Los Fantasmas De Mazamitla Historias De Terror - REDE

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Los fantasmas en las cabañas. Mi nombre es Sandra y soy originaria de bella vista Jalisco, Pero desde que era pequeña, mis padres se fueron a vivir a la ciudad de Guadalajara porque en el pueblo no habÃa la manera de sacar los recursos suficientes para el sustento. No fue fácil salir adelante en una ciudad en la que no conocÃamos a nadie. Ãramos una familia de siete integrantes, incluidos mis padres. Desde que era adolescente comencé a trabajar en una zapaterÃa que estaba cerca de la casa. En aquella época vivÃamos en la colonia de Analco. Caminando llegaba a mi lugar de trabajo. En algún momento tuve la inquietud de entrar a estudiar, pero empecé a ganar mi dinero y ya no quise dejar de hacerlo. Cuando cumplà la mayorÃa de edad. Fui a las zapaterÃas del Centro de Guadalajara a pedir trabajo. Como tenÃa la edad adecuada y la experiencia. Pronto me conté. Trataron me pagaban bien, sobre todo en la época navideña, porque aumentaban mucho las ventas, pero también el centro se convertÃa en un lugar con mucha gente y bullicio. Aquella Navidad del dos mil quince fue una de las más caóticas. Hubo mucha gente en la zapaterÃa. Entraba a trabajar desde muy temprano y salÃa muy tarde. El trabajo era pesado. También la gente estaba muy alterada. Llegué a tener conflictos con personas sólo porque me demoraba en atenderlas. Después que pasó la época de Navidad y año nuevo, le dije a mi patrona que necesitaba una semana de vacaciones. Ella accedió a dármelas. La temporada alta de ventas ya habÃa pasado y ya me tocaban mis vacaciones. Por lo regular, cuando tenÃa dÃas de descanso, invitaba a mi familia a irnos unos dÃas a nuestro pueblo con alguno de los familiares que tenÃamos, asà que nos Ãbamos cada año a visitar a los parientes. Pero en esta ocasión no quise hacer lo mismo. TenÃa muchas ganas de de alejarme de la gente y poder descansar en silencio. Una compañera de trabajo me dijo que el pueblo de Masamitla era ideal para descansar y sólo estaba a dos horas y media de Guadalajara. Me pareció una excelente opción cuando le dije a mis padres y hermanos que en esta ocasión irÃamos a Masamitla. Mis papás no estuvieron de acuerdo. Ellos querÃan ir de nuevo a su pueblo, porque sólo lo hacÃamos cada año. Pero mi hermana Gabriela sà quiso acompañarme, asà que nos fuimos las dos a conocer el pueblo. Apenas llegamos a Masamitla. Me sorprendà de lo bonito que estaba. Era reconocido como pueblo mágico. Yo también era de un pueblo, pero no se podÃa comparar con Masamitla. TenÃa sus calles empedradas con banquetas. Las casas estaban pintadas de blanco, con su techo de teja rojo. Por el lado que volteara a ver, se veÃa lo pintoresco y bien cuidado del pueblo. Como Masamitla era un lugar rodeado de bosque. En el pueblo OfrecÃan cabañas en renta que estaban apartadas del centro. Justo eso era lo que querÃa. Renté una cabaña por dos noches y tres dÃas en un principio pensé en hospedarnos en una posada dentro del pueblo, porque estaba muy bonito, pero como era un lugar turÃstico, habÃa mucha gente y no tenÃa ganas de más gentÃo, asà que nos fuimos a descansar a una cabaña. Cuando llegamos a la cabaña estaba muy alejada del ruido. Le pedà a la persona que la renté que fuera la cabaña más apartada que tuviera antes de irnos para el lugar de hospedaje. La persona que me rentó la cabaña me dijo que llevara todo lo necesario para comer, porque tendrÃa que caminar mucho para llegar al centro del pueblo. Gabriela y yo compramos los insumos necesarios para pasar unos dÃas relajados. La cabaña estaba construida completamente de madera. TenÃa chimenea y cerca de ella ya no habÃa otra cabaña detrás estaban como mons compañÃa. Los árboles enormes del bosque eran las dos de la tarde. Cuando ingresamos a la vivienda. Al momento de caminar en el piso de madera crujÃa con cada paso las puertas se rechinaban en sÃ. Todo hacÃa ruido al que pronto nos acostumbramos. Le dije a mi hermana Gabriela que fuéramos a caminar a la cascada. Era necesario bajar una colina para poder verla, pero no nos Ãbamos a quedar todo el tiempo acostadas, asà que nos fuimos a admirar la belleza del lugar. La cascada no tenÃa tanta agua porque no era temporal de lluvia, pero uno de los guÃas que estaban en el lugar nos dijo que en otra época se ponÃa más bonito. El regreso de la cascada fue cansado. La subida era difÃcil tuvimos que descansar en ratos. Cuando subimos y nos fuimos hacia nuestra cabaña, el sol ya se habÃa ocultado. La penumbra de la noche se estaba haciendo presente. Antes de llegar a nuestra cabaña, comencé a escuchar que las hojas crujÃan de onda de nosotras. Pensé que alguien más venÃa, pero no habÃa nadie. Sin embargo, el ruido continuaba oyéndose. Nos daba la sensación de que sà habÃa otra persona detrás de nosotras. Le pregunté a Gaby si ella también escuchaba los pasos. Ella me dijo que sÃ, pero siguió caminando sin poner mucha atención. Antes de entrar a la cabaña, volteé hacia atrás para ver si nos seguÃan, pero no pude ver a nadie. En cuanto entramos a la casa, mi hermana encendió la chimenea como estábamos en época de invierno y masamid la se encontraba en el bosque. Se sentÃa mucho frÃo con el confort del lugar. Se me olvidó lo que habÃa escuchado. Me metà a bañar en la tina de baño. Como nunca me habÃa bañado en una tina, no me querÃa salir del agua. Comencé a relajarme mucho. No sé por cuánto tiempo estuve tan a gusto. Cuando me dispuse a salir de Latina, vi que habÃa unas pisadas de alguien más que habÃa entrado al baño como si alguien quien más se hubiese bañado y dejar el piso con las huellas mojadas de los pies descalzos. En lo primero que pensé fue en mi hermana. Quizás cuando vio que me tardé mucho tiempo en salir de Latina, ella se metió a ducharse porque estaban separadas Latina de la ducha. Me salà con la bata de baño siguiendo las pisadas, pero no iban hacia la habitación de mi hermana, sino a la puerta de entrada. No le presté más atención y me fui a cambiar mientras me secaba el cabello. Escuché Cuando cerraron la puerta de la entrada, pensé que mi hermana ya habÃa regresado. Salà buscando a Gaby, pero no estaba por ningún lado. Me quedé descansando junto a la chimenea. Aunque el agua de Latina estaba caliente, el frÃo del lugar era intenso. Lo único que querÃa era un poco más de calor. Poco a poco se me quitó lo entumido de las manos. Estuve frente al fuego. Casi una hora de pronto mi hermana abrió la puerta principal. Ella venÃa muy sonriente. Me dijo que se acababa de hacer amiga de un muchacho que rentaba la cabaña contigua. Le pregunté si estaba segura de eso, porque muy cerca no habÃa ninguna otra vivienda. Ella me aseguró que sÃ. También me dijo que ya tenÃa un buen rato. Charlando con él, le pregunté si ella fue la que entró a ducharse. Ella lo negó rotundamente. Me dijo que desde antes que yo me metiera a Latina, ella salió al bosque a juntar las semillas de los pinos. Le creà porque me lo dijo muy segura. Sin embargo, no sabÃa quién habÃa estado dentro de la cabaña y que tuvo la osadÃa de bañarse al mismo tiempo que yo lo hacÃa. A mi hermana no le dije nada, Sólo le advertà que tuviera cuidado con la gente que platicaba, porque a ese lugar llegaba gente de todas partes y no podÃamos saber las intenciones que tuvieran algunas personas y más si sabÃan que estábamos solas. Ella me dijo que tendrÃa más cuidado. Ya no quise decirle nada más. Sólo pretendÃamos pasarla. Muy bien. Le propuse a mi hermana salir un rato al cobertizo. HabÃa una mesa con sillas, nos preparamos un café de olla y nos dispusimos a escuchar la naturaleza. Era sorprendente lo bonito que se veÃa el cielo estrellado. Mientras tomaba mi café. Gaby sacó un juego de mesa y nos dispusimos a jugar. Mientras nos divertÃamos alcancé a advertir de Reojo que alguien andaba entre los árboles. Le pregunté a Gaby si su amigo habÃa quedado de regresar. Ella me dijo que no. De hecho, ya se marchaba junto con su familia a la ciudad de México. Escuché que alguien corrÃa por un lado de la cabaña. Me asomé y alcancé a distinguir que una persona se escondÃa detrás de uno de los pinos. Aunque estaba muy oscuro, no era posible ver con claridad. Le dije a Gaby que mejor nos metiéramos a la casa antes de cerrar la puerta. Me asomé para ver si veÃa a alguien, pero no habÃan nada. Nadie. Le puse el seguro a la puerta, cerré las cortinas de las ventanas y continuamos jugando al interior de la cabaña. Mi hermana se divertÃa mucho con ese juego. Era uno de sus favoritos. Estaba entusiasmada que no se dio cuenta de que afuera Se escucharon unas pisadas en el cobertizo. Me di cuenta porque escuché de nuevo. Cuando crujió la madera. Le dije que guardara silencio. El crujir de la madera se volvió más fuerte, le hice una señal para que se parara en una ventana y yo en la otra. Con mucho cuidado. Abrà muy poco la cortina, pero desde ese ángulo no pude ver nada. Me fui a la ventana en la que estaba gaby vi a un hombre vestido con pantalón de mezclilla y camisa a cuadros. Unos golpes fuertes en la puerta me hicieron saltar Por algún motivo me daba miedo a abrirla, pero de nuevo tocaron con más intensidad. Le dije a mi hermana que guardase silencio. Sin embargo, los golpes fueron en aumento, como exigiendo que abriera con rapidez. Después de unos minutos todo se quedó en silencio. Dejaron de golpear la puerta. Cuando me sentà más segura, fui abriendo poco a poco la puerta, pero no habÃa nadie afuera, me asomé por ambos lados sin encontrar a ninguna persona. Respiré aliviada pensando que el hombre latoso que habÃa decidido perturbarnos ya se habÃa marchado. El tiempo se nos fue muy rápido y los estragos de la caminata en la cascada se hicieron presentes. Apenas iban a ser las diez de la noche. Le dije a Gaby que me iba a ir a dormir. Ella también se veÃa muy cansada. Le comenté que era mejor irnos a descansar y levantarnos muy temprano al dÃa siguiente para aprovechar el dÃa. Ella estuvo de acuerdo y nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones de inmediato. Me quedé dormida. La calidez de la cabaña ayudaba a tener un buen descanso. No sé cuánto tiempo dormà cuando me despertó el rechinar de la puerta de mi habitación, que se abrÃa poco a poco de inmediato. Me incorporé y me senté en la cama. Esperaba que aquel hombre que habÃa estado tocando entrara y quisiera lastimarme. Tuve mucho miedo. Sin embargo, no entró nadie. Durante unos segundos esperé a ver qué ocurrÃa. Cuando me salà de la cama, la puerta se cerró y se azotó. Mi hermana escuchó el portazo y se levantó asustada. Le conté lo sucedido. No le encontraba explicación alguna. De repente se cerró con fuerza a la puerta de la habitación de ella. Las dos esperábamos que del cuarto saliera a alguien. En la cocina. Comenzó a escucharse el movimiento de varios trastes. Como si estuviesen cocinando, ya no pudimos aguantar más. Nos salimos corriendo de la cabaña. Afuera, el frÃo mordÃa nuestra piel. Mi hermana empezó a temblar de frÃo. No sabÃa qué hacer antes de que pudiera tomar una decisión. Se comenzaron a escuchar risas de niños como si estuvieran jugando. Con claridad. Oà que entraban corriendo a la cabaña, pero no logré ver nada. De pronto se cerró la puerta principal. Ya no me quise quedar por más tiempo afuera de la cabaña. Le dije a mi hermana que entrarÃa por unos zapatos y un suéter porque habÃamos salido descalzas. Le pedà que me esperara afuera que no entrara. Abrà la puerta lentamente no habÃa nadie en la sala. Entré por nuestras pertenencias. Mi hermana no me hizo caso. Se vino detrás de mÃ. Saqué rápidamente lo que pude de repente escuché el grito de mi hermana. Estaba aterrada apuntando hacia la cocina. Ahà habÃa dos niñas como de diez años. Ellas nos miraban atentas. Las dos traÃan un vestido igual de color blanco. Su cabello suelto hasta los hombros. Comenzó a moverse como si el viento las estuviera despeinando. Detrás de ellas apareció aquel hombre que estuvo tocando. Ya no pudimos estar por más tiempo al interior de la cabaña. Las dos salimos corriendo con el miedo. Ya no nos pusimos los zapatos. Corrimos hacia otra cabaña, pero la siguiente casa no estaba tan cerca. Detrás de mÃ. VenÃa a mi hermana. Ella se detuvo porque me dijo que algo se le habÃa encajado en la planta del pie. Cuando la revisé, le encontré un pedazo de vidrio. Se lo quité, pero comenzó a sangrar. Le dije que nos esperarÃamos un poco a que se detuviera la sangre. La herida estaba un poco profunda. Me arranqué un pedazo de la manga de mi blusa y le amarré la herida. En pocos minutos pudo caminar. Ya estábamos muy cerca de otra de las cabañas. Toqué la puerta de esa cabaña. Al mismo tiempo les dije a las personas que estaban en el interior mi nombre y lo que nos habÃa ocurrido, pero no salió. Nadie desconocÃa si estaba habitada. Le hice la señal a Gaby para irnos a otra de las cabañas. Ya no podÃamos correr. Nos fuimos caminando de acuerdo a cómo mi hermana pudiera hacerlo. Con frecuencia volteabas atrás porque tenÃa miedo de que nos estuvieran siguiendo conforme avanzamos de nuevo. Escuché las risas y las pisadas detrás de nosotras, pero no podÃamos caminar con más rapidez. Mi hermana estaba lastimada de su pie y no veÃa ninguna otra cabaña alrededor. Gaby me dijo que le dolÃa su pie que descansáramos un poco. Vi el amarre que le hice con el pedazo de tela. Ya estaba completamente rojo por la sangre que salÃa de la herida. Vi unos troncos grandes que estaban cerca. Le dije que nos fuéramos a sentar. Mientras estuvimos sentadas en los troncos, tenÃa miedo de que en cualquier momento me saliera uno de esos espÃritus o lo que sea que fuera, porque no tenÃa la menor idea de lo que estaba sucediendo. Fue necesario quedarnos por más tiempo en ese lugar. Aunque logré sacar dos suéteres tenÃamos mucho frÃo. No podÃamos dejar de temblar. Comenzó a descender la niebla que traÃa lo helado del clima y que tampoco nos permitió ver más lejos con el reposo que tuvo Gaby y la herida dejó de sangrar. Le pregunté si ya estaba en condiciones de caminar. Ella me respondió que sÃ, podrÃa hacerlo, pero preferÃa quedarse otro rato más de pronto vi a lo lejos entre la niebla que tres seres se movÃan. Aún estaban lejos, pero pude distinguir a las dos niñas y al hombre detrás de ellas avanzaban lentamente. Mi hermana habÃa logrado quedarse dormida. No quise despertarla y que se asustara. No podÃamos hacer nada porque ella no podÃa caminar por mucho tiempo. Asà que nos quedamos en ese lugar. Aunque tomé esa decisión. Estaba muerta de miedo porque no tenÃa la menor idea de qué eran esos seres y qué querÃan de las dos. Cuando ya estaban más cerca de nosotras, pensé que Ãbamos a morir. TenÃa mucho miedo porque era la primera vez que veÃa algo de esa naturaleza. Pude verles las caras a cada uno de ellos. Ellos el hombre tenÃa el rostro con la piel pegada a los huesos no tenÃa ojos, sólo dos cavidades negras. MantenÃa la boca abierta como si la parte baja de la mandÃbula se le hubiera caÃdo por el peso. Estaba extremadamente delgado de su cabeza. Sólo salÃan unos cuantos mechones de cabello. Por lo mismo que no tenÃa ojos, no sabÃa si nos podÃa ver. Pude ver a las dos niñas no tenÃan la misma edad. La más grande aún conservaba sus ojos eran grandes y oscuros. La niña más pequeña sólo tenÃa un ojo de la cuenca. EscurrÃa un lÃquido negro y viscoso. TenÃa mis piernas encogidas, metà mi cabeza entre las rodillas y cerré los ojos. Al paso de ellos sentà más frÃo como una oleada de aire más helado. Ellos se fueron de largo y no se detuvieron con nosotras. La niebla poco a poco se fue disipando. Mi hermana me preguntó si todo estaba bien. Le dije que sÃ. Ya estaba haciendo menos frÃo. Le dije que pronto podrÃamos ir a otra cabaña a pedir ayuda. Ya casi no quedaba nada de niebla pude ver a lo lejos otra cabaña. Le dije a mi hermana si querÃa ir conmigo o me esperaba yo regresarÃa con ayuda, pero ella no se quiso quedar. No le quise decir que los tres espÃritus habÃan pasado cerca de nosotras. Tardamos más tiempo en llegar a la otra cabaña. Cuando lo hicimos, se alcanzaba a notar que ya comenzaba a amanecer. Asà que toqué en la puerta. TenÃa temor de que en esta cabaña tampoco hubieran personas. Sin embargo, escuché una voz del interior que nos preguntaba qué querÃamos. Era la voz de una mujer. Por suerte, nos ayudaron de inmediato afuera. TodavÃa estaba oscuro. Aunque estaba próxima la luz del dÃa, esa pareja nos ofreció un té caliente y se metieron a su habitación. Nos quedamos por más tiempo en el calor de la chimenea. Al poco tiempo vi que los primeros rayos del sol comenzaron a desplazar la oscuridad. Me quise quedar un rato más porque vi a Gaby que ya no sangraba y comenzaba a calentarse después de un rato. Le dije a mi hermana que era hora de irnos toqué en la habitación para agradecer a las personas que nos habÃan ayudado, pero no abrieron la puerta. Pensé que se habÃan quedado dormidas. Ya no quise molestar y nos fuimos a las oficinas para reportar lo sucedido. En recepción estaba un joven que nos atendió de inmediato. Le contamos todo lo que nos ocurrió durante la noche. Nos preguntó si estábamos en la última cabaña la que estaba pegada al bosque. Le respondà que esa era. Nos dijo que, por lo regular, esa cabaña no se rentaba porque está muy alejada del centro y que poca gente la querÃa sólo en temporada alta era cuando se usaba el muchacho. No me decÃa nada respecto a lo que vimos, ni tampoco me contradijo de nuevo. Le insistà en lo que habÃa pasado. Ãl ya no tuvo más remedio que contarnos lo que sabÃa. Nos dijo que hacÃa muchos años en esa cabaña un hombre mató a dos niñas de los padres. Sólo sabÃa que era un matrimonio joven. Le pregunté por qué el hombre se veÃa junto con ellas. El muchacho no me supo responder. SabÃa muy poco, porque su patrón no le quiso decir toda la historia para que no trascendiera el rumor y después no quisieran rentar las cabañas. También le dije del matrimonio joven que nos ayudó. Revisó la libreta de los que estaban rentando. Me dijo que éramos las únicas huéspedes en la cabaña diez ni en ninguna otra habÃan personas hospedadas. Le dije que era verdad. Incluso a mi hermana la habÃa curado y le mostré su pie. Entendà que el muchacho no quisiera hablar más. Lo que no supe fue todo lo que nos sucedió esa noche. Siniestra. Mi hermana coincidió conmigo de que habÃan sido las almas de esas personas que no podÃan descansar y que el matrimonio joven eran los pares de las niñas asesinadas. Pero la verdad no la pudimos saber, ni tampoco quisimos quedarnos a averiguarlo pedà mi reembolso por la otra noche, que habÃa reservado. Ya no quisimos quedarnos por más tiempo, sino ponerse. Me lo dieron. Eso me hizo dudar más de lo que pasaba en esas dos cabañas. Prefiero guardarme el nombre del lugar en el que nos hospedamos. Relato escrito y adaptado por Adriana cuevas?








