Sept. 21, 2023

A Mi Hermana La Mordió El Diablo Historias De Terror - REDE

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A mi hermana la mordió el diablo. Cuando me he atrevido a contar esta historia, tengo que encontrar las palabras exactas para hacerlo. No la puedo narrar, tal cual es por lo perturbador del caso y así no herir la sensibilidad de algunas personas. Mi nombre es Joel. En la actualidad cuento con cincuenta años. Solamente tuve una hermana. Éramos gemelos, por cierto, se llama Nicha. Desde niños fue autoritaria y nunca le gustaba perder. Yo siento que siempre fuimos normales, al menos en la mayoría de las cosas que hacíamos. Estudiamos primaria y secundaria, como todos los chicos de nuestra edad, pero más grandes las personas nos miraban con rareza. Escuchaba a los vecinos, además de algunos amigos decir que éramos obscuros de los llamados dark vestíamos de negro, nuestras camisetas tenían figuras alusivas a la muerte y al diablo. En ocasiones nos teníamos el pelo largo que teníamos. Traíamos pulseras, cadenas, piercings, cosas como esas. Escuchábamos metal todo el tiempo, casi no Frecuentábamos amigos, a veces tomábamos, fumábamos y algunas otras cosas. Estábamos tatuados desde los diecisiete años. Si acaso hubo algo que nos hacía diferente a los demás, era nuestra creencia en el señor del Averno. Me refiero al diablo. Siempre estuvo presente tanto en nuestros sueños como en nuestras vidas. Referente a mi hermana, tuvo una fuerte fascinación por él. En lo que a mí se refiere. No es ahí donde empiece esta historia, aunque vivíamos con nuestros padres. Nunca se ocuparon de nosotros. Los dos trabajaban y siempre estaban ocupados con sus cosas. Todavía no entiendo por qué nos tuvieron desde niños. Mi hermana se destacó por ser más despierta. Hacía travesuras todos todos los días y me echaba la culpa a mí. Como éramos muy unidos, yo no decía nada. Parte de la influencia que tenía sobre mí era prometerme miedo. Tendríamos alrededor de ocho años y ya me asustaba con el diablo. Me juraba que debajo de nuestra cama había un pozo que daba al infierno. Según ella, todas las madrugadas cuando yo dormía se salía el diablo para jugar con ella. Reían mucho y jugaban a pellizcarse. Me lo describía horriendo con grandes cuernos ojos enormes totalmente negros, con su piel oscura arrugada y apestosa, mucho más alto que mi papá con una cola puntiaguda. Me contaba que yo no me daba cuenta, pero que el diablo se deleitaba oliéndome. La piel se embriagaba con mi aliento. Me levantaba los párpados para ver mis ojos y me lamía la cara. Según ella, yo era apetecible para él todas las noches me quería morder pero mi hermana me defendía. Por lo mismo me decía que si no la obedecía un día iba a dejar que lo hiciera mejor. Ascaso me decía porque él tiene unos dientes grandes, filosos y retorcidos. Su saliva es como el veneno de la serpiente. El día que te muerdas, sentirás que te estás quemando, lo vas a lamentar para toda tu vida. Se acercaba a mi oído. Me susurraba un hombre extraño y difícil de pronunciar. Me recalcaba que ese era el nombre del diablo que jugaba con ella. Luego me amenazaba diciéndome que nunca lo dijera en voz alta, porque eso era una invitación para que él se manifestara y si eso pasaba, iba a conocer lo que era el terror. Si se te aparece cuando no estoy yo, no sólo te va a morder, te va a comer, luego te va a vomitar en el infierno, donde te quedarás por toda la eternidad escucharla hablar así me aterrorizaba. Deseaba con todas mis fuerzas. Nunca despertar por las noches para no verlo, porque yo me lo imaginaba espantoso. Por lo mismo, a esa edad ya sufría de pesadillas. Nunca me atreví a asomarme debajo de la cama para comprobar si era verdad lo que mi hermana me decía era más mi miedo que mi curiosidad. Cuando no estábamos juntos, escuchaba ninch a platicar con alguien como si tuviera un amigo imaginario. Lo digo así porque yo nunca miraba a nadie. Ella hablaba sola, decía groserías y malas palabras. Al escucharla como se cargajeaba, me daba mucho terror. Un poco más grande, mi hermana ya no hacía travesuras, eran maldades. Ya dormíamos cada quien en su cuarto. Ella se quedó en donde aseguraba que estaba el pozo debajo de la cama y yo me fui a un cuarto enfrente de ella. Al principio. Fue difícil, porque estábamos acostumbrados a dormir juntos desde la primera noche que dormí en ese cuarto se escuchaba como alguien se paseaba por todo el pasillo, A veces a paso lento y en ocasiones pasaba corriendo. Una vez que lo escuché, abrí la puerta pensando que era mi hermana jugándome una broma, pero no había nadie. A partir de ahí. Todas las noches era lo mismo. Fuertes pisadas, me despertaban y en ocasiones movían la perilla de la puerta como queriendo entrar o a veces tocaban conforme. Pasaba el tiempo. Poco a poco, mi hermana cambió su forma de ser. Las cosas que hacía con los animales me asustaba y lo peor era que yo siempre me veía involucrado. No podía hacer nada, sólo ver lo que ella hacía. Así pasaron los años, cuando ya éramos mayores de edad. Anicha se le metió una idea retorcida en su cabeza. Quería que hiciéramos un pacto con el Diablo para ser siempre jóvenes. A mis dieciocho años aún sin haberlo visto todavía le tenía miedo. Al diablo le dije que yo no lo haría y que ella tampoco debería hacerlo, porque eso era sobrepasar los límites. Además, podría tener graves consecuencias después de burlarse de mí por largo rato. Me dijo que estaba bien que no lo hiciera si no quería, pero ella al día siguiente lo haría porque ella tenía todo preparado. Sería un martes por la noche, después de las tres de la mañana. Por su cuenta, ya se había puesto a investigar la forma de hacerlo y yo no sabía decidida. Habló con algunas personas me aseguró que lo iba a invocar para pedirle ese favor el de ser joven, siempre sin importar el precio que no me asustara. Si escuchaba algunos ruidos. Yo temeroso por el miedo que le tenía al diablo. Le supliqué que no lo hiciera. Rea de mi hermana era reírse por más que le insistí para que desistiera. No logré nada. A la siguiente noche se retiró a su cuarto después de las doce. Antes de entrar volteó a verme por unos segundos. Leí en sus labios que me dijo miedoso. Con eso bastó para saber qué lo iba a hacer. Ya no dije nada. Para no ponerme tenso y para no ser presa de los nervios, cerré mi puerta con seguro, apagué el foco, me puse mis audífonos y le subí todo al volumen. Así pasara lo que pasara. No lo iba a escuchar. Después de unas horas, tal vez alrededor de las cuatro de la mañana, ruidos chillantes como interferencias se escucharon en los audífonos. Pensé que era una falla, pero algo raro pasó. Escuché que una voz extraña dijo mi nombre me sobresalté, me quité los auriculares mientras volteaba para todos lados. Aventé los audífonos al suelo porque podía escuchar a esa tenebrosa voz hablarme con insistencia. Me pedía que fuera con él asustado, me levanté y salí de mi cuarto. Le iba a tocar a mi hermana. Cuando escuché que discutía con alguien con una voz rabiosa, gritaba que le contestara si existes manifiéstate. Insistía a mi hermana empezó a escucharse que aventaba y quebraba las cosas. Por eso, forzando la puerta, entré para mi sorpresa. Estaba ella sola, apenas tapada, con una bata parada en medio de una gran estrella rodeada de veladoras encendidas en la pared con unas letras grandes. Estaba escrito de una manera burda el nombre del diablo, que no quise leerlo para no invocarlo, pero era el que ella me decía al oído desde que éramos niños Titubeando le pregunté con quién hablaba, volteó a verme en su cara. Se dibujaba pelodio que sentía con su mirada perdida. Me habló como nunca lo había hecho. Me dijo lárgate de aquí. Al escucharla supe que era la misma voz de las psicofonías la que había dicho mi nombre en los audífonos y me llamaba al mirarme bien algo como una figura transparente. Estaba parada en lo más oscuro del cuarto. Lo primero que se me vino a la mente fue pensar que era el Diablo. Mi hermana no lo había visto porque apenas se empezaba a materializar. En ese momento hubiera querido correr a hablarle a mis papás pero para variar, no se encontraban en casa desde hacía allá varios días y no tenía a quién más recurrir. Le gritaba a mi hermana que corriera, pero parecía poseída retrocedí hasta la puerta. Me detuve porque no podía salirme y dejarla sola en ese trance en el que estaba. Por eso como pude lagarra por la fuerza, la fui estirando hasta sacarla del cuarto, mientras que ella se resistía, dándome patadas y tratando de morderme los brazos, gritaba fuera de sí que le daba vergüenza, el diablo y todos los demonios con palabras ofensivas. Como yo nunca la había escuchado. Decía que ese demonio al que había invocado era una farsa. Mientras escupía rumbo a su cuarto, nos metimos a mi recámara. Trataba de calmar a mi hermana hablándole porque ya no me atrevía a tocarla de nuevo por el aspecto que tenía parecía más grande de edad. Estaba toda despeinada, le escurría, saliva y jadeaba mucho. Nunca habíamos ido a la iglesia. Por lo mismo no sabía rezar, así que sólo la miraba. Le hacía la seña para que respirara profundo. Así se fue tranquilizando hasta recuperar su aspecto. Cuando por fin se controló del todo, me contó los sucedido. La persona que la asesoró le dijo que el diablo no hacía pacto con mujeres simples, sólo con brujas. Por eso debía buscar un demonio en específico, invocarlo en medio de un rito y pedirle el favor. Esperó a que dieran las doce de la noche y así como le habían dicho en un libro viejo que compró, buscó y eligió a un demonio de los muchos que había. El más terrible y peligroso que encontró para su sorpresa era aquel con el que jugaba todas las noches siendo niña. Primero se preparó mentalmente para soportar lo que venía. Dibujó una estrella en el piso y se paró en medio. Le prendió cinco velas e invocó ese demonio una y otra vez, pero éste nunca respondió. Desesperada porque no aparecía. Cambió de demonio hasta en tres ocasiones, desafió e insultó al diablo para que se hiciera presente, pero para su decepción nada pasó. Yo no salía de mi asombro. Al estarla escuchando, no podía creer que hubiera llegado a tanto. Todavía no paraba de latir fuerte mi corazón. Cuando Nicha se levantó, de pronto agarró aire luego de unos segundos miré en sus ojos esa mirada que me daba miedo, me pidió que no la dejara sola, porque lo iba a intentar de nuevo esta vez hasta que cualquier ser demoniaco se hiciera presente. No importaba cuánto tiempo pasara o lo que tuviera que hacer ahora era ella la que casi me arrastraba para su cuarto. No lo puedo negar. Yo iba temblando por lo que ahí había visto, pero no me daba tiempo de decirle todavía no entramos y una fuerte fetidez nos hizo pensar que algo se estaba quemando adentro. Cuando entramos no había lumbre ni humo. El motivo de ese olor era por otra cosa más espeluznante en un rincón de so su cuarto estaba esperándonos un ser horrible, así como me lo describía a mi hermana cuando éramos niños. Tenía unos enormes cuernos que casi pegaban en el techo. No se le miraban orejas ni nariz al mirarnos entrar sonrió de una manera burlona. Mientras mi hermana acomodaba las veladoras de nuevo y las prendía. Yo no podía dejar de mirar a ese ser ni chan no volteaba a verlo. Se paró en medio de aquella estrella e invocó a un demonio como no tenía respuesta, invocó a otro diciendo sus horribles nombres. Era como si no mirara al que tenía enfrente un fuerte zumbido. Me hizo reaccionar. Voltea a ver a mi hermana manoteaba y movía la boca, pero no se escuchaba nada. Parecía que se había perdido el sonido. Luego ese demonio me habló. Me dijo que Nicha era tonta y arrogante. Siempre he estado dentro de ella, pero no se conforma. Quiere más, pero no se lo merece. La voy a castigar. Por eso me decía mientras la miraba con desagrado. Volteó a verme y me dijo a ti puedo darte todo si así lo quieres. Sólo te pido que me digas de qué forma quieres que castigue a tu hermana. Su voz retumbó en mi cabeza. No respondí con todas mis fuerzas. Le grité a mi hermana que saliéramos y empezamos a forcejear. Ya no voltea a ver a ese demonio. Sólo escuchaba cómo se carcajeaba por su parte, Nicha sin saber nada, seguía invocando nombres horribles hasta hartarse. Le grité que parara, porque lo que ella no sabía era que cada que pronunciaba un demonio, este se hacía presente. Pero mi hermana no los veía de nueva cuenta como la primera vez, empezó a insultarlo y a patear todo. Tuve que golpearla para que reaccionara. Cuando logramos salir de ahí, mi hermana despertó. Me preguntó lo que pasaba. Lo único que le decía era que corriera porque a hí y estaba el diablo. No sé por qué no salimos de la casa. Tal vez por instinto nos metimos a mi cuarto, quizá porque era la puerta que estaba más cerca. Todo se quedó en silencio. Mi hermana se veía como si nada hubiera pasado. Me miraba extrañada. Al mismo tiempo me preguntaba muchas veces en dónde estaba el diablo. No le podía contestar por qué me dolía el pecho. Algunos mechones de cabellos se me cayeron por la fuerte impresión que me había llevado esa noche. No dormimos. Nos la pasamos encerrados en el cuarto, esperando que pronto amaneciera escuchando nada más. El terrible silencio. No podíamos salir sabiendo que el diablo estaba en nuestra casa. Al amanecer. Después de pensar lo mucho, entramos al cuarto. No había nada raro, lo más rápido que pudimos. Limpiamos todo, borramos las letras de la pared y salimos de ahí cerrando por fuera. Ni ya se fue a dormir a la recámara de mis papás, al menos hasta que ellos regresaran para contarle lo sucedido. No me atrevía a decirle lo que pensaba hacer el diablo con ella, porque seguramente se aterraría al saberlo. Las siguientes dos noches sufrí de insomnio las pocas veces que podía dormitar. Tenía pesadillas espantosas donde el diablo torturaba a mi hermana. Estaba tan perturbado que no sé si en sueño o despierto escuchaba su voz. Insistía en castigar a mi hermana y a fuerza quería que yo le dijera cómo hacerlo. Una madrugada. Nicha me despertó con sus gritos espantado o corría el cuarto para ver qué le había pasado. Al entrar la encontré aterrada. Me aseguró que el demonio ese que tanto mencionaba, se le había aparecido y la había mordido. Mientras dormía, le temblaba todo el cuerpo y empezó a sudar. Apuntó con su dedo donde sentía la mordi en n En efecto, o tenía la huella de una herida ya mostraba hinchazón y le escurría un líquido horrible que parecía saliva, pero más que una fuerte mordida, parecía una quemada. Al revisarla bien no era solamente eso. Estaban marcadas en su pierna las huellas de unas manos, como si la hubieran sujetado antes de morderla. Busqué por todo el cuarto, algún animal que hubiera podido morder a mi hermana, tal vez una víbora, porque me resistía a creer que ese era el castigo del diablo, pero no había nada. Llamé a un médico para que la atendiera. Por lo raro de la herida. Tuvimos que llevarla a un hospital. Lavaron la herida, le hicieron las curaciones necesarias. Los doctores no supieron qué clase de animal la había mordido. Lo que sí era evidente es que fue algo grande y ponzoñoso. Le inyectaron un antídoto y se quedó en observación esa noche. A la mañana siguiente la dieron de alta llevando un tratamiento. Según el doctor, pronto estaría mejor me comuniqué con mis padres para que regresaran de su viaje y entre todos cuidara a Ninsha. Esa noche decidí quedarme con ella porque se le notaba que estaba muy asustada y adolorida en una silla que puse a su lado me dispuse a cuidar de su sueño. Ya en la madrugada algo me hizo abrir los ojos. Me levanté de golpe porque del otro lado de la cama estaba ese demonio. Miraba fijamente a mi hermana con intenciones de morderla. Mi hermana tenía una enorme boca de la cual le escurría saliva. Lo único que pude gritar fue que se largara, pero lo hice con todas mis fuerzas. Mi hermana despertó asustada sin poder ver a ese demonio. Al verme cómo estaba, me preguntó qué era lo que me sucedía. No le podía responder ni siquiera moverme. El demonio puso su dedo largo y deforme en su boca, como diciéndome que no le dijera nada. Luego desapareció. Ese día llegaron mis padres. Llevaron una nincha de nuevo con un médico, después con otro. Nunca se miró mejoría. Al contrario, la herida se puso espantosa, la sangre y la voz. Nunca dejaron de salirle. La única solución que había era amputarle la pierna. Obviamente, mi hermana sufrió mucho al grado de casi perder la razón con temor. Tuve que confesarle a mis padres lo sucedido. Además, como ninguno de mis papás podía ver a ese demonio, estaban a punto de ingresar a mi hermana en un hospital psiquiátrico. Yo no me atreví a decir que lo miraba por temor a que me internaran también al saber lo que habíamos hecho. Mi padre se fue a la iglesia más cercana para hablar con el sacerdote, pero éste al escuchar que era cosa del diablo no quiso asistirla, alegando que se necesita un especialista para eso, así que sólo fue a bendecir la casa sin ver a Mi hermana pareciera mentira, pero con eso bastó para que ese ser demoníaco no volviera a aparecer. Tanto mi hermana como yo dejamos de verlo y de soñarlo, aunque el daño en Nisha ya estaba hecho con el tiempo. Perdió la pierna a causa de esa extraña mordida. No sé por qué dejó de hablar y poco a poco también fue quedando ciega sin que nadie pudiera ayudarla. Un día, mi mamá llevó a una señora Curandera nos dijo que mi hermana no tenía remedio. Todo su ser estaba envenenado. Seguramente se había quedado sin habla por haber insultado al diablo. Parte del castigo fue dejarla ciega para que nunca pudiera ver lo que tanto quería y así la dejó en una profunda oscuridad. Antes de que se fuera, le pregunté a esa señora si a mi hermana se la iba a llevar el diablo. Cuando muriera, me miró y me dijo no querrás escuchar la respuesta. En verdad me quedé consternado. Días después, mi hermana Nicha murió. Cosas extrañas pasaron en su tumba. Las primeras cruces que le pusimos desaparecieron y en ocasiones encontramos huellas de que alguien iba y rascaba la tierra. Nos tuvimos que mudar de esa casa porque a los meses de su muerte se escuchaban muchas psicofonías y yo tenía pesadillas espantosas donde mi hermana me culpaba de su muerte. Me acusaba de que yo, por venganza le pedí al diablo que la mordiera así de la misma manera como ella siempre me amenazaba para que le hiciera caso por mi cuenta. Fui a consultar a la curandera para que me liberara de todo aquello. Así lo hizo ese día. No sólo me liberé de la presencia del Diablo, también me liberé de Nicha, porque jamás la volvía a soñar. Si se preguntan por el nombre de ese terrible demonio. Aquí se los dejo solo escúchenlo, pero nunca lo pronuncien en voz. Alta Astaroth relato escrito y adaptado por Gato negro