Dec. 9, 2023

Un Alma En Pena En La Carretera De Tepic Historias De Terror - REDE

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La mujer de la carretera. Viví al lado de mis padres y de mis hermanos entre pic Nayarit. Crecí en una colonia muy tranquila. Hice mis estudios hasta la preparatoria. En este Estado. Quería continuar mis estudios universitarios, aunque las condiciones económicas no me lo permitían. Era el más grande de la familia. Tenía tres hermanas más chicas. La pequeña tenía ocho años en Tepic. No había tantas oportunidades para estudiar una licenciatura. Si quería hacerlo, tenía que pagar inscripción y mensualidad. Me puse a trabajar para juntar un dinero y poder pagarme los estudios. Pasaron dos años sin que lo consiguiera. En una ocasión vino de visita un primo de Guadalajara, le pregunté qué estaba estudiando. Me respondió que una ingeniería en la Universidad de Guadalajara, me dijo que era accesible a estudiar ahí, porque sólo se pagaba una cantidad de dinero cada inicio de semestre. No era caro estudiar en la Universidad. Me emocionó que me lo dijera. Fue cuando vi la posibilidad de irme a estudiar a esa ciudad. Cuando le dije a mi primo mis intenciones de irme a continuar mis estudios en Guadalajara, a él le dio mucho gusto. Me dijo que le comentaría a sus padres para que me recibieran en su casa. Mi primo se llamaba Beto. Él era hijo de un hermano de mi papá. En muy pocas ocasiones fui a su casa, aunque tenía vagos recuerdos. Antes de marcharse. Mi primo me dijo que no desistiera en estudiar. Me comentó que los trámites se hacían de manera virtual. Sólo tenía que ir a Guadalajara a aplicar el examen de conocimientos para ver si lograba ingresar a la Universidad. No tuve ninguna duda. Comencé mis trámites. Tuve que ir a la ciudad para que me tomaran mi foto como aspirante a la licenciatura en psicología. Aproveché mi estancia. Le dije a mis tíos si me podían recibir en su casa para poder realizar mis estudios. Ellos estuvieron de acuerdo, así que sólo tenía que prepararme para el examen mientras llegaba el tiempo para irme a vivir a Guadalajara. Apliqué el examen de admisión en los inicios de noviembre. Ya no me quise regresar a Tepic. Quise quedarme en Guadalajara para conocer la ciudad y aprender a moverme en el transporte público. Las listas salían hasta enero del siguiente año pude conseguir un nuevo empleo en un restaurante de comida rápida. No me agradó el trabajo porque era muy pesado y no pagaba mucho. Además, no tenía propinas, pero no tuve otra opción que quedarme ahí mientras conseguía otro empleo que se pudiera acomodar con mis estudios. Además, tenía que colaborar con mis gastos en la casa de mis tíos. Mi primo Beto también era el hermano mayor. Tenía otros dos hermanos. Pronto fui conociendo la ciudad y me gustó vivir ahí. Cuando salieron las lista de sons admisión a la Universidad, con decepción, me di cuenta que no aparecía mi nombre. Me quedé sin un lugar dentro de la casa de estudios. Mis tíos me dijeron que no me desesperara. Podía intentarlo de nuevo en el siguiente calendario escolar y quedarme con ellos si así lo prefería. Me había hecho la idea de quedarme en la ciudad y así lo hice. Cuando me di cuenta que no necesitaba del trabajo en el restaurante de comida rápida porque era de los pocos que se adaptaba a un horario de estudiante, renuncié al trabajo. Mi primo Beto me ayudó a que me hiciera a chofer de uber. Comencé a trabajar en el horario nocturno. No conocía a toda la ciudad, pero la aplicación me indicaba por dónde irme, así que eso no fue un problema. Estuve durante varias semanas trabajando dentro de la ciudad. Ocasionalmente me salían viajes a Chapala, a Jocotepec y ha Lagos de Moreno. Una vez me salió un viaje para Tepic. No era común que las personas viajaran en uber en distancias tan largas. Por lo general tomaban un autobús. Les coticé el viaje. Pensé que el cliente no lo iba a tomar, pero sí lo hizo. Salimos de Guadalajara a las siete de la noche. Si me iba a buena velocidad llegaríamos en un poco más de dos horas. Me podría regresar sin llegar tan tarde. No fue posible ir tan rápido porque comenzó a llover en cuanto salimos de la ciudad. Era una lluvia suave, pero persistente que mantenía mojado el asfalto. Preferí irme más despacio para evitar un accidente. Mis pasajeros eran tres muchachos que se quedaron dormidos. Me tuve que ir más lento porque la carretera se fue llenando de autos y de tráilers. Supuse que había pasado algún accidente porque avanzamos muy despacio justo cuando pasé junto al accidente. Era un auto blanco que chocó contra el muro de contención. El frente del auto quedó completamente destrozado. Enseguida que pasamos el accidente, el tráfico se volvió más ágil. Una media hora antes de llegar a Tepic había había do una curva pronunciada. Había bajado una niebla ligera que permitía tener visibilidad, pero que me hizo bajar la velocidad. Vi una cruz blanca a un lado de la carretera de alguna persona que murió en ese lugar. En ese momento vi también a una mujer parada. Tenía el cabello lacio hasta los hombros con la cabeza agachada. El mismo cabello le cubría el rostro. Ella traía un vestido de color rojo hasta las rodillas. Bajé un poco la velocidad, pero no lo suficiente para no propiciar un accidente. Me quedé sorprendido de la mujer que vi a un lado de la curva. Miré a través del retrovisor. Ella seguía parada en el mismo lugar. Les dije a los muchachos si ellos también la habían visto, pero ellos seguían dormidos. Ni siquiera se dieron cuenta de lo que pasó. Me quedé pensando qué hacía esa mujer en ese lugar tan solo y oscuro. Además, mojándose sin hacer el intento de pedir ayuda, seguía atento por si la veía de nuevo, aunque eso era imposible porque la había dejado kilómetros atrás. Llegamos después de las diez de la noche. Llevé a los pasajeros al lugar que me indicaron quería regresarme a Guadalajara, pero me sentí cansado. El viaje fue un poco más pesado de lo planeado. Decidí ir a la casa de mis padres. Me quedaría esa noche y al siguiente día me regresaría muy temprano. Mi familia no me esperaba como no pensaba llegar. No les avisé que iba a ir. Me dieron de cenar y estuvimos platicando durante un rato largo. Mi madre me dijo que Felipe, un amigo de la casa, había muerto un poco más de un mes. Mi mamá no me quiso avisar porque sabía que había sido un gran amigo de la infancia. Prefirió que no me enterara. Ella me comentó que él había muerto en un accidente en la carretera antes de llegar a Tepic Iba en su motocicleta cuando derrapó en la curva. Cuando mi mamá me dijo que fue en ese lugar, le pregunté si habían puesto una cruz blanca. Ella me respondió que sí. Su madre le había mandado a hacer esa Cruz. Con frecuencia ella iba a llevarle flores frescas al lugar en el que murió su hijo. Le dije a mi mamá que en ese lugar también vi a una mujer vestida de color rojo. Ella me preguntó si era joven. Le dije que no supe porque no le pude ver su cara, pero parecía que sí lo era por el tipo de vestido que tenía. Le describí cómo era su vestido. Mi mamá se levantó del sillón del impacto que le causó, lo que le dije. Le pregunté qué le sucedía y ella me respondió que esa muchacha era Andrea. De momento no pude saber a quién se refería, pero cuando me dijo que era la novia de Felipe. Los dos venían de una fiesta Cuando tuvieron el accidente, le pregunté a mi madre por qué le había sorprendido tanto. Ella me dijo que cuando pasó el accidente. Felipe tuvo una muerte instantánea y que Andy, como le decían de cariño a la muchacha, no murió. Ella se golpeó en la cabeza lo que la tenía en estado vegetativa. De acuerdo a lo que dijeron los médicos, ella tuvo muerte cerebral. Sólo su cuerpo estaba vivo, pero sus padres se negaban a desconectarla. Ellos decían que con un milagro de la virgen, su hija regresaría a la vida, aunque los médicos aseguraban que no era irreversible. El daño cerebral que tenía. Toda la información que tuve de golpe me confundió un poco. No entendía por qué había visto a esa mujer a la orilla de la carretera, ni por qué mi madre decía que era Andy si ella todavía no moría. Cuando vi la hora ya pasaban de las doce de la noche, les dije a mis padres que me quedaría a dormir, pero que al día siguiente me iría muy temprano porque tenía que continuar trabajando. Había que cumplir con la tarifa del día para que fuera rentable traer el auto. Mi familia estuvo muy contenta de que me quedara a dormir. Esa noche me fui al que era mi cuarto. Mi madre se había encargado de que continuara igual como cuando lo dejé, así que me sentí muy cómodo. Descansé como cuando vivía con ellos. Al día siguiente me quedé dormido. Tenía la intención de irme de tepic a las seis de la mañana, pero cuando desperté eran casi las nueve de la mañana, me levanté abruptamente. Mi madre estaba en la cocina preparando el desayuno. Le dije que me hubiera despertado. Tenía que regresarme a Guadalajara a trabajar. Ella dulcemente me dijo que no quiso hacerlo para que me quedara un rato más. Ya no le reproché en parte. Tenía razón. Desde que me fui a estudiar no regresé a la casa. Mis hermanas se habían ido a la escuela y mi papá a trabajar. Me quedé a desayunar y me despedí de mi mamá con la promesa de que regresaría muy pronto. Me quería quedar por más tiempo con ella, pero tenía mi compromiso laboral. Le dije que la siguiente vez que estuviera en Tepic quería llevarle unas flores a mi amigo a su tumba. Mi mamá estuvo de acuerdo y me marché durante el trayecto de regreso. Cuando pasé por por por la carretera, vi la Cruz Blanca que señalaba la muerte de Felipe Definitivamente durante el día sin niebla y sin lluvia. El lugar se veía completamente distinto. No tuve ningún contratiempo en menos de tres horas. Ya estaba de regreso en Guadalajara. Trabajé durante todo el día. Quería hacerme de mi propio auto, ya que cada día descartaba la posibilidad de entrar a la universidad de cualquier manera. De nuevo hice trámites para salir en el siguiente calendario escolar. Se acercaban dos semanas de descanso, la semana Santa y la de Pascua. Mi primo Beto me dijo que no tendría clases durante ese tiempo. Me dijo que fuéramos a tepic. De ahí podíamos ir uno o dos días a la playa a Puerto Vallarta. Se me hizo muy buena idea ir con mis padres, ya no quería que pasara tanto tiempo sin verlos. Además, en esas fechas, el pasaje era más bajo. Le dije que sí invitamos a mis tíos y a mis primos a ir, pero sus vacaciones no coincidían, por lo que ellos no nos acompañarían. Después del domingo de ramos al día siguiente partimos a Tepic. Salimos de Guadalajara muy temprano. Cuando pasé de nuevo por el lugar en el que murió mi amigo le platiqué a Beto lo que había sucedido. Él me pidió que nos detuviéramos por un momento. Había un acotamiento. También estaba una camioneta blanca estacionada. El señor nos dijo que su auto se le había descompuesto. Ya había pedido ayuda, por lo que estaba esperando a que la grúa llegara. Me acerqué a la Cruz para rezar un padre nuestro. El señor me preguntó si conocía a Felipe le dije que sí, él había sido mi amigo. Me dijo algo que me sorprendió, que él también había visto a una mujer por la noche por su tipo de trabajo. A veces tenía que salir fuera. En ese lugar. Había una mujer que se aparecía. No se sabía de quién se trataba o si estaba viva o muerta, porque su rostro no lo pudo ver, pero él creía que era la novia de Felipe Le dije que ella aún no moría. Me dijo que miró una noticia donde hace dos días que sus padres tomaron la decisión de desconectarla. El día de ayer la sepultaron. El accidente se volvió conocido y ya comenzaban a surgir los rumores de que la mujer del accidente se aparecía en la carretera. Nos quedamos un rato a platicar con el señor Mientras llegaba la ayuda, también nos dijo que no era en el único lugar en el que se aparecía. En la misma carretera. Más adelante, yendo hacia Puerto Vallarta, algunos traileros y gente que iba y venía por la carretera dijeron que había veces en las que ella pedía ayuda y se subía al auto, pero que a él nunca le había pasado. Solamente la vio en dos ocasiones. Después de un rato llegó el auxilio para el señor nos despedimos y nos fuimos. Nos dio gusto que llegaran pronto, porque no quería imaginar que llegara la noche y él todavía ó estuviera ahí. Beto me preguntó por qué no le dije que Felipe había muerto. Él también lo había conocido. Felipe jugaba con los dos. Cuando mi primo iba de visita, le respondí que apenas me había enterado el día que vine con mis padres. También para mí fue una sorpresa, pero que iríamos a llevarle flores a su tumba. Beto estuvo de acuerdo. La tumba de Felipe estaba limpia y bien cuidada. Deposité las flores que le llevamos. Platicaba con mi primo las aventuras que tuvimos cuando éramos pequeños a esa hora. El cementerio estaba casi solo a lo lejos alcanzaba a distinguir los rezos de una familia en una tumba lejana. Me senté a un lado de la lápida para despedirme de mi amigo y le dije lo mucho que lo apreciaba. Justo cuando dije esas palabras, escuché la voz de una mujer que dijo gracias. Le pregunté a mi primo si había escuchado. Él también lo había oído. Volteamos hacia todas partes sin ver a nadie cerca y nos fuimos de la tumba un poco alterados por lo que habíamos oído. Al llegar a la casa le comenté a mi madre lo que nos había pasado. Todavía íbamos un poco perturbados. Mi mamá lo tomó con normalidad. Nos dijo que era porque el espíritu de Andy siempre estaba cerca de mi amigo, la pobre alma de esa muchacha no había podido descansar. Le pregunté a mi madre si Andy ya había muerto. Ella me dijo con tristeza que sus padres ya la habían desconectado. Apenas unos días antes la habían sepultado. Le comenté a mis padres y mis hermanas que iríamos a Puerto Vallarta. Estaríamos dos días y una noche. Ellos me dijeron que también irían con nosotros. Muy temprano. Salimos rumbo a Puerto Vallarta todavía no amanecía. Cuando salimos de la ciudad, no cabíamos todos en el auto, por lo que mi padre se llevó el suyo. Me fui detrás de él. El puerto no quedaba lejos. En un poco más de dos horas estaríamos en la playa y en la carretera Federal, doscientos en el kilómetro veinticinco. Cuando vi a una mujer parada a la orilla, le dije a Beto que se fijara. Él también la vio. Era la misma mujer con el rostro cubierto por su cabello, sólo que ahora vestía de color blanco. Al momento en el que pasamos a un lado de ella, levantó el brazo izquierdo apuntando hacia el lado contrario hacia el que nos dirigíamos. Sólo fue un instante, porque después miré por el retrovisor y ya no estaba. Beto se volteó y me dijo lo mismo que ella ya había desaparecido. No quisimos hacer ningún comentario. Sólo nos miramos tratando de darle una explicación a lo ocurrido. Era muy temprano. Cuando llegamos a Puerto Vallarta, nos quedamos en la playa en lo que podíamos ingresar al lugar en el que nos hospedaríamos. Los dos días se pasaron muy rápido. Quisimos quedarnos por más tiempo, pero el lugar ya estaba reservado. Estuvimos el último día aprovechando de la playa hasta que se hizo de noche. Mi papá decía que nos fuera por la tarde para no conducir durante la noche, pero sólo eran dos horas a tepic Lo convencimos de quedarnos hasta en la noche de regreso. Ya eran las nueve de la noche. Cuando partimos de Vallarta. Dos de mis hermanas se regresaron con nosotros. En la carretera había muchos tráilers, por lo que fue difícil avanzar con rapidez. Me armé de paciencia mientras platicaba con Beto. Mis hermanas de inmediato se quedaron dormidas en el asiento trasero. Cuando vimos de nuevo a la mujer en la carretera, bajé un poco la velocidad para poder verla con detenimiento. Justo en el instante en que pasé junto a ella, levantó la cabeza y se descubrió el rostro. Era la primera vez que le veía la cara. La piel estaba pegada a su rostro pálido. Su mirada era triste. De pronto ella comenzó a correr por el acotamiento de la carretera como si intentara alcanzarnos. No puedo negar que me dio mucho miedo tan sólo de pensar que lograra hacerlo. Veto también aun mucho me dijo que acelerara el auto, que no permitiera que llegara hasta nosotros. Delante de mi auto iban mis padres. Beto les habló por teléfono para preguntarles si ellos también habían visto a la mujer. Mi madre respondió la llamada se le escuchaba alterada, por lo que supuse que también la habían visto. Cuando llegamos a la casa, acostamos a mis hermanas en la sala nos esperaban. Mis padres les dije que no tenía la certeza de que fuera verdad lo que decían de la mujer de la carretera, pero al verla me di cuenta que sí era cierto. No era posible que su espíritu estuviera vagando en este mundo al que ya no pertenecía. Le pregunté a mi madre si sabía de quién se trataba ella. Me respondió que creía que se trataba de Andy, pero no tenía la certeza de que lo fuera porque su rostro era distinto. Nos sentimos el cansancio por el susto que tuvimos tratábamos de darle sentido a lo que vimos pensando la manera en ayudar a esa mor mujer cuya alma no podía descansar como si fuera poco. Empezamos a escuchar ruidos afuera de la casa. Parecía como si alguien estuviera dentro de la cochera la reja la habíamos dejado abierta por el nerviosismo. Me asomé por la ventana sin lograr ver a nadie. Tepic no era tan inseguro como Guadalajara, por lo que no creímos que fuera un ladrón iba a salir a cerrar la reja del cancel. Cuando escuchamos que tocaron a la puerta, no quise abrir porque tenía un mal presentimiento. Nuevamente se volvieron a escuchar los golpes en la puerta con más intensidad. Mi madre hizo el movimiento negativo con la cabeza para que no abriera la puerta. Abrí la cortina para ver de quién se trataba. Era ella la mujer nos había seguido enseguida. Cerré la cortina. Mi primo y mis padres, al ver el miedo en mi rostro, supieron de quién se trataba. Por tercera ocasión, ella volvió a tocar la puerta. Después todo quedó en silencio. Ella se había marchado con el miedo de que nuevamente la mujer se apareciera, pero no sucedió. Le comenté a mi madre que había que hacer algo por ella. Mi madre me dijo que al día siguiente iría a hablar con los padres de Andy. No les diría lo que nos pasó. Simplemente iría a entender el asunto. Nos fuimos a descansar antes de dormirnos Beto me dijo que tenía mucho miedo. Era la primera vez que veía a un ser de otro mundo. Jamás había creído en esas cosas, pero tenía temor de que ella se apareciera de nuevo. También estaba nervioso, pero sentía que ella no nos quería hacer daño porque ya lo hubiera hecho. Más bien, creía que nos quería decir algo, pero no sabía cómo hacerlo. Nos quedamos otro rato platicando sobre Felipe hasta que el sueño nos venció. El siguiente día nos levantamos tarde. Mi mamá regresaba de la calle. En cuanto nos vio, nos dijo que había ido a hablar con el señor Cura de la parroquia cercana. Le dijo lo que habíamos visto el sacerdote. Le dijo a mi mamá que fuéramos a verlo por la tarde. No me agradó la idea de hablar con él, porque creí que nos iba a dar todo un discurso sobre el bien y el mal. Sin embargo, no sucedió así. El Padre Miguel trató de mantener la calma con palabras que se me hicieron congruentes. Él nos dijo que los fantasmas sí existían. No eran aquellos que las películas se habían encargado de darnos miedo los que movían objetos para asustarnos o que eran demonios que querían engañarnos, haciéndonos creer que eran más poderosos que nosotros y que buscaban el sometimiento y principalmente el alejamiento de Dios, sino que podían ser ángeles. Ellos no pretendían asustarnos, al contrario, buscaban dar un mensaje de Dios o para dar su ayuda. También estaban las ánimas del purgatorio. Ellas tenían la posibilidad de buscar a las personas en la tierra para encontrar un proceso de purificación y poder ingresar al cielo las ánimas que tenían un propósito al aparecerse, su finalidad no era asustar. En ocasiones sólo necesitaban de oraciones. Las palabras del padre me dieron tranquilidad. No sabía si era cierto lo que decía, pero sentí paz. Al salir de la iglesia, le pregunté a mi mamá y Abetos si ellos creían que esa mujer buscaba asustarnos. Ellos me respondieron que no. Entonces les dije que lo más probable era que estaba pidiendo ayuda, pero no sabíamos cómo hacerlo. Mi mamá dijo que mandaría unas misas a Andrea porque ella aseguraba que se trataba de esa muchacha y que le llevaría flores a su tumba. Así lo hicimos. Fuimos al cementerio a llevarle flores. También lo hicimos con la tumba de Felipe rezamos unas oraciones sencillas en un acto impensable. Mi mamá le preguntó a Andrea si necesitaba de su ayuda. Ella podía ayudarla la verdad no sé si fue una coincidencia o de verdad ander se comunicó con nosotros. Mi mamá lo aseguraba. Comenzó a hacer una brisa suave y tranquila. De repente empecé a oler a Flores frescas. Le pregunté a Beto y a mi madre si ellos también lo percibían. Me dijeron que sí. Después nos fuimos a la tumba de Felipe también hicimos oraciones. Le dije a Felipe que siempre me acordaría de él, ya que fue un gran amigo. Nos fuimos del panteón más tranquilos con la idea de que estábamos haciendo algo por ellos, aunque ni siquiera lo sabíamos los siguientes días que estuvimos en Tepic fuimos a la tumba de los dos. El último día antes de marcharnos, nos fuimos a despedir de ellos. Le comenté a mi madre que le dejaría flores a Felipe en el lugar en el que tuvo el accidente. También llevaría para la mujer que se aparecía. Mandé a hacer una cruz de madera con el nombre de Andrea. Nos despedimos de mis padres y de mis hermanas. Cuando íbamos de regreso, nos paramos en el lugar que ocurrió el accidente de Felipe y de Andrea. Enterré la cruz de madera a un lado de la cruz de Felipe. Les dejé flores a los dos, rezamos un padre nuestro y nos subimos al auto para irnos directo a Guadalajara. No sé si fue su gestión lo que nos pasó, pero dentro del auto. También aspiré el mismo aroma que cuando estuvimos en la tumba de Andrea. Nos fuimos de tepic con la esperanza de que descansara el alma de esa mujer, aunque me han dicho que todavía se sigue viendo. Incluso hay quienes dicen que ella se sube a la parte trasera del auto y se escucha su llanto. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas