June 26, 2023

Mi Abuelo Le Ganó A Un Demonio Historias De Terror - REDE

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Los relatos del diablo. Les compartiré una de las mejores historias que nos ha contado nuestro abuelo, sobre todo porque aún vive mi abuelo y este año cumple los cien años de vida. La verdad. Creemos que esto se debe a que jugó los tres juegos que le puso el diablo. Mi abuelo se llama Emilio o señor Emilio González Alcedo, como él suele presentarse, Es un hombre respetado y valiente, con una vida llena de misterios y desafíos. Siempre tiene una historia que contarte de algo que le ha pasado en su vida, pero de todas las cosas que ha vivido, ninguna se le parece a cuando se enfrentó contra el mismo diablo. Todo inicio, cuando mi abuelo Emilio estaba en un pueblo cercano al volcán del popocatepet en Cholula, puebla vivía con sus hermanos mayores y sus padres se dedicaba a la construcción de casas en el mismo pueblo. Allí conoció a Rubén, uno de sus mejores amigos desde que comenzó a trabajar durante la época en la que vivió en Cholula. Entre los dos siempre estaban en busca de trabajo. La intención que tenían era salir del pueblo y buscar suerte en Estados Unidos. Ambos juntaban el dinero desde hace tiempo con los trabajos que hacían. Les faltaba poco por conseguir los recursos para el viaje. Cuando a Rubén se le ocurrió apostar todo el dinero en un bar con la intención de ganar de una buena vez, el doble lo perdió todo en un juego de cartas con un hombre de traje negro. Por más que le insistió en jugar una segunda vez. Él se negó a hacerlo. Rubén no tuvo de otra más que comentarle a mi abuelo para que le ayudara a recuperarlo. Mi abuelo, Emilio, no podía creer lo que Rubén le estaba diciendo. Ambos habían trabajado arduamente para ahorrar ese dinero y ahora se encontraba en manos de un desconocido j j u n junto. O se dirigieron al bar y se encontraron con el misterioso hombre de traje negro. Cuando mi abuelo lo vio por primera vez, se dio cuenta que se trataba de un individuo imponente con una mirada penetrante que parecía leer los pensamientos. Mi abuelo se acercó a él y le pidió que le devolviera el dinero que había ganado injustamente. El hombre le sonrió de manera siniestra y le dijo que si deseaba recuperar el dinero, tendría que jugar un juego contra él, pero que tuviera en cuenta que si perdía, no sólo perdería el dinero, perdería algo más valioso como una parte de su vida. Mi abuelo no se dejó intimidar, aceptó el desafío sin dudarlo, y el hombre propuso el primer juego, una partida de cartas. Ambos se sentaron uno frente al otro y comenzaron a barajear. Mientras barajeaba las cartas, el hombre de negro se presentó con mi abuelo, le confesó que venía de un lugar muy lejano, al cual le conocían r como tierra caliente y que había salido un rato a divertirse. Se presentó con el nombre de Marduk. Le dio la mano a mi abuelo y en el momento en que le estrechó, pudo sentir cómo irradiaba calor de ella. Le entregó su juego y mientras que mi abuelo acomodaba sus cartas. Marduk no le quitaba la mirada de encima en vez de concentrarse en su juego. De pronto el bar se mantuvo en silencio un olor intenso azufre se apoderó del lugar. Mi abuelo sintió la garganta seca y al levantar la mirada para pedirle al barman una cerveza, se percató que alrededor de su rival había gente que no estaba antes. Allí. Dos mujeres con el rostro enrojecido y orejas puntiagudas estaban aferradas a los brazos de Marduk. Mi abuelo trató de concentrarse en su juego y olvidar que se estaba secando por dentro. Ambos tenían buenas manos y sabían lo que hacía, pero mi abuelo, siempre ha sido un jugador aficionado, demostró tener más habilidad que aquel sujeto hasta que al final terminó ganándole se le veía molesto a Mardu por su derrota. Las mujeres que estaban a su lado se apartaron de manera inmediata. Era como si supieran cómo se ponía cuando perdía. Se levantó de su lugar y sacó de su bolsillo, un sobre el cual se lo entregó. A mi abuelo lo felicitó por ganarle, pero le pidió la revancha por otra ocasión. De ese modo, aquel sujeto se retiró del bar y con él las dos mujeres. El ambiente dejó de ponerse tenso el olor a Azufre desapareció y todo volvió a la normalidad. Rubén le pidió a mi abuelo que abriera el sobre y contara el dinero, pero lo que encontraron fue un papel que decía que se había ganado una extensión de vida y le pagaría su dinero al doble si ganaba su próximo juego. El documento estaba firmado con el nombre de de Mardu y de pronto el papel ardió en llamas hasta hacerse cenizas. Rubén le comentó que lo mejor sería olvidar todo y que él le pagaría todo al abuelo. Todo parecía indicar que había jugado cartas contra el mismo diablo. Desde ese día y por un buen tiempo, en el pueblo de Cholula no se hablaba de otra cosa más que del juego de Emilio contra el diablo. Mi abuelo se volvió famoso, pero lo que la gente del pueblo no sabía era por lo que estaba pasando. Mi abuelo desde el día en que salió victorioso. Una tarde, cuando regresaba del trabajo, tenía la sensación de que alguien le estaba siguiendo, escuchaba pasos detrás de él y, por más, que volteaba a ver no había nadie detrás. En ciertas ocasiones bellas sombras que corrían de un lado a otro y, curiosamente, el olor a azufre se hacía presente cada vez que ocurría. Esto por las noches, cuando mi abuelo se disponía a dormía al momento de apagar la luz, se hacía presente una figura en la esquina de su habitación era alta y llegaba casi hasta el techo. Por un largo tiempo, mi abuelo durmió con las luces encendidas. Le contó de esto a amigos cercanos y le recomendaron que fueran a visitar a una bruja. Prefirió hacer oídos sordos y, como siempre, arreglar las cosas por su cuenta. Cansado de esta situación, mi abuelo propuso a Rubén que se fueran a vivir a otro pueblo donde estaban solicitando mucha mano de obra. Se trataba del poblado de Malinalco, que daba a seis horas de camino por terracería. Mi abuelo tenía la intención de dejar todo atrás con la esperanza de que las apariciones lo dejaran de molestar. Vivieron tranquilos por un par de meses hasta que una tarde, Rubén y mi abuelo fueron a un viejo salón de billar a pasar el rato un par de horas. Todo parecía estar tranquilo, cuando de pronto el olor del cigarro se combinó con el olor del azufre, el ambiente se tornó denso y las cosas comenzaron a calentarse literalmente. Rubén fue el primero en darse cuenta, pues su cerveza se había calentado. Recordó inmediatamente a Marduck y se acercó rápidamente al abuelo para advertirle que en la entrada se encontraba el diablo. Estaba acompañado por las dos mujeres de antes por más, que intentaron esconderse de él no lo lograron. El ambiente se volvió más pesado. Todos se quedaron en silencio en cuanto se dieron cuenta de su presencia y algunos otros decidieron huir. Martuuk le mostró un sobre lleno de dinero a mi abuelo y le apostó todo el dinero por la extensión de vida que se había ganado anteriormente. Pero mi abuelo se negó a jugar contra él. Pero esto no parecía ser una opción. El rostro de marr cambió una apariencia diabólica. Mi abuelo se dio cuenta de que sería una pésima idea negarse esta vez. El desafío. Sería una partida de billar, a pesar de que mi abuelo no era un jugador experto. Sólo había jugado lo suficiente en esos dos meses que tenían viviendo en Malinalco. Conforme avanzaba la partida. El juego era intenso y reñido ambas partes mostraban habilidades en el manejo del taco y los golpes precisos. Mi abuelo notó que Marduk tenía una gran habilidad para colocar los tiros difíciles. A pesar de ello, no se dejó intimidar. Se concentró en cada jugada que hacía y con gran esfuerzo logró embocar la bola negra en la esquina opuesta del Billar le había ganado nuevamente a Marduk de nueva cuenta que meses atrás, la tensión en el salón se puso fuerte. Las bolas del villar ardieron en llamas. El humo salía de la mesa de Billar Dos, toda la la la gente se fue corriendo