Mi Hermano Formó Parte De Satánicos Del Crimen Organizado Historias De Terror - REDE

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Los satánicos del crimen organizado. Hubo un acontecimiento en mi familia que nos marcó por mucho tiempo. Creà que no contarÃa lo que nos pasó por dos razones, porque estaba relacionado con mi hermano menor y porque era perturbador para la época en que sucedió. Creo que era un tema tabú. Fue a finales de la década de los ochenta, por lo que nos escuchaba que hablaran de eso. Mi hermano Carlos tenÃa diecisiete años. Yo sólo le llevaba un año desde que éramos pequeños. Fuimos muy unidos. Fuimos juntos al kinder, a la primaria y a la secundaria. En nuestros juegos infantiles. Estuvimos los dos. Cuando terminamos la secundaria, hice trámites a la preparatoria. Mi hermano ya no quiso continuar sus estudios. A partir de ese tiempo comenzó la separación entre los dos por varias razones, porque estábamos en la adolescencia y as s s a s s s s. Vimos preferencias distintas. Además, él comenzó a tener otro tipo de amistades. Mi hermano comenzó a juntarse con jóvenes que no andaban en los mejores pasos. Entró en el mundo de la drogadicción. En casa comenzaron los problemas porque con frecuencia lo detenÃa la policÃa por grafitear las paredes en la noche. Duraba setenta y dos horas en la correccional y después salÃa, pero no dejaba de ser motivo de angustia para mis papás. Una vez le llamaron por teléfono a mi padre para decirle que Carlos estaba en las celdas de la procuradurÃa en casa. Pensamos que se trataba de lo mismo. Nuevamente habÃa grafiteado paredes. Sin embargo, cuando llegó mi papá de la institución en la que tenÃan detenido a mi hermano nos dijo que en esta ocasión lo habÃan encontrado con drogas, asà que ya no salió de las celdas. Se lo llevaron al correccional de menores y ahà estuvo durante un poco más de un año. Carlos tuvo la suerte de salir del correccional a antes de cumplir la mayorÃa de edad, porque no sabÃa qué hubiese sucedido si hubiera cumplido los dieciocho años dentro de ese lugar. A los dos meses que estuvo libre, cumplió la mayorÃa de edad. Mis padres hablaron con él. Le dijeron que tuviese mucho cuidado con sus acciones, porque si continuaba en ese camino, las consecuencias serÃan mayores, ya que si cometÃa otro delito, lo iban a llevar a la penal de puente grande mi hermano prometió que ya se iba a a portar bien, que ya no les darÃa más problemas a mis padres. Pero su promesa sólo duró un año, porque de nuevo comenzó en las andanzas. Era el año de mil novecientos noventa cuando Carlos comenzó a tener amistad con tres amigos. Dos eran hombres y la otra era una mujer. Los tres era más o menos de su edad. A partir de aquella época empecé a notar más extraño a mi hermano. Casi no asistÃa en la casa, no trabajaba y habÃa ocasiones en las que no iba a dar dormir y se desaparecÃa por dos o tres dÃas. Los pleitos en casa eran interminables. Cada vez que él regresaba, mi hermano se hizo un tatuaje extraño en su espalda. Lo noté una vez que salió de bañarse sin camisa. Por lo regular no mostraba esa parte de su cuerpo, pero creo que aquella vez se le olvidó el tatuaje, que vi era el dibujo del rostro de un demonio con grandes cuernos en su frente. TenÃa una estrella invertida. En esa ocasión mis padres no estaban asà que pude confrontar a mi hermano. Le pregunté qué significado tenÃa para él la inscripción en su espalda. Ãl me respondió que no era nada en particular. Sólo quiso grabarse un dibujo. Le comenté qué le dirÃa a mis padres, que estaba metido en cosas raras. Ãl se enojó mucho conmigo. Me dijo que les podÃa decir lo que quisiera, pero ya no habÃa manera de borrarse el tatuaje, asà que podÃa ir con el chisme con mis papás, lo que causarÃa otra pelea entre él y ellos, pero eso no resolverÃa nada. Ya no le dije nada a mi hermano. Lo que me dijo era cierto, pero me sentà decepcionada por dos motivos. Uno porque era la primera vez que peleábamos de esa manera y la otra porque no me daba confianza ese tatuaje. Me dio la impresión de que mi hermano ocultaba algo más. No era el hecho de que trajera un tatuaje, sino el significado de él. Creà que no sólo estaba inmerso en las drogas, sino que también en cosas satánicas. Mi hermano continuó con sus actividades ilÃcitas. Comenzó a traer mucho dinero. No sabÃamos su procedencia, porque él no trabajaba con frecuencia. Nos decÃa que tenÃa que salir fuera hacer una serie de trabajos, aunque mis padres no le creÃan, ya no le decÃan nada. Creo que era porque estaban cansados de discutir. En una ocasión tardó muchos dÃas en regresar. Creo que pasaron más de dos semanas. Mis papás ya lo habÃan reportado como como la desaparecido. Recuerdo muy bien que era un domingo cuando llegó despreocupado. Mis padres le dijeron que no se comportaba como un verdadero hijo por qué no habÃa avisado por teléfono. Ya hasta habÃan creÃdo que algo malo le habÃa sucedido. Mi hermano no hizo mucho caso de los reproches de mis padres. Agarró algunas de sus pertenencias y les dijo que se iba de la casa. Ya no querÃa darles más disgustos. Esa fue la última vez que vi a mi hermano con lo poco que le quedaba de su esencia, porque me volteó a ver y me sonrió. Lo único bueno que se hubiese marchado fue que los pleitos se terminaron en la casa. Aunque todos sabÃamos que eso no significaba que mi hermano estuviera bien. Después que Carlos se marchó de la casa, entré a su habitación. El pretexto fue que iba a limpiarlo, aunque la verdad era que querÃa buscar entre sus cosas algún indicio que me permitiera saber en qué cosas estaba metido. No me llevó mucho tiempo encontrar objetos extraños, como un collar elaborado con huesos, un anillo que tenÃa la cara de un demonio con pequeños cuernos. Los ojos eran dos piedras rojas. Lo que más me asustó fue encontrar un hueso grande por el tamaño. Creà que se trataba de un hueso humano. Lo aventé y cayó debajo de la cama un poco más tranquila. Me agaché para recogerlo. Ahà me encontré el tesoro prohibido dentro de una caja de cartón. HabÃa más huesos, objetos personales de diferentes personas, como pulseras, collares, carteras, anillos. También habÃa una libreta con inscripciones de sÃmbolos. Estaba el nombre de alguien y enseguida la simbologÃa, no pude entender nada. Me quedé con el cuaderno y dejé todas las cosas como estaban ya. No quise buscar más porque tuve miedo de encontrarme cosas peores, aunque ya estaba segura de que mi hermano estaba metido en cosas satánicas. Pasaron los dÃas sin que tuviéramos noticias de Carlos. Todos en casa nos encontrábamos preocupados por él, pero nadie comentaba nada por mi cuenta. Empecé a buscar entre sus conocidos de la colonia para que me dijeran dónde lo podÃa encontrar. La mayorÃa de sus antiguos amigos no me supieron decir nada hasta que uno de ellos me dijo que él sabÃa dónde vivÃa. Mi hermano le pedà que me llevara con él, pero al muchacho no lo vi convencido de hacerlo. Me dijo que mi hermano le habÃa pedido que no. Nos dijera a dónde encontrarlo que era mejor para todos. Asà estarÃamos más seguros lo que me dijo. El amigo de mi hermano, de nombre Rubén me inquietó más. Le insistà que lo hiciera. Me dijo que me llevarÃa hasta el fin de semana porque saldrÃa de viaje ese dÃa a su regreso irÃamos juntos. No tuve otra opción que esperar. El sábado nos fuimos a buscar a Carlos. Llegamos a una casa de el otro lado de la ciudad. La colonia se encontraba en las periferias de Guadalajara era una zona con poca urbanización. El camión nos dejó un poco lejos. TodavÃa tuvimos que caminar como quince minutos para llegar a la vivienda. Era una casa común y descuidada. Rubén silbó de una manera peculiar enseguida. Salió mi hermano. Cuando me vio, se sorprendió mucho, se enojó tanto con Rubén que lo golpeó. Le dije a Carlos que se calmara. Le dije que su amigo no querÃa hacerlo, pero insistà mucho. No le dejé opción a Rubén. Mi hermano comenzó a decir que no por varias ocasiones, al mismo tiempo que me dijo que me tenÃa que ir. No podÃa estar en ese lugar porque corrÃa peligro. Me agarró de la mano y cuando ya nos Ãbamos del lugar, salió un hombre joven. Mi hermano lo nombró como el lÃder le dijo que yo ya me iba. Sin embargo, él le dijo que podÃa pasar, ya que si yo era parte de su familia no habÃa ningún problema cua. Cuando entré a la vivienda se veÃa sucia descuidada y con un olor muy raro. TenÃa pocos muebles. El lÃder le dijo a mi hermano que podÃa enseñarme todo el lugar, pero mi hermano no quiso. Nos quedamos platicando con ese hombre se llamaba Esteban. Ãl me dijo que era bienvenida las veces que quisiera asà me darÃa cuenta de que con ellos todo era próspero mi hermano se despidió del supuesto lÃder y nos salimos del lugar. Nos fuimos de ahà Rubén ya no se regresó con nosotros, Se quedó con Esteban y otras personas antes de que carlos se despidiera de mÃ. Me dijo que jamás volviera a esa casa que ahà pasaban muchas cosas malas. Le dije que no me dejó otra opción. No tuve manera de comunicarme con él. Me apuntó en un papel un número de teléfono. Me dijo que cuando fuera indispensable, le podÃa marcar, pero sólo para casos urgentes. En ese momento me di cuenta que mi hermano estaba sumamente delgado y pálido, ya tenÃa otro tatuaje en su brazo izquierdo. Lo abracé y me despedà me duele decirlo, pero esa fue la última vez que lo vi Después de ese dÃa, ya no supe nada de Carlos. Sin embargo, su amigo Rubén me siguió buscando me decÃa que no le hiciera caso a mi hermano. El lÃder se habÃa puesto muy contento de saber que Carlos tenÃa familia, ya que era muy reservado. Nunca le dijo que tenÃa una hermana. Recordé las palabras que me dijo mi hermano quise hacerle caso y le dije a Rubén que no irÃa de nuevo a ese lugar. Hasta que Carlos estuviera de acuerdo. Ãl se molestó y no me volvió a buscar. Una noche. Sonó el teléfono en la madrugada. Mis padres de inmediato se levantaron, pero cuando llegaron a la sala dejó de sonar el teléfono enseguida. Sonó por segunda vez. Mi padre contestó la llamada mi madre y yo nos habÃamos levantado por la cara que puso mi papá y la forma en la que palideció. Nos dimos cuenta que se trataba de una mala noticia. En cuanto colgó el teléfono, se sentó en el sillón y se puso a llorar con voz entrecortada. Nos dijo que mi hermano estaba muerto. Era necesario ir a reconocer su cuerpo a esa hora. Nos fuimos a la Semefo. Cuando llegamos nos dijeron que solamente un familiar podÃa pasar. Mi padre iba a entrar, pero le dije que mejor yo lo harÃa porque vi a mi padre que estaba a punto del colapso. Le dije que Carlos tenÃa varios tatuajes. Lo podrÃa reconocer de inmediato y mi padre estuvo de acuerdo. Cuando entré a las instalaciones, habÃa un olor tan fuerte que me provocaba náuseas. Me cubrà la nariz con mi antebrazo. En cambio, las personas que laboraban en esa institución ya no lo percibÃan. Se notaba que estaban acostumbrados con ese olor. Me llevaron a ver el cadáver. Me preguntaron si sabÃa de alguna marca u otra manera de identificarlo. Les hablé del tatuaje en la espalda. Me dijeron que ese no era posible verlo porque le habÃan arrancado la piel en esa zona y les comenté del tatuaje que tenÃa en el brazo de inmediato lo reconocÃ. Les pedà que me dejaran verlo completo, pero los empleados no quisieron. Me dijeron que si ya lo habÃa identificado, no era necesario hacerlo. Además, estaba muy destrozado del rostro. Lo mejor era quedarme con la imagen que tenÃa de él. Esa fue una de las peores experiencias que tuve en mi vida ver a mi hermano sobre la plancha cubierto con una sábana. Nos fuimos del lugar sumamente consternados por la manera extraña en que habÃa muerto. Las personas que laboraban ahà sólo nos dijeron que lo encontraron tirado en la calle en una colonia en las orillas de Guadalajara. Era la misma zona donde fui a verlo. Mi padre continuó con los trámites para que le entregaran a mi hermano. Fue un peregrinar doloroso porque no entregaron su cuerpo hasta tres dÃas después, en lo que se hacÃan las investigaciones pertinentes, Mi padre cedió su paquete funeral para mi hermano. Lo velamos en la funeraria latinoamericana. Esa noche acudieron muchos conocidos y familiares a acompañarnos. Hubo un momento en la madrugada que me dio mucho sueño. En la funeraria ofrecÃan un espacio para descansar. Me acomodé y me quedé profundamente dormida y un olor fétido me despertó. Me di cuenta de que era el mismo olor que percibà cuando fui a reconocer a Carlos. No se habÃa ido por completo mi memoria olfativa. Me estaba jugando una mala pasada, pero el olor cada vez fue más intenso. Salà del cuarto y noté que en la sala del recinto funerario no habÃa ese olor. Nadie se dio cuenta. Sin embargo, me parecÃa que me perseguÃa. Me salà un rato a respirar aire fresco, pero comencé a sentir náuseas. La calle estaba tranquila. Algunos coches pasaban por la avenida que estaba a varias calles. En pocos minutos aquel olor se fue y comencé a Tranquilizarme estaba a punto de entrar cuando escuché que alguien decÃa mi nombre. Dos veces lo pronunciaron. No supe de dónde venÃa la voz ni tampoco quién me llamaba. Me quedé durante unos minutos más sin saber quién habÃa sido. Mis padres decidieron enterrar el cuerpo de mi hermano. Les ofrecieron el servicio de cremación, pero ellos no quisieron hacerlo. Fuimos al panteón de arboledas del sur. Era un cementerio nuevo que quedaba a pocos minutos de nuestra casa mientras el ataúd iba entrando al pozo. De nuevo escuché que alguien me hablaba por mi nombre. Volteé a ver a todas las personas que nos acompañaban, pero no era ninguna de ellas. De pronto sentà como si alguien estuviese detrás de mÃ. Esta vez pude escuchar con más claridades a voz era ronca. Sólo me dijo unas cos cuántas palabras que me dejaron helada. Tu hermano está conmigo de inmediato. Miré hacia atrás, pero no habÃa nadie. No quise ver el féretro de mi hermano al momento en que entraba a ese pozo oscuro. Por eso estaba al final de las personas. Me senté en una tumba para poder entender lo que habÃa escuchado. Quise pensar que todo era producto de mi imaginación y que el cansancio y la tristeza estaba haciendo estragos en mi cordura. Esa noche, después que terminó el funeral, nos quedamos un rato en la sala a platicar sobre mi hermano. Mi papá me preguntó cómo sabÃa de los tatuajes de Carlos. Le platiqué todo lo que habÃa sucedido. Mis padres consternados me dijeron que la policÃa les habÃa dicho que, por la forma en que él murió, habÃa sido parte de un ritual de una secta satánica y que las investigaciones iban a continuar. Nos quedamos por largo tiempo a berdola de Carlos. Después de más de dos horas, se escuchó que se cayó algo en el patio. Fuimos a ver y era una maceta que estaba rota en el piso. Pensamos que habÃa sido un gato, porque con frecuencia saltaban al interior de la casa. Nos fuimos a descansar. No me podÃa dormir porque recordaba el evento en el cementerio. Esa parte no se las habÃa contado a mis papás porque ni siquiera sabÃa si era cierto. Me quedé por un momento en la cama viendo fotos de mi hermano. Cada foto la iba poniendo sobre el buró. Hubo un instante en que varias de ellas cayeron al piso. Una foto quedó separada del resto de las demás. En esa fotografÃa estaba mi hermano cuando aún no se iba de la casa. Era de las últimas fotografÃas que le habÃa tomado. La vi con detenimiento. En la imagen estaba mi hermano abrazando a su amigo Rubén, pero el rostro de su amigo se le notaba deforme era como si le hubiesen alargado la cara. Nunca habÃa notado es eso falla en la imagen. La aparté para mostrársela a mi padres. Al dÃa siguiente. Por la mañana, mi mamá me despertó para decirme que me hablaba por teléfono Rubén. Se me hizo muy extraño, porque él nunca se comunicaba conmigo. Cuando le respondÃ, se disculpó por no haber asistido al funeral de Carlos. Me dijo que estaba fuera de la ciudad trabajando. Por eso no nos habÃa acompañado. Me comentó que necesitaba verme para entregarme unas cosas de mi hermano. Le dije que podÃa ir a la casa cuando quisiera si por algo no me encontraba, se las podÃa dejar a mi mamá. Ãl me dijo que mejor nos viéramos en otro lado. Se me hizo muy raro, pero acepté Nos reunimos el siguiente fin de semana en un lugar cerca de la casa. Ãl me entregó la cartera y un poco de ropa de mi hermano, pero vi a Rubén muy alterado. Me dijo que tuviese mucho cuidado porque los de la secta me estaban buscando. Aquella vez que me llevo a ur a Carlos, el lÃder le dijo a mi hermano que me llevara para que formara parte de la organización. Mi hermano se negó rotundamente. El lÃder le insistió por un tiempo, pero como no consiguió que Carlos accediera, realizaron el ritual con él. No pude entender del todo lo que Rubén me decÃa porque estaba muy nervioso con palabras entrecortadas. Cambiaba de un tema a otro. Le quise preguntar tantas cosas, pero cuando comencé a decirle lo que me estaba ocurriendo con la voz que escuchaba, se levantó de inmediato me dijo adiós y se fue ese dÃa tomé la determinación de decirle todo a mis papás. Cuando estuvimos juntos, les conté lo que escuchaba. Me sorprendà cuando mi madre me dijo que ella también veÃa a alguien que andaba por la casa en las noches desde el dÃa en que murió. Mi hermano comenzó a verlo mientras mi madre nos comentaba lo que ella veÃa. Otra vez se escuchón ruidos en el patio, pero más fuertes fuimos corriendo. Alcanzamos a distinguir una sombra oscura que estaba detrás del baño. Esa parte de la casa no tenÃa mucha iluminación, asà que no supimos realmente de qué se trataba. Sólo vimos a alguien que asomaba su cabeza para después desaparecer. A partir de ese dÃa, cuando era de noche y en los lugares más oscuros de la casa, veÃamos a alguien que estaba presente. TenÃamos miedo de dos cosas, de que fuese el espÃritu de mi hermano, que no podÃa tener descanso o que se tratara del mismo demonio que me buscaba. Mi madre dijo que irÃa con el sacerdote de la colonia para decirle lo que estaba sucediendo en casa. Estuvimos de acuerdo en que primero intentarÃamos con el sacerdote. El padre acudió a la casa a bendecirla, dijo varias oraciones que servÃan para expulsar demonios y rogó por el descanso eterno del alma de mi hermano. Durante unos dÃas, la casa estuvo tranquila, pero después de dos semanas, de nuevo volvieron las apariciones, aunque con más intensidad, porque hubo dÃas en los que amanecà con moretones en la piel sin haber una razón para tenerlos. Asà fue como acudimos con Eva, una mujer que nos recomendó, la comadre de mi mamá, la madrina de Carlos, nos dijo que ella nos ayudarÃa mucho. Cuando llegamos a su casa, nos dijo que eran dos seres los que estaban en lucha, el espÃritu de mi hermano que trataba de protegerme y el del demonio que buscaba la manera de quedarse con mi alma. Eva nos explicó que no iba a ser sencillo lograr que el demonio desistiera ni tampoco conseguir que el alma de Carlos pudiese descansar en paz, pero que ella intentarÃa todo lo que estuviese a su alcance para ayudarnos. Eva hizo muchos rituales de sanación, de separación de almas, amuletos de protección y más cosas. De igual manera, nos pidió que todos los dÃas tuviéramos veladoras encendidas en diferentes punto de la casa para darle la luz a mi hermano y que pudiera encontrar el camino correcto hacia el descanso de su alma. Nos pidió que cada rincón de la casa estuviera con luz, ya fuese eléctrica o de una veladora. Asà estuvimos por mucho tiempo. De hecho, hasta la actualidad. Lo hacemos con la esperanza de que el alma de mi hermano logre estar en paz. Muchos de los acontecimientos fueron desapareciendo con todo lo que hizo Eva, pero para que eso sucediera pasó algo de tiempo. Esporádicamente escuchábamos ruidos por la noche. Pero Eva nos dijo lo que podÃamos hacer. Ella nos dijo que mi hermano formó parte de los satánicos del crimen organizado, que eran personas que se dedicaban a la venta de droga, pero también a hacer rituales satánicos. Esa era la forma en la que conseguÃan sus objetivos, porque contaban con la ayuda del demonio. Sin embargo, él pedÃa a cambio el alma de un ser humano. Por eso ellos con frecuencia buscaban personas para ofrecerlas en sacrificio. La persona que era la encargada de hacer rituales utilizaba osamenta o partes del cuerpo de la persona que era ofrecida. Asà era la forma de conseguir los favores del diablo. Nunca supimos lo que pasó con el alma de Carlos. Eva nos dijo que harÃa lo posible por reivindicar su espÃritu. Sin embargo, era un trabajo difÃcil de conseguir. Lo que sà pudo hacer fue que dejara de escuchar esa voz y que ese ser oscuro estuviera acechándome. Aunque es muy triste decirles que hay ocasiones en las que noto como si mi hermano tratara de comunicarse conmigo. Son detalles muy sutiles, como el movimiento de un cuadro, de una pluma, de una hoja, de cualquier objeto. No hay dÃa que no pida a Dios por el descanso eterno de mi hermano. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








