Relato De Un Guardia De Seguridas (Demonio Nocturno) Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Demonio nocturno. En los últimos años de mi vida laboral me desempeñé como guardia de seguridad, un trabajo que durante el dÃa aparentemente es fácil y tedioso, pero por las noches te pone a prueba las cosas paranormales que suceden en algunos sitios. No sólo quedan grabadas en cámaras de seguridad, también se quedan por siempre grabadas en la memoria. En el año dos mil fue mi último trabajo. Entré a cuidar las bodegas de un centro comercial muy famoso ubicado en el centro de mi ciudad. En el turno nocturno serÃamos dos guardias. Se necesitaba asà para que uno revisara las cámaras mientras el otro daba el rondÃn. Al menos, esas fueron las primeras instrucciones Desde la primera noche que me tocó trabajar supe por Julián el otro guardia que ahà pasaban cosas extrañas. PodrÃa decir, fuera de toda lógica, ya me habÃan dicho que el turno nocturno en esas bodegas no era para cualquiera. Aún asà me quedé. La jornada laboral era de doce horas, de siete de la tarde a siete de la mañana. Mi compañero, que ya contaba con dos años de experiencia en ese lugar, me pondrÃa al tanto de todo conforme a la marcha. A las diez treinta pm, recorrimos todos los pasillos, asegurándonos de que salieran los trabajadores y todo estuviera cerrado para activar la alarma. En eso nos llevamos casi una hora. Asà me di cuenta de lo grande que era la bodega cuando regresábamos por el pasillo principal. Julián se detuvo frente a una puerta y la revisó detenidamente para comprobar que estuviera bien cerrada. Cuando se convenció que asà era, seguimos caminando. Notaba Julián con mucha prisa de llegar a la oficina, donde revisarÃamos las cámaras. Daba unas zancadas enormes. A veces me pedÃa que me apurara. Cuando llegamos, respiró aliviado, cerró la puerta. Me preguntó si era creyente de alguna religión, a lo que yo le respondà que sÃ. Después cambió su tono de voz cuando dijo entonces crece en el diablo. Asenté la cabeza, aunque me extrañó que me hablara de eso. No quise entrar en controversia y cambié el tema de conversación a lo que él accedió sin ningún problema. Ya pasada la medianoche estábamos sentados frente a las cámaras tomando café, habÃa ocho monitores, los cuales transmitÃan y grababan puntos importantes de la bodega. Todo parecÃa normal. Platicábamos tranquilos. Cuando Julián me pidió que pusiera atención porque habÃa actividad en una de las cámaras. Algunas cosas se estaban moviendo por sà solas. Creà que tal vez era alguna rata grande. Me levanté dispuesto a ir a investigar, pero mi compañero me pidió que me sentara espérate. Me dijo no es nadie son las cosas que pasan aquÃ. Le pregunté qué cosas. Volvà a mirar. El monitor. En verdad extrañado algunas cajas estaban cayendo de su lugar sin explicación. Nunca me habÃa tocado ver semejante cosa. No fueron una ni dos varias cajas caÃan y otras saltaban de su lugar como si alguien que no podÃamos ver las tirara con fuerza. Trataba de descubrir a quién tumbaba todo, porque, obviamente, las cosas no se movÃan solas, pero no habÃa nadie. Voltea a ver a mi compañero y le pregunté qué estaba pasando checa la Cámara dos. Lo escuché hablar ya con una voz más seria en ella. Una de las puertas, precisamente donde se habÃa detenido a revisar que estuviera bien cerrada, se estaba abriendo cuando estuvo de par en par una sombra densa y no muy definida, se asomó por ambos lados el pasillo como dispuesta a salir. No sabÃa cuál monitor mirar, porque en varios lugares de la bodega pasaban cosas que a mà me parecÃan inexplicables. Se caÃan cajas, se movÃan los carros que utilizaban para transportar las mercancÃas y algunas sombras que no eran de nadie crecÃan para después ocultarse. Le insistÃa a mi compañero para que me dijera que estaba sucediendo. Si todo eso