y sólo se quedaron Rubén mi abuelo, Marduk y sus dos acompañantes furioso y con la cara roja. Él le preguntó que cómo le hacía o cuál era su truco. Mi abuelo le aseguró que sólo se trataba de pura suerte. Marduk tomó el sobre con el dinero y se lo guardó en su bolsillo y del otro bolsillo sacó otro sobre. Les dijo que la vida de ambos se extendió más y que al siguiente encuentro sería el triple de dinero, pero se jugarían hasta las almas. No perdería otra vez. Mardux salió entonces del salón y con él el olor nauseabundó azufre. La popularidad de mi abuelo creció más que antes. Desde su pueblo natal de Cholula. Lo buscaban para que les contara cómo había logrado vencer al diablo. En dos ocasiones se corrió el rumor de que mi abuelo ya era inmortal, pues le habían extendido a la vida dos veces, pero él estaba temeros. Él sabía que desde ese día en adelante sería atormentado nuevamente por las criaturas del inframundo. Desde esa misma noche, las cosas comenzaron a ponerse turbias para Rubén y mi abuelo apenas llegaron a casa. Las luces se apagaron por sí solas en medio de la oscuridad y las sombras de la casa se aparecían las siluetas de hombres y mujeres. Era como si los estuvieran vigilando, igual que las anteriores, eran altas y llegaban al techo. Apenas se apagaba la luz aparecían de repente no tuvieron de otra que conseguir muchas veladoras y sirios en el templo más cercano para mantener iluminada la casa. Mi abuelo le confesó a Rubén que las ocasiones anteriores en las que había ganado la suerte estuvo a su lado, pero que cada enfrentamiento le desgastaba la vida de alguna manera, Rubén le sugirió lo mismo que le dijeron en Cholula, buscar ayuda adicional para ganar el siguiente juego. De este modo fue como se convenció mi abuelo de ir en busca de la bruja de la Comunidad. No hubo necesidad de presentarse y contarle lo que estaban pasando. La fama que mi abuelo se había hecho le ayudaba para que la bruja lo pudiera apoyar. Resultó que si se estaban enfrentando con un diablo, no era precisamente el rey del Infierno, sino más bien un cegador de almas llamado Marduk. Le gustaba el dinero, las apuestas mujeres y las trampas y había encontrado la piedra de su camino al encontrarse con mi abuelo, pues de alguna manera él tenía una estrella de suerte. Como no sabían cuál sería el siguiente juego. Ella le propuso hacerle una serie de rituales para incrementar más su suerte. Además, le fabricó unas medallitas para mayor protección. Todo estaba listo para su próximo encuentro, el cual pasó muy pronto la tarde de un domingo de abril, a las cinco en odas. En el mismo bar que se jugó la partida de Billar. Allí estaba Marduk esperando a mi abuelo. Le había mandado un mensaje por medio de una de sus mujeres hasta la casa de mi abuelo. Rubén fue quien recibió el mensaje y se lo pasó ya tarde a mi abuelo. El mensaje decía que esperaba Emilio en la mesa del centro en punto de la medianoche jugarían Esta vez dominó y estaba decidido a darle tres veces su dinero y una larga y próspera vida. Si le ganaba mi abuelo se armó con todo lo que pudo y se dirigió a su encuentro en el camino. Rubén le confesó a mi abuelo que sentía mucho miedo y que lamentaba mucho haberlos metido en esa situación. Mi abuelo le decía que las cosas ya estaban hechas y no había por qué lamentarse. Pero Rubén no parecía muy seguro. Aún así, a medida que se acercaban al Bar, la tensión aumentaba en el aire. Mi abuelo podía hacer sentir la presencia maligna de Marduk acechándolo. Sabía que este ser no se detendría hasta obtener lo que quería, pero él estaba decidido a luchar hasta el final y enfrentarse al diablo. Una vez más, cuando mi abuelo entró al Bar, el lugar estaba casi desierto. Sólo había unos pocos clientes dispersos y una atmósfera cargada de expectativa e incertidumbre. Marduk estaba sentado en una mesa rodeado de una extraña aurora oscura. Era imposible ignorarle, ya que parecía llenar la habitación con su malévola energía sin presentarse o saludarse. La partida de dominó comenzó en cuanto mi abuelo se sentó. Se encontraban sentados uno frente al otro con los ojos fijos en el tablero. La tensión era palpable mientras movían las fichas con destreza y estrategia ambos jugadores habilidosos, pero esta vez mi abuelo podía sentir que el diablo estaba aprovechando cada oportunidad para llevarlo al límite. Los minutos pasaron y la partida continuó. Los movimientos cada vez eran más rápidos y audaces. Mi abuelo se encontraba en un estado de concentración extrema. Luchaba contra el agotamiento y la influencia maligna que parecía emanar de Marduk. Finalmente llegó el momento decisivo. Sólo quedaba una ficha en el tablero y Mardo tenía una sonrisa maliciosa en su rostro. Parecía seguro de su victoria, convencido de que mi abuelo no podría superar su último movimiento. Mi abuelo sentía que las fuerzas le abandonaban por su mente pasó la imagen de sus padres y sus hermanos. Recordó aquellos momentos en los que era feliz y no tenía que estarse preocupando por enfrentarse a este tipo de situaciones. Y entonces se dio cuenta de que Rubén estaba parado detrás de Mardock y con sólo verle la mira a su amigo, se dio cuenta de las posibilidades que tenía y saber cómo jugaría la ficha con un movimiento preciso y calculado. La sala quedó en silencio. Mientras las fichas chocaban entre sí para marcar la derrota de Mardock. La sala se llenó de una mezcla de alivio y sorpresa. Mardu, furioso por su derrota, lanzó un grito ensordecedor y desapareció en un torbellino de oscuridad. Las personas que lo rodeaban se disiparon y el olor azufre se desvaneció lentamente y con él una marca de hollín en el piso. El bar se llenó de alegría. En ese momento y las cosas parecían estar mejor. Mi abuelo se había enfrentado al diablo y había salido victorioso. Una vez más, con la extensión de vida que había ganado y el dinero triplicado, tendrían la vida asegurada. Ahora vivirían el resto de sus vidas en paz y dejarían atrás los juegos del diablo. Pero pero en cuanto a la salieron del bar se toparon con Mardoc, quien apuntó a Rubén por tramposo, le castigó quitándole tres partes de su vida y se las otorgó a mi abuelo. Los dos se quedaron estupefactos. Cuando Marduk desapareció en el momento no había pasado nada, así que no le creyeron en absoluto. Pasaron dos meses desde ese encuentro. Aún se hablaba de ese juego. En el bar. Había sido una temporada tranquila. Se consiguieron una casita con mejores condiciones y toda amueblada, y parecía ser que por un tiempo no tendrían la necesidad de trabajar, hasta que un día Rubén decidió ir en busca de algunas cosas a Cholula. Fue emboscado en el camino por desconocidos, quienes le dieron fin a su vida. Lo interesante de esto es que no le quitaron nada. Mucho se habló sobre un ajuste de cuentas, pero las marcas de quemadura en forma de dedo sobre su cuello, le decían otra cosa a mi abuelo. Después de aquel último encuentro, mi abuelo vivió muchos años más. Este año llegará al siglo de vida. Yo siempre he sentido que esos encuentros con el Diablo le dejaron una marca indeleble en su alma. Aunque mi abuelo nunca habla abiertamente sobre lo que había enfrentado, sus ojos transmitían sabiduría y experiencia como si hubiera presenciado lo más oscuro. Hoy en día, cuando escucho las historias sobre mi abuelo y sus encuentros con el Diablo en los poblados mexicanos, no puedo evitar preguntarme si algún día me tocará enfrentar algo tan sobrenatural y maligno. A veces, cuando camino por los estrechos callejones de los pueblos donde vivió mi abuelo, siento una extraña presencia a mi alrededor, como si algo me observara desde las sombras. Y aunque mi mente intenta descartar esas ideas como meras fantasías, siempre hay una parte de mí que se pregunta si la historia de mi abuelo es más que una simple leyenda, si realmente hay fuerzas oscuras acechando en algún rincón, esperando el momento adecuado para desafiarnos. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo