Una Bruja Intentó Dañar A Mi Bebé Historias De Terror - REDE

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Una bruja intentó dañar a mi bebé. Me gustaba ver pelÃculas de terror y de suspenso. Aunque no era creyente de los fenómenos paranormales ni de las prácticas de adivinación y esoterismo. Estaba a punto de terminar la Universidad. Cuando entré a trabajar a un estudio de publicidad, entré como becaria en un inicio hacÃa el trabajo que a los diseñadores no les gustaba. Me mandaban a tomar muchas fotografÃas a los productos que los clientes vendÃan para después diseñar un catálogo de la mercancÃa que se vendÃa en el estudio. Conocà a Beto, Ãl era diseñador. TenÃa varios años trabajando en el estudio. Un Viernes por mes nos reunÃamos los compañeros de trabajo para ir a un bar a platicar y tomar una cerveza en lo personal. No me gustaba beber alcohol. Lo hacÃa para mejorar mi relación con los compañeros de trabajo. Con Beto era con quien llevaba mejor relación. A él tampoco le gustaba beber alcohol a lo mucho se tomaba una michelada. Conforme pasó el tiempo. La relación de amistad que tenÃa con veto se fue haciendo más sólida. Ni siquiera percibimos el momento en que nos hicimos novios. Duramos más de dos años en nuestro noviazgo, hasta que un dia Beto me pidió que me casara con él. Acepté a vivir una vida a su lado, pero no de la manera convencional. No pretendÃa tener una boda extravagante ni gastar la mayor parte de mis ahorros. En una fiesta con muchos invitados. Le dije a Beto que nos fuéramos a vivir juntos, podrÃamos compartir los gastos y con el tiempo comprar un departamento para no estar pagando una renta tan cara. Por un momento creà que a Betto no le habÃa agradado mi idea porque lo vi muy serio. Al contrario, se puso contento por el comentario que le hice. Ocasionalmente me habÃa dicho que él estuvo en una relación de muchos años. Se casó con una mujer de nombre Carmen. Ãl hizo el intento de darme más de talle de su relación, pero le dije que no lo hiciera. No tenÃa la obligación de decirme las parejas que tuvo antes de conocerme su pasado. No me interesaba. Beto me hizo la aclaración que me lo decÃa porque no se iba a poder casar conmigo por la iglesia sólo de manera legal. Sonreà diciéndole que ni siquiera me querÃa casar, Asà que no me importaba. Cuando le comenté a mis padres y a mis hermanos que me iba a ir a vivir al lado de Beto, A mi familia no les encantó mi decisión. Lo bueno fue que la respetaron y no me prohibieron que lo hiciera. No era tan común que una mujer se fuera a vivir al lado de su novio. Eran los años noventa y no estaba bien visto, aunque no me importó que la gente que me conocÃa Murmurara. Fue un veintiuno de marzo cuando nos fuimos a vivir juntos, Beto estaba más que emocionado. Rentamos un departamento muy pequeño en una parte céntrica de Guadalajara. Tuvimos suerte de que la renta no estuviera tan elevada, sobre todo por la ubicación que tenÃa. El departamento nos quedaba muy cerca del estudio en el que trabajábamos. Incluso podÃamos irnos caminando o en bicicleta. Me llevé la bicicleta que tenÃa en mi casa. Era una actividad que disfrutaba mucho por lo regular los fines de semana iba a recorrer la ciudad en mi bicicleta, por lo que no quise perder la oportunidad de irme a mi trabajo en mi bici Los primeros meses que estuve viviendo con Beto fue un tiempo de adaptación a nuestra nueva forma de vivir. Tuvimos algunos desacuerdos, aunque no fue nada de importancia. Beto me llegó a decir en varias ocasiones que se sentÃa muy feliz de que estuviéramos juntos. En su anterior relación tuvo muchos conflictos. Ãl no se querÃa separar, pero su esposa Loor y yo a hacerlo. No era que no le creyera abeto lo que me decÃa, pero sabÃa que en una relación de parejas siempre habÃa dos versiones. Hubo una ocasión en la que se fue la luz en el edificio. Estaba lloviendo muy fuerte a. Además, sabÃa tormenta eléctrica era por la noche y estábamos lavando nuestra ropa. La lavadora se encontraba en la azotea. TenÃa el cuarto techado, asà que no habÃa problema de que nos mojáramos. Noté que Beto se puso muy alterado. Le dije que se tranquilizara. No sucedÃa nada. En un par de horas regresarÃa a la luz. Sin embargo, Beto seguÃa nervioso. Me dijo que nos bajáramos a nuestro departamento. Al dÃa siguiente él terminarÃa de lavar la ropa. No estuve de acuerdo. QuerÃa terminar de lavar. Sin embargo, Beto me jaló del brazo y comenzó a llevarme a las escaleras. Me molesté un poco. Le dije que no me obligará a hacer algo que no querÃa, pero él no me escuchó. Me llevó casi a rastras hasta que llegamos al departamento lo confronté. Le pregunté por qué me habÃa hecho eso. Si él no querÃa lavar la ropa, no tenÃa ningún derecho a obligarme. Beto continuaba muy susceptible. Comenzó a tartamudear me ofreció una disculpa me medio. Dijo que tuvo mucho miedo a que algo malo me sucediera. Le dije que no entendÃa lo que me querÃa decir si solamente estaba lloviendo y se fue la luz. Antes de darme una explicación, encendió las velas que tenÃamos disponibles, cerró las ventanas, estuvo buscando debajo de los sillones en las dos habitaciones. Pensé que estaba tratando de jugar, pero Beto siempre habÃa sido una persona que no le gustaba gastar bromas. Esperé su explicación un tanto impaciente. Me pidió que me sentara en el sillón con voz baja. Empezó a decirme que su ex esposa era una bruja y que lo habÃa maldecido por separarse de ella. Trató de hacerle unos amarres para que nunca la dejara, pero la madre de Beto se dio cuenta del daño que le habÃan hecho, por lo que él lo llevó a que lo curaran. Todo lo que me dijo. Beto me tomó por sorpresa. No daba crédito a lo que me estaba diciendo, sobre todo porque cuando Ãbamos al cine a ver una pelÃcula de terror, él se burlaba de los efectos especiales o de la propia historia. Me decÃa que todo era fantasÃa e inverosÃmil. Primero le pregunté el motivo por el que estaba susurrando. Si solamente estábamos los dos dentro del departamento y por qué me decÃa todo eso de su ex esposa. No tenÃa nada que ver con que se fuera a la luz y hubiera una tormenta eléctrica. Beto me pidió que bajara la voz. Me puso su dedo Ãndice en mi boca. En aquel momento que Beto se comportó de una forma extraña, dudé de su verdad. Creà que me habÃa ido a vivir con un loco. Hubo un momento en que pasó por mi mente dejarlo esa noche porque no sabÃa de lo que era capaz. Alterado de su sistema nervioso. Me detuve de hacerlo porque estaba lloviendo intensamente y hubo un destello de un rayo que cayó muy cerca del edificio. En ese instante se iluminó la sala del departamento. No pude ver con completa claridad, pero noté la silueta de una mujer afuera de la ventana, pero cómo la lluvia estaba muy fuerte. Cuando me iba a acercar a la ventana para ver con más claridad, Beto me detuvo del brazo. Me dijo que no lo hiciera. Comenzaba a exasperarme la actitud tan nerviosa y manipuladora de Beto. Le dije molesta que me soltara. Iba a decirle más cosas. Cuando regresó la luz, Beto comenzó a calmarse poco a poco, enseguida que lo noté más tranquilo, le pedà una explicación. Ãl se sentó en el sillón y comenzó a contarme que, cuando estuvo viviendo al lado de su esposa, ella era una mujer muy controladora. Todo el tiempo querÃa saber lo que estaba haciendo, con quién trabajaba. Lo llamaba constantemente a su celular si por algún motivo no le contestaba. Al llegar a casa, estaba sumamente furiosa. Lo peor ocurrió cuando ella quedó embarazada. Su ex esposa anhelaba tener un hijo. La primera vez que quedó en cinta a los dos meses perdió el producto. Tuvo una hemorragia en la madrugada b r r o o la llevó de inmediato al hospital, pero los médicos no pudieron hacer nada. Me dijo que le practicaron un legrado. Aquella vez. Ella estuvo muy triste. Se deprimió por casi un año, dejó de mantener el control. Su ex esposa se sumió en una depresión profunda hasta que aceptó ir con un médico, el cual le recomendó terapia psicológica y el apoyo de medicamentos psiquiátricos. Hasta ese punto no entendÃa el motivo por el que Beto me contara todo eso. No quise interrumpirlo. Continuó diciéndome que su pareja salió adelante de aquella depresión. Incluso mejoró el trato que tenÃa con él. Dejó de tratar de controlarlo. Todo marchaba muy bien. Cuando ella quedó nuevamente embarazada, estuvo más tranquila. Trató de cuidarse mejor. Sin embargo, volvió a suceder lo mismo. Apenas tenÃa seis semanas de embarazo. Ella se levantó al baño en la madrugada como lazó a gritarle. A Beto le dijo que le dio un dolor muy fuerte en el estómago y tuvo la sensación de querer hacer del baño. Cuando se sentó en la taza del baño, arrojó una bola pequeña sanguinolenta. Su ex esposa nuevamente habÃa tenido un aborto. Nuevamente pasó por el mismo proceso. Hubo una tercera vez que ella quedó embarazada. Nuevamente sucedió lo mismo. Beto y ella se acercaron con especialistas, genetistas y personal con conocimiento de fertilidad. Después de varios estudios que les hicieron a los dos, llegaron a la conclusión de que no eran compatibles como pareja por el tipo de sangre rh negativo que tenÃa. Ella no permitÃa que su matriz pudiera retener el producto, por lo que en poco tiempo su cuerpo lo rechazaba. Les dieron un tratamiento que, aparte de ser muy costoso, no funcionó. A partir que le dijeron a su ex esposa que mejor pensara en la adopción. Ella salió furiosa del hospital los maldijo y comenzó a tener actitudes extrañas. Dejó de trabajar y se dedicó a leer libros sobre esoterismo, rituales y maneras de conseguir trascender. Después de la muerte, Beto me dijo que comenzaron a tener muchos problemas porque ella empezó a querer controlarlo más. Se ponÃa celosa con cualquier mujer que volteara a ver su matrimonio. Se convirtió en una cárcel en la que ya no quiso quedarse. Cuando Beto le dijo a la que era su esposa que se querÃa separar de ella, le lanzó una maldición. Le dijo que jamás se iba a deshacer de ella y si no le importaba deshacer el pacto que hicieron ante Dios de vivir juntos hasta que la muerte lo separara, ella iba a hacer otro pacto con el demonio para que nunca fuera feliz. Beto concluyó diciéndome que esa fue la última vez que estuvo con ella. Pero a partir que se separó de su esposa, a él le comenzaron a pasar acontecimientos extraños, sobre todo por las noches y en la oscuridad. Le pregunté qué tipo de hechos veÃa. No pudo terminar de decirme porque llamaron a la puerta con insistencia. Se me hizo muy raro que a esa hora de la noche estuvieran tocando. Ya pasaban de las once de la noche y no tenÃamos amistad con ninguno de los vecinos. Beto se levantó con rapidez. Me dijo que no me moviera, que me quedara sentada. Se asomó por la mirilla de la puerta, se regresó de inmediato a sentarse a mi lado. Me abrazó y me hizo la señal de que guardara silencio. Los golpes en la puerta fueron con mayor intensidad. Hice el intento de levantarme del sillón, pero Beto no me lo permitió. Me agarró con fuerza de la cintura. Me dijo que me estuviera sentada y en silencio. Después dejaron de tocar en la puerta. Le pedà una explicación porque tuvo una conducta muy extraña. Beto me tomó de las manos. Las suyas estaban temblorosas y frÃas. Me dio la impresión de que tenÃa mucho miedo que to y que todo do lo que me decÃa era verdad. Fui a la cocina para preparar un té para los nervios. Le pedà que se tranquilizara y que tratara de explicarme lo que sucedÃa. Beto se tomó el contenido de la taza. La lluvia estaba comenzando a ceder. Sólo quedaba una suave brisa ya estaba más tranquilo. Se asomó por la ventana. Luego abrió la puerta. En el pasillo no habÃa nadie, Sólo me habló para que me acercara En el piso. HabÃa huellas de que alguien estuvo en el pasillo mientras llovÃa porque estaba mojado. Ãl me dijo que era la evidencia de que alguien estuvo ahÃ. Le dije que era verdad, porque estuvieron tocando con vehemencia en la puerta, sólo que él no abrió la puerta. Beto me respondió un poco alterado que no la abrió porque no habÃa nadie en el pasillo. Me confundió un poco, asà que ya no le pregunté nada. PreferÃa hablar con él cuando estuviera más tranquilo, porque en el estado tan alterado en el que se encontraba decÃa a varias n s NSs y no lograba entenderlo del todo. Nos fuimos a la cama, aunque noté que Beto seguÃa muy nervioso. Logró dormirse, pero sentÃa cuando brincaba y de repente se ponÃa a temblar. SabÃa que algo malo le sucedió con su ex esposa, aunque no pude saber qué fue realmente lo que ocurrió. Al dÃa siguiente, Beto se despertó como si nada hubiera sucedido. Se nos hizo tarde para llegar al trabajo. Ãbamos retrasados, por lo que no platicamos sobre lo acontecido en la noche. Me gustaba ir al trabajo en bicicleta, pero ese dÃa no fue posible hacerlo. Pedimos un auto de alquiler para llegar los dos a tiempo de regreso, preferimos caminar un poco en el parque que estaba cerca de la casa. Encontramos a un gato pequeño. Le pregunté a Beto si nos podÃamos quedar con él. No esperé su respuesta. Agarré el gato y lo llevé al departamento. Pronto nos adaptamos a tener una mascota. Le puse de nombre Mefistófeles le decÃa de cariño Memphis. El gato andaba por todo el departamento sin ser una molestia. Sólo empecé a notar que por las noches tenÃa un comportamiento raro. SabÃa que los gatos eran por lo regular nocturnos. Por eso no le tomé la debida importancia. Dejaba la puerta abierta de nuestro dormitorio por si querÃa entrar o salir a cierta hora de la noche. Notaba que Memphis se quedaba parado en el umbral de la puerta maullando hacia la ventana. HabÃa aprendido a conocer a mi gato. Ãl solo maullaba cuando querÃa algo, por lo que se me hacÃa inquietante que él maullara con tanta insistencia en la ventana. Beto tomaba medicamento para dormir, asà que no se daba cuenta de lo que sucedÃa en la noche. Le comenté lo que hacÃa el gato. Ãl me dijo que era muy extraño. Compró una cámara para que grabara al gato por las noches, o cuando no estuviéramos esa noche que Beto puso la cámara, Memphis estaba muy inquieto. Me despertó porque tumbó un objeto del escritorio. Me levanté para ver qué le sucedió. Miraba con insistencia en la puerta principal. Estaba parado maullando. Lo abracé y se puso más inquieto. Incluso me arañó el brazo. Lo solté y escuché unos pasos en el pasillo. Abrà la puerta sin conseguir ver a nadie. En cuanto tuvimos tiempo, comenzamos a ver el vÃdeo del gato. Lo que vimos nos dio mucho miedo. Nuestro gato estaba parado frente a un ser que flotaba y se movÃa por todo el departamento. Beto revisó por varias ocasiones. El vÃdeo se agarró la cabeza. Me dijo que era ella. Le pedà que se calmara y me explicara a qué se referÃa, porque me daba miedo no saber a qué nos enfrentábamos. Ãl me dijo que era la venganza de su ex esposa, ya se lo habÃa advertido. Seguramente se trataba de algún demonio con el que hizo un pacto. Le pedà que se tranquilizara. Ãbamos a encontrar una solución a lo que nos sucedÃa. Si era necesario, nos cambiarÃamos de departamento. Ãl se calmó. Me dijo que iba a comprar otras dos cámaras para mantener vigilado el departamento desde distintos ángulos. En aquel momento creà que era una solución muy buena. No pude ponerle más atención al gato porque me empecé a sentir mal. TenÃa náuseas. Fui al baño a vomitar. Beto me dijo que si no mejoraba lo ideal era que fuera al médico. Al dÃa siguiente me sentà peor. El vómito no cedÃa. Fui a consulta en una farmacia cercana cuando le dije al doctor los sÃntomas que tenÃa. Me preguntó si me habÃa hecho alguna prueba de embarazo. Le respondà que no. Me sacó sangre. Me dijo que al dÃa siguiente fuera para saber los resultados. No habÃa lugar a dudas. Estaba embarazada. No estaba dentro de mis planes ser madre tan pronto, pero tampoco compartÃa la idea de tener un aborto. Le dije a Beto lo que me sucedÃa. Ãl se puso muy contento. Me dijo que me apoyarÃa en la decisión que tomara. Le dije que no habÃa nada que pensar. Nuestro bebé era bienvenido. No sabÃa si lo animales tenÃan la facultad de darse cuenta de un embarazo. En el caso de Memphis, él no querÃa que me le acercara. ParecÃa que le molestaba el hecho de que estuviera embarazada. AcudÃa a mi control mensual con el médico. Me sentÃa muy mal. Le dije al doctor que me dolÃa mucho la cabeza, me sentÃa muy cansada y por las noches tenÃa la sensación de que no podÃa respirar con facilidad. Además, el vómito no cesaba ni siquiera podÃa tomar agua porque no me sentÃa bien. El doctor me dijo que era normal. Los primeros meses de gestación eran difÃciles, pero en mi caso, después de tres meses todas las molestias pasarÃan medio tratamiento para que pudiera sobrellevar los sÃntomas, pero seguÃa sintiéndome muy mal. Pedà permiso de una semana en el estudio para poder descansar. Sin embargo, el cansancio y la somnolencia cada vez eran peores. Beto me sugirió ir con otro doctor. Me llevó con una ginecóloga. Ella me dio otro tipo de tratasen que no me ayudó mucho. El malestar siguió cada dÃa me debilitaba más al grado que no me podÃa ni levantar de la cama. El médico decÃa que no entendÃa lo que me sucedÃa. El bebé estaba bien. Los análisis normales, me daba vitaminas y no mejoraba. Las náuseas y el vómito habÃan desaparecido, pero el cansancio y la falta de oxÃgeno eran permanentes. Le pedà a mi madre que me ayudara. Ella habÃa tenido cuatro hijos. Me podÃa dar algunos remedios o consejos. Mi mamá iba a visitarme casi todas las tardes. Un dÃa me dijo que querÃa platicar conmigo. Me comentó que no era normal lo que me sucedÃa. TenÃa miedo de que alguna persona me hubiera hecho algún daño. No entendà lo que me querÃa decir. Le pedà que fuera más clara. Mi mamá me dijo que no perdÃamos nada si Ãbamos con una persona que supiera de limpias y de maldiciones. Hasta ese momento me acordé de lo que Beto me habÃa dicho sobre su exesposa. Le platiqué lo que sabÃa de aquella mujer. A mi mamá ella de inmediato me dijo que al dÃa siguiente irÃamos con una conocida y que era de su confianza. No le quise decir nada abeto hasta que fuera con mi madre y aquella mujer. Por la tarde fuimos a un local que se dedicaba a la adivinación limpias lectura de cartas del tarot. La señora era una mujer muy joven. Tuve desconfianza de que tuviera el conocimiento y la experiencia necesaria, aunque como iba con mi mamá, me sentà segura. La mujer tenÃa un paño de color rojo amarrado en su cabeza. Encendió varios inciensos en distintas partes del local. Antes de tocarme el vientre. Hizo una oración a San Benito y a San Miguel Arcángel. Dejó su mano sobre mi vientre, cerró sus ojos. Estuvo unos segundos haciendo oración. De pronto quitó su mano de mi estómago e hizo una mueca de miedo. Reaccionó pronto y cambió de inmediato. Tomó un péndulo con un cuarzo y lo puso frente a mi vientre. Ya tenÃa más de tres meses de gestación. Apenas comenzaba a notarse mi barriga enseguida que terminó su ritual. Nos dijo que ya sabÃa lo que estaba sucediendo. Me habÃan hecho una maldición para que mi bebé no llegara a término en una muñeca. Hicieron la magia negra, la ataron a un cordón umbilical con pelo de caballo intentaba dañar al bebé desde el interior de mi vientre. No tuve la menor idea de cómo ella logró saber todo eso. Ni siquiera tenÃa la certeza de que fuera cierto, aunque en mi interior sabÃa que tenÃa razón. La mujer hizo otro ritual para quitarme el daño y también otro de protección. Me di cuenta de que era verdad. Al sentirme bien poco a poco, las molestias que tenÃa comenzaron a desaparecer. La mujer nos dijo que necesitaba ir en dos ocasiones más para que no me volvieran a hacer lo mismo, porque seguramente la persona que me quiso dañar intentarÃa ser otro ritual más poderoso. Mi madre me dijo que ella me acompañarÃa las veces que fuera necesario. Estaba nerviosa esperando que Beto llegara del trabajo para que me hablara más de su ex esposa. En cuanto escuché que la llave entró en la cerradura, me empecé a sentir inquieta. Beto llegó con su cara pálida. Me dijo que se sintió mal la mayor parte del dÃa sentÃa revuelto el estómago de pronto corrió al baño a vomitar. En ese momento me di cuenta que todos mis malestares habÃan desaparecido y quizás le habÃa transferido a Beto el daño que me quiso ocasionar. Su ex esposa. Cuando regresó del baño se le veÃa un poco mejor. Le pedà que se sentara y que me escuchara con atención. Le conté lo que hice y lo que me dijo la mujer del local esotérico. Mientras le contaba lo sucedido, Vetua sentÃa enseguida que terminé de contarle todo. Beto me dijo que no tenÃa la menor duda de que era ella su ex esposa la que los dañó porque ella se dedicaba a la brujerÃa, al igual que su hermana y su madre, y que no serÃa tan fácil que los dejara en paz. Beto me confesó que desde que se separó de ella, empezó a tenerle mucho miedo a la oscuridad, porque sentÃa la presencia de un ser siniestro que lo querÃa dañar. Cuando se encontraba del lado de luz, se sentÃa más protegido y el ser no se aparecÃa. La siguiente vez que fui a ver a la mujer que me estaba liberando de la maldición que me habÃa hecho, también Beto fue conmigo. Ella en cuanto lo vio, supo el motivo por el que lo llevaba. Me dijo que no iba a ser tan fácil quitarnos la brujerÃa que nos hicieron. Al parecer se le habÃa transferido a Beto. La mujer hizo distintos rituales. Nos dijo que tendrÃamos que ir cada mes porque la maldición era muy poderosa. Aún seguimos yendo con ella. Cada vez nos sentimos mejor. Mi embarazo transcurrió tranquilo sin ninguna dificultad, aunque todavÃa cuando se hace de noche y en los lugares en los que no llega luz, sentimos la presencia de un ser. Compramos lámparas pequeñas que dejamos encendidas por todas partes de la casa para evitar la oscuridad. Con frecuencia esparcimos agua bendita. Cuando lo hago, escucho un sonido gutural extraño. TodavÃa seguimos luchando contra la persona que nos quiso afectar. Cuando se hace de noche sentimos un poco de temor que va desapareciendo. Conforme, el alba comienza a aparecer. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








