrededor mío y no muy alejadas. Tenía que procurar que no se apagara. En caso de que el ritual fuera exitoso, se apagarían por sí solas. Apagué la luz y me coloqué justo en el centro de las veladoras mirando al espejo. Podía sentarme lo importante era no dejar de mirarlo. No sé cuánto tiempo pasó, pero nada sucedía. Mi cabeza se imaginó a pájaro riéndose de mí, así que me dispuse a terminar con ese juego. Pero de pronto una de las veladoras comenzó a parpadear. Pensé que quizás había sido yo quien provocó el movimiento de la llama. Pero después de quedarme un rato sin moverme, me di cuenta que seguía vino luchando por seguir encendida hasta que de pronto se apagó un sonido estruendoso se escuchó afuera de mi habitación. Yo me quedé pasmado por unos segundos. Un ruido tan fuerte pudo haber despertado a cualquiera, incluso a mi madre, que tenía el sueño muy pesado, pero no pasó nada, incluso ni los perros se pusieron a ladrar. Entonces, la segunda veladora comenzó a titilar la llama estaba por apagarse y al hacerlo, un segundo estruendo se escuchó, pero a diferencia del primero, parecía acercarse a donde yo estaba. Esto no venía en las instrucciones, así que pensé que era parte del ritual. Mi corazón comenzó a latir muy fuerte. No sabía que podía sucederme. De pronto la tercer veladora se apagó el estruendo se escuchó prácticamente afuera de mi habitación. Me comencé a alterar ya no quería continuar con esto. Me acerqué a la veladora y apenas le soplé se apagó ya no supe si la había apagado yo o si lo hizo por sí sola. Como las demás. Quedé completamente a oscuras. Esperaba que se escuchara el fuerte ruido, pero no pasó nada. Mis ojos ya se estaban acostumbrando a la oscuridad, así que miré a mi alrededor, no había nada fuera de lo normal. Aliviado, respiré un poco, así que decidí guardar todo, pensando en que las cosas ya habían terminado. Pero en cuanto vi mi reflejo en el espejo, no di crédito a lo que estaba en él. Detrás de mí se encontraba una figura alta cubierta, por lo que parecía ser una capucha negra. Miré hacia atrás y no había nada. Las instrucciones mencionaban que me quedara quieto en silencio y sólo observara mi reflejo. Intenté mantener la cordura y quedarme tranquilo. No era sencillo ver aquella cosa detrás de mí. Podía sentir cómo los bellos de mi nunca se erizaban. Yo ya estaba temblando de miedo. A pesar de la oscuridad en la habitación. Comencé a notar que mi rostro comenzaba a modificarse. Mis ojos boca y nariz se desfiguraba. Ya no era yo quien se estaba mirando al espejo. Yo seguía asustado y sabía que era parte del ritual. Recordé que para finalizarlo era necesario cubrir el espejo con el cobertor para que la magnífica se fuera. Se lo puse encima y en un segundo el ambiente se tornó menos. Tenso. Sentí un alivio instantáneo. Mi corazón aún latía acelerado, pero poco a poco comencé a recobrar la compostura. Decidí tomarme un momento para tranquilizarme. Tenía más preguntas que respuestas. Me quedé sentado en la oscuridad de mi habitación. Reflexioné sobre las advertencias que Pájaro me había dado. Recordé sus palabras acerca de que no había vuelta atrás. Una vez que te adentraras en el culto, me pregunté si realmente estaba preparado para las consecuencias que podrían seguir me di cuenta de la hora. Faltaba poco para ir a trabajar a la pollería, así que me fui a acostar. Salí de la casa. Como siempre. Solo entré al cuarto de mi mamá a despedirme de ella. Nunca se despedía de mí porque estaba dormida, pero ella decía que sí sentía cuando le daba el beso de despedida en el trabajo. Mis compañeros me preguntaron si me había ocurrido algo extraño, pues mi rostro se veía diferente. Incluso uno de ellos me comentó que tenía una cicatriz en mi frente. Corrí al espejo del baño. Mi rostro no se veía tan diferente, pero en mi frente una cicatriz en forma de x se había formado. Saliendo del trabajo, fui a buscar a Pájaro, pero él ya me estaba esperando. En cuanto me vio, me preguntó si había hecho todo al pie de la letra. Le conté todo. Incluso cuando estuve a punto de apagar la veladora. Pájaro me comentó que era probable que la magnífica me tuviera un castigo por hacerle eso en su ritual. Por lo pronto, no había sucedido nada malo, sólo las cicatrces y si ese era mi castigo por llevar a cabo algo que no comprendía aceptaría las consecuencias. Le entregué a Pájaro su cuaderno en mi casa. Le comenté que necesitaba descansar porque ya tenía horas sin dormir. Además, faltaba poco para que regresara a mi madre y ella no le gustaba verlo allí. Dormí por varias horas. Desperté pocos minutos antes de que regresara a mi madre, así que preparé las cosas para cenar. A su vez, estaba pensando una excusa para explicarle lo de