A Mi Hermana La Mordió El Diablo Historias De Terror - REDE

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A mi hermana la mordió el diablo. Cuando me he atrevido a contar esta historia, tengo que encontrar las palabras exactas para hacerlo. No la puedo narrar, tal cual es por lo perturbador del caso y asà no herir la sensibilidad de algunas personas. Mi nombre es Joel. En la actualidad cuento con cincuenta años. Solamente tuve una hermana. Ãramos gemelos, por cierto, se llama Nicha. Desde niños fue autoritaria y nunca le gustaba perder. Yo siento que siempre fuimos normales, al menos en la mayorÃa de las cosas que hacÃamos. Estudiamos primaria y secundaria, como todos los chicos de nuestra edad, pero más grandes las personas nos miraban con rareza. Escuchaba a los vecinos, además de algunos amigos decir que éramos obscuros de los llamados dark vestÃamos de negro, nuestras camisetas tenÃan figuras alusivas a la muerte y al diablo. En ocasiones nos tenÃamos el pelo largo que tenÃamos. TraÃamos pulseras, cadenas, piercings, cosas como esas. Escuchábamos metal todo el tiempo, casi no Frecuentábamos amigos, a veces tomábamos, fumábamos y algunas otras cosas. Estábamos tatuados desde los diecisiete años. Si acaso hubo algo que nos hacÃa diferente a los demás, era nuestra creencia en el señor del Averno. Me refiero al diablo. Siempre estuvo presente tanto en nuestros sueños como en nuestras vidas. Referente a mi hermana, tuvo una fuerte fascinación por él. En lo que a mà se refiere. No es ahà donde empiece esta historia, aunque vivÃamos con nuestros padres. Nunca se ocuparon de nosotros. Los dos trabajaban y siempre estaban ocupados con sus cosas. TodavÃa no entiendo por qué nos tuvieron desde niños. Mi hermana se destacó por ser más despierta. HacÃa travesuras todos todos los dÃas y me echaba la culpa a mÃ. Como éramos muy unidos, yo no decÃa nada. Parte de la influencia que tenÃa sobre mà era prometerme miedo. TendrÃamos alrededor de ocho años y ya me asustaba con el diablo. Me juraba que debajo de nuestra cama habÃa un pozo que daba al infierno. Según ella, todas las madrugadas cuando yo dormÃa se salÃa el diablo para jugar con ella. ReÃan mucho y jugaban a pellizcarse. Me lo describÃa horriendo con grandes cuernos ojos enormes totalmente negros, con su piel oscura arrugada y apestosa, mucho más alto que mi papá con una cola puntiaguda. Me contaba que yo no me daba cuenta, pero que el diablo se deleitaba oliéndome. La piel se embriagaba con mi aliento. Me levantaba los párpados para ver mis ojos y me lamÃa la cara. Según ella, yo era apetecible para él todas las noches me querÃa morder pero mi hermana me defendÃa. Por lo mismo me decÃa que si no la obedecÃa un dÃa iba a dejar que lo hiciera mejor. Ascaso me decÃa porque él tiene unos dientes grandes, filosos y retorcidos. Su saliva es como el veneno de la serpiente. El dÃa que te muerdas, sentirás que te estás quemando, lo vas a lamentar para toda tu vida. Se acercaba a mi oÃdo. Me susurraba un hombre extraño y difÃcil de pronunciar. Me recalcaba que ese era el nombre del diablo que jugaba con ella. Luego me amenazaba diciéndome que nunca lo dijera en voz alta, porque eso era una invitación para que él se manifestara y si eso pasaba, iba a conocer lo que era el terror. Si se te aparece cuando no estoy yo, no sólo te va a morder, te va a comer, luego te va a vomitar en el infierno, donde te quedarás por toda la eternidad escucharla hablar asà me aterrorizaba. Deseaba con todas mis fuerzas. Nunca despertar por las noches para no verlo, porque yo me lo imaginaba espantoso. Por lo mismo, a esa edad ya sufrÃa de pesadillas. Nunca me atrevà a asomarme debajo de la cama para comprobar si era verdad lo que mi hermana me decÃa era más mi miedo que mi curiosidad. Cuando no estábamos juntos, escuchaba ninch a platicar con alguien como si tuviera un amigo imaginario. Lo digo asà porque yo nunca miraba a nadie. Ella hablaba sola, decÃa groserÃas y malas palabras. Al escucharla como se cargajeaba, me daba mucho terror. Un poco más grande, mi hermana ya no hacÃa travesuras, eran maldades. Ya dormÃamos cada quien en su cuarto. Ella se quedó en donde aseguraba que estaba el pozo debajo de la cama y yo me fui a un cuarto enfrente de ella. Al principio. Fue difÃcil, porque estábamos acostumbrados a dormir juntos desde la primera noche que dormà en ese cuarto se escuchaba como alguien se paseaba por todo el pasillo, A veces a paso lento y en ocasiones pasaba corriendo. Una vez que lo escuché, abrà la puerta pensando que era mi hermana jugándome una broma, pero no habÃa nadie. A partir de ahÃ. Todas las noches era lo mismo. Fuertes pisadas, me despertaban y en ocasiones movÃan la perilla de la puerta como queriendo entrar o a veces tocaban conforme. Pasaba el tiempo. Poco a poco, mi hermana cambió su forma de ser. Las cosas que hacÃa con los animales me asustaba y lo peor era que yo siempre me veÃa involucrado. No podÃa hacer nada, sólo ver lo que ella hacÃa. Asà pasaron los años, cuando ya éramos mayores de edad. Anicha se le metió una idea retorcida en su cabeza. QuerÃa que hiciéramos un pacto con el Diablo para ser siempre jóvenes. A mis dieciocho años aún sin haberlo visto todavÃa le tenÃa miedo. Al diablo le dije que yo no lo harÃa y que ella tampoco deberÃa hacerlo, porque eso era sobrepasar los lÃmites. Además, podrÃa tener graves consecuencias después de burlarse de mà por largo rato. Me dijo que estaba bien que no lo hiciera si no querÃa, pero ella al dÃa siguiente lo harÃa porque ella tenÃa todo preparado. SerÃa un martes por la noche, después de las tres de la mañana. Por su cuenta, ya se habÃa puesto a investigar la forma de hacerlo y yo no sabÃa decidida. Habló con algunas personas me aseguró que lo iba a invocar para pedirle ese favor el de ser joven, siempre sin importar el precio que no me asustara. Si escuchaba algunos ruidos. Yo temeroso por el miedo que le tenÃa al diablo. Le supliqué que no lo hiciera. Rea de mi hermana era reÃrse por más que le insistà para que desistiera. No logré nada. A la siguiente noche se retiró a su cuarto después de las doce. Antes de entrar volteó a verme por unos segundos. Leà en sus labios que me dijo miedoso. Con eso bastó para saber qué lo iba a hacer. Ya no dije nada. Para no ponerme tenso y para no ser presa de los nervios, cerré mi puerta con seguro, apagué el foco, me puse mis audÃfonos y le subà todo al volumen. Asà pasara lo que pasara. No lo iba a escuchar. Después de unas horas, tal vez alrededor de las cuatro de la mañana, ruidos chillantes como interferencias se escucharon en los audÃfonos. Pensé que era una falla, pero algo raro pasó. Escuché que una voz extraña dijo mi nombre me sobresalté, me quité los auriculares mientras volteaba para todos lados. Aventé los audÃfonos al suelo porque podÃa escuchar a esa tenebrosa voz hablarme con insistencia. Me pedÃa que fuera con él asustado, me levanté y salà de mi cuarto. Le iba a tocar a mi hermana. Cuando escuché que discutÃa con alguien con una voz rabiosa, gritaba que le contestara si existes manifiéstate. InsistÃa a mi hermana empezó a escucharse que aventaba y quebraba las cosas. Por eso, forzando la puerta, entré para mi sorpresa. Estaba ella sola, apenas tapada, con una bata parada en medio de una gran estrella rodeada de veladoras encendidas en la pared con unas letras grandes. Estaba escrito de una manera burda el nombre del diablo, que no quise leerlo para no invocarlo, pero era el que ella me decÃa al oÃdo desde que éramos niños Titubeando le pregunté con quién hablaba, volteó a verme en su cara. Se dibujaba pelodio que sentÃa con su mirada perdida. Me habló como nunca lo habÃa hecho. Me dijo lárgate de aquÃ. Al escucharla supe que era la misma voz de las psicofonÃas la que habÃa dicho mi nombre en los audÃfonos y me llamaba al mirarme bien algo como una figura transparente. Estaba parada en lo más oscuro del cuarto. Lo primero que se me vino a la mente fue pensar que era el Diablo. Mi hermana no lo habÃa visto porque apenas se empezaba a materializar. En ese momento hubiera querido correr a hablarle a mis papás pero para variar, no se encontraban en casa desde hacÃa allá varios dÃas y no tenÃa a quién más recurrir. Le gritaba a mi hermana que corriera, pero parecÃa poseÃda retrocedà hasta la puerta. Me detuve porque no podÃa salirme y dejarla sola en ese trance en el que estaba. Por eso como pude lagarra por la fuerza, la fui estirando hasta sacarla del cuarto, mientras que ella se resistÃa, dándome patadas y tratando de morderme los brazos, gritaba fuera de sà que le daba vergüenza, el diablo y todos los demonios con palabras ofensivas. Como yo nunca la habÃa escuchado. DecÃa que ese demonio al que habÃa invocado era una farsa. Mientras escupÃa rumbo a su cuarto, nos metimos a mi recámara. Trataba de calmar a mi hermana hablándole porque ya no me atrevÃa a tocarla de nuevo por el aspecto que tenÃa parecÃa más grande de edad. Estaba toda despeinada, le escurrÃa, saliva y jadeaba mucho. Nunca habÃamos ido a la iglesia. Por lo mismo no sabÃa rezar, asà que sólo la miraba. Le hacÃa la seña para que respirara profundo. Asà se fue tranquilizando hasta recuperar su aspecto. Cuando por fin se controló del todo, me contó los sucedido. La persona que la asesoró le dijo que el diablo no hacÃa pacto con mujeres simples, sólo con brujas. Por eso debÃa buscar un demonio en especÃfico, invocarlo en medio de un rito y pedirle el favor. Esperó a que dieran las doce de la noche y asà como le habÃan dicho en un libro viejo que compró, buscó y eligió a un demonio de los muchos que habÃa. El más terrible y peligroso que encontró para su sorpresa era aquel con el que jugaba todas las noches siendo niña. Primero se preparó mentalmente para soportar lo que venÃa. Dibujó una estrella en el piso y se paró en medio. Le prendió cinco velas e invocó ese demonio una y otra vez, pero éste nunca respondió. Desesperada porque no aparecÃa. Cambió de demonio hasta en tres ocasiones, desafió e insultó al diablo para que se hiciera presente, pero para su decepción nada pasó. Yo no salÃa de mi asombro. Al estarla escuchando, no podÃa creer que hubiera llegado a tanto. TodavÃa no paraba de latir fuerte mi corazón. Cuando Nicha se levantó, de pronto agarró aire luego de unos segundos miré en sus ojos esa mirada que me daba miedo, me pidió que no la dejara sola, porque lo iba a intentar de nuevo esta vez hasta que cualquier ser demoniaco se hiciera presente. No importaba cuánto tiempo pasara o lo que tuviera que hacer ahora era ella la que casi me arrastraba para su cuarto. No lo puedo negar. Yo iba temblando por lo que ahà habÃa visto, pero no me daba tiempo de decirle todavÃa no entramos y una fuerte fetidez nos hizo pensar que algo se estaba quemando adentro. Cuando entramos no habÃa lumbre ni humo. El motivo de ese olor era por otra cosa más espeluznante en un rincón de so su cuarto estaba esperándonos un ser horrible, asà como me lo describÃa a mi hermana cuando éramos niños. TenÃa unos enormes cuernos que casi pegaban en el techo. No se le miraban orejas ni nariz al mirarnos entrar sonrió de una manera burlona. Mientras mi hermana acomodaba las veladoras de nuevo y las prendÃa. Yo no podÃa dejar de mirar a ese ser ni chan no volteaba a verlo. Se paró en medio de aquella estrella e invocó a un demonio como no tenÃa respuesta, invocó a otro diciendo sus horribles nombres. Era como si no mirara al que tenÃa enfrente un fuerte zumbido. Me hizo reaccionar. Voltea a ver a mi hermana manoteaba y movÃa la boca, pero no se escuchaba nada. ParecÃa que se habÃa perdido el sonido. Luego ese demonio me habló. Me dijo que Nicha era tonta y arrogante. Siempre he estado dentro de ella, pero no se conforma. Quiere más, pero no se lo merece. La voy a castigar. Por eso me decÃa mientras la miraba con desagrado. Volteó a verme y me dijo a ti puedo darte todo si asà lo quieres. Sólo te pido que me digas de qué forma quieres que castigue a tu hermana. Su voz retumbó en mi cabeza. No respondà con todas mis fuerzas. Le grité a mi hermana que saliéramos y empezamos a forcejear. Ya no voltea a ver a ese demonio. Sólo escuchaba cómo se carcajeaba por su parte, Nicha sin saber nada, seguÃa invocando nombres horribles hasta hartarse. Le grité que parara, porque lo que ella no sabÃa era que cada que pronunciaba un demonio, este se hacÃa presente. Pero mi hermana no los veÃa de nueva cuenta como la primera vez, empezó a insultarlo y a patear todo. Tuve que golpearla para que reaccionara. Cuando logramos salir de ahÃ, mi hermana despertó. Me preguntó lo que pasaba. Lo único que le decÃa era que corriera porque a hà y estaba el diablo. No sé por qué no salimos de la casa. Tal vez por instinto nos metimos a mi cuarto, quizá porque era la puerta que estaba más cerca. Todo se quedó en silencio. Mi hermana se veÃa como si nada hubiera pasado. Me miraba extrañada. Al mismo tiempo me preguntaba muchas veces en dónde estaba el diablo. No le podÃa contestar por qué me dolÃa el pecho. Algunos mechones de cabellos se me cayeron por la fuerte impresión que me habÃa llevado esa noche. No dormimos. Nos la pasamos encerrados en el cuarto, esperando que pronto amaneciera escuchando nada más. El terrible silencio. No podÃamos salir sabiendo que el diablo estaba en nuestra casa. Al amanecer. Después de pensar lo mucho, entramos al cuarto. No habÃa nada raro, lo más rápido que pudimos. Limpiamos todo, borramos las letras de la pared y salimos de ahà cerrando por fuera. Ni ya se fue a dormir a la recámara de mis papás, al menos hasta que ellos regresaran para contarle lo sucedido. No me atrevÃa a decirle lo que pensaba hacer el diablo con ella, porque seguramente se aterrarÃa al saberlo. Las siguientes dos noches sufrà de insomnio las pocas veces que podÃa dormitar. TenÃa pesadillas espantosas donde el diablo torturaba a mi hermana. Estaba tan perturbado que no sé si en sueño o despierto escuchaba su voz. InsistÃa en castigar a mi hermana y a fuerza querÃa que yo le dijera cómo hacerlo. Una madrugada. Nicha me despertó con sus gritos espantado o corrÃa el cuarto para ver qué le habÃa pasado. Al entrar la encontré aterrada. Me aseguró que el demonio ese que tanto mencionaba, se le habÃa aparecido y la habÃa mordido. Mientras dormÃa, le temblaba todo el cuerpo y empezó a sudar. Apuntó con su dedo donde sentÃa la mordi en n En efecto, o tenÃa la huella de una herida ya mostraba hinchazón y le escurrÃa un lÃquido horrible que parecÃa saliva, pero más que una fuerte mordida, parecÃa una quemada. Al revisarla bien no era solamente eso. Estaban marcadas en su pierna las huellas de unas manos, como si la hubieran sujetado antes de morderla. Busqué por todo el cuarto, algún animal que hubiera podido morder a mi hermana, tal vez una vÃbora, porque me resistÃa a creer que ese era el castigo del diablo, pero no habÃa nada. Llamé a un médico para que la atendiera. Por lo raro de la herida. Tuvimos que llevarla a un hospital. Lavaron la herida, le hicieron las curaciones necesarias. Los doctores no supieron qué clase de animal la habÃa mordido. Lo que sà era evidente es que fue algo grande y ponzoñoso. Le inyectaron un antÃdoto y se quedó en observación esa noche. A la mañana siguiente la dieron de alta llevando un tratamiento. Según el doctor, pronto estarÃa mejor me comuniqué con mis padres para que regresaran de su viaje y entre todos cuidara a Ninsha. Esa noche decidà quedarme con ella porque se le notaba que estaba muy asustada y adolorida en una silla que puse a su lado me dispuse a cuidar de su sueño. Ya en la madrugada algo me hizo abrir los ojos. Me levanté de golpe porque del otro lado de la cama estaba ese demonio. Miraba fijamente a mi hermana con intenciones de morderla. Mi hermana tenÃa una enorme boca de la cual le escurrÃa saliva. Lo único que pude gritar fue que se largara, pero lo hice con todas mis fuerzas. Mi hermana despertó asustada sin poder ver a ese demonio. Al verme cómo estaba, me preguntó qué era lo que me sucedÃa. No le podÃa responder ni siquiera moverme. El demonio puso su dedo largo y deforme en su boca, como diciéndome que no le dijera nada. Luego desapareció. Ese dÃa llegaron mis padres. Llevaron una nincha de nuevo con un médico, después con otro. Nunca se miró mejorÃa. Al contrario, la herida se puso espantosa, la sangre y la voz. Nunca dejaron de salirle. La única solución que habÃa era amputarle la pierna. Obviamente, mi hermana sufrió mucho al grado de casi perder la razón con temor. Tuve que confesarle a mis padres lo sucedido. Además, como ninguno de mis papás podÃa ver a ese demonio, estaban a punto de ingresar a mi hermana en un hospital psiquiátrico. Yo no me atrevà a decir que lo miraba por temor a que me internaran también al saber lo que habÃamos hecho. Mi padre se fue a la iglesia más cercana para hablar con el sacerdote, pero éste al escuchar que era cosa del diablo no quiso asistirla, alegando que se necesita un especialista para eso, asà que sólo fue a bendecir la casa sin ver a Mi hermana pareciera mentira, pero con eso bastó para que ese ser demonÃaco no volviera a aparecer. Tanto mi hermana como yo dejamos de verlo y de soñarlo, aunque el daño en Nisha ya estaba hecho con el tiempo. Perdió la pierna a causa de esa extraña mordida. No sé por qué dejó de hablar y poco a poco también fue quedando ciega sin que nadie pudiera ayudarla. Un dÃa, mi mamá llevó a una señora Curandera nos dijo que mi hermana no tenÃa remedio. Todo su ser estaba envenenado. Seguramente se habÃa quedado sin habla por haber insultado al diablo. Parte del castigo fue dejarla ciega para que nunca pudiera ver lo que tanto querÃa y asà la dejó en una profunda oscuridad. Antes de que se fuera, le pregunté a esa señora si a mi hermana se la iba a llevar el diablo. Cuando muriera, me miró y me dijo no querrás escuchar la respuesta. En verdad me quedé consternado. DÃas después, mi hermana Nicha murió. Cosas extrañas pasaron en su tumba. Las primeras cruces que le pusimos desaparecieron y en ocasiones encontramos huellas de que alguien iba y rascaba la tierra. Nos tuvimos que mudar de esa casa porque a los meses de su muerte se escuchaban muchas psicofonÃas y yo tenÃa pesadillas espantosas donde mi hermana me culpaba de su muerte. Me acusaba de que yo, por venganza le pedà al diablo que la mordiera asà de la misma manera como ella siempre me amenazaba para que le hiciera caso por mi cuenta. Fui a consultar a la curandera para que me liberara de todo aquello. Asà lo hizo ese dÃa. No sólo me liberé de la presencia del Diablo, también me liberé de Nicha, porque jamás la volvÃa a soñar. Si se preguntan por el nombre de ese terrible demonio. Aquà se los dejo solo escúchenlo, pero nunca lo pronuncien en voz. Alta Astaroth relato escrito y adaptado por Gato negro








