Jan. 1, 2024

Un Brujo Le Dio Mi Alma Al Diablo Historias De Terror - REDE

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Nota de Adriana Cuevas. Las posesiones demoníacas han existido desde épocas antiguas en diferentes tipos de culturas hasta la actualidad. Existe una controversia entre ciencia y religión. Desde la perspectiva científica afirma que los signos que presentan los poseídos, como el hablar en una lengua distinta, la levitación, la aberración a los objetos religiosos, el cambio de voz, la doble personalidad puede deberse a un cuadro de neurosiso de esquizofrenia y que cuando se presenta la amnesia, es por causa de la sobrecarga funcional del cerebro. En cambio, la religión argumenta que el bien y el mal existen, por lo que hay personas que son más receptivas y sensibles ante la presencia de un ser maligno. Resulta ser el huésped idóneo para que el demonio se instale en ese cuerpo ante una situación como la posesión demoníaca, la religión y la ciencia dan argumentos contundentes para afirmar que puede tratarse del mal dentro de un cuerpo, o quizás se deba a un problema mental. Los siguientes casos fueron hechos que le sucedieron a gente que conocí muy de cerca. Primer caso, hace varios años, cuando era niña, me sucedieron eventos que en su momento no entendí, no tenía la edad necesaria para saber lo que sucedía a mi alrededor, principalmente porque mantenía un vínculo de amor y cariño hacia la persona que le pasaron los hechos extraños. Me sentía amenazada, sin saber el motivo que lo causaba, al intentar contarles lo que siempre había callado. Se llena mi cuerpo de escalofríos y de miedo, pero no cualquier miedo, sino uno inquietante que rebasa mis sentidos. Es el motivo por el que siempre mantengo un estado de alerta. No tengo la seguridad, pero creo que todo se originó cuando la hermana de mi mamá se fue a vivir al estado de Michoacán. Después que se casó, ellas eran muy unidas porque eran hijas únicas. Mi tía venía a visitarnos con mucha frecuencia durante el año. Al menos nos veíamos tres veces, incluso más ocasiones. Nos gustaba ir a Michoacán para las festividades del dos de noviembre, porque en Pascuaro se celebraba de una manera muy especial el día de Muertos. El centro del pueblo se llenaba de gente y de autos, pero no teníamos ningún inconveniente. La casa de mi tía era muy grande y se encontraba no tan distante del centro, por lo que podíamos ir caminando la noche previa al día de muertos. Era toda una fiesta en el Cementerio y también en la isla de Janitzio. Las lanchas se llenaban de personas para ir a la isla que se encontraba iluminada con muchas veladoras. Recuerdo que era el año de mil novecientos noventa y seis cuando fuimos a pasar las festividades al lado de mi tía. Ella tenía tres hijas. Me llevaba muy bien con mis primas, aunque rosa era con quien mantenía un vínculo más estrecho. Casi Éramos de la misma edad y teníamos muchas afinidades en común. Aquel día, que considero fue el inicio del calvario de mi prima y de la familia. Fuimos a la parte de donde partían las lanchas para ir a la isla de Janitzio. Había dos muelles, uno general que se encontraba sobre la Calle de las Américas y otro más conocido por los pobladores de Pátzcuaro, el Muelle de San Pedrito. Las lanchas eran grandes, tenían una capacidad de muchas personas. Después de esperar nuestro turno partimos. En aquella ocasión, mi papá no pudo acompañarnos por problemas que tenía en el trabajo. Sólo iba con mi mamá y mi hermana. Mi tía alma ya llevaba varios años viviendo en Michoacán, por lo que ella había hecho una red de amistades que me sorprendía mucho. Nos dijo que tenía una amiga en la isla de Janí. Las personas que vivían en el pueblo flotante eran de origen purépecha. Mi tía nos dijo que ellos todavía conservaban sus costumbres y tradiciones. Nos fuimos mucho antes de que empezara la celebración. Mi tía nos comentó que podíamos llegar a la casa de su amiga. Ella tenía un restaurante pequeño en el que podíamos comer y esperar la celebración por la noche. No me gustaba que el lugar se llenaba de mucha gente, pero cuando estábamos enfadadas podíamos entrar a la casa de la amiga de mi tía. Nos gustaba ver lo que tenía al interior de su vivienda, porque eran cosas muy distintas a las nuestras. Durante el festejo del día de Muertos hubo un momento en que perdí de vista a mi prima la busqué y no la pude encontrar. Me acerqué con mi mamá para decirle que no veía a rosa por ningún lado. Mi tía también se dio cuenta. Entre todos comenzamos a buscarla sin poder encontrarla. Mi tía les pidió a las personas cercanas a ella que le ayudaran a buscar a su hija. Aquellos momentos fueron angustiantes. Veía a mis tíos como locos, averiguando por todas partes. Mi tío se fue al centro de Pátzcuaro a levantar un reporte para que se generalizara la búsqueda de Rosa. De pronto de entre la oscuridad salió ella caminando venía en un estado catártico. Todos corrimos a abrazarla y preguntarle dónde había estado. Ella no respondió ni siquiera nos volteó a ver. Intuía que algo malo le había ocurrido. No quise hacerle más preguntas. Me limité a abrazarla y decirle que todos estábamos muy preocupados por ella. La celebración del Día de muertos ya no fue la misma en cuanto se pudo partimos de la isla de Janitzio para ir a la casa de mi tía. Era la primera vez que no nos quedábamos tan tarde a celebrar dormía en la misma habitación que mi prima. Pensé que cuando pudiéramos estar a solas, ella me contaría lo que había sucedido. Nos fuimos a acostar, pero ella no habló nada. Seguía ausente. Al día siguiente, mi tía llevó a Rosa con un médico porque seguía teniendo conductas extrañas. El doctor le corroboró a su mamá lo que presentía. Habían abusado sexualmente de ella. En aquella época no entendía a qué se referían, por lo que no le tomé la importancia de vida. No duramos más de una semana. Nos regresamos a Guadalajara. Cuando me despedí de mi prima, ella comenzaba a hablar un poco más. Me sonrió un poco y me dijo que nos veríamos muy pronto. Le iba a decir a su mamá que la llevará a visitarme lo antes posible, porque tenía muchas cosas que contarme antes de que nos marcháramos. Rosa se acercó y me susurró unas palabras en el oído que no entendí. Le dije que no sabía lo que me había dicho, pero ella no me explicó. Sólo se limitó a sonreír. Esa fue la primera vez que sentí algo extraño. Cuando estuve cerca de ella, me fui de con una sensación de confusión. La siguiente vez que nos reunimos no pasó tanto tiempo, porque estaba la víspera de Navidad. Mi tía vino de michoacán con su familia. A excepción de su esposo. Mi tío no pudo venirse con ellas. Dijo que llegaría en la nochebuena. Por lo regular, mi tía llegaba a casa de sus padres, pero en esa ocasión no lo pudo hacer porque llegó visita de Estados Unidos, por lo que mi tía, junto con mis primas, se fueron a hospedar en mi casa para esa fecha. Ya no me acordaba lo que había sucedido. El dos de noviembre, rosa quiso dormir en mi habitación. Nos dormíamos un poco más tarde jugando aquella noche. Fue la primera vez que me contó que sus padres se peleaban mucho. Algunas veces llegó a esconderse y los escuchaba discutir. Me dijo que hablaron de divorcio y de quién se iba a quedar con la custodia de los hijos. Aunque teníamos diez años y no sabíamos las implicaciones de un divorcio. Mi prima lloró me dijo que no quería que sus padres se separaran. También me contó que iban a unas reuniones en las que sólo eran aceptados los matrimonios con sus respectivos hijos. Era un centro de oración en el que aprendió a usar una baraja muy distinta a la que conocía. Con ella era posible adivinar el futuro de las personas. Se me hizo bastante raro que se refiriera al lugar de reuniones al que iban como centro de oración, pero la verdad, en aquel momento no le tomé nada de importancia. Al contrario, le pedí que me enseñara a usar la baraja antes de irnos a dormir rosa. Me dijo que tenía algo más que Mostrarme sacó una tabla que tenía inscrito el abecedario. Me dijo que era una huija. Pensé que se trataba de un juego de mesa, pero cuando ella me explicó para lo que era, no me gustó la idea de jugar. Le dije que no quería hacerlo. Le pregunté si sus papás sabían de la existencia de la tabla y si estaban de acuerdo en que la usara ella me respondió que sí. Ellos se la habían comprado. No le pregunté más, pero ella insistía en que jugáramos con la tabla. Le dije que no quería. Me pidió que solamente una vez para que viera cómo funcionaba más forzada que de ganas. Acepté porque insistió mucho rosa. Le hizo una pregunta sencilla. A la hija le preguntó si sus padres se iban a divorciar el triángulo que ella mantenía detenido con sus dedos. Se movió y respondió que sí. Mi prima iba a hacer otra pregunta. Cuando la detuve, le dije que basta, no quería usar su tabla. Ella se molestó un poco y la guardó en su mochila. La puso debajo de su cama y se acostó a dormir. Ya no platicó conmigo. Me di cuenta que era la primera vez que nos salíamos de acuerdo. Me empecé a quedar dormida caí en un sueño profundo cuando de repente me despertó un ruido extraño. Miré a mi prima y se movía de una manera rara. Al mismo tiempo hacía unos sonidos guturales, muy feos. De inmediato le grité a mi mamá. Ella llegó corriendo asustada. Detrás de ella se vino mi tía. En cuanto vio a mi prima, se acercó para ponerla de lado. Mi tía nos dijo que Rosa estaba convulsionando. Era la primera vez que veía a una persona que tuviera un ataque epiléptico. Me asusté mucho tanto que ya no quería dormir en la misma habitación con mi prima. Después de unos minutos que me parecieron largos, Rosa se recuperó de la convulsión. En un principio quedó desorientada. Parecía que no se daba cuenta de lo que sucedía, porque preguntó por qué estábamos todos alrededor de ella. Mi tía le explicó que había tenido otra convulsión luego del susto que nos dio mi prima. Mi mamá quiso hablar con mi tía, Rosa se quedó dormida. Mi tía dijo que siempre que le daba una crisis, quedaba muy cansada y se dormía por mucho tiempo. Cuando la vi profundamente dormida, yo no tenía nada de sueño por el susto que me dio. Me salí de mi cuarto por un vaso con agua. Escuché Cuando mi mamá hablaba con mi tía sobre la enfermedad de Rosa, ella le dijo que era una de las secuelas que le habían quedado. Después de aquel día que desapareció en Chanitzio, ya la habían llevado al neurólogo. Después de varios estudios que le hicieron, el médico dijo que no encontraba ninguna anormalidad en su cerebro. Él creía que todo era producto de una experiencia traumática, por lo que sugirió que la llevara al psicólogo y, en caso de ser necesario, al psiquiatra. Mi tía siguió diciéndole a mi mamá que Rosa se encontraba en terapia. Por desgracia, no había mejorado. Ya no sabían cómo encontrar la solución. Mi mamá le sugirió que se acercara más a Dios, que él era el único que la podía ayudar. Mi tía le dijo que ya sabía que sus creencias no eran las mismas. Ella había encontrado un lugar en el que la ayudaba mucho, pero no era precisamente una iglesia. Mi tía alma le siguió diciendo a mi mamá a qué lugar iba para buscar el apoyo de una deidad la verdad. Ya no entendí el resto de la conversación y me fui a acostar de nuevo. Con el paso de los años, supe que al lugar al que iba mi tía y su familia era un centro esotérico en el que le enseñaban rituales para favorecer la suerte, así como para predecir el futuro. Y más cosas. Antes de irme a acostar, fui a ver a mi prima para saber cómo estaba. Seguía profundamente dormida. Al parecer, la convulsión le minaba toda su energía. Me llevó tiempo poder dormirme porque entre sueños veía el rostro de mi prima. Cuando convulsionaba, desperté alterada, pero rosa seguía dormida. Sólo escuché que balbuceaba unas palabras que no entendí. A partir de ese momento estuvo inquieta. De repente se movía frenéticamente como si alguien la quisiera lastimar. En uno de esos momentos gritó muy fuerte. Hizo que todos fueran a nuestra habitación para ver qué sucedía. Mi prima despertó extrañada. Su mamá le preguntó qué le había pasado rosa. Se limitó a decir que nada. No recordaba, absolutamente nada. Después de aquella noche, los demás días transcurrieron más tranquilos. Lo único raro fue en la nochebuena. Todos nos reunimos en la casa de mi abuela. Uno de mis tíos puso villancicos y enseguida. Una parte de la familia se salió de la casa para pedir posada. La otra parte se quedó al interior de la vivienda. A los niños nos hicieron salirnos para cantar a otra de mis primas. La vistieron con un manto azul y le cubrieron su cabeza con otro de color blanco. Ella era la Virgen María. A todos nos dieron una vela encendida. A la vela le pusieron un vaso desechable para que la cera derretida se quedara en el vaso y no nos fuera a quemar mientras cantábamos. No nos no supe qué fue lo que ocurrió, pero mi prima rosa le prendió fuego a la camisa de uno de mis primos. El de inmediato comenzó a gritar. Mis tíos le apagaron el fuego mientras que Rosa se estaba riendo como si sólo se tratara de una travesura. Me acerqué a ella para decirle que eso no se hacía. Pudo haber ocasionado una lesión muy grave a mi primo, pero ella se limitó a sonreír Cuando mi tía se dio cuenta de que había sido Rosa la que ocasionó el percance, la regañó y la castigó, pero Creo que a mi prima ni siquiera le importó porque seguía sonriendo. Aquella vez me di cuenta de que algo malo había en ella. Luego que pasaron las festividades navideñas, mi tía me preguntó si notaba distinta. A Rosa me sorprendió su pregunta. Le respondí que mi prima de repente tenía conductas que no me gustaban y que cuando dormía su sueño era muy inquieto. Incluso decía palabras que no entendía como si hablara en otra lengua. Mi tía nos dijo que su hija había cambiado drásticamente también en su casa. Hacía cosas extrañas. Nos contó que una noche se levantó porque escuchó ruidos en la cocina. Le asustó mucho ver a Rosa parada en la oscuridad sin hacer nada. Parecía como si fuera sonámbula, aunque ella nunca lo había sido. Mi tía no pudo más y se puso a llorar. Nos dijo que desde aquel incidente en la isla de Janitzio ya no fue la misma. Ella pensó que con la terapia y los tratamientos psiquiátricos iba a mejorar, pero no sucedió así. Cada vez tenía conductas raras como la de la noche anterior. Escuchamos que Rosa se levantó y dejamos de hablar de ella a los pocos días se regresaron a michoacán. A partir de esa ocasión, las visitas fueron más distantes. Apenas nos veíamos una vez al año. Mi tía decía que gastaba mucho dinero en tratamientos para Rosa. Por eso no podía venir con tanta frecuencia sin hacer ningún tipo de comentario. Mis papás también nos llevaron menos. Quería mucho a mi prima, pero últimamente tenía conductas que no me gustaban Además, ya platicábamos muy poco porque ella se encontraba metida en lecturas de libros raros, en el manejo del tarot y, peor aún, en la huija. No me gustaron los cambios que tuvo. En una ocasión escuché que mi mamá hablaba por teléfono con mi tía. Le decía que dejara de buscar respuesta en asuntos esotéricos, que mejor se acercara a Dios para que le diera su protección y la guía para que su hija sanara. No supe que le comentaba a mi tía, pero intuí que las cosas no habían mejorado con mi prima. La siguiente vez que fuimos a michoacán, ya éramos adolescentes, empezamos a cambiarnos sólo físicamente, sino también en nuestra manera de pensar. Aquella vez sentí que se había hecho un abismo con mi prima porque sus gustos cada vez eran más tenebrosos. Un día me dijo que una de sus compañeras de las secundaria la había visto feo. Me dijo que le hizo un conjuro para que le fuera mal y había tenido resultado. Se cayó de la bicicleta y se rompió una pierna, por lo que dejó de asistir por algunas semanas a la escuela. En ese momento comenzó a reír a carcajadas. Incluso me dio un poco de miedo el solo pensar que yo hiciera algo que no le gustara rosa. Notó mi mirada me confrontó alterada. Me dijo que yo era una santurrona. Igual que mi mamá, me dijo cosas hirientes Respecto a mi madre. No quise discutir con ella, porque le tuve miedo a que me quisiera hacer un daño con los conocimientos que había adquirido de todos los libros de rituales que leía. Además, ella seguía usando la huija. Me decía que siempre le respondía lo que le preguntaba. Esa vez se me quedó viendo de una manera perturbadora. Me dijo que le iba a hacer a la hija unas preguntas acerca de mí. Ya no me quedé en su recámara. Me salí con temor, ya no quería estar más en su casa. En cuanto tuve oportunidad, le dije a mi mamá que ya no quería dormir en la misma habitación que mi prima. Le dije que ya me quería ir de esa casa. Ella me daba miedo. Mi madre me dijo que no nos podíamos ir de esa manera. Haría los preparativos para marcharnos al día siguiente. Que tuviera un poco de paciencia, No tuve la certeza que mi prima se hubiera dado cuenta de lo que le comenté a mi madre, pero pareció que lo sabía. Traté de evitarla todo el día, pero en la noche no tuve otra opción que entrar al cuarto. Había pensado en agarrar una almohada y una cobija e irme a dormir al sofá de la sala. Parecía que ella sabía de mis intenciones, porque antes de que lo hiciera me preguntó por qué no quería dormir con ella. Si me quería mucho y jamás me haría daño, solamente lo hacía con personas que se portaban mal con ella, pero que tuviera cuidado de hacer algo que le molestara Con lo que me dijo. Ni siquiera hice el intento de irme a dormir a la sala. Me limité a Sonreírle Le dije que me sentía muy cansada y que lo único que quería era dormir. Me acosté y fingí que me estaba quedando dormida. Sin embargo, ella se me acercó puso su cara casi al frente de la mía y me dijo unas palabras en otra lengua. Las pronunció de una manera lenta y con una voz distinta que nunca le había escuchado. Le pregunté qué quería. No me respondió. Siguió diciendo las mismas palabras y de repente se soltó a reír de manera ruidosa. Mi tía fue a decirnos que dejáramos de hacer ruido porque los demás necesitaban dormir rosa. Guardó silencio. Se me quedó viendo fijamente con una mirada penetrante y me tomó el rostro con sus dos manos. Se acercó y me dijo que sabía todo acerca de mí, que tuviera cuidado hasta con mis pensamientos. Le pedí que me dejara en paz. Me soltó y se fue a su cama. No pude tener un sueño tranquilo. Sentía que en cualquier momento Rosa me podía hacer algo. Hubo un momento en que me quedé dormida. No supe por cuánto tiempo dormí de repente algo. Me despertó vi a Rosa que estaba parada en un rincón del cuarto. Sólo la pude distinguir por la pijama de color. Claro que traía puesta porque la habitación se encontraba en completa oscuridad. No le dije nada. Me quedé viéndola desde mi cama. Duró un buen rato parada frente a la pared sin moverse y sin decir nada. Enseguida, se fue a acostar a su cama. De repente comenzó a convulsionar. Le hablé a mi tía para que acudiera a atenderla. Me generaba muchos nervios verla en ese estado. Mis tíos llegaron de inmediato. La asistieron para que no se fuera a ahogar o a morder su lengua. La cuidaban para que no se fuera a lastimar el resto era esperar a que la convulsión pasara. Sin embargo, en esta ocasión ocurrió algo extraño. Ella no podía salir de la convulsión. Se sacudía mucho para evitar que se fuera a caer de la cama. Mi tía la agarró de un brazo. Mi tío del otro me dijo que la tomara de los pies MA mi ma. Mi mamá también estaba presente. Ella la agarró de una pierna y yo de la otra. Aunque éramos cuatro personas las que la estábamos agarrando. Sentía una fuerza descomunal. Mi prima era de complexión delgada y bajita, por lo que se me hacía exagerado que no pudiéramos controlarla de pronto nos dijo unas palabras suéltenme no era su voz. Fueron unas palabras que parecía que las decía un hombre. Después dejó de convulsionar y se quedó inconsciente por unos minutos. Luego que despertó, preguntó qué estaba sucediendo, por qué todos estaban en su cuarto. Mi prima se quedó profundamente dormida. Nos salimos todos del cuarto. Mi tía le dijo a mi mamá que ya había probado de todo, pero ella no mejoraba. Mi mamá le comentó que necesitaba dejar de ir a esos lugares esotéricos. Aún no terminaba de hablar mi mamá cuando mi tía le dijo que hacía tiempo que no lo hacían. Al contrario, estaban yendo a un centro de culto cristiano en el que le enseñaban a creer en Dios. Mi mamá aprovechó para decirle si había pensado que Rosa podía tener el mal en su cuerpo que estaba poseída por el demonio. Mi tía no pudo más y se soltó llorando. Nos dijo que no era la primera vez que ocurría. Ya le había dicho a su pastor lo que sucedía con Rosa. Hubo una ocasión en que vino a la casa. El pastor oró por ella para pedirle a Dios que los ayudara. Hizo oraciones por toda la casa para que el mal desapareciera, pero no funcionó. En aquella ocasión en que el pastor las visitó, Rosa se puso a reírse de él y le dijo unas palabras en otra lengua. El pastor hizo caso omiso a sus burlas, aunque todo lo que hizo no sirvió absolutamente de nada. Cuando mi tía nos contó lo ocurrido, mi mamá le dijo si había pensado en acercarse a un sacerdote católico para que él pudiera decir si se trataba de una posesión. Mi tía le dijo que en sus creencias no existía la posesión. Con la oración era posible alejar todo el mal. Eso le había dicho su pastor, por lo que no había hecho el intento de acercarse a un sacerdote católico. Aquella vez fue la última noche que dormía en la misma habitación con mi prima ella. Ya no despertó la convulsión. La había dejado sin fuerzas, por lo que durmió el resto de la noche. Nos fuimos de la casa de mi tía. Al día siguiente, mi mamá, antes de marcharnos, le comentó que si no quería acercarse a un sacerdote católico, había otras maneras de hacerlo. Existían personas que se dedicaban a hacer limpias, a proteger de los malos espíritus. También una de ellas la podría ayudar. Mi tía se limitó a decir que lo iba a pensar y nos marchamos. Pasó poco más de medio año para que nos volviéramos a ver un fin de semana sin previo aviso. Mi tía llegó con mis primas. Le pidió a mi mamá su ayuda. Le dijo que ya no podía con Rosa. Cada vez estaba peor. Necesitaba que la ayudara en mi casa. Nunca no nos habíamos acercado a las prácticas esotéricas, por lo que mi mamá no tenía conocimiento de ello, pero le dijo a mi tía que en el centro había muchos locales que se dedicaban a eso. Incluso en el mercado Corona y en el de San Juan de Dios había gente que las podía ayudar. Cuando me acerqué a saludar a Rosa, ella parecía normal, se portó amable y cálida como lo era antes. Pensé que quizás todo era una exageración de mi tía, pero recordé los momentos que viví en su casa y tuve dudas. Por la tarde estuvimos viendo una película en lo que mi tía y mi mamá iban al centro a pedir ayuda. Tenía un poco de temor dormir en el mismo cuarto con mi prima, pero como ya había pasado el tiempo, el miedo casi se había disipado por completo. Aquella noche no ocurrió nada. Incluso creí que mi prima ya se encontraba bien. Al día siguiente tuvimos una convivencia como las que teníamos años atrás, pero mi tía seguía insistiendo en la en la l ayuda. Por la tarde llegó una mujer de edad madura dijo llamarse Sandra. Cuando ella llegó, estábamos viendo una película de comedia, por lo que estábamos riéndonos de pronto. Cuando mi prima se dio cuenta de la presencia de Sandra, empezó a decir malas palabras, incluso la corrió. Le dijo que ella no tenía por qué estar ahí. Le dijo que se marchara de inmediato o lo iba a lamentar. Su voz no era la misma. Era gruesa y grave. Lo dijo con tanta furia que algunos objetos de adorno que teníamos en el mueble de la televisión se cayeron sin inmutarse. La vidente comenzó a hacer su ritual. Empezó caminando por cada rincón de la casa con un incienso de un olor peculiar. Después quiso amarrar una cinta roja en la muñeca de mi prima, pero ella de inmediato la rechazó. De nuevo. Le dijo que la dejara en paz o se iba a arrepentir. Al tiempo que lo dijo, un viento fuerte surgió de la nada. De pronto mi mi prima r n la comenzó a convulsionar. Se estaba golpeando nos acercamos a ayudarla, pero ella dijo que nos marcháramos. Al tiempo que lo dijo, otras cosas se cayeron después se quedó inconsciente. Sandra le dijo a mi tía que lo que mi prima tenía era el demonio, pero que era uno muy fuerte, no iba a ser fácil deshacerse de él. Sandra preguntó desde cuándo estaba así. Mi tía le dijo que todo empezó cuando le sucedió aquel lamentable suceso. De acuerdo a lo que le dijo su pastor, el mal de aquella persona que abusó de mi prima se lo transfirió. Seguramente se trataba de una persona que se dedicaba a la magia negra para que pudiera hacerle tanto daño a su hija. Sandra le explicó a mi tía que lo más probable fue que en aquel momento le hicieron el mal a rosa intervine para decirle que ella también tenía prácticas extrañas, como el uso de la huija y conocimiento de rituales. Sandra dijo que ella no creía que esa fuera la causa por la que ella estaba poseída. Más bien pensó que por tener al mal dentro de su cuerpo, empezó a tener gusto por esas prácticas. Mi prima despertó y, como si no hubiera ocurrido nada, empezó a decirnos que por qué no seguíamos viendo la película. Sandra se presentó como una amiga de la familia Rosa la trató bien y se fue a sentar al sillón de la sala. Antes de marcharse. Sandra le dijo a mi tía que necesitaba algo más que una limpia. Su hija requería de alguien que tuviera poderes más fuertes. Su maestro la podría ayudar, pero él no iba a las casas. Ellas tendrían que ir a su negocio. Era extraño el comportamiento de mi prima, porque tenía conductas completamente normales. No sucedió nada extraordinario, pero mi tía, que ya sabía cómo era cambiante su temperamento, quiso ir a llevarla con el brujo. Se fueron las tres. Mi madre las acompañó. Quería ir, pero mi mamá me dijo que me quedara con mis primas. Ellas eran más pequeñas. Se fue on toda la tarde. Cuando llegaron ya era de noche. A mi tía y a mi mamá se les veía el cansancio en el rostro. Mi prima de plano venía devastada. No supe lo que ocurrió con aquella persona, pero al día siguiente, mi tía, junto con mis primas, se regresaron a michoacán. Después de esa vez tardamos mucho en verlas. Según mi mamá dijo que mi prima rosa estaba mejor, pero mantuve ciertas dudas al respecto. La volví a ver el año siguiente se le notaba distinta, ya no convulsionaba, pero notaba ciertas conductas que me parecían sospechosas, como levantarse por las noches y permanecer parada despierta sin decir nada o de repente, hablar una lengua desconocida. La relación con ella se volvió distante, por lo que sé muy poco de mi prima, aunque creo que todavía queda en ella la reminiscencia del mal. Segundo caso, cuando una persona padece de trastornos mentales, lleva tiempo darse cuenta de que hay un problema psiquiátrico. Hay señales que el familiar o el mismo individuo detecta, pero que prefiere pensar que es transitorio y pasará. De la misma manera sucede con las adicciones no es fácil aceptar que se tiene ecodependencia a un fármaco o una droga estimulante. Hay una línea muy delgada entre los trastornos mentales, ya sea ocasionados por herencia genética, por situaciones extremas que ponen al borde las emociones o por adicción a alguna droga. Al cruzar esa línea e irse del otro lado en el que una persona comienza a mantener un vínculo con seres de otro mundo en el que puede llegar a ser poseído, se confunde con problemas mentales. No se le da crédito a la persona cuando dice que ve un espíritu o peor aún si lo que ve es un ser maligno que lo persigue. Antes de vivir en esa colonia, rentaba un casa en otro lugar. En aquel tiempo tenía a mis tres hijos pequeños. Cuando me mudé a vivir a esa colonia porque mi esposo compró una casa por medio del infonavit A un lado vivía una familia numerosa. Pronto hice amistad con mi vecina porque nuestros hijos iban a la misma escuela primaria. Sus hijos más pequeños eran los que acudían a la escuela. Mi vecina, Chela tenía tres hijos adolescentes y tres pequeños. Su hijo mayor de nombre, Carlos, era con el que tenía muchos problemas. Hubo una ocasión en la que tuvo dificultades con su hijo, Carlos. Él tenía diecisiete años. No supe lo que pasó con él. Sólo llegó muy apurada diciéndome que necesitaba llevarlo al hospital. Ella tenía familiares que no vivían tan cerca, por lo que acudió conmigo para que estuviera al pendiente de sus hijos. En lo que llegaba su esposo o su mamá le dije que se fuera tranquila, me encargaría de ellos. Recuerdo que en aquella ocasión fui a la casa de Chela para ver cómo estaban los pequeños. Cuando entré a la casa, me sorprendí de ver cosas tiradas. Era como si hubiera pasado un remolino dentro de la vivienda. Los niños más pequeños se veían asustados. Les dije que no se preocuparan. Su mamá llegaría en poco tiempo mientras me haría cargo de ellos. El más pequeño tenía cuatro años de inmediato fue y se abrazó de mis piernas. Les dije que los llevaría a mi casa para poder atenderlos mejor. Los tres pequeños se fueron conmigo, pero los dos más grandes no lo quisieron hacer. Me dijeron que ellos se quedaban en la casa. No se los discutí Sólo les llevé comida al mediodía. Por la tarde llegó el esposo de Chela a recoger a los niños. Le pregunté cómo estaba Carlos. Me dijo que ya se encontraba mejor, pero se iba a quedar internado en el hospital. Chela se quedaría con él. Fue todo lo que me dijo. Quería saber cuál había sido el motivo por el que Carlos se había puesto tan mal. Ya lo había notado que no andaba en buenos pasos. Lo veía que se juntaba en el parque con un grupo de muchachos que consumían drogas. Cuando Chela regresó del hospital, pasó a mi casa a darme las gracias por haberla apoyado. Le pregunté qué le había sucedido a Carlos para que estuvieran en el hospital por tres días. Ella me respondió que su hijo consumía drogas. No sabía de qué tipo tenía problemas con él por su adicción. Carlos se había convertido en un muchacho apartado, agresivo y grosero. Me dijo que antes de que terminara la secundaria, comenzó a andar con uno de sus compañeros, que vendía drogas a duras penas. Terminó la secundaria ya no quiso continuar sus estudios, pero tampoco quería trabajar. Se la llevaba la mayor parte del tiempo en la calle. Lo que ocurrió el otro día fue porque ella le reclamó a su hijo por estar drogado. Él se enojó tanto que se puso a tirar todo lo que se encontraba a su alrededor. Después se agarró la cabeza como si tuviera un dolor muy fuerte, cayó el pie y comenzó a convulsionar. Era la primera vez que le sucedía. Hasta lo que sabía A su hijo no le daban ataques de epilepsia en el hospital. Le dijeron que todo era por causa de las drogas que estaba consumiendo, pero que no tenía ningún tipo de patología. Unas pastillas que se estaba tomando fueron las que le provocaron la convulsión. Si las dejaba de tomar, no volvería a pasar lo mismo. Chela se puso a llorar. Me dijo que su hijo era bueno. No sabía qué le había sucedido. Incluso se transformó tanto que le dio miedo. Hubo un momento en que él comenzó a hablar palabras que no entendía. Me limité a escuchar y abrazarla. No sabía cómo ayudarla. Le dije que podía contar conmigo para lo que necesitara. La situación de chela con su hijo no mejoró. Con frecuencia. La encontraba en la noche. Cuando venía de la tienda, me preguntaba si había visto a su hijo, ella se salía a buscarlo cuando no se aparecía durante todo el día. En ocasiones la veía que venía con la cara mal tambaleándose por lo que consumía. Otras veces era su esposo el que lo buscaba, pero él le gritaba y le daba de golpes en la cabeza. Hubo una vez en la que nos habíamos ido a dormir, cuando empecé a escuchar muchos gritos y algunas cosas que golpeaban en la pared Mi esposo molesto dijo que de nuevo los vecinos tenían problemas con ese muchacho porque no lo internaban y se quitaban de complicaciones. Me puse mi bata y me quedé en la sala por en caso de que chela llegara a encargarme a sus hijos. El pleito duró más de quince minutos. Oía al esposo de Chela, que gritaba muy fuerte escuché una voz ronca que dio un grito despavorido. Después, por unos segundos hubo un silencio enseguida. Salieron Chela y su esposo agarrando a su hijo de cada lado. Carlos intentaba zafarse de los brazos de sus padres sin conseguirlo. Mientras lo llevaron por la fuerza hacia afuera, Él gritaba con una voz extraña. Fue la primera vez que lo escuché. Dis Ondo palabras que no entendí. Al poco tiempo llegó una camioneta como pudieron, subieron a Carlos y se lo llevaron. Escuché el llanto de Chela al ver que se llevaban a su hijo, mientras que su esposo desquitaba su enojo en contra de ella. Sus otros hijos estaban asustados asomados en la ventana. Por la mañana traté de buscarla afuera de la escuela. Nos regresamos juntas Chela me fue contando lo que había sucedido la noche anterior. Me dijo que su hijo se puso tan mal que quería golpearla porque le estaba reclamando que le faltaban un rosario de plata que tenía en el tocador. Se le dejó ir encima. Carlos le dijo que no debía de tener ese tipo de artículos en la casa. No entendía por qué creía en esas cosas. Si Dios no existía chela no terminó de decirme todo lo que su hijo le gritó. Me dijo que se transformaba en otra persona. Parecía como si no fuera él. Por eso su esposo comenzó a golpearlo. Tuvieron que llamar a un hospital psiquiátrico vino vieron por él en la noche. Le pregunté dónde lo habían llevado. Me respondió que en el zapote. Me dijo que estaba un poco distante en la antigua carretera a Chapala en Santa Cruz del Valle. No le quise decir que me di cuenta de cómo se ponía mi vecina. Me dijo que su esposo fue quien encontró ese lugar. Cuando él pidió información, le dijeron que su hijo padecía de un trastorno mental. Por eso se ponía de esa manera, pero ella creía que no era el lugar indicado, porque su hijo no estaba loco. Chela me comentó que ella creía que era el efecto que le provocaba alguna de las drogas que consumía. También estuve de acuerdo con ella, pero en aquel momento no supe cómo ayudarla a enfrentar el problema. Carlos estuvo internado por tres meses. El primer día que lo vi cuando regresó, lo noté muy cambiado. Aquel día venía del seguro cuando vi a Chela, que traía del brazo A su hijo se le notaba muy contenta. Ella se acercó a saludarme. Me dijo que que Carlos ya estaba de nuevo con ellos. Quise conversar con Carlos, pero él sólo se limitó a sonreír. Se le veía sumamente delgado y pálido. Parecía otra persona durante varias semanas todo estuvo tranquilo en la casa de mi amiga. Parecía que habían encontrado la solución a la problemática que vivía con su hijo. Dejé de ver a Carlos que se juntara con el grupo de muchachos del parque. Salía muy poco de su casa. Se volvió callado y taciturno. Sólo en pocas ocasiones lo veía que salía a la calle por las noches porque durante el día no lo veía. Una vez que veníamos juntas de la escuela Chela me dijo que estaba preocupada por su hijo. Le pregunté si de nuevo se estaba metiendo sustancias nocivas a su cuerpo. Ella me respondió que no, pero que desde que llegó del hospital lo notaba extraño. Se pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en el cuarto. A veces salía a comer sólo por las noches. Salía de su habitación, andaba por la casa a oscuras, caminaba de un lado hacia el otro, se salía a la cochera o al balcón. Ahí se quedaba durante mucho tiempo. En ocasiones lo escuchaba que hablaba con alguien en voz muy baja. Un día lo estuvo espiando para ver quién era la persona que estaba con él, pero nunca vio a nadie. Sin embargo, él platicaba con alguien como si fuera un susurro. Por eso no sabía que decía. En aquella época la gente hablaba sobre el hospital psiquiátrico del Zapote como un lugar en el que se maltrataba a las personas internas, sobre todo si eran adictas a cualquier tipo de estupefaciente. Decían que en ese lugar tan apartado de la ciudad, mojaban con agua helada en la madrugada a los internos y los dejaban secar en la intemperie y otra tantas barbaridades que se hablaban, Pero no tenía la certeza de que realmente ocurriera. Por eso no me atrevía a decirle a Chela, mi amiga me dijo que no veía nada bien a su hijo. Parecía como si se tratara de otra persona, porque a todos los veía con descons confianza, No platicaba con nadie ni se acordaba de muchas cosas de su infancia. Casi a punto del colapso me dijo que ese no era su hijo. No pude entender a mi amiga por lo que estaba pasando, porque mis hijos eran muy pequeños y no sabía de ese tipo de problemas. Quizás por eso no la pude ayudar como ella necesitaba. Lo único que se me ocurrió decirle fue que acudiera con el sacerdote de la parroquia y le contara lo que sucedía. Quizás él la podía orientar, porque yo no sabía cómo hacerlo. A Chela le gustó mi idea. Me dijo que la acompañara por la tarde a hablar con el padre. Nos pusimos de acuerdo y fuimos al templo. En cuanto terminó la misa, lo abordamos. Chela le explicó lo que ocurría con su hijo. El sacerdote le pidió que lo llevara para platicar con carlos. Quizás él podría saber lo que sucedía con el joven. Chella salió desanimada del templo. Me dijo que su hijo no iba a aceptar ir con él y que si y le decía a su esposo se iba a poner furioso porque él no creía en ninguna religión. Le comenté que no era necesario que su esposo lo supiera lo podía hacer sin su apoyo. Me pidió que la acompañara a hablar con su hijo para tratar de convencerlo. Aunque no creí que me fuera a escuchar. Acepté sólo por apoyar a mi amiga. Tocamos en la puerta de su habitación. Carlos tardó en abrir la puerta cuando lo hizo un olor desagradable. Salió de la habitación. Estaba completamente oscura alcancé a distinguir una tenue luz azul que iluminaba un pequeño cuadro, pero no distinguí de qué se trataba. Tenía varios días que no veía al muchacho. Me sorprendí de ver lo más delgado de lo que ya estaba. Cuando Chela le propuso hablar con el sacerdote del templo, Él volteó hacia el interior del cuarto y le dijo a mi amiga que bajara la voz porque él la podía escuchar. Chela, en un acto de imprudencia, le dijo que no había nadie. Su papá estaba trabajando. Carlos se puso furioso y cerró la puerta con fuerza. En nuestras narices. Le pedí a Chela que se retirara con golpes suaves toqué de nuevo en la puerta de Carlos, Él me gritó furioso, me dijo que me largara, que no me metiera en lo que no me importaba. Sin hacerle caso. Comencé a hablarle de cuando llegué a la colonia y los conocí la forma en que llamó mi atención. Por lo bien que jugaba al fútbol estuve interactuando con él por unos minutos. Carlos empezó a bajar la intensidad de la voz hasta que abrió con cuidado la puerta. Sólo alcanzaba a verle la mitad de su rostro. Me hizo una señal para que me callara de pronto. Comenzó a hablarme de cosas sin sentido y se reía a carcajadas. Levantó el pulgar de su mano izquierda para decirme que estaba de acuerdo. Mientras asentía cerró la puerta. Me quedé por unos segundos parada fuera de su habitación, tratando de procesar lo que me da. Me dijo en la sala estaba Chela caminaba de un lado hacia el otro. Le dije que había aceptado. Sería el día de mañana por la tarde. Chela me abrazó casi llorando. Me agradeció lo que hacía por ella y su hijo, aunque no sentía lo mismo. Tuve la sensación de que algo muy malo le sucedía a Carlos porque no lo vi nada bien y llevarlo con el sacerdote no le serviría de nada, pero no sabía de qué otra forma ayudarla. Me fui de inmediato de su casa con un vacío en el estómago. En cuanto llegué a mi casa, sentí náuseas fui de inmediato a vomitar al baño. No sabía lo que me pasaba. Al día siguiente fuimos al templo con el padre. Apenas íbamos a llegar cuando Carlos empezó a decir que no que mejor se regresaba. Lo agarré de un brazo y le dije a chela que lo agarrara del otro. Casi lo llevamos a rastras con el sacerdote. En cuanto nos vio, nos abrió la puerta de su oficina. Carlos, de manera repentina como como lamenzó a ponerse agresivo, Me empujó con mucha fuerza y caí al piso. De la misma manera lo hizo con su mamá. El sacerdote no daba crédito a lo que veía. Agarró el cristo que tenía colgado en su cuello y comenzó a orar, mientras que Carlos empezó a enojarse más. Hubo un momento en que le cambió la voz. Después salió corriendo de la notaría. Le ofrecimos una disculpa al padre. No creímos que se fuera a poner así. Él nos pidió que nos sentáramos a platicar. Nos dijo que, por lo que había visto, ese muchacho no estaba nada bien, tenía una influencia maligna en su cuerpo. Por eso había reaccionado. De esa manera nos sugirió que lo mantuviéramos vigilado ante cualquiera no malía. No dudáramos en regresar salimos del templo con el ánimo hasta los suelos, pensando que le sucedía a Carlos. Cuando llegamos a la casa de Chela de inmediato fue al cuarto de su hijo. Como era de esperarse. Él no había regresado, ya se había hecho de noche. Le pedí a Chela que me permitiera entrar a la habitación de Carlos. Lo que me encontré fueron muchas inscripciones en la pared había escrito una especie de código con un marcador rojo. Le pregunté a Chella si sabía de qué se trataba. Ella me respondió que no abrí el closet dentro había una rata muerta. Ese era el fuerte tufo que olí desde el día anterior. Mi amiga no podía contener su sorpresa ante los hechos que encontramos en el cuarto. Me pidió que la ayudara con su hijo. Era evidente que algo muy malo le sucedía, pero no sabía cómo apoyarlo. No podía decirle a su esposo porque él quería arreglar todo con gritos golpes y llamando a los del zapote, pero ella ya no quería que se lo llevaran de nuevo porque cuando su hijo regresó, dejó de ser la misma persona tenía miedo de que algo muy malo le pasara en ese lugar. Chela me dijo que iba a salir a buscar a su hijo. No podía dejarlo así. Después de lo que comentó el sacerdote, me pidió que que la acompañara, pero ya no pude hacerlo porque había dejado solos a mis hijos por la madrugada Me despertaron unos gritos en la calle. Mi esposo se asomó por la ventana, me dijo que nuevamente eran los vecinos y se acostó molesto. Me vestí y me asomé Carlos estaba incontrolable. Su papá trataba de someterlo sin conseguirlo. Pensé que se debía a que el muchacho había ingerido algún tipo de droga. En eso llegó una furgoneta con el logotipo del zapote. En cuanto Carlos la vio, se puso más agresivo hasta que bajó el personal y lograron controlarlo con una camisa de fuerza. Cuando ya no pudo resistirse miró con furia a su padre. La voz le cambió. Le dijo que se iba a arrepentir de lo que acababa de hacer. Le echó una maldición con una voz ronca y cavernosa. Cuando lo escuché lo primero en lo que pensé fue en un demonio que tenía dentro como si Carlos fuera capaz de escuchar mis pensamientos, se volteó y me miró directamente a los ojos. Así es me dijo y al mismo tiempo hizo una mueca siniestra. Sentí la mirada penetrante de Carlos. Me hice hacia atrás tratando de cubrirme con el árbol que estaba fuera de mi casa. No pude explicar lo que me sucedía, pero un miedo comenzó a invadirme. Tuve mucho temor. Volteé hacia todos lados, pensando que alrededor había seres que me quisieran dañar, pero no vi a nadie. Escuché el portazo de la furgoneta. Después que metieron a Carlos, enseguida, aceleró y se marchó chela estaba desesperada. Corrió a abrazarme. Me dijo que ella no quería que se lo llevaran al zapote. Le suplicó a su esposo que no lo hiciera, pero él estaba obstinado. Dijo que era lo mejor para su hijo, porque ellos ya no lo podían controlar. Acompañé a Chela a su casa. Varios vecinos habían salido. Al escuchar el escándalo, le dije que trataríamos de encontrar una solución. Sin embargo, ella estaba desconsolable. Entramos a su casa adentro todo estaba hecho un desastre. Los cuadros de las paredes caídos, vasos y platos, rotos, los libros en el piso, el cristal de la ventana roto. Chela vio mi cara de inmediato me dijo que su hijo lo había hecho de forma inexplicable. Comenzó a romper todo sin que él no se moviera. Después de que mi amiga me dijo eso ya no tuve la menor duda. Era verdad lo que el sacerdote de la parroquia nos dijo. Le comenté con voz baja hachela que al día siguiente iríamos con el padre. Él nos ayudaría a solucionar el problema, porque lo que nos dijo era verdad. Le pedí que se calmara. Encontraríamos la manera de ayudar a su hijo. Muy temprano. Por la mañana, Chela tocó afuera de mi puerta. Me había quedado dormida. Me dijo que la acompañara con el padre. Fuimos a la parroquia a hablar con el sacerdote. Tuvimos que esperar a que terminara la misa. En cuanto él nos vio, nos reconoció. Le le dijimos lo que había pasado. Me atreví a contarle lo que sentí con carlos la noche anterior. Cuando le conté al padre lo sucedido, Chela me miró con ojos de sorpresa. El padre nos dijo que iríamos al Zapote, pero ese día él tenía compromisos que no podía cancelar porque el señor Cura estaba de viaje y él se encontraba solo en la parroquia. Pero al día siguiente nos acompañaría. Trataría de hacer lo que estuviera a su alcance. Si consideraba conveniente, le diría a otro sacerdote experto en exorcismos. Chela se fue un poco más tranquila sabiendo que teníamos el apoyo correcto. Quedamos de ir por el padre. Al día siguiente, al llegar a la casa, los hijos mayores de Chela salieron corriendo a encontrarla. Dijeron que habían hablado varias veces del hospital psiquiátrico, preguntando por ella o por su papá. Chela buscó en el identificador de llamadas. Regresó la llamada mi. Mientras tras hablaba a ella, empezó a gritar Varias veces dejó el auricular sin colgar atendí la llamada eran del sapote para decirle a Chela que su hijo había muerto. Se había quitado la vida. Después que me dijeron la noticia. Me quedé helada. No sabía qué decir ni qué hacer por mi amiga. Sin decir nada, me salí de su casa. No pude con esa noticia. Se hicieron los trámites pertinentes para velar el cuerpo de Carlos mientras estábamos en la funeraria. Me acerqué a verlo por última vez, aunque su rostro estaba arreglado, se le alcanzaban a notar severos rasguños que tenía su cabello. Se lo habían rapado por completo. No supe cuál fue el motivo por el que lo hicieron. Mientras lo velábamos por la noche. No pude dejar de pensar qué fue lo que sucedió en el lugar al que lo llevaron, porque los médicos argumentaron que fue un brote psicótico el que tuvo Carlos, por lo que se hizo daño hasta causarse la muerte. Aunque creo que no fue del todo cierto. Creo que no pudo contener en su cuerpo por más tiempo al demonio que se había alojado en él. Tercer caso, tenía muy poco nulo conocimiento sobre las artes adivinatorias y las prácticas ocultistas. Con cierta frecuencia escuchaba las pláticas de las compañeras de trabajo que habían ido a que les hicieran una limpia, una marre o un amuleto de protección. Era católica, porque fue la religión que mis padres practicaban En aquel tiempo. Trabajaba en una fonda de comida. Ayudaba a la preparación de la comida así como a servir a los clientes cuando llegaban al local que se encontraba dentro del mercado de San Juan de Dios. En este lugar era posible encontrar de casi todo. No solamente se vendía comida, también había puestos de frutas y verduras, de ropa, de tenis, de marca de juguetes. Cerca de los locales en los que se ofrecía comida estaban los puestos que se dedicaban al esoterismo. Escuchaba a las compañeras que hablaban de alguna de las brujas del lugar, pero nunca me había llamado la atención acudir con ellas. No estaba en contra de lo que profesaban. Simplemente no creía en lo que me decían mis compañeras. Alguna de ellas había ido para hacer un amarre y conseguir el novio que ella quería. Nunca le puse atención si de verdad le había resultado. Mucha gente acudía al local a desayunar o comer. Ahí fue donde conocí a Matti. Ella era vendedora de juguetes. Surtía su mercancía en la calle de Obregón. Cada semana iba a desayunar a la fonda. Matti era reservada, pero en ocasiones platicábamos sobre la venta de sus productos. La época de víspera de Navidad era la mejor para ella. Antes de que llegara diciembre, iba con más frecuencia a surtir porque sus ventas incrementaban desde inicios de diciembre hasta finales de enero. Mattie era originaria de Veracruz. Con frecuencia me invitaba a ir a su pueblo. Ella me decía que vivía en una comunidad en la que no vivían muchas personas. La mayor parte era familia, así que matt se encontraba rodeada de gente conocida. Después que pasaban las ventas navideñas, ella se iba a visitar a sus padres por quince días. En una ocasión le pregunté el motivo por el que se había salido de su pueblo. Ella me respondió que conseguir el sustento era difícil porque sus padres y sus familiares vivían de lo que sembraban, pero se encontraban expuestos a inclemencias del tiempo, lo que no favorecía tener un buen cultivo. Se vinieron a probar suerte a Guadalajara unos tíos. Ellos incursionaron en la venta de juguetes como les estaba yendo bien, Matti se vino a trabajar en lo mismo. Con frecuencia me invitaba para que me fuera con ella a Veracruz, aunque siempre había un motivo para no hacerlo. En una ocasión ya le había dicho que sí iba compré el boleto del camión, pero en aquella vez mi madre se enfermó y estuvo internada en el hospital. Perdí el pasaje. Me parecía peculiar la manera en que ella se vestía. Siempre traía una falda larga hasta los tobillos. Sabía que las personas que acostumbraban vestir así era porque pertenecían a los testigos de Jehová o a la luz del mundo. Sin embargo, nunca me atrevía a hablar de religión con ella. Después de varios años, Mati me dijo que se iba a casar. Me invitó a su boda. Me dijo que ya no regresaría a vender sus juguetes, se quedaría a vivir en su pueblo. Aquella vez fue posible que fuera a visitarla, Me dijo que tomara el camión al puerto de Veracruz e hiciera un transbordo para llegar a Catemaco. Era la primera vez que visitaba el lugar. Cuando yo llegué a la central camionera, me quería quedar unos días para conocer el puerto, pero le había avisado a Matti que iba para su casa, así que ella me estaba esperando. Pensé que al regreso me quedaría un día más para recorrer el lugar de la central de Veracruz a Catemaco era un poco más de tres horas, así que tuve otro rato de carretera. En aquel momento no tenía la menor idea de que a Catemaco se le conocía como el lugar de los Brujos. Para llegar el camión tomó la carretera número ciento ochenta con Rumbo Alvarado y San Andrés Tuxtla Llegué al lugar antes del mediodía. Un pariente de Matti me estaba esperando para llevarme con ella. Matty estaba con los preparativos de su boda. Era ese mismo día por la tarde, así que ella no pudo ir a recogerme de la central de camiones. La casa estaba a diez minutos. Caminé al lado de un joven que hablaba muy poco. Se fue adelante y me limité a seguirlo. Al llegar a la casa de Mattiy me di cuenta que la celebra l de la de la obra boda sería en el patio de su casa, porque era muy grande. Ya estaba arreglado para hacer la recepción. Vi al fondo un altar. Se me hizo un poco extraño porque creí que en la religión de mi amiga no adoraban a los santos. Matti salió a recibirme a ella la estaban arreglando para su boda. Me dijo que a unas cuantas cuadras de ahí sería la ceremonia. Ella se retiró para que continuaran arreglándola. Otra de sus hermanas me acompañó a lo que sería mi habitación. Al entrar a la casa y pasar por la sala, me llamó la atención ver un altar en el que tenían como deidad a un demonio. En ese momento me di cuenta que sabía muy poco de Matt y su familia. Me causó sorpresa ver qué tipo de creencias tenía. Fue cuando me cuestioné qué tipo de celebración iban a hacer. Interrumpió mis pensamientos. La hermana de Matti me dijo que lo mejor era que me apresurara, porque quedaba poco tiempo para la celebración, en menos de una hora. Ya estaba siguiendo a su familia que iba a la iglesia, o al menos pensé que se trataría de una, pero no fue así. Era una casa común que tenía un altar al demonio, al centro de la habitación. Había un pentagrama con el pico invertido. Al poco tiempo entró primero el novio enseguida la novia y se dirigieron a lo que servía como altar. El sacerdote era otra persona de la comunidad, porque notaba que les hablaba a todos con mucha familiaridad. El sacerdote empezó con el rito, dibujando con su dedo en el aire un pentagrama y diciendo unas palabras en el nombre de Satán, señor de la Tierra, Dios, verdadero excelso e inefable que creaste al hombre para que reflejara tu imagen y semejanza. Invitamos a las fuerzas del infierno para que viertan su poder infernal sobre nosotros, vengan a saludarnos y a entregarnos sus oscuras bendiciones sobre esta pareja que desea volverse uno Ante los ojos de Lucifer, el sacerdote continuó anunciando cuatro formas distintas de nombrar al demonio. Enseguida, siguió el ritual del compromiso de los novios para amarse, al igual que el de la Iglesia Católica. Cuando la celebración terminó, todos los presentes gritaron Viva Satán. El sacerdote empezó a cantar una canción extraña. Después supe que se trataba de la primera clave en Okiana, todos se acercaron para felicitar a los novios. Me aparté un poco porque estaba a digiriendo lo que acababa de vivir. No tenía la menor idea de que existieran ese tipo de celebraciones, ni mucho menos que mi amiga Matti profesara ese culto. Siempre creí que pertenecía a algún tipo de secta cuyo Dios era Jesús. Muchos de los presentes me veían con un poco de recelo porque todos se conocían. Entre ellos el sacerdote se acercó a platicar conmigo. Me dijo que se llamaba Gustavo. Me preguntó si alguna vez había asistido a alguna celebración de este tipo. Le respondí que era la primera vez. Gustavo me miraba fijamente y muy de cerca. Me sentí incómoda con su presencia porque sus preguntas eran inquisitivas. Me sentí juzgada por no tener como deidad al demonio antes de retirarse. Me dijo que le gustaría llevarme a la laguna de Catemaco y a la cueva del Diablo. Después que tuviera todo el conocimiento, no dudaría de convertirme al satanismo. Me sentí aliviada. Cuando se retiró, él se portó como los que pertenecen a las sectas cristianas o de los testigos de Jehová. Me dijo que mis creencias eran erradas y criticó mucho al catolicismo. Luego siguió el festejo. Me empecé a sentir mejor porque ya nadie me preguntó sobre mis creencias. Las personas se dedicaron a festejar me incluyeron en el baile, sus familiares y las demás personas presentes me tomaron de la mano y me llevaron a bailar el mal momento que pasé durante la celebración de la boda. La olvidé en la fiesta. No supe si era la forma de celebrar en ese lugar. O era porque pertenecían al satanismo, porque me hizo recordar a Dionisio, el dios del vino y la embriaguez, porque todos bebían y festejaban el momento estasiados, o quizás lo pude notar más porque no estaba bebiendo. Las hermanas de Matti me dijeron que, aunque se aprobara una copa más por insistencia que por ganas lo hice. Después me siguieron ofreciendo más alcohol. Comencé a sentir una calidez en mi cuerpo. Empecé a bailar y a divertirme como nunca lo había hecho. No supe en qué momento se terminó la fiesta. Desperté por la mañana con un fuerte dolor de cabeza. No conocí a la habitación ni la casa. Me vestí y me asomé al exterior del cuarto. Una hermana de Matti me dijo que fuera a tomarme un té que ellos preparaban era una bebida para evitar la resaca. No tenía ganas de probar nada. Sentía náuseas, pero pero la hermana de Matti insistió tanto que lo hice. Por pena todavía no terminaba la bebida. Me sentí tan bien. Le pregunté a la hermana de Mati qué era ella sonrió. Me dijo que sabía que le iba a hacer esa pregunta porque seguramente me estaba sintiendo muy bien. Me dijo que era un brebaje ancestral para quitar la resaca. Su padre, que era Chamán, sabía preparar muchas bebidas curativas. Creí que Matty se iba a ir de viaje de luna de miel. Sin embargo, se quedó a convivir con su familia. Por lo visto, las tradiciones eran completamente distintas a las que estaba acostumbrada. Tuve más tiempo de acercarme a ella para platicar un poco en cuanto estuvimos a solas. Matti me preguntó qué opinaba de las creencias de su familia. Le respondí que no tenía la menor idea de que existieran bodas como la que ella tuvo, pero que respetaba mucho las creencias de cada persona. Matti me llevó a una parte más sola. Me dijo que ella ella creció y aprendió las tradiciones de la iglesia satánica. Ella también adoraba al demonio, porque fue lo que le enseñaron sus padres. Pero cuando se fue a trabajar a Guadalajara, conoció a una persona que le habló de otro Dios. Le gustó la manera en que realizaban su culto las creencias, la manera de tan solidaria en la que se apoyaban todos. Además, cuando ella llegó a la ciudad, se sintió muy sola y esas personas le brindaron su apoyo y compañía en ese momento supe que ella era testigo de Jehová. Lo que hizo de casarse con una boda satánica fue porque no le quiso dar un disgusto a su familia ni a la de su esposo, porque todos eran creyentes de Satán. Le dije que yo no tenía ningún problema con el tipo de creencias que tuvieran. Respetaba su culto de la misma manera en que ellos respetaban el mío. Noté que Mati suspiró aliviada. Me dijo que me quería mucho y no quería perder mi amistad. Se acercó para susurrarme que cuando o se fuera a vivir a Guadalajara, trataría de que su esposo conociera a su dios, él también lo iba a aceptar. La convivencia en el patio de su casa se hacía por las tardes. Su familia se reunía alrededor de los novios, siendo otra manera de continuar la celebración. Ese día llegó el sacerdote Gustavo. Después de estar un rato, se acercó conmigo. Me dijo que al día siguiente me quería llevar a la cueva del Diablo. Por la mañana llegó dos hermanas de Matti nos iban a acompañar. Antes de irnos hacia la cueva del Diablo, llegamos a la Iglesia del Sacerdote. Él tenía un altar al demonio. Era de color negro. Rezó en un idioma desconocido. Me dijo que se trataba de un dios de tierra, un ser de oscuridad. Cuando pronunció esa palabra, comentó que la oscuridad no era desde el mal sentido, sino que nos hacía crecer y darnos cuenta de nuestra realidad, lo que nos permitía cambiar nuestra conciencia. Dijo que era su deidad, su energía viva. Después tomó un cigarro y lo encendió. Exhaló el humo en mi cara. Me dijo que era para saber si era apta para conocer más de su deidad y su casa enseguida que hizo el ritual. Nos fuimos en su camioneta alrededor de cuarenta minutos llegamos al lugar en el que se encontraba la cueva del diablo. Después de bajarnos del auto, caminamos por largo rato en una senda rodeada de mucha vegetación. El nombre que Gustavo le daba a su dios era Adonai. Poco antes de llegar a la cueva nos dijo que la energía comenzaba a cambiar porque estábamos muy cerca de la casa de Adonai. Encontramos un claro en el que había una pequeña mesa hecha con una piedra grande. En el piso de tierra estaba dibujado un pentagrama grande. Gustavo comentó que la mesa era para hacer los sacrificios de los animales. Ofrecidos para Adonai me acerqué. Un poco más. En las hendiduras de la piedra todavía se encontraban restas de sangre. El lugar no estaba solo. Había otro brujo que estaba con dos personas invocando a Satán. Subimos varios escalones. Enseguida pude ver la cavidad. Al interior se encontraba la estatua de un demonio muy grande como del tamaño de una persona adulta. Tenía un tridente de tres picos. El brujo empezó a comunicarse con el demonio. Le dijo que no tomara el alma de ninguno de sus familiares porque no le pertenecían, pero que con su alma podía hacer lo que quisiera. Le agradeció todos los favores realizados. Dentro de la cueva estaba otro brujo realizando un ritual. Con anterioridad habían hecho el sacrificio de una gallina, le sacaron el corazón. La persona que estaba pidiendo el favor del demonio, se comió el corazón del ave y bebió de la sangre derramada. Me encontraba en un estado de sorpresa porque no tenía la menor idea de todo el culto que se le rendía al demonio. Estuvimos un rato más dentro de la cueva del diablo y no marchamos. Sentía un cansancio extremo. Una de las hermanas de Matty me preguntó si me sentía bien. Le dije que no estaba mareada. Le pedí al sacerdote que se detuviera un momento para poder vomitar. Bajé de la camioneta. Me alejé un poco del automóvil para que no se dieran cuenta de lo mal que estaba en cuanto me sentí mejor. Regresé con el grupo. Llegamos a la casa de los padres de Matty. Seguía sintiéndome muy mal. Les dije a sus hermanas que me iría a recostar un rato dormí profundamente. Mientras lo hacía, sentía la sensación de que caía a un abismo en el que descendía lentamente hasta llegar a un lugar oscuro. Esa sensación que tuve de caer al abismo no me permitía sentirme mejor porque me desperté sintiéndome mareada una de las hermanas de Matt y entró me llevaba un poco de caldo de pollo, no tenía nada de hambre, pero alcancé a notar que ya era de noche y no había comido nada durante todo el día. Quería sentirme mejor para írmelo más pronto. De ese lugar. No era lo que esperaba y no me estaba sintiendo nada. Bien. Intenté comerme el caldo, pero no pude Sentí que tenía un nudo en la garganta que no me permitía pasar el alimento. Le dije a la hermana de Matti que se lo agradecía mucho, pero mi estómago no estaba bien. Ella me preguntó si quería que su padre me diera medicina natural. Con eso me sentiría mejor. Le dije que sí. Enseguida entró el padre de matt Él comenzó a hacerme una limpia con unas hierbas secas. Después les prendió fuego. Cuando las plantas comenzaron a quemarse y a producir humo. El señor se quedó atento. Viéndolo puso una cara de asombro. Le pregunté si todo estaba bien. Él se acercó a mi oído. Me dijo con una voz muy suave si había tenido algún ritual de protección antes de entrar a la cueva del diablo. Le respondí que no. Él se incorporó mientras movía negativamente la cabeza. Me cuestionó a qué Dios servía. Le respondí que a jesús. Él me dijo que no era verdad. Mi alma había sido consagrada a Satán, pero eso solamente lo hacían bajo la aceptación de la persona. Por eso me estaba preguntando. Cuando escuché lo que me dijo, traté de incorporarme, pero no lo pude hacer porque sentí un dolor muy fuerte en mi cabeza. Le dije que había ido a la cueva del diablo con el sacerdote Gustavo, pero él nunca me preguntó si estaba de acuerdo en ofrecer mi alma. Sin decir nada más. El padre de Matti salió furioso supuse que iba a la casa de Gustavo. Cuando regresó venía con él, Gustavo dijo que no había por qué alterarse. Lo que hizo fue por mi bien, porque notó un aura oscura alrededor de mi cuerpo. Varias fuerzas malignas intentaban posesionarse de mi alma. Era mejor que fuera de uno solo del rey de reyes de Adonai. El padre de Matti le dijo que eso solamente se hacía bajo la voluntad de la persona y que lo que me había hecho no era justo que tratara de quitarme esa consagración porque por eso estaba mal, porque mi espíritu no la estaba aceptando. En realidad, no pude escuchar el resto de la conversación que el padre de Matt tuvo con el sacerdote porque se salieron a hablar afuera. Además, me encontraba en un estado semi inconsciente que no me permitió tener la claridad necesaria. Sin embargo, en el estado en que me encontraba pude sentir la presencia de un ser oscuro. Supuse que se trataba de Adonai. Permaneció parado. En el otro lado del cuarto era completamente negro. Parecía que tenía sus brazos cruzados como si estuviera esperando con paciencia obtener algo mío. Era perturbador ver a ese ser todo el tiempo. En el cuarto en ratos veía cómo se iba acercando poco a poco a la cama. Hubo un momento en que se quedó parado observándome muy de cerca. Se agachó un poco y sentí su rostro muy cerca del mío. Cuando traté de abrir los ojos, pude verlos de él en el instante en que los dos cruzamos nuestras miradas, vi en sus ojos el dolor y el sufrimiento de muchas personas que gritaban pidiendo la clemencia de Dios. El demonio sonrió y se alejó. Fue cuando lo pude ver mejor. Era delgado y alto de color negro con ojos brillantes. Se fue alejando poco a poco. De nuevo se paró en la esquina de la habitación. Ahí se quedó mientras observaba al padre de Mattie. Cuando entró a verme detrás de él, venía mi amiga. Ella de inmediato preguntó quién me había llevado a la cueva del diablo. Su padre respondió que Gustavo Mati me abrazó. Me dijo que su padre intentaría quitarme el conjuro que hicieron con mi alma. Todo iba a estar bien. Sin embargo, me sentía muy mal. Era como si fuera perdiendo mi vitalidad y mi conciencia. Cada vez era más difícil estar despierta. Sentí que en cualquier momento me iba a dormir y ya no iba a despertar. Trataba de alzar mi brazo para apuntarles que el demonio estaba presente todo el tiempo. Matti fue la única que se dio cuenta. Me preguntó si lo estaba viendo a sentí. Ella me dijo que todo iba a estar bien. A do ay no era un ser que me quisiera hacer daño. Nuevamente, el papá de Matti comenzó a hacer un ritual para liberar mi espíritu. Mientras lo hacía, el demonio sonreía era como si se diera cuenta de que todos los esfuerzos del padre de Matti eran en vano. El hombre le pedía que no se quedara con mi alma, porque yo no se la había dado. Alguien más hizo esa entrega sin mi consentimiento. Pedía que me dejara vivir en paz, pero el demonio no aceptaba, porque cada vez me sentía peor. Hubo un momento en que sentí que caía en un pozo oscuro, aquella sensación cuando uno se cae de la cama. Sentí cuando mi espíritu volaba alto se salía de mi cuerpo mientras descendía en un pozo profundo. Mi espíritu ascendía poco a poco. Fue un efecto de libertad en el que una luz blanca me envolvió y ya no supe más de mí. Cuando desperté Matti se encontraba sentada en una silla orando por mí en cuanto vio que abrí los ojos, me abrazó efusivamente. Le habló a su padre. Él entró de inmediato. Las palabras de su papá fueron niña. Creímos que habíamos perdido la batalla contigo, pero Adonaime escuchó y te liberó. Me sentí muy débil. Quise incorporarme, pero no lo pude hacer. Mati me dijo que todo con calma. Poco a poco estaría mejor. Me acordé del demonio y volteé a la esquina de la habitación. Ya no estaba en ese lugar, aunque todavía tenía temor de que estuviera en cualquier otro rincón. Perdí mi pasaje de regreso porque estuve en estado inconsciente más de seis días y como no estuve comiendo ni bebiendo agua. Quedé muy débil. Quería regresarme lo más pronto posible a mi casa. Sin embargo, pasó otra semana para que me pudiera ir. Todos los días. El padre de Matti iba a verme y continuaba haciendo rituales de protección y de saneamiento del alma. Me fui de Catemaco Veracruz un lunes por la mañana. Aún sentía los estragos del malestar. Aún así, ya no quise quedarme por más tiempo. Matti me pidió una disculpa porque nunca pensó que Gustavo me fuera a hacer eso. Seguramente quiso consagrar mi alma para lograr resolver un problema difícil, porque Adonai cumplía todos los favores siempre y cuando le dieran algo. A cambio, la familia de Matti se portó muy bien conmigo. Me despedí de ellos, agradeciéndoles todo lo que hicieron por rescatar mi alma, pero en mi interior sabía que no volvería a regresar a ese lugar. Cuando me subí a la camioneta que me llevaría a la central de autobuses, vi a lo lejos a Gustavo, que me miraba fijamente. No supe si fue una predisposición por lo que me hizo ese hombre, pero pude ver su sombra, que se reflejaba en el piso con dos cuernos en la cabeza. Cuarto caso, por el vínculo que mantengo con personas que se han preparado y saben de energías de meditación de yoga. Aprendí que en los bosques hay energías de seres que no se perciben fácilmente. La mamá de mi amiga, Mariana me comentó en una ocasión que fui a visitar la satoluca, me llevaron a pasear al bosque del Santuario el capulín para ver a las mariposas monarcas. En aquella ocasión subimos más de tres mil metros para poder llegar hasta el lugar en el que se encontraban. La subida Fue difícil. Había ocasiones en las que casi me caigo, pero al llegar y ver el espectáculo de tantas mariposas volando a mi alrededor, me di cuenta de que valió la pena. Después que descendimos la montaña e íbamos de regreso en el auto, empecé a sentirme muy mal. Tenía náuseas y malestar general. Cuando llegamos a la casa de Gaby, la mamá de Mariana, me hizo un ritual con unas oraciones. Ella me dijo que varias energías del bosque se habían venido conmigo. Me hizo el comentario que se le olvidó decirme que me deshiciera de esas energías. Respetaba mucho a la señora y también le tenía cariño. Sin embargo, no creí en lo que me dijo. Solamente me dejé llevar y que me hiciera los rituales que ella sabía enseguida que terminó. Les dije que me sentía muy mal, ni siquiera tenía ganas de bañarme, pero las dos insistieron en que lo hiciera. Me bañé y me fui a dormir. Pensé que al día siguiente no podría ir a conocer otros lugares por el malestar que tenía, aunque me desperté con mucha energía, tenía hambre y me sentía muy bien. Aquel momento fue la primera vez que comencé a creer en lo que mis amigas me dijeron, porque no volví a sentir ningún otro malestar. Estuve en Toluca por espacio de una semana. Visité algunos lugares muy bonitos de aquella zona. Les dije que las esperaba en Guadalajara para llevarlas a conocer el bosque de la primavera. Pasó más de un año para que ellas pudieran venir a visitarme. En ese tiempo compartía renta con dos compañeras, pero una de ellas había salido de viaje por quince días. Les dije a Gaby y Mariana que se podían quedar en mi casa. Ellas aceptaron y llegaron un fin de semana querían conocer lugares emblemáticos de Guadalajara. También se refirieron al bosque que les había comentado. Así que el domingo nos preparamos para irnos temprano e ir al río de agua caliente para que el paseo se hiciera más agradable. Invitamos a ir al bosque a las amigas que teníamos en común, Mariana y yo, así como a sus mamás. Así que fue un día de campo de mamás e hijas. Salimos a las ocho de la mañana de la ciudad. Conseguimos que una furgoneta nos llevara y nos recogiera. Salimos por Avenida Vallarta hasta la venta del astillero. Llegamos a uno de los pulmones más importantes de la ciudad de Guadalajara. Al ingresar al bosque, decidimos instalarnos en un balneario de nombre las Tinajitas. Les propuse que fuéramos un rato al río de agua caliente. Fuimos y nos bañamos en sus aguas termales. Después nos regresamos a descansar a orilla de una de las albercas. Una de mis amigas nos dijo que del otro lado del bosque había un balneario que estaba en condición de abandono. Ella era muy creyente de cosas paranormales. Nos dijo que fuéramos a echar un vistazo. Ya lo había visto en redes sociales pero quería verlo directamente. A Mariana y a Gaby no les agradó la idea. Todo lo que se tratara de películas de terror, de cosas paranormales, no les gustaba. Ellas decían que no era necesario exponerse y abrir portales. Lo mejor era mantenerse alejadas de todo eso. Pero montse estaba empeñada en ir por un rato. Después de preparar la carne asada y de comer monse se me acercó. Me preguntó si la iba a acompañar. Una de nuestras amigas se había ido en su auto porque tenía que regresar más temprano de lo que teníamos planeado. Ella nos dijo que nos llevaba. Sería cuestión de un rato para que se nos quitara. La curiosidad. Nos dejaba de regreso en el balneario con las demás y ya se iba. Nos fuimos por una brecha. En pocos minutos estuvimos en el balneario. Cuando lo vi me pareció enorme. No podía creer que tanta construcción fuera desperdiciada de esa manera. Mientras lo recorríamos, empecé a tomar video para poder mostrarlo a quienes no quisieron ir. El lugar tenía varias albercas de gran tamaño, así como más de cien vestidores, aparte de sus cuartos para la ducha, un espacio para preparar comida y sentarse a comerla. Me llamó la atención ver que algunas partes del pasto estaba sumamente cuidado, como que tenía poco tiempo de haberlo podado. También otra parte de la construcción la estaban pintando. Creímos que pensaban darle un nuevo uso a las instalaciones. La mayor parte del tiempo seguí grabando el lugar. No encontramos nada extraño a excepción de paredes despintadas. El lugar lleno de maleza y de bichos por el olvido. Después de media hora de estarlo recorriendo, les dije que era hora de partir. Nos subimos al auto de nuestra amiga cuando lo quiso encender no prendió. Intentamos empujarlo por aquella que se tratara de la batería, pero tampoco arrancó. Nuestra amiga un poco molesta por el contratiempo, intentó llamar por teléfono a un mecánico de su confianza. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que no teníamos señal Revisamos nuestros celulares y ninguna pudimos llamar para pedir ayuda. No sabíamos lo que íbamos a hacer. Les dije que nos fuéramos caminando. Nos llevaría como una hora a hacerlo, pero al menos estaríamos en el balneario con el resto del grupo antes de que se hiciera de noche Montse fue la primera en replicar dijo que no podíamos dejar el auto y marcharnos. Le dije que no había otra opción de mala gana. A nuestra amiga dijo que estaba bien. Empezamos a caminar por la brecha de regreso. Mientras lo hacíamos, empecé a escuchar ruidos entre la maleza. Les pregunté a mis amigas y ellas también los escuchaban. Las dos coincidieron en que sí. Parecía como si alguien diminuto estuviera caminando entre los arbustos. Aceleramos el paso porque vimos que el sol ya se estaba ocultando. Cuando llegamos al balneario de las Tinajitas, el resto de nuestras amigas ya estaban afuera. Habían metido las cosas en la furgoneta. Sólo nos estaban esperando para marcharnos. Le preguntamos al chofer si él sabía de mecánica nos respondió que sí. Nuestra amiga le pidió que fuera a ver el auto para no tener que dejarlo en ese lugar y regresar al día siguiente con una grúa. El chofer aceptó hacerlo. Nos dijo que no era conveniente dejar el auto en ese lugar porque no era seguro. En la furgoneta llegamos pronto al Balneario abandonado. Mariana y su mamá no se quisieron bajar del auto. Desde que la camioneta se detuvo y abrió su puerta, Gaby nos dijo que tuviéramos mucho cuidado. El lugar estaba lleno de energías negativas y oscuras. Además, comenzaba a hacerse de noche. Era favorable para que esas energías salieran. Nadie les puso atención. Se fueron a recorrer un poco el lugar. El chofer revisó el auto. Le llevó un poco de más de media hora le movió unos cables y cuando intentó encender el auto, el motor prendió. Partimos del lugar casi a las ocho de la noche. No era tan tarde, pero la oscuridad ya había inundado el lugar. Nos estábamos subiendo a la furgoneta. Cuando escuché un grito, les pregunté a todas si lo habían oído. Gaby fue la primera en responder. Nos dijo que nos teníamos que ir de inmediato de ese lugar porque las energías estaban cobrando fuerza. El chofer arrancó la furgoneta y empezamos a avanzar. Nuestra amiga venía detrás de nosotros. El camino era polvoroso. Mientras avanzábamos, una densa nube de polvo se levantó porque empezó a hacer mucho viento. La temperatura bajó drásticamente. El bosque no se veía igual de día que de noche. Los árboles parecían que se movían de una manera autónoma, aunque era el aire quien los movía sus ramas, parecían dos brazos que nos iban a agarrar. Volteé a ver a Mariana y a su mamá. Las dos mantenían los ojos cerrados. Parecía que estaban orando, aunque después me dijeron que le estaban pidiendo a los seres de luz que salieran en su ayuda, porque los seres oscuros estaban detrás de ellas. Poco antes de llegar a la carretera. Escuché cuando alguien golpeó a la furgoneta con una piedra. El chofer hizo el intento de detenerse, pero Gaby le dijo que no lo hiciera, ponía nuestra vida en riesgo. Ella le dijo que, si era posible, se fuera lo más pronto del lugar. Cuando salimos del bos y se y l n ndo entramos a la carretera, nos sentimos más seguras. Gaby miraba constantemente hacia afuera. Se le notaba que estaba asustada. Le dije que se tranquilizara. Lo peor ya había pasado. Ella me dijo que esperaba que de verdad todo hubiera terminado, porque tenía la sensación de que alguien nos estaba siguiendo en cuanto me hizo ese comentario, me asomé por la ventana, pero detrás de nosotros no había nadie en cuanto. El chofer nos dejó fuera de nuestra casa. Mariana y Gaby se fueron a duchar la ropa que se quitaron. La lavaron de inmediato. Encendieron unas velas aromáticas que ellas traían. Con una de ellas pidieron a los seres de luz que las protegieran. Gaby dejó una de las veladoras en la puerta de la entrada. Lo hizo en diferentes partes de la casa. Ella me dijo que era una manera de que los seres oscuros no entraran o si ya lo habían hecho, se marcharan porque ellos eran afectos a las cosas negativas y a la oscuridad. Por eso, en cualquier familia en la casa que había pleitos y discusiones, empezaban a suceder accidentes, drogadicción, enfermedades y otra serie de eventos desafortunados propiciado por las energías negativas atraídas con los problemas. Se me hizo muy exagerado que ellas tomaran esa postura, aunque no les dije nada. No quisimos cenar. Estábamos muy cansadas. Nos fuimos a descansar a nuestras habitaciones. Mi cuarto se encontraba en la parte más alta de la casa. Desde ahí podía salir a una terraza grande. Como no tenía sueño, abrí la puerta y me puse a ver las fotos que había tomado en el bosque. Fue en ese momento en que empecé a darme cuenta de lo que había ocurrido. Además del video que tomé, también hice varias fotos. En ella se alcanzaba a notar sombras oscuras detrás de los vestidores en la ducha. Incluso en las fotos que tomé al interior de unos de los cuartos vi unos ojos. Lo peor fue cuando una de ellas se tomó sola. Al parecer, dejé encendida la cámara y fotografió el suelo. Esa fue la peor de todas, porque había un rostro en ella. Parecía que se asomaba intentando salir. En la fotografía. Aventé la cámara en mi cama enseguida. Me acordé del video. Prendí la luz para no asustarme tanto. Lo que vi en el video fue peor. Se escuchaba una alteración del sonido. Era como si cambiara la frecuencia. Lo repetí varias veces intentando entender lo que escuchaba, pero no lo pude hacer. Vi siluetas oscuras que se movían de un lugar a otro. No podía entender cómo ocurrió todo sin que nos diéramos cuenta, porque mientras estuvimos en el Balneario, no nos sucedió nada raro a excepción que se descompuso el auto de nuestra amiga. Pensé en bajar y comentarle a Mariana y a Gaby todo lo que había visto, pero no me atreví porque ellas ya me habían advertido que no fuera a ese lugar. Ni tampoco me acercará a lugares que podían estar llenos de energías negativas. Le le le hablé por teléfono a Montse. Ella me respondió de inmediato sin que le dijera nada. Me contó que a ella también le habían salido cosas extrañas en sus fotos. Cuando le comenté lo del video. Me pidió que se lo enviara. Me dijo que ella tenía un amigo experto en escuchar psicofonías. Tenía un aparato especial para poder distinguir sonidos que no eran percibidos con el oído humano. Seguía platicando como once cuando de pronto gritó me dijo que había visto que algo se movía en su casa. Había alguien dentro. Le pregunté quién estaba con ella. Me dijo que se había quedado a dormir en casa de su mamá. Sólo se encontraban las dos y que su mamá no pudo haber sido porque ya estaba dormida. Montse me pidió que no le colgara el teléfono. Iba a revisar qué era lo que sucedía en la otra habitación. Mientras se fue a revisar, empecé a escuchar un sonido muy fuerte a través del teléfono. Me molestó tanto que lo tuve que retirar de mi oído. De pronto. Oí a Montse que me decía que alguien estaba dentro de su casa y se cortó la llamada. Intenté hablarle varias veces sin conseguirlo. No sabía qué hacer, pero tampoco me podía quedar de brazos cruzados. Pensé en llamar a la policía, pero no lo hice porque tenía dudas respecto a quién estaba en la casa de Montse. De repente entró una llamada de ella. Le pregunté cómo se encontraba. Montse susurraba. Le dije que hablara más fuerte porque no le entendía. Lo único que pude escuchar fue cuando me dijo que un espectro estaba en su casa. Era oscuro y perturbador. Ella estaba encerrada en el cuarto con su mamá, pero ese ser se estaba apoderando de la casa porque se escuchaba que rondaba por todas partes. Montse me contó más cosas que nuevamente no pude oír porque intervinieron otras voces. Fue como si varias personas hablaran al mismo tiempo. Ya no continuó la llamada se cortó sin que me pudiera comunicar con ella, aunque ya sabía que algo malo estaba sucediendo en su casa. Me puse a caminar de un lado hacia el otro. Estaba nerviosa y alterada sin saber qué hacer. Bajé a la habitación en la que se encontraba Mariana con su mamá toqué en la puerta. Gaby fue la que me abrió. Le dije todo lo que estaba sucediendo. En cuanto terminé de contarle, Gaby me dijo que lo más seguro fue que Monse se había traído uno de los espíritus del bosque Era necesario hacerle una limpia para liberarla. De ese ser le pregunté si era posible que ella lo hiciera, porque era urgente que fuéramos a la casa de Montse. Gaby me respondió que no podía hacerlo. Temía enfrentarse a una entidad de esas, porque ella era muy sensible a verlas, a sentirlas incluso a que dominaran su mente. Me dijo que me podía ayudar a distancia. Le rogué que fuera con nosotras. Mariana también le pidió lo mismo. Con muchas dudas, Gaby accedió a acompañarnos. Pedimos el servicio de un huber para llegar pronto a la casa de Montse. No estaba lejos, así que en pocos minutos estábamos frente a su vivienda. Antes de entrar, Gaby nos detuvo nos dijo que cualquier cosa que escucháramos tratáramos de no hacerle caso, porque dentro de esa casa había un ser oscuro muy poderoso. Ni siquiera fue necesario tocar en la puerta. Se encontraba entreabierta. Parecía como si ya nos estaba esperando gab Iba por delante de nosotras. Le hablábamos a Monse y a su madre, pero nadie respondió. De pronto salió montse sonriendo, nos dijo que nos sentáramos. Empezó a platicar con nosotras como si no estuviera sucediendo nada extraño. Nos dijo que era una agradable sorpresa vernos de nuevo empezó a platicar sobre cosas inverosímiles de una conversación. Brincaba a la otra le dije que ya parara. Sabía perfectamente el motivo por el que estábamos ahí. Montse volteó y se nos quedó viendo. Sonrió de una manera como nunca la había visto. Fue una sonrisa macabra y siguió conversando Gaby fue la primera que lo notó. Me dijo que ya no le preguntara más. También me comentó que el mal ya estaba instalado en su casa. Fue todo lo que me dijo. Siguió caminando por los cuartos con una veladora encendida en una de sus manos. También llevaba un péndulo de cristal, el cual oscilaba intensamente. Apenas iba a entrar a la habitación de Montse cuando el péndulo se movió de una manera abrupta. Después se le cayó a Gaby. Ella nos dijo que era necesario que saliéramos de esa casa. Le dije a Montse que se iba con nosotras. Gaby me interrumpió. Me dijo que no. Montse y su mamá se quedaban en casa. Cuando le dije a Montse que regresaríamos más tarde, ella no tuvo ninguna objeción. Solamente sonrió en cuanto salimos de la casa. Sentí que podía ser respirar de nuevo en el interior de la casa. Me sentía asfixiada como si hubiera una densidad en el aire que no me permitía inhalar el oxígeno. Mariana también nos dijo que le pasó lo mismo. Nunca vimos a un ser oscuro. Sólo tuvimos sensaciones extrañas. Gaby no decía nada. Permaneció callada durante todo el trayecto de regreso. Al llegar a la casa, nos dijo que no se quiso quedar con Monce y su mamá porque el mal estaba dentro de ella. Le pedimos que fuera más clara. Nos dijo que un espíritu oscuro se había posesionado de su cuerpo y que ella no era capaz de ayudarla. Por eso prefirió que nos viniéramos, porque si nos quedábamos, también nosotras corríamos riesgo de que nos sucediera lo mismo. Fui la primera en intervenir. Le dije a Gaby que no podíamos dejar a monse y su mamá en esas condiciones. Gavia sintió me dijo que no lo haríamos. Simplemente ella no era capaz de sacarle al ser oscuro que se había posesionado de ella y de su casa, porque todo el lugar tenía un tufo muy feo. Gaby habló por teléfono con su maestro, le explicó lo que estaba sucediendo. Él vivía en Toluca. Dijo que no era posible venir. Se encontraba en un congreso en el que iba a dar varias ponencias. Gaby me preguntó si conocía a alguien que la pudiera ayudar. Lo primero que se me ocurrió fue en decirle que podíamos llevarle a un sacerdote. A ella no le encantó la idea, pero no teníamos muchas opciones le comenté que tenía muchos años que no iba a misa, pero a dos cuadras de mi casa había un templo. Podríamos ir con el sacerdote a pedirle su ayuda. No tuvimos otra opción que esperar hasta el día siguiente para acudir con el padre. Cuando le dijimos al sacerdote lo que estaba sucediendo, él se limitó a sentir sin decirnos nada. Se quedó un rato pensativo. Nos dijo que podría ir a intentar bendecir el lugar y rezar unas oraciones, pero si realmente era verdad de que el mal estaba dentro de la muchacha, se regó y quería otro tipo de intervención, que no resultaba rápida. Fuimos de nuevo a la casa de Montse. Ella nos recibió amablemente. En cuanto vio al padre se molestó. Nos dijo que no le permitía la entrada a los desconocidos. Gaby fue quien la tomó del brazo y la apartó para que el padre pudiera entrar. Él comenzó a rezar varias oraciones, pidiéndole al Dios todopoderoso que alejara las fuerzas malignas de ese lugar y que entraran los Ángeles con su legión para que protegieran y salvaguardaran el lugar. Fue una sensación horrible lo que sentía en mi estómago como si me hubieran dado un golpe fuerte. Comenzó a hacerme falta el aire y caía al piso sofocada en la casa. Comenzaron a moverse las cosas cayeron trastes adornos. Gaby se fue conmigo y se sentó a mi lado en el piso. Mientras me abrazaba, ella también murmuraba oraciones para expulsar al ser oscuro. Un edor horrible invadió el lugar a tal gra que todos comenzamos a toser mientras que Mont se seguía sonriendo. El padre seguía orando y esparciendo agua bendita en cada una de las habitaciones. De pronto montse se desmayó, quedó inconsciente por unos segundos después recobró el sentido. Gaby le dio un amuleto y se lo puso entre sus manos. Poco a poco, el tufo fuerte se fue disipando. De todas maneras, el lugar quedó impregnado de ese olor. Aunque llevábamos la protección del padre, no pude negar que tuve miedo, mucho miedo a que unas fuerzas extrañas me invadieran. El sacerdote nos dijo que hizo lo que estaba a su alcance, aunque no estaba seguro de que fuera suficiente. Había ocasiones en que el mal se negaba a desaparecer, por lo que era necesario seguir orando cada día después de llevar al padre de regreso, nos quedamos intranquilas. De nuevo llamamos a Monse para saber cómo se encontraba. Nos dijo que tenía miedo. Su casa estaba muy fría. No le sucedía nada, pero tenía la sensación de que alguien más estaba dentro. Gaby me dijo que era lo que temía, que era necesario llevar de regreso. Al ser que se le había pegado a Montse para que su mamá y ella pudieran estar en paz. No tenía la menor intención de regresar a ese lugar. Ni Gaby ni Mariana lo querían hacer. Sin embargo, me dijeron que no había otra manera. Gaby había hablado con su maestro y le dijo que era necesario hacerlo. Él la apoyaría a través de una video llamada Comenzaba a oscurecer, por lo que ese día no había nada más que hacer. Le dijimos a Montse que iríamos a pasear. No le dijimos a dónde para no alterar a los espíritus. Ella estuvo de acuerdo. Al día siguiente pasamos por ella y su mamá antes de llegar al bosque, Montsés se empezó a alterar, comenzó a decir palabras vacías sin sentido enseguida. Nos empezó a maldecir y a decir cosas amenazantes. Gaby nos dijo que no prestáramos atención a lo que ella decía. Lo mejor era mantenerse sereno tratando de mantener la calma. En cuanto llegamos al Balneario, pareció que todas las energías se alborotaron. Un viento fuerte nos invadió, lo que hizo que el polvo se levantara. Comenzamos a toser. Después todo quedó en calma absoluta. Fue cuando Gaby comenzó a hacer el ritual. Sin embargo, se fue la señal y no pudo continuar con la video llamada conforme. Gaby empezó a caminar por distintas partes del lugar. Montse se puso a correr. Gaby nos dijo que la alcanzáramos y tratáramos de mantenerla cerca de ella. Corrimos tras ella. Cuando la alcanzamos, Montcee se alteró mucho. Mariana la agarró de un brazo y yo del otro, pero era tanta su fuerza que no podíamos controlarla. Después, poco a poco, se fue tranquilizando hasta que se sentó en el suelo. Nos dijo que se sentía muy cansada. Gaby estaba atenta a lo que sucedía. Se acercó para decirnos que era hora de marcharnos. Antes de irnos, Gaby dejó un extraño objeto en el piso. Nos subimos al auto y nos fuimos alejando del lugar mientras el auto avanzaba me volteé para tomar una foto del balneario. En apariencia se veía normal, pero sabía qué de trasfondo había algo tenebroso en ese lugar. Montsé empezó a hablar con nosotras de manera normal. Parecía que no se había dado cuenta de lo que le había sucedido. No preguntó nada ni por qué habíamos regresado al bosque. Se puso a platicar de cosas triviales. Llegamos a dejarla a su casa. Su mamá se había ido a trabajar, por lo que no había nadie. Entramos para acompañarla y ver que se encontrara bien. Había algunos objetos tirados en el piso, pero se sentía y se respiraba mejor dentro de la casa. De todas maneras, Gaby encendió inciensos, abrió las ventanas. Nos dijo que era necesario limpiar la casa de cualquier energía que se hubiera podido quedar. Nos fuimos más tranquilas por la noche. Revisé la foto que había tomado con el celular antes de marcharnos del balneario. En ella salían algunas sombras. Me di cuenta de que el lugar estaba impregnado de seres oscuros. Cuando se la mostré a Gaby, ella me dijo que un lugar en el bosque y en completo abandono era propicio para que cualquier entidad se instalara en ese sitio. El balneario abandonado sigue ahí, aunque jamás he vuelto a ir relatos escritos y adaptados por Adriana Cuevas