las cicatrías. Dieron las seis en punto, luego las siete y las ocho. Mi madre nunca llegó. Me estaba preocupando, ya había llegado tarde antes, pero me avisaba. Entonces pensé que quizás me había dejado un recado en su habitación. Cuando entré miré a mi madre acostada. Me sentí aliviado al verla allí. Le dije que ya me había asustado, pues creía que algo le había pasado. La sacudí para que se levantara a cenar, pero ella no respondió Nunca despertó la muerte de mi madre. Fue un balde de agua fría sobre mi espalda. El enfermero de la ambulancia me comentó que ella tenía casi un día de evolución cadavérica. Todo indicaba que había fallecido la noche anterior. Justo cuando invoqué a la magnífica, las cosas estaban claras. La culpa la había tenido yo, mi padre, tuvo que ayudarme con lo necesario para cremar a mamá. Yo tenía varios días sin hablar pájaro fue a verme, pero se dio cuenta de la situra y se fue días después de su muerte. Mi padre me comentó que era necesario que regresáramos a Guadalajara. Así que tenía que recoger mis cosas. Subí a mi habitación y al entrar aún estaba cubierto el espejo con el cobertor. Ya no tenía miedo, quería respuestas, quería desafiar a la magnífica. Quité el cobertor y allí estaba su reflejo. Se veía detrás de mí. Como la última vez le exigí que me devolviera a mi madre que si quería a alguien que me tomara a mí, pues ella no tenía nada que ver en eso. No sabía si me estaba escuchando o no. Sólo estaba levitando detrás de mí y entonces me contestó su voz tenebrosa retumbó en mi cabeza. Era áspera y profunda. Me dijo que mi madre ya estaba muerta. Cuando ella llegó su muerte la había atraído, pero ella no se lleva las almas al más allá. Fue todo lo que dice y luego se desvaneció. Le pedí a mi padre un día más antes de partir, tenía que investigar unas cosas en el funeral. El jefe de mi madre me comentó que me apoyaría en lo que se me ofreciera. Así que fui al mercado Juan Escutia para preguntarle si mi madre se había quejado de algo o si había notado algo diferente en ella. Él me comentó que mi madre tenía días quejándose de una punzada en el pecho, pero nunca hizo nada por ir al doctor para no faltar al trabajo y no perder dinero. Y justo cuando me despedí de él me dijo algo que me dejó perplejo tu cicatriz. Ya no la tienes. Dos días después me fui a vivir a Guadalajara. Nuevamente tenía el presentimiento de que si me cambiaba de residencia, mi vida mejoraría A medida que pasaron los días y los meses, comencé a experimentar cosas en la casa de mi padre. Mi salud se día debilitó, mis relaciones personales se volvieron tensas y mi padre comenzó a notar los cambios. En mí había adquirido una fobia por verme al espejo. No quería ni voltear a cualquier lugar que se reflejara mi rostro. Yo sabía que la magnífica estaba allí busqué refugio en el templo del expiatorio, pero aún así. Cuando salía de él, podía sentir su presencia detrás de mí, me sentía constantemente observado y perseguido, y las decisiones que tomaba parecían estar controlándome por una fuerza misteriosa. Sabía que tenía que intentar escapar de sus garras. Una noche, cuando estaba cenando con mi padre, él me preguntó qué me había pasado en la frente toqué con mi dedo y noté el surco de las cicatriz horas. Más tarde me encerré en mi habitación y me miré al espejo. Ahí estaba detrás de mí. Me quedé en silencio unos minutos. Ella no se iba estaba allí para escucharme, me arrodillé y le rogué que me dejara ir. Yo no quería pertenecer más a su culto. Ella no decía nada. Entonces, de alguna manera la respuesta llegó a mi cabeza. Recordé que en el cuaderno especificaba que uno tenía que rezarle algo que jamás había hecho. Yo me levanté del piso e hice lo mejor que pude. Tuve la sensación de que mi alma descansaba poco a poco el camino hacia la liberación fue arduo y doloroso, pero poco a poco recuperé mi identidad y mi vida anterior. Aunque no podía alejarme del culto. Fue diferente desde que le dedicaba una hora al día orar por ella. La cicatriz en mi frente se desvaneció y me di cuenta que aparecía cuando era necesario dedicarle un tiempo a la magnífica. Los favores que me llegó a hacer los compensaba con oraciones y ofrendas. Fue el único modo que encontré para tener la mayor tranquilidad de n en mi vida. Hoy, años después de haber iniciado esta oscura etapa de mi vida, puedo mirar hacia atrás y darme cuenta de mis errores. Aunque pagué un alto precio por mis decisiones, acepté las consecuencias. Les comparto mi historia para advertirles sobre los peligros de caer en cultos oscuros y para recordarles que siempre hay esperanza y oportunidad de cambiar el rumbo. La oscuridad puede ser seductora. Relato escrito y adaptado por lengua de Brugo