Jan. 19, 2024

Los Fantasmas De Mazamitla Historias De Terror - REDE

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Los fantasmas en las cabañas. Mi nombre es Sandra y soy originaria de bella vista Jalisco, Pero desde que era pequeña, mis padres se fueron a vivir a la ciudad de Guadalajara porque en el pueblo no había la manera de sacar los recursos suficientes para el sustento. No fue fácil salir adelante en una ciudad en la que no conocíamos a nadie. Éramos una familia de siete integrantes, incluidos mis padres. Desde que era adolescente comencé a trabajar en una zapatería que estaba cerca de la casa. En aquella época vivíamos en la colonia de Analco. Caminando llegaba a mi lugar de trabajo. En algún momento tuve la inquietud de entrar a estudiar, pero empecé a ganar mi dinero y ya no quise dejar de hacerlo. Cuando cumplí la mayoría de edad. Fui a las zapaterías del Centro de Guadalajara a pedir trabajo. Como tenía la edad adecuada y la experiencia. Pronto me conté. Trataron me pagaban bien, sobre todo en la época navideña, porque aumentaban mucho las ventas, pero también el centro se convertía en un lugar con mucha gente y bullicio. Aquella Navidad del dos mil quince fue una de las más caóticas. Hubo mucha gente en la zapatería. Entraba a trabajar desde muy temprano y salía muy tarde. El trabajo era pesado. También la gente estaba muy alterada. Llegué a tener conflictos con personas sólo porque me demoraba en atenderlas. Después que pasó la época de Navidad y año nuevo, le dije a mi patrona que necesitaba una semana de vacaciones. Ella accedió a dármelas. La temporada alta de ventas ya había pasado y ya me tocaban mis vacaciones. Por lo regular, cuando tenía días de descanso, invitaba a mi familia a irnos unos días a nuestro pueblo con alguno de los familiares que teníamos, así que nos íbamos cada año a visitar a los parientes. Pero en esta ocasión no quise hacer lo mismo. Tenía muchas ganas de de alejarme de la gente y poder descansar en silencio. Una compañera de trabajo me dijo que el pueblo de Masamitla era ideal para descansar y sólo estaba a dos horas y media de Guadalajara. Me pareció una excelente opción cuando le dije a mis padres y hermanos que en esta ocasión iríamos a Masamitla. Mis papás no estuvieron de acuerdo. Ellos querían ir de nuevo a su pueblo, porque sólo lo hacíamos cada año. Pero mi hermana Gabriela sí quiso acompañarme, así que nos fuimos las dos a conocer el pueblo. Apenas llegamos a Masamitla. Me sorprendí de lo bonito que estaba. Era reconocido como pueblo mágico. Yo también era de un pueblo, pero no se podía comparar con Masamitla. Tenía sus calles empedradas con banquetas. Las casas estaban pintadas de blanco, con su techo de teja rojo. Por el lado que volteara a ver, se veía lo pintoresco y bien cuidado del pueblo. Como Masamitla era un lugar rodeado de bosque. En el pueblo Ofrecían cabañas en renta que estaban apartadas del centro. Justo eso era lo que quería. Renté una cabaña por dos noches y tres días en un principio pensé en hospedarnos en una posada dentro del pueblo, porque estaba muy bonito, pero como era un lugar turístico, había mucha gente y no tenía ganas de más gentío, así que nos fuimos a descansar a una cabaña. Cuando llegamos a la cabaña estaba muy alejada del ruido. Le pedí a la persona que la renté que fuera la cabaña más apartada que tuviera antes de irnos para el lugar de hospedaje. La persona que me rentó la cabaña me dijo que llevara todo lo necesario para comer, porque tendría que caminar mucho para llegar al centro del pueblo. Gabriela y yo compramos los insumos necesarios para pasar unos días relajados. La cabaña estaba construida completamente de madera. Tenía chimenea y cerca de ella ya no había otra cabaña detrás estaban como mons compañía. Los árboles enormes del bosque eran las dos de la tarde. Cuando ingresamos a la vivienda. Al momento de caminar en el piso de madera crujía con cada paso las puertas se rechinaban en sí. Todo hacía ruido al que pronto nos acostumbramos. Le dije a mi hermana Gabriela que fuéramos a caminar a la cascada. Era necesario bajar una colina para poder verla, pero no nos íbamos a quedar todo el tiempo acostadas, así que nos fuimos a admirar la belleza del lugar. La cascada no tenía tanta agua porque no era temporal de lluvia, pero uno de los guías que estaban en el lugar nos dijo que en otra época se ponía más bonito. El regreso de la cascada fue cansado. La subida era difícil tuvimos que descansar en ratos. Cuando subimos y nos fuimos hacia nuestra cabaña, el sol ya se había ocultado. La penumbra de la noche se estaba haciendo presente. Antes de llegar a nuestra cabaña, comencé a escuchar que las hojas crujían de onda de nosotras. Pensé que alguien más venía, pero no había nadie. Sin embargo, el ruido continuaba oyéndose. Nos daba la sensación de que sí había otra persona detrás de nosotras. Le pregunté a Gaby si ella también escuchaba los pasos. Ella me dijo que sí, pero siguió caminando sin poner mucha atención. Antes de entrar a la cabaña, volteé hacia atrás para ver si nos seguían, pero no pude ver a nadie. En cuanto entramos a la casa, mi hermana encendió la chimenea como estábamos en época de invierno y masamid la se encontraba en el bosque. Se sentía mucho frío con el confort del lugar. Se me olvidó lo que había escuchado. Me metí a bañar en la tina de baño. Como nunca me había bañado en una tina, no me quería salir del agua. Comencé a relajarme mucho. No sé por cuánto tiempo estuve tan a gusto. Cuando me dispuse a salir de Latina, vi que había unas pisadas de alguien más que había entrado al baño como si alguien quien más se hubiese bañado y dejar el piso con las huellas mojadas de los pies descalzos. En lo primero que pensé fue en mi hermana. Quizás cuando vio que me tardé mucho tiempo en salir de Latina, ella se metió a ducharse porque estaban separadas Latina de la ducha. Me salí con la bata de baño siguiendo las pisadas, pero no iban hacia la habitación de mi hermana, sino a la puerta de entrada. No le presté más atención y me fui a cambiar mientras me secaba el cabello. Escuché Cuando cerraron la puerta de la entrada, pensé que mi hermana ya había regresado. Salí buscando a Gaby, pero no estaba por ningún lado. Me quedé descansando junto a la chimenea. Aunque el agua de Latina estaba caliente, el frío del lugar era intenso. Lo único que quería era un poco más de calor. Poco a poco se me quitó lo entumido de las manos. Estuve frente al fuego. Casi una hora de pronto mi hermana abrió la puerta principal. Ella venía muy sonriente. Me dijo que se acababa de hacer amiga de un muchacho que rentaba la cabaña contigua. Le pregunté si estaba segura de eso, porque muy cerca no había ninguna otra vivienda. Ella me aseguró que sí. También me dijo que ya tenía un buen rato. Charlando con él, le pregunté si ella fue la que entró a ducharse. Ella lo negó rotundamente. Me dijo que desde antes que yo me metiera a Latina, ella salió al bosque a juntar las semillas de los pinos. Le creí porque me lo dijo muy segura. Sin embargo, no sabía quién había estado dentro de la cabaña y que tuvo la osadía de bañarse al mismo tiempo que yo lo hacía. A mi hermana no le dije nada, Sólo le advertí que tuviera cuidado con la gente que platicaba, porque a ese lugar llegaba gente de todas partes y no podíamos saber las intenciones que tuvieran algunas personas y más si sabían que estábamos solas. Ella me dijo que tendría más cuidado. Ya no quise decirle nada más. Sólo pretendíamos pasarla. Muy bien. Le propuse a mi hermana salir un rato al cobertizo. Había una mesa con sillas, nos preparamos un café de olla y nos dispusimos a escuchar la naturaleza. Era sorprendente lo bonito que se veía el cielo estrellado. Mientras tomaba mi café. Gaby sacó un juego de mesa y nos dispusimos a jugar. Mientras nos divertíamos alcancé a advertir de Reojo que alguien andaba entre los árboles. Le pregunté a Gaby si su amigo había quedado de regresar. Ella me dijo que no. De hecho, ya se marchaba junto con su familia a la ciudad de México. Escuché que alguien corría por un lado de la cabaña. Me asomé y alcancé a distinguir que una persona se escondía detrás de uno de los pinos. Aunque estaba muy oscuro, no era posible ver con claridad. Le dije a Gaby que mejor nos metiéramos a la casa antes de cerrar la puerta. Me asomé para ver si veía a alguien, pero no habían nada. Nadie. Le puse el seguro a la puerta, cerré las cortinas de las ventanas y continuamos jugando al interior de la cabaña. Mi hermana se divertía mucho con ese juego. Era uno de sus favoritos. Estaba entusiasmada que no se dio cuenta de que afuera Se escucharon unas pisadas en el cobertizo. Me di cuenta porque escuché de nuevo. Cuando crujió la madera. Le dije que guardara silencio. El crujir de la madera se volvió más fuerte, le hice una señal para que se parara en una ventana y yo en la otra. Con mucho cuidado. Abrí muy poco la cortina, pero desde ese ángulo no pude ver nada. Me fui a la ventana en la que estaba gaby vi a un hombre vestido con pantalón de mezclilla y camisa a cuadros. Unos golpes fuertes en la puerta me hicieron saltar Por algún motivo me daba miedo a abrirla, pero de nuevo tocaron con más intensidad. Le dije a mi hermana que guardase silencio. Sin embargo, los golpes fueron en aumento, como exigiendo que abriera con rapidez. Después de unos minutos todo se quedó en silencio. Dejaron de golpear la puerta. Cuando me sentí más segura, fui abriendo poco a poco la puerta, pero no había nadie afuera, me asomé por ambos lados sin encontrar a ninguna persona. Respiré aliviada pensando que el hombre latoso que había decidido perturbarnos ya se había marchado. El tiempo se nos fue muy rápido y los estragos de la caminata en la cascada se hicieron presentes. Apenas iban a ser las diez de la noche. Le dije a Gaby que me iba a ir a dormir. Ella también se veía muy cansada. Le comenté que era mejor irnos a descansar y levantarnos muy temprano al día siguiente para aprovechar el día. Ella estuvo de acuerdo y nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones de inmediato. Me quedé dormida. La calidez de la cabaña ayudaba a tener un buen descanso. No sé cuánto tiempo dormí cuando me despertó el rechinar de la puerta de mi habitación, que se abría poco a poco de inmediato. Me incorporé y me senté en la cama. Esperaba que aquel hombre que había estado tocando entrara y quisiera lastimarme. Tuve mucho miedo. Sin embargo, no entró nadie. Durante unos segundos esperé a ver qué ocurría. Cuando me salí de la cama, la puerta se cerró y se azotó. Mi hermana escuchó el portazo y se levantó asustada. Le conté lo sucedido. No le encontraba explicación alguna. De repente se cerró con fuerza a la puerta de la habitación de ella. Las dos esperábamos que del cuarto saliera a alguien. En la cocina. Comenzó a escucharse el movimiento de varios trastes. Como si estuviesen cocinando, ya no pudimos aguantar más. Nos salimos corriendo de la cabaña. Afuera, el frío mordía nuestra piel. Mi hermana empezó a temblar de frío. No sabía qué hacer antes de que pudiera tomar una decisión. Se comenzaron a escuchar risas de niños como si estuvieran jugando. Con claridad. Oí que entraban corriendo a la cabaña, pero no logré ver nada. De pronto se cerró la puerta principal. Ya no me quise quedar por más tiempo afuera de la cabaña. Le dije a mi hermana que entraría por unos zapatos y un suéter porque habíamos salido descalzas. Le pedí que me esperara afuera que no entrara. Abrí la puerta lentamente no había nadie en la sala. Entré por nuestras pertenencias. Mi hermana no me hizo caso. Se vino detrás de mí. Saqué rápidamente lo que pude de repente escuché el grito de mi hermana. Estaba aterrada apuntando hacia la cocina. Ahí había dos niñas como de diez años. Ellas nos miraban atentas. Las dos traían un vestido igual de color blanco. Su cabello suelto hasta los hombros. Comenzó a moverse como si el viento las estuviera despeinando. Detrás de ellas apareció aquel hombre que estuvo tocando. Ya no pudimos estar por más tiempo al interior de la cabaña. Las dos salimos corriendo con el miedo. Ya no nos pusimos los zapatos. Corrimos hacia otra cabaña, pero la siguiente casa no estaba tan cerca. Detrás de mí. Venía a mi hermana. Ella se detuvo porque me dijo que algo se le había encajado en la planta del pie. Cuando la revisé, le encontré un pedazo de vidrio. Se lo quité, pero comenzó a sangrar. Le dije que nos esperaríamos un poco a que se detuviera la sangre. La herida estaba un poco profunda. Me arranqué un pedazo de la manga de mi blusa y le amarré la herida. En pocos minutos pudo caminar. Ya estábamos muy cerca de otra de las cabañas. Toqué la puerta de esa cabaña. Al mismo tiempo les dije a las personas que estaban en el interior mi nombre y lo que nos había ocurrido, pero no salió. Nadie desconocía si estaba habitada. Le hice la señal a Gaby para irnos a otra de las cabañas. Ya no podíamos correr. Nos fuimos caminando de acuerdo a cómo mi hermana pudiera hacerlo. Con frecuencia volteabas atrás porque tenía miedo de que nos estuvieran siguiendo conforme avanzamos de nuevo. Escuché las risas y las pisadas detrás de nosotras, pero no podíamos caminar con más rapidez. Mi hermana estaba lastimada de su pie y no veía ninguna otra cabaña alrededor. Gaby me dijo que le dolía su pie que descansáramos un poco. Vi el amarre que le hice con el pedazo de tela. Ya estaba completamente rojo por la sangre que salía de la herida. Vi unos troncos grandes que estaban cerca. Le dije que nos fuéramos a sentar. Mientras estuvimos sentadas en los troncos, tenía miedo de que en cualquier momento me saliera uno de esos espíritus o lo que sea que fuera, porque no tenía la menor idea de lo que estaba sucediendo. Fue necesario quedarnos por más tiempo en ese lugar. Aunque logré sacar dos suéteres teníamos mucho frío. No podíamos dejar de temblar. Comenzó a descender la niebla que traía lo helado del clima y que tampoco nos permitió ver más lejos con el reposo que tuvo Gaby y la herida dejó de sangrar. Le pregunté si ya estaba en condiciones de caminar. Ella me respondió que sí, podría hacerlo, pero prefería quedarse otro rato más de pronto vi a lo lejos entre la niebla que tres seres se movían. Aún estaban lejos, pero pude distinguir a las dos niñas y al hombre detrás de ellas avanzaban lentamente. Mi hermana había logrado quedarse dormida. No quise despertarla y que se asustara. No podíamos hacer nada porque ella no podía caminar por mucho tiempo. Así que nos quedamos en ese lugar. Aunque tomé esa decisión. Estaba muerta de miedo porque no tenía la menor idea de qué eran esos seres y qué querían de las dos. Cuando ya estaban más cerca de nosotras, pensé que íbamos a morir. Tenía mucho miedo porque era la primera vez que veía algo de esa naturaleza. Pude verles las caras a cada uno de ellos. Ellos el hombre tenía el rostro con la piel pegada a los huesos no tenía ojos, sólo dos cavidades negras. Mantenía la boca abierta como si la parte baja de la mandíbula se le hubiera caído por el peso. Estaba extremadamente delgado de su cabeza. Sólo salían unos cuantos mechones de cabello. Por lo mismo que no tenía ojos, no sabía si nos podía ver. Pude ver a las dos niñas no tenían la misma edad. La más grande aún conservaba sus ojos eran grandes y oscuros. La niña más pequeña sólo tenía un ojo de la cuenca. Escurría un líquido negro y viscoso. Tenía mis piernas encogidas, metí mi cabeza entre las rodillas y cerré los ojos. Al paso de ellos sentí más frío como una oleada de aire más helado. Ellos se fueron de largo y no se detuvieron con nosotras. La niebla poco a poco se fue disipando. Mi hermana me preguntó si todo estaba bien. Le dije que sí. Ya estaba haciendo menos frío. Le dije que pronto podríamos ir a otra cabaña a pedir ayuda. Ya casi no quedaba nada de niebla pude ver a lo lejos otra cabaña. Le dije a mi hermana si quería ir conmigo o me esperaba yo regresaría con ayuda, pero ella no se quiso quedar. No le quise decir que los tres espíritus habían pasado cerca de nosotras. Tardamos más tiempo en llegar a la otra cabaña. Cuando lo hicimos, se alcanzaba a notar que ya comenzaba a amanecer. Así que toqué en la puerta. Tenía temor de que en esta cabaña tampoco hubieran personas. Sin embargo, escuché una voz del interior que nos preguntaba qué queríamos. Era la voz de una mujer. Por suerte, nos ayudaron de inmediato afuera. Todavía estaba oscuro. Aunque estaba próxima la luz del día, esa pareja nos ofreció un té caliente y se metieron a su habitación. Nos quedamos por más tiempo en el calor de la chimenea. Al poco tiempo vi que los primeros rayos del sol comenzaron a desplazar la oscuridad. Me quise quedar un rato más porque vi a Gaby que ya no sangraba y comenzaba a calentarse después de un rato. Le dije a mi hermana que era hora de irnos toqué en la habitación para agradecer a las personas que nos habían ayudado, pero no abrieron la puerta. Pensé que se habían quedado dormidas. Ya no quise molestar y nos fuimos a las oficinas para reportar lo sucedido. En recepción estaba un joven que nos atendió de inmediato. Le contamos todo lo que nos ocurrió durante la noche. Nos preguntó si estábamos en la última cabaña la que estaba pegada al bosque. Le respondí que esa era. Nos dijo que, por lo regular, esa cabaña no se rentaba porque está muy alejada del centro y que poca gente la quería sólo en temporada alta era cuando se usaba el muchacho. No me decía nada respecto a lo que vimos, ni tampoco me contradijo de nuevo. Le insistí en lo que había pasado. Él ya no tuvo más remedio que contarnos lo que sabía. Nos dijo que hacía muchos años en esa cabaña un hombre mató a dos niñas de los padres. Sólo sabía que era un matrimonio joven. Le pregunté por qué el hombre se veía junto con ellas. El muchacho no me supo responder. Sabía muy poco, porque su patrón no le quiso decir toda la historia para que no trascendiera el rumor y después no quisieran rentar las cabañas. También le dije del matrimonio joven que nos ayudó. Revisó la libreta de los que estaban rentando. Me dijo que éramos las únicas huéspedes en la cabaña diez ni en ninguna otra habían personas hospedadas. Le dije que era verdad. Incluso a mi hermana la había curado y le mostré su pie. Entendí que el muchacho no quisiera hablar más. Lo que no supe fue todo lo que nos sucedió esa noche. Siniestra. Mi hermana coincidió conmigo de que habían sido las almas de esas personas que no podían descansar y que el matrimonio joven eran los pares de las niñas asesinadas. Pero la verdad no la pudimos saber, ni tampoco quisimos quedarnos a averiguarlo pedí mi reembolso por la otra noche, que había reservado. Ya no quisimos quedarnos por más tiempo, sino ponerse. Me lo dieron. Eso me hizo dudar más de lo que pasaba en esas dos cabañas. Prefiero guardarme el nombre del lugar en el que nos hospedamos. Relato escrito y adaptado por Adriana cuevas?