era una broma. Ya se estaba pasando. No me contestaba. Miraba las cámaras fijamente sin parpadear. Segundos después apuntó con su dedo a la Cámara. Uno dirigà mi mirada hacia esa Cámara. Alguien caminaba muy despacio por el pasillo principal. Era una figura muy parecida a un ser humano. Lo digo asà porque era algo deforme. Su manera de andar era extraña y no se le miraba el rostro de una manera seria, pero muy tranquila. Julián me pidió que me aseguras para que la puerta de la oficina donde nos encontrábamos estuviera bien cerrada. Sin preguntar nada, fui le puse seguro y de paso un cerrojo de cadena que tenÃa sin entender lo que pasaba mucho menos que era esa cosa que caminaba afuera. Apenas regresaba a mi asiento dijo apaga las luces viene para acá las apagué Mientras le preguntaba quién viene. Me hizo un ruido con la boca para que guardara silencio. CorrÃan los segundos. Aunque no pasaba nada. Yo me sentÃa atenso. Mi compañero me pidió en voz baja que le ayudara a poner una sábana a los monitores y asà la oscuridad se incrementó. Volteé a ver la puerta porque claramente se escuchaba cómo movÃan la perilla. No podÃa ser porque estábamos encerrados y solos en toda la bodega. No era posible que alguien se hubiera metido sin activar las alarmas. Una n n s s n or de peligro. Me invadió porque no traÃamos armas de fuego, sólo un spriy pimienta la linterna y un tolete desconocà AsÃ, mi compañero tenÃa una pistola u otro tipo de arma. Julián me hacÃa señas para que no me moviera. Se persignó frente a mà como diciéndome que yo también lo hiciera al mirarlo a hacer eso supe que no era un simple mortal el que estaba del otro lado de la puerta. Algo maligno estaba pasando. Después de un rato. Empezaron a empujar la puerta una y otra vez. Con cada empujón que daban, me ponÃa más nervioso con la respiración agitada y con la única arma que portábamos. Me encontraba listo para responder a cualquier agresión. Luego comenzaron a golpear la puerta de una manera violenta, tratando de derribarla a como diera lugar. Para ser guardia de seguridad se necesita cierta valentÃa, pero una cosa asà pondrÃa nerviosa a cualquiera. Pasaba saliva constantemente porque miraba que la puerta no resistirÃa más de milagro, se mantenÃa cerrada y ninguno de los dos podÃa hacer algo para que no se diera. Fueron momentos aterradores durante los cuales no podÃa ser otra cosa que no fuera mirar y esperar que pronto pasara. Mi mente me traicionaba. Me imaginaba un ser espantoso y hambriento queriéndose meter para atacarnos. De vez en cuando volteaba a mirar a Julián para ver cuál era su reacción. Mi compañero no reflejaba preocupación. Pareciera estar acostumbrado a vivir todo aquello, o tal vez no medÃa el peligro como me veÃa asustado, me hacÃa señas para que me calmara. Pasando unos minutos todo terminó. Quien golpeaba la puerta de pronto dejó de hacerlo y aquella tensión que se sentÃa fue desapareciendo a hasta volver a la normalidad. Por unos segundos nos quedamos parados frente a la puerta, asegurándonos que lo que estuviera afuera se habÃa marchado y por unos momentos tendrÃamos la oportunidad de salir de ahà o al menos asà lo pensé. Quitamos las sábanas de los monitores. Al revisarlo, las cámaras registraban cajas tiradas y puertas abiertas, como si una ráfaga de aire hubiera barrido con todo, pero no habÃa por dónde se colara un aire. Asà ya no se caÃan ni se movÃan las cosas. Tampoco se miraban sombras por ninguna parte. Solamente en la Cámara uno se grabó cuando aquella figura grotesca se metÃa al cuarto de donde habÃa salido. Al verla, se me erizó de nuevo la piel. Me persigné de nuevo porque no podÃa creer lo que acababa de pasar. Tomé un poco de agua y le pregunté a Julián qué Ãbamos a hacer después de lo que o acabábamos de vivir. No esperaba que me dijera vamos a checar la bodega, algo temeroso acepté. Salimos de la oficina con las linternas, pero, como quiera, fuimos prendiendo la luz área por aria revisando todo desconcertado. Caminaba volteando constantemente. En medio de todas esas cosas tiradas. No era posible que sucediera eso. Mi compañero fue cerrando las puertas que encontramos abiertas y con cuidado recogió algunas cajas del suelo para ponerlas en su lugar. Cuando estuvimos a unos metros del cuarto de donde habÃa salido ese horrible ser me dijo Julián que ahà lo esperara. Temeroso lo miré caminar con cautela hacia allá, cerrar la puerta, atrancarla por fuera y regresar como si estuviera acostumbrado a hacer eso. Algo que me llenó de temor y de intriga fue que, después de cerrar toda la bodega, comprobamos que no habÃa nadie. Mientras volvÃamos a la oficina, recogimos cuanto pudimos. Yo me preguntaba qué habÃa sido todo eso. Lo más terrorÃfico era recordar la fuerza con la que golpeaban la puerta de regreso. No sólo era mi compañero el que caminaba de prisa. También yo lo hacÃa temerosos de encontrarnos de frente con esa figura deforme que habÃamos visto por la Cámara uno y que, por lo visto, tenÃa la capacidad de desaparecer. Ya en la oficina nos encerramos prácticamente sin hablar, luego de sentarnos frente a los monitores. Le dije a Julián que necesitaba saber lo que pasaba. Estas cosas siempre pasan. Me dijo como si no tuvieran tanta importancia en un principio, los supervisores no creyeron lo que decÃan los guardias del turno nocturno, ni siquiera cuando vieron las grabaciones le dieron importancia. Tuvieron que pasar una noche aquà para convencerse. Eso que miramos caminar r el pasillo y después golpeó la puerta. Es un demonio y me dijo que lo malo para mà era que ese demonio ya me habÃa oÃdo en ese tiempo. Yo no creÃa en fantasmas mucho menos en demonios, pero no podÃa negar que lo que habÃamos visto por las cámaras era lo más cercano a una actividad paranormal. Nos servimos otro café y me comenzó a contar. Lo que se dice de este lugar es que este terreno, donde está construida la bodega, hace mucho tiempo fue parte de un panteón muy grande y muy antiguo, donde la gente aseguraba que se hacÃan rituales e invocaban al diablo. En una ocasión que un famoso brujo de la región estaba haciendo una cosa tan espeluznante como esa lo asesinaron. Fue tan inesperado el suceso que el diablo, que ya se habÃa hecho presente, ya no pudo regresar. Desde ese entonces se aparecÃa todas las noches en el panteón. Cuentan que lo que él buscaba de o desde entonces es que alguien le ayude a regresar al infierno. Esas son cosas del diablo que no cualquier persona la quiere enfrentar ni sabe cómo hacerlo. No se trata sólo de espantarlo. Se necesita abrir un portal que hasta ahora nadie ha podido. Por lo mismo, el viejo panteón dejó de ser visitado por los familiares de los difuntos hasta que fue cerrado y quedó en el olvido. Esto que te cuento sucedió hace más de setenta años. Con el paso del tiempo se fue perdiendo de esa historia. La cadena comercial compró los terrenos y construyó las bodegas, como fue una gran inversión. Los dueños se niegan a abandonar el local por simples apariciones, como ellos les llaman. Pero ese demonio existe. Es una realidad. Se puede constatar no sólo por las cámaras, también porque hay actividad paranormal. Un tanto incrédulo. Le pregunté por qué venÃa eso precisamente a golpear la puerta de la oficina. No siempre fue asÃ. Me dijo bastante serio. Antes sólo deambulaba por los pasillos sin agredirnos, pero hace un mes se me ocurrió traer un sacerdote para bendecir toda la bodega y obviamente, eso enfureció a este demonio. O lo que sea todas las noches, a las dos de la mañana, que fue la hora que mataron al Brujo, ese diablo agarra más fuerza. Se aparece y quiere castigarme por haber intentado sacarlo. No sólo a mÃ. Muchos de los guardias que por ahà han pasado salen huyendo la primer noche y no regresan. Algunos argumentan que el diablo los ha seguido hasta su casa para atormentarlos. Lo peor es que no sabemos cómo parar esto con la plática. Pronto terminó el turno de trabajo. Julián me dijo que me entendÃa si no regresaba en la noche para trabajar, a lo que le respondà ten la seguridad que aquà estaré como en mi casa. Nada raro pasó para antes de las siete de la tarde estaba de nueva cuenta en la entrada de la bodega, dispuesto a pasar una noche más aún a expensas de saber qué podrÃa ser aterrador. Cuando mi compañero me miró, sonrió un poco, puso su pulgar arriba mientras movÃa su cabeza de forma positiva, me hizo una señal con su mano para que fuera y asà empezar nuestra rutina de nueva cuenta. Como el dÃa anterior, después de que salieron todos los trabajadores, se activó la alarma de seguridad, quedando la bodega a nuestro resguardo Nuevamente al caminar por el pasillo, se paró frente a esa puerta y la revisó varias veces hasta quedar conforme. Cuando caminábamos, me vino el recuerdo de la noche anterior y no pude disimular mi nerviosismo. Al llegar a la oficina, noté que la puerta estaba arreglada y remachada. Eso me daba seguridad, pero no bastarÃa para detener una criatura salida del infierno, Aunque en algo ayudaba, porque la noche anterior no habÃa podido derribarla. Nos sentamos frente a los monitores de rato. Aquellas cosas paranormales comenzaron de nuevo. Extrañas sombras se arrastraban por los pasillos. Algunas esencias que se confundÃan con la oscuridad se metÃan entre los anaqueles y a su paso era que se caÃan las cosas. Todo eso que ves son los espÃritus de los muertos que se aferran a rondar este lugar. Algunos quizá ni siquiera saben que ya no pertenecen a este mundo. Me dijo no podÃa dejar de sentir escalofrÃos cuando escuchaba a Julián decir eso. Después, al dar las dos de la mañana, se abrió la puerta que enfocaba la Cámara. Uno de nuevo, aquello que ya sabÃa que era el diablo salió de ese cuarto. Caminó por el pasillo principal. Rumbo a la cabina de seguridad, donde nos encontrábamos en mi mente comencé a rezar todo lo que me sabÃa. Le pedà a Dios con toda mi devoción, que esa horrible criatura no pudiera derribar la puerta y que todo pasara lo más rápido posible. Aunque yo sabÃa que la puerta estaba bien cerrada por seguridad. La revisé de nuevo Julián, al ver mi preocupación, me dijo no tengas miedo. Este cuarto está bendito. Por eso el diablo, por más intentos que haga, no podrá entrar. Los guardias de la mañana se ocupaban de bendecir la bodega, pero como aquà se guarda toda el agua bendita. Eso retiene cualquier intento de meterse, no sólo al diablo, también a cualquier espÃritu. Como la noche anterior, la perilla de la puerta se empezó a mover primero lentamente después tan fuerte que pareciera que la arrancarÃan, aunque sabÃa que no podÃa entrar. Me invadÃan los nervios y el temor. Yo me persignaba. Contaba los minutos para que pronto terminara. De pronto dejaron de mover la perilla cuando esperábamos que empujaran la puerta. Escuchamos una voz Julián soy yo Abre nos decÃa por primera vez noté que mi compañero estaba pálido, ni siquiera parpadeaba me acerqué lo más que pude a él para moverlo y preguntarle si reconocÃa la voz titubeante. Me dijo que no, aunque por su actitud parecÃa lo contrario. Segundos después cambió la voz por una más suave. Julián abre la puerta. Lo llegué a notar desesperado y con intenciones de abrir. Lo único que se me ocurrió fue decirle que no la escuchara. Tomé sus manos y se las puse en los oÃdos y asà se quedó. Nos hicimos para atrás cuando golpearon la puerta con violencia. Asà estuvo alrededor de diez minutos hasta que se detuvo. ParecÃa que habÃa terminado, como no nos habÃa dado tiempo de ponerle la sábana a los monitores. Revisamos las cámaras, estaba parado frente a la puerta de nuestra oficina, era una criatura horrible? Revisamos las cámaras, parado frente a la puerta de nuestra oficina, estaba una criatura horrible. Sin moverse tratando de engañarnos esperándonos a que saliéramos a revisar. Asà estuvo por largos minutos hasta que desistió. Lo miramos caminar por todo el pasillo y meterse a ese cuarto, quedando la puerta abierta como si nada malo hubiera pasado. En esta ocasión no salimos a revisar. Julián, demostrando su asombro, comentó que esa vez el diablo habÃa sido más violento. Además, habÃa intentado manipularlo hablándole y eso era muy preocupante para él. El resto del turno estuvimos analizando la situación. Si lo único que retenÃa al diablo era el agua de vender, se podrÃa guardar toda en ese cuarto donde habitaba ese demonio. Asà tal vez eso al fin lo detendrÃa. La siguiente tarde preparamos todo a las diez treinta pm. Salimos a cerrar. Después de activar la alarma de seguridad, sacamos el agua bendita de la oficina. El reloj marcaba quince. Para las doce de la noche caminamos dispuestos a intentar detener a comodiera lugar al diablo. Mi compañero Julián llevaba una cruz grande y diferente que ya habÃa sido bendecida en lugar de dos. TenÃa cuatro brazos paralelos era para ponerla por la parte de adentro de la puerta. Cuando estuvimos ahÃ, el ambiente sà que era pesado. Se podÃa sentir que algo macabro vivÃa en ese lugar. Como eran ocho galones de agua bendita. Tuvimos que entrar dos veces cada uno. Cada vez que entre intentaba no mirar a ningún lado por temor a ver algo espantoso. Llegué a escuchar como alguien respiraba tan fuerte como lo hace un toro, pero no habÃa nadie. Los galones. Los pusimos frente a la puerta. Lo más pegado que se pudo. Nos apuramos a terminar de colocar todos los galones de agua bendita. Mirábamos el reloj constantemente temerosos de que se nos pasara el tiempo y nos dieran las dos de la mañana, porque a esa hora se manifestaba esa horrible criatura. Por último, Julián colocó la cruz en la puerta mientras decÃa unas oraciones rápido, cerró y atrancó por fuera. El reloj apenas marcaba las doce cuarenta y cinco caminábamos por el pasillo cuando empezó la actividad paranormal. Algunas cosas caÃan frente a nosotros, se escuchaban murmullos y voces. Luego un grito aterrador nos hizo correr a la oficina sin voltear para atrás. Corrimos a la par aunque ya en muchas ocasiones habÃa recorrido el pasillo, en ese momento se me hizo eterna la distancia para llegar a la oficina. Ya encerrados y frente a las cámaras miramos todo lo que sucedÃa. Como todas las noches sombras siniestras me rodeaban por los pasillos. Algunas cosas cambiaban de lugar, otras caÃan al suelo y comenzaban a dar vueltas. Pero lo que más nos interesaba era lo que transmitÃa a la Cámara. Uno parecÃa que todo habÃa dado resultado. PodÃamos ver cómo golpeaban la puerta con violencia, asà como golpeaban la puerta de la oficina noches anteriores tratando de abrirla sin lograrlo. Esa noche fue la primera vez que no golpearon nuestra puerta, aunque si hubo actividad paranormal, esta no era agresiva. Además, a partir de ahà las sombras, aquellas inexplicables, desaparecieron casi por completo. Al pasar un mes. Me jubilé porque cumplà mis sesenta años. Esas bodegas aún existen. Lo último que supe fue que ese cuarto está sellado con el agua vino bendita dentro y la cruz en la puerta cuentan los guardias del turno nocturno que a las dos de la madrugada la Cámara uno registra movimientos. Se puede ver claramente cómo se mueve la perilla de la puerta y en ocasiones cuando dan el RondÃn escuchan que una tenebrosa voz llama a Julián, aunque él ya no trabaje ahÃ. Yo, por mi parte, nunca he podido olvidar lo perturbador que puede ser cuando te desempeñas como guardia de seguridad del turno nocturno. Relato escrito y adaptado por Gato negro








