Sept. 26, 2023

Mi Hermano Formó Parte De Satánicos Del Crimen Organizado Historias De Terror - REDE

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Los satánicos del crimen organizado. Hubo un acontecimiento en mi familia que nos marcó por mucho tiempo. Creí que no contaría lo que nos pasó por dos razones, porque estaba relacionado con mi hermano menor y porque era perturbador para la época en que sucedió. Creo que era un tema tabú. Fue a finales de la década de los ochenta, por lo que nos escuchaba que hablaran de eso. Mi hermano Carlos tenía diecisiete años. Yo sólo le llevaba un año desde que éramos pequeños. Fuimos muy unidos. Fuimos juntos al kinder, a la primaria y a la secundaria. En nuestros juegos infantiles. Estuvimos los dos. Cuando terminamos la secundaria, hice trámites a la preparatoria. Mi hermano ya no quiso continuar sus estudios. A partir de ese tiempo comenzó la separación entre los dos por varias razones, porque estábamos en la adolescencia y as s s a s s s s. Vimos preferencias distintas. Además, él comenzó a tener otro tipo de amistades. Mi hermano comenzó a juntarse con jóvenes que no andaban en los mejores pasos. Entró en el mundo de la drogadicción. En casa comenzaron los problemas porque con frecuencia lo detenía la policía por grafitear las paredes en la noche. Duraba setenta y dos horas en la correccional y después salía, pero no dejaba de ser motivo de angustia para mis papás. Una vez le llamaron por teléfono a mi padre para decirle que Carlos estaba en las celdas de la procuraduría en casa. Pensamos que se trataba de lo mismo. Nuevamente había grafiteado paredes. Sin embargo, cuando llegó mi papá de la institución en la que tenían detenido a mi hermano nos dijo que en esta ocasión lo habían encontrado con drogas, así que ya no salió de las celdas. Se lo llevaron al correccional de menores y ahí estuvo durante un poco más de un año. Carlos tuvo la suerte de salir del correccional a antes de cumplir la mayoría de edad, porque no sabía qué hubiese sucedido si hubiera cumplido los dieciocho años dentro de ese lugar. A los dos meses que estuvo libre, cumplió la mayoría de edad. Mis padres hablaron con él. Le dijeron que tuviese mucho cuidado con sus acciones, porque si continuaba en ese camino, las consecuencias serían mayores, ya que si cometía otro delito, lo iban a llevar a la penal de puente grande mi hermano prometió que ya se iba a a portar bien, que ya no les daría más problemas a mis padres. Pero su promesa sólo duró un año, porque de nuevo comenzó en las andanzas. Era el año de mil novecientos noventa cuando Carlos comenzó a tener amistad con tres amigos. Dos eran hombres y la otra era una mujer. Los tres era más o menos de su edad. A partir de aquella época empecé a notar más extraño a mi hermano. Casi no asistía en la casa, no trabajaba y había ocasiones en las que no iba a dar dormir y se desaparecía por dos o tres días. Los pleitos en casa eran interminables. Cada vez que él regresaba, mi hermano se hizo un tatuaje extraño en su espalda. Lo noté una vez que salió de bañarse sin camisa. Por lo regular no mostraba esa parte de su cuerpo, pero creo que aquella vez se le olvidó el tatuaje, que vi era el dibujo del rostro de un demonio con grandes cuernos en su frente. Tenía una estrella invertida. En esa ocasión mis padres no estaban así que pude confrontar a mi hermano. Le pregunté qué significado tenía para él la inscripción en su espalda. Él me respondió que no era nada en particular. Sólo quiso grabarse un dibujo. Le comenté qué le diría a mis padres, que estaba metido en cosas raras. Él se enojó mucho conmigo. Me dijo que les podía decir lo que quisiera, pero ya no había manera de borrarse el tatuaje, así que podía ir con el chisme con mis papás, lo que causaría otra pelea entre él y ellos, pero eso no resolvería nada. Ya no le dije nada a mi hermano. Lo que me dijo era cierto, pero me sentí decepcionada por dos motivos. Uno porque era la primera vez que peleábamos de esa manera y la otra porque no me daba confianza ese tatuaje. Me dio la impresión de que mi hermano ocultaba algo más. No era el hecho de que trajera un tatuaje, sino el significado de él. Creí que no sólo estaba inmerso en las drogas, sino que también en cosas satánicas. Mi hermano continuó con sus actividades ilícitas. Comenzó a traer mucho dinero. No sabíamos su procedencia, porque él no trabajaba con frecuencia. Nos decía que tenía que salir fuera hacer una serie de trabajos, aunque mis padres no le creían, ya no le decían nada. Creo que era porque estaban cansados de discutir. En una ocasión tardó muchos días en regresar. Creo que pasaron más de dos semanas. Mis papás ya lo habían reportado como como la desaparecido. Recuerdo muy bien que era un domingo cuando llegó despreocupado. Mis padres le dijeron que no se comportaba como un verdadero hijo por qué no había avisado por teléfono. Ya hasta habían creído que algo malo le había sucedido. Mi hermano no hizo mucho caso de los reproches de mis padres. Agarró algunas de sus pertenencias y les dijo que se iba de la casa. Ya no quería darles más disgustos. Esa fue la última vez que vi a mi hermano con lo poco que le quedaba de su esencia, porque me volteó a ver y me sonrió. Lo único bueno que se hubiese marchado fue que los pleitos se terminaron en la casa. Aunque todos sabíamos que eso no significaba que mi hermano estuviera bien. Después que Carlos se marchó de la casa, entré a su habitación. El pretexto fue que iba a limpiarlo, aunque la verdad era que quería buscar entre sus cosas algún indicio que me permitiera saber en qué cosas estaba metido. No me llevó mucho tiempo encontrar objetos extraños, como un collar elaborado con huesos, un anillo que tenía la cara de un demonio con pequeños cuernos. Los ojos eran dos piedras rojas. Lo que más me asustó fue encontrar un hueso grande por el tamaño. Creí que se trataba de un hueso humano. Lo aventé y cayó debajo de la cama un poco más tranquila. Me agaché para recogerlo. Ahí me encontré el tesoro prohibido dentro de una caja de cartón. Había más huesos, objetos personales de diferentes personas, como pulseras, collares, carteras, anillos. También había una libreta con inscripciones de símbolos. Estaba el nombre de alguien y enseguida la simbología, no pude entender nada. Me quedé con el cuaderno y dejé todas las cosas como estaban ya. No quise buscar más porque tuve miedo de encontrarme cosas peores, aunque ya estaba segura de que mi hermano estaba metido en cosas satánicas. Pasaron los días sin que tuviéramos noticias de Carlos. Todos en casa nos encontrábamos preocupados por él, pero nadie comentaba nada por mi cuenta. Empecé a buscar entre sus conocidos de la colonia para que me dijeran dónde lo podía encontrar. La mayoría de sus antiguos amigos no me supieron decir nada hasta que uno de ellos me dijo que él sabía dónde vivía. Mi hermano le pedí que me llevara con él, pero al muchacho no lo vi convencido de hacerlo. Me dijo que mi hermano le había pedido que no. Nos dijera a dónde encontrarlo que era mejor para todos. Así estaríamos más seguros lo que me dijo. El amigo de mi hermano, de nombre Rubén me inquietó más. Le insistí que lo hiciera. Me dijo que me llevaría hasta el fin de semana porque saldría de viaje ese día a su regreso iríamos juntos. No tuve otra opción que esperar. El sábado nos fuimos a buscar a Carlos. Llegamos a una casa de el otro lado de la ciudad. La colonia se encontraba en las periferias de Guadalajara era una zona con poca urbanización. El camión nos dejó un poco lejos. Todavía tuvimos que caminar como quince minutos para llegar a la vivienda. Era una casa común y descuidada. Rubén silbó de una manera peculiar enseguida. Salió mi hermano. Cuando me vio, se sorprendió mucho, se enojó tanto con Rubén que lo golpeó. Le dije a Carlos que se calmara. Le dije que su amigo no quería hacerlo, pero insistí mucho. No le dejé opción a Rubén. Mi hermano comenzó a decir que no por varias ocasiones, al mismo tiempo que me dijo que me tenía que ir. No podía estar en ese lugar porque corría peligro. Me agarró de la mano y cuando ya nos íbamos del lugar, salió un hombre joven. Mi hermano lo nombró como el líder le dijo que yo ya me iba. Sin embargo, él le dijo que podía pasar, ya que si yo era parte de su familia no había ningún problema cua. Cuando entré a la vivienda se veía sucia descuidada y con un olor muy raro. Tenía pocos muebles. El líder le dijo a mi hermano que podía enseñarme todo el lugar, pero mi hermano no quiso. Nos quedamos platicando con ese hombre se llamaba Esteban. Él me dijo que era bienvenida las veces que quisiera así me daría cuenta de que con ellos todo era próspero mi hermano se despidió del supuesto líder y nos salimos del lugar. Nos fuimos de ahí Rubén ya no se regresó con nosotros, Se quedó con Esteban y otras personas antes de que carlos se despidiera de mí. Me dijo que jamás volviera a esa casa que ahí pasaban muchas cosas malas. Le dije que no me dejó otra opción. No tuve manera de comunicarme con él. Me apuntó en un papel un número de teléfono. Me dijo que cuando fuera indispensable, le podía marcar, pero sólo para casos urgentes. En ese momento me di cuenta que mi hermano estaba sumamente delgado y pálido, ya tenía otro tatuaje en su brazo izquierdo. Lo abracé y me despedí me duele decirlo, pero esa fue la última vez que lo vi Después de ese día, ya no supe nada de Carlos. Sin embargo, su amigo Rubén me siguió buscando me decía que no le hiciera caso a mi hermano. El líder se había puesto muy contento de saber que Carlos tenía familia, ya que era muy reservado. Nunca le dijo que tenía una hermana. Recordé las palabras que me dijo mi hermano quise hacerle caso y le dije a Rubén que no iría de nuevo a ese lugar. Hasta que Carlos estuviera de acuerdo. Él se molestó y no me volvió a buscar. Una noche. Sonó el teléfono en la madrugada. Mis padres de inmediato se levantaron, pero cuando llegaron a la sala dejó de sonar el teléfono enseguida. Sonó por segunda vez. Mi padre contestó la llamada mi madre y yo nos habíamos levantado por la cara que puso mi papá y la forma en la que palideció. Nos dimos cuenta que se trataba de una mala noticia. En cuanto colgó el teléfono, se sentó en el sillón y se puso a llorar con voz entrecortada. Nos dijo que mi hermano estaba muerto. Era necesario ir a reconocer su cuerpo a esa hora. Nos fuimos a la Semefo. Cuando llegamos nos dijeron que solamente un familiar podía pasar. Mi padre iba a entrar, pero le dije que mejor yo lo haría porque vi a mi padre que estaba a punto del colapso. Le dije que Carlos tenía varios tatuajes. Lo podría reconocer de inmediato y mi padre estuvo de acuerdo. Cuando entré a las instalaciones, había un olor tan fuerte que me provocaba náuseas. Me cubrí la nariz con mi antebrazo. En cambio, las personas que laboraban en esa institución ya no lo percibían. Se notaba que estaban acostumbrados con ese olor. Me llevaron a ver el cadáver. Me preguntaron si sabía de alguna marca u otra manera de identificarlo. Les hablé del tatuaje en la espalda. Me dijeron que ese no era posible verlo porque le habían arrancado la piel en esa zona y les comenté del tatuaje que tenía en el brazo de inmediato lo reconocí. Les pedí que me dejaran verlo completo, pero los empleados no quisieron. Me dijeron que si ya lo había identificado, no era necesario hacerlo. Además, estaba muy destrozado del rostro. Lo mejor era quedarme con la imagen que tenía de él. Esa fue una de las peores experiencias que tuve en mi vida ver a mi hermano sobre la plancha cubierto con una sábana. Nos fuimos del lugar sumamente consternados por la manera extraña en que había muerto. Las personas que laboraban ahí sólo nos dijeron que lo encontraron tirado en la calle en una colonia en las orillas de Guadalajara. Era la misma zona donde fui a verlo. Mi padre continuó con los trámites para que le entregaran a mi hermano. Fue un peregrinar doloroso porque no entregaron su cuerpo hasta tres días después, en lo que se hacían las investigaciones pertinentes, Mi padre cedió su paquete funeral para mi hermano. Lo velamos en la funeraria latinoamericana. Esa noche acudieron muchos conocidos y familiares a acompañarnos. Hubo un momento en la madrugada que me dio mucho sueño. En la funeraria ofrecían un espacio para descansar. Me acomodé y me quedé profundamente dormida y un olor fétido me despertó. Me di cuenta de que era el mismo olor que percibí cuando fui a reconocer a Carlos. No se había ido por completo mi memoria olfativa. Me estaba jugando una mala pasada, pero el olor cada vez fue más intenso. Salí del cuarto y noté que en la sala del recinto funerario no había ese olor. Nadie se dio cuenta. Sin embargo, me parecía que me perseguía. Me salí un rato a respirar aire fresco, pero comencé a sentir náuseas. La calle estaba tranquila. Algunos coches pasaban por la avenida que estaba a varias calles. En pocos minutos aquel olor se fue y comencé a Tranquilizarme estaba a punto de entrar cuando escuché que alguien decía mi nombre. Dos veces lo pronunciaron. No supe de dónde venía la voz ni tampoco quién me llamaba. Me quedé durante unos minutos más sin saber quién había sido. Mis padres decidieron enterrar el cuerpo de mi hermano. Les ofrecieron el servicio de cremación, pero ellos no quisieron hacerlo. Fuimos al panteón de arboledas del sur. Era un cementerio nuevo que quedaba a pocos minutos de nuestra casa mientras el ataúd iba entrando al pozo. De nuevo escuché que alguien me hablaba por mi nombre. Volteé a ver a todas las personas que nos acompañaban, pero no era ninguna de ellas. De pronto sentí como si alguien estuviese detrás de mí. Esta vez pude escuchar con más claridades a voz era ronca. Sólo me dijo unas cos cuántas palabras que me dejaron helada. Tu hermano está conmigo de inmediato. Miré hacia atrás, pero no había nadie. No quise ver el féretro de mi hermano al momento en que entraba a ese pozo oscuro. Por eso estaba al final de las personas. Me senté en una tumba para poder entender lo que había escuchado. Quise pensar que todo era producto de mi imaginación y que el cansancio y la tristeza estaba haciendo estragos en mi cordura. Esa noche, después que terminó el funeral, nos quedamos un rato en la sala a platicar sobre mi hermano. Mi papá me preguntó cómo sabía de los tatuajes de Carlos. Le platiqué todo lo que había sucedido. Mis padres consternados me dijeron que la policía les había dicho que, por la forma en que él murió, había sido parte de un ritual de una secta satánica y que las investigaciones iban a continuar. Nos quedamos por largo tiempo a berdola de Carlos. Después de más de dos horas, se escuchó que se cayó algo en el patio. Fuimos a ver y era una maceta que estaba rota en el piso. Pensamos que había sido un gato, porque con frecuencia saltaban al interior de la casa. Nos fuimos a descansar. No me podía dormir porque recordaba el evento en el cementerio. Esa parte no se las había contado a mis papás porque ni siquiera sabía si era cierto. Me quedé por un momento en la cama viendo fotos de mi hermano. Cada foto la iba poniendo sobre el buró. Hubo un instante en que varias de ellas cayeron al piso. Una foto quedó separada del resto de las demás. En esa fotografía estaba mi hermano cuando aún no se iba de la casa. Era de las últimas fotografías que le había tomado. La vi con detenimiento. En la imagen estaba mi hermano abrazando a su amigo Rubén, pero el rostro de su amigo se le notaba deforme era como si le hubiesen alargado la cara. Nunca había notado es eso falla en la imagen. La aparté para mostrársela a mi padres. Al día siguiente. Por la mañana, mi mamá me despertó para decirme que me hablaba por teléfono Rubén. Se me hizo muy extraño, porque él nunca se comunicaba conmigo. Cuando le respondí, se disculpó por no haber asistido al funeral de Carlos. Me dijo que estaba fuera de la ciudad trabajando. Por eso no nos había acompañado. Me comentó que necesitaba verme para entregarme unas cosas de mi hermano. Le dije que podía ir a la casa cuando quisiera si por algo no me encontraba, se las podía dejar a mi mamá. Él me dijo que mejor nos viéramos en otro lado. Se me hizo muy raro, pero acepté Nos reunimos el siguiente fin de semana en un lugar cerca de la casa. Él me entregó la cartera y un poco de ropa de mi hermano, pero vi a Rubén muy alterado. Me dijo que tuviese mucho cuidado porque los de la secta me estaban buscando. Aquella vez que me llevo a ur a Carlos, el líder le dijo a mi hermano que me llevara para que formara parte de la organización. Mi hermano se negó rotundamente. El líder le insistió por un tiempo, pero como no consiguió que Carlos accediera, realizaron el ritual con él. No pude entender del todo lo que Rubén me decía porque estaba muy nervioso con palabras entrecortadas. Cambiaba de un tema a otro. Le quise preguntar tantas cosas, pero cuando comencé a decirle lo que me estaba ocurriendo con la voz que escuchaba, se levantó de inmediato me dijo adiós y se fue ese día tomé la determinación de decirle todo a mis papás. Cuando estuvimos juntos, les conté lo que escuchaba. Me sorprendí cuando mi madre me dijo que ella también veía a alguien que andaba por la casa en las noches desde el día en que murió. Mi hermano comenzó a verlo mientras mi madre nos comentaba lo que ella veía. Otra vez se escuchón ruidos en el patio, pero más fuertes fuimos corriendo. Alcanzamos a distinguir una sombra oscura que estaba detrás del baño. Esa parte de la casa no tenía mucha iluminación, así que no supimos realmente de qué se trataba. Sólo vimos a alguien que asomaba su cabeza para después desaparecer. A partir de ese día, cuando era de noche y en los lugares más oscuros de la casa, veíamos a alguien que estaba presente. Teníamos miedo de dos cosas, de que fuese el espíritu de mi hermano, que no podía tener descanso o que se tratara del mismo demonio que me buscaba. Mi madre dijo que iría con el sacerdote de la colonia para decirle lo que estaba sucediendo en casa. Estuvimos de acuerdo en que primero intentaríamos con el sacerdote. El padre acudió a la casa a bendecirla, dijo varias oraciones que servían para expulsar demonios y rogó por el descanso eterno del alma de mi hermano. Durante unos días, la casa estuvo tranquila, pero después de dos semanas, de nuevo volvieron las apariciones, aunque con más intensidad, porque hubo días en los que amanecí con moretones en la piel sin haber una razón para tenerlos. Así fue como acudimos con Eva, una mujer que nos recomendó, la comadre de mi mamá, la madrina de Carlos, nos dijo que ella nos ayudaría mucho. Cuando llegamos a su casa, nos dijo que eran dos seres los que estaban en lucha, el espíritu de mi hermano que trataba de protegerme y el del demonio que buscaba la manera de quedarse con mi alma. Eva nos explicó que no iba a ser sencillo lograr que el demonio desistiera ni tampoco conseguir que el alma de Carlos pudiese descansar en paz, pero que ella intentaría todo lo que estuviese a su alcance para ayudarnos. Eva hizo muchos rituales de sanación, de separación de almas, amuletos de protección y más cosas. De igual manera, nos pidió que todos los días tuviéramos veladoras encendidas en diferentes punto de la casa para darle la luz a mi hermano y que pudiera encontrar el camino correcto hacia el descanso de su alma. Nos pidió que cada rincón de la casa estuviera con luz, ya fuese eléctrica o de una veladora. Así estuvimos por mucho tiempo. De hecho, hasta la actualidad. Lo hacemos con la esperanza de que el alma de mi hermano logre estar en paz. Muchos de los acontecimientos fueron desapareciendo con todo lo que hizo Eva, pero para que eso sucediera pasó algo de tiempo. Esporádicamente escuchábamos ruidos por la noche. Pero Eva nos dijo lo que podíamos hacer. Ella nos dijo que mi hermano formó parte de los satánicos del crimen organizado, que eran personas que se dedicaban a la venta de droga, pero también a hacer rituales satánicos. Esa era la forma en la que conseguían sus objetivos, porque contaban con la ayuda del demonio. Sin embargo, él pedía a cambio el alma de un ser humano. Por eso ellos con frecuencia buscaban personas para ofrecerlas en sacrificio. La persona que era la encargada de hacer rituales utilizaba osamenta o partes del cuerpo de la persona que era ofrecida. Así era la forma de conseguir los favores del diablo. Nunca supimos lo que pasó con el alma de Carlos. Eva nos dijo que haría lo posible por reivindicar su espíritu. Sin embargo, era un trabajo difícil de conseguir. Lo que sí pudo hacer fue que dejara de escuchar esa voz y que ese ser oscuro estuviera acechándome. Aunque es muy triste decirles que hay ocasiones en las que noto como si mi hermano tratara de comunicarse conmigo. Son detalles muy sutiles, como el movimiento de un cuadro, de una pluma, de una hoja, de cualquier objeto. No hay día que no pida a Dios por el descanso eterno de mi hermano. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas