Aug. 31, 2026

El dueño de los robots: la desigualdad que nadie mide

El dueño de los robots: la desigualdad que nadie mide

Un robot humanoide doméstico ya se vende por 20.000 dólares al contado o 499 al mes, y el Unitree G1 chino se compra hoy en España por unos 25.000 euros. Torpes, limitados, medio teledirigidos. Pero existen, se venden y bajan de precio. Mientras tanto, el robot de los anuncios sigue sin existir. Tesla prometió mil unidades de Optimus trabajando en sus fábricas a finales de 2025 y no ocurrió, aplazó la presentación de la tercera generación, desmontó las líneas del Model S y el Model X para hacer sitio en Fremont, y en julio reconocía que la producción llegaría más adelante. El propio Musk lo describe como el producto más difícil de escalar que ha hecho nunca. La pregunta interesante no es si el anuncio miente sobre el presente, porque miente. Es cuánto tarda el presente en parecerse al anuncio. Y sobre todo qué se mueve cuando eso pasa. Este episodio hace el ejercicio en serio. Dos familias vecinas en 2035, una con robot y otra sin él, y mil horas anuales de diferencia que ningún instituto de estadística mide todavía. Dos empresas idénticas, una compitiendo con salarios y la otra con amortizaciones. Países enteros donde la población activa deja de decir nada sobre la capacidad productiva real. Y Bangladesh, Vietnam o México viendo cómo se rompe el segundo peldaño de la escalera que usaron Japón, Corea y China para salir de la pobreza. Con la evidencia de Acemoglu y Restrepo sobre robots industriales, los trabajos de la OCDE y la OIT, y un David Ricardo que en 1821 ya rectificó públicamente sobre esto. Durante dos siglos, capital y trabajo se necesitaban y por eso ambos cobraban. Esa es la pieza que se mueve.


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