Dec. 20, 2023

Experimentos Horribles Que A Realizado La Ciencia Historias De Terror - REDE

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Experimentos y crueldad humana. La ciencia es aquello que le ha permitido a la humanidad ponerse por encima de todas las especies de este planeta. Un humano sin ciencia es un chimpancé Así de fácil, pero la ciencia va mucho más allá de hacer un volcán con bicarbonato. Imaginen dos pueblos en medio del monte. Imaginen que quieren ir de un pueblo a otro, pero para eso tendrían que atravesar un monte tan inhóspito que ni los autos pueden cruzar. Por supuesto que podrían llegar caminando a su debido tiempo. Pero sin duda sería mucho más fácil si hubiera una carretera. Pero construir una carretera e implicaría arrancar los árboles que estén en medio y destruir el hábitat de los animales que viven en ese monte. Es decir, que con tal de poder cruzar de un pueblo a otro con facilidad, con tal de tener la comodidad de poder ir en vehículo y con tal de tener la seguridad de no exponerse a las serpientes. El ser humano tendría que destruir. Así es la ciencia. Para poder conseguir grandes avances, se deben hacer sacrificios y en las épocas más oscuras de la humanidad, de sus sacrificios no eran plantas ni animales, sino humanos. Por ejemplo, para poder lograr una mayor comprensión de la evolución del lenguaje, se decidió encerrar a varios niños de diferentes países sin que tuvieran ningún contacto verbal con adultos. Cada niño hablaba un idioma diferente. La lógica era que, al verse en esa situación, se verían en la forzosa necesidad de desarrollar una manera de poder comunicarse. El experimento tuvo que ser cancelado porque los niños no solamente no fueron capaces de desarrollar una manera verbal de poder entenderse entre sí, sino que terminaron sufriendo severos daños en las áreas cerebrales que se encargan del lenguaje, Desaprendieron el idioma que hablaban antes del experimento y se les tuvo que volver a enseñar otra vez a hablar. Fue un desastre, pero sí logró obtener conocimiento que ayudó a una comprensión más profunda sobre el lenguaje. Hubo otro experimento en el que se buscaba averiguar el poder de la humanización. Es decir, querían saber qué tanto el humano podía influir en otras especies. Para esto se tomó a un bebé de dos años y a un bebé chimpancé para que estuvieran conviviendo. El problema fue que el bebé humano se déshumaniza a tal grado que olvidó por completo comportarse como persona y cambió toda su conducta imitando al bebé chimpancé. El bebé tuvo que recibir fuertes intervenciones psicológicas para volver a comportarse como humano. Después de más de diez años de terapia, el niño nunca pudo volver a readaptarse y al final, él optó por quitarse la vida trágico. Pero con eso quedó claro que los niños se parecen más a los animales que a las personas, porque, como todavía no tienen una concepción de lo que una persona debe ser. Se limitan a copiar los comportamientos, evidenciando que somos una especie influenciable. Algo menos trágico, pero igual de cuestionable. Fue el experimento que se hizo con el bebé de nombre albert A. Este niño se le provocaron miedos animales y a objetos. Ese experimento llegó tan lejos que el bebé entraba en crisis. Cada vez que tenía cerca un animal peludo, cada que escuchaba el golpe de un martillo, cada que veía ladrillos y cada que veía abrigos, el bebé quedó traumado. Cuando el bebé fue sometido a ese experimento, apenas tenía once meses de nacido. Pero la ciencia esta voraz que ni siquiera los hombres blancos se salvaron. En mil novecientos setenta y uno, la Universidad de Stanford reclutó a hombres para formar parte de un experimento en el que unos tomarían el rol de guardias y otros el rol de prisioneros. Pues el experimento se descontroló tan rápido y a tal punto que los que hacían el rol de guardias se volvieron ns los sádicos y empezaron a humillar a los que hacían el rol de prisioneros, los cuales asumieron tanto su rol que hasta montaron botines. Fue un completo desastre, pero se aprendió mucho sobre la teoría de la disonancia cognitiva. Un ejemplo mucho más cruel sería el origen de unas especializaciones de la medicina, la ginecología, o bueno por lo menos, la ginecología moderna, la cual nace gracias al doctor James Marion Sims. Él fue literalmente el padre de la ginecología que es utilizada hoy en día en cualquier hospital del mundo. Pero, como he mencionado en los anteriores casos, para aprender algo hay que realizar experimentos y ver qué pasa, pues el doctor James siguió la misma lógica. Experimentó con mujeres, específicamente con esclavas de ascendencia africana, pero no con cualquier tipo de esclava, sino que sus experimentos los realizaba en esclavas que estaban embarazadas. Esos experimentos eran tan extremos que el Doctor James llegó a extraer a los bebés en diferentes etapas de desarrollo para también realizar experimentos en ellos. Creo que todos estarán de acuerdo conmigo en que no puede existir nada más cruel que realizar experimentos con mujeres esclavas que están embarazadas y con sus bebés, porque la crueldad no está solo en el hecho de que los experimentos se realizaran, sino que la crueldad es que los experimentos fueron realizados en esas mujeres porque eran esclavas, porque no las veían como personas, sino como animales. Pero, sin importar qué tan cruel pueda sonar lo, cierto es que la ginecología de hoy es tan buena y tan avanzada gracias a los experimentos que se realizó en esas mujeres y en sus bebés. Solo, como dato extra, el Doctor James no utilizaba ningún tipo de anestesia. Entonces ya que dejé muy en claro el nivel tan grotesco al que pueden llegar los científicos en sus experimentos. Ahora sí, es momento de hablar de los experimentos más crueles que se han realizado tanto con animales como con seres humanos. Comencemos con la Unión Soviética Allá. Por mil novecientos cuarenta realizaron experimentos que pretendían revivir organismos que se encontraban clínicamente muertos. Los mecanismos por los cuales pretendían devolverle la vida a esos organismos se centraban en el control y en la manipulación del flujo de sangre y del oxígeno. El primer paso fue con animales. Para ser específico con perros. No quisiera afirmar que mataron a los perros, pero hay videos de estos experimentos y por el estado en el que se pueden observar los organismos tomados, da la impresión de que sí mataron a los perros, porque tanto los animales como los órganos que les extraen se ven completamente sanos. Para empezar, a un perro les sacaron el corazón y lograron mantenerlo en óptimas condiciones gracias a los mecanismos y aparatos que emplearon durante el experimento. Después, a otro perro le sacaron un pulmón n n también y bien lograron que mantuviera realizando su función del manejo de oxígeno gracias a los mecanismos. Lo siguiente que hacen ya está en niveles que hoy nos parecerían monstruosos. Le quitaron la cabeza a un perro y utilizando máquinas, lograron que esa cabeza siguiera funcionando durante varias horas, y no sólo eso, sino que la cabeza siguiera respondiendo a estímulos externos como luces y ruidos. Por supuesto, el estado de la cabeza se fue deteriorando con el pasar de las horas hasta que dejó de funcionar. El punto más extremo y dramático al que llegó esta serie de experimentos fue cuando mataron a un perro y luego lo revivieron. Me explico lo que hicieron fue drenar toda la sangre del animal hasta que quedó completamente seco. Esperaron diez minutos y con las máquinas le regresaron la sangre a sus venas y arterias correspondientes. El perro necesitó como una semana para poder recuperarse. Segn n n n ns en perfecto estado y sin ninguna secuela importante. Puede haber alguien que diga que a día de hoy, en los hospitales se pueden hacer cosas parecidas a los procedimientos que se le realizan a los perros y a los órganos de los perros. Y eso es verdad. Claro que hay que tomar en cuenta que esos experimentos fueron realizados hace más de ochenta años. Ahora hay que viajar de Rusia hasta Estados Unidos para hablar de otra serie de experimentos que realizó la CIA bajo su proyecto mk Ultra. Eso del mk Ultra no es ninguna teoría de conspiración. Hace varios años, el Gobierno de Estados Unidos desclasificó varias carpetas. Algunos de esos documentos oficiales confirmaban que el proyecto sí existió y que sí lo manejaba la CIA. Pueden buscarlos por su cuenta y confirmarlo ustedes mismos. Entonces vayamos al año de mil novecientos cincuenta y uno. Dos chicas fueron llevadas como voluntarias a un laboratorio de pruebas que realmente era un cuarto de motel Ya sabían que serían parte de un experimento. De hecho, se les pagó claro que en ningún momento se les dijo qué tipo de experimento era el que serían sometidas. Por lo tanto, se presentaron sin saber lo que les iba a pasar aquí. Es importante comentar que los documentos que fueron desclasificados sugieren que el proyecto emca Ultra empezó a funcionar en mil novecientos cincuenta y cuatro. Claro que el caso que estoy por contarles confirma que existía desde muchos años antes, aunque por alguna razón no hay documentos de esos años. En fin, las dos muchachas que tenían diecinueve años fueron sometidas a diversas pruebas de hipnosis. Lo más interesante de todo es que esas pruebas de hipnosis no era la típica escena que nosotros nos podemos imaginar de cómo es que una persona queda hipnotizada, sino que primero fueron hipnotizadas a través de una llamada de teléfono, pues fueron hipnotizadas mediante sonidos cotidianos. También fueron hipnotizadas utilizando gestos faciales y hasta fueron hipnotizadas. Al repetirle cierto patrón de palabras específicas y en un orden concreto, ellas sí recordaban lo que hicieron durante esas primeras sesiones de hipnosis, porque no las durmieron. Si te duermen en una hipnosis, luego puede que no recuerdes pero a ellas las dejaron despiertas. Es decir, que, a pesar de que estaban actuando sin tener control de su cuerpo si sabían lo que estaban haciendo. Por supuesto que todo esto no se realizó solo en un día. Fueron varias sesiones. El momento crítico de las sesiones de hipnotismo fue cuando a cada una, ya estando sin conciencia de sí mismas, les dieron órdenes que se contradecían entre sí. Aún le ordenaron que se quedaría dormida y que no podría ser despertada hasta que la hipnosis le fuera retirada por la misma persona que la puso en ese estado, y a la otra le ordenaron que hiciera todo lo que estuviera a su alcance para intentar despertar a la que tenía prohibido despertar. La idea de aquello era que ambas órdenes fueran cumplidas. Una tenía que intentar despertar a la otra utilizando cualquier método sin limitantes, y la otra no se tenía que despertar, porque la clave era que la orden de una era que intentara despertarla, no que la despertara. Suena confuso, pero esas fueron las órdenes que les dieron a todo esto, A la que tenía la orden de intentar despertar a la otra le dieron una pistola. Así que si la hipnosis en verdad funcionaba de forma plena, ella debía jalar el gatillo, ya como último recurso, claro que a la chica que le dieron el arma jamás había disparado, Así que aunque debía disparar, no debía poder hacerlo porque no sabía cómo. Pues una intentó muchas cosas para despertar a la otra. Utilizó la violencia, aunque no de forma excesiva, como la otra no se despertaba, pues la del arma le apuntó directo a una zona en la que la herida no sería mortal. Es importante resaltar que la forma en la que tomó el arma y la manera de apuntar daba a entender que era una tiradora experta, porque supo dónde apuntar para no matar a la dormida, sólo para despertarla, cuando ella jamás había ni siquiera visto un arma de cerca, ya con el arma en la mano jaló el gatillo, por supuesto que el arma no estaba cargada. Al terminar el experimento, ambas fueron sacadas de la hipnosis. Entonces ocurrió un descubrimiento increíble. La que había estado dormida sí recordaba haber estado dormida, pero la que literalmente había tenido la intención de disparar no recordaba absolutamente nada. Tenía amnesia ni siquiera recordaba haber sido hipnotizada. Todo parecía indicar que cuando una persona hipnotizada era obligada a realizar una acción que nunca había realizado antes, su cerebro bloqueaba esas memorias y la persona no tenía idea de lo que había hecho. La CIA acababa de encontrar una fórmula para crear asesinos que podrían acabar con la vida de cualquier persona que se les dijera, y jamás podrían decir que fueron obligados a hacerlo, porque no lo recordarían. Y aquí ustedes pudieran pensar que todo esto es pura fantasía. Pero recordemos por un momento a la familia Kennedy, no al Presidente, sino a su hermano, a Robert Kennedy. Este político sufrió un ataque que terminó con su vida en mil novecientos sesenta y ocho. El joven que indiscutiblemente estuvo detrás del atentado fue un joven palestino llamado Siran. Lo curioso de esta historia es que el tipo nunca antes había sostenido un arma. El día del ataque era la primera vez que disparaba. Sus antecedentes lo mostraban como alguien totalmente pacífico y jamás se le pudo adjudicar ningún motivo para haber realizado el ataque contra Robert Kennedy. Su postura ante la situación era bastante anómala. Era evidente que él había disparado, estaba consciente de eso, pero a pesar de saber que había disparado, lo que él alegaba era que no recordaba haberlo, hecho que su última memoria fue algunas horas antes del suceso y que su siguiente recuerdo ya es varios minutos después del disparo. Es más, su abogado varias veces intentó solicitar la libertad condicional alegando que su cliente había cometido el delito, pero que no era responsable porque había sido víctima de un experimento bastante curioso que ese palestino afirmara no recordara haber disparado a pesar de saber que lo había hecho, nunca había disparado antes. Lo mismo que ocurrió con la muchacha hipnotizada, la cual jaló el gatillo de un arma descargada cuando nunca antes lo había hecho, pero al salir de la hipnosis, fue incapaz de recordar sus acciones. Yo no creo que se trate de una mera coincidencia. Vamos a otro caso del Emeka Ultra. En este caso se trata del estudiante Theodor Cachins. Fue una especie de niño prodigio con cualidades muy desarrolladas para las matemáticas. Entró en Harvard con sólo dieciséis años y posteriormente se graduó en funciones geométricas. Era tan inteligente que fue capaz de resolver un problema que llevaba intentando descifrar un profesor suyo desde hacía más de cuarenta años. Por eso, su trabajo final de carrera recibió el premio al mayor avance científico del año. Su inteligencia era algo fuera de lo normal. Tal vez por eso llamó la atención del profesor Murrey, que le invitó a pasar un fin de semana junto a otros estudiantes, donde iban a realizar una serie de pruebas inocentes. Por supuesto que el joven no sabía que el profesor Murray trabaja para la CIA dentro del proyecto mk ultra Kachinsky. Sin saberlo, estuvo sometido durante tres años a diferentes formas de tormento, como la privación del sueño, el estrés a través del sonido y varias formas de desorientación. El objetivo final que había detrás de todo esto era la deconstrucción psíquica del joven a través de un estrés severo. El estudiante fue elegido precisamente por tratarse de alguien excepcionalmente brillante, porque si lograban destruir psicológicamente a alguien de esa categoría, resultaría bastante sencillo hacerlo con personas promedio y funcionó. Cuando el experimento terminó, el estudiante pasó de ser un genio a una persona antisocial, solitario y que ya no utilizaba su cerebro, dejándose llevar por impulsos primitivos, tanto que cometió algunos delitos no graves que por cierto, no pagó ninguno de esos delitos, porque cada que era detenido una persona de la cial llamaba a la policía y lo dejaban salir. Kachinski, después de ser detenido en al menos catorce ocasiones, optó por irse a vivir a una cabaña en mitad de la nada y empezó a diseñar artefactos explosivos, con los cuales se estuvo realizando ataques casi por veinte años. Todo parece sugerir que, luego de ya tener tendencias criminales, recuperó su increíble inteligencia, pero, como ya estaba dañado, psicológicamente, utilizó esa inteligencia para convertirse en un criminal tan peligroso que fue capaz de esconderse de la CIA. Vamos a dejar el mk Ultra, pero nos vamos a quedar en Estados Unidos, en el Estado de Alabama, en la ciudad de Taskiyi. El experimento inicia en el año mil novecientos treinta y dos como una propuesta para observar las consecuencias en la salud de la sífilis, que provoca llagas, sarpullido o daños en el cerebro, los ojos o el corazón, y que, sin un tratamiento, puede incluso causar la muerte la población, al ser en su mayoría no blanca y compuesta, sobre todo por descendientes de esclavos, no contaba con servicios de salud y mucho menos educación de calidad. Esto los dejaba en una posición vulnerable ante las distintas enfermedades y los hacía más propensos a caer en todas las mentiras que les dijeran para formar parte del estudio y recibir algo de dinero. A los participantes se les dijo que recibirían comida, un lugar donde vivir todos los servicios de educación y lo mejor cuidado de su salud. Además, les garantizaban cubrir todos los gastos funerarios en caso de que el experimento saliera mal. Una carta titulada última oportunidad para un tratamiento especial y gratuito fue enviada a todos los interesados en el estudio. Fue relativamente fácil encontrar voluntarios para el experimento, siendo exactos entraron seiscientos hombres no blancos. Para empezar, los dividieron en dos grandes grupos, trescientos noventa y nueve personas que ya tenían sífilis usadas para observar el progreso de la enfermedad en sus cuerpos durante seis a ocho meses y cómo respondían a los medicamentos que les serían suministrados. El reto es del año. El otro grupo de doscientos uno estaba totalmente sano y se suponía que serían usados para monitorear la reacción de los químicos en pacientes sin la enfermedad. Los datos recolectados durante ese año servirían para hacer proyecciones a largo plazo. En el estudio se utilizaron inicialmente sustancias muy tóxicas de las que ya se sabía que no eran efectivas contra dicha enfermedad. Como cocteles con arsénico y mercurio. Además, se les dejaba sufrir enfrente de todos bajo el argumento de que si morían, era necesario que quedara registrada cada una de las reacciones que habían tenido. Los que no estaban contagiados en un principio ahora sufrirían todos los síntomas, no sólo de la enfermedad, sino de la intoxicación a la que estaban siendo sometidos, por no mencionar a los que ya habían muerto. Muchos de ellos insistieron en que eso no era para lo que habían firmado, que eso no era lo que se les se había prometido, pero ya no había forma de salir. La única opción era la muerte. No vayan a pensar que este experimento duró unos cuantos meses, pero no pasaron muchos años, tantos que se hizo evidente que el experimento no buscaba darle solución a los pacientes ni mejorarle su estado de salud, sino documentar y ver cómo morían uno a uno. La excusa para mantener este experimento por tantos años era la misma que la ciencia siempre tiene cuando es cuestionada, es decir, todo se hace en nombre de la ciencia y para el beneficio de toda la humanidad. Quince años después, en mil novecientos cuarenta y siete, se dio un punto crítico. El experimento continuaba, pese a que ya se había descubierto en otro laboratorio que la penicilina era efectiva para medicar a los enfermos con sífilis. Un tratamiento con la dosis adecuada de penicilina podría salvarle la vida. A quien sea claro que la gente que dirigía el experimento es es con do la información para que la gente de Alabama no se enterara de eso y así asegurar futuros pacientes. Antes de mil novecientos cincuenta ya habían sido reclutados doscientos cincuenta nuevos voluntarios para el experimento. Para este punto, Las personas que ya estaban diagnosticadas con la enfermedad recibían inyecciones falsas. Les hicieron creer que realmente estaban siendo tratados. Lo que no sabían era que sólo les estaban suministrando aspirina para aliviar el dolor de la enfermedad. Tampoco sabían que la intoxicación que el mismo experimento les había provocado sin ninguna necesidad justificada, ya los estaba destruyendo por dentro. Lo peor de todo esto era que, además de los hombres voluntarios, las esposas de muchos de ellos también formaban parte del experimento porque ya habían sido contagiadas. Y no sólo eso, sino que los bebés que nacieron con la enfermedad también fueron tomados por el experimento. Aquello fue una tremenda barbaridad, inhumana y despreciable. Tuvieron que pasar treinta y cuatro años para que el servicio de salud pública empezara a anotar las anomalías. Un investigador de enfermedades venéreas de la zona expresó en una carta a su preocupación por la moralidad de las prácticas realizadas en el experimento. Sin embargo, el centro de Control de enfermedades sólo respondió que era necesario terminar el proyecto. Evidentemente, estaban involucrados, aunque me resulta complicado saber cuál era su participación, pero por suerte, el investigador insistió y siguió luchando para detener el experimento, hasta que en mil novecientos setenta y dos, exactamente cuarenta años después de su inicio, logró recoger suficiente evidencia que filtró a los medios de comunicación, quienes por primera vez en mucho tiempo, decidieron actuar en favor de la sociedad y en contra de las empresas. Gracias a que los medios difundieron la información sobre el experimento fue que finalmente llegó a su fin. Un dato importante fue que más de setecientos cincuenta cuerpos de los fallecidos no fueron entregados a las familias y fueron colocados en fosas comunes sin solicitar autorización para hacerlo. Es decir, que estas familias no solamente perdieron a alguien por culpa del experimento, sino que ni siquiera tuvieron la oportunidad de sepultar a su familiar. Cuando terminó el proyecto, solamente quedaban vivos menos de ochenta hombres. Por desgracia, la tragedia no terminó ahí porque unos cuantos de esos hombres ya habían contagiado a sus esposas, lo que dio como resultado un total de diecinueve bebés que nacieron con la enfermedad. Por supuesto, al final esos hombres, sus esposas y también sus bebés todos terminaron muertos. Después de ese trágico caso, hay que salir de Estados Unidos para irnos a Japón para conocer el peor experimento que un ser humano ha sufrido. No exagero cuando digo que, por más que busqué, no encontré ni nun en caso donde una persona hubiera sufrido más. Por supuesto que haya experimentos mucho más terribles por la cantidad de personas que sufrieron. Pero hablando de experimentos en una sola persona, este caso de Japón es el más dramático y angustioso de todos. El caso de Isashi Ouchi es el caso de muerte por radiación más extremo de la historia. Como tal, Isashi sufrió un accidente y después del accidente fue que lo sometieron a un experimento. Sin su consentimiento. Isashi era técnico en una central donde fue sometido al equivalente en niveles de radiación a encontrarse en el epicentro de la bomba de Hiroshima. El día veintiocho de septiembre de mil novecientos noventa y nueve estaba previsto un envío de nitrato de uranio a otras centrales. Era el primer envío de la compañía para un reactor en tres años y los trabajadores de la instalación fueron presionados para empezar a disolver y mezclar óxido de uranio enriquecido de alta pureza con ácido nítrico sin las cualificaciones adecuadas y las preparaciones requeridas establecidas para dicho procedimiento. Los técnicos siguieron los pasos del manual de operaciones, pero este manual no contaba con todas las medidas de seguridad adecuadas. Fue por eso que se produjeron tantos fallos en la seguridad, los cuales se fueron sumando hasta que se produjo la catástrofe. Las prisas y la falta de comprobaciones y procedimientos de seguridad acabaron provocando que los técnicos vertieran los productos a mano en barriles de acero inoxidable y de allí directamente los echaran. Al tanque de precipitación alrededor de las diez y media del día treinta de septiembre, el tanque de precipitación alcanzó una masa crítica cuando su capacidad se vio desbordada. En ese momento contenía dieciséis kilogramos de uranio. El tanque de precipitación no había sido diseñado para contener cantidades ilimitadas de este tipo de de solución. La forma cilíndrica ancha del tanque hizo que se alcanzaran dichos niveles críticos. El nivel de radiación peligroso se alcanzó después de que los técnicos añadieron al tanque un séptimo cubo de nitrato de uranio líquido enriquecido al dieciocho por ciento con uranio doscientos treinta y cinco. La cantidad agregada en ese punto era siete veces mayor al límite. En resumen, los trabajadores estaban vertiendo de forma manual una cantidad que sobrepasaba los límites de seguridad en un tanque que no estaba diseñado para ese vertido. Inmediatamente se desató una afición nuclear descontrolada. La cadena de reacciones se volvía autosuficiente y emitía una intensa radiación gamma y de neutrones dentro de la instalación. Los tres operarios que se encontraban allí aquel día era Nisashi Masato, Shinohara y Yuta Kayokogawa. Isashi se encontraba situado por encima del borde del tanque, cubriendo la parte de la superior con el cuerpo. Shinohara le estaba asistiendo desde una plataforma mientras vertía la solución, Yokogawa estaba sentado en un escritorio a una distancia de cuatro metros. Los tres técnicos observaron una intensa brillante luz azul, posiblemente de la emanación de la radiación. Empezaron a sonar las alarmas de radiación gamma. Durante las siguientes horas, la afición nuclear produjo reacciones en cadena continuas. Isashi y Shinohara. Inmediatamente empezaron a experimentar dolor, náuseas y dificultades respiratorias. Isashi recibió la mayor cantidad de radiación de los tres, lo que resultó en problemas de movilidad y pérdida de conciencia. Los tres técnicos evacuaron la zona. Ninguno supo en el momento la gravedad del accidente y tampoco sabían cómo informar debidamente a sus superiores o a las autoridades. Fue un trabajador del edificio adyacente quien se dio cuenta del estado de los técnicos y llamó a emergencias una ambulancia los trasladó al hospital más cercano. Los fragmentos de la afición nuclear contaminaron el edificio de reprocesamiento de combustible y alcanzaron el exterior de la instalación. A media tarde del día siguiente, los trabajadores de la planta y los residentes del área circundante fueron forzados a evacuar la zona. Los habitantes del área, que vivían a menos de trescientos cincuenta metros de radio de la central, fueron puestos en cuarentena. Quince días después, la central fue cubierta con sacos de arena y se creó un búnker de protección para proteger el exterior de la radiación gamma residual. Debido al caos y el pánico que causó el incidente y la falta de respuesta, las autoridades advirtieron a la población que no debían beber agua ni comer nada proveniente de la cosecha cercana a la zona. En total, seiscientos sesenta y siete trabajadores, miembros de equipos de rescate y residentes de la zona se vieron expuestos a niveles o pons de radiación. Pero la peor parte se la llevaron los tres empleados que estaban presentes aquel día. Una dosis por radiación se considera fatal cuando supera los cuatro Cieberts de forma intravenosa o los diezieberts por culpa de una exposición accidental. Yokogawa, de cincuenta y cuatro años, que era el supervisor que se encontraba en el escritorio a cuatro metros del tanque recibió tres Ciberts por exposición, fue tratado y fue dado de alta. Tres meses más tarde con síntomas leves de enfermedad por radiación. Shinohara fue transportado y sometido a diversos tratamientos para eliminar el cáncer que la radiación intensa había provocado en su cuerpo. Se le practicaron múltiples injertos de piel y también se le hicieron transfusiones de sangre de cordón umbilical congelada para aumentar su número de células madre. A pesar de su lucha de siete meses, fue incapaz de recuperarse de las infecciones provocadas por la radiación y las hemorragias internas que resultaron en el fallo de sus pulmones y riñones. Murió el veintisiete de abril del año dos mil. Pero el peor caso y de lejos fue el de Isashi Auchi, porque él fue el que se encontraba directamente situado sobre la apertura del tanque y que recibió la mayor cantidad de radiación. Recibió diecisiete cieberts por exposición. Se calcula que fue expuesto a una cantidad de energía diecisiete mil veces superior al máximo que una persona puede tolerar el equivalente al hipocentro de la bomba atómica de Hiroshima. El accidente destruyó completamente el sistema inmunológico de Isashi e hizo que su recuento de glóbulos blancos descendiera casi a cero. A medida que su estado empeoraba, el Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas pidió su traslado al Hospital Universitario de Tokio. Sufrió quemaduras graves en la mayor parte de su cuerpo y graves daños en sus órganos internos. Era tan vulnerable a los patógenos que tuvieron que trasladarlo a una sala hermética especial para limitar el riesgo de infecciones. Sin embargo, a pesar de varios trasplantes de piel, continuaba perdiendo fluidos corporales a través de los poros. Allí se sometió a la primera transfusión de la historia de células madre periféricas, pero poco después volvió a empeorar y se descubrió que sus leucocitos producidos por los tejidos trasplantados habían mutado por la radiación residual presente en su cuerpo, lo que provocó respuestas autoinmunes que potenciaron su deterioro. Los médicos mantuvieron vivo a Isashi bombeando grandes cantidades de sangre y líquidos a diario y tratándolo con medicamentos que normalmente no están disponibles en Japón. Se le administraron antibióticos, analgésicos y colonias de granulositos de factor estimulante, pero todos los intentos por curar lo fracasaron. Los médicos que fueron a Tokio para ayudar en el caso se sorprendió la de que Isashi hubiera aguantado tanto. Era sin duda la persona sometida a más radiación en menos tiempo del mundo en toda la historia de la humanidad. El siete de noviembre y a pesar del esfuerzo de los médicos, su corazón se paró durante setenta minutos. Consiguió recuperar el pulso, pero su presión arterial era inestable aún con los medicamentos que le suministraban. Esto era probablemente por culpa de la septicemia. No es comprobable, pero los rumores dicen que Hisashi pudo comunicarse verbalmente durante los primeros diez días. Las palabras que supuestamente dijo fueron No puedo soportarlo más. Déjenme morir. No soy un experimento, por supuesto que fue ignorado. Los médicos y los científicos necesitaban mantenerlo con vida para seguir el experimento, cuya finalidad era investigar todo lo posible sobre los efectos de la radiación en el cuerpo humano. Ya no lo veían como un ser humano, sino como un simple conejillo de India. En el día cincuenta y nueve, su corazón se detuvo y tardaron más de una hora en revivirlo. Para este punto, prácticamente dos meses de estar agonizando, los cromosomas de Isashi habían sido completamente alterados. Ninguno de ellos podía identificarse u ordenar y su cuerpo fue destruido de dentro hacia afuera. Fue una muerte lenta y dolorosa que llegó el veintiuno de diciembre, después de un paro cardíaco y recuperable. Hay fotos del estado físico en el que se encontraba Isashi al momento de morir, pero yo no puedo mostrarlas aquí porque son extremadamente fuertes. Ya no tenía piel, ni siquiera tenía músculos. Era puros, huesos y órganos internos. Nada más. No intenten imaginarlo porque no podrán, porque para ese punto ya no parecía un ser humano. Si tienen un estómago fuerte, busquen las fotografías en Google, pero hago la advertencia de que pueden llevarse una impresión muy grande, muy desagradable. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras