Feb. 13, 2024

No Hagas Un Amarre Este 14 De Febrero Historias De Terror - REDE

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Decisiones. Mi viaje matrimonial comenzó con la ilusión del amor, pero después de una década me encontré atravesando un divorcio. Mi esposo era un hombre narcisista, infiel, descuidado y tacaño. A pesar de lidiar con su enfermedad, me esforzaba por aliviarle el peso de sus dolencias, pero la relación se desgastó irremediablemente. Pasamos de ser pareja enamorada a meros compañeros. De cuarto, mi cambio de empleo desencadenó su molestia y su comportamiento se tornó abusivo, con celos e irritabilidad. Inocentemente buscaba justificar su actitud culpándola de su enfermedad. A lo largo de los años me vi sumida en una depresión y en el descuido personal. Sin embargo, llegó un momento en el que me harté de vivir en esa realidad. Tomé la decisión de cambiar mi vida y así inició mi proceso de divorcio. Esta transición no sólo implicó liberarme de una relación tóxica, sino también abrió la puerta a la reconstrucción personal. Comencé a perder peso y con un renovado sentido de libertad, contemplé la posibilidad de otorgarme una segunda oportunidad en el amor. Mi búsqueda de un nuevo comienzo me llevó a un empleo donde conocí a un joven más joven que mi ex esposo. Este chico poseía una carrera universitaria y estabilidad financiera, cualidades que en ese momento resonaban como una brisa fresca en mi vida. Iniciamos una relación, aunque legalmente ya estaba divorciada. Muchos aspectos de mi día a día seguían conectados a mi ex esposo, especialmente por lo que concernía a mis hijos. Es necesario aclarar que mi ex esposo no tenía conocimiento alguno sobre mi nueva relación. La discreción era mi aliada mientras intentaba tejer las complejidades de mi vida post divorcio, tra tratando de de de equilibrar las responsabilidades parentales con la búsqueda de mi propia felicidad. Un día, cuando mi pareja estaba disfrutando de su día de descanso, mi vida dio un giro inesperado. Al salir del trabajo, me encontré cara a cara con mi ex esposo y su expresión estaba llena de furia contenida. Sorprendida por este encuentro inesperado, escuché mientras me acusaba de visitar a una bruja. Según él, esta misteriosa vidente empleando el tarot como herramienta, había revelado todos los detalles de mi nueva relación. La confrontación con mi ex esposo ese día en el trabajo fue como un terremoto que sacudió mi vida. El furioso e impulsado por la información de la supuesta bruja, no pudo contener su ira y lanzó amenazas en mi dirección, Pero la situación no tardó en tomar un giro inesperado. Cuando mis valientes compañeros de trabajo, al percatarse de la atención, actuaron rápidamente para ponerle un alto. El tipo enfurecido intentó ponerse violento, pero varios compañeros, como una especie de muralla humana, lo rodearon y lo empujaron hacia afuera. Quería pelear, pero uno de mis colegas, un gigante musculoso de casi dos metros, decidió que era suficiente. Con un solo golpe mandó a mi ex esposo al suelo, provocándole lo que parecía ser una nariz rota. Fue un momento de caos, pero mis colegas actuaron como un equipo, protegiéndome y poniendo fin al episodio violento. Mi ex esposo, derrotado pero no rendido, se levantó como pudo antes de irse, antes de desaparecer de mi vista, me lanzó una mirada amenazante y profirió palabras cargadas de advertencia, asegurando que me arrepentiría de lo sucedido. Sin embargo, la vida es irónica y en un giro sorprendente. Mi nueva pareja, la cual había sido un faro de esperanza en mi vida, comenzó a desmoronarse. Apenas dos meses después de aquel enfrentamiento, mi compañero se vio envuelto en una espiral de problemas. El alcohol se apoderó de él, perdió su empleo y la salud le jugó malas pasadas. La promesa de un nuevo comienzo se desvanecía rápidamente. La situación dio un giro aún más oscuro cuando quedé embarazada. Sin embargo, la alegría anticipada se vio truncada por las sombras de la adicción. En una de sus borracheras, mi pareja se volvió violento y las consecuencias fueron devastadoras. El futuro que imaginé se desmoronó en medio de la tristeza y la pérdida. Cuando, debido a la agresión, perdí al bebé ante la espiral descendente que mi vida tomaba, superando incluso las dificultades con mi ex esposo. La desesperación me impulsó a buscar respuestas en lugares inusuales, así que decidí consultar con una de esas personas que de alguna manera pueden arrojar luz sobre tu vida. Aunque me cuesta llamar las brujas, ya que no tengo certeza de que ese sea el término exacto. Mi visita no implicaba someterme a rituales de limpieza n o da prácticas místicas. En realidad, sólo quería entender por qué mi vida estaba tomando un rumbo tan adverso. Pasé un buen rato en el lugar observando cómo la mujer llevaba a cabo sus rituales y prácticas. Después de un tiempo, cuando sintió que era el momento adecuado, se acercó y comenzó a compartir sus percepciones conmigo. La bruja como prefiero llamarla por ahora, me dejó en claro que estaba enfrentando algo más que simples desafíos cotidianos. Según sus percepciones, mi vida había sido afectada, por lo que ella denominaba un trabajo negro, una fuerza oscura y perjudicial lanzada deliberadamente sobre mí. Mientras escuchaba sus explicaciones, me sentí envuelta por una mezcla de incredulidad y desesperación. Sin embargo, ante la espiral descendente que experimentaba, estaba dispuesta a considerar cualquier explicación. Incluso se involucraba conceptos más allá de mi comprensión. La Bruja compartió sus conocimientos sobre cómo deshacerse de un trabajo de esa magnitud. En sus palabras, la única manera de liberarse era regresarlo a quien lo había enviado. Después de la revelación de la Bruja sobre la naturaleza oscura que afectaba mi vida, me tomé un par de días para reflexionar sobre sus palabras. La idea de regresar el supuesto trabajo negro a quien lo había enviado resonaba en mi mente como una opción tentadora, pero también llena de dilemas morales. No estaba segura de aceptar la sugerencia de la Bruja. La razón era clara. Tenía fuertes sospechas de que la persona detrás de mis desgracias era mi ex esposo. La confrontación en el trabajo, sus amenazas y la mirada amenazante que me lanzó al irse eran evidencias suficientes. Sin embargo, a pesar de la malicia que él había demostrado era el padre de mis hijos, regresarle su propia maldad podría tener consecuencias impredecibles, especialmente para los pequeños que compartíamos. La moral de la situación se convirtió en un dilema que pesaba sobre mis hombros. Por un lado, la idea de venganza era tentadora, pero, por otro, la responsabilidad como madre me frenaba al regresar con la bruja. Después de reflexionar sobre su propuesta, le expresé mi disposición a deshacerme de ese oscuro trabajo. No obstante, mi principal preocupación era la seguridad y bienestar de mis hijos. No quería que sufrieran las consecuencias de mis decisiones. Le pedí a la Bruja garantías de que mis hijos no se verían afectados de manera significativa. Su respuesta fue inquietante, pero directa. Me aseguró que el único daño que sufrirían sería el de percibir mal a su padre. Quizás verlo bajo una luz más oscura. Sin embargo, también añadió una advertencia más sombría. En el peor de los casos, si el trabajo negro era particularmente poderoso, podría resultar en la muerte de mi ex esposo. La idea de de que que mis hijos pudieran enfrentar consecuencias tan drásticas me llenó de angustia. Dudas y temores se agolparon en mi interior haciendo que mi decisión tambaleara. Fue entonces cuando la Bruja, con una seriedad impactante, me recordó que si no regresaba el trabajo negro, la que podría enfrentar un destino trágico sería yo. La amenaza directa a mi propia vida me obligó a reconsiderar mis prioridades y a aceptar la cruda realidad. Mi seguridad dependía de enfrentar la oscuridad que se cernía sobre mí. Con un nudo en la garganta y el peso de una decisión casi impuesta, acepté regresar el trabajo negro. Era una elección amarga, pero sentí que no tenía otra opción. Después de aceptar la propuesta de la Bruja y regresar el oscuro trabajo negro a mi ex esposo, la vida de éste dio un giro abrupto y sombrío. Los días pasaron y la tragedia comenó a r a tejer su red alrededor de él, el alcohol que ya había sido su compañero en la oscuridad se volvió aún más voraz, perdió su empleo y la salud que ya estaba comprometida se desvanecía rápidamente. Era como si el peso de sus acciones hubiera regresado para cobrar su deuda. Sin embargo, la verdadera tragedia ocurrió la madrugada del trece de febrero, cuando amaneció en San Valentín. La noticia de su muerte no me afectó de la manera que podría haber esperado. En cambio, el dolor se instaló en un rincón más profundo de mi ser al comprender las consecuencias colaterales de mis decisiones. La tragedia no sólo se llevó a mi ex esposo, sino que también tocó la vida de mi hijo mayor de una manera inesperada y desgarradora. Resultó que mi hijo mayor estaba viviendo su propio tormento emocional. La novia que tenía en ese momento tenía planes de irse de la ciudad el quince de febrero y ya habían organizado cómo pasarían su lul día juntos. Sin embargo, los padres de su novia tomaron la decisión de no permitirle despedirse de mi hijo. Así, mientras enfrentaba la noticia de la muerte de su padre, también tuvo que lidiar con la ausencia abrupta de su novia, complicando aún más el proceso de duelo. Ver el sufrimiento de mi hijo me hizo cuestionar las consecuencias de mis elecciones. En ese momento. El remordimiento se apoderó de mí y me pregunté si había hecho lo correcto al regresar el trabajo negro. El precio parecía haber sido demasiado alto y la carga de dolor que recaía sobre mi hijo me hizo lamentar profundamente las decisiones que me llevaron a ese punto encantamiento de amor. Mi relato genuino se despliega en el año dos mil quince. Durante mi último semestre, en la preparatoria a los diecisiete años, experimenté un un una etapa de tranquilidad y cumplimiento, aunque también me embarqué en la senda de la rebeldía. Fue en una reunión organizada por un amigo para celebrar el Día de San Valentín donde todo comenzó. Recuerdo que fue la fiesta. No fue el catorce de febrero, sino un día antes, el viernes trece de febrero. Me uní a varias amigas en este evento social y entre los presentes se encontraban Víctor y su novia Carolina. Víctor mi amor platónico desde hacía tiempo, estaba comprometido con Carolina. Prácticamente desde el inicio del semestre. A pesar de mis esfuerzos por captar su atención, ellos parecían estar profundamente enamorados. Sin embargo, en esa fiesta percibí que algo no estaba bien entre ellos. Después de la medianoche iniciaron una discusión acalorada y Carolina, visiblemente molesta, abandonó el lugar, dejando a Víctor solo y sumido en la irritación. En ese momento, yo ya me encontraba un tanto afectada por el consumo de alcohol, lo que me otorgó un atisbo de valentía. Fue entonces cuando, después de horas de baile y libaciones, lo conduje a un rincón de la casa ansiosa por materializar lo que había anhelado durante tanto tiempo. Aquella ocasión marcó mi primera experiencia, pero para él simplemente fue una noche influenciada por la embriaguez. Siendo justa, eso fue todo nada hubiera sucedido de no ser por el alcohol. Así que, aunque me entristeció que no evolucionara más allá de eso, tampoco sumergí mi ánimo en la oscuridad de la depresión. Los meses transcurrieron. La escuela llegó a su fin y Víctor continuó su relación con Carolina. Ni él ni yo compartimos ningún comentario al respecto, permitiéndoles a ellos mantener su noviazgo. Curiosamente, ambos ingresaron a la misma universidad, aunque optaron por carreras diferentes. En mi caso intenté estudiarme catrónica, pero la experiencia cien se vio empañada por profesores bastante ineficaces. Después de un año, decidí abandonar la escuela y me embarqué en diversas oportunidades laborales. Mi incursión laboral me condujo a una de esas empresas que ofrecen pequeños créditos a individuos con ingresos limitados, sólo para luego imponer intereses que escalan hasta las nubes. Después de alrededor de cuatro años en este entorno ocurrió un episodio intrigante. Una pareja ingresó a la sucursal y, aunque al principio no les presté mucha atención, algo en ellos me resultó familiar. Al aproximarme a ellos lo reconocí de inmediato Víctor, mi antiguo amor platónico de la preparatoria, y su novia Carolina. La transformación en ellos era evidente. Víctor lucía más maduro y atlético, mientras que Carolina conservaba su belleza que, en honestidad siempre fue superior a la mía. En un primer momento pasaron por alto mi presencia. Sumergidos en sus planes me contaron que ahora vivían juntos y tenían planes de casarse buscando un préstamo para financiar el banquete. Aunque esa revelación me hizo sentir incómoda y un poco celosa, logré disimularlo eficazmente mientras recopilaba todos los datos necesarios para el proceso del crédito. Carolina finalmente me reconoció a partir de ese momento, Mientras continuábamos con la formalidad del trámite, Nuestras conversaciones se entremezclaban con preguntas aleatorias acerca de los avatares de nuestras vidas en los años transcurridos. Después de que su crédito fuera aprobado, intercambiamos números para dar seguimiento al proceso. En las semanas posteriores recibí la visita de Carolina, quien amablemente me invitó a su boda, aunque la idea de asistir a la ceremonia me provocaba más desagrado que entusiasmo. Carecía de una justificación contundente para declinar la invitación. Por ende, con la sonrisa más forzada del mundo, acepté la invitación. Pocos días después, Víctor me contactó para discutir algunos detalles relacionados con el crédito. Acordamos encontrarnos fuera del entorno laboral para abordar el asunto. A pesar de que se trataba de un tema puramente laboral, la perspectiva de verlos sin la presencia de Carolina generaba un torbellino de emociones en mi interior. El encuentro fue en un sabuey Víctor compartió conmigo las dificultades que enfrentaba en la fábrica donde laboraba. La empresa atravesaba un período complicado y, como suele suceder en tales circunstancias, se avecinaba un recorte de personal. Víctor, sumido en esa incertidumbre, expresó su temor de ser despedido lo que a su vez generaba preocupaciones sobre cómo podría hacer frente al crédito que acababan de obtener. Para Quienes han tenido alguna experiencia en el ámbito de préstamos personales saben que siempre existe la posibilidad de encontrar soluciones para ayudar a alguien en apuros financieros. Sin embargo, esta ayuda no se otorga indiscriminadamente, ya que suele incomodar a los superiores y requiere justificaciones convincentes. Antes de ofrecerle mi ayuda y asegurarle que podría hacer algo al respecto, decidí indagar en su memoria. Le pregunté si se acordaba de lo que había pasado entre nosotros en aquella fiesta del Día de San Valentín. Su mirada reflejó cierta confusión ante mi pregunta inesperada. Después de un breve silencio, confirmó que recordaba la noche de San Valentín. Sin entender del todo por qué indagaba en ese recuerdo expresó su desconcierto. Fue en ese instante cuando decidí compartir un detalle que él desconocía hasta entonces. Aquella noche había sido mi primera experiencia con un hombre. Su expresión cambió al instante y en un gesto de sorpresa, me tomó de la mano revelarle ese detalle aparentemente insignificante. Había desencadenado un giro inesperado En nuestra conversación. Víctor, visiblemente afectado por la nueva información, se disculpó sinceramente. Aseguró que, de haberlo sabido, su actitud después de esa noche habría sido diferente. La confesión abrió una puerta a la comprensión y la empatía entre nosotros con una sonrisa. Acepté sus disculpas y le aseguré que estaría allí para ayudarlo en la difícil situación que enfrentaba. Expresó su agradecimiento. Nos despedimos y cada uno siguió su propio camino. La noche, que comenzó con la incertidumbre de un posible rechazo, se transformó en un momento de conexión y entendimiento mutuo de vuelta a casa. Una curiosa advertencia en un letrero llamó mi atención. Decidí pedir una cita con una supuesta bruja, llevando consigo las fotos de Víctor obtenidas de su perfil de Facebook. Durante la consulta le compartí la situación de Víctor y su inminente boda. La bruja sugirió la posibilidad de realizar un amarre, pero al examinar detenidamente las imágenes, señaló la presencia de otra persona en la vida de Víctor, complicando la efectividad del Hechizo la pregunta inmediata de la bruja fue si yo conocía a esa otra persona sin titubear. Mencioné la próxima boda con Carolina. Ante esta revelación, la bruja afirmó que, aunque la presencia de Carolina podría complicar el proceso, el amarre aún era viable. Sin embargo, mis pensamientos no coincidían con esa idea. Mi deseo era tener a Víctor sólo para mí sin interferencias. La bruja, con su tono misterioso, insistió en que el amarre podría funcionar temporalmente, pero la presencia de Carolina podría ser un factor determinante en la efectividad a largo plazo. Eso no era lo que yo quería. Víctor debía ser solo para mí. La bruja soltó otra opción, hacer un amarre provisional. La idea era tener a Víctor cuando me diera la gana mientras ella trabajaba en Carolina hasta mandarla al otro lado. Después, sin obstáculos, podría hacer otro amarre El definitivo no lo pensé dos veces antes de aceptar la sugerencia de la Bruja. No es que sintiera algo por Carolina. La verdad ni me importaba. Mi deseo de estar con Víctor estaba por encima de cualquier consideración empática. Si tenía que tomar medidas extremas para lograrlo. Estaba dispuesta la Bruja con su aire misterioso, comenzó su ritual. Después de completar el proceso, me dijo que mandara un mensaje a Víctor con una indirecta bastante directa. Aclaró que Víctor no aceptaría de inmediato, pero el amarre le impediría rechazar la invitación. También me advirtió que la respuesta positiva no sería instantánea. Sin embargo, el primer mensaje que recibiría de él en la semana sería para coordinar un encuentro en un hotel La Bruja predijo con certeza a los eventos y a los cinco días nos encontramos. Este patrón se repitió durante medios, viéndonos una vez por semana en encuentros furtivos. Mientras tanto, la salud de Carolina se iba al caraco, no podía comer y vomitaba hasta el agua. La constante enfermedad de Carolina molestaba a Víctor, lo que llevó a un aumento en la frecuencia de nuestros encuentros de vernos. Semanalmente pasamos a encontrarnos hasta tres veces por semana. Después de seis meses desde que Carolina enfermó, Víctor me llamó con noticias impactantes. Me dijo que ella había fallecido y sugirió que sería mejor que nos distanciáramos por unos días. La muerte de Carolina fue una noticia que me resbaló Víctor brindó apoyo a la familia de la fallecida. Mientras la ceremonia avanzaba, yo permanecía en segundo plano, observando desde lejos, sin atreverme a acercarme demasiado. Sin embargo, algo extraño comenzó a suceder con el tiempo. En las sombras de la noche, cuando reinaba el silencio, empecé a sentir una presencia inquietad ante a mi alrededor. Era el espíritu de Carolina, clamando venganza por su prematura muerte. Las noches se volvieron inquietantes, con sueños perturbadores y apariciones fantasmales que me atormentaban. Intentaba ignorar estas manifestaciones, convenciéndome de que eran meras ilusiones creadas por mi propia conciencia culpable. Sin embargo, cada vez se volvían más intensas y reales. Una noche, mientras intentaba conciliar el sueño el fantasma de Carolina se materializó frente a mí con una mirada llena de reproche Me acusó de ser la causa de su sufrimiento y de manipular su destino. Sus palabras resonaron en mi mente, creando un sentimiento abrumador de culpa. A partir de ese momento, mi vida se convirtió en una pesadilla. El fantasma de Carolina no me daba tregua, apareciendo en los momentos más inesperados y recordándome la oscura elección que había hecho después de enfrentar las consecuencias de mis decisiones, La presencia inquietante de Carolina se volvió más agresiva. No pasó mucho tiempo antes de que sus acciones fueran más allá de meras apariciones y sueños perturbadores. Un día, mientras deambulaba por mi casa, sentí un fuerte empujón que me llevó a caer por unas escaleras. El impacto fue suficiente para mandarme directo al hospital. Fue en ese momento que la realidad de la situación golpeó con fuerza. El fantasma de Carolina no sólo estaba enojado, estaba dispuesto a hacerme daño físico. El riesgo de perder mi vida me hizo reflexionar sobre las elecciones que había tomado. Decidí regresar con la Bruja, esa figura misteriosa que había desencadenado todo este caos. Le pedí que deshiciera el amarre que había afectado a Víctor. Quería liberarlo de esta maraña de magia oscura que había tejido. Para satisfacer mis propios deseos egoístas. La Bruja, con su mirada penetrante, accedió a mi petición. Realizó el ritual necesario para deshacer el vínculo que nos unía a Víctor y a mí. Fue un proceso tenso y cargado de energía pero finalmente el amarre se rompió. El día que Víctor quedó liberado de la brujería fue un trece de febrero, un día antes del tan esperado San Valentín. Pero en lugar de encontrar la felicidad que había buscado con tanto ahínco, me vi sola otra vez El peso de mis acciones recaía sobre mis hombros. La realidad de lo que había hecho se volvía cada vez más clara. Aunque Víctor estaba libre de la influencia mágica, el precio que pagué fue alto. Me quedé sin él y, además, enfrentaba la posibilidad de la venganza continua del espíritu de Carolina. El día de San Valentín llegó, pero no hubo romance ni alegría. Para mí, libre albedrío después del triste desenlace de una relación que se había extendido a lo largo de diecinueve años, me vi sumido en un abismo de dolor y desesperanza buscando respuestas y soluciones. Alguien me recomendó visitar a un enigmático brujo en la capital. La perspectiva de perder a mi esposa resultaba insoportable, aunque siempre había mantenido un escepticismo constante. El sufrimiento me impulsó a tomar la decisión de dirigirme hacia la Capital para consultar a este brujo misterioso. Sin entrar en minuciosos detalles sobre la conversación que sostuve con el brujo, es fundamental resaltar que él me propuso una solución especial para aliviar mi desesperación. Este procedimiento, conocido como rapto espiritual, afirmaba tener el poder de cambiar el curso de cualquier acontecimiento. Sumido en la incertidumbre y ansioso por aferrarme a la esperanza de recuperar a mi esposa acepté las su su de llevar a cabo este singular trabajo. La promesa de una solución para cambiar el destino de los acontecimientos me brindó un rayo de esperanza en medio de la oscuridad emocional que me rodeaba con la respuesta del brujo. Ante mí se aclaró que el proceso del trabajo que estábamos llevando a cabo sería un camino extenso, requiriendo paciencia de mi parte. Además, enfatizó que los efectos no serían inmediatos, más bien se manifestarían de manera gradual a medida que avanzara el tiempo. Transcurridos dos meses, presencié el primer indicio de que el ritual estaba surtiendo. Efecto, recibí mensajes de ella por Whatsapp, donde expresaba diversas quejas, algo habitual en su comportamiento. Sin embargo, lo inusual fue que, al concluir sus reclamaciones Inesperadamente escribió te extraño. Estas palabras no encajaban con su habitual orgullo suelen ser frases que ella nunca habría formado. En mi convicción, Esto sólo podía atribuirse al influjo del rapto espiritual. Unas semanas después acordamos encontrarnos en una plaza para charlar. Fue entonces cuando comencé a notar que algo no estaba bien con ella. Sus palabras sugerían la posibilidad de reconstruir la relación, pero su lenguaje corporal gritaba lo contrario. Sus gestos y postura revelaban una clara discrepancia con sus expresiones verbales. Era evidente que, aunque sus palabras sonaban a reconciliación, su cuerpo expresaba una falta de deseo de estar a mi lado. Esta desconexión entre lo que decía y lo que mostraba físicamente me desconcertó. Fue como si dos partes de ella estuvieran en desacuerdo, generando una atmósfera de confusión En nuestro encuentro. La complejidad de la situación se tornaba más evidente y me preguntaba si el ritual estaba generando una lucha interna en ella entre lo que su corazón sentía y lo que su mente intentaba expresar. Entonces me di cuenta de que el nombre del trabajo que había abonado rapto espiritual no era simplemente una metáfora en retrospectiva. Debería haber sido evidente, pero sinceramente no me lo había planteado antes. La brujería de manera literal estaba ejerciendo una especie de fuerza para influir en sus pensamientos y considerar la posibilidad de regresar conmigo. Este descubrimiento me llevó a cuestionarme si, de alguna manera estaba involucrado en algo que pudiera considerarse moralmente cuestionable. Así que, aunque, por un lado, experimentaba una especie de alivio ante la posibilidad real de recuperar a mi esposa, por otro lado, el hecho de que todo esto se desarrollara bajo el contexto de un rapto espiritual generaba una carga emocional que sin duda me inquietaba. Puede que para muchos este asunto parezca trivial, especialmente aquellos que alguna vez han recurrido a servicios de brujería. No obstante, los invito a reflexionar sobre la magnitud de la situación. Estaba manipulando la libre voluntad de mi esposa antes de acudir al brujo. Siempre había estado en el término medio entre el escepticismo y la creencia. Aunque no me contaba entre esas personas que memorizan versículos, tenía ciertos conocimientos, como el hecho de que, según la creencia, es Dios quien otorga el libre albedrío. Al buscar un trabajo de brujería para influir en las decisiones de mi esposa, me di cuenta de que estaba yendo en contra de la voluntad divina. Aunque no estoy seguro si se clasifica como un pecado capital, resulta evidente que se trata de una transgresión seria, en lugar de ser una solución a mis problemas. Todo este proceso se convirtió en una carga significativa. La pregunta constante sobre si mis acciones estaban en armonía con lo correcto o si estaba cometiendo un error moral persistía en mi mi mente. La incertidumbre y la inseguridad se apoderaron de mí, generando un constante cuestionamiento sobre si debía poner fin al trabajo de brujería. Cada día se convertía en una batalla interna, debatiéndome entre la esperanza de recuperar mi relación y la inquietud moral que surgía al considerar las implicaciones de mis elecciones. En una mañana decidí sincerarme con el Brujo y expresar mis dudas y preocupaciones. Su respuesta fue contundente. Debía permitir que el proceso se desarrollara sin interrupciones. Argumentó que detener el trabajo en curso no sólo sería perjudicial para mí, sino especialmente para ella. Comparó la situación con despertar a alguien de un sueño profundo de manera abrupta, advirtiendo que podría causarle daño severo. El Consejo del Brujo fue claro. Debía dejar que el trabajo surtiera efecto al cien por ciento y luego, de manera segura, podríamos revertirlo. A pesar de mis inquietudes y dudas decidí seguir adelante, aferrándome a la esperanza de que el Brujo sabía lo que hacía. La incertidumbre sobre el resultado final persistía, pero la perspectiva de recuperar a mi esposa eclipsaba mis temores. Recuerdo vividamente que esta conversación con el Brujo tuvo lugar en la segunda semana de diciembre. Gracias a los efectos de la brujería, logré pasar las festividades de Navidad y Año nuevo con mi esposa. Aunque la experiencia fue agradable hasta cierto punto, no podía evitar sentirme incómodo debido al contexto en el que se desarrollaban las cosas. A estas alturas, ya lamentaba profundamente haber iniciado todo este proceso. Lo más preocupante era que, a medida que avanzaban los días, notaba que ella se mostraba cada vez más convencida de la idea de retomar nuestra relación. La contradicción entre las apariencias positivas y mis sentimientos internos se volvía más evidente. Aunque compartíamos momentos agradables durante las festitas, la sombra del trabajo de brujería y mis dilemas morales persistían generando un conflicto interno que se intensificaba con cada gesto de reconciliación por parte de mi esposa. Algo de lo que algunos ya se habrán dado cuenta es de que, a pesar que desde el principio mencioné que mi relación llevaba diecinueve años, no he mencionado a ningún hijo. Y eso es porque cada que cuento esta historia, no me gusta meterlo en esto, porque ellos fueron los más afectados para cuando se dio la ruptura. El mayor tenía dieciocho, la niña tenía dieciséis y el menor tenía catorce cuando nos separamos la niña y el menor se fueron con ella. El mayor no, pero tampoco se quedó conmigo como no quería tomar partida. Se fue a rentar un departamento para no involucrarse en los problemas de nosotros. Entonces, cuando en las fiestas de diciembre, nos vieron bien como si nada hubiera pasado, pues los tres estaban muy contentos de que las cosas entre nosotros se estuvieran arreglando. Avanzó el mes de enero y llegó la primera semana de febrero, decidí visitar al Brujo para obtener un informe sobre cómo iban las cosas con un rostro enigmático. Me informó que sólo faltaban dos días para llevar a cabo el proceso de revertir el trabajo de brujería. Esto inicialmente sonó como buenas noticias hasta que el Brujo añadió un giro inesperado para que el proceso de reversión tuviera éxito. Me dijo que yo debía tomar la iniciativa dar el primer paso. Esta tarea se reveló más complicada de lo que imaginaba, ya que, según el Brujo, ahora que ella estaba enamorada y su voluntad doblegada por el rapto espiritual, no quedaba rastro alguno de emociones negativas hacia mí. Por ende, el proceso de reversión se presentaba como un desafío. A menos que yo sembrara la semilla de la duda. Con la proximidad del día de San Valentín, el Brujo señaló esa fecha como el momento clave para llevar a cabo el cambio. Sin embargo, subra yo que no bastaría con palabras. Era necesario algo más contundente para dejar claro que nuestra relación no tenía futuro. Debía herirla de manera significativa, no simplemente decirle que no quería nada con ella, sino demostrarlo con acciones que dejaran en claro que ya no éramos una posibilidad. La revelación de esta nueva tarea resonó en mí como un cubo de agua fría. Había pasado de forzarla, a querer volver a mí mediante el rapto espiritual, a ahora ser responsable de herirla profundamente para garantizar que no quisiera regresar. Era un giro de eventos que me dejaba con una sensación de malestar y culpa. Las acciones del pasado parecían haberme colocado en un callejón sin salida moral, enfrentándome a decisiones difíciles y consecuencias dolorosas. A medida que los días avanzaban y se aproximaba el catorce de febrero, mi mente se debatía en cómo abordar la tarea que el Brujo me había ido encomendado para poner fin a toda esta situación. Prefiero no entrar en detalles, ya que es algo extremadamente personal, pero lo esencial es que le invité a un lugar que había sido significativo para nosotros antes de casarnos. Sin embargo, cuando llegamos se encontró con escenas que hicieron añicos. Su corazón la impactó tanto que salió corriendo del lugar entre lágrimas. La experiencia fue tan intensa que la reversión del trabajo de brujería resultó sorprendentemente rápida. En tan sólo una semana, ella recuperó por completo su voluntad. Sin embargo, el costo emocional de esta acción no escapó a mi propia conciencia. Desde aquel catorce de febrero no he vuelto a ver ni a mi esposa ni a mis hijos. Siempre funciona mi amor por Esteban era tan intenso que eclipsaba cualquier otro sentimien pero una sombra persistente oscurecía nuestra relación mis celos desmesurados y bastante tóxicos de manera constante, me sumía en la rutina de revisar su celular llamándolo en todas las horas del día. Si lo veía conversando con alguna mujer, ya fuera una colega de trabajo, una vecina o incluso la cajera del oxo, no importaba quién fuera. Lo acosaba con preguntas sobre por qué le hablaba. Esta actitud comenzó a minar los cimientos de nuestra relación hasta que, sin previo aviso, en un día, cualquiera Esteban anunció que se iba vi cómo comenzaba a empacar sus pertenencias y en un acto de desesperación, me coloqué detrás de él temblando y le pregunté a dónde se dirigía. Su respuesta fue firme. Si había cansado y no tenía intenciones de volver jamás. Le supliqué, prometí cambiar. Juré que no volvería a revisar su celular, pero sus decisiones ya estaban tomadas. Se despidió con uno sin ole a Dios y abandonó apresuradamente el departamento, dejándome derrumbada sobre la cama envuelta en lágrimas. Después de un tiempo, decidí compartir mi dolor con una amiga entre sollozos. Le narré lo sucedido. Fue en ese momento cuando mencionó algo que captó mi atención. Conocía a una bruja con el poder de hacer que Esteban regresara a mis brazos. Inicialmente dudé, ya que no creía en ese tipo de cosas. Sin embargo, mi amiga insistió, compartiendo su propia experiencia años atrás. Ella también perseguía a un chico que apenas la notaba. Tras visitar a la Bruja y realizar un simple ritual el día de San Valentín, el chico la buscó para pedirle que fuera su novia de la nada. En la madrugada del trece de febrero, amaneciendo en San Valentín, el chico estaba afuera de su casa tocando la puerta con chocolates. Eso que me contaba sonaba demasiado impresionante. Lo que yo pensé es que si a ella le había funcionado con alguien a quien nunca le había hablado, pues entonces estaba clarísimo que a mí me funcionaría, porque sólo era recuperar a alguien con quien ya había tenido una relación durante años. Fuimos a ver a la Bruja le conté todo y me dijo que, sin problemas que ella haría el ritual para que la madrugada que amanece en el día de San Valentín. Él estaría parado afuera de mi puerta pidiéndome que regresáramos. Yo estaba muy emocionada. Todavía faltaban tres semanas para la fecha, pero la Bruja me convenció que eso pasaría sin lugar a dudas, Así que sólo me quedaba ser paciente por unos días y todo se resolvería. Llegó el trece de febrero. Serían como las nueve de la noche. Cuando recibí una llamada era Omar, un amigo que Esteban y yo teníamos en común. Se me hizo muy raro que él me llamara. Todo mi mundo se derrumbó cuando escuché lo que tenía que decirme hubo un accidente, un choque en la carretera un borracho. No tengo los detalles me acaban de avisar. Esteban no sobrevivió. Lo siento en ese momento las lágrimas que me salieron quemaban mi piel. Yo no podía creer lo que me estaba diciendo, así que le pedí una explicación. Yo necesitaba saber que había sido exactamente lo ocurrido, pero él no sabía más. Me dijo que ya estaba yendo al la morgue para reconocer el cuerpo que cuando ya estuviera completamente seguro, me avisaría para que yo también fuera a verlo. Luego de eso colgó la noticia. Me dejó con el teléfono en la mano. Empecé a temblar y a ver todo borroso. Traté de tomar un vaso para servirme agua, pero el vaso se me resbaló cayéndose al suelo. Luego me quedé como oída. Perdí por completo la noción del tiempo. Reaccioné cuando sonó el celular Omar. Me dijo muy preocupado que se habían robado del amor que el cuerpo de Esteban. Él estaba tartamudeando mucho debido a los nervios. No me decía las cosas en orden y daba muchas vueltas, pero a lo que le entendí luego de que me avisó del accidente fue a la morgue. Pr conoció el cuerpo. Llamó a sus padres para confirmar que, efectivamente, si era Esteban el que había muerto en el accidente de auto. Dijo que me llamó varias veces, pero que yo no le contesté. Luego a las once treinta que llegaron los padres, el cuerpo ya no estaba. Lo buscaron por todas partes, pero no estaba al parecer, sin que nadie se diera cuenta, alguien había entrado a la morgue y se había robado el cuerpo de Esteban. Eso ya era demasiado. Yo no podía creer lo que estaba escuchando. No supe qué decir y simplemente colgué apenas había soltado el celular. Cuando tocaron la puerta con mucha fuerza. No tenía ninguna intención de abrir, pero estaban insistiendo mucho, así que me levanté y fui a ver quién era y qué quería cuando abrí vi que frente a la puerta estaba tirado. El cuerpo de Esteban estaba despedazado por el accidente. Su rostro deformado como un embudo, tenía los ojos abiertos. Esteban había muerto, pero eso no había impedido que el ritual realidad por la Bruja a cumplirá su objetivo. Él estaba fuera de mi puerta sin vida. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras