July 17, 2023

Los 4 Pacientes Malditos Y Los Archivos Clasificados Del Psiquiátrico Historias De Terror - REDE

Los 4 Pacientes Malditos Y Los Archivos Clasificados Del Psiquiátrico Historias De Terror - REDE

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Un mal milagro. Hace casi cuarenta años trabajé en una clínica que, según los mismos estatus de la clínica, funcionaba exclusivamente para brindar atención psiquiátrica. Sin embargo, la realidad era otra mucho más opaca. La clínica de la cual me reservaré el nombre y la ubicación era propiedad de la Iglesia Católica. Ellos la administraban y la mantenían en sí como tal. Las condiciones en las que estaban los pacientes eran buenas, tomando en cuenta las condiciones estándar de aquella época. Pero había un problema uno muy grande. No todas las personas que estaban ingresadas habían sido clínicamente diagnosticadas con alguna enfermedad mental. Especialmente había cuatro internos que, aunque sí presentaban cuadros sintomáticos, fueron ingresados en la clínica sin que un especialista los diagnosticara. Los nombres que voy a dar para los pacientes no son sus verdaderos nombres. Estaba Quirino, un muchacho que aparentaba tener un fuerte cuadro depresivo, Fabiola, una niña que parecía estar bajo el yugo de un trastorno de ansiedad, Senaida, una señora con todos los síntomas claros de un esquizofrénico y Don Octavio, un señor de la tercera edad que presentaba múltiples afecciones en su personalidad y su comportamiento por cuestiones de que yo, en aquel entonces era una joven madre soltera, había solicitado trabajar durante la noche. Cuando yo ingresé a la clínica, esos cuatro pacientes ya estaban ahí y desde que me explicaron cuáles serían mis funciones, me dejaron muy en claro que debía ser extremadamente cuidadosa con esos cuatro internos, porque estaban categorizados como de alta peligrosidad, tanto para ellos, para los internos y para el personal de la clínica. Aquí he de aclarar que yo era la persona más joven del lugar. Esto porque, como no tenía dinero para estudiar la carrera, me las arreglé para que un profesor de la universidad la pagara por mí, además de que también conseguí que me adelantaran materias para poder graduarme antes. Una vez que recibí toda la capacitación necesaria como para poder estar durante un turno sin supervisión directa, empecé a buscar la forma en la que yo trabajaría, el orden en que realizaría las actividades y demás detalles que me permitieran hacer mi turno más ameno, como yo iba a ser la única. Con el turno nocturno fijo tenía la obligación de llevar las hojas clínicas de los cuatro internos de alta peligrosidad. Eso no significaba que sólo yo tendría actividades relacionadas con ellos, porque todo aquel que estuviera en el turno nocturno tenía sus respectivas funciones. Pero como los demás rolarían actividades verían como mucho a esos s pacientes dos o tres veces por semana. Yo, al ser mis actividades fijas, yo vería forzosamente a esos cuatro pacientes todos los días. Para esto deben entender que pasó hace muchos años, además de que era una institución privada propiedad de la Iglesia, lo que hice fue distribuir a esos cuatro pacientes entre todo el turno para no sentirme abrumada en caso de que los internos se pusieran difíciles. Ya con mi plan de trabajo empecé ese primer turno sin supervisión directa. En mi jornada hacía muchas otras cosas que no implicaban a esos cuatro pacientes, pero solamente me centraré en contar lo relacionado a ellos y me limitaré a no mencionar las actividades ubicadas entre cada uno de los internos. El primero en mi lista era el joven quirino. Él definitivamente te podía bajar el buen ánimo entrar a revisar que estuviera bien bien, Era abrumador, tenía una cara de sentir una profunda tristeza. Una de las cosas que tenía que hacer era tratar que el joven pudiera pedirme algo que le generara interés o placer. Me refiero a que si quisiera jugar a algo o una comida favorita cualquier cosa que lo ayudara a aumentar sus niveles de serotonina y dopamina. Su expediente decía que era un lector voraz. Había formado parte de un club de lectura y hasta había publicado un ensayo para su universidad. Aún así y cuando yo le preguntaba si había algo que quisiera, su respuesta era que el diablo deje de torturarme y me mate de una vez. La siguiente en mi lista era la señora Zenaida, a pesar de que se me había pedido que la tratara como esquizofrénica. Desde la primera vez que la visité, empecé a dudar de que la mujer realmente tuviera ese padecimiento, si tenía alucinaciones delirios y a alteraciones emocionales, pero su comportamiento, su pensamiento y su lenguaje funcionaban correctamente, cosa que no sucede en un cuadro esquizoide. La mujer decía que podía escuchar que las esquinas le hablaban, que en las esquinas estaban las sombras y que por eso no se acercaba a las esquinas, porque las sombras intentaban agarrarla. No importaba a dónde fuera esa sombra. Siempre la perseguían acechándola desde las esquinas, pero ella estaba consciente de que yo no podía ver ni oír esas sombras. No intentaba convencerme de que su percepción era real. Recuerdo que la primera vez que le pregunté sobre esas sombras, lo primero que respondió fue usted. No se preocupe. Las sombras vienen del infierno. Solo se le aparecen a los que estamos destinados a ir. Ahí pudiera sonar como una afirmación irracional, pero de hecho es muy racional, porque la mujer identificaba un factor con son para poder percibir a las sombras de las que ella hablaba, lo cual definitivamente es imposible para una persona con esquizofrenia. Después de la señora seguía ir con la pequeña fabiola. La pobre había estado expuesta a una situación tan traumática que quedó con una alta predisposición a sufrir ataques de ansiedad muy fuertes, los cuales eran provocados por las muchas otras secuelas que le quedaron Debido a ese evento traumático. Dormir le daba pánico, porque siempre tenía pesadillas. La única manera en que podía descansar era estando medicada. La cuestión era que, por su corta edad no podíamos darle la dosis completa y lo que le dábamos sólo la mantenía dormida por cuatro o cinco horas después había que esperar veinticuatro horas para volver a darle el medicamento. Debido a su situación tan complicada, todo el tiempo estaba temblando lo que la hacía marearse y también sudar. Por lo mismo, había que mantenerla muy bien hidratada todo el tiempo, pero había algo raro con la situación de la pequeña. En su expediente. No se hacía una mención descriptiva del evento traumático. La única anotación escrita era evitar las sesiones bíblicas, porque es un desencadenante. La clínica, al ser dirigida por el clero, daba una terapia especial que se centraba en utilizar las diferentes lecturas de la Biblia para mantener en calma a los internos, pues a esa niña era la única de todos los pacientes que no podía tomar esa terapia. Me pareció sumamente extraño desde un inicio. El último de los pacientes era Don Octavio, el señor Padecía de lo que hoy se conoce como teide lo que en aquellos años nosotros llamábamos trastorno de personalidad múltiple de por sí. Esa condición mental era muy enigmática, pero el caso es poco de Don Octavio era particularmente llamativo. Él tenía trece identidades adicionales a la suya. Esas personalidades se identificaban a sí misma como Jesucristo y sus doce apóstoles. La habitación asignada para Don Octavio era especial. En el interior. Tenía un foco que cambiaba de color. Había catorce colores diferentes que se iban intercambiando durante las veinticuatro horas del día. La situación era que cada color detonaba que una identidad se manifestara. El color rojo era Jesucristo, y el azul era Don Octavio. Se tenían que forzar las manifestaciones de todas las identidades, porque cuando una identidad pasaba mucho tiempo sin tomar el control del cuerpo comenzaba a desestabilizarse y luchaba contra las demás identidades para tomar el control, lo que volvía al paciente sumamente violento, ya fuera con él mismo o contra el personal. Había una advertencia. Cuando el foco estuviera en color negro, no se podía entrar a la habitación del paciente, porque la personalidad que estaba manifestada era única. Todo el tiempo era peligrosa judas iscariote. Día con día. Fui adaptándome a mi trabajo, aprendiendo, pero yo empecé a obsesionarme un poco. Con esos cuatro pacientes. Había muchas cosas que no me cuadraba. Por ejemplo, eso de que estuvieran clasificados como altamente peligrosos. El joven estaba catalogado como depresivo. Las personas que sufren depresión no representan un peligro directo para las otras personas. Puede dañar a sus seres queridos a nivel emocional. Pero ese no es motivo suficiente para que se le considere como altamente peligroso con la señora Cada día me convencía que, de alguna manera, a pesar de las alucinaciones, ella estaba muy cuerda. Luego, el expediente de Don Octavio no decía nada sobre cómo, porque había desarrollado tantas identidades, además que todas y cada una de ellas fueran personalidades bíblicas. Daba mucho que pensar el mismo caso con la niña. Nada en su expediente, excepto que escuchar la biblia. La regresaba a ese