July 6, 2023

Mi Deuda Con Una Bruja Huichol Historias De Terror - REDE

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Mi deuda con una bruja wichor. No creo que uno pueda llegar a olvidar aquellos días en los que su vida se vio envuelta en un espiral de terror, angustia y desesperación. Y desafortunadamente, eso me ocurrió a mí allá por el año dos mil veintiuno, en el poblado de Gilitla en San Luis Potosí. Uno se acostumbra a la belleza de sus paisajes, a la calidez de la gente y al ambiente del lugar, pero jamás te imaginarías que en ese rincón del mundo se puede esconder terrible gente con oscuros deseos que pueden cambiar tu vida para siempre. Soy perla de San Luis Potosí y les contaré mi historia. Creo que mi mala suerte comenzó a partir de que me junté a la temprana edad de veintidós años, conocí a una persona que me parecía muy atractiva. Había algo en él que terminó cautivándome, pero poco me duró el gusto, pues mi expo pareja me fue infiel. Recién me había mudado con él a su departamento, así que tuve que sacar mis cosas a la calle para aumentar más la mala suerte. Mi trabajo no se había recuperado del todo con la reciente pandemia, así que tuvieron que despedirme. Fue una de las peores épocas en las que viví. Aún así no me rendiría tan fácil. Era una joven de veintidós años. Aún tenía sueños que cumplía. Logré encontrar un anuncio en un puesto de revistas donde ofrecían una habitación amueblada a muy bajo costo. Además, encontré trabajo como mecer en un restaurante. Una tarde de regreso de mi trabajo a mi habitación. Estaba caminando por el centro del pueblo cuando me encontré con un puesto de una anciana que jamás había visto antes por esos rumbos. La señora parecía que no era de la zona. Tenía una apariencia muy similar al de los huicholes n n n n ns. Día collares, juguetes, figuras talladas en madera, pero en lo particular me llamó mucho la atención un amuleto que colgaba entre todo lo demás. No pude contener mi curiosidad, así que me acerqué al puesto y sin pensarlo demasiado ya tenía el amuleto entre mis manos. Sentía una extraña atracción hacia ese objeto. Tenía un color verde esmeralda que me llamaba mucho la atención. La anciana se me acercó y sonriendo me dijo que ese amuleto era perfecto para mí, pues me daría la suerte que le faltaba a mi vida. Me sorprendió su comentario, así que me dejé llevar por la emoción y se lo compré. Ella me pidió que antes de que lo usara, lo mantuviera guardado en un paño negro y que lo ocultara en donde menos le llegara la luz hasta que se cumplieran veinticuatro horas. Yo no hice caso a las indicaciones. Esa noche tendría una cita, así que pretendía usarlo por las noch noche. Cuando me estaba preparando, me di cuenta de que el amuleto había cambiado a un color amarillo intenso. Me llamó mucho la atención esto, pero no le di más importancia. Pensé que se trataba de una piedra especial que podía detectar el calor corporal o del ambiente y cambiaba de color. Lo guardé en mi bolso y me fui a mi cita. Todo marchaba bien. El chico que había conocido resultó ser muy amable y atento. Nos fuimos a sentar a un restaurante. Él siempre se mantuvo muy enérgico hasta que de la nada empezó a bostezar. Luego me dijo que se sentía muy cansado. Pidió un café muy cargado, pero aún así no podía mantenerse de pie. Me pidió unos momentos para ir al baño a Despabilarse pasaron los minutos y no regresaba. Media hora después decidí ir a buscarlo. Le pedía un mesero que lo buscara en el baño. No tardó ni un minuto cuando regresó y dijo que lo encontró dormido en la taza del baño. Pasó más tiempo y nuevamente le pedí al mesero que lo revisara. Esta vez tardó más en salir. Cuando me vio me dijo lo siento. Señorita, su novio ha fallecido. Fue como un balde de agua fría sobre mi espalda. Yo apenas si conocía al chico esa tarde se veía muy bien. Jamás me hubiera esperado que le sucediera. Eso cuando la policía llegó, me solicitaron que me quedara en el lugar para interrogarme. Yo me sentía muy nerviosa. No tenía por qué temer, pero de alguna manera presentía que todo había sido mi culpa. Me quedé sentada en una de las mesas del restaurante y mientras esperaba saqué el amuleto, con la intención de que me diera buena suerte. Fue cuando me di cuenta que el amuleto ahora tenía un color verde. Esmeralda. En eso una mujer policía se acercó a mí y me dijo que ur que ya me podía retirar todo concluyó en que había sido un paro fulminante. El corazón. No podía creerlo. Me había librado de que me mantuvieran toda la noche dando declaración y que quizás me hubieran culpado por algo. Llegando a casa me sentía algo inquieta por lo que había sucedido. Fue una mezcla de emociones. Tenía miedo por lo que ocurrió con mi cita, pero a la vez sentía alegría por zafarme de un problema. Me senté en el sillón y me puse a contemplar el amuleto. Me di cuenta que ahora estaba tomando un color amarillo. Otra vez. Entonces alguien tocó a la puerta. Me levanté del sillón y antes de abrir, pregunté quién era. Me respondió en una lengua que jamás había escuchado. Abrí la puerta y allí estaba la anciana que me había vendido el amuleto. Me sorprendió verla, así que le pregunté qué se le ofrecía ella con un movimiento de su mano y sin tocar la puerta hizo que se abriera completamente. De ese modo entró sin que yo se lo pidiera. Todo parecía indicar que aquella anciana era una bruja. Me dijo que, por no haber seguido las indicaciones del uso del amuleto, me saldría muy caro. El amuleto ya había galado la energía vital de una persona y era necesario guardar el objeto por el tiempo que me había indicado desde un inicio y por ello, ahora en adelante ya había adquirido una deuda con la bruja, pues ella tenía que mantener sellado en el amuleto la mala vibra que se acumulaba y no dejar que volviera a hacer lo mismo con otras personas. Pero me llamó más la atención que me dijera que esta deuda no se pagaba con dinero y que pronto sabría cómo saldarla. Y así como llegó. Se fue no quise parecer indiferente a lo que me advirtió, Así que traté de mantener guardado el amuleto por veinticuatro horas. Pero, como lo había comentado antes, ese amuleto me atraía bastante. No duró ni una hora dentro del pañuelo negro. Cuando ya lo estaba sosteniendo con mis manos. Nuevamente conforme pasaron los días. Noté que mi suerte cambió. Ya había encontrado un nuevo empleo. El negocio de mis padres comenzó a crecer. Incluso ya estaba saliendo con otra persona. Yo sabía que esta suerte tarde o temprano me la cobrarían y me era imposible apartarme del amuleto. Mi vida transcurrió de manera normal, o eso pensaba yo. Hasta que la Bruja regresó para cobrar su deuda. Me dijo que sí. No quería cumplir con mi parte del pacto sólo tenía que devolverle el amuleto. Sin embargo, todo lo bueno que me había pasado se me regresaría en mala suerte, pero al doble no quería volver a sufrir por mis malos días, así que opté propagar mi deuda. La anciana me pidió que cumpliera con ciertos favores que en un principio parecían inofensivos, cosas como recoger hierbas en el bosque durante la noche o entregar mensajes enigmáticos a personas del pueblo. A pesar de que me parecían tareas extrañas, decidí cumplir con ellas para no tener problemas con la bruja y saldar mi deuda lo antes posible. Para esto siempre cargaba el amuleto conmigo. Conforme pasaba el tiempo, las peticiones de la bruja se volvían cada vez más inquietantes y macabras. Una de ellas fue cuando me pidió que le entregara un mechón de cabello de una niña que había fallecido recientemente en la ciudad Aterrada y con el corazón en la mano, me vi obligada a cumplir su deseo. Aunque yo sabía que podía evitar esos trabajos, me negaba a separarme de mi amuleto. Fue entonces que me di cuenta de que estaba metida en un oscuro y tenebroso agujero del que no sabía cómo escapar. Además, empecé a notar que, entre más usaba el amuleto, los días se volvían grises y lluviosos y los animales se comportaban muy diferente. La gente empezó a murmurar sobre los extraños sucesos acontecidos, además de desapariciones misteriosas, lo que hacía que mi angustia y desesperación fueran en incremento. No podía dormir, no podía comer y cada vez que la bruja se acercaba a mi casa, mi cuerpo temblaba de miedo, Me sentía atrapada sin salida y cada vez más asfixiada por la opresión de la deuda que había adquirido. Las peticiones de la bruja continuaron aumentando en crueldad. Un día me exigió que profanara la tumba de un hombre recién fallecido, robando su anillo de matrimonio y llevándoselo como ofrenda con el alma en la mano y las lágrimas, corriendo por mis mejillas. Cumplí con su macabra petición. Una tarde, cuando caminaba por las empedradas calles del centro, me encontré de pronto con una n anciano que me veía atentamente. No quise darle la atención, así que me pasé de largo, pero algo me dijo. Yo sé que le debes algo a la bruja Witchol y esto hizo que me detuviera de pronto me dijo que él conocía un ritual maya para poder liberarme de la deuda que se estaba acumulando con ella, pero el precio que tenía que pagar incluía el amuleto que traía conmigo. Yo sabía que tenía que deshacerme de esa cosa en algún momento, pero aún lo necesitaba. Me comentó que el amuleto que traía conmigo había generado una conexión con esa bruja. Retenerlo cada vez más me iba a perjudicar. Le dije que lo pensaría. Realmente Me costaba trabajo deshacerme de mi amuleto, sobre todo porque nunca había tenido tanta suerte. Esa noche, cuando me estaba saliendo de bañar, me di cuenta que por primera vez veía el amuleto de color rojo. Siempre era de un amarillo a verde y viceversa, pero jamás rojo me dio un poco de miedo así que lo envolví en el pañuelo negro y lo guardé. Pensé que para el día siguiente las cosas estarían mejor. Horas Más tarde estaba acostada mirando la televisión. Trataba de ocupar mi mente en otra cosa que no fuera el amuleto. Cuando escuché fuertes golpes en otra habitación. Como vivo en una casa habitación hay varios inquilinos, así que pensé que se estaban peleando y eso no tenía que importarme. Pero lo que más me inquietó es que se escuchó como arrastraban algo en la pared y luego subí al techo. Bajé el volumen de la televisión, pues aparte de eso, comencé a escuchar los quejidos de varias personas. Algo extraño había sucedido en el edificio y yo no me había dado cuenta. Me puse la ropa adecuada para salir a investigar en cuanto abrí la puerta, las paredes, las puertas, los cuadros, Todo estaba teñido de un color rojo. La habitación de al lado de la mía estaba abierta y un extraño humo de color negro salía de ella. Pensé que quizás se estaba quemando, así que me aventuré a revisar. Conocí a mi vecino de cuarto. Era una persona amable y nada conflictiva, así que no tendría ningún problema si me veía en su habitación. Fue cuando me di cuenta que todo el cuarto de él también estaba de rojo. Entonces lo vi sentado en su cama. Me daba la espalda, hacía un movimiento extraño meciéndose y por más que le hablaba, no me prestaba atención, así que me acerqué para ver su rostro. Me di cuenta que no tenía ojos aterrada. Retrocedí y pegué con algo. Cuando me di la vuelta allí estaba la vieja bruja wichol y me dijo ahora o ocupado por sus ojos. Desperté de pronto en mi habitación. La televisión seguía emitiendo el programa que estaba viendo. Me di cuenta que todo había sido una pesadilla, pero al girar la cabeza noté que sobre la mesa estaba una caja de vidrio y una nota que decía guárdalos. Aquí De alguna manera, esa bruja se había logrado meter en mi cabeza. Sentía que era necesario ponerle un fin a todo esto, así que fui a buscar al otro anciano para pedirle su apoyo. Tomé el amuleto aún guardado en su cajita y me lo llevé. Por suerte, encontré al señor en el mismo lugar que la vez anterior. Le comenté lo que me pasó y coincidió conmigo con la idea de que la bruja ya se podía meter a mi cabeza. Me pidió el amuleto y cuando lo sacamos ya no estaba rojo, sino más bien de color negro. El señor lo guardó nuevamente. Sus instrucciones fueron que vol vino era el día siguiente y que no intentara hacer alguna locura con mi vecino. Además, me pidió que no usara el amuleto de la bruja. Ya pronto pondríamos fin a todo eso. El color rojo del amuleto ahora cobraba un nuevo significado. Era un presagio de muerte y tragedia, y me di cuenta de que estaba directamente relacionado con mis acciones y peticiones de la bruja. El amuleto absorbía la energía oscura de mis actos, transformándola en una fuerza maligna que afectaba a todo lo que me rodeaba. Al día siguiente, cuando regresé con el anciano, traía consigo un costal del cual parecía ser que tenía algo por dentro. No me dijo que era. Sólo me lo entregó y me pidió que en cuanto él me lo dijera, se lo volviera a regresar. Me pidió que lo siguiera y que sólo me atuviera a responder sus preguntas. Si necesitaba decir algo, era era mi mejor que me lo guardara o si me sentía mal o quería quejarme. También tenía que guardar silencio. Me encontraba caminando justo detrás de él. No me decía nada. Yo estuve tentada a decirle algo, pero recordé su advertencia. De pronto, en cuanto menos lo esperé, El costal comenzó a pesar. Era raro, pues desde un inicio no parecía pesado. Entonces me preguntó mi nombre completo y mi edad. Me siguió preguntando cosas personales y siempre mantenía la mirada delante de mí. Yo le respondía a lo que se me venía a la mente y el saco pesaba más y más. Ya estaba anocheciendo. Cuando me di cuenta que el costal que traía ya lo estaba arrastrando de tanto peso. Cuando menos lo esperé, ya pesaba tanto que no podía arrastrarlo y el olor a carne podrida estaba por todos lados. Fue cuando me pidió que paráramos un momento. Me comentó que una forma de depurar aquel mal acumulado y energías negativas que traía el amuleto era con ese ritual. El costal había absorbido todo aquel mal que cuando yo hablaba, se acumulaba. Entonces me acercó una pala y me comentó que comenzara a acabar sin darme cuenta ya nos encontrábamos en un cementerio. Yo tenía que seguir en silencio mientras cavaba un par De veces me golpeé y estuve a punto de hablar. Cuando terminamos, el anciano me ayudó a cargar el saco y lo echamos dentro del hoyo Y por último, me pidió que me quitara el amuleto y lo arrojara dentro. Con eso el ritual estaría completo. Me costó trabajo separarme de él. No quería dejarlo así nada más, pero el anciano insistió un peso enorme. Se liberó de mi cuerpo. Me sentía más libre y sin cargas en mí Ya había olvidado esas sons sobre la bruja o chol El brujo maya me comentó que no tuviera miedo de ella, ya no tenía ni un poder sobre mí y para que ella fuera más fuerte era necesario que me mantuviera atada. De hecho, nunca más supe de ella ni la he vuelto a beja. El puesto que tenía en el centro desapareció y dejó de verse, aunque si a mí me llegó a hacer esto, me temo que a más de una persona también afectó. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo