Un Brujo Le Dio Mi Alma Al Diablo Historias De Terror - REDE

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Nota de Adriana Cuevas. Las posesiones demonÃacas han existido desde épocas antiguas en diferentes tipos de culturas hasta la actualidad. Existe una controversia entre ciencia y religión. Desde la perspectiva cientÃfica afirma que los signos que presentan los poseÃdos, como el hablar en una lengua distinta, la levitación, la aberración a los objetos religiosos, el cambio de voz, la doble personalidad puede deberse a un cuadro de neurosiso de esquizofrenia y que cuando se presenta la amnesia, es por causa de la sobrecarga funcional del cerebro. En cambio, la religión argumenta que el bien y el mal existen, por lo que hay personas que son más receptivas y sensibles ante la presencia de un ser maligno. Resulta ser el huésped idóneo para que el demonio se instale en ese cuerpo ante una situación como la posesión demonÃaca, la religión y la ciencia dan argumentos contundentes para afirmar que puede tratarse del mal dentro de un cuerpo, o quizás se deba a un problema mental. Los siguientes casos fueron hechos que le sucedieron a gente que conocà muy de cerca. Primer caso, hace varios años, cuando era niña, me sucedieron eventos que en su momento no entendÃ, no tenÃa la edad necesaria para saber lo que sucedÃa a mi alrededor, principalmente porque mantenÃa un vÃnculo de amor y cariño hacia la persona que le pasaron los hechos extraños. Me sentÃa amenazada, sin saber el motivo que lo causaba, al intentar contarles lo que siempre habÃa callado. Se llena mi cuerpo de escalofrÃos y de miedo, pero no cualquier miedo, sino uno inquietante que rebasa mis sentidos. Es el motivo por el que siempre mantengo un estado de alerta. No tengo la seguridad, pero creo que todo se originó cuando la hermana de mi mamá se fue a vivir al estado de Michoacán. Después que se casó, ellas eran muy unidas porque eran hijas únicas. Mi tÃa venÃa a visitarnos con mucha frecuencia durante el año. Al menos nos veÃamos tres veces, incluso más ocasiones. Nos gustaba ir a Michoacán para las festividades del dos de noviembre, porque en Pascuaro se celebraba de una manera muy especial el dÃa de Muertos. El centro del pueblo se llenaba de gente y de autos, pero no tenÃamos ningún inconveniente. La casa de mi tÃa era muy grande y se encontraba no tan distante del centro, por lo que podÃamos ir caminando la noche previa al dÃa de muertos. Era toda una fiesta en el Cementerio y también en la isla de Janitzio. Las lanchas se llenaban de personas para ir a la isla que se encontraba iluminada con muchas veladoras. Recuerdo que era el año de mil novecientos noventa y seis cuando fuimos a pasar las festividades al lado de mi tÃa. Ella tenÃa tres hijas. Me llevaba muy bien con mis primas, aunque rosa era con quien mantenÃa un vÃnculo más estrecho. Casi Ãramos de la misma edad y tenÃamos muchas afinidades en común. Aquel dÃa, que considero fue el inicio del calvario de mi prima y de la familia. Fuimos a la parte de donde partÃan las lanchas para ir a la isla de Janitzio. HabÃa dos muelles, uno general que se encontraba sobre la Calle de las Américas y otro más conocido por los pobladores de Pátzcuaro, el Muelle de San Pedrito. Las lanchas eran grandes, tenÃan una capacidad de muchas personas. Después de esperar nuestro turno partimos. En aquella ocasión, mi papá no pudo acompañarnos por problemas que tenÃa en el trabajo. Sólo iba con mi mamá y mi hermana. Mi tÃa alma ya llevaba varios años viviendo en Michoacán, por lo que ella habÃa hecho una red de amistades que me sorprendÃa mucho. Nos dijo que tenÃa una amiga en la isla de JanÃ. Las personas que vivÃan en el pueblo flotante eran de origen purépecha. Mi tÃa nos dijo que ellos todavÃa conservaban sus costumbres y tradiciones. Nos fuimos mucho antes de que empezara la celebración. Mi tÃa nos comentó que podÃamos llegar a la casa de su amiga. Ella tenÃa un restaurante pequeño en el que podÃamos comer y esperar la celebración por la noche. No me gustaba que el lugar se llenaba de mucha gente, pero cuando estábamos enfadadas podÃamos entrar a la casa de la amiga de mi tÃa. Nos gustaba ver lo que tenÃa al interior de su vivienda, porque eran cosas muy distintas a las nuestras. Durante el festejo del dÃa de Muertos hubo un momento en que perdà de vista a mi prima la busqué y no la pude encontrar. Me acerqué con mi mamá para decirle que no veÃa a rosa por ningún lado. Mi tÃa también se dio cuenta. Entre todos comenzamos a buscarla sin poder encontrarla. Mi tÃa les pidió a las personas cercanas a ella que le ayudaran a buscar a su hija. Aquellos momentos fueron angustiantes. VeÃa a mis tÃos como locos, averiguando por todas partes. Mi tÃo se fue al centro de Pátzcuaro a levantar un reporte para que se generalizara la búsqueda de Rosa. De pronto de entre la oscuridad salió ella caminando venÃa en un estado catártico. Todos corrimos a abrazarla y preguntarle dónde habÃa estado. Ella no respondió ni siquiera nos volteó a ver. IntuÃa que algo malo le habÃa ocurrido. No quise hacerle más preguntas. Me limité a abrazarla y decirle que todos estábamos muy preocupados por ella. La celebración del DÃa de muertos ya no fue la misma en cuanto se pudo partimos de la isla de Janitzio para ir a la casa de mi tÃa. Era la primera vez que no nos quedábamos tan tarde a celebrar dormÃa en la misma habitación que mi prima. Pensé que cuando pudiéramos estar a solas, ella me contarÃa lo que habÃa sucedido. Nos fuimos a acostar, pero ella no habló nada. SeguÃa ausente. Al dÃa siguiente, mi tÃa llevó a Rosa con un médico porque seguÃa teniendo conductas extrañas. El doctor le corroboró a su mamá lo que presentÃa. HabÃan abusado sexualmente de ella. En aquella época no entendÃa a qué se referÃan, por lo que no le tomé la importancia de vida. No duramos más de una semana. Nos regresamos a Guadalajara. Cuando me despedà de mi prima, ella comenzaba a hablar un poco más. Me sonrió un poco y me dijo que nos verÃamos muy pronto. Le iba a decir a su mamá que la llevará a visitarme lo antes posible, porque tenÃa muchas cosas que contarme antes de que nos marcháramos. Rosa se acercó y me susurró unas palabras en el oÃdo que no entendÃ. Le dije que no sabÃa lo que me habÃa dicho, pero ella no me explicó. Sólo se limitó a sonreÃr. Esa fue la primera vez que sentà algo extraño. Cuando estuve cerca de ella, me fui de con una sensación de confusión. La siguiente vez que nos reunimos no pasó tanto tiempo, porque estaba la vÃspera de Navidad. Mi tÃa vino de michoacán con su familia. A excepción de su esposo. Mi tÃo no pudo venirse con ellas. Dijo que llegarÃa en la nochebuena. Por lo regular, mi tÃa llegaba a casa de sus padres, pero en esa ocasión no lo pudo hacer porque llegó visita de Estados Unidos, por lo que mi tÃa, junto con mis primas, se fueron a hospedar en mi casa para esa fecha. Ya no me acordaba lo que habÃa sucedido. El dos de noviembre, rosa quiso dormir en mi habitación. Nos dormÃamos un poco más tarde jugando aquella noche. Fue la primera vez que me contó que sus padres se peleaban mucho. Algunas veces llegó a esconderse y los escuchaba discutir. Me dijo que hablaron de divorcio y de quién se iba a quedar con la custodia de los hijos. Aunque tenÃamos diez años y no sabÃamos las implicaciones de un divorcio. Mi prima lloró me dijo que no querÃa que sus padres se separaran. También me contó que iban a unas reuniones en las que sólo eran aceptados los matrimonios con sus respectivos hijos. Era un centro de oración en el que aprendió a usar una baraja muy distinta a la que conocÃa. Con ella era posible adivinar el futuro de las personas. Se me hizo bastante raro que se refiriera al lugar de reuniones al que iban como centro de oración, pero la verdad, en aquel momento no le tomé nada de importancia. Al contrario, le pedà que me enseñara a usar la baraja antes de irnos a dormir rosa. Me dijo que tenÃa algo más que Mostrarme sacó una tabla que tenÃa inscrito el abecedario. Me dijo que era una huija. Pensé que se trataba de un juego de mesa, pero cuando ella me explicó para lo que era, no me gustó la idea de jugar. Le dije que no querÃa hacerlo. Le pregunté si sus papás sabÃan de la existencia de la tabla y si estaban de acuerdo en que la usara ella me respondió que sÃ. Ellos se la habÃan comprado. No le pregunté más, pero ella insistÃa en que jugáramos con la tabla. Le dije que no querÃa. Me pidió que solamente una vez para que viera cómo funcionaba más forzada que de ganas. Acepté porque insistió mucho rosa. Le hizo una pregunta sencilla. A la hija le preguntó si sus padres se iban a divorciar el triángulo que ella mantenÃa detenido con sus dedos. Se movió y respondió que sÃ. Mi prima iba a hacer otra pregunta. Cuando la detuve, le dije que basta, no querÃa usar su tabla. Ella se molestó un poco y la guardó en su mochila. La puso debajo de su cama y se acostó a dormir. Ya no platicó conmigo. Me di cuenta que era la primera vez que nos salÃamos de acuerdo. Me empecé a quedar dormida caà en un sueño profundo cuando de repente me despertó un ruido extraño. Miré a mi prima y se movÃa de una manera rara. Al mismo tiempo hacÃa unos sonidos guturales, muy feos. De inmediato le grité a mi mamá. Ella llegó corriendo asustada. Detrás de ella se vino mi tÃa. En cuanto vio a mi prima, se acercó para ponerla de lado. Mi tÃa nos dijo que Rosa estaba convulsionando. Era la primera vez que veÃa a una persona que tuviera un ataque epiléptico. Me asusté mucho tanto que ya no querÃa dormir en la misma habitación con mi prima. Después de unos minutos que me parecieron largos, Rosa se recuperó de la convulsión. En un principio quedó desorientada. ParecÃa que no se daba cuenta de lo que sucedÃa, porque preguntó por qué estábamos todos alrededor de ella. Mi tÃa le explicó que habÃa tenido otra convulsión luego del susto que nos dio mi prima. Mi mamá quiso hablar con mi tÃa, Rosa se quedó dormida. Mi tÃa dijo que siempre que le daba una crisis, quedaba muy cansada y se dormÃa por mucho tiempo. Cuando la vi profundamente dormida, yo no tenÃa nada de sueño por el susto que me dio. Me salà de mi cuarto por un vaso con agua. Escuché Cuando mi mamá hablaba con mi tÃa sobre la enfermedad de Rosa, ella le dijo que era una de las secuelas que le habÃan quedado. Después de aquel dÃa que desapareció en Chanitzio, ya la habÃan llevado al neurólogo. Después de varios estudios que le hicieron, el médico dijo que no encontraba ninguna anormalidad en su cerebro. Ãl creÃa que todo era producto de una experiencia traumática, por lo que sugirió que la llevara al psicólogo y, en caso de ser necesario, al psiquiatra. Mi tÃa siguió diciéndole a mi mamá que Rosa se encontraba en terapia. Por desgracia, no habÃa mejorado. Ya no sabÃan cómo encontrar la solución. Mi mamá le sugirió que se acercara más a Dios, que él era el único que la podÃa ayudar. Mi tÃa le dijo que ya sabÃa que sus creencias no eran las mismas. Ella habÃa encontrado un lugar en el que la ayudaba mucho, pero no era precisamente una iglesia. Mi tÃa alma le siguió diciendo a mi mamá a qué lugar iba para buscar el apoyo de una deidad la verdad. Ya no entendà el resto de la conversación y me fui a acostar de nuevo. Con el paso de los años, supe que al lugar al que iba mi tÃa y su familia era un centro esotérico en el que le enseñaban rituales para favorecer la suerte, asà como para predecir el futuro. Y más cosas. Antes de irme a acostar, fui a ver a mi prima para saber cómo estaba. SeguÃa profundamente dormida. Al parecer, la convulsión le minaba toda su energÃa. Me llevó tiempo poder dormirme porque entre sueños veÃa el rostro de mi prima. Cuando convulsionaba, desperté alterada, pero rosa seguÃa dormida. Sólo escuché que balbuceaba unas palabras que no entendÃ. A partir de ese momento estuvo inquieta. De repente se movÃa frenéticamente como si alguien la quisiera lastimar. En uno de esos momentos gritó muy fuerte. Hizo que todos fueran a nuestra habitación para ver qué sucedÃa. Mi prima despertó extrañada. Su mamá le preguntó qué le habÃa pasado rosa. Se limitó a decir que nada. No recordaba, absolutamente nada. Después de aquella noche, los demás dÃas transcurrieron más tranquilos. Lo único raro fue en la nochebuena. Todos nos reunimos en la casa de mi abuela. Uno de mis tÃos puso villancicos y enseguida. Una parte de la familia se salió de la casa para pedir posada. La otra parte se quedó al interior de la vivienda. A los niños nos hicieron salirnos para cantar a otra de mis primas. La vistieron con un manto azul y le cubrieron su cabeza con otro de color blanco. Ella era la Virgen MarÃa. A todos nos dieron una vela encendida. A la vela le pusieron un vaso desechable para que la cera derretida se quedara en el vaso y no nos fuera a quemar mientras cantábamos. No nos no supe qué fue lo que ocurrió, pero mi prima rosa le prendió fuego a la camisa de uno de mis primos. El de inmediato comenzó a gritar. Mis tÃos le apagaron el fuego mientras que Rosa se estaba riendo como si sólo se tratara de una travesura. Me acerqué a ella para decirle que eso no se hacÃa. Pudo haber ocasionado una lesión muy grave a mi primo, pero ella se limitó a sonreÃr Cuando mi tÃa se dio cuenta de que habÃa sido Rosa la que ocasionó el percance, la regañó y la castigó, pero Creo que a mi prima ni siquiera le importó porque seguÃa sonriendo. Aquella vez me di cuenta de que algo malo habÃa en ella. Luego que pasaron las festividades navideñas, mi tÃa me preguntó si notaba distinta. A Rosa me sorprendió su pregunta. Le respondà que mi prima de repente tenÃa conductas que no me gustaban y que cuando dormÃa su sueño era muy inquieto. Incluso decÃa palabras que no entendÃa como si hablara en otra lengua. Mi tÃa nos dijo que su hija habÃa cambiado drásticamente también en su casa. HacÃa cosas extrañas. Nos contó que una noche se levantó porque escuchó ruidos en la cocina. Le asustó mucho ver a Rosa parada en la oscuridad sin hacer nada. ParecÃa como si fuera sonámbula, aunque ella nunca lo habÃa sido. Mi tÃa no pudo más y se puso a llorar. Nos dijo que desde aquel incidente en la isla de Janitzio ya no fue la misma. Ella pensó que con la terapia y los tratamientos psiquiátricos iba a mejorar, pero no sucedió asÃ. Cada vez tenÃa conductas raras como la de la noche anterior. Escuchamos que Rosa se levantó y dejamos de hablar de ella a los pocos dÃas se regresaron a michoacán. A partir de esa ocasión, las visitas fueron más distantes. Apenas nos veÃamos una vez al año. Mi tÃa decÃa que gastaba mucho dinero en tratamientos para Rosa. Por eso no podÃa venir con tanta frecuencia sin hacer ningún tipo de comentario. Mis papás también nos llevaron menos. QuerÃa mucho a mi prima, pero últimamente tenÃa conductas que no me gustaban Además, ya platicábamos muy poco porque ella se encontraba metida en lecturas de libros raros, en el manejo del tarot y, peor aún, en la huija. No me gustaron los cambios que tuvo. En una ocasión escuché que mi mamá hablaba por teléfono con mi tÃa. Le decÃa que dejara de buscar respuesta en asuntos esotéricos, que mejor se acercara a Dios para que le diera su protección y la guÃa para que su hija sanara. No supe que le comentaba a mi tÃa, pero intuà que las cosas no habÃan mejorado con mi prima. La siguiente vez que fuimos a michoacán, ya éramos adolescentes, empezamos a cambiarnos sólo fÃsicamente, sino también en nuestra manera de pensar. Aquella vez sentà que se habÃa hecho un abismo con mi prima porque sus gustos cada vez eran más tenebrosos. Un dÃa me dijo que una de sus compañeras de las secundaria la habÃa visto feo. Me dijo que le hizo un conjuro para que le fuera mal y habÃa tenido resultado. Se cayó de la bicicleta y se rompió una pierna, por lo que dejó de asistir por algunas semanas a la escuela. En ese momento comenzó a reÃr a carcajadas. Incluso me dio un poco de miedo el solo pensar que yo hiciera algo que no le gustara rosa. Notó mi mirada me confrontó alterada. Me dijo que yo era una santurrona. Igual que mi mamá, me dijo cosas hirientes Respecto a mi madre. No quise discutir con ella, porque le tuve miedo a que me quisiera hacer un daño con los conocimientos que habÃa adquirido de todos los libros de rituales que leÃa. Además, ella seguÃa usando la huija. Me decÃa que siempre le respondÃa lo que le preguntaba. Esa vez se me quedó viendo de una manera perturbadora. Me dijo que le iba a hacer a la hija unas preguntas acerca de mÃ. Ya no me quedé en su recámara. Me salà con temor, ya no querÃa estar más en su casa. En cuanto tuve oportunidad, le dije a mi mamá que ya no querÃa dormir en la misma habitación que mi prima. Le dije que ya me querÃa ir de esa casa. Ella me daba miedo. Mi madre me dijo que no nos podÃamos ir de esa manera. HarÃa los preparativos para marcharnos al dÃa siguiente. Que tuviera un poco de paciencia, No tuve la certeza que mi prima se hubiera dado cuenta de lo que le comenté a mi madre, pero pareció que lo sabÃa. Traté de evitarla todo el dÃa, pero en la noche no tuve otra opción que entrar al cuarto. HabÃa pensado en agarrar una almohada y una cobija e irme a dormir al sofá de la sala. ParecÃa que ella sabÃa de mis intenciones, porque antes de que lo hiciera me preguntó por qué no querÃa dormir con ella. Si me querÃa mucho y jamás me harÃa daño, solamente lo hacÃa con personas que se portaban mal con ella, pero que tuviera cuidado de hacer algo que le molestara Con lo que me dijo. Ni siquiera hice el intento de irme a dormir a la sala. Me limité a SonreÃrle Le dije que me sentÃa muy cansada y que lo único que querÃa era dormir. Me acosté y fingà que me estaba quedando dormida. Sin embargo, ella se me acercó puso su cara casi al frente de la mÃa y me dijo unas palabras en otra lengua. Las pronunció de una manera lenta y con una voz distinta que nunca le habÃa escuchado. Le pregunté qué querÃa. No me respondió. Siguió diciendo las mismas palabras y de repente se soltó a reÃr de manera ruidosa. Mi tÃa fue a decirnos que dejáramos de hacer ruido porque los demás necesitaban dormir rosa. Guardó silencio. Se me quedó viendo fijamente con una mirada penetrante y me tomó el rostro con sus dos manos. Se acercó y me dijo que sabÃa todo acerca de mÃ, que tuviera cuidado hasta con mis pensamientos. Le pedà que me dejara en paz. Me soltó y se fue a su cama. No pude tener un sueño tranquilo. SentÃa que en cualquier momento Rosa me podÃa hacer algo. Hubo un momento en que me quedé dormida. No supe por cuánto tiempo dormà de repente algo. Me despertó vi a Rosa que estaba parada en un rincón del cuarto. Sólo la pude distinguir por la pijama de color. Claro que traÃa puesta porque la habitación se encontraba en completa oscuridad. No le dije nada. Me quedé viéndola desde mi cama. Duró un buen rato parada frente a la pared sin moverse y sin decir nada. Enseguida, se fue a acostar a su cama. De repente comenzó a convulsionar. Le hablé a mi tÃa para que acudiera a atenderla. Me generaba muchos nervios verla en ese estado. Mis tÃos llegaron de inmediato. La asistieron para que no se fuera a ahogar o a morder su lengua. La cuidaban para que no se fuera a lastimar el resto era esperar a que la convulsión pasara. Sin embargo, en esta ocasión ocurrió algo extraño. Ella no podÃa salir de la convulsión. Se sacudÃa mucho para evitar que se fuera a caer de la cama. Mi tÃa la agarró de un brazo. Mi tÃo del otro me dijo que la tomara de los pies MA mi ma. Mi mamá también estaba presente. Ella la agarró de una pierna y yo de la otra. Aunque éramos cuatro personas las que la estábamos agarrando. SentÃa una fuerza descomunal. Mi prima era de complexión delgada y bajita, por lo que se me hacÃa exagerado que no pudiéramos controlarla de pronto nos dijo unas palabras suéltenme no era su voz. Fueron unas palabras que parecÃa que las decÃa un hombre. Después dejó de convulsionar y se quedó inconsciente por unos minutos. Luego que despertó, preguntó qué estaba sucediendo, por qué todos estaban en su cuarto. Mi prima se quedó profundamente dormida. Nos salimos todos del cuarto. Mi tÃa le dijo a mi mamá que ya habÃa probado de todo, pero ella no mejoraba. Mi mamá le comentó que necesitaba dejar de ir a esos lugares esotéricos. Aún no terminaba de hablar mi mamá cuando mi tÃa le dijo que hacÃa tiempo que no lo hacÃan. Al contrario, estaban yendo a un centro de culto cristiano en el que le enseñaban a creer en Dios. Mi mamá aprovechó para decirle si habÃa pensado que Rosa podÃa tener el mal en su cuerpo que estaba poseÃda por el demonio. Mi tÃa no pudo más y se soltó llorando. Nos dijo que no era la primera vez que ocurrÃa. Ya le habÃa dicho a su pastor lo que sucedÃa con Rosa. Hubo una ocasión en que vino a la casa. El pastor oró por ella para pedirle a Dios que los ayudara. Hizo oraciones por toda la casa para que el mal desapareciera, pero no funcionó. En aquella ocasión en que el pastor las visitó, Rosa se puso a reÃrse de él y le dijo unas palabras en otra lengua. El pastor hizo caso omiso a sus burlas, aunque todo lo que hizo no sirvió absolutamente de nada. Cuando mi tÃa nos contó lo ocurrido, mi mamá le dijo si habÃa pensado en acercarse a un sacerdote católico para que él pudiera decir si se trataba de una posesión. Mi tÃa le dijo que en sus creencias no existÃa la posesión. Con la oración era posible alejar todo el mal. Eso le habÃa dicho su pastor, por lo que no habÃa hecho el intento de acercarse a un sacerdote católico. Aquella vez fue la última noche que dormÃa en la misma habitación con mi prima ella. Ya no despertó la convulsión. La habÃa dejado sin fuerzas, por lo que durmió el resto de la noche. Nos fuimos de la casa de mi tÃa. Al dÃa siguiente, mi mamá, antes de marcharnos, le comentó que si no querÃa acercarse a un sacerdote católico, habÃa otras maneras de hacerlo. ExistÃan personas que se dedicaban a hacer limpias, a proteger de los malos espÃritus. También una de ellas la podrÃa ayudar. Mi tÃa se limitó a decir que lo iba a pensar y nos marchamos. Pasó poco más de medio año para que nos volviéramos a ver un fin de semana sin previo aviso. Mi tÃa llegó con mis primas. Le pidió a mi mamá su ayuda. Le dijo que ya no podÃa con Rosa. Cada vez estaba peor. Necesitaba que la ayudara en mi casa. Nunca no nos habÃamos acercado a las prácticas esotéricas, por lo que mi mamá no tenÃa conocimiento de ello, pero le dijo a mi tÃa que en el centro habÃa muchos locales que se dedicaban a eso. Incluso en el mercado Corona y en el de San Juan de Dios habÃa gente que las podÃa ayudar. Cuando me acerqué a saludar a Rosa, ella parecÃa normal, se portó amable y cálida como lo era antes. Pensé que quizás todo era una exageración de mi tÃa, pero recordé los momentos que vivà en su casa y tuve dudas. Por la tarde estuvimos viendo una pelÃcula en lo que mi tÃa y mi mamá iban al centro a pedir ayuda. TenÃa un poco de temor dormir en el mismo cuarto con mi prima, pero como ya habÃa pasado el tiempo, el miedo casi se habÃa disipado por completo. Aquella noche no ocurrió nada. Incluso creà que mi prima ya se encontraba bien. Al dÃa siguiente tuvimos una convivencia como las que tenÃamos años atrás, pero mi tÃa seguÃa insistiendo en la en la l ayuda. Por la tarde llegó una mujer de edad madura dijo llamarse Sandra. Cuando ella llegó, estábamos viendo una pelÃcula de comedia, por lo que estábamos riéndonos de pronto. Cuando mi prima se dio cuenta de la presencia de Sandra, empezó a decir malas palabras, incluso la corrió. Le dijo que ella no tenÃa por qué estar ahÃ. Le dijo que se marchara de inmediato o lo iba a lamentar. Su voz no era la misma. Era gruesa y grave. Lo dijo con tanta furia que algunos objetos de adorno que tenÃamos en el mueble de la televisión se cayeron sin inmutarse. La vidente comenzó a hacer su ritual. Empezó caminando por cada rincón de la casa con un incienso de un olor peculiar. Después quiso amarrar una cinta roja en la muñeca de mi prima, pero ella de inmediato la rechazó. De nuevo. Le dijo que la dejara en paz o se iba a arrepentir. Al tiempo que lo dijo, un viento fuerte surgió de la nada. De pronto mi mi prima r n la comenzó a convulsionar. Se estaba golpeando nos acercamos a ayudarla, pero ella dijo que nos marcháramos. Al tiempo que lo dijo, otras cosas se cayeron después se quedó inconsciente. Sandra le dijo a mi tÃa que lo que mi prima tenÃa era el demonio, pero que era uno muy fuerte, no iba a ser fácil deshacerse de él. Sandra preguntó desde cuándo estaba asÃ. Mi tÃa le dijo que todo empezó cuando le sucedió aquel lamentable suceso. De acuerdo a lo que le dijo su pastor, el mal de aquella persona que abusó de mi prima se lo transfirió. Seguramente se trataba de una persona que se dedicaba a la magia negra para que pudiera hacerle tanto daño a su hija. Sandra le explicó a mi tÃa que lo más probable fue que en aquel momento le hicieron el mal a rosa intervine para decirle que ella también tenÃa prácticas extrañas, como el uso de la huija y conocimiento de rituales. Sandra dijo que ella no creÃa que esa fuera la causa por la que ella estaba poseÃda. Más bien pensó que por tener al mal dentro de su cuerpo, empezó a tener gusto por esas prácticas. Mi prima despertó y, como si no hubiera ocurrido nada, empezó a decirnos que por qué no seguÃamos viendo la pelÃcula. Sandra se presentó como una amiga de la familia Rosa la trató bien y se fue a sentar al sillón de la sala. Antes de marcharse. Sandra le dijo a mi tÃa que necesitaba algo más que una limpia. Su hija requerÃa de alguien que tuviera poderes más fuertes. Su maestro la podrÃa ayudar, pero él no iba a las casas. Ellas tendrÃan que ir a su negocio. Era extraño el comportamiento de mi prima, porque tenÃa conductas completamente normales. No sucedió nada extraordinario, pero mi tÃa, que ya sabÃa cómo era cambiante su temperamento, quiso ir a llevarla con el brujo. Se fueron las tres. Mi madre las acompañó. QuerÃa ir, pero mi mamá me dijo que me quedara con mis primas. Ellas eran más pequeñas. Se fue on toda la tarde. Cuando llegaron ya era de noche. A mi tÃa y a mi mamá se les veÃa el cansancio en el rostro. Mi prima de plano venÃa devastada. No supe lo que ocurrió con aquella persona, pero al dÃa siguiente, mi tÃa, junto con mis primas, se regresaron a michoacán. Después de esa vez tardamos mucho en verlas. Según mi mamá dijo que mi prima rosa estaba mejor, pero mantuve ciertas dudas al respecto. La volvà a ver el año siguiente se le notaba distinta, ya no convulsionaba, pero notaba ciertas conductas que me parecÃan sospechosas, como levantarse por las noches y permanecer parada despierta sin decir nada o de repente, hablar una lengua desconocida. La relación con ella se volvió distante, por lo que sé muy poco de mi prima, aunque creo que todavÃa queda en ella la reminiscencia del mal. Segundo caso, cuando una persona padece de trastornos mentales, lleva tiempo darse cuenta de que hay un problema psiquiátrico. Hay señales que el familiar o el mismo individuo detecta, pero que prefiere pensar que es transitorio y pasará. De la misma manera sucede con las adicciones no es fácil aceptar que se tiene ecodependencia a un fármaco o una droga estimulante. Hay una lÃnea muy delgada entre los trastornos mentales, ya sea ocasionados por herencia genética, por situaciones extremas que ponen al borde las emociones o por adicción a alguna droga. Al cruzar esa lÃnea e irse del otro lado en el que una persona comienza a mantener un vÃnculo con seres de otro mundo en el que puede llegar a ser poseÃdo, se confunde con problemas mentales. No se le da crédito a la persona cuando dice que ve un espÃritu o peor aún si lo que ve es un ser maligno que lo persigue. Antes de vivir en esa colonia, rentaba un casa en otro lugar. En aquel tiempo tenÃa a mis tres hijos pequeños. Cuando me mudé a vivir a esa colonia porque mi esposo compró una casa por medio del infonavit A un lado vivÃa una familia numerosa. Pronto hice amistad con mi vecina porque nuestros hijos iban a la misma escuela primaria. Sus hijos más pequeños eran los que acudÃan a la escuela. Mi vecina, Chela tenÃa tres hijos adolescentes y tres pequeños. Su hijo mayor de nombre, Carlos, era con el que tenÃa muchos problemas. Hubo una ocasión en la que tuvo dificultades con su hijo, Carlos. Ãl tenÃa diecisiete años. No supe lo que pasó con él. Sólo llegó muy apurada diciéndome que necesitaba llevarlo al hospital. Ella tenÃa familiares que no vivÃan tan cerca, por lo que acudió conmigo para que estuviera al pendiente de sus hijos. En lo que llegaba su esposo o su mamá le dije que se fuera tranquila, me encargarÃa de ellos. Recuerdo que en aquella ocasión fui a la casa de Chela para ver cómo estaban los pequeños. Cuando entré a la casa, me sorprendà de ver cosas tiradas. Era como si hubiera pasado un remolino dentro de la vivienda. Los niños más pequeños se veÃan asustados. Les dije que no se preocuparan. Su mamá llegarÃa en poco tiempo mientras me harÃa cargo de ellos. El más pequeño tenÃa cuatro años de inmediato fue y se abrazó de mis piernas. Les dije que los llevarÃa a mi casa para poder atenderlos mejor. Los tres pequeños se fueron conmigo, pero los dos más grandes no lo quisieron hacer. Me dijeron que ellos se quedaban en la casa. No se los discutà Sólo les llevé comida al mediodÃa. Por la tarde llegó el esposo de Chela a recoger a los niños. Le pregunté cómo estaba Carlos. Me dijo que ya se encontraba mejor, pero se iba a quedar internado en el hospital. Chela se quedarÃa con él. Fue todo lo que me dijo. QuerÃa saber cuál habÃa sido el motivo por el que Carlos se habÃa puesto tan mal. Ya lo habÃa notado que no andaba en buenos pasos. Lo veÃa que se juntaba en el parque con un grupo de muchachos que consumÃan drogas. Cuando Chela regresó del hospital, pasó a mi casa a darme las gracias por haberla apoyado. Le pregunté qué le habÃa sucedido a Carlos para que estuvieran en el hospital por tres dÃas. Ella me respondió que su hijo consumÃa drogas. No sabÃa de qué tipo tenÃa problemas con él por su adicción. Carlos se habÃa convertido en un muchacho apartado, agresivo y grosero. Me dijo que antes de que terminara la secundaria, comenzó a andar con uno de sus compañeros, que vendÃa drogas a duras penas. Terminó la secundaria ya no quiso continuar sus estudios, pero tampoco querÃa trabajar. Se la llevaba la mayor parte del tiempo en la calle. Lo que ocurrió el otro dÃa fue porque ella le reclamó a su hijo por estar drogado. Ãl se enojó tanto que se puso a tirar todo lo que se encontraba a su alrededor. Después se agarró la cabeza como si tuviera un dolor muy fuerte, cayó el pie y comenzó a convulsionar. Era la primera vez que le sucedÃa. Hasta lo que sabÃa A su hijo no le daban ataques de epilepsia en el hospital. Le dijeron que todo era por causa de las drogas que estaba consumiendo, pero que no tenÃa ningún tipo de patologÃa. Unas pastillas que se estaba tomando fueron las que le provocaron la convulsión. Si las dejaba de tomar, no volverÃa a pasar lo mismo. Chela se puso a llorar. Me dijo que su hijo era bueno. No sabÃa qué le habÃa sucedido. Incluso se transformó tanto que le dio miedo. Hubo un momento en que él comenzó a hablar palabras que no entendÃa. Me limité a escuchar y abrazarla. No sabÃa cómo ayudarla. Le dije que podÃa contar conmigo para lo que necesitara. La situación de chela con su hijo no mejoró. Con frecuencia. La encontraba en la noche. Cuando venÃa de la tienda, me preguntaba si habÃa visto a su hijo, ella se salÃa a buscarlo cuando no se aparecÃa durante todo el dÃa. En ocasiones la veÃa que venÃa con la cara mal tambaleándose por lo que consumÃa. Otras veces era su esposo el que lo buscaba, pero él le gritaba y le daba de golpes en la cabeza. Hubo una vez en la que nos habÃamos ido a dormir, cuando empecé a escuchar muchos gritos y algunas cosas que golpeaban en la pared Mi esposo molesto dijo que de nuevo los vecinos tenÃan problemas con ese muchacho porque no lo internaban y se quitaban de complicaciones. Me puse mi bata y me quedé en la sala por en caso de que chela llegara a encargarme a sus hijos. El pleito duró más de quince minutos. OÃa al esposo de Chela, que gritaba muy fuerte escuché una voz ronca que dio un grito despavorido. Después, por unos segundos hubo un silencio enseguida. Salieron Chela y su esposo agarrando a su hijo de cada lado. Carlos intentaba zafarse de los brazos de sus padres sin conseguirlo. Mientras lo llevaron por la fuerza hacia afuera, Ãl gritaba con una voz extraña. Fue la primera vez que lo escuché. Dis Ondo palabras que no entendÃ. Al poco tiempo llegó una camioneta como pudieron, subieron a Carlos y se lo llevaron. Escuché el llanto de Chela al ver que se llevaban a su hijo, mientras que su esposo desquitaba su enojo en contra de ella. Sus otros hijos estaban asustados asomados en la ventana. Por la mañana traté de buscarla afuera de la escuela. Nos regresamos juntas Chela me fue contando lo que habÃa sucedido la noche anterior. Me dijo que su hijo se puso tan mal que querÃa golpearla porque le estaba reclamando que le faltaban un rosario de plata que tenÃa en el tocador. Se le dejó ir encima. Carlos le dijo que no debÃa de tener ese tipo de artÃculos en la casa. No entendÃa por qué creÃa en esas cosas. Si Dios no existÃa chela no terminó de decirme todo lo que su hijo le gritó. Me dijo que se transformaba en otra persona. ParecÃa como si no fuera él. Por eso su esposo comenzó a golpearlo. Tuvieron que llamar a un hospital psiquiátrico vino vieron por él en la noche. Le pregunté dónde lo habÃan llevado. Me respondió que en el zapote. Me dijo que estaba un poco distante en la antigua carretera a Chapala en Santa Cruz del Valle. No le quise decir que me di cuenta de cómo se ponÃa mi vecina. Me dijo que su esposo fue quien encontró ese lugar. Cuando él pidió información, le dijeron que su hijo padecÃa de un trastorno mental. Por eso se ponÃa de esa manera, pero ella creÃa que no era el lugar indicado, porque su hijo no estaba loco. Chela me comentó que ella creÃa que era el efecto que le provocaba alguna de las drogas que consumÃa. También estuve de acuerdo con ella, pero en aquel momento no supe cómo ayudarla a enfrentar el problema. Carlos estuvo internado por tres meses. El primer dÃa que lo vi cuando regresó, lo noté muy cambiado. Aquel dÃa venÃa del seguro cuando vi a Chela, que traÃa del brazo A su hijo se le notaba muy contenta. Ella se acercó a saludarme. Me dijo que que Carlos ya estaba de nuevo con ellos. Quise conversar con Carlos, pero él sólo se limitó a sonreÃr. Se le veÃa sumamente delgado y pálido. ParecÃa otra persona durante varias semanas todo estuvo tranquilo en la casa de mi amiga. ParecÃa que habÃan encontrado la solución a la problemática que vivÃa con su hijo. Dejé de ver a Carlos que se juntara con el grupo de muchachos del parque. SalÃa muy poco de su casa. Se volvió callado y taciturno. Sólo en pocas ocasiones lo veÃa que salÃa a la calle por las noches porque durante el dÃa no lo veÃa. Una vez que venÃamos juntas de la escuela Chela me dijo que estaba preocupada por su hijo. Le pregunté si de nuevo se estaba metiendo sustancias nocivas a su cuerpo. Ella me respondió que no, pero que desde que llegó del hospital lo notaba extraño. Se pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en el cuarto. A veces salÃa a comer sólo por las noches. SalÃa de su habitación, andaba por la casa a oscuras, caminaba de un lado hacia el otro, se salÃa a la cochera o al balcón. Ahà se quedaba durante mucho tiempo. En ocasiones lo escuchaba que hablaba con alguien en voz muy baja. Un dÃa lo estuvo espiando para ver quién era la persona que estaba con él, pero nunca vio a nadie. Sin embargo, él platicaba con alguien como si fuera un susurro. Por eso no sabÃa que decÃa. En aquella época la gente hablaba sobre el hospital psiquiátrico del Zapote como un lugar en el que se maltrataba a las personas internas, sobre todo si eran adictas a cualquier tipo de estupefaciente. DecÃan que en ese lugar tan apartado de la ciudad, mojaban con agua helada en la madrugada a los internos y los dejaban secar en la intemperie y otra tantas barbaridades que se hablaban, Pero no tenÃa la certeza de que realmente ocurriera. Por eso no me atrevÃa a decirle a Chela, mi amiga me dijo que no veÃa nada bien a su hijo. ParecÃa como si se tratara de otra persona, porque a todos los veÃa con descons confianza, No platicaba con nadie ni se acordaba de muchas cosas de su infancia. Casi a punto del colapso me dijo que ese no era su hijo. No pude entender a mi amiga por lo que estaba pasando, porque mis hijos eran muy pequeños y no sabÃa de ese tipo de problemas. Quizás por eso no la pude ayudar como ella necesitaba. Lo único que se me ocurrió decirle fue que acudiera con el sacerdote de la parroquia y le contara lo que sucedÃa. Quizás él la podÃa orientar, porque yo no sabÃa cómo hacerlo. A Chela le gustó mi idea. Me dijo que la acompañara por la tarde a hablar con el padre. Nos pusimos de acuerdo y fuimos al templo. En cuanto terminó la misa, lo abordamos. Chela le explicó lo que ocurrÃa con su hijo. El sacerdote le pidió que lo llevara para platicar con carlos. Quizás él podrÃa saber lo que sucedÃa con el joven. Chella salió desanimada del templo. Me dijo que su hijo no iba a aceptar ir con él y que si y le decÃa a su esposo se iba a poner furioso porque él no creÃa en ninguna religión. Le comenté que no era necesario que su esposo lo supiera lo podÃa hacer sin su apoyo. Me pidió que la acompañara a hablar con su hijo para tratar de convencerlo. Aunque no creà que me fuera a escuchar. Acepté sólo por apoyar a mi amiga. Tocamos en la puerta de su habitación. Carlos tardó en abrir la puerta cuando lo hizo un olor desagradable. Salió de la habitación. Estaba completamente oscura alcancé a distinguir una tenue luz azul que iluminaba un pequeño cuadro, pero no distinguà de qué se trataba. TenÃa varios dÃas que no veÃa al muchacho. Me sorprendà de ver lo más delgado de lo que ya estaba. Cuando Chela le propuso hablar con el sacerdote del templo, Ãl volteó hacia el interior del cuarto y le dijo a mi amiga que bajara la voz porque él la podÃa escuchar. Chela, en un acto de imprudencia, le dijo que no habÃa nadie. Su papá estaba trabajando. Carlos se puso furioso y cerró la puerta con fuerza. En nuestras narices. Le pedà a Chela que se retirara con golpes suaves toqué de nuevo en la puerta de Carlos, Ãl me gritó furioso, me dijo que me largara, que no me metiera en lo que no me importaba. Sin hacerle caso. Comencé a hablarle de cuando llegué a la colonia y los conocà la forma en que llamó mi atención. Por lo bien que jugaba al fútbol estuve interactuando con él por unos minutos. Carlos empezó a bajar la intensidad de la voz hasta que abrió con cuidado la puerta. Sólo alcanzaba a verle la mitad de su rostro. Me hizo una señal para que me callara de pronto. Comenzó a hablarme de cosas sin sentido y se reÃa a carcajadas. Levantó el pulgar de su mano izquierda para decirme que estaba de acuerdo. Mientras asentÃa cerró la puerta. Me quedé por unos segundos parada fuera de su habitación, tratando de procesar lo que me da. Me dijo en la sala estaba Chela caminaba de un lado hacia el otro. Le dije que habÃa aceptado. SerÃa el dÃa de mañana por la tarde. Chela me abrazó casi llorando. Me agradeció lo que hacÃa por ella y su hijo, aunque no sentÃa lo mismo. Tuve la sensación de que algo muy malo le sucedÃa a Carlos porque no lo vi nada bien y llevarlo con el sacerdote no le servirÃa de nada, pero no sabÃa de qué otra forma ayudarla. Me fui de inmediato de su casa con un vacÃo en el estómago. En cuanto llegué a mi casa, sentà náuseas fui de inmediato a vomitar al baño. No sabÃa lo que me pasaba. Al dÃa siguiente fuimos al templo con el padre. Apenas Ãbamos a llegar cuando Carlos empezó a decir que no que mejor se regresaba. Lo agarré de un brazo y le dije a chela que lo agarrara del otro. Casi lo llevamos a rastras con el sacerdote. En cuanto nos vio, nos abrió la puerta de su oficina. Carlos, de manera repentina como como lamenzó a ponerse agresivo, Me empujó con mucha fuerza y caà al piso. De la misma manera lo hizo con su mamá. El sacerdote no daba crédito a lo que veÃa. Agarró el cristo que tenÃa colgado en su cuello y comenzó a orar, mientras que Carlos empezó a enojarse más. Hubo un momento en que le cambió la voz. Después salió corriendo de la notarÃa. Le ofrecimos una disculpa al padre. No creÃmos que se fuera a poner asÃ. Ãl nos pidió que nos sentáramos a platicar. Nos dijo que, por lo que habÃa visto, ese muchacho no estaba nada bien, tenÃa una influencia maligna en su cuerpo. Por eso habÃa reaccionado. De esa manera nos sugirió que lo mantuviéramos vigilado ante cualquiera no malÃa. No dudáramos en regresar salimos del templo con el ánimo hasta los suelos, pensando que le sucedÃa a Carlos. Cuando llegamos a la casa de Chela de inmediato fue al cuarto de su hijo. Como era de esperarse. Ãl no habÃa regresado, ya se habÃa hecho de noche. Le pedà a Chela que me permitiera entrar a la habitación de Carlos. Lo que me encontré fueron muchas inscripciones en la pared habÃa escrito una especie de código con un marcador rojo. Le pregunté a Chella si sabÃa de qué se trataba. Ella me respondió que no abrà el closet dentro habÃa una rata muerta. Ese era el fuerte tufo que olà desde el dÃa anterior. Mi amiga no podÃa contener su sorpresa ante los hechos que encontramos en el cuarto. Me pidió que la ayudara con su hijo. Era evidente que algo muy malo le sucedÃa, pero no sabÃa cómo apoyarlo. No podÃa decirle a su esposo porque él querÃa arreglar todo con gritos golpes y llamando a los del zapote, pero ella ya no querÃa que se lo llevaran de nuevo porque cuando su hijo regresó, dejó de ser la misma persona tenÃa miedo de que algo muy malo le pasara en ese lugar. Chela me dijo que iba a salir a buscar a su hijo. No podÃa dejarlo asÃ. Después de lo que comentó el sacerdote, me pidió que que la acompañara, pero ya no pude hacerlo porque habÃa dejado solos a mis hijos por la madrugada Me despertaron unos gritos en la calle. Mi esposo se asomó por la ventana, me dijo que nuevamente eran los vecinos y se acostó molesto. Me vestà y me asomé Carlos estaba incontrolable. Su papá trataba de someterlo sin conseguirlo. Pensé que se debÃa a que el muchacho habÃa ingerido algún tipo de droga. En eso llegó una furgoneta con el logotipo del zapote. En cuanto Carlos la vio, se puso más agresivo hasta que bajó el personal y lograron controlarlo con una camisa de fuerza. Cuando ya no pudo resistirse miró con furia a su padre. La voz le cambió. Le dijo que se iba a arrepentir de lo que acababa de hacer. Le echó una maldición con una voz ronca y cavernosa. Cuando lo escuché lo primero en lo que pensé fue en un demonio que tenÃa dentro como si Carlos fuera capaz de escuchar mis pensamientos, se volteó y me miró directamente a los ojos. Asà es me dijo y al mismo tiempo hizo una mueca siniestra. Sentà la mirada penetrante de Carlos. Me hice hacia atrás tratando de cubrirme con el árbol que estaba fuera de mi casa. No pude explicar lo que me sucedÃa, pero un miedo comenzó a invadirme. Tuve mucho temor. Volteé hacia todos lados, pensando que alrededor habÃa seres que me quisieran dañar, pero no vi a nadie. Escuché el portazo de la furgoneta. Después que metieron a Carlos, enseguida, aceleró y se marchó chela estaba desesperada. Corrió a abrazarme. Me dijo que ella no querÃa que se lo llevaran al zapote. Le suplicó a su esposo que no lo hiciera, pero él estaba obstinado. Dijo que era lo mejor para su hijo, porque ellos ya no lo podÃan controlar. Acompañé a Chela a su casa. Varios vecinos habÃan salido. Al escuchar el escándalo, le dije que tratarÃamos de encontrar una solución. Sin embargo, ella estaba desconsolable. Entramos a su casa adentro todo estaba hecho un desastre. Los cuadros de las paredes caÃdos, vasos y platos, rotos, los libros en el piso, el cristal de la ventana roto. Chela vio mi cara de inmediato me dijo que su hijo lo habÃa hecho de forma inexplicable. Comenzó a romper todo sin que él no se moviera. Después de que mi amiga me dijo eso ya no tuve la menor duda. Era verdad lo que el sacerdote de la parroquia nos dijo. Le comenté con voz baja hachela que al dÃa siguiente irÃamos con el padre. Ãl nos ayudarÃa a solucionar el problema, porque lo que nos dijo era verdad. Le pedà que se calmara. EncontrarÃamos la manera de ayudar a su hijo. Muy temprano. Por la mañana, Chela tocó afuera de mi puerta. Me habÃa quedado dormida. Me dijo que la acompañara con el padre. Fuimos a la parroquia a hablar con el sacerdote. Tuvimos que esperar a que terminara la misa. En cuanto él nos vio, nos reconoció. Le le dijimos lo que habÃa pasado. Me atrevà a contarle lo que sentà con carlos la noche anterior. Cuando le conté al padre lo sucedido, Chela me miró con ojos de sorpresa. El padre nos dijo que irÃamos al Zapote, pero ese dÃa él tenÃa compromisos que no podÃa cancelar porque el señor Cura estaba de viaje y él se encontraba solo en la parroquia. Pero al dÃa siguiente nos acompañarÃa. TratarÃa de hacer lo que estuviera a su alcance. Si consideraba conveniente, le dirÃa a otro sacerdote experto en exorcismos. Chela se fue un poco más tranquila sabiendo que tenÃamos el apoyo correcto. Quedamos de ir por el padre. Al dÃa siguiente, al llegar a la casa, los hijos mayores de Chela salieron corriendo a encontrarla. Dijeron que habÃan hablado varias veces del hospital psiquiátrico, preguntando por ella o por su papá. Chela buscó en el identificador de llamadas. Regresó la llamada mi. Mientras tras hablaba a ella, empezó a gritar Varias veces dejó el auricular sin colgar atendà la llamada eran del sapote para decirle a Chela que su hijo habÃa muerto. Se habÃa quitado la vida. Después que me dijeron la noticia. Me quedé helada. No sabÃa qué decir ni qué hacer por mi amiga. Sin decir nada, me salà de su casa. No pude con esa noticia. Se hicieron los trámites pertinentes para velar el cuerpo de Carlos mientras estábamos en la funeraria. Me acerqué a verlo por última vez, aunque su rostro estaba arreglado, se le alcanzaban a notar severos rasguños que tenÃa su cabello. Se lo habÃan rapado por completo. No supe cuál fue el motivo por el que lo hicieron. Mientras lo velábamos por la noche. No pude dejar de pensar qué fue lo que sucedió en el lugar al que lo llevaron, porque los médicos argumentaron que fue un brote psicótico el que tuvo Carlos, por lo que se hizo daño hasta causarse la muerte. Aunque creo que no fue del todo cierto. Creo que no pudo contener en su cuerpo por más tiempo al demonio que se habÃa alojado en él. Tercer caso, tenÃa muy poco nulo conocimiento sobre las artes adivinatorias y las prácticas ocultistas. Con cierta frecuencia escuchaba las pláticas de las compañeras de trabajo que habÃan ido a que les hicieran una limpia, una marre o un amuleto de protección. Era católica, porque fue la religión que mis padres practicaban En aquel tiempo. Trabajaba en una fonda de comida. Ayudaba a la preparación de la comida asà como a servir a los clientes cuando llegaban al local que se encontraba dentro del mercado de San Juan de Dios. En este lugar era posible encontrar de casi todo. No solamente se vendÃa comida, también habÃa puestos de frutas y verduras, de ropa, de tenis, de marca de juguetes. Cerca de los locales en los que se ofrecÃa comida estaban los puestos que se dedicaban al esoterismo. Escuchaba a las compañeras que hablaban de alguna de las brujas del lugar, pero nunca me habÃa llamado la atención acudir con ellas. No estaba en contra de lo que profesaban. Simplemente no creÃa en lo que me decÃan mis compañeras. Alguna de ellas habÃa ido para hacer un amarre y conseguir el novio que ella querÃa. Nunca le puse atención si de verdad le habÃa resultado. Mucha gente acudÃa al local a desayunar o comer. Ahà fue donde conocà a Matti. Ella era vendedora de juguetes. SurtÃa su mercancÃa en la calle de Obregón. Cada semana iba a desayunar a la fonda. Matti era reservada, pero en ocasiones platicábamos sobre la venta de sus productos. La época de vÃspera de Navidad era la mejor para ella. Antes de que llegara diciembre, iba con más frecuencia a surtir porque sus ventas incrementaban desde inicios de diciembre hasta finales de enero. Mattie era originaria de Veracruz. Con frecuencia me invitaba a ir a su pueblo. Ella me decÃa que vivÃa en una comunidad en la que no vivÃan muchas personas. La mayor parte era familia, asà que matt se encontraba rodeada de gente conocida. Después que pasaban las ventas navideñas, ella se iba a visitar a sus padres por quince dÃas. En una ocasión le pregunté el motivo por el que se habÃa salido de su pueblo. Ella me respondió que conseguir el sustento era difÃcil porque sus padres y sus familiares vivÃan de lo que sembraban, pero se encontraban expuestos a inclemencias del tiempo, lo que no favorecÃa tener un buen cultivo. Se vinieron a probar suerte a Guadalajara unos tÃos. Ellos incursionaron en la venta de juguetes como les estaba yendo bien, Matti se vino a trabajar en lo mismo. Con frecuencia me invitaba para que me fuera con ella a Veracruz, aunque siempre habÃa un motivo para no hacerlo. En una ocasión ya le habÃa dicho que sà iba compré el boleto del camión, pero en aquella vez mi madre se enfermó y estuvo internada en el hospital. Perdà el pasaje. Me parecÃa peculiar la manera en que ella se vestÃa. Siempre traÃa una falda larga hasta los tobillos. SabÃa que las personas que acostumbraban vestir asà era porque pertenecÃan a los testigos de Jehová o a la luz del mundo. Sin embargo, nunca me atrevÃa a hablar de religión con ella. Después de varios años, Mati me dijo que se iba a casar. Me invitó a su boda. Me dijo que ya no regresarÃa a vender sus juguetes, se quedarÃa a vivir en su pueblo. Aquella vez fue posible que fuera a visitarla, Me dijo que tomara el camión al puerto de Veracruz e hiciera un transbordo para llegar a Catemaco. Era la primera vez que visitaba el lugar. Cuando yo llegué a la central camionera, me querÃa quedar unos dÃas para conocer el puerto, pero le habÃa avisado a Matti que iba para su casa, asà que ella me estaba esperando. Pensé que al regreso me quedarÃa un dÃa más para recorrer el lugar de la central de Veracruz a Catemaco era un poco más de tres horas, asà que tuve otro rato de carretera. En aquel momento no tenÃa la menor idea de que a Catemaco se le conocÃa como el lugar de los Brujos. Para llegar el camión tomó la carretera número ciento ochenta con Rumbo Alvarado y San Andrés Tuxtla Llegué al lugar antes del mediodÃa. Un pariente de Matti me estaba esperando para llevarme con ella. Matty estaba con los preparativos de su boda. Era ese mismo dÃa por la tarde, asà que ella no pudo ir a recogerme de la central de camiones. La casa estaba a diez minutos. Caminé al lado de un joven que hablaba muy poco. Se fue adelante y me limité a seguirlo. Al llegar a la casa de Mattiy me di cuenta que la celebra l de la de la obra boda serÃa en el patio de su casa, porque era muy grande. Ya estaba arreglado para hacer la recepción. Vi al fondo un altar. Se me hizo un poco extraño porque creà que en la religión de mi amiga no adoraban a los santos. Matti salió a recibirme a ella la estaban arreglando para su boda. Me dijo que a unas cuantas cuadras de ahà serÃa la ceremonia. Ella se retiró para que continuaran arreglándola. Otra de sus hermanas me acompañó a lo que serÃa mi habitación. Al entrar a la casa y pasar por la sala, me llamó la atención ver un altar en el que tenÃan como deidad a un demonio. En ese momento me di cuenta que sabÃa muy poco de Matt y su familia. Me causó sorpresa ver qué tipo de creencias tenÃa. Fue cuando me cuestioné qué tipo de celebración iban a hacer. Interrumpió mis pensamientos. La hermana de Matti me dijo que lo mejor era que me apresurara, porque quedaba poco tiempo para la celebración, en menos de una hora. Ya estaba siguiendo a su familia que iba a la iglesia, o al menos pensé que se tratarÃa de una, pero no fue asÃ. Era una casa común que tenÃa un altar al demonio, al centro de la habitación. HabÃa un pentagrama con el pico invertido. Al poco tiempo entró primero el novio enseguida la novia y se dirigieron a lo que servÃa como altar. El sacerdote era otra persona de la comunidad, porque notaba que les hablaba a todos con mucha familiaridad. El sacerdote empezó con el rito, dibujando con su dedo en el aire un pentagrama y diciendo unas palabras en el nombre de Satán, señor de la Tierra, Dios, verdadero excelso e inefable que creaste al hombre para que reflejara tu imagen y semejanza. Invitamos a las fuerzas del infierno para que viertan su poder infernal sobre nosotros, vengan a saludarnos y a entregarnos sus oscuras bendiciones sobre esta pareja que desea volverse uno Ante los ojos de Lucifer, el sacerdote continuó anunciando cuatro formas distintas de nombrar al demonio. Enseguida, siguió el ritual del compromiso de los novios para amarse, al igual que el de la Iglesia Católica. Cuando la celebración terminó, todos los presentes gritaron Viva Satán. El sacerdote empezó a cantar una canción extraña. Después supe que se trataba de la primera clave en Okiana, todos se acercaron para felicitar a los novios. Me aparté un poco porque estaba a digiriendo lo que acababa de vivir. No tenÃa la menor idea de que existieran ese tipo de celebraciones, ni mucho menos que mi amiga Matti profesara ese culto. Siempre creà que pertenecÃa a algún tipo de secta cuyo Dios era Jesús. Muchos de los presentes me veÃan con un poco de recelo porque todos se conocÃan. Entre ellos el sacerdote se acercó a platicar conmigo. Me dijo que se llamaba Gustavo. Me preguntó si alguna vez habÃa asistido a alguna celebración de este tipo. Le respondà que era la primera vez. Gustavo me miraba fijamente y muy de cerca. Me sentà incómoda con su presencia porque sus preguntas eran inquisitivas. Me sentà juzgada por no tener como deidad al demonio antes de retirarse. Me dijo que le gustarÃa llevarme a la laguna de Catemaco y a la cueva del Diablo. Después que tuviera todo el conocimiento, no dudarÃa de convertirme al satanismo. Me sentà aliviada. Cuando se retiró, él se portó como los que pertenecen a las sectas cristianas o de los testigos de Jehová. Me dijo que mis creencias eran erradas y criticó mucho al catolicismo. Luego siguió el festejo. Me empecé a sentir mejor porque ya nadie me preguntó sobre mis creencias. Las personas se dedicaron a festejar me incluyeron en el baile, sus familiares y las demás personas presentes me tomaron de la mano y me llevaron a bailar el mal momento que pasé durante la celebración de la boda. La olvidé en la fiesta. No supe si era la forma de celebrar en ese lugar. O era porque pertenecÃan al satanismo, porque me hizo recordar a Dionisio, el dios del vino y la embriaguez, porque todos bebÃan y festejaban el momento estasiados, o quizás lo pude notar más porque no estaba bebiendo. Las hermanas de Matti me dijeron que, aunque se aprobara una copa más por insistencia que por ganas lo hice. Después me siguieron ofreciendo más alcohol. Comencé a sentir una calidez en mi cuerpo. Empecé a bailar y a divertirme como nunca lo habÃa hecho. No supe en qué momento se terminó la fiesta. Desperté por la mañana con un fuerte dolor de cabeza. No conocà a la habitación ni la casa. Me vestà y me asomé al exterior del cuarto. Una hermana de Matti me dijo que fuera a tomarme un té que ellos preparaban era una bebida para evitar la resaca. No tenÃa ganas de probar nada. SentÃa náuseas, pero pero la hermana de Matti insistió tanto que lo hice. Por pena todavÃa no terminaba la bebida. Me sentà tan bien. Le pregunté a la hermana de Mati qué era ella sonrió. Me dijo que sabÃa que le iba a hacer esa pregunta porque seguramente me estaba sintiendo muy bien. Me dijo que era un brebaje ancestral para quitar la resaca. Su padre, que era Chamán, sabÃa preparar muchas bebidas curativas. Creà que Matty se iba a ir de viaje de luna de miel. Sin embargo, se quedó a convivir con su familia. Por lo visto, las tradiciones eran completamente distintas a las que estaba acostumbrada. Tuve más tiempo de acercarme a ella para platicar un poco en cuanto estuvimos a solas. Matti me preguntó qué opinaba de las creencias de su familia. Le respondà que no tenÃa la menor idea de que existieran bodas como la que ella tuvo, pero que respetaba mucho las creencias de cada persona. Matti me llevó a una parte más sola. Me dijo que ella ella creció y aprendió las tradiciones de la iglesia satánica. Ella también adoraba al demonio, porque fue lo que le enseñaron sus padres. Pero cuando se fue a trabajar a Guadalajara, conoció a una persona que le habló de otro Dios. Le gustó la manera en que realizaban su culto las creencias, la manera de tan solidaria en la que se apoyaban todos. Además, cuando ella llegó a la ciudad, se sintió muy sola y esas personas le brindaron su apoyo y compañÃa en ese momento supe que ella era testigo de Jehová. Lo que hizo de casarse con una boda satánica fue porque no le quiso dar un disgusto a su familia ni a la de su esposo, porque todos eran creyentes de Satán. Le dije que yo no tenÃa ningún problema con el tipo de creencias que tuvieran. Respetaba su culto de la misma manera en que ellos respetaban el mÃo. Noté que Mati suspiró aliviada. Me dijo que me querÃa mucho y no querÃa perder mi amistad. Se acercó para susurrarme que cuando o se fuera a vivir a Guadalajara, tratarÃa de que su esposo conociera a su dios, él también lo iba a aceptar. La convivencia en el patio de su casa se hacÃa por las tardes. Su familia se reunÃa alrededor de los novios, siendo otra manera de continuar la celebración. Ese dÃa llegó el sacerdote Gustavo. Después de estar un rato, se acercó conmigo. Me dijo que al dÃa siguiente me querÃa llevar a la cueva del Diablo. Por la mañana llegó dos hermanas de Matti nos iban a acompañar. Antes de irnos hacia la cueva del Diablo, llegamos a la Iglesia del Sacerdote. Ãl tenÃa un altar al demonio. Era de color negro. Rezó en un idioma desconocido. Me dijo que se trataba de un dios de tierra, un ser de oscuridad. Cuando pronunció esa palabra, comentó que la oscuridad no era desde el mal sentido, sino que nos hacÃa crecer y darnos cuenta de nuestra realidad, lo que nos permitÃa cambiar nuestra conciencia. Dijo que era su deidad, su energÃa viva. Después tomó un cigarro y lo encendió. Exhaló el humo en mi cara. Me dijo que era para saber si era apta para conocer más de su deidad y su casa enseguida que hizo el ritual. Nos fuimos en su camioneta alrededor de cuarenta minutos llegamos al lugar en el que se encontraba la cueva del diablo. Después de bajarnos del auto, caminamos por largo rato en una senda rodeada de mucha vegetación. El nombre que Gustavo le daba a su dios era Adonai. Poco antes de llegar a la cueva nos dijo que la energÃa comenzaba a cambiar porque estábamos muy cerca de la casa de Adonai. Encontramos un claro en el que habÃa una pequeña mesa hecha con una piedra grande. En el piso de tierra estaba dibujado un pentagrama grande. Gustavo comentó que la mesa era para hacer los sacrificios de los animales. Ofrecidos para Adonai me acerqué. Un poco más. En las hendiduras de la piedra todavÃa se encontraban restas de sangre. El lugar no estaba solo. HabÃa otro brujo que estaba con dos personas invocando a Satán. Subimos varios escalones. Enseguida pude ver la cavidad. Al interior se encontraba la estatua de un demonio muy grande como del tamaño de una persona adulta. TenÃa un tridente de tres picos. El brujo empezó a comunicarse con el demonio. Le dijo que no tomara el alma de ninguno de sus familiares porque no le pertenecÃan, pero que con su alma podÃa hacer lo que quisiera. Le agradeció todos los favores realizados. Dentro de la cueva estaba otro brujo realizando un ritual. Con anterioridad habÃan hecho el sacrificio de una gallina, le sacaron el corazón. La persona que estaba pidiendo el favor del demonio, se comió el corazón del ave y bebió de la sangre derramada. Me encontraba en un estado de sorpresa porque no tenÃa la menor idea de todo el culto que se le rendÃa al demonio. Estuvimos un rato más dentro de la cueva del diablo y no marchamos. SentÃa un cansancio extremo. Una de las hermanas de Matty me preguntó si me sentÃa bien. Le dije que no estaba mareada. Le pedà al sacerdote que se detuviera un momento para poder vomitar. Bajé de la camioneta. Me alejé un poco del automóvil para que no se dieran cuenta de lo mal que estaba en cuanto me sentà mejor. Regresé con el grupo. Llegamos a la casa de los padres de Matty. SeguÃa sintiéndome muy mal. Les dije a sus hermanas que me irÃa a recostar un rato dormà profundamente. Mientras lo hacÃa, sentÃa la sensación de que caÃa a un abismo en el que descendÃa lentamente hasta llegar a un lugar oscuro. Esa sensación que tuve de caer al abismo no me permitÃa sentirme mejor porque me desperté sintiéndome mareada una de las hermanas de Matt y entró me llevaba un poco de caldo de pollo, no tenÃa nada de hambre, pero alcancé a notar que ya era de noche y no habÃa comido nada durante todo el dÃa. QuerÃa sentirme mejor para Ãrmelo más pronto. De ese lugar. No era lo que esperaba y no me estaba sintiendo nada. Bien. Intenté comerme el caldo, pero no pude Sentà que tenÃa un nudo en la garganta que no me permitÃa pasar el alimento. Le dije a la hermana de Matti que se lo agradecÃa mucho, pero mi estómago no estaba bien. Ella me preguntó si querÃa que su padre me diera medicina natural. Con eso me sentirÃa mejor. Le dije que sÃ. Enseguida entró el padre de matt Ãl comenzó a hacerme una limpia con unas hierbas secas. Después les prendió fuego. Cuando las plantas comenzaron a quemarse y a producir humo. El señor se quedó atento. Viéndolo puso una cara de asombro. Le pregunté si todo estaba bien. Ãl se acercó a mi oÃdo. Me dijo con una voz muy suave si habÃa tenido algún ritual de protección antes de entrar a la cueva del diablo. Le respondà que no. Ãl se incorporó mientras movÃa negativamente la cabeza. Me cuestionó a qué Dios servÃa. Le respondà que a jesús. Ãl me dijo que no era verdad. Mi alma habÃa sido consagrada a Satán, pero eso solamente lo hacÃan bajo la aceptación de la persona. Por eso me estaba preguntando. Cuando escuché lo que me dijo, traté de incorporarme, pero no lo pude hacer porque sentà un dolor muy fuerte en mi cabeza. Le dije que habÃa ido a la cueva del diablo con el sacerdote Gustavo, pero él nunca me preguntó si estaba de acuerdo en ofrecer mi alma. Sin decir nada más. El padre de Matti salió furioso supuse que iba a la casa de Gustavo. Cuando regresó venÃa con él, Gustavo dijo que no habÃa por qué alterarse. Lo que hizo fue por mi bien, porque notó un aura oscura alrededor de mi cuerpo. Varias fuerzas malignas intentaban posesionarse de mi alma. Era mejor que fuera de uno solo del rey de reyes de Adonai. El padre de Matti le dijo que eso solamente se hacÃa bajo la voluntad de la persona y que lo que me habÃa hecho no era justo que tratara de quitarme esa consagración porque por eso estaba mal, porque mi espÃritu no la estaba aceptando. En realidad, no pude escuchar el resto de la conversación que el padre de Matt tuvo con el sacerdote porque se salieron a hablar afuera. Además, me encontraba en un estado semi inconsciente que no me permitió tener la claridad necesaria. Sin embargo, en el estado en que me encontraba pude sentir la presencia de un ser oscuro. Supuse que se trataba de Adonai. Permaneció parado. En el otro lado del cuarto era completamente negro. ParecÃa que tenÃa sus brazos cruzados como si estuviera esperando con paciencia obtener algo mÃo. Era perturbador ver a ese ser todo el tiempo. En el cuarto en ratos veÃa cómo se iba acercando poco a poco a la cama. Hubo un momento en que se quedó parado observándome muy de cerca. Se agachó un poco y sentà su rostro muy cerca del mÃo. Cuando traté de abrir los ojos, pude verlos de él en el instante en que los dos cruzamos nuestras miradas, vi en sus ojos el dolor y el sufrimiento de muchas personas que gritaban pidiendo la clemencia de Dios. El demonio sonrió y se alejó. Fue cuando lo pude ver mejor. Era delgado y alto de color negro con ojos brillantes. Se fue alejando poco a poco. De nuevo se paró en la esquina de la habitación. Ahà se quedó mientras observaba al padre de Mattie. Cuando entró a verme detrás de él, venÃa mi amiga. Ella de inmediato preguntó quién me habÃa llevado a la cueva del diablo. Su padre respondió que Gustavo Mati me abrazó. Me dijo que su padre intentarÃa quitarme el conjuro que hicieron con mi alma. Todo iba a estar bien. Sin embargo, me sentÃa muy mal. Era como si fuera perdiendo mi vitalidad y mi conciencia. Cada vez era más difÃcil estar despierta. Sentà que en cualquier momento me iba a dormir y ya no iba a despertar. Trataba de alzar mi brazo para apuntarles que el demonio estaba presente todo el tiempo. Matti fue la única que se dio cuenta. Me preguntó si lo estaba viendo a sentÃ. Ella me dijo que todo iba a estar bien. A do ay no era un ser que me quisiera hacer daño. Nuevamente, el papá de Matti comenzó a hacer un ritual para liberar mi espÃritu. Mientras lo hacÃa, el demonio sonreÃa era como si se diera cuenta de que todos los esfuerzos del padre de Matti eran en vano. El hombre le pedÃa que no se quedara con mi alma, porque yo no se la habÃa dado. Alguien más hizo esa entrega sin mi consentimiento. PedÃa que me dejara vivir en paz, pero el demonio no aceptaba, porque cada vez me sentÃa peor. Hubo un momento en que sentà que caÃa en un pozo oscuro, aquella sensación cuando uno se cae de la cama. Sentà cuando mi espÃritu volaba alto se salÃa de mi cuerpo mientras descendÃa en un pozo profundo. Mi espÃritu ascendÃa poco a poco. Fue un efecto de libertad en el que una luz blanca me envolvió y ya no supe más de mÃ. Cuando desperté Matti se encontraba sentada en una silla orando por mà en cuanto vio que abrà los ojos, me abrazó efusivamente. Le habló a su padre. Ãl entró de inmediato. Las palabras de su papá fueron niña. CreÃmos que habÃamos perdido la batalla contigo, pero Adonaime escuchó y te liberó. Me sentà muy débil. Quise incorporarme, pero no lo pude hacer. Mati me dijo que todo con calma. Poco a poco estarÃa mejor. Me acordé del demonio y volteé a la esquina de la habitación. Ya no estaba en ese lugar, aunque todavÃa tenÃa temor de que estuviera en cualquier otro rincón. Perdà mi pasaje de regreso porque estuve en estado inconsciente más de seis dÃas y como no estuve comiendo ni bebiendo agua. Quedé muy débil. QuerÃa regresarme lo más pronto posible a mi casa. Sin embargo, pasó otra semana para que me pudiera ir. Todos los dÃas. El padre de Matti iba a verme y continuaba haciendo rituales de protección y de saneamiento del alma. Me fui de Catemaco Veracruz un lunes por la mañana. Aún sentÃa los estragos del malestar. Aún asÃ, ya no quise quedarme por más tiempo. Matti me pidió una disculpa porque nunca pensó que Gustavo me fuera a hacer eso. Seguramente quiso consagrar mi alma para lograr resolver un problema difÃcil, porque Adonai cumplÃa todos los favores siempre y cuando le dieran algo. A cambio, la familia de Matti se portó muy bien conmigo. Me despedà de ellos, agradeciéndoles todo lo que hicieron por rescatar mi alma, pero en mi interior sabÃa que no volverÃa a regresar a ese lugar. Cuando me subà a la camioneta que me llevarÃa a la central de autobuses, vi a lo lejos a Gustavo, que me miraba fijamente. No supe si fue una predisposición por lo que me hizo ese hombre, pero pude ver su sombra, que se reflejaba en el piso con dos cuernos en la cabeza. Cuarto caso, por el vÃnculo que mantengo con personas que se han preparado y saben de energÃas de meditación de yoga. Aprendà que en los bosques hay energÃas de seres que no se perciben fácilmente. La mamá de mi amiga, Mariana me comentó en una ocasión que fui a visitar la satoluca, me llevaron a pasear al bosque del Santuario el capulÃn para ver a las mariposas monarcas. En aquella ocasión subimos más de tres mil metros para poder llegar hasta el lugar en el que se encontraban. La subida Fue difÃcil. HabÃa ocasiones en las que casi me caigo, pero al llegar y ver el espectáculo de tantas mariposas volando a mi alrededor, me di cuenta de que valió la pena. Después que descendimos la montaña e Ãbamos de regreso en el auto, empecé a sentirme muy mal. TenÃa náuseas y malestar general. Cuando llegamos a la casa de Gaby, la mamá de Mariana, me hizo un ritual con unas oraciones. Ella me dijo que varias energÃas del bosque se habÃan venido conmigo. Me hizo el comentario que se le olvidó decirme que me deshiciera de esas energÃas. Respetaba mucho a la señora y también le tenÃa cariño. Sin embargo, no creà en lo que me dijo. Solamente me dejé llevar y que me hiciera los rituales que ella sabÃa enseguida que terminó. Les dije que me sentÃa muy mal, ni siquiera tenÃa ganas de bañarme, pero las dos insistieron en que lo hiciera. Me bañé y me fui a dormir. Pensé que al dÃa siguiente no podrÃa ir a conocer otros lugares por el malestar que tenÃa, aunque me desperté con mucha energÃa, tenÃa hambre y me sentÃa muy bien. Aquel momento fue la primera vez que comencé a creer en lo que mis amigas me dijeron, porque no volvà a sentir ningún otro malestar. Estuve en Toluca por espacio de una semana. Visité algunos lugares muy bonitos de aquella zona. Les dije que las esperaba en Guadalajara para llevarlas a conocer el bosque de la primavera. Pasó más de un año para que ellas pudieran venir a visitarme. En ese tiempo compartÃa renta con dos compañeras, pero una de ellas habÃa salido de viaje por quince dÃas. Les dije a Gaby y Mariana que se podÃan quedar en mi casa. Ellas aceptaron y llegaron un fin de semana querÃan conocer lugares emblemáticos de Guadalajara. También se refirieron al bosque que les habÃa comentado. Asà que el domingo nos preparamos para irnos temprano e ir al rÃo de agua caliente para que el paseo se hiciera más agradable. Invitamos a ir al bosque a las amigas que tenÃamos en común, Mariana y yo, asà como a sus mamás. Asà que fue un dÃa de campo de mamás e hijas. Salimos a las ocho de la mañana de la ciudad. Conseguimos que una furgoneta nos llevara y nos recogiera. Salimos por Avenida Vallarta hasta la venta del astillero. Llegamos a uno de los pulmones más importantes de la ciudad de Guadalajara. Al ingresar al bosque, decidimos instalarnos en un balneario de nombre las Tinajitas. Les propuse que fuéramos un rato al rÃo de agua caliente. Fuimos y nos bañamos en sus aguas termales. Después nos regresamos a descansar a orilla de una de las albercas. Una de mis amigas nos dijo que del otro lado del bosque habÃa un balneario que estaba en condición de abandono. Ella era muy creyente de cosas paranormales. Nos dijo que fuéramos a echar un vistazo. Ya lo habÃa visto en redes sociales pero querÃa verlo directamente. A Mariana y a Gaby no les agradó la idea. Todo lo que se tratara de pelÃculas de terror, de cosas paranormales, no les gustaba. Ellas decÃan que no era necesario exponerse y abrir portales. Lo mejor era mantenerse alejadas de todo eso. Pero montse estaba empeñada en ir por un rato. Después de preparar la carne asada y de comer monse se me acercó. Me preguntó si la iba a acompañar. Una de nuestras amigas se habÃa ido en su auto porque tenÃa que regresar más temprano de lo que tenÃamos planeado. Ella nos dijo que nos llevaba. SerÃa cuestión de un rato para que se nos quitara. La curiosidad. Nos dejaba de regreso en el balneario con las demás y ya se iba. Nos fuimos por una brecha. En pocos minutos estuvimos en el balneario. Cuando lo vi me pareció enorme. No podÃa creer que tanta construcción fuera desperdiciada de esa manera. Mientras lo recorrÃamos, empecé a tomar video para poder mostrarlo a quienes no quisieron ir. El lugar tenÃa varias albercas de gran tamaño, asà como más de cien vestidores, aparte de sus cuartos para la ducha, un espacio para preparar comida y sentarse a comerla. Me llamó la atención ver que algunas partes del pasto estaba sumamente cuidado, como que tenÃa poco tiempo de haberlo podado. También otra parte de la construcción la estaban pintando. CreÃmos que pensaban darle un nuevo uso a las instalaciones. La mayor parte del tiempo seguà grabando el lugar. No encontramos nada extraño a excepción de paredes despintadas. El lugar lleno de maleza y de bichos por el olvido. Después de media hora de estarlo recorriendo, les dije que era hora de partir. Nos subimos al auto de nuestra amiga cuando lo quiso encender no prendió. Intentamos empujarlo por aquella que se tratara de la baterÃa, pero tampoco arrancó. Nuestra amiga un poco molesta por el contratiempo, intentó llamar por teléfono a un mecánico de su confianza. Ahà fue cuando nos dimos cuenta de que no tenÃamos señal Revisamos nuestros celulares y ninguna pudimos llamar para pedir ayuda. No sabÃamos lo que Ãbamos a hacer. Les dije que nos fuéramos caminando. Nos llevarÃa como una hora a hacerlo, pero al menos estarÃamos en el balneario con el resto del grupo antes de que se hiciera de noche Montse fue la primera en replicar dijo que no podÃamos dejar el auto y marcharnos. Le dije que no habÃa otra opción de mala gana. A nuestra amiga dijo que estaba bien. Empezamos a caminar por la brecha de regreso. Mientras lo hacÃamos, empecé a escuchar ruidos entre la maleza. Les pregunté a mis amigas y ellas también los escuchaban. Las dos coincidieron en que sÃ. ParecÃa como si alguien diminuto estuviera caminando entre los arbustos. Aceleramos el paso porque vimos que el sol ya se estaba ocultando. Cuando llegamos al balneario de las Tinajitas, el resto de nuestras amigas ya estaban afuera. HabÃan metido las cosas en la furgoneta. Sólo nos estaban esperando para marcharnos. Le preguntamos al chofer si él sabÃa de mecánica nos respondió que sÃ. Nuestra amiga le pidió que fuera a ver el auto para no tener que dejarlo en ese lugar y regresar al dÃa siguiente con una grúa. El chofer aceptó hacerlo. Nos dijo que no era conveniente dejar el auto en ese lugar porque no era seguro. En la furgoneta llegamos pronto al Balneario abandonado. Mariana y su mamá no se quisieron bajar del auto. Desde que la camioneta se detuvo y abrió su puerta, Gaby nos dijo que tuviéramos mucho cuidado. El lugar estaba lleno de energÃas negativas y oscuras. Además, comenzaba a hacerse de noche. Era favorable para que esas energÃas salieran. Nadie les puso atención. Se fueron a recorrer un poco el lugar. El chofer revisó el auto. Le llevó un poco de más de media hora le movió unos cables y cuando intentó encender el auto, el motor prendió. Partimos del lugar casi a las ocho de la noche. No era tan tarde, pero la oscuridad ya habÃa inundado el lugar. Nos estábamos subiendo a la furgoneta. Cuando escuché un grito, les pregunté a todas si lo habÃan oÃdo. Gaby fue la primera en responder. Nos dijo que nos tenÃamos que ir de inmediato de ese lugar porque las energÃas estaban cobrando fuerza. El chofer arrancó la furgoneta y empezamos a avanzar. Nuestra amiga venÃa detrás de nosotros. El camino era polvoroso. Mientras avanzábamos, una densa nube de polvo se levantó porque empezó a hacer mucho viento. La temperatura bajó drásticamente. El bosque no se veÃa igual de dÃa que de noche. Los árboles parecÃan que se movÃan de una manera autónoma, aunque era el aire quien los movÃa sus ramas, parecÃan dos brazos que nos iban a agarrar. Volteé a ver a Mariana y a su mamá. Las dos mantenÃan los ojos cerrados. ParecÃa que estaban orando, aunque después me dijeron que le estaban pidiendo a los seres de luz que salieran en su ayuda, porque los seres oscuros estaban detrás de ellas. Poco antes de llegar a la carretera. Escuché cuando alguien golpeó a la furgoneta con una piedra. El chofer hizo el intento de detenerse, pero Gaby le dijo que no lo hiciera, ponÃa nuestra vida en riesgo. Ella le dijo que, si era posible, se fuera lo más pronto del lugar. Cuando salimos del bos y se y l n ndo entramos a la carretera, nos sentimos más seguras. Gaby miraba constantemente hacia afuera. Se le notaba que estaba asustada. Le dije que se tranquilizara. Lo peor ya habÃa pasado. Ella me dijo que esperaba que de verdad todo hubiera terminado, porque tenÃa la sensación de que alguien nos estaba siguiendo en cuanto me hizo ese comentario, me asomé por la ventana, pero detrás de nosotros no habÃa nadie en cuanto. El chofer nos dejó fuera de nuestra casa. Mariana y Gaby se fueron a duchar la ropa que se quitaron. La lavaron de inmediato. Encendieron unas velas aromáticas que ellas traÃan. Con una de ellas pidieron a los seres de luz que las protegieran. Gaby dejó una de las veladoras en la puerta de la entrada. Lo hizo en diferentes partes de la casa. Ella me dijo que era una manera de que los seres oscuros no entraran o si ya lo habÃan hecho, se marcharan porque ellos eran afectos a las cosas negativas y a la oscuridad. Por eso, en cualquier familia en la casa que habÃa pleitos y discusiones, empezaban a suceder accidentes, drogadicción, enfermedades y otra serie de eventos desafortunados propiciado por las energÃas negativas atraÃdas con los problemas. Se me hizo muy exagerado que ellas tomaran esa postura, aunque no les dije nada. No quisimos cenar. Estábamos muy cansadas. Nos fuimos a descansar a nuestras habitaciones. Mi cuarto se encontraba en la parte más alta de la casa. Desde ahà podÃa salir a una terraza grande. Como no tenÃa sueño, abrà la puerta y me puse a ver las fotos que habÃa tomado en el bosque. Fue en ese momento en que empecé a darme cuenta de lo que habÃa ocurrido. Además del video que tomé, también hice varias fotos. En ella se alcanzaba a notar sombras oscuras detrás de los vestidores en la ducha. Incluso en las fotos que tomé al interior de unos de los cuartos vi unos ojos. Lo peor fue cuando una de ellas se tomó sola. Al parecer, dejé encendida la cámara y fotografió el suelo. Esa fue la peor de todas, porque habÃa un rostro en ella. ParecÃa que se asomaba intentando salir. En la fotografÃa. Aventé la cámara en mi cama enseguida. Me acordé del video. Prendà la luz para no asustarme tanto. Lo que vi en el video fue peor. Se escuchaba una alteración del sonido. Era como si cambiara la frecuencia. Lo repetà varias veces intentando entender lo que escuchaba, pero no lo pude hacer. Vi siluetas oscuras que se movÃan de un lugar a otro. No podÃa entender cómo ocurrió todo sin que nos diéramos cuenta, porque mientras estuvimos en el Balneario, no nos sucedió nada raro a excepción que se descompuso el auto de nuestra amiga. Pensé en bajar y comentarle a Mariana y a Gaby todo lo que habÃa visto, pero no me atrevà porque ellas ya me habÃan advertido que no fuera a ese lugar. Ni tampoco me acercará a lugares que podÃan estar llenos de energÃas negativas. Le le le hablé por teléfono a Montse. Ella me respondió de inmediato sin que le dijera nada. Me contó que a ella también le habÃan salido cosas extrañas en sus fotos. Cuando le comenté lo del video. Me pidió que se lo enviara. Me dijo que ella tenÃa un amigo experto en escuchar psicofonÃas. TenÃa un aparato especial para poder distinguir sonidos que no eran percibidos con el oÃdo humano. SeguÃa platicando como once cuando de pronto gritó me dijo que habÃa visto que algo se movÃa en su casa. HabÃa alguien dentro. Le pregunté quién estaba con ella. Me dijo que se habÃa quedado a dormir en casa de su mamá. Sólo se encontraban las dos y que su mamá no pudo haber sido porque ya estaba dormida. Montse me pidió que no le colgara el teléfono. Iba a revisar qué era lo que sucedÃa en la otra habitación. Mientras se fue a revisar, empecé a escuchar un sonido muy fuerte a través del teléfono. Me molestó tanto que lo tuve que retirar de mi oÃdo. De pronto. Oà a Montse que me decÃa que alguien estaba dentro de su casa y se cortó la llamada. Intenté hablarle varias veces sin conseguirlo. No sabÃa qué hacer, pero tampoco me podÃa quedar de brazos cruzados. Pensé en llamar a la policÃa, pero no lo hice porque tenÃa dudas respecto a quién estaba en la casa de Montse. De repente entró una llamada de ella. Le pregunté cómo se encontraba. Montse susurraba. Le dije que hablara más fuerte porque no le entendÃa. Lo único que pude escuchar fue cuando me dijo que un espectro estaba en su casa. Era oscuro y perturbador. Ella estaba encerrada en el cuarto con su mamá, pero ese ser se estaba apoderando de la casa porque se escuchaba que rondaba por todas partes. Montse me contó más cosas que nuevamente no pude oÃr porque intervinieron otras voces. Fue como si varias personas hablaran al mismo tiempo. Ya no continuó la llamada se cortó sin que me pudiera comunicar con ella, aunque ya sabÃa que algo malo estaba sucediendo en su casa. Me puse a caminar de un lado hacia el otro. Estaba nerviosa y alterada sin saber qué hacer. Bajé a la habitación en la que se encontraba Mariana con su mamá toqué en la puerta. Gaby fue la que me abrió. Le dije todo lo que estaba sucediendo. En cuanto terminé de contarle, Gaby me dijo que lo más seguro fue que Monse se habÃa traÃdo uno de los espÃritus del bosque Era necesario hacerle una limpia para liberarla. De ese ser le pregunté si era posible que ella lo hiciera, porque era urgente que fuéramos a la casa de Montse. Gaby me respondió que no podÃa hacerlo. TemÃa enfrentarse a una entidad de esas, porque ella era muy sensible a verlas, a sentirlas incluso a que dominaran su mente. Me dijo que me podÃa ayudar a distancia. Le rogué que fuera con nosotras. Mariana también le pidió lo mismo. Con muchas dudas, Gaby accedió a acompañarnos. Pedimos el servicio de un huber para llegar pronto a la casa de Montse. No estaba lejos, asà que en pocos minutos estábamos frente a su vivienda. Antes de entrar, Gaby nos detuvo nos dijo que cualquier cosa que escucháramos tratáramos de no hacerle caso, porque dentro de esa casa habÃa un ser oscuro muy poderoso. Ni siquiera fue necesario tocar en la puerta. Se encontraba entreabierta. ParecÃa como si ya nos estaba esperando gab Iba por delante de nosotras. Le hablábamos a Monse y a su madre, pero nadie respondió. De pronto salió montse sonriendo, nos dijo que nos sentáramos. Empezó a platicar con nosotras como si no estuviera sucediendo nada extraño. Nos dijo que era una agradable sorpresa vernos de nuevo empezó a platicar sobre cosas inverosÃmiles de una conversación. Brincaba a la otra le dije que ya parara. SabÃa perfectamente el motivo por el que estábamos ahÃ. Montse volteó y se nos quedó viendo. Sonrió de una manera como nunca la habÃa visto. Fue una sonrisa macabra y siguió conversando Gaby fue la primera que lo notó. Me dijo que ya no le preguntara más. También me comentó que el mal ya estaba instalado en su casa. Fue todo lo que me dijo. Siguió caminando por los cuartos con una veladora encendida en una de sus manos. También llevaba un péndulo de cristal, el cual oscilaba intensamente. Apenas iba a entrar a la habitación de Montse cuando el péndulo se movió de una manera abrupta. Después se le cayó a Gaby. Ella nos dijo que era necesario que saliéramos de esa casa. Le dije a Montse que se iba con nosotras. Gaby me interrumpió. Me dijo que no. Montse y su mamá se quedaban en casa. Cuando le dije a Montse que regresarÃamos más tarde, ella no tuvo ninguna objeción. Solamente sonrió en cuanto salimos de la casa. Sentà que podÃa ser respirar de nuevo en el interior de la casa. Me sentÃa asfixiada como si hubiera una densidad en el aire que no me permitÃa inhalar el oxÃgeno. Mariana también nos dijo que le pasó lo mismo. Nunca vimos a un ser oscuro. Sólo tuvimos sensaciones extrañas. Gaby no decÃa nada. Permaneció callada durante todo el trayecto de regreso. Al llegar a la casa, nos dijo que no se quiso quedar con Monce y su mamá porque el mal estaba dentro de ella. Le pedimos que fuera más clara. Nos dijo que un espÃritu oscuro se habÃa posesionado de su cuerpo y que ella no era capaz de ayudarla. Por eso prefirió que nos viniéramos, porque si nos quedábamos, también nosotras corrÃamos riesgo de que nos sucediera lo mismo. Fui la primera en intervenir. Le dije a Gaby que no podÃamos dejar a monse y su mamá en esas condiciones. Gavia sintió me dijo que no lo harÃamos. Simplemente ella no era capaz de sacarle al ser oscuro que se habÃa posesionado de ella y de su casa, porque todo el lugar tenÃa un tufo muy feo. Gaby habló por teléfono con su maestro, le explicó lo que estaba sucediendo. Ãl vivÃa en Toluca. Dijo que no era posible venir. Se encontraba en un congreso en el que iba a dar varias ponencias. Gaby me preguntó si conocÃa a alguien que la pudiera ayudar. Lo primero que se me ocurrió fue en decirle que podÃamos llevarle a un sacerdote. A ella no le encantó la idea, pero no tenÃamos muchas opciones le comenté que tenÃa muchos años que no iba a misa, pero a dos cuadras de mi casa habÃa un templo. PodrÃamos ir con el sacerdote a pedirle su ayuda. No tuvimos otra opción que esperar hasta el dÃa siguiente para acudir con el padre. Cuando le dijimos al sacerdote lo que estaba sucediendo, él se limitó a sentir sin decirnos nada. Se quedó un rato pensativo. Nos dijo que podrÃa ir a intentar bendecir el lugar y rezar unas oraciones, pero si realmente era verdad de que el mal estaba dentro de la muchacha, se regó y querÃa otro tipo de intervención, que no resultaba rápida. Fuimos de nuevo a la casa de Montse. Ella nos recibió amablemente. En cuanto vio al padre se molestó. Nos dijo que no le permitÃa la entrada a los desconocidos. Gaby fue quien la tomó del brazo y la apartó para que el padre pudiera entrar. Ãl comenzó a rezar varias oraciones, pidiéndole al Dios todopoderoso que alejara las fuerzas malignas de ese lugar y que entraran los Ãngeles con su legión para que protegieran y salvaguardaran el lugar. Fue una sensación horrible lo que sentÃa en mi estómago como si me hubieran dado un golpe fuerte. Comenzó a hacerme falta el aire y caÃa al piso sofocada en la casa. Comenzaron a moverse las cosas cayeron trastes adornos. Gaby se fue conmigo y se sentó a mi lado en el piso. Mientras me abrazaba, ella también murmuraba oraciones para expulsar al ser oscuro. Un edor horrible invadió el lugar a tal gra que todos comenzamos a toser mientras que Mont se seguÃa sonriendo. El padre seguÃa orando y esparciendo agua bendita en cada una de las habitaciones. De pronto montse se desmayó, quedó inconsciente por unos segundos después recobró el sentido. Gaby le dio un amuleto y se lo puso entre sus manos. Poco a poco, el tufo fuerte se fue disipando. De todas maneras, el lugar quedó impregnado de ese olor. Aunque llevábamos la protección del padre, no pude negar que tuve miedo, mucho miedo a que unas fuerzas extrañas me invadieran. El sacerdote nos dijo que hizo lo que estaba a su alcance, aunque no estaba seguro de que fuera suficiente. HabÃa ocasiones en que el mal se negaba a desaparecer, por lo que era necesario seguir orando cada dÃa después de llevar al padre de regreso, nos quedamos intranquilas. De nuevo llamamos a Monse para saber cómo se encontraba. Nos dijo que tenÃa miedo. Su casa estaba muy frÃa. No le sucedÃa nada, pero tenÃa la sensación de que alguien más estaba dentro. Gaby me dijo que era lo que temÃa, que era necesario llevar de regreso. Al ser que se le habÃa pegado a Montse para que su mamá y ella pudieran estar en paz. No tenÃa la menor intención de regresar a ese lugar. Ni Gaby ni Mariana lo querÃan hacer. Sin embargo, me dijeron que no habÃa otra manera. Gaby habÃa hablado con su maestro y le dijo que era necesario hacerlo. Ãl la apoyarÃa a través de una video llamada Comenzaba a oscurecer, por lo que ese dÃa no habÃa nada más que hacer. Le dijimos a Montse que irÃamos a pasear. No le dijimos a dónde para no alterar a los espÃritus. Ella estuvo de acuerdo. Al dÃa siguiente pasamos por ella y su mamá antes de llegar al bosque, Montsés se empezó a alterar, comenzó a decir palabras vacÃas sin sentido enseguida. Nos empezó a maldecir y a decir cosas amenazantes. Gaby nos dijo que no prestáramos atención a lo que ella decÃa. Lo mejor era mantenerse sereno tratando de mantener la calma. En cuanto llegamos al Balneario, pareció que todas las energÃas se alborotaron. Un viento fuerte nos invadió, lo que hizo que el polvo se levantara. Comenzamos a toser. Después todo quedó en calma absoluta. Fue cuando Gaby comenzó a hacer el ritual. Sin embargo, se fue la señal y no pudo continuar con la video llamada conforme. Gaby empezó a caminar por distintas partes del lugar. Montse se puso a correr. Gaby nos dijo que la alcanzáramos y tratáramos de mantenerla cerca de ella. Corrimos tras ella. Cuando la alcanzamos, Montcee se alteró mucho. Mariana la agarró de un brazo y yo del otro, pero era tanta su fuerza que no podÃamos controlarla. Después, poco a poco, se fue tranquilizando hasta que se sentó en el suelo. Nos dijo que se sentÃa muy cansada. Gaby estaba atenta a lo que sucedÃa. Se acercó para decirnos que era hora de marcharnos. Antes de irnos, Gaby dejó un extraño objeto en el piso. Nos subimos al auto y nos fuimos alejando del lugar mientras el auto avanzaba me volteé para tomar una foto del balneario. En apariencia se veÃa normal, pero sabÃa qué de trasfondo habÃa algo tenebroso en ese lugar. Montsé empezó a hablar con nosotras de manera normal. ParecÃa que no se habÃa dado cuenta de lo que le habÃa sucedido. No preguntó nada ni por qué habÃamos regresado al bosque. Se puso a platicar de cosas triviales. Llegamos a dejarla a su casa. Su mamá se habÃa ido a trabajar, por lo que no habÃa nadie. Entramos para acompañarla y ver que se encontrara bien. HabÃa algunos objetos tirados en el piso, pero se sentÃa y se respiraba mejor dentro de la casa. De todas maneras, Gaby encendió inciensos, abrió las ventanas. Nos dijo que era necesario limpiar la casa de cualquier energÃa que se hubiera podido quedar. Nos fuimos más tranquilas por la noche. Revisé la foto que habÃa tomado con el celular antes de marcharnos del balneario. En ella salÃan algunas sombras. Me di cuenta de que el lugar estaba impregnado de seres oscuros. Cuando se la mostré a Gaby, ella me dijo que un lugar en el bosque y en completo abandono era propicio para que cualquier entidad se instalara en ese sitio. El balneario abandonado sigue ahÃ, aunque jamás he vuelto a ir relatos escritos y adaptados por Adriana Cuevas








