Un Alma En Pena En La Carretera De Tepic Historias De Terror - REDE

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La mujer de la carretera. Vivà al lado de mis padres y de mis hermanos entre pic Nayarit. Crecà en una colonia muy tranquila. Hice mis estudios hasta la preparatoria. En este Estado. QuerÃa continuar mis estudios universitarios, aunque las condiciones económicas no me lo permitÃan. Era el más grande de la familia. TenÃa tres hermanas más chicas. La pequeña tenÃa ocho años en Tepic. No habÃa tantas oportunidades para estudiar una licenciatura. Si querÃa hacerlo, tenÃa que pagar inscripción y mensualidad. Me puse a trabajar para juntar un dinero y poder pagarme los estudios. Pasaron dos años sin que lo consiguiera. En una ocasión vino de visita un primo de Guadalajara, le pregunté qué estaba estudiando. Me respondió que una ingenierÃa en la Universidad de Guadalajara, me dijo que era accesible a estudiar ahÃ, porque sólo se pagaba una cantidad de dinero cada inicio de semestre. No era caro estudiar en la Universidad. Me emocionó que me lo dijera. Fue cuando vi la posibilidad de irme a estudiar a esa ciudad. Cuando le dije a mi primo mis intenciones de irme a continuar mis estudios en Guadalajara, a él le dio mucho gusto. Me dijo que le comentarÃa a sus padres para que me recibieran en su casa. Mi primo se llamaba Beto. Ãl era hijo de un hermano de mi papá. En muy pocas ocasiones fui a su casa, aunque tenÃa vagos recuerdos. Antes de marcharse. Mi primo me dijo que no desistiera en estudiar. Me comentó que los trámites se hacÃan de manera virtual. Sólo tenÃa que ir a Guadalajara a aplicar el examen de conocimientos para ver si lograba ingresar a la Universidad. No tuve ninguna duda. Comencé mis trámites. Tuve que ir a la ciudad para que me tomaran mi foto como aspirante a la licenciatura en psicologÃa. Aproveché mi estancia. Le dije a mis tÃos si me podÃan recibir en su casa para poder realizar mis estudios. Ellos estuvieron de acuerdo, asà que sólo tenÃa que prepararme para el examen mientras llegaba el tiempo para irme a vivir a Guadalajara. Apliqué el examen de admisión en los inicios de noviembre. Ya no me quise regresar a Tepic. Quise quedarme en Guadalajara para conocer la ciudad y aprender a moverme en el transporte público. Las listas salÃan hasta enero del siguiente año pude conseguir un nuevo empleo en un restaurante de comida rápida. No me agradó el trabajo porque era muy pesado y no pagaba mucho. Además, no tenÃa propinas, pero no tuve otra opción que quedarme ahà mientras conseguÃa otro empleo que se pudiera acomodar con mis estudios. Además, tenÃa que colaborar con mis gastos en la casa de mis tÃos. Mi primo Beto también era el hermano mayor. TenÃa otros dos hermanos. Pronto fui conociendo la ciudad y me gustó vivir ahÃ. Cuando salieron las lista de sons admisión a la Universidad, con decepción, me di cuenta que no aparecÃa mi nombre. Me quedé sin un lugar dentro de la casa de estudios. Mis tÃos me dijeron que no me desesperara. PodÃa intentarlo de nuevo en el siguiente calendario escolar y quedarme con ellos si asà lo preferÃa. Me habÃa hecho la idea de quedarme en la ciudad y asà lo hice. Cuando me di cuenta que no necesitaba del trabajo en el restaurante de comida rápida porque era de los pocos que se adaptaba a un horario de estudiante, renuncié al trabajo. Mi primo Beto me ayudó a que me hiciera a chofer de uber. Comencé a trabajar en el horario nocturno. No conocÃa a toda la ciudad, pero la aplicación me indicaba por dónde irme, asà que eso no fue un problema. Estuve durante varias semanas trabajando dentro de la ciudad. Ocasionalmente me salÃan viajes a Chapala, a Jocotepec y ha Lagos de Moreno. Una vez me salió un viaje para Tepic. No era común que las personas viajaran en uber en distancias tan largas. Por lo general tomaban un autobús. Les coticé el viaje. Pensé que el cliente no lo iba a tomar, pero sà lo hizo. Salimos de Guadalajara a las siete de la noche. Si me iba a buena velocidad llegarÃamos en un poco más de dos horas. Me podrÃa regresar sin llegar tan tarde. No fue posible ir tan rápido porque comenzó a llover en cuanto salimos de la ciudad. Era una lluvia suave, pero persistente que mantenÃa mojado el asfalto. Preferà irme más despacio para evitar un accidente. Mis pasajeros eran tres muchachos que se quedaron dormidos. Me tuve que ir más lento porque la carretera se fue llenando de autos y de tráilers. Supuse que habÃa pasado algún accidente porque avanzamos muy despacio justo cuando pasé junto al accidente. Era un auto blanco que chocó contra el muro de contención. El frente del auto quedó completamente destrozado. Enseguida que pasamos el accidente, el tráfico se volvió más ágil. Una media hora antes de llegar a Tepic habÃa habÃa do una curva pronunciada. HabÃa bajado una niebla ligera que permitÃa tener visibilidad, pero que me hizo bajar la velocidad. Vi una cruz blanca a un lado de la carretera de alguna persona que murió en ese lugar. En ese momento vi también a una mujer parada. TenÃa el cabello lacio hasta los hombros con la cabeza agachada. El mismo cabello le cubrÃa el rostro. Ella traÃa un vestido de color rojo hasta las rodillas. Bajé un poco la velocidad, pero no lo suficiente para no propiciar un accidente. Me quedé sorprendido de la mujer que vi a un lado de la curva. Miré a través del retrovisor. Ella seguÃa parada en el mismo lugar. Les dije a los muchachos si ellos también la habÃan visto, pero ellos seguÃan dormidos. Ni siquiera se dieron cuenta de lo que pasó. Me quedé pensando qué hacÃa esa mujer en ese lugar tan solo y oscuro. Además, mojándose sin hacer el intento de pedir ayuda, seguÃa atento por si la veÃa de nuevo, aunque eso era imposible porque la habÃa dejado kilómetros atrás. Llegamos después de las diez de la noche. Llevé a los pasajeros al lugar que me indicaron querÃa regresarme a Guadalajara, pero me sentà cansado. El viaje fue un poco más pesado de lo planeado. Decidà ir a la casa de mis padres. Me quedarÃa esa noche y al siguiente dÃa me regresarÃa muy temprano. Mi familia no me esperaba como no pensaba llegar. No les avisé que iba a ir. Me dieron de cenar y estuvimos platicando durante un rato largo. Mi madre me dijo que Felipe, un amigo de la casa, habÃa muerto un poco más de un mes. Mi mamá no me quiso avisar porque sabÃa que habÃa sido un gran amigo de la infancia. Prefirió que no me enterara. Ella me comentó que él habÃa muerto en un accidente en la carretera antes de llegar a Tepic Iba en su motocicleta cuando derrapó en la curva. Cuando mi mamá me dijo que fue en ese lugar, le pregunté si habÃan puesto una cruz blanca. Ella me respondió que sÃ. Su madre le habÃa mandado a hacer esa Cruz. Con frecuencia ella iba a llevarle flores frescas al lugar en el que murió su hijo. Le dije a mi mamá que en ese lugar también vi a una mujer vestida de color rojo. Ella me preguntó si era joven. Le dije que no supe porque no le pude ver su cara, pero parecÃa que sà lo era por el tipo de vestido que tenÃa. Le describà cómo era su vestido. Mi mamá se levantó del sillón del impacto que le causó, lo que le dije. Le pregunté qué le sucedÃa y ella me respondió que esa muchacha era Andrea. De momento no pude saber a quién se referÃa, pero cuando me dijo que era la novia de Felipe. Los dos venÃan de una fiesta Cuando tuvieron el accidente, le pregunté a mi madre por qué le habÃa sorprendido tanto. Ella me dijo que cuando pasó el accidente. Felipe tuvo una muerte instantánea y que Andy, como le decÃan de cariño a la muchacha, no murió. Ella se golpeó en la cabeza lo que la tenÃa en estado vegetativa. De acuerdo a lo que dijeron los médicos, ella tuvo muerte cerebral. Sólo su cuerpo estaba vivo, pero sus padres se negaban a desconectarla. Ellos decÃan que con un milagro de la virgen, su hija regresarÃa a la vida, aunque los médicos aseguraban que no era irreversible. El daño cerebral que tenÃa. Toda la información que tuve de golpe me confundió un poco. No entendÃa por qué habÃa visto a esa mujer a la orilla de la carretera, ni por qué mi madre decÃa que era Andy si ella todavÃa no morÃa. Cuando vi la hora ya pasaban de las doce de la noche, les dije a mis padres que me quedarÃa a dormir, pero que al dÃa siguiente me irÃa muy temprano porque tenÃa que continuar trabajando. HabÃa que cumplir con la tarifa del dÃa para que fuera rentable traer el auto. Mi familia estuvo muy contenta de que me quedara a dormir. Esa noche me fui al que era mi cuarto. Mi madre se habÃa encargado de que continuara igual como cuando lo dejé, asà que me sentà muy cómodo. Descansé como cuando vivÃa con ellos. Al dÃa siguiente me quedé dormido. TenÃa la intención de irme de tepic a las seis de la mañana, pero cuando desperté eran casi las nueve de la mañana, me levanté abruptamente. Mi madre estaba en la cocina preparando el desayuno. Le dije que me hubiera despertado. TenÃa que regresarme a Guadalajara a trabajar. Ella dulcemente me dijo que no quiso hacerlo para que me quedara un rato más. Ya no le reproché en parte. TenÃa razón. Desde que me fui a estudiar no regresé a la casa. Mis hermanas se habÃan ido a la escuela y mi papá a trabajar. Me quedé a desayunar y me despedà de mi mamá con la promesa de que regresarÃa muy pronto. Me querÃa quedar por más tiempo con ella, pero tenÃa mi compromiso laboral. Le dije que la siguiente vez que estuviera en Tepic querÃa llevarle unas flores a mi amigo a su tumba. Mi mamá estuvo de acuerdo y me marché durante el trayecto de regreso. Cuando pasé por por por la carretera, vi la Cruz Blanca que señalaba la muerte de Felipe Definitivamente durante el dÃa sin niebla y sin lluvia. El lugar se veÃa completamente distinto. No tuve ningún contratiempo en menos de tres horas. Ya estaba de regreso en Guadalajara. Trabajé durante todo el dÃa. QuerÃa hacerme de mi propio auto, ya que cada dÃa descartaba la posibilidad de entrar a la universidad de cualquier manera. De nuevo hice trámites para salir en el siguiente calendario escolar. Se acercaban dos semanas de descanso, la semana Santa y la de Pascua. Mi primo Beto me dijo que no tendrÃa clases durante ese tiempo. Me dijo que fuéramos a tepic. De ahà podÃamos ir uno o dos dÃas a la playa a Puerto Vallarta. Se me hizo muy buena idea ir con mis padres, ya no querÃa que pasara tanto tiempo sin verlos. Además, en esas fechas, el pasaje era más bajo. Le dije que sà invitamos a mis tÃos y a mis primos a ir, pero sus vacaciones no coincidÃan, por lo que ellos no nos acompañarÃan. Después del domingo de ramos al dÃa siguiente partimos a Tepic. Salimos de Guadalajara muy temprano. Cuando pasé de nuevo por el lugar en el que murió mi amigo le platiqué a Beto lo que habÃa sucedido. Ãl me pidió que nos detuviéramos por un momento. HabÃa un acotamiento. También estaba una camioneta blanca estacionada. El señor nos dijo que su auto se le habÃa descompuesto. Ya habÃa pedido ayuda, por lo que estaba esperando a que la grúa llegara. Me acerqué a la Cruz para rezar un padre nuestro. El señor me preguntó si conocÃa a Felipe le dije que sÃ, él habÃa sido mi amigo. Me dijo algo que me sorprendió, que él también habÃa visto a una mujer por la noche por su tipo de trabajo. A veces tenÃa que salir fuera. En ese lugar. HabÃa una mujer que se aparecÃa. No se sabÃa de quién se trataba o si estaba viva o muerta, porque su rostro no lo pudo ver, pero él creÃa que era la novia de Felipe Le dije que ella aún no morÃa. Me dijo que miró una noticia donde hace dos dÃas que sus padres tomaron la decisión de desconectarla. El dÃa de ayer la sepultaron. El accidente se volvió conocido y ya comenzaban a surgir los rumores de que la mujer del accidente se aparecÃa en la carretera. Nos quedamos un rato a platicar con el señor Mientras llegaba la ayuda, también nos dijo que no era en el único lugar en el que se aparecÃa. En la misma carretera. Más adelante, yendo hacia Puerto Vallarta, algunos traileros y gente que iba y venÃa por la carretera dijeron que habÃa veces en las que ella pedÃa ayuda y se subÃa al auto, pero que a él nunca le habÃa pasado. Solamente la vio en dos ocasiones. Después de un rato llegó el auxilio para el señor nos despedimos y nos fuimos. Nos dio gusto que llegaran pronto, porque no querÃa imaginar que llegara la noche y él todavÃa ó estuviera ahÃ. Beto me preguntó por qué no le dije que Felipe habÃa muerto. Ãl también lo habÃa conocido. Felipe jugaba con los dos. Cuando mi primo iba de visita, le respondà que apenas me habÃa enterado el dÃa que vine con mis padres. También para mà fue una sorpresa, pero que irÃamos a llevarle flores a su tumba. Beto estuvo de acuerdo. La tumba de Felipe estaba limpia y bien cuidada. Deposité las flores que le llevamos. Platicaba con mi primo las aventuras que tuvimos cuando éramos pequeños a esa hora. El cementerio estaba casi solo a lo lejos alcanzaba a distinguir los rezos de una familia en una tumba lejana. Me senté a un lado de la lápida para despedirme de mi amigo y le dije lo mucho que lo apreciaba. Justo cuando dije esas palabras, escuché la voz de una mujer que dijo gracias. Le pregunté a mi primo si habÃa escuchado. Ãl también lo habÃa oÃdo. Volteamos hacia todas partes sin ver a nadie cerca y nos fuimos de la tumba un poco alterados por lo que habÃamos oÃdo. Al llegar a la casa le comenté a mi madre lo que nos habÃa pasado. TodavÃa Ãbamos un poco perturbados. Mi mamá lo tomó con normalidad. Nos dijo que era porque el espÃritu de Andy siempre estaba cerca de mi amigo, la pobre alma de esa muchacha no habÃa podido descansar. Le pregunté a mi madre si Andy ya habÃa muerto. Ella me dijo con tristeza que sus padres ya la habÃan desconectado. Apenas unos dÃas antes la habÃan sepultado. Le comenté a mis padres y mis hermanas que irÃamos a Puerto Vallarta. EstarÃamos dos dÃas y una noche. Ellos me dijeron que también irÃan con nosotros. Muy temprano. Salimos rumbo a Puerto Vallarta todavÃa no amanecÃa. Cuando salimos de la ciudad, no cabÃamos todos en el auto, por lo que mi padre se llevó el suyo. Me fui detrás de él. El puerto no quedaba lejos. En un poco más de dos horas estarÃamos en la playa y en la carretera Federal, doscientos en el kilómetro veinticinco. Cuando vi a una mujer parada a la orilla, le dije a Beto que se fijara. Ãl también la vio. Era la misma mujer con el rostro cubierto por su cabello, sólo que ahora vestÃa de color blanco. Al momento en el que pasamos a un lado de ella, levantó el brazo izquierdo apuntando hacia el lado contrario hacia el que nos dirigÃamos. Sólo fue un instante, porque después miré por el retrovisor y ya no estaba. Beto se volteó y me dijo lo mismo que ella ya habÃa desaparecido. No quisimos hacer ningún comentario. Sólo nos miramos tratando de darle una explicación a lo ocurrido. Era muy temprano. Cuando llegamos a Puerto Vallarta, nos quedamos en la playa en lo que podÃamos ingresar al lugar en el que nos hospedarÃamos. Los dos dÃas se pasaron muy rápido. Quisimos quedarnos por más tiempo, pero el lugar ya estaba reservado. Estuvimos el último dÃa aprovechando de la playa hasta que se hizo de noche. Mi papá decÃa que nos fuera por la tarde para no conducir durante la noche, pero sólo eran dos horas a tepic Lo convencimos de quedarnos hasta en la noche de regreso. Ya eran las nueve de la noche. Cuando partimos de Vallarta. Dos de mis hermanas se regresaron con nosotros. En la carretera habÃa muchos tráilers, por lo que fue difÃcil avanzar con rapidez. Me armé de paciencia mientras platicaba con Beto. Mis hermanas de inmediato se quedaron dormidas en el asiento trasero. Cuando vimos de nuevo a la mujer en la carretera, bajé un poco la velocidad para poder verla con detenimiento. Justo en el instante en que pasé junto a ella, levantó la cabeza y se descubrió el rostro. Era la primera vez que le veÃa la cara. La piel estaba pegada a su rostro pálido. Su mirada era triste. De pronto ella comenzó a correr por el acotamiento de la carretera como si intentara alcanzarnos. No puedo negar que me dio mucho miedo tan sólo de pensar que lograra hacerlo. Veto también aun mucho me dijo que acelerara el auto, que no permitiera que llegara hasta nosotros. Delante de mi auto iban mis padres. Beto les habló por teléfono para preguntarles si ellos también habÃan visto a la mujer. Mi madre respondió la llamada se le escuchaba alterada, por lo que supuse que también la habÃan visto. Cuando llegamos a la casa, acostamos a mis hermanas en la sala nos esperaban. Mis padres les dije que no tenÃa la certeza de que fuera verdad lo que decÃan de la mujer de la carretera, pero al verla me di cuenta que sà era cierto. No era posible que su espÃritu estuviera vagando en este mundo al que ya no pertenecÃa. Le pregunté a mi madre si sabÃa de quién se trataba ella. Me respondió que creÃa que se trataba de Andy, pero no tenÃa la certeza de que lo fuera porque su rostro era distinto. Nos sentimos el cansancio por el susto que tuvimos tratábamos de darle sentido a lo que vimos pensando la manera en ayudar a esa mor mujer cuya alma no podÃa descansar como si fuera poco. Empezamos a escuchar ruidos afuera de la casa. ParecÃa como si alguien estuviera dentro de la cochera la reja la habÃamos dejado abierta por el nerviosismo. Me asomé por la ventana sin lograr ver a nadie. Tepic no era tan inseguro como Guadalajara, por lo que no creÃmos que fuera un ladrón iba a salir a cerrar la reja del cancel. Cuando escuchamos que tocaron a la puerta, no quise abrir porque tenÃa un mal presentimiento. Nuevamente se volvieron a escuchar los golpes en la puerta con más intensidad. Mi madre hizo el movimiento negativo con la cabeza para que no abriera la puerta. Abrà la cortina para ver de quién se trataba. Era ella la mujer nos habÃa seguido enseguida. Cerré la cortina. Mi primo y mis padres, al ver el miedo en mi rostro, supieron de quién se trataba. Por tercera ocasión, ella volvió a tocar la puerta. Después todo quedó en silencio. Ella se habÃa marchado con el miedo de que nuevamente la mujer se apareciera, pero no sucedió. Le comenté a mi madre que habÃa que hacer algo por ella. Mi madre me dijo que al dÃa siguiente irÃa a hablar con los padres de Andy. No les dirÃa lo que nos pasó. Simplemente irÃa a entender el asunto. Nos fuimos a descansar antes de dormirnos Beto me dijo que tenÃa mucho miedo. Era la primera vez que veÃa a un ser de otro mundo. Jamás habÃa creÃdo en esas cosas, pero tenÃa temor de que ella se apareciera de nuevo. También estaba nervioso, pero sentÃa que ella no nos querÃa hacer daño porque ya lo hubiera hecho. Más bien, creÃa que nos querÃa decir algo, pero no sabÃa cómo hacerlo. Nos quedamos otro rato platicando sobre Felipe hasta que el sueño nos venció. El siguiente dÃa nos levantamos tarde. Mi mamá regresaba de la calle. En cuanto nos vio, nos dijo que habÃa ido a hablar con el señor Cura de la parroquia cercana. Le dijo lo que habÃamos visto el sacerdote. Le dijo a mi mamá que fuéramos a verlo por la tarde. No me agradó la idea de hablar con él, porque creà que nos iba a dar todo un discurso sobre el bien y el mal. Sin embargo, no sucedió asÃ. El Padre Miguel trató de mantener la calma con palabras que se me hicieron congruentes. Ãl nos dijo que los fantasmas sà existÃan. No eran aquellos que las pelÃculas se habÃan encargado de darnos miedo los que movÃan objetos para asustarnos o que eran demonios que querÃan engañarnos, haciéndonos creer que eran más poderosos que nosotros y que buscaban el sometimiento y principalmente el alejamiento de Dios, sino que podÃan ser ángeles. Ellos no pretendÃan asustarnos, al contrario, buscaban dar un mensaje de Dios o para dar su ayuda. También estaban las ánimas del purgatorio. Ellas tenÃan la posibilidad de buscar a las personas en la tierra para encontrar un proceso de purificación y poder ingresar al cielo las ánimas que tenÃan un propósito al aparecerse, su finalidad no era asustar. En ocasiones sólo necesitaban de oraciones. Las palabras del padre me dieron tranquilidad. No sabÃa si era cierto lo que decÃa, pero sentà paz. Al salir de la iglesia, le pregunté a mi mamá y Abetos si ellos creÃan que esa mujer buscaba asustarnos. Ellos me respondieron que no. Entonces les dije que lo más probable era que estaba pidiendo ayuda, pero no sabÃamos cómo hacerlo. Mi mamá dijo que mandarÃa unas misas a Andrea porque ella aseguraba que se trataba de esa muchacha y que le llevarÃa flores a su tumba. Asà lo hicimos. Fuimos al cementerio a llevarle flores. También lo hicimos con la tumba de Felipe rezamos unas oraciones sencillas en un acto impensable. Mi mamá le preguntó a Andrea si necesitaba de su ayuda. Ella podÃa ayudarla la verdad no sé si fue una coincidencia o de verdad ander se comunicó con nosotros. Mi mamá lo aseguraba. Comenzó a hacer una brisa suave y tranquila. De repente empecé a oler a Flores frescas. Le pregunté a Beto y a mi madre si ellos también lo percibÃan. Me dijeron que sÃ. Después nos fuimos a la tumba de Felipe también hicimos oraciones. Le dije a Felipe que siempre me acordarÃa de él, ya que fue un gran amigo. Nos fuimos del panteón más tranquilos con la idea de que estábamos haciendo algo por ellos, aunque ni siquiera lo sabÃamos los siguientes dÃas que estuvimos en Tepic fuimos a la tumba de los dos. El último dÃa antes de marcharnos, nos fuimos a despedir de ellos. Le comenté a mi madre que le dejarÃa flores a Felipe en el lugar en el que tuvo el accidente. También llevarÃa para la mujer que se aparecÃa. Mandé a hacer una cruz de madera con el nombre de Andrea. Nos despedimos de mis padres y de mis hermanas. Cuando Ãbamos de regreso, nos paramos en el lugar que ocurrió el accidente de Felipe y de Andrea. Enterré la cruz de madera a un lado de la cruz de Felipe. Les dejé flores a los dos, rezamos un padre nuestro y nos subimos al auto para irnos directo a Guadalajara. No sé si fue su gestión lo que nos pasó, pero dentro del auto. También aspiré el mismo aroma que cuando estuvimos en la tumba de Andrea. Nos fuimos de tepic con la esperanza de que descansara el alma de esa mujer, aunque me han dicho que todavÃa se sigue viendo. Incluso hay quienes dicen que ella se sube a la parte trasera del auto y se escucha su llanto. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








