Mi Deuda Con Una Bruja Huichol Historias De Terror - REDE

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Mi deuda con una bruja wichor. No creo que uno pueda llegar a olvidar aquellos dÃas en los que su vida se vio envuelta en un espiral de terror, angustia y desesperación. Y desafortunadamente, eso me ocurrió a mà allá por el año dos mil veintiuno, en el poblado de Gilitla en San Luis PotosÃ. Uno se acostumbra a la belleza de sus paisajes, a la calidez de la gente y al ambiente del lugar, pero jamás te imaginarÃas que en ese rincón del mundo se puede esconder terrible gente con oscuros deseos que pueden cambiar tu vida para siempre. Soy perla de San Luis Potosà y les contaré mi historia. Creo que mi mala suerte comenzó a partir de que me junté a la temprana edad de veintidós años, conocà a una persona que me parecÃa muy atractiva. HabÃa algo en él que terminó cautivándome, pero poco me duró el gusto, pues mi expo pareja me fue infiel. Recién me habÃa mudado con él a su departamento, asà que tuve que sacar mis cosas a la calle para aumentar más la mala suerte. Mi trabajo no se habÃa recuperado del todo con la reciente pandemia, asà que tuvieron que despedirme. Fue una de las peores épocas en las que vivÃ. Aún asà no me rendirÃa tan fácil. Era una joven de veintidós años. Aún tenÃa sueños que cumplÃa. Logré encontrar un anuncio en un puesto de revistas donde ofrecÃan una habitación amueblada a muy bajo costo. Además, encontré trabajo como mecer en un restaurante. Una tarde de regreso de mi trabajo a mi habitación. Estaba caminando por el centro del pueblo cuando me encontré con un puesto de una anciana que jamás habÃa visto antes por esos rumbos. La señora parecÃa que no era de la zona. TenÃa una apariencia muy similar al de los huicholes n n n n ns. DÃa collares, juguetes, figuras talladas en madera, pero en lo particular me llamó mucho la atención un amuleto que colgaba entre todo lo demás. No pude contener mi curiosidad, asà que me acerqué al puesto y sin pensarlo demasiado ya tenÃa el amuleto entre mis manos. SentÃa una extraña atracción hacia ese objeto. TenÃa un color verde esmeralda que me llamaba mucho la atención. La anciana se me acercó y sonriendo me dijo que ese amuleto era perfecto para mÃ, pues me darÃa la suerte que le faltaba a mi vida. Me sorprendió su comentario, asà que me dejé llevar por la emoción y se lo compré. Ella me pidió que antes de que lo usara, lo mantuviera guardado en un paño negro y que lo ocultara en donde menos le llegara la luz hasta que se cumplieran veinticuatro horas. Yo no hice caso a las indicaciones. Esa noche tendrÃa una cita, asà que pretendÃa usarlo por las noch noche. Cuando me estaba preparando, me di cuenta de que el amuleto habÃa cambiado a un color amarillo intenso. Me llamó mucho la atención esto, pero no le di más importancia. Pensé que se trataba de una piedra especial que podÃa detectar el calor corporal o del ambiente y cambiaba de color. Lo guardé en mi bolso y me fui a mi cita. Todo marchaba bien. El chico que habÃa conocido resultó ser muy amable y atento. Nos fuimos a sentar a un restaurante. Ãl siempre se mantuvo muy enérgico hasta que de la nada empezó a bostezar. Luego me dijo que se sentÃa muy cansado. Pidió un café muy cargado, pero aún asà no podÃa mantenerse de pie. Me pidió unos momentos para ir al baño a Despabilarse pasaron los minutos y no regresaba. Media hora después decidà ir a buscarlo. Le pedÃa un mesero que lo buscara en el baño. No tardó ni un minuto cuando regresó y dijo que lo encontró dormido en la taza del baño. Pasó más tiempo y nuevamente le pedà al mesero que lo revisara. Esta vez tardó más en salir. Cuando me vio me dijo lo siento. Señorita, su novio ha fallecido. Fue como un balde de agua frÃa sobre mi espalda. Yo apenas si conocÃa al chico esa tarde se veÃa muy bien. Jamás me hubiera esperado que le sucediera. Eso cuando la policÃa llegó, me solicitaron que me quedara en el lugar para interrogarme. Yo me sentÃa muy nerviosa. No tenÃa por qué temer, pero de alguna manera presentÃa que todo habÃa sido mi culpa. Me quedé sentada en una de las mesas del restaurante y mientras esperaba saqué el amuleto, con la intención de que me diera buena suerte. Fue cuando me di cuenta que el amuleto ahora tenÃa un color verde. Esmeralda. En eso una mujer policÃa se acercó a mà y me dijo que ur que ya me podÃa retirar todo concluyó en que habÃa sido un paro fulminante. El corazón. No podÃa creerlo. Me habÃa librado de que me mantuvieran toda la noche dando declaración y que quizás me hubieran culpado por algo. Llegando a casa me sentÃa algo inquieta por lo que habÃa sucedido. Fue una mezcla de emociones. TenÃa miedo por lo que ocurrió con mi cita, pero a la vez sentÃa alegrÃa por zafarme de un problema. Me senté en el sillón y me puse a contemplar el amuleto. Me di cuenta que ahora estaba tomando un color amarillo. Otra vez. Entonces alguien tocó a la puerta. Me levanté del sillón y antes de abrir, pregunté quién era. Me respondió en una lengua que jamás habÃa escuchado. Abrà la puerta y allà estaba la anciana que me habÃa vendido el amuleto. Me sorprendió verla, asà que le pregunté qué se le ofrecÃa ella con un movimiento de su mano y sin tocar la puerta hizo que se abriera completamente. De ese modo entró sin que yo se lo pidiera. Todo parecÃa indicar que aquella anciana era una bruja. Me dijo que, por no haber seguido las indicaciones del uso del amuleto, me saldrÃa muy caro. El amuleto ya habÃa galado la energÃa vital de una persona y era necesario guardar el objeto por el tiempo que me habÃa indicado desde un inicio y por ello, ahora en adelante ya habÃa adquirido una deuda con la bruja, pues ella tenÃa que mantener sellado en el amuleto la mala vibra que se acumulaba y no dejar que volviera a hacer lo mismo con otras personas. Pero me llamó más la atención que me dijera que esta deuda no se pagaba con dinero y que pronto sabrÃa cómo saldarla. Y asà como llegó. Se fue no quise parecer indiferente a lo que me advirtió, Asà que traté de mantener guardado el amuleto por veinticuatro horas. Pero, como lo habÃa comentado antes, ese amuleto me atraÃa bastante. No duró ni una hora dentro del pañuelo negro. Cuando ya lo estaba sosteniendo con mis manos. Nuevamente conforme pasaron los dÃas. Noté que mi suerte cambió. Ya habÃa encontrado un nuevo empleo. El negocio de mis padres comenzó a crecer. Incluso ya estaba saliendo con otra persona. Yo sabÃa que esta suerte tarde o temprano me la cobrarÃan y me era imposible apartarme del amuleto. Mi vida transcurrió de manera normal, o eso pensaba yo. Hasta que la Bruja regresó para cobrar su deuda. Me dijo que sÃ. No querÃa cumplir con mi parte del pacto sólo tenÃa que devolverle el amuleto. Sin embargo, todo lo bueno que me habÃa pasado se me regresarÃa en mala suerte, pero al doble no querÃa volver a sufrir por mis malos dÃas, asà que opté propagar mi deuda. La anciana me pidió que cumpliera con ciertos favores que en un principio parecÃan inofensivos, cosas como recoger hierbas en el bosque durante la noche o entregar mensajes enigmáticos a personas del pueblo. A pesar de que me parecÃan tareas extrañas, decidà cumplir con ellas para no tener problemas con la bruja y saldar mi deuda lo antes posible. Para esto siempre cargaba el amuleto conmigo. Conforme pasaba el tiempo, las peticiones de la bruja se volvÃan cada vez más inquietantes y macabras. Una de ellas fue cuando me pidió que le entregara un mechón de cabello de una niña que habÃa fallecido recientemente en la ciudad Aterrada y con el corazón en la mano, me vi obligada a cumplir su deseo. Aunque yo sabÃa que podÃa evitar esos trabajos, me negaba a separarme de mi amuleto. Fue entonces que me di cuenta de que estaba metida en un oscuro y tenebroso agujero del que no sabÃa cómo escapar. Además, empecé a notar que, entre más usaba el amuleto, los dÃas se volvÃan grises y lluviosos y los animales se comportaban muy diferente. La gente empezó a murmurar sobre los extraños sucesos acontecidos, además de desapariciones misteriosas, lo que hacÃa que mi angustia y desesperación fueran en incremento. No podÃa dormir, no podÃa comer y cada vez que la bruja se acercaba a mi casa, mi cuerpo temblaba de miedo, Me sentÃa atrapada sin salida y cada vez más asfixiada por la opresión de la deuda que habÃa adquirido. Las peticiones de la bruja continuaron aumentando en crueldad. Un dÃa me exigió que profanara la tumba de un hombre recién fallecido, robando su anillo de matrimonio y llevándoselo como ofrenda con el alma en la mano y las lágrimas, corriendo por mis mejillas. Cumplà con su macabra petición. Una tarde, cuando caminaba por las empedradas calles del centro, me encontré de pronto con una n anciano que me veÃa atentamente. No quise darle la atención, asà que me pasé de largo, pero algo me dijo. Yo sé que le debes algo a la bruja Witchol y esto hizo que me detuviera de pronto me dijo que él conocÃa un ritual maya para poder liberarme de la deuda que se estaba acumulando con ella, pero el precio que tenÃa que pagar incluÃa el amuleto que traÃa conmigo. Yo sabÃa que tenÃa que deshacerme de esa cosa en algún momento, pero aún lo necesitaba. Me comentó que el amuleto que traÃa conmigo habÃa generado una conexión con esa bruja. Retenerlo cada vez más me iba a perjudicar. Le dije que lo pensarÃa. Realmente Me costaba trabajo deshacerme de mi amuleto, sobre todo porque nunca habÃa tenido tanta suerte. Esa noche, cuando me estaba saliendo de bañar, me di cuenta que por primera vez veÃa el amuleto de color rojo. Siempre era de un amarillo a verde y viceversa, pero jamás rojo me dio un poco de miedo asà que lo envolvà en el pañuelo negro y lo guardé. Pensé que para el dÃa siguiente las cosas estarÃan mejor. Horas Más tarde estaba acostada mirando la televisión. Trataba de ocupar mi mente en otra cosa que no fuera el amuleto. Cuando escuché fuertes golpes en otra habitación. Como vivo en una casa habitación hay varios inquilinos, asà que pensé que se estaban peleando y eso no tenÃa que importarme. Pero lo que más me inquietó es que se escuchó como arrastraban algo en la pared y luego subà al techo. Bajé el volumen de la televisión, pues aparte de eso, comencé a escuchar los quejidos de varias personas. Algo extraño habÃa sucedido en el edificio y yo no me habÃa dado cuenta. Me puse la ropa adecuada para salir a investigar en cuanto abrà la puerta, las paredes, las puertas, los cuadros, Todo estaba teñido de un color rojo. La habitación de al lado de la mÃa estaba abierta y un extraño humo de color negro salÃa de ella. Pensé que quizás se estaba quemando, asà que me aventuré a revisar. Conocà a mi vecino de cuarto. Era una persona amable y nada conflictiva, asà que no tendrÃa ningún problema si me veÃa en su habitación. Fue cuando me di cuenta que todo el cuarto de él también estaba de rojo. Entonces lo vi sentado en su cama. Me daba la espalda, hacÃa un movimiento extraño meciéndose y por más que le hablaba, no me prestaba atención, asà que me acerqué para ver su rostro. Me di cuenta que no tenÃa ojos aterrada. Retrocedà y pegué con algo. Cuando me di la vuelta allà estaba la vieja bruja wichol y me dijo ahora o ocupado por sus ojos. Desperté de pronto en mi habitación. La televisión seguÃa emitiendo el programa que estaba viendo. Me di cuenta que todo habÃa sido una pesadilla, pero al girar la cabeza noté que sobre la mesa estaba una caja de vidrio y una nota que decÃa guárdalos. Aquà De alguna manera, esa bruja se habÃa logrado meter en mi cabeza. SentÃa que era necesario ponerle un fin a todo esto, asà que fui a buscar al otro anciano para pedirle su apoyo. Tomé el amuleto aún guardado en su cajita y me lo llevé. Por suerte, encontré al señor en el mismo lugar que la vez anterior. Le comenté lo que me pasó y coincidió conmigo con la idea de que la bruja ya se podÃa meter a mi cabeza. Me pidió el amuleto y cuando lo sacamos ya no estaba rojo, sino más bien de color negro. El señor lo guardó nuevamente. Sus instrucciones fueron que vol vino era el dÃa siguiente y que no intentara hacer alguna locura con mi vecino. Además, me pidió que no usara el amuleto de la bruja. Ya pronto pondrÃamos fin a todo eso. El color rojo del amuleto ahora cobraba un nuevo significado. Era un presagio de muerte y tragedia, y me di cuenta de que estaba directamente relacionado con mis acciones y peticiones de la bruja. El amuleto absorbÃa la energÃa oscura de mis actos, transformándola en una fuerza maligna que afectaba a todo lo que me rodeaba. Al dÃa siguiente, cuando regresé con el anciano, traÃa consigo un costal del cual parecÃa ser que tenÃa algo por dentro. No me dijo que era. Sólo me lo entregó y me pidió que en cuanto él me lo dijera, se lo volviera a regresar. Me pidió que lo siguiera y que sólo me atuviera a responder sus preguntas. Si necesitaba decir algo, era era mi mejor que me lo guardara o si me sentÃa mal o querÃa quejarme. También tenÃa que guardar silencio. Me encontraba caminando justo detrás de él. No me decÃa nada. Yo estuve tentada a decirle algo, pero recordé su advertencia. De pronto, en cuanto menos lo esperé, El costal comenzó a pesar. Era raro, pues desde un inicio no parecÃa pesado. Entonces me preguntó mi nombre completo y mi edad. Me siguió preguntando cosas personales y siempre mantenÃa la mirada delante de mÃ. Yo le respondÃa a lo que se me venÃa a la mente y el saco pesaba más y más. Ya estaba anocheciendo. Cuando me di cuenta que el costal que traÃa ya lo estaba arrastrando de tanto peso. Cuando menos lo esperé, ya pesaba tanto que no podÃa arrastrarlo y el olor a carne podrida estaba por todos lados. Fue cuando me pidió que paráramos un momento. Me comentó que una forma de depurar aquel mal acumulado y energÃas negativas que traÃa el amuleto era con ese ritual. El costal habÃa absorbido todo aquel mal que cuando yo hablaba, se acumulaba. Entonces me acercó una pala y me comentó que comenzara a acabar sin darme cuenta ya nos encontrábamos en un cementerio. Yo tenÃa que seguir en silencio mientras cavaba un par De veces me golpeé y estuve a punto de hablar. Cuando terminamos, el anciano me ayudó a cargar el saco y lo echamos dentro del hoyo Y por último, me pidió que me quitara el amuleto y lo arrojara dentro. Con eso el ritual estarÃa completo. Me costó trabajo separarme de él. No querÃa dejarlo asà nada más, pero el anciano insistió un peso enorme. Se liberó de mi cuerpo. Me sentÃa más libre y sin cargas en mà Ya habÃa olvidado esas sons sobre la bruja o chol El brujo maya me comentó que no tuviera miedo de ella, ya no tenÃa ni un poder sobre mà y para que ella fuera más fuerte era necesario que me mantuviera atada. De hecho, nunca más supe de ella ni la he vuelto a beja. El puesto que tenÃa en el centro desapareció y dejó de verse, aunque si a mà me llegó a hacer esto, me temo que a más de una persona también afectó. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