evento traumático, demasiadas preguntas y pocas respuestas. Yo necesitaba salir de dudas y tuve una idea. Empecé a socializar con los tres compañeros que se turnaban para estar a cargo de los archivos de la clínica en el día había más personas en el archivo, pero en las noches sólo estaba una persona. Pasaron más de dos meses hasta que tuve una oportunidad. El compañero que estaba en el archivo esa noche estaba indispuesto porque tenía un problema en el estómago antes de medio turno. Tuvo que ir al baño urgente y me pidió el favor que me quedara ahí, por si alguien necesitaba algún archivo en cuanto giro en el pasillo. Yo entré rápido al archivo y busqué los expedientes de mis cuatro pacientes. Saqué copia de ellos. Metí todas las hojas en un falde y salí del lugar. Estando fuera en lo que esperaba a mi compañero, tomé el periódico y metí en medio todas las copias Fueron unos minutos de mucha adrenalina. Si me descubrían, perdería el empleo Afortunadamente, en la mañana pude irme a mi casa con esas copias. Aquí es importante mencionar que las hojas que a nosotros nos daban sobre los internos no eran los archivos completos, sólo lo necesario para saber cómo tratarlos, porque un archivo completo incluía cosas sensibles como la información de la familia. Por eso nosotros no teníamos acceso al archivo. Ya estando en casa, comencé a leer. El primero que leí fue el del señor de tercera edad. Su caso era el más extremo de los cuatro. Por eso era el que más me daba curiosidad. Desde la primera hoja me quedé pasmada. Se trataba de un sacerdote. La primer parroquia a la que lo habían asignado estaba ubicada en la ciudad de Tepic antes de cumplir una década en la iglesia. Lo movieron a Cancún. Me pareció un cambio demasiado extremo. Después pasado un poco menos de tiempo que la primera vez lo movieron de nuevo a un lugar lejísimos, hasta la ciudad de Reinosa. Luego lo volvieron a mover hasta Mérida. Era evidente que algo pasaba con ese sacerdote. En menos de veinticinco años había estado en cuatro iglesias diferentes, siendo cada cambio muy radical en cuanto a distancia se refiere ahí, en Mérida tampoco duró mucho, porque a los seis años lo movieron a Pachuca, después a Cullia c NS de ahí a Hermosillo, en esa ciudad del estado de Sonora. Fue la última vez que estuvo al frente de una parroquia. En las siguientes hojas se explicaban los motivos por los cuales había sido transferido de forma tan drástica. Estuvo en siete parroquias diferentes en cuarenta años lo movieron de tepic porque ahí tuvo cinco hijos de cinco mujeres diferentes, todas jovencitas. En Cancún tuvo otro hijo. En Reinosa, tuvo dos. En Mérida, tuvo uno más. En Pachuca, tuvo otros dos, en Culiacán otro y en Hermosillo un último. En total fueron trece hijos varones de trece mujeres diferentes, todas demasiado jóvenes. Eso no era todo. El sacerdote había bautizado a todos sus hijos y él había elegido. Los nombres del mayor al menor eran Pedro, Jacobo, Andrés, Juan Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santo Santiago, Simón, Tadeo, Judas y Jesús. Y si esto ya suena terrible, no era lo peor. El sacerdote había convencido a todas y cada una de las jovencitas de matar a los bebés durante el equinoccio que abre paso al otoño toda una completa y total abominación. Aunque no se decía explícitamente, se daba a entender que la iglesia estuvo enterada desde el principio de lo que estaba sucediendo con ese sacerdote, porque por eso lo movían de parroquia. Sin embargo, sobre el motivo por el cual no se hizo nada al respecto, no se menciona nada. Yo supongo que para evitar el escándalo que aquello supondría seguí leyendo el archivo tras la muerte del último de los hijos, hasta el que había sido bautizado con el nombre de Jesús, al día siguiente, el Sacristán de la iglesia fue a buscar al obispo de la ciudad para pedir ayuda, porque afirmaba que el sacerdote se había vuelto loco. Cuando el obispo le solicitó que fuera más preciso sobre su aseveración, el sacristán dijo que había encontrado al sacerdote intentando clavarse él mismo a la pared de su cuarto. Como el sacristán no supo qué hacer ante aquella escena tan escalofriante, se fue directo a buscar al obispo. Cuando el sacristán, el obispo y demás personal de la catedral llegaron a ver al sacerdote ya se había clavado dos pies y una mano estaba intentando crucificarse. Obviamente, no pudo clavar la mano faltante. Al cuestionarle el por qué hacía eso, su respuesta fue yo. Soy Jesucristo. Se supone que debo morir en la cruz. Él al tratarse de un sacerdote, no fue enviado directamente a la clínica, sino que lo llevaron a un lugar que no especificaba en el archivo y ahí lo tuvieron aislado bajo observación por muchos meses. Fue en ese sitio que observaron cómo cada cierto tiempo cambiaba a llamarse a sí mismo de otros nombres, siendo un total de catorce, incluyendo el suyo propio. Conociendo el historial del sacerdote, llegaron a la conclusión de que lo que había pasado era que estaba siendo poseído por trece diferentes entidades demoníacas, y no era que las entidades demoníacas se estuvieran haciendo pasar por Jesús y los apóstoles, sino que los seres habían asimilado los nombres de los trece hijos que había tenido y cuyas muertes había orquestado. Pero como el sacerdote había elegido los nombres de Jesús y sus apóstoles, eso provocaba que los demonios de forma indirecta se identificaran con ellos doce de trece entidades demoníacas eran peligrosas para el sacerdote porque las doce intentaban arrebatarle la vida en la forma en la que habían muerto. Pedro Jesús Andrés y Felipe querían crucificarse. Jacobo intentaba decapitarse, Bartolomé tenía la intención de arrancarse la piel y así cada uno respectivamente. La entidad que se hacía llamar Judas no era peligrosa para el sacerdote, sino que representaba un peligro para quienes estuvieran cerca. En el archivo se incluían fotos sobre personas que habían sido atacadas por esa entidad. En etapas tempranas de la observación hicieron muchos. No sé cuál sería el término correcto, pero vamos a decir que fueron muchos experimentos con el sacerdote a tal punto que lograron encontrar una forma de disminuir la peligrosidad de todas las entidades demoníacas en las hojas se explicaba, pero yo no entendí mucho. Ellos descubrieron que, forzando el cambio de identidad se evitaba que los demonios actuaran de forma hostil. La forma que forzaban ese cambio de identidad era con luces de diferentes colores. También había una explicación del por qué cada color invocaba a cada ser demoníaco, pero tampoco lo entendí. Sin embargo, al demonio que se hacía llamar judas s nunca lo lograron controlar. Finalmente se tomó la decisión de enviar al sacerdote a la clínica. Recuerdo que cuando terminé de leer ese archivo, me puse a pensar que cuando había extraído los documentos, me había imaginado encontrar cualquier cosa menos lo que se decían las hojas. Era hora de llevar a mis hijas a la escuela. Así que eso hice estando de vuelta en casa, a pesar de que sabía que tenía que dormir. Era tanta mi intriga por descubrir lo que decían los demás archivos que me preparé un café bien cargado y agarré el archivo del joven para comenzar a leerlo. El joven había sido trasladado desde el Estado de México por orden del obispo. Su abuela, la encargada de un grupo eclesiástico. Ella organizaba visitas a los enfermos para llevarles la comunión y esa clase de cosas. En una de esas visitas, el enfermo al que fueron a visitar resultó no estar enfermo del cuerpo, sino de espíritu. Estaba poseído claro que la abuela del muchacho no lo sabía. Tampoco lo sabían los familiares de la persona. Ellos legítimamente creían que estaba enfermo. En cuanto le acercaron la comunión al enfermo se volvió loco y atacó a todos los que estaban en la habitación. Hubo tres personas gravemente heridas y una persona murió. La abuela del joven el poseído murió atropellado en cuanto salió corriendo de la casa en el expediente decía la forma en la que un sacerdote había logrado identificar que la persona estaba poseída, Así que fue al amor que a ver el cuerpo. El párroco de la iglesia, a la que asistía a su abuela, mantuvo contacto todo el tiempo con el joven. En el expediente estaban las descripciones de muchas conversaciones que el párroco había tenido con el joven y analizándolas se hace evidente que el muchacho va cayendo poco a poco en esa depresión, pero no sólo eso, sino que hay un factor que es clave para el internamiento del joven. En la transcripción de las conversaciones se puede ver como al principio, el joven se mostraba confundido ante la decisión que Dios tomó sobre la forma en que moriría su abuela. Con el pasar del tiempo, esa confusión se convierte en un fuerte cuestionamiento y al final, el joven no teme en mostrar su desprecio hacia Dios a tal punto que en la última conversación, el párroco dice que el joven maldijo a Dios. Después de eso, el párroco perdió contacto con el muchacho durante meses, hasta que una madrugada lo despertaron unos fuertes golpes en la puerta de la parroquia. Los golpes estaban acompañados de gritos. Se trataba del joven. Él necesitaba confesarse con urgencia porque, según sus propias palabras, acababa de hacer un trato con el diablo. El párroco, tratando de comprar cómo ayudar. Al joven lo cuestionó sobre ese trato, pero él no le respondió. Sólo extendió su mano izquierda, a lo que el párroco intuyó que debería sujetar la mano. En cuanto lo hizo, tuvo horribles visiones sobre el infierno. El párroco impactado acompañó al joven hasta la capilla para que le rezara a la virgen y, mientras tanto, él fue a llamar a su superior para informar de la situación. En la mañana que llegó personal de la diócesis para hacerse cargo, encontraron al joven rezando en la capilla y al sacerdote tirado. Después se especifican muchas cosas que no son relevantes, pero las últimas tres páginas eran impactantes. Se describía cómo la salud del sacerdote se deterioró en cuestión de cuatro días. Vivió lo justo para dar toda la información sobre lo sucedido después murió. El archivo incluía una foto del sacerdote muerto. También decía que todo aquel que sujetara la mano de la izquierdo del joven sufriría la misma muerte que el párroco. Por eso debía ser internado urgentemente bajo la clasificación de altamente peligroso. Yo de verdad no podía creer lo que acababa de leer en ese archivo. Era imposible. Claro que por más ilógico que pudiera parecer, la información descrita en ese archivo explicaba tres cosas. La primera era el por qué no existía ningún diagnóstico médico que justificara la estancia de ese joven, ya que había sido enviado directamente por orden de un obispo. La segunda era el por qué el paciente era considerado tan peligroso. Y la tercera era que le daba sentido a las palabras del joven cada que le preguntaba si quería algo, cuando me decía que lo único que quería era que el diablo lo matara De una vez ese día ya no pude continuar leyéndolos. Me generaba ansiedad el pensar qué podría encontrarme con casos similares o inclusive peor, Así que tomé la decisión de dejar pasar unos cuantos días en lo que me reponía de la impresión al siguiente turno. Llegué con muchos nervios, con esa sensación de que sabes que hiciste algo indebido y tienes la incertidumbre de que en cualquier momento te van a decir que te descubrieron. Pero tuve suerte y nadie se enteró de la extracción. Dejé pasar cinco días y entonces una mañana, estando en mi casa, después de terminar mi turno nocturno, me puse a leer el siguiente archivo, el de la Señora. La señora era originaria del Estado de México, pero vivía en el puerto de Veracruz cuando fue trasladada a la clínica. En ese momento tenía cincuenta años sin pareja y sin hijos. Pertenecía a una familia rica y poderosa que tenía lazos con la iglesia. Ahí en las hojas estaba el apellido, pero prefiero no nombrarlo para evitar problemas. La mujer había aprovechado muy bien el dinero de su familia porque su currículum era impresionante. Tenía una licenciatura en historia, con especialización en historia antigua, diplomados en arqueología y antropología. También había hecho diversos estudios teológicos en países como Jordania, Líbano, Egipto, Palestina, Irak, Israel e inclusive había tomado clases dentro de la Ciudad del Vaticano. La mujer era una eminencia. Muchas de las hojas que formaban parte de su archivo eran situaciones bíblicas. Tales situaciones estaban separadas por apartados y estos apartados tenían títulos. El primero decía nadie ha subido al cielo. Otros apartados decían las almas pueden morir y no hay fuego en el infierno. Frases que para mí, que nunca he leído la Biblia, no tenían ningún sentido, Pero estoy segura que los versículos que integraban los apretados de cada frase significarían algo para quien entiende esos temas. Después de esos apartados que eran varias hojas. Había fotografías de manuscritos que a simple vista se notaba que tenía muchos cientos de años de antigüedad. Esos manuscritos, al ser antiguos, evidentemente, no estaban en español y no tengo idea del idioma, pero debajo de las fotografías había pequeñas anotaciones. No recuerdo todo, pero sí un par Una de las anotaciones decía encontrado al sur de Egipto en mil novecientos cuarenta y cinco, y el otro recuerdo que decía encontrado más allá de Jérico en mil novecientos cincuenta y seis. Llegando hasta ahí, estuve a punto de dejar de leer ese archivo porque no estaba entendiendo nada, pero al pasar a la siguiente página, leí algo que me llamó la atención si en el archivo del muchacho la causa de su traslado a la clínica. Había sido escrita como pacto con el diablo la la causa de la de que la mujer fuera internada decía el castigo de Dios. Durante varias páginas se desarrollaba el concepto para entender lo que era el castigo de Dios. Comenzaba explicando que el libre albedrío nació en el Edén, con ese árbol del que Adán y Eva no podían tomar el fruto. El libre albedrío no era un regalo de Dios, era más bien una facultad desencadenante. Las hojas eran muy redundantes y daban explicaciones sobre explicaciones ya dadas a lo que entendí era que Adán y Eva utilizaron el libre albedrío para actuar en contra de Dios, lo que causó que recibieran el castigo de Dios. El ser expulsado del Edén era un mero simbolismo. Ese hecho en sí no representaba un castigo como tal. El verdadero castigo era ser llevados lejos de Dios, lejos de su protección divina. Eso era el castigo de Dios. Pero al ser un castigo de semejantes dimensiones, iba as asar ya de sólo afectarlos a ellos. Toda su familia y la descendencia de su familia fue condenada a sufrir el mismo castigo. Por eso había ocurrido un diluvio y por eso después habían quedado varados en el desierto. Después de ocho páginas de explicaciones redundantes, apareció una foto donde la mujer internada en la clínica decía que, según los testimonios tomados de su misma familia, ella, tras leer documentos no canónicos, se había obsesionado con encontrar referencias a esos documentos no canónicos dentro de la misma Biblia. Su familia contó que empezó a perder la cordura. Llegó a su punto más extremo, cuando se encerró durante tres días y tres noches en su cuarto sin comida y sin agua, sólo con traducciones de los textos no canónicos y con una biblia. Su familia estaba tan preocupada por ella que, haciendo uso de su buena relación con la iglesia, consiguieron que el arzobispo a a c u ndo a su casa para ver a la mujer. Estando el arzobispo en la casa, la mujer salió de su habitación con un rostro inexpresivo. Cuando el clérigo trató de hablar con ella, la mujer pronunció unas palabras Dios Es un mentiroso. Las hojas decían que, en cuanto a la mujer pronunció esas palabras, cayó un trueno sobre la casa, causando serios daños en la estructura. De hecho, había fotografías y una carta de la aseguradora, donde informaban que no podían cubrir los años de la casa debido a que el reporte meteorológico indicaba que era imposible que un rayo impactara sobre la casa. Al día siguiente murió el padre de la mujer accidente de auto terminando el funeral. Un asaltante mató a la madre. El menor de los hermanos se ahorcó por la muerte de ambos padres. Esa misma semana, el abuelo murió porque se quedó dormido mientras estaba dentro de la tina de baño. Al mayor de los hermanos le dispararon. La esposa del hermano mayor no pudo soportar su muerte y se causó una sobredosis. Por último, ya cuando la mujer estaba sola en casa, dos amigas suyas fueron a visitarla. La casa se incendió y las amigas murieron. El arzobispo fue a visitar a la mujer al hospital. La encontró delirando y hablando de las sombras que la acechaban desde las esquinas, así que el arzobispo la envió a la clínica. Según el archivo, cuando la mujer pronunció aquellas palabras blasfemas, fue condenada de inmediato bajo el castigo de Dios. Por eso las personas más cercanas a ella, con las que tenía un vínculo emocional importante, habían muerto dejándola sola. En cuanto a las sombras de las que hablaba, se trataba de demonios, los cuales podían acecharla porque Dios ya no la estaba protegiendo. En la última página del archivo estaba el motivo por el cual se le consideraba de alta peligrosidad. Decía que durante los primeros meses alguien del personal entabló una especie de amistad con la interna. Esa persona Murió cuando, mientras limpiaba su casa, al estar barriendo las escaleras, tumbó una figura que tenía de San Judas. Tadeo la figura rodó por las escaleras, haciéndola tropezar, Se golpeó en la cabeza y murió desangrada. Justo cuando terminé de leer ese archivo, me empezó a llegar un olor. Como ha quemado. Venía de mi cuarto. Fui rápido a revisar una pequeña libreta. Había resbalado y había caído sobre una vela que siempre tenía encendida. Con cuidado. Retiré la libreta, la llevé al lavado, la mojé y luego salí a tirarla a la basura. Después regresé a mi cuarto y volví a acomodar la vela, porque cuando la libreta le cayó encima, la movió un poco. Esabela siempre la tenía encendida. El padre de mis hijas había fallecido antes de que yo entrara a la universidad. Fue mi primer novio. Nunca nos casamos, pero vivíamos juntos. Cuando le dio un infarto, él era muy creyente. Por eso le tenía esa vela encendida. Siempre fui a la cocina, Me serví un café bien cargado y me senté en el sillón para leer el último archivo que me faltaba el de la niña pequeña. La niña era originaria de la ciudad de Puebla. Su mamá trabajaba haciendo el aseo en un recinto de la arquidiócesis. La niña siempre acompañaba a su madre para ayudarle con las labores. En una ocasión, mientras madre e hija se encontraban en el recinto, a la madre le enviaron a realizar unas compras, ella dejó a la niña ahí. La madre tardó cuatro horas en regresar al recinto. Cuando estuvo de vuelta, no vio a su hija, pero era normal que la niña se pusiera a jugar y correr por todo el lugar. Nunca hacía destrozos. Por lo mismo, nadie le decía nada. Ya cuando la madre había terminado de hacer todas las actividades del día, se puso a buscar a su hija y la encontró en un salón al fondo del recinto. No quiero dar detalles, pero cuando la madre encontró a la niña era evidente que alguien la había atacado. Antes de que la madre pudiera hacer algo por su hija, La niña la atacó violentamente. Mordió en repetidas ocasiones su cuello, provocándole la muerte. Fue una monja a la que en la noche encontró en ese salón a la niña y a la madre muerta. La niña no atacó a la monja. La religiosa corrió a buscar ayuda aquí. Al igual que en el caso del sacerdote y sus hijos, la iglesia se hizo cargo de ocultar todo. En el caso de lo sucedido con la niña, su excusa fue que, como ocurrió dentro de un edificio religioso y la difunta era trabajadora del recinto, entonces a ellos les tocaba hacerse cargo. Interrogando a la niña se supo que habían sido dos sacerdotes los que la habían atacado, y la niña supo decir quiénes fueron los cuales, en un principio fueron enviados a otras ciudades. También se le pidió a la niña que explicara lo que había pasado con su madre. Lo que decía en las hojas era que, cuando la niña iba a responder sus ojos se pusieron amarillos y le cambió el tono de voz a uno que no correspondía a su cuerpo. En su respuesta, llamó a su madre con un pronombre inadecuado y se justificó diciendo que ella tenía la culpa de lo que le había pasado y que por eso la había matado para empeorar la situación. Con el pasar de las semanas, resultó que la niña estaba embarazada, pero en las imágenes que estaban incluidas en el archivo vivo, lo que se podía observar no tenía forma de bebé Parecía más bien como si fuera un insecto. Mientras la criatura iba creciendo dentro del vientre de la niña, se hacía más evidente que lo que tenía en su interior no era humano. Las conclusiones a las que había llegado la Iglesia era que se trataba de una entidad oscura que, como la criatura, era producto de un acto impuro y cruel. La naturaleza del ser que se había formado era antinatural. Por eso la Iglesia tomó la decisión de poner fin a esa criatura porque la niña corría el riesgo de morir. En la última hoja del archivo estaba una imagen del cusano y debajo de la imagen, decía veintiocho meses de gestación. Al terminar de leer ese último archivo, la perspectiva que tenía sobre la clínica en la que trabajaba había sido alterada completamente por los casos de estos cuatro internos. Mi forma de tratarlos también cambió. Me comporté un poco más cálida con la niña y fui mucho más fría con el señor de la tercera edad. Una mañana de tantas, mientras mis hijas estaban en la escuela, yo me encontraba dormida y en mi sueño podía haber humo ese sueño lo sentí tan real que me desperté porque me llevó el olor a humo. Al revisar todo estaba bien, pero mis ojos estaban irritados. Esa semana, los cuatro pacientes de alta peligrosidad estuvieron raros. Durante uno de mis turnos. El joven me preguntó si yo no podía oír al diablo, pregunta la cual, por supuesto, ignoré, ya que nunca se deben alimentar las percepciones alteradas que los pacientes tienen sobre la realidad. Además, era la primera vez que él hacía un comentario de ese estilo. Posiblemente cualquiera de mis compañeros lo pudo haber tomado como indicio de x cosa, pero al yo saber que ese paciente había hecho un pacto con el diablo, la manera en que percibí su pregunta fue con un poco de incomodidad. A los dos días me tocó llevar a la señora a la enfermería porque presentaba quemaduras leves en uno de sus brazos mientras la encaminaba le pregunté y cómo se había hecho esas quemaduras. Lo que me respondió fue que en las esquinas ya no había sombras, sino que llamas de fuego. La niña también estuvo más alterada de lo normal. No quería tomar su medicamento. Se resistía y alegaba que no era por las pesadillas. Decía que algo malo iba a pasar y que no quería estar dormida. Cuando eso pasara, no me tocó a mí, pero otros compañeros, tanto del turno nocturno, tuvieron que darle el medicamento disuelto En lo que le daban de beber. Fue durante la madrugada de un viernes para amanecer en sábado que cuando fui a revisar al señor de la Tercera Edad, la entidad que estaba manifestada era Jesús. Hice mi trabajo y ya cuando me iba a retirar, me dijo el séptimo día, el señor descansa, pero mañana enviará al espíritu Santo a purificar este lugar. En caso de que eso tuviera un significado real, yo no podría verlo porque al día siguiente era mi descanso. Mi horario. Nunca tenía un día de descanso fijo. Cambiaba cada semana y en esa ocasión, por primera vez desde que entré a trabajar a la clínica, me tocó descansar un sábado para amanecer en domingo. Lo aproveché para pasar tiempo con mis hijas hacer cosas juntas ahí en la casa. A eso de las tres de la tarde, Mientras ellos veían la televisión, yo estaba en la cocina preparándoles un pastel. Me llegó un olor a quemado venía de mi cuarto. Cuando fui a revisar encontré la pequeña libreta que yo había tirado a la basura estaba acomodada enseguida de la vela que yo siempre tenía encendida. No era posible que esa libreta estuviera ahí porque yo la había tirado a la basura. A la medianoche, alguien empezó a tocar la puerta de la casa con desesperación. Cuando fui a abrir era la vecina. Ella se alivió de verme y me dijo que había pensado que yo estaba en la clínica. Cuando le pregunté por qué estaba tan alterada, me respondió que mi lugar de trabajo se estaba quemando. Le pedí de favor a la vecina que se quedara con mis hijas y yo rápidamente me fui a la clínica para intentar ayudar en algo. En cuanto llegué, los bomberos ya estaban controlando el fuego. Esa noche no murió nadie, pero los días posteriores en el hospital murieron ocho de los internos porque habían sufrido fuertes quemaduras. Yo platiqué con mis compañeros para saber qué era lo que había pasado y lo que me contaron es algo muy fuerte. Uno de los internos iba a ser dado de alta el domingo por la mañana. Ya tenía varios años en el n el la clínica y a pesar de que no estaba curado, había logrado el suficiente avance como para necesitar cuidados menores, tan menores que su familia podía hacerse cargo. Un compañero lo estaba llevando a que tomara una ducha en el trayecto. Tenían que pasar por el lugar del joven que había hecho un pacto con el diablo. El compañero se distrajo y no se dio cuenta de que el joven le había hablado al otro paciente para que se acercara. Cuando el compañero volteó, lo único que alcanzó a ver fue que ambos se estaban saludando de mano. En eso, el paciente que iba a ser dado de alta, se prendió en fuego sin ningún motivo aparente. En su desesperación, terminó estrellándose contra una esquina, lo que hizo que las cosas que estaban cerca empezaran a quemarse. El compañero rápidamente corrió por el extintor mientras hacía escándalo para que los demás compañeros que estaban en turno acudieran al lugar. No funcionó ninguno de los tres extintores que había en la clínica para cuando los compañeros en turno se dieron cuenta que el fuego ya estaba fuera de control, era demasiado tarde. Sacaron a unos cuantos pacientes antes de verse obligados a tener que salir. Después llegaron los bomberos y lograron sacar a todos, pero veinte tuvieron que ser llevados al hospital de esos veinte ocho iban muy mal los mismos ocho que murieron. El fuego no logró extenderse por toda la clínica. Sólo cubrió las áreas de las habitaciones, pero hubo cuatro que no sufrieron ni un rasguño por el fuego y fueron la de los cuatro pacientes catalogados como de alta peligrosidad. Por Si esto no fuera suficiente, los ocho pacientes que murieron estaban ubicados en las habitaciones conjuntas. Murió una persona que estaba en la habitación de la derecha y otra que estaba en la habitación de la izquierda, de cada uno de los cuales cuatro pacientes peligrosos. Parecía ser un acto milagroso que los cuatro pacientes con situaciones tan peculiares resultaran completamente ilesos a tal punto que el fuego no llegó a donde ellos estaban. Claro que es complicado creer que un milagro va a salvar a un joven que hizo un pacto con el Diablo, a una señora que blasfemó contra Dios, a una niña que mató a su propia madre y a un anciano que, mientras ejercía como sacerdote, tuvo hijos a los cuales ordenó sacrificar. No parece posible que personas así pudieran ser merecedoras de un milagro, pero aún así. Eso era lo que parecía. Eso fue lo que dijeron los que supieron. No me atrevería a negar que se tratara de un acto milagroso, pero yo lo llamaría de otra forma. Yo lo llamaría un mal milagro. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras