Nov. 6, 2023

Mi Madre Vendió El Alma De Mi Padre Y Mi Abuelo Al Diablo Historias De Terror - REDE

Mi Madre Vendió El Alma De Mi Padre Y Mi Abuelo Al Diablo Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Familia. Mucha gente cree que una secta satánica es como un partido político, pero en realidad es más bien como una familia, porque nadie te obliga a estar en las reuniones. Te puedes pelear con ellos, puedes renegar, puedes fingir que no los conoces, pero lo que no puedes hacer es dejar de formar parte. Así es una secta satánica. Así que, aunque yo llevo alejado de la secta más de diez años, sigo siendo parte de la secta y lo seguiré siendo hasta el día en que muera. En sectas satánicas hay muchas variedades, al igual que una religión, cada cual con sus propias permisiones y prohibiciones. En el caso de la secta a la que yo pertenezco, se permitía que un hombre casado tuviera relaciones con otras mujeres, siempre y cuando esas mujeres formaran parte de la secta y que también fueran solteras. Nada de meterse con mujeres casadas y mucho menos con mujeres que no estuvieran dentro de la secta. Mis padres pertenecieron a esa secta desde antes que se casaron. De hecho, en su despedida de soltero, mi padre hizo una fiesta con las mujeres solteras de la secta. Aún la dejó embarazada. Por eso tengo un medio hermano, Manuel. Somos de la misma edad. Nacimos en el mismo mes. Yo soy mayor sólo por seis días. Manuel y yo nos parecemos demasiado la misma estatura, el mismo tipo de cabello, el mismo tono de piel, el mismo color de ojos. Eso pudiera resultar normal si ambos nos pareciéramos a papá cosa que no es así, tal vez nos parecemos a un abuelo o algo. La verdad no lo sé y nunca he preguntado Hay algunas cosas de la secta de las que no puedo hablar y unas cuantas de las que sí. El motivo es el que ya dije que, a pesar de estar ausente, sigo siendo miembro de la secta. Los datos que no puedo revelar son los que llegan a ser específicos, como los lugares de reuniones, identidades de miembros, palabras claves, algunos rituales secretos. Una de las cosas que sí les puedo decir es que en las sesiones de la secta la música que escuchábamos era Shope, que fue un compositor de música clásica. Ahora sí, ya con el contexto vamos a la historia. Cuando tenía veintidós años, en una ocasión que caminaba por el centro de la ciudad, entré a un local a comprar un café, me atendió una chica cuyo gafete decía Laura Piel Blanca. Pelirroja y de ojos color miel no pude dejar de verla ni un solo instante de los quince minutos que estuve dentro del local tomando mi café. Cuando me terminé el café salí de ahí apenas puse un pie afuera. Me topé de frente con mi medio hermano, con Manuel. Cabe aclarar que la verdad nunca nos llevamos demasiado bien, más que nada por el hecho de que durante mi infancia tuve que compartir a mi papá con él. Él, por lo mismo, le guardé un poco de rencor. Nos saludamos de manera cordial. Intercambiamos dos o tres palabras. Lo único relevante de aquella corta conversación fue que me dijo que su novia trabajaba en ese local y que él había ido a dejarle el cargador de su celular porque se le había olvidado en su casa. Para mi gran sorpresa resultó que la muchacha llamada Laura era su novia, la muchacha me gustó cuando la vi no para nada serio, sólo para pasar el rato. Estuve yendo al mismo local a comprar café por lo menos dos veces por semana durante varios meses. Ni siquiera intenté hablar con ella, nada más que el saludo cuando me daba mi café, pero yo la observaba y escuchaba lo que platicaba con sus compañeros. Tenía que conocerla bien antes de intentar hacer cualquier cosa. Pasó el tiempo. Llegó mi cumpleaños, el cual, como lo dictaba la secta, tenía que ser celebrado únicamente con los miembros de la secta. Mi medio hermano también era parte de de de la secta. Nos veíamos en las reuniones cada dos semanas en las reuniones de la secta, aunque fuera por motivo de un cumpleaños. Todo estaba estrictamente delimitado desde que se podía comer hasta que se podía tomar. Por lo mismo, al día siguiente de la reunión con la secta, mis padres me organizaron una cena en la casa. Todos los miembros estaban invitados. La diferencia era que ahora, si podíamos comer y beber cualquier cosa, podíamos poner cualquier tipo de música. Además de que mis padres invitaron a un par de vecinos y que, como no era un evento exclusivo para miembros, pues mi medio hermano llevó a su novia Laura. A muchos miembros de la secta no les gustaban las reuniones externas. Cuando Manuel y su novia llegaron a casa de mis padres, pude ver que ella se llevó cierta impresión y era de esperarse. Si bien nuestra casa no estaba repleta de símbolos, el estilo de la decoración definitivamente no era el que una familia promedio tendría en su casa. Cómo sabíamos que tendríamos unos cuantos invitados en la sala juntamos tanto la mesa del comedor como la mesa del patio. De esa manera había lugar para que se sentaran doce personas. Como yo era el cumpleañero. Yo ocupé una de las sillas de cabecera y la otra silla de cabecera estaba reservada para que la presencia de Lucifer pudiera acompañarnos, así que esa silla no se movía para nada. Sin embargo, sí se le ponía un plato de comida con sus respectivos cubiertos y una copa de vino tinto. Ese detalle llamó la atención de Laura y preguntó por qué se servía una mesa para doce personas si sólo éramos once. Yo volteé a ver a mi padre y él me hizo un gesto con el cual me daba a entender que podía responder a como yo mejor lo creyera conveniente. Cabe aclarar que una de las cosas que me enseñaron dentro de la secta es que jamás debía mentir. Podía hacer malabares con la verdad, pero no mentir. Así que ante la pregunta de por qué poníamos comida y bebida frente a la silla vacía, le respondí que era una tradición familiar para llamar a la abundancia entre que platicábamos y cenábamos. Laura comentó que estaba estudiando administración de empresas. Entonces mi padre, que era dueño de unos cuantos negocios de mediano calibre, le dijo que si quería a él podía contratarla como asistente de uno de sus empleados de confianza. Laura aceptó de inmediato Casualmente el negocio en el que Laura iba a trabajar era el negocio del que yo era encargado. El dueño era mi padre, pero el negocio estaba bajo mi supervisión. Terminamos la cena. Mi medio hermano y Laura agradecieron a mi padre antes de retirarse, ya que no quedaba ningún invitado en casa. Le pregunté a mi padre por qué le había ofrecido ese trabajo a la novia de mi medio hermano. Lo que él me respondió fue que se había dado cuenta de cómo yo veía a la muchacha, así que él sólo la colocó en una posición en la cual yo pudiera tomarla posteriormente, dependiendo la variante de sal que se practique. Puede haber ciertas restricciones respecto a esa cuestión, pero en nuestra secta estaba permitido que un hombre soltero pudiera cortejar a cualquier mujer que no estuviera casada. Es decir que el hecho de que fuera novia de mi medio hermano no era un impedimento, porque no había nada formal de por medio Hasta antes de eso. Yo sólo iba al negocio de mi padre, a firmar documentos y a las juntas. Pero cuando Laura empezó a trabajar ahí, yo pasaba todo el día en el negocio, observándola desde mi oficina, analizándola, esperando el momento indicado para actuar. Con el pasar de los meses, Laura y yo establecimos una buena amistad, lo que no era un secreto para mi medio hermano. Él sabía perfectamente que nos llevábamos bien. Eso no le generaba ninguna incomodidad, porque él no tenía problemas conmigo. En una ocasión que, afuera del negocio, estaba cayendo un aguacero, yo estaba parado en la banqueta mirando las nubes. Todavía no había entrado a mi oficio, pero como siempre me gustó la lluvia, me gustaba estar parado mientras me caía agua. Nadie en el negocio sabía que yo había llegado de pronto. Sentí que me tocaron el hombro y cuando volteé era Laura. Ella me dio un beso, pero en breve retrocedió. Me pidió disculpas y me dijo que me había confundido con Manuel, que de espaldas nos parecíamos demasiado, lo cual era totalmente cierto. Como dije al principio, éramos prácticamente iguales. Aquello no pasó a mayores. Sin embargo, ese comentario de Laura, eso del parecido entre mi medio hermano y yo, se quedó clavado en mi mente. Sabía que eso podría usarlo a mi favor. Aún no sabía cómo, pero sólo era cuestión de esperar algunos meses Después, en una ocasión que Laura tuvo que quedarse muy tarde en el negocio, mi medio hermano me llamó por teléfono para decirme que le resultaba imposible pasar por ella y me pidió que, de favor, yo la llevara a la casa de ella. Ya estando en mi vehículo. Lo le pregunté a Laura si no quería ir por un trago para relajarse después de ese día de trabajo tan pesado. Aceptó ese trago se convirtió en varios tragos. Cabe aclarar que por conversaciones que ella había tenido con otra gente de la oficina, yo ya sabía que Laura no era demasiado tolerante al alcohol, Así que para cuando salimos del bar, ella ya estaba con otra actitud, La llevé a su casa, la acompañé a la puerta pude entrar y pasar la noche. Ahí el hecho de parecerme demasiado a mi medio hermano sirvió de algo por la mañana. Me comentó que lo que había pasado era un rotundo error que no se iba a repetir y que debíamos mantenerlo en secreto. Le aseguré que yo no diría nada. No había necesidad de que mi medio hermano se enterara. Yo sentía que ya me había cobrado. Pasó el tiempo. Durante una cena. Mi papá me preguntó si había conseguido algo con Laura. Le conté entonces muy preocupado. Me dijo que mi medio hermano había solicitado que Laura se uniría. Era la secta. Yo me quedé pálido. Nunca Me esperé que algo como eso fuera a ocurrir. Eran muy malas noticias. Les explico. Entre tantas permisiones de libertinaje, hay ciertas restricciones, como la que dije al principio de que un hombre casado puede tener otras mujeres pero que esas mujeres no sean casadas y que estén dentro de la secta. Dentro de esos mismos lineamientos, dice que está estrictamente prohibido que dos hermanos varones solteros se relacionen con una misma mujer si esa mujer está dentro de la secta. Eso porque puede darse el caso que uno de los dos hermanos se termine casando con la mujer y entonces ahí podría haber discordia. A diferencia de las religiones convencionales en el satanismo, al menos en la variante que practicábamos en la secta, actuar en contra de las reglas tenía graves consecuencias que se aplicaban de acuerdo a la gravedad de la falta. Los castigos iban desde sanciones económicas hasta castigos físicos y había tres reglas que romperlas. Era lo peor que un miembro de la secta podía hacer. La primera era entrar a un templo o a una iglesia no satánica, la segunda era conspirar contra la secta y la tercera eran las faltas consideradas como riesgo de falta de sangre que dentro de esas faltas había muchas cosas. Una de ellas era eso de que dos hermanos no pueden relacionarse con la misma mujer si esa mujer era miembro de la secta. El castigo para cualquiera de esas tres faltas era la muerte. Lo más dramático de todo era que los involucrados votaban por quien debía morir, es decir, que la decisión la tomaríamos entre los tres. Le pregunté a mi padre si no había algo que se pudiera hacer para evitar que Laura se uniera a la secta. Me respondió que no, porque eso lo votaba el Consejo, y ni él ni mi madre estaban dentro del Consejo como para votar en contra. Así que lo más seguro era que ella se uniera a la secta en la próxima reunión, para la cual faltaban dos días. Aquí Quiero aclarar que el hecho de que lo de Laura y yo hubiera pasado antes no importaba. En cuanto ella se uniera, yo tenía la obligación de contar delante de todos lo que había pasado provocando, así que el castigo deba aplicarse en ese mismo momento. No podía callarme. Teníamos prohibido mentir. Además, ya se lo había dicho a mi padre. Si yo no hablaba, lo haría él. Aquello era inevitable. Pasaron los dos días y llegó la reunión. No puedo mencionar nada del ritual de iniciación. El punto es que Laura se unió a la secta. En cuanto su unión estuvo completada, yo caminé al centro y confesé lo que había pasado. Laura y mi medio hermano quedaron consternados. Ella porque yo le había prometido no decir nada, y él porque estaba consciente de lo que tendría que suceder. Los del Consejo elogiaron mi honestidad y por eso me dieron el permiso de que yo le explicara a Laura las consecuencias. Ella quiso salir corriendo, pero entre varios la agarraron. Todos salimos al patio del lugar donde estábamos reunidos. Un miembro del Consejo se acercó a nosotros tres y primero le preguntó a Laura quién de los tres debería morir. Ella, que estaba llorando y forcejeando para soltarse, dijo que yo debía morir. Después le preguntaron a mi medio hermano y, para mi enorme sorpresa, él dijo que Laura debía morir. Sólo faltaba mi voto. Tenía tres opciones. La primera era votar por mí mismo, lo cual me daba el beneficio de ser yo quien decidiera mi forma de muerte. La segunda opción era votar por mi hermano. De esa manera, al no haber una mayoría de votos, era el Consejo el que determinaría quién recibiría la pena. Definitivamente, yo no quería morir y la segunda opción implicaba traicionar a mi medio hermano otra vez. Una cosa fue querer desquitarme, pero no quería verlo morir. Además, él no votó por mí, así que tomé la tercera opción y dije que era Laura la que debía morir. Lo que pasó después no lo puedo decir, no sólo porque es muy fuerte, sino porque se trata de una sentencia que se ejecuta bajo un riguroso ritual secreto. Fue precisamente después de eso que yo tomé la decisión de alejarme de la secta. No lo hice de tajo. Fue poco a poco. Primero falté a una reunión, después a otra, hasta que me salí de casa de mis padres y me fui a vivir a otra ciudad. Para yo no tener nada que ver con la secta. Tal vez alguno de los que están escuchando mi historia está esperando que diga que me arrepiento, pero el satanismo te enseña que nunca debes arrepentirte de nada obsesión. Soy simplemente un hombre común con una apariencia común. Mi problema fue que siempre fui algo tímido. Por esa razón tuve dificultades con las mujeres. Recuerdo mis días en la secundaria don S, donde aun algunos de mis compañeros tenían novias y citas, a pesar de invitar a las chicas que me gustaban, ninguna me prestaba atención. Eso se siguió repitiendo en la preparatoria Durante esos años. No tuve ninguna novia. Parecía que las mujeres estaban fuera de mi alcance. Después de terminar la preparatoria y no conseguir un lugar en la universidad, comencé a trabajar en una fábrica. Estaba en la zona de carga, encargado de recibir insumos y despachar los productos que la empresa fabricaba. Una tarde después del trabajo, camino a casa, vi a la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Era como un ángel sin alas y me enamoré con sólo mirarla a lo lejos. Ella caminaba al otro lado de la calle, como fui muy evidente al verla. Ella lo notó, así que desvió su mirada hacia mí durante un segundo antes de seguir su camino. No reaccionó de ninguna manera. Creo que me descartó de inmediato. Me habría gustado cruzar la calle y a había, pero los rechazos pasados me habían llenado de inseguridades respecto a acercarme a una mujer. Continué mi camino y no miré atrás. Al día siguiente la vi de nuevo y pensé que era aún más hermosa que el día anterior y una vez más, ella apenas gastó un pestañeo en mirarme al otro día lo mismo, Pero en esa ocasión ella ni siquiera me notó. Sólo miraba hacia adelante ajena a mi presencia, la seguí viendo durante dos semanas seguidas. No había un solo día en el que no me la encontrara, siempre desde lados opuestos de la calle de forma muy ingenua. Pensé que verla tan seguido podría significar algo. Tal vez era el destino, Dándome al fin una oportunidad en la tercera semana no la vi y eso me llenó de ansiedad. Pensé que algo malo le había sucedido, aunque no sabía que era absurdo. Yo ni siquiera me sabía su nombre. Por lo tanto, resultaba bastante ridículo que me estuviera preocupando de que algo hubiera podido pasarle, a pesar de que yo estaba consciente de que mi reacción era patética. Quería saber si ella estaba bien, pero no tenía ninguna información sobre ella. Se me ocurrió la gran idea de que al día siguiente tomaría un taxi para llegar antes y esperaría sentado en el pequeño parque para ver si ella pasaba. Mi lógica decía que si ella estaba bien, tendría que verla. Así lo hice. Llegué antes con tal de saber si ella estaba bien. Creo que no hace falta aclarar que, para este punto yo ya estaba obsesionado con esa completa desconocida sólo para que se den una idea del nivel de obsesión que tenía calculé el tiempo exacto en que ella debería pasar frente al parque y a la hora que yo había calculado, ella pasó caminando. Al parecer, simplemente su horario de salida en esa semana era diferente. Tal vez salía un poco más tarde o un poco más temprano. No quiero que se me malinterprete. Que estuviera obsesionado con ella no significa que por la cabeza se me cruzara a hacerle daño. Eso jamás me conformé con encontrarle ocasionalmente y mirarla pasar de largo una tarde. Algo inusual sucedió. Ella estaba en mi lado de la calle. Me puse nervioso al verla acercarse. Mi corazón latía rápidamente y mis manos comenzaron a sudar. No sabía si debía decirle hola o buenas tardes. Me sentía cada vez más ansioso a medida que nos acercábamos, pero nada pasó. Ninguno de los dos dijo una sola palabra y ella sólo me miró por un pestañeo cuando di vuelta en la esquina, me encontré con un hombre. Era un señor de unos cuarenta y tantos años, tal vez cincuenta, iba vestido formal con una gabardina negra. Sus rasgos faciales no eran nada destacables, si acaso su cabello, que lo tenía un poco largo. Me moví un poco a la izquierda para poder pasar, pero él me cerró el paso y me habló si quieres tenerla, puede ser tuya. Yo puedo ayudar con eso. Su tono de voz era un poco escalofriante. Lo que le dije al señor fue que no tenía idea de que me estaba hablando Él movió un poco la cabeza y me aclaró que estaba hablando de la muchacha. Supuse que el señor se había dado cuenta que yo la miraba mucho. Decidí ignorarlo. Me volví a mover, pero él de nuevo se me puso al frente. En ese momento noté que sus ojos eran de color miel pero con algo de naranja o rojo. Le pedí al señor amablemente que se apartara de mi camino si no quería que yo mismo lo quitara por la fuerza. Entonces el señor me volvió a hablar. Los dos sabemos que no vas a hacer nada. Después de todo así, te hizo Dios, te creó como todo un cobarde. Por eso no vas a empujarme. Por eso no tienes a la chica. Me habló con tanta seguridad que me dejó intrigado. Por lo mismo, le pregunté quién se creía que era para hablarme así. Él ignoró mi pregunta y me dijo que podía hacer que la chica estuviera conmigo, que estaba ahí para ser mi amigo, para ayudarme en cualquier cosa que yo necesitara. Siempre me molestó que la gente empezara a divagar en una conversación así ya de mal humor. Le advertí que era la última oportunidad que le daba para que se apartara de mi camino, que él no me conocía de nada y que, si creía que no iba a golpearlo para quitarlo del frente, estaba muy equivocado. Entonces el señor me dijo que me tranquilizara y me llamó por mi nombre. Eso me dejó descolocado. Ese tipo sabía quién era yo, aunque yo no tenía ni la más remota idea de quién era él. El señor me miró fijamente y me aseguró que él solamente quería ayudarme, que se notaba a kilómetros de distancia que yo necesitaba un poco de ayuda y que por eso estaba hablando conmigo ya intrigado. Le pregunté cómo era exactamente que podía ayudarme. Su respuesta fue que no necesitaba saberlo, porque además no lo entendería, pero me aseguró que podía conseguirme a la chica que lo único que tenía que hacer era estrechar su mano. Cuando dijo eso, estiró su brazo. Mientras me seguía mirando sin parpadear, yo no sabía qué hacer, además de que, por supuesto, toda la situación era demasiado rara. Él me dijo que no tenía todo el día que si quería a la chica estrechar su mano, si no, se daría la vuelta y yo perdería la mejor oportunidad de mi vida. En ese momento no pensé mi obsesión por la muchacha me tenía cegado, así que estreché la mano del desconocido. En cuanto lo hice, sentí como si me hubieran dado una pequeña descarga con una de esas pequeñas máquinas de toques eléctricos. Debido a eso le solté la mano. El señor me dijo una última cosa. Vete a casa mañana cuando te vuelvas a topar a la chica, sabrás que todo está arreglado. Me lo agradecerás. Después dicho eso, el tipo se dio la vuelta y se fue. Yo Me quedé ahí parado unos momentos mientras mi cabeza le daba vuelta a todo lo que acababa de pasar. Al día siguiente, cuando salí del trabajo y caminó por la calle de siempre la chica venía, nos topamos de frente. Pasamos de largo como si nada, pero en eso escuché que se tropezó y cayó rápido, me di la vuelta y la ayudé a levantarse. No podía caminar. Se había torcido un tobillo, le dolía. Me ofrecía llevarla, aunque fuera aún similares. Ella un poco apenada aceptó al final de la cuadra. Había una base de taxis, hice una seña, uno vino y nos fuimos a que la revisaran para no extenderme de más. Luego de eso intercambiamos números. Salimos unas veces y, tal como me dijo, aquel extraño se hizo mi novia, pero eso no duró demasiado tres meses y se acabó, lo cual me frustró. Como no se puede n imaginar. La noche que terminamos, yo no podía dormir. Me dio insomnio, así que salí a caminar para ver si cansándome un poco me daba algo de sueño. Al dar la vuelta en la esquina, me topé de frente con aquel hombre misterioso iba vestido de la misma manera. Lo primero que hizo fue preguntarme cómo iba con la muchacha. Yo le reclamé. Le dije que ya habíamos terminado. Él río un poco y me dijo yo cumplí. Ella fue tu novia. Si tú no fuiste capaz de retenerla. Ya no es asunto mío. Estoy aquí para que me agradezcas la oportunidad que te di molesto le dije que no tenía nada que agradecerle, porque eso no había durado. Le pedí que me dejara en paz y lo empujé para irme, pero en eso el tipo me sujetó muy fuerte del brazo y me recordó que habíamos estrechado la mano que yo debía devolver. El favor que él me hizo. Yo jalé mi brazo tratando de zafarme, pero no me pude soltar ese sujeto tenía demasiada fuerza. Entonces me aventó contra la barda de ladrillos que estaba ahí. Cerca soltó mi brazo y me agarró del cuello muy fuerte. Entonces me dijo que yo iba a devolverle el favor, que podía acceder por las buenas o que, de lo contrario, él se cobraría por las malas. Me costó respirar y estaba muy asustado. Lo único que se me ocurrió fue preguntarle quién era él. No me respondió. Sonrió mientras sus ojos se tornaban completamente negros. Su voz se distorsionó de una forma horrible y me dijo que eligiera por las buenas o por las malas. No podía responder. Me estaba quedando sin aire. Lo que yo estaba haciendo era manotear y forcejear para soltarme, pero era en vano. El tipo me mostró la otra mano. Sus uñas eran negras gruesas y afiladas como navajas. Entonces, en un movimiento rápido, me cortó la mano derecha, que era la mano con la cual habíamos pactado aquella vez. Ya que hizo eso, me soltó. Yo empecé a gritar del dolor. Él se agachó para agarrar mi mano y se fue silbando. Así como si nada. Mis gritos despertaron a un vecino que salió a ver qué estaba pasando. Me encontró tirado y con una mano cortada. No me hizo ninguna pregunta. Rápido fue por su auto y me llevó a un hospital. Lo que pasó después ya no importa. Solo cierro diciendo que la obsesión por una mujer me hizo hacer un pacto con lo que yo creo que era el diablo o algún demonio, y ese pacto me costó una mano. El diablo anda suelto. Mi bisabuela solía decir que el veinticuatro de agosto. No es bueno jugar con cerillas, ya que podríamos incendiar nuestra casa y la de los vecinos. Ella decía que esta simple acción podía ser tan fácil como si el diablo soplara sobre las llamas. También nos advertía que no debíamos jugar con cuchillos, ya que podríamos causar un accidente. Además, nos aconsejaba que no nos acercáramos a rifles, pistolas, machetes ni que nos subiéramos a los árboles. Mucho menos debíamos meternos en el agua, ya que ella creía que el diablo nos podría ahogar. Mi bisabuela era una ferviente creyente en San Bartolo, un apóstol mencionado en los evangelios sinópticos, donde se le relata junto a Felipe. También es identificado como Nathanael y según el Evangelio de San Juan, fue uno de los que vieron a Jesús. Después de su resurrección en el Mar de Tiberíades, san Bartolo fue testigo de la ascensión de Cristo a los cielos y posteriormente difundió el Evangelio en la India. Llevó consigo una copia del Evangelio de Mateo escrito en Arameo. Según la tradición de Armenia, él y Judas Tadeo predicaron en su territorio y en las tierras vecinas, lo que los convierte en los patrones de la Iglesia Apostólica de Armenia y de Azerbaiyán. Su legado perdura en la fe de muchas personas. San Bartolo enfrentó una dolorosa prueba en su vida. Fue deshollado. Mientras aún estaba con vida siguiendo las órdenes del rey de Armenia, Astiages, quien era hermano de Polimio. Se cuenta que San Bartolo había convertido a Polimio al cristianismo. Según la tradición popular. La situación se complicó cuando los sacerdotes de los templos paganos expresaron su preocupación a Astiages por la disminución de creyentes en sus prácticas. En respuesta, Astiages obligó a San Bartolo a adorar a los dioses paganos, pero el Santo se negó firmemente. A pesar de las torturas y tormentos, san Bartolo mantuvo su fe en Jesucristo. Su resistencia lo llevó a perder la vida en medio de su sufrimiento. Su historia se entrelaza con la de otros santos mártires, como Sebastián, Pedro y Esteban, quienes también sufrieron por su creencia. Regresando a la historia de mi bisabuela, ella sostenía que a partir de las once de la noche del veintitrés de agosto, el Diablo se suelta. Se decía que esto se manifestaba con una fuerte lluvia acompañada de rayos y viento. Según su creencia, nadie debería aventurarse al campo en ese momento, ya que afirmaba que las víboras adoptaban una posición innun y sucedían eventos inexplicables. Mi bisabuela también relataba que ingresara una cueva en ese día resultaba en una experiencia peculiar. Las personas quedaban atrapadas en el tiempo, envejeciendo muchos años al salir. Incluso decía que uno podía salir envejecido el mismo día que entró. Asímismo, ella contaba que en ese día el diablo se paseaba disfrazado de un hombre amable y que tenía una inclinación a conquistar mujeres. También nos comentaba que el veinticuatro de agosto marcaba el comienzo del éxodo de las Moscas. Recuerdo que mi bisabuela solía hablar mucho de una planta con la que ella le daba sazón a los elotes hervidos. No recuerdo el nombre. Decía que desde las once de la noche del veintitrés de agosto hasta el último minuto del veinticuatro de agosto, esa planta perdía su fragancia por completo debido a que esa planta era alérgica. Al diablo también nos decía que era muy importante regarmos muy bien las plantas, porque al diablo le gustaba acercarse a las casas que tenían plantas resecas y llegaba a orinar sobre las plantas secándolas por completo. Cuando era muy pequeño, simplemente escuchaba esas historias atentamente, pero cuando tenía diez años, le pregunté a mi abuela de dónde habían salido todas esas historias. Mi bisabuela, que ya estaba muy viejita de más de noventa años. Me contó que en aquellos años, San Bartolomé fue propietario del valle de Chicama. Junto con una gran riqueza. El diablo, envidioso de este santo hombre, lo tentó a participar en una carrera. La apuesta era que el ganador se quedaría con todo. La carrera comenzó, pero a medida que llegaron al Monte Gazñape, el diablo tomó una ventaja evidente. Ante esta situación, San Bartolo, desesperado, imploró ayuda a Dios en un acto de fe. Saltó de orilla a orilla sobre el río Chicama, cayendo sobre una piedra y obteniendo así un una ventaja significativa sobre su adversario. El demonio intentó hacer lo mismo, pero sus resultados fueron muy distintos. Cayó al río y se ahogó, perdiendo su cuerpo terrenal y teniendo que regresar al infierno sabiéndose perdedor lo que, evidentemente, no le gustó. Por eso regresaba a cada que se cumplía un aniversario más de su muerte. Conforme fui creciendo. En más de una ocasión me llegué a plantear si de verdad el Diablo era real, no tanto el infierno como tal, sino el diablo en sí mismo y todo lo que se ocultaba tras su enigmática figura. Esta cuestión siempre atrapó mi interés, Por supuesto, impulsado por aquellas historias que me contaba mi bisabuela, yo me planteaba que si el diablo de verdad existía, porque aquellos que tenían algún tipo de conexión con él, sus seguidores no lo aprovechaban para su propio beneficio total. Según lo que yo hasta ese momento había escuchado, era que ser satánico, tan sólo se trataba de hacer rituales y decir palabras raras, Así que si era tan sencillo como eso, por qué los que los que se jactaban de ser satánicos porque ellos no ofrecían cosas al diablo para hacerse millonarios. Justamente fue ese planteamiento el que discutí con mis padres durante el almuerzo un domingo. Cualquiera yo les preguntaba cosas, pero ellos no sabían. En nuestro círculo cercano no había ninguna persona satánica ni nadie que conociera a un satánico. Yo hice un comentario como diciendo que el diablo no podía ser real, porque las conjeturas a las que yo llegaba me decían que no podía creer que el Diablo era real. Mis padres me dijeron que mi escepticismo no invalidaba la posibilidad de que el Diablo pudiera existir. Mi padre me dio un ejemplo tan sencillo pero tan contundente. Primero me preguntó qué pasa si te digo que aquí en la cocina. Hay una energía invisible que alimenta a tu cuerpo y que esa misma energía puede hacer hacer que un cerillo se vuelva tan poderoso como para matar a un ser vivo. Sonreí ante esa idea porque no pude evitar considerar la absurda y poco creíble. Entonces mi padre prosiguió piensa en el oxígeno es invisible, no se le puede tocar, no es posible verlo. También imperceptible al olfato y al gusto lo respiramos todo el tiempo, pero nunca somos conscientes de eso. El oxígeno entra en nuestro cuerpo de forma automática. No necesitas creer en su existencia para respirar. Tu organismo lo hace de manera natural y justamente, ese mismo oxígeno es responsable de avivar el fuego en el asador, incrementando su intensidad. Esa analogía que mi padre compartió conmigo me llevó a reflexionar más profundamente sobre cómo lo invisible y lo imperceptible puede tener un impacto directo en nuestra realidad cotidiana, sobre todo centrado en el diablo y el infierno. Ya que terminamos de hablar, mis padres se lens levantaron de la mesa y me dijeron que a las seis de la tarde iban a salir a cenar, que me iban a dejar dinero para que pidiera una pizza y para que fuera a la tienda a comprar refresco y papas. Se fueron a su habitación. Yo permanecí sentado en la mesa tratando de asimilar todo lo que significaba eso que me había dicho mi padre. Eso tal vez lo podía comprender cualquier persona adulta con una mente madura, pero yo era un adolescente, así que no estaba preparado para entender algo como eso. A las seis En punto, mis padres bajaron, se despidieron de mí, me dieron el dinero y dijeron que volverían después de medianoche. Yo seguía pensando en eso del diablo. De repente, el sonido del teléfono de casa interrumpió mis pensamientos. Me apresuré a contestar. Era mi papá me dijo que había olvidado llevarse las llaves y me dijo que no me durmiera hasta que ellos llegaran, para que cuando regresaran, yo les abriera la puerta, Colgué el teléfono y encendí la televisión. Me di cuenta de que ya pasaban de las ocho de la noche. Habían transcurrido casi dos horas desde que mis padres se habían ido y ni siquiera lo noté por estar pensando. Tomé el directorio busqué el número de dominos pizza y llamé para pedir una pizza grande con doble queso y también varios aderezos. Mientras esperaba la llegada del repartidor con la pizza, aproveché para ir a la tienda para comprar una coca y unos doritos. La casa en la que vivía en ese momento estaba ubicada aproximadamente a la mitad de la cuadra. Para llegar a la tienda necesitaba caminar hasta la esquina del lado izquierdo y luego recorrer dos cuadras hacia abajo. Para llegar a la tienda tenía que pasar por un tramo en el que en ambos lados de la calle había terrenos que estaban vacíos. No se trataban exactamente de terrenos abandonados, ya que cada uno tenía un dueño y tenía su respectiva malla, pero los dueños no habían construido nada en sus terrenos. Por lo mismo, ambos espacios estaban a la bas rotados de maleza y hierbas. Caminar por ahí durante la noche no era algo demasiado agradable, sobre todo porque, al menos en mi caso, siempre me daba la impresión de que alguien se estaba escondiendo entre la maleza de ambos terrenos. Pasé por ahí, llegué a la tienda, compré y me fui de regreso a la casa. Cuando traté de abrir la puerta, me di cuenta de que no tenía las llaves conmigo. Puse en el suelo las cosas que había comprado y me revisé bien las bolsas del pantalón y del suéter para asegurarme, pero no traía nada. Supuse que las llaves debieron haberse caído en algún punto Durante el trayecto hacia la tienda. Con calma empecé a caminar despacio hacia la tienda, prestando atención al suelo con la esperanza de encontrar las llaves. Llegué hasta la tienda sin encontrar nada. De hecho, la amable señora de la Tienda me permitió revisar bajo sus muebles, pero las llaves no aparecieron en ninguna parte. Salí de la tienda y empecé a caminar a casa, pensando en cómo rayos le iba a hacer para meterme. Quedarme afuera no era una opción. Ya estando otra vez frente a la puerta de mi casa, sin saber qué hacer. De pronto escuché el tintineo familiar de unas llaves. El sonido estaba justo detrás de mí, así que volteé ahí. Estaba un señor parado en la banqueta frente a mi casa. En su mano izquierda estaba sosteniendo las llaves que yo había perdido. Permanecí inmóvil observándolo con una expresión de confusión. El hombre rompió el silencio y me habló. Imagino que estás buscando esto del mismo modo, supongo que no tienes idea de cómo ni por qué las tengo. Yo. Mis palabras quedaron atrapadas en mi garganta mientras lo observaba dar dos pasos hacia adelante. Fue en ese instante que me percaté de un detalle curioso. A pesar de llevar una vestimenta elegante, el señor estaba descalzo. Sus pies lucían sucios y maltratados, como si no se hubiera bañado por lo menos un mes. El hombre volvió a hablar. Estar afuera durante la noche puede ser muy peligroso. No hay nada como estar en casa por alguna razón. La presencia de este desconocido me provocaba una creciente inquietud a tal punto que tenía un nudo en la garganta. Aún así, luchando contra los nervios con voz temblorosa, le pedí que, por favor, me devolviera las llaves para poder entrar a mi casa. El hombre me observó con una expresión seria. Cerró la mano que sostenía las llaves y luego ocurrió algo que resultaba difícil de explicar. Su mano permaneció cerrada durante un breve segundo, quizás dos, y luego la abrió con un movimiento aparentemente lento. Sin embargo, a pesar de la aparente lentitud, las llaves salieron volando hacia mí con mucha fuerza. La distancia entre el señor y yo era por lo menos de nueve metros, pero a pesar del movimiento tan mínimo que hizo con su mano, las llaves llegaron hasta a mí. Pero lo más desconcertante no fue eso, sino que al tomar las llaves, tuve que soltarlas de inmediato debido a que estaban tan calientes que me quemaron las llaves estaban ardiendo. Eso me asustó. Regresé la mirada hacia el lugar donde había estado el hombre, pero para mi sorpresa, ya no estaba allí. Aún no había tenido oportunidad de inclinarme para comprobar si las llaves seguían emanando calor. Cuando el repartidor de pizzas llegó saludó con normalidad y antes de que pudiera decir algo, le pedí que me diera un momento que tenía el dinero dentro de la casa, que no me tardaba. Me agaché y tomé las llaves con mucho cuidado, pensando que pudieran seguir calientes, pero no las pude tomar. Abrí la casa, metí el refresco y las papas, tomé el dinero y salí a pagarle al repartidor. Cuando me dio la pizza, me preguntó por qué yo estaba afuera que si no sabía qué fecha era ese día, yo le respondí que no era la verdad. Siempre fui malo para saber la fecha. Entonces me dijo Hoy es la noche en que se dice que el Diablo anda suelto. Si no tuviera que trabajar, estaría encerrado en mi casa. Te sugiero tener cuidado dicho eso se fue era verdad, era veinticuatro de agosto, la fecha en que ocurrían todas las historias que me contaba mi bisabuela sobre el diablo. Sería demasiado aventurado de mi parte afirmar que el extraño hombre que se apareció en mi casa con las llaves que había perdido era el Diablo, porque pudiera haberse tratado de un fantasma o de algún otro tipo de ser del que yo no tengo conocimiento. Me queda claro que no era una persona por lo menos no una persona normal y a pesar de que no me consta que fuera el diablo, creo que muchos estarán de acuerdo conmigo en que si no lo era, por lo menos era un ser que se le asemejaba bastante misa negra. Alguna vez han hecho eso de dejar su destino al azar. Yo sí, en el dos mil veinte el lugar donde trabajaba cerró. El dueño tomó la decisión sin avisarnos nos enteramos el mero día, cosa que, por supuesto, no nos pareció, sobre todo por el hecho de que no quería pagar nuestra liquidación. Así que entre los nueve que éramos nos conseguimos un abogado, fuimos a conciliación y le quitamos una buena cantidad de dinero. En ese entonces, a mis veintidós años, yo aún vivía con mis padres. Ellos trabajaban en negocios que no se vieron afectados, así que en realidad yo no necesitaba el dinero que nos consiguió el abogado. Como siempre he sido medio paranoico. Con todo eso de las enfermedades no quería quedarme en la ciudad porque en ese momento era una de las diez más pobladas del país. Así que entré a expedia busqué el boleto de avión más barato que encontré a una ciudad pequeña y lo compré. Ya estando en el aeropuerto, faltando ver veinte minutos para la salida, nos avisaron que el vuelo se canceló. Ya saben, en esa época del covid todo el asunto de los vuelos era un desastre. De hecho, en las mismas páginas donde comprabas los boletos decían que todos los vuelos eran propensos a ser cancelados sin previo aviso. Apenas estaba preguntando para verlo de un reembolso cuando se me acercó una persona y me preguntó si no le interesaba que me traspasara el vuelo. Para quienes no lo sepan, un boleto puede cambiar de dueño. Es un procedimiento que se puede hacer en algunas aerolíneas. Le comenté al señor lo que había costado mi boleto y que era eso lo que le podía pagar por el suyo. El señor me dijo que no le interesaba el dinero, que a él le había surgido algo de trabajo y que le urgía regresar a su oficina. Le agradecí al señor y nos despedimos. Me acuerdo que el vuelo era Ciudad Juárez. Salió el vuelo llegando a mi destino. Lo primero que hice fue agarrar un taxi para ir a la central de camiones más cercana. Ciudad Juárez tiene mucha gente y lo que yo quería era estar alejado de la gente. Aunque fuera por dos semanas en la central, pedí un boleto a un lugar que no fuera turístico ni importante, lo cual descartaba ciudades como la capital Barral Camargo y Ojinaga. Yo quería ir a un lugar pequeño y fue así que llegué a un municipio del que no sabía nada ni siquiera el nombre. Busqué un lugar para quedarme, uno que se ajustara al presupuesto que llevaba. Como el lugar era chico, encontré algo barato que me permitía estar ahí hospedado por dos semanas sin problemas. Los primeros tres días me la pasé encerrado. No salí para nada. Además, no era como que si al salir fuera a encontrar muchos locales abiertos, y eso que en la ciudad había pocos casos. Eran más de veinte, pero menos de treinta para un lugar donde vivían más de dos cero personas. Eran muy pocos casos. Por eso, al cuarto día sí salía a dar la vuelta. No llevaba ni cinco minutos caminando cuando vi a un o muchacha comprando algo en una farmacia. Ella no debía medir más de un metro y medio muy delgada de lentes, cabello negro, liso un poco por debajo de los hombros. Le calculo que tenía diecinueve o veinte años. Tenía un tatuaje bastante raro en el cuello. Esperé a que terminara de comprar y de manera muy sutil me acerqué a ella me hice el confundido para Hablarle le pregunté si había algún lugar bueno al que ir por las noches. La muchacha muy amable y con una sonrisa. Me dijo que sólo había un lugar que abría en las noches, pero que podía ser un poco aburrido. Aunque me aseguró que la experiencia sería muy diferente a cualquier cosa que hubiera visto antes, mencionó que ella estaría ahí. Le dije que buscaba distraerme que cualquier lugar estaba bien. Ella apuntó a un local del otro lado de la calle me dijo que me veía ahí. A las once de la noche también me dijo que teníamos que irnos caminando porque en realidad no estaba permitido que el lugar estuviera abierto porque sí iba algo de gente. Entonces nos podía parar la policía. Nos despedimos. Yo regresé a donde me estaba quedando creyéndome el tipo con más suerte del mundo, sin pedirlo y sin esfuerzo en la noche me iba a llevar a dar la vuelta a la que posiblemente era la muchacha más llamativa de toda esa pequeña ciudad. Me arreglé y a las once en punto estuve en el lugar que me había indicado la muchacha. Ella no estaba ahí. Cuando pasó un buen rato y ella no llegaba, empecé a pensar que me habían tomado el pelo que yo había sido demasiado ingenuo, por no decir otra palabra, pero en eso la muchacha dio vuelta en la esquina. Nos vimos, Me hizo la señal, la alcancé en la esquina y empezamos a caminar. Mientras platicábamos de cualquier cosa. Estuvimos dando vuelta entre calles durante quince minutos hasta que llegamos a una casa de madera que se veía en muy mal estado. A simple vista daba la impresión de que cualquier viento la podía tirar, pero se veía que dentro había gente. Entramos. Yo en verdad me esperaba cualquier cosa, un bar, un antro, una simple casa para fiestas, cualquier cosa menos. Lo que vi al entrar era como una iglesia. Había un pasillo central que llevaba hasta un altar y en ambos lados del pasillo central había bancas grandes como para doce personas, igual que una iglesia. Las personas que había en el interior eran de todo tipo, desde niños hasta ancianos, y todos vestidos de forma casual. La muchacha y yo éramos los más arreglados, por decirlo de una manera. Ella se dio cuenta que no era lo que yo esperaba. Supongo que lo notó en mi mirada. Entonces me agarró de la mano y me llevó a que nos sentáramos. Nos tocó en orilla a mi izquierda. No había nadie. La muchacha estaba a mi derecha y al lado de ella estaba una señora cargando un bebé. Ahí pensé por un instante en mejor irme, pero estaba sentado al lado de la muchacha, que se veía muy bien y además, su perfume olía igual de bien, así que me quedé. Luego de unos momentos se abrió una puerta que estaba detrás del altar y de Ahí salió un hombre con una vestimenta algo parecida a la de los sacerdotes, con la diferencia de que era de color negro y con símbolos que definitivamente no eran católicos. Detrás del sacerdote salieron otras cinco personas. El sacerdote dio la orden de cerrar las puertas y dos de las personas que salieron detrás de él fueron a cerrar las puertas. Se paró frente al altar y comenzó a rezar algunas cosas que no entendía. Era como en otro idioma que no pude identificar como al minuto uno de sus ayudantes le pasó un libro muy viejo, pero hubo un detalle que llamó mucho mi atención. El símbolo que estaba en la portada era el mismo que la muchacha tenía tatuado en su cuello. El sacerdote puso el libro sobre el altar y señaló a una de las personas que estaban sentadas era un señor que usaba bastón. Él caminó hasta el altar y empezó a leer una de las páginas del libro. La lectura también estaba en otro idioma, pero hubo una palabra que sí pude identificar. Cuando escuché esa palabra, entendí perfectamente dónde me había metido y qué era lo que estaba pasando. La palabra era satán Yo estaba dentro de una iglesia satánica, rodeado de un montón de gente loca que adoraba al diablo. Lo que más me intrigaba era que no sabía el por qué la muchacha me había llevado ahí. Mientras el señor del bastón seguía leyendo aquel libro, empezaron a pasar cosas raras. Primero se escuchó como si alguien estuviera caminando en el techo, pero no por afuera, sino por dentro. No había pasado ni un minuto de que escuché los pasos. Cuando empecé a escuchar voces que iban y venían. Era como si alguien estuviera caminando y hablando las voces se alejaban y se acercaban. Ninguna otra persona parecía prestarle atención a lo que estaba pasando. Supongo que para ellos era una cosa normal. Cuando el señor terminó la lectura y volvió a su asiento, los pasos y las voces se silenciaron. Tuve toda la intención de irme, pero me daba pánico imaginarme que al querer hacerlo, esa gente loca me fuera a hacer algo, así que me aguanté estar ahí en esa misa satánica como por media hora. Tal vez un poco más. No podría afirmarlo con certeza, porque el miedo te cambia la percepción del tiempo. Cuando terminó todo y salimos la muchacha me preguntó si me había gustado yo muy nervioso. Le respondí que había sido interesante, que era algo completamente nuevo para mí, que no tenía una palabra concreta para describir como lo sentí. Ella me comentó que algunos del grupo iban a tener una fiesta en una casa cerca que estaba invitado. Yo le comenté que sonaba bien, pero que primero necesitaba regresar a donde me estaba hospedando porque había olvidado mi medicamento. Obvio, eso era mentira. La muchacha abrió un poco su blusa y me dijo que ella podía irse conmigo, que era una tradición del grupo darle un buen regalo de bienvenida a la gente nueva que me acompañaba a darme mi regalo y que ya de ahí nos íbamos a la fiesta. Ella estaba asumiendo que yo ya formaba parte de su grupo satánico. No podía decirle que, en realidad, lo que yo quería era salir corriendo porque me daba la impresión que esa gente era muy peligrosa, así que le dije que estaba bien. Nos fuimos caminando hasta donde yo me estaba hospedando. Recibí mi regalo. Era lo menos que me merecía por el susto y luego me las ingenié para zafarme de ir a la supuesta fiesta. Lo que hice mientras ella se vestía fue fingir que estaba un poco mareado. Fui al baño fingiendo que me costaba trabajo caminar y sin que ella se diera cuenta, me provoqué el vómito yo de verdad detesto vomitar Me pone muy mal. Hay personas que pueden vomitar como si nada. A mí el vómito me tumba, me hace tener que estar en cama por varias horas. Entonces, cuando me provoqué el vómito, ya de verdad me puse mal. La muchacha vio que no había manera de que yo me repusiera para ir a la fiesta y me dijo que ella sí. Tenía que ir que el grupo se iba a reunir al día siguiente en el mismo lugar que ahí me esperaba. Yo le dije que sí. La muchacha se fue al día siguiente. En cuanto salió el sol, desocupé la habitación, tomé un taxi para ir a la central de autobuses. Me fui a ciudad Juárez y volé de regreso a mi ciudad. Desarrollé ansiedad. Después de esa situación tuve que recibir asistencia psicológica y el psicólogo me mandó con un especialista para que me recetara medicamento para eso de la ansiedad, porque me daban ataques cuando veía libros viejos o cuando veía a un sacerdote. Todo eso provocado por estar expuesto a esa situación tan tensa en aquella vieja casa en la que tuve que soportar estar dentro de una misa satánica mala madre. Desde muy pequeño fui criado por mis abuelos paternos. Al principio no sabía por qué, pero al pasar de los años supe la realidad de mi familia. Siendo un niño, siempre se me ocultó mi verdadero origen. Me habían dicho que mi madre había muerto, pero por las habladurías de los adultos a los ocho años supe que mi madre estaba con vida. Mis abuelos me dijeron que no podían llevarme con ella, que era peligroso, pero yo insistí y cuando empecé a hostigarlos con la idea de que de seguro ellos me habían robado, fue entonces que accedieron a llevarme con mi madre. El primer recuerdo que tengo de mi madre. No es agradable. Cuando la vi por primera vez me quedé quieto al verla. Creo que estaba impresionado por ver a mi madre. Habíamos viajado tres horas por carretera hasta la ciudad donde ella vivía. Esperaba que al verme me abrazara, pero a ella no le importó la distancia que habíamos recorrido y se mostró muy fría conmigo de muy mala gana. Les preguntó a mis abuelos si ya se habían hartado de mí y me querían dejar con ella. Mis abuelos le explicaron que yo quería conocerla y ella de la manera más fría, me dijo que volviera otro día porque ese día estaba muy ocupada. Me dio tristeza ver a mi madre, tanto por el trato que me dio como por la forma en que vestía y se comportaba. No estaba sucia ni era mal hablada, pero algo en su forma de vestir y actuar me parecía extraño. Además, olía algo raro. Un poco como a hospital, regresamos a nuestra ciudad y al día siguiente mis abuelos me volvieron a llevar con ella. Ese día su actitud había cambiado y les pidió a mis abuelos que le permitieran llevarme por un helado a un parque cerca de su casa. Aunque yo era muy pequeño, recuerdo haber notado el rostro preocupado de mis abuelos. Seguramente pensaban que mi madre los iba a alejar de mí o que quizás ella me contaría mentiras para que los odiara. Pero al ver mi rostro de emoción, fue entonces que accedieron. Aunque caminaron detrás de nosotros a unos veinte metros de distancia. Estábamos sentados en una banca del parque. Mi madre me confesó que ella se dedicaba a hacer brujería. Dada mi edad, no entendí muy bien lo que eso significaba. Tampoco me quedó claro cuando me dijo que era una bruja negra. Me contó que esa era la razón por la que mis abuelos me habían apartado de ella, pero que si en algún momento la necesitaba, podía contar con su ayuda. Por un momento pensé que ella y yo podríamos tener una relación normal de madre e hijo. Sin embargo, quedé sumamente decepcionado cuando ella me dijo que no estaba en condiciones de ser una madre para mí, porque su trabajo era lo más importante para ella. Me dijo que haría algo por mí para que siempre la recordara. Esa cosa que haría por mí debía ser un secreto, porque mis abuelos se molestarían. Me dijo que me brindaría su protección y que lo haría con uno de sus hechizos. Me pidió que aceptara su ayuda y le entregara un poco de mi cabello era mi madre y le creí. Por eso dejé que tomara un poco de mi cabello y lo guardó en una pequeña bolsita de plástico que llevaba. No fue lo que cualquier niño puede esperar de una madre que acaba de ver por primera vez. Luego de ocho largos años de camino a casa, mis abuelos me dijeron que mi madre era malvada, que le había hecho mucho mal a mi padre y que por eso él se había perdido. Al ser un niño, no supe qué creer. Por un lado, estaban las personas que me habían cuidado toda mi vida, por el otro estaba mi madre, a la que no conocía, pero aún así la quería por el simple hecho de ser mi madre. Culpé a mis abuelos de haberme alejado de mi madre y tenía en mi mente la idea de que algún día viviría con ella. Fue ese año que las cosas paranormales comenzaron, porque a tan sólo una semana de haber visitado a mi madre un sonido me despertó de madrugada cuan cuando abrió los ojos. Me asusté al ver una sombra en un rincón de mi cuarto. Cerré los ojos, pero pude escuchar que algo caminaba hacia mí y se quedó parado junto a mi cama, a menos de medio metro de mi cabeza. Entonces escuché una voz muy grave y muy tosca. No entendí lo que me dijo, pero me hizo enderezarme del susto. Salté de la cama y corrí a encender la luz. Cuando lo hice, encontré dos huellas de un animal. Para empezar. En la casa de mis abuelos nunca hubo animales y en segunda, suponiendo que de alguna forma rebuscada un animal se hubiera colado hasta mi cuarto, lo normal hubiera sido que yo encontrara cuatro huellas, no dos. Lo más raro fue que cuando les hablé a mis abuelos para que fueran a ver las huellas, ya habían desaparecido. Por eso creyeron que yo simplemente había tenido una pesadilla. El problema fue que los días siguientes continuaron igual con esa misteriosa voz, despertándome por las noches y dejando dos huellas de animal al lado de mi cama, las cuales desapareré la decían en treinta segundos o a veces mucho más rápido. Nunca duraron lo suficiente como para que mis abuelos alcanzaran a ver las huellas. Para mi sorpresa, a pesar de que no vieron las huellas, luego de que pasaron seis días seguidos en los que yo les decía que estaban apareciendo huellas y que escuchaba que una voz me despertaba En las noches, mis abuelos me dijeron que había llegado el momento de contarme algo delicado. Me contaron que mi madre no sólo era una bruja, sino que ella había hecho un pacto de sangre con el Diablo que para obtener todas sus habilidades y todo su conocimiento, el Diablo le pidió que le entregara el alma de mi padre. Luego de que mi madre sellara su pacto con el Diablo, mi padre empezó a escuchar que el Diablo le hablaba y empezó a encontrar sus huellas al lado de donde se dormía. Aquello terminó por volverlo loco. Una mañana simplemente salió corriendo de la casa, gritando que el Diablo lo perseguía y nunca regresó. Fue ahí que mis abuelos me tomaron y o o o tenía pocos meses de haber nacido me alejaron de mi madre porque ella era una persona tan perversa que había sido capaz de entregar a su propio esposo con tal de obtener un beneficio sólo para ella. Y tomando en cuenta lo que me había estado pasando los últimos seis días, al parecer, mi madre había hecho otro pacto con el diablo, pero ahora me había entregado a mí. No miento ni exagero cuando les digo que del miedo me orine ahí sentado en el comedor, yo me solté a llorar diciendo que no quería que el diablo me llevara. Mi abuela me abrazó y me dijo que ellos no permitirían que nada me pasara. Ese mismo día, el abuelo tapizó todas las paredes de la casa con imágenes de Jesucristo también de la Virgen María, además de que vació galones de agua bendita por cada rincón de la casa. No se me olvida que en las esquinas de todos los cuartos hasta se hicieron pequeños charcos de tanta agua bendita que el abuelo puso en la casa. Pero todo eso no hizo que la situación mejorara, sino lo contrario. Tuve que dejar mi cuarto para dormir con mis abuelos, pero desde el día uno las voces, las huellas y las sombras ahora se aparecieron en el cuarto de mis abuelos. Claro que el estar con ellos hacía que sintiera un poco menos de miedo. Seguía asustado, pero sabía que mis abuelos estaban ahí para protegerme. El único lugar donde podía descansar era en la escuela, porque ahí no pasaba nada. Para mi desgracia, eso cambió a los dos meses cuando un compañero de mi salón me preguntó quién era el hombre delgado y alto que llegaba conmigo todos los días y que se quedaba fuera de la escuela esperando a que yo saliera. Con eso me supe que el diablo ya me seguía hasta en la escuela, pero ese compañero era el único que podía ver al diablo. Nadie más lo veía, pues a las dos semanas ese compañero murió. Lo atropellaron saliendo de la escuela. Se cruzó la calle cuando venía un carro. Lo que yo pienso es que el diablo lo empujó cuando le conté a mi abuelo que un niño había visto como el diablo me seguía y que ese niño ahora estaba muerto. Ellos se preocuparon demasiado tanto que mi abuelo fue a enfrentar a mi mamá. Mi abuelo ya nunca regresó a la casa, pero el ambiente regresó a la normalidad. Yo creo que mi abuelo llegó a algún tipo de acuerdo con mi madre. Mi abuela y yo llegamos a la conclusión de que él se ofreció para que el diablo me dejara en paz el demonio del cerro. Esto sucedió hace más de treinta años, cuando mis dos amigos y yo decidimos ir al cerro para beber alcohol. Era una práctica común en nosotros, ya que éramos menores de edad y no queríamos que nuestros padres se enojaran con nosotros. Solíamos pedir permiso para quedarnos en la casa de uno de nosotros, pero casi nunca lo hacíamos y nos íbamos al cerro para evitar ser atrapados bebiendo El clima era el único factor que nos hacía reconsiderar nuestros planes, ya que beber en el cerro bajo la lluvia era peligroso. Recuerdo aquella noche era perfecta, sin una sola nube y la luz de la luna era agradable, aunque no se filtraba mucha luz entre los árboles. En el cerro había varios caminos y elegimos el que siempre usábamos para nuestras escapadas, ya que lo conocíamos a la perfección. La sensación de ser observados nos llegó de pronto, pero por más que mirábamos en todas las direcciones, no pudimos encontrar a nadie husmeando no nos asustamos, ya que al ser tres y haber tomado un poco de alcohol, nos sentíamos valientes al continuar caminando. Mi piel se erizó al escuchar un sonido extraño que provenía de un arbusto a unos diez metros de nosotros. Nos acercamos al lugar con sigilo y cierta emoción, como si quisiéramos descubrir a un curioso observador. Estando cerca, pensé que podría tratarse de un animal salvaje. Mis dos amigos estaban más cerca del arbusto que yo y no podía advertirles, ya que mis palabras podrían alertar a lo que fuera que estuviera allí. Sin embargo, detrás del arbusto no había nada, ni persona ni animal de ningún tipo. A pesar de esto, la sensación de ser observados continuó y, conforme nos adentrábamos más en el cerro. La sensación de estar siendo seguidos crecía. Debo admitir que no nos importó demasiado, principalmente porque no sabíamos si alguien o algo nos perseguía o si era simplemente paranoia por estar solos de noche en el cerro. Continuamos caminando en dirección al lugar donde solíamos beber y ocasionalmente lográbamos escuchar sonidos detrás de algún árbol o arbusto. Cada vez que nos acercábamos. No encontrábamos nada allí. Quizás deberíamos haber tomado esos sonidos como una advertencia, pero no lo hicimos. Continuamos caminando sin prestarles muchas atención. A unos treinta metros de nosotros había una curva. En ese momento salimos del camino y comenzamos a subir por el cerro, siguiendo un pequeño y oculto sendero que no era muy conocido, ya que nos llevaría al claro donde solíamos beber. Este sendero, a diferencia del camino anterior, estaba lleno de piedras y ramas por todas partes, así que debíamos tener cuidado para no lastimarnos con alguna rama en los ojos. Durante la noche había alrededor de cincuenta metros entre el inicio del sendero y el claro, pero caminábamos lentamente para evitar caídas o lesiones. Noté que el claro estaba cerca. Yo iba hasta atrás, Así que cuando vi a mis amigos llegar al claro y quedarse quietos, no supe por qué. Al llegar al claro, me posicioné a un costado de ellos y los observé detenidamente. Fue entonces cuando noté sus miradas aterradas. Volteé en la dirección en la que ellos estaban mirando y creo que me quedé igual que ellos, porque lo que vi fue la cosa más aterradora que jamás había presenciado. El claro era amplio, con unos veinte metros de un extremo al otro, justo al otro lado, a esa distancia de nosotros estaba una criatura que nunca antes había visto ni oído mencionar. Era enorme calculo, que tendría unos tres metros de altura. Era una especie de humanoide del color del humo retorciéndose sobre sí mismo y con cabeza como de perro o coyote. Es difícil de describir, ya que nunca había visto algo así y no creo que existan palabras en ningún idioma para describir aquella cosa. La luz de la luna nos ofrecía una perspectiva más clara de esa cosa. Eso fijó sus ojos rojos en nosotros no pudimos reaccionar. El terror nos tenía paralizados sin que nos diéramos cuenta aquel ser ya había avanzado casi la mitad de la distancia que nos separaba inicialmente un tirón en mi ropa. Me sacó del trance y fue en entonces que noté que mis dos amigos estaban tratando de llevarme de vuelta al sendero. Al darme cuenta de la cercanía de lente y de que mis amigos ya habían reaccionado, me fui corriendo justo detrás de ellos. Tropecé en más de una ocasión y recibí varios golpes en la cara por las ramas de los árboles. Cuando llegamos al camino principal, lo primero que hicimos fue mirar en dirección al sendero. Tras escuchar que aquel ente se acercaba a nosotros, supimos que nos estaba siguiendo y que debíamos regresar al pueblo. Mientras corríamos por el camino, empecé a sentir un ligero dolor en el ojo derecho. Al llevarme la mano al párpado, noté algo de humedad y al ver mi mano me di cuenta de que estaba sangrando una rama afilada. Casi me había alcanzado el ojo, pero por suerte, logré cerrarlo a tiempo y sólo me lastimó el párpado. No fui el único con sangre en el rostro, ya que mis dos amigos también se habían llevado algunos rasguños de las ramas mi mi Mientras trascorríamos, escuchábamos que aquella criatura continuaba cerca de nosotros, no estaba en el camino, sino entre los árboles. No lo consideré en ese momento, pero más tarde me di cuenta de que aquel ente no parecía querer atraparnos, porque, tomando en cuenta su tamaño, nos pudo haber alcanzado de haberlo querido. Salimos del sendero y llegamos al camino para vehículos, donde no había árboles debido a las tierras de cultivo y criaderos de animales. Avanzamos algunos metros por ese camino y nos giramos al notar que aquel ente no nos perseguía. Al parecer, no quería alejarse del cerro. Continuamos corriendo y llegamos a la casa más cercana que era la mía. No entramos simplemente nos quedamos afuera mirando sin poder creer lo que nos había sucedido. Nos preguntábamos qué era esa cosa y ninguno de los tres pudo dar una respuesta. Sin decir más, mis dos amigos se despidieron y se alejaron mira mira, mira, mira, ndo en todas direcciones como si esperaran que aquella cosa apareciera de pronto. Decidí quedarme afuera de mi casa por un rato y constantemente miraba en dirección al cerro. Al entrar a mi casa mantuve silencio, ya que era de noche y mis padres estaban durmiendo. Me dirigí a mi habitación sin que se dieran cuenta. Estuve despierto hasta muy tarde, incapaz de conciliar el sueño, ya que la imagen de aquel ente hecho de humo que casi nos atrapa, no dejaba de rondar mi mente. Finalmente me quedé dormido y no recuerdo lo que soñé cuando desperté, tenía fiebre y sudaba profusamente como si fuera el mediodía. En pleno verano, mis padres y mi hermana estaban junto a mí mirándome con preocupación. No tuve otra opción más que contarles la verdad de lo que había ocurrido. Cuando terminaron de sermonearme, mi padre me preguntó si no sabía el nombre que le habían puesto los ancianos a ese cerro. Le respondí que no. Entonces me dijo mis abuelos decían que en ese cerro vivían cosas que habían salido directo del infierno. Por eso el cerro se ganó el apodo de el cerro del demonio, el gato. Esto que les voy a compartir me ocurrió en el mes de agosto del año dos mil diecinueve. Para contextualizar, mi primo mayor, Carlos, falleció a finales de julio y su muerte golpeó fuertemente a mi familia. Fue una pérdida totalmente inesperada. Nunca supimos que estuviera enfermos. Estaba un poco pasado de peso, pero en la familia hay gente con más índice de sobrepeso y nunca les pasó nada. A mi primo, Carlos, un día simplemente le dio un infarto y murió así sin más. Aquí es muy importante mencionar que mi primo, Carlos, era como un hijo para mis padres. Lo que pasa es que antes que yo, mis padres tuvieron otro hijo, pero falleció a los pocos días de haber nacido. A finales de ese mismo mes nació Carlos, así que, a pesar de que no era su hijo, llenó ese hueco. Carlos también fue como un hermano mayor Para mí. Siempre fuimos muy unidos, sobre todo cuando nuestras familias vivieron en la misma ciudad, pero cuando él estaba en la preparatoria y yo todavía estaba en la secundaria, mi primo empezó a pasar por una etapa rara. Su círculo de amigos de la escuela era raro. Todos tenían una vibra medio pesada. Mi tía le platicaba a mi mamá que cuando Carlos estaba con esos amigos parecía ser otra persona. Todo el tiempo, entre ellos hablaban de cosas oscuras como el infierno, demonios, maldiciones, pactos rituales. Hasta del diablo se ponían a platicar temas que no hablaba con nadie más, ni siquiera conmigo. Hasta un día. Llegó de la escuela con un gato negro que había adoptado. Yo entiendo perfectamente que los gatos negros no tienen nada que ver con él diablo, pero ese no era el punto, sino que mi tía tenía miedo de que a ese gato le fueran a hacer algo como ofrecerlo en sacrificio o algo por el estilo. Por eso tomaron la decisión de mudarse y se fueron hasta Baja California con la idea de que, lejos de esas amistades, mi primo se dejará de andar en esos temas. Antes de irse, mi primo me regaló el gato. Yo lo recibí con mucho gusto, porque era lo único que me quedaría de mi primo, al menos hasta que pudiéramos viajar a visitarlo. Entonces, ya teniendo eso en cuenta, la cercanía que tanto mis padres como yo teníamos con carlos, es entendible que mis padres hubieran pedido permiso en sus trabajos, yo en la preparatoria para poder viajar a Baja California y asistir tanto al velorio como al funeral. Llegamos el mismo día que nos avisaron nos quedamos dos noches y ya después viajamos de regreso a casa. Fue realmente uno de los momentos más difíciles que me han pasado. Cuando llegó mi cumplito años, recibí la llamada de mis tíos. Los padres de Carlos me dijeron que ese año mi primo les había comentado que quería hacer un viaje conmigo, que sólo me estaban llamando para decirme que ya les habían enviado a mis padres el dinero para que yo pudiera hacer ese viaje. Me quedé sin palabras. No sabía cómo se supone que debía reaccionar. Fue algo en verdad inesperado para mí. Me fui un fin de semana a la Ciudad de México. Antes de regresar. Mis padres se comunicaron conmigo para avisarme que tendrían que salir por motivos de trabajo que no podían esperar a que volviera así que regresando a casa, estaría sólo por varios días. Estaría en una casa de dos pisos y tres habitaciones durante aproximadamente una semana y media, siendo mi gato la única compañía que tendría. Obviamente, me dejaron dinero tanto para la escuela como para mi día en general. Por supuesto que, como todo adolescente, tomé la decisión de sacrificar algunas comidas y sustituirlas por maruchan con tal de poder utilizar ese dinero para otra cosa. Uno lo hubieran utilizado para ir a fiestas, otros para comprar alcohol. Yo lo utilicé para comprar hierba. La segunda noche que estuve solo en casa, estaba sentado en la cama y decidí fumar un poco en mi habitación antes de dormir. Nunca había fumado en mi cuarto, así que Fue una experiencia curiosa, dado que mi familia todavía estaría ausente por algunos días. Supuse que el olor se habría disipado para cuando regresaran. Me fumé uno y me fui a dormir mi alarma. Siempre sonaba a las cinco de la mañana, lo que me daba el tiempo suficiente de desayunar y alistarme para estar a tiempo en la avenida para tomar el camión que me dejaba a tres cuadras de la escuela la mañana. Después de haber fumado en mi cuarto, me desperté antes de que sonara mi alarma y eso pasó porque escuché un fuerte golpeteo afuera de mi habitación. Abrí los ojos. Apenas iba a preguntar quién estaba a, pero recordé que estaba solo en la casa. Entonces me pregunté qué había podido ocasionar ese ruido. Lo primero que se me ocurrió fue que tal vez era mi gato que había tirado algo en el pasillo. Miré el reloj me quedaban quince minutos para dormir, así que me volví a acostar, ya que sonó mi alarma. Ahora sí me levanté y empecé con mi rutina de todos los días. Fui al baño, luego me duché, me puse el uniforme, bajé a desayunar le dejé agua y comida a mi gato. Por último, salí para irme a la escuela. La mañana siguiente sucedió lo mismo, el ruido de un golpe afuera de mi cuarto. Me despertó antes de que sonara mi alarma, ya me había hecho a la idea de que mi gato era el responsable de los ruidos, así que ni siquiera me enderecé. Sólo cerré los ojos y volví a dormir. Sin embargo, cuando se repitió lo del ruido, una tercer mañana de forma consecutiva, ya se me hizo raro que el gato estuviera haciendo el mismo ruido al la misma hora me levanté y fui a abrir la puerta. Lo que encontré en el piso entre la puerta de mi cuarto y la puerta del cuarto que mi papá ocupaba como su oficina. Fue un enorme libro viejo, de tapa dura, pero ya tan desgastada que no se entendía nada ni el título del libro. Era lógico que el ruido había sido provocado por el libro golpeando la puerta, lo cual se podía explicar suponiendo que el gato había estado jugando con el libro y que, haciendo eso, empujó el libro contra la puerta. Levanté el libro y entré a la oficina de mi papá con la intención de colocarlo en su lugar. Me llevé una sorpresa cuando vi que en los estantes no faltaba ningún libro. Estaba tratando de pensar en qué otro lugar podría haber libros, pero, como dije, yo sabía perfectamente bien que el único lugar era ahí. En eso escuché que sonó mi alarma. Dejé el libro sobre el escritorio de papá y me fui a hacer lo mío para llegar temprano a la escuela. Por la tarde que regresé a casa antes de siquiera empezar con mi tarea, fui directo a la oficina de mi papá para revisar aquel libro. Tal vez, viendo el contenido, podría darme una idea del lugar del que lo había sacado el gato, pero cuando entré el libro no estaba sobre el escritorio. No podía ser posible. Yo había dejado ese libro ahí antes de irme a la escuela. Además, me aseguré de no dejar la puerta abierta. Así que el gato no pudo haber entrado para moverlo. Miré el suelo y revisé debajo del escritorio por si de alguna manera el libro se había caído, pero nada. Cuando salí de ahí, lo primero que me encontré fue al gato parado arriba del libro. Él me estaba mirando y me maullaba. Yo lo miré confundido y sin pensarlo hice una pregunta tonta en voz alta La pregunta se la hice al gato. Cómo demonios haces lo que haces. El gato se me quedó viendo fijamente, se bajó del libro, le dio un par de rasguños a la portada y se fue llámenme loco si quieren, Pero para mí eso fue que el gato entendió mi pregunta y su manera de responderme fue algo Así como revisa el libro y sabrás me agaché para tomar el libro me metí a la oficina de papá me aseguré de cerrar bien la puerta y abrí el libro en una página cualquiera. En el centro de ambas páginas que quedaron frente a mis ojos, había dibujos. Eran como flores raras entrelazadas entre sí. Mirando un poco mejor, me di cuenta que la manera en la que esas flores se entrelazaban formaban rostros que daban muy mala espina. Pero eso no era todo. Alrededor de los dibujos había cosas escritas. No era español. De hecho, estoy bastante seguro que no era ningún idioma que se use actualmente, porque los escritos estaban hechos con una especie de letras que al mismo tiempo parecían símbolos, algo muy raro. El punto es que no era normal y también era evidente que el libro no era de mis padres. Cambié de página y me encontré con más dibujo inquietantes rodeados de extrañas palabras. No sé si estuvo bien o mal, pero lo que hice fue llevar el libro afuera y tirarlo a la basura. El camión pasaba ese día como a las cinco de la tarde. Lo más raro de todo fue que el gato desapareció. La última vez que lo vi fue cuando me lo topé parado arriba del libro. Después de eso ya no supe nada más de él. No me gustaría pensar mal de mi primo, porque él me dio el gato. Pero tal vez él y sus amigos sí hicieron cosas raras con el gato, porque todo eso que pasó con el libro y el libro en sí mismo, la verdad sí estuvo bastante raro. Relatos escritos y adaptados por Ramiro contreras