Los 4 Pacientes Malditos Y Los Archivos Clasificados Del Psiquiátrico Historias De Terror - REDE

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Un mal milagro. Hace casi cuarenta años trabajé en una clÃnica que, según los mismos estatus de la clÃnica, funcionaba exclusivamente para brindar atención psiquiátrica. Sin embargo, la realidad era otra mucho más opaca. La clÃnica de la cual me reservaré el nombre y la ubicación era propiedad de la Iglesia Católica. Ellos la administraban y la mantenÃan en sà como tal. Las condiciones en las que estaban los pacientes eran buenas, tomando en cuenta las condiciones estándar de aquella época. Pero habÃa un problema uno muy grande. No todas las personas que estaban ingresadas habÃan sido clÃnicamente diagnosticadas con alguna enfermedad mental. Especialmente habÃa cuatro internos que, aunque sà presentaban cuadros sintomáticos, fueron ingresados en la clÃnica sin que un especialista los diagnosticara. Los nombres que voy a dar para los pacientes no son sus verdaderos nombres. Estaba Quirino, un muchacho que aparentaba tener un fuerte cuadro depresivo, Fabiola, una niña que parecÃa estar bajo el yugo de un trastorno de ansiedad, Senaida, una señora con todos los sÃntomas claros de un esquizofrénico y Don Octavio, un señor de la tercera edad que presentaba múltiples afecciones en su personalidad y su comportamiento por cuestiones de que yo, en aquel entonces era una joven madre soltera, habÃa solicitado trabajar durante la noche. Cuando yo ingresé a la clÃnica, esos cuatro pacientes ya estaban ahà y desde que me explicaron cuáles serÃan mis funciones, me dejaron muy en claro que debÃa ser extremadamente cuidadosa con esos cuatro internos, porque estaban categorizados como de alta peligrosidad, tanto para ellos, para los internos y para el personal de la clÃnica. Aquà he de aclarar que yo era la persona más joven del lugar. Esto porque, como no tenÃa dinero para estudiar la carrera, me las arreglé para que un profesor de la universidad la pagara por mÃ, además de que también conseguà que me adelantaran materias para poder graduarme antes. Una vez que recibà toda la capacitación necesaria como para poder estar durante un turno sin supervisión directa, empecé a buscar la forma en la que yo trabajarÃa, el orden en que realizarÃa las actividades y demás detalles que me permitieran hacer mi turno más ameno, como yo iba a ser la única. Con el turno nocturno fijo tenÃa la obligación de llevar las hojas clÃnicas de los cuatro internos de alta peligrosidad. Eso no significaba que sólo yo tendrÃa actividades relacionadas con ellos, porque todo aquel que estuviera en el turno nocturno tenÃa sus respectivas funciones. Pero como los demás rolarÃan actividades verÃan como mucho a esos s pacientes dos o tres veces por semana. Yo, al ser mis actividades fijas, yo verÃa forzosamente a esos cuatro pacientes todos los dÃas. Para esto deben entender que pasó hace muchos años, además de que era una institución privada propiedad de la Iglesia, lo que hice fue distribuir a esos cuatro pacientes entre todo el turno para no sentirme abrumada en caso de que los internos se pusieran difÃciles. Ya con mi plan de trabajo empecé ese primer turno sin supervisión directa. En mi jornada hacÃa muchas otras cosas que no implicaban a esos cuatro pacientes, pero solamente me centraré en contar lo relacionado a ellos y me limitaré a no mencionar las actividades ubicadas entre cada uno de los internos. El primero en mi lista era el joven quirino. Ãl definitivamente te podÃa bajar el buen ánimo entrar a revisar que estuviera bien bien, Era abrumador, tenÃa una cara de sentir una profunda tristeza. Una de las cosas que tenÃa que hacer era tratar que el joven pudiera pedirme algo que le generara interés o placer. Me refiero a que si quisiera jugar a algo o una comida favorita cualquier cosa que lo ayudara a aumentar sus niveles de serotonina y dopamina. Su expediente decÃa que era un lector voraz. HabÃa formado parte de un club de lectura y hasta habÃa publicado un ensayo para su universidad. Aún asà y cuando yo le preguntaba si habÃa algo que quisiera, su respuesta era que el diablo deje de torturarme y me mate de una vez. La siguiente en mi lista era la señora Zenaida, a pesar de que se me habÃa pedido que la tratara como esquizofrénica. Desde la primera vez que la visité, empecé a dudar de que la mujer realmente tuviera ese padecimiento, si tenÃa alucinaciones delirios y a alteraciones emocionales, pero su comportamiento, su pensamiento y su lenguaje funcionaban correctamente, cosa que no sucede en un cuadro esquizoide. La mujer decÃa que podÃa escuchar que las esquinas le hablaban, que en las esquinas estaban las sombras y que por eso no se acercaba a las esquinas, porque las sombras intentaban agarrarla. No importaba a dónde fuera esa sombra. Siempre la perseguÃan acechándola desde las esquinas, pero ella estaba consciente de que yo no podÃa ver ni oÃr esas sombras. No intentaba convencerme de que su percepción era real. Recuerdo que la primera vez que le pregunté sobre esas sombras, lo primero que respondió fue usted. No se preocupe. Las sombras vienen del infierno. Solo se le aparecen a los que estamos destinados a ir. Ahà pudiera sonar como una afirmación irracional, pero de hecho es muy racional, porque la mujer identificaba un factor con son para poder percibir a las sombras de las que ella hablaba, lo cual definitivamente es imposible para una persona con esquizofrenia. Después de la señora seguÃa ir con la pequeña fabiola. La pobre habÃa estado expuesta a una situación tan traumática que quedó con una alta predisposición a sufrir ataques de ansiedad muy fuertes, los cuales eran provocados por las muchas otras secuelas que le quedaron Debido a ese evento traumático. Dormir le daba pánico, porque siempre tenÃa pesadillas. La única manera en que podÃa descansar era estando medicada. La cuestión era que, por su corta edad no podÃamos darle la dosis completa y lo que le dábamos sólo la mantenÃa dormida por cuatro o cinco horas después habÃa que esperar veinticuatro horas para volver a darle el medicamento. Debido a su situación tan complicada, todo el tiempo estaba temblando lo que la hacÃa marearse y también sudar. Por lo mismo, habÃa que mantenerla muy bien hidratada todo el tiempo, pero habÃa algo raro con la situación de la pequeña. En su expediente. No se hacÃa una mención descriptiva del evento traumático. La única anotación escrita era evitar las sesiones bÃblicas, porque es un desencadenante. La clÃnica, al ser dirigida por el clero, daba una terapia especial que se centraba en utilizar las diferentes lecturas de la Biblia para mantener en calma a los internos, pues a esa niña era la única de todos los pacientes que no podÃa tomar esa terapia. Me pareció sumamente extraño desde un inicio. El último de los pacientes era Don Octavio, el señor PadecÃa de lo que hoy se conoce como teide lo que en aquellos años nosotros llamábamos trastorno de personalidad múltiple de por sÃ. Esa condición mental era muy enigmática, pero el caso es poco de Don Octavio era particularmente llamativo. Ãl tenÃa trece identidades adicionales a la suya. Esas personalidades se identificaban a sà misma como Jesucristo y sus doce apóstoles. La habitación asignada para Don Octavio era especial. En el interior. TenÃa un foco que cambiaba de color. HabÃa catorce colores diferentes que se iban intercambiando durante las veinticuatro horas del dÃa. La situación era que cada color detonaba que una identidad se manifestara. El color rojo era Jesucristo, y el azul era Don Octavio. Se tenÃan que forzar las manifestaciones de todas las identidades, porque cuando una identidad pasaba mucho tiempo sin tomar el control del cuerpo comenzaba a desestabilizarse y luchaba contra las demás identidades para tomar el control, lo que volvÃa al paciente sumamente violento, ya fuera con él mismo o contra el personal. HabÃa una advertencia. Cuando el foco estuviera en color negro, no se podÃa entrar a la habitación del paciente, porque la personalidad que estaba manifestada era única. Todo el tiempo era peligrosa judas iscariote. DÃa con dÃa. Fui adaptándome a mi trabajo, aprendiendo, pero yo empecé a obsesionarme un poco. Con esos cuatro pacientes. HabÃa muchas cosas que no me cuadraba. Por ejemplo, eso de que estuvieran clasificados como altamente peligrosos. El joven estaba catalogado como depresivo. Las personas que sufren depresión no representan un peligro directo para las otras personas. Puede dañar a sus seres queridos a nivel emocional. Pero ese no es motivo suficiente para que se le considere como altamente peligroso con la señora Cada dÃa me convencÃa que, de alguna manera, a pesar de las alucinaciones, ella estaba muy cuerda. Luego, el expediente de Don Octavio no decÃa nada sobre cómo, porque habÃa desarrollado tantas identidades, además que todas y cada una de ellas fueran personalidades bÃblicas. Daba mucho que pensar el mismo caso con la niña. Nada en su expediente, excepto que escuchar la biblia. La regresaba a ese evento traumático, demasiadas preguntas y pocas respuestas. Yo necesitaba salir de dudas y tuve una idea. Empecé a socializar con los tres compañeros que se turnaban para estar a cargo de los archivos de la clÃnica en el dÃa habÃa más personas en el archivo, pero en las noches sólo estaba una persona. Pasaron más de dos meses hasta que tuve una oportunidad. El compañero que estaba en el archivo esa noche estaba indispuesto porque tenÃa un problema en el estómago antes de medio turno. Tuvo que ir al baño urgente y me pidió el favor que me quedara ahÃ, por si alguien necesitaba algún archivo en cuanto giro en el pasillo. Yo entré rápido al archivo y busqué los expedientes de mis cuatro pacientes. Saqué copia de ellos. Metà todas las hojas en un falde y salà del lugar. Estando fuera en lo que esperaba a mi compañero, tomé el periódico y metà en medio todas las copias Fueron unos minutos de mucha adrenalina. Si me descubrÃan, perderÃa el empleo Afortunadamente, en la mañana pude irme a mi casa con esas copias. Aquà es importante mencionar que las hojas que a nosotros nos daban sobre los internos no eran los archivos completos, sólo lo necesario para saber cómo tratarlos, porque un archivo completo incluÃa cosas sensibles como la información de la familia. Por eso nosotros no tenÃamos acceso al archivo. Ya estando en casa, comencé a leer. El primero que leà fue el del señor de tercera edad. Su caso era el más extremo de los cuatro. Por eso era el que más me daba curiosidad. Desde la primera hoja me quedé pasmada. Se trataba de un sacerdote. La primer parroquia a la que lo habÃan asignado estaba ubicada en la ciudad de Tepic antes de cumplir una década en la iglesia. Lo movieron a Cancún. Me pareció un cambio demasiado extremo. Después pasado un poco menos de tiempo que la primera vez lo movieron de nuevo a un lugar lejÃsimos, hasta la ciudad de Reinosa. Luego lo volvieron a mover hasta Mérida. Era evidente que algo pasaba con ese sacerdote. En menos de veinticinco años habÃa estado en cuatro iglesias diferentes, siendo cada cambio muy radical en cuanto a distancia se refiere ahÃ, en Mérida tampoco duró mucho, porque a los seis años lo movieron a Pachuca, después a Cullia c NS de ahà a Hermosillo, en esa ciudad del estado de Sonora. Fue la última vez que estuvo al frente de una parroquia. En las siguientes hojas se explicaban los motivos por los cuales habÃa sido transferido de forma tan drástica. Estuvo en siete parroquias diferentes en cuarenta años lo movieron de tepic porque ahà tuvo cinco hijos de cinco mujeres diferentes, todas jovencitas. En Cancún tuvo otro hijo. En Reinosa, tuvo dos. En Mérida, tuvo uno más. En Pachuca, tuvo otros dos, en Culiacán otro y en Hermosillo un último. En total fueron trece hijos varones de trece mujeres diferentes, todas demasiado jóvenes. Eso no era todo. El sacerdote habÃa bautizado a todos sus hijos y él habÃa elegido. Los nombres del mayor al menor eran Pedro, Jacobo, Andrés, Juan Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santo Santiago, Simón, Tadeo, Judas y Jesús. Y si esto ya suena terrible, no era lo peor. El sacerdote habÃa convencido a todas y cada una de las jovencitas de matar a los bebés durante el equinoccio que abre paso al otoño toda una completa y total abominación. Aunque no se decÃa explÃcitamente, se daba a entender que la iglesia estuvo enterada desde el principio de lo que estaba sucediendo con ese sacerdote, porque por eso lo movÃan de parroquia. Sin embargo, sobre el motivo por el cual no se hizo nada al respecto, no se menciona nada. Yo supongo que para evitar el escándalo que aquello supondrÃa seguà leyendo el archivo tras la muerte del último de los hijos, hasta el que habÃa sido bautizado con el nombre de Jesús, al dÃa siguiente, el Sacristán de la iglesia fue a buscar al obispo de la ciudad para pedir ayuda, porque afirmaba que el sacerdote se habÃa vuelto loco. Cuando el obispo le solicitó que fuera más preciso sobre su aseveración, el sacristán dijo que habÃa encontrado al sacerdote intentando clavarse él mismo a la pared de su cuarto. Como el sacristán no supo qué hacer ante aquella escena tan escalofriante, se fue directo a buscar al obispo. Cuando el sacristán, el obispo y demás personal de la catedral llegaron a ver al sacerdote ya se habÃa clavado dos pies y una mano estaba intentando crucificarse. Obviamente, no pudo clavar la mano faltante. Al cuestionarle el por qué hacÃa eso, su respuesta fue yo. Soy Jesucristo. Se supone que debo morir en la cruz. Ãl al tratarse de un sacerdote, no fue enviado directamente a la clÃnica, sino que lo llevaron a un lugar que no especificaba en el archivo y ahà lo tuvieron aislado bajo observación por muchos meses. Fue en ese sitio que observaron cómo cada cierto tiempo cambiaba a llamarse a sà mismo de otros nombres, siendo un total de catorce, incluyendo el suyo propio. Conociendo el historial del sacerdote, llegaron a la conclusión de que lo que habÃa pasado era que estaba siendo poseÃdo por trece diferentes entidades demonÃacas, y no era que las entidades demonÃacas se estuvieran haciendo pasar por Jesús y los apóstoles, sino que los seres habÃan asimilado los nombres de los trece hijos que habÃa tenido y cuyas muertes habÃa orquestado. Pero como el sacerdote habÃa elegido los nombres de Jesús y sus apóstoles, eso provocaba que los demonios de forma indirecta se identificaran con ellos doce de trece entidades demonÃacas eran peligrosas para el sacerdote porque las doce intentaban arrebatarle la vida en la forma en la que habÃan muerto. Pedro Jesús Andrés y Felipe querÃan crucificarse. Jacobo intentaba decapitarse, Bartolomé tenÃa la intención de arrancarse la piel y asà cada uno respectivamente. La entidad que se hacÃa llamar Judas no era peligrosa para el sacerdote, sino que representaba un peligro para quienes estuvieran cerca. En el archivo se incluÃan fotos sobre personas que habÃan sido atacadas por esa entidad. En etapas tempranas de la observación hicieron muchos. No sé cuál serÃa el término correcto, pero vamos a decir que fueron muchos experimentos con el sacerdote a tal punto que lograron encontrar una forma de disminuir la peligrosidad de todas las entidades demonÃacas en las hojas se explicaba, pero yo no entendà mucho. Ellos descubrieron que, forzando el cambio de identidad se evitaba que los demonios actuaran de forma hostil. La forma que forzaban ese cambio de identidad era con luces de diferentes colores. También habÃa una explicación del por qué cada color invocaba a cada ser demonÃaco, pero tampoco lo entendÃ. Sin embargo, al demonio que se hacÃa llamar judas s nunca lo lograron controlar. Finalmente se tomó la decisión de enviar al sacerdote a la clÃnica. Recuerdo que cuando terminé de leer ese archivo, me puse a pensar que cuando habÃa extraÃdo los documentos, me habÃa imaginado encontrar cualquier cosa menos lo que se decÃan las hojas. Era hora de llevar a mis hijas a la escuela. Asà que eso hice estando de vuelta en casa, a pesar de que sabÃa que tenÃa que dormir. Era tanta mi intriga por descubrir lo que decÃan los demás archivos que me preparé un café bien cargado y agarré el archivo del joven para comenzar a leerlo. El joven habÃa sido trasladado desde el Estado de México por orden del obispo. Su abuela, la encargada de un grupo eclesiástico. Ella organizaba visitas a los enfermos para llevarles la comunión y esa clase de cosas. En una de esas visitas, el enfermo al que fueron a visitar resultó no estar enfermo del cuerpo, sino de espÃritu. Estaba poseÃdo claro que la abuela del muchacho no lo sabÃa. Tampoco lo sabÃan los familiares de la persona. Ellos legÃtimamente creÃan que estaba enfermo. En cuanto le acercaron la comunión al enfermo se volvió loco y atacó a todos los que estaban en la habitación. Hubo tres personas gravemente heridas y una persona murió. La abuela del joven el poseÃdo murió atropellado en cuanto salió corriendo de la casa en el expediente decÃa la forma en la que un sacerdote habÃa logrado identificar que la persona estaba poseÃda, Asà que fue al amor que a ver el cuerpo. El párroco de la iglesia, a la que asistÃa a su abuela, mantuvo contacto todo el tiempo con el joven. En el expediente estaban las descripciones de muchas conversaciones que el párroco habÃa tenido con el joven y analizándolas se hace evidente que el muchacho va cayendo poco a poco en esa depresión, pero no sólo eso, sino que hay un factor que es clave para el internamiento del joven. En la transcripción de las conversaciones se puede ver como al principio, el joven se mostraba confundido ante la decisión que Dios tomó sobre la forma en que morirÃa su abuela. Con el pasar del tiempo, esa confusión se convierte en un fuerte cuestionamiento y al final, el joven no teme en mostrar su desprecio hacia Dios a tal punto que en la última conversación, el párroco dice que el joven maldijo a Dios. Después de eso, el párroco perdió contacto con el muchacho durante meses, hasta que una madrugada lo despertaron unos fuertes golpes en la puerta de la parroquia. Los golpes estaban acompañados de gritos. Se trataba del joven. Ãl necesitaba confesarse con urgencia porque, según sus propias palabras, acababa de hacer un trato con el diablo. El párroco, tratando de comprar cómo ayudar. Al joven lo cuestionó sobre ese trato, pero él no le respondió. Sólo extendió su mano izquierda, a lo que el párroco intuyó que deberÃa sujetar la mano. En cuanto lo hizo, tuvo horribles visiones sobre el infierno. El párroco impactado acompañó al joven hasta la capilla para que le rezara a la virgen y, mientras tanto, él fue a llamar a su superior para informar de la situación. En la mañana que llegó personal de la diócesis para hacerse cargo, encontraron al joven rezando en la capilla y al sacerdote tirado. Después se especifican muchas cosas que no son relevantes, pero las últimas tres páginas eran impactantes. Se describÃa cómo la salud del sacerdote se deterioró en cuestión de cuatro dÃas. Vivió lo justo para dar toda la información sobre lo sucedido después murió. El archivo incluÃa una foto del sacerdote muerto. También decÃa que todo aquel que sujetara la mano de la izquierdo del joven sufrirÃa la misma muerte que el párroco. Por eso debÃa ser internado urgentemente bajo la clasificación de altamente peligroso. Yo de verdad no podÃa creer lo que acababa de leer en ese archivo. Era imposible. Claro que por más ilógico que pudiera parecer, la información descrita en ese archivo explicaba tres cosas. La primera era el por qué no existÃa ningún diagnóstico médico que justificara la estancia de ese joven, ya que habÃa sido enviado directamente por orden de un obispo. La segunda era el por qué el paciente era considerado tan peligroso. Y la tercera era que le daba sentido a las palabras del joven cada que le preguntaba si querÃa algo, cuando me decÃa que lo único que querÃa era que el diablo lo matara De una vez ese dÃa ya no pude continuar leyéndolos. Me generaba ansiedad el pensar qué podrÃa encontrarme con casos similares o inclusive peor, Asà que tomé la decisión de dejar pasar unos cuantos dÃas en lo que me reponÃa de la impresión al siguiente turno. Llegué con muchos nervios, con esa sensación de que sabes que hiciste algo indebido y tienes la incertidumbre de que en cualquier momento te van a decir que te descubrieron. Pero tuve suerte y nadie se enteró de la extracción. Dejé pasar cinco dÃas y entonces una mañana, estando en mi casa, después de terminar mi turno nocturno, me puse a leer el siguiente archivo, el de la Señora. La señora era originaria del Estado de México, pero vivÃa en el puerto de Veracruz cuando fue trasladada a la clÃnica. En ese momento tenÃa cincuenta años sin pareja y sin hijos. PertenecÃa a una familia rica y poderosa que tenÃa lazos con la iglesia. Ahà en las hojas estaba el apellido, pero prefiero no nombrarlo para evitar problemas. La mujer habÃa aprovechado muy bien el dinero de su familia porque su currÃculum era impresionante. TenÃa una licenciatura en historia, con especialización en historia antigua, diplomados en arqueologÃa y antropologÃa. También habÃa hecho diversos estudios teológicos en paÃses como Jordania, LÃbano, Egipto, Palestina, Irak, Israel e inclusive habÃa tomado clases dentro de la Ciudad del Vaticano. La mujer era una eminencia. Muchas de las hojas que formaban parte de su archivo eran situaciones bÃblicas. Tales situaciones estaban separadas por apartados y estos apartados tenÃan tÃtulos. El primero decÃa nadie ha subido al cielo. Otros apartados decÃan las almas pueden morir y no hay fuego en el infierno. Frases que para mÃ, que nunca he leÃdo la Biblia, no tenÃan ningún sentido, Pero estoy segura que los versÃculos que integraban los apretados de cada frase significarÃan algo para quien entiende esos temas. Después de esos apartados que eran varias hojas. HabÃa fotografÃas de manuscritos que a simple vista se notaba que tenÃa muchos cientos de años de antigüedad. Esos manuscritos, al ser antiguos, evidentemente, no estaban en español y no tengo idea del idioma, pero debajo de las fotografÃas habÃa pequeñas anotaciones. No recuerdo todo, pero sà un par Una de las anotaciones decÃa encontrado al sur de Egipto en mil novecientos cuarenta y cinco, y el otro recuerdo que decÃa encontrado más allá de Jérico en mil novecientos cincuenta y seis. Llegando hasta ahÃ, estuve a punto de dejar de leer ese archivo porque no estaba entendiendo nada, pero al pasar a la siguiente página, leà algo que me llamó la atención si en el archivo del muchacho la causa de su traslado a la clÃnica. HabÃa sido escrita como pacto con el diablo la la causa de la de que la mujer fuera internada decÃa el castigo de Dios. Durante varias páginas se desarrollaba el concepto para entender lo que era el castigo de Dios. Comenzaba explicando que el libre albedrÃo nació en el Edén, con ese árbol del que Adán y Eva no podÃan tomar el fruto. El libre albedrÃo no era un regalo de Dios, era más bien una facultad desencadenante. Las hojas eran muy redundantes y daban explicaciones sobre explicaciones ya dadas a lo que entendà era que Adán y Eva utilizaron el libre albedrÃo para actuar en contra de Dios, lo que causó que recibieran el castigo de Dios. El ser expulsado del Edén era un mero simbolismo. Ese hecho en sà no representaba un castigo como tal. El verdadero castigo era ser llevados lejos de Dios, lejos de su protección divina. Eso era el castigo de Dios. Pero al ser un castigo de semejantes dimensiones, iba as asar ya de sólo afectarlos a ellos. Toda su familia y la descendencia de su familia fue condenada a sufrir el mismo castigo. Por eso habÃa ocurrido un diluvio y por eso después habÃan quedado varados en el desierto. Después de ocho páginas de explicaciones redundantes, apareció una foto donde la mujer internada en la clÃnica decÃa que, según los testimonios tomados de su misma familia, ella, tras leer documentos no canónicos, se habÃa obsesionado con encontrar referencias a esos documentos no canónicos dentro de la misma Biblia. Su familia contó que empezó a perder la cordura. Llegó a su punto más extremo, cuando se encerró durante tres dÃas y tres noches en su cuarto sin comida y sin agua, sólo con traducciones de los textos no canónicos y con una biblia. Su familia estaba tan preocupada por ella que, haciendo uso de su buena relación con la iglesia, consiguieron que el arzobispo a a c u ndo a su casa para ver a la mujer. Estando el arzobispo en la casa, la mujer salió de su habitación con un rostro inexpresivo. Cuando el clérigo trató de hablar con ella, la mujer pronunció unas palabras Dios Es un mentiroso. Las hojas decÃan que, en cuanto a la mujer pronunció esas palabras, cayó un trueno sobre la casa, causando serios daños en la estructura. De hecho, habÃa fotografÃas y una carta de la aseguradora, donde informaban que no podÃan cubrir los años de la casa debido a que el reporte meteorológico indicaba que era imposible que un rayo impactara sobre la casa. Al dÃa siguiente murió el padre de la mujer accidente de auto terminando el funeral. Un asaltante mató a la madre. El menor de los hermanos se ahorcó por la muerte de ambos padres. Esa misma semana, el abuelo murió porque se quedó dormido mientras estaba dentro de la tina de baño. Al mayor de los hermanos le dispararon. La esposa del hermano mayor no pudo soportar su muerte y se causó una sobredosis. Por último, ya cuando la mujer estaba sola en casa, dos amigas suyas fueron a visitarla. La casa se incendió y las amigas murieron. El arzobispo fue a visitar a la mujer al hospital. La encontró delirando y hablando de las sombras que la acechaban desde las esquinas, asà que el arzobispo la envió a la clÃnica. Según el archivo, cuando la mujer pronunció aquellas palabras blasfemas, fue condenada de inmediato bajo el castigo de Dios. Por eso las personas más cercanas a ella, con las que tenÃa un vÃnculo emocional importante, habÃan muerto dejándola sola. En cuanto a las sombras de las que hablaba, se trataba de demonios, los cuales podÃan acecharla porque Dios ya no la estaba protegiendo. En la última página del archivo estaba el motivo por el cual se le consideraba de alta peligrosidad. DecÃa que durante los primeros meses alguien del personal entabló una especie de amistad con la interna. Esa persona Murió cuando, mientras limpiaba su casa, al estar barriendo las escaleras, tumbó una figura que tenÃa de San Judas. Tadeo la figura rodó por las escaleras, haciéndola tropezar, Se golpeó en la cabeza y murió desangrada. Justo cuando terminé de leer ese archivo, me empezó a llegar un olor. Como ha quemado. VenÃa de mi cuarto. Fui rápido a revisar una pequeña libreta. HabÃa resbalado y habÃa caÃdo sobre una vela que siempre tenÃa encendida. Con cuidado. Retiré la libreta, la llevé al lavado, la mojé y luego salà a tirarla a la basura. Después regresé a mi cuarto y volvà a acomodar la vela, porque cuando la libreta le cayó encima, la movió un poco. Esabela siempre la tenÃa encendida. El padre de mis hijas habÃa fallecido antes de que yo entrara a la universidad. Fue mi primer novio. Nunca nos casamos, pero vivÃamos juntos. Cuando le dio un infarto, él era muy creyente. Por eso le tenÃa esa vela encendida. Siempre fui a la cocina, Me servà un café bien cargado y me senté en el sillón para leer el último archivo que me faltaba el de la niña pequeña. La niña era originaria de la ciudad de Puebla. Su mamá trabajaba haciendo el aseo en un recinto de la arquidiócesis. La niña siempre acompañaba a su madre para ayudarle con las labores. En una ocasión, mientras madre e hija se encontraban en el recinto, a la madre le enviaron a realizar unas compras, ella dejó a la niña ahÃ. La madre tardó cuatro horas en regresar al recinto. Cuando estuvo de vuelta, no vio a su hija, pero era normal que la niña se pusiera a jugar y correr por todo el lugar. Nunca hacÃa destrozos. Por lo mismo, nadie le decÃa nada. Ya cuando la madre habÃa terminado de hacer todas las actividades del dÃa, se puso a buscar a su hija y la encontró en un salón al fondo del recinto. No quiero dar detalles, pero cuando la madre encontró a la niña era evidente que alguien la habÃa atacado. Antes de que la madre pudiera hacer algo por su hija, La niña la atacó violentamente. Mordió en repetidas ocasiones su cuello, provocándole la muerte. Fue una monja a la que en la noche encontró en ese salón a la niña y a la madre muerta. La niña no atacó a la monja. La religiosa corrió a buscar ayuda aquÃ. Al igual que en el caso del sacerdote y sus hijos, la iglesia se hizo cargo de ocultar todo. En el caso de lo sucedido con la niña, su excusa fue que, como ocurrió dentro de un edificio religioso y la difunta era trabajadora del recinto, entonces a ellos les tocaba hacerse cargo. Interrogando a la niña se supo que habÃan sido dos sacerdotes los que la habÃan atacado, y la niña supo decir quiénes fueron los cuales, en un principio fueron enviados a otras ciudades. También se le pidió a la niña que explicara lo que habÃa pasado con su madre. Lo que decÃa en las hojas era que, cuando la niña iba a responder sus ojos se pusieron amarillos y le cambió el tono de voz a uno que no correspondÃa a su cuerpo. En su respuesta, llamó a su madre con un pronombre inadecuado y se justificó diciendo que ella tenÃa la culpa de lo que le habÃa pasado y que por eso la habÃa matado para empeorar la situación. Con el pasar de las semanas, resultó que la niña estaba embarazada, pero en las imágenes que estaban incluidas en el archivo vivo, lo que se podÃa observar no tenÃa forma de bebé ParecÃa más bien como si fuera un insecto. Mientras la criatura iba creciendo dentro del vientre de la niña, se hacÃa más evidente que lo que tenÃa en su interior no era humano. Las conclusiones a las que habÃa llegado la Iglesia era que se trataba de una entidad oscura que, como la criatura, era producto de un acto impuro y cruel. La naturaleza del ser que se habÃa formado era antinatural. Por eso la Iglesia tomó la decisión de poner fin a esa criatura porque la niña corrÃa el riesgo de morir. En la última hoja del archivo estaba una imagen del cusano y debajo de la imagen, decÃa veintiocho meses de gestación. Al terminar de leer ese último archivo, la perspectiva que tenÃa sobre la clÃnica en la que trabajaba habÃa sido alterada completamente por los casos de estos cuatro internos. Mi forma de tratarlos también cambió. Me comporté un poco más cálida con la niña y fui mucho más frÃa con el señor de la tercera edad. Una mañana de tantas, mientras mis hijas estaban en la escuela, yo me encontraba dormida y en mi sueño podÃa haber humo ese sueño lo sentà tan real que me desperté porque me llevó el olor a humo. Al revisar todo estaba bien, pero mis ojos estaban irritados. Esa semana, los cuatro pacientes de alta peligrosidad estuvieron raros. Durante uno de mis turnos. El joven me preguntó si yo no podÃa oÃr al diablo, pregunta la cual, por supuesto, ignoré, ya que nunca se deben alimentar las percepciones alteradas que los pacientes tienen sobre la realidad. Además, era la primera vez que él hacÃa un comentario de ese estilo. Posiblemente cualquiera de mis compañeros lo pudo haber tomado como indicio de x cosa, pero al yo saber que ese paciente habÃa hecho un pacto con el diablo, la manera en que percibà su pregunta fue con un poco de incomodidad. A los dos dÃas me tocó llevar a la señora a la enfermerÃa porque presentaba quemaduras leves en uno de sus brazos mientras la encaminaba le pregunté y cómo se habÃa hecho esas quemaduras. Lo que me respondió fue que en las esquinas ya no habÃa sombras, sino que llamas de fuego. La niña también estuvo más alterada de lo normal. No querÃa tomar su medicamento. Se resistÃa y alegaba que no era por las pesadillas. DecÃa que algo malo iba a pasar y que no querÃa estar dormida. Cuando eso pasara, no me tocó a mÃ, pero otros compañeros, tanto del turno nocturno, tuvieron que darle el medicamento disuelto En lo que le daban de beber. Fue durante la madrugada de un viernes para amanecer en sábado que cuando fui a revisar al señor de la Tercera Edad, la entidad que estaba manifestada era Jesús. Hice mi trabajo y ya cuando me iba a retirar, me dijo el séptimo dÃa, el señor descansa, pero mañana enviará al espÃritu Santo a purificar este lugar. En caso de que eso tuviera un significado real, yo no podrÃa verlo porque al dÃa siguiente era mi descanso. Mi horario. Nunca tenÃa un dÃa de descanso fijo. Cambiaba cada semana y en esa ocasión, por primera vez desde que entré a trabajar a la clÃnica, me tocó descansar un sábado para amanecer en domingo. Lo aproveché para pasar tiempo con mis hijas hacer cosas juntas ahà en la casa. A eso de las tres de la tarde, Mientras ellos veÃan la televisión, yo estaba en la cocina preparándoles un pastel. Me llegó un olor a quemado venÃa de mi cuarto. Cuando fui a revisar encontré la pequeña libreta que yo habÃa tirado a la basura estaba acomodada enseguida de la vela que yo siempre tenÃa encendida. No era posible que esa libreta estuviera ahà porque yo la habÃa tirado a la basura. A la medianoche, alguien empezó a tocar la puerta de la casa con desesperación. Cuando fui a abrir era la vecina. Ella se alivió de verme y me dijo que habÃa pensado que yo estaba en la clÃnica. Cuando le pregunté por qué estaba tan alterada, me respondió que mi lugar de trabajo se estaba quemando. Le pedà de favor a la vecina que se quedara con mis hijas y yo rápidamente me fui a la clÃnica para intentar ayudar en algo. En cuanto llegué, los bomberos ya estaban controlando el fuego. Esa noche no murió nadie, pero los dÃas posteriores en el hospital murieron ocho de los internos porque habÃan sufrido fuertes quemaduras. Yo platiqué con mis compañeros para saber qué era lo que habÃa pasado y lo que me contaron es algo muy fuerte. Uno de los internos iba a ser dado de alta el domingo por la mañana. Ya tenÃa varios años en el n el la clÃnica y a pesar de que no estaba curado, habÃa logrado el suficiente avance como para necesitar cuidados menores, tan menores que su familia podÃa hacerse cargo. Un compañero lo estaba llevando a que tomara una ducha en el trayecto. TenÃan que pasar por el lugar del joven que habÃa hecho un pacto con el diablo. El compañero se distrajo y no se dio cuenta de que el joven le habÃa hablado al otro paciente para que se acercara. Cuando el compañero volteó, lo único que alcanzó a ver fue que ambos se estaban saludando de mano. En eso, el paciente que iba a ser dado de alta, se prendió en fuego sin ningún motivo aparente. En su desesperación, terminó estrellándose contra una esquina, lo que hizo que las cosas que estaban cerca empezaran a quemarse. El compañero rápidamente corrió por el extintor mientras hacÃa escándalo para que los demás compañeros que estaban en turno acudieran al lugar. No funcionó ninguno de los tres extintores que habÃa en la clÃnica para cuando los compañeros en turno se dieron cuenta que el fuego ya estaba fuera de control, era demasiado tarde. Sacaron a unos cuantos pacientes antes de verse obligados a tener que salir. Después llegaron los bomberos y lograron sacar a todos, pero veinte tuvieron que ser llevados al hospital de esos veinte ocho iban muy mal los mismos ocho que murieron. El fuego no logró extenderse por toda la clÃnica. Sólo cubrió las áreas de las habitaciones, pero hubo cuatro que no sufrieron ni un rasguño por el fuego y fueron la de los cuatro pacientes catalogados como de alta peligrosidad. Por Si esto no fuera suficiente, los ocho pacientes que murieron estaban ubicados en las habitaciones conjuntas. Murió una persona que estaba en la habitación de la derecha y otra que estaba en la habitación de la izquierda, de cada uno de los cuales cuatro pacientes peligrosos. ParecÃa ser un acto milagroso que los cuatro pacientes con situaciones tan peculiares resultaran completamente ilesos a tal punto que el fuego no llegó a donde ellos estaban. Claro que es complicado creer que un milagro va a salvar a un joven que hizo un pacto con el Diablo, a una señora que blasfemó contra Dios, a una niña que mató a su propia madre y a un anciano que, mientras ejercÃa como sacerdote, tuvo hijos a los cuales ordenó sacrificar. No parece posible que personas asà pudieran ser merecedoras de un milagro, pero aún asÃ. Eso era lo que parecÃa. Eso fue lo que dijeron los que supieron. No me atreverÃa a negar que se tratara de un acto milagroso, pero yo lo llamarÃa de otra forma. Yo lo llamarÃa un mal milagro. